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Punto Cero

versión impresa ISSN 1815-0276versión On-line ISSN 2224-8838

Punto Cero vol.31 no.52 Cochabamba jun. 2026  Epub 30-Jun-2026

https://doi.org/10.35319/puntocero.202652522 

Artículos

El fin del ciclo del Nacionalismo Revolucionario en Bolivia

THE END OF THE CYCLE OF REVOLUTIONARY NATIONALISM IN BOLIVIA

Renzo Carlo Abruzzese A.1 
http://orcid.org/0009-0004-1086-7481

1Licenciado en Sociología (UMSA) con maestría en salud pública otorgada por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Egresado de la maestría de Epistemología y Métodos de Investigación (CIDES-UMSA). Docente de la Universidad Gabriel René Moreno y otras de carácter privado. Publicó varios libros en torno a la realidad sociológica y política nacional y es columnista de los principales medios nacionales escritos. renzo.abruzzese@gmail.com


Resumen

Este ensayo propone considerar la Revolución Nacional de 1952 como un ciclo histórico que llegó a su fin en 2019 con el último gobierno de Evo Morales, ¡efe del Movimiento al Socialismo (MAS). Se sostiene que los procesos experimentados a lo largo de esos 67 años (1952-2019) (revolución, contrarrevolución, democracia y egocentrismo) constituyeron semiciclos estatales al interior del Estado del 52, y que del 2019 (crisis desatada por la postulación inconstitucional de Evo Morales) a la fecha, Bolivia atraviesa un periodo de transición entre el fin del Estado del 52 y la búsqueda de una solución de continuidad histórica. Se sostiene también que el nuevo Estado será el producto de las fuerzas ciudadano-democráticas como superación histórica del pasado inmediato.

Palabras clave: Estado del 52; Revolución Nacional; Nacionalismo Revolucionario; ciclo revolucionario; semiciclos estatales; ciudadanía; transición histórica

Abstract

This essay proposes considering the 1952 National Revolution as a historical cycle that came to an end with the last government of Evo Morales, leader of the Movement for Socialism (MAS), in 2019. It argues that the processes experienced throughout those 74 years (1952-2006) (revolution, counter-revolution, democracy, and ethnocentrism) constituted state semi-cycles within the 1952 State, and that from 2019 (the crisis triggered by Evo Morales' unconstitutional candidacy) to the present, Bolivia is going through a period of transition between the end of the 1952 State and the search for a solution of historical continuity. It also argues that the new State will be the product of citizen-democratic forces as a historical overcoming of the immediate past.

Keywords: State of 1952; National Revolution; revolutionary nationalism; revolutionary cycle; state semi-cycles; citizenship; historical transition

1. Introducción

La comprensión de la historia contemporánea de Bolivia exige el análisis del Estado del 52 como un fenómeno epocal que trascendió la mera sucesión de regímenes. Este ciclo, iniciado con la sublevación popular del 9 de abril de 1952, no solo desmanteló la estructura oligárquica minero-feudal, sino que fundó las bases de la sociedad civil boliviana actual, dotándola de identidad en el marco de la modernidad capitalista. Bajo la égida del nacionalismo revolucionario, el país transitó por un complejo tramado de transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas que sacaron la república de su condición semifeudal y la posicionaron en la modernidad capitalista de Occidente.

Habría que empezar notando que lo que hicieron la oligarquía de la Plata primero y la del estaño después, significó para el país la prolongación de los mecanismos de explotación y dominación colonial que la Revolución Nacional trastocó. Todas las argumentaciones y narrativas, tanto de la izquierda marxista como de las fuerzas nacionalistas, se asientan en la certeza de la naturaleza colonial del Estado nacional hasta 1952. La Revolución Nacional, en consecuencia, constituye el hecho que libera al país de una situación histórica semifeudal.

2. Estado de la cuestión

En el ámbito político e ideológico, las dinámicas objeto de este ensayo parten de una revisión del "Programa de Principios de la Revolución de Villazón" escrito por Roberto Hinojosa en 1929, a tiempo de tomar por las armas esa ciudad. Quizá este documento sea el que mejor da cuenta de la perspectiva revolucionaria de la izquierda marxista de principios de siglo y su proyección al nacionalismo revolucionario. Un compendio de todos los documentos que la izquierda y el nacionalismo produjeron en esas décadas fue publicado en 2016 por Andrey Schelchkov y Pablo Stefononi bajo el título "Historia de las Izquierdas Bolivianas" mediante la editorial de la Vicepresidencia de la República. Una revisión bibliográfica base debe consignar el "Manifiesto a los campesinos de Ayopaya" de Walter Guevara Arce (1946), "La tesis de Pulacayo", también publicada en 1946 por Guillermo Lora (considerado el documento base de las izquierdas revolucionarias), "Nacionalismo y coloniaje" de Carlos Montenegro (1943), la obra fundamental que sienta las bases ideológicas del MNR. El documento "Bases y Principios de Acción Inmediata del Movimiento Nacionalista Revolucionario" de José Cuadros Quiroga (1942), documento considerado fundacional para el MNR. De Augusto Céspedes, "El presidente colgado" (1956) y "El dictador suicida" (1946). De forma más tardía, los libros de Guillermo Bedregal son de importancia teórica imprescindible en el análisis del nacionalismo. "Teoría del nacionalismo revolucionario" (1985), "El poder en la Revolución Nacional" (1982), "Categorías teóricas y prácticas de la Revolución Nacional" (2005). De Herbert Klein, "Orígenes de la Revolución Nacional Boliviana" (1968); "El Discurso del Nacionalismo revolucionario en Bolivia", de René Mayorga (2024). De Irma Lorini, "El nacionalismo en Bolivia de preguerra y postguerra del Chaco" (2022); de Víctor Paz Estenssoro, "Fundamentos ideológicos del nacionalismo revolucionario" (2003) (se trata de un compendio de discursos). De Carlos Toranzo, "Nacionalismo revolucionario indigenista" (2017). El texto de referencia obligatoria sin duda es "Lo nacional popular en Bolivia" de René Zavaleta Mercado. (Entre los más recientes, el libro "Víctor Paz Estenssoro: una biografía política" de Jhoseph Holtey (2020) y el compendio de estudios publicados bajo el título "1952: Las huellas de la Revolución" (2025), de varios autores coordinados por Carlos Toranzo.

En el campo de la producción propiamente marxista clásica, la "Historia del movimiento obrero" de Guillermo Lora, publicación de seis tomos desde 1966 ya lo largo de dos décadas. Esta obra es una referencia obligatoria para comprender el papel fundamental del sindicalismo minero en la configuración del Estado del 52. Obras de mayor actualidad como la Historia de las Izquierdas Bolivianas de Andrey Schelchkov y Pablo Stefanonbi (2016) o del mismo Schelchkov "La Palabra Socialismo en Bolivia, Siglo XIX" (2017) y, finalmente, "La Revolución antes de la Revolución: luchas indígenas por tierras y justicia en Bolivia 1880-1952" de Laura Gotkowitz (2011)

Como puede apreciarse, la bibliografía sobre el tema es enormemente extensa; solo hemos dado algunos títulos que nos sirvieron desde los inicios de nuestras investigaciones sobre el tema (hace ya algunos años); en todo caso son el fundamento de un esfuerzo interpretativo en el campo que nos atañe en esta oportunidad.

3. Propósito del ensayo

Este ensayo se ha propuesto demostrar teóricamente que la Revolución Nacional de 1952 fue un ciclo histórico que llegó a su fin el 2019 con el último gobierno de Evo Morales Ayma. La hipótesis se sostiene en el análisis de cuatro momentos que explican la trascendencia de las fuerzas transformadoras de la historia: el momento revolucionario, el contrarrevolucionario, el democrático y el etnocéntrico, denominados semiciclos, a cuyo final se cierra el espacio del nacionalismo revolucionario instaurado en 1952. El análisis deriva en un conjunto de conclusiones que hacen hincapié en la emergencia de nuevos sujetos históricos, nuevas formas de organización, representación y participación política y nuevas narrativas ante el final de los grandes discursos del siglo XX. Finalmente, reflexiona sobre la naturaleza transitoria del momento actual y sus desafíos coyunturales.

4. Material y Métodos

El andamiaje metodológico de este ensayo se inscribe en un enfoque cualitativo de corte histórico-sociológico, orientado al análisis del Estado del 52 como un fenómeno epocal. Para este fin, se emplea el método de análisis dialéctico con el fin de identificar las tensiones internas del Estado del 52 y sus expresiones políticas.

La investigación se sustenta en una revisión bibliográfica exhaustiva y el diseño metodológico propone la utilización de la categoría metodológica de "ciclo estatal" como unidad de análisis integral (1952 a 2019). Para operacionalizar este análisis, se ha dividido el ciclo estatal en cuatro semiciclos estatales (revolucionario, militar, democrático y etnocéntrico) que operan como herramientas heurísticas a fin de explicar cómo las contradicciones internas del proyecto nacionalista se resolvieron en diferentes coyunturas históricas.

5. Desarrollo

5.1. El nacionalismo como acumulación histórica

Un análisis detenido de los acontecimientos que nos brinda la historia nacional desde el siglo XIX al XXI, deja claras evidencias de que, en el horizonte mayor de la historia boliviana, las acciones que el MNR desplegó a partir de 1952 son en realidad la expresión final de una larga acumulación histórica que contiene, incluso, elementos heredados de los tiempos pre-republicanos. Esa herencia explica de alguna manera la trascendencia y profundidad histórica de sus medidas.

El desarrollo de las ideas políticas que se plasmaron en lo que denominamos "nacionalismo" estaba profundamente influido por teorías de corte socialista que desde Europa llegaban vía Perú, Chile y Argentina y que dieron lugar a la formación de una serie de grupos de intelectuales y activistas. Se trataba de una corriente de pensamiento que se encriptó, incluso desde antes de principios del siglo XX, en los estratos mestizos y las incipientes clases medias urbanas, generando una capacidad de movilización efectivamente asombrosa para aquellos tiempos. (Abruzzese, 2021, pág. 20)

Una idea clara de la intensidad de las fuerzas que se agitaban a principios del siglo XX nos la brinda la cronología de movimientos y organizaciones políticas que se gestaron en sus primeros años, inmediatamente después de que los liberales tomaron el poder en 1899.

En 1914 nace el Partido Socialista, que luego da curso al Partido Socialista Máximo en 1924, impulsado por Tristán Marof (Gustavo Navarro) y otros intelectuales de gran influencia en esa generación. El Partido Laborista en 1927; el Partido Socialista Clandestino en 1928; el Partido Socialista Revolucionario de Bolivia en 1929; un nuevo Partido Socialista en 1930; la organización Beta Gama y la Confederación Socialista Boliviana en 1935; el Partido Obrero Revolucionario (POR), fundado en 1934; el Partido Obrero que cobijó a un grupo de intelectuales que posteriormente formarían el MNR en 1942; Falange Socialista Boliviana en 1937; el Partido Socialista Obrero de Bolivia en 1939. Partido de la Izquierda Revolucionaria, PIR en 1940, y el Partido Comunista (PC) en 1950. En 1936 se fundó también el Frente Único Revolucionario como producto del Primer Congreso Regional de la Izquierda realizado en Oruro; ese fue uno de los varios intentos de unificar las fuerzas de izquierda marxista. Todos (excepto Falange Socialista Boliviana) tenían en común una fuerte vertiente marxista y una igualmente fuerte pero difusa vertiente ideológica nacionalista. (Ministerio de Educación, 2025). Frente a ellos subsistían el Partido Conservador fundado por Aniceto Arce en 1884 y el partido Liberal fundado por Eliodoro Camacho en 1883, ambos experimentaron un sinfín de divisiones internas que se hacían llamar también partidos. 1

Algo similar sucedía en la sociedad civil. En 1905 se forma el sindicato gráfico de La Paz. Entre 1906 y 1907 se experimentan los primeros intentos por fundar sindicatos mineros en Tupiza y en Potosí. En 1908 se crea la Federación Obrera de La Paz de muy corta duración. En 1912 se crea la Hermandad de Artesanos que organizó el primer desfile por el Día del Trabajador en la república. La Federación Obrera Internacional fundó el primer periódico obrero denominado "Defensa Obrera", que despliega una intensa batalla por la jornada laboral de 8:00 horas de trabajo. (1912) Se funda también el primer sindicato ferroviario en Oruro, la Sociedad Mutualista Ferroviaria de Oruro. En 1903 se organiza la Central de Mineros, posteriormente denominada Federación Obrera Central de Uncía. En 1924, la Confederación Clandestina, una Organización de corta duración de naturaleza radical. En 1927 se organiza el primer congreso obrero. En 1929 se organiza la primera "Conferencia Obrera". En 1932 se realiza el primer congreso de la Federación Obrera del Trabajo. La Federación Obrera del Trabajo de Oruro prepara el "primer congreso sindical libertario" para el 3 de julio de ese mismo año. En 1936 se crea la Confederación Sindical de Trabajadores de Bolivia y también el Ministerio de Trabajo. El mismo año (1936) se crea la Federación de Ferroviarios y Tranviarios, y la poderosa Confederación de Choferes, en 1939 la Federación Nacional de Trabajadores Gráficos y en 1942 la Federación de Trabajadores de la Industria Fabril. En 1943, la Federación de Bancarios; el 43, también la Federación de Trabajadores en Harina; la Federación de Trabajadores Mineros en 1944 y, finalmente, el 17 de abril de 1952, la Central Obrera Boliviana.2

Este inventario solo pretende dar una idea clara en torno a la dinámica acelerada de aquellos tiempos. En el maremágnum de estos intensos procesos acelerados por la derrota en la Guerra del Chaco (1932-1935) nacieron las tesis fundamentales del nacionalismo revolucionario y la izquierda clásica nacional. En los hechos, todo indica que tanto marxistas como nacionalistas pertenecían y actuaban como tales sin que estas diferencias se mostraran como barreras ideológicas. (Abruzzese, 2021, pág. 20) Schelchcov acertadamente hace notar que los "socialistas/nacionalistas" de aquellos días manejaban "visiones eclécticas" que mezclaban elementos del materialismo histórico con ideas propias del nacionalismo, combinaciones -dice- que "en el futuro sentarían las bases del nacionalismo revolucionario" (Schelchkov, 2016, pág. 79).

En la misma línea, Guillermo Bedregal sostenía que "el nacionalismo revolucionario, tendencialmente, también apunta al socialismo como modelo y como utopía concreta" (Bedregal, 1985, pág. 71). En el decurso de la historia, parece claro que la diferenciación propiamente ideológica entre un nacionalismo nativo y un socialismo se presenta recién en el gobierno de Hernando Siles, que había formado el Partido de la Unión Nacional, organización política que rápidamente fue conocida como "el partido nacionalista", al que se sumaron los más esclarecidos jóvenes intelectuales de la época. Esa fue la primera organización política del nacionalismo en Bolivia, de la que participaron directa y activamente Víctor Paz Estenssoro, Hernán Siles Suazo, Walter Guevara y otros políticos de menor presencia que, en 1942, fundarían el MNR y en 1952 harían la Revolución Nacional. De lo que se trata es de tomar nota de la naturaleza acumulativa de las ideas políticas, las doctrinas y las organizaciones que se expresaron tanto en el nacionalismo como en las fuerzas de izquierda que actuaron durante el siglo XX.

5.2. El ciclo de la Revolución Nacional

Operativamente, el proceso que conocemos como la "Revolución Nacional" se define a través de 4 grandes medidas: la nacionalización de las minas, la reforma agraria, el voto universal y la reforma educativa (además de otras). Las transformaciones que se operaron en estos ámbitos constituyeron un giro de 180 grados en la estructura económica, social, política y cultural de la república. Su poder transformador anida en la íntima relación que cada una guarda con referencia a las otras.

Desde esta perspectiva, debemos notar que es imposible pensar la Reforma Agraria sin el Voto Universal e inversamente, y lo mismo sucede con las otras medidas revolucionarias. La nacionalización de las minas no hubiera pasado de ser un acto administrativo si no se articulaba con la Reforma Agraria, y ninguna de estas medidas hubiera tenido el efecto que tuvo, si la revolución no creaba el ciudadano moderno, es decir, si no liberaba al indio de su estado semiservil a través del voto universal. Se deriva de esto que la Revolución Nacional expresa una unidad histórica compacta, es decir, un ciclo completo. Esta característica, que excede lo meramente coyuntural, definió la temporalidad del proceso revolucionario que, para la mayoría de los expertos en el tema, trascendió aún a nuestros días.

Para establecer un horizonte de comprensión apropiado, pasaremos a describir brevemente las medidas que transformaron el Estado nacional, ejecutadas desde 1952 por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y su significación en la construcción del Estado del 52.

Por "Revolución Nacional" entenderemos la sucesión de actos concretos ejecutados desde el poder, y por "Estado del 52", su significación y trascendencia histórica. El primer concepto nos brinda una idea fáctica del proceso y el segundo sus dimensiones históricas.

5.2.1. La nacionalización de las minas

En el epicentro de las tensiones que se produjeron después de la Guerra del Chaco, se encontraba sin la menor duda la enorme brecha de desigualdad social, económica, política y cultural que mediaba entre la elite oligárquica y la sociedad civil, particularmente en referencia a la población indígena.

El periodo liberal, si por algo se caracteriza, era por su absoluto desarraigo de cualquier espíritu nacional y, en consecuencia, la necesidad de fortalecer el Estado nacional fue sustituida por la imposición de un "superestado minero" que operaba por encima de las leyes y lejos de las necesidades económicas de la nación.

Para hacernos una idea del poder económico de los tres mineros, tómese en cuenta que el patrimonio de Patiño en 1920 era 20 veces el presupuesto general de la nación, el de Aramayo 4 veces superior y el de Hochschild 2 veces superior. La nacionalización de las minas era, en consecuencia, un requisito histórico. Se ejecutó a través del Decreto Supremo 3223 de 31 de octubre de 1952. Transfería al Estado un valor total de 17 millones de dólares, que para la época era sin duda un monto muy elevado. (Holtey, 2015, pág. 70) Se trataba de una medida que tanto la izquierda como los nacionalistas habían demandado desde principios de siglo. Su poder transformador fue tan poderoso, que es imposible pensar la historia boliviana contemporánea al margen de este Decreto, en tanto suprimió de un solo golpe los mecanismos de acumulación económica a favor de unos pocos y transformó todo el andamiaje económico de la nación. En palabras del mismo Víctor Paz Estenssoro, la nacionalización de las minas fue "la obra más importante desde la fundación de la república" (Holtey, 2015, pág. 72) e historiadores de la talla de Carlos Mesa Gisbert (2025) no dudan en sostener que esta medida, junto a las tres que conforman el proceso revolucionario, constituyó una acción "titánica" en la construcción de la nación. (Ibid.. pág. 42)

5.2.2. La Reforma Agraria

La historia nacional del siglo XIX hasta mediados del siglo XX era en gran medida la historia de un reducido número de terratenientes criollos que sumaban aproximadamente 23 mil personas, incluidas sus familias. Esta clase era dueña de 5 mil haciendas, "poseía el 50% de las mejores tierras cultivables y ejercía el control señorial sobre 160 mil peones de hacienda... a mediados del siglo XIX, este reducido grupo de hacendados "residía en las ciudades desde las que dirigía la vida política y económica de la nación" (Orellana, 2016, pág. 33). La oligarquía de finales del siglo XIX y principios del XX estaba tan desarraigada de cualquier diseño de país, que le era imposible proyectar una nación a su imagen y semejanza. Sus intelectuales todavía discutían si "los indios tenían alma" o si pertenecían a un estadio de la barbarie; en realidad, solo podían imaginarlos como seres subhumanos. Bautista Saavedra, por ejemplo, no tenía reparos en decir que "si hemos de eliminarlos porque constituyen un obstáculo y una rémora en nuestro programa, hagámoslo franca y enérgicamente" (Zavaleta, 1986, pág. 185).

La Reforma Agraria constituía una pieza clave en la liberación de la economía y la reorganización de la sociedad en términos modernos. Se trataba de liberar al 95% de la población e integrarla en la vida económica, social y política del país. Empero, no siempre se tiene una idea clara de la situación de los indígenas antes de la reforma. Con el fin de plasmar mejor esta figura, permítanme transcribir un párrafo de Alcides Arguedas que da una imagen desgarradora de lo que era la existencia de un indio antes de 1952:

"El indígena comunitario -dice Arguedas- vive en lugares apartados, en aquellos inmensos horizontes yermos donde el sol, el frío y el viento le tienen todo su cuerpo desnudo. La presencia de un vecino de cantón lo llena de terror y pánico porque espera de él algún mal, y porque repugna el contacto aun del medio civilizado. El indígena comunitario es como la bestia humana de todos; lo usan en común el corregidor, el cura, los vecinos, los alcaldes y las cartas segundas, militares, pasajeros; todos lo ocupan, lo exaccionan, lo apalean, lo encarcelan, le quitan sus hijos, etc. La condición del indígena -perdónesenos decir- es peor que la de una bestia que tiene un dueño que la cuida, la favorece y estima. ¿Veis a un indígena harapiento, sucio, de cabeza desgreñada, lloroso, correr despavorido en un camino, en la garita, en la ciudad, en una villa o cantón? Ese es el comunario a quien les han arrebatado a golpes los víveres que debía vender para abonar la contribución adelantada; busca un defensor y, en lugar de encontrar un apoyo, encuentra otro lobo que concluirá de despellejarlo". (Arguedas, 2008, pág. 47)

¿Cómo fue posible todo esto? Simple, el mecanismo de dominación colonial fue el despojo. Al despojarlos de la tierra, todas las posibilidades de organización y defensa quedaron suprimidas, de ahí que la historia de Bolivia hasta 1953 sea, en el fondo, la lucha indígena por recuperar sus territorios. Para las oligarquías, en cambio, el indio se transformó en una herramienta más. A principios del siglo XX, los anuncios de venta de haciendas publicados en los periódicos de la época especificaban con precisión si la transacción incluía picos, palas, aparejos, bueyes de tracción, arados y pongos (indios). Los indígenas hacían parte intrínseca de la tierra y, en consecuencia, liberar la tierra de manos del patrón era suprimir el régimen de explotación colonial que los españoles implantaron en 1492 y los republicanos heredaron en beneficio propio en 1825.

Como puede apreciarse, liberar a los indios del yugo oligárquico fue mucho más que devolverles la tierra. Los posicionó en el mundo en calidad de humanos y, sobre todo, en calidad de actores de su propia historia. La Reforma Agraria, junto a la nacionalización de las minas, transformó de forma irreversible la estructura económica de la nación; de hecho, más allá de cualquier estadística, la historia de pronto fue diferente. Todo cambió. Los indios se transformaron en campesinos; los campesinos tomaban las tierras y ejecutaban a sus amos; los amos abandonaban sus haciendas y el poder se invirtió al punto que quienes decidían el curso de los acontecimientos eran ahora los indios. Esa es la dimensión real de la reforma agraria.

5.2.3.El voto universal

Desde la fundación de la república en Bolivia, solo podían votar los varones que supieran leer y escribir (no votaban las mujeres), poseer un negocio o propiedad con una renta (o valor) de al menos 200 pesos, cifra inaccesible para indígenas, artesanos y pequeños comerciantes de la época. Se ha estimado que antes de la Revolución votaban entre el 2 y el 4% de la población en edad de votar (21 años). (Schelchkov, 2016, pág. 17). El 21 de julio de 1952, seis años después del colgamiento de Villarroel, el presidente Paz Estenssoro promulgó el Decreto Supremo 3128 instituyendo el voto universal. Este fue el primer decreto revolucionario, antes de la Reforma Agraria y de la Nacionalización de las Minas, lo que ya marca su trascendencia política e histórica.

En 1839, la documentación censal sumaba 915 mil habitantes residentes en áreas rurales. De esta cifra, algo más de 621 mil eran comunarios, es decir, el 70% de la población indígena. En 1853 llegó al 73% y en 1877 cubría el 75% de la población rural. (Andrey Schelchkov, 2012, pág. 114) Estos valores se mantuvieron constantes hasta bien entrado el siglo XX. Como se ve, la oligarquía que manejaba el país era supinamente minoritaria. Las elecciones eran en realidad el mecanismo de reproducción de la élite y las relaciones de explotación colonial que primaron hasta 1952. Schelchkov nos da un panorama claro de las élites que, respaldadas en el poder reproductor del voto, gobernaban el país

En las ciudades grandes como La Paz, Cochabamba, Sucre, Oruro, Potosí, la cantidad de ciudadanos con derecho al voto no superaba el 4% de la población. Si agregamos a los miembros de las familias (x 4,5), resulta un 10-20 % de la población, lo que supone un número considerable. En La Paz residían 42.849 personas y había 2.342 casas, pero votaban apenas unas 772, y estos son los datos pertenecientes a las elecciones de 1855, cuando la cantidad de votantes, en comparación con 1850, casi se duplicó debido a los cambios efectuados en la ley electoral. En Cochabamba vivían 30.396 habitantes y existían 1.919 casas, y votaban 1.240 personas, casi el doble que en La Paz. En La Paz había muchos propietarios de casas, es decir, gente acomodada que no votaba. Cochabamba parecía ser una ciudad más homogénea, una ciudad criolla donde había más ciudadanos activos que en la comercial La Paz. (Andrey Schelchkov, 2012, pág. 104)

Como sabemos, la instauración del voto universal en la historia de la modernidad creó la ciudadanía, es decir, el sujeto con derechos y obligaciones ante la Ley y el Estado.

La ciudadanía es la posibilidad de establecer relaciones sociales y generar un sentido de pertenencia y una filiación geográfica que implica un fuerte sentido de igualdad simbólica. El derecho a votar, en la medida en que instituye la posibilidad de elegir y ser elegido, se asume como un criterio de igualdad y de participación histórica, además de que, y quizá esta es su característica mayor, se instala como un mecanismo de participación y representación política propia de los sistemas democrático-liberales en la modernidad victoriosa de Occidente. En otras palabras, el voto ordena el régimen de acciones democráticas y consolida la ciudadanía. De esto se desprende la importancia de la medida dictada por el MNR y sus implicancias sociales y políticas. Por primera vez desde la fundación de la república, los indios ejercían un derecho y, además, estaban reconocidos como parte activa de la historia y el Estado. De una situación inmemorial de invisibilización pasaron a formar parte de los procesos que se experimentaban en calidad de protagonistas.

5.2.4. La reforma educativa

Para abordar la Reforma Educativa de 1955 desde una perspectiva sociológica, es imperativo entenderla no como un evento aislado, sino como la piedra angular del proyecto de modernización estatal que emergió tras la Revolución de 1952. El hito jurídico que selló esta reforma fue la promulgación del Código de la Educación Boliviana el 20 de enero de 1955, cuya ejecución inmediata pretendía desarticular el sistema de castas y sustituirlo por una ciudadanía homogénea y productiva. Tómese en cuenta que antes de 1955 aproximadamente el 72% de los niños en edad escolar no estaban escolarizados. (Ministerio de Educación, 2025)

Si bien la reforma logró una expansión de la cobertura escolar y fomentó una movilidad social sin precedentes, permitiendo el ascenso de una nueva clase media campesina y mestiza, también funcionó como un mecanismo de aculturación dirigida. Al privilegiar la homogeneización, el sistema educativo de 1955 sentó las bases de la cohesión nacional moderna, pero al mismo tiempo generó tensiones identitarias que marcarían las disputas políticas del país.

6. Fin de ciclo

Se ha considerado que el conjunto de reformas que acabamos de reseñar, por la profundidad y alcance que mostraron, constituye el núcleo de la Revolución Nacional y, aunque su ejecución se realizó entre el primer y segundo año del gobierno revolucionario, es decir, entre 1952 y 1953. Sin embargo, por cuestiones de orden metodológico, la mayoría de los historiadores concluyen que el ciclo revolucionario cubrió en realidad los doce años que gobernó el MNR de forma ininterrumpida, desde 1952 a 1964, cuando es derrocado por el general René Barrientos Ortuño. En este periodo o semiciclo, experimentamos grandes transformaciones estructurales, al que llamamos semiciclo revolucionario. Le sigue uno contrarrevolucionario que inicia el periodo de dictaduras militares, de 1964 a 1982; el de la recuperación democrática de 1982 al 2005, y finalmente un periodo al que denominamos semiciclo etnocéntrico a cargo de Evo Morales Ayma que va del 2005 al 2019.

Nosotros consideramos que cada uno de esos momentos (semiciclos) es una expresión de las contradicciones internas que el proceso de transformaciones estructurales generó, y que obedecían al impulso desplegado por la liberación de las fuerzas que desde la colonia y a través de la república había reprimido el Estado oligárquico. Esto supone que lo que llamamos Estado del 52 es en realidad un proceso dialéctico que avanza superando sus propias contradicciones internas. Describamos brevemente cada semiciclo:

El semiciclo revolucionario contiene todas las reformas y medidas que el MNR desplegó a efectos de transformar la estructura económica, política, social y cultural de la Nación entre 1952 y 1964, pero particularmente entre 1952 y 1953. Estas reformas fueron descritas líneas arriba.

El semiciclo militar caracterizado por una secuencia de gobiernos dictatoriales a partir del golpe de Estado que derrocó a Paz Estenssoro por parte de René Barrientos Ortuño en 1964. Este periodo se caracteriza por la supresión de las libertades políticas y civiles, la transgresión sistemática de los Derechos Humanos y una sistemática y brutal represión a todas las fuerzas democráticas.3

Al semiciclo militar le siguió, desde 1982, el semiciclo democrático caracterizado por una dificultosa reconstrucción de la institucionalidad democrática, una recomposición de todas las variables económicas dramáticamente sacudida por un proceso hiperinflacionario y por la cristalización de una conciencia democrática y ciudadana capaz de resistir cualquier embate antidemocrático.4

Evo Morales Ayma asumió su primer mandato tras una victoria histórica en las urnas el 22 de enero de 2005, inaugurando el semiciclo etnocéntrico. Morales gobernó de forma continua desde el 2005 hasta el 2019, esto es, 14 años, hasta que el 2019 un poderoso movimiento ciudadano logró su renuncia y posterior fuga al exterior. Hoy se considera mayoritariamente que su régimen inscrito en los patrones del Socialismo Siglo XXI fue de corte autoritario y antidemocrático, marcado además por una exaltación casi mítica de valores ancestrales predominantemente aymaras.

7. Análisis

Para todos está claro que las transformaciones provenientes de las medidas que implementó el MNR constituyeron transformaciones estructurales que sacaron a Bolivia del siglo XVIII y la situaron en el siglo XX. También, por lo general, la mayoría está de acuerdo en que las reformas revolucionarias abrieron un espectro histórico que explica el desarrollo social, económico, político y cultural de la nación que se extiende hasta el presente. Las discrepancias se presentan cuando el análisis debe explicar la aparente contradicción entre asumir que las reformas mostraron un espectro histórico que cubrió prácticamente 67 años (1952-2019) o asumir, como lo hace la mayoría de los analistas e historiadores, que la Revolución Nacional solo duró, en el mejor de los casos, 12 años, es decir, el tiempo que el MNR gobernó de forma continua después de tomar el poder, es decir, de 1952 a 1964.

Para nosotros, el acto revolucionario tomó 12 años, pero la Revolución Nacional conceptualmente cubre 67, del primer gobierno de Paz Estenssoro (1952) al último gobierno de Evo Morales (2019), aunque el MAS estuvo aún en el poder con Luis Arce Catacora, empero, para entonces, el ciclo ya estaba agotado del todo, y su gobierno fue un apéndice exhausto del régimen populista de Evo Morales. En los hechos, todo lo que pudo haberse ejecutado en los 73 años transcurridos adquiere su pleno sentido en los términos en que el nacionalismo revolucionario se había instalado estructuralmente. Esto supone asumir que, en lo sustancial, desde el primer gobierno de Víctor Paz Estenssoro hasta el último de Evo Morales, se inscribían en la lógica del nacionalismo revolucionario. Supone también asumir que Morales Ayma no es portador de un proyecto societal diferente al del MNR; es simplemente la conclusión del ideario movimientista bajo una forma indígena centrada básicamente en la cultura andina. De alguna manera, él concluyó el proyecto liberador del MNR.

Cuando en 2019 Morales Ayma es expulsado por un movimiento civil de clases medias urbanas, las fuerzas que se movilizan en las calles son básicamente clases medias democráticas. Se trata de un fenómeno bastante generalizado después de la Primavera Árabe. En el caso boliviano, la emergencia ciudadana (por su propia composición social) prefigura el final de las concepciones "populares" propias de todo el proceso del nacionalismo revolucionario, inherentes además a las izquierdas locales. Las fuerzas movilizadas el 2016 frente al referéndum que rechazó la posibilidad de una nueva presidencia de Morales Ayma, y las del 2019 que forzó su renuncia, transfirieron un sentido ciudadano a la protesta generalizada. Ya entonces la clase obrera y las organizaciones indigeno-campesinas actuales se identificaban más con un "capitalismo popular" y con una "burguesía chola", que con el esquema conceptual y simbólico que dominó las luchas sociales hasta principios del siglo XX. De una manera clara lo popular dejó de ser parte de las vanguardias, y se instaló en las rémoras del pasado inmediato.

Lo que realmente distingue los gobiernos de Evo Morales de los gobiernos movimientistas previos, estriba en que Morales transformó la inclusión social formal ejecutada por el MNR, en una inclusión social real que terminó en lo que se ha dado en llamar la "indianización del estado"

El ideario de la Revolución Nacional se sostenía en la firme determinación, primero, de consolidar el Estado nacional, obra aún hoy inconclusa básicamente por la composición multiétnica y pluricultural de Bolivia, y por la radicalización de posiciones de orden ideológico que no abordaremos acá. Le seguían la necesidad de modernizar el Estado y desarrollar una economía capitalista de signo liberal, integrar la sociedad boliviana en su propia diversidad incorporando a las mayorías indígenas a la vida del Estado, recuperar la soberanía económica a través del control estatal de las empresas estatales estratégicas, modernizar la educación en los términos exigidos por la modernidad occidental y desarrollar las clases medias urbanas como base social de la política nacional. Todo este ideario se ha cumplido con las variaciones que imponía el propio curso de los acontecimientos. Hoy tenemos un país con niveles de inclusión social y étnica apreciables (quizá no los niveles mejores), una economía capitalista instalada, una mentalidad liberal funcionante en las nuevas generaciones, un sistema educativo universal (aunque de muy mala calidad) y el control de las empresas estratégicas del Estado más importantes. Sin duda podríamos decir que, a casi tres cuartos de siglo de la Revolución Nacional, su proyecto de Estado y sociedad se ha consumado. Este resultado es la simbiosis de los semiciclos mencionados. Cada uno contribuyó de formas diversas en la consumación del proyecto estatal del nacionalismo revolucionario.

Los desafíos que enfrenta Bolivia son ahora totalmente diferentes a los que enfrentó el proyecto nacionalista. Hoy tenemos que resolver todo lo que hace a la naturaleza de una economía extractivista y depredadora, la informalidad abrumadora que, en el caso boliviano, alcanza, en el peor de los casos, el 85%, según todas las estimaciones conocidas. Los grandes desequilibrios financieros, la inseguridad ciudadana, la polarización social extrema, el desempleo juvenil, los niveles de desigualdad, la enorme dependencia tecnológica, la modernización de la educación etc.

8. Conclusiones

Una mirada de alcance medio identifica sin dificultad una continuidad conceptual y estructural innegable entre el proyecto originario del Movimiento Nacionalista Revolucionario y los 14 años de gobierno de Evo Morales Ayma. El Movimiento al Socialismo operó como la conclusión factual y el cierre definitivo del Estado del 52. Aunque adopta una fisonomía indígena, en realidad, se trata de la conclusión histórica del ciclo abierto por la Revolución Nacional en 1952. En consecuencia, no llegó al poder con un proyecto estatal que no fuera una continuación histórica del nacionalismo revolucionario.

La aparente diferencia entre uno y otro régimen estriba en que la inclusión formal de las mayorías indígenas que ejecutó el Movimiento Nacionalista Revolucionario (clases/estado) se transformó en una inclusión real a lo largo de los gobiernos de Evo Morales Ayma. (razas/estado) Sin duda, la incorporación de esas mayorías a la vida política, económica, cultural y social boliviana constituye el punto de inflexión del proyecto de la Revolución Nacional.

Las movilizaciones urbanas de 2016, a propósito del referéndum revocatorio, y las de 2019 que lograron la renuncia de Evo Morales marcaron la emergencia de un nuevo sujeto histórico. Se trató de la eclosión de las clases medias mestizas, democráticas y urbanas en defensa de las libertades ciudadanas. Este movimiento expresaba el fin de las viejas concepciones populares del nacionalismo y de la izquierda tradicional, y la emergencia de una conciencia democrática y liberal más allá de las ideologías y los partidos políticos.

A casi tres cuartos de siglo del inicio de la Revolución Nacional, se ha consumado en gran medida el proyecto societal del MNR. En consecuencia, Bolivia se sitúa ante un escenario histórico donde los desafíos ya no responden al programa nacionalista de mediados del siglo pasado, ni a los postulados doctrinarios del socialismo latinoamericano clásico, sino, a problemáticas contemporáneas que responden al desarrollo de poderosos movimientos ciudadanos, propios del desarrollo del capitalismo y la modernidad tardía.

Se trata, en suma, de un momento que ya no se respalda en las ideologías que animaron los grandes discursos del siglo XX, sino, en la certeza de sus expectativas reales, aquellas que mueven el poder ciudadano. La realidad actual nos muestra que vivimos un momento de inflexión histórica tan delicado como los que vivieron los liberales de 1899 o los revolucionarios nacionalistas de 1952. Un momento de transición en que buscamos desesperadamente una solución de continuidad histórica capaz de brindarnos un horizonte de desarrollo y progreso en todos los órdenes de la realidad social.

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NOTAS

1 Elaboración propia en base a la consulta y registro de múltiples fuentes históricas

2 Elaboración propia en base a la consulta de múltiples fuentes históricas

3 La siguiente secuencia muestra los regímenes que contiene el semiciclo militar que va de 1964 a 1982: René Barrientos Ortuño y Alfredo Ovando Candia (1964-1966). René Barrientos Ortuño (1966-1969). Alfredo Ovando Candía (1969-1970). Juan José Torres González (1970-1971). Hugo Banzer Suárez (19711978). Juan Pereda Asbún (1978). David Padilla Arancibia (1978-1979). Alberto Natusch Busch (1979). Luis García Meza Tejada (1980-1981). Junta Torrelio-Bernal-Pammo (1981). Celso Torrelio Villa (1981-1982). Guido Vildoso Calderón (1982).

4 Los gobiernos que formaron este semiciclo son: Hernán Siles Zuazo (1982-1985). Víctor Paz Estenssoro (1985-1989). Jaime Paz Zamora (1989-1993). Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997). Hugo Banzer Suárez (1997-2001). Jorge Quiroga Ramírez (2001-2002). Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003). Carlos Mesa Gisbert (2003-2005). Eduardo Rodríguez Veltzé (2005-2006).

Citar como:Abruzzese, R.(2026). El fin del ciclo del Nacionalismo Revolucionario en Bolivia. Punto Cero, año 31 n°52, Junio 2026. Pp 73-84. Universidad Católica Boliviana "San Pablo" Sede Cochabamba.

El autor declara no tener conflicto de interés alguno con la revista Punto Cero.

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