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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Prólogo: Ruinas en Gestación]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Prólogo</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font face="Verdana" size="4">Ruinas en Gestación</font></b><font face="Verdana" size="4"></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr noshade>     <p align="center">&nbsp;</p>     <blockquote>       <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><i>La destrucción de una ciudad ha sido la verdadera causa de su definitiva permanencia.</i></font></p> </blockquote>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><i>Jaime Saenz</i></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cuando uno escribe deseando habitar esta ciudad, mira y se habita desde lo alto. Cuando uno camina y desea ver, le surgen otro tipo de preguntas, ya no la metafísica o la abstracta, sino la vivencial, del tiempo de las gentes y las calles que atraen otra realidad más íntima y por tanto más extraña; es también la forma de lo que no podemos ver del todo, lo que encarna la intuición, es un espacio que actúa y crea la ciudad, nuestra presencia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las ruinas se crean desde que el hombre desafía a la catástrofe del tiempo, y lo que permanece y concentra los deseos y repulsiones de varias generaciones de un barrio, villa o callesita. Aquello que es capaz de proyectarse en otras permanencias, imperceptibles en su momento de fundación, son las que nos interesan. Y es lo que deseamos percibir, una ruina en la idealización, el deseo de que algo suceda o se construya, una inminencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estos textos recolectados, hijos del custodio de lo que pasa y no, serán si así lo permite el tiempo, la ruina que dejaremos en nuestra ciudad actual, como ya en el pasado lo han hecho sin aturdimientos o perversiones. Empezamos con un cuadro sobre la pared, nuestra portada, foto preferida de un museo demencial, una ciudad que se sostiene gracias a la fuerza del vacío, ciudad de media luna que nos hace ver que todo es abismo arriba y abismo abajo. Y en esa luz de nuestras ruinas preferidas está don Julio César Valdés quien reaparece con una bohemia del</font> <font face="Verdana" size="2">siglo XIX, de bolsistas y diputados con un francés paceño en el bolsillo del chaleco... Actas Capitulares que nos revelan el origen de nuestros aparapitas, cargadores de la devoción desconocida, que hemos aprendido a respetar, como aquella multa de latigazos sobre quien se anime a cortar árboles o sacar comida de esta ciudad; hay que volver a raptar a nuestro primer herrero, regresar a la picota capitular de fundación.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los trances han sido muy largos, y estos textos, esperamos, sirvan más para crear e investigar que como cosa acabada, como el número de una revista. He aquí la entrada absoluta a los cementerios nocturnos, en la cual no se confirma sino algo inconcluso, un universo infinito que desea continuación, ruinas, un paseo por el tiempo en este espacio nuestro. Ya así lo confirma, por anticipado Jaime Taborga, o aquella arquitectura que surge de recovecos y cosas amontonadas que filtran la luz, como la investigación en filigrana, aquella historia de perfiles afilados y amontonados que nuestras montañas y calles van haciendo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La persistencia no siempre es buena, es mejor que las cosas sucedan sin intermediarios, que estos textos tengan su propia historia, ya sin nosotros. A todos los que colaboraron con ideas, espíritu e institucionalmente, mil gracias...</font></p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2">Los recolectores.</font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>      ]]></body>
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