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</front><body><![CDATA[ <p align="right"   ><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ARTICULO ORIGINAL </font></b></p >     <p align="justify"   >&nbsp;</p >     <p align="center"   ><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las dimensiones de las revoluciones por la independencia<Sup>* </Sup></b></b></font></p >     <p align="center"   >&nbsp;</p >     <p align="center"   >&nbsp;</p >     <p   align="center" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Jos&eacute; Carlos Chiaramonte </b></font></p >     <p   align="left" ><FONT color="#000000" size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></B>* 	Texto de una ponencia presentada en la Jornada Internacional de Debate &ldquo;Los historiadores y la conmemoraci&oacute;n del Bicentenario&rdquo;, Centro de Estudios Hist&oacute;ricos e Informaci&oacute;n Parque de Espa&ntilde;a, Rosario, y Red de Estudios sobre Pol&iacute;tica, Cultura y Lenguaje en el R&iacute;o de la Plata durante el siglo XIX&rdquo;, Rosario, 20 y 21 de octubre de 2006. </font></p >     <p   align="left" >&nbsp;</p >     <p   align="left" >&nbsp;</p > <hr size="1" noshade>     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un tema como el de los v&iacute;nculos de las revoluciones de independencia iberoamericanas con la peninsular implica dos problemas, distintos, pero de &iacute;ntima conexi&oacute;n. Uno, hecho expl&iacute;cito en el t&iacute;tulo de esta reuni&oacute;n, el del car&aacute;cter y alcances de esos nexos entre ambos procesos hist&oacute;ricos, el hispano y el hispanoamericano. El otro, impl&iacute;cito en &eacute;l, el de la pertinencia del concepto de revoluci&oacute;n, no s&oacute;lo respecto de Hispanoam&eacute;rica sino tambi&eacute;n de Espa&ntilde;a, dado que en ambos casos ha sido objeto de cuestionamientos. Por lo tanto, una primera decisi&oacute;n que se me ocurre es la de verificar la pertinencia del calificativo de &ldquo;revoluciones&rdquo;. No es que pretenda meterme en un enojoso embrollo de definiciones, sino usar el asunto para una breve reflexi&oacute;n sobre lo inadecuado de nuestras periodizaciones.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta perspectiva cambia radicalmente al difundirse las concepciones sociales del Romanticismo. Y esto se verifica tambi&eacute;n en lo concerniente al concepto de revoluci&oacute;n. Por ejemplo, Esteban Echeverr&iacute;a lo reflejaba al definirlo de la siguiente manera -que, si posee notable parentesco con el criterio del marxismo, es justamente por el mismo motivo: </font></p >     <blockquote>       <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><I>No entendemos por revoluci&oacute;n las asonadas ni turbulencias de la guerra civil, sino el desquicio completo de un orden social antiguo, o el cambio absoluto, tanto en el r&eacute;gimen interior como exterior de una socieda</I><Sup><I>2</I></Sup><i>.</i></font></p> </blockquote>     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Consiguientemente, Echeverr&iacute;a, como es conocido, aplicaba el calificativo de revoluci&oacute;n con limitaciones: la revoluci&oacute;n de Mayo hab&iacute;a sido una revoluci&oacute;n incompleta, lograda en lo que ata&ntilde;e a la independencia pol&iacute;tica, pero no en las transformaciones sociales que a su juicio deber&iacute;an haberla acompa&ntilde;ado. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero hacia 1810 la perspectiva era la anterior al Romanticismo y el uso de la palabra <I>revoluci&oacute;n </I>con un sentido sustancialmente pol&iacute;tico era por dem&aacute;s natural y refer&iacute;a al logro de la independencia pol&iacute;tica. Tal como hacia 1821 lo implicaban estos versos de Bartolom&eacute; Hidalgo, uno de los iniciadores de la poes&iacute;a popular rioplatense, &ldquo;En diez a&ntilde;os que llevamos / De nuestra revoluci&oacute;n / Por sacudir las cadenas / De Fernando el balandr&oacute;n: / &iquest;Qu&eacute; ventajas hemos sacado?..&rdquo;<Sup>3</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, el car&aacute;cter revolucionario de los sucesos peninsulares y americanos pod&iacute;a ser objetado desde una tercera perspectiva, que concierne a la naturaleza hist&oacute;rica de los cuerpos pol&iacute;ticos participantes y del estatuto de quienes los integraban. Recordemos que la historiograf&iacute;a europea sobre la Edad Moderna se ha detenido con delectaci&oacute;n en el hallazgo de evidencias que mostrar&iacute;an la interpretaci&oacute;n err&oacute;nea de movimientos sociales a los que se atribuy&oacute; tradicionalmente car&aacute;cter revolucionario. Por ejemplo, las rebeliones campesinas de los siglos XVII y XVIII que, en lugar de consider&aacute;rselas como movimientos anti-feudales, se juzga que en realidad reaccionaban contra la opresi&oacute;n de los Estados absolutistas y demandaban el retorno a la protecci&oacute;n de las antiguas instituciones. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un caso que podr&iacute;a inscribirse en este tipo de cambio de perspectiva es el de las insurrecciones espa&ntilde;olas derivadas de la invasi&oacute;n francesa y la constituci&oacute;n de nuevos &oacute;rganos de gobierno local, en un proceso que ha sido rotulado como el &ldquo;juntismo&rdquo; espa&ntilde;ol y considerado, con raz&oacute;n, como antecedente de las juntas de gobierno hispanoamericanas. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por ejemplo, el historiador espa&ntilde;ol de la Universidad de Navarra Mart&iacute;nez de Velasco polemiza continuamente con Miguel Artola, a lo largo de un libro, publicado en 1972, dedicado a la formaci&oacute;n de la Junta Central del Reino. Adem&aacute;s de aspectos secundarios del tema, el blanco principal de su cr&iacute;tica es la tesis del car&aacute;cter revolucionario de la insurrecci&oacute;n del pueblo espa&ntilde;ol contra la ocupaci&oacute;n francesa. As&iacute;, mientras Artola afirma que el nuevo poder &ldquo;es doblemente revolucionario: en primer lugar, por la forma de constituirse, </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">en clara oposici&oacute;n a las autoridades leg&iacute;timas del Antiguo R&eacute;gimen, luego por la potestad que se atribuye&rdquo;, Mart&iacute;nez de Velasco se&ntilde;ala que en Asturias el movimiento de constituci&oacute;n de la Junta Suprema del Principado mal hubiera podido ser revolucionario, dado que se utilizaba la centenaria Junta General del Principado -convocada, como tambi&eacute;n los miembros de la Real Audiencia, para la formaci&oacute;n de la nueva Junta- y se integraba con autoridades leg&iacute;timas, como lo eran los miembros de la Real Audiencia. Y que, por otra parte, la Junta de Asturias utilizaba una doctrina antigua, al declarar haber &ldquo;reasumido la soberan&iacute;a por hallarse sin gobierno leg&iacute;timo...&rdquo;: </font></p >     <blockquote>       <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><I>todos los miembros de la Junta -anota-, incluso los miembros de la Audiencia, estaban de acuerdo con la doctrina tradicional, seg&uacute;n la cual la soberan&iacute;a reca&iacute;a sobre el pueblo, si el poder leg&iacute;timo estaba vacante</I><Sup><I>4</I></Sup><I>. </I></font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otro caso de uso de antiguas doctrinas e instituciones ser&iacute;a el de la Junta de La Coru&ntilde;a, que adopt&oacute; &ldquo;una costumbre establecida de antiguo: las Cortes del Reino (de Galicia) representadas por su diputaci&oacute;n&rdquo;. Diputaci&oacute;n compuesta por siete regidores que representaban a las ciudades de La Coru&ntilde;a, Santiago de Compostela, Betanzos, Lugo, Mondo&ntilde;edo, Orense y Tuy, elegidos por sus respectivos ayuntamientos. </font></p >     <blockquote>       <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><I>Es de destacar -comenta Mart&iacute;nez de Velasco- que el alzamiento gallego no se plasm&oacute; en una nueva instituci&oacute;n, sino que desde los primeros momentos se encontr&oacute; una forma de gobierno tan tradicional y tan poco revolucionaria como fue la Diputaci&oacute;n del Reino en Cortes</I><Sup><I>5</I></Sup><I>. </I></font></p> </blockquote>     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Luego analiza la composici&oacute;n de varias juntas provinciales que, como la de Sevilla, Valencia y Arag&oacute;n, estaban divididas por estados: clero secular, audiencia territorial, ayuntamiento de la ciudad, nobleza, &ldquo;el estado regular&rdquo;, &ldquo;el estado militar&rdquo; y el comercio<Sup>6</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Independientemente de las objeciones que se puedan hacer a los argumentos de Mart&iacute;nez de Velasco, as&iacute; como de la validez de algunas de sus cr&iacute;ticas a Artola, la cuesti&oacute;n a analizar es si se puede juzgar el car&aacute;cter revolucionario </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o tradicional del llamado juntismo espa&ntilde;ol por el origen hist&oacute;rico de los argumentos que legitimaron ese movimiento o por la calidad social de quienes integraron las juntas. Para expresarlo de la manera m&aacute;s breve posible, por ejemplo, es cierto que la figura del pacto de sujeci&oacute;n -con sus corolarios de la figura de reasunci&oacute;n de la soberan&iacute;a por el pueblo, o del derecho de rebeli&oacute;n- es muy anterior al siglo XIX, y que efectivamente pertenece a buena parte de la Escol&aacute;stica ya desde la Edad Media. Pero, insistamos, la pregunta es si se puede negar car&aacute;cter revolucionario a un movimiento ocurrido en el XIX por el hecho de apoyarse en doctrinas y &oacute;rganos de gobierno de car&aacute;cter &ldquo;tradicional&rdquo;. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De la misma manera, podr&iacute;amos tambi&eacute;n preguntarnos si la misma conclusi&oacute;n se seguir&iacute;a del hecho de haberse comenzado en Buenos Aires el proceso que llevar&iacute;a a la independencia con la convocatoria a cabildo abierto -antigua instituci&oacute;n de car&aacute;cter no popular (en el sentido actual de &ldquo;popular&rdquo;)-y cit&aacute;ndose a la &ldquo;parte principal y m&aacute;s sana&rdquo; del vecindario<Sup>7</Sup>. Y, por a&ntilde;adidura, cuando el uso del argumento legitimador de la constituci&oacute;n de un gobierno local fue el mismo que en Espa&ntilde;a: la reasunci&oacute;n de la soberan&iacute;a por el pueblo -argumento que intent&oacute; suavizar la Primera Junta, el d&iacute;a 27 de mayo, utilizando la f&oacute;rmula de &ldquo;representaci&oacute;n de la soberan&iacute;a del monarca preso&rdquo;. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al llegar a este punto creo que nos encontramos, quiz&aacute;s sin advertirlo, ante una de las mayores trampas que los supuestos impl&iacute;citos en el an&aacute;lisis hist&oacute;rico pueden tender a &eacute;ste. Me refiero a la periodizaci&oacute;n que, en este caso, <I>clasifica </I>doctrinas e instituciones seg&uacute;n unos &ldquo;taxones&rdquo; cuya validez podr&iacute;a y deber&iacute;a ser motivo de revisi&oacute;n. De acuerdo a esa taxonom&iacute;a, las doctrinas y las instituciones poseer&iacute;an una conformaci&oacute;n sustancialmente distinta para cada supuesta &eacute;poca de la historia de la humanidad. Si as&iacute; fuera, para tomar un s&oacute;lo ejemplo entre otros, no podr&iacute;amos explicarnos la vigencia de algo tan sustancial a la organizaci&oacute;n de la sociedad como el derecho romano, en tiempos tan distintos como el de la Europa medieval, el de la empresa napole&oacute;nica, y a&uacute;n hoy en muchos pa&iacute;ses del mundo, entre ellos el nuestro. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Me parece que el car&aacute;cter revolucionario de lo ocurrido de 1808 en adelante se explica no por la marca de f&aacute;brica de las doctrinas utilizadas sino por el contexto hist&oacute;rico en que se las utiliza y el resultado obtenido. Tal como ocurri&oacute;, para tomar otro ejemplo, con la persistencia de antiguas nociones iusnaturalistas en las revoluciones norteamericana y francesa. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. Salvada esta cuesti&oacute;n impl&iacute;cita en el tema de esta mesa, me parece que ser&iacute;a necesario preguntarnos si es un buen punto de partida circunscribirnos a la &ldquo;dimensi&oacute;n hisp&aacute;nica&rdquo; de las revoluciones de independencia. Porque -y con esto no creo que diga algo muy nuevo-, si nos interesa examinar las posibles relaciones extra-americanas de esos procesos se hace necesario recordar que, aun habida cuenta de la peculiaridad de los sucesos revolucionarios ocurridos en la pen&iacute;nsula a ra&iacute;z de la invasi&oacute;n francesa, ellos bien pueden considerarse parte de un ciclo hist&oacute;rico que se suele denominar justamente el ciclo de las revoluciones modernas. Es decir, si existe unidad es en el conjunto del ciclo revolucionario iniciado en las colonias angloamericanas y culminado con la revoluci&oacute;n francesa. Y me parece m&aacute;s fruct&iacute;fero enfocar los movimientos de independencia hispanoamericanos en esa perspectiva, sin dejar de atender por ello a los rasgos espec&iacute;ficamente hispanos que contienen. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte, la cuesti&oacute;n de lo que con peculiar lenguaje se denomin&oacute; hace tiempo &rdquo;filiaci&oacute;n hist&oacute;rica del movimiento de independencia&rdquo; posee una historia de mal regusto ideol&oacute;gico. La tradicional tesis liberal, a la manera de </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sarmiento (&ldquo;Es in&uacute;til detenerse en el car&aacute;cter, objeto y fin de la revoluci&oacute;n de la independencia. En toda la Am&eacute;rica fueron los mismos, nacidos del mismo origen, a saber, el movimiento de las ideas europeas&rdquo;) fue desafiada por posturas como las de Gim&eacute;nez Fern&aacute;ndez o, en Argentina, la de Guillermo Furlong<Sup>8</Sup>. La contraposici&oacute;n de las ideas de la Enciclopedia francesa y la teolog&iacute;a pol&iacute;tica de Francisco Su&aacute;rez fue as&iacute; una de las facetas de esa cuesti&oacute;n, llevada al absurdo por Furlong al resumirla en un dilema, el de si Rousseau </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o Su&aacute;rez eran los ide&oacute;logos de la Revoluci&oacute;n de Mayo. En ambos casos, en el esfuerzo por hacer de la Revoluci&oacute;n de Mayo un acontecimiento de &iacute;ndole liberal, por un lado, o de car&aacute;cter cat&oacute;lico espa&ntilde;ol, por otro, se part&iacute;a de una manipulaci&oacute;n anacr&oacute;nica de los datos. As&iacute;, por una parte, la doctrina de la retroversi&oacute;n de la soberan&iacute;a se ignoraba o pod&iacute;a ser considerada &ldquo;un subterfugio que permit&iacute;a la antigua tradici&oacute;n medieval espa&ntilde;ola acerca del origen popular del poder mon&aacute;rquico, expresada en la instituci&oacute;n de las Juntas de origen popular que recog&iacute;an la autoridad no ejercida por el Rey&rdquo;<Sup>9</Sup>. O, por otra parte, se la convert&iacute;a en la prueba del predominio de la teolog&iacute;a suareciana, ignor&aacute;ndose que, pese a su repudio por Rousseau, era com&uacute;n a la mayor parte de los iusnaturalistas no escol&aacute;sticos. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero no s&oacute;lo en ese hispanismo nacionalista<Sup>10 </Sup>se verifica una mirada distorsionada a los v&iacute;nculos entre ambos procesos. Recuerdo que Fran&ccedil;ois Xavier Guerra, durante una visita al Instituto Ravignani, en 1989, se mostr&oacute; muy interesado en un libro de Julio V. Gonz&aacute;lez, existente en la biblioteca del Instituto, sobre la historia del r&eacute;gimen representativo en Argentina<Sup>11</Sup>. Creo que el motivo de ese inter&eacute;s se deb&iacute;a a la tesis de Gonz&aacute;lez seg&uacute;n la cual la revoluci&oacute;n de Mayo no era otra cosa que una parte de la revoluci&oacute;n espa&ntilde;ola ocurrida a partir de la invasi&oacute;n napole&oacute;nica. Claro est&aacute; que el en que escrib&iacute;a Gonz&aacute;lez, el del clima generado por la guerra civil espa&ntilde;ola del siglo XX, hac&iacute;a de su tesis -la tesis de un historiador socialista- una interpretaci&oacute;n de la historia hispanoamericana asimilable a los objetivos de la Rep&uacute;blica. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><I>Los antecedentes inmediatos del sistema de gobierno implantado por la Revoluci&oacute;n -escrib&iacute;a Gonz&aacute;lez- forman un complejo que se anuda alrededor de la Revoluci&oacute;n de Espa&ntilde;a, producida con motivo de la invasi&oacute;n de la Pen&iacute;nsula por los ej&eacute;rcitos de Napole&oacute;n&rdquo;. Y a&ntilde;ad&iacute;a: &ldquo;Estimo que la vinculaci&oacute;n de causa a efecto que liga al movimiento argentino con el espa&ntilde;ol fue algo m&aacute;s estrecha y decisiva que lo que hasta hoy se ha reconocido. Para la historia general pudo ser el uno causa meramente ocasional del otro, pero para la constitucional reviste las caracter&iacute;sticas de una causa determinante. </I></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta declaraci&oacute;n tajante respecto de los v&iacute;nculos entre ambos procesos la desarrolla a lo largo de la Introducci&oacute;n del primero de los dos tomos de su obra, con una perspectiva que puede sintetizarse en un p&aacute;rrafo en el que afirma que las conclusiones de su investigaci&oacute;n le permit&iacute;an asumir la responsabilidad cient&iacute;fica de afirmar que para la historia de las instituciones pol&iacute;ticas, la Revoluci&oacute;n de Mayo fue una creaci&oacute;n de la Revoluci&oacute;n de Espa&ntilde;a. Porque el movimiento popular de la Pen&iacute;nsula, no s&oacute;lo inici&oacute; al argentino en las pr&aacute;cticas de la representaci&oacute;n p&uacute;blica, sino que lo nutri&oacute; con principios y le proporcion&oacute; las bases sobre las que el pueblo de Mayo plane&oacute; la organizaci&oacute;n del nuevo Estado<Sup><I>12</I></Sup><I>. </I></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, lo que sigue de inmediato a esa declaraci&oacute;n de Gonz&aacute;lez puede generar actualmente algunas dudas. Perm&iacute;tanme citar in extenso lo que se lee en su libro a continuaci&oacute;n de ese p&aacute;rrafo: </font></p >     <blockquote>       <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><I>&ldquo;Si los argentinos emancipados se dieron una democracia liberal y no una autocracia; si proclamar&aacute;n el principio de la igualdad y no del privilegio; si impusieron la soberan&iacute;a del pueblo como origen y justificaci&oacute;n de toda autoridad, y no la voluntad divina, o los derechos din&aacute;sticos, o las prerrogativas aristocr&aacute;ticas; si entregaron los destinos de la Revoluci&oacute;n a una junta popular, en vez de ponerla en manos de un dictador; si s&oacute;lo fueron a depositar la tarea de constituir el Estado en un congreso representativo, y no en cuerpos o individuos con facultades discrecionales; si crearon instant&aacute;neamente las defensas del ciudadano contra los excesos del poder; si previnieron el despotismo dando categor&iacute;a pol&iacute;tica a la opini&oacute;n p&uacute;blica, colocada en funci&oacute;n de control de la gesti&oacute;n de los mandatarios; si dieron s&oacute;lida base al r&eacute;gimen republicano, reglamentando prolijamente las atribuciones de cada poder; si blindaron a los representantes del pueblo con los privilegios e inmunidades parlamentarias; si, en fin, la gloriosa Revoluci&oacute;n nuestra tom&oacute; en la Asamblea del a&ntilde;o XIII el contenido econ&oacute;mico-social que le dieron sus leyes sobre abolici&oacute;n de la esclavitud, emancipaci&oacute;n del indio, supresi&oacute;n de los mayorazgos y otras de &iacute;ndole semejante, fue porque los patriotas argentinos segu&iacute;an paso a paso la obra de reconstrucci&oacute;n social y pol&iacute;tica, que contempor&aacute;neamente estaban cumpliendo los patriotas espa&ntilde;oles con su Revoluci&oacute;n. As&iacute; creo dejarlo demostrado en la &uacute;ltima parte de esta obra. </I></font></p> </blockquote>     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este trozo se observan dos equ&iacute;vocos de larga vigencia en la historiograf&iacute;a argentina: uno, el de magnificar los modestos logros de la Asamblea del a&ntilde;o XIII, confundiendo adem&aacute;s la denominada &ldquo;libertad de vientres&rdquo; con la abolici&oacute;n de la esclavitud, que tardar&iacute;a a&uacute;n muchas d&eacute;cadas en adoptarse. Y otro, trasfondo tambi&eacute;n de lo anterior, el de asimilar lo ocurrido entre 1810 y 1853 a lo sucedido a partir de esta &uacute;ltima fecha. Un equ&iacute;voco en que la mayor parte de los rasgos enumerados est&aacute;n interpretados anacr&oacute;nicamente en clave del presente. Porque el proceso electoral abierto en julio de 1810 -y dejando de lado el tambi&eacute;n anacr&oacute;nico uso del r&oacute;tulo de democracia- mostraba en su concreci&oacute;n rasgos muy ajenos a los que supone la interpretaci&oacute;n de Gonz&aacute;lez y nos llevan a similares observaciones a las que efectuamos m&aacute;s arriba respecto de la revoluci&oacute;n espa&ntilde;ola: en las elecciones realizadas en las diferentes ciudades, convocadas mediante la circular del 27 de mayo de 1810 para elegir diputados a la Junta provisional de Gobierno, adem&aacute;s de que la convocatoria est&aacute; dirigida a &ldquo;la parte principal y m&aacute;s sana del vecindario&rdquo;, las listas de participantes est&aacute;n distribuidas seg&uacute;n una clasificaci&oacute;n corporativa que incluye: regidores, cl&eacute;rigos, letrados, funcionarios de la burocracia, militares y vecinos. Asimismo, en la elecci&oacute;n del diputado por Corrientes y tambi&eacute;n en la elecci&oacute;n del diputado por Santa Fe se discute largamente el orden para emitir los sufragios, seg&uacute;n las distintas corporaciones representadas en el Cabildo Abierto. En la elecci&oacute;n del diputado por Salta, el Cabildo deliber&oacute; &ldquo;por corporaciones&rdquo;, lo cual significa que el obispo emiti&oacute; opini&oacute;n por el clero, un coronel en nombre del ej&eacute;rcito, y un licenciado en nombre de las Reales Audiencias<Sup>13</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero, y esto me parece el argumento sustancial, muchos de los rasgos de la historia intelectual y pol&iacute;tica peninsular poseen un innegable parentesco con los de la historia europea, al punto de que no me parece muy factible distinguir lo espec&iacute;ficamente hispano que habr&iacute;a en ellos. Y quisiera subrayar que ese parentesco no se limita a las corrientes liberales o revolucionarias difundidas a partir del siglo XVIII sino que tambi&eacute;n corresponde a lo ocurrido en siglos anteriores, es decir, a lo que solemos llamar habitualmente doctrinas o instituciones &ldquo;tradicionales&rdquo;. Por ejemplo, es el caso de uno de los datos que m&aacute;s valoraban, desde opuestas perspectivas, Gonz&aacute;lez y Guerra, el reci&eacute;n comentado de los procedimientos electorales inaugurados por la Real Orden del 6 de octubre de 1809 para la elecci&oacute;n de diputados a la Junta Central de Sevilla. Esta Orden fue invocada por la Primera Junta en las normas contenidas en su circular del 18 de julio de 1810 para la elecci&oacute;n de los diputados del interior, que Gonz&aacute;lez calificaba de esta manera: </font></p >     <blockquote>       <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><I>La Revoluci&oacute;n de Espa&ntilde;a provoc&oacute; en la colonia del R&iacute;o de la Plata un per&iacute;odo de iniciaci&oacute;n democr&aacute;tica inmediato anterior a la Revoluci&oacute;n de Mayo, con motivo de la elecci&oacute;n de un diputado-vocal a la Junta Central de Sevilla</I><Sup><I>14</I></Sup><I>. </I></font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero esas normas remiten a una m&aacute;s amplia y vieja historia europea. De manera que lo que podemos inferir m&aacute;s ajustadamente es que en el proceso de organizaci&oacute;n de un gobierno local, a&uacute;n no independiente, la legislaci&oacute;n de la metr&oacute;polis amparaba las decisiones de la Junta de Buenos Aires permiti&eacute;ndole adoptar procedimientos representativos de matriz no precisamente hispana. Un esquema que bien puede aplicarse al caso de la relaci&oacute;n de la cultura espa&ntilde;ola con la europea a trav&eacute;s de autores como Feij&oacute;o, Cadalso o Jovellanos... </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Veamos mejor, en cambio, algunos de los rasgos sustanciales de lo ocurrido en los primeros meses de existencia del gobierno local en Buenos Aires, que remiten a una perspectiva no exclusivamente hisp&aacute;nica. Si por un lado, en lo que acostumbramos a llamar la primera d&eacute;cada revolucionaria, los acontecimientos muestran el papel protag&oacute;nico de una instituci&oacute;n de antiguo r&eacute;gimen hispano colonial, como el Cabildo y, asimismo, tendencias centralistas que podr&iacute;an considerarse de ra&iacute;z borb&oacute;nica, como asimismo el fuerte regalismo en relaci&oacute;n con la Iglesia; por otra, exhiben iniciativas no necesariamente de esa procedencia, como las implicadas por los fundamentos contractualistas de la legitimaci&oacute;n del poder, que hasta lleg&oacute; a obligar al propio Cabildo a solicitar a la Junta que se le aplicara el procedimiento de comicios para elegir a sus miembros, dado que, declaraba el Ayuntamiento, la carencia de ese requisito le quitaba legitimidad de acuerdo a los nuevos criterios pol&iacute;ticos fundados en el principio de la soberan&iacute;a popular<Sup>15</Sup>. O como las fuertes tendencias confederales brotadas en los primeros a&ntilde;os de esa d&eacute;cada. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este &uacute;ltimo caso, existen expresiones muy conocidas, como las provenientes de Artigas, con patente vinculaci&oacute;n con la experiencia norteamericana, o la argumentaci&oacute;n de la Junta Grande en 1811 que provoc&oacute; su disoluci&oacute;n por el Primer Triunvirato, al invocar a &ldquo;las ciudades de nuestra confederaci&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo;. Otras de menos frecuente menci&oacute;n pero no de menor importancia, como los argumentos del diputado por Tucum&aacute;n a la Asamblea del A&ntilde;o XIII en pro de la uni&oacute;n confederal y su interpretaci&oacute;n en clave confederal de la expresi&oacute;n &ldquo;Provincias Unidas del R&iacute;o de la Plata&rdquo;. Otras, olvidadas, como la Circular enviada por la Sociedad Patri&oacute;tica -entre cuyos dirigentes se contaba Bernardo de Monteagudo- a los cabildos del interior en 1812. Y otras que duermen en los archivos, como un extenso &ldquo;Manifiesto Apolog&eacute;tico de la Exma. Junta Gubernativa de la Capital de Buenos Aires a los Pueblos de su Confederaci&oacute;n&rdquo;, de setiembre de 1811, que parece no haber pasado de su calidad de borrador pero que posee valor de indicador de la tendencia del momento<Sup>16</Sup>. En suma, fuera por el conocimiento de la experiencia norteamericana, fuese por el conocimiento de lo que muchos tratados de temas pol&iacute;ticos del siglo XVIII conten&iacute;an respecto de las confederaciones, esta tendencia, que se convertir&iacute;a en la definitivamente triunfante durante la primera mitad del siglo, comenz&oacute; a operar muy tempranamente. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los primeros a&ntilde;os de vida independiente, en suma, muestran un heterog&eacute;neo conjunto de iniciativas pol&iacute;ticas de diverso origen o, m&aacute;s bien, de general presencia en la Europa moderna, tales como las doctrinas contractualistas y el principio del consentimiento, que hacen de la cuesti&oacute;n del origen algo mu</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">cho m&aacute;s complejo<Sup>17</Sup>. Incluso la difusi&oacute;n del derecho natural y de gentes en la Espa&ntilde;a de la segunda mitad del XVIII y comienzos del XIX fue predominantemente de origen iusnaturalista moderno y no escol&aacute;stico. Y la creaci&oacute;n de la c&aacute;tedra de derecho natural instituida por Carlos III ha sido bien interpretada como un intento, no exitoso, de compensar la difusi&oacute;n del iusnaturalismo mediante una ense&ntilde;anza despojada de aquello que pudiese da&ntilde;ar a la religi&oacute;n </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o a la monarqu&iacute;a<Sup>18</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La discusi&oacute;n en torno al car&aacute;cter revolucionario de los sucesos espa&ntilde;oles nos ha sido &uacute;til para percibir que la otra discusi&oacute;n, respecto de la supuesta matriz hispana de las independencias hispanoamericanas, tuvo dos expresiones: la de concebir las independencias como producto de instituciones y doctrinas &ldquo;modernas&rdquo;, por una parte, o &ldquo;tradicionales&rdquo;, por otra. Y que mientras la primera sirvi&oacute; para apuntalar la tesis del origen revolucionario franc&eacute;s de la independencia, la segunda se utiliz&oacute; para sostener su matriz hispana. Pero el caso es que, aun doctrinas e instituciones consideradas hispanas por su car&aacute;cter tradicional pod&iacute;an tambi&eacute;n formar parte de un acervo europeo... La fuerte huella nacionalista que, a partir del Romanticismo, impregn&oacute; las historiograf&iacute;as de diversos pa&iacute;ses, ha distorsionado la visi&oacute;n de la historia cultural europea que supone la tesis hispanista. De alguna manera, no estar&iacute;a mal recordar, aunque s&oacute;lo en un sentido metaf&oacute;rico, aquellas iron&iacute;as del Padre Feij&oacute;o cuando, en su art&iacute;culo &ldquo;Antipat&iacute;a de franceses y espa&ntilde;oles&rdquo;, criticaba la opini&oacute;n de que exist&iacute;an grandes diferencias intelectuales, morales o f&iacute;sicas entre las diversas naciones y sosten&iacute;a que en lo substancial, esas diferencias eran imperceptibles<Sup>19 </Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por eso, en lugar de un enfoque enmarcado en la conformaci&oacute;n nacional de las doctrinas y tradiciones pol&iacute;ticas, es de preferir, respondiendo a la realidad de la vida intelectual europea, otro que atienda a los enmarques supranacionales, tales como las corrientes intelectuales que conectaban a autores de pa&iacute;ses distintos y asimismo los definidos por las distintas &oacute;rdenes religiosas cat&oacute;licas o por los diversos cultos protestantes, dada la trascendencia de lo que se ha llamado teolog&iacute;a pol&iacute;tica en los sucesos de la &eacute;poca. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En suma, deber&iacute;a confesar, para terminar, que mi intenci&oacute;n no ha sido m&aacute;s que sugerir un tema distinto que, por otra parte, no es demasiada novedad: la dimensi&oacute;n europea y norteamericana de las revoluciones hisp&aacute;nica e hispanoamericanas.</font></p >     <p   align="justify" >&nbsp;</p >     <p   align="justify" ><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>NOTAS</b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. V&eacute;ase &ldquo;Los conceptos de periodizaci&oacute;n en la primera mitad del siglo XIX y el concepto de feudalismo&rdquo;, en Jos&eacute; Carlos Chiaramonte,   Formas de sociedad y econom&iacute;a en Hispanoam&eacute;rica, M&eacute;xico, Grijalbo, 1983, pp. 21 y sigts.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2 Esteban Echeverr&iacute;a, Dogma socialista y otras p&aacute;ginas pol&iacute;ticas, Buenos Aires, Estrada, 1948, p. 144, nota.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 3 Bartolom&eacute; Hidalgo, &ldquo;Di&aacute;logo patri&oacute;tico Interesante&rdquo;, en Martiniano Leguizam&oacute;n, El primer poeta criollo del R&iacute;o de la Plata, 1788-1822, 2a. ed., Paran&aacute;, 1944, p. 76.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4 &ldquo;Mart&iacute;nez de Velasco, &Aacute;ngel, La formaci&oacute;n de la Junta Central, Pamplona, Universidad de Navarra, 1972, p. 83. La cita de Artola en pp. 93 y 82.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 5 Ib&iacute;d. pp.84-85.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 6 Ib&iacute;d., pp. 85 a 88. Notar la diferencia con el R&iacute;o de la Plata -pero no tanto con M&eacute;xico-, donde s&oacute;lo hay diputados por ciudades.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7 En cuanto a cabildos abiertos, un art&iacute;culo de la Gazeta recuerda en 1816 los cabildos abiertos en que se expres&oacute; &ldquo;la voluntad general&rdquo; desde el principio de &ldquo;nuestra gloriosa revoluci&oacute;n: 25 de mayo de 1810, 6 de abril de 1811, 23 de setiembre de 1812, 8 de octubre de 1813, 15 y 16 de abril de 1815. Gazeta de Buenos Ayres, &ldquo;Cuestiones importantes de estos d&iacute;as&rdquo;, 29 de junio de 1816, pp. 561 y sigts, y 5 de julio de 1816 (Gazeta extraordinaria), pp. (566) y sigts.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8 Domingo Faustino Sarmiento, Facundo, Buenos Aires, El Ateneo, 1952, p. 109; Manuel Gim&eacute;nez Fern&aacute;ndez, Las doctrinas populistas en la independencia de Hispanoam&eacute;rica, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, Sevilla, 1947; Guillermo Furlong, Nacimiento y desarrollo de la filosof&iacute;a en el R&iacute;o de la Plata, 1536-1810, Buenos Aires, Fundaci&oacute;n Vitoria y Su&aacute;rez, s. f.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 9 Jos&eacute; Luis Romero, Argentina, im&aacute;genes y perspectivas, Buenos Aires, Raigal, 1956, p. 90.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 10 V&eacute;ase, al respecto, Horst Pietschmann, &ldquo;El problema del &lsquo;nacionalismo&rsquo; en Espa&ntilde;a en la Edad Moderna. La resistencia de Castilla contra el Emperador Carlos V&rdquo;, Hispania, LII/1, n&ordf;. 180, 1992.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 11 Julio V. Gonz&aacute;lez, Filiaci&oacute;n hist&oacute;rica del gobierno representativo argentino, Buenos Aires, La Vanguardia, 1937. En cuanto a la interpretaci&oacute;n de Guerra, en la Introducci&oacute;n a Modernidad e independencias..., (&ldquo;Un proceso revolucionario &uacute;nico&rdquo;) desarrolla la tesis, similar a la de Julio V. Gonz&aacute;lez, de la unidad de la revoluci&oacute;n espa&ntilde;ola iniciada con la insurrecci&oacute;n antinapole&oacute;nica y las independencias hispanoamericanas. Fran&ccedil;ois-Xavier Guerra, Modernidad e independencias, Ensayos sobre las revoluciones hisp&aacute;nicas, M&eacute;xico, 2a. ed., FCE, 1993.</font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">12 J. V. Gonz&aacute;lez, op. cit., pp. 7 y 10.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13 Julio V. Gonz&aacute;lez, ob. cit., Libro 2; Ricardo Levene, La Revoluci&oacute;n de Mayo y Mariano Moreno, Tomo 2, Buenos Aires, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, 1920. V&eacute;ase un an&aacute;lisis de esos procesos electorales en Jos&eacute; Carlos Chiaramonte -con la colab. de Marcela Ternavasio y Fabi&aacute;n Herrero-, &ldquo;Vieja y nueva representaci&oacute;n: los procesos electorales en Buenos Aires, 1810-1820&rdquo;, en: Antonio Annino (comp.), Historia de las elecciones y de la formaci&oacute;n del espacio pol&iacute;tico nacional en Iberoam&eacute;rica, siglo XIX, Buenos Aires, FCE, 1995.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 14 Ib&iacute;d., p. 9.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">15 &ldquo;D. Felipe Arana, El S&iacute;ndico Procurador sobre que las elecciones de empleos concejiles y de rep&uacute;blica se hagan popularmente, y otras, Buenos Aires, abril de 1813&rdquo;; AGN, Sala IX, 20-2-3.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 16 Circular de la Sociedad Patri&oacute;tica, publicada en: Emilio Ravignani, &ldquo;Circular de la Sociedad patri&oacute;tico-literaria, despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n del 8 de octubre de 1812&rdquo;, Bolet&iacute;n del Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, I, t. 18, a&ntilde;o XIII, N&ordm;. 61-63, julio 1934-marzo 1935 -el texto de la circular entre pp. 376 y 377; Comunicaci&oacute;n al Cabildo de Tucum&aacute;n de su diputado a la Asamblea del a&ntilde;o XIII, Nicol&aacute;s Laguna, cit. en Ariosto D. Gonz&aacute;lez, Las primeras f&oacute;rmulas constitucionales en los pa&iacute;ses del Plata (1810-1813), Montevideo, Claudio Garc&iacute;a &amp; C&iacute;a., 1941; &ldquo;Manifiesto Apolog&eacute;tico de la Exma. Junta Gubernativa de la Capital de Buenos Aires a los Pueblos de su Confederaci&oacute;n&rdquo;, Archivo de Vicente Anastasio Echeverr&iacute;a, Instituto de Historia Argentina y Americana &ldquo;Dr. Emilio Ravignani&rdquo;, Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad de Buenos Aires. El contenido de este documento coincide con los expuestos por Francisco Bruno de Rivarola en un texto originalmente in&eacute;dito, publicado recientemente:(Francisco Bruno de Rivarola, Religi&oacute;n y fidelidad argentina (1809), Buenos Aires, Instituto de Investigaciones   de Historia del Derecho, 1983, por lo cual puede suponerse su autor&iacute;a.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 17 Yo mismo, en un trabajo de hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os, pese a reconocer el variado origen de los conceptos pol&iacute;ticos que afloraban   durante las independencias, reca&iacute;a en la limitada percepci&oacute;n de calificar de &ldquo;pautas pol&iacute;ticas de raigambre hispana&rdquo; a las vinculadas a la figura de la reasunci&oacute;n de la soberan&iacute;a. &ldquo;Modificaciones del pacto imperial&rdquo;, en Antonio Annino, Luis Castro Leiva, Fran&ccedil;ois Xavier Guerra, De los imperios a las naciones: Iberoam&eacute;rica, Zaragoza, IberCaja, 1994. Reeditado en: Antonio Annino y Fran&ccedil;ois-Xavier Guerra (coordinadores), Inventando la naci&oacute;n. Iberoam&eacute;rica siglo XIX, M&eacute;xico, FCE, 2003.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">18 Antonio Jara Andreu, Derecho natural y conflictos ideol&oacute;gicos en la universidad espa&ntilde;ola (1750-1850), Madrid, Instituto de Estudios Administrativos, 1977.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 19 Fray Benito Jer&oacute;nimo Feij&oacute;o y Montenegro, &ldquo;Antipat&iacute;a de franceses y espa&ntilde;oles&rdquo;, Obras escogidas, Biblioteca de Autores Espa&ntilde;oles, Madrid, 1863, p&aacute;g. 87.</font></p >     <p   align="justify" >&nbsp;</p >      ]]></body>
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