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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ARTICULO ORIGINAL</b> </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Independencia comparada: las Am&eacute;ricas del norte y del sur<Sup>*</Sup></b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>David Bushnell </b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">* Este texto es el cap&iacute;tulo 3 del libro Independence and Revolution in Spanish America: Perspectives and Problems, editado por Anthony Mc Farlene y Eduardo Posada-Carb&oacute; (London, Institute for Latin American Studies, 1999).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p> <hr align="JUSTIFY" size="1" noshade>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El concepto de una &#8220;historia com&uacute;n&#8221; de las Am&eacute;ricas, que goz&oacute; de un breve apogeo hace poco m&aacute;s de medio siglo<Sup>1</Sup>, est&aacute; hoy decididamente pasado de moda salvo en la ret&oacute;rica de eventos tales como el D&iacute;a Panamericano y ocasiones similares. Pero si alguna vez el hemisferio comparti&oacute; alguna experiencia hist&oacute;rica se podr&iacute;a argÃ¼ir razonablemente fue a fines del siglo XVIII y principios del XIX, cuando las colonias americanas una despu&eacute;s de otra empezaron a romper los lazos que las ligaban al poder europeo. Lo com&uacute;n de la experiencia resultaba absolutamente evidente para los que en aquella &eacute;poca aclamaban uno u otro de los varios &#8220;Washingtones del sur&#8221;, que activamente emulaban los acontecimientos gloriosos hechos de ese mismo &#8220;Bol&iacute;var (o San Mart&iacute;n) del norte&#8221;. No todos los contempor&aacute;neos, es cierto, admit&iacute;an la exactitud del paralelo y posteriormente la historiograf&iacute;a acept&oacute; la </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">presencia de numerosas diferencias. Sin embargo, pareciera que los distintos movimientos independentistas ten&iacute;an al menos algo en com&uacute;n para permitir alguna comparaci&oacute;n significativa por la cual la caracterizaci&oacute;n tanto de las diferencias como de las semejanzas servir&iacute;a para clarificar nuestra comprensi&oacute;n de todos ellos. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Para empezar, deber&iacute;amos observar que el impulso independentista no era de alcance hemisf&eacute;rico. No solamente hab&iacute;a, por todas partes, quienes apoyaban la continuidad del gobierno colonial, sino que en algunas colonias su causa tuvo &eacute;xito. El Canad&aacute; brit&aacute;nico no sigui&oacute; el ejemplo de sus vecinos del sur, y las espa&ntilde;olas Cuba y Puerto Rico se convirtieron en bases seguras para las acciones de las fuerzas realistas que operaban en el continente americano. En las Antillas francesas frecuentemente se sent&iacute;an los destellos de los hechos revolucionarios de Par&iacute;s, pero finalmente </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">s&oacute;lo Hait&iacute; logr&oacute; su independencia. Tampoco las Antillas brit&aacute;nicas (o las holandesas, danesas o suecas i.e. las Antillas suecas de San Barthelemy que reci&eacute;n en 1877 pasaron definitivamente al dominio franc&eacute;s) rompieron las ataduras con sus respectivas metr&oacute;polis, aunque fueron profundamente afectadas por los distintos movimientos independentistas. Canad&aacute; se convirti&oacute; en objetivo de los ej&eacute;rcitos revolucionarios desde el sur, y las peque&ntilde;as islas del Caribe sirvieron como puestos de abastecimiento tanto para patriotas como para realistas adem&aacute;s de haber dado figuras claves como Alexander Hamilton a la causa norteamericana y Luis Brion a la hispanoamericana. Desde un punto de vista comparado la no independencia de ciertas colonias sin duda ilumina lo que pas&oacute; en las otras y plantea interrogantes interesantes &#8211;por ejemplo Â¿qu&eacute; ten&iacute;an en com&uacute;n Canad&aacute; con Cuba o Puerto Rico con St. Kitts que las hizo quedar rezagadas?&#8211; pero este tipo de cuestiones est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; del alcance de este cap&iacute;tulo. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Lo que ten&iacute;an en com&uacute;n todas las colonias &#8211;a&uacute;n aquellas que en este momento no lograron su independencia&#8211; era un proceso de crecimiento social, econ&oacute;mico y cultural que cre&oacute;, en distintos grados, un sentido de identidad regional muy distinto del de la madre rio (como aquella de la que evidentemente gozaban las colonias inglesas) e hizo m&aacute;s f&aacute;cil aceptar la opci&oacute;n por la independencia cuando otras circunstancias la pusieron a su alcance. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Otro rasgo com&uacute;n, sin embargo de distinta intensidad, fue el impacto de todas esas corrientes de pensamiento social y pol&iacute;tico que convencionalmente se las adscribe a la influencia intelectual del Iluminismo. Por supuesto que a las colonias inglesas les importaba menos la EncyclopÃ¨die que los conceptos de Locke sobre los derechos individuales y el gobierno limitado, que absorb&iacute;an directamente de sus propias tradiciones y no a trav&eacute;s de los fil&oacute;sofos franceses, mientras que las autoridades intelectuales a quienes los reformistas y revolucionarios latinoamericanos apelaban eran predominantemente francesas. En el caso de la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola espec&iacute;ficamente hay una escuela de pensamiento que aten&uacute;a el Iluminismo a favor de la influencia residual del pensamiento Cat&oacute;lico Espa&ntilde;ol de la escuela de Francisco Su&aacute;rez. Sin embargo, el nombre de este &uacute;ltimo es una clara ausencia entre los autores citados por los publicistas de la era independentista, y es probable que los conceptos suarezianos de soberan&iacute;a popular y dem&aacute;s sirvieran como reforzamiento subconsciente a las nuevas ideas asociadas con las revopatria, o incluso un conjunto de inteluciones angloamericana y francesa<Sup>2 </Sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esos ejemplos revolucionarios eran de las pol&iacute;ticas imperiales. Tal desa-en s&iacute; mismos una forma de influenrrollo si bien no amenazaba la rela-cia pol&iacute;tica compartida &#8211;pese a que ci&oacute;n con la monarqu&iacute;a tradicional, sin los angloamericanos, que fueron los duda favorec&iacute;a el sentimiento de una primeros, simplemente se influyeron limitada autonom&iacute;a dentro del impe-unos a otros. En realidad, para los latinoamericanos, el hecho de que las colonias inglesas se hubieran liberado del yugo imperial era citado m&aacute;s frecuentemente como una justificaci&oacute;n de su propio esfuerzo para lograr lo mismo, que para referirse a los meros discursos de fil&oacute;sofos norteamericanos tales como Franklin y Jefferson. Aunque con una visi&oacute;n m&aacute;s amplia obviamente, se puede decir que los movimientos de independencia americanos fueron parte de un ciclo &#8220;Atl&aacute;ntico&#8221; mayor de revoluciones que empez&oacute; en Lexington-Concorde en 1775 y culmin&oacute; en Ayacucho en 1824, pasando incidentalmente por Par&iacute;s. Cu&aacute;nto en realidad ten&iacute;an en com&uacute;n estos movimientos, aparte del uso de la violencia y la ret&oacute;rica revolucionaria, es algo altamente debatible particularmente en lo que concierne a la influencia de la Revoluci&oacute;n Francesa, de la que muchos latinoamericanos ten&iacute;an el cuidado de distanciarse en sus discursos p&uacute;blicos. Evidentemente, en ciertos momentos y lugares los revolucionarios de Hispanoam&eacute;rica reaccionaban conscientemente contra la contaminaci&oacute;n de la Revoluci&oacute;n Francesa, que percib&iacute;an que se expand&iacute;a hacia ellos a trav&eacute;s de Espa&ntilde;a<Sup>3</Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Otro fen&oacute;meno de alcance atl&aacute;ntico, en el que sin querer participaron tanto la Am&eacute;rica del sur como la del norte, fue el intento de los poderes imperiales en el siglo dieciocho de ajustar el control sobre sus colonias americanas, sea a causa de la agenda del Despotismo Ilustrado o las necesidades provocadas por la rivalidad imperial. En la Am&eacute;rica inglesa, las medidas pertinentes fueron principalmente fiscales, tales como el famoso &#8220;impuesto al sello imperial&#8221; y los grav&aacute;menes sobre el t&eacute; decretados por el Parlamento en Londres para que los angloamericanos aporten m&aacute;s a la causa de la defensa imperial. En la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola tambi&eacute;n se fijaron nuevos impuestos, incluyendo la extensi&oacute;n del monopolio del tabaco a otros espacios coloniales y asimismo se ajust&oacute; el control administrativo a trav&eacute;s de mecanismos tales como el sistema de Intendencias, todos ellos resumidos en la continuamente citada referencia a una segunda conquista  de Hispanoam&eacute;rica de John Lynch<Sup>4</Sup>. Brasil sigui&oacute; un proceso semejante con las reformas pombalinas, Santo Domingo fue menos afectado, solo porque el gobierno metropolitano franc&eacute;s, en los a&ntilde;os que llevaron a 1789, estaba ocupado en otros temas. No quiero decir nada sobre CuraÃ§ao y la danesa St. Thomas. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   En las trece colonias inglesas que eventualmente se convirtieron en los Estados Unidos, fueron aquellas medidas fiscales las que desencadenaron y pusieron en movimiento toda la serie de eventos que llevaron a la revoluci&oacute;n. El problema, por supuesto, no era tanto la cantidad muy modesta de estos nuevos impuestos, sino el que la orden proviniera de un decreto del Parlamento brit&aacute;nico, en lugar de haber emanado de las asambleas coloniales que, por la constituci&oacute;n no escrita del Imperio Brit&aacute;nico, ten&iacute;an el exclusivo derecho de imponer contribuciones de los colonos. Existieron ciertas excepciones a esa regla, tal como los impuestos aduaneros, cuyo principal objetivo se consideraba no era tanto aumentar los ingresos sino regular el comercio dentro del imperio, algo que inclusive en Boston era considerado una funci&oacute;n leg&iacute;tima del Parlamento Brit&aacute;nico. En consecuencia, el gobierno brit&aacute;nico, al abandonar su desafortunado esfuerzo por imponer un impuesto al sello en 1765 </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">(i.e. el uso de papel sellado) en sus colonias americanas ante las violentas protestas de los colonos, asumi&oacute; que algunos nuevos grav&aacute;menes aduaneros &#8211;muy pronto revocados, excepto el del t&eacute;&#8211; ya no enfrentar&iacute;an esa resistencia. Sin embargo, calcul&oacute; mal, y la misma moderaci&oacute;n del gravamen al t&eacute; aument&oacute; la sensibilidad del resentimiento colonial, porque mostraba que el gobierno brit&aacute;nico ten&iacute;a realmente la intenci&oacute;n de recaudar ese dinero, en lugar de que pudiese ser evadido con el contrabando, lo que a su vez implicaba que el objetivo era, francamente, aumentar los ingresos del imperio. La Fiesta del T&eacute; de diciembre de 1773 en Boston result&oacute; provocadora y comprensiblemente dura y, en una nueva reacci&oacute;n descarriada de Londres en la forma de las llamadas &#8220;Leyes Intolerables&#8221;, que inclu&iacute;an desde el cierre del puerto de Boston hasta la restituci&oacute;n de una concesi&oacute;n de grandes privilegios a los odiados papistas del cercano Qu&eacute;bec. De aqu&iacute; en adelante, las cosas se deterioraron r&aacute;pidamente hasta el primer choque armado en Lexington y la declaraci&oacute;n de la total independenel dinero. A&uacute;n si todos los tan odiados impuestos hubieran sido pagados, esto habr&iacute;a tenido un impacto insignificante en el bienestar de los habitantes. El conflicto, entonces giraba principalmente en torno al tema del poder pol&iacute;tico, de la percepci&oacute;n de una amenaza a los derechos tradicionales de autogobierno &#8211;una amenaza que, si continuaba, podr&iacute;a llevar a futuros ataques m&aacute;s serios. Una vez que la amenaza fue exitosamente erradicada por la acci&oacute;n revolucionaria, aquellas antiguas libertades (que iban algo m&aacute;s all&aacute; que simplemente que el principio de &#8220;ning&uacute;n impuesto sin representaci&oacute;n&#8221;) fueron codificadas en constituciones estatales y nacional que, con la mera diferencia de estar escritas y de establecer una nueva uni&oacute;n federal, eran impresionantemente parecidas al sistema de gobierno del que previamente hab&iacute;an gozado las colonias bajo el holgado r&eacute;gimen del Parlamento Brit&aacute;nico y la Corona. Es, en este sentido, que la revoluci&oacute;n angloamericana fue esencialmente conservadora en sus objetivos pol&iacute;ticos, aunque siempre manteniendo las instituciones &#8220;liberales&#8221;. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A causa de la centralidad del tema del impuesto en todas partes, un testigo poco amistoso podr&iacute;a resumir los eventos que llevaron a la revoluci&oacute;n angloamericana como nada m&aacute;s que una batalla entre algunos evasores de impuestos y el Tesoro brit&aacute;nico. Sin embargo, las colonias que protestaban ten&iacute;an toda la raz&oacute;n al insistir en que estaba en juego mucho m&aacute;s que reacci&oacute;n que, en principio, no buscaba la separaci&oacute;n sino solamente un remedio ante agravios espec&iacute;ficos; pero tarde o temprano se transformar&iacute;a en una lucha por la independencia. El primer ejemplo ocurri&oacute; en Santo Domingo, como reacci&oacute;n al estallido de la Revoluci&oacute;n Francesa, donde los blancos, due&ntilde;os de plantaciones, buscaban evitar medidas a favor de los esclavos y libertos, y estos grupos ejerc&iacute;an presi&oacute;n para asegurarse que esas medidas se ejecutasen, y una vez ejecutadas no sean frustradas por la poblaci&oacute;n blanca de la Colonia. Los funcionarios enviados por Francia, r&aacute;pidamente perdieron control de la situaci&oacute;n y tambi&eacute;n los due&ntilde;os de plantaciones, pese a la intervenci&oacute;n de fuerzas esclavistas de poblados brit&aacute;nicos cercanos<Sup>5</Sup>. Toussaint l Ouverture, como l&iacute;der de los rebeldes ex-esclavos, estaba dispuesto a mantener la formalidad de la lealtad con Francia, particularmente porque las autoridades revolucionarias de Par&iacute;s estaban de acuerdo con la abolici&oacute;n de la esclavitud; pero finalmente, una nueva intransigencia metropolitana hizo inevitable la indiscutible independencia de Hait&iacute;. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   As&iacute; como a Napole&oacute;n se le debe imputar la culpa de haber impedido cualquier soluci&oacute;n aceptable para los haitianos, tambi&eacute;n es su responsabilidad o merece el reconocimiento por haber estimulado, sin darse cuenta, las revoluciones en la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola y portuguesa a trav&eacute;s de su avance para tomar el control de las respectivas metr&oacute;polis. En Brasil, el desenlace se retras&oacute; por la decisi&oacute;n de la corte portuguesa de refugiarse en R&iacute;o de Janeiro; las cosas solamente estallaron despu&eacute;s de que la corte volvi&oacute; a Lisboa y el Brasil se neg&oacute; a renunciar a la autonom&iacute;a de facto que hab&iacute;a adquirido mientras R&iacute;o fue la capital de todo el mundo portugu&eacute;s. Las colonias espa&ntilde;olas de la Am&eacute;rica del Sur, a excepci&oacute;n del Per&uacute;, tambi&eacute;n gozaron de una autonom&iacute;a de facto, (aunque algunas veces por muy corto tiempo) como resultado de la invasi&oacute;n francesa a la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, por el simple hecho de haber establecido sus propios gobiernos provisionales para que gobiernen a nombre del cautivo Fernando VII; y, en M&eacute;xico, Hidalgo al menos intent&oacute; hacer lo mismo. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Los sucesos en la Am&eacute;rica hispana no se dieron como la culminaci&oacute;n de una controversia p&uacute;blica creciente (como la de la Am&eacute;rica inglesa) sobre agravios coloniales, pero la seriedad y naturaleza de esos agravios se puede inferir de la velocidad con la que las distintas Juntas se establecieron en 1810 y adoptaron medidas para su correcci&oacute;n. Al abrir los puertos al comercio con poderes amistosos, mostraron su disconformidad con las anteriores restricciones del comercio imperial, incluso cuando eran modificadas por repetidas concesiones de excepciones especiales y la tolerancia al contrabando. Al nombrar en posiciones importantes a los oriundos y, de alguna manera ejercer una discriminaci&oacute;n revertida contra los peninsulares, respond&iacute;an a las demandas criollas respecto de la promoci&oacute;n burocr&aacute;tica. Al proscribir el comercio de esclavos, la Inquisici&oacute;n y el tributo ind&iacute;gena (este &uacute;ltimo simplemente sometiendo a los nativos americanos a todos los impuestos comunes en vez del tributo), las Juntas mostraban un cariz de iluminismo social y cultural. Y al instituir asambleas por elecci&oacute;n y a&uacute;n alguna forma rudimentaria de constituciones escritas, se atribu&iacute;an un aparato de representatividad de gobierno limitado en lugar del anacr&oacute;nico pseudo-absolutismo del antiguo r&eacute;gimen espa&ntilde;ol<Sup>6</Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   En todos los casos mencionados arriba, los nuevos gobiernos establecidos en la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola no hicieron nada (excepto la apertura de los puertos coloniales y la abolici&oacute;n del comercio de esclavos) que no hubiera sido hecho ya por los gobiernos retr&oacute;grados que resist&iacute;an, en Espa&ntilde;a, a la impuesta monarqu&iacute;a francesa de Jos&eacute; </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">I. Por cierto, el movimiento hacia un gobierno representativo fue lanzado desde un extremo de Espa&ntilde;a cuando la Junta Central de Sevilla invit&oacute; a las colonias americanas a elegir miembros para que formen parte de la misma; y uno de los logros m&aacute;s notables fue la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz de 1812 que convirti&oacute; a todo el imperio en una monarqu&iacute;a constitucional. Como lo ha demostrado Timothy Anna y otros, la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola fue c&aacute;lidamente acogida por muchos hispanoamericanos<Sup>7</Sup>, y una figura tal como Andr&eacute;s Bello &#8211;agente de los revolucionarios venezolanos en Inglaterra y el primero en abandonar la pretendida lealtad a Fernando VII&#8211; se resisti&oacute; persistentemente a abandonar la esperanza de conseguir un acuerdo entre Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica fundada en el constitucionalismo imperial<Sup>8</Sup>. Sin embargo, tal soluci&oacute;n no fue posible. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   La lucha de la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola fue la m&aacute;s larga (y excepto por Hait&iacute;) la m&aacute;s dura de las guerras de la independencia en las Am&eacute;ricas. La batalla decisiva se libr&oacute; en Ayacucho, quince a&ntilde;os despu&eacute;s de que se lanzaron los primeros disparos, sin embargo hubo choques espor&aacute;dicos y guerra de guerrillas durante algunos a&ntilde;os m&aacute;s, y las fortalezas de Callao y San Juan de Ul&uacute;a reci&eacute;n cayeron en 1826. Entre tanto, el conflicto quedaba marcado por medidas extremas tales como la declaraci&oacute;n de guerra a muerte de Bol&iacute;var a las ejecuciones masivas de los patriotas de Nueva Granada llevadas a cabo por orden de Morillo. En contraste, la Guerra de la Independencia de la Am&eacute;rica inglesa dur&oacute; solamente </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">y Nueva Granada, y todav&iacute;a m&aacute;s para otros pa&iacute;ses). Por otra parte, George Washington jam&aacute;s se vio apremiado a declarar una &#8220;Guerra a Muerte&#8221;. El &uacute;nico indicador de encarnizamiento en el que la lucha de Washington sobresale es en la proporci&oacute;n de poblaci&oacute;n colonial que termin&oacute; en el exilio: entre un dos y tres por ciento del total (y un porcentaje a&uacute;n mayor en la poblaci&oacute;n blanca), lo cual implica un &eacute;xodo significativamente m&aacute;s grande que el que causaron las revoluciones hispanoamericana o francesa<Sup>9</Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   La relativa accesibilidad de Canad&aacute; como puerto fue naturalmente un factor importante en este &uacute;ltimo aspecto. Hasta cierto punto, en la misma forma la corta duraci&oacute;n de la guerra en la Am&eacute;rica inglesa se debi&oacute; en no poca medida a la masiva ayuda extranjera que los revolucionarios recibieron &#8211;de Francia, Espa&ntilde;a y a&uacute;n Holandaâ€” lo que contrasta agudamente con la ausencia de alg&uacute;n poder extranjero que declarase la guerra a Espa&ntilde;a para aliarse con sus colonias rebeldes. Estas &uacute;ltimas recibieron cantidad de voluntarios y mercenarios para la lucha as&iacute; como armamento militar de comerciantes privados, pagando o tom&aacute;ndolas a cr&eacute;dito; pero esta ayuda no oficial no puede ser comparada de ninguna manera con el valor del ej&eacute;rcito regular franc&eacute;s que pele&oacute; junto a Washington en el centro de norte Am&eacute;rica o con los servicios de la flota francesa (previamente abastecidos en La Habana) que hicieron posible la victoria de Washington en Yorktown al impedir a los refuerzos brit&aacute;nicos llegar a la sitiada Lord Cornwallis. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Solo la revoluci&oacute;n de Hait&iacute; muestra un grado similar o mayor de internacionalizaci&oacute;n con Espa&ntilde;a, nuevamente y curiosamente alineada (por lo menos brevemente) con los revolucionarios contra un enemigo europeo. Pero, en este caso, las intervenciones extranjeras tendieron a cancelarse mutuamente y ciertamente fue poco lo que contribuyeron al resultado final. Tampoco hubo poderes extranjeros que intervinieran en la guerra de independencia del Brasil, cuya corta duraci&oacute;n se debi&oacute; m&aacute;s a la tremenda disparidad de recursos entre la colonia rebelde y la madre patria; aunque, claro, los buenos oficios de la diplomacia brit&aacute;nica, favorables a una r&aacute;pida soluci&oacute;n del conflicto entre un viejo cliente y un potencial nuevo, tuvieron al menos algo que ver con la pronta aceptaci&oacute;n de Portugal ante lo inevitable<Sup>10 </Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Para el estudio comparativo de las revoluciones, estos detalles militares y diplom&aacute;ticos sin duda son de menor inter&eacute;s que el contexto social; ambos referidos a las bases sociales de las fuerzas a, y al grado de cambios estructurales u otros que se produjeron. Y obviamente a la revoluci&oacute;n de Hait&iacute; ninguna otra se le acerca en lo que al significado social se refiere. Con peque&ntilde;as excepciones, la divisi&oacute;n de fuerzas fue absolutamente clara: los miserables esclavos rebeldes enfrentados contra blancos due&ntilde;os de plantaciones y petit blancs; la principal ambigÃ¼edad era el rol de los libertos de color, quienes ten&iacute;an sus propias quejas contra el orden pre-revolucionario, pero dudaban de hacer causa com&uacute;n con los esclavos, ante quienes se sent&iacute;an superiores. El resultado fue tambi&eacute;n absolutamente claro pues Hait&iacute; se convirti&oacute; en la primera naci&oacute;n del Nuevo Mun</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">do en abolir completamente la esclavitud y con ella (aunque contra los deseos de l&iacute;deres tales como Toussaint l Ouverture) el sistema mismo de plantaciones. Comparada con esta revuelta social, el hecho de independizarse de Francia aparece con una importancia casi incidental. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   En la Am&eacute;rica inglesa, los cambios pol&iacute;ticos y sociales parecen de una magnitud similar, sin embargo, en ning&uacute;n caso se alcanz&oacute; tan profunda transformaci&oacute;n como la que se experiment&oacute; en Hait&iacute;. La independencia pol&iacute;tica, como se ha se&ntilde;alado, solamente reafirm&oacute; y aument&oacute; la autonom&iacute;a de facto que exist&iacute;a antes de 1776. En cuanto al impacto social, una cuesti&oacute;n preliminar que necesita examinarse es si hab&iacute;a diferencias sociales significativas o de otro tipo entre los grupos que peleaban en cada uno de los bandos, los patriotas y los Tories, como convencionalmente se los llamaba. La impresi&oacute;n popular en los Estados Unidos es que los enemigos de la independencia eran esencialmente los brit&aacute;nicos y las tropas mercenarias alemanas que ellos hab&iacute;an contratado, pero hab&iacute;an realistas nativos de todos los grupos sociales, desde los esclavos negros hasta los terratenientes arist&oacute;cratas. La causa brit&aacute;nica claramente ten&iacute;a el apoyo de muchos indios no asimilados que viv&iacute;an m&aacute;s all&aacute; de asentamientos blancos en las vastas extensiones interior continental; no es sorprendente que vi&eacute;ndose forzados a elegir hayan preferido la mano distante de Londres a la de sus vecinos m&aacute;s inmediatos<Sup>11</Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Pero, dejando a un lado a los indios &#8211;cuya parte en el conflicto fue peque&ntilde;a&#8211; y, por el momento, tambi&eacute;n a los esclavos, en cuanto al origen social de las facciones enfrentadas es necesario hacer algunas distinciones entre las colonias del Norte y las del Sur. En el norte la crema de la crema de la oligarqu&iacute;a comercial tend&iacute;a a ser Torie, sea por un miedo instintivo al cambio, sea por sus &iacute;ntimas relaciones con los intereses comerciales brit&aacute;nicos o a&uacute;n por un factor religioso, puesto que eran predominantemente anglicanos, miembros de la iglesia oficial de la madre patria en oposici&oacute;n a las sectas protestantes disidentes que estaban en su mayor&iacute;a, en todas las colonias de Pennsilvania hacia el Norte. Pero si la cresta de la pir&aacute;mide social en el Norte era realista, los grupos intermedios, tanto mercantiles como profesionales, junto con el clero puritano y una pluralidad del resto de la poblaci&oacute;n &#8211; mayormente granjeros y artesanos &#8211; eran patriotas. Digo pluralidad, porque ninguno de los bandos gozaba de una mayor&iacute;a absoluta de apoyo y un n&uacute;mero indeterminado </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">de gente evitaba comprometerse con las fronteras de los asentamientos </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">blancos efectivos. Sea que los natiuna u otra causa<Sup>12 </Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Jefferson y otros menos conocidos que, como los Bol&iacute;var en Venezuela, asumieron el liderazgo de la causa patriota. Como personas que controlaban los &oacute;rganos gubernamentales existentes buscaban salvaguardar su posici&oacute;n contra la interferencia metropolitana; como exportadores agr&iacute;colas vieron una oportunidad para librarse de las regulaciones comerciales del imperio, que no es que significaran una gran desventaja, pero s&iacute; una molestia. Los m&aacute;s importantes comerciantes de las ciudades portuarias del sur tambi&eacute;n se inclinaban hacia la causa patriota, pero naturalmente hab&iacute;a excepciones, y una buena cantidad de peque&ntilde;os propietarios de los condados del interior que se las ve&iacute;an muy duras eligieron &#8211;como muchos de los mismos indios cuyas tierras ellos estaban usurpando&#8211; identificarse con el distante Jorge III y no con los grandes due&ntilde;os de plantaciones que controlaban los gobiernos locales o con los comerciantes a quienes les deb&iacute;an dinero. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El otro grupo grande de poblaci&oacute;n, por lo menos en el sur, era el de los esclavos, que en su mayor&iacute;a segu&iacute;a labrando la tierra o realizando tareas urbanas y dom&eacute;sticas igual que lo hac&iacute;an antes de que se iniciara el conflicto. En la historiograf&iacute;a de los Estados Unidos este hecho parece tan natural e inevitable que no es objeto de ning&uacute;n comentario. Desde una perspectiva hemisf&eacute;rica, en cambio, el fracaso de ambos bandos en utilizar la fuerza de los esclavos con fines militares, como Boves lo hizo contra Bol&iacute;var o San Mart&iacute;n al cruzar los Andes, es m&aacute;s impresionante. Hubo intentos dispersos de servicio militar de </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">los esclavos y negros libertos, y el &uacute;ltimo gobernador brit&aacute;nico de Virginia hizo brevemente del reclutamiento de esclavos una parte importante de su estrategia. Sin embargo, el intento fue r&aacute;pidamente abandonado como contraproducente: el apoyo de los due&ntilde;os de esclavos era m&aacute;s importante que la ayuda de los esclavos<Sup>13 </Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Aparte del estatus marginal de los esclavos y del papel predominantemente pro-brit&aacute;nico, pero tambi&eacute;n, del rol marginal, de los pueblos indios aut&oacute;nomos, es dif&iacute;cil encontrar patrones consistentes de alineaci&oacute;n social en la Guerra de la Independencia angloamericana. Lo que se podr&iacute;a decir a grosso modo de una regi&oacute;n no ser&iacute;a necesariamente aplicable a otra, y adem&aacute;s, las distancias entre estratos sociales eran menos pronunciadas que en otras partes del mundo occidental en esa &eacute;poca. Se recuerda, en relaci&oacute;n a este punto, la tremenda sorpresa de Francisco de Miranda, cuando viajaba por la costa nor atl&aacute;ntica en esa &eacute;poca, al observar la camarader&iacute;a entre los empleadores y los empleados (blancos).<Sup>14 </Sup>Esta era una sociedad sin obispos o nobleza portadora de t&iacute;tulos, y si hab&iacute;a una gran diferencia entre los niveles de confort material entre un due&ntilde;o de plantaci&oacute;n en Carolina del Sur y un hombre de la frontera de Pennsylvania, al menos ambos pose&iacute;an tierras. En las colonias inglesas de Norte Am&eacute;rica virtualmente todos los miembros de la poblaci&oacute;n blanca pose&iacute;an tierras </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o pod&iacute;an esperar razonablemente convertirse en propietarios, traslad&aacute;ndose a la frontera si era necesario. Una situaci&oacute;n parecida exist&iacute;a en cuanto al nivel de la educaci&oacute;n popular, habiendo alcanzado Nueva Inglaterra una al</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">fabetizaci&oacute;n casi universal y las otras colonias superando los niveles europeos. Todav&iacute;a m&aacute;s, la sociedad en su totalidad se adscrib&iacute;a a los valores del sentido com&uacute;n pr&aacute;ctico, del trabajar duro y de la acumulaci&oacute;n, valores tan elocuentemente elogiados en los escritos de Benjamin Franklin. De la misma manera que, as&iacute; como Tulio Halper&iacute;n habla de la Argentina como una naci&oacute;n &#8220;nacida liberal&#8221;,<Sup>15 </Sup>se puede describir a los Estados Unidos como una naci&oacute;n &#8220;nacida burguesa&#8221;. No es que todos eran estrictamente burgueses en tanto funci&oacute;n econ&oacute;mica pues a&uacute;n la aristocracia de las plantaciones del sur, pese a practicar una agricultura comercial de exportaci&oacute;n, hac&iacute;a uso de un sistema de trabajo precapitalista. Pero el esp&iacute;ritu de la sociedad en su conjunto era burgu&eacute;s, y el conflicto entre Tories y Patriotas puede describirse simplemente como una guerra civil entre estratos de la burgues&iacute;a misma. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Pero Â¿ese conflicto produjo alg&uacute;n cambio significativo en la sociedad norteamericana? Con seguridad que lo hizo, de acuerdo con una escuela de pensamiento bien ejemplificada por el trabajo de Gordon Wood, The Radicalism of the American Revolution<Sup>16 </Sup>. La tesis de Wood es que la sociedad prerevolucionaria estaba controlada por oligarqu&iacute;as terratenientes y comerciales y que lo que se consigui&oacute; con el conflicto fue un verdadero orden democr&aacute;tico por primera vez. En efecto, los sectores populares y los granjeros y artesanos independientes que pelearon en los ej&eacute;rcitos revolucionarios y apoyaron la causa de muchas otras maneras tomaron literalmente la ret&oacute;rica igualitaria de la Declaraci&oacute;n de la Independencia y exigieron tener una voz significativa en el proceso pol&iacute;tico. Uno de los resultados fue la mayor extensi&oacute;n del sufragio, a medida que un estado tras otro disminu&iacute;a las restricciones para otorgar el derecho al voto (bastante expandido a&uacute;n antes de la revoluci&oacute;n a causa de la amplia distribuci&oacute;n de la propiedad de la tierra) y/o consiguieron o se acercaron al ideal del voto universal masculino &#8211;referido, particularmente, a hombres blancos, puesto que los negros libertos no siempre obten&iacute;an ese privilegio<Sup>17 </Sup>. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Otro resultado fue la serie de medidas para eliminar caracter&iacute;sticas del r&eacute;gimen colonial tales como iglesias establecidas (Anglicana en el sur y Puritana en el norte) y la ley de la primogenitura en aquellos lugares donde hab&iacute;a existido. Se dio tambi&eacute;n el inicio de la abolici&oacute;n de la esclavitud; sea durante </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o poco despu&eacute;s de concluida la guerra ciertos estados terminaron con tal instituci&oacute;n o adoptaron el principio del libre nacimiento, que posteriormente ser&iacute;a ampliamente usado en la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola. Como era de esperar, los estados abolicionistas fueron aquellos con muy poca poblaci&oacute;n de esclavos, como Massachussets; los estados del nacimiento libre fueron aquellos como Nueva Jersey, donde la esclavitud era lo suficientemente importante para </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">los intereses de los due&ntilde;os de esclavos para tener peso en la pol&iacute;tica del Estado. Donde no se hizo absolutamente nada con la esclavitud fue, por supuesto, en los estados del sur donde &eacute;sta ten&iacute;a un papel vital para la econom&iacute;a &#8211;pero debe hacerse notar que la misma Constituci&oacute;n Federal de 1789 fij&oacute; una fecha para terminar con el comercio </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">de esclavos<Sup>18</Sup>. Se pueden citar muchas otras reformas democr&aacute;ticas o &#8220;radicales&#8221; al menos para la &eacute;poca y las disgustadas oligarqu&iacute;as naturalmente hubieran apuntado a las caracter&iacute;sticas demag&oacute;gicas de la onda fiscal y a otras de pol&iacute;tica estatal en los a&ntilde;os inmediatos despu&eacute;s de la guerra. La creaci&oacute;n en 1789 de un gobierno federal fuerte supon&iacute;a que al menos podr&iacute;a controlar esos excesos. Sea como fuere, las consecuencias sociales y econ&oacute;micas de la Revoluci&oacute;n Angloamericana, aunque reales, no pueden compararse con los de las revoluciones francesa o haitiana que iban a seguir, ni tampoco con las grandes revoluciones del siglo veinte. Precisamente a causa de esa relativa igualdad social (entre varones blancos) y el ethos predominantemente burgu&eacute;s existente antes de la revoluci&oacute;n, los cambios sociales no representaron una ruptura seria con el pasado, pero igual que los cambios pol&iacute;ticos fueron mayormente de grado. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   En Hispanoam&eacute;rica el contexto social era m&aacute;s complicado. En cuanto al alineamiento de las fuerzas, se puede decir con seguridad que los comerciantes importadores-exportadores &#8211;a excepci&oacute;n de los representantes de las casas comerciales de C&aacute;diz- en su mayor&iacute;a apoyaban el movimiento independentista. As&iacute; tambi&eacute;n lo hicieron los terratenientes cuya producci&oacute;n estaba destinada a mercados extranjeros, como en Venezuela o en el R&iacute;o de la Plata y, tambi&eacute;n los abogados y funcionarios que serv&iacute;an a estos grupos. Es debatible hasta qu&eacute; punto estos sectores pueden ser calificados como &#8220;burgueses&#8221;, pero al menos se puede aplicar la etiqueta a su objetivo final de ampliar y profundizar las conexiones con el mercado del Atl&aacute;ntico norte. Sin embargo, ellos no podr&iacute;an haber ganado la batalla sin el apoyo de los propagandistas clericales, los terratenientes que no eran agro-exportadores (particularmente en colonias como Nueva Granada donde el comercio exportador era limitado), y los miembros de las clases populares que serv&iacute;an como carne de ca&ntilde;&oacute;n. El clero, podemos asegurar, parece haberse alineado en ambos bandos, en la misma forma que los seglares de or&iacute;genes sociales y regionales semejantes. En cuanto a los hacendados no exportadores, por su funci&oacute;n econ&oacute;mica no ten&iacute;an motivos para abrazar los ideales de independencia; pero esto no significa que siempre apoyaban a los realistas. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Las mismas clases populares, naturalmente, tambi&eacute;n eran captadas por los enemigos de la revoluci&oacute;n y a menudo con gran &eacute;xito. Aunque la preferencia real de los nativos americanos en las colonias espa&ntilde;olas, indudablemente era mantenerse al margen y dejar que criollos y peninsulares luchen entre ellos, parece que cuando ten&iacute;an que participar, con mayor frecuencia, apoyaban a los realistas, tanto porque una gran parte de las &aacute;reas con mucha poblaci&oacute;n ind&iacute;gena (e.g. Per&uacute;) estaban controladas la mayor parte del tiempo por los espa&ntilde;oles, como por alguna raz&oacute;n semejante a la que llev&oacute; a los iroqueses de Norte Am&eacute;rica a preferir espont&aacute;neamente a los brit&aacute;nicos. El &eacute;xito de los realistas no regulares en reclutar esclavos y pardos libertos contra la Segunda Rep&uacute;blica Venezolana es bastante conocido, aunque no tanto como el ejemplo de quitarle apoyo a Hidalgo entre las masas del M&eacute;xico central. Pero, como lo demuestran esos casos contrastantes, no hay una </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">f&oacute;rmula que pueda relacionar el origen social con el alineamiento patriota/realista para la Am&eacute;rica hispana en su totalidad. Despu&eacute;s de todo, a&uacute;n en Cuba los intereses terratenientes y de comercio agro-exportador eran s&oacute;lidamente pro-espa&ntilde;oles. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Con frecuencia se arguye que la alianza necesaria de los revolucionarios burgueses o proto-burgueses revolucionarios con sectores clericales y de terratenientes m&aacute;s tradicionales conden&oacute; a la independencia de la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola a convertirse en una &#8220;revoluci&oacute;n incompleta&#8221; &#8211;que logr&oacute; una gran apertura al comercio mundial pero fracas&oacute; en eliminar los privilegios corporativos atrincherados y otros rasgos del r&eacute;gimen colonial que se convirtieron en obst&aacute;culos para el desarrollo capitalista<Sup>19</Sup>. O, para ser m&aacute;s precisos, se empez&oacute; a intentar eliminar esos obst&aacute;culos, aunque los principales avances reci&eacute;n llegaron a mediados del siglo. Entre los pasos tomados durante </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o inmediatamente despu&eacute;s de la lucha armada est&aacute;n medidas tales como la abolici&oacute;n de mayorazgos casi en todas partes; igual en todas partes se inici&oacute; la abolici&oacute;n de la esclavitud; la sustituci&oacute;n de requisitos econ&oacute;micos por los &eacute;tnicos como condici&oacute;n para el acceso a la participaci&oacute;n pol&iacute;tica y a las profesiones m&aacute;s prestigiosas; y se emitieron una serie de decretos para la conversi&oacute;n de las tierras comunitarias ind&iacute;genas en propiedad privada. Estas &uacute;ltimas, hay que admitirlo, quedar&iacute;an en la mayor&iacute;a de las instancias como letra tinoamericano es sorprendentemente similar al de los Estados Unidos: donde la esclavitud era insignificante, como en Chile, se la aboli&oacute; inmediatamente; donde ten&iacute;a moderada importancia,</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> o la ten&iacute;a s&oacute;lo en algunas provincias, como en la Gran Colombia, se adopt&oacute; la v&iacute;a de los vientres libres; donde ten&iacute;a un papel central en la econom&iacute;a, como en la Cuba hispana, no pas&oacute; absolutamente nada. Tampoco pas&oacute; nada en el Brasil imperial, donde la existencia de la esclavitud a escala masiva le dio a la sociedad un tinte m&aacute;s conservador que en cualquiera otra de las nuevas rep&uacute;blicas &#8211;sin embargo se aceptaron otras innovaciones tales como la tolerancia religiosa. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   En el caso de la esclavitud, los decretos de manumisi&oacute;n probablemente tuvieron menos efecto en apresurar la desaparici&oacute;n de la instituci&oacute;n en la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola independiente que los efectos de la lucha militar misma, con el reclutamiento de esclavos para el servicio en los ej&eacute;rcitos de ambos lados, quienes ya no pod&iacute;an retornar a la esclavitud, y adem&aacute;s las muchas oportunidades que el tiempo de guerra brindaba para escapar. De manera m&aacute;s o menos semejante, el servicio militar brind&oacute; oportunidades de ascenso social a muchos hombres libres de origen social humilde o intermedio, mientras que los pr&eacute;stamos forzosos y las confiscaciones de bienes significaron un modo de descenso social para otros, particularmente realistas. El exilio voluntario o involuntario de </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">muerta por muchas d&eacute;cadas, y tampo-los derrotados abri&oacute; nuevas oportunico esto ayudaba mucho a un pardo a dades para empresarios locales y otros ser aceptado en una universidad, si ni reci&eacute;n llegados de otras partes. Todas siquiera sab&iacute;a leer. En cuanto a lo con-estas instancias de movilidad social: cerniente a la esclavitud, el modelo la-ascenso y descenso (o de inclusi&oacute;n, </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">exclusi&oacute;n) no necesariamente hizo mucha diferencia en la estructura social total, puesto que los movimientos en una direcci&oacute;n compensaban aquellos que se daban en la direcci&oacute;n inversa. No obstante, no fue del todo as&iacute;, puesto que la sociedad que emergi&oacute; de la lucha independentista fue ligeramente m&aacute;s abierta que su predecesora colonial, y no solamente por la adopci&oacute;n de algunas reformas como la eliminaci&oacute;n de los mayorazgos o por las repercusiones sociales de la lucha militar misma. Las formas de gobierno representativa y constitucional que se adoptaron &#8211;m&aacute;s novedosas en Am&eacute;rica Latina que en la Am&eacute;rica inglesa&#8211; por s&iacute; mismas expandieron las oportunidades para el empleo de los sectores medios. La &eacute;lite burocr&aacute;tica de fines de la colonia no pod&iacute;a llenar todos los puestos creados, y como resultado, ambiciosos reci&eacute;n llegados de lejanas regiones y de sectores sociales marginales eran admitidos a compartir el poder<Sup>20</Sup>. Esto resultaba muy diferente a la ampliaci&oacute;n de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica que se dio despu&eacute;s con la realizaci&oacute;n m&aacute;s o menos regular de elecciones populares. Casi en todas partes, el sufragio era m&aacute;s restringido que en los Estados Unidos; sin embargo, las elecciones eran probablemente m&aacute;s significativas en la totalidad del proceso pol&iacute;tico que lo que se hab&iacute;a podido imaginar de manera convencional. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Lo que no cambi&oacute;, aun as&iacute;, fue que las nuevas rep&uacute;blicas (y la nueva monarqu&iacute;a de Brasil) quedaban en &uacute;ltima instancia controladas por una relativamente peque&ntilde;a clase alta con intereses ligados a la agro-exportaci&oacute;n o, seg&uacute;n la regi&oacute;n, a grandes propiedades de tierra m&aacute;s tradicionales. Esta clase alta no era tan peque&ntilde;a como lo hab&iacute;a sido antes, pero como efecto del hecho pol&iacute;tico de la independencia recayeron en sus manos ciertas funciones de toma de decisiones y administraci&oacute;n que previamente correspond&iacute;an a una monarqu&iacute;a distante y a sus agentes coloniales. Este logro, sin duda importaba m&aacute;s que la necesidad de compartir el poder con otra gente del lugar. En una perspectiva comparada, se podr&iacute;a todav&iacute;a argÃ¼ir que la direcci&oacute;n del cambio social en la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola &#8211;y tambi&eacute;n el de la portuguesa, aunque el Brasil de alguna manera ha sido descuidado en esta parte de la discusi&oacute;n&#8211; era comparable a la de la Am&eacute;rica inglesa, e inclusive se puede decir que el grado del cambio era comparable. La principal diferencia est&aacute; en el punto de partida, tanto pol&iacute;tica como socialmente las colonias inglesas estaban mucho m&aacute;s cerca de alcanzar las metas del liberalismo burgu&eacute;s que las espa&ntilde;olas. Para las primeras, la Guerra de la Independencia en un &uacute;ltimo an&aacute;lisis trajo m&aacute;s de lo mismo; para Am&eacute;rica Latina lo que trajo fue algo diferente, pero todav&iacute;a mezclado con mucho de lo mismo. </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1 Para una compilaci&oacute;n de textos sobre el tema v&eacute;ase Lewis Hanke (ed), Do the Americans Have a Common History?: A Critique of the Bolton Theory (New York, 1964).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2 Para ver un ejemplo de las autoridades citadas: David Bushnell, &#8220;El modelo angloamericano en la prensa de la emancipaci&oacute;n:   una aproximaci&oacute;n cuantitativa de su impacto&#8221; ap&eacute;ndice a Javier Ocampo L&oacute;pez, La independencia de los Estados   Unidos de Am&eacute;rica y su proyecci&oacute;n en Hispanoam&eacute;rica. El modelo norteamericano y su repercusi&oacute;n en la independencia de Colombia. Un estudio a trav&eacute;s de la folleter&iacute;a de la independencia de Colombia (Caracas, 1979).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3 Ver, por ejemplo, de Manfred Kossok, &#8220;La imagen de Robespierre en Latinoam&eacute;rica (1789-1825)&#8221; en: La revoluci&oacute;n en la historia de Am&eacute;rica Latina: Estudios Comparativos (Havana, 1989), pp. 209-218.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4 John Lynch, The Spanish American Revolutions 1808-1826 (New York, 1973), p. 7 y la nota 5, p. 349, donde generosamente   atribuye el concepto a David Brading.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5 No solamente los fracasos brit&aacute;nicos sino tambi&eacute;n los otros aparecen expuestos l&uacute;cidamente en David Patrick Geggus, Slavery, War and Revolution: The British Occupation of Saint Domingue 1793-1798. (Oxford, 1982).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 6 Para el caso de la Argentina, v&eacute;ase David Bushnell, Reform and reaction in the Platine Provinces, 1810-1852. (Gainesville,   Fla, 1980), Cap&iacute;tulo 1, que incluye referencias a paralelos liberales espaÃ±oles.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7 Fue &#8220;saludada... con entusiasmo&#8221; como dice Anna de los criollos de Ciudad de M&eacute;xico. Ver Timothy Anna, The Fall of the   Royal Government in Mexico City (Lincoln, Nebraska, 1978), p. 108. En la Antigua capital de la Florida espaÃ±ola, San Agust&iacute;n,   todav&iacute;a hay una Plaza de la Constituci&oacute;n y un Monumento a la Constituci&oacute;n en honor no a la Constituci&oacute;n de Filadelfia, sino a la de C&aacute;diz.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  8 Antonio Cussen, Bello and Bolivar: poetry and Politics in the Spanish American Revolution (Cambridge, 1992).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">9 Robert McCluen Calhoun, The Loyalists in Revolutionary America (1760-1781). (New York, 1965), p. 501.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  10 Neil Macaulay, Dom Pedro: The Struggle for Liberty in Brazil and Portugal, 1798-1834 (Durham, N.C., 1986) pp. 181-5.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">11 Respecto a los indios ver Barbara Graymont, The Iroquois in the American Revolution (Syracuse, N.Y, 1972) y James ODonnell, Southern Indians in the American Revolution (Knoxville, Tenn, 1973).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  12 Robert Middlekauf, The Glorious Cause: The American Revolution 1763-1789 (New York, 1982) pp. 549-55 da una visi&oacute;n   panor&aacute;mica de los realistas, estimando que eran m&aacute;s o menos cerca de un quinto de los colonizadores.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13 Middlekauf, Glorious Cause, pp. 556-7.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 14 William S. Robertson (ed.) The Diary of Francisco de Miranda: Tour of the United States 1783-1784. (New York, 1928), e.g.,   pp. 82-3.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13 Middlekauf, Glorious Cause, pp. 556-7.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  14 William S. Robertson (ed.) The Diary of Francisco de Miranda: Tour of the United States 1783-1784. (New York, 1928), e.g.,   pp. 82-3.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">15 Tulio Halper&iacute;nDonghi, &#8220;Argentine: Liberalism in a Country Born Liberal&#8221;, en Joseph L.Love and Nils Jacobsen (eds), Guiding the Invisible Hand: Economic Liberalism an the State in Latin America (New York, 1988), pp. 99-116.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 16 Gordon Wood, The Radicalism of the American Revolution (New York, 1992).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 17 Chilton Williamson, American Suffrage: From Property to Democracy. 1760-1860, (Princeton, 1960), Cap&iacute;tulos 6 y 7.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">18 William M. Wiecek, The Sources of Antislavery Constitutionalism in America. 1760-184 8. (Ithaca, N.Y., 1977).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">19 Ver, por ejemplo, Kossok, La revoluci&oacute;n en la historia de Am&eacute;rica Latina, pp.139-40 y passim.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">20 Para el caso de Nueva Granada espec&iacute;ficamente, ver la disertaci&oacute;n altamente sugestiva de V&iacute;ctor Manuel Uribe Dur&aacute;n, &#8220;Rebellion   of the Young Mandarins: Lawyers, Political Parties and the State in Colombia, 1780-1850&#8221;, Unpublished PhD thesis, University of Pittsburgh, 1993.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
</article>
