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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Devenir monstruo (Reflexiones en torno a la ficción weird)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align=right><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>ART&Iacute;CULOS</strong></font></p>     <p align=right>&nbsp;</p>     <p align=center><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>Devenir   monstruo (Reflexiones     <br>   en torno a la ficci&oacute;n weird)</strong></font></p>     <p align=center>&nbsp;</p>      <p align=center><strong><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Becoming  monster (Reflections    <br>  on weird fiction)</font></strong></p>      <p align=center>&nbsp;</p>     <p align=center>&nbsp;</p>     <p align="center"><strong><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Maximiliano Barrientos<sup>*</sup></font></strong><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><sup>*</sup> Maximiliano Barrientos naci&oacute; en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en 1979. Docente     <br> y escritor. Public&oacute; los libros de cuentos Diario (2009), Fotos tuyas cuando empiezas     <br> a envejecer (2011) y Una casa en llamas (2015), y las novelas Hoteles (2011) –traducida     <br> al portugu&eacute;s–,  La desaparici&oacute;n del paisaje (2015), En el cuerpo una voz (2018) y Miles de ojos (2021).</font>    <br> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>Fecha de recepci&oacute;n:</strong> 15 de octubre de 2022 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>Fecha de aprobaci&oacute;n:</strong> 25 de noviembre de 2022</font></p>      <p align=justify>&nbsp; </p>     <p align=justify>&nbsp;</p> <hr>     <p align=justify>&nbsp;</p>     <p align=justify>&nbsp;</p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Quisiera comenzar esta conferencia sobre la ficci&oacute;n <i>weird</i> enfatizando   una ruptura por la que atraves&eacute; como lector y como escritor de cierta   literatura realista. Digo &lsquo;cierta&rsquo; porque no existe un solo realismo, o para   expresarme con m&aacute;s precisi&oacute;n: el realismo no es una esencia atemporal, una idea   plat&oacute;nica, sino que es un producto hist&oacute;rico que est&aacute; vinculado con los poderes   vigentes de una clase social y de una cultura.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Algo, sin embargo, emparenta a todas esas literaturas y me atrever&iacute;a a decir que se trata de una est&eacute;tica cuyo efecto es la producci&oacute;n de familiaridad en el lector. El goce en la lectura no se da por el extraviarse, por salir de la zona de confort, no importa tanto el tema de lo contado -si es devastador o reconfortante, si es c&oacute;mico o narcisista, si es complaciente o de denuncia. Siempre ocurre dentro de una categor&iacute;a de sentido impuesta, pactada, estandarizada. La literatura realista es una m&aacute;quina productora de sentido que afianza la noci&oacute;n de identidad. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Quiz&aacute;s el fil&oacute;sofo alem&aacute;n Theodor Adorno en Jameson (2010) nos ayude a pensar esto que intento elaborar. En su dial&eacute;ctica negativa, cuando discurre sobre el binomio de identidad y anti-identidad, presenta a la primera como una especie de repetici&oacute;n de lo mismo, un retorno a una mismidad que se ejerce dentro de un contexto de dominaci&oacute;n establecido por la totalidad que deja afuera lo diferente. La identidad, entonces, es excluyente. Fredric Jameson (2010) en <i>Marxismo tard&iacute;o: Adorno y la persistencia de la dial&eacute;ctica</i>, escribe:</font></p>      <blockquote>       <blockquote>         <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Expresarlo de esta manera es empezar a preguntarse, y no       s&oacute;lo en un terreno psicol&oacute;gico, qu&eacute; ser&iacute;a necesario para tener la fuerza para       soportar lo nuevo, para estar &lsquo;abierto&rsquo; a ello, y m&aacute;s a&uacute;n: qu&eacute; podr&iacute;a ser eso       nuevo, c&oacute;mo podr&iacute;a llegar a ser y c&oacute;mo podr&iacute;a uno conceptualizar e imaginar lo       que por definici&oacute;n todav&iacute;a no puede ser imaginado o previsto, y que carece de       equivalentes en nuestra experiencia habitual (Jameson, 210, p. 22)</font></p>   </blockquote> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo que determin&oacute; mi ruptura con cierto realismo es precisamente esa renuncia de lo nuevo, ese intento de cerrarse en lo conocido y de trabajar con una experiencia que ya viene de antemano codificada. Por el contrario, mi inter&eacute;s por la literatura <i>weird</i> se debe a mi deseo de dar cabida a todo aquello que lo familiar -la identidad, para usar la terminolog&iacute;a de Adorno- excluye. Eso que al presentarse lo hace desde el trauma ya que siempre implica el shock de una ruptura: el evento que al hacerse presencia desarticula el orden simb&oacute;lico. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El lugar de lo <i>weird</i> est&aacute; vinculado a la promesa de lo nuevo, y en una &eacute;poca neoliberal como la nuestra en la que todo el aparato cultural nos impone la aceptaci&oacute;n y la resignaci&oacute;n ante lo establecido, aquello que Mark Fischer (2018) denomin&oacute; &ldquo;realismo capitalista&rdquo;, esta literatura &ldquo;menor&rdquo; se vuelve pol&iacute;tica ya que no se resigna a pactar con el sentido imperante, busca su disoluci&oacute;n. Jacques Ranci&eacute;re (2019) entiende lo pol&iacute;tico bajo el gesto del disenso, de no aceptar la jerarqu&iacute;a dada por la naturaleza o la tradici&oacute;n: para el fil&oacute;sofo franc&eacute;s, &eacute;sa es la esencia de lo democr&aacute;tico, lo que siempre est&aacute; cuestionando la noci&oacute;n de l&iacute;mite.  La literatura <i>weird</i> ejerce el disenso al no resignarse a la muerte de la imaginaci&oacute;n. Hay que pensar lo pol&iacute;tico de la literatura desde ese intento de cuestionamiento al l&iacute;mite de lo que puede ser contado, y no tanto como un discurso de denuncia o de reconocimiento -el periodismo- en ese oficio, siempre es m&aacute;s eficiente.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En su ya c&eacute;lebre ensayo sobre Lovecraft, el franc&eacute;s Michel Houellebecq (2006) expresa un cansancio sobre el proyecto realista que es diferente al que señal&eacute; al principio de esta ponencia, pero que transcribo ac&aacute; porque tambi&eacute;n hace alusi&oacute;n a una b&uacute;squeda por lo que el sentido imperante del c&oacute;digo excluye. Esto señala Houellebecq en las primeras p&aacute;ginas de ese libro incendiario: </font></p>      <blockquote>       <blockquote>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">...la vida es dolorosa y decepcionante. Por lo tanto, es       in&uacute;til escribir m&aacute;s novelas realistas. Ya sabemos a qu&eacute; atenernos sobre la       realidad en general, y pocas ganas nos quedan de saber algo m&aacute;s. La humanidad,       tal cual es, ya s&oacute;lo nos inspira una apagada curiosidad. Todas esas       &lsquo;observaciones&rsquo; de una agudeza tan prodigiosa, esas situaciones, esas       an&eacute;cdotas…Una vez cerrado el libro no hacen m&aacute;s que confirmar una leve       sensaci&oacute;n de asco que ya alimenta bastante cualquier d&iacute;a de la &lsquo;vida real&rsquo;       (Huellebecq, 2006, p.8). </font></p>   </blockquote> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora escuchemos a Howard Phillips Lovecraft, en Huellebecq (2006): &ldquo;Estoy tan harto de la humanidad y del mundo que nada logra interesarme a no ser que incluya por lo menos dos cr&iacute;menes por p&aacute;gina, o que se trate de horrores innominados procedentes del espacio exterior&rdquo; (p. 17).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Me alejo del nihilismo de Houelebecq y de Lovecraft, pero empatizo con ese cansancio. Quisiera reflexionar sobre el uso que hace de la palabra &ldquo;asco&rdquo; para referirse a la experiencia de la lectura realista. El franc&eacute;s hace la siguiente inferencia: las novelas realistas ya no pueden decir nada nuevo sobre la condici&oacute;n abyecta de la vida, por lo tanto, seguir escribi&eacute;ndolas y ley&eacute;ndolas parecer&iacute;a ser un ejercicio idiota o masoquista. Por lo tanto, un lector que no sea masoquista o idiota s&oacute;lo puede reaccionar con asco ante ese tipo de representaci&oacute;n. Al parecer, el fracaso del realismo que señala Houellebecq (2006) consiste en que el g&eacute;nero como tal s&oacute;lo puede repetirse, ya que no añade nada que permita representar de un modo novedoso ese entramado de tragedias que llamamos vida. Es un problema de enunciaci&oacute;n, es decir semi&oacute;tico. El uso del significante, como lo emplea el realismo, ya no nos permite mirar de un modo diferente. El sentido desde el cual se pacta la experiencia de lectura s&oacute;lo puede ser servil a ese consenso, el lenguaje entonces se vuelve puramente comunicacional, y ya es sabido lo que pensaba Walter Benjamin (1999) de este tipo de lenguaje que s&oacute;lo proporciona informaci&oacute;n: est&aacute; alienado, corrompido, y es el fundamento de la democracia parlamentaria que tan duramente demoli&oacute; en <i>Para una cr&iacute;tica a la violencia.</i></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una ruptura realista es un contrasentido, ya que s&oacute;lo trabaja con la representaci&oacute;n de esa interioridad propuesta por la identidad totalizadora. El asco del que habla Houellebecq (2006) es una confirmaci&oacute;n de lo que ya se sab&iacute;a, ni siquiera resulta una experiencia estremecedora porque s&oacute;lo reafirma el axioma. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo contrario al asco no es la apuesta por una literatura de evasi&oacute;n, ya que toda evasi&oacute;n entendida como entretenimiento es un reforzamiento del orden simb&oacute;lico -y ac&aacute; podemos sumar todas las reflexiones de Adorno y Horkheimer (1988) sobre lo que denominaron la &ldquo;industria cultural&rdquo;. Lo opuesto al asco, en mi lectura, es una literatura que persigue la abolici&oacute;n del sentido. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La literatura de lo nuevo debe ser hospitalaria con esa exterioridad, con lo que queda fuera de esa noci&oacute;n identitaria que impera en la m&aacute;quina realista. Pienso la noci&oacute;n de hospitalidad como la pensaba Jacques Derrida (2014), como aquello que viene a uno sin invitaci&oacute;n. En literatura el verdadero riesgo consiste en esa apertura ante lo otro, ante ese acontecimiento del que no tenemos categor&iacute;as para nombrarlo. Su negaci&oacute;n ser&iacute;a la negaci&oacute;n del futuro, es decir la aceptaci&oacute;n sumisa de la muerte de la imaginaci&oacute;n.  </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Implica riesgo y al mismo tiempo, implica libertad. Derrida, en su libro de di&aacute;logos con Élisabeth Roudinesco, afirma lo siguiente:</font></p>      <blockquote>       <blockquote>         <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo que viene excede un determinismo pero tambi&eacute;n excede       los c&aacute;lculos y las estrategias de mi dominio, mi soberan&iacute;a o mi autonom&iacute;a. Por       eso, aunque nadie sea un sujeto libre, en este lugar, existe algo libre, se       abre cierto espacio de libertad, o en todo caso supuestamente est&aacute; abierto por       lo que viene, un espaciamiento liberado, desprendido (Derrida, 2014, p.103).</font></p>   </blockquote> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La literatura <i>weird</i>, como intento plantearla en esta conferencia, ser&iacute;a la literatura de la alteridad, la que es responsable de que seamos receptivos a eso otro que est&aacute; siempre por venir, y que cuando se d&eacute;, se dar&aacute; como liberaci&oacute;n o como cat&aacute;strofe. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mark Fischer (2018) escribi&oacute; un libro titulado <i>Lo raro y lo espeluznante</i> que podr&iacute;amos emplear para referirnos a esta exterioridad que vendr&iacute;a a ser la condici&oacute;n de posibilidad de lo nuevo. </font></p>      <blockquote>       <blockquote>         <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo que tienen en com&uacute;n lo raro y lo espeluznante es una       cierta preocupaci&oacute;n por lo extraño. Lo extraño, no lo terror&iacute;fico. La idea de       que disfrutamos de lo que nos asusta no acaba de dar cuenta del atractivo que       poseen lo raro y lo espeluznante. De hecho, tiene m&aacute;s que ver con la       fascinaci&oacute;n por lo exterior, por aquello que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la percepci&oacute;n, la       cognici&oacute;n y la experiencia corriente. Esta fascinaci&oacute;n suele conllevar una       cierta aprensi&oacute;n -pavor incluso-, pero no ser&iacute;a acertado decir que lo raro y lo       espeluznante son, por necesidad, algo terror&iacute;fico. Con esto no pretendo decir       que lo exterior sea siempre algo benefactor. Hay much&iacute;simas cosas terror&iacute;ficas       all&iacute;, pero no todo lo que hay en el exterior es terror&iacute;fico (p.10), escribi&oacute; el       cr&iacute;tico cultural ingl&eacute;s.</font></p>   </blockquote> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Me agarro de esta idea de Fischer (2018) para comentar algo que estaba en la g&eacute;nesis de la escritura de <i>Miles de ojos</i>. Quer&iacute;a que tratase sobre lo monstruoso. Es decir, sobre un acontecimiento que al darse rompiera las categor&iacute;as, se presentara como una transformaci&oacute;n radical. Es por eso por lo que la vinculaci&oacute;n de los personajes con el sueño, esta entidad que fusiona la naturaleza con la m&aacute;quina y el cuerpo humano, no est&aacute; mediada por el miedo sino por la fascinaci&oacute;n. Esta emoci&oacute;n puede contener terror, pero no es lo preponderante. Lo que prima es un deseo de atestiguar algo que cuando se d&eacute;, provocar&aacute; una mutaci&oacute;n en el que observa. Esa es la esencia de la velocidad. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo religioso, como su etimolog&iacute;a latina lo indica, es un intento por re-ligar, por conectarse con el origen que al darse ocasionar&aacute; una revoluci&oacute;n. En <i>Miles de ojos</i> lo religioso aparece bajo la forma de subculturas que rinden culto a las m&aacute;quinas veloces: estas son instancias rituales que pueden llevar de vuelta a un origen, y cuando esto ocurra, lo har&aacute; desde la destrucci&oacute;n y el colapso del sentido imperante. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La velocidad, cuando es perfecta, altera la visi&oacute;n del mundo, todos esos vac&iacute;os de la percepci&oacute;n son llenados por el v&eacute;rtigo del sujeto que contempla. Pero es el mismo sujeto el que al mirar, cambia el mundo, y &eacute;l tambi&eacute;n muta. Desparece. Esa experiencia, que s&oacute;lo puede darse en la modernidad, Paul Virilio (2009) la denomin&oacute; picnolepsia: un estado de conciencia epil&eacute;ptica producida por un nivel de intensidad donde todo se vuelve poroso: el cuerpo, la voz, la m&aacute;quina, el paisaje. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La &uacute;nica forma de ser hospitalario con esa exterioridad a la que aspira la literatura <i>weird</i> es a trav&eacute;s del &eacute;xtasis, y este es la pesadilla del lenguaje. En mi novela &eacute;xtasis y velocidad son la misma cosa.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La exterioridad de la que habla Fisher (2018) es lo Real lacaniano. Recordemos que la psiquis humana, para el psicoanalista franc&eacute;s, est&aacute; estructurada en tres &oacute;rdenes: lo simb&oacute;lico, entendido como la norma y el sentido impuesto por el lenguaje. Lo imaginario, entendido como la estructura que construye la imagen del ego. Y lo real como aquello que queda fuera de la simbolizaci&oacute;n y que al presentarse siempre lo hace desde el trauma. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la narrativa <i>weird</i> lo real aparece como la suspensi&oacute;n del sentido, aquello que, al darse, desmonta todo lo que sab&iacute;amos, todo lo que nos proporcionaba cierta familiaridad, las condiciones de posibilidad de toda identificaci&oacute;n. Es una experiencia l&iacute;mite que anula las certezas, por lo tanto, puede pensarse como una literatura post-humanista.  </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En un ensayo de 1927 publicado en la revista <i>Weird Tales</i>, Lovecraft escribi&oacute; lo siguiente:</font></p>      <blockquote>       <blockquote>         <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora, todos mis cuentos se basan en la premisa       fundamental de que las leyes humanas comunes, as&iacute; como sus intereses y       emociones, no tienen ni validez ni importancia en el vasto y amplio cosmos.       Para alcanzar la esencia de la exterioridad real, ya sea temporal, espacial o       relativa a la dimensi&oacute;n, hemos de olvidar que existen cosas como la vida       org&aacute;nica, el bien y el mal, el odio y el amor, y todos los rasgos concretos de       una raza prescindible y temporal llamada humanidad (Fisher, 2018, p.20).</font></p>   </blockquote> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo que el autor de <i>El horror de Dunwich</i> (Lovecraft, 1928) expresa en este ensayo es la po&eacute;tica de una literatura radical. Qu&eacute; cosa es la valent&iacute;a en el oficio de la escritura sino este viaje a lo desconocido en el que lo real amenaza con pulverizarnos. La revelaci&oacute;n implica este bautizo de fuego que el realismo, amparado en su noci&oacute;n de sentido, intenta eludir. Esa es la clave de la fascinaci&oacute;n de lo <i>weird</i> que Fischer lee desde la b&uacute;squeda de una exterioridad.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Intentemos pensar lo real a trav&eacute;s del mito de lamella, que vendr&iacute;a ser la libido liberada del andamiaje del orden simb&oacute;lico. Slavoj Zizek (2006), en <i>How to Read Lacan</i>, lo explica de este modo (la traducci&oacute;n es m&iacute;a, por lo que me disculpo de antemano por las imprecisiones posibles en esta larga cita):</font></p>      <blockquote>       <blockquote>         <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La lamella es una entidad de pura superficie, sin la       densidad de la substancia, un objeto pl&aacute;stico infinito que puede cambiar de       forma de manera incesante y transportarse a s&iacute; misma de un medio a otro:       imag&iacute;nense algo que primero es o&iacute;do como un ruido estridente y luego aparece       como un cuerpo monstruoso y distorsionado. Una lamella es indivisible,       indestructible e inmortal, m&aacute;s precisamente es un no muerto, si empleamos la       terminolog&iacute;a como la emplea la ficci&oacute;n de terror: no se trata de la sublime       inmortalidad del esp&iacute;ritu, sino de la obscena inmortalidad de un &lsquo;muerto en       vida&rsquo;, que luego de toda aniquilaci&oacute;n, tiene la facultad de reconstituirse y       persistir. Como lo señala Lacan, la lamella no existe, <i>insiste</i>: es       irreal, una entidad de pura semblanza, una multiplicidad de apariencias que       envuelven el vac&iacute;o primordial (...). En su condici&oacute;n de monstruosidad est&aacute; m&aacute;s       all&aacute; de toda representaci&oacute;n, la lamella sin embargo permanece en los dominios       de lo Imaginario como un tipo de imagen que fuerza a la imaginaci&oacute;n y la lleva       a los l&iacute;mites de aquello que ya no puede representarse. La lamella habita la       intersecci&oacute;n de lo Imaginario y de lo Real. Se refiere a lo Real en su       dimensi&oacute;n imaginaria m&aacute;s terror&iacute;fica, como el abismo primordial que lo consume       todo, anulando a todas las identidades –una figura conocida en la literatura       por sus m&uacute;ltiples disfraces, desde las vor&aacute;gines de Poe al horror de Kurtz en       el <i>Coraz&oacute;n de las tinieblas</i>. (p.51)</font></p>   </blockquote> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es clave ese lugar hibrido que Zizek (2006) le atribuye a la lamella: est&aacute; en la frontera entre lo Imaginario y lo Real. Usa un sedimento de representaci&oacute;n para referirse a aquello que no puede ser representado, que est&aacute; all&iacute; como la alteridad radical. Me parece que all&iacute;, en ese espacio liminal entre los dos &oacute;rdenes, es donde opera lo <i>weird</i>, y lo que lo distingue de otros g&eacute;neros como el terror o la ciencia ficci&oacute;n. Pongamos, por ejemplo, las novelas sobre vampiros o zombies, sobre cat&aacute;strofes clim&aacute;ticas o sobre tecnolog&iacute;as futuras. En esas narraciones se puede evocar una sensaci&oacute;n de extrañamiento o incluso de terror, pero los agentes de &eacute;sta siempre ser&aacute;n &lsquo;connotadores&rsquo;, en el sentido que Roland Barthes les atribu&iacute;a, es decir signos que adem&aacute;s de establecer una representaci&oacute;n anal&oacute;gica tienen una carga de informaci&oacute;n culturalizada. El extrañamiento se produce dentro de un orden simb&oacute;lico, no como una amenaza de algo que al darse lo pulverizar&aacute;.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo <i>weird</i> trabaja en una zona liminal, usa el lenguaje para forzar la imaginaci&oacute;n y llevarla a un lugar que ya no es lenguaje, que est&aacute; ah&iacute; como lo totalmente otro, no me refiero ac&aacute; al Gran Otro lacaniano, que es el nombre con el que denomina al orden simb&oacute;lico como agencia productora de sentido: las causas fundacionales de la naci&oacute;n o la libertad o la Revoluci&oacute;n, sino a la heterogeneidad radical. La clave de la tensi&oacute;n puede vincul&aacute;rsela a un shock epistemol&oacute;gico, aparece cuando se da aquello que ya no podemos conocer. Jeff Vander Meer, uno de los grandes representantes de esta corriente narrativa, escribi&oacute; en el pr&oacute;logo de <i>The Weird: a Compendium of Strange and Dark Stories</i> (la traducci&oacute;n tambi&eacute;n es m&iacute;a, por lo tanto, pido disculpas por las imprecisiones del caso):</font></p>      <blockquote>       <blockquote>         <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este momento, en el que podr&iacute;amos calificar como nuestra       infancia del entendimiento del mundo —esta era, en la que nos creemos mayores       de lo que en realidad somos—, resulta cat&aacute;rtico buscar y contar historias que       no intenten reconciliarnos con lo il&oacute;gico, lo contradictorio, y las formas       tradicionales con las que los seres humanos perciben el mundo, sino que m&aacute;s       bien acent&uacute;an estos elementos contradictorios para mostrarnos qui&eacute;nes realmente       somos. D&iacute;scolos. Sin reglas. Supersticiosos. Absurdos. Sujetos a un mill&oacute;n de       temores y de esperanzas que pueden llegar a desestabilizarnos Vander Meer,       2012, p&aacute;rr. 10). </font></p>   </blockquote> </blockquote>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La est&eacute;tica de lo <i>weird</i> no se lamenta por esa incapacidad de reconciliaci&oacute;n, la celebra ya que en esa brecha se abre el espacio de una promesa: lo abierto, el futuro indeterminado, liberado del c&aacute;lculo, que para Derrida (2014) era la condici&oacute;n de posibilidad de la libertad. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se trata, tambi&eacute;n, del disenso: ah&iacute; su gesto pol&iacute;tico. Lo que lo vuelve transgresor, siempre arremetiendo contra los modelos establecidos, procurando l&iacute;neas de fuga deleuzianas que permitan una experiencia de intensidades no molares que se actualizan en el flujo continuo. El <i>weird</i>, bajo estas coordenadas de lecturas, ser&iacute;a la literatura del devenir: se asume como raro porque contiene al terror sin ser terror, a la ciencia ficci&oacute;n sin delimitarse en esta. A la fantas&iacute;a oscura sin terminar de encajar en ese registro. Los cruza a todos en su devenir literatura: es el g&eacute;nero monstruoso por excelencia. </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Eso est&aacute; en la po&eacute;tica de las narrativas m&aacute;s potentes que he le&iacute;do en los &uacute;ltimos años: en la aclamada <i>Southern Reach Trilogy</i>, de Jeff VanderMeer. En los extraordinarios cuentos de Brian Evenson reunidos en <i>A Collapse of Horses</i> y en <i>Songs for Unrevealing the World</i>. En la sublime <i>The Ice Trilogy</i> del escritor ruso Vladimir Sorokin. En <i>Songs of Dead Dreamers</i> y <i>Grimscribe</i>, los magistrales cuentos de Thomas Ligotti. En novelas tan fascinantes como <i>La Polic&iacute;a de la memoria</i>, de Yoko Ogawa, y <i>Negative Space</i>, de B.R. Yeager, cuya traducci&oacute;n de esta &uacute;ltima, pronto saldr&aacute; en Caja Negra. En las narraciones cortas de Caitlin Kiernan y Leonora Carrington.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En estos textos la aventura no consiste en regresar a casa, sino en encontrar la puerta para irse. Wittgenstein (1996) culmin&oacute; el <i>Tractatus</i> con la siguiente la l&iacute;nea: &ldquo;De lo que no se puede hablar hay que callar&rdquo;. La ficci&oacute;n <i>weird</i> es un intento de mantener los ojos abierto ante aquello que la filosof&iacute;a debe permanecer en silencio.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>Referencias</strong></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Adorno, M. &amp; Horkheimer, T. (1988). La industria cultural. Iluminismo como mistificaci&oacute;n de masas. Buenos Aires: Sudamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171248&pid=S2306-8671202200020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->  </font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Barthes, R. (2005). El grano en la voz: entrevistas 1962-1980. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171250&pid=S2306-8671202200020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Benjamin, W. (1999). Ensayos escogidos. Ciudad de M&eacute;xico: Ediciones Coyoac&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171252&pid=S2306-8671202200020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Derrida, J. &amp; Roudinesco, É. (2014). Y mañana, qu&eacute;...Ciudad de M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171254&pid=S2306-8671202200020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Fisher, M. (2018). Lo raro y lo espeluznante. Barcelona: Alpha Decay.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171256&pid=S2306-8671202200020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Houellebecq, M. (2006). H. P. Lovecraft: contra el mundo, contra la vida. Madrid: Ediciones Siruela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171258&pid=S2306-8671202200020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Jameson, F. (2010). Marxismo tard&iacute;o: Adorno y la persistencia de la dial&eacute;ctica. Ciudad de M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171260&pid=S2306-8671202200020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ranciere, J. (2019). Ensayo sobre est&eacute;tica y pol&iacute;tica, Ciudad de M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171262&pid=S2306-8671202200020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">VanderMeer, J. &amp;   VanderMeer, A.(2012). The Weird: A Compendium of Strange and Dark Stories. Nueva York: Tor Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171264&pid=S2306-8671202200020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Virilio, P. (2009). The Aesthetics of Disapperance. Los Ángeles: Semiotext.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171266&pid=S2306-8671202200020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Wittgenstein, L. (1996). Tractatus L&oacute;gico-Philosophicus. Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171268&pid=S2306-8671202200020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Zizek, S. (2006). How to Read Lacan. Nueva York: W.W. Norton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1171270&pid=S2306-8671202200020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
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