<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>2077-3323</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista Ciencia y Cultura]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev Cien Cult]]></abbrev-journal-title>
<issn>2077-3323</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Católica Boliviana]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S2077-33232000000100025</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Poéticas de la ciudad]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mercado C.]]></surname>
<given-names><![CDATA[Edmundo]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2000</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2000</year>
</pub-date>
<numero>7</numero>
<fpage>193</fpage>
<lpage>198</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S2077-33232000000100025&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S2077-33232000000100025&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S2077-33232000000100025&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font face="Verdana" size="4">Poéticas de la ciudad</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font face="Verdana" size="2">Edmundo Mercado C.</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr noshade>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La historia del arte en Bolivia no se ha escrito todavía, pero en la actualidad sí se habla de la historia acaecida en los últimos cien años. A pesar de ello, es posible pensar poéticas que se escriben, como parte de la historia cultural de La Paz. Estas poéticas se hallan inscritas en muchos espacios, que no siempre han sido bien reconocidos por sus habitantes ni por los medios oficiales. Esculturas, pinturas, textos poéticos y otros monumentos perviven en la ciudad como un legado cultural que permanece a través de los siglos y que provienen de diversas fuentes de creación. Los espacios artísticos se ubican en sitios impensables, es por ello que, en este ensayo, se pretende realizar una lectura a los textos que están inscritos en el cementerio de La Paz como poéticas de la ciudad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Muchas personalidades habitan con sus artes esta <i>otra ciudad</i><sup>1</sup><i> y </i>no se puede olvidar su legado. Estos seres han transitado por la asimétrica urbe y en algunos casos se han perdido en el olvido. El Pabellón de los Notables es el espacio donde habitan algunos textos poéticos sobre la ínclita Chuquiagu. Néstor Portocarrero le canta a La Paz su inmortal poética, el tango Illimani (1948). Este canto se eleva sobre la ciudad y se renueva en la sucesión de versiones que se realizan sobre la composición, una de ellas es la versión del pianista Guillermo Butikofer, el texto musical es un canto poético abstracto a La Paz. Esta poética se inscribe dentro de un texto &quot;no tradicional&quot; en Bolivia, como es el tango, sin embargo reafirma su permanente inspiración melancólica, influencia del romanticismo que atraviesa toda la cultura boliviana:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">&quot;Tierra mía mi canción como un lamento&quot;. El tango Illimani único en su género marca una voz poética de La Paz, asume su propiedad sobre el espacio cultural -como el ultraísmo en el tango que se apropia de Buenos Aires- al mismo tiempo emplea dos lenguajes poéticos. El citadino: <i>Mi canción mi serenata, bajo tu luna de plata, cerca del amanecer y entre amigos con cerveza disipar esta tristeza y una vida nueva hacer; </i>y el lenguaje poético que se entreteje con metáforas propias del modernismo boliviano: <i>...desde el lago te han canto mil sirenas con sus voces de cristal. </i>La poética de Néstor Portocarrero ocupa los espacios culturales entre Sopocachi y Miraflores, el poeta transita su destino, <i>amar a la ciudad </i>-hay que observar que el río Choqueyapu media entre estos espacios poéticos, que hacen de sus diferencias una misma tradición. La producción artística en Bolivia atraviesa distintos espacios culturales, entre el romanticismo y el modernismo, pero el romanticismo llega a ser el movimiento predominante.</font></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/rcc/n7/a25_figura_01.jpg" width="650" height="494"></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En el cementerio también habitan los &quot;anónimos que firman con nombre y apellido&quot;, estos seres han entregado con suma devoción su arte a la <i>ciudad, </i>aunque no siempre se los ha reconocido, ahí están sus trabajos y sus obras, a vista y paciencia de todos los estantes. Una lectura a de permitir abrir dichos espacios poéticos que permanecen en absoluto silencio, y que hablan, a través de los textos, con el tiempo, sujetos, movimientos y tendencias -este proceso puede remover el pensamiento sobre La Paz.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las textualidades poéticas registran cantos de amor en la <i>ciudad-alma, </i>allí está el anónimo Eduardo que inscribe en el epitafio de su amada este poema:</font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><b>Daría C. de Eduardo</b></font>    <br> <font face="Verdana" size="2">Cementerio General de La Paz     <br> 18 de junio de 1916</font></p> <table width="493" border="0" align="center">   <tr>     <td width="78">&nbsp;</td>     <td width="337">    <p align="left"><font face="Verdana" size="2">De la fe por el móvil impelido     <br>       llego a pensar en mi dolor tenaz     <br>       voy a hallarte en el cielo bendecida     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       en el trono de Dios en ese nido     <br>       donde hoy moras en paz.     <br>       Y el cuervo de Poe Grazna en mi oído     <br>   ¡Nunca más!</font></p>           <p align="left"><font face="Verdana" size="2">¡Nunca más! ¡Nunca más... Ah! No quisiera     <br>         consentir ese augurio en mi dolor,     <br>         mi alma inmortal la perfección espera,     <br>         Yo he de ver a mi dulce compañera,     <br>   ídolo eterno de mi eterno amor     <br>         luciendo entre los lampos de la esfera     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     como un Ángel de Luz y de Candor.</font></p>         <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><i>Eduardo</i><sup>2</sup></font></p></td>     <td width="64">&nbsp;</td>   </tr> </table>     <blockquote>       <p align="right">&nbsp;</p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El anónimo enamorado inscribe su amor, el poema a Daría, que atraviesa el tiempo. Este texto pertenece a los monumentos de la <i>otra ciudad, </i>en la lápida aparece la escultura del busto de Palas, sobre su cabeza reposa el cuervo de Poe. Esta poética remite los sentidos hacia el poema de Poe, su amada deja este mundo y el cuervo replica: <i>¡Nunca más! ¡Nunca más! Daría </i>la amada de Eduardo está en otro espacio desde 1916, bajo el signo de Dios.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Gregorio Reynolds también ocupa espacios poéticos inscritos en la ciudad, en el Montículo del barrio de Sopocachi se encuentra su famoso poema &quot;La Llama&quot; y en la <i>otra ciudad </i>reside junto a sus palabras eternas escritas en su lápida.</font></p> <table width="493" border="0" align="center">   <tr>     <td width="78">&nbsp;</td>     <td width="337">    <p align="left"><font face="Verdana" size="2">Vivir sin hacer da&ntilde;o     <br> Morirse de repente     <br> Son la envidiable vida     <br> Y la envidiable muerte<sup>3</sup></font></p>     </td>     <td width="64">&nbsp;</td>   </tr> </table>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Mientras Porfirio Díaz Machicao le canta a su muerte:</font></p> <table width="493" border="0" align="center">   <tr>     <td width="78">&nbsp;</td>     <td width="337">    <p align="left"><font face="Verdana" size="2">Cabeza<i> </i>flor del cuerpo</font>    <br>         <font face="Verdana" size="2">Misteriosa flor</font>    <br>         <font face="Verdana" size="2">Que apag&oacute; la muerte,</font>    <br>         <font face="Verdana" size="2">Su aroma fue el pensar</font>    <br>         <font face="Verdana" size="2">Ahora cabeza<i> </i>fr&iacute;a</font>    <br>         <font face="Verdana" size="2">Ah&iacute; est&aacute; inm&oacute;vil</font>    <br>         <font face="Verdana" size="2">El &uacute;ltimo pensamiento</font>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>         <font face="Verdana" size="2">Convertido en niebla.</font></p></td>     <td width="64">&nbsp;</td>   </tr> </table>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los textos sobre la ciudad se suceden en silencio, como los habitantes y los futuros ciudadanos de la necrópolis van a seguir el camino de sus mayores, parte de su ser está en este otro espacio. La historia de la <i>meta-ciudad </i>espera su reconocimiento para dar luz a sus poéticas. Así la escultura de marina Núñez del Prado en la tumba de Gregorio Reynolds, habita junto al autor como emblema de su creación. La escultura guarda la simbología poética sobre la obra del autor, dos estéticas que se unen en el arte y en la otra vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La necrópolis recibe en sus espacios a diversas expresiones de arte, allí las relaciones se funden en un gran sincretismo cultural, de ello devienen los actores en tránsito permanente; los personajes ilustres descansan, así Félix Reyes Ortiz advierte en su canto a los visitantes.</font></p> <table width="493" border="0" align="center">   <tr>     <td width="78">&nbsp;</td>     <td width="337">    <p align="left"><font face="Verdana" size="2">Vosotros que pisáis la planta altiva     <br> entrad aquí por el dolor cubiertos     <br> que nunca la algazara de los vivos     <br> ha de turbar la calma de los muertos<sup>4</sup>.</font></p></td>     <td width="64">&nbsp;</td>   </tr> </table>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Al ingreso del cementerio se encuentra esta sentida advertencia, escrita sobre la pared que sostiene una antigua fuente de agua. ¡Acaso en este texto se reivindica el silencio del arte, que se despoja de la vana ambición de los mortales!</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Allí permanecen otros habitantes como Jaime Saenz que, desde su cruz de madera propone sólo su presencia, Oscar Cerruto que comparte el mismo pabellón con José Eduardo Guerra y Claudio Peñaranda entre otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La ciudad contiene a las poéticas que le cantan, las guarda en su seno y sólo las devela a quienes ansían descubrir los cantos y encantos de La Paz. Permanecen los que están presentes a pesar del silencio, el tiempo y la muerte. Los espacios persisten con sus propias textualidades poéticas. Los discursos poéticos sobre la ciudad se encuentran dispersos en distintos espacios, y el cementerio no queda al margen.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En la década de los años cuarenta surge una poética que tiene relación con la ciudad, Arturo Borda escribe y pinta sobre el resplandeciente Illimani, se registran muchas pinturas al majestuoso, además ensaya diversos textos literarios al guardián de la ciudad.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><i>Día claro. Cielo azul. El Illimani. La Cumbre.</i></font></p>       <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><i>El Loco, extendiendo el brazo y la mano a la altura de sus ojos, girando sobre sus pies, señaló los horizontes y aspiró mucho aire, como queriendo absorber la inmensidad. E hincándose se puso en cruz a orar, elevando su vista al cielo</i><sup>5</sup><i>.</i></font></p> </blockquote>     <p align="center"><img src="/img/revistas/rcc/n7/a25_figura_02.jpg" width="467" height="686"></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El autor <i>de El Loco </i>amó como nadie al Illimani, <i>Achachila, Tata Apu, </i>no en vano eleva su oración y le brinda; hecho que también pinta, en su cuadro ¡Salud! aparece la mano de Arturo Borda brinda al Illimani, sostiene un vaso de agua que contiene una Kantuta. Arturo Borda ha pintado el Illimani hasta la locura y como herencia se pueden contar en la actualidad más de doce pinturas al Cóndor Blanco.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En otro espacio muy especial, habitan los ciudadanos de la otra ciudad, este espacio es el libro de Porfirio Díaz Machicao: <i>El Ateneo de los muertos, </i>en el texto se inscriben poéticas que en algunos casos tienen que ver con la ciudad, como bien el mismo autor reconoce a los creadores y a sus obras:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">... <i>estos que están aquí, ... con el resplandor santificado de su existencia y de su arte, hay muchas cosas que admirar y desentrañar, locos, taumaturgos, suicidas y señores; de tal jaez son los ilustres varones del Ateneo de los Muertos, institución que ahonda, desde la tumba, el surco de la cultura boliviana<sup>6</sup>.</i></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En el libro habitan los creadores, allí perviven: Alcides Arguedas, Juan Francisco Bedregal, Arturo Borda, Juan Capriles, Armando Chirveches, José Eduardo Guerra, Carlos Medinaceli, Luis Mendizábal Santa Cruz y Nicolás Ortiz Pacheco entre otros. Están los que tienen que estar, y permanecen vivos en su muerte, como un desafío a toda la historia que todavía no se ha escrito. Como anticipación del canon de la literatura boliviana, estos nombres transitan la cultura a pesar de la ignorancia colectiva, de la ceguera de las instituciones que no apoyan reediciones de textos que habitan en el espacio de la muerte del arte. La conciencia del olvido es la preocupación de quien busca en las palabras de los muertos el reconocimiento de las obras de arte en peligro.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La ausencia de la historia del arte en Bolivia se ha puesto en evidencia, tal vez sea tiempo de pensar en ella. El estado actual de las cosas hace que las poéticas de la ciudad vayan desapareciendo sin la protección debida. No hay atención a los monumentos que están en peligro. Para corroborar esto es suficiente realizar una visita al Pabellón de los Notables del Cementerio General de la ciudad de La Paz.</font></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/rcc/n7/a25_figura_03.jpg" width="371" height="360"></p>     <p><b><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Notas</font></b></p>     <p><font face="Verdana" size="2">1&nbsp; &nbsp;Me refiero al cementerio de la ciudad de La Paz.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2&nbsp; &nbsp;Esta poema se encuentra en el nicho de Dar&iacute;a de Eduardo, ubicado junto a la puerta de salida de la capilla del Cementerio General de la ciudad de La Paz.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3&nbsp; &nbsp;Texto escrito sobre la tumba de Gregorio Reynolds.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">4&nbsp; &nbsp;Esta estrofa de F&eacute;lix Reyes Ortiz se encuentra en el ingreso del Cementerio General de la ciudad de La Paz.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5&nbsp; &nbsp;Arturo Borda: <i>El Loco. </i>H. Alcald&iacute;a de la ciudad de La Paz. 1966. P&aacute;g. 1409.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6&nbsp; &nbsp;Porfirio D&iacute;az Machicao: <i>El Ateneo de los Muertos. </i>Ediciones Buri Ball. La Paz 1956 p&aacute;g. 7.</font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
