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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[COLISIÓN, COLUSIÓN Y COMPLEMENTARIEDAD EN LAS RELACIONES CONYUGALES]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO</b></font></P>     <P align="center">&nbsp;</P>     <P align="center"><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>COLISI&Oacute;N, COLUSI&Oacute;N Y COMPLEMENTARIEDAD EN LAS    RELACIONES CONYUGALES</b></font></P>     <P align="center">&nbsp;</P>     <P align="center">&nbsp;</P>     <P align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> <b>Bismarck Pinto Tapia<Sup>1 </Sup></b><Sup></Sup></font></P>     <P align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Universidad Cat&oacute;lica Boliviana</font></P>     <P align="center">&nbsp;</P>     <P align="center">&nbsp;</P> <hr noshade>     <P align="center">&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="left"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La formaci&oacute;n de la relaci&oacute;n conyugal. </b></font></P>     <blockquote>       <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> &iquest;Eres t&uacute; o soy yo a quien hacemos feliz? </font></p>       <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Rainer Maria Rilke </font></p> </blockquote>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Elegimos a nuestra pareja a partir de cuatro aspectos fundamentales: aquellos afectos que recibimos por parte de las personas significativas durante nuestros primeros a&ntilde;os de vida (pap&aacute;, mam&aacute;, hermanos, abuelos, t&iacute;os, amigos, profesores, etc.), los afectos que nos hubiera gustado recibir pero que no nos dieron, lo que dimos y recibieron con agrado, y lo que dimos y no fue recibido. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El psic&oacute;logo norteamericano Hendrix (1997), utiliza el t&eacute;rmino &ldquo;imago&rdquo; para referirse a la construcci&oacute;n ideal que hacemos de nuestras expectativas amorosas, a partir de los esquemas afectivos y cognitivos aprendidos en nuestra familia de origen. Concepto coincidente con los fundamentos te&oacute;ricos de la escuela sist&eacute;mica trigeneracional (Framo (1996), Andolfi (1985, 1987, 1989&ordf;, 1989b 1996), seg&uacute;n los cuales, nuestra personalidad es resultado de la transmisi&oacute;n de formas de vida recibidas durante nuestro crecimiento. Entonces, esperamos la satisfacci&oacute;n de nuestras expectativas afectivas, aquellas que nos dieron satisfacci&oacute;n y las que nos faltaron. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La consecuencia de nuestras expectativas desarrolladas en las narraciones m&iacute;ticas familiares, es la constituci&oacute;n de aquello que Elka&iuml;m (1995) llama &ldquo;mapa del mundo&rdquo;. Es decir, la manifestaci&oacute;n expl&iacute;cita de nuestros deseos hacia la persona escogida como pareja. Sin embargo, detr&aacute;s de dicha solicitud, se circunscribe el mandato familiar, denominado &ldquo;programa oficial&rdquo;, seg&uacute;n el cual nuestras demandas no se podr&aacute;n ver satisfechas. Por ejemplo, un ni&ntilde;o al que se le dijo &ldquo;te querr&eacute; s&oacute;lo si </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">eres perfecto&rdquo;, expresar&aacute; su mapa del mundo como &ldquo;quiero que nuestra relaci&oacute;n sea perfecta&rdquo;, mientras que su programa oficial se&ntilde;ala de manera implacable &ldquo;jam&aacute;s te querr&aacute;n por lo que eres sino por aquello que haces&rdquo;. Y como la perfecci&oacute;n es imposible, jam&aacute;s podr&aacute; satisfacer su expectativa. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En la relaci&oacute;n amorosa, por lo tanto, ponemos en juego nuestros tres &ldquo;s&iacute; mismos&rdquo; (<i>self</i>): nuestro self perdido, el que reprimimos debido a las exigencias de nuestros cuidadores. Nuestro self falso, que construimos para proteger nuestra esencia. Nuestro self rechazado, constituido por las partes desaprobadas por nuestros seres queridos (Hendrix, op.cit.). </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Amar es legitimar (White y Epston, 1993), es decir, reconocer la existencia de otro. Cuando las conductas del ni&ntilde;o son valoradas, el peque&ntilde;o se hace visible. Cuando son ignoradas o rechazadas deja de ser. La patolog&iacute;a de la comunicaci&oacute;n humana, indica que la descalificaci&oacute;n es la peor manera de tratar a otro ser humano (Watzlawick y otros, 1971). Todos hemos tenido la vergonzosa experiencia de saludar con la mano a alguien y no recibir respuesta, algunos han tenido la desventura de ser castigados con la &ldquo;ley del hielo&rdquo;. La consecuencia es la tremenda sensaci&oacute;n de no estar para el otro. En terapia narrativa (Linares, 2001) utilizamos el t&eacute;rmino deslegitimaci&oacute;n. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En la legitimidad existimos, nos hacemos dignos para el otro, y ese otro al colocarse en nuestro lugar y entender nuestra demanda nos ama. En el amor existimos. Es por eso que el adolescente se emancipa y desvincula (Haley, 1989) para buscar un extra&ntilde;o que confirme su existencia, pues el cari&ntilde;o de los padres y hermanos es &ldquo;obligatorio&rdquo;, deben querernos. Mientras que una persona externa a nuestro n&uacute;cleo familiar se confronta con nuestro yo y nos lo muestra como un espejo. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El amor se constituye en un di&aacute;logo (Maturana, 1995) en el cual los componentes de la relaci&oacute;n construyen un espacio com&uacute;n, impenetrable para los dem&aacute;s. &ldquo;El amor es una autogesti&oacute;n radical sin controles externos mediante los que sacar sus problemas del caos de la batalla y someterlos a juicio neutral&hellip;Las personas ponen su encantamiento en las relaciones de la pareja, en el no mercado, y cu&aacute;ndo &eacute;stas se tornan en conflictivas, en los hijos que, de esta forma, se convierten en la &uacute;ltima contra-soledad y reencanto.&rdquo;(Beck, y Beck-Gernsheim, 2001, p&aacute;gs. 13-14.) </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Nuestro amor es nuestro refugio, un lugar para ser dejando de ser, despoj&aacute;ndonos necesariamente de nuestra vestidura corporal y de nuestras m&aacute;scaras, develamos el alma, deshaci&eacute;ndonos del yo. Por eso amar siempre duele, porque es un riesgo, es jugarnos todo por el otro, mostrarnos para ser legitimados. El riesgo es que nos dejen de querer, puesto que si amamos dejamos al otro en libertad de elecci&oacute;n. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El amor no es poder, es encuentro, no dominio. &ldquo;El deseo de compa&ntilde;&iacute;a, de protecci&oacute;n, de sentir que pertenecemos a alguien es inherente al ser humano&hellip;&rdquo; (Camaratta, 2000, p&aacute;g.29). Buscamos la satisfacci&oacute;n plena de la vida, el convertirnos en tres siendo dos (Caill&eacute;, 1990). Es en la &ldquo;notrosidad&rdquo; donde reconocemos nuestro potencial creativo, el &ldquo;bajarnos del mundo&rdquo; para conformar otro. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> A&uacute;n no queda claro los motivos de elecci&oacute;n de pareja, podr&iacute;a estar determinada por factores biol&oacute;gicos de sobrevivencia de nuestros genes (Eibleibesfeldt, 1993), motivos &ldquo;inconscientes&rdquo; ( Kernberg, 1998), el azar (Pinto, 2005), una elecci&oacute;n racional (Wachs, 2001), procesos de condicionamiento (MvKay, Fanning y Paleg, 1994). </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En mi experiencia cl&iacute;nica con parejas, la respuesta al &iquest;por qu&eacute; &eacute;l? &iquest;por qu&eacute; ella?, queda siempre en el misterio. Lo curioso es que aquella persona que es elegida est&aacute; casi segura de los motivos por los cuales fue escogido. Cuando escucha a su c&oacute;nyuge expresar sus razones de elecci&oacute;n, la sorpresa es inevitable. Recuerdo una dama que pensaba que su esposo la escogi&oacute; por los hermosos ojos negros que tiene, sin embargo el marido indic&oacute;, que aquello que m&aacute;s le atrajo fueron sus senos; la se&ntilde;ora se asombr&oacute;, puesto que ella percib&iacute;a que su busto era demasiado peque&ntilde;o. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Sea cual sea el motivo de la elecci&oacute;n, las parejas atraviesan siempre un ciclo durante su relaci&oacute;n: </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> a) La etapa del enamoramiento. Cuando las feromonas y el deseo nos embrujan entorpeciendo nuestros sentidos, gestando en nosotros un estado alterado de la conciencia, una especie de adicci&oacute;n (Rodr&iacute;guez, 2000), coincidente con los criterios sintom&aacute;ticos de un estado depresivo combinado con rasgos obsesivos. El efecto es el &ldquo;encaprichamiento&rdquo;, inundado siempre por el fuego intenso de la pasi&oacute;n (Sternberg, 1998). Esta etapa es &ldquo;psic&oacute;tica&rdquo;, normalmente fugaz, usualmente intensa, y con frecuencia absolutamente irracional. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> b) La etapa de la simbiosis. Una etapa que convendr&iacute;a evitar (Gikovate, 1996). Durante este estadio nos sentimos como en el vientre materno, dependientes el uno del otro. Nos convertimos en una unidad indisoluble, en la cual es dif&iacute;cil discriminar nuestro ser del otro. Es un eterno &ldquo;orgasmo simult&aacute;neo&rdquo;. Nuestra vida se reduce a la convivencia con el otro. Es como estar solos en una isla, una &ldquo;Laguna azul&rdquo;. Los dem&aacute;s son espantados por nuestra intensa intimidad. Es la etapa de los sacrificios, los aparentes cambios para no ser abandonados. Como veremos m&aacute;s adelante, es la trampa de la &ldquo;colusi&oacute;n&rdquo;. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> c) La etapa del desencanto. Tarde o temprano, el sol deslumbrante de la pasi&oacute;n es cubierto por las nubes de la realidad, y nos confrontamos con un extra&ntilde;o &iexcl;pegado a nosotros! (Viscott, 1979). Reconocemos al otro sin el lente del deseo, sufrimos la experiencia del desencanto. Quien nos acompa&ntilde;a no es Eros, es un simple mortal, un ser de piel y huesos. Esta etapa es peligrosa para las personas que no tuvieron otras experiencias amorosas, pues, creen que es el momento de la muerte del amor. Cuando en realidad se trata del instante en que el amor es posible reci&eacute;n, pues llega el momento de poner en pr&aacute;ctica nuestras habilidades de convivencia: &ldquo;La mayor&iacute;a de las parejas esperan del matrimonio dos cosas indispensables en su relaci&oacute;n: una satisfacci&oacute;n sexual permanente y la seguridad de una relaci&oacute;n &iacute;ntima inmersa en el amor.&rdquo; (Ellis y Harper, 2004). Para mantener esa estabilidad es indispensable negociar. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La negociaci&oacute;n facilita la discriminaci&oacute;n de aquellos factores complementarios de los que no los son, y se busca en conjunto la satisfacci&oacute;n de ambos, pues el amor obliga a que el otro sea feliz, y aquello s&oacute;lo es posible si le aceptamos como es, y negociamos aquellas cosas que trae consigo que no coinciden con nuestra forma de vivir. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> d) La lucha de poder. La consecuencia ineludible de la etapa del desencanto, cuando la pareja decide continuar junta, es la confrontaci&oacute;n de valores. Cada quien quiere ser la prioridad en la vida del otro. Surgir&aacute;n los reclamos, los temores de las desvinculaciones familiares, sociales y laborales. Los juegos para evitar decisiones, la aparici&oacute;n de los enga&ntilde;os, las trampas y las manipulaciones. Son momentos de &ldquo;pruebas de amor&rdquo;, anunciadas con la tradicional frase &ldquo;si me quieres&hellip;&rdquo;. El &ldquo;nosotros&rdquo; se convierte en un campo de batalla. Puede durar a&ntilde;os, puede ser ef&iacute;mero, dependiendo de las habilidades de convivencia conyugal, seg&uacute;n McKay, Fanning y Paleg: saber escuchar sin juzgar, saber expresar sentimientos y describir con precisi&oacute;n nuestras necesidades, reforzarnos positivamente de manera rec&iacute;proca, generar una comunicaci&oacute;n clara, identificar nuestras distorsiones cognitivas, negociar, saber afrontar y resolver problemas, proteger y encontrar t&eacute;cnicas para cambiar las estrategias negativas de reracionamiento, controlar nuestra rabia, ayudar a que el otro controle su rabia, aprender a hacer pausas en la relaci&oacute;n, identificar los esquemas comportamentales y cognitivos del c&oacute;nyuge, poner l&iacute;mites a la familia de origen, reconocer nuestros mecanismos de defensa, identificar el sistema de defensa de nuestro c&oacute;nyuge, definir con precisi&oacute;n las reglas y cumplirlas. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Sager (1980) fue el primero, en comprender que la relaci&oacute;n de pareja es mucho m&aacute;s que amor, y dedic&oacute; su trabajo a la identificaci&oacute;n de los &ldquo;contratos matrimoniales&rdquo; expl&iacute;citos e impl&iacute;citos. En ellos se establece las normas de convivencia de la pareja. Pues debemos ser conscientes que aquella persona que llevamos a vivir con nosotros proviene de otra cultura, tiene un sexo diferente al nuestro, posee h&aacute;bitos distintos, casi siempre tendr&aacute; alg&uacute;n valor inconsistente con alguno de los nuestros, considera ciertas cosas de la vida m&aacute;s importantes que nosotros, posee creencias distintas, y seguramente tiene expectativas distintas a las nuestras en relaci&oacute;n a la idea de &ldquo;familia&rdquo;. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> e) La desvinculaci&oacute;n. Una vez que la pareja reconoce la individualidad del otro, cada c&oacute;nyuge acepta la posibilidad de mantener y crear espacios personales, sin descuidar el espacio conyugal. Este proceso suele ocurrir, por lo general, durante el nacimiento de los hijos. Los ni&ntilde;os promueven la desvinculaci&oacute;n conyugal para acomodarse entre sus padres. En las familias funcionales, los padres saben mantener el espacio conyugal protegido de la invasi&oacute;n de los hijos, mientras que las disfuncionales permiten la desaparici&oacute;n del espacio de la pareja, entreg&aacute;ndoselo a los peque&ntilde;os. Si el nacimiento de los hijos coincide con una lucha de poder encarnizada, entonces, se estructuran triangulaciones con alianzas y coaliciones (Guerin, Fogarty, Fay, Gilbert, 2000). Si la presencia de los hijos coincide con la etapa de la simbiosis, el tri&aacute;ngulo ser&aacute; patol&oacute;gico. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Este momento es crucial para el mantenimiento del matrimonio, pues obliga a que los c&oacute;nyuges asuman la responsabilidad de su propio amor, en vez de preocuparse por el amor del otro. Asumen la posibilidad de dejar de ser amados, reconociendo que el amor exige la felicidad del otro, y si &eacute;sta se forja separ&aacute;ndose de uno, entonces, se dejar&aacute; partir al amado. Son momentos confusos, se enredan los sentimientos y se utilizan todos los recursos de protecci&oacute;n del yo. Se promueven conductas desleales, como el adulterio, las adicciones, la violencia y otras. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En parejas j&oacute;venes, suele ocurrir, que se confunda esta etapa con la desaparici&oacute;n del amor. Suponen que el amor debe ser estable y eterno, lo cual es posible &uacute;nicamente si ambos dependen el uno del otro. Al reconocer la posibilidad de la emancipaci&oacute;n, se reviven los procesos de desvinculaci&oacute;n de la familia de origen, se teme ser abandonado, el fracaso del matrimonio, la desintegraci&oacute;n del hogar. De ah&iacute;, que es com&uacute;n que se decida la separaci&oacute;n, cuando no existen problema en la relaci&oacute;n, sino simplemente, que el matrimonio madur&oacute;, permitiendo la diferenciaci&oacute;n de los esposos. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> f) El re encuentro. Es la etapa final de la construcci&oacute;n amorosa. Una vez que ambos c&oacute;nyuges reconocen su soledad, reci&eacute;n pueden amar sin restricciones. Rilke escribi&oacute;: &ldquo;Amar es estar solo&rdquo;. La pareja permite la soledad. Es posible reci&eacute;n mirarse a los ojos sin antifaces, es posible sentir las pieles sin guantes, es posible respirar el perfume del alma sin m&aacute;scaras. La pareja se encanta con su construcci&oacute;n, ya no con el otro, sino con aquello que juntos elaboraron durante el transcurso de su relaci&oacute;n. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Revive la pasi&oacute;n, se descubren nuevas facetas en la personalidad de la persona amada, se aprende a ingresar al mundo del otro con la seguridad de que ser&aacute; protegido. No se lucha por el poder, caminan juntos hacia metas conjuntas, sin entorpecer las metas individuales. </font></P>     <P align="justify">&nbsp;</P>     <P align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La psicopatolog&iacute;a conyugal. </b></font></P>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Ay, en mis brazos he perdido a todas,     <br>     S&oacute;lo t&uacute; vuelves siempre a renacer:     <br>     Porque nunca te tuve, te retengo.     <br>   </font></p>       <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Rainer Maria Rilke </font></p> </blockquote>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La psicoterapia de pareja no trabaja con los trastornos del individuo, sino con los trastornos de la relaci&oacute;n conyugal. Cada uno de los miembros de la pareja cumple una funci&oacute;n en la relaci&oacute;n, la cual no necesariamente se presenta en las otras relaciones sociales donde interact&uacute;an. La relaci&oacute;n de pareja es un &ldquo;mundo aparte&rdquo;, un lugar que se convierte en un ser. Este ser construido por los amantes puede enfermar. Esta enfermedad afectar&aacute; a los amantes, a sus hijos, a sus familias de origen, amigos y a otras redes sociales. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El terapeuta de parejas considera a los c&oacute;nyuges como sus colaboradores en el trabajo laborioso de curar al matrimonio. Gilbert y Shmukler (2000), indican que la labor del terapeuta debe dirigirse a la potenciaci&oacute;n de capacidades de los c&oacute;nyuges para que puedan afrontar los problemas que impiden una relaci&oacute;n funcional. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La psicopatolog&iacute;a conyugal se inicia en las etapas tempranas del enamoramiento, en la cual se &ldquo;inicia la elaboraci&oacute;n del conjunto de demandas espec&iacute;ficas de cada futuro c&oacute;nyuge para acomodarlas a los proyectos a realizar en una posible relaci&oacute;n conyugal futura&rdquo; (Montoya, 2000, p&aacute;g. 24). </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La pareja se estanca en las etapas iniciales de su ciclo vital: enamoramiento, simbiosis o lucha de poder. Temen el desencanto, evitan el cambio, estableciendo un v&iacute;nculo negativo (Garc&iacute;a, 2001), el cual consiste en sustentar una esperanza vana de obtener un satisfactor que el c&oacute;nyuge no posee. La pasi&oacute;n reemplaza al amor durante el empantanamiento en las arenas movedizas del enamoramiento. La protecci&oacute;n reemplaza al amor durante el enmara&ntilde;amiento de los tent&aacute;culos de la simbiosis. El poder reemplaza al amor, durante la guerra por el dominio. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Para amar es imprescindible reconocer la falsedad del yo y del entorno artificial. Eso es posible &uacute;nicamente en personas que fueron capaces de trascender (Pinto, 2005b), en individuos que reconocieron su libertad de decisi&oacute;n, y que se atreven a jugarse totalmente por el otro. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Quienes se aferran a su yo (narcisistas), y quienes se aferran al yo del otro (dependientes), son incapaces de amar. Esperan aquello que nunca recibieron, o confunden amar con condiciones de apego infantiles. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Durante mi trabajo con cientos de parejas pace&ntilde;as, he identificado tres tipos de procesos psicopatol&oacute;gicos: la colisi&oacute;n, la colusi&oacute;n y la complementariedad. </font></P>     <P align="justify">&nbsp;</P>     <P align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La colisi&oacute;n. </b></font></P>     <blockquote>       <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Me dueles.     <br>     Mansamente, insoportablemente, me dueles.     <br>     Toma mi cabeza, c&oacute;rtame el cuello.     <br>     Nada queda de m&iacute; despu&eacute;s de este amor. </font></p>       <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Jaime Sabines</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Durante la etapa del &ldquo;desencanto&rdquo;, uno o ambos de los c&oacute;nyuges se percatan de la incongruencia de la relaci&oacute;n. Identifican la ausencia de intereses comunes, expectativas distintas acerca de lo que esperan de la relaci&oacute;n, sistemas de valores irreconciliables, insatisfacci&oacute;n sexual. A todo ello se suma el descubrimiento de estructuras de personalidad con expresi&oacute;n de comportamientos que provocan profundo malestar. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El darse cuenta de la incompatibilidad, ocurre generalmente de manera abrupta, aunque la persona intuya durante distintos momentos de la relaci&oacute;n aquellos aspectos inadecuados para sus expectativas. &ldquo;La mayor&iacute;a de nosotros nos desanimamos cuando nuestra pareja no est&aacute; dispuesta a cambiar o a hacer funcionar la relaci&oacute;n.&rdquo; (O&rsquo;Hanlon y Hudson, 1997, p&aacute;g.13). </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Basta que uno de los miembros de la relaci&oacute;n se sienta afectado para que la pareja se derrumbe. Mucho m&aacute;s si ambos se percatan de que el otro no coincide con sus esperanzas de satisfacci&oacute;n. La relaci&oacute;n de pareja es una danza (Kershaw, 1994). Es como bailar cueca, el var&oacute;n y la mujer deben saber coordinar los pasos, identificar el momento musical para discriminar la quimba del zapateo. Si uno de los danzantes en vez de seguir los pasos de la cueca intenta realizar pasos de huay&ntilde;o, el efecto coreogr&aacute;fico ser&aacute; lamentable. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Cuando ocurre ese &ldquo;despertar&rdquo; repentino, se experimenta un &ldquo;choque&rdquo;. La palabra que he escogido para referirme a esta situaci&oacute;n es <b>colisi&oacute;n</b>. Palabra que proviene del lat&iacute;n: <i>collisionis</i>, de <i>collidere</i>, chocar, rozar. La ilusi&oacute;n del otro se desvanece cuando la persona choca con la forma de ser inadecuada para convivir. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La colisi&oacute;n es impulsiva e irracional, a diferencia de aquellas rupturas amorosas racionales, en las cuales, durante el desencanto, las personas analizan la imposibilidad de continuar juntos debido a la consideraci&oacute;n de los siguientes aspectos: honestidad, confianza, lealtad, monogamia, planes compartidos, objetivos compartidos para la relaci&oacute;n, acuerdos financieros, intereses intelectuales, comunicaci&oacute;n, atracci&oacute;n sexual, cultura, relaciones sociales extensas, intereses similares, inversi&oacute;n en la relaci&oacute;n, diversi&oacute;n. Seg&uacute;n Wachs (op.cit.), una ruptura racional se debe dar cuando se presenta maltrato f&iacute;sico o sexual, ausencia de respeto, restricciones a la libertad concomitantes a excesivo control, infidelidad, el otro no siente amor. Continuar una relaci&oacute;n ante la presencia de cualquiera de los aspectos mencionados, es una estupidez, puesto que son claras se&ntilde;ales de incompatibilidad. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El an&aacute;lisis racional de la compatibilidad, s&oacute;lo es posible en personas maduras, es decir, aquellas que se desvincularon de sus padres, aprendieron a vivir solas, se mantienen econ&oacute;micamente sin depender de otros, y soportan la experiencia del dolor. Una persona inmadura dif&iacute;cilmente analiza con racionalidad su situaci&oacute;n conyugal, est&aacute; encaprichada o atemorizada, confunde el amor con la pasi&oacute;n, o prefiere mantenerse al lado de alguien que le da&ntilde;a a enfrentar su soledad. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En la colisi&oacute;n, el descubrimiento de la incompatibilidad es repentino, escapa al an&aacute;lisis racional, acontece despu&eacute;s de una experiencia traum&aacute;tica, la decepci&oacute;n ante la evidencia de un acto de deslealtad, el surgimiento intempestivo de otra persona que provoca sentimientos m&aacute;s intensos, situaciones externas que demuestran la irrelevancia de la relaci&oacute;n. La colisi&oacute;n se experimenta como un &ldquo;terremoto&rdquo; en el espacio amoroso, tanto para aqu&eacute;l que se da cuenta de la incompatibilidad como para el compa&ntilde;ero; o para ambos cuando la experiencia es compartida. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La colisi&oacute;n antes de la convivencia es una situaci&oacute;n dolorosa, pero que permite evitar la consolidaci&oacute;n del compromiso. Cuando el &ldquo;despertar&rdquo; se da en uno solo de los miembros, el que a&uacute;n se encuentra encantado no entiende la repentina decisi&oacute;n de su pareja. Entra en un estado de desaz&oacute;n, el cual no tarda en convertirse en depresi&oacute;n. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Se trata de una p&eacute;rdida inesperada, tal como ocurre en la muerte repentina de un ser querido. El duelo es dif&iacute;cil, la angustia y la desesperaci&oacute;n pueden ocasionar reacciones impulsivas destructivas o autodestructivas. La manera usual para evitar el dolor es la racionalizaci&oacute;n, se busca una explicaci&oacute;n, se mantiene una esperanza de retorno del amado. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La persona que se aleja, siente alivio, es &ldquo;como sacarse un peso de encima&rdquo;. Sin embargo, algunas experimentan culpa, pues sienten que enga&ntilde;aron, cuando en realidad ellas mismas se estuvieron mintiendo al mantener una falsa imagen del otro. La culpa es m&aacute;s probable, cuando el compa&ntilde;ero utiliza estrategias manipuladoras para colocarse en el papel de v&iacute;ctima. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La colisi&oacute;n puede ocurrir durante la convivencia, y en ese caso la situaci&oacute;n es muy grave, pues la pareja est&aacute; bajo un pacto de compromiso; esto ocurre cuando las personas deciden convivir sin haberse dado tiempo para conocerse, tal como se&ntilde;ala Haley (2000): &ldquo;La m&aacute;s conocida de las razones equivocadas para casarse es la de precipitarse en el matrimonio como medio de evitar alguna otra cosa. Para salir de una mala situaci&oacute;n, se elige una compa&ntilde;&iacute;a que ha de durar toda la vida. Hay muchas situaciones de las cuales quisi&eacute;ramos escapar: uno puede casarse para salir de la pobreza, para no ir m&aacute;s a la escuela, para no tener que ganarse la vida trabajando. La raz&oacute;n err&oacute;nea m&aacute;s com&uacute;n es escapar de la propia familia.&rdquo; (p&aacute;g. 115). </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Si la pareja colisiona en el matrimonio teniendo hijos, la problem&aacute;tica es mucho peor, puesto que los peque&ntilde;os ver&aacute;n la explosi&oacute;n producida durante la toma de conciencia de la equivocaci&oacute;n, para luego vivir en medio de un vac&iacute;o conyugal o, a&uacute;n peor en un campo de batalla. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El divorcio dif&iacute;cil suele ser consecuencia de una pareja en la cual uno de los esposos sigue amando a aquel que ha colisionado, el amor se transforma en odio, y el despechado utilizar&aacute; todos los recursos posibles para impedir el alejamiento de su pareja, sin percatarse que por cada arremetida destructiva, lo que ocasiona es m&aacute;s alejamiento (Isaacs y otros, 1986). </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Cuando la persona despechada tiene un trastorno de personalidad grave (personalidad lim&iacute;trofe, personalidad paranoide, distimia), es posible esperar consecuencias dram&aacute;ticas: suicidio, asesinato, secuestro de los hijos, difamaci&oacute;n de la pareja, etc. En otros casos, se producir&aacute; una aparente calma, hasta que la persona desencantada comienza una nueva vida, entonces aparece el despechado para destruir la m&aacute;s peque&ntilde;a posibilidad de felicidad de su antiguo compa&ntilde;ero. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Los hijos pueden convertirse en aliados del progenitor rechazado, manifestando expl&iacute;citamente su furia contra el otro. Tambi&eacute;n pueden desarrollar s&iacute;ntomas para incrementar los sentimientos de culpa de aqu&eacute;l que se aleja, desde disminuir en su rendimiento escolar, hasta recurrir al uso de drogas. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> <b>Caso 1. </b></font></P>     <P align="justify"><i><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Carmen<Sup>* </Sup>es una mujer de cuarenta y ocho a&ntilde;os, est&aacute; casada hace veinte con Ernesto quien tiene cincuenta y dos a&ntilde;os. Son padres de dos hijos: Rosaura de veinte a&ntilde;os, y Juan de dieciocho. Se conocieron en un partido pol&iacute;tico durante los a&ntilde;os de dictadura, ambos fueron apresados y torturados. Con el tiempo pasaron de camaradas a amigos. Una vez que falleci&oacute; la madre de Carmen, qued&oacute; sola y deprimida en su casa. Ernesto estaba intensamente enamorado de ella, por lo que le propuso matrimonio. Carmen lo ve&iacute;a como un amigo, pero consider&oacute; que era una soluci&oacute;n a su estado depresivo, y decidi&oacute; aceptarlo como marido. El &uacute;nico espacio com&uacute;n era la pol&iacute;tica. &eacute;l era introvertido, ella extrovertida. Ernesto prefer&iacute;a actividades intelectuales, la soledad y evitar situaciones sociales. Carmen en cambio, era una mujer aventurera, no le gustaba leer, le encantaba divertirse con sus amigos. A la incompatibilidad de intereses, se sumaba la diferencia de temperamento sexual. El esposo ten&iacute;a muy poco inter&eacute;s en las relaciones sexuales, quiz&aacute;s debido a las torturas a las que se vio sometido; mientras que la esposa era muy c&aacute;lida afectivamente y con demandas sexuales novedosas. Al poco tiempo de casados se vieron esperando a Rosaura, su nacimiento ocasion&oacute; la aparici&oacute;n de una relaci&oacute;n parental impecable, la cual deriv&oacute; en un descuido absoluto de la relaci&oacute;n conyugal. Despu&eacute;s del nacimiento del hijo var&oacute;n, las cosas se tornaron m&aacute;s claras: Carmen y Ernesto estaban juntos como padres, mientras dejaban de ser pareja. La crisis sobrevino cuando Rosaura se va a una universidad del exterior, y Juan sale bachiller. Carmen, durante un viaje de trabajo a la ciudad de Cochabamba, conoce a Javier, un se&ntilde;or de cuarenta y dos a&ntilde;os, que hab&iacute;a enviudado hace un a&ntilde;o. Al poco tiempo de relacionarse, ambos quedan enamorados. Carmen dir&aacute; en la terapia que reci&eacute;n conoci&oacute; el sentimiento de amor. Esta situaci&oacute;n le hizo colisionar con Ernesto. Reconoci&oacute; que no sent&iacute;a nada por &eacute;l, y que hab&iacute;a perdido su tiempo como mujer desde que se cas&oacute;. Antes de formalizar la relaci&oacute;n con Javier, decide comunicar a sus hijos su determinaci&oacute;n, y &eacute;stos se ofenden profundamente. La hija escribe al un mensaje electr&oacute;nico al padre cont&aacute;ndole la relaci&oacute;n extramarital de la madre. Ernesto al enterarse del suceso se desespera. Consigue un rev&oacute;lver y cuando la esposa retorna del trabajo le apunta con el arma mientras llora desconsolado. Por suerte, en el momento en que aprieta el gatillo, se tranca, impidiendo la expulsi&oacute;n de la bala. Carmen, m&aacute;s corpulenta que el esposo, le desarma y huye de la casa. Despu&eacute;s de ese incidente se inicia la terapia de pareja. Dur&oacute; un a&ntilde;o. Carmen inici&oacute; el divorcio y Ernesto utiliz&oacute; todo su poder pol&iacute;tico para &ldquo;dejar en la calle&rdquo; a su esposa. Fue devastador, ambos hijos rechazaron a su madre a quien no dejaron de tildar de &ldquo;traidora&rdquo;. Finalmente Carmen formalizo su relaci&oacute;n con Javier. Cuando el esposo se enter&oacute; del suceso, amenaz&oacute; de muerte al contrincante. El desenlace del caso fue que Carmen y Javier tuvieron que irse del pa&iacute;s. </font></i></P>     <P align="justify">&nbsp;</P>     <P align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La colusi&oacute;n </b></font></P>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Algo he de andar buscando en ti,     <br>     Algo m&iacute;o que t&uacute; eres     <br>     Y que no has de darme nunca.     <br>     Quisiera hablar de ti a todas horas     <br>     En un congreso de sordos     <br>     Ense&ntilde;ar tu retrato a todos los ciegos que encuentre. </font></p>       <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Jaime Sabines </font></p> </blockquote>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El concepto de <b>colusi&oacute;n</b> es utilizado por Jurg Willi (1993) para referirse a aquellas relaciones donde se presentan juegos patol&oacute;gicos, los cuales tienen como consecuencia la imposibilidad de mantenerse juntos y separados; es decir, cuando se acercan demasiado temen perderse en la relaci&oacute;n por lo cual se distancian, pero al distanciarse se sienten abandonados, por lo que vuelven a buscarse. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La palabra colusi&oacute;n proviene de la voz latina <i>colusione</i>, significa un ajuste secreto y fraudulento entre dos personas en desmedro de un tercero. Es la colusi&oacute;n la causa de la triangulaci&oacute;n de los hijos (Pinto, 2005&ordf;). </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Seg&uacute;n este concepto, las parejas colusionan cuando ambos esperan del otro la satisfacci&oacute;n de sus necesidades infantiles no satisfechas. Como no recibieron lo que esperan, no pueden reconocer aquello que reciben, por lo cual se mantienen en permanente estado de insatisfacci&oacute;n. Lo llamativo de este tipo de v&iacute;nculo es la falta de toma de conciencia de la situaci&oacute;n. Cada quien espera que el otro cambie, y toda la responsabilidad por el matrimonio defectuoso es responsabilidad del compa&ntilde;ero; ambos se acusan, pero ninguno cambia. &ldquo;Cuando los compa&ntilde;eros interact&uacute;an, el vocabulario que usan y las conductas que manifiestan crea una especie de danza hipn&oacute;tica en virtud de la cual el comportamiento de cada uno empieza a reducir el foco de atenci&oacute;n del otro. Este proceso suele despertar recuerdos dolorosos y provoca sentimientos de intensa vulnerabilidad relacionados con el pasado, quiz&aacute; con los padres y otras personas encargadas de la crianza. Cuando los compa&ntilde;eros intentan discutir lo que los perturba, m&aacute;s se asustan y m&aacute;s vulnerables se vuelven; se sienten y act&uacute;an como personas m&aacute;s j&oacute;venes de lo que conviene a su edad, y acaso terminen intensificando el conflicto de una manera que oscurezca el recuerdo perturbador.&rdquo; (Kershaw, op.cit. p&aacute;g. 19) </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La colusi&oacute;n detiene a la pareja en la etapa de la simbiosis, est&aacute;n atrapados en la c&aacute;rcel de su pseudo amor: &ldquo;Se vive solo, se encuentra prisionero y carcelero de s&iacute; mismo. Se encuentra alguien que, por sus razones, est&aacute; dispuesto a desarrollar un tipo de comportamiento que corresponde a su propio mapa del mundo, entonces uno se vuelve prisionero y el otro carcelero. El conflicto de pareja da la oportunidad de alejar de s&iacute; una contradicci&oacute;n interna, experimentando un nivel de doble v&iacute;nculo como si fuese impuesto de afuera.&rdquo; (Elkaim, 1995) </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El origen de la colusi&oacute;n, se remonta a la historia vivida en la familia de origen. En ella, la persona estuvo &ldquo;triangulada&rdquo; en la relaci&oacute;n con sus padres, es decir, no pudo desvincularse del conflicto relacional de ellos, debido a que estableci&oacute; alg&uacute;n tipo de pacto de protecci&oacute;n con alguno de ellos. No fue legitimado por lo que era, sino por la funci&oacute;n que deb&iacute;a cumplir dentro o fuera de la familia. Si recibi&oacute; cari&ntilde;o, &eacute;ste fue a condici&oacute;n de aliarse con uno de sus padres en contra del otro. En otros casos, cuando el tri&aacute;ngulo fue r&iacute;gido, asumi&oacute; el rol del hijo o hija parental (Minuchin, 1986), en el sentido que tuvo que hacerse cargo de sus padres, como si &eacute;stos fueran sus hijos. Otra estructura triangular com&uacute;n es la perversa (Haley, 1967), en la que se es seducido por uno de los progenitores coloc&aacute;ndose como pareja de &eacute;ste y despreciando al otro. Finalmente el tri&aacute;ngulo m&aacute;s destructivo es el patol&oacute;gico (Bowen,1978), en el cual se desarrollan juegos patol&oacute;gicos, caracterizados por la pseudomutualidad, es decir, la aparente reciprocidad afectiva entre el progenitor y el hijo aliado, cuando en realidad el padre o la madre utilizan su poder a trav&eacute;s del enga&ntilde;o amoroso para agredir a su c&oacute;nyuge a trav&eacute;s del falso apego que se demuestra hacia el hijo, el cual una vez utilizado ser&aacute; abandonado. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Para colusionarse es necesario que ambos miembros de la pareja provengan de familias en las cuales estuvieron triangulados, esperan en su matrimonio estructurar un sistema distinto al que vivieron, idealizando el amor o confundi&eacute;ndolo con otros sentimientos. Se mantienen como estancados en la etapa de su ni&ntilde;ez donde se percataron de ser part&iacute;cipes de una pelea que no les pertenec&iacute;a. Cada uno de los miembros de la pareja, cargan consigo dolores ajenos, los cuales se manifiestan en forma de angustia (Pinto, 2004), la cual afanosamente busca un justificativo. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Cuando un dolor pertenece a otro, se trata de un sentimiento inexplicable, sin haber experimentado una p&eacute;rdida real, se sufre como si hubiese ocurrido. Es un sufrimiento implacable, interminable e intenso. La persona colusionada vive con la esperanza de entender su dolor y realizar las promesas de sus padres que jam&aacute;s se cumplieron en el amor de su c&oacute;nyuge. Lo pat&eacute;tico es que el c&oacute;nyuge espera lo mismo de &eacute;l, por lo que cada cual est&aacute; preocupado en ser amado en lugar de amar. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Han establecido err&oacute;neamente que el amor que se condiciona al amor que se recibe, se afanan constantemente en asegurarse que son amados. Pero se trata de una demanda infantil, que s&oacute;lo pudo ser satisfecha durante su ni&ntilde;ez. Llama la atenci&oacute;n que cuando est&aacute;n a punto de recibir lo que piden, boicotean la posibilidad de satisfacerse. &iquest;Por qu&eacute;? </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La respuesta la encontr&eacute;, cuando entend&iacute; que un ni&ntilde;o que no ha sido legitimado, no desarrolla la capacidad de hundirse en su vac&iacute;o al reconocer la artificialidad de su yo. Y como he mencionado al inicio de este art&iacute;culo, para amar es indispensable desprenderse del yo. Cuando no se ha recibido un apego seguro (Bowlby, 1985) no es posible construir un yo independiente a las exigencias de los padres, es decir, se vive en funci&oacute;n a la expectativa de ser valorado, lo que conlleva a la formaci&oacute;n r&iacute;gida de un s&iacute; mismo falso, el cual ser&aacute; el germen de un trastorno de personalidad: &ldquo;un patr&oacute;n desadaptado y duradero de experiencia interna y conducta, que data de la adolescencia o de la adultez joven, y que se manifiesta en al menos dos de las siguientes &aacute;reas 1) cognici&oacute;n, 2) afectividad, 3) funcionamiento interpersonal y 4) control de los impulsos. Este patr&oacute;n inflexible se hace evidente en diversas situaciones personales y sociales, y provoca malestar y deterioro&rdquo; (Halgin y Krauss, 2004). </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Quien tiene un trastorno de personalidad es incapaz de reconocer el mundo desde la perspectiva de los dem&aacute;s, no puede empatizar, se trata de un ser solipsista, la realidad funciona como &eacute;l considera con absoluta certeza que funciona. Est&aacute; enfrascado en su yo. Seg&uacute;n Gikovate (2001) se presentan en dos polos, el polo de los &ldquo;ego&iacute;stas&rdquo; y el de los &ldquo;generosos&rdquo;. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Los ego&iacute;stas han aprendido a protegerse del asedio de sus padres, construyendo un yo magn&iacute;fico, aprendieron a &ldquo;hacerse solos&rdquo;, independientes, capaces de sobrevivir sin necesitar de los dem&aacute;s. Todo gira alrededor de sus deseos, la prioridad es el mantenimiento de aquellas cosas artificiales que componen su estructura yoica: la profesi&oacute;n, el &eacute;xito, sus habilidades de conquista, su belleza f&iacute;sica, etc. Confunden el amor con el poder, por lo que buscan parejas a las cuales dominar, controlar, poseer. Y esperan ser admirados y respetados. Dentro de este grupo est&aacute;n los narcisistas aislados, como el esquizoide, y los narcisistas perversos, como el antisocial. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Los generosos han aprendido a ser protegidos y a proteger, viven en funci&oacute;n de lo que los dem&aacute;s esperan de ellos, &ldquo;son para los dem&aacute;s&rdquo;. Viven ayudando y salvando a los dem&aacute;s, con la esperanza de que hagan lo mismo por ellos. Todo gira alrededor de las demandas del otro, el sentido de su vida es satisfacer a cualquier costo las necesidades ajenas. Priorizan la entrega, la bondad y la caridad. Confunden el amor con la protecci&oacute;n y la pena, por eso buscan alguien a quien cuidar toda la vida. Esperan recibir gratitud, y protecci&oacute;n. Dentro de este grupo est&aacute;n las personalidades dependientes, evitativas y depresivas. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Quiz&aacute; la m&aacute;s perfecta colusi&oacute;n es la que se establece entre la personalidad hist&eacute;rica y la obsesiva compulsiva: &ldquo;Ambos llegan al matrimonio navegando en las nubes, pero la crisis se inicia despu&eacute;s de la ceremonia nupcial o muy poco tiempo despu&eacute;s. Pues ambos se atacar&aacute;n para evitar el sometimiento ni bien surja la m&aacute;s m&iacute;nima debilidad en el compa&ntilde;ero. Las peque&ntilde;as cosas de todos los d&iacute;as son motivo de acaloradas ri&ntilde;as, las cuales no se resuelven nunca porque ninguno es capaz de trabajar en el cambio de principios y la soluci&oacute;n producir&aacute; el reencuentro afectivo, lo cual es peligroso pues se corre el riesgo de perder nuevamente la identidad. La esposa histri&oacute;nica reclama que el esposo no es detallista ni rom&aacute;ntico, pero cuando el marido responde seg&uacute;n las expectativas de ella, la esposa descalifica el cambio por no ser espont&aacute;neo. De ah&iacute; la experiencia parad&oacute;jica que empuja al esposo a la desesperaci&oacute;n. El esposo en cambio demanda responsabilidad y orden en la vida de la esposa, ella plantea que s&oacute;lo cambiar&aacute; cuando &eacute;l cambie Ninguno se escucha, ambos est&aacute;n predispuestos al contraataque y no existe ninguna comunicaci&oacute;n aut&eacute;ntica. La pasi&oacute;n se apaga r&aacute;pidamente y desaparece la intimidad, quedando un amor vac&iacute;o repleto de odio y juegos de guerra. El obsesivo no abandona la contienda debido a los fuertes sentimientos de culpa que existen dentro de &eacute;l, mientras la persona histri&oacute;nica tampoco abandona el campo de batalla pues la rabia de alguna manera evita el encuentro con el vac&iacute;o. La guerra se detiene solamente si uno de los dos manifiesta reales planteamientos de separaci&oacute;n, alguno enferma de gravedad, ocasionando la amenaza de muerte y por lo tanto de abandono. Cada uno quiere ver al otro en absoluta sumisi&oacute;n sin depender demasiado.&rdquo; (Pinto, 2005, p&aacute;g. 102) </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Sternberg ha identificado distintas historias de amor que se van desarrollando en las relaciones conyugales, aclara la idea de la influencia de los mitos familiares desarrollada por los terapeutas familiares transgeneracionales, escribe: &ldquo;Cada individuo adem&aacute;s de contar con una historia personal sobre la relaci&oacute;n amorosa, tiene tambi&eacute;n una concepci&oacute;n de la historia que comparte con su pareja. Esta historia puede coincidir o no con la historia individual y, por supuesto, los miembros integrantes de la pareja pueden tener concepciones diferentes sobre la misma.&rdquo; (Sternberg, 1999, p&aacute;g.29) </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Sucede que en las parejas colusionadas, cada quien est&aacute; seguro que su relaci&oacute;n responde a determinada historia, cuando cada quien tiene una historia diferente. En los terapeutas novatos, estas narraciones resultan exasperantes, puesto que al tratar de encontrar una l&oacute;gica coherente al sistema conyugal, se al&iacute;an con aquella historia m&aacute;s coincidente con la propia historia del terapeuta. La consecuencia es una terapia interminable, y un desgaste f&iacute;sico y emocional del psic&oacute;logo. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La pareja en colusi&oacute;n no es conciente de la ausencia de conyugalidad, tiene que ocurrir un hecho de violencia o de infidelidad, para que busquen ayuda, o lo que es m&aacute;s com&uacute;n, el hijo triangulado, expresa s&iacute;ntomas graves por lo que es llevado para atenci&oacute;n psicol&oacute;gica. El s&iacute;ntoma del hijo, sin embargo, es la protecci&oacute;n que encuentra para evitar la angustia que le produce el dolor de sus padres. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La terapia de pareja en parejas colusionadas, tiene necesariamente que dirigirse a las heridas producidas en la infancia, lo cual resulta muy doloroso para los pacientes, quienes al reconocer en el comportamiento de su c&oacute;nyuge la manifestaci&oacute;n de sufrimientos antiguos, entienden lo que ocurre en el v&iacute;nculo amoroso establecido entre ellos. Emerge el ni&ntilde;o y la ni&ntilde;a abandonados, rabioso, descorazonados, y encuentran en su pareja aqu&eacute;l que puede hacerlos crecer. Una vez definidas las carencias infantiles, los miembros de la pareja, reci&eacute;n pueden establecer una relaci&oacute;n amorosa, al pasar de la etapa simbi&oacute;tica a la etapa de la desvinculaci&oacute;n. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Durante ese proceso, es probable la presencia de estados depresivos, debido a la evidencia de no haber vivido su propia vida, sino, haber sido v&iacute;ctimas de expectativas ajenas. Reconocer el da&ntilde;o que causaron a su c&oacute;nyuge y el da&ntilde;o recibido, produce sentimientos de culpa y verg&uuml;enza. Deben identificar los resentimientos aun presentes, reflexionar sobre la posibilidad de perdonar. Y finalmente decidir si vale o no la pena jugarse por el otro, estableciendo un nuevo contrato matrimonial. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Caso 2 </b></font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Mart&iacute;n es un joven empresario de veintiocho a&ntilde;os, casado hace tres a&ntilde;os con Susana de veintisiete a&ntilde;os quien trabaja como periodista. El esposo proviene de una familia en la cual tuvo que asumir el rol de padre cuando ten&iacute;a quince a&ntilde;os debido a la muerte intempestiva de su pap&aacute; en un accidente de trabajo. Desde que muere el padre, Mart&iacute;n cuida a su hermana menor y tiene que proteger a su madre quien entra en un cuadro depresivo cr&oacute;nico. Se esmera en los estudios, logrando &eacute;xitos precoces, los cuales entusiasman a la madre, quien se siente orgullosa de su hijo. Susana fue la hermana menor de una familia con cinco hijos, tiene diez a&ntilde;os menos que el hermano que le antecede. Sus padres se divorcian cuando ella tiene dos a&ntilde;os. El padre se va de la casa con otra mujer, desapareciendo de la vida de Susana. La peque&ntilde;a fue v&iacute;ctima de burlas de sus hermanos, debido a que era la m&aacute;s morena, fue maltratada por el hermano mayor que asumi&oacute; el papel de un padre r&iacute;gido. Su madre se dedic&oacute; a trabajar para mantener la familia, por lo que Susana quedaba al cuidado de sus hermanos mayores. Mart&iacute;n y Susana enamoran durante dos a&ntilde;os. Mart&iacute;n espera que Susana valore sus logros, y Susana espera que Mart&iacute;n la proteja. Despu&eacute;s de dos a&ntilde;os de casados, Susana se embaraza y sufre un aborto espont&aacute;neo que la sume en una depresi&oacute;n. Mart&iacute;n se exaspera al contemplar que su esposa se derrumba como su madre, y la presiona para que salga de su estado melanc&oacute;lico, utilizando insultos como hac&iacute;an sus cu&ntilde;ados. La relaci&oacute;n se entorpece, mientras m&aacute;s la presiona Mart&iacute;n, m&aacute;s se deprime Susana, y viceversa. Finalmente deciden buscar ayuda terap&eacute;utica. </font></P>     <P align="justify">&nbsp;</P>     <P align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La complementariedad </b></font></P>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Le ped&iacute; en una s&uacute;plica suprema     <br>     Que me diera su ser&hellip;y al estrechar     <br>     Su cuerpo contra el m&iacute;o me dec&iacute;a:     <br>     &iexcl;No puedo darte m&aacute;s! </font></p>       <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Manuel Magallanes Moure </font></p> </blockquote>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La comunicaci&oacute;n humana establece dos formas de relaci&oacute;n: la sim&eacute;trica y la complementaria. La primera se refiere a dos interlocutores situados a un mismo nivel de poder; mientras que en la complementaria uno de los interlocutores tiene dominio sobre el otro (Watzlawick y otros, op.cit.). La palabra &ldquo;<i>complemento</i>&rdquo; proviene del lat&iacute;n complementum, significa la cosa, cualidad o circunstancia que se a&ntilde;ade a otra para hacerla &iacute;ntegra o perfecta. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> He escogido el t&eacute;rmino <b>complementariedad</b> para referirme a la psicopatolog&iacute;a conyugal, en la cual se establece un v&iacute;nculo materno &ndash; filial o paterno </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&ndash; filial, que mantiene satisfechos a los c&oacute;nyuges. Como consecuencia de tal forma de relacionarse, la vida sexual de la pareja es deplorable, la desvinculaci&oacute;n es imposible, los juegos patol&oacute;gicos para mantenerse juntos son muy frecuentes, y cuando asumen el rol parental los hijos se convierten en estorbo para la persona que ocupa el lugar de hijo. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Podemos establecer dos tipos b&aacute;sicos de complementariedad: la complementariedad protectora y la complementariedad castigadora. En el caso de la protectora, uno de los c&oacute;nyuges se comporta como un progenitor sobreprotector, resuelve los problemas de su consorte, lo mima como si se tratara de un ni&ntilde;o indefenso, evita producirle el m&aacute;s m&iacute;nimo estado de perturbaci&oacute;n. En la complementariedad castigadora, uno de los c&oacute;nyuges se comporta como un progenitor estricto y severo, es autoritario, ordena la vida de su pareja, le castiga f&iacute;sicamente o verbalmente cuando no le obedece, corrige sus modales, establece reglas r&iacute;gidas para controlarle. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Las personalidades con tendencia a colocarse en el rol de c&oacute;nyuge protector son los obsesivos y dependientes. Las que buscan una &ldquo;madre&rdquo; para que les cuide son las personalidades evitativas, dist&iacute;micas, hist&eacute;ricas y dependientes (Martin, 1983). En el caso de los que buscan protecci&oacute;n, suelen ser varones que &ldquo;no manejaban bien sus asuntos personales, compet&iacute;an mal con otros hombres y recurr&iacute;an a las mujeres en procura de sost&eacute;n y consuelo; bordeaban la impulsividad&hellip;&rdquo; (Martin, op.cit., p&aacute;g. 26). </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La organizaci&oacute;n de la relaci&oacute;n conyugal se caracteriza por un inicio, en el cual la persona desvalida busca ayuda en la protectora; por lo general el dependiente es m&aacute;s joven que la persona protectora. Quien cumple el rol maternal, mantiene econ&oacute;micamente a su pareja, lo ayuda en su formaci&oacute;n profesional, sacrifica muchas actividades vitales para encargarse de cuidarlo. La codependencia (Beattie, 1994), es una manera extrema de este tipo de relaci&oacute;n. El sentido de vida de la persona protectora se centra en erradicar el &ldquo;vicio&rdquo; de su pareja; ambos se enredan en un c&iacute;rculo vicioso, a mayor lucha en contra de la adicci&oacute;n por parte del miembro protector, m&aacute;s se apega a su adicci&oacute;n el sujeto dependiente. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En el caso de la complementariedad castigadora, se establece un v&iacute;nculo sado </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&ndash; masoquista: &ldquo;el masoquismo puede describirse como un amplio campo de fen&oacute;menos normales y patol&oacute;gicos centrados en la autodestructividad motivada y en un placer conciente o inconsciente en el sufrimiento...&rdquo; (Kernberg, 1998, p&aacute;g. 217). Navarro (2000) utiliza el t&eacute;rmino &ldquo;violencia castigo&rdquo; cuando identifica un v&iacute;nculo donde existe un castigador y un castigado, se trata de una manera para perpetuar una relaci&oacute;n de desigualdad y dominio, establecer quien manda y quien obedece: el fuerte y el d&eacute;bil, el sabio y el ignorante. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Las consecuencias de este tipo de complementariedad son graves, puesto que destruye la identidad, la persona castigada se debe amoldar a las expectativas del dominador, renuncia a cualquier atisbo de autenticidad, y se comporta evitando aquellas cosas que ir&aacute;n a producir enojo en su c&oacute;nyuge. Por su parte el castigador encuentra en su relaci&oacute;n la posibilidad de disfrutar del poder, y mantenerse siempre encima de su pareja, siendo el lugar donde se siente respetado y temido. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Las personalidades con tendencia a buscar parejas castigadoras son las evitativas, las dependientes, las hist&eacute;ricas y las pasiva &ndash; agresivas. Aquellas que tienden a colocarse en el rol de castigadores suelen ser antisociales, obsesivos, paranoides, hist&eacute;ricos (en el caso de los varones) y algunos dist&iacute;micos. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La historia conyugal comienza con el encuentro de una persona con sentimientos de inferioridad que ve en el otro alguien superior, que le podr&aacute; ayudar a crecer y a enfrentar la vida. Suele darse inicialmente como una historia &ldquo;profesor &ndash; estudiante&rdquo; y con el tiempo se convierte en una historia de terror (Sternberg, 1999). La persona que se coloca encima, disfruta de ser obedecido, le excita atemorizar, est&aacute; convencido que su pareja es incapaz de tomar decisiones y que el castigo es una buena manera para corregirla; de ah&iacute; que sea frecuente su frase: &ldquo;lo hago por tu bien&rdquo;. Mientras que la persona que se coloca debajo s&oacute;lo toma decisiones bajo presi&oacute;n, prefiere que sea el otro que decida por ella, asume ser incapaz de resolver problemas por s&iacute; sola y considera a su pareja mucho m&aacute;s inteligente y fuerte que ella. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Los celos patol&oacute;gicos tienen muchas posibilidades de producirse dentro de una relaci&oacute;n complementaria castigadora, principalmente en aquellos casos en los cuales el dominador tiene rasgos paranoides u obsesivos. &ldquo;El celoso vive las exigencias de un amor posesivo. Surge a trav&eacute;s de ciertos tipos de vinculaciones intensas hacia la persona amada y genera una tendencia de expresar una posesi&oacute;n exclusivista, por miedo o riesgo de p&eacute;rdida.&rdquo; (Cavalcante, 1997, p&aacute;g.23). Cualquier amenaza real o imaginaria que ponga en riesgo la p&eacute;rdida del poder, ocasiona un estado de angustia, para evitarlo el celoso impone rigurosas reglas, act&uacute;a con violencia en contra de su pareja, la aparta de cualquier persona o situaci&oacute;n que pueda convertirse en prioridad y le reemplace. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Las consecuencias son funestas para los hijos en ambos casos de complementariedad conyugal. En el caso de la protectora, los peque&ntilde;os pueden ser abandonados porque se prioriza la relaci&oacute;n &ldquo;conyugal&rdquo;, situaci&oacute;n que ir&aacute; a derivar en la estructuraci&oacute;n de una depresi&oacute;n mayor (Linares y Campo, 2001); otra alternativa es el desarrollo de celos por parte del progenitor &ldquo;hijo&rdquo;, ocasionando desprendimiento afectivo hacia los ni&ntilde;os o castigos severos. Otra manera que tiene de actuar la persona que es desplazada por los hijos es buscar una &ldquo;madre sustituta&rdquo;, estableciendo una relaci&oacute;n extramatrimonial. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En el caso de la complementariedad castigadora, los hijos pueden aliarse con la madre para protegerla de las agresiones del padre, o desplazar al progenitor dominado para enfrentar de manera sim&eacute;trica al dominador. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La complementariedad puede sufrir una colisi&oacute;n, la cual conlleva a la ruptura </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">o a la consolidaci&oacute;n de la pareja. Usualmente en cualquiera de sus formas, quien colisiona es el miembro de la pareja que se encuentra en la posici&oacute;n inferior. En la protectora, si el &ldquo;trabajo&rdquo; de madre ha sido bien realizado por la persona dominadora, el dominado crece como persona, se realiza, y generalmente al lograr la simetr&iacute;a con su consorte, decide abandonarla, pues la colisi&oacute;n le demuestra desagradablemente que &iexcl;estuvo casado con su madre! En la castigadora, la persona maltratada, reconoce su situaci&oacute;n de maltrato, colisiona con la imposibilidad de cambiar a su c&oacute;nyuge, finalmente decide acabar con la esperanza y asume medidas legales para terminar con la relaci&oacute;n. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Como se ve, las posibilidades de ruptura son mayores que las de reconciliaci&oacute;n, quiz&aacute; &eacute;sta se logre solamente a trav&eacute;s de procesos terap&eacute;uticos. Como la confianza ha sido reemplazada por la dependencia en un caso, y el miedo en el otro, las posibilidades de activar el amor son muy dif&iacute;ciles, sobre todo si la colisi&oacute;n se produce fuera del contexto terap&eacute;utico. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> <b>Caso 3 </b></font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><i><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Manuel es un m&eacute;dico de treinta y dos a&ntilde;os, tiene problemas con el alcohol desde ocho a&ntilde;os atr&aacute;s, tiempo en que fallece la madre con quien viv&iacute;a, fue hijo &uacute;nico, no tuvo padre, de tal manera que su vida se centraba en el cuidado de su enfermiza madre. Al poco tiempo de fallecer su madre, despu&eacute;s de un intento infructuoso de suicidio, conoce a Katia, una psic&oacute;loga de cuarenta a&ntilde;os, con la que establece una relaci&oacute;n de pareja. Terminan cas&aacute;ndose despu&eacute;s de cuatro meses de enamoramiento. Katia proviene de una familia numerosa con seis hermanos varones, ella es la tercera; vivi&oacute; con mucho sufrimiento debido a que su padre ten&iacute;a problemas serios con el alcohol, lo que generaba un ambiente hostil, principalmente por el maltrato que el se&ntilde;or realizaba en contra de su esposa. Desde que se conocieron, Katia supo que Manuel era alcoh&oacute;lico, y trat&oacute; de ayudarlo de muchas maneras. Durante el matrimonio, lo iba a buscar a las cantinas, arrojaba las botellas que encontraba escondidas en la casa, lo reflexionaba, inclusive recurri&oacute; a una colega para que le ayude terap&eacute;uticamente. Durante los momentos de sobriedad, Manuel ingresaba en estados depresivos los cuales eran contenidos por su esposa, quien le consolaba, y era frecuente que lo arrullara como si se tratase de un beb&eacute; antes de dormir. No tuvieron hijos, pues ella ten&iacute;a un problema de esterilidad. Durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o de su matrimonio, Manuel ingres&oacute; a Alcoh&oacute;licos An&oacute;nimos, al cabo de tres meses, par&oacute; de beber. Cuando se hab&iacute;a mantenido sobrio por m&aacute;s de ocho meses, le plante&oacute; a Katia el divorcio. Ella me busco para que le ayude a salir de la depresi&oacute;n cr&oacute;nica en la que estaba sumida. </font></i></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> <b>Caso 4 </b></font></P>     <P align="justify"><i><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Laura era una hermosa muchacha de dieciocho a&ntilde;os, proveniente de una familia con prestigio social y econ&oacute;mico de la ciudad de La Paz. Sus padres eran de Sucre, y se vanagloriaban de sus or&iacute;genes &ldquo;nobles&rdquo;. Laura ten&iacute;a una hermana mayor la cual era la favorita de su padre, debido a que ten&iacute;a un mejor rendimiento acad&eacute;mico que ella; esta situaci&oacute;n generaba una frecuente competencia entre hermanas. Saliendo bachiller, Laura conoce a Ferm&iacute;n, un joven de veintid&oacute;s a&ntilde;os, hijo de una se&ntilde;ora de procedencia aymara y un padre camionero, a pesar de poseer un buen nivel econ&oacute;mico, se trataba de una familia de un nivel social diferente al de Laura. Al poco tiempo de salir juntos, la muchacha se embaraza. Anuncia en su casa el intenso amor que sent&iacute;a por Ferm&iacute;n y sus deseos de contraer matrimonio con el muchacho. La familia de Laura reacciona negativamente y el padre obliga a que su hija tenga un aborto, despu&eacute;s del cual env&iacute;an a la muchacha a Buenos Aires, entregando mucho dinero a la familia de Ferm&iacute;n para apartarlo de su hija. Al cabo de un a&ntilde;o, los padres de Laura reciben la fotograf&iacute;a de su nieto, pues Laura y Ferm&iacute;n se hab&iacute;an casado en la Argentina. Vivieron dos a&ntilde;os en aquel pa&iacute;s, hasta que sobrevino la crisis econ&oacute;mica, y decidieron retornar a Bolivia. La presencia del nieto, apacigu&oacute; la ira de la familia de Laura, aunque jam&aacute;s aceptaron al yerno. La pareja tuvo que vivir en la casa de la familia de Ferm&iacute;n, en la que las costumbres eran muy diferentes a las que ten&iacute;a la joven. Las fiestas eran frecuentes, el machismo dirig&iacute;a la forma de relacionarse dentro del contexto familiar. Ferm&iacute;n empez&oacute; a criticar los modales de su esposa, y a exigirle que deje de visitar a sus padres. Adem&aacute;s, le se&ntilde;ala, que su madre es m&aacute;s experta que ella en la educaci&oacute;n del hijo. Ferm&iacute;n termin&oacute; de estudiar Auditoria y al poco tiempo empieza a trabajar en una instituci&oacute;n bancaria, mientras que Laura se queda en casa ayudando a su suegra en los quehaceres de la casa. Una noche, Ferm&iacute;n llega a casa y no encuentra a su esposa, &eacute;sta hab&iacute;a ido de visita a casa de sus padres. Cuando retorn&oacute;, su esposo le propin&oacute; una paliza, reclam&aacute;ndole la falta de consideraci&oacute;n con su hijo. A partir de ese momento, el maltrato se hizo casi cotidiano. Despu&eacute;s de un tiempo, Laura se embaraza nuevamente, nace una ni&ntilde;a, lo cual fue una decepci&oacute;n para el esposo, el cual comenz&oacute; a mencionar que esa criatura no era hija suya, achac&aacute;ndole a Laura alguna relaci&oacute;n extramatrimonial. Ferm&iacute;n empieza a salir con una compa&ntilde;era de trabajo, encara a la esposa dici&eacute;ndole que tiene derecho, puesto que ella hizo lo mismo. Fue durante esa &eacute;poca que el ni&ntilde;o que ten&iacute;a seis a&ntilde;os manifiesta s&iacute;ntomas encopr&eacute;ticos. Despu&eacute;s de una compleja terapia familiar, Laura reconoce su situaci&oacute;n de maltrato y toma la decisi&oacute;n de divorciarse.</font></i></P>     <P align="justify">&nbsp;</P>     <P align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Conclusiones </b></font></P>     <blockquote>       <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El que t&uacute; seas basta. Y al hecho que yo exista     <br>     D&eacute;jalo, entre nosotros, que se quede en suspenso.     <br>     La realidad es verdad en su propia esfera;     <br>     Al fin lo enteramente imaginario incluye     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     Todos los grados de transformaci&oacute;n.     <br>     Y aunque fuera el muerto m&aacute;s perdido,     <br>     Al t&uacute; reconocerme yo exist&iacute;&hellip;.     <br>     &iexcl;Ay, cu&aacute;nto valoramos lo que es desconocido:     <br>     demasiado deprisa se forma un rostro amado     <br>     hecho de parecido y contrastes. </font></p>       <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Rainer Maria Rilke</font></p> </blockquote>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La terapia de pareja es la forma de intervenci&oacute;n psicol&oacute;gica m&aacute;s dif&iacute;cil, debido a que el paciente es un ser invisible sentado en una silla vac&iacute;a entre dos personas que no saben amarse. El terapeuta debe aprender a ver, escuchar y sentir aquella voz silenciosa proveniente del vac&iacute;o conyugal, mientras convence a los c&oacute;nyuges en convertirse en c&oacute;mplices del terapeuta para construir, re construir, de construir o destruir a la &ldquo;mariposa negra que vuela entre las sombras oscuras de la silla vac&iacute;a&rdquo;. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La psicoterapia en general y la terapia de pareja en particular, es arte y ciencia. Arte porque es necesaria la creatividad, improvisaci&oacute;n, m&uacute;sica y poes&iacute;a por parte del terapeuta, y ciencia porque se tiene que tener conocimientos actualizados acerca de los resultados de las investigaciones sobre la problem&aacute;tica sobre la cual se est&aacute; interviniendo. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El requisito indispensable para ser un buen terapeuta de pareja, es haber aprendido a amar, y tener una relaci&oacute;n conyugal propia en la cual pueda vivir intensamente su felicidad, por supuesto que s&oacute;lo es posible si el terapeuta se asume como persona antes que como profesional, y para ello debe estar despojado de su yo falso. Para perderse en la esencia del alma, es preciso que se haya reflexionado sobre los mitos familiares y sociales. La terapia de pareja le obligar&aacute; a trascender los convencionalismos dej&aacute;ndose guiar por la fuerza del amor, descrita de forma tan precisa por San Pablo en la Carta a los Corintios (13, 4-7): &ldquo;El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No act&uacute;a con bajeza, ni busca su propio inter&eacute;s. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.&rdquo; </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En la relaci&oacute;n conyugal se concentran todas las cualidades del ser humano: la pasi&oacute;n carnal, la inteligencia mental, la fe espiritual, y la incertidumbre. El trabajo con parejas, enriquece profundamente el ser del terapeuta, siente la presencia del amor como una realidad tangible coincidiendo con la frase de Miguel de Santiago: &ldquo;&iquest;qui&eacute;n ha dicho que Dios no est&aacute; en los besos?&rdquo; En el contexto terap&eacute;utico de pareja, el entorno inicialmente nebuloso y hediondo por el poder, el miedo, el dolor y la angustia, se despeja con un sol multicolor que emerge como Afrodita del mar silencioso de los corazones rotos de los amantes, la noche es reemplazada por un d&iacute;a primaveral con perfume a rosas, &iexcl;se siente la presencia de Dios! </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Mi trabajo me da esa recompensa, sentirme parte de un mundo rebelde, ca&oacute;tico, trascendente a las inmanencias absurdas de la artificialidad mundana, para comprender la fuerza del amor, que todo lo puede, y que es simple de lograr. He aprendido gracias al amor con mi esposa, y a las experiencias terap&eacute;uticas con miles de parejas que han llorado en mis hombros, que amar es simple y llanamente dejar que la vida sea, el encuentro se da s&oacute;lo si se acepta nuestra existencia insignificante comparada con la inmensidad abrumadora del universo misterioso. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> No debemos perder el tiempo esperando lo que no nos fue dado, no hay remedio, no escogimos a nuestros padres, ellos hicieron lo que mejor pudieron por nosotros. &iexcl;Escogimos a nuestra pareja! Por lo tanto, ella es nuestra prioridad, nuestro sentido de existir, el ser que nos hace visibles, con el que podemos sentirnos humanos aut&eacute;nticos, crear, sentir, vivir&hellip;Como se&ntilde;ala Branden: &ldquo;el amor rom&aacute;ntico es una relaci&oacute;n apasionada, espiritual &ndash; emocional &ndash; sexual, entre un hombre y una mujer, que refleja una alta consideraci&oacute;n por el valor que tiene la persona del otro&rdquo;. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Lo que me ha costado comprender, es que, los distintos tipos de psicopatolog&iacute;as conyugales, tuvieron su origen en intentos de amar. Los padres de cada uno de los c&oacute;nyuges en alg&uacute;n instante de su relaci&oacute;n creyeron en la posibilidad del amor, aunque confundieron sentimientos, el fruto de ese encuentro es el hijo o la hija que esperanzados, se lanzan a una aventura amorosa para reproducir o evitar copiar lo que vieron como matrimonio entre sus padres. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Cuando las personas colusionadas, colisionadas y/o complementarias, comprender que no saben amar porque no fueron amados, se sienten tentadas a exponer el odio hacia sus padres, situaci&oacute;n que bien sabemos fue aprovechada por el psicoan&aacute;lisis para justificar una teor&iacute;a fruto de los resentimientos no resueltos del propio Freud. Pero con los recursos filos&oacute;ficos de la terapia sist&eacute;mica y la terapia narrativa, las personas entienden que sus padres fueron v&iacute;ctimas del fracaso amoroso de sus propios padres, y entonces perdonan. Y cuando lo hacen reconocen (&iexcl;en todos los casos!), que sus padres les dejaron alg&uacute;n valor humano, aunque sea el m&aacute;s nimio, pero siempre es la semilla que hace brotar la rosa en el asfalto, y lloran porque al fin pueden agradecerle algo a aquella madre o al padre &ldquo;malvado&rdquo;. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Siguiendo el pensamiento cat&oacute;lico de Tolkien, enraizado en la teolog&iacute;a de San Agust&iacute;n: no existen personas malas, Dios no crea el mal, todo lo que crea es bueno; el poder es el que corrompe al bien y lo transforma en maldad. El mal es la c&aacute;scara podrida que esconde el fruto dulce del amor. Descascarar ese fruto es la labor del terapeuta. </font></P>     <P align="justify">&nbsp;</P>     <p><font size="3"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Notas</font></b></font></p>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><Sup>1 </Sup><A href="mailto:bpintot@ucb.edu.bo"> bpintot@ucb.edu.bo</A></font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">* Los nombres utilizados y algunos datos han sido cambiados, para proteger la identidad de los pacientes. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">&nbsp;</P>     <P align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> <b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Andolfi, M., Angelo, C., Saccu, C. (organizadores) 1995 O casal em crise. Sao </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Paulo: Summus. </font></P>     <!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Andolfi,M, Angelo,C. 1989a Tiempo y mito en la psicoterap&iacute;a familiar. Buenos </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Aires: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719590&pid=S2077-2161200500010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Andolfi,M. 1987 Terapia familiar. Buenos Aires : Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719591&pid=S2077-2161200500010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Andolfi,M. Comps. 1985 Dimensiones de la terapia familiar.  Buenos Aires: </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Paid&oacute;s </font></P>     <!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Andolfi.M. 1989b Detr&aacute;s de la m&aacute;scara familiar. Buenos Aires: Amorrortu </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719593&pid=S2077-2161200500010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Beattie,M. 1994 Codependencia.    M&eacute;xico: Atl&aacute;ntida. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719594&pid=S2077-2161200500010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Beck,U., Beck- Gernsheim, E. 2001 El normal caos del amor. Las nuevas formas </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">de la relaci&oacute;n amorosa. Barcelona: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719595&pid=S2077-2161200500010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Bowlby, J. 1985 La separaci&oacute;n afectiva. Bs. Aires: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719596&pid=S2077-2161200500010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Branden, N. 2000 La psicolog&iacute;a del amor rom&aacute;ntico. Barcelona: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719597&pid=S2077-2161200500010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Caill&eacute;,Ph. 1990 Uno m&aacute;s uno tres. Buenos Aires: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719598&pid=S2077-2161200500010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Camaratta, I. 2000 A escolha do c&ocirc;njuge. Um entendimento sist&eacute;mico e    psicodin&acirc;mico. Porto Alegre: Artmed. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719599&pid=S2077-2161200500010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cavalcante, M. 1997 O ci&uacute;me patol&oacute;gico. Rio de Janeiro: Rosa dos tempos. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719600&pid=S2077-2161200500010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Corsi, J. (Compilador) 1995 Violencia masculina en la pareja. Una aproximaci&oacute;n al    diagn&oacute;stico y a los modelos de intervenci&oacute;n. Buenos Aires: Paid&oacute;s. </font></P>     <!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Eibleibesfeldt, I. 1993 El hombre programado. Madrid: Alianza </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719602&pid=S2077-2161200500010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Elkaim,M. 1995 Si me amas no me ames. Buenos Aires: Paid&oacute;s </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719603&pid=S2077-2161200500010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ellis, A., Harper, R. 2004 A guide to successful marriage. California: Melvin    Powers </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719604&pid=S2077-2161200500010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Framo, J. 1996 Familia de origen y psicoterapia. Buenos Aires: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719605&pid=S2077-2161200500010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Garc&iacute;a Vega, L. 2001 El v&iacute;nculo emocional. Valencia: Promolibro. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719606&pid=S2077-2161200500010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Gikovate, F. 1996 Uma nova visao do amor. Sao Paulo: MG Editores. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719607&pid=S2077-2161200500010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Gikovate, F. 2002 A arte de educar. Sao Paulo: MG Editores. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719608&pid=S2077-2161200500010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Gilbert, M, Shmukler, D. 2000 Terapia breve de parejas. M&eacute;xico D.F.: Manual    Moderno. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719609&pid=S2077-2161200500010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Gottman, J., Silver, N. 1999 The seven principles for making marriage work. New    York: Three river press. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719610&pid=S2077-2161200500010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Guerin, Ph., Fogarty,Th., Fay,L. Gilbert, J. 2000 Tri&aacute;ngulos relacionales. Bs. Aires:    Amorrortu. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719611&pid=S2077-2161200500010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Haley, J. 1989 Trastornos de la emancipaci&oacute;n juvenil y terapia familiar.    Buenos Aires: Amorrortu. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719612&pid=S2077-2161200500010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Haley, J. 2000 Las t&aacute;cticas de poder de Jesucristo y otros ensayos. Barcelona:    Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719613&pid=S2077-2161200500010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Halgin, R., Krauss, S. 2004 Psicolog&iacute;a de la anormalidad. Perspectivas cl&iacute;nicas    sobre des&oacute;rdenes psicol&oacute;gicos. M&eacute;xico D.F.; McGraw Hill. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719614&pid=S2077-2161200500010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hendrix, H. 1997 Conseguir el amor de su vida. 1997 Barcelona: Obelisco. </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Isaacs,M. y otros. 1986 Divorcio dif&iacute;cil. Buenos Aires: Amorrortu. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Kernberg, O. 1998 Relaciones amorosas. Normalidad y patolog&iacute;a. Bs. Aires:    Paid&oacute;s </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719617&pid=S2077-2161200500010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Kershaw,C.   1994 La danza hipn&oacute;tica de la pareja. Buenos Aires: Amorrortu. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719618&pid=S2077-2161200500010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Linares, J.L. Campo, C. 2001 Tras la honorable fachada. Los trastornos depresivos    desde una perspectiva relacional. Buenos Aires: Piados.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719619&pid=S2077-2161200500010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Martin, P. 1983 Manual de terapia de pareja. Buenos Aires: Amorrortu </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719620&pid=S2077-2161200500010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Maturana,H. 1995 Emociones y lenguaje en educaci&oacute;n y pol&iacute;tica. Santiago:    Dolmen </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719621&pid=S2077-2161200500010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">McKay, M., Fanning, P., Paleg, K. 1994 Couple skills. Oakland: New Harbinger    Publications. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719622&pid=S2077-2161200500010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mellody, P., Freundlich, L. 2003 The intimacy factor. New York: Harper San    Francisco </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719623&pid=S2077-2161200500010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Minuchin, S. 1986 Familias y terapia familiar. Buenos Aires: Gedisa </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719624&pid=S2077-2161200500010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Montoya, B. 2000  Psicopatolog&iacute;a conyugal. Madrid: Diaz de Santos </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719625&pid=S2077-2161200500010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Navarro, J., Pereira, J. (Compiladores) 2000 Parejas en situaciones especiales.    Barcelona: Paid&oacute;s. </font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">O&rsquo;Hanlon, B., Hudson,P. 1996 Amor es amar cada d&iacute;a. Buenos Aires: Paid&oacute;s </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719627&pid=S2077-2161200500010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pinto, B. 2004 La mente y sus v&iacute;nculos sociales. La Paz: Universidad Cat&oacute;lica    Boliviana (En revisi&oacute;n editorial) </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pinto, B. 2005&ordf; Por que s&oacute;lo puedo amarte de esta manera. La Paz: Universidad    Cat&oacute;lica Boliviana (En prensa) </font></P>     <P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pinto, B. 2005b Reflexiones irreverentes sobre la psicoterapia irreverente. (En    prensa) </font></P>     <!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Rodr&iacute;guez, P. 2000 Adicci&oacute;n a las sectas. Pautas para el an&aacute;lisis, prevenci&oacute;n y    tratamiento. Barcelona: Sine qua non. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719631&pid=S2077-2161200500010000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sager,C. 1980 Contrato matrimonial y terapia de pareja. Bs.Aires: Amorrortu. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719632&pid=S2077-2161200500010000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sternberg, R. 1999 El amor es como una historia. Buenos Aires: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719633&pid=S2077-2161200500010000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sternberg, R. 2000 La experiencia del amor. Barcelona: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719634&pid=S2077-2161200500010000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sternberg, R. 2000 La experiencia del amor. Bs. Aires: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719635&pid=S2077-2161200500010000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sternberg,R. 1998 El tri&aacute;ngulo del amor. Bs. Aires: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719636&pid=S2077-2161200500010000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Viscott,D.  1979 C&oacute;mo vivir en intimidad. San Juan: Club de lectores. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719637&pid=S2077-2161200500010000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Wachs, K. 2001 Los secretos del amor. Barcelona: Amat. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719638&pid=S2077-2161200500010000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Watzlawick, P. y otros. 1971 Teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n humana. Barcelona:    Herder. </font></P>     <!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Whitaker,C. Bumberry,W. 1991 Danzando con la familia. Buenos Aires:    Paid&oacute;s.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719640&pid=S2077-2161200500010000400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> White, M., Epston,D. 1993 Medios narrativos para fines terap&eacute;uticos. Buenos Aires: Paid&oacute;s. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719641&pid=S2077-2161200500010000400053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Willi, J. 1993 La pareja humana: relaci&oacute;n y conflicto. Madrid: Morata </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=719642&pid=S2077-2161200500010000400054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P align="justify">&nbsp;</P>      ]]></body><back>
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