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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i><b>Rese&ntilde;a</b></i></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="4"><i>D&iacute;as detenidos: </i>las grietas de las mitolog&iacute;as familiares</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Guillermo Ruiz Plaza</font></b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"></font></p>     <p align="center"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">2019, Editorial 3600, La Paz, Bolivia</font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr align="JUSTIFY" noshade>     <p align="center"><img src="/img/revistas/rcc/v23n42/a13_figura_01.jpg" width="270" height="399"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En un hermoso libro de homenaje a Blanca Wieth&uuml;chter titulado <i>El lugar del fuego, </i>editado por Marcelo Villena, hay un texto en el que Wieth&uuml;chter reconstruye su vida y oficio de escritora a partir de fragmentos. El texto se llama &quot;Fragmentos de una trama&quot;. Alternando escenas de su vida con pedazos de sus libros de poemas, Wieth&uuml;chter construye la imagen de la escritora que ha sido. Ese gesto es conmovedor y revelador. Ese gesto, adem&aacute;s, marca lo imbricado y enlazado que ha de estar el oficio y el vivir en la experiencia escritural, en la literatura. Es decir, da por el suelo con el</font> <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">mito de que escribir es escaparse de ac&aacute; o de que la literatura es una realidad libre de pesos y tajos. En este texto, Wieth&uuml;chter dice lo siguiente: &quot;En este pa&iacute;s, 'tan solo en su agon&iacute;a', como escrib&iacute;a Gonzalo V&aacute;squez, la historia, lo quiera uno o no, se desliza por la ventana y es imposible vivir en la ignorancia de lo que sucede en las calles, en las plazas, en las esquinas, puertas afuera&quot;. Esta reflexi&oacute;n viene bien a cuento ahora para leer la novela <i>D&iacute;as detenidos </i>de Guillermo Ruiz Plaza. En &eacute;sta, Lea, la protagonista y narradora, ordena a partir de su mirada particular, es decir, a partir de su</font> <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">lenguaje, las vidas privadas y p&uacute;blicas de quienes han entrado y salido de su vida. Si bien el relato marca la experiencia de la migrante boliviana en Francia, es central para la trama el regreso de &eacute;sta a una Bolivia en constante y sonante bullicio; un pa&iacute;s sin pausa, un pa&iacute;s que se convulsiona a cada momento. Lea narra en paralelo la historia del pa&iacute;s y la historia de su familia. Desde una comprensi&oacute;n reducida se puede usar la palabra paralelo, porque en &uacute;ltima instancia, los que leen, los que escriben, los que miran, saben que no existe una divisi&oacute;n. O que si la hay, es una divisi&oacute;n de humo, es un espejo de densidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i>D&iacute;as detenidos </i>es, tambi&eacute;n, la primera novela de Ruiz Plaza. Antes, este escritor boliviano public&oacute; libros de poes&iacute;a, cr&iacute;tica literaria y cuentos, la mayor&iacute;a de ellos que se adscrib&iacute;an al g&eacute;nero fant&aacute;stico, g&eacute;nero que tambi&eacute;n visit&oacute; desde la ensay&iacute;stica. Es por eso interesante leer esta novela frente a la obra de Ruiz Plaza. Frente a la brevedad de sus anteriores escritos, <i>D&iacute;as detenidos </i>fluye, no como un r&iacute;o salvaje, sino como un cauce elaborado depuradamente por su autor. Por lo mismo, se puede marcar un corte con la forma de su escritura narrativa: de lo fant&aacute;stico a una suerte de realismo. &iquest;D&oacute;nde, entonces, se puede encontrar el continuo de la obra? La respuesta puede ser &eacute;sta: en el lenguaje. Ruiz Plaza, desde su poes&iacute;a y su narrativa breve, ha ido trabajando un estilo que</font> <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">se reconoce en <i>D&iacute;as detenidos. </i>El lector podr&aacute; reconocer la influencia de la pulsi&oacute;n po&eacute;tica en este libro, as&iacute; como la generaci&oacute;n de relatos breves que se acoplan al mayor.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Para Lea hay dos telones de fondo predominantes: La Paz -la ciudad, el territorio, lo que la delimita- y la m&uacute;sica. Si bien la literatura es el escenario m&aacute;s claro y directo al que alude Ruiz Plaza, la ciudad y la m&uacute;sica son ese detr&aacute;s. Es por esto, tal vez, que la idea del regreso es tan fuerte. Lea regresa, eso narra la novela. Regresa a la madre, regresa al hogar. La madre est&aacute; muriendo, La Paz va mutando en algo raro. Es un regreso a un &uacute;tero marchito. El retorno de Lea marca tambi&eacute;n el peso que tiene la familia; ese lugar de da&ntilde;o. Pero tambi&eacute;n se narra a la familia como una contenci&oacute;n, como un colch&oacute;n. Esta instituci&oacute;n no funciona, lo experimenta la protagonista, pero es como si fuera la &uacute;nica salida para ella.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Lea como nombre nos acerca al sustantivo &quot;leer&quot;. Si aceptamos que &quot;leer&quot; est&aacute; relacionado en sus ra&iacute;ces con &quot;recolectar&quot;, podemos inferir que, para la narradora y protagonista de <i>D&iacute;as detenidos, </i>seleccionar, recoger y narrar recuerdos es lo que impulsa su lenguaje. La sucesi&oacute;n de palabras de Lea, que es lo que leemos en la novela, ordena el pasado desde la memoria y el olvido. Entonces, Ruiz Plaza parece decirnos que leer es tambi&eacute;n olvidar y recordar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Lea es una escritora frustrada: lo dice ella, lo dice su madre. Hacia el final de la novela logra escribir, marcar el papel. Ella redacta fragmentos que transcribe y que muestra; este es uno de ellos:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&iquest;De d&oacute;nde viene, me pregunto, esta necesidad de inscribir la propia historia en la Historia, as&iacute;, con una rid&iacute;cula may&uacute;scula? Las an&eacute;cdotas que cuentan los abuelos y los padres suelen llevar el sello de lo hist&oacute;rico, como si, al rescatar el pasado, intuy&eacute;ramos lo fr&aacute;giles que son incluso las m&aacute;s asombrosas mitolog&iacute;as familiares y, a fin de protegerlas, las insertamos en algo m&aacute;s grande y m&aacute;s duradero. Nuestras historias ser&iacute;an, entonces, como esas casas que se levantan en las laderas de los cerros, desafiando la ley de la gravedad, aferr&aacute;ndose a la tierra deleznable con una obstinaci&oacute;n conmovedora (p. 283).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La imagen, otra vez, la da la ciudad de La Paz: su territorio es tambi&eacute;n una puesta en abismo de la visi&oacute;n de mundo que tiene Lea. Las imposibles casas de las laderas son como las mitolog&iacute;as familiares, y viceversa. As&iacute;, el tel&oacute;n de fondo es el centro mismo. Nada se asume con inocencia, nada se recuerda sin querer modificar con</font> <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">violencia el presente. Las historias, familiar y la del pa&iacute;s, son las ramas que se cruzan y se quitan hojas entre s&iacute;, sin tocarse, como las copas que tienen miedo o timidez de las otras. Toda cabeza es un &aacute;rbol. Por esto tambi&eacute;n es sugerente la portada del libro: un &aacute;rbol completo, con la copa frondosa, pero tambi&eacute;n con las ra&iacute;ces expuestas. Otra imagen m&aacute;s: la ramificaci&oacute;n. Si m&aacute;s arriba se dijo que el lenguaje preciso que encontramos en la novela nace del ejercicio de textos breves, tambi&eacute;n se podr&iacute;a afirmar que el oficio de cuentista de Ruiz Plaza se pone en escena en la aparici&oacute;n de historias m&iacute;nimas que se desprenden de la historia central, la del regreso, m&aacute;s o menos como las ramas y las hojas que se desprenden del tronco; ah&iacute; tambi&eacute;n est&aacute; lo que no se cuenta, lo subrepticio que queda latente: las ra&iacute;ces. Todo esto permite que <i>D&iacute;as detenidos </i>sea una novela que abarca mucho territorio y mucha historia. Las narraciones est&aacute;n modeladas por el tiempo, que es, en &uacute;ltima instancia, donde se extiende esta novela.</font></p>     <p align="right"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Mauricio Murillo</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
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