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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ARTICULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La revoluci&oacute;n de la Intendencia de La Paz<Sup><FONT size="+1">* </Sup> </b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p   align="center" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Manuel Mar&iacute;a Pinto </b></font></p >     <p   align="center" >&nbsp;</p >     <p   align="center" >&nbsp;</p > <hr size="1">     <p   align="center" >&nbsp;</p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>XI </b></font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></B>Muy de ligero hemos de tocar los asuntos de &eacute;sta que llam&oacute; D. Gabriel Ren&eacute; Moreno la primera revoluci&oacute;n en la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola, porque la sumariedad del objeto veda prolijidades del puro dominio de la cr&oacute;nica. No es posible, asimismo, pasar en silencio el temperamento esencialmente republicano del Partido de Yungas y particularmente de su capital, la noble Villa de San Bartolom&eacute; de Chulumani, suerte de cabo y remate de las expediciones al Dorado. Esta portentosamente rica villa hab&iacute;a venido a ser el natural refugio de esas almas del siglo XV que tuvieron por norte la aventura. Era partido tan levantisco e independiente como Potos&iacute; en la &eacute;poca de los Vicu&ntilde;as y su refinada tradici&oacute;n no cede a cualesquiera de las otras ciudades coloniales, mucho m&aacute;s si era obligado pongo o paso de las entradas al Paitit&iacute; y ya notable en &eacute;poca indigenal. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La retirada de los <I>Hancoallu</I></B><I>s </I>a los Yungas meridionales, como consecuencia del concierto de Paucaray, no tuvo, seguramente, por objeto la independencia, para esto les bastaba entrar, como sus aliados <I>chankas, </I>en la confederaci&oacute;n: pero tan ostensible era el postulado pol&iacute;tico de &eacute;sta que suscit&oacute; la suspicacia ind&iacute;gena y con ella el convencimiento de una perpetua anarqu&iacute;a: entonces, <B>&iquest;</B>cu&aacute;l mejor regi&oacute;n que la meridional del Collasuyu confinante con los Carabayas cuya conquista hab&iacute;an asistido? All&iacute;, pues, se establecieron difundi&eacute;ndose hasta los Yungas de Cochabamba donde les hall&oacute; Alonso de Alvarado; donde tambi&eacute;n les hall&oacute; Juan P&eacute;rez de Guevara, en su jornada de Rupa-Rupa, que relacion&oacute; en Mocomoco, donde le alcanzaron los <I>pucaranis	</I>de su encomienda; visitados m&aacute;s tarde por Diego Alem&aacute;n que pereci&oacute; con sus compa&ntilde;eros, a excepci&oacute;n de Francisco de Arroyo y	Juan de Fr&iacute;as. Ciertamente tales fueron las riquezas de este Paitit&iacute;, dependiente de Kopakawa, que no sabi&eacute;ndole ubicar le reputan por Florida mitol&oacute;gica. Seg&uacute;n el memorial de Juan de Alvarado, natural de Cochabamba, este repartimiento era del Cacique Guam&aacute;n, que cuando la rebeli&oacute;n de Mango-Inga fue con 1500 indios desde Cochabamba hasta Cajamarquilla, prendi&oacute; a Cayotopa y a los que con &eacute;ste ven&iacute;an, mandando quemar en Cochabamba hasta 30. Este partido, pues, fue centro de la resistencia alto-peruana durante la magna lucha de veinte a&ntilde;os (1805-1825), y como fue el Dorado para la colonia fue la palestra de la independencia.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">* 	Reproducimos aqu&iacute; los cap&iacute;tulos 11 y 12 del libro <I>La	revoluci&oacute;n	de	la	Intendencia	de	La	Paz</I>, escrita por el poeta e historiador pace&ntilde;o Manuel Mar&iacute;a Pinto en 1909 con motivo del primer centenario de la revoluci&oacute;n de 1809. Hemos suprimido las varias notas que remiten a los Ap&eacute;ndices documentales que Pinto a&ntilde;adi&oacute; a su investigaci&oacute;n original. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Desde la revoluci&oacute;n de 1781 ya hab&iacute;a prevalecido este poderoso partido, obligando a la fuga a los europeos. D. Jos&eacute; Ram&oacute;n de Loayza, que comandaba las fuerzas, teniendo a D. Pedro Domingo Murillo por teniente, primero, y capit&aacute;n despu&eacute;s, tuvo que retirarse desde Irupana hasta Cochabamba convoyando las familias europeas y librando cada d&iacute;a encarnizados combates, pues las huestes mestizo-ind&iacute;genas le hab&iacute;an cerrado el paso a la Paz y le ten&iacute;an sitiado por hambre. En esta penosa jornada destac&oacute;se la figura del futuro caudillo, y el informe de su Comandante es harto significativo, no solamente del valor y pericia del patriota que abandonaba mujer e hijos en cumplimiento del deber militar sino tambi&eacute;n de la futura inteligencia de </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">D. Jos&eacute; Ram&oacute;n de Loayza con el conm&iacute;lite. Por esta misma &eacute;poca y hasta principios del siglo XIX, los frayles del Convento de Nuestra Se&ntilde;ora de los &Aacute;ngeles, del orden de S. Francisco, procuraban el engrandecimiento de su naci&oacute;n de Mosetenes, hasta que el P. Marti obtuvo la real licencia para fundarla, llevando de esta manera la palabra del Evangelio hasta los afluentes occidentales del Madre de Dios y procurando al rico partido de Yungas esta salida al Atl&aacute;ntico. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este centro revolucionario no se paraba a mitad del camino: era radical en sus ideales republicanos. Apenas tuvo conocimiento, y algo tarde por ocultaci&oacute;n del Subdelegado D. Crist&oacute;bal Garc&iacute;a, del movimiento del 16 y de la reconcentraci&oacute;n en el Cabildo de la suprema autoridad, cuando, sin disfrazar su pensamiento e invocando lealmente la independencia absoluta, se dirige al comisionado exponiendo sus intereses y objetivos de ineludible cumplimiento: suspensi&oacute;n del cacicazgo y creaci&oacute;n de Cabildo propio con ofrecimiento de recaudaci&oacute;n gratuita de los tributos. Este memorial, dislocado de forma pero en&eacute;rgico en el fondo, es quiz&aacute; el documento capital de su programa revolucionario. Debe advertirse que este partido ten&iacute;a dos motivos principales para anhelar la absoluta independencia: la necesidad de un gobierno inmediato para la administraci&oacute;n de pronta y ejecutiva justicia, por la multiplicidad de las contenciones que su rica vida econ&oacute;mica suscitaba; y el localismo que no se aven&iacute;a ni consent&iacute;a que Irupana, inferior a Chulumani y aun a Coroico, tuviera alcalde y no le tuviera la capital del partido. Fuera de estas razones ambientes militaba tambi&eacute;n el engre&iacute;do esp&iacute;ritu yungue&ntilde;o, que, solicitado como caja inagotable, no se aven&iacute;a con el r&eacute;gimen de perpetua minoridad a que estaba sometido, cuando sus inagotables riquezas y el desarrollo intelectual de sus habitantes, en su mayor&iacute;a criollos y de la buena cepa de los ilustres conquistadores, pugnaba por cierta preponderancia que en justicia se merec&iacute;a y por la que todav&iacute;a lucha con la tezonera alma de sus progenitores </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La revoluci&oacute;n confi&oacute; a D. Manuel Victorio Garc&iacute;a Lanza la comandancia general de este partido, y el m&aacute;rtir de las juntas no encontr&oacute; tropiezos en su gesti&oacute;n, antes, contagiado por el esp&iacute;ritu de la falange platense que desacreditaba la rep&uacute;blica como un sue&ntilde;o de imposible realizaci&oacute;n, quiso moderar los impulsos de las aguerridas huestes relajando as&iacute; la cohesi&oacute;n y disciplina de las mismas. No es culpa del diputado a Charcas haber llegado tarde y enfermo de desconfianza a un centro revolucionario cuyo programa no admit&iacute;a disfraces ni atenuaciones de lealismos reputados por ap&eacute;ndices rid&iacute;culos. P&eacute;rdida y grande fue no haber aceptado llanamente la bandera del rico y poderoso partido, y el error pol&iacute;tico trad&uacute;jose, m&aacute;s tarde, en las sangrientas rotas de Irupana. Asimismo, la virilidad de sus habitantes y la porf&iacute;a en la persecuci&oacute;n de sus ideales hizo concebir al caudillo y a la falange an&aacute;rquica de ultima hora, la retirada a ese centro de resistencia, sino favorable para el triunfo amurallado naturalmente contra las sorpresas, es decir apto para la lucha de guerrillas por los accidentes del terreno; pensamiento que adoptar&iacute;a m&aacute;s tarde el hermano menor del actual caudillo Lanza. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tampoco debemos pasar en silencio cada uno de los matices del pensamiento revolucionario: de otra suerte no ser&iacute;a posible la cabal inteligencia de sucesos en apariencia contradictorios. Como tenemos dicho, hab&iacute;a evidente disparidad entre los revolucionarios de principios del siglo y los elementos adventicios atra&iacute;dos por la grande rep&uacute;blica como terreno &uacute;nico para el progreso de las ideas de independencia y total o parcial autonom&iacute;a de la Colonia. Los nativos exig&iacute;an simplemente la implantaci&oacute;n de las rep&uacute;blicas municipales, sin perjuicio de un anfictionado americano de comunas libres, pol&iacute;tica y econ&oacute;micamente; los sectarios de Buenos Aires y de Tucum&aacute;n, educandos de C&oacute;rdoba, Charcas, el Cuzco o Lima, no repugnaban en principio el sistema mon&aacute;rquico, eso s&iacute; pretend&iacute;an uno propio que alejara esa nube de intermediarios que, perturbando el juego de los resortes de la autoridad, hac&iacute;an odiosa la administraci&oacute;n de la Corona, por las medidas que en beneficio propio, aun cuando en nombre de la regia autoridad, prodigaban a diario, en desmedro de cada inter&eacute;s local. Estos elementos adventicios, inorg&aacute;nicos por fuerza de su idiosincracia, reconoc&iacute;an como jefe al tucumano D. D. Antonino Medina, y<I>, </I>bajo simples esperanzas que nunca ten&iacute;an ejecuci&oacute;n, aconsejaban la resistencia y	promet&iacute;an adherencias que jam&aacute;s se obtuvieron: fil&oacute;sofos divagantes entre los m&eacute;danos que el hurac&aacute;n revolucionario mov&iacute;a y empujaba hasta su final destino, fueron, antes que coadyuvantes, elementos entorpecedores de la marcha directa hacia la independencia. El pensamiento aut&oacute;nomo se bifurc&oacute; tambi&eacute;n en dos distintos matices: los francos y radicales localistas, que no admit&iacute;an el injerto de ideas extra&ntilde;as y nocivas de su ideal organizado ya en la lucha de los que llam&oacute; quince a&ntilde;os Goyeneche; los elementos moderados, que persegu&iacute;an con igual tenacidad la independencia local, pero que con la prudencia que rige las justas y cabales aspiraciones, no comulgaban con los radicales ni mucho menos con los allegadizos. Finalmente el elemento an&aacute;rquico, solidarizado con la revoluci&oacute;n por coincidencia de apetitos m&aacute;s bien que por comprensi&oacute;n de los altos objetivos que se persegu&iacute;an, elemento advenedizo de reclutas ambulantes, suerte de microbios sociales que el fatalismo de toda alteraci&oacute;n atrae generalmente como epidemias precursoras de cat&aacute;strofe. Los doctores Juan Basilio Catacora Heredia y Gregorio Garc&iacute;a Lanza, el preceptor de latinidad D. Buenaventura Bueno, el meritorio alguacil D. Mariano Graneros, y D. Melchor Xim&eacute;nez, eran radicales pronunciados; el Comandante general, el Alcalde Provincial y el Cabildo eran n&uacute;cleo del elemento moderado; y el cuociente de energ&iacute;a, es decir, el elemento an&aacute;rquico, no ten&iacute;a a&uacute;n cabeza visible, porque era un conglomerado latente pero no todav&iacute;a pronunciado. El mismo elemento moderado se subdivid&iacute;a en dos tendencias virtualmente contrarias: los pacifistas, que apadrinaban Yanguas en el Cabildo e Indaburu en el Ej&eacute;rcito, y los obstinados, que dirig&iacute;a D. Jos&eacute; Ram&oacute;n de Loayza en el Cabildo y D. Pedro Domingo Murillo en el Ej&eacute;rcito. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La Revoluci&oacute;n ven&iacute;a pues al mundo con el estigma de sus facciones. Solidarizados, moderados y radicales, desde el principio, asistieron a la escisi&oacute;n del primer elemento. D. Juan Pedro Indaburu y el alcalde Yanguas propend&iacute;an a su propio engrandecimiento, pero eran resistidos por todos los dem&aacute;s componentes de esa cantidad heterog&eacute;nea imposible de reducir a un com&uacute;n denominador. Triunf&oacute; el partido moderado de Loayza con el otorgamiento de la comandancia general a D. Pedro Domingo Murillo y postergaci&oacute;n del engre&iacute;do Indaburu, que en el primitivo plan hab&iacute;a sido designado como Comandante General de toda la provincia y por ende con autoridad superior al comandante de la plaza. Pero este hecho fue s&iacute;ntoma de un pronunciado dislocamiento que inhibir&iacute;a los factores y abrir&iacute;a el campo a la anarqu&iacute;a. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El primer choque, o, si se quiere, la primera desinteligencia tuvo lugar con motivo de la causa a instruirse al ex gobernador y obispo dimitentes. Concurrieron radicales y moderados yanguistas, aqu&eacute;llos para exteriorizar los vicios de las autoridades, &eacute;stos para complacer a los radicales que hab&iacute;an renegado o sospechaban de la intemperancia y autoritarismo de Indaburu; concurri&oacute; tambi&eacute;n el elemento adventicio para significar el carlotinismo de las autoridades depuestas y, por consiguiente, para poner antifaz de fernandinos a los revolucionarios de julio. El hecho era completamente in&uacute;til una vez que se hab&iacute;a obtenido la renuncia de ambas autoridades, y tambi&eacute;n, hasta cierto punto, desleal con D&aacute;vila que, am&eacute;n su codicia, hab&iacute;a siempre cerrado los ojos o socapado ostensiblemente la revoluci&oacute;n. El prelado se humill&oacute; in&uacute;tilmente solicitando una conferencia al Cabildo en t&eacute;rminos que exteriorizaban su absoluta sumisi&oacute;n: el partido yang&uuml;ista, que aspiraba a recobrar su preponderancia, cerr&oacute; el camino a toda inteligencia y se procedi&oacute; a la publicaci&oacute;n, por pregones, de la causa. Parecer&iacute;a que tan liviano asunto no tuvo importancia alguna y sin embargo fue &eacute;ste uno de los m&aacute;s graves cap&iacute;tulos de cargo al tiempo de la liquidaci&oacute;n; porque tambi&eacute;n, en la referida causa, se puso de manifiesto la complicidad de Goyeneche. D. Pedro Domingo Murillo tuvo que ceder para no comprometer la revoluci&oacute;n, pero el inflexible Alcalde provincial no s&oacute;lo hizo oportunas y muy en&eacute;rgicas representaciones, sino que manifest&oacute; en pleno Cabildo &ldquo;que antes se dejar&iacute;a cortar las manos que suscribir el auto que ordenaba la instrucci&oacute;n de la causa&rdquo;. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La bifurcaci&oacute;n del Cabildo tuvo todav&iacute;a mayor significado al tiempo de la aprobaci&oacute;n del Plan: &eacute;ste era el programa de los moderados loayzistas, que desde fines del anterior siglo ven&iacute;an conspirando por el propio gobierno con absoluta independencia de la pen&iacute;nsula. Era tambi&eacute;n programa de los disidentes, que con Indaburu se hab&iacute;an adherido desde antes del 30 de marzo, porque, como ya tenemos dicho, Yanguas e Indaburu no fueron extra&ntilde;os al pronunciamiento del Jueves Santo. Pero el plan conten&iacute;a el nombramiento o confirmaci&oacute;n de Murillo en el cargo de Comandante General: mal de su grado, tuvo que concurrir Yanguas al Cabildo abierto en que se aprob&oacute; el Plan, ya que hubiera preferido retirarse cuando se trasladaban de la Sala Capitular a las casas pretoriales, &ldquo;a donde para su mayor seguridad y extensi&oacute;n se retir&oacute; el Ayuntamiento&rdquo; de los solos tres cabildantes: Yanguas, Loayza y Bustamante, que fueron tambi&eacute;n los &uacute;nicos que aprobaron en todos los art&iacute;culos que conten&iacute;a el programa de 1805. Notable es la deserci&oacute;n del Cabildo al tiempo de aprobar el m&aacute;s alto de los documentos revolucionarios: &uacute;nico en los fastos de la independencia hasta m&aacute;s all&aacute; del Congreso del Tucum&aacute;n, y esta deserci&oacute;n s&oacute;lo se explica si se tiene en cuenta que la implantaci&oacute;n del mismo fue contraria al yanguismo solidarizado, en esos momentos, con radicales y adventicios, en la causa contra D&aacute;vila y La Santa.<Sup>1</Sup></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los elementos anodinos o revolucionarios tibios que segu&iacute;an el programa yang&uuml;ista hicieron liga con D. Antonino Medina y segu&iacute;an sus inspiraciones. Bajo de &eacute;stas se verific&oacute; el supuesto Cabildo abierto del 19 de Julio, propiciado por el D. D. Joaqu&iacute;n de la Riva y conducente a disfrazar la revoluci&oacute;n. Este Cabildo abierto era de afiliados yang&uuml;istas que sellaban su programa de alianza con el cap&iacute;tulo de la defensa a Fernando VII y acusaban a los pretendidos o reales carlotinos: pero el Cabildo por toda resoluci&oacute;n mand&oacute; que los diputados del pueblo hicieran sus pedidos en orden para consultar el m&aacute;s pronto y expedito despacho. Los mismos yang&uuml;istas, siempre al acecho de popularidad, provocaron el destierro del ex comandante general D. Diego Quint Fern&aacute;ndez D&aacute;vila, so pretexto de que conspiraba contra la causa revolucionaria. La facci&oacute;n hab&iacute;a tambi&eacute;n trabajado las milicias acuarteladas, y as&iacute; D. Pedro Domingo Murillo ten&iacute;a que dirigirse al Cabildo, al d&iacute;a siguiente, manifestando que las tropas no eran todas de su confianza y que hab&iacute;an tomado con cierto entusiasmo la causa que defend&iacute;a neg&aacute;ndose a recibir la suma destinada a propinas y pidiendo que el derame se hiciera al pueblo, pues las milicias s&oacute;lo aceptar&iacute;an al prest que les correspondiera. En esta misma nota el Comandante General, con cierto tono de amenaza, manifiesta que las tropas no encontraban razonables las juntas subrepticias que se realizaban en el Palacio y que las tales no hac&iacute;an sino perturbar la tranquilidad p&uacute;blica. Esto equival&iacute;a a prevenir a los yang&uuml;istas y sus aliados que las fuerzas de la plaza vigilaban y sab&iacute;an a qu&eacute; atenerse. El Cabildo decret&oacute; el correspondiente auto, que se public&oacute; por bando, vedando que se hicieran suposiciones o se diera asenso a manifestaciones capciosas tendientes a perturbar el sosiego p&uacute;lico y la confianza que se deb&iacute;a tener al juramento de lealtad prestado por los europeos en reciprocidad a la uni&oacute;n que los americanos promet&iacute;an. Felizmente inspirada la advertencia del Comandante de la plaza, moder&oacute; la reacci&oacute;n an&aacute;rquica que se insinuaba, y el proceso revolucionario pudo esperar otra fortuna si fuera m&aacute;s homog&eacute;neo y esas aspiraciones alborotadas por la independencia hubieran hallado su conjunci&oacute;n de finalidad. No hubo &eacute;sta en los hombres que encarnaban el sentimiento p&uacute;blico; tales como robles centenarios perdidos en las vegetaciones lujuriantes de una selva pr&oacute;diga, cerr&aacute;ndose rec&iacute;procamente el espacio indispensable para su desarrollo, se ahogaron marchitando sus energ&iacute;as. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La historia de esta primera y grande revoluci&oacute;n, oscurecida por el juego no siempre bien definido de sus facciones, dific&uacute;ltase por la confusi&oacute;n adrede provocada en los voluminosos procesos. Alguien, con escaso criterio jur&iacute;dico, ha pensado motejar a D. Bartolom&eacute; Mitre cuando observ&oacute; que los m&aacute;rtires hab&iacute;an sido victimados sin forma ni figura de juicio, queriendo presentar como tales juicios el mont&oacute;n de expedientes as&iacute; llamados y que s&oacute;lo demuestran que las v&iacute;ctimas, se&ntilde;aladas de antemano, estuvieron inhabilitadas para la defensa por el procedimiento inusitado que obstru&iacute;a toda clase de pruebas o no dejaba que se produjeran, como ocurri&oacute;, entre varias otras, con el reconocimiento de la carta-oficio de Vercolme que compromet&iacute;a, a Ja&eacute;n, su palabra de honor y la de Goyeneche, asegur&aacute;ndole que no ser&iacute;a molestado. Para los que piensan que hacinar papel y procurarse un fedatario de la talla de D. Jos&eacute; Genaro Ch&aacute;ves de Pe&ntilde;alosa, es suficiente para presentar el simulacro de una causa, naturalmente nadie negar&aacute; que la hubo, pero para aquellos que creemos que la vida humana merece otros respetos y estamos habituados a conceptuar los resortes legales como suprema garant&iacute;a de la convivencia humana, no hubo forma ni figura de juicio, y basta se&ntilde;alar el hecho de que el 21 de enero principiaron a correr los seis d&iacute;as de la prueba de plenario, cuya pr&oacute;rroga se deneg&oacute;; el 27 del mismo enero se pronuncia la inicua sentencia y el 29 se la ejecuta, sin que mediara el tiempo suficiente para estampar o caligrafiar el centenar de declaraciones y certificados, y mucho menos para motivar un fallo de antemano pronunciado, como se puede certificar con el oficio de Goyeneche que indica las v&iacute;ctimas indispensables y la pregunta 3a. del interrogatorio fiscal del 23 de diciembre. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>XII</b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una vez que hubieron prestado los espa&ntilde;oles el juramento de fidelidad a los americanos y mientras se cumplimentaba, por Sag&aacute;rnaga y Monroy, la recolecci&oacute;n de armas conforme a lo prevenido por el bando, se decret&oacute; (18 de julio) el registro de la casa y de la hacienda de Cebollullo, de propiedad del europeo D. Jorge Ballivi&aacute;n. &Eacute;ste y su hermano Ram&oacute;n ejercitaban el comercio de empe&ntilde;os, y de esta guisa, sea por la natural malquerencia que este g&eacute;nero de negocios provoca o porque dispusieran de las Cajas Reales para el menguado ajetreo, hab&iacute;an suscitado en su contra la odiosidad p&uacute;blica, y en la noche del 16 grandes y poderosos esfuerzos tuvo que hacer D. Mariano Graneros para impedir que, por represalia, incendiara el pueblo las casas de usura. El registro obedec&iacute;a a la presunci&oacute;n de que la referida hacienda de Cebollullo era cuartel y parque de los europeos, y no debieron ser tan vagas e infundadas las sospechas de los revolucionarios cuando los desertores, que fugaron a Cochabamba, refieren que en Cebollullo se fund&iacute;an ca&ntilde;ones. Comisionado para la requisa D. Antonio Lecaros, despach&oacute; su comisi&oacute;n con inusitada rapidez informando con resultado negativo, al propio tiempo que D. Jorge Ballivi&aacute;n se dirig&iacute;a al Cabildo, suplicatoriamente, haciendo saber que hab&iacute;a permitido la requisa y cumplimentado al requisante. Sea corno fuere, el hecho es que los referidos Ballivi&aacute;n discretamente desaparecieron y s&oacute;lo al tiempo del proceso ocurri&oacute; D. Jorge, con sus empleados, a declarar en favor de Graneros. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por esta fecha ya el activo Comandante, secundado eficazmente por Indaburu, Arroyo y Manuel Coss&iacute;o, contaba con 1200 hombres perfectamente armados. Continuando, como la circunstancia exig&iacute;a, el enrolamiento de voluntarios, a fines del mismo julio el ej&eacute;rcito de la patria, o de la &ldquo;reuni&oacute;n nacional&rdquo;, contaba mas de 3000 hombres. El cuadro que publicamos en el Ap&eacute;ndice, por primera vez completo, teniendo en cuenta que las compa&ntilde;&iacute;as no bajaban de 80 plazas, da una idea de las fuerzas militares que pod&iacute;a oponer la revoluci&oacute;n. El Cabildo, celoso guardi&aacute;n de la econom&iacute;a nacional, quiso moderar los gastos militares limitando el n&uacute;mero de compa&ntilde;&iacute;as, pero el pueblo irrumpi&oacute; en la Sala Capitular y exigi&oacute; el alistamiento general, en el Acuerdo y Cabildo abierto del 19 de julio. EI entusiasmo p&uacute;blico no conoc&iacute;a l&iacute;mites y todas las clases sociales, gremios e individuos de todas las profesiones y empleos, concurrieron a defensa, comprando algunos sus plazas con donativos respetables, como D. Vicente Medina y el Capit&aacute;n de la Sala de Armas. Los adolescentes estudiosos acudieron tambi&eacute;n solicitando plazas de cadetes y con habilitaci&oacute;n de oficiales, como Manuel Herrera, Ponferrada, Prado, lturralde, Rodr&iacute;guez, Murillo, Manuel Pacheco, Gonz&aacute;les y los abanderados Francisco y Crist&oacute;bal Pacheco. Adoctrinaba las milicias, como m&aacute;s inteligente en la materia, el Sargento Mayor D. Juan Bautista Sag&aacute;rnaga, subteniente que hab&iacute;a sido de milicias disciplinadas, abogado de la Audiencia de Charcas y regidor perpetuo de la Ciudad. D. Juan Pedro Indaburu atend&iacute;a el parque e intendencia militar, cuidando de la fabricaci&oacute;n de los ca&ntilde;ones, p&oacute;lvora, chispas y otros art&iacute;culos indispensables, para lo que utilizaba a Arroyo y Monterrey. Por fin lleg&oacute; momento en que hab&iacute;an 9 compa&ntilde;&iacute;as de infanter&iacute;a, 2 de caballer&iacute;a, 2 de artiller&iacute;a, 8 compa&ntilde;&iacute;as urbanas, fuera de las de empleados, pardos, morenos y otras provinciales cuyos contingentes eran superiores por el n&uacute;mero de ind&iacute;genas, como resulta de la referencia del Protector de naturales de Pacajes, D. Eugenio Romero, seg&uacute;n el cual ten&iacute;a en su partido 1.400 espa&ntilde;oles y 16.000 indios dispuestos para defender la patria. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La hacienda de la Intendencia estaba suficientemente provista de fondos y la saludable medida de retener el numerario, dictaminada por el Plan de Gobierno, hizo que la Caja Real estuviera suficientemente provista as&iacute; de moneda del <I>real r</I>ostro (a estilo de tabeli&oacute;n), como de barras de plata, despu&eacute;s de las ingentes erogaciones, y as&iacute; todav&iacute;a pudo entregarse a Xim&eacute;nez, el 18 de octubre, $ 23.500, cuando ya hab&iacute;a fracasado completamente la revoluci&oacute;n. Ninguna de las secciones de la Colonia pod&iacute;a contar con los elementos que contaba La Paz y para el convencimiento basta compulsar las cifras de los alcances y mantenimiento de milicias (1) con el informe que el tesorero <I>y </I>contador de Charcas, D. Manuel Delmado y D. Feliciano del Corte, respectivamente, elevaron a Nieto, y con el dato que suministra el historiador Mitre, relativamente al estado de la hacienda del Virreynato y el d&eacute;ficit de su presupuesto ordinario en 1810, para darse cuenta del poder y riqueza de La Paz. Mientras Chuquisaca gastaba, a duras penas, alrededor de 29.000 $ y Buenos Aires necesitaba 200.000 $ para cubrir su d&eacute;ficit, La Paz, sin grandes esfuerzos, pod&iacute;a gastar una suma igual a esta &uacute;ltima, el tucumano Medina ped&iacute;a a las concepcionistas otra igual cantidad para evitar las extorsiones del bando an&aacute;rquico, y con la circunstancia de que las subdelegaciones ten&iacute;an retenidos sus caudales, como ocurr&iacute;a con la de Sicasica, donde D. Hermenegildo de la Pe&ntilde;a, primo hermano de D. Antonino Medina, tuvo que entregar a la fuerza alrededor de 17.000 $ al alcalde D. Jos&eacute; Ram&oacute;n de Loayza, que los remiti&oacute; al Virrey Cisneros. Debe advertirse que para la &eacute;poca las decenas de millares significaban econ&oacute;micamente como los millones de nuestros d&iacute;as. Es todav&iacute;a de notar que el presupuesto charquino cubri&oacute; los gastos desde el 28 de mayo hasta el 22 de diciembre de 1809, mientras que el de La Paz s&oacute;lo abarca desde el 17 de julio hasta el 25 de octubre del mismo a&ntilde;o 1809, es decir, la mitad del tiempo de aqu&eacute;l. Sin estrecheces econ&oacute;micas y en un ambiente de moralidad que el mismo cuadro de gastos atestigua, la poderosa Intendencia pod&iacute;a cifrar cabales esperanzas de triunfo, si no envenenara esa saludable atm&oacute;sfera el elemento advenedizo. La segunda quincena de julio y primera de agosto era la valerosa ciudad como un enorme arsenal donde a porf&iacute;a se adoctrinaban los habitantes, se fund&iacute;an c&aacute;nones, se fabricaba p&oacute;lvora y balas, se constru&iacute;an lanzas, piafaban las caballer&iacute;as en los festivos ejercicios del arma, y no se o&iacute;an sino los marciales tambores y clarines solicitando a los esforzados &aacute;nimos al cumplimiento del supremo deber que reclama la patria. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Aprobado el Plan e inaugurado el nuevo sistema de gobierno, antes se hab&iacute;a procurado satisfacer una aspiraci&oacute;n econ&oacute;mica y el doctor Don Joaqu&iacute;n de la Riva, con motivos puramente personales para el juicio del analista, redact&oacute; la solicitud de condonaci&oacute;n de las deudas en t&eacute;rminos que despiertan la sospecha de las nuevas teor&iacute;as administrativas, cuando se insist&iacute;a en la significaci&oacute;n del valor pasivo del deudor al fisco y de la pesada herencia que reataba, a tan lamentable extorsi&oacute;n, el esfuerzo de la familia, cegando los est&iacute;mulos humanos que alimentan la m&aacute;quina productora por excelencia que es el hombre. Un detalle que nos refiere D. Manuel Josef Coss&iacute;o, en su declaraci&oacute;n preventiva, explica el entusiasmo popular. En prenda de las deudas al fisco guardaba la Real Caja copia de alhajas que representaban santos recuerdos de familia: la devoluci&oacute;n de esas preciosas y suspiradas prendas movi&oacute; el entusiasmo p&uacute;blico. El Cabildo prest&oacute; su acuerdo a la solicitud popular. Cierto es que no se incineraron la totalidad de los documentos y que, por ardid de Casellas, Vargas, Mariano Talavera y otros, se reservaron la mayor parte si no todos los justificativos y todos los Libros Reales, existiendo tambi&eacute;n en Buenos Aires los comprobantes, de manera que m&aacute;s fue simulacro complaciente que efectiva remisi&oacute;n que acord&oacute; el Cabildo. Para comprobar acabadamente que no se verific&oacute; el acuerdo basta confutar las siguientes fechas: la solicitud fue presentada y proveida el 20 de julio y la incineraci&oacute;n tuvo lugar en igual fecha, y el 8 de agosto pr&oacute;ximo, D. Tom&aacute;s Domingo de Orrantia comunica al Cabildo haber recogido todos los expedientes relativos. El escribano D. Mariano del Prado nos hace saber: &ldquo;que llev&oacute; expedientes y Registros a la Sala del Cabildo, de donde, despu&eacute;s que se desocup&oacute; a poco la gente, pudo escapar los Registros y ninguno entr&oacute; a la quema&rdquo;. Podr&iacute;amos informar el acerto con otras varias y respetables declaraciones, pero basta al efecto la del honrado fedatario. Aun cuando no tuvo lugar la incineraci&oacute;n, el Cabildo mantuvo honradamente su proveido durante el periodo de su gobierno y as&iacute;, a t&iacute;tulo de compensaci&oacute;n, ordenaba al Cacique de Calamarca procurara proveer plomo y salitre, habilitaba las casas del O&iacute;dor Medina y de Crespo para recinto de la Junta y cuartel respectivamente, por haber sido beneficiadas las sucesiones de los tales con la remisi&oacute;n de las deudas; y como resultaba que la medida era m&aacute;s en provecho de los ricos que de los verdaderamente necesitados, D. Buenaventura Bueno, en su calidad de miembro del departamento de hacienda, significaba a la Junta la necesidad de insinuar los beneficiarios de la condonaci&oacute;n que practicaran donativos para la defensa de la patria en la medida de su beneficio. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La raza ind&iacute;gena no fue tampoco olvidada. Los art&iacute;culos de su comercio denominados <I>efectos de	la tierra </I>y que no eran otros que los art&iacute;culos de primera necesidad, fueron exonerados del pago de sisa y alcabala, incrementando con esta saludable medida el comercio interior. A este mismo efecto solicit&oacute; la Junta se dirigiera comunicaci&oacute;n a todas las Intendencias insinu&aacute;ndoles no paralizaran el comercio con el mercado de La Paz. Comerciante e industrial por excelencia, esta poblaci&oacute;n cuidaba m&aacute;s de la tranquilidad p&uacute;blica y de la confianza mercantil, siendo cada uno de sus habitantes celoso vigilador del orden, porque cifraba su prosperidad en su propia riqueza y en el juego de sus valores en el mercado, salvaguardando aqu&eacute;lla y propiciando &eacute;ste a base de tranquilidad; y sin que su objetivo revolucionario, absoluto y por ende econ&oacute;mico, impidiera la consecuci&oacute;n de tan nobles aspiraciones. No hay una sola palabra ni testigo, por menguado que sea, que no pare la atenci&oacute;n en el desarrollo circunspecto y a todas luces honrado, en el respeto por la vida y la propiedad, en la normal y sana tarea de ese pueblo movido a un solo impulso revolucionario pero con una bandera limpia como sus ideales<Sup>2</Sup>. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La revoluci&oacute;n abrigaba fundadas zozobras mientras los nuevos subdelegados no se hicieran cargo del gobierno de cada uno de los partidos, porque la enorme densidad de los mismos, con poblaci&oacute;n en su mayor parte ind&iacute;gena pero aguerrida, solicitaba cuidados inmediatos y directos. El primero de los sobresaltos ocurri&oacute; con motivo del rumor de una presunta invasi&oacute;n de ind&iacute;genas concentrados en Guarina: de donde la prisi&oacute;n de los subdelegados Arze y Ramos, verificando la de este &uacute;ltimo D. Juan Pedro Indaburu, en el inmediato pueblo de Achocalla, a altas horas de la noche del 23 de julio. Con este motivo se apresuraron las comunicaciones y viajes de los nuevos subdelegados, quedando cesantes con los dos antes nombrados: D. Crist&oacute;bal Garc&iacute;a, D. Juan Francisco Ribero y D. Idelfonso Ramos Mex&iacute;a, que lo eran de Yungas, Larecaja y Pacajes respectivamente. Obedeciendo a iguales sugestiones pidi&oacute; la Junta que se intervinieran las correspondencias de Prelado y Gobernador dimitentes, y tal medida, con el benepl&aacute;cito de los damnificados, evidenci&oacute; los da&ntilde;ados prop&oacute;sitos del obispo y las medidas que hab&iacute;a tomado D&aacute;vila para ausentarse, y juntamente la orden del virrey Liniers, retenida sin motivo por el ex gobernador, conducente a dejar sin efecto el monopolio de tabacos, para desarraigar el contrabando que a la sombra del dicho monopolio prosperaba. Contra&iacute;do el Cabildo a inducir en el p&uacute;blico tranquilidad y confianza, dict&oacute; autos que mand&oacute; publicar por bando, recomendando la uni&oacute;n y buena armon&iacute;a, el alumbrado, la prohibici&oacute;n de juntas secretas, la clausura de los locales de expendio de bebidas, las murmuraciones sediciosas y otras medidas de igual estilo que podr&aacute;n contemplarse en los relativos Bandos. Al mismo efecto y a incitaci&oacute;n del Cabildo, el eclesi&aacute;stico orden&oacute; que comparecieran en la capital todos los curas europeos bajo pena de suspensi&oacute;n. El cura de S. Sebasti&aacute;n, D. Francisco Isaura, y su ayudante, don Francisco Rodr&iacute;guez, que se hab&iacute;an permitido licencias de tarabilla, fueron depuestos a solicitud del pueblo. En el mismo orden de prevenci&oacute;n orden&oacute; el Cabildo que ning&uacute;n habitante abandonara la ciudad sin correspondiente pasaporte otorgado por la Comandancia general. </font></p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos temores p&uacute;blicos trascendieron a las milicias, donde los elementos yang&uuml;istas procuraban soliviantar opiniones, y con este motivo Murillo se dirig&iacute;a al Cabildo en estos t&eacute;rminos: &ldquo;Acabo de saber por sujetos fidedignos de la Plebe, que ha determinado V. S. se practique ante el Coronel Diego Quint el alistamiento de los individuos de primera clase, y &eacute;stos al paso que han ofrecido la reuni&oacute;n en masa, aspiran tambi&eacute;n a una divisi&oacute;n tan manifiesta indicada en las denominaciones de Pueblo Alto y Pueblo Bajo. V. S. me tiene conferido el comando de armas de esta Plaza con todas las funciones que le son anexas, como conducentes al sosiego popular y no obstante esto ha tenido a bien tomar resoluciones contrarias, que ya desde ahora se preveen indispensables&rdquo;. La singular y en&eacute;rgica representaci&oacute;n puso en vereda al Cabildo, que le confirm&oacute; en el car&aacute;cter de Comandante, reconoci&eacute;ndole las funciones privativas de su empleo y concluyendo su oficio con estos t&eacute;rminos: &ldquo;sirvi&eacute;ndole este de m&aacute;s que satisfacci&oacute;n&rdquo;. Las denuncias de juntas secretas eran frecuentes y ya se sindicaban como puntos de reuni&oacute;n determinados conventos. En este orden merece anotarse la representaci&oacute;n que la Junta Extraordinaria dirig&iacute;a al Cabildo, el 24 de julio, diciendo: &ldquo;que ha llegado a su noticia por conductos seguros que desde las nueve de la noche adelante se forman, en varias casas de esta ciudad, juntas secretas en las que se habla con libertad y deshonor contra las operaciones del 16, y pide por ello se imponga el &uacute;ltimo suplicio a los que califiquen aquellas operaciones de traici&oacute;n y perfidia, y se publique bando&rdquo;. El Cabildo, inspirado por aquellos contra los cuales se dirig&iacute;a la representaci&oacute;n, dict&oacute; este singular proveido: &ldquo;En todo como se pide <I>ampliando contra todas las que forman los criollos en odio a lo	se&ntilde;ores </I>e<I>uropeos&rdquo;. </I>De aqu&iacute; el bando del 24 de julio (1). </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Combatidos eficazmente los temores, se afianz&oacute; una relativa confianza, y, nombrado Coronel D. Pedro Domingo Murillo, Teniente Coronel D. Juan Pedro Indaburu y Sargento Mayor D. Juan Bautista Sag&aacute;rnaga, pudo creerse que hab&iacute;a concluido la querella, mucho m&aacute;s con el alejamiento de Quint D&aacute;vila a su hacienda en Larecaja, de donde no deb&iacute;a separarse sin previa licencia. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como consecuencia de la aparente armon&iacute;a reuni&oacute;se la Junta el 25 de julio, en casa del alcalde Yanguas, para celebrar el fausto acontecimiento de la inauguraci&oacute;n del nuevo gobierno y su plan. El Pueblo, previamente anoticiado, concurri&oacute; a la calle de Yanguas, y el acaudalado porte&ntilde;o y miembro de la Junta, D. Jos&eacute; Mar&iacute;a de los Santos Rubio, ech&oacute; desde la ventana sendos zurrones de monedas de plata, perpetrando, como en la tradicional ceremonia de las Juras, el derrame, <I>panem et circensis. </I>No fue menos imponente la ceremonia de posesi&oacute;n del coronel Murillo: revistaron las compa&ntilde;&iacute;as recientemente uniformadas, y los europeos, contrarios a la revoluci&oacute;n, que contemplaron la ceremonia, se manifestaron temerosos, y as&iacute; nos refiere el an&oacute;nimo: &ldquo;El 22 a las once de la ma&ntilde;ana se formaron todas las milicias del antiguo Batall&oacute;n, hoy tropas veteranas, las nuevamente alistadas y el Escuadr&oacute;n de la Caballer&iacute;a, en la Plaza; sac&aacute;ronse las banderas y fueron colocadas en medio de las tropas veteranas, y en seguida Murillo con un trozo de Granaderos pas&oacute; al Cabildo y en compa&ntilde;&iacute;a de toda la Junta de Gobierno, custodiado por la escolta dicha, y gran golpe de m&uacute;sica, se present&oacute; al frente de sus tropas y se hizo reconocer en nombre de Fernando VII por Coronel Comandante de ellas y de toda la Provincia: tambi&eacute;n se dieron a reconocer a otros oficiales&rdquo;. M&aacute;s adelante, hablando de la instrucci&oacute;n, refiere: &ldquo;Desde que aclara el d&iacute;a hasta las once no se puede transitar por la Plaza, entre tambores y soldados adiestr&aacute;ndose con el mayor empe&ntilde;o en el manejo de las armas: si el Todopoderoso no amenaza con alg&uacute;n aguacero para apagar las llamas, se incendiar&aacute; la Provincia&rdquo;. Seguro ya de s&iacute; mismo, el valeroso pueblo permiti&oacute; que el prelado dimitente se retirara a una hacienda del Dr. Landavere, denominada Millocato, donde se mantuvo hasta su fuga a Irupana, tan perniciosa para la Revoluci&oacute;n. Removi&oacute; tambi&eacute;n el Cabildo, a instancias del pueblo, algunos empleados sustituy&eacute;ndolos con los siguientes: Vista de Aduana, D. Buenaventura Bueno; Administrador de Tabacos, D. Tom&aacute;s Orrantia, y administradores de igual ramo en Pacallo, D. Eugenio Montenegro, en Yanacachi, D. Jos&eacute; Mar&iacute;a Nieto, en Chulumani, don Mariano Tapia, y en Irupana, D. Mariano Loza. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hondas ra&iacute;ces de moralidad no pod&iacute;an sino hacer ferviente su sentimiento religioso encimado sobre las supercher&iacute;as de la cacoquimia claustral: sent&iacute;a como los fuertes varones del siglo XVI con tanta libertad en el entendimiento como verdad en el decir, sin las inercias y raquitismos de la decadencia cristiana, y as&iacute; era capaz de las santas hiperdul&iacute;as. Ten&iacute;a simbolizado su credo civil, su harto querer de todo lo bueno, su tenaz batallar por la realizaci&oacute;n de la verdadera convivencia arm&oacute;nica, su ineludible necesidad de satisfacciones morales como cuociente de belleza; en la Inmaculada Virgen del Carmen, su tutelar Patrona y Madre siempre invocada, a cuya benigna sombra hab&iacute;a soportado dos sitios con sus correspondientes hambres y perecimientos. Tom&oacute;la la revoluci&oacute;n por Patrona de la santa causa y de sus armas, y el domingo 30 de julio de 1809, en la Iglesia del Carmen, con asistencia del Cabildo, Junta, milicias y todo el pueblo, tuvo lugar la augusta ceremonia de la Jura bajo el rojo estandarte de la pasi&oacute;n y sobre la cruz de la espada. El Regente de estudios del convento de Nuestra Se&ntilde;ora de los &Aacute;ngeles, del orden franciscano, don Juan de Dios Delgado, dijo el serm&oacute;n de estilo, significando iguales conceptos a los que m&aacute;s tarde, el Cura de Tinguipaya, desde el p&uacute;lpito de la Catedral de San Miguel del Tucum&aacute;n, amplificar&iacute;a con palabra de justicia: llamando a concordia y solidaridad con la causa a esas almas independientes pero por lo mismo indisciplinadas. Sigui&oacute; en la tarde la solemne procesi&oacute;n sin precedentes. El honrado pueblo, en esta circunstancia, no tuvo sino un alma y era la noble que hab&iacute;a heredado de sus progenitores<Sup>3</Sup>.</font></p >     <p   align="justify" >&nbsp;</p >     <p   align="justify" ><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Notas</b></font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1 Seg&uacute;n el certificado del Escribano Pe&ntilde;aloza, el d&iacute;a de la presentaci&oacute;n del Plan al Cabildo Abierto, D. Juan Bautista Sag&aacute;rnaga expuso al pueblo &ldquo;que le diesen el tiempo al Cabildo para que los masticasen y que no conforme con lo que les expres&oacute; &eacute;ste se aperson&oacute; al Sr. Josef Ram&oacute;n Loayza que les dijo en la puerta a todos los que se hallaron en bastante porci&oacute;n: que todo lo ten&iacute;an concedido&rdquo; fs. 116. Expediente N&ordm; 3. </font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2 Expediente N&ordm; 18 fs. 32 y 33. La excenci&oacute;n era para los efectos de labranza, bayetas sogas, costales, carnes saldas y frescas,   granos y todas las especies abasto p&uacute;blico, maderas y harinas. Los Ministros de Real Hacienda interpelaron si la libertad alcanzaba a la coca, y el Cabildo as&iacute; lo provey&oacute;.</font></p >     <p   align="justify" ><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3 	Ap&eacute;ndice III C. Don Jos&eacute; Rosendo Guti&eacute;rrez, en su <I>Memoria	hist&oacute;rica </I>(tercera edici&oacute;n, La Paz, Imprenta del Ciudadano, 1878) refiere el proceso que el obispo instruy&oacute; contra La Virgen del Carmen, pag 32, y se remite, para mayores detalles, a su tradici&oacute;n <I>La	Virgen	del	Carmen</I>, que public&oacute; el papel titulado La Paz. No es posible aceptar como verdad hist&oacute;rica el hecho referido, pero teniendo en cuenta las modalidades anormales de D. Remigio de La Santa y Ortega y su ning&uacute;n escr&uacute;pulo posible, y aun muy probable es que hubiera ocurrido el hecho que Guti&eacute;rrez anota as&iacute;: &ldquo;No tengo detalles sobre este grotezco (sic) y sacr&iacute;lego proceso. Es, s&iacute;, sabido que la Virgen fue llevada de su templo al de San Agust&iacute;n con rogativas p&uacute;blicas. En el atrio de esta &uacute;ltima iglesia sali&oacute; la imagen del doctor de la Iglesia al encuentro de la madre del salvador, fue all&iacute; despojada de las insignias que le pusieran los revolucionarios. Luego, con la cabeza desnuda, ella y el sagrado ni&ntilde;o fueron introducidos al templo y depositados en &eacute;l hasta el d&iacute;a siguiente, como en especie de reclusi&oacute;n. Una misa de expiaci&oacute;n o purificaci&oacute;n fue celebrada a la otra ma&ntilde;ana, y luego el Padre de la Iglesia restituy&oacute; a la Sant&iacute;sima imagen y a su divino hijo la corona y el cetro que ten&iacute;an anteriormente, terminando la ceremonia con una nueva procesi&oacute;n a Santa Teresa&rdquo;. Para conocer la naturaleza de este obispo y la fe que merece la tradici&oacute;n, basta leer el recurso jur&iacute;dico que present&oacute; a Nieto el 8 de febrero de 1810, solicitando y obteniendo que se quemaran notas, oficios, vistas fiscales y sumarias, producidas en La Paz y Charcas, contra su persona, y el expediente N&deg; 23, salvado de la quema por diligencia de D. Jos&eacute; Ram&oacute;n de Loayza que lo remiti&oacute; al Virrey Cisneros y existe en el Archivo de la Naci&oacute;n de Buenos Aires. </font></p >     <p   align="justify" >&nbsp;</p >     ]]></body>
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