INTRODUCCIÓN
Colombia ha enfrentado más de medio siglo de conflicto armado interno, cuyas consecuencias han dejado profundas huellas en la estructura social, cultural, económica y ambiental de las comunidades rurales. Los territorios históricamente marginados, como el corregimiento de San Javier (Ciénaga, Magdalena), han experimentado desplazamiento forzado, deterioro ambiental, pérdida de tejido social y debilitamiento institucional. Frente a este escenario, la educación ambiental surge como una herramienta poderosa para la reconstrucción social, la reconciliación y la transformación territorial.
La educación ambiental no solo transmite conocimientos ecológicos, sino que también fomenta nuevas formas de relacionarse con el entorno, de tejer vínculos comunitarios y de impulsar prácticas de sostenibilidad arraigadas en la identidad territorial. La construcción de un ecosistema educativo ambiental implica articular diferentes actores -instituciones educativas, organizaciones comunitarias, líderes sociales, estudiantes y familias- en un proyecto común de transformación y cuidado del territorio.
Este enfoque permite comprender el territorio como un espacio vivo, cargado de memoria, identidad y potencial para la paz. En contextos de posconflicto, la educación ambiental contribuye a sanar heridas sociales, fomentar justicia ambiental y promover un desarrollo sostenible con enfoque comunitario. Así, la investigación tiene como objetivo general diseñar e implementar un ecosistema educativo ambiental en San Javier, integrando marcos teóricos, metodológicos y prácticos que articulen educación, sostenibilidad y reconciliación.
La construcción de ecosistemas educativos ambientales se sustenta en múltiples corrientes de pensamiento contemporáneo:
Educación ambiental. Es entendida como un proceso formativo integral que promueve la conciencia crítica y la acción transformadora frente a problemáticas ecológicas y sociales (García, 2022; Campo, 2023). No se limita a transmitir información, sino que busca formar ciudadanos capaces de actuar con responsabilidad y ética ambiental.
Pensamiento ecológico.Morton (2010) propone una "ecología sin naturaleza", que supera la visión antropocéntrica tradicional para reconocer la interdependencia de todos los seres. Esta perspectiva permite comprender la complejidad de las dinámicas socioambientales, fundamentales en procesos de reconstrucción territorial.
Ecoformación.Galvani (2003) plantea la ecoformación como un proceso educativo que vincula razón, emoción y espiritualidad en la relación con la naturaleza. Este enfoque contribuye a generar vínculos profundos con el entorno y a promover experiencias formativas transformadoras.
Paradigma ecosistémico.Moraes (2008) plantea una mirada integradora que entiende los sistemas sociales y ecológicos como redes dinámicas y coevolutivas. Desde esta perspectiva, la educación ambiental debe articular ciencia, cultura y participación comunitaria.
Gestión ambiental participativa.Leff (2004) señala que la gestión ambiental debe incorporar saberes locales, participación social y acción colectiva. De esta forma, se fortalece la gobernanza ambiental desde abajo, vinculando comunidad y territorio.
Posconflicto y reconciliación.Galtung (1996) y Lederach (1997) plantean la necesidad de construir paz positiva mediante el fortalecimiento de capacidades locales, la recuperación de la memoria colectiva y la creación de espacios de diálogo. La educación ambiental es una herramienta clave en este proceso porque genera escenarios comunes de encuentro y acción.
Complejidad y transdisciplinariedad.Morin (2008) y Velasco (2008) defienden un pensamiento complejo capaz de comprender realidades múltiples e interrelacionadas. Esta perspectiva es esencial para abordar problemas ambientales y sociales de forma integral, evitando reduccionismos.
Marco normativo. La propuesta se articula con la Constitución Política de Colombia (1991), la Ley 99 de 1993 (creación del Ministerio de Ambiente), la Ley 115 de 1994 (Ley General de Educación), los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE), la Ley 1448 de 2011 (Ley de Víctimas) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030
METODOLOGÍA
La investigación se fundamenta en un enfoque ecosistémico, transdisciplinario y participativo, articulando la Investigación-Acción Participativa (IAP) de Fals Borda (1991) con elementos de teoría fundamentada. Se desarrolló en cuatro fases:
Diagnóstico participativo: entrevistas semiestructuradas, encuestas y observación participante para identificar problemáticas socioambientales y percepciones comunitarias.
Co-creación de estrategias: talleres y grupos focales para diseñar colectivamente acciones educativas y ambientales contextualizadas.
Implementación: desarrollo de proyectos escolares, campañas de sensibilización, recuperación de espacios naturales y actividades de educación no formal.
Evaluación participativa: seguimiento continúo con la comunidad para valorar aprendizajes, impactos y posibilidades de replicabilidad.
La población participante incluye estudiantes, docentes, líderes sociales, familias y organizaciones comunitarias, con una muestra intencional que considera diversidad etaria, de género y de roles sociales. Los instrumentos incluyen guías de entrevistas abiertas, cuestionarios estructurados, diarios de campo y registros audiovisuales. El análisis combina codificación abierta, triangulación de fuentes y elaboración de narrativas colectivas.
RESULTADOS
El ecosistema educativo ambiental puede generar transformaciones significativas a diferentes niveles, como lo describimos a continuación:
Desarrollo de competencias ecológicas, críticas y ciudadanas.
Apropiación territorial y sentido de pertenencia fortalecidos.
Integración de memoria histórica y educación ambiental como herramientas de reconciliación.
Promoción de prácticas sostenibles y justicia ambiental.
Generación de redes de colaboración entre instituciones educativas y comunidad.
Sistematización de experiencias replicables en otros territorios en posconflicto.
DISCUSIÓN
La propuesta se distingue por integrar teoría, territorio y participación comunitaria. Al articular enfoques ecológicos, pedagógicos y sociales, se abordan de forma compleja los retos de las comunidades rurales en posconflicto. A diferencia de iniciativas ambientales tradicionales, este enfoque no se limita a la conservación, sino que busca transformar realidades sociales a través de la educación.
El énfasis en ecoformación, pensamiento ecológico y participación comunitaria empodera a los actores locales, convirtiéndolos en protagonistas de los procesos de cambio. Además, la transdisciplinariedad permite integrar saberes académicos, ancestrales y comunitarios, generando propuestas pertinentes y sostenibles. Este modelo puede servir como referente para políticas públicas orientadas al desarrollo sostenible con enfoque territorial.
CONCLUSIONES
La construcción de un ecosistema educativo ambiental en contextos de posconflicto es una estrategia poderosa para articular educación, sostenibilidad y reconciliación social. El enfoque participativo y transdisciplinario fortalece capacidades locales, reconstruye el tejido social y promueve una cultura de paz.
San Javier representa un escenario paradigmático para demostrar que la educación ambiental puede trascender el aula y convertirse en un proceso transformador de realidades sociales y ecológicas. Esta propuesta plantea un modelo replicable que puede inspirar políticas públicas y proyectos comunitarios en otros territorios rurales afectados por la violencia.










uBio 


