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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Mantener el culto a pesar de la tormenta: los músicos de la Catedral de La Plata (1700-1845)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ARTICULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mantener el culto a pesar de la tormenta: los m&uacute;sicos de la Catedral de La Plata (1700-1845)</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   <b>Ga&euml;lle Bruneau Calder&oacute;n </b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El estudio de un grupo profesional en tiempos de calma y en tiempos de crisis nos permite acercarnos a la magnitud del cambio vivido por la poblaci&oacute;n en general. Si bien la historia social de La Plata est&aacute; todav&iacute;a en un preludio metodol&oacute;gico necesario para su desarrollo posterior, debemos interesarnos en las perspectivas que nos ofrece la prosopograf&iacute;a. Observar los recorridos profesionales y personales de un conjunto de individuos de diversas proveniencias familiares y sociales constituye una especie de prisma con el cual podemos adentrarnos en mentalidades platenses, gracias a la multiplicidad de &aacute;ngulos de vista. Este m&eacute;todo ofrece la ventaja de estudiar los caminos de vida de personas con perfiles muy distintos, relacionadas por su profesi&oacute;n y por la pertenencia a una instituci&oacute;n que no los trata de la misma manera. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El estudio de los m&uacute;sicos de la catedral de La Plata permite esta aproximaci&oacute;n a la realidad diferenciada de individuos de diversas capas socio-&eacute;tnicas. Los m&uacute;sicos no son todos espa&ntilde;oles, ni enteramente dedicados a su pr&aacute;ctica musical. Uno no vive de ser m&uacute;sico en la catedral, pero el puesto le aporta un prestigio suficiente para pretender alcanzar altos niveles de consideraci&oacute;n social. Como se sabe, este renombre conduce a acceder a oportunidades laborales, gracias a la consolidaci&oacute;n de redes sociales. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Ahora bien, el estudio de este grupo de artistas e int&eacute;rpretes nos ha permitido tener una mirada hacia el s. XVIII, sin&oacute;nimo de cambios en las relaciones econ&oacute;micas y en las mentalidades. Conviene seguir la l&iacute;nea del tiempo y examinar el comportamiento del elenco y de la instituci&oacute;n eclesi&aacute;stica urbana frente a los sobresaltos de la independencia. El presente art&iacute;culo tiene como </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">meta exponer y estudiar los cambios y las permanencias vividas por el elenco musical, reflejo de lo que ocurr&iacute;a en la sociedad. En m&aacute;s de un siglo de vida (1700â€“1845), la capilla musical pas&oacute; por etapas de afirmaci&oacute;n de ambiciones de sus integrantes, de redefinici&oacute;n de su funcionamiento y de sus recursos, y de b&uacute;squeda activa de rentabilidad gracias al recobro de prestigio al servicio del poder civil. Son estas etapas que vamos a detallar aqu&iacute;, tomando en cuenta el hecho de que la personalidad del maestro de capilla condiciona ampliamente la actitud de los artistas/int&eacute;rpretes. </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> <b>1. El s. XVIII: una competencia aguda entre los integrantes de la capilla musical </b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Para empezar, hace falta precisar qui&eacute;nes son los maestros de capilla del siglo </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">XVIII. Fueron siete en total entre 1681 y 1804. He aqu&iacute; una cronolog&iacute;a que nos ayuda a visualizar el tiempo en que cada uno se qued&oacute; en la jefatura de la capilla musical. </font></p>     <p align="center"><IMG src="/img/revistas/rcc/n22-23/a08f01.jpg"></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Podemos ver que existe un periodo vac&iacute;o en esta cronolog&iacute;a. La raz&oacute;n es que, despu&eacute;s del fallecimiento de un maestro de capilla, el Cabildo eclesi&aacute;stico, la m&aacute;xima autoridad de la Catedral, tardaba a veces en encontrar un sucesor capaz de asumir este alto cargo. Mientras la selecci&oacute;n se efectuaba, a medida que los candidatos llegaban a La Plata para presentarse al concurso de m&eacute;ritos, ciertos m&uacute;sicos con experiencia, como el sochantre<Sup>1</Sup>, ejerc&iacute;an el cargo de manera interina. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El primer maestro de capilla, Juan de Araujo<Sup>2</Sup>, fue tambi&eacute;n uno de los maestros de capilla platenses cuya obra fue interpretada por orquestas contempor&aacute;neas<Sup>3</Sup>. Juan de Araujo asumi&oacute; el cargo de maestro de capilla de La Plata a partir de 1685 hasta su muerte en 1712. Fue un maestro prol&iacute;fico, muy amado de sus alumnos y de los m&uacute;sicos que ten&iacute;a a su servicio. Despu&eacute;s de su muerte, todos los seises (ni&ntilde;os cantores) de la Catedral cantaron las obras que compuso. Se trata de una especie de rito de iniciaci&oacute;n o de prueba de capacidad, puesto que la complejidad de sus composiciones constituy&oacute; un desaf&iacute;o para las generaciones de j&oacute;venes m&uacute;sicos. El periodo de jefatura de Juan de Araujo representa un momento de esplendor de una Iglesia rica </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">y opulenta y tambi&eacute;n la nostalgia de una &eacute;poca, el siglo XVII, en la cual la m&uacute;sica estaba en el centro de las preocupaciones del Cabildo. La m&uacute;sica era mayormente vocal, acompa&ntilde;ada por el &oacute;rgano y algunos instrumentistas (baj&oacute;n, viol&iacute;n, viol&oacute;n, oboe). La capilla musical estaba compuesta por unos 25 profesionales distribuidos entre los seises, los salmistas<Sup>4</Sup>, los â€śm&uacute;sicosâ€ť y los instrumentistas<Sup>5</Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Justo despu&eacute;s de la muerte de Juan de Araujo los can&oacute;nigos nombraron a Juan Guerra y Biedma como titular en el cargo, a partir de 1717. Su larga carrera (desde 1717 hasta 1745) en la Catedral platense fue marcada por una cierta degradaci&oacute;n en la actividad musical. Al principio se aprovecha de la vivacidad de la capilla que su predecesor ha mantenido eficazmente, luego la decadencia es larga pero segura. Inmediatamente despu&eacute;s de la muerte de Juan Guerra y Biedma, el 3 de abril de 1745, el Cabildo propone el nombre de Blas Tard&iacute;o de Guzm&aacute;n para asumir el cargo, ya que es un personaje conocido del Cabildo por haber servido 34 a&ntilde;os en la capilla musical antes de su nominaci&oacute;n como maestro de capilla. Presb&iacute;tero y licenciado en teolog&iacute;a de la Universidad San Francisco Xavier, ense&ntilde;&oacute; a los seises<Sup>6 </Sup>despu&eacute;s de la muerte de Juan de Araujo y restaur&oacute; las obras musicales del archivo de la Catedral<Sup>7</Sup>. Fue sochantre interino y titular un a&ntilde;o despu&eacute;s y fue tambi&eacute;n mayordomo de la F&aacute;brica<Sup>8 </Sup>de la Catedral. Como podemos ver, ocup&oacute; varios cargos al mismo tiempo que fue m&uacute;sico, lo cual refleja su emprendimiento personal en el buen funcionamiento de la instituci&oacute;n. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Su sucesor fue Manuel Mesa. Sigui&oacute; todas las etapas de ascenso profesional en la capilla musical y fue tambi&eacute;n restaurador de partituras a partir de 1745. La identidad de Manuel Mesa es todav&iacute;a dif&iacute;cil de determinar con certeza, porque parece que no naci&oacute; en La Plata sino, quiz&aacute;s, en las provincias. No llevaba el Â«DonÂ» normalmente atribuido a los salmistas y m&uacute;sicos. Podr&iacute;amos ver aqu&iacute; el signo de su ilegitimidad de nacimiento o de su origen mestizo, sin poder afirmarlo<Sup>9</Sup>. Al contrario de sus hom&oacute;logos, Manuel Mesa no busca prestigio, dinero ni una posici&oacute;n social ventajosa: est&aacute; enteramente dedicado a la m&uacute;sica y a que &eacute;sta fuera bien ejecutada, tomando en cuenta la felicidad de sus int&eacute;rpretes. A&ntilde;ade, en su testamento, un elemento que viene a reforzar su proyecto de innovar en el arte sonoro<Sup>10</Sup>. Manuel Mesa abre el paso a la m&uacute;sica instrumental, siguiendo as&iacute; las tendencias de su &eacute;poca. Fallece el 10 de mayo de 1773 y deja el Cabildo en la inquietud de encontrarle un sucesor. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Eustaquio Franco Rebollo tuvo un ascenso r&aacute;pido desde el momento de su ingreso en la capilla musical, ya que varios miembros de su familia eran m&uacute;sicos anteriormente, lo cual demuestra la existencia de verdaderas dinast&iacute;as de m&uacute;sicos. Otro m&uacute;sico, Mateo Caro, entr&oacute; en una violenta querella epistolar con Eustaquio Franco Rebollo, a quien acusa abiertamente de negligencia y de desinter&eacute;s total por el manejo de la capilla musical. Eustaquio trata de defenderse alegando que Mateo Caro es un personaje belicoso y ambicioso. El resto del tiempo de jefatura de Eustaquio Franco Rebollo no fue marcado por eventos especiales sino, m&aacute;s bien, por una ca&iacute;da de la capilla musical. El altercado que tuvo con Mateo Caro abre un periodo en el cual al provecho personal y el prestigio reemplazan progresivamente al celo. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   A la muerte de Eustaquio Franco Rebollo, el 7 de junio de 1786, el Cabildo nombra a Estanislao Leyseca en el cargo de maestro de capilla. Su periodo de jefatura fue marcado por altercados con Mateo Caro y con el can&oacute;nigo Don Carlos de San Mart&iacute;n, con el cual lleg&oacute; a hacer uso de la fuerza. El Cabildo lo excomulga, le retira su cargo de maestro de capilla, y Estanislao es encarcelado. El &uacute;ltimo maestro de capilla del siglo XVIII fue Mateo Caro. A pesar de ser acusado de participar de un deshonesto juego de dados y de estar involucrado en el robo del dinero de la F&aacute;brica, logr&oacute; tener una larga carrera que termina en 1803. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El puesto de maestro de capilla fue sin&oacute;nimo de prestigio y, en un momento de redefinici&oacute;n de las posiciones sociales de las &eacute;lites tradicionales, refleja la aguda competencia de las familias por conquistar parcelas de una consideraci&oacute;n social sin&oacute;nima de supervivencia pol&iacute;tica y econ&oacute;mica. </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> <b>2. Los m&uacute;sicos durante los primeros a&ntilde;os del siglo XIX </b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Hemos esbozado las circunstancias de pr&aacute;ctica musical y expuesto brevemente las personalidades de los maestros que condicionaron la buena marcha de capilla musical. Podemos ahora adentrarnos en el estudio de los m&uacute;sicos y de su actividad art&iacute;stica durante el periodo de la independencia. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Debemos destacar aqu&iacute; que la documentaci&oacute;n en la que se encuentran los </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">datos profesionales y administrativos relativos a los m&uacute;sicos es m&aacute;s escasa que la del siglo anterior. Los Actas Capitulares mencionan tradicionalmente los aumentos de salarios, los nombramientos y los ascensos a nuevos cargos, mostrando as&iacute; todos los movimientos internos de la capilla musical. Se evidencia una cierta inmovilidad en el primer cuarto del s. XIX. Los efectivos y el pago de salarios son m&aacute;s estables que en el siglo anterior, lo que motiva la multiplicaci&oacute;n de cartas a veces vehementes y acerbas, signo de un periodo de afirmaci&oacute;n de ambiciones individuales. A finales del s. XVIII, los arzobispos (San Alberto y Mox&oacute; y Francol&iacute;) y m&aacute;s que todo el Cabildo Eclesi&aacute;stico trabajan por una mayor presencia de la Iglesia en las provincias y buscan controlar las ausencias y licencias de los p&aacute;rrocos. Estas negociaciones entre los can&oacute;nigos y los presb&iacute;teros ocupan la mayor parte del libro nÂ° 24 (18041806). Por lo general, se destaca la imagen de aparente calma e inmutabilidad de la capilla musical, que no parece sufrir de ninguna alteraci&oacute;n en su funcionamiento. Examin&aacute;ndola de m&aacute;s cerca, percibimos algunos cambios. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Despu&eacute;s de la muerte de Mateo Caro, el Cabildo Eclesi&aacute;stico decide seguir la norma para la selecci&oacute;n de un nuevo maestro de capilla, fijando edictos en las puertas de las iglesias para convocar a los postulantes en un t&eacute;rmino de ocho d&iacute;as. Manuel Mesa y Carrizo, Mat&iacute;as Baquero y Aguilar y Manuel Inza pretenden ocupar el puesto. Los dos primeros se presentan para el examen de competencia, pero el &uacute;ltimo alega sufrir las secuelas de un accidente que le impiden asistir a la prueba. El Cabildo le manda un m&eacute;dico y un cirujano para averiguar si su estado permite o no pasar el examen en su casa. El 14 de octubre de 1803 el plazo finaliza y se procede al voto secreto del arzobispo y de los can&oacute;nigos. Mat&iacute;as Baquero y Aguilar, entonces maestro de capilla interino, cuenta con doce votos y Manuel Inza con uno solo. Manuel Mesa no ha podido convencer a sus examinadores a pesar de ser un m&uacute;sico m&aacute;s experimentado que sus colegas. El Cabildo se muestra muy indulgente ante la situaci&oacute;n de Manuel Inza, al cual propone un aumento de salario a pesar de sus m&uacute;ltiples ausencias, por las cuales recibe solamente una advertencia menor. El tratamiento que recibe Manuel Inza demuestra que pertenece a una red social o familiar que le favorece en el momento de solicitar una mejor posici&oacute;n. Las redes se manifiestan con el fin de demostrar la ayuda mutua, cemento del actuar de los criollos frente a la ofensiva burocr&aacute;tica peninsular. Por otra parte, el plazo de validez de la convocatoria es insuficiente para que candidatos de las provincias puedan presentarse en la catedral de La Plata. El Cabildo favorece indudablemente a los m&uacute;sicos platenses, y es probable que haya decidido escoger a Mat&iacute;as Baquero antes de la elecci&oacute;n. El proceso es transcrito muy detalladamente en los Actas Capitulares<Sup>11</Sup>, por primera vez, lo cual denota una voluntad de transparencia exagerada. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Mat&iacute;as Baquero y Aguilar entr&oacute; en la capilla musical como seise en 1761, pas&oacute; a ser salmista en 1771 y luego m&uacute;sico en 1785. Tambi&eacute;n fue apuntador de fallas y sochantre interino por 3 meses en 1790. Ocupa el cargo de prosecretario a partir de este mismo a&ntilde;o y entonces acumula diversos cargos que hacen peligrar la correcta ejecuci&oacute;n de cada uno de &eacute;stos. Este hecho pone de manifiesto la voluntad del Cabildo de concentrar varias funciones en una sola persona, evitando as&iacute; pagar a varios agentes por el riesgo de divulgar sus asuntos internos. En efecto, Mat&iacute;as Baquero y Aguilar es al mismo tiempo mayordomo de la cofrad&iacute;a del Sant&iacute;simo Sacramento, lo cual le confiere una posici&oacute;n privilegiada en el seno de la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica. Siendo un hombre ocupado, Mat&iacute;as Baquero no maneja la capilla musical como deber&iacute;a, dejando que se instale una cierta soltura en las ceremonias. El organista, principal e imprescindible instrumentista del elenco se ausenta una semana entera sin previo aviso. Adem&aacute;s, el Cabildo reprende al maestro de capilla y a los m&uacute;sicos por llegar a las misas con atuendos poco adecuados para la solemnidad de las ceremonias: â€śsin sotana, con solo el manteo sobre ropas blancas y de colorâ€ť<Sup>12</Sup>. Cabe se&ntilde;alar que la F&aacute;brica atribuye una suma de di</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">nero a los m&uacute;sicos y salmistas para que se costeen sus h&aacute;bitos con el fin de garantizar su decencia en las ceremonias. Los m&uacute;sicos, en su mayor&iacute;a, no son cl&eacute;rigos, pero trabajan por cuenta de la catedral. Se encuentran entonces en la frontera entre lo secular y lo religioso. La vestimenta que llevan marca su pertenencia a la instituci&oacute;n eclesi&aacute;stica y por lo tanto debe ser irreprochable e inequ&iacute;voca. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Mat&iacute;as Baquero fallece en 1815, dejando un importante vac&iacute;o en el organigrama catedralicio. Jos&eacute; Lora y Delgadillo asume las riendas de la capilla musical en calidad de interino, y entonces se encarga de la educaci&oacute;n y albergue de los seises. Su colega Mart&iacute;n Nu&ntilde;ez es nombrado mayordomo de la F&aacute;brica. El puesto de apuntador es ocupado por los dos, alternativamente. Los edictos para convocar al examen de un nuevo maestro de capilla especifican 60 d&iacute;as para que se presenten los candidatos. En 1816 fallece el prelado Mox&oacute; y Francol&iacute; luego de haber sido desterrado a Salta, dejando al mando al Cabildo Eclesi&aacute;stico. &eacute;ste busca reordenar los asuntos de la catedral y del arzobispado en general. La intenci&oacute;n del Cabildo aparece n&iacute;tidamente en las resoluciones de la reuni&oacute;n anual de este mismo a&ntilde;o. La capilla musical entra en una fase de restructuraci&oacute;n. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Dos m&uacute;sicos, Manuel Villareal y Mateo Ansaldo, que se han ausentado sin pedir licencia, el uno a Santa Cruz de la Sierra y el otro a un lugar no conocido, son suspendidos. Se designan a reemplazantes con asignaci&oacute;n de renta. Los can&oacute;nigos expresan su deseo de volver a examinar la renta del maestro de capilla que tiene que ser proporcionada a la manutenci&oacute;n de los seises. El Cabildo reafirma que est&aacute; controlando de forma efectiva lo que ocurre en la capilla musical, para evitar que se instale el desorden y que fuera un puesto de gastos desmedidos, en un momento de crisis y de amenazas de recortes presupuestarios. El decano Mat&iacute;as Terrazas convoca a todos los integrantes de la capilla: </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">entraron	a	esta	Sala	Capitular	y	puestos	en	pie	al	canto	de	la	mesa	del	Despacho,	 a	puerta	cerrada,	el	De&aacute;n	(â€¦)	les	hizo	una	seria	y	paternal	amonestaci&oacute;n	en	 orden	al	exacto	y	puntual	cumplimiento	de	sus	respectivas	obligaciones	de	que	 depend&iacute;a	el	mejor	servicio	y	decoro	de	esta	Santa	Iglesia<Sup>13</Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Se trata no solamente de atestiguar la presencia de una autoridad vigilante </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">y atenta sino tambi&eacute;n de asentar la cohesi&oacute;n del grupo frente a las circunstancias pol&iacute;ticas inciertas que viven la ciudad y el resto del territorio. Por primera vez en la historia de la capilla musical se prescribe a los m&uacute;sicos que adopten una postura ideol&oacute;gica com&uacute;n como prueba de su pertenencia a la instituci&oacute;n eclesi&aacute;stica, en su â€śconducta p&uacute;blica y privadaâ€ť. El mensaje es claro, deben fidelidad y obediencia al rey Fernando VII, patrono de la Iglesia, y en esto </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">deb&iacute;an	distinguirse	del	resto	del	vecindario,	como	lo	estaban	por	su	Real	Piedad	 y	beneficencia	en	los	sueldos	que	disfrutaban	sobre	uno	de	los	m&aacute;s	privilegiados	 ramos	de	su	Real	Hacienda<Sup>14</Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Los m&uacute;sicos ya no perciben un salario solamente por su tarea de solemnizar con m&uacute;sica las celebraciones religiosas. Reciben un emolumento de parte de una instituci&oacute;n que depende del rey de Espa&ntilde;a, que ahora les pide lealtad y compromiso personal para defender sus intereses frente a sus opositores. No parece que las ceremonias hayan sufrido una interrupci&oacute;n en su buen desarrollo, la Iglesia quiere dar la imagen de la instituci&oacute;n que se mantiene a pesar de la tormenta militar y pol&iacute;tica y piensa escoger el bando que garantiza su perennidad. He aqu&iacute; la manifestaci&oacute;n de la contradicci&oacute;n en la que fue sumergida la Iglesia. Al darle un papel pol&iacute;tico desde su instauraci&oacute;n en Am&eacute;rica, mediante el Patronato, se espera de ella en aquel momento que adopte una cierta postura, conforme a las expectativas de la Corona. Sin embargo, su misi&oacute;n intr&iacute;nseca es la de ofrecer un refugio a todos gracias a la permanencia del culto, a pesar de las vicisitudes coyunturales. El Cabildo Eclesi&aacute;stico intenta conjugar estas dos actitudes: la adhesi&oacute;n al bando realista y la continuidad de las celebraciones para todos. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   En 1816, en medio de los tumultos, la Iglesia de La Plata, ac&eacute;fala, escoge un nuevo maestro de capilla: Juli&aacute;n Vargas y Caro, natural de Potos&iacute;. Probablemente pariente de Mateo Caro, se present&oacute; en la capilla musical en 1800 para ocupar una plaza de violinista y cantor. Recibe una renta de 1050 pesos destinada a su remuneraci&oacute;n, a la manutenci&oacute;n de los seises y a la compra de papel y plumas para la composici&oacute;n. Unos meses despu&eacute;s de su nombramiento, se ausenta y Jos&eacute; Lora vuelve a asumir el cargo interinamente. El 20 de agosto de 1816 estalla una ri&ntilde;a entre &eacute;ste y el cantor Francisco Avil&eacute;s, por razones no especificadas en el documento. El secretario escribe que Jos&eacute; Lora ha expresado su queja como sigue: â€śhace cerca de un a&ntilde;o que le mortifica de todos modos, hasta el extremo de haber llegado a las manos en el Coro (â€¦) a tiempo que se celebraba la Misaâ€ť. Los cuatro principales m&uacute;sicos comparecieron ante el Cabildo para dar explicaciones y coinciden en echar la culpa a los dos: â€śAvil&eacute;s como provocante y Lora por no haberlo contenido, ni evitado con prudencia el esc&aacute;ndaloâ€ť<Sup>15</Sup>. Los dos son expulsados, sin que sepamos exactamente la raz&oacute;n de su acceso de violencia. ÂżEl altercado se deb&iacute;a a posiciones pol&iacute;ticas distintas? Quiz&aacute;s. Esto explicar&iacute;a que el hecho fuera silenciado en el informe del secretario. </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> <b>3. La capilla musical a principios de la Rep&uacute;blica </b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Juli&aacute;n Vargas y Caro dej&oacute; de ejercer las funciones de maestro de capilla a la llegada de Pedro Xim&eacute;nez Abril y Tirado, en el a&ntilde;o 1833. Sin embargo, se qued&oacute; en el elenco en calidad de m&uacute;sico em&eacute;rito y jubilado, teniendo la obligaci&oacute;n de asistir m&aacute;s de 550 horas cada a&ntilde;o. Jam&aacute;s en el periodo espa&ntilde;ol se hab&iacute;a visto caso similar. Los maestros de capilla desempe&ntilde;aban su cargo hasta su muerte, sin intervenci&oacute;n de auxiliares. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Sabemos que Pedro Xim&eacute;nez fue nombrado por Andr&eacute;s de Santa Cruz en el a&ntilde;o 1833 para desempe&ntilde;ar las funciones de maestro de capilla en la catedral </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">de Sucre. Una carta suya apareci&oacute; en la serie de correspondencia<Sup>16 </Sup>del ABAS. Tiene el formato de un borrador pero fue recibida por el can&oacute;nigo Agust&iacute;n Iriarte en una fecha no precisada. En esta carta Pedro Xim&eacute;nez menciona sus atribuciones: ense&ntilde;ar la m&uacute;sica a los seises y a los m&uacute;sicos todos los d&iacute;as (como se establece en la Regla Consueta de 1597) y al p&uacute;blico. Era adem&aacute;s encargado de tocar el viol&oacute;n en el conjunto musical catedralicio. En atenci&oacute;n a su traslado desde Arequipa, espera recibir su primer pago de 1000 pesos anuales el primer d&iacute;a del mes de febrero. La intenci&oacute;n de tal nombramiento por parte del Mariscal fue sin duda pol&iacute;tica, dado que el compositor era reconocido en Arequipa y que la joven Rep&uacute;blica de Bolivia necesitaba todo el brillo necesario para afirmarse frente a sus vecinos. En este aspecto, el vivero de talentos sucrenses no contaba con m&uacute;sicos interesados en ejercer tal cargo, lo cual explicaremos m&aacute;s adelante. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Otro dato de inter&eacute;s es la desaparici&oacute;n de Pedro Xim&eacute;nez de la documentaci&oacute;n a partir de febrero de 1835 hasta una fecha no precisada. En las cuentas del fabriquero aparece la siguiente menci&oacute;n: Â«se	separ&oacute;	en	dichos	meses	de	 la	habilitaci&oacute;nÂ»<Sup>17</Sup>. Mientras estuvo ausente, Juli&aacute;n Vargas y Caro asumi&oacute; las riendas del elenco musical con un salario menor (700 pesos). ÂżCu&aacute;les podr&iacute;an haber sido las razones de la ausencia de Pedro Xim&eacute;nez? Los documentos de archivo no lo mencionan. Podr&iacute;a coincidir con la publicaci&oacute;n de sus obras en Par&iacute;s. Cabe investigar en fuentes gubernamentales y en documentos peruanos para determinar el motivo de su separaci&oacute;n temporal. Mi hip&oacute;tesis es que Pedro Xim&eacute;nez no estaba satisfecho con sus condiciones de trabajo en Sucre y, por esta raz&oacute;n, busc&oacute; mejor destino en otras ciudades. Dos pruebas vienen a confirmar esta posibilidad. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El 28 de marzo de 1833 escribe una carta<Sup>18 </Sup>al cabildo eclesi&aacute;stico en la cual pide ser relevado de la obligaci&oacute;n de presencia en las horas en que s&oacute;lo la del sochantre (maestro de canto llano) es necesaria. Pedro Xim&eacute;nez se encargaba tambi&eacute;n de ense&ntilde;ar m&uacute;sica en el Colegio de Ciencias y Artes y Educandas, antiguo Colegio â€śJun&iacute;nâ€ť, como se sabe. Este cargo le tomaba mucho tiempo, y para cumplir con su deber precisa Â«economizar las pocas horas del d&iacute;a aprovech&aacute;ndolas de un modo &uacute;til y ventajoso y no insignificante y sin frutoÂ»<Sup>19</Sup>. Estas palabras se corresponden perfectamente con la imagen que tenemos de Pedro Xim&eacute;nez a trav&eacute;s de su prol&iacute;fico legado musical. Pedro Xim&eacute;nez es un hombre que hace uso de su tiempo de manera productiva. El cabildo responde favorablemente a su pedido e invita al maestro de capilla a arreglar los papeles de m&uacute;sica. El pedido de Pedro Xim&eacute;nez muestra que las autoridades que lo nombraron quisieron remediar la falta de m&uacute;sicos id&oacute;neos para la ense&ntilde;anza musical. El nuevo maestro de capilla iba a satisfacer las expectativas de todos, pero el Cabildo y el Presidente no tomaron en cuenta la dificultad horaria de la acumulaci&oacute;n de empleos. Pedro Xim&eacute;nez buscaba un margen de tiempo libre para dedicarse a la composici&oacute;n. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El otro hecho que viene a confirmar su dificultad de adaptaci&oacute;n a las condiciones de producci&oacute;n y actuaci&oacute;n musical es su carta del 31 de enero de 1840. En esta nota manifiesta al cabildo </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">que	reducido	a	solo	un	cantor	el	coro	y	gracias	a	la	destres	y	dem&aacute;s	calidades	 que	concurren	en	aquel	(Vicente	Arteaga),	ser&aacute;	quiz&aacute;	y	sin	quiz&aacute;	el	de	la	Metropolitana	inferior	al	del	m&aacute;s	miserable	cant&oacute;n<Sup>20</Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Pedro Xim&eacute;nez recomienda la contrataci&oacute;n de Vicente Arteaga por falta de cantores en la capilla musical. Esto demuestra la preferencia dada a la m&uacute;sica instrumental, hecho que viene a contradecir la concepci&oacute;n que tenemos del elenco catedralicio considerado desde la &eacute;poca espa&ntilde;ola como un conjunto principalmente vocal. Tambi&eacute;n vemos aqu&iacute; que Pedro Xim&eacute;nez teme la p&eacute;rdida de prestigio de la Catedral frente a otras iglesias del pa&iacute;s. Esta comparaci&oacute;n es un poco cruda, amenazante, y revela el descontento de un m&uacute;sico que seguramente esperaba mayores recursos para desempe&ntilde;ar sus actividades. ÂżEstar&aacute; aqu&iacute; la raz&oacute;n de su ausencia? Quiz&aacute;s. Pero no cabe duda de que Pedro Xim&eacute;nez, insatisfecho, empez&oacute; a buscar mejores oportunidades. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El talentoso m&uacute;sico buscaba un adecuado ambiente para el desempe&ntilde;o de sus dotes musicales. Siendo maestro de capilla de la joven Rep&uacute;blica de Bolivia, descubre la complejidad de una estructura sujeta a las reglas del patronato, que adem&aacute;s se hallaba en el empe&ntilde;o de mantener su prestigio institucional. La relaci&oacute;n del Cabildo con el elenco musical es entonces ambigua: sostener la capilla musical y los dem&aacute;s ministros subalternos (sacristanes, pertiguero, maestro de ceremonias, etc.) pero velar por la gesti&oacute;n adecuada de unas fr&aacute;giles finanzas. Este reto se refleja de manera n&iacute;tida en el caso del manejo de los asuntos referentes a los m&uacute;sicos. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Entre 1833 y 1856, fechas en que Pedro Xim&eacute;nez fue maestro de capilla, el elenco catedralicio estaba compuesto por un n&uacute;mero entre 27 y 29 m&uacute;sicos. He aqu&iacute; un cuadro sin&oacute;ptico que detalla la formaci&oacute;n ordinaria del elenco: </font></p>     <p align="center"><IMG src="/img/revistas/rcc/n22-23/a08t01.jpg"></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   En comparaci&oacute;n con la &eacute;poca espa&ntilde;ola, los instrumentistas ocupan un lugar preponderante en la capilla musical. Por ejemplo, a finales del s. XVIII el conjunto musical dirigido por Mateo Caro estaba compuesto por 18 a 22 salmistas y cantores, adem&aacute;s de 2 a 4 instrumentistas. Los music&oacute;logos apreciar&aacute;n esta diferencia en las obras musicales. Se puede se&ntilde;alar la presencia de instru</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">mentistas â€śpolivalentesâ€ť en el elenco, como Santiago Ampuero: desde 1821 ocupa los puestos de â€śarpista 2<Sup>Â° </Sup>violon, 1<Sup>er </Sup>viol<Sup>n</Sup>, 2Â° viol<Sup>n</Sup>, &oacute;rgano, de cantor y en el presente de violaâ€ť,<Sup>21 </Sup>lo cual legitima su pedido de aumento de salario. Otros argumentan de la misma manera sus peticiones, y a trav&eacute;s de sus cartas podemos completar en buena medida el abanico de instrumentos tocados. En 1853, Pedro Mostajo afirma que, adem&aacute;s de ser salmista, toca el â€śbascornoâ€ť<Sup>22 </Sup>, que es un instrumento de la familia de los clarinetes. Manuel Rosendo Cueto, profesor de m&uacute;sica, toca el cornet&iacute;n a pist&oacute;n<Sup>23</Sup>, por lo cual fue admitido en la capilla musical por el maestro Pedro Garc&iacute;a, en 1856. Estos tres m&uacute;sicos muestran que la capilla musical se pod&iacute;a enriquecer con el aporte de especialistas en el manejo de instrumentos que tradicionalmente no formaban parte de la capilla musical. Estos hombres introdujeron una pr&aacute;ctica novedosa gracias tambi&eacute;n a la aceptaci&oacute;n de los maestros de capilla, y compartieron su saber con los dem&aacute;s m&uacute;sicos. Por otra parte, eran solicitados en varias ocasiones y ped&iacute;an ser remunerados a la altura de su desempe&ntilde;o. </font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Examinaremos ahora las horas de trabajo, se&ntilde;aladas en los registros del apuntador de fallas. </font></p>     <p align="center"><IMG src="/img/revistas/rcc/n22-23/a08f02.jpg"></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Las horas que figuran en este gr&aacute;fico representan las celebraciones durante </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">las cuales los m&uacute;sicos tocaban en la catedral para solemnizar el culto; no toman en cuenta los ensayos, ni los momentos de aprendizaje. Al igual que en el periodo anterior a la Rep&uacute;blica, se puede ver que los seises y salmistas eran los que ten&iacute;an mayor carga horaria. Los organistas eran dos, uno principal y el segundo destinado a suplir en caso de que el primero faltara. As&iacute; era en la &eacute;poca anterior; pero vemos que, en los a&ntilde;os correspondientes a la d&eacute;cada de 1830, el segundo organista tiene m&aacute;s obligaciones que el primero. El resto de los instrumentistas intervienen solamente durante las celebraciones de mayor alcance (d&iacute;as de primera y segunda clase, y fiestas solemnes).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El motivo de mayor disconformidad es el de los salarios. Antes de exponer los fundamentos de sus requerimientos hace falta conocer el sistema de pago observado por el Cabildo. Desde la &eacute;poca anterior la Iglesia estaba sometida al Patronato. &eacute;ste consist&iacute;a en una tutela del poder civil en los asuntos eclesi&aacute;sticos. Mantenido por los libertadores, este intervencionismo estatal sigue vigente en los decenios posteriores a la Independencia. La F&aacute;brica, instancia de gesti&oacute;n financiera de la Iglesia, recibe sus fondos de los diezmos, principal fuente de ingresos. El Estado recoge los diezmos administrados por el Tesoro Nacional, y los vierte a la Iglesia. Esta situaci&oacute;n crea una serie de inconvenientes que tienden a estorbar la gesti&oacute;n institucional de la Iglesia. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Algunos, como Tadeo Roncal, abuelo del c&eacute;lebre Sime&oacute;n Roncal, buscan la intervenci&oacute;n de las instancias de gobierno civil para obtener m&aacute;s ganancias. Tadeo Roncal es trompetista en la capilla musical y tambi&eacute;n en la Guardia Nacional. En 1840 alega haber sufrido descuentos por sus ausencias mientras serv&iacute;a en el cuerpo militar y dice merecer un aumento de 40 pesos de su renta a los 80 pesos que percibe por ser primer trompetista en el elenco catedralicio. El Cabildo eclesi&aacute;stico responde a la carta explicando </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Que	en	el	Ramo	de	m&uacute;sica	y	subalternos	gasta	la	Iglesia	Catedral	anualmente	 m&aacute;s	de	7000	pesos	de	los	13000	pesos	que	le	son	asignados	para	todo	gasto	(â€¦)	 que	hace	alg&uacute;n	tiempo	que	los	m&uacute;sicos	y	subalternos	de	la	Iglesia	han	tomado	el	 arbitrio	de	dirigirse	por	s&iacute;	solos	al	Supremo	Gobierno	en	solicitud	de	aumento	de	 sueldos,	a	que	la	dotaci&oacute;n	de	la	Iglesia	no	alcanzar&iacute;a	a	cubrir<Sup>24</Sup>. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El m&uacute;sico pretend&iacute;a quejarse del tratamiento que recibe, y el Cabildo le contesta con cierta amargura. Los can&oacute;nigos estiman atender a los pedidos de los m&uacute;sicos de manera adecuada, ya que m&aacute;s del 50% del presupuesto de la F&aacute;brica est&aacute; destinado a sus salarios. Adem&aacute;s, defienden su prelaci&oacute;n en las disposiciones relativas a la capilla musical, se&ntilde;alando los l&iacute;mites de su &aacute;mbito de decisi&oacute;n. El l&iacute;mite no est&aacute; del todo claro para los m&uacute;sicos, quienes buscan las v&iacute;as m&aacute;s seguras para hacer o&iacute;r sus peticiones. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   La administraci&oacute;n de los recursos de la Iglesia, sujeta a la eventual inspecci&oacute;n por parte del Estado, repercute en el nivel de ingresos de los m&uacute;sicos, y &eacute;stos adem&aacute;s perciben sus salarios con dilaci&oacute;n. El caso de Jos&eacute; Gregorio Herbas y Uzeda es particularmente elocuente. En 1835 hace saber que durante 10 a&ntilde;os ha hecho llegar peticiones al Cabildo reclamando dos a&ntilde;os de salario (m&aacute;s de 580 pesos) que nunca percibi&oacute;<Sup>25</Sup>. Tal vez esto se deb&iacute;a a una defectuosa gesti&oacute;n de parte de la F&aacute;brica. Otro caso, en 1865: Manuel Jos&eacute; de Porcel afirma que Â«en espacio de veinti&uacute;n a&ntilde;os que sirvo en el coro de esta Iglesia, no he podido conseguir que se me pague con alguna exactitud mi sueldoÂ»<Sup>26</Sup>. Dice haberse quejado a prop&oacute;sito de este inconveniente ante el apuntador, quien por su parte percibe un salario superior y puntualmente. Porcel explica que los m&uacute;sicos anticipan seis meses de trabajo, puesto que reciben sus emolumentos anuales en el mes de junio. Se procede de esta manera con los m&uacute;sicos y todos los ministros subalternos de la Iglesia desde </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">la &eacute;poca espa&ntilde;ola. Lo que cabe recalcar aqu&iacute; es que Porcel denuncia una pr&aacute;ctica que ya no es conveniente, porque implica una gesti&oacute;n de la canasta familiar bastante complicada. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   En general hay que decir que es asombrosa la cantidad de cartas de m&uacute;sicos dirigidas al Cabildo donde se registran protestas relativas a los pagos. La mayor&iacute;a de ellos fundamentan su pedido con el argumento de tener una familia que mantener, aparte de servir puntualmente y esmerarse en su tarea. Ser m&uacute;sico de la catedral no implica tener un nivel salarial c&oacute;modo, sino gozar de un prestigio en el seno de la sociedad. Pero son pocos los que se contentan con esta situaci&oacute;n, por lo visto en la documentaci&oacute;n administrativa. En particular, es notable la situaci&oacute;n de los salmistas, que tienen que estar presentes todos los d&iacute;as. Considerados como aprendices del oficio, no percib&iacute;an un sueldo relativamente superior al de los instrumentistas, cuyos horarios eran veinte veces menores. Los llamados Â«m&uacute;sicosÂ»<Sup>27</Sup>, o sea los cantores y ta&ntilde;edores, gozaban de una posici&oacute;n prestigiosa debido a su papel protag&oacute;nico durante las celebraciones. As&iacute;, mientras el salmista se beneficiaba de 100 pesos anuales, el m&uacute;sico cantor percib&iacute;a alrededor de 250. Algunos m&uacute;sicos ejercen otra profesi&oacute;n aparte de la de profesional de la m&uacute;sica, con frecuencia la de abogado. Esto se explica por el exiguo salario que recib&iacute;an tocando en la capilla musical. Esta situaci&oacute;n es la misma desde la &eacute;poca anterior, pero pocos son los m&uacute;sicos que se dedican a otra actividad, dada la carga horaria, que les imped&iacute;a cualquier ausencia de m&aacute;s de dos o tres d&iacute;as. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Un caso en el que vale la pena detenerse es el de Manuel Mariano Zambrana, m&uacute;sico cantor de la capilla musical desde el a&ntilde;o 1806: su carta es emblem&aacute;tica de la situaci&oacute;n de los m&uacute;sicos. Su talento ya era reconocido a los nueve a&ntilde;os, cuando viv&iacute;a en Cochabamba. Emprendi&oacute; el viaje hasta La Plata movido por promesas de grandes beneficios. En una carta sin fecha precisa que estas promesas no fueron cumplidas a pesar de haberlo privado Â«del abrigo de mis padres (qu&eacute; desgracia)Â»<Sup>28</Sup>. Trabaj&oacute; intensamente durante nueve a&ntilde;os de tiple en la capilla musical Â«echando el bote, y sirviendo a todos los de la Santa Iglesia como un esclavo, llegu&eacute; a mudar la voz con fortuna, porque no he sido in&uacute;til ni un d&iacute;a, ni menos he comido el pan de la Iglesia de baldeÂ». Una vez salmista, lleg&oacute; a obtener tres veces el aumento de su sueldo, hasta llegar a 250 pesos. Escribe que la raz&oacute;n de su ascenso fue </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">que	a	los	que	se	aventajaban	en	el	servicio	y	gozaban	una	conducta	m&aacute;s	que	 regular,	y	agotaban	sus	fuerzas	en	&eacute;l,	llegaban	a	ser	m&uacute;sicos	con	menos	asistencias	(esta	ha	sido	seg&uacute;n	tradici&oacute;n	costumbre	muy	antigua). </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Podr&iacute;amos a&ntilde;adir una precisi&oacute;n a lo que escribe Manuel Zambrana. En la &eacute;poca espa&ntilde;ola, los m&uacute;sicos que ten&iacute;an alg&uacute;n renombre o relaci&oacute;n con una autoridad eclesi&aacute;stica llegaban a percibir un emolumento importante con pocas horas de trabajo. No es el caso de Zambrana, que tuvo que trabajar duro: Â«hasta botar sangre del pecho serv&iacute; en ese remoÂ». Logr&oacute; ser m&uacute;sico cantor con 300 pesos de renta: </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">por	guardar	siempre	mi	conducta,	y	contando	con	el	corto	salario	&eacute;ste,	tom&eacute;	el	 estado	del	matrimonio	(por	mi	desgracia)	y	hoy	me	veo	cargado	de	tres	hijos	varones,	tiernos	(que	alg&uacute;n	d&iacute;a	pueden	ser	&uacute;tiles	a	la	Santa	Iglesia)	sin	m&aacute;s	auxilio	 que	estos	300	ps. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   No obstante, este salario no es suficiente, y Zambrana escribe que si hubiera sabido cual iba a ser su destino, no se hubiera mudado de Cochabamba, Âˇni se habr&iacute;a casado! </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> <b>Consideraciones finales </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   El tratamiento que la instituci&oacute;n eclesi&aacute;stica reserva a los m&uacute;sicos no es del todo satisfactorio. No debemos olvidar que las fuentes administrativas dan una mirada parcial de la situaci&oacute;n de los m&uacute;sicos, puesto que s&oacute;lo contienen los motivos de desagrado de &eacute;stos, sin mencionar las ventajas que podr&iacute;an tener siendo int&eacute;rpretes de la prestigiosa Catedral de La Plata (Sucre). En m&aacute;s de un siglo, la configuraci&oacute;n del conjunto musical y el g&eacute;nero de m&uacute;sica ha cambiado, adapt&aacute;ndose a los gustos del p&uacute;blico y gracias a las iniciativas tomadas por los maestros de capilla. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">   Los integrantes de la capilla musical de La Plata manifiestan actitudes que corresponden a las mentalidades de su &eacute;poca. A finales del s. XVIII, las ambiciones y actitudes individualistas revelan el endurecimiento de las posiciones y el miedo de perder ventajas sociales y econ&oacute;micas. La presencia de espa&ntilde;oles en el elenco es entonces mal vista. Durante los primeros quince a&ntilde;os del s. XIX, la Iglesia pasa por cambios dr&aacute;sticos: pierde a un prelado muy estimado, busca afirmar su presencia en las provincias y se enfrenta al principio de una guerra que cuestiona profundamente sus fundamentos institucionales. La capilla musical no parece atravesar una crisis de mayor alcance, ya que las autoridades se muestran particularmente atentas a la continuidad del culto. Se le pide tomar posici&oacute;n en el momento en que Mox&oacute; y Francol&iacute; fallece, con el fin de garantizar su cohesi&oacute;n y permanencia en medio de la tormenta. Posteriormente, la Iglesia vuelve a ser el instrumento de la afirmaci&oacute;n del poder civil y Pedro Xim&eacute;nez Abrill y Tirado ser&aacute; el abanderado de la joven Rep&uacute;blica gracias a su talento para solemnizar las celebraciones. De una m&uacute;sica al servicio de la religi&oacute;n pasamos a una m&uacute;sica al servicio del poder civil, lo cual no acepta Pedro Xim&eacute;nez, quien buscar&aacute; v&iacute;as de reconocimiento distintas para su talento, que no merece ser instrumentalizado. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> A pesar de la tormenta, los m&uacute;sicos de la Catedral de La Plata tocaron y compusieron obras que a&uacute;n deben ser transcritas para que vuelvan a ser tocadas y escuchadas, siendo patrimonio de todos los bolivianos.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1 El sochantre era encargado del canto llano, o sea, del canto gregoriano mon&oacute;dico que se cantaba durante las celebraciones   diarias llamadas las â€śhorasâ€ť. Estos sochantres eran m&uacute;sicos por lo general eclesi&aacute;sticos y no todos deseaban ser maestros   de capilla. No vamos a hablar m&aacute;s detalladamente de ellos porque fueron maestros de capilla intermediarios y no llegaron a imponerse en el cargo tanto como un titular.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2 R. M. Stevenson, The music of Peru, Washington, 1959 y S. Claro-Vald&eacute;s, Antolog&iacute;a de la m&uacute;sica colonial en Am&eacute;rica del Sur,   Universidad de Chile, 1974. Es el m&aacute;s conocido de todo el siglo XVIII y dej&oacute; alrededor de 151 obras en el Archivo Nacional de Bolivia, lo cual le vali&oacute; llamar la atenci&oacute;n de los primeros music&oacute;logos que se interesaron en estudiar la m&uacute;sica barroca.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3 Les Chemins du Baroque, Lâ€™or et lâ€™argent du Haut P&eacute;rou. Lâ€™oeuvre de Juan de Araujo, Gabriel Garrido (dir.), Ensemble Elyma,   label K 617, 1992, Paris.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4 Una vez que la voz del ni&ntilde;o cantor muda, pasa a ser salmista con m&aacute;s horas de trabajo y un salario m&aacute;s importante. Esta promoci&oacute;n es el reconocimiento impl&iacute;cito de que el ni&ntilde;o pasa a ser un adulto, aunque fuera todav&iacute;a aprendiz del oficio, ya que trabajaba 5 veces m&aacute;s que un m&uacute;sico por un salario 3 a 5 veces inferior.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  5 En las fuentes aparecen tambi&eacute;n como â€śministrilesâ€ť. Hemos de se&ntilde;alar aqu&iacute; que este puesto era ocupado por indios, sin que   esta tradici&oacute;n se pueda fechar. Se suceden en este puesto varias dinast&iacute;as de bajoneros y obo&iacute;stas indios, generalmente hijos   de caciques. Algunos recib&iacute;an un salario relativamente alto y percib&iacute;an una suma de dinero al momento de jubilarse, privilegio   que obten&iacute;an s&oacute;lo algunos m&uacute;sicos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  6 ABAS, A. C., F&aacute;brica, vol. 9.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  7 ABAS, A. C., Diezmos, vol. 85, 1711.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  8 Instancia encargada de gestionar los fondos financieros de la Catedral.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  9 Aunque fue presb&iacute;tero, tuvo un hijo natural con Francisca Carrizo. Se llama Manuel de Mesa y Carrizo y entr&oacute; tambi&eacute;n en la   capilla musical para despu&eacute;s convertirse en organero, o sea, restaurador de &oacute;rganos en todo el virreinato.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  10 ANB, Escrituras P&uacute;blicas, 1773, nÂ° 275, f. 215. â€śDeclaro que la costumbre antiguada que han tenido los Maestros de Capilla   anteriores, ha sido el de no hacer conciertos, ni comprarlos, como que no han sido obligados a ello; pero lo tengo practicado   ejecutando la compra de algunosâ€ť</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">11 ABAS, AC, Actas Capitulares, vol. 24, f. 129-v</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  12 ABAS, AC, Actas Capitulares, vol. 26, f. 2-v.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13 ABAS, AC, Actas Capitulares, vol. 26, f. 29-v.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 14 ABAS, AC, Actas Capitulares, vol. 26, f. 30.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">15 ABAS, AC, Actas Capitulares, vol. 27, f. 17.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">16 ABAS, AC, Correspondencia, vol. 18, documento nÂ° 179.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 17 ABAS, AC, Legajos, F&aacute;brica, nÂ° 4.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 18 La destreza de su pluma es la de un hombre culto y amante de las letras.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 19 ABAS, AC, Correspondencia, vol. 19.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">20 ABAS, AC, Actas Capitulares, vol. 29, 1835-1841, f. 73. Esta cita aparece tambi&eacute;n en el art&iacute;culo de B. Rossels.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">21 ABAS, AC, Correspondencia, vol. 22.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  22 ABAS, AC, Correspondencia, vol. 22.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 23 ABAS, AC, Correspondencia, vol. 22.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">24 ABAS, AC, Actas Capitulares, vol. 29, 1835-1841, f. 81-v.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  25 ABAS, AC, Actas Capitulares, vol. 29, 1835-1841, f. 2-v.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> 26 ABAS, AC, Expedientes, vol. 41.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">27 Esta denominaci&oacute;n estuvo vigente durante toda la &eacute;poca espa&ntilde;ola, y pierde su significado la de â€ścantorâ€ť hacia 1855, adquiriendo el sentido gen&eacute;rico que conocemos hoy d&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">  28 ABAS, AC, Correspondencia, vol. 18.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
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