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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Revolución de Mayo: Moreno, Castelli y Monteagudo. Sus discursos políticos]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"   ><font size="2"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ARTICULO ORIGINAL </font></b></font></p >     <p align="right"   >&nbsp;</p >     <p align="center"   ><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La Revoluci&oacute;n de Mayo: Moreno, Castelli y Monteagudo. Sus discursos pol&iacute;ticos<Sup>* </Sup></font></b></p >     <p align="center"   >&nbsp;</p >     <p align="center"   >&nbsp;</p >     <p align="center"   ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Noem&iacute; Goldman </b></font></p >     <p align="center"   >&nbsp;</p >     <p align="center"   >&nbsp;</p > <hr size="1" noshade>     <p align="justify"   ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La visi&oacute;n m&aacute;s habitual de la Revoluci&oacute;n de mayo de 1810 en los discursos y pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas de los dirigentes criollos m&aacute;s radicales, los llamados &ldquo;morenistas&rdquo; en alusi&oacute;n al secretario de la Primera Junta, Mariano Moreno, los asimila al modelo jacobino de la Revoluci&oacute;n Francesa. Un estudio preliminar a sus discursos pol&iacute;ticos no puede entonces eludir abordar la referencia a ese modelo. Sin embargo, un an&aacute;lisis cabal del tema demandar&iacute;a un examen comparativo de los procesos revolucionarios que tuvieron lugar, con un intervalo de veinte a&ntilde;os, en Francia y en el R&iacute;o de la Plata a fines del siglo XVIII y principios del XIX, respectivamente. No es nuestra intenci&oacute;n realizar aqu&iacute; ese estudio, sino mostrar los diversos usos que la historiograf&iacute;a realiz&oacute; del modelo y c&oacute;mo, desde diferentes perspectivas, </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">las investigaciones recientes modificaron las formas tradicionales de aproximarse al tema. As&iacute;, revisaremos las antiguas y nuevas contribuciones sobre la relaci&oacute;n entre la filiaci&oacute;n ideol&oacute;gica del pensamiento emancipador y el car&aacute;cter de la revoluci&oacute;n de Mayo, para luego abocarnos al an&aacute;lisis de la concepci&oacute;n de la revoluci&oacute;n en Moreno, Castelli y Monteagudo<Sup>1</Sup>, desplazando el inter&eacute;s desde las influencias doctrinales hacia los discursos y sus vocabularios pol&iacute;ticos. </font></p >     <p align="justify"   >&nbsp;</p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b></B>Breve revisi&oacute;n historiogr&aacute;fica </b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></B>La historiograf&iacute;a de la Revoluci&oacute;n de Mayo nos leg&oacute; un extenso debate en torno a las influencias de los fil&oacute;sofos de la Ilustraci&oacute;n en el pensamiento emancipador, y en relaci&oacute;n a las concepciones y practicas pol&iacute;ticas de los revolucionarios de Mayo. El modelo de la Revoluci&oacute;n Francesa predomin&oacute; en la interpretaci&oacute;n de la pol&iacute;tica revolucionaria de la Primera Junta.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El texto proviene del libro Historia y lenguaje, los discursos de la Revoluci&oacute;n de Mayo, Buenos Aires, Centro Editor de Am&eacute;rica Latina, 1992. Usamos la segunda edici&oacute;n (Buenos Aires, Editores de Am&eacute;rica Latina. 2000)</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El primero en hacer menci&oacute;n al jacobinismo como modelo fue el propio hermano de Moreno. Manuel Moreno, en la biograf&iacute;a que consagra al secretarlo de la Junta, reflexiona de la siguiente manera: &ldquo;Despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n de Francia ha sido muy frecuente atacar las empresas de libertad, denigr&aacute;ndolas con el odioso car&aacute;cter del jacobinismo, que tan justamente ha escarmentado al mundo, y el descr&eacute;dito que estas m&aacute;ximas han merecido, ha continuado en ser empleado como arma poderosa contra el uso de los derechos sagrados del pueblo... El doctor Moreno profesaba principios s&oacute;lidos de pol&iacute;tica y estaba versado en la historia de las naciones, para no haber ca&iacute;do en errores, que la experiencia hace en el d&iacute;a inexcusables. Con todo esto, los discursos con que se dirig&iacute;a en la Gaceta a sus conciudadanos, no han dejado de ser mirados por el inter&eacute;s y la prevenci&oacute;n como esfuerzos del jacobinismo....&rdquo;<Sup>2</Sup>. Manuel Moreno enfatiza as&iacute; el car&aacute;cter ante todo pol&iacute;tico que la etiqueta de jacobino tuvo en la Revoluci&oacute;n de Mayo: &eacute;sta se habr&iacute;a constituido en el m&aacute;s audaz instrumento ideol&oacute;gico Por otra parte, la publicaci&oacute;n del Plan de operaciones, atribuido a Moreno y conservado en secreto durante su gobierno<Sup>3</Sup>, constituy&oacute; el punto de partida de un extenso debate sobre las concepciones y formas de lucha revolucionaria en el R&iacute;o de la Plata. La serie de medidas pol&iacute;ticas y de terror propuestas en ese misterioso plan, con el fin de conquistar la independencia por medio de una transformacion radical del orden social tradicional, fue considerada la prueba m&aacute;s contundente de la adopci&oacute;n por parte de los morenistas del modelo jacobino. La historiograf&iacute;a liberal coincidi&oacute; en general en establecer una filiaci&oacute;n directa tanto del pensamiento de la llustraci&oacute;n como del programa pol&iacute;tico franc&eacute;s de 1789 con la Revoluci&oacute;n de Mayo. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Paul Groussac fue uno de los primeros en enfrentarse a esta tradici&oacute;n cuando sostuvo que la formaci&oacute;n fllos&oacute;fica y pol&iacute;tica de los revolucionarios era muy d&eacute;bil, y m&aacute;s aun, que desconoc&iacute;an el proceso pol&iacute;tico franc&eacute;s<Sup>4</Sup>. Sin embargo, Groussac no parece haberse basado en investigaciones de archivo para sustentar su nueva tesis, llegando a dudar en la clasificaci&oacute;n del Plan: en un primer momento lo considera ap&oacute;crifo, luego lo atribuye a la mano de &ldquo;un partidario terrible y exaltado de Moreno&rdquo;<Sup>5</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La identificaci&oacute;n entre Moreno y de la Junta. En efecto, seg&uacute;n se ver&aacute;, Robespierre fue plenamente estable-el mote denigratorio fue utilizado no cida, con sentido positivo, por Jos&eacute; s&oacute;lo por los espa&ntilde;oles contrarrevo-Ingenieros en su obra <I>La evoluci&oacute;n. </I>lucionarios sino igualmente por los <I>de las ideas argentinas</I><Sup>6</Sup>. Para Ingecriollos moderados. nieros la acusaci&oacute;n de jacobino realizada contra el secretarlo de la Junta constituye &ldquo;su m&aacute;s leg&iacute;timo t&iacute;tulo de gloria desde el punto de vista de la Revoluci&oacute;n&rdquo;<Sup>7</Sup>. Pero los revisionistas de comienzos de nuestro siglo no tardaron en oponerse a esta visi&oacute;n de la Revoluci&oacute;n de Mayo, al sostener la tesis del complot. As&iacute;, lbarguren calific&oacute; a Moreno y a sus adeptos como hombres del terror que por medio de las doctrinas &ldquo;an&aacute;rquicas&rdquo; y &ldquo;antisociales&rdquo; quisieron desatar una guerra interminable en contra de los espa&ntilde;oles<Sup>8</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A uno de los fundadores de la Nueva Escuela Hist&oacute;rica debemos el primer estudio erudito de Mariano Moreno y la Revoluci&oacute;n de Mayo. Ricardo Levene se propuso en su obra<Sup>9 </Sup>una revalorizaci&oacute;n de las fuentes hisp&aacute;nicas para el an&aacute;lisis de los or&iacute;genes intelectuales de la Revoluci&oacute;n de Mayo. Ello le permiti&oacute; reconstruir gran parte de las lecturas de origen espa&ntilde;ol e indiano de Moreno cuando era estudiante en la Universidad de Chuquisaca, para conclulr con la negaci&oacute;n de toda influencia francesa sobre el pensamiento revolucionario, y la recusaci&oacute;n, a trav&eacute;s de numerosas pruebas, de la autenticidad del Plan de Operaciones<Sup>10</Sup>. Cabe mencionar aqu&iacute; tambi&eacute;n los trabajos de historiadores como Sergio Bag&uacute; o Rodolfo Puigr&oacute;s, que concibieron a la Revoluci&oacute;n de Mayo como una especie de traducci&oacute;n, aunque trunca, de </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">las revoluclones burguesas europeas. Moreno se constituy&oacute; dentro de esta visi&oacute;n del proceso revolucionario, en el portavoz de la &ldquo;revoluci&oacute;n democr&aacute;tica burguesa&rdquo;<Sup>11</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta &uacute;ltima tesis de una independencia concebida como fruto de un proceso de maduraci&oacute;n interna, apoyada en la existencia de un grupo social con conciencia de clase, que requer&iacute;a de la independencia para su desarrollo y que, en consecuencia, elabor&oacute; un programa revolucionario, fue reemplazada -a partir de los aportes de la historiograf&iacute;a de los &uacute;ltimos tiempos, en particular de los trabajos de Tulio Halper&iacute;n Donghi<Sup>12</Sup>-por la idea m&aacute;s plausible de un proceso independentista como efecto de la crisis de las monarqu&iacute;as ib&eacute;ricas. Las tendencias de los criollos hacia una mayor participaci&oacute;n pol&iacute;tica no habr&iacute;an sido suficienles para producir el despertar revolucionario: por ello fue necesarlo que al colapso espa&ntilde;ol se uniera la presi&oacute;n brit&aacute;nica para crear en los criollos la convicci&oacute;n de que un gobierno propio era posible. Esta nueva visi&oacute;n del origen de la revoluci&oacute;n implic&oacute; asimismo la reformulaci&oacute;n de la idea segun la cual la llustraci&oacute;n rioplatense prepar&oacute; intelectualmente al movimiento de independencia. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En efecto, recientes estudios realizados por Jos&eacute; Carlos Chiaramonte sobre la actividad intelectual de </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">fines del siglo XVIII en el R&iacute;o de la Plata pusieron de relieve -frente a los trabajos que conced&iacute;an casi una exclusiva atenci&oacute;n al examen de las influencias de la llustraci&oacute;n europea en el rastreo de las &ldquo;fuentes ideol&oacute;gicas&rdquo; de la independencia-la importancia de las modificaciones internas en los cauces tradicionales del mundo cultural hispano<Sup>13 </Sup>. Chiaramonte considera as&iacute; que una revisi&oacute;n de los or&iacute;genes y conformaci&oacute;n de la cultura ilustrada rioplatense no puede menos que reconocer como un tema central la relaci&oacute;n cultura eclesi&aacute;stica-cultura ilustrada. Esta relaci&oacute;n que se expres&oacute; en lo que ha sido designado con el concepto contradictorio de &ldquo;llustraci&oacute;n cat&oacute;lica&rdquo; -por cuanto fusiona en una misma categor&iacute;a las concepciones del mundo impl&iacute;citas en el catolicismo y en el Siglo de las Luces-define al conjunto de los escritos correspondientes al periodo de la llustraci&oacute;n rioplatense e indica la necesidad de recortar y distinguir mejor los intentos de renovar la Escol&aacute;stica mediante ciertas limitadas aperturas al pensamiento moderno a fines del periodo colonial. Dentro de estas nuevas perspectivas se debilitar&iacute;a el inter&eacute;s por el estudio de las fuentes ideol&oacute;gicas que habr&iacute;an preparado el movimlento emancipador: el penreforzamienio de la alianza entre los soberanos y sus noblezas, se afirmaron por anticipado como negaci&oacute;n misma de la revoluci&oacute;n. En la misma Francia el ideal revolucionario es preparado por el clima que el lluminismo contribuye a crear, pero no se identifica totalmente con el ideario de este movimiento: el pensamiento tip&iacute;camente iluminista no dejo de tener sus esperanzas puestas en la obra reformadora dc los d&eacute;spotas ilustrados. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otras investigaciones nos advierten sobre los riesgos de caer en el error metodol&oacute;gico de identificar las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas por el signo ideol&oacute;gico que se les atribuy&oacute;. As&iacute;, en nuestro estudio del discurso pol&iacute;tico de Mariano Moreno se&ntilde;al&aacute;bamos lo siguiente: &ldquo;Nuestro objeto no pod&iacute;a ser la b&uacute;squeda del jacobinismo en Moreno puesto que asimilar las pr&aacute;cticas morenistas a las jacobinas a priori, no nos revelar&iacute;a toda la originalidad de sus concepciones pol&iacute;ticas. Era necesarlo invertir el planteo, es decir partir de Moreno y estudiar sus concepciones pol&iacute;tico-sociales a trav&eacute;s de sus propios discursos y en su propio vocabulario pol&iacute;tico. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"   ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por su parte, Pilar Gonz&aacute;lez, en un Pero &eacute;sta no fue una caracter&iacute;stica an&aacute;lisis de la sociabilidad pol&iacute;tica s&oacute;lo hispanoamericana. En Europa rioplatense entre 1810 y 1815<Sup>15</Sup>, se los absolutismos ilustrados, con el pregunta sobre el car&aacute;cter de la Re</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">voluci&oacute;n de Independencia. Las conclusiones a las cuales arriba muestran nuevamente m&aacute;s las distancias que las semejanzas con el caso franc&eacute;s: mientras la sociabilidad revoluclonaria francesa sirve como espacio de reivindicaciones sociales y como estructura para una representaci&oacute;n nacional y democr&aacute;tica, la sociabilidad rioplatense -que se desarroll&oacute; en escasos clubes y sociedades patri&oacute;ticas- por su car&aacute;cter municipal y su concepclon elitista de la soberan&iacute;a popular, condujo al fracaso de la primera tentativa de instauraci&oacute;n democr&aacute;tica en el R&iacute;o de la Plata. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&iquest;Cabe pues considerar a la etiqueta de &ldquo;jacobino&rdquo; colocada a las figuras de Mariano Moreno, Juan Jos&eacute; Castelll y Bernardo Monteagudo como simple arma denigratoria en manos de los espa&ntilde;oles y de los criollos moderados? Un recorrido por la manera c&oacute;mo el proceso revolucionario franc&eacute;s fue descubierto y conocido en el R&iacute;o de la Plata antes y despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n de Mayo nos ayudar&aacute; a encontrar algunas respuestas. </font></p >     <p   ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b></B>El impacto de la Revoluci&oacute;n Francesa en el R&iacute;o de La Plata </b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></B>Ricardo Calllet Bois, en su <I>Ensayo sobre el R&iacute;o de la Plata y la Revoluci&oacute;n Francesa </I>(1929)<Sup>16</Sup>, ofreci&oacute; una idea bastante aproximada acerca de dicho impacto. Con este ensayo el autor se propuso, gracias a la consulta de una vasta documentaci&oacute;n, reconstruir la imagen que de la Revoluci&oacute;n Francesa tuvieron los habitantes de la Colonia. La primera cuesti&oacute;n que abord&oacute;, luego de la lectura de numerosos inventarios de bibliotecas rioplatenses y de la correspondencia entre criollos y extranjeros, se relaciona con el conocimiento que de los fil&oacute;sofos franceses se ten&iacute;a en el R&iacute;o de la Plata. De sus lecturas surge que la filosof&iacute;a francesa del siglo XVIII era conocida por la &eacute;lite llustrada de la sociedad colonial as&iacute; como los principales sucesos pol&iacute;ticos dc la Revoluci&oacute;n Francesa. Una variada documentaci&oacute;n da testimonio de la inquietante recepci&oacute;n de esa revoluci&oacute;n entre las &eacute;lites espa&ntilde;olas: los decretos reales y &oacute;rdenes que a partir de septiembre de 1789 prohibieron la entrada en Am&eacute;rica de l&aacute;minas, estampas, impresos y manuscritos de origen franc&eacute;s; los procesos contra residentes franceses acusados de conspiraci&oacute;n contra las autoridades espa&ntilde;olas, y la profusa correspondencia entre criollos y europeos con relatos sobre los diferentes acontecimientos revolucionarios<Sup>17</Sup>. Esta correspondencia revela en particular que los criollos ilustrados de la Colonia segu&iacute;an con inter&eacute;s los sucesos franceses, convirti&eacute;ndose inclusive muchos de ellos en fervientes admiradores. La noticia de la muerte del rey Luis XVI produjo, sin embargo, un vuelco en los esp&iacute;ritus: los franceses empezaron a ser vistos con &ldquo;temor&rdquo; y &ldquo;repulsi&oacute;n&rdquo;<Sup>18</Sup>. A esta noticia se agreg&oacute; aqu&eacute;lla que relataba la persecuci&oacute;n de los curas cat&oacute;licos que no hab&iacute;an jurado la constituci&oacute;n. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero -sosten&iacute;a Caillet Bois-el conjunto de estas noticias no impidi&oacute; que continuaran persistiendo en el Virreinato algunos entusiastas partidarios de la Revoluci&oacute;n Francesa. As&iacute; lo prueban las declaraclones tomadas a los acusados por una supuesta &ldquo;conspiraci&oacute;n de franceses y negros&rsquo;&rsquo; en 1795. Los inculpados, comerciantes extranjeros y esclavos negros, hicieron referencia a ciertas conversaciones que habr&iacute;an escuchado entre simpatizantes de la revoluci&oacute;n. En una de ellas, y con motivo de la muerte del rey, los simpatizantes hab&iacute;an incluso aprobado fervorosamente su ejecuci&oacute;n en manos de los revolucionarios franceses<Sup>19</Sup>. En otra de las conversaclones sostuvo-los simpatizantes se habr&iacute;an referido a Robespierre en t&eacute;rminos encomiosos, as&iacute; por ejemplo, uno de ellos habr&iacute;a afirmado: &ldquo;Robespierre habr&iacute;a sido capaz de hacerse due&ntilde;o del Orbe, por su aulidad&rdquo;. Otro simpatizante, constituy&eacute;ndose en su defensor, afirm&oacute;: &ldquo;las buenas partes y cualidades que concurr&iacute;an en Robespierre de quien acaba de tenerse noticia hav&eacute;rsele dado muerte biolenta&rdquo;<Sup>20 </Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De estas declaraciones se desprend&iacute;a que no s&oacute;lo la &eacute;lite colonial ten&iacute;a cierto conocimiento de los sucesos res. Con la ca&iacute;da de Robespierre se expandieron las versiones termidorianas sobre la Revoluci&oacute;n que la convirtieron en el s&iacute;mbolo de un r&eacute;gimen de terror y de sangre. A partir de ese momento, los rioplatenses se volvieron m&aacute;s bien hostiles a los sucesos franceses. No obstante, se&ntilde;ala Caillet Bois, un c&iacute;rculo &ldquo;afrancesado&rdquo; continu&oacute; durante la Revoluci&oacute;n de Mayo defendiendo las ense&ntilde;anzas de 1789. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Del proceso seguido a los inculpados en la conspiraci&oacute;n de 1795 se desprende asimismo la difusi&oacute;n de gacetas con novedades sobre la Revoluci&oacute;n Francesa entre las clases m&aacute;s pobres de Montevideo y Buenos Alres. Pero, y a pesar de las acusaciones del fiscal, muy poco es lo que pudo sacarse en claro en este juicio m&aacute;s alla de la existencia de ciertos pasquines y de la intenci&oacute;n de los cabecillas de librar a los esclavos negros. De todas maneras, es interesante notar c&oacute;mo en uno de los panfletos que circularon en la &eacute;poca se interpela a la revoluci&oacute;n como un acontecimiento de alcance universal: &ldquo;Mart&iacute;n de Alzaga dentro de un a&ntilde;o ir&aacute;s a la guillotina... tus bienes ser&aacute;n para la Convenci&oacute;n americana... viva, viva, la libertad, la libertad, la libertad. Doscientos mil fusiles vendr&aacute;n y dos mil oficiales franceses. A Zavaleta que sus bienes franceses, sino igualmente el peque-y su mujer tambi&eacute;n morir&aacute; e hijos &ntilde;o mundo de pulperos, panaderos y con toda su casta<Sup>21</Sup>.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Es conocido que a partir de la Revomomentos de la Revoluci&oacute;n habr&iacute;an luci&oacute;n de Mayo predominaron en el retenido la atenci&oacute;n de los poblado-R&iacute;o de la Plata las corrientes derivadas de la llustraci&oacute;n racionalista. Al respecto es interesante mencionar la observaci&oacute;n realizada por Guillermo Furlong al borrador de la segunda autobiograf&iacute;a del De&aacute;n Funes. Furlong, que en toda su obra se esforz&oacute; por demostrar la ausencia de influencia francesa sobre el pensamiento de la emancipaci&oacute;n, se vio obllgado a aceptar, aunque, segun manifiesta, &ldquo;en desdoro&rdquo; del De&aacute;n Funes, que &eacute;ste tach&oacute; en su segunda autobiograf&iacute;a de 1826 los nombres de Arist&oacute;teles y Plat&oacute;n, para reemplazarlos por los de Pufendorf, Condillac, Rousseau y Mably como los autores que nutrieron su esp&iacute;ritu. Tal actitud respondi&oacute; al af&aacute;n del De&aacute;n de ponerse a tono con los admiradores de la Revoluci&oacute;n Francesa que surgieron, seg&uacute;n Furlong, entre 1813 y 1820<Sup>22</Sup>. Lo cierto es que parte importante de los hombres p&uacute;blicos del periodo, formados en la admiraci&oacute;n del clasicismo, no vieron en la independencia un simple cambio de gobierno, sino la posibilidad de realizar el pensamiento filos&oacute;fico en versi&oacute;n republicana. Sin embargo, las ideas ilustradas aparecieron entremezcladas con otras derivadas del iusnaturalismo germ&aacute;nico y de la tradici&oacute;n hisp&aacute;nica. De modo que, en lugar de un conjunto de ideas claras y distintas que habr&iacute;a orientado a las nuevas &eacute;lites pol&iacute;ticas, nos encontramos, m&aacute;s bien, frente a diferentes tradiciones, lenguajes ilustrados y formas de vocabulario pol&iacute;tico. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte, al emprender la tarea emancipadora los criollos tuvieron a su alcance no s&oacute;lo las ideas ilustradas sino igualmente ejemplos hist&oacute;ricos, como fueron las revoluciones norteamericana y francesa. As&iacute;, muchos de los elementos doctrinarios adquiridos por los revolucionarlos hab&iacute;an dejado de ser ideas abstractas para conventirse en realizaciones hist&oacute;ricas. Se puede observar una cierta presencia simb&oacute;lica de la Revoluci&oacute;n Francesa durante la Revoluci&oacute;n de Mayo, en particular en los emblemas patrios (los laureles, el sol y las manos tomadas en los escudos patrios) y en las asambleas y reuniones patri&oacute;ticas (la voz de &ldquo;ciudadano&rdquo; y el gorro frigio). Pero donde la referencia a la Revoluci&oacute;n Francesa es m&aacute;s frecuente, es cuando se la utiliza como arma pol&iacute;tica para desprestigiar al adversario. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En efecto, la imputaci&oacute;n de jacobino en el R&iacute;o de la Plata constituy&oacute; ante todo una etiqueta denigratoria. Haci&eacute;ndose eco de la muy difundida versi&oacute;n termidoriana sobre la Revoluci&oacute;n Francesa, conforme a la cual el periodo de la dictadura jacobina constituy&oacute; una funesta desviaci&oacute;n de los principios de 1789, los criollos moderados vieron en las pr&aacute;cticas radicales de Moreno y sus partidarios un anuncio de un r&eacute;gimen de terror y de sangre para el R&iacute;o de la Plata. La apelaci&oacute;n a un modelo temido tuvo en consecuencia una clara funci&oacute;n pol&iacute;tica: difamar a los opositores<Sup>23</Sup>. Pero asimismo -como tendremos ocasi&oacute;n de observar m&aacute;s adelante, en el campo imaginario de las representaciones pol&iacute;ticas de la &eacute;poca, la referencia al jacobinismo surgi&oacute; como </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">la cristalizaci&oacute;n conceptual de un enfrentamiento local: el que opuso en 1810 al moderado presidente de la Junta, Cornelio Saavedra, con el secretarlo de la misma y sus partidarios. Moreno fue acusado de jacobino por su temperamento pol&iacute;tico en&eacute;rgico, su ferviente pr&eacute;dica igualitaria, el firme control que mantiene sobre lodas las acciones de la Primera Junta y las medidas de terror en contra de los enemigos del r&eacute;gimen; Castelli fue considerado jacobino por sus medidas encaminadas a la supresi&oacute;n de las castas altoperuanas; y a Monteagudo se le imputa la condici&oacute;n de jacobino por promover la creaci&oacute;n de sociedades patri&oacute;ticas y por su firme voluntad independentista. Pero mientras Moreno manifest&oacute; una sincera adhesi&oacute;n al conjunto de la Revoluci&oacute;n Francesa, Monteagudo esboz&oacute; una cr&iacute;tica al periodo de la dictadura jacobina. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De manera que si bien es indudable que t&eacute;rminos esenciales del nuevo vocabulario revolucionario rioplatense, como libertad, igualdad, fraternidad, soberan&iacute;a popular, derechos naturales, pudieron haber remitido al discurso pol&iacute;tico jacobino, no representaron sin embargo las mismas realidades. En cambio, en sus discursos pol&iacute;ticos los revolucionarios del R&iacute;o de la Plata s&iacute; se refirieron a las posibles consecuencias que la aplicaci&oacute;n plena de estas nuevas nociones pod&iacute;an tener en el contexto rioplatense en relaci&oacute;n a la movilizaci&oacute;n popular. Raz&oacute;n por la cual se debatieron entre las proclamaciones sinceras de los principlos democr&aacute;ticos y las pr&aacute;cticas cautelosas, en unos, o abiertamente moderadas, en otros. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte, ninguno de los morenistas manifest&oacute; una expl&iacute;cita adhesi&oacute;n al jacobinismo como arquetipo de poder revolucionario. Esto no debe extra&ntilde;arnos, dado que no deben olvidarse aqu&iacute; los veinte a&ntilde;os que separan a los dos procesos revolucionarios: Bonaparte fue visto por sus contempor&aacute;neos rioplatenses como el producto final de la desviaci&oacute;n del proceso revolucionario, que se inici&oacute; con la declaraci&oacute;n de los derechos del hombre de 1789, y culmin&oacute; en la instalaci&oacute;n de un poder personal de car&aacute;cter imperial<Sup>24</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De todo lo expuesto hasta ahora se deriva que en lugar de preguntarnos nuevamente en esta presentaci&oacute;n de los escritos de Moreno, Castelli y Monteagudo, por la validez del modelo jacobino en el R&iacute;o de la Plata, elegimos analizar la concepci&oacute;n de la Revoluci&oacute;n en cada uno de ellos, a partir de ciertas nociones y enunciados que organizan la trama de sus discursos pol&iacute;ticos. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b></B>Moreno y la concepci&oacute;n dc la revoluci&oacute;n </b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></B>La noci&oacute;n de revoluci&oacute;n elaborada por Moreno encuentra una expresi&oacute;n coherente, aunque no exenta de contradicciones, en la serie de art&iacute;culos publicados en los n&uacute;meros de la Gaceta correspondientes a los meses de noviembre y diciembre de 1810. Una lectura retrospectiva del conjunto de sus discursos pol&iacute;ticos (art&iacute;culos de la Gaceta e Instrucciones env&iacute;adas a las provincias del interior), nos permite observar que esa noci&oacute;n es al mismo tiempo resultado de una serie de deslizamientos de sentido en clertos enunciados, y de la aparici&oacute;n de otros como efecto de coyunturas determinadas. Cada etapa de ese trayecto se define por el surgimiento de un nuevo enemigo: pueblo/autoridades coloniales, pueblo/espa&ntilde;oles europeos, pueblo/rey, pueblo/criollos moderados<Sup>25</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La lectura de los art&iacute;culos de Moreno en la Gaceta, donde se esfuerza por desenmascarar la &ldquo;conspiraclon&rdquo; de las autorldades coloniales expresada en sus proclamas, nos revela asimismo que detr&aacute;s de la adhesi&oacute;n encubierta a la f&oacute;rmula real, hay una cr&iacute;tica al conjunto del fen&oacute;meno colonial en Am&eacute;rica. En los primeros meses de gobierno revolucionario los ataques se dirigieron con prioridad a los altos funcionarios espa&ntilde;oles: virrey, intendentes, oidores, fiscales y diplom&aacute;ticos de la Corona. El nuevo poder invoc&oacute; la defensa de los derechos del rey Fernando VII para legitimar la instalaci&oacute;n de la Primera Junta. De esta manera, al elegir el apoyo de la legitimidad mon&aacute;rquica, que en principio no cuestionaba el lazo colonial que un&iacute;a a los pueblos americanos con su metr&oacute;poli, los revolucionarios s&oacute;lo reconoc&iacute;an como enemigos a las autoridades que se opon&iacute;an de forma violenta o conspirativa a sus proyectos. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero el marqu&eacute;s de Casa Irujo, ministro plenipotenciario de la Junta Central espa&ntilde;ola en la Corte de Brasil, public&oacute; una declaraci&oacute;n en la cual cuestionaba la legalidad de la instalaci&oacute;n de la Primera Junta y exig&iacute;a la restituci&oacute;n del poder al virrey Cisne-ros, con amenazas de convocar a los espa&ntilde;oles a derrocar al nuevo poder. Moreno le replic&oacute; con una defensa de los &ldquo;derechos&rdquo; de los pueblos frente, no s&oacute;lo a &ldquo;algunos jefes y mandones&rdquo; que se opon&iacute;an a ellos, sino igualmente contra &ldquo;un sistema fundado sobre el enga&ntilde;o&rdquo;. La palabra &ldquo;mandones&rdquo;, empleada a menudo por el secretario y de uso frecuente en el discurso patriota, m&aacute;s que designar a algunas autoridades espa&ntilde;olas, simbolizaba la imagen que de &eacute;stas ten&iacute;an los habitantes del R&iacute;o de la Plata. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Moreno distingui&oacute; as&iacute; el inter&eacute;s econ&oacute;mico de la metr&oacute;poli, &ldquo;...el esp&iacute;ritu mercantil de C&aacute;diz fecundo en arbitrios para perpetuar en las Am&eacute;ricas la triste condici&oacute;n de una factor&iacute;a...&rdquo;<Sup>26</Sup>, de los hombres que en las colonias conservaban el poder pol&iacute;tico como garantes de esa realidad econ&oacute;mica. A tal fin dibuja el cuadro de la situaci&oacute;n jur&iacute;dico-social del espa&ntilde;ol europeo en Am&eacute;rica: &ldquo;El espa&ntilde;ol europeo que pisaba en ellas (estas tierras) era noble desde su ingreso, rico a los pocos a&ntilde;os de residencia, due&ntilde;o de los empleos y con todo el ascendiente que da sobre los que obedecen, la prepotencia de hombres que mandan lejos de sus hogares... y aunque se reconocen sin patria, sin apoyo, sin parientes y enteramente sujetos al arbitrio de los que se complacen de ser sus hermanos, les gritan todav&iacute;a con desprecio: americanos, alejaos de nosotros, resistimos vuestra igualdad, nos degradar&iacute;amos con ella, pues la naturaleza os ha criado para vegetar en la obscuridad y abatimiento&rdquo;<Sup>27 </Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Nos encontramos, sin embargo, en los primeros meses de gobierno de la Primera Junta y la esperanza de captar a los peninsulares no desafectos al nuevo sistema era a&uacute;n viva. Esta situaci&oacute;n no tard&oacute; en revertirse. Moreno anunciaba ya en el texto citado precedentemente un argumento que encontr&oacute;, un mes m&aacute;s tarde, un nuevo sentido, en consonancia con la creciente oposici&oacute;n espa&ntilde;ola al nuevo gobierno: &ldquo;Es muy notable que en todos los pueblos de esta Am&eacute;rica, que han tratado de hacer uso de sus leg&iacute;timos derechos se ha desplegado una tenaz y torpe oposici&oacute;n en la mayor parte de los espa&ntilde;oles europeos... y sin fijar su atenci&oacute;n en las resultas, se declaran enemigos del pa&iacute;s y de sus habitantes. Que los mandones se condujesen de este modo no ser&iacute;a tan extra&ntilde;o. Lo singular es que el comerciante, el artesano, el hacendado, el jornalero desplieguen un odio implacable contra la causa de la Patria... entren a fomentar un partido insostenible y en que necesariamente deben salir descalabrados&rdquo;<Sup>28</Sup>. Ser patriota cobra aqu&iacute; un nuevo sentido, en adelante significar&aacute; ser antiespa&ntilde;ol. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El bloqueo del puerto de Buenos Alres por los marinos espa&ntilde;oles de Montevideo el 24 de agosto, los ataques armados del gobierno del Paraguay y la crecienle oposici&oacute;n manifestada por los espa&ntilde;oles europeos en todas las provincias del interior, condujeron a la Junta a tomar nuevas medidas de defensa, como consecuencia de las cuales el 17 de octubre fueron destituidos todos los miembros del Cabildo de Buenos Aires. Por otra parte, Moreno envi&oacute; circulares a las provincias ordenando que se intensifiquen las medidas punitivas contra los enemigos interiores. Pero la manera como el secretario se esforzaba desde sus primeros discursos en mostrar las bases del poder de los espa&ntilde;oles europeos y el sistema que los sosten&iacute;a, no surge solamente de la necesidad de informar sobre los fundamentos que guiaban la acci&oacute;n de la Junta, sino que forma parte de su propia concepci&oacute;n de la revoluci&oacute;n, donde la educaci&oacute;n pol&iacute;tica y la llustraci&oacute;n de los pueblos en sus recobrados derechos constituye una de las piezas fundamentales. As&iacute; dir&aacute;: &ldquo;Es sensible, que la conducta de nuestros enemigos nos obligue a emplear en impugnaciones de insultos personales el tiempo, que pod&iacute;a emplearse &uacute;tilmente en la instrucci&oacute;n dc los pueblos: pero el honor de estos exige, que no se autoricen con el silencio unas injurias, cuya sola manifestaci&oacute;n armar&aacute; la opini&oacute;n de los hombres de bien contra los detractores que las produjesen&rdquo;<Sup>29</Sup>. &iquest;A trav&eacute;s de qu&eacute; canales deb&iacute;an difundirse las nuevas ideas y cu&aacute;les deb&iacute;an ser sus alcances? </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos interrogantes nos conducen de las reflexiones pol&iacute;ticas al contenido concreto de las directivas remitidas por Moreno. Sabemos que las ideas revolucionarias que se intentaba propagar entre los sectores populares se vincularon con una funci&oacute;n de apoyo guiado, nunca espont&aacute;neo, asig</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">nada a estos sectores<Sup>30</Sup>. Igualmente sabemos que el nuevo poder utiliz&oacute; algunos medios de difusi&oacute;n tradicionales, como la Iglesia, para hacer conocer las nuevas ideas<Sup>31</Sup>. El peso de las instituciones tradicionales se manifest&oacute; asimismo en la decisi&oacute;n por parte de Moreno de suprimir, de </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">la publicaci&oacute;n del <I>Contrato Social </I>de Jean Jacques Rousseau, el cap&iacute;tulo y los principales pasajes que trataban sobre materias religiosas. Sin embargo, por decisi&oacute;n de Moreno, quien redact&oacute; el pr&oacute;logo, se imprimieron doscientos ejemplares del Contrato para su utilizaci&oacute;n como libro de texto en las escuelas primarias, con el fin de instruir sobre &ldquo;los inalienables derechos del hombre&rdquo;. Del conocimiento de este &ldquo;nuevo lenguaje&rdquo;, que anunciaba la ruina del &ldquo;despotismo&rdquo;, se iban a beneficiar por igual &ldquo;todas las clases&rdquo;, &ldquo;todas las edades&rdquo; y &ldquo;todas las condiciones&rdquo;. La insistencia por parte de Moreno en hacer conocer a los pueblos sus derechos para conquistar su libertad, se revela as&iacute; como uno de los rasgos centrales de su discurso. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es en una lectura de las Instrucciones enviadas por Moreno a los gobernadores y representantes de la Junta en el interlor donde se perciben los lineamientos fundamentales de su pr&aacute;ctica pol&iacute;tica. Toda su gesti&oacute;n repos&oacute; sobre las exigencias de la defensa revolucionaria ligada a la necesidad de uni&oacute;n entre las provincias del Virreinato. Esta cuesti&oacute;n es esencial si deseamos encontrar el sentido integral de esas directivas. Ellas plantearon tres tipos de problemas: 1) el control pol&iacute;tico de las provincias del R&iacute;o de la Plata ligado a la mejora de la condici&oacute;n econ&oacute;mica de sus habitantes: 2) la incorporaci&oacute;n de las provincias a la nueva causa y la constituci&oacute;n de un nuevo ej&eacute;rcito patriota: y 3) una pol&iacute;tica de terror para vencer al enemigo. De modo que la idea de una solidaridad econ&oacute;mica acompa&ntilde;ada del ejercicio de los derechos pol&iacute;ticos, como base de una solidaridad moral entre los nativos de las provincias y la Junta de Buenos Alres, se encuentran en el centro de las Instrucciones. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero es en la Gaceta de los meses de noviembre y diciembre de 1810 donde Moreno se esforz&oacute; por sistematizar y dar coherencia a su concepci&oacute;n de la revoluci&oacute;n. Recordemos que el acta capitular del 25 de mayo, donde se anunciaba la creaci&oacute;n de la Junta de Buenos Aires, dispon&iacute;a asimismo el env&iacute;o de circulares a las provincias del interior, invit&aacute;ndolas a elegir diputados para un congreso general que deb&iacute;a decidir sobre la futura forma de gobierno a adoptar en las provincias del Virreinato<Sup>32 </Sup>. Sin embargo, la circular enviada a las provincias el 27 de mayo comprend&iacute;a una medida suplementaria, por la cual se dispon&iacute;a que, a medida que fuesen arribando a la capital, los diputados provinciales se ir&iacute;an incorporando a la Junta. La nueva situaci&oacute;n creada por la incorporaci&oacute;n de los diputados provinciales m&aacute;s adictos a Saavedra que a Moreno produjo, el 18 de diciembre, el aplazamiento de la reuni&oacute;n del congreso y el alejamiento definitivo de Moreno. Pero antes de esa fecha, el avance victorioso de las tropas en el Alto Per&uacute; y la vasta adhesi&oacute;n de las provincias a la nueva causa, hicieron prever a Moreno la pronta reuni&oacute;n del congreso. De modo que en los art&iacute;culos de la Gaceta de esos meses el secretario consider&oacute; llegado el momento de consolidar las conquistas revolucionarias: mientras la Junta el poder ejecutivo provisorio-segu&iacute;a atacando a los enemigos exteriores e interiores, el congreso -el poder legislativo-deb&iacute;a dar a los pueblos una nueva constituci&oacute;n. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos art&iacute;culos sobre los objetivos del congreso a reunirse son introducidos por Moreno bajo la forma de preguntas. En cada una de ellas procur&oacute; demostrar que en realidad se trataba de falsos interrogantes. Moreno se pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;La reuni&oacute;n de un congreso de las provincias del Virreinato del R&iacute;o de la Plata es leg&iacute;tima?, &iquest;por qu&eacute; medios conseguir&aacute; el congreso la felicidad que nos hemos propuesto en su convocacl&oacute;n?, &iquest;podr&aacute; una parte de la Am&eacute;rica por medio de sus leg&iacute;timos representantes establecer el sistema legal de que carece y que necesita con tanta urgencia: o deber&aacute; esperar una nueva asamblea, en que toda Am&eacute;rica se d&eacute; leyes a s&iacute; misma </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o convenga en aquella divisi&oacute;n de territorio, que la naturaleza misma le ha preparado?, y &iquest;comprometer&aacute; esta obra los derechos de nuestro vasallaje o la circunstancia de hallarse el Rey cautivo armar&aacute; a los pueblos de un poder leg&iacute;timo, para suplir una constituci&oacute;n, que &eacute;l mismo no podr&iacute;a negarles?&rdquo;<Sup>33</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el desarrollo de su argumentaci&oacute;n, desde las p&aacute;ginas del primer peri&oacute;dico pol&iacute;tico de Buenos Alres, Moreno fue adaptando los singulares principios del Contrato Social de Rousseau a la novedosa realidad creada en el R&iacute;o de la Plata en 1810. Moreno esboz&oacute; as&iacute; una teor&iacute;a de la soberan&iacute;a para justificar el nuevo poder de los relaciones sociales entre los pueblos y el rey quedasen disueltas o suspensas por el cautiverio del Monarca, los v&iacute;nculos que unen a un hombre con otro en sociedad quedaron subsistentes porque no dependen de los primeros y los pueblos no debieron tratar de formarse pueblos pues ya lo eran; sino elegir una cabeza que los rigiese o regirse a s&iacute; mismos seg&uacute;n las diversas formas con que puede constituirse &iacute;ntegramente el cuerpo moral&rdquo;<Sup>34</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">As&iacute;, al afirmar que &ldquo;un pueblo es un pueblo&rdquo;, Moreno dio existencia a la comunidad americana independientemente de toda legitimidad exterior. Pero la afirmaci&oacute;n de la existencia de una &uacute;nica soberan&iacute;a pronto se iba a confrontar con los que defend&iacute;an la existencia de tantas soberan&iacute;as como pueblos hab&iacute;a en el Virreinato. Es decir, parte de los nuevos l&iacute;deres sostuvieron junto a Moreno que una vez constituidos los cuerpos representativos -asambleas o congresos constituyentes-, la soberan&iacute;a dejaba de residir en los &ldquo;pueblos&rdquo; para pasar a la &ldquo;naci&oacute;n&rdquo;. Dentro del unitarismo porte&ntilde;o, el centralismo se constituy&oacute; as&iacute; en la modalidad dominante durante la primera d&eacute;cada revolucionaria, acentuada a su vez por las exigencias de la guerra, que atribuy&oacute; a Buenos Aires un lugar preeminente derivado </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">de su antigua posici&oacute;n de capital vi-criollos: </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&ldquo;Los v&iacute;nculos, que unen el pueblo rreinal. El problema consisti&oacute; en que esta tendencia no pudo conciliarse </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">al rey, son distintos de los que unen con la f&oacute;rmula empleada inicialmena los hombres entre s&iacute; mismos: un te por la Primera Junta para convopueblo es un pueblo antes de darse a car a las provincias y pueblos del un Rey, y de aqu&iacute; es que aunque las Virreinato, y que admit&iacute;a de hecho </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">que estos &uacute;ltlmos hab&iacute;an reasumido parte de la soberan&iacute;a antes depositada en el monarca<Sup>35</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte, otro aspecto sustancial de la traducci&oacute;n en la pr&aacute;ctica de la teor&iacute;a de la soberan&iacute;a popular tendr&iacute;a consecuencias revolucionarias para el R&iacute;o de la Plata, porque pod&iacute;a conducir a la independencia, seg&uacute;n lo advierte Moreno al decir: &ldquo;Es muy glorioso a los habitantes de la Am&eacute;rica verse inscritos en el rango de las naciones, y que no se describan sus posesiones como factor&iacute;as espa&ntilde;olas... pero quiz&aacute; no se presenta situaci&oacute;n m&aacute;s cr&iacute;tica para los pueblos, que el momento de su emancipaci&oacute;n&rdquo;<Sup>36 </Sup>. Pero, observa tambi&eacute;n Moreno, el amor que el pueblo profesa al rey cautivo vuelca a&uacute;n la balanza a su favor, aunque no fallen &ldquo;principlos sublimes de la pol&iacute;tica&rdquo; para una absoluta prescindencia del mismo<Sup>37</Sup>. Este reconocimiento del desfasaje entre un sentimiento colectivo, el amor al rey, y los principios de la pol&iacute;tica, es anulado sin embargo con la reintroducci&oacute;n de la figura del Contrato... </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El pacto colonial se verific&oacute; como un falso contrato por haber sido el resultado de la fuerza y de la violencia impuestas por la conquista espa&ntilde;ola. Se pregunta as&iacute; Moreno: &ldquo;&iquest;pretender&iacute;a el rey que continu&aacute;semos en nuestra antigua constituci&oacute;n? Le responder&iacute;amos que no conocemos ninguna, y que leyes arbitrarias dictadas por la codicia para esclavos y colonos, no pueden reglar la suerte de unos hombres que desean ser libres y a los cuales ninguna potestad de la tierra puede privar de aquel derecho&rdquo;<Sup>38</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero el C&oacute;digo de las leyes de Indias, cristalizaci&oacute;n del principio de funcionamiento del sistema colonial espa&ntilde;ol, es igualmente la condici&oacute;n de su funcionamiento. La cr&iacute;tica del derecho colonial se acompa&ntilde;a asimismo de una condena a la codicia metropolitana y de una observaci&oacute;n emp&iacute;rica concerniente al sistema de &ldquo;protecci&oacute;n y piedad hacia los indios&rdquo;. Proclamados en nombre de una protecci&oacute;n y de una piedad abstractas, los derechos en favor de los indios no pasaron a los hechos, &ldquo;...que con declararlos hombres, habr&iacute;an gozado m&aacute;s extensamente&rdquo;<Sup>39</Sup>. El filoindigenismo se integra aqu&iacute; a una concepci&oacute;n de la revoluci&oacute;n como acontecimiento que viene a restituir en el plano hist&oacute;rico derechos de car&aacute;cter universal. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al C&oacute;digo de leyes de Indias, Moreno contrapuso la exigencia de un c&oacute;digo ideal basado en &ldquo;los principlos de la raz&oacute;n, que son la base eterna de todo derecho, y de que deben fluir las leyes por s&iacute; mismas&rdquo;<Sup>40</Sup>. Sigue as&iacute; a los ide&oacute;logos del derecho natural, seg&uacute;n los cuales el contenido del concepto del derecho no se funda en la esfera del mero poder y voluntad, sino en la raz&oacute;n. El derecho natural sostiene, frente a las tendencias que hac&iacute;an derivar los derechos de una voluntad divina o humana, el principio fundamental de que existe un derecho anterior a todo poder humano y divino, de validez universal. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el art&iacute;culo del 15 de noviembre, Moreno introdujo un nuevo tema: &ldquo;La cuesti&oacute;n que voy a tratar es si el congreso compromete los derechos de nuestro vasallaje<Sup>41</Sup>&rdquo;. Una vez m&aacute;s una pregunta en la que deben ser criticados los presupuestos: el acto contractual al crear al pueblo emancipado excluye de la comunidad al rey de Espa&ntilde;a. Con al acto del 25 de mayo no hubo en realidad reversi&oacute;n de los derechos de la soberan&iacute;a al pueblo, sino que &ldquo;... la fuerza y la violencia son la &uacute;nica base de la conquista, que agreg&oacute; estas regiones al trono espa&ntilde;ol&rdquo;<Sup>42</Sup>. Dentro de esta l&iacute;nea argumentativa, nos encontramos frente a un rechazo no s&oacute;lo de un pacto colonial, sino de la monarqu&iacute;a como sistema de gobierno. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">As&iacute;, Moreno considera al poder legislativo como la instancia dominante, un poder que debe hacer del pueblo emancipado el principio mismo de la constituci&oacute;n. Los gobernantes son meros &ldquo;ejecutores y ministros de las leyes que la voluntad general ha establecido&rdquo;<Sup>43</Sup>. Sin embargo, el concepto de soberan&iacute;a que aqu&iacute; se esboza no tom&oacute; &uacute;nicamente sus principios de la teor&iacute;a de Rousseau, se nutre asimismo de un ejemplo hist&oacute;rico: tros no pod&iacute;an encontrar para llenar el crecido d&eacute;ficit de aquel erario: sin embargo, apenas se vieron juntos los representantes, aunque perseguidos por los d&eacute;spotas, que siempre escuchan con susto la voz de los pueblos, dieron principio a sus augustas funciones con el juramento sagrado de no separarse jam&aacute;s, mientras las constituci&oacute;n del reino, y la regeneraci&oacute;n del orden p&uacute;blico no quedasen completamente establecidas y afirmadas&rdquo;<Sup>44</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al afirmar que fue en la Revoluci&oacute;n Francesa donde el principio de la soberan&iacute;a popular tom&oacute; su sentido para la historia europea y en cierta medida universal, Moreno parece aceptarla sin reservas hasta el fin de la etapa revolucionaria. Es decir, hasta el golpe del 18 de Brumario y la toma del poder por Napole&oacute;n: &ldquo;El d&iacute;a 20 de junio de 1789 fue el m&aacute;s glorioso para Francia, y habr&iacute;a sido el principio de la fel&iacute;cidad de toda Europa, si un hombre ambicioso agitado de tan vehementes pasiones, como dotado de talentos extraordinarios, no hubiese hecho servir al engrandecimlento de sus hermanos la sangre de un mill&oacute;n de hombres derramada por el bien de su patria&rdquo;<Sup>45</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La cuesti&oacute;n de si podr&aacute; una parte de la Am&eacute;rica por medio de sus representantes establecer la constituci&oacute;n </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o si deber&aacute; esperar la reuni&oacute;n de un congreso de toda Am&eacute;rica, fue el &uacute;ltimo tema abordado por Moreno desde las p&aacute;ginas de la Gaceta del 6 de diciembre&rdquo;<Sup>46</Sup>. Este tema llevaba impl&iacute;</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">cito otro m&aacute;s importante, que se relacionaba con la extensi&oacute;n geogr&aacute;fica del nuevo Estado a crear en la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola. De sus argumentaciones surge con claridad la voluntad de constituir una nueva naci&oacute;n, &iquest;pero dentro de qu&eacute; limites geograficos? Consideraciones de orden pol&iacute;tico general lo condujeron a desestimar la unidad americana, aconsejando por el contrario a sus compatriotas la soluci&oacute;n m&aacute;s viable de la reuni&oacute;n de un congreso en los l&iacute;mites del R&iacute;o de la Plata. Esta reuni&oacute;n pondr&iacute;a -a su entender- un dique a la pretension de los mandones de reinstalar la dominaci&oacute;n colonial, con el pretexto de la necesidad de convocar a un congreso general para decidir la suerte de toda Am&eacute;rica. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La nueva concepci&oacute;n de la revoluci&oacute;n, esbozada por Moreno en sus escritos, centrada en la reinstalaci&oacute;n de la raz&oacute;n, de la libertad y de la justicia universales, &iquest;fue representativa del conjunto de los protagonistas criollos de 1810? Por cierto, la lista de agravios imputados por Moreno a la metr&oacute;poli fue compartida por todos aquellos que, debido a su prosperidad, deseaban controlar los destinos del Virreinato ante la ca&iacute;da de la metr&oacute;poli. Asimismo, un deseo de ruptura y una conciencla cada vez m&aacute;s aguda de la divergencia de destinos entre criollos y espa&ntilde;oles peninsulares se desarroll&oacute; entre los que de una u otra forma comenzaron a participar del proceso revolucionario&rdquo;<Sup>47</Sup>. Pero para Moreno, como para los que luego invocaron su memoria, separarse de Espa&ntilde;a o de su rey no bastaba, era necesario proclamar la rep&uacute;blica inspirada en principios liberales igualitarios. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A los que s&oacute;lo se conformaban con obtener los empleos de que antes estaban excluidos los criollos, a los que agradecidos de las tareas de la Junta no aspiraban a otra cosa y a los que, aun fijando sus miras en la &ldquo;justa emancipaci&oacute;n de Am&eacute;rica&rdquo;, no advert&iacute;an sobre los peligros que todo proceso revolucionario desencadenaba, a todos ellos, Moreno les dijo: &ldquo;El pa&iacute;s no ser&iacute;a menos infeliz, por ser sus hijos los que gobernasen mal&rdquo;<Sup>48</Sup>. Solamente una constituci&oacute;n firme pod&iacute;a ser la garant&iacute;ia contra el despotismo de los gobernantes. Pero tampoco resultaba suficiente el establecimiento de principios jur&iacute;dicos, era igualmente necesario sostenerlos &ldquo;con energ&iacute;a&rdquo;. Su divisa se constituy&oacute; as&iacute; en aquella enunciada por un ac&eacute;rrimo republicano: &ldquo;<I>malo periculosam libertatem quam sevitum quietum&rdquo;</I><Sup><I>49 </I></Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El 3 de diciembre, una circular de la Junta redactada por Moreno dispuso la exclusi&oacute;n de los cargos p&uacute;blicos de todo espa&ntilde;ol europeo. Esta medida aceler&oacute; la ruptura entre Moreno y Saavedra. Los revolucionarios moderados consideraron que Moreno y los suyos hab&iacute;an ido demasiado lejos. En sus Memorias, Saavedra denuncia el &ldquo;sistema de delaciones&rdquo; que contra los europeos empez&oacute; a adoptarse<Sup>50</Sup>. A la Junta llegaban a diario -refiere- listas de hombres que se dec&iacute;a eran contrarios a la causa y al gobierno. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La noche de la conmemoraci&oacute;n de la victoria de Suipacha por el ej&eacute;rcito patriota, se le niega a Moreno el ingreso a la fiesta. En el curso de los festejos, un oficial obsequi&oacute; una corona de az&uacute;car a la mujer del presidente de la Junta y &eacute;sta se la pas&oacute; a su esposo: &iquest;Este acto simboliz&oacute; para Moreno el signo de una nueva usurpaci&oacute;n de los derechos del pueblo? Lo cierto es que se propal&oacute; la versi&oacute;n de que Saavedra intentaba en aquella funci&oacute;n coronarse como nuevo monarca de Am&eacute;rica. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En consecuencia Moreno public&oacute;, el 8 de diciembre, su c&eacute;lebre decreto de supresi&oacute;n de los honores que el presidente de la Junta conservaba a&uacute;n del depuesto virrey, estableciendo as&iacute; una absoluta igualdad entre todos sus mlembros<Sup>51</Sup>. Por el mismo decreto se determinaba que el comando superior del ej&eacute;rcito pasar&iacute;a del presidente a la Junta. Las consideraciones del decreto ense&ntilde;aban las reglas de virtud republicana que deb&iacute;an ser practicadas por todos los funcionarios p&uacute;blicos. Pero la idea que sostiene estas consideraciones nos permite descubrir la relaci&oacute;n conceptual que sustenta toda la concepci&oacute;n socio-pol&iacute;tica de Moreno. El secretario de la Junta explica el decreto en los siguientes t&eacute;rminos: &ldquo;La libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en los papeles solamente... Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. &iquest;Si me considero igual a mis conciudadanos, porque me he de p</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">resentar de un modo que les ense&ntilde;e que son menos que yo?&rdquo;<Sup>52</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La libertad no es nada sin la igualdad y la igualdad s&oacute;lo cobra toda su dimensi&oacute;n material en el lazo que instaura con la libertad. Pero en el punto 12 del decreto se lee igualmente: &ldquo;No debiendo confundirse nuestra milicia nacional con la mercenaria de los tiranos, se prohibe que ning&uacute;n centinela impida la libre entrada en toda funci&oacute;n o concurrencia p&uacute;blica a los ciudadanos decentes, que la pretendan&rdquo;<Sup>53</Sup>. Con este enunciado la voluntad de transformaci&oacute;n de Moreno alcanza sus l&iacute;mites hist&oacute;ricos. Y cabe aqu&iacute; una pregunta, &iquest;fue el dirigente revolucionario m&aacute;s moderado cuando se trat&oacute; de modificar las desigualdades e injusticlas sociales en Buenos Aires? En el mismo decreto del 8 de diciembre Moreno retom&oacute; un fragmento anterior de su propio discurso d&aacute;ndole un nuevo sentido, &ldquo;pero ya he dicho en otra parte que el pueblo no debe contentarse con que seamos justos sino que debe tratar de que lo seamos forzosamente&rdquo;. Anteriormente hab&iacute;a se&ntilde;alado que el pueblo &ldquo;deb&iacute;a aspirar a que nunca obren mal&rdquo;<Sup>54</Sup>. &iquest;Este enunciado hace acaso presumir que en una continuaci&oacute;n de Moreno en el poder el terror caer&iacute;a igualmente sobre los criollos moderados? De las cartas enviadas por Saavedra al gobernador de Salta, Chiclana, en las cuales se refiere a su opositor, se infiere que este temor no estaba ausente de la decisi&oacute;n que llev&oacute; a la postergaci&oacute;n de la reuni&oacute;n del congreso: </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><I>Carta del 15 de enero de 1811: </I></font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&ldquo;El sistema Robesperriano que se quer&iacute;a adoptar en esta, la imitaci&oacute;n de revoluci&oacute;n francesa que intentaba tener por modelo, gracias a Dios que han desaparecido&rdquo;<Sup>55</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><I>Carta del 28 de enero de 1811 </I></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&ldquo;... para que veas la injusticia e iniquidad con que el Malvado de Robespierre ha calumniado y querido hacerme sospechoso en este Pueblo: Ya se fue y su ausencia ha sido tan oportuna que Dios nos ha favorecido con ella, y con la venida de Vieytes, que ha tomado a su cargo hacerles entender que las miras de su cliente Moreno no era otra que la de hacerse un Dictador, o cuando menos un tribuno de la Plebe&rdquo;<Sup>56</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La referencia negativa a la Revoluci&oacute;n Francesa es empleada por Saavedra para atacar a su enemigo. Sus acusaciones no est&aacute;n desprovistas de pasi&oacute;n: la lucha de las dos tendenclas se hab&iacute;a polarizado entre los dos hombres. Pero asimismo, la etiqueta de &ldquo;Malvado de Robespierre&rdquo;, aplicada por Saavedra a su adversario, apuntar&iacute;a menos a esa caracterizaci&oacute;n de la Revoluci&oacute;n como regeneraci&oacute;n del viejo orden, que al contenido y a la forma de un accionar revolucionarlo. Accionar que, lejos de haber sido precedentemente elaborado por Moreno, fue el resultado de la concreta lucha pol&iacute;tica. </font></p >     <p   ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b></B>Castelli y los derechos naturales </b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></B>La doctrina bajo la cual se constituy&oacute; la Primera Junta fue presentada por Juan Jos&eacute; Castelli en el Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810. Con la disoluci&oacute;n de la Junta Central hab&iacute;a caducado el gobierno soberano de Espa&ntilde;a y se produc&iacute;a de acuerdo a la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola la reversi&oacute;n de los derechos de la soberan&iacute;a en los pueblos mientras durase el cautiverlo del monarca. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El 6 de setiembre de 1810, Castelli fue nombrado representante de la Junta en la expedici&oacute;n libertadora al Alto Per&uacute;. Sin embargo, su pretensi&oacute;n -reafirmada en cada documento emitido desde ese cargo- de continuar manteni&eacute;ndose dentro de los l&iacute;mites de la legitimidad mon&aacute;rquica, no oculta su convicci&oacute;n de que Fernando VII no volver&iacute;a jam&aacute;s a reinar, y que Espa&ntilde;a estaba irremediablemente perdida. &ldquo;No pod&eacute;is ignorar -afirma Castelli- que arrebatado por la perfidia del trono de sus mayores el se&ntilde;or Fernando VII suspira in&uacute;tilmente por su libertad en un pa&iacute;s extra&ntilde;o, y conjurado contra &eacute;l, sin la menor esperanza de redenci&oacute;n&rdquo;<Sup>57</Sup>. As&iacute;, la preocupaci&oacute;n de los l&iacute;deres criollos, cada vez m&aacute;s convencidos de la divergencia de destinos entre ellos y las autoridades coloniales, se dirigi&oacute; hacia la urgente cuesti&oacute;n de qui&eacute;n decidir&aacute; la suerte de Am&eacute;rica: &ldquo;No pod&eacute;is en fin ignorar que los mandatarlos de este antiguo gobierno metropolitano que han quedado entre vosotros ven decidida su suerte, y desesperada su ambici&oacute;n si la Am&eacute;rica no une su destino al de la Pen&iacute;nsula...<Sup>58</Sup>&rdquo;. Esto explicar&iacute;a porqu&eacute;, el 14 de diciembre de 1810, en Potos&iacute;, el representante de la Junta no encontr&oacute; contradicci&oacute;n alguna en ejecutar a los tres jefes espa&ntilde;oles capturados por el ej&eacute;rcito patriota, Paula Sanz, Vicente Nieto y Jos&eacute; de C&oacute;rdoba y Rojas, en nombre de la defensa de los derechos del monarca Fernando VII. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Del proceso formado a Castelli por el goblerno moderado que sigui&oacute; a la Primera Junta luego de la derrota dc Huaqui (20 de junio de 1811)<Sup>59 </Sup>, se desprende que de las proclamas a los comportamientos las ideas de independencia estaban generalizadas entre la oficialidad patriota. A la pregunta de si &ldquo;la fidelidad a nuestro excelentis&iacute;mo soberano, el rey don Fernando S&eacute;ptimo fue atacada igualmente (por Castelli) procurando introducir el sistema de libertad, igualdad e independencia&rdquo;<Sup>60</Sup>, respondieron varios de los testigos en forma positiva. Por ejempio, el teniente de Dragones ligeros Sebasti&aacute;n de la Mella afirm&oacute; que &ldquo;oy&oacute; proposiciones entre la oficialidad relativas a independencia, libertad e igualdad pero ignora si lo supo o no el doctor Castelli&rdquo;<Sup>61</Sup>. El capit&aacute;n del regimiento de Infanter&iacute;a n&uacute;mero seis, Eusebio Su&aacute;rez, dijo por su parte, &ldquo;que con respecto a la pregunta s&oacute;lo sabe que habi&eacute;ndose suscitado conversaci&oacute;n sobre el sistema, oy&oacute; decir al doctor Castelli que no se hab&iacute;a de reconocer ninguna testa coronada, pero s&iacute; los reyes de Espa&ntilde;a y que procur&oacute; el doctor Castelli, por todos los medios directos e indirectos, propagar el sistema de la igualdad e independencia<Sup>63</Sup>&rdquo;. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero la instalaci&oacute;n del nuevo gobierno constituy&oacute; para Castelli mucho m&aacute;s que un cambio de personas: significaba el inicio del reino de la &ldquo;naturaleza&rdquo; y de la &ldquo;raz&oacute;n&rdquo; frente al despotismo de las autoridades coloniales. De esta manera, su noci&oacute;n de Revoluci&oacute;n se inscribe dentro de esa concepci&oacute;n encaminada a la restituci&oacute;n de los derechos naturales que Moreno hab&iacute;a esbozado. &ldquo;Ciudadanos compatriotas al fin ha llegado la &eacute;poca suspirada en que los injustos opresores de la patria vacilan, tiemblan y se estremecen sin poder reanimar su moribundo despotismo, ni sostener por m&aacute;s tiempo el cetro de bronce... el grito de la naturaleza y el clamor de la raz&oacute;n han sofocado ya la d&eacute;bil y amenazadora voz de los tiranos...&rdquo;<Sup>64</Sup>. Los antiguos s&uacute;bditos americanos, convertidos ahora en ciudadanos de las &ldquo;legiones&rdquo; de la patria y la guerra hasta el &ldquo;exterminio&rdquo; de los tiranos, es proclamada por Castelli en este encendido discurso. Pero no es la vehemencia de las proclamas de Castelli, con el llamado a guerra a muerte contra el enemigo, lo que m&aacute;s </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">sabe que para los actos p&uacute;blicos se inquiet&oacute; a las autoridades espa&ntilde;olas, ha valido del nombre del se&ntilde;or Fer-despu&eacute;s de todo las de estos &uacute;ltimos nando Vll&rdquo;<Sup>62</Sup>. Bernardo Monteagudo, no fueron menos vehementes, sino el secretario a la saz&oacute;n de Castelli, no contenido de su programa revoluciodud&oacute; en responder que &ldquo;se atac&oacute; nario para el Alto Per&uacute;. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En efecto, la pol&iacute;tica flloindigenista propuesta por Castelli amenaz&oacute; el estatuto s&oacute;lidamente arraigado de las castas altoperuanas<Sup>65</Sup>. La liberaci&oacute;n ind&iacute;gena constituy&oacute; sin lugar a dudas un arma de guerra necesaria para un ej&eacute;rcito que requer&iacute;a hombres y recursos<Sup>66</Sup>, pero asimismo form&oacute; parte central de la concepci&oacute;n de la revoluci&oacute;n de los morenistas. En las Instrucclones secretas redactadas por Moreno para la expedici&oacute;n al Alto Per&uacute; se estableci&oacute; que deb&iacute;a levantarse a la &ldquo;indiada&rdquo;<Sup>67</Sup>. Castelli dio a este mandato una fundamentaci&oacute;n y contenido cuyos rasgos esenciales intentaremos definir aqu&iacute;. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El representante escribi&oacute; a la Junta sobre la conjura de las autoridades coloniales en el Alto Per&uacute;, en los siguientes t&eacute;rminos: &ldquo;Ning&uacute;n tirano har&iacute;a progresos si no hubieran malvados que conducidos por el ego&iacute;smo y arrastrados por el torrente de las pasiones antisociales no sirviesen de apoyo al trono erigido por los d&eacute;spotas entre las ruinas de la virtud y derechos m&aacute;s augustos del hombre... As&iacute; es que apenas medi&oacute; en la Capital del R&iacute;o de la Plata la feliz revoluci&oacute;n que hizo temblar y estremecer a los enemigos del hombre&rdquo;<Sup>68</Sup>. El nuevo lenguaje de los derechos del hombre, fundado en el derecho natural, tuvo una traducci&oacute;n original en la proclama del fin de la servidumbre ind&iacute;gena realizada por Castelli el 25 de mayo de 1811 frente a las ruinas de Tiahuanaco&rdquo;<Sup>69 </Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los derechos que Castelli proclam&oacute; recuperados por los indios fueron sociales -derogaci&oacute;n de todos los abusos perjudiciales a los naturales como cargas e imposiciones indebidas, otorgamiento de tierras y creaci&oacute;n de escuelas- y pol&iacute;ticos, al otorgarles el derecho de representaci&oacute;n. Estableci&oacute; as&iacute; la libre elecci&oacute;n de los caciques por parte de sus comunidades, y la eliminaci&oacute;n de los privileglos de propiedad o de sangre de que gozaban sus jefes. Orden&oacute; tambi&eacute;n la realizaci&oacute;n de elecciones libres en cada parroquia de indios, a fin de designar un diputado para el congreso general de las provincias a reunirse<Sup>70</Sup>. Pero el reconocimiento por parte de Castelli de la calidad de ciudadanos a los indios, es decir, de individuos frente al Estado, no lo llev&oacute; sin embargo a decretar la supresi&oacute;n de la comunidad ind&iacute;gena: respet&oacute; su existencia corporativa, aunque orden&oacute; la implantaci&oacute;n de mecanismos de democratizaci&oacute;n interna. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la proclamacion de Tiahuanaco, el representante sostuvo tambi&eacute;n que junto a los indios &ldquo;todo nacional id&oacute;neo, sea de la clase y condici&oacute;n que fuese, pod&iacute;a optar a cualquier destino o empleo de que se considere capaz&rdquo;<Sup>71 </Sup>. No obstante, solicit&oacute; permiso a la Junta para otorgar el uso de &ldquo;Don&rdquo; al capit&aacute;n de una de las compa&ntilde;&iacute;as de Castas de las cuales se compon&iacute;a el ej&eacute;rcito a su mando<Sup>72 </Sup>. &iquest;No contaba acaso Castelli con el suficiente apoyo de sus hombres para decidir la supresi&oacute;n de la estructura de castas en el seno mismo del ej&eacute;rcito revolucionario o manifest&oacute;, por el contrario, con esta conducta mayor moderaci&oacute;n de la que sus discursos dejaban entrever? Lo cierto es que otorgando los derechos de ciudadan&iacute;a a los indios, Castelli tradujo en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos una preocupaci&oacute;n que reconoc&iacute;a un origen esencialmente &eacute;tico: &ldquo;amo a todo americano -afirm&oacute;-, respeto sus derechos y tengo consagrada mi existencia a la restauraci&oacute;n de su inmunidad&rdquo;<Sup>73 </Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La noci&oacute;n de revoluci&oacute;n en Castelli se organiz&oacute; as&iacute; en torno al concepto ideal de derecho. Esto es lo que explica ese idealismo republicano que tuvo su correlato en el comportamiento humanista del representante. En el proceso que se le sigui&oacute; por su conducta p&uacute;blica y militar desde que fue nombrado representante, fueron reiterados los testimonios donde se se&ntilde;ala el trato &ldquo;afable&rdquo; y &ldquo;cari&ntilde;oso&rdquo; dispensado por Castelli a los indios. El coronel Jos&eacute; Le&oacute;n Dom&iacute;nguez manifest&oacute;, por ejempio, que &ldquo;los recib&iacute;a benignamente, los acariciaba, alz&aacute;ndolos del suelo donde se postraban seg&uacute;n su antigua costumbre, los abrazaba y dec&iacute;a que &eacute;ramos hermanos e iguales&rdquo;<Sup>74 </Sup>. La en el Alto Per&uacute;, obsequios en dinero </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o regalos<Sup>75 </Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El sufragio ind&iacute;gena y las dem&aacute;s medidas en favor de los indios no tuvieron efectos jur&iacute;dicos inmediatos, pero su proclamaci&oacute;n fue suficiente para alarmar a las clases altas altoperuanas. Si a esto se suman las medidas represivas ordenadas por Castelli, no s&oacute;lo contra los opositores espa&ntilde;oles sino asimismo contra los sospechosos, no es dif&iacute;cil imaginar los temores despertados en las &eacute;lites criollas y peninsulares. Por cierto, y seg&uacute;n los t&eacute;rminos empleados por Tulio Halper&iacute;n Donghi, el Alto Per&uacute; no sab&iacute;a si hab&iacute;a sido liberado o conquistado por las tropas porte&ntilde;as<Sup>76</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b></B>Monteagudo y el derecho a la independencia </b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></B>De los tres revolucionarios que constituyen nuestro objeto de estudio, Monteagudo fue el &uacute;nico que sobrevivi&oacute; a la Revoluci&oacute;n de Mayo, aunque encontr&oacute; la muerte unos a&ntilde;os despu&eacute;s en Lima. En 1823 redact&oacute; una memoria sobre los principios que sigui&oacute; en la administraci&oacute;n del Per&uacute; -adonde lleg&oacute; junto al ej&eacute;rcito libertador de San Mart&iacute;n-<Sup>77</Sup>, y en la cual realiza interesantes reflexiones sobre su accionar pasado en el R&iacute;o de </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">sinceridad de esta actitud es puesta la Plata. As&iacute; escribi&oacute;: &ldquo;De los peri&oacute;a prueba por otros testimonios del dicos que he publicado en la Revojuicio, en los cuales se niega asimis-luci&oacute;n, ninguno he escrito con m&aacute;s mo que Castelli hubiese aceptado, ardor que el M&aacute;rtir o Libre, que daba aunque les fueron ofrecidos reitera-en Buenos Alres: ser patriota, sin ser das veces durante toda su comisi&oacute;n fren&eacute;tico por la democracia era para </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">m&iacute; una contradicci&oacute;n, y &eacute;ste era mi texto&rdquo;<Sup>78</Sup>. Si en su Memoria se vio en la necesidad de manifestar su pasada adhesi&oacute;n a los principios democr&aacute;ticos fue porque al escribirla deseaba apartarse de ellos y encaminarse en una l&iacute;nea moderada, luego de haber observado la conducta tanto de las clases bajas como de las altas durante las guerras de emancipaci&oacute;n y el proceso revolucionario. As&iacute;, se&ntilde;alaba que &ldquo;la virtud y el m&eacute;rito s&oacute;lo serv&iacute;an para atraer los rayos del despotismo sobre las cabezas m&aacute;s ilustres&rdquo;<Sup>79 </Sup>y el dinero supl&iacute;a la idoneidad, como la adulaci&oacute;n val&iacute;a m&aacute;s que la modestia. El pueblo tampoco comprend&iacute;a que todas las condiciones son iguales s&oacute;lo ante la ley. &Eacute;sta era una restricci&oacute;n -afirmaba- que no alcanzaban a entender los que al o&iacute;r proclamar la libertad y la igualdad cre&iacute;an que toda obediencia hab&iacute;a cesado. Monteagudo advert&iacute;a de ese modo sobre el peligro de una igualdad social impuesta por el &ldquo;n&uacute;mero y robustez&rdquo; de los sometidos&rdquo;<Sup>80</Sup>. Por cierto, en su Memoria se refer&iacute;a en particular al Per&uacute;, pero su variaci&oacute;n de ideas respecto a la primera &eacute;poca revolucionaria val&iacute;a asimismo para el R&iacute;o de la Plata, pues consideraba que durante su estancia en Buenos Aires hab&iacute;a tenido ideas &ldquo;demasiado inexactas&rdquo; sobre la naturaIeza de los gobiernos. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero al considerarse, en el inicio de la Revoluci&oacute;n, un apasionado por la democracia, Monteagudo coincid&iacute;a con la acusaci&oacute;n de &ldquo;jacobino&rdquo; que sus adversarios le lanzaron desde la Gaceta. En efecto, el modelo &ldquo;terrorista&rdquo; de la Revoluci&oacute;n Francesa </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">fue utilizado por Pasos Kanki tanto para identificar la pol&iacute;tica de Moreno como para prevenir sobre la propaganda que Monteagudo y los miembros de la Sociedad Patri&oacute;tica desplegaban desde 1811. Pasos escrib&iacute;a: &ldquo;... nuestros gobernantes comenzaron a persuadirse que el &uacute;nico medio de conservar su autoridad era el terror, inmediatamente hicieron renacer los Marats y los Robesplerres&rdquo;<Sup>81</Sup>. Pero, seg&uacute;n veremos, el Monteagudo de 1812 y el de 1820 se encontraban m&aacute;s cerca de lo que la propia imagen y las acusaciones parec&iacute;an poner en evidencia. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ante la partida y misteriosa muerte de Moreno en alta mar, sus seguidores crearon el primer club pol&iacute;tico que sesion&oacute; en el caf&eacute; de Marco, do-nominado luego &ldquo;club morenista&rdquo;. El club hizo una oposici&oacute;n sistem&aacute;tica al gobierno de Saavedra, calificado de &ldquo;moderado&rdquo;, que termin&oacute; por desencadenar las jornadas del 5 y 6 de abril, en las que fueron expulsados de la Junta Grande los morenistas que a&uacute;n permanec&iacute;an en ella. En estas jornadas, peonadas de los arrabales organizadas por sus alcaldes, protagonizaron un levantamiento en apoyo del sector moderado dominante en el gobierno. Pero en enero de 1812 re-surgi&oacute; la agrupaci&oacute;n con el nombre de Sociedad Patri&oacute;tica, y Monteagudo se convirti&oacute; en su principal portavoz al inaugurar sus sesiones y fundar su peri&oacute;dico &ldquo;M&aacute;rtir o Libre&rdquo;. Desde all&iacute;, como antes desde la Gaceta, Monteagudo se propuso recoger y recrear el pensamiento morenista, constituy&eacute;ndolo en una tradici&oacute;n. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Moreno fue r&aacute;pidamente convertido en el s&iacute;mbolo de la Revoluci&oacute;n de Mayo. Con su alejamiento y desaparici&oacute;n prematuros naci&oacute; la idea de que el proceso iniciado en 1810 hab&iacute;a quedado inconcluso, mientras coplas de su retrato se distribuyeron entre los miembros del club. As&iacute; afirmaba Monteagudo en la Gaceta del 20 de diclembre de 1811: &ldquo;Desde entonces el esp&iacute;ritu p&uacute;blico se apaga, el sistema desfallece, progresa la discordia, empiezan a decrecer nuestras glorias...&rdquo;<Sup>82</Sup>. Con una enumeraci&oacute;n negativa de los males y conflictos que sobrevinieron a la muerte de Moreno, Monteagudo buscaba valorar el rol desempe&ntilde;ado por el secretario durante el periodo en que dirigi&oacute; las acciones de la Primera Junta. Saavedra, por su parte, fue se&ntilde;alado como el mayor responsable de los desastres sobrevenidos con el alejamiento de Moreno. Pero junto a las responsabilidades personalizadas, Monteagudo no dejaba de advertir que el problema de la inacci&oacute;n revolucionaria reconoc&iacute;a razones m&aacute;s profundas: &ldquo;As&iacute; hemos llegado insensiblemente a punto de mirarnos como enemigos, de tratarnos con una sacr&iacute;lega desconfianza, y formar a la sombra de dos partidos en apariencia dominantes una porci&oacute;n de facciones, que todos gritan LIBERTAD, LIBERTAD, pero que acaso ninguna de ellas la conoce&rdquo;<Sup>83</Sup>. Si, menos que de la oposici&oacute;n entre dos tendencias definidas, se trataba en 1812 de una lucha facciosa, es porque la Revolusoria entre radicales y moderados se opacaba as&iacute; frente al problema mayor de la inconexi&oacute;n de ideas que parec&iacute;a predominar en el conjunto de las tendencias que integraban el movimiento. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La recuperaci&oacute;n de la memoria de Moreno -&ldquo;La gratitud se resiente del olvido a que se ha condenado la memoria de Moreno&rdquo;- parec&iacute;a tener, desde esta visi&oacute;n de la Revoluci&oacute;n, el objetivo de indicar un camino para el conjunto de las tendencias que integraban el movimiento. Porque la Revoluci&oacute;n -en la argumentaci&oacute;n de Monteagudo-, aunque producto de los conflictos europeos, formaba parte de un proceso revolucionario mundial que la Revoluci&oacute;n de la independencia norteamericana hab&iacute;a inaugurado. De modo que su legitimidad surg&iacute;a de su inscripci&oacute;n en la &ldquo;Revoluci&oacute;n del globo&rdquo;, pero igualmente de la justicia de los propios derechos reclamados. El derecho a la independencia constitu&iacute;a para Monteagudo el primero a ser recuperado. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Moreno, en los c&eacute;lebres discursos de la Gaceta de 1810, hab&iacute;a esbozado, gracias a la figura del Contrato..., el derecho a la emancipaci&oacute;n de las Provincias del R&iacute;o de la Plata. La expresi&oacute;n a veces contradictoria </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">de la argumentaci&oacute;n morenista se convirti&oacute; en Monteagudo en lenguaje abiertamente independentista. A un a&ntilde;o y medio de la Revoluci&oacute;n, y a pesar de la reacci&oacute;n saavedrista y de la p&eacute;rdida del Alto Per&uacute;, la volu</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ci&oacute;n parec&iacute;a haber sido m&aacute;s &ldquo;la obra tad independentista parec&iacute;a haberse de las circunstancias que de un plan afianzado en un sector de &eacute;lite criomeditado de ideas&rdquo;<Sup>84</Sup>. La l&iacute;nea divi-lla. Montegudo escrib&iacute;a para referirse </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">a un decreto del Triunvirato, por el cual se otorg&oacute; el &ldquo;t&iacute;tulo de ciudadano de estos pa&iacute;ses a nombre del Sr. Fernando VII&rdquo; a un comerclante ingl&eacute;s, lo siguiente: &ldquo;Qu&eacute; cosa tan extra&ntilde;a dar t&iacute;tulo de ciudadano en nombre del rey. Oh m&aacute;scara tan in&uacute;til como odiosa a los hombres libres&rdquo;<Sup>85</Sup>. En el peri&oacute;dico &ldquo;M&aacute;rtir o Libre&rdquo; va m&aacute;s lejos, sostiene la necesidad de plasmar la independencia en un acto jur&iacute;dico que la legitime, rompiendo as&iacute; con el discurso encubierto de la legitimidad mon&aacute;rquica. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para Monteagudo la declaraci&oacute;n de la independencia deb&iacute;a constituir un acto previo a la organizaci&oacute;n de un nuevo sistema pol&iacute;tico<Sup>86</Sup>. Con la Revoluci&oacute;n de Mayo de 1810 se hab&iacute;a expresado el deseo y la voluntad de independencia, la voluntad pol&iacute;tica soberana se manifest&oacute; con el acto revolucionario protagonizado por los pueblos del Virreinato en 1810: &ldquo;el voto de los pueblos est&aacute; ya expresado de un modo terminante y solemne: su existencia y LIBERTAD son el blanco de sus deseos: todo lo que sea conforme a estos objetos est&aacute; antes que ahora sancionado por su consentimiento&rdquo;<Sup>87</Sup>. De aqu&iacute; se derivaba que la emancipaci&oacute;n, es decir, la realizaci&oacute;n del acto jur&iacute;dico de declarar la independencia, no hac&iacute;a m&aacute;s que expresar un derecho natural preexistente. Lo que le interesaba resolver por lo tanto a Monteagudo era si conven&iacute;a declarar que los pueblos estaban en la &ldquo;justa posesi&oacute;n&rdquo; de sus derechos, teniendo en cuenta que a&uacute;n no estaban dadas las condiclones para pro</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">clamar una nueva constituci&oacute;n. Su respuesta es al respecto enf&aacute;tica: de la impotencia en que se encuentran las Provinclas Unidas para fijar la nueva constituci&oacute;n, no debe deducirse la inoportunidad de publicar la declaraci&oacute;n de la independencia. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La Revoluci&oacute;n es as&iacute;, ante todo, una Revoluci&oacute;n por la independencia. Pero esta idea no deber&iacute;a conducirnos a suponer -como generalmente se hizo- que se trataba de declarar la independencia de lo que ya empezaba a ser una naci&oacute;n. La cr&iacute;tica que Monteagudo realiz&oacute; a la pol&iacute;tica de la Primera Junta nos revela, por el contrario, que detr&aacute;s de los nuevos principios la realidad sobre la cual se hab&iacute;a gestado el movimiento de independencia era m&aacute;s compleja. Una de las causas fundamentales de los fracasos de la Primera Junta se debi&oacute; justamente a que en lugar de un plan de conciliaci&oacute;n con las provincias se adopt&oacute; uno de conquista&rdquo;<Sup>88</Sup>. As&iacute;, la Junta no debi&oacute; pedir la adhesi&oacute;n de las provincias, bayonetas en mano afirmaba Monteagudo, sino proponer un r&eacute;gimen confederado, puesto que todos los pueblos ten&iacute;an iguales derechos. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte, si la declaraci&oacute;n de la independencia era la condici&oacute;n previa al establecimiento de la rep&uacute;bllca, la ilustraci&oacute;n constitu&iacute;a para Monteagudo el garante de la felicidad del nuevo sistema. Con el nombre de &ldquo;Las observaciones did&aacute;cticas&rdquo;, el dirigente revolucionario redact&oacute; una serie de art&iacute;culos con el fin de instruir a los pueblos en los nuevos principios democr&aacute;ticos. En ellos abordaba la cuesti&oacute;n de la libertad natural y civil, de la igualdad bajo la ley, de la seguridad individual y de la constituci&oacute;n. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La funci&oacute;n pedag&oacute;gica de esos discursos surge del mismo t&iacute;tulo de la serie, pero tambi&eacute;n se advierte en ellos la voluntad pol&iacute;tica del revolucionario. Al igual que Moreno, Monteagudo insisti&oacute; en la necesidad de hacer con hechos y no con palabras la Revoluci&oacute;n: &ldquo;En fin si es posible reducir a un solo principio todas nuestras obligaciones, yo dir&eacute; que la principal es emplear el tiempo en obras y no en discursos&rdquo;<Sup>89</Sup>. Y fue esta voluntad pol&iacute;tica en&eacute;rgica la que lo condujo a un enfrentamiento con la pol&iacute;tica oficial. El Triunvirato, que el 22 de setiembre de 1811 hab&iacute;a reemplazado a la desgastada Junta Grande, fue acusado por Monteagudo de medroso y blando. Pero los triunviros, preocupados por no perder el apoyo de la diplomacia inglesa y frente a las sucesivas derrotas militares en el territorio rioplatense, no se mostraron propensos a contemplar las propuestas de Monteagudo para declarar la independencia. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, las advertenclas sobre los peligros a que la pol&iacute;tica moderada del Triunvirato conduc&iacute;a se las posiciones del Gobierno y la de sus opositores. El enfrentamiento resurgi&oacute; sin embargo con la renovaci&oacute;n del Triunvirato el 8 de octubre de 1812. El ej&eacute;rcito decidi&oacute; finalmente derrocar al gobierno y crear un Triunvirato afin para retomar la l&iacute;nea impulsada por la Sociedad Patri&oacute;tica. Este cambio se vio posibilitado por la aparici&oacute;n de un nuevo actor pol&iacute;tico: la Logia, organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-mililtar de car&aacute;cter secreto que cont&oacute; con el apoyo de la Sociedad Patri&oacute;tica. As&iacute;, la conjunci&oacute;n de esfuerzos entre ambos grupos reencauz&oacute; la Revoluci&oacute;n dentro de Ia tradici&oacute;n morenista. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la Asamblea constituyente de 1813, que se reuni&oacute; por instanclas del nuevo poder, se suprimi&oacute; de la f&oacute;rmula de su juramento la fidelidad a Fernando VII<Sup>90</Sup>. La Asamblea decret&oacute; asimismo la libertad de prensa, la libertad de vientre, la extinci&oacute;n del tributo, la mita, el yanaconazgo y el servicio personal, la supresi&oacute;n de los t&iacute;tulos y signos de nobleza y la eliminaci&oacute;n de los mayorazgos. Pero ni la independencia fue declarada ni ninguno de los proyectos de constituci&oacute;n presentados fueron aprobados por los diputados. El temor que aportaba una cada vez m&aacute;s cercana restauraci&oacute;n mon&aacute;rquica en Espa&ntilde;a, junto a las conflictivas relaciones con la Banda Oriental, terminaron por paralizar las iniciativas renovadoras de la Asamblea. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mientras tanto Alvear desplaz&oacute; a su antiguo compa&ntilde;ero de armas, San Mart&iacute;n, y se convirti&oacute; en el jefe de la Logia. Monteagudo decidi&oacute; acompa&ntilde;arlo en esta pol&iacute;tica de concentravieron r&aacute;pidamente confirmadas por el descubrimiento de una conspiraci&oacute;n realista. En julio de 1812 el jefe de esta conspiraci&oacute;n, Juan Mart&iacute;n Alzaga, fue ejecutado en Buenos Aires mientras se implementaban una serie de medidas represivas en contra de los espa&ntilde;oles, que permitieron acercar por un corto periodo</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">, comprometi&eacute;ndose a tal punto que debi&oacute; emprender el exilio luego de la ca&iacute;da de Alvear en 1815. Este apoyo del portavoz de la Sociedad Patri&oacute;tica se sustentaba en la idea seg&uacute;n la cual, si la Asamblea no lograba declarar la independencia y soberan&iacute;a de las Provincias Unidas, deb&iacute;a en su lugar nombrar un dictador que, obrando con plenitud de poderes, encaminase todos sus esfuerzos hacia la conquista de la libertad. &iquest;C&oacute;mo se explica este viraje de posiciones democr&aacute;ticas a posiciones m&aacute;s moderadas? Los avances antinapole&oacute;nicos en Europa hab&iacute;an terminado por cuestionar cada vez m&aacute;s la ideolog&iacute;a revolucionaria y republicana de la Logia y la Sociedad Patri&oacute;tica, oblig&aacute;ndolos a tomar el camino de la moderaci&oacute;n. Si a esto se suman los permanentes conflictos con el Litoral, se puede comprender por qu&eacute; se produjo ese estrechamiento de objetivos que llev&oacute; a muchos miembros de la Logia a considerar que la supervivencia de la Revoluci&oacute;n depend&iacute;a dc la conservaci&oacute;n del poder en manos de un grupo reducido. Pero la variaci&oacute;n de los objetivos reconoc&iacute;a asimismo su origen en cierta concepci&oacute;n acerca de los alcances de la movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica de la plebe urbana<Sup>91</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La propuesta de una reglamentaci&oacute;n para la inscripci&oacute;n de suscriptores que present&oacute; en una memoria uno de los miembros de la Sociedad Patri&oacute;tica, revela la existencia de un debate en su seno acerca de los alcances de la participaci&oacute;n popular que ella deb&iacute;a generar. En la propuesta se se&ntilde;alaba que cualquier persona ten&iacute;a el </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">derecho de suscribirse a la Sociedad, sin que fuese necesaria &ldquo;esa calificaci&oacute;n que se tiene por odiosa de literato, y no literaro<Sup>92</Sup>. Tambi&eacute;n se indicaba que cualquiera, sea o no socio, ten&iacute;a el derecho de subir a la tribuna, de leer un escrito, de expresar su opini&oacute;n o de otorgar su sufragio en puntos de inter&eacute;s general. Con estas modificaciones, se se&ntilde;alaba finalmente que &ldquo;ning&uacute;n da&ntilde;o resultar&aacute; el que se establezca la suscripci&oacute;n instada por varios socios&rdquo;<Sup>93</Sup>. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cabe suponer entonces, y tomando en cuenta la distinci&oacute;n que se realizaba entre literato y no literato, que el redactor de la propuesta deseaba ampliar las bases de participaci&oacute;n de la Sociedad por medio de la introducci&oacute;n de principios democr&aacute;ticos de participaci&oacute;n pol&iacute;tica, pero motivado asimismo por la continua deserci&oacute;n de sus miembros. Pues parece plantearse aqu&iacute; la necesidad de asegurar un m&iacute;nimo de socios para garantizar el funcionamiento de la Socledad ante la creciente apat&iacute;a de sus participantes. Pero tambi&eacute;n es v&aacute;lido suponer que la reserva final, donde se aclara que la suscripci&oacute;n no representar&aacute; un da&ntilde;o, vaya en respuesta a las suposiciones de que una reglamentaci&oacute;n pueda significar una restricci&oacute;n al libre ingreso de socios. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Con m&aacute;s claridad, la cuesti&oacute;n de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica resurgi&oacute; en los discursos de Monteagudo cuando se discuti&oacute; el otorgamiento de los derechos de ciudadan&iacute;a a los habitantes del R&iacute;o de la Plata. Cuesti&oacute;n que se vinculaba a su concepci&oacute;n de la igualdad. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Siguiendo la l&iacute;nea de pensamiento de Moreno y Castelli, el portavoz de la Sociedad Patri&oacute;tica proclam&oacute; la supremac&iacute;a del &ldquo;m&eacute;rito&rdquo; y de la &ldquo;virtud&rdquo; por sobre &ldquo;el falso brillo de una cuna soberbia&rdquo;<Sup>94</Sup>. Pero los primeros beneficiarios de la promulgaci&oacute;n de la igualdad de derechos en Am&eacute;rica deb&iacute;an ser los propios criollos. En efecto, en el diccionario del gabinete espa&ntilde;ol afirmaba Monteagudo-pasaban por sin&oacute;nimos las voces de esclavo y americano<Sup>95 </Sup>. Los segundos favorecidos deb&iacute;an ser los ind&iacute;genas. Aunque en segundo t&eacute;rmino, la reivindicaci&oacute;n de los derechos de los indios no sorprende aqu&iacute; si recordamos que Monteagudo fue el secretario de Castelli, y su firma se encuentra en la copia de la declaraci&oacute;n de Tiahuanaco<Sup>96 </Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Su concepci&oacute;n de la igualdad se corresponde asimismo con cierto ideal social que el revolucionario esboz&oacute; gracias a ejemplos tomados de la Antig&uuml;edad cl&aacute;sica. La peque&ntilde;a propiedad, la igualdad, la sencillez y la sobriedad son se&ntilde;aladas por &eacute;l como las m&aacute;s firmes columnas de la independencia &aacute;tica y de la majestad del pueblo romano. La expropiaci&oacute;n de caudales es incluso, aunque t&iacute;midamente, sugerida por Monteagudo en uno de sus escritos. As&iacute;, se pregunta: &ldquo;a qu&eacute; ese monopolio de caudales en tres o cuatro individuos, quiz&aacute; enemigos del sistema?&rdquo;<Sup>97</Sup>. Para agregar seguidamente, &ldquo;a ninguno se le quite lo que es suyo&rdquo;<Sup>98 </Sup>, salvo que el Estado lo necesite. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La unica restricci&oacute;n a la igualdad parec&iacute;a ser de orden pol&iacute;tico: Monteagudo sosten&iacute;a que no deb&iacute;a confundirse la igualdad con su abuso, y que el magistrado y el s&uacute;bdito eran iguales en sus derechos, aunque el segundo deb&iacute;a obediencia al primero. No obstante, en el discurso inaugural de las sesiones de la Sociedad Patri&oacute;tica (12 de enero de 1812), descubrimos una concepci&oacute;n m&aacute;s moderada con respecto, no ya a la proclamaci&oacute;n de la igualdad de derechos sino a la pr&aacute;ctica de la misma. Monteagudo advierte, con la utilizaci&oacute;n del modelo de la Revoluci&oacute;n Francesa, sobre los peligros de la democratizaci&oacute;n de los sectores populares. Fue justamente la generallzaci&oacute;n de la llustraci&oacute;n en todas las clases lo que condujo en esa Revoluci&oacute;n a la multiplicaci&oacute;n de sectas y partidos que, pasando de un extremo al otro &ldquo;elevaron un trono colosal sobre las ruinas del que acababan de destruir&rdquo;<Sup>99</Sup>. Esta mirada sobre la experiencia del periodo de la dictadura jacobina es la que llev&oacute; a Monteagudo a excluir de los derechos de ciudadan&iacute;a a los que estaban bajo el dominio de otro, as&iacute; como a los que no acreditasen saber leer y escribir; aunque propuso extenderlos a los labradores de la campa&ntilde;a<Sup>100</Sup>. Tambi&eacute;n sugiri&oacute; una clasificaci&oacute;n </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">entre el sufragio personal, otorgado a los que poseen propiedad o renta, y el sufragio representativo, conferido a los que no gozan de ellas<Sup>101</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La propuesta de Monteagudo suscit&oacute; reacciones y pol&eacute;micas en el seno de la &eacute;lite ilustrada: con el nombre de &ldquo;Un amante de la patria&rdquo;, un lector de la Gaceta consider&oacute; inadmisible la exclusi&oacute;n a los derechos de ciudadan&iacute;a de los que no saben leer ni escribir. El soberano -afirmaba&mdash; deb&iacute;a constituirse con la raz&oacute;n, la voluntad y la fuerza de todos. Pero una vez establecido el congreso deb&iacute;an, por el contrario, adoptarse las medidas correspondientes para que, y por medio del sufragio indirecto, los analfabetos se vieran impedidos de participar por s&iacute; mismos en las deliberaciones pol&iacute;ticas&rdquo;<Sup>102</Sup>. Si la cuesti&oacute;n del sujeto de la soberan&iacute;a surgi&oacute;, a la luz de esta controversia, como un tema pol&eacute;mico, la participaci&oacute;n pol&iacute;tica efectiva de los sectores populares aparec&iacute;a por el contrario y para el conjunto de los morenistas, reservada a la &eacute;lite. Esto puede explicarse porque los acontecimientos de 1811 alarmaron por igual a moderados y radicales. Una consecuencia indirecta de ello fue la acelerada profesionalizaci&oacute;n del ej&eacute;rcito, que se correspond&iacute;a con las concepciones cada vez m&aacute;s elitistas de los miembros de la Sociedad Patri&oacute;tica. As&iacute;, el pasaje del poder pol&iacute;tico a la Logia, impuesto por la necesidad de proseguir con la lucha por la independencia de manera eficaz, estuvo igualmente facilitado por estas concepciones, que reservaban la acci&oacute;n pol&iacute;tica a los sectores ya movilizados. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De lo expuesto se desprende entonces que la concepci&oacute;n de la Revoluci&oacute;n en Monteagudo tuvo como fundamento una inquebrantable voluntad independentista, sustentada en una actitud que, aunque levemente menos moderada que la que sostendr&aacute; en 1823, es sin duda vista por &eacute;l como democr&aacute;tica. </font></p >     <p   ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b></B>Los morenistas y el jacobinismo </b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></B>En el curso de nuestro an&aacute;lisis hemos percibido la existencia de una tensi&oacute;n permanente, tanto en los discursos como en las pr&aacute;cticas morenistas, entre actitud revolucionaria y actitud moderada, inter&eacute;s pol&iacute;tico y convicci&oacute;n. En ciertos casos, estas paradojas respond&iacute;an al momento hist&oacute;rico, en otros a las propias concepciones de los revolucionarlos<Sup>103</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La fundamentaci&oacute;n de la legitimidad del nuevo poder fue la primera cuesti&oacute;n a la cual se abocaron los revolucionarios. Moreno elabor&oacute; en sus c&eacute;lebres discursos de noviembre y diciembre de 1810 la moderna teor&iacute;a de la soberan&iacute;a popular, criticando los presupuestos de la legitimidad mon&aacute;rquica, aunque manteni&eacute;ndose aun dentro de sus l&iacute;mites. En efecto, con la introducci&oacute;n de la figura del Contrato Social de Rousseau, Moreno dio existencia al pueblo americano independientemente de toda legitimitidad exterior. En el plano te&oacute;rico, Moreno esboz&oacute; as&iacute; una teor&iacute;a de la soberan&iacute;a para justificar el nuevo poder criollo, en el plano pol&iacute;tico se esforz&oacute; por realizar, detr&aacute;s de la adhesi&oacute;n encubierta a la f&oacute;rmula real, una cr&iacute;tica al conjunto del fen&oacute;meno colonial en Am&eacute;rica. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero no es ni la elaboraci&oacute;n de una nueva teor&iacute;a legitimadora de una soberan&iacute;a basada en la comunidad americana, ni la lista de agravios imputados a la Corona lo que condujo a los moderados a acusar a Moreno y a sus partidarios de jacobinos. Por el contrario, ellos tambi&eacute;n compart&iacute;an esa nueva visi&oacute;n de la Revoluci&oacute;n como mito fundador de una nueva legitimidad, pero no adher&iacute;an a la l&iacute;nea pol&iacute;tica revolucionaria esbozada por Moreno. Esta l&iacute;nea se sustentaba en la teor&iacute;a de los derechos naturales, que no conceb&iacute;a a la libertad sin la igualdad. La ferviente adhesi&oacute;n de Moreno a estos principios fue lo que lo impuls&oacute; a decretar la supresi&oacute;n de los honores al presidente de la Junta -su principal opositor- y, al mismo tiempo, lo que condujo a los moderados a temer que la continuaci&oacute;n del secretario de la Primera Junta en el poder har&iacute;a recaer el terror sobre ellos mismos. Por otra parte, la puesta en pr&aacute;ctica de tales principios en el Alto Per&uacute; amenazaba el sistema social tradicional con el fantasma de la revoluci&oacute;n social. Porque si bien es cierto que la pol&iacute;tica flloindigenista de Castelli en el Alto Per&uacute; constituy&oacute; un arma de guerra en contra de los espa&ntilde;oles -y en ese car&aacute;cter fue retomada luego por los distintos gobiernos revolucionarios-, no es menos cierto que su conducta frente a los indios se bas&oacute; en un evidente humanismo surgido de una concepci&oacute;n moral del derecho natural. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De Moreno a Monteagudo existi&oacute; un a&ntilde;o y medio de derrotas, una situaci&oacute;n internacional desfavorable y un enfrentamiento interno que de oposici&oacute;n entre tendencias se transform&oacute; en lucha facciosa. Son &eacute;stos los m&aacute;s importantes motivos quee condujeron a Monteagudo a tomar una actitud ambivalente. Por una parte, recogi&oacute; la tradici&oacute;n morenista con un lenguaje abiertamente independentista: por la otra, advirti&oacute; sobre los peligros de la democratizaci&oacute;n. Mas aun, Monteagudo no encontr&oacute; contradicci&oacute;n en considerarse un fren&eacute;tico por la democracia y en limitar el derecho de sufragio a los que sab&iacute;an leer y escribir. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Soberan&iacute;a popular, derecho a la independencia, libertad e igualdad fueron las nuevas nociones pol&iacute;ticas que sirvieron a los revolucionarios para pensar el cambio que estaban produciendo. Pero para los morenistas, la Revoluci&oacute;n, concebida en su sentido m&aacute;s amplio, deb&iacute;a producir una transformaci&oacute;n total del orden establecido. Ella se presentaba como el advenimiento de la justicia, la libertad y la igualdad universales. Al respecto, no podemos dejar dc menclonar al c&eacute;lebre Plan de las operaciones, atribuido a Moreno. En dicho Plan la Revoluci&oacute;n se proyect&oacute; como una transformaci&oacute;n de la estructura social y econ&oacute;mica de la Colonia. El Plan sintentiz&oacute; y condens&oacute; una voluntad y tensi&oacute;n revolucionarias tendientes a la destrucci&oacute;n del sistema colonial. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No corresponde aqu&iacute; exponer la larga pol&eacute;mica historiogr&aacute;fica en torno a la autenticidad del Plan<Sup>104</Sup>, pero conviene realizar algunas observaciones sobre las tesis fundamentales. Paul Groussac realiz&oacute; una serie de estudios de tipo gramatical al cabo de los cuales determin&oacute; que el Plan no pudo haber sido redactado por Moreno, </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">pero dud&oacute; entre asignar su autor&iacute;a a un espa&ntilde;ol o a un partidario exaltado de Moreno<Sup>105</Sup>. Ricardo Levene, siguiendo a Groussac, y con el aporte de nuevos estudios ideogr&aacute;ficos y caligr&aacute;ficos, descubri&oacute; que una de las copias (la depositada en el Archivo de Sevilla) fue de pu&ntilde;o y letra de un capit&aacute;n de urbanos de artiller&iacute;a espa&ntilde;ol, Andr&eacute;s &Aacute;lvarez de Toledo, radicado primero en Montevideo, y luego en R&iacute;o de Janeiro<Sup>106</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por su parte, Ernesto Ruiz Gui&ntilde;az&uacute; reuni&oacute; una vasta documentaci&oacute;n para rechazar la tesis de la falsificaci&oacute;n del Plan. Sostuvo as&iacute; que s&oacute;lo una de las copias que circularon en 1814 por R&iacute;o de Janeiro perteneci&oacute; a &Aacute;lvarez de Toledo, e insisti&oacute; en se&ntilde;alar la &ldquo;autenticidad e historicidad&rdquo; de las ideas del Plan<Sup>107</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En 1978, Carlos Segreti public&oacute; un art&iacute;culo titulado &ldquo;Plan de Moreno: el fin de un enigma&rdquo;<Sup>108</Sup>. Luego de analizar la correspondencia rioplatense y lusitana de la &eacute;poca descubri&oacute; que, contrariamente a afirmaciones anteriores, &Aacute;lvarez de Toledo fue el primero en hacer menci&oacute;n del Plan, aunque, segun reconoce: &ldquo;Plan por cierto que es distinto al atribuido a Moreno&rdquo;. Una nueva serie de comparaciones de tipo gramatical y ortogr&aacute;ficas entre las copias encontradas y la correspondencia personal de &Aacute;lvarez de Toledo llevaron, finalmente, a afirmar a Segreti que el Plan fue redactado por el espa&ntilde;ol. El documento ser&iacute;a as&iacute; producto de la &ldquo;imaginaci&oacute;n&rdquo; de un esp&iacute;a contrarrevolu</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">cionario espa&ntilde;ol, con el fin de lograr el apoyo de la corte lusitana para invadir el R&iacute;o de la Plata y frenar el proceso revolucionarlo en curso. La cuesti&oacute;n de la autor&iacute;a material del documento secreto pareci&oacute; entonces quedar resuelta. Sin embargo, en la medida en que se afirmaba que el documento fue fraguado en 1814, y que no correspond&iacute;a ni a las ideas ni a la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica de Moreno, se conclu&iacute;a impl&iacute;citamente que el texto en cuesti&oacute;n no ten&iacute;a ning&uacute;n valor ni significado hist&oacute;ricos. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta manera de plantear el problema de la autenticidad del Plan de Operaciones produce por cierto un desplazamiento, pero deja una cuesti&oacute;n sin resolver. En efecto, si consideramos como definitiva la tesis seg&uacute;n la cual &Aacute;lvarez de Toledo fue efectivamente el autor del Plan, lo que hacemos en realidad no es m&aacute;s que cerrar una cuesti&oacute;n -la de la autor&iacute;a material- y abrir olra nueva: la de las condiciones hist&oacute;ricas de producci&oacute;n y de posibilidad de un discurso con esas caracter&iacute;sticas. Volvamos pues a los textos para tratar de echar mejor luz sobre esta cuesti&oacute;n. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ruiz Gui&ntilde;az&uacute; transcribi&oacute; una carta de Do&ntilde;a Carlota Joaquina enviada a Fernando VII y fechada el 30 de noviembre de 1814. En esa carta la Infanta se refer&iacute;a al Plan de la siguiente manera: &ldquo;Es bonito...pero nada nuevo para nosotros que los conocemos&rdquo;<Sup>109</Sup>. As&iacute;, Carlota Joaquina no parec&iacute;a estar asombrada por el contenido de dicho plan, al cual ella misma califica </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">con los t&eacute;rminos de &ldquo;nada nuevo&rdquo;: es decir, las ideas del documento le resultaban familiares. Esta familiaridad estar&iacute;a dada por la similitud de las ideas del escrito pol&iacute;tico con las que sobre las directivas revolucionarias circulaban entre diplom&aacute;ticos, esp&iacute;as y patriotas que iban y ven&iacute;an del R&iacute;o de la Plata a R&iacute;o de Janeiro. Desde luego, no debemos subestimar las exageraciones sobre los proyectos revolucionarios imputadas por los espa&ntilde;oles a los patriotas, pero aun all&iacute; se encuentran indicios de los temas y preocupaciones propiamente revolucionarios. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">As&iacute; es que para que &Aacute;lvarez de Toledo pudiese presentar un escrito adjudic&aacute;ndoselo a Moreno, y que no resulte inveros&iacute;mil para nadie -como efectivamente no lo fue para Carlota Joaquina-, con el fin de cumplir con la funci&oacute;n pol&iacute;tica que el esp&iacute;a quer&iacute;a asignarle, ten&iacute;a que ser o parecer fiel al original. Cabe ahora preguntarse: &iquest;c&oacute;mo pudo ser elaborado por un esp&iacute;a un plan de tal envergadura? El escrito presenta una estructura coherente: la introducci&oacute;n comprende una reflexi&oacute;n comparativa entre las experiencias revolucionarias hist&oacute;ricamente realizadas (las revoluciones norteamericana y francesa), y las exigencias y necesidades de la acci&oacute;n revolucionaria en el R&iacute;o de la Plata. Siguen a continuaci&oacute;n las directivas pol&iacute;ticas, donde no faltan referencias a la historia greco-latina. Por otra parte, las directivas revolucionarias no son presentadas como un simple listado de medidas, sino que van acompa&ntilde;adas por una fundamentaci&oacute;n de las razones y condiciones por las cuales y en las cuales deben ser puestas en pr&aacute;ctica. Finalmente, el Plan concluye con la expresi&oacute;n por parte de su autor de una voluntad independentista y adquiere de esta manera el car&aacute;cter de un verdadero manifiesto pol&iacute;tico. En suma, y dadas las caracter&iacute;sticas del documento, si aceptamos que &Aacute;lvarez de Toledo fue el autor del Plan, tambi&eacute;n cabe aceptar que debi&oacute; contar para su elaboraci&oacute;n con informaci&oacute;n sobre el pensamiento y accionar, ya no s&oacute;lo de Moreno, sino de otros portadores de las ideas pol&iacute;ticas contenidas en el mismo; s&oacute;lo de esa manera pudo contar con las palabras y los instrumentos conceptuales para producir un escrito semejante. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De all&iacute; se deriva que por obra de Moreno o de cualquier otro, las ideas contenIdas en el Plan, tales como el Estado gestor de la econom&iacute;a, la expropiaci&oacute;n de los bienes de los enemigos, el derecho a la independencia econ&oacute;mica, fueron hist&oacute;ricamente producidas en el periodo de la lucha por la emancipaci&oacute;n. Estas ideas las encontramos en diferentes grados en los discursos de los morenistas. &iquest;Es v&aacute;lido no obstante considerar al Plan como la expresi&oacute;n del proyecto pol&iacute;tico morenista luego de haber revelado las paradojas dentro de las cuales se debatieron los discursos y las pr&aacute;cticas de los mismos? &iquest;Y sin que se haya podido revelar totalmente el enigma de su autor&iacute;a y de sus diferentes copias? Creemos que el Plan constituye la materializaci&oacute;n de un conjunto de ideas que estaban presentes durante la Revoluci&oacute;n de Mayo. En este sentido, parte de la historiograf&iacute;a ha insistido en demostrar que el Plan fue el producto de fuerzas sociales reales. Sin embargo, debido a que consideramos a estas &uacute;ltimas limitadas, creemos m&aacute;s bien que el valor hist&oacute;rico del Plan reside en su car&aacute;cter ideal, por cuanto se trata del primer texto revolucionario del R&iacute;o de la Plata que prefigura la utop&iacute;a de una sociedad independiente. Aqu&eacute;lla que los morenistas vieron frustrada luego de cinco a&ntilde;os de continuos intentos por asociar la lucha de la independencia con la construcci&oacute;n de un nuevo orden. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es justamente en este &uacute;ltimo punto donde es v&aacute;lido -a nuestro entender- establecer una correspondencia entre los jacobinos y los morenistas. Nos referimos a esa idea de la revoluci&oacute;n como un mito fundante de una nueva legitimidad pol&iacute;tica. Seg&uacute;n la definici&oacute;n dada por Tulio Halper&iacute;n Donghi, la noci&oacute;n de revoluci&oacute;n que nace en 1810 es &ldquo;a la vez que una categor&iacute;a, que un principio formal para pensar lo pol&iacute;tico, un mito estimulante y excitador de la voluntad de quienes irrumpen en la vida pol&iacute;tica&rdquo;<Sup>110</Sup>. Pero si la actitud revolucionaria fue compartida por los que se reclamaron tanto de la tendencia radical como de la moderada, el reconocimiento de la voluntad, en tanto encarnaci&oacute;n del principio de la pol&iacute;tica, fue exclusivo de los morenistas, al igual que de los jacobinos. Y esto aun admitiendo que de Moreno a Monteagudo la designaci&oacute;n de jacobino perdi&oacute; significado como signo ideol&oacute;gico y cobr&oacute; valor como arma puramente denigratoria. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es por ello que la acusaci&oacute;n de jacobinos de que fueron objeto los morenistas adquiri&oacute; una forma espec&iacute;fica que revela, a la vez, las distancias hist&oacute;ricas y alguna proximidad ideol&oacute;gica que los propios contempor&aacute;neos observaron con preocupaci&oacute;n. En una memoria escrita por D. Uriburu sobre la &eacute;poca revolucionaria, el autor se lamentaba de que &ldquo;Prevalec&iacute;an desgraciadamente en los consejos de la Junta Gubernativa de Buenos Aires ese sansculotismo fllos&oacute;fico que hab&iacute;a propagado en el mundo el ejemplo de algunos periodos bien lamentables de la revoluci&oacute;n francesa&rdquo;<Sup>111</Sup>. Esta visi&oacute;n que da cuenta de los temores que en algunos sectores hab&iacute;a producido la pr&eacute;dica morenista, es un ejemplo m&aacute;s de c&oacute;mo dos discursos pol&iacute;ticos de cierta afinidad filos&oacute;fica, en dos realidades distintas, pudieron haber producido similares efectos de rechazo en los sectores moderados.</font></p >     <p   align="justify" >&nbsp;</p >     <p   align="justify" ><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>NOTAS</b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1 Muchos de los temas que abordaremos en este estudio fueron ya tratados por la autora en diferentes trabajos, cuyas referencias bibliogr&aacute;flcas se indicar&aacute;n en notas.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2 Manuel Moreno. Vida y memorias del Doctor Don Mariano Moreno, en Biblioteca de Mayo, t.ll. Buenos Aires. Senado de la Naci&oacute;n. 1960, pp. 1253-1254.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 3 Escritos de Mariano Moreno, compilacion y pr&oacute;logo a cargo de Norberto Pi&ntilde;ero. Buenos Aires, Biblioteca EI Ateneo, 1896.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 4 Paul Groussac. &ldquo;Escritos de Mariano Moreno&rdquo;, en La Biblioteca, A&ntilde;o 1. t I, Buenos Aires. 1896, p. 138.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 5 Paul Groussac. &ldquo;Escritos dc Mariano Moreno&rdquo;; (Segundo art&iacute;culo), en La Biblioteca, t.VII, 1898., p. 138.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 6   Jose lngenieros. La evoluci&oacute;n de las ideas argentinas, I, Buenos Aires, Editorial Futuro, reed. 1961, (1ra. Edici&oacute;n, 1918).</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7 Ib&iacute;d.. p. 102.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8 Carlos lbarguren. &ldquo;El terrorismo de Moreno: cap&iacute;tulo de un trabajo hist&oacute;rico&rdquo;. en Bolet&iacute;n de la Junta de la Historia y Numism&aacute;tica Americana, 1924, t. 1. pp. 177-186.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 9 Ricardo Levene. Ensayo hist&oacute;rico sobre la Revoluci&oacute;n de Mayo y Mariano Moreno, Buenos Aires, 1920-1921.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 10 Ricardo Levene. El Plan atribuido a Moreno y la Instrucci&oacute;n a Chiclana. Publicaci&oacute;n del Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas   de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras. UBA, Buenos Aires. 1921.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 11 Sergio Bag&uacute;. Mariano Moreno. Pasi&oacute;n y vida del hombre de Mayo. Buenos Aires, Editorial Claridad. 1939: y Rodolfo Puigr&oacute;s. Mariano Moreno y la revoluci&oacute;n democr&aacute;tica argentina, Buenos Aires. Editorial Problemas. 1941.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 12 Una presentaci&oacute;n del problema en Tulio Halper&iacute;n Donghi, Historia contempor&aacute;nea de Am&eacute;rica Latina, Madrid, Alianza Editorial. 1969. pp. 74 y ss.: Id.. Reforma y disoluci&oacute;n de los Imperios Ib&eacute;ricos 1750-1850, en Hstoria de Am&eacute;rica Latina, vol. 3. Madrid. Alianza Editorial. 1985, pp. 75-102.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13 La Ilustraci&oacute;n en el R&iacute;o de la Plata, cultura eclesi&aacute;stica y cultura laica durante el virreinato. Compilaci&oacute;n, pr&oacute;logo y notas a cargo de Jos&eacute; Carlos Chiaramonte. Buenos Alres, Puntosur, 1989.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 14 Noem&iacute; Goldman, El discurso como oficio de la Historia, ob. cit.. p. 101.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 15 Pilar Gonz&aacute;lez Bernaldo, &ldquo;La Revoluci&oacute;n Francesa y la emergencia de nuevas pr&aacute;cticas de la pol&iacute;tica: la irrupci&oacute;n de la sociabilidad   pol&iacute;tica en el R&iacute;o de la Plata revolucionario 1810-1815&rdquo;. En Bolet&iacute;n del lnstituto de Historia Argentina y Americana &ldquo; Dr. Emilio Ravignani&rdquo;, N 3, Tercera Serie. 1er. semestre de 1991, pp. 7-27.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">16 Ricardo Caillet-Bois, Ensayo sobre el R&iacute;o de la Plata y la Revoluci&oacute;n Francesa, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Publicaciones del Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas. N&uacute;mero XLIX. Buenos Aires, Imprenta de la Universidad. 1929.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 17 En el lnstituto de Historia Argentina y Americana &ldquo;Dr. Emilio Ravignani&rdquo; de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad de Buenos Aires, se conserva una de estas cartas con un relato sobre la toma de la Bastilla. V&eacute;ase en Documentos originales: Documento suelto sobre la Revoluci&oacute;n Francesa.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 18 Ricardo Caillet Bois, ob. cit.. p. 40.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">19 Ib&iacute;d.. p. 53, nota 5. El acusado Manuel G. de Cevallos afirm&oacute; haber escuchado a Ignacio Ramos cuando profer&iacute;a lo siguiente: &ldquo;Me alegro y es muy bien hecho, asi hav&iacute;an de hazer con todos los reyes y no nos estar&iacute;an robando y tendr&iacute;an como tienen sacrificados a los pobres. Saben Umds. por que ha hecho esso por quitar fralles y monjas, que no sirven de provechgo y s&oacute;lo si para comer, y que de nada serv&iacute;an las misas y los resos a los muertos&rdquo;.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 20 Ib&iacute;d. p. 54.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 21 Ezequiel Ortega. El complot colonial, Buenos Aires, Editorial Ayacucho, 1947. p. 65. Una versi&oacute;n de este pasqu&iacute;n se hizo c&eacute;lebre   por sus errores ortogr&aacute;ficos &ldquo;Biba, biba, la livertad&rdquo;. V&eacute;ase asimismo Boleslao Lewin, &ldquo;La conspiraci&oacute;n de los franceses en Buenos Aires (1795)&rdquo;, en Anuario del Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas de Rosario, t. 4, 1960, pp.9-57.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">22 Guillermo S. J. Furlong. &ldquo;Francisco Su&aacute;rez fue el fil&oacute;sofo de la Revoluci&oacute;n Argentina de 1810&rdquo;, en Presencia y sugesti&oacute;n del fil&oacute;sofo Francisco Su&aacute;rez. Su influencia en la Revoluci&oacute;n de Mayo, Buenos Aires, Editorial Guillermo Kraft, p. 95. V&eacute;ase igualmente Arturo A. Roig, &ldquo;La llustraci&oacute;n y la primera independencia&rdquo;, en Cuadernos Americanos, num. 4, julio-agosto de 1985.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 23 Con la ca&iacute;da del gobierno revolucionario, el 9 de termidor de 1794, se crea una tradici&oacute;n antijacobina destinada a justificar la toma del poder por la burgues&iacute;a conservadora. Nace as&iacute; la Ieyenda negra sobre Robespierre y sobre su gobierno, considerado   en adelante una &ldquo;sangrienta tiran&iacute;a&rdquo;. V&eacute;ase Francoise Brunel, &ldquo;Sur l&rsquo;historiographie de la reaction thermidorienne&rdquo;, en Anales Historiques de la Revolution Francaise num 3, julio-septiembre 1979, pp. 455-474, y Alice Gerard, La Revolution Francaise, mythes et interpretations, 1789 1790, Paris, Flamarion, 1970.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">24 Cf. Ap&eacute;ndice documental, B. Monteagudo doc. 23.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">25 Este trayecto tem&aacute;tico fue analizado en detalle en Noem&iacute; Goldman, ob.cit.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 26 Gaceta de Buenos Aires. 25 de septiembre de 1810. V&eacute;ase Ap&eacute;ndice Documental. M. Moreno, doc. 2.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 27 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">28 Gaceta de Buenos Aires (reproducci&oacute;n facsimilar), 15 de octubre de 1810. p. 489.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 29 Gaceta de Buenos Aires. 25 de septiembre de 1810. V&eacute;ase Ap&eacute;ndice Documental. M. Moreno, doc. 2.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 30 V&eacute;ase, Tulio Halper&iacute;n Donghi, Revoluci&oacute;n y guerra, Buenos Aires. SigIo XXI. 1971. p. 186.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 31 Cf. Ap&eacute;ndice Documental, M. Moreno, doc. 8.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">32 Registro Oficial de la Rep&uacute;blica Argentina, A&ntilde;o 1810. &ldquo;Acta del d&iacute;a 25 de Mayo&rdquo;, p. 22.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">33 Cf. Ap&eacute;ndice documental. M. Moreno, Doc. 4.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 34 Ib&iacute;d., el 13 de noviembre de 1810, En Ap&eacute;ndice Documental, M. Moreno, doc. 12. p. 40; Jean Jacques Rousseau escribi&oacute; a su vez: &ldquo;As&iacute; antes de examinar el acto en virtud del cual un pueblo elige a un rey, convendr&aacute; examinar el acto en virtud del cual un pueblo es un pueblo; porque como este acto es necesariamente anterior al otro es el fundamento verdadero de la sociedad&rdquo;, en Du Contrat social. Oeuvres completes t III. Par&iacute;s 1964, pp. 359, (traduccion N.G)</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">35 Cf.. Noem&iacute; Goidman y Nora Souto. &ldquo;De los usos a los conceptos de &lsquo;nacion&rsquo; y la formaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico en el R&iacute;o de la Plata (1810 1827)&rdquo;. Secuencia (M&eacute;xico), num. 37. pp. 35 56. 1977.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 36 Cf. Ap&eacute;ndice documental. M. Moreno, doc. 3.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 37 Cf. Ap&eacute;ndice documental, M. Moreno, doc. 6.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 38 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 39 Cf. Ap&eacute;ndice documental, M. Moreno, doc. 4.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 40 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">41 Cf. Ap&eacute;ndice documental, M. Moreno, doc. 6.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 42 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 43 Cf. Ap&eacute;ndice documental, M. Moreno, doc. 5.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 44 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 45 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 46 Cf. Ap&eacute;ndice documental, M. Moreno, doc. 7.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">47 Tulio Halper&iacute;n Donghi, Tradici&oacute;n pol&iacute;tica espa&ntilde;ola e ideolog&iacute;a revolucionaria de Mayo, Buenos Aires, Eudeba, 1961, pp.190-213</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 48 Cf. Ap&eacute;ndice documental, M. Moreno, doc. 3.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 49 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 50 Cornelio Saavedra. Autobiograf&iacute;a, Biblioteca.de Mayo. t. II. Buenos Aires. Senado de la Naci&oacute;n. p. 1059.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">51 Cf. Ap&eacute;ndice documental, M. Moreno, doc. 9.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 52 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 53 Ib&iacute;d. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">54 Cf. Ap&eacute;ndice documental, M. Moreno, doc. 3.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">55 Ernesto Ruiz Gui&ntilde;az&uacute;. El presidente Saavedra y el pueblo soberano de 1810, Buenos Aires, Estrada Editores. 1960, p. 575.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 56 Ib&iacute;d., p. 577</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 57 Cf. Ap&eacute;ndice documental, J.J. Castelli doc. 11.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 58 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">59 La derrota de Huaqui ocasiona la p&eacute;rdida del Alto Per&uacute;. Los restos del ej&eacute;rcito revolucionario se estacionan en Salta.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 60 V&eacute;ase el &ldquo;Proceso formado al doctor Juan Jos&eacute; Castelli. 1811- 1812. Agregado a la Causa del Desaguadero&rdquo;, en Biblioteca de Mayo, tomo XIII. Buenos Aires. Senado de la Naci&oacute;n, 1962. p. 11778.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 61 Ib&iacute;d. p. 11785.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 62 Ib&iacute;d. p. 11799.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 63 Ib&iacute;d. p.p.11839-11840.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 64 Cf. Ap&eacute;ndice documental, J.J.Castelli, doc. 14.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">65   Es de notar que no s&oacute;lo los sectores altos blancos viv&iacute;an del trabajo ind&iacute;gena -mineros. terratenientes, eclesi&aacute;sticos, bur&oacute;cratas- sino asimismo cierta plebe urbana producto de los entrecruzamientos de diferentes grupos.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 66 V&eacute;ase Tulio Halper&iacute;n Donghi, Revoluci&oacute;n y guerra, ob. cit. p. 264.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 67 Cf. Ap&eacute;ndice documental, M. Moreno, doc. 1.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 68 Cf. Ap&eacute;ndice documental, J.J.Castelli, doc. 13.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 69 Cf. Ap&eacute;ndice documental, J.J.Castelli, doc. 15.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 70 Cf. Ap&eacute;ndice documental, J.J.Castelli, doc. 12.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 71 Cf. Ap&eacute;ndice documental, J.J.Castelli, doc. 15.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 72 Cf. Ap&eacute;ndice documental, J.J.Castelli, doc. 10.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">73 Cf. Ap&eacute;ndice documental, J.J.Castelli, doc. 14.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 74 V&eacute;ase &ldquo;Proceso formado al doctor Juan Jos&eacute; Castelli..., ob.cit. p.11794.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 75 Ib&iacute;d. pp. 11779-11850</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 76 Tulio Halper&iacute;n Donghi. Revoluci&oacute;n y guerra, ob. cit.. pp. 264 265. V&eacute;ase igualmente el estudio biogr&aacute;fico de Julio C&eacute;sar Ch&aacute;ves, Castelli, el adalid de Mayo, Buenos Aires. Leviat&aacute;n, 1957</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 77 V&eacute;ase &ldquo;Memoria sobre Ios prinicipios pol&iacute;ticos que segu&iacute; en la administraci&oacute;n del Per&uacute;, y acontecimientos posteriores a   mi separacion&rdquo;, en Ricardo Rojas. Obras pol&iacute;ticas de Bernardo Monteagudo. La Biblioteca Argentina, V. 7. Buenos Aires,   Librer&iacute;a La Facultad, 1916, pp. 37-72.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">78 Ib&iacute;d, p.42.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">79 Ib&iacute;d, p.46.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">80 Ib&iacute;d, p.52.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">81 Gaceta. de Buenos Aires. 31 de diciembre de 1811, art. &ldquo;Variedades&rdquo;. V&eacute;ase, asimismo El Censor (reproducci&oacute;n s&iacute;mil tipogr&aacute;fica),    <br> 28 de enero de 1812, art. &ldquo;Reflexiones pol&iacute;ticas&rdquo;.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">82 Cf. Ap&eacute;ndice documental, B. Monteagudo, doc. 16. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">83 Cf. Ap&eacute;ndice documental, B. Monteagudo, doc. 18. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">84 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">85 Gaceta de Buenos Aires, 15 de noviembre de 1810.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">86 Cf. Noem&iacute; Goldman. &ldquo;lluminismo e independencia: Monteagudo y Pasos Silva (Kanki) en la prensa revolucionaria&rdquo;, en El discurso pol&iacute;tico, Buenos Aires. Hachette. 1987. pp. 119-144.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 87 Cf. Ap&eacute;ndice documental, B. Monteagudo, doc. 21.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 88 Gaceta de Buenos Aires, 28 de marzo de 1812, art., &ldquo;Par&eacute;ntesis a las observaciones did&aacute;cticas&rdquo;.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">89 Cf. Ap&eacute;ndice documental, B. Monteagudo, doc. 18.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 90 V&eacute;ase al respecto El redactor de la Asamblea, edici&oacute;n facsimilar publicada por La Naci&oacute;n, con motivo del Primer Centenario de la Asamblea. Buenos Aires. 1913.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">91 Pilar Gonz&aacute;les Bernaldo, art. cit.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">92 Cf. El Grito del Sud (reproducci&oacute;n facsimilar) 29 de diciembre de 1812. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">93 Ibid.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">94 Cf. Ap&eacute;ndice documental, B. Monteagudo, doc. 19.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 95 Ib&iacute;d.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  96 Cf. Biblioteca de Mayo. ob. cit. pp. 11517-11518.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 97 Cf. Ap&eacute;ndice documental, B. Monteagudo, doc. 17.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 98 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 99 Cf. Ap&eacute;ndice documental, B. Monteagudo, doc. 24.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 100 Cf. Ap&eacute;ndice documental, B. Monteagudo, doc. 22 y 23.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 101 Ib&iacute;d.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">102 V&eacute;ase Gaceta de Buenos Aires, 6 de mayo de 1811, &ldquo;art&iacute;culo comunicado&rdquo; y 20 de mayo, &ldquo;contin&uacute;a el art&iacute;culo comunicado&rdquo;.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 103 Noem&iacute; Goldman &ldquo;&rsquo;Los jacobinos&rsquo; en el R&iacute;o de la Plata: modelo, discursos y pr&aacute;cticas (1810-1815)&rdquo;, en Cuadernos Americanos.   1989, num. 17. pp. 157-178. Este art&iacute;culo fue reproducido en el n&uacute;mero extraordinario de la revista Todo es Historia, num. 264, Junio de 1989, pp. 26-39.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">104 Retomamos aqu&iacute; una serie de ideas expuestas en un trabajo anterior: Noem&iacute; Goldman: &ldquo;Utop&iacute;a y discurso revolucionario (el Plan de Operacioncs de Mariano Moreno)&rdquo;, en la revista Espacios. num. 6, octubre-noviembre de 1987. pp. 52 56.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">105 Paul Groussac. arts. cits.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">106 Ricardo Levene. El Plan atribuido a Moreno y la Instrucci&oacute;n de Chiclana. ob. cit. e id., Nuevas comprobaciones sobre la apocricidad del Plan atribuido a Mariano Moreno, Buenos Aires. 1948.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 107 Ernesto Ruiz Gui&ntilde;az&uacute;, Epifan&iacute;a de la libertad. Buenos Aires. 1952.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 108 Carlos Segreti, &ldquo;Plan de Moreno: el fin de un enigma&rdquo;, en Todo es Historia. num. 31 de abril de 1978.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 109 Ruiz Gui&ntilde;az&uacute;, ob. cit. p.324.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">110 T. Halper&iacute;n Donghi. Tradici&oacute;n pol&iacute;tica espa&ntilde;ola e ideolog&iacute;a revolucionaria de Mayo, ob. cit., p. 324. 111 Biblioteca de Mayo, ob. cit., t. I, pp. 640-641.</font></p >     <p   align="justify" >&nbsp;</p >      ]]></body>
</article>
