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<journal-title><![CDATA[Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA DELINCUENCIA JUVENIL DESDE LA PERSPECTIVA PSICOANALÍTICA]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ENSAYO</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>LA DELINCUENCIA JUVENIL </b>    <br>       <b>DESDE LA PERSPECTIVA  PSICOANAL&Iacute;TICA </b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>JUVENILE DELINQUENCY    <br>   FROM A  PSYCHOANALYTIC PERSPECTIVE</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Silvia Elena Tendlarz</b><a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title=""> 1</a>    <br>   Universidad del Salvador, Buenos Aires</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El crimen y el delito, el criminal y el  delincuente, y finalmente las v&iacute;ctimas, se distribuyen seg&uacute;n acuerdos  consensuales que determinan qu&eacute; es un crimen y cu&aacute;l es su castigo. Es m&aacute;s,  existe una construcci&oacute;n social del crimen y de su consecuente castigo que si  bien vale para todos debe contemplar la manera en que se aplica de acuerdo a  los casos particulares. Cada sociedad genera sus criminales y delincuentes,  aquellos que caen de las normas establecidas e instrumenta distintas formas de  penalizaci&oacute;n.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La responsabilidad penal parte de la  idea de la conciencia y de la comprensi&oacute;n de los actos y de la libertad de  elecci&oacute;n. No obstante, el diagn&oacute;stico de enfermedad suspende este estado de  derecho como as&iacute; tambi&eacute;n el de responsabilidad penal. Por otra parte, la edad  cronol&oacute;gica de quien comete el delito o el crimen es contemplado por las leyes  y tambi&eacute;n pueden quitar la imputabilidad.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La llamada &quot;delincuencia  juvenil&quot; convoca sin lugar a dudas m&uacute;ltiples discursos que convergen y se  diferencian entre s&iacute;, en particular en lo que concierne a las perspectivas  jur&iacute;dicas y otras disciplinas como la psicoanal&iacute;tica. Tanto la justicia como el  psicoan&aacute;lisis utilizan las nociones de culpabilidad y de responsabilidad pero  de distintas maneras. Examinaremos esta diferencia para enfatizar la acci&oacute;n  propia del psicoan&aacute;lisis que se dirige a sujetos, para detenernos luego en c&oacute;mo  el empuje superyoico y el declive de la autoridad contribuyen en la inclusi&oacute;n  de los j&oacute;venes en la delincuencia.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>1. El sujeto seg&uacute;n el  psicoan&aacute;lisis</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>&nbsp;</b>El derecho es una pr&aacute;ctica jur&iacute;dica que  pone en escena a un sujeto, pero que no es el mismo que aquel que queda  involucrado en la pr&aacute;ctica anal&iacute;tica. En sentido estricto, el sujeto de derecho  constituye una ficci&oacute;n que manifiesta que el Estado o las &quot;personas morales&quot;  pueden ser declarados sujetos de derecho. Estas denominaciones forman parte del  discurso del derecho pero no del inconsciente.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El sujeto del psicoan&aacute;lisis es el sujeto  dividido y solo puede ser aprehendido a partir de la narraci&oacute;n del paciente  dentro del dispositivo anal&iacute;tico, por fuera de la intencionalidad de lo que el  sujeto quiere decir. La interpretaci&oacute;n anal&iacute;tica apunta a este sujeto, no a la  persona o al individuo, a aqu&eacute;l que habla y es hablado a trav&eacute;s de sus propias  palabras.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hay que distinguir tambi&eacute;n el campo  psicoanal&iacute;tico del psico-jur&iacute;dico en el que se intenta explicar el acto  criminal a trav&eacute;s de su historia y de los datos reunidos sobre su psiquismo. En  realidad siempre hay una distancia entre la historia del sujeto y su acto, no  quedan necesariamente en continuidad. El acto no puede explicarse a trav&eacute;s de  la psicolog&iacute;a del autor del crimen.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La noci&oacute;n de responsabilidad desde el  psicoan&aacute;lisis no es igual a la jur&iacute;dica. El sujeto con el que trabaja el  psicoanalista no es la conciencia que se confiesa. El asentimiento subjetivo  que forma parte del interrogatorio jur&iacute;dico no tiene las mismas resonancias en  la entrevista con el analista puesto que la significaci&oacute;n que un acto puede  tener para un sujeto no es equivalente a la confesi&oacute;n de un crimen sobre la que  se basa la pericia psiqui&aacute;trica. En realidad, un sujeto puede quedar en  silencio no solo para ocultar la verdad sino que tal vez porque no tiene nada  para decir en relaci&oacute;n a lo acontecido.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De esta manera, la responsabilidad en  psicoan&aacute;lisis no concierne al sujeto imputable y culpable que resulta de un  juicio, es decir, aqu&eacute;l que puede sufrir las consecuencias del acto delictivo.  De su posici&oacute;n el sujeto siempre es responsable, est&aacute; incluido en los actos que  ejecuta, sin que por ello sea jur&iacute;dicamente culpable. La culpa es un elemento  de la estructura subjetiva que concierne a la relaci&oacute;n del sujeto con la falta y  que es tramitada de distintas maneras sin recurrir necesariamente a un acto  criminal o delictivo.&nbsp;     <br> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En las legislaciones el problema de la  edad cronol&oacute;gica sigue vigente. Se trata de instrumentar reglamentaciones que  protejan y amparen al ni&ntilde;o, al mismo tiempo que lo incluyan en un sistema legal  que valga para todos por igual. Es decir, hay que encontrar una estructura  legal que contemple los impasses subjetivos de aquellos que por su edad no  quedan suficientemente concernidos y que, por otra parte, trate de limitar los  usos contempor&aacute;neos de los menores con fines delictivos dada su  inimputabilidad. Los casos excepcionales, aquellos que escapan a las  situaciones cotidianas, tienen que lograr tener su lugar en el universal que  rige la ley para que su implementaci&oacute;n no se deshumanice. En ese equilibrio  inestable entre &ldquo;el&rdquo; ni&ntilde;o y &ldquo;ese&rdquo; ni&ntilde;o, cada ni&ntilde;o en su particularidad, se teje  la estructura social y legislativa que vela sobre ellos.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las legislaciones argentinas, al hablar  de los derechos del ni&ntilde;o, incluyen el concepto de &ldquo;persona en desarrollo&rdquo;. El  concepto de persona tiene un uso actual en cuestiones relativas a la bio&eacute;tica  en la medida en que se interroga si se puede dar o no el estatuto de &ldquo;persona&rdquo;  a los embriones congelados. A la &ldquo;persona&rdquo;, como a la &ldquo;personalidad&rdquo;, se la  identifica con el uso de la conciencia. Se excluye as&iacute; la presencia de un  sujeto, que por su misma definici&oacute;n, se hace presente en los enunciados a  trav&eacute;s de la enunciaci&oacute;n. La llamada &ldquo;persona en desarrollo&rdquo; no se contrapone  necesariamente con la perspectiva subjetiva pero indica ya un punto de abordaje  diferente. Se trata de se&ntilde;alar entonces cu&aacute;l es su articulaci&oacute;n posible.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En segundo lugar, la ley se ocupa de los  &ldquo;derechos del ni&ntilde;o&rdquo;. Esta orientaci&oacute;n implica ya un cambio de aprehensi&oacute;n del  ni&ntilde;o: de ser un &ldquo;objeto de protecci&oacute;n&rdquo; se pasa a la restituci&oacute;n de su estatuto  de &ldquo;sujeto de derecho&rdquo;. Encontramos aqu&iacute; una evoluci&oacute;n en las legislaciones  relativas al ni&ntilde;o. El punto central de la ley es la afirmaci&oacute;n del &ldquo;derecho a  ser o&iacute;do&rdquo;. No se trata ya de que se hable de &eacute;l a trav&eacute;s de la declaraci&oacute;n de  sus derechos, sino que se lo escucha. Se apunta as&iacute; no tanto al ni&ntilde;o-objeto de  la ley sino a dar lugar al sujeto para que pueda dar sus razones,  restituy&eacute;ndole su derecho a tomar la palabra y ser escuchado.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora bien, no alcanza con hablar ni con  ser escuchado. A eso se a&ntilde;ade qui&eacute;n lo escucha y qu&eacute; se hace con lo que dice.  Un ni&ntilde;o puede ser escuchado en su declaraci&oacute;n s&oacute;lo para dictaminar si miente o  fabula, como en muchas ocasiones en las pericias por abuso sexual infantil. La  escucha del ni&ntilde;o no lo vuelve m&aacute;s sujeto en este caso. Sigue siendo el objeto  del poder de la justicia y de su veredicto.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La justicia se asegura del ejercicio  efectivo de los derechos reconocidos al ni&ntilde;o y facilita la instrumentaci&oacute;n  legal de ese derecho a trav&eacute;s de la informaci&oacute;n adecuada, el suministro de  abogados y la reflexi&oacute;n de sanciones acordes a su edad en caso de de delitos  cometidos.    <br> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El psicoan&aacute;lisis, por su parte,  distingue el <i>sujeto</i> del <i>yo</i>. El <i>yo</i> es el residuo de las identificaciones con las que se viste el  sujeto. Es una unidad que corresponde a una imagen y a sus ideales.  Fundamentalmente, el yo que afirma, niega o reflexiona es puro desconocimiento,  porque aquello que lo determina se hurta a &eacute;l mismo. Esto conduce a una  reflexi&oacute;n acerca del valor que se le da al asentimiento y c&oacute;mo se sit&uacute;a  verdaderamente el lugar del sujeto. El sujeto, en cambio, es puntual,  evanescente. Aparece en los intersticios de las palabras, en las puntuaciones,  en las pausas, en los lapsus, en aquello que no se sabe y se vuelve una  manifestaci&oacute;n de lo inconsciente. En definitiva, el sujeto es un estilo que se  capta en el decir del sujeto, en su enunciaci&oacute;n, a trav&eacute;s de sus palabras.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El psicoan&aacute;lisis se ocupa de las  singularidades en las que cada caso vale con los principios de su organizaci&oacute;n  interna. El tratamiento se desarrolla en la intimidad del encuentro entre el  paciente y el analista, y en ese &aacute;mbito particular se aloja el decir del  sujeto. Ninguna situaci&oacute;n, por l&iacute;mite que sea, supone necesariamente&nbsp; la iniciaci&oacute;n de un tratamiento. La demanda  de an&aacute;lisis debe a&ntilde;adirse, y el tratamiento permite que el sujeto tome una  posici&oacute;n frente a aquello que origina la consulta. El sujeto no es el ni&ntilde;o,  pero eso no impide que nos ocupemos de los ni&ntilde;os.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En cuanto a los adolescentes, ellos han  cobrado notoriedad en las edades de la vida por lo tumultuoso y explosivo,  ab&uacute;lico y desganado, abnegado e idealista, desafiante y desenfadado, entre  otras descripciones, vale decir, por toda una serie de pares antin&oacute;micos que  dan cuenta de polaridades con las que el sujeto intenta encontrar su lugar. Mil  y un rostros con los que se capta un momento del devenir que se vuelve  paradigm&aacute;tico del cambio: se abandona la ni&ntilde;ez y se establece un tr&aacute;nsito hacia  la vida adulta. La apertura a las contingencias de la vida raramente queda as&iacute;  puesta en primer plano como en este momento, no siempre, por cierto, pero en  muchos casos.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No es posible establece un universal del  &ldquo;adolescente&rdquo;, sobre todo porque es una clase que interact&uacute;a con todos los  individuos que la componen, como dir&iacute;a Ian Hacking, modific&aacute;ndola. Los sujetos  que se incluyen en esa clase son una multiplicidad de singularidades que no  hacen el &ldquo;adolescente tipo&rdquo;. Cada uno, a su manera, transita este momento en el  que se ve requerido a dar alguna respuesta personal acerca de la sexualidad y  de la muerte, acerca del lazo con el otro y su inclusi&oacute;n en la comunidad a la  que pertenece.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El &ldquo;adolescente&rdquo; queda situado en el  intersticio en el que es a&uacute;n el depositario del discurso parental, y su  b&uacute;squeda por producir un efecto de separaci&oacute;n en el que abandona la ni&ntilde;ez. &iquest;Con  qu&eacute; recursos contar&aacute; frente al acceso a la sexualidad? &iquest;Qu&eacute; destino tendr&aacute;n sus  identificaciones, su Ideal, siempre al acecho de los imperativos superyoicos?    <br> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para los adolescentes, la cuesti&oacute;n de la  posici&oacute;n sexuada y la elecci&oacute;n de objeto est&aacute;n determinadas por el  atravesamiento de la metamorfosis de la pubertad puesto que brinda nuevas  posibilidades de hacer uso de su cuerpo y del otro. El saber buscado no  pertenece a la biolog&iacute;a puesto que no existe un instinto sexual que pueda  orientarlo. Frente al cambio real que se produce en el cuerpo, el p&uacute;ber se  confronta con un discurso social que le da un sentido pero que de ning&uacute;n modo  responde al enigma que despierta su propia sexualidad. Resulta necesario pues  un trabajo de invenci&oacute;n personal. Este tr&aacute;nsito, llamado adolescencia, lo  cristaliza en una modalidad fantasm&aacute;tica que determinar&aacute; su vida adulta.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El concepto de &quot;ni&ntilde;o&quot;, de  &quot;adolescente&quot;, incluidos en el adjetivo &quot;juvenil&quot; muestran  as&iacute; incluir una variedad de individuos diferentes y &uacute;nicos en esa clase. Y si  de la delincuencia se trata, tambi&eacute;n a esta noci&oacute;n se aplica los m&uacute;ltiples  sujetos incluidos en ella. &quot;La delincuencia juvenil&quot; se revela as&iacute;  una clase en la que se incluyen individuos dispares, todos diferentes,  palpitando una vida que le es propia.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>2. El empuje superyoico y las salidas  identificatorias</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Por fuera del veredicto, es necesario  distinguir los motivos por los que alguien comete un crimen o delito de la  relaci&oacute;n que establece el sujeto con el acto que cometi&oacute;,&nbsp; y cu&aacute;les son las repercusiones subjetivas y  legales de su acto.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Freud en 1915 escribe un texto titulado  &quot;Los que delinquen por sentimiento de culpabilidad&quot; ocup&aacute;ndose espec&iacute;ficamente  del tema de la delincuencia. All&iacute; plantea los casos en los que el acto  delictivo o criminal es el efecto de una conciencia de culpabilidad que lo  precede. La culpa es anterior a la falta. Los sentimientos de culpa que emergen  por causa de los deseos ed&iacute;picos, hacen de todo neur&oacute;tico un criminal. La  necesidad de castigo se vuelve el m&oacute;vil que conduce al acto delictivo o  criminal. De esta manera, Freud invierte la relaci&oacute;n: no se es culpable despu&eacute;s  de haber cometido el acto sino que la culpa inconsciente es previa y empuja  hacia ello.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Del lado de la psiquiatr&iacute;a encontramos  la motivaci&oacute;n y la patolog&iacute;a; del lado del psicoan&aacute;lisis freudiano la falta, la  culpa y el castigo articulados a la causalidad ed&iacute;pica; para las legislaciones  en tema concierne a la imputabilidad; y, por &uacute;ltimo, podemos a&ntilde;adir a esta  serie c&oacute;mo el empuje del supery&oacute; y las identificaciones fr&aacute;giles y d&eacute;biles de  nuestra contemporaneidad contribuyen en la inclusi&oacute;n de los j&oacute;venes dentro de  la categor&iacute;a de la delincuencia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Freud se&ntilde;ala la siguiente paradoja:  cuanto m&aacute;s renuncia el sujeto a lo pulsional a fin de responder a los mandatos  del supery&oacute; y hacerse amar por &eacute;l como espera ser amado por el padre, m&aacute;s  aumenta la severidad del supery&oacute;.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Existen distintas versiones del padre  como as&iacute; tambi&eacute;n modalidades de hacerlo existir, por amor. Pero el amor no se  tramita sin la falta. Este es el circuito propio del supery&oacute; freudiano que ante  cada renuncia pulsional aumenta su severidad e intolerancia, exigiendo todav&iacute;a  m&aacute;s renuncias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La paradoja freudiana de una renuncia  sin fin es dilucidada por Lacan cuando indica que el supery&oacute; no proh&iacute;be el  goce, como dice Freud, sino que empuja al goce (t&eacute;rmino lacaniano que incluye  la satisfacci&oacute;n y la pulsi&oacute;n de muerte). El goce no equivale al placer puesto  que es para lo mejor y para lo peor. El verdadero imperativo superyoico es <i>&iexcl;Goza!</i> Por eso Lacan llega a hablar de  la gula del supery&oacute;: todav&iacute;a un poquito m&aacute;s&hellip; El supery&oacute; no tiene una funci&oacute;n  socializante, ni tampoco act&uacute;a como la barrera frente a los deseos incestuosos,  como pretend&iacute;a el supery&oacute; paterno freudiano, sino que es un mandato de goce  cuyo cumplimiento lo vuelve tanto m&aacute;s poderoso.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La severidad del supery&oacute; del ni&ntilde;o no  expresa la severidad que ha experimentado en su trato. El psicoanalista Aichhorn  distingue dos m&eacute;todos pat&oacute;genos de educaci&oacute;n. El padre excesivamente indulgente  ocasiona en el ni&ntilde;o la formaci&oacute;n de un supery&oacute; hipersevero porque bajo la  impresi&oacute;n del amor que recibe siente que no tiene otra salida m&aacute;s que volver su  agresi&oacute;n hacia adentro. Por otra parte, el ni&ntilde;o educado sin amor por un padre  excesivamente severo, ni&ntilde;o desamparado, falta la tensi&oacute;n entre el yo y el  supery&oacute; y toda su agresi&oacute;n puede dirigirse hacia afuera.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la actualidad existe una decadencia  de la funci&oacute;n del Ideal y una promoci&oacute;n del objeto de goce. Las figuras de la  autoridad vacilan y el significante amo se pluraliza. La crisis contempor&aacute;nea  de la identificaci&oacute;n conduce tanto a una diversidad de identificaciones  imaginarias como simb&oacute;licas. La figura del padre moderno humillado, desocupado,  ca&iacute;do, es otro modo de expresi&oacute;n del declive del Ideal. Del padre ed&iacute;pico,  correlativo a la referencia al Ideal se pasa la falta del padre, y a la  pluralizaci&oacute;n de los Nombres del Padre. De modo tal que uno puede preguntarse qu&eacute;  actu&oacute; como padre para ese ni&ntilde;o.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La expansi&oacute;n identificatoria  contempor&aacute;nea no va de la mano con la tolerancia y el respeto por lo diferente  y extra&ntilde;o. Los estilos de vida, los estilos de goce, reivindicados en su  multiplicidad y dispersi&oacute;n, que evocan la fragmentaci&oacute;n del Ideal y la  distribuci&oacute;n del goce en nuestra civilizaci&oacute;n, construyen nuevas comunidades  alternativas, como as&iacute; tambi&eacute;n su mutuo rechazo. El horizonte de la  segregaci&oacute;n, en sus distintas vestiduras, se vuelve tanto m&aacute;s patente en las cotidianidades  como as&iacute; tambi&eacute;n en sus acontecimientos imprevistos, por lo que no se pacifica  la crueldad, la indiferencia, el racismo que se cre&iacute;an frutos de los ideales  imperantes en otras &eacute;pocas. El siglo XXI no se ha mostrado menos sangriento que  los anteriores. Y nuestras guerras contempor&aacute;neas, que incluyen sus modalidades  de &ldquo;guerras civiles&rdquo; en tanto que involucran la poblaci&oacute;n civil, la xenofobia y  la intolerancia dan cuenta de la supervivencia del mal, del <i>kakon</i>, que encarna esencialmente el otro  y su diferencia.     <br> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&iquest;Qu&eacute; sucede entonces cuando la  identificaci&oacute;n vertical al l&iacute;der queda opacada y desaparece su lugar de  excepci&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;l es el destino de las llamadas identificaciones horizontales  cuando en su centro se sit&uacute;a no el Ideal sino un vac&iacute;o?    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los sujetos se identifican cada vez  menos con sus historias familiares discontinuas y llenas de agujeros. En su  lugar surgen las comunidades y los pactos sociales que se fundan sobre nuevas  formas de autoridad que testimonian de una nostalgia del Nombre del Padre. Pero  cuanto mayor sometimiento al Ideal se pone en juego, mayor es el extrav&iacute;o que  puede llegar a empujar a la obediencia hasta la muerte. El estado de  excepci&oacute;n prolifera y extiende esta tensi&oacute;n entre el vac&iacute;o del Uno y su  implacable retorno superyoico. Lo patol&oacute;gico aqu&iacute; se demuestra en el exceso, en  el caos correlativo a una multiplicidad inconsistente y una civilizaci&oacute;n  dispersa que responde a exigencias del goce: toxicoman&iacute;as o b&uacute;squedas de  riesgos trasgresores &ndash;otra v&iacute;a para pensar la delincuencia juvenil&ndash;. En  realidad, la sociedad moderna, con sus nuevas estrategias de &ldquo;salvar al padre&rdquo;,  retoman el antiguo esp&iacute;ritu religioso, pero, al mismo tiempo, ponen de  manifiesto su declive y el reverso de nuestra vida contempor&aacute;nea que se expresa  como un empuje superyoico en el lugar del Ideal que falta.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La multiplicaci&oacute;n de los significantes  amos, y sus versiones de mundos posibles, esencialmente se vuelve &ldquo;solo con  algunos&rdquo; con quienes me identifico. Cada uno queda con su fragmento de goce, en  una diversidad que no incluye a los otros y que empuja a la exacerbaci&oacute;n de la  segregaci&oacute;n. La pregunta del ni&ntilde;o o del adolescente acerca de &quot;qui&eacute;n  soy&quot;, puede tener as&iacute; como respuesta &quot;como los otros&quot;. Otros  contingentes, aleatorios, incluso en bandas de delincuentes por fuera de toda  ideolog&iacute;a.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Algunas de las comunidades virtuales se  constituyen por ideales cambiantes. El deslumbramiento por lo nuevo, que nos  vuelve &ldquo;todos consumidores&rdquo;, es una expresi&oacute;n, del empuje superyoico. Se  consumen productos, im&aacute;genes de juventud, lazos amorosos, como as&iacute; tambi&eacute;n  significantes simb&oacute;licos con los que las comunidades se identifican para decir  qui&eacute;nes son. La velocidad que toma el lazo con los otros hace que predomine el  incansable desplazamiento meton&iacute;mico de objetos, personas y significaciones.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Zygmun Bauman, en el <i>Amor l&iacute;quido</i>, subraya la pasi&oacute;n de los  habitantes de Leonia, una de las ciudades invisibles de Italo Calvino, que  disfrutan de cosas nuevas y diferentes que estrenan cada d&iacute;a. Pero cada ma&ntilde;ana  &ldquo;los restos de la Leonia de ayer esperan el cami&oacute;n del basurero&rdquo;. El empuje al  consumo muestra as&iacute; su verdadero rostro, la promoci&oacute;n del objeto de goce,  tambi&eacute;n resto que consume nuestras pasiones.    <br> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La comunidad de identificaciones  simb&oacute;licas d&eacute;biles que se mantiene por identificaciones imaginarias dan cuenta  de la proliferaci&oacute;n del culto por la imagen, de las pandillas, del &ldquo;como si&rdquo;  ubicuitario en discursos impregnados de significaciones que traducen un ideal  tan postizo como transitorio.    <br>   &iquest;Qu&eacute; es lo patol&oacute;gico de la  identificaci&oacute;n? Georges Canguilhem se&ntilde;ala que lo normal apunta a la norma, a la  regla que unifica lo diverso y reabsorbe las diferencias. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este elemento  disciplinario, regulador de las relaciones sociales, legitima cierto ejercicio  del poder, por lo que Foucault indica que puede considerarse un concepto  pol&iacute;tico. Como contrapartida, lo anormal, como negaci&oacute;n l&oacute;gica, es anterior,  puesto que suscita la intenci&oacute;n normativa. De esta manera, lo normal se opone a  lo anormal, no a lo patol&oacute;gico, y entre ellos se instaura un l&iacute;mite impreciso.     <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En determinado momento hist&oacute;rico se  asocia lo normal a la salud, y la anomal&iacute;a a lo patol&oacute;gico. Pero si se apunta a  la diversidad y no a la norma ideal, la frontera m&oacute;vil entre lo normal y lo  patol&oacute;gico debe ser examinada en cada sujeto. Lo universal de la llamada  normalidad se opone as&iacute; a las particularidades patol&oacute;gicas que se encarnan en  singularidades y que pueden ser estigmatizadas en lo social como marginalidad.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No basta con ser espectador o el  vigilante de un pan&oacute;ptico creado para el control social. Evaluar, cuantificar,  establecer tipolog&iacute;as, medicar, empujar a la adaptaci&oacute;n a una normalidad  construida por las estad&iacute;sticas no dicen nada acerca del mundo singular  habitado por cada uno.    <br> </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La llamada delincuencia juvenil o  fen&oacute;menos de marginalidad social no nombran tanto una nueva forma de enfermedad  que se contrapone a la normalidad del Ideal, sino que expresa sus vacilaciones,  sus intersticios, sus tropiezos, sus crisis, sus nuevas vestiduras y, en  definitiva, su profundo desamparo. Nos recuerda que el lazo con el otro no es  sin temor y temblor, y que su diversidad debe examinarse de a uno.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Referencias</b></font></p> <ol>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Z. Bauman, Amor l&iacute;quido. Acerca de  la fragilidad de los v&iacute;nculos humanos, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, Buenos  Aires, 2001.</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Canguilhem, Lo normal y lo  patol&oacute;gico (1943).</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">S. Freud, &ldquo;Psicolog&iacute;a de las masas y  an&aacute;lisis del yo&rdquo; (1922), Obras Completas, Amorrortu, 1976.</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">J. Hacking, &iquest;La construcci&oacute;n social  de qu&eacute;? (1998), Paid&oacute;s, Espa&ntilde;a, 2001.</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">E. Laurent, &ldquo;Los Nombres del Padre:  psicoan&aacute;lisis y democracia&rdquo; (2003), Freudiana 41 (2004). </font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">E. Laurent, &ldquo;El Nombre del Padre,  entre realismo y nominalismo&rdquo; (2005), Blog-note del s&iacute;ntoma, Tres Haches,  Buenos Aires, 2006.</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">J.-A. Miller en colaboraci&oacute;n con E.  Laurent, El Otro que no existe y sus comit&eacute;s de &eacute;tica (1996-97), Paid&oacute;s, Buenos  Aires, 2005.</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">S. Tendlarz, &ldquo;Lo patol&oacute;gico de la  identificaci&oacute;n&rdquo;, en AA.VV., Patolog&iacute;as de la identificaci&oacute;n en los lazos  familiares y sociales, Grama, Buenos Aires, 2007.</font></li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">S. Tendlarz, &iquest;A qui&eacute;n mata el  asesino? Psicoan&aacute;lisis y criminolog&iacute;a (con Carlos Garc&iacute;a), Grama, Buenos Aires,  2009.</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">S. Tendlarz,  Cl&iacute;nica de las versiones del padre, Pomaire, Venezuela, 2010.</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">S. Tendlarz,  &ldquo;Asesinato en la escuela&rdquo;, Psicoan&aacute;lisis con adolescentes, Pomaire, Venezuela,  2008, pp. 191-195.</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">S. Tendlarz,  &ldquo;Violencia y cr&iacute;menes en escuelas&rdquo;, Freudiano, revista digital, 2012.</font></li>       <li><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">S. Tendlarz,  &ldquo;Los adolescentes y su psicoanalista&rdquo;, en Adolescencias por venir de Fernando  Martin Aduriz (compilador), editorial Gredos, Barcelona, 2012</font></li>     </ol>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Art&iacute;culo  recibido en:     <br>   24/06/2015    <br>       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Manejado  por:     <br>   Editor jefe  de Ajayu    <br>       <br>   Aceptado  en:     <br>   6/07/2015    <br>   No existen conflictos de  intereses </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">    <br>       <a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title=""> </a> <b>Contacto:</b> <a href="mailto:stendlarz@fibertel.com.ar">stendlarz@fibertel.com.ar</a></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Doctora en Psicoan&aacute;lisis (Departamento  de Psicoan&aacute;lisis de la Universidad de Par&iacute;s VIII) Francia.    <br>   Doctora en Psicolog&iacute;a (Universidad del  Salvador, Buenos Aires) Argentina. Analista Miembro de la Escuela de la  Orientaci&oacute;n Lacaniana (EOL) Argentina.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Analista Miembro de la &Eacute;cole de la Cause  freudienne (ECF)Francia.    <br>   Analista Miembro de la Asociaci&oacute;n Mundial  del Psicoan&aacute;lisis (AMP)     <br>   Profesora Adjunta a Cargo de la C&aacute;tedra  &quot;Cl&iacute;nica del autismo y de la psicosis en la infancia&quot; en la Facultad  de Psicolog&iacute;a de la Universidad de Buenos Aires. Docente del Instituto Cl&iacute;nico  de Buenos Aires, de la Maestr&iacute;a en Psicoan&aacute;lisis de la Universidad de San  Mart&iacute;n y del Instituto Oscar Masotta. Ex docente del Departamento de  Psicoan&aacute;lisis de la Universidad de Paris VIII. Profesora a cargo de cursos de  Doctorado en la Facultad de Psicolog&iacute;a de la Universidad de Buenos Aires.    <br>   Responsable del Departamento de Autismo  y Psicosis en la infancia del CICBA. Directora de la Colecci&oacute;n Diva.    <br>   Autora de los siguientes libros: La  letra como mirada. Cultura y psicoan&aacute;lisis (1995), &iquest;De qu&eacute; sufren los ni&ntilde;os? La  psicosis en la infancia (1996) &ndash;traducido al portugu&eacute;s, al ingl&eacute;s y al  coreano-, Psicoan&aacute;lisis y sida (en colaboraci&oacute;n con C. Motta, 1997), Estudios  sobre el s&iacute;ntoma (1997), El psicoan&aacute;lisis frente a la reproducci&oacute;n asistida  (1998), Aim&eacute;e con Lacan. Acerca de la paranoia de autopunici&oacute;n (1999), RSI: el  Falo (2001), Lacan y la pr&aacute;ctica anal&iacute;tica (2002) y Las mujeres y sus goces  (2002 y 2013), Psicosis: Lo cl&aacute;sico y lo nuevo (2009), Cl&iacute;nica de las versiones  del padre (2010), &iquest;Qu&eacute; es el autismo? Infancia y psicoan&aacute;lisis (en colaboraci&oacute;n  con P. Alvarez Bay&oacute;n, 2013). Public&oacute; numerosos art&iacute;culos en revistas y libros  en espa&ntilde;ol, en portugu&eacute;s, en franc&eacute;s y en ingl&eacute;s.</font></p>     <p>&nbsp;</p>      ]]></body><back>
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