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<journal-title><![CDATA[Revista Aportes de la Comunicación y la Cultura]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El sujeto moderno:: un aguanieve de dolor y mal]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Costa Rica Docente y consultora asociada ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract Sometimes events occur to us like blows to the face. Precisely that is what happens when one reads Memories of the subsoil, of Fyodor Dostoievski (1864/2010). It is inevitable to see (in) human qualities that would easily locate us as a terrible species. In Memoirs, the presence of evil - in the main character - is accompanied by the presence of pain, as if one were an unavoidable condition for the other. That is precisely what I write about in this essay, of evil and pain in the modern subject. To do this, I take as a pretext the book of Dostoevsky.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>ART&Iacute;CULOS</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><b><font size="4">El sujeto moderno:</font></b></font> <font face="Verdana" size="4"><b>un aguanieve de dolor y mal</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><b>Isabel Gamboa</b></font>    <br> <font face="Verdana" size="2">Docente y consultora asociada Universidad de Costa Rica    <br>   <i>El autor declara no tener conflictos de inter&eacute;s con la Revista APORTES.</i>    <br> </font><font face="Verdana" size="2"><b>Fecha de recepción: </b>15 de marzo de 2018 <b>Fecha de aceptación: </b>7 de mayo de 2018</font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p> <hr>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A veces los acontecimientos nos suceden como golpes en la cara. Precisamente eso es lo que ocurre cuando una lee Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski (1864/2010). Es inevitable ver(se) en ella cualidades humanas que fácilmente nos ubicarían como una especie terrible.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En Memorias, la presencia del mal -en el personaje principal- está acompañada por la presencia del dolor, como si uno fuera condición inevitable para el otro. Precisamente de eso trato en este ensayo, de la maldad y el dolor en el sujeto moderno. Para ello, tomo como pretexto el libro de Dostoievski.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras claves: </b>Sufrimiento, maldad, modernidad.</font></p> <hr>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sometimes events occur to us like blows to the face. Precisely that is what happens when one reads Memories of the subsoil, of Fyodor Dostoievski (1864/2010). It is inevitable to see (in) human qualities that would easily locate us as a terrible species.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">In Memoirs, the presence of evil - in the main character - is accompanied by the presence of pain, as if one were an unavoidable condition for the other. That is precisely what I write about in this essay, of evil and pain in the modern subject. To do this, I take as a pretext the book of Dostoevsky.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Key words: </b>Suffering, evil, modernity</font></p> <hr>     <p align="center">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Cómo pintan la tristeza y el mal en las memorias</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La dama sombría, una pintura del belga James Ensor<sup>1</sup>, es el primer golpe que recibimos al tomar el libro de Dostoievski: una consumida y gris mujer aguarda -</font> <font face="Verdana" size="2">no se sabe qué- sentada en una silla de su también gris habitación, mientras su roja sombrilla parece escarnecerla con su luminosidad<sup>2</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La pintura me inquieta ¿Puede una persona estar</font> <font face="Verdana" size="2">tan triste y ser buena al mismo tiempo?<sup>3</sup>, ¿El dolor de la existencia humana tiene algo que ver con la generación del mal? Nietzsche diría que sí.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El protagonista de las Memorias es un infeliz y patético sujeto (un exfuncionario público, para más señas) que se pasa los días pensando cómo dañar a los demás, en una especie de acto que le permitiría librarse de sí mismo: &quot;Sin embargo, si no me curo, es simplemente por maldad. Estoy enfermo del hígado; me gusta, aún puedo estar peor.&quot; (2010, pág.13).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Y&nbsp;contrario al Gregorio Samsa de Kafka (1995), este personaje se queja: &quot;[...] no he conseguido siquiera convertirme en un insecto.&quot; (2010, pág. 17). Se lamenta porque cuánto más dolor tenga más puede hacer sufrir a quienes le rodean, sobre todo a Liza, la prostituta que se le presenta como una víctima cómoda por su vulnerabilidad dada, no sólo por su condición de desecho social, sino por su necesidad subjetiva de ser reconocida como persona. Pero aunque el exfuncionario nunca cambia y Gregorio sí, ambos -al igual que Liza- tienen al menos dos cosas en común: el sufrimiento y la soledad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El protagonista de &quot;Memorias&quot; es un sujeto moderno antirracionalista y antipositivista quien -por ello mismo: por anti-racional y antipositivo- no resiste ser leído de una forma unívoca. Él, con sus primeras palabras declara su constitución subjetiva: &quot;Soy un enfermo... Soy un malvado.&quot; (2010, pág. 13) O sea, un ser en quien el dolor y el odio se subjetivan indisolublemente. Es puro inconsciente lenguajero, como diría Lacan (1987), que no para de hablar durante la primera parte del libro -mediante el monólogo interior- advirtiéndonos que, pese a ser una persona aborrecible, no podremos odiarle.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>La humanidad del dolor y del mal</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Y&nbsp; ahora voy rápidamente con una formalidad que hasta ahora desatendí: qué es aquello que llamamos</font> <font face="Verdana" size="2">mal<sup>4</sup>. Para Zimbardo (2008): &quot;La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre (pág. 26).&quot; Su definición incluye tácitamente el hecho de que quien perjudique, debe tener poder sobre la víctima o, lo que es lo mismo, estar ésta en circunstancia de vulnerabilidad frente a su malhechor.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Porel contrario, Gorki(1928)sequejabatrágicamente de la inteligibilidad del mal diciendo: &quot;La crueldad, he aquí lo que toda la vida me ha asombrado y me ha atormentado. ¿En qué, en dónde están las raíces de la crueldad humana? He reflexionado mucho sobre ello y no he comprendido nada y no comprendo nada&quot; (2010, pág. 93.).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">También Ricoeur (1991) aludía a esa dificultad, atribuyéndola a la cercanía del mal con el mito. Para él, el mito es un tipo de relato que no admite diferenciación entre el mal y el bien, y que lo ubica todo, incluyendo a la maldad, más allá del mal y el bien. Por ello, el mito obliga siempre a volver la vista atrás en busca de un origen, pero la maldad sólo puede comprenderse si temporalmente nos ubicamos hacia el futuro. En otras palabras, no entendemos el mal porque lo buscando donde no lo vamos a encontrar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ahora bien, existen dos tendencias explicativas en la mayoría de investigaciones que intentan razonar sobre esa capacidad humana de ocasionar sufrimiento a los demás. La primera, asegura que ésta se origina en un instinto que la cultura intenta desplazar con miras a evitar la aniquilación grupal, por ejemplo: Freud, 2007a; Roudinesco, 2009; Elias, 1987 y Girard, 1995.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La segunda, que la cultura misma es la que, con sus mecanismos perversos, posibilita el sufrimiento de los demás, que es ocasionado por sus semejantes y por las instituciones mismas Como ser: Baudrillard, 1978; Horkheimer y Adorno, 1988; Zimbardo, 2008; incluso Nietzsche, 2000, entre otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El problema es que, mientras la felicidad es episódica, el sufrimiento es habitual pues está garantizado por la finitud del propio cuerpo, por la naturaleza incontrolable y, sobre todo, por la relación con los demás (Freud, 2007a). Dicho en palabras de Ricoeur (1991), &quot;el hombre hace padecer al hombre&quot;, pues el sufrimiento viene siempre de una acción humana malvada y violenta.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Eso vemos en las Memorias del subsuelo, donde el personaje principal desquita su dolor tirándolo a la cara de Liza, del mayordomo y, por qué no, de quienes lo leemos y no tenemos más remedio que sentir nuestra propia indigencia en la boca del estómago. Porque Memorias es un libro triste que hace mal. Uno que leemos desde una disposición vieja a la tristeza -o sea, lo leemos ya estando tristes- y al hacerlo, acabamos sintiéndonos humillantemente identificadas con ese exfuncionario público lleno de odio, de delirios de grandeza, de envidia y de miedo. Terminamos sintiendo que nuestra vida es, como el nombre de la primera parte del libro, una ratonera.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Siendo ratas en una ratonera se entiende que Dostoievski obligue a su protagonista a preguntarse: &quot;¿Y no podría suceder que a veces el interés del hombre, no sólo pueda, sino deba consistir en desear en algunos casos más el mal que el bien?&quot; (2010, pág. 35). Pregunta que trae ya un eco hobbesiano (1999), y más tarde, tendrá su actualización nietzscheana (2000).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este padecer debido a los demás, según Freud (2007a), ocasiona que el instinto de muerte se vuelque contra el mundo exterior como impulso de agresión y destrucción, en un intento del eros por salvar al yo de su propia aniquilación. Freud lo dice así: &quot;A mi juicio, ha de contarse con el hecho de que todos los hombres integran tendencias destructoras -antisociales y anticulturales- y que en gran número son bastante poderosas para determinar su conducta en la sociedad humana&quot; (Freud, 2007b, pág. 2962).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Si como expone Freud, la principal causa de sufrimiento son las relaciones intersubjetivas, esto se vuelve más importante al considerar que, como asegura Delumeau (1989), los seres humanostienden a buscar la relación con el otro como una necesidad. El fracaso en dicho vínculo originaría, tanto en el nivel individual como colectivo, sentimientos de angustia e</font> <font face="Verdana" size="2">inseguridad que ocasionarían agresividad contra los demás, en una suerte de compensación.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Laanteriorsetrasluce perfectamente en unaescenade Memorias, en la cual, el protagonista -dolorosamente solo- busca un vínculo con unos truhanes que ve pelear, desde la calle, al interno de un bar. Entra con la desoladísima y patética esperanza de formar parte del grupo: &quot;¡Vete a saber!, igual me engancho con uno y también a mí me tiran por la ventana.&quot; (2010, pág.67) Pero el precario y ansiado contacto humano no ocurre debido, según el protagonista, a que &quot;[...] no era bueno ni para que me tiraran por la ventana[...]&quot; (2010, pág. 67)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Mientras leía las Memorias pensaba que lo lógico era que una persona como ese exfuncionario cultivara la misantropía y, en consecuencia, se quedara solo -¿no estaba ya solo?- pero no. Él necesita de alguien. Por ejemplo de su mayordomo, a quien le ocasiona daño pero al mismo tiempo le teme: ejerce su maldad y sufre al mismo tiempo. Es como si dependiera de él para sostener su dolor, para atajarlo. Entonces, Memorias habla de un hombre que ocupa a los demás para sufrir.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El personaje de Dostoievski es el primer antihéroe occidental, como ha señalado Alberto Moravia en la hermosa introducción del libro (2010, pág. 6). Así, habla para describir que: &quot;Antes era funcionario, ya no lo soy. Era un mal funcionario. Era descortés y me sentía a gusto.&quot; (2010, pág. 13).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Un antihéroe, que además de amargado y triste está aburrido, como Peter y Paul, los personajes de Funny Games, una película del director germano austriaco Michael Haneke, filmada en el año 1997. En ella, ambos jóvenes se meten a la casa de unos vecinos -una pareja heterosexual, su hijo y su perro-, y juegan con ellos mortalmente durante horas. Lo sorprendente de la película es que logra presentar a Peter y Paul como un par de sujetos imperturbables, pacientes y minuciosos para ocasionar el mal, pero, en ningún caso, como seres diabólicos. Peter y Paul parecen estar movidos por una única pasión: el aburrimiento de estar vivos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para Dostoievski el ser humano es también, a más de aburrido, estúpido, desagradecido,  perezoso, </font><font face="Verdana" size="2">desvergonzado, es &quot;[...] muy raro [...]&quot; (2010, pág.49). Tanto, que &quot;¡Es un hecho que el hombre tal vez ama terriblemente, apasionadamente el sufrimiento!&quot; (2010, pág. 49)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Lo anterior no tendría nada de particular si no fuera porque en la cultura o el vaudeville o palacio de cristal, como le llama el escritor, no se admite el sufrimiento: &quot;Pues bien, yo quizá tengo miedo de este palacio de cristal, precisamente porque es de cristal y desafía a los siglos y ni siquiera se le puede sacar la lengua ni a escondidas.&quot; (Dostoievski, 2010, pág.51)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Como un Sebastián (ese santo que tanto erotizó a Mishima) martirizado a flechazos, primero, y azotado, después, hasta morir, el protagonista de Memorias, vive muriendo<sup>5</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De manera que el sujeto moderno que se inaugura en Memorias amaría el mal en dos sentidos: el mal contra sí mismo y el mal contra los demás. Nietzsche lo escribiría así (2000): &quot;Ver sufrir sienta bien, hacer sufrir todavía mejor: esta es una afirmación dura, un viejo y poderoso principio fundamental humano demasiado humano [...] (pág.109).&quot; En ese mismo sentido, según Roudinesco (2009), Dolmancé, personaje de &quot;La Filosofía en el Tocador&quot;, de Sade, asegura que la naturaleza humana es asesina y debe acatar dicho mandato. Para la psicoanalista, con sus obras, Sade hizo que el mal se convirtiera en algo deseable.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Si bien Roudinesco (2009) ratifica la inmanencia humana de la maldad comunicando que:&quot;[...] habrá que resignarse: la perversión es exclusivamente humana (pág. 198)&quot;, esa pulsión no se ha quedado solo en la psique o, para la neurociencia, en el cerebro, se ha ampliado hacia la cultura, en un afán por impedir el mal, por controlar sus efectos o, contrariamente, para reafirmarlos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero, diría Freud, placer al fin. Por eso, la cultura debe defenderse en contra de las mismas personas y sus impulsos hostiles con el fin de hacer posible la convivencia (2007b). Se trata de contrarrestar culturalmente   un   impulso   agresivo   inculcando,</font> <font face="Verdana" size="2">mediante el superyó, los sentimientos de culpa y deseo de castigo; o sea, volviendo ese deseo de destrucción del otro contra sí (Freud, 2007a).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para el psicoanalista, esta represión no siempre funciona del todo. En cierto sentido, a eso se refiere Girad (1995) cuando habla de la importancia del papel de la víctima. Entonces, fue el peligro contra la propia vida lo que hizo que los seres humanos se juntaran para protegerse, incluyendo la prohibición de matarse entre sí y la decisión de reservar la práctica de ese derecho contra quienes no lo respetaban (Freud, 2007b).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Si de ese exfuncionario público dostoievskiano se tratara, entonces tendríamos que decir que el sujeto moderno vive como se vive la música que el compositor Philip Glass preparó para la extraordinaria película &quot;Las horas&quot;, con un susto en el estómago.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Que el sujeto moderno es un ser al límite: héroe y fango, triste y malo, malo y bueno.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Que es un sujeto constituido y condenado por los otros, los mismos que obligaron a Sartre (1960) a afirmar: L'enfer, c'est les autres.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Que es un sujeto, sujeto al refrán popular: ni pica leña ni presta el hacha, porque ni vive ni deja vivir.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><b><font size="3" face="Verdana">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1    Esa es la ilustraci&oacute;n de la portada del libro de Dostoievski de la editorial usada para este trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2    Puede verse la pintura en: <a href="http://pixelteca.com/poramoralarte/ensor/imagenes/ensor3g.jpg." target="_blank">http://pixelteca.com/poramoralarte/ensor/imagenes/ensor3g.jpg.</a></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3 Por supuesto que desde la tradici&oacute;n judeo cristiana una persona que sufre es, ante todo, una persona buena. Es m&aacute;s, sufrir es un requisito para la bondad y la bondad un camino al cielo. Al respecto, recuerdo el desencajo emocional de mi madre cuando supo que Juan Pablo II afirm&oacute; que el infierno no exist&iacute;a como lugar f&iacute;sico: &iquest;Y qu&eacute; hago ahora, tanto que he sufrido...? Me dijo tristemente, entonces.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4 No s&eacute; por qu&eacute; supongo que el mal debe ser definido y el dolor no. Asumo que el dolor no presenta el mismo dilema moral con que nos confronta el mal. Tal vez porque casi ninguna persona quisiera ser signada como mala, pero cualquiera aceptar&iacute;a que, en alg&uacute;n momento de su vida, fue una persona triste.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"></font><font face="Verdana" size="2">5 Puede ver un retrato de San Sebasti&aacute;n en: <a href="https://encrypted-tbn1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQz0rp7wLl6_ ln8EhfV7dJxW6Yq9nz7X1vB8GZfVkk7CMemSgvb" target="_blank">https://encrypted-tbn1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQz0rp7wLl6_ln8EhfV7dJxW6Yq9nz7X1vB8GZfVkk7CMemSgvb</a></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b><font size="3">Bibliografía</font></b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Baudrillard, J. (1978). <i>Cultura y simulacro. </i>Barcelona: Editorial Kairós.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147775&pid=S2306-8671201800010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Delumeau, J. (1989). <i>El miedo en Occidente. </i>Madrid: Turus.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147776&pid=S2306-8671201800010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Dostoievski, F. (2010). <i>Memorias del subsuelo. </i>Madrid: Mestas ediciones.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147777&pid=S2306-8671201800010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Elias, N. (1987). <i>El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. </i>Madrid: Fondo de Cultura Económica.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147778&pid=S2306-8671201800010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Freud, S. (2007a). <i>Obras completas. El malestar en la cultura. </i>Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147779&pid=S2306-8671201800010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Freud, S. (2007b). <i>Obras completas. El porvenir de una ilusión. </i>Madrid: Editorial, Biblioteca Nueva.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147780&pid=S2306-8671201800010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Girard, R. <i>(1995). 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(1999). <i>Del ciudadano y Leviatán. </i>Madrid: Tecnos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147783&pid=S2306-8671201800010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Horkheimer, M &amp; Adorno, T. (1988). <i>Dialéctica del iluminismo. </i>Buenos Aires: Editorial Sudamericana.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147784&pid=S2306-8671201800010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Kafka, F. (1995). <i>La metamorfosis. </i>Madrid: Alianza.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147785&pid=S2306-8671201800010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Lacan, J. (1987). <i>Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. </i>Paidós: Barcelona.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147786&pid=S2306-8671201800010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Nietzsche, F. (2000). <i>La genealogía de la moral. </i>Madrid: Edaf.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147787&pid=S2306-8671201800010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ricoeur, P. (1991). El escándalo del mal. <i>Revista de Filosofía, </i>vol. 1, n.5. pp. 191-197.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147788&pid=S2306-8671201800010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Roudinesco, E. (2009). <i>Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos. </i>Barcelona: Anagrama.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147789&pid=S2306-8671201800010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sartre. J. P. (1960). <i>A puerta cerrada. </i>Buenos Aires: Losada.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1147790&pid=S2306-8671201800010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Zimbardo, F. (2008). <i>El Efecto Lucifer. 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