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<journal-title><![CDATA[Iuris Tantum Revista Boliviana de Derecho]]></journal-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>CUESTIONES DE INTER&Eacute;S JUR&Iacute;DICO</strong></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><strong><font face="Verdana" size="4" color="#000000">Opini&oacute;n p&uacute;blica y libertad de expresi&oacute;n</font></strong></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><strong><font face="Verdana" size="3" color="#000000">Public opinion and freedom of expression</font></strong></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><b>Jorge Antonio CLIMENT GALLART</b></font>    <br>   <font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>ARTÍCULO RECIBIDO:</strong> 28 de marzo de 2016    <br>   <strong>ARTÍCULO APROBADO:</strong> 15 de abril de 2016</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>RESUMEN:</strong> El presente artículo trata sobre la opinión pública y su directa y estrecha relación con la libertad de expresión, el derecho a la información plural, el pluralismo político y la democracia representativa. Como veremos a lo largo del texto, esta institución se ha convertido en la pieza clave para la existencia del sistema democrático.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>PALABRAS CLAVE:</strong> Democracia, libertad de expresión, libertad de información, opinión pública, pluralismo.</font></p> <hr>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>ABSTRACT:</strong> This article is aboutthe public opinion and its direct and close relationship with freedom of expression, right to plural information, political pluralism and representative democracy.As we will see throughout the text, this institution has become the keystone for the existence of democracy.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>KEYWORDS:</strong> Democracy, freedom of expression, freedom of information, public opinion, pluralism.</font></p> <hr>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><b>SUMARIO.- </b>I. INTRODUCCIÓN.- II. LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN COMO GARANTÍA INSTITUCIONAL DE UNA OPINIÓN PÚBLICA LIBRE.- III. EL DERECHO A RECIBIR INFORMACIÓN VERAZ Y PLURAL COMO BASE DE LA OPINIÓN PÚBLICA LIBRE.- IV. LA OPINIÓN PÚBLICA LIBRE.- V. LA OPINIÓN PÚBLICA INSTITUCIONAL (O FORMAL) Y LA NO INSTITUCIONAL (O INFORMAL).- VI. CONCLUSIONES.- VII. BIBLIOGRAFÍA.</font></p> <hr>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><b><font size="3">I. INTRODUCCIÓN</font></b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Debemos comenzar reconociendo que el análisis de la figura &quot;opinión pública libre&quot; resulta bastante complicado para los juristas, habida cuenta que no nos encontramos ante un concepto de carácter jurídico, sino más bien sociológico, politológico e incluso filosófico, que ha sido juridificado a través de la jurisprudencia<sup>1 </sup>y de la doctrina.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Sin embargo, por la importancia que esta figura tiene en la categorización de la libertad de expresión como garantía institucional y como libertad preferente, creemos que merece un estudio más pormenorizado.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><strong><font face="Verdana" size="3" color="#000000">II. LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN COMO GARANTÍA INSITUCIONAL DE UNA OPINIÓN PÚBLICA LIBRE</font></strong></p>     <p align="justify"><strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana"></font></strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Resulta incuestionable que la libertad de expresión tiene una doble naturaleza: de derecho de carácter subjetivo<sup>2</sup> y también de garantía institucional de la opinión pública libre, base misma del pluralismo político y sostén de una democracia representativa.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">En este punto, nos centraremos exclusivamente en la segunda. Como recoge Llamazares CAlzAdillA,&quot;la libertad de expresión de pensamientos, ideas y opiniones, así como la difusión de las mismas y de las noticias relativas a los asuntos públicos, son premisas necesarias para la formación de la opinión pública&quot;.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">El que la libertad de expresión tenga también naturaleza jurídica de garantía institucional ha supuesto que se le otorgue, en el ámbito de los derechos fundamentales, el carácter de libertad preferente. No significa ello que jerárquicamente se sitúe en una posición superior, pero sí que deberá ser tenida muy en cuenta su naturaleza en caso de conflicto con cualquier otro derecho, pues aquella se encuentra en la esencia misma del sistema democrático.<sup>4</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Ahora bien, dicho carácter preferente se les reconoce exclusivamente a aquellos actos comunicativos que sirven para la formación de una opinión pública libre. Ello significa que este privilegio solo podrá ser alegado cuando nos encontremos ante temas de interés público (o general), pues solo estos pueden servir para la formación de la opinión pública libre.<sup>5</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Esta no es una cuestión menor, puesto que ello conlleva dejar sin efecto ese carácter privilegiado al ejercicio de la libertad de expresión llevado a cabo por la prensa rosa o amarilla, puesto que, en modo alguno, la información con la que mercadean puede ser considerada de &quot;interés público&quot;. No puede ni debe confundirse este concepto, &quot;interés público&quot;, con el &quot;interés del público&quot;, el cual responde al interés malsano de un sector de la población por las vidas privadas ajenas o por el simple morbo. Ni un tipo de prensa, ni la otra, puede considerarse que sirvan para la formación de la opinión pública, sino más bien justo para todo lo contrario, sirven para su deformación. Este es el motivo por el que se puede entender que el concepto &quot;relevancia pública&quot; sea más adecuado que el de &quot;interés público&quot;, puesto que el primero resulta más objetivable que el segundo. De hecho, junto al término &quot;relevancia pública&quot;, también encontramos, en ocasiones, el concepto &quot;hecho noticiable&quot;. No obstante, se utilizan todos indistintamente.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Además, como indica Plaza Penadés, &quot;Será necesario, además, que ambos derechos se ejerciten dentro de sus límites intrínsecos&quot;.<sup>6</sup> Estos límites intrínsecos son los siguientes: en el caso de la libertad de información, el límite será la veracidad (puesto que se refiere a hechos); y en el caso de la libertad de expresión en sentido estricto (que se refiere a ideas, opiniones o juicios de valor), la manifestación de expresiones injuriosas o vejatorias, pues las mismas resultan innecesarias para la formación de una opinión pública libre.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Por tanto, para seguir manteniendo ese estatuto prevalente, es necesario que la información que se transmita sea veraz, y que las opiniones que se viertan no sean inequívocamente injuriosas o vejatorias, pues la libertad de expresión no puede amparar un pretendido derecho al insulto.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">En determinados casos límite, resulta muy complejo determinar cuándo nos encontramos ante una crítica dura e hiriente y cuándo ante una expresión injuriosa. De hecho, los tribunales se ven abocados a analizar todas las circunstancias que se dan en cada caso concreto, puesto que una expresión aisladamente vejatoria, puede </font><font color="#000000" size="2" face="Verdana">dejar de serlo, si se pone en relación con aquello que se está comunicando, así como con el contexto en que se produce.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">En conclusión, se reconocerá esa&quot;posición preferente&quot; a la libertad de expresión (e información) siempre que la misma se refiera a un tema de interés público (o general), y que la información sea veraz, o la opinión se haya expresado con ausencia de manifestaciones injuriosas o vejatorias. Si no se dan esos requisitos, no cabe hablar de posición preferente, y, por tanto, no gozará de los privilegios derivados de la misma.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><strong><font face="Verdana" size="3" color="#000000">III. EL DERECHO A RECIBIR INFORMACIÓN VERAZ Y PLURAL COMO BASE DE LA OPINIÓN PÚBLICA LIBRE</font></strong></p>     <p align="justify"><strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana"></font></strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana">El derecho a recibir información veraz y plural merece un análisis concreto, puesto que participa del carácter de derecho subjetivo, pero además se encuentra en el fundamento mismo de una opinión pública libre.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Debemos partir de una idea, y es que el transmitente tiene derecho a emitir información veraz y el receptor a recibir información veraz y plural. Como libertad negativa, el acto comunicacional debería darse sin cortapisas por parte del Estado. Esta era la concepción liberal. Pero la concepción social (libertad positiva) supone que el Estado deba actuar removiendo todos los obstáculos que impidan o dificulten el ejercicio real y efectivo de este derecho.<sup>7</sup> Ello significa, en este caso, que el Estado deberá facilitar que al receptor le llegue una pluralidad de fuentes informativas, así como que en los diferentes medios se respete asimismo el principio de pluralismo político, favoreciendo el acceso a los mismos de representantes de todo el espectro político y social que conforma la sociedad civil de un país.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">La exigencia de la veracidad y del pluralismo también es exigible tanto a los medios de comunicación social públicos como a los privados. Sobre la veracidad (únicamente exigible respecto a los hechos) simplemente señalar que no debemos </font><font color="#000000" size="2" face="Verdana">confundirla con la verdad objetiva, sino que hace referencia al actuar diligente del profesional de la información en la búsqueda de la verdad.<sup>8</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Nos vamos a centrar en la exigencia del pluralismo. Cabe precisar que no viene referido únicamente a hechos, sino también a opiniones, ideas o juicios de valor. Para Bastida Freijedo el pluralismo consiste &quot;de un lado, en la posibilidad de concurrencia del mayor número y diversidad de opiniones e información, lo que redundará en un proceso de libre formación de la opinión pública. De otro, en la posibilidad de que esa concurrencia llegue al mayor número de personas posible&quot;.<sup>9</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Dicho pluralismo se dará, conforme la doctrina liberal, de modo natural, por el libre ejercicio de las libertades individuales. Sin embargo, de acuerdo con la doctrina social,&quot;si ese pluralismo no se produce o es insuficiente, (...) habilita a los poderes públicos para actuar y crear las condiciones que permitan el afloramiento de la diversidad de opiniones y aumente el flujo de información&quot;.<sup>10</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">La doctrina liberal se revolverá frente a esta posible intervención del Estado. No podemos obviar que para esta concepción, &quot;el Estado está en el origen de las amenazas a la libertad y contra él se defiende concibiendo los derechos fundamentales como derechos de resistencia frente al poder. Lo que se propugna es la abstención del Estado, su no intervención en la vida social y personal.&quot;.<sup>11</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">El problema con el que nos encontramos es que solo una minoría dispone de capacidad económica como para poder crear y mantener medios de comunicación privados de masas.<sup>12</sup> Por tanto, el constreñimiento del pluralismo se da, de facto, cuando &quot;unos pocos son los propietarios de la mayoría de los medios periodísticos y editoriales y pueden controlar el mercado de las ideas y de las noticias. Si eso ocurre, el proceso de formación de la voluntad popular deja de ser libre y queda en entredicho el principio democrático. De ahí que la intervención de los poderes públicos para restablecer el pluralismo no tenga porqué concebirse necesariamente como una injerencia en las libertades de expresión e información, sino como una </font><font color="#000000" size="2" face="Verdana">actuación tendente a garantizar las condiciones imprescindibles para que pueda surgir el pluralismo&quot;.<sup>13</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Convendremos, consecuentemente en que el Estado estará legitimado para intervenir cuando tenga como finalidad avalar el pluralismo informativo, puesto que solo así se podrá garantizar tanto la formación de una conciencia individual libre, requisito inexcusable para un libre desarrollo de la personalidad, como la formación de una verdadera opinión pública libre.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Consecuentemente, si bien es cierto que entre el haz de derechos derivados de la libertad de expresión se encuentra el relativo a crear medios de comunicación social, también lo es que el bien jurídico con el que trafican, la información, es esencial y se encuentra en la base misma de la democracia.<sup>14</sup> Ello conlleva que, aun cuando se trate de empresas privadas<sup>15</sup> (con lo que ello significa, respecto a intentar obtener el máximo rendimiento económico), deberán adecuar su proceder a los principios democráticos y, en especial, a respetar el pluralismo que se da en la propia sociedad a la que tienen que informar. Esta situación puede provocar tensiones entre la libertad de expresión y los derechos de propiedad y libre empresa.<sup>16</sup> Pero en este posible conflicto, la libertad de expresión tiene un carácter absolutamente preferente, pues la gestión democrática de la información no admite discusión </font><font color="#000000" size="2" face="Verdana">posible.<sup>17</sup> Como la práctica nos demuestra que no siempre es así,<sup>18</sup> el Estado podría y debería intervenir, precisamente, para corregir estas irregularidades.<sup>19</sup> No obstante, el gran problema que no se nos escapa es el riesgo de que, bajo la excusa de la defensa del pluralismo informativo, la intervención del Estado acabara, de hecho, conllevando una actuación censora o dirigista totalmente reprobable. Reconocemos que aun cuando teóricamente la solución está clara, el modo de llevarla a la práctica es lo que nos plantea serias dudas.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Al pluralismo informativo se puede llegar de dos formas: garantizando la existencia de varios medios de comunicación con líneas editoriales diferentes (este sería el pluralismo externo) o bien, garantizando que en cada medio, con independencia de su orientación ideológica, se dé cabida a toda clase de opiniones (este sería el pluralismo interno).<sup>20</sup> Lo ideal sería el cumplimiento simultáneo de ambas formas de pluralismo. Sin embargo, &quot;cada una de estas formas de pluralismo por separado pueden lograr el objetivo perseguido por estos derechos (...) Cuanto más estricta es la observancia de uno, menos necesario es el cumplimiento del otro&quot;.<sup>21</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Bajo el amparo de la libertad de mercado y la propiedad privada, se ha producido una de las situaciones que los más ínclitos defensores originarios de la acepción liberal de la libertad de expresión no previeron, cual es la concentración de los medios de comunicación en muy pocas manos. Así pues, las fusiones/absorciones de grupos mediáticos han sido característicos de los últimos años, creándose, de facto, auténticos oligopolios, cuando no directamente duopolios.<sup>22</sup> Ello resulta especialmente criticable, dado que la concentración de medios de comunicación &quot;será contraria al pluralismo democrático en la medida en que frene o dificulte la realización de esta noción de pluralismo&quot;.<sup>23</sup> Como consecuencia de esta concentración, además nos encontramos ante lo que se conoce como &quot;efecto ventrílocuo&quot;,<sup>24</sup> que se podría resumir del siguiente modo: a pesar de existir diferentes medios de comunicación, todos repiten las mismas noticias.<sup>25</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Terminamos este epígrafe trayendo a colación las palabras de Bastida Freijedo, &quot;el pluralismo, el mercado de las ideas propio de una sociedad democrática, implica que la pluralidad numérica de fuentes de expresión e información se corresponda también con la diversidad política y cultural de la sociedad&quot;.<sup>26</sup> Si ello no se da de modo natural, el Estado no solo podrá, sino que deberá intervenir para garantizarlo, pues solo una pluralidad informativa garantiza una opinión pública libre.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><strong><font face="Verdana" size="3" color="#000000">IV. LA OPINIÓN PÚBLICA LIBRE</font></strong></p>     <p align="justify"><strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana"></font></strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Como hemos visto, el concepto nuclear para entender la libertad de expresión (en sentido amplio) como garantía del pluralismo político, consustancial a la democracia, es el de opinión pública. Como indica Bustos Pueche, a la libertad de expresión se le reconoce esa dimensión institucional &quot;en la medida en que contribuye decisivamente a la formación de la opinión pública, presupuesto fáctico de la democracia: solo unos ciudadanos bien informados de las cosas que atañen a la vida pública están en condiciones de formar opinión sobre la res pública, sus gobernantes, los problemas de la sociedad, opinión que les permitirá la participación reflexiva y ponderada en los asuntos de incumbencia general y, señaladamente, la </font><font color="#000000" size="2" face="Verdana">elección más acertada de sus gobernantes&quot;.<sup>27</sup> La ligazón, portanto, entre democracia y opinión pública es incuestionable.<sup>28</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Tras todo el estudio previo, ahora ya estamos en condiciones de llevar a cabo un acercamiento a este concepto. En primer lugar, merece destacarse la difícil definición del nombre &quot;opinión pública&quot;,<sup>29</sup> y ello porque no estaríamos rigurosamente ante un concepto jurídico y porque, además, son diversas las ramas del saber que han centrado su estudio en él. De hecho, son múltiples las obras de carácter filosófico, politológico o sociológico que estudian el concepto, antes que jurídicas.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">La Real Academia Española de la Lengua define la opinión pública como &quot;sentir o estimación en que coincide la generalidad de las personas acerca de asuntos determinados&quot;.<sup>30</sup> En el mismo sentido, pero precisando aún más tanto el objeto como los sujetos de la opinión pública, la define Mora y Araujo como &quot;el estado de las opiniones agregadas de los miembros de una sociedad relativas a todo aquello que, en cada momento, la sociedad define como público&quot;.<sup>31</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">El siguiente elemento que debemos analizar es el adjetivo &quot;pública&quot; que acompaña al sustantivo opinión. Conforme indica Rodríguez Uribes, &quot;puede entenderse, de una parte, como opinión &quot;del público&quot; (sentido subjetivo) y, de otra, como opinión &quot;sobre o acerca de lo público (sentido objetivo)&quot;.<sup>32</sup> En el mismo sentido, Sartori manifiesta que &quot;una opinión se denomina pública no solo porque es del público, sino también porque implica la res pública, la cosa pública, es decir, argumentos de naturaleza pública: los intereses generales, el bien común, los problemas colectivos&quot;.<sup>33</sup> Pero, además, debe indicarse que esa opinión del público sobre temas públicos, se convierte en pública desde el mismo momento en que se transmite a los demás.<sup>34</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Llegados a este punto, podemos afirmar que por opinión pública entendemos el juicio de valor que efectúa el público, sobre temas de interés público, y manifestadas en el foro público.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Siguiendo a Rodríguez Uribes,<sup>35</sup> para que se pueda hablar, en puridad, de existencia de opinión pública, es absolutamente imprescindible que exista un régimen que garantice la libertad de expresión, debiéndose poder ejercer la misma en el ámbito público. Debemos recordar que la libertad de expresión, en sentido amplio, no solo garantiza nuestro derecho a comunicar hechos, ideas o juicios de valor, sino también a recibirlos. Sin información previa plural, resultará imposible poder conformar nuestra conciencia y, por extensión, nuestra ideología, respecto a cualquier tema de interés público. Además, esas fuentes informativas plurales, al menos en teoría, nos van a facilitar que la opinión pública sea (o deba ser) el resultado de un proceso racional, que evite, o, al menos, pueda minimizar los apriorismos y los prejuicios.<sup>36</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Precisamente en la formación de esa opinión pública juegan un papel fundamental los medios de comunicación.<sup>37</sup> Los mismos han servido, y siguen sirviendo, como canalizadores de la opinión pública.<sup>38</sup> Los mass media tienen, por tanto, una función social,<sup>39</sup> que se concretaría, conforme señala Muñoz Alonso, en los siguientes roles: informar, interpretar y explicar las informaciones, contribuir a la formación de la opinión pública, fijar la agenda mediática y controlar al Gobierno y otras instituciones.<sup>40</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Podemos concluir resaltando, como lo hace dicho autor, la importancia que, por tanto, tienen los medios en una sociedad democrática, pues &quot;todas estas funciones vienen a significar que los medios juegan en una democracia el papel de un auténtico foro en el que se desarrolla la vida pública. Los medios son, así, el lugar de encuentro de las diversas ofertas políticas que proponen los grupos y los partidos. Al mismo tiempo, es también en los medios donde se exponen las demandas políticas procedentes de los diversos sectores sociales. Los medios actúan así como los notarios que levantan acta de los problemas y los conflictos, prestan tribuna a los que carecen de otras plataformas y potencian la voz de los que ya disponen de ellas. Hasta que un problema no aparece en los medios, propiamente no tiene existencia social o política.Y esto es verdad, en grado superlativo, en el caso de la televisión. De ahí que los medios sean vistos por toda una corriente doctrinal como &quot;constructores de la realidad&quot;.<sup>41</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">A la vista de la importancia que se le reconoce a los medios de comunicación en la formación de la opinión pública, es obvio que desde sus inicios han sido vistos con recelo por parte del poder,<sup>42</sup> el cual, de modo directo o indirecto, siempre ha pretendido controlarlos. En este sentido, una de las potestades fundamentales, que ha dado lugar a una mayor literatura, ha sido el de la capacidad de influencia real en la opinión pública. Aquí ya no nos referimos a que el medio de comunicación </font><font color="#000000" size="2" face="Verdana">se limite a reflejar lo que ocurre en la sociedad, sino que el medio a través de la selección de los temas y el enfoque que se le dé a los mismos, pueda, en primer lugar, influir en que la opinión pública le dé una mayor o menor importancia a un asunto, y en segundo lugar, pueda posicionarse en relación a lo que se informa.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Así pues, el establecimiento de lo que se ha dado en llamar &quot;agenda-setting&quot;<sup>43</sup> (o fijación de la agenda)<sup>44</sup> es una de las potestades más importantes que pueden tener los medios. Varona Gómez lo define como: &quot;el proceso en que los medios, por la selección, presentación e incidencia de sus noticias, determinan los temas acerca de los cuales el público va a hablar. En rasgos macrosociológicos, los medios imponen los temas más discutidos en la sociedad (...) Fijar la agenda de los medios es fijar el calendario de los hechos sociales. Seleccionar lo que es y lo que no es importante (...) La idea principal, por tanto, de la teoría de la agenda-setting es que los medios de comunicación tienen el poder de situar en primertérmino del debate público un determinado tema, convirtiéndolo así en asunto de interés nacional, y ello con independencia (este es un aspecto clave), de la importancia intrínseca de dicho tema. De esta forma, queda claro que los medios no pueden considerarse un mero reflejo de la realidad, pues en el mismo proceso de selección de las noticias está ya implícito el poder de destacar (y por tanto también de relegar al olvido) determinados sucesos&quot;.<sup>45</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Más claro y contundente aún es Mora y Araujo, para el cual &quot;los medios están en posición de definir cuáles son los asuntos sobre los cuales opinar. De ese modo, influyen en alguna medida a través de la construcción de la realidad mediante la selección y presentación de la información cotidiana. Los medios definen la importancia de cada tema sobre los que concentran su atención y contribuyen a que ciertos contenidos sean activados más frecuentemente en la mente de los individuos. Los hechos de la realidad social que la gente cree conocer son, sobre todo, aquellos que los medios instalan como hechos reales; la gente habla de lo que </font><font color="#000000" size="2" face="Verdana">la prensa le cuenta, y tal vez en alguna medida piensa, acotada por los estándares que la prensa le propone para juzgar y valorar los hechos&quot;.<sup>46</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Por último, citaremos a Dader, para quien &quot;el efecto &quot;agenda-setting&quot; (...) no es sino la orientación, conducción o canalización que las mentes de los ciudadanos sufren hacia unos repertorios de temas de preocupación pública, en detrimento de otros que no son mencionados o destacados, como consecuencia de la selección previa de asuntos que realizan los&quot;mass media&quot;.<sup>47</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Dicho proceso, siguiendo al mismo autor, se lleva a cabo de tres modos distintos:</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">&quot;A) Filtro básico entre conocimiento/secreto (&quot;Awareness model&quot;). Cuando la audiencia solo puede conocer un tema si aparece en los medios (..)</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">B) Establecimiento de jerarquías de prioridades (&quot;Priorities model&quot;). Cuando la influencia en la audiencia solo consistiera en determinar el grado de importancia que se le concede a cada tema.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">C) Realce de un ángulo o aspecto particular del tema genérico (&quot;Salience model&quot;). Cuando la influencia consistiera en percibir un tema general desde la percepción de ciertos aspectos con olvido de otros&quot;.<sup>48</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">A pesar de la mayúscula importancia que esta cuestión tiene, pues al fin y al cabo determina aquello sobre lo que la ciudadanía principalmente va a opinar (es bien conocido que para la sociedad, en su conjunto, solo existe lo que sale portelevisión), también lo es que para una parte de la doctrina no existen evidencias empíricas sobre la verdadera capacidad de los medios en la construcción de una realidad mediática al margen de la realidad social y, mucho menos, que puedan determinar lo que la gente tiene que pensar.<sup>49</sup> En este sentido, nosotros podríamos concluir reconociendo la indiscutible capacidad que tienen los mass media en cuanto a la elección de las cuestiones que formarán parte del debate público. Sin embargo, aun cuando pueden influir; y mucho, en el modo en que nos posicionamos respecto al tema que nos presentan, lo bien cierto es que no lo pueden determinar, pues en ese </font><font color="#000000" size="2" face="Verdana">proceso cognitivo ya influyen muchos más factores (sobre todo, aquellos que tienen que ver con nuestras vivencias personales o conocimientos previos).<sup>50</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Precisamente para advertir de esa posible divergencia entre la opinión pública y lo que reflejan los medios, aparece el término opinión publicada. Con el mismo, lo que se pretende es denunciar la confusión (no en pocas ocasiones interesada) entre la opinión pública y la opinión que expresan los medios, pues esta última no es más que la opinión de sus periodistas, que no tiene por qué coincidir con la del público.<sup>51</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Terminaremos este apartado reconociendo que tanto la juridificación de esta institución, la opinión pública, como el papel de los medios en la formación de la misma, han sido objeto de múltiples críticas, debiéndose destacar las llevadas a cabo portorres del Moral y por el Maestro Sartori.<sup>52</sup></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><strong><font face="Verdana" size="3" color="#000000">V. LA OPINIÓN  PÚBLICA  INSTITUCIONAL  (O  FORMAL) Y  LA  NO INSTITUCIONAL (O INFORMAL).</font></strong></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana"></font></strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Llevando a cabo incluso una mayor labor de exégesis, podemos hablar de dos tipos de opiniones públicas: la institucional y la no institucional (o también llamadas respectivamente formal e informal). La segunda, la conformaría el pueblo, mientras que la primera la conformarían los representantes del mismo en el Parlamento.<sup>53</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Así pues, todo lo que hemos analizado hasta este momento entraría dentro del tipo informal.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">La opinión pública institucional responde al paradigma de la democracia parlamentaria representativa (en contraposición a la democracia directa). Los ciudadanos, cada determinado tiempo, son llamados a las urnas para votar a sus representantes políticos en los distintos Parlamentos. En el momento en que se vota se está expresando la opinión sobre quién debe gobernar y sobre quién se presenta como alternativa a ese gobierno. Ello conlleva, portanto, que la configuración política de la Cámara responda a la opinión de la gente expresada mediante el voto. Por tanto, esos representantes son el reflejo de la opinión general de la sociedad.<sup>54</sup></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Aquí el problema se da cuando los parlamentarios actúan al margen de la opinión pública no institucional. Es en dicho momento cuando podremos hablar de crisis de legitimidad, puesto que el parecer de la ciudadanía no se verá reflejado en aquellos que teóricamente la representan.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><strong><font face="Verdana" size="3" color="#000000">VI. CONCLUSIONES.</font></strong></p>     <p align="justify"><strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana"></font></strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana">De todo lo anteriormente expuesto, podemos concluir que:</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">1.- La libertad de expresión tiene una doble naturaleza: de derecho subjetivo y de garantía institucional de la opinión pública libre, que se encuentra en la base misma del pluralismo político, sostén de una democracia representativa.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"><i>2.- </i>La naturaleza de garantía institucional de la opinión pública libre es lo que la hace merecedora de ser calificada como libertad preferente, en caso de conflicto con cualquier otro derecho fundamental.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">4.- Se puede entender por opinión pública, el conjunto de juicios de valor que efectúa el público, sobre temas de interés público, y manifestados en foro público.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">5.- Los medios de comunicación de masas tienen un papel fundamental tanto en la determinación de los temas que van a ser objeto de la opinión pública, a través de la llamada agenda-setting, como en el posicionamiento que lleguemos a adoptar los </font><font color="#000000" size="2" face="Verdana">ciudadanos respecto de dichos temas. Su capacidad de influencia en la formación de nuestra opinión será menor cuanto mayor sea nuestro conocimiento directo sobre el tema, y viceversa.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">6.- Únicamente una pluralidad informativa garantiza una opinión pública libre. Ello justifica que el Estado no solo tenga el derecho, sino el deber, de garantizar una pluralidad de fuentes informativas que se corresponda con la diversidad política y cultural de la sociedad. No obstante, existe un serio riesgo de que, bajo la excusa de la defensa del pluralismo informativo, la intervención del Estado puede acabar, de facto, conllevando una actuación censora o dirigista totalmente reprobable. En consecuencia, aun cuando teóricamente la solución está clara, el modo de llevarla a la práctica es lo que nos plantea serias dudas.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">7.- Por último, merece destacarse que existen dos tipos de opiniones públicas: la institucional (formal) y la no institucional (no formal). La segunda, la conformaría la ciudadanía, mientras que la primera la constituirían los representantes de la misma en el Parlamento. La opinión pública institucional debe actuar como correa de transmisión de la no institucional. Cuando dicha transmisión se interrumpe, podemos decir que nos encontraríamos ante una crisis de legitimidad.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="3" color="#000000"><strong>NOTAS</strong></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000">&bull; Jorge Antonio Climent Gallart    <br>   Profesor Asociado de Derecho Internacional P&uacute;blico de la Universidad de Valencia y Abogado. Doctor en Derecho por la Universidad de Valencia. Su labor investigadora se ha centrado fundamentalmente en el &aacute;rea de los Derechos Humanos y, en particular, los conocidos como derechos y libertades de primera generaci&oacute;n, tema este sobre el que ha publicado diversos trabajos. Responsable de la Secci&oacute;n de Derechos Humanos del Instituto de Derecho Iberoamericano. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:jorge.climent@uv.es">jorge.climent@uv.es</a></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>1</strong> Aunque son m&uacute;ltiples las referencias jurisprudenciales que podr&iacute;amos aportar, nos limitaremos a una de las primeras que dict&oacute; el TC al respecto. Se trata del fundamento de Derecho tercero de la STC 12/1982, de 31 marzo 1982 (RTC 1982\12): &ldquo;El art&iacute;culo 20.1 de la Constituci&oacute;n dice, como es sabido, que se reconocen y protegen los derechos de ... &laquo;expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducci&oacute;n&raquo;. Se ha se&ntilde;alado acertadamente que se trata ante todo de un derecho de libertad, por lo que b&aacute;sicamente significa ausencia de interferencias o de intromisiones de las autoridades estatales en el proceso de comunicaci&oacute;n. Sin embargo, en otro plano significa el reconocimiento y la garant&iacute;a de una instituci&oacute;n pol&iacute;tica fundamental, que es la opini&oacute;n p&uacute;blica libre, indisolublemente ligada con el pluralismo pol&iacute;tico, que es un valor fundamental y un requisito del funcionamiento del Estado democr&aacute;tico. El art&iacute;culo 20 defiende la libertad en la formaci&oacute;n y en el desarrollo de la opini&oacute;n p&uacute;blica, pues la libertad en la expresi&oacute;n de las ideas y los pensamientos y en la difusi&oacute;n de noticias es necesaria premisa de la opini&oacute;n p&uacute;blica libre.    <br>   Como ha dicho la sentencia de la Sala Segunda de este Tribunal de 16 de marzo de 1981, el art&iacute;culo 20 de la Constituci&oacute;n, tomado en su conjunto y en sus distintos apartados, constituye una garant&iacute;a de una comunicaci&oacute;n p&uacute;blica libre, sin la cual quedar&iacute;an vac&iacute;os de contenido real otros derechos que la Constituci&oacute;n consagra, reducidas a formas huecas las instituciones representativas y absolutamente falseado el principio de libertad democr&aacute;tica que enuncia el art&iacute;culo 1, apartado 2, de la Constituci&oacute;n y que es la base de nuestra organizaci&oacute;n jur&iacute;dico-pol&iacute;tica.&rdquo;</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>2</strong> El derecho a la libertad de informaci&oacute;n, como tal, incluye tanto el derecho a emitir informaciones (sobre hechos) veraces, como a recibirlas.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   El derecho a la libertad de expresi&oacute;n, en sentido estricto, se refiere exclusivamente al derecho a expresar y recibir libremente pensamientos, ideas, opiniones o juicios de valor. Tambi&eacute;n se la conoce como libertad de opini&oacute;n.    <br>   Sin embargo, bajo el concepto libertad de expresi&oacute;n, en sentido amplio, sin m&aacute;s adjetivaci&oacute;n, incluir&iacute;amos la libertad de opini&oacute;n, la libertad de informaci&oacute;n (dentro de la cual, incluimos la libertad de prensa), la libertad de creaci&oacute;n art&iacute;stica o cient&iacute;fica, el lenguaje (o discurso) simb&oacute;lico, la libertad de expresi&oacute;n comercial, la libertad de expresi&oacute;n profesional, la libertad de prensa, la libertad de creaci&oacute;n de medios de comunicaci&oacute;n, o la llamada libertad de antena.    <br>   As&iacute; pues, a lo largo del texto, cuando queramos hacer especificar si se trata de libertad de expresi&oacute;n en sentido estricto, as&iacute; se har&aacute;.</font></p>     <p align="justify"><strong><font face="Verdana" size="2" color="#000000">3</font></strong><font face="Verdana" size="2" color="#000000"> Llamazares Calzadilla, M. C.: Las libertades de expresi&oacute;n e informaci&oacute;n como garant&iacute;a del pluralismo democr&aacute;tico, Civitas, Madrid, 1999, p. 44.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>4</strong> Mart&iacute;nez Sospedra, M., Libertades p&uacute;blicas, Fundaci&oacute;n Universitaria San Pablo CEU, Valencia, 1993, p. 66-68: &ldquo;la caracter&iacute;stica de la posici&oacute;n preferente radica en la mayor importancia de determinadas libertades y derechos en el conjunto del sistema de derechos fundamentales (&hellip;) Esa mayor importancia se fundamenta en la mayor presencia de los valores constitucionales en tales derechos, lo que acarrea su mayor fundamentalidad en su superior capacidad configuradora del orden pol&iacute;tico de la comunidad constitucionalmente prescrito. Si determinados derechos gozan de una mayor pretensi&oacute;n de validez se debe a que su importancia en la definici&oacute;n del orden de la comunidad es mayor que la de otros, a que su capacidad de configurar el &ldquo;orden p&uacute;blico&rdquo; indisponible y vinculante para ciudadanos y poderes p&uacute;blicos es mayor. De ello se sigue:    <br>   Primero. La presunci&oacute;n de la exclusi&oacute;n de antijuricidad del ejercicio (&hellip;) de los derechos que gozan de esa posici&oacute;n preferente. El ejercicio de tales derechos se concept&uacute;a, en principio, como justificado y, por tanto, plenamente conforme a Derecho. En consecuencia, el recto ejercicio de los mismos no puede ser antijur&iacute;dico, y por ende, no puede generar responsabilidad administrativa, civil o penal. La afirmaci&oacute;n de la ilicitud del ejercicio del derecho debe ser probada, y no podr&aacute; serlo fuera de los casos en los que dicho ejercicio sea desviante (&hellip;)    <br>   Tercero. La preponderancia en el &ldquo;balancing&rdquo;. En caso de concurso entre derechos fundamentales, la posici&oacute;n de los derechos dotados de mayor validez es m&aacute;s fuerte que la de los dem&aacute;s, y, en consecuencia, en igualdad de intereses en conflicto, la decisi&oacute;n debe inclinarse (&hellip;) en favor del derecho preferente.    <br>   Cuarto. Lo que en buena l&oacute;gica exige que, para prevalecer los intereses no protegidos por el derecho preferente, los mismos deben tener una presencia m&aacute;s intensa, una posici&oacute;n preponderante en el conflicto de derechos planteado. Los derechos no preferentes solo pueden prevalecer en la ponderaci&oacute;n de intereses en el caso de que la presencia de los derechos preferentes sea secundaria, perif&eacute;rica o marginal al conflicto mismo&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>5</strong> Plaza Penad&eacute;s, J.: El derecho al honor y la libertad de expresi&oacute;n, Tirant lo Blanch, Valencia, 1996, p. 22: &ldquo;si el contenido de la informaci&oacute;n o divulgaci&oacute;n tiene &ldquo;inter&eacute;s general&rdquo; para la sociedad (&hellip;) el ejercicio del derecho a la libertad de expresi&oacute;n e informaci&oacute;n cumple una funci&oacute;n esencial en todo Estado democr&aacute;tico: la formaci&oacute;n (libre y plural) de la opini&oacute;n p&uacute;blica. Faltando esa circunstancia o condici&oacute;n (el inter&eacute;s general de la informaci&oacute;n), el ejercicio de la libertad de expresi&oacute;n pierde su car&aacute;cter prevalente y privilegiado&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>6</strong> Ib&iacute;dem.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>7</strong> Magdaleno Alegr&iacute;a, A.: Los l&iacute;mites de las libertades de expresi&oacute;n e informaci&oacute;n en el Estado social y democr&aacute;tico de Derecho, Congreso de los Diputados, Madrid, 2006, pp. 58-59: &ldquo;Para hacer efectivo el ejercicio de los derechos fundamentales no es suficiente la mera abstenci&oacute;n que preconizaba el Estado liberal, ahora se exige una actividad positiva estatal, que asegure unas condiciones existenciales m&iacute;nimas que cercioren su efectiva realizaci&oacute;n. Los derechos fundamentales no solo garantizan la libertad del Estado, sino tambi&eacute;n la libertad en el Estado.    <br>   Con la transformaci&oacute;n del Estado social y democr&aacute;tico de Derecho, los poderes p&uacute;blicos no solo tienen la posibilidad, sino el deber de corregir las circunstancias sociales que impiden el disfrute colectivo de derechos fundamentales (&hellip;) En aplicaci&oacute;n de lo anterior a las libertades comunicativas, el Estado social debe garantizar que la transmisi&oacute;n de ideas y de las informaciones sea ejercida efectivamente por todos y no solo por unos pocos, es decir, el Estado debe crear las condiciones necesarias para que todos participen efectivamente en el debate p&uacute;blico y expongan sus ideas e informaciones ante los dem&aacute;s. Por tanto, el Estado tiene que asegurar la objetividad informativa, el pluralismo tanto interno como externo de los medios de comunicaci&oacute;n, puesto que solo reconociendo la autonom&iacute;a de los medios, no se garantiza el debate abierto tan necesario en democracia&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>8</strong> El concepto veracidad no puede ser confundido con el de verdad objetiva y absoluta. De hecho, para dotar de contenido a la misma, la jurisprudencia del TEDH (y tambi&eacute;n la del TC) ha asumido la doctrina de la malicia real (&ldquo;actual malice&rdquo;) asentada por el Tribunal Supremo Norteamericano en la sentencia que resuelve el caso New York Times v. Sullivan. De conformidad con la misma, lo importante no es tanto que la noticia sea objetivamente verdadera o falsa, sino la actitud de quien transmite la noticia frente a esa verdad o falsedad. Es decir, no cabr&aacute; apreciar la veracidad si quien transmite la noticia lo hace siendo consciente de su falsedad, o con temerario desprecio hacia su certeza o falsedad (&ldquo;with knowledge of its falsity or with reckless disregard of wether it was false or not&rdquo;).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>9</strong> Bastida Freijedo, J.: &ldquo;Pluralismo y medios de comunicaci&oacute;n audiovisuales&rdquo;, en AAVV: Democracia y medios de comunicaci&oacute;n (coord. por J. Tornos M&aacute;s), Tirant lo Blanch, Valencia, 2002, pp. 69-70.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>10</strong> Ib&iacute;dem, p. 66.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>11</strong> Ib&iacute;dem, pp. 66 -67.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>12</strong> Resulta imprescindible la lectura de Serrano, P.: Traficantes de informaci&oacute;n. La historia oculta de los grupos de comunicaci&oacute;n espa&ntilde;oles, Akal, Madrid, 2010. En esta obra, se describe el entramado corportativo y financiero que se encuentra detr&aacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n espa&ntilde;oles.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>13</strong> Bastida Freijedo, J.: &ldquo;Pluralismo y medios&rdquo;, cit., p. 67.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>14</strong> Fern&aacute;ndez Farreres, G.: &ldquo;Acceso a los medios de comunicaci&oacute;n social privados y pluralismo informativo&rdquo;, en AA.VV.: Democracia y medios de comunicaci&oacute;n (coord. por J. Tornos M&aacute;s), Tirant lo Blanch, Valencia, 2002, p. 161: &ldquo;La empresa informativa, sin dejar de ser empresa, con su l&oacute;gica y finalidades propias, no es una empresa cualquiera. Justamente sus espec&iacute;ficos objeto y actividad, consistentes en dar informaci&oacute;n que coadyuva a la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica, posiblemente aconsejen ir algo m&aacute;s lejos de las estrictas medidas de anticoncentraci&oacute;n concretadas en la normativa general sobre pr&aacute;cticas restrictivas de la competencia.    <br> </font><font face="Verdana" size="2" color="#000000">La teor&iacute;a del mercado de las ideas, sustentada en la afirmaci&oacute;n de que, de la misma manera que el libre juego del mercado termina ofreciendo a los consumidores los productos de la mejor calidad al mejor precio, la libre circulaci&oacute;n y debate de todas las ideas y opiniones y hechos facilitar&aacute;n la b&uacute;squeda y hallazgo de la verdad, necesita de algunas correcciones complementarias&rdquo;.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>15</strong> Focalizamos la cuesti&oacute;n de la exigencia del pluralismo en los medios privados, habida cuenta que en los p&uacute;blicos, al menos, te&oacute;ricamente, es un tema indiscutido. Toda la doctrina acepta (y las leyes que las regulan tambi&eacute;n lo recogen) que las televisiones p&uacute;blicas deben responder al pluralismo pol&iacute;tico y social. El problema es que en la pr&aacute;ctica ello no ha sido as&iacute;. Tan solo tenemos que recordar c&oacute;mo el pluralismo ha sido totalmente inexistente en algunas televisiones p&uacute;blicas auton&oacute;micas, sirviendo las mismas como aut&eacute;nticos aparatos de propaganda del partido pol&iacute;tico que ocupaba en ese momento el gobierno de turno.    <br>   Aunque desde una visi&oacute;n muy pesimista, pero a la vez realista, merecen ser citadas las palabras de S&aacute;nchez Gonz&aacute;lez, S.: Los medios de comunicaci&oacute;n y los sistemas democr&aacute;ticos, Marcial Pons, Madrid, 1996, p. 99: &ldquo;Confiar en que un canal de televisi&oacute;n de titularidad p&uacute;blica resista los embates de quienes autorizan su presupuesto, nombran a sus directivos y orientan la programaci&oacute;n es pedir demasiado&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>16</strong> S&aacute;nchez Ferri, R.: El Derecho a la informaci&oacute;n, Cosmos, Valencia, 1974, p. 46: &ldquo;La informaci&oacute;n, y, por tanto, el derecho a ella, puede peligrar, con la comercializaci&oacute;n de la misma, pues surgen con ella intereses econ&oacute;micos que pueden llevar a una programaci&oacute;n f&aacute;cil, al sensacionalismo, etc., que resulte agradable o pegadizo al p&uacute;blico, descuidando de este modo la funci&oacute;n social, formadora, instructora, que hemos se&ntilde;alado a la actividad informativa. Como, por otras parte, las empresas, period&iacute;sticas sobre todo, suelen ser deficitarias, este problema econ&oacute;mico las pone en manos de la publicidad, o de grupos financieros&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>17</strong> Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a, J.A.: El control de los medios de comunicaci&oacute;n, Dykinson, Madrid, 1998, p. 17: &ldquo;La necesidad de control se encuentra, por una parte, en el fen&oacute;meno del pluralismo de la sociedad (evitando el monismo informativo y, conciencia de este, el monismo ideol&oacute;gico) lo que supondr&aacute; el fortalecimiento del sistema democr&aacute;tico y, por otra, en el derecho a la libertad de informaci&oacute;n que se configura como parte fundamental (junto al derecho a la educaci&oacute;n) del derecho a formar libremente la propia conciencia; as&iacute; como en la libertad para expresar o manifestar ideas, creencias, convicciones,&hellip; y para hacer part&iacute;cipes de ellas a otros (transmiti&eacute;ndolas, ense&ntilde;&aacute;ndolas y propag&aacute;ndolas). Al configurarse este derecho de libertad de conciencia como derecho fundamental y b&aacute;sico del sistema democr&aacute;tico y como presupuesto l&oacute;gico y ontol&oacute;gico de los dem&aacute;s derechos y libertades fundamentales, los poderes p&uacute;blicos deben crear instrumentos de control que aseguren la consecuci&oacute;n efectiva de dicho derecho. Con otras palabras, el objetivo final del control democr&aacute;tico de los medios de comunicaci&oacute;n es hacer real y efectivo el libre desarrollo de la personalidad; es decir, garantizar su libre formaci&oacute;n y su libre difusi&oacute;n (conformaci&oacute;n de una opini&oacute;n p&uacute;blica libre y plural); de ah&iacute; su necesidad como algo vital para cualquier sistema democr&aacute;tico.    <br> </font><font face="Verdana" size="2" color="#000000">En un segundo plano, el control democr&aacute;tico de estos medios supone un elemento impulsor de las libertades y derechos que se ejercen a trav&eacute;s de los mismos y un instrumento para impedir que puedan verse amenazados o vulnerados determinados derechos y libertades fundamentales; adem&aacute;s este control de los medios de comunicaci&oacute;n est&aacute; directamente relacionado con el principio de participaci&oacute;n social que implicar&aacute; que los ciudadanos o los grupos que se integran intervengan en el control, este hecho provocar&aacute; que se afiance la legitimidad democr&aacute;tica del sistema, de ah&iacute; la absoluta necesidad de que el control de los medios de comunicaci&oacute;n sea plural y socialmente participativo.&rdquo;</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>18</strong> S&aacute;nchez Gonz&aacute;lez, S.: Los medios de comunicaci&oacute;n, Marcial Pons, Madrid, 1996, p. 100: &ldquo;Pero las relaciones de los medios con los grupos de presi&oacute;n y poderes econ&oacute;micos suelen ser m&aacute;s estrechas e intensas. Aqu&iacute;, a menudo, la dependencia equivale a la subsistencia. Una l&iacute;nea editorial contraria a los intereses de la empresa propietaria del medio es imaginable como argumento dial&eacute;ctico, pero salvo casos excepcionales es dif&iacute;cil encontrarla en la realidad. Mientras no cambien las circunstancias, el derecho individual de propiedad &ndash; del capital- prevalecer&aacute; sobre la libertad de expresi&oacute;n individual del periodista y, lo que es peor, sobre el derecho democr&aacute;tico a recibir informaci&oacute;n&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>19</strong> Una de las experiencias m&aacute;s interesantes al respecto es el de los Consejos Audiovisuales, siendo habituales en los pa&iacute;ses de nuestro entorno. Te&oacute;ricamente, se trata de &oacute;rganos independientes, neutrales y plurales. No obstante, desde su creaci&oacute;n en el &aacute;mbito auton&oacute;mico espa&ntilde;ol, han sido objeto de cr&iacute;ticas por parte de un sector de la prensa. En todo caso, el estudio en profundidad de los Consejos Audiovisuales auton&oacute;micos, y, sobre todo, de su funcionamiento, exceder&iacute;a del presente art&iacute;culo. Terminamos remiti&eacute;ndonos, por su evidente inter&eacute;s, a la propuesta de creaci&oacute;n de un Consejo de la Comunicaci&oacute;n que realiza Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a, J.A.: El control, cit., p. 246-258.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>20</strong> Llamazares Calzadilla, M. C.: Las libertades de expresi&oacute;n, cit., p. 146.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>21</strong> Ib&iacute;dem, p. 147.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>22</strong> En Espa&ntilde;a, las llamadas televisiones generalistas (privadas) se encuentran principalmente en manos de dos grandes grupos medi&aacute;ticos: ATRESMEDIA y MEDIASET.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Resulta fundamental, para comprender este fen&oacute;meno de la concentraci&oacute;n, acudir al cuadro de los holdings de los mayores conglomerados de medios de comunicaci&oacute;n, que se recoge en el libro de Castells, M.: Comunicaci&oacute;n y poder, Alianza Editorial, Madrid, 2009, p. 117. En todo caso, la lectura de dicho ensayo resulta imprescindible para comprender la relaci&oacute;n entre los conceptos que conforman su t&iacute;tulo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>23</strong> Bastida Freijedo, J.: &ldquo;Pluralismo y medios&rdquo;, cit., p. 70.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>24</strong> Ib&iacute;dem, p&aacute;g. 79.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>25</strong> Sartori, G.: Homo videns: La sociedad teledirigida, Taurus, Madrid, 1998, p. 141: &ldquo;Las grandes cadenas de televisi&oacute;n se imitan de un modo excesivo (&hellip;) De hecho, ocho de cada diez noticias son las mismas en todas las cadenas&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>26</strong> Bastida Freijedo, J.: &ldquo;Pluralismo y medios&rdquo;, cit., p. 81.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>27</strong> Bustos Pueche, J.E.: Manual sobre bienes y derechos de la personalidad, Dykinson, Madrid, 2008, p. 133-134.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>28</strong> Callejo, J.: &ldquo;El instituto sociol&oacute;gico de la opini&oacute;n p&uacute;blica&rdquo;, en AA.VV.: Libertades informativas (coord. por A. Torres del Moral), Colex, Madrid, 2009, p. 117: &ldquo;No hay opini&oacute;n p&uacute;blica sin democracia, ni democracia sin opini&oacute;n p&uacute;blica.&rdquo;</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>29</strong> Rodr&iacute;guez Uribes, J. M.: Opini&oacute;n p&uacute;blica. Concepto y modelos hist&oacute;ricos, Marcial Pons, Madrid, 1999, p. 76. Para este autor, la opini&oacute;n p&uacute;blica es un &ldquo;concepto vago y ambiguo donde los haya y en gran medida, &ldquo;intangible&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>30</strong> Diccionario de la Real Academia de la Lengua, 23&ordf; edici&oacute;n (en <a href="http://www.rae.es" target="_blank">http://www.rae.es</a>)</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>31</strong> Mora y Arauj o, M.: El poder de la conversaci&oacute;n. Elementos para una teor&iacute;a de la opini&oacute;n p&uacute;blica, La Cruj&iacute;a Ediciones, Buenos Aires, 2005, p. 61.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>32</strong> Rodr&iacute;guez Uribes, J.M.: Opini&oacute;n p&uacute;blica, cit., p. 76-77.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>33</strong> Sartori, G.: Homo videns, cit., p. 69.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>34</strong> Mora y Arauj o, M.: El poder de la conversaci&oacute;n, cit., p. 144: &ldquo;La opini&oacute;n p&uacute;blica pertenece, por definici&oacute;n, al &aacute;mbito p&uacute;blico (&hellip;) El &aacute;mbito donde las opiniones se gestan, cada una en su propia ra&iacute;z individual es, por definici&oacute;n, privado; se encuentra en la mente de cada individuo (&hellip;) A medida que las opiniones de unos y otros se funden en la marea de las opiniones que se conectan con lo p&uacute;blico porque se sienten parte involucrada en la marea de la opini&oacute;n p&uacute;blica&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>35</strong> Rodr&iacute;guez Uribes, J.M.: Opini&oacute;n p&uacute;blica, cit., p. 95. Indica este autor que son elementos necesarios para que se pueda dar la opini&oacute;n p&uacute;blica: libertad de expresi&oacute;n, publicidad y ausencia de prejuicios.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>36</strong> Respecto de este &uacute;ltimo punto, mantenemos nuestras reservas, habida cuenta que la Historia nos demuestra que las opiniones individuales (cuya agregaci&oacute;n conformar&aacute; la opini&oacute;n p&uacute;blica) pueden responder a multitud de factores. As&iacute;, como dice Mora y Arauj o, M.: El poder de la conversaci&oacute;n, cit., p. 59: &ldquo;La opini&oacute;n puede estar informada o no, puede ser fundada o infundada, puede o no tener consistencia interna o congruencia con otras opiniones, puede ser sostenida con intensidad (o convicci&oacute;n) o superficialmente u ocasionalmente. El supuesto, en esta acepci&oacute;n, es que las opiniones sobre los asuntos p&uacute;blicos que sostiene cada individuo est&aacute;n relacionadas con atributos relevantes de s&iacute; mismo y de su v&iacute;nculo con la comunidad: sus preferencias, sus compromisos, sus comportamientos&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>37</strong> S&aacute;nchez Ferri, R., El derecho a la informaci&oacute;n, cit.: &ldquo;Un presupuesto ineludible de la organizaci&oacute;n de la Opini&oacute;n P&uacute;blica es una informaci&oacute;n suficiente, informaci&oacute;n que, en nuestro d&iacute;as, no puede ser otra que la informaci&oacute;n de masas, esto es, la facilitada por los llamados &ldquo;mass-media&rdquo; (p. 91).    <br>   &ldquo;La sociedad actual necesita, pues, de los medios informativos y de los v&iacute;nculos que estos crean y, a su vez, tales medios son inherentes y est&aacute;n en funci&oacute;n de tal sociedad. Efectivamente, el fen&oacute;meno informativo ha venido a sustituir los v&iacute;nculos de vecindad (actuantes en sociedades y comunicaciones de nivel primario); las reuniones, visitas, tertulias de caf&eacute;, etc. son cada vez menos frecuentes y posibles, vi&eacute;ndose suplidas sus funciones en gran parte por los medios de comunicaci&oacute;n&rdquo; (p. 21).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>38</strong> Monz&oacute;n, C.: &ldquo;Manifestaci&oacute;n y medida de la opini&oacute;n p&uacute;blica&rdquo;, en AA.VV.: Opini&oacute;n p&uacute;blica y comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica, Ediciones de la Universidad Complutense, Madrid, 1990, p. 177: &ldquo;Desde la Ilustraci&oacute;n hasta el momento presente, primero en la prensa y despu&eacute;s en la radio y televisi&oacute;n, la opini&oacute;n p&uacute;blica ha encontrado siempre en los medios de comunicaci&oacute;n su mejor medio de expresi&oacute;n&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>39</strong> En este mismo sentido, S&aacute;nchez Ferri, R.: El derecho a la informaci&oacute;n, cit., p. 35-38, indica que los medios de comunicaci&oacute;n cumplen tres funciones fundamentales: informar, formar y distraer. As&iacute; mismo, destaca que, como consecuencia de las anteriores, se dar&iacute;a un (deseable) efecto de integraci&oacute;n social.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>40</strong> Mu&ntilde;oz Alonso, A.: &ldquo;El Poder Pol&iacute;tico ante los medios&rdquo;, en AA.VV.: Opini&oacute;n p&uacute;blica y comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica, Ediciones de la Universidad Complutense, Madrid, 1990, pp. 334-335:    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Informar:    <br>   &ldquo;La primera funci&oacute;n de la prensa es facilitar informaci&oacute;n. En la selecci&oacute;n y valoraci&oacute;n de esa informaci&oacute;n intervendr&aacute;n, necesariamente, criterios subjetivos, pero un informador responsable debe disponer de pautas profesionales que no hagan imposible esa tarea (&hellip;) Se trata, en suma, de que los informadores intenten hacer una presentaci&oacute;n de lo menos sesgada posible y con una decidida voluntad de imparcialidad. A esa finalidad atienden el principio de que informaci&oacute;n y opini&oacute;n deben estar perfectamente diferenciadas, incluso formalmente, para que el lector no pueda, en ning&uacute;n caso, verse enga&ntilde;ado o empujado al equ&iacute;voco. Este principio seg&uacute;n el cual &ldquo;los hechos son sagrados y las opiniones libres&rdquo; es, en general, rigurosamente aplicado por la</font> <font face="Verdana" size="2" color="#000000">prensa anglosajona, especialmente norteamericana, pero no podemos decir lo mismo de la prensa europea, y menos a&uacute;n, de las televisiones p&uacute;blicas&rdquo;. Interpretar y explicar las informaciones:    <br>   &ldquo;Se debe tender a que las informaciones sean comprendidas por los lectores menos expertos. Se discute si es v&aacute;lido el llamado advocacy journalism, o &ldquo;periodismo de defensa de un determinado punto de vista&rdquo;, que, en todo caso, solo ser&iacute;a aceptable cuando (&hellip;) define su sesgo y un an&aacute;lisis de las noticias en ese contexto. Dentro de esta funci&oacute;n de interpretar y explicar las informaciones caben una serie muy amplia de g&eacute;neros period&iacute;sticos como los editoriales, los an&aacute;lisis de noticias (news analysis) y, en general, las m&uacute;ltiples variantes del columnismo y el comentario. Asimismo, deben incluirse aqu&iacute; la documentaci&oacute;n, cada vez m&aacute;s importante en el trabajo period&iacute;stico&rdquo;.    <br>     Contribuir a la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica:    <br>   &ldquo;Los medios llaman la atenci&oacute;n tanto del p&uacute;blico como del gobierno acerca del clima de opini&oacute;n imperante. Supuesto el papel b&aacute;sico de la opini&oacute;n p&uacute;blica en una sociedad democr&aacute;tica, la funci&oacute;n de formar y expresar la opini&oacute;n p&uacute;blica es, quiz&aacute;, la m&aacute;s importante y la que sintetiza a las otras&rdquo;.    <br>     La fijaci&oacute;n de la agenda pol&iacute;tica:    <br>   &ldquo;Recientemente se est&aacute; subrayando esta funci&oacute;n que supone, de hecho, una participaci&oacute;n en el proceso pol&iacute;tico al enfocar la atenci&oacute;n del p&uacute;blico y del gobierno sobre determinados temas. Esta funci&oacute;n debe ser vista no solo en su aspecto positivo de atraer la atenci&oacute;n sobre ciertos temas, sino tambi&eacute;n en el negativo, en cuanto los medios act&uacute;an como el gatekeeper que filtra las informaciones e impide que lleguen al p&uacute;blico algunas cuestiones&rdquo;.    <br>     Control del Gobierno y otras instituciones:    <br>   &ldquo;Los medios, al suscitar cuestiones que ponen en entredicho la acci&oacute;n del Gobierno o de otras instituciones p&uacute;blicas (ayuntamientos, organismos de diverso tipo, grandes empresas p&uacute;blicas) e incluso privadas, al sacar a la luz casos de corrupci&oacute;n o esc&aacute;ndalos, pone en marcha los mecanismos oficiales de control. Con su investigaci&oacute;n, los medios pueden aportar elementos que se han escapado a las comisiones de investigaci&oacute;n de las c&aacute;maras legislativas&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>41</strong> Ib&iacute;dem, p. 336.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>42</strong> Ib&iacute;dem, p. 321: &ldquo;La historia de las relaciones entre el poder pol&iacute;tico y los medios de informaci&oacute;n es la de una secular desconfianza (&hellip;) Esta peculiar situaci&oacute;n de tensi&oacute;n y desconfianza se deriva del hecho de que la informaci&oacute;n es un poder y, aunque no figura en el esquema de los poderes constitucionales cl&aacute;sicos, forma parte del sistema de equilibrios, de frenos y contrapesos en que consiste un r&eacute;gimen pluralista de libertades&rdquo;.    <br> </font><font face="Verdana" size="2" color="#000000">En este sentido, para comprender mejor las relaciones entre los medios de comunicaci&oacute;n y el poder, en sentido amplio (no solo el pol&iacute;tico, sino tambi&eacute;n el econ&oacute;mico), resulta imprescindible leer a Curran, J: Medios de comunicaci&oacute;n y poder en una sociedad democr&aacute;tica, Editorial Hacer, Barcelona, 2005.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>43</strong> Dader, J. L.: &ldquo;La canalizaci&oacute;n o fijaci&oacute;n de la &ldquo;agenda&rdquo; por los medios&rdquo;, en AA.VV.: Opini&oacute;n p&uacute;blica y comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica, Ediciones de la Universidad Complutense, Madrid, 1990, p. 294: &ldquo;la teor&iacute;a de la &ldquo;agenda setting&rdquo; (&hellip;) se ha ido convirtiendo en la teor&iacute;a estelar de explicaci&oacute;n de la influencia principal de los medios industriales de comunicaci&oacute;n en la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica y del universo de preocupaciones p&uacute;blicas de los individuos particulares&rdquo;.    <br>   Varona G&oacute;mez, D.: &ldquo;La delincuencia en la agenda medi&aacute;tica: retos para una pol&iacute;tica criminal racional&rdquo;, en AAVV: Protecci&oacute;n Penal de la libertad de expresi&oacute;n e informaci&oacute;n. Una interpretaci&oacute;n constitucional (dir. por S. Mir Puig y M. Corcoy Bidasolo), Tirant lo Blanch, Valencia, 2012, TOL2.527.111: &ldquo;La teor&iacute;a del agenda-setting se atribuye a Maxwell McCombs y Donald Shaw en su estudio de 1972 sobre el papel que los medios de comunicaci&oacute;n tuvieron en la campa&ntilde;a presidencial de 1968 en Chapel Hill (Carolina del Norte). En dicho trabajo los investigadores comprobaron que los asuntos que los votantes consideraban prioritarios eran justamente aquellos que los medios de comunicaci&oacute;n hab&iacute;an previamente seleccionado y sobre los que hab&iacute;an volcado su actividad informadora&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>44</strong> Dader, J.L.: &ldquo;La canalizaci&oacute;n&rdquo;, cit., p. 294: &ldquo;Su traducci&oacute;n literal al castellano ser&iacute;a &ldquo;fijaci&oacute;n de la agenda&rdquo; o &ldquo;establecimiento de la agenda&rdquo;. Un barbarismo malsonante que salvo las m&iacute;nimas excepciones ha sido empleado por los autores o traductores que han presentado el tema en castellano. Una traducci&oacute;n menos artificiosa podr&iacute;a ser &ldquo;establecimiento o fijaci&oacute;n de los repertorios tem&aacute;ticos de preocupaci&oacute;n&rdquo;. Pero esta alternativa, quiz&aacute; demasiado larga, no ha tenido cultivadores entre nosotros&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>45</strong> Varona G&oacute;mez, D.: &ldquo;La delincuencia&rdquo;, cit.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>46</strong> Mora y Arauj o, M.: El poder de la conversaci&oacute;n, cit., p. 347.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>47</strong> Dader, J.L.: &ldquo;La canalizaci&oacute;n&rdquo;, cit., p. 295.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>48</strong> Ib&iacute;dem, p. 304.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>49</strong> Varona G&oacute;mez, D.: &ldquo;La delincuencia&rdquo;, cit.: &ldquo;El proceso de agenda-setting, aunque ciertamente implica reconocerle un gran poder a los medios, tampoco debiera ser magnificado: decir que los medios tienen el poder de situar un determinado asunto en primer plano con independencia de la realidad del problema (agenda-setting), no significa que ese poder llegue hasta el punto de que los medios puedan &ldquo;inventarse&rdquo; los problemas y que por tanto la preocupaci&oacute;n ciudadana sea totalmente ilusoria o injustificada&rdquo;.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   As&iacute; mismo, para Dader, J.L.: &ldquo;La canalizaci&oacute;n&rdquo;, cit., p. 313, la doctrina sobre la agenda-setting es naif, metodol&oacute;gicamente primitiva, confundidora, es una met&aacute;fora v&aacute;lida, pero no una teor&iacute;a.    <br>   Del mismo modo, para Mora y Arauj o, M.: El poder de la conversaci&oacute;n, cit., p. 348, con independencia del reconocimiento de la capacidad de influencia a los medios, &ldquo;la capacidad de la prensa de moldear la opini&oacute;n no est&aacute; demostrada&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>50</strong> La capacidad de influencia de los medios ir&aacute; disminuyendo cuanta mayor sea nuestra cercan&iacute;a respecto de la cuesti&oacute;n informada. Pensemos en un supuesto en que hemos tenido acceso directo a los hechos, por ser testigos presenciales de los mismos. En este caso, la posibilidad de que nos veamos influenciados por lo que informe el correspondiente medio ser&aacute; menor que si hubi&eacute;semos tenido conocimiento de dicho acontecimiento &uacute;nica y exclusivamente a trav&eacute;s de la informaci&oacute;n recibida por los medios. En este &uacute;ltimo supuesto, solo conocer&iacute;amos aquello que los medios hubiesen querido que supi&eacute;semos y, adem&aacute;s desde el &aacute;ngulo que el periodista de turno habr&iacute;a cre&iacute;do conveniente enfocar. En consecuencia, nuestra capacidad para opinar sobre un determinado acontecimiento del que solo hemos tenido conocimiento a trav&eacute;s de los medios, vendr&aacute; delimitada por el filtro informativo preestablecido por el correspondiente medio.    <br>   Llegados a este punto, podemos destacar que la lejan&iacute;a respecto de los hechos informados comporta una mayor capacidad de influencia de los medios. La agenda setting adquiere su m&aacute;xima vigencia respecto de la informaci&oacute;n que recibimos del resto del mundo. As&iacute; pues, cuatro son las agencias de noticias que controlan principalmente la informaci&oacute;n internacional que luego reproducen los diferentes medios: Reuters, Associated Press, United Press y France Press. Ello significa, por ejemplo, que aquello que nosotros podamos saber sobre la situaci&oacute;n pol&iacute;tica o econ&oacute;mica de un determinado pa&iacute;s o sobre un determinado conflicto ocurrido allende los mares ser&aacute; lo que estas agencias quieren que sepamos.    <br>   Por tanto, en aquellos casos en que nuestro contacto directo con los hechos noticiosos sea inexistente, la capacidad de influencia del medio ser&aacute; mayor, llegando hasta el punto de que la realidad que nosotros podamos percibir ser&aacute; aquella que dicho medio nos haya querido presentar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>51</strong> Rodr&iacute;guez Uribes, J.M., Opini&oacute;n p&uacute;blica., cit., p. 78: &ldquo;Estamos en presencia de este &ldquo;uso&rdquo; de la expresi&oacute;n &ldquo;opini&oacute;n p&uacute;blica&rdquo; cuando se presenta a la prensa, y hoy a los medios de comunicaci&oacute;n de masas en general, como el canal o la v&iacute;a a trav&eacute;s de la cual se crea y se (con)forma la opini&oacute;n. Se confunde, de esta manera, la opini&oacute;n publicada por o en la prensa con la opini&oacute;n p&uacute;blica (&hellip;) Se est&aacute; identificando &ldquo;p&uacute;blico&rdquo; (opinante) con periodistas&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><strong><font face="Verdana" size="2" color="#000000">52</font></strong><font face="Verdana" size="2" color="#000000"> Torres del Moral, A., &ldquo;El instituto jur&iacute;dico de la opini&oacute;n p&uacute;blica libre&rdquo;, en AA.VV.: Libertades informativas (coord. por Antonio Torres del Moral), Colex, Madrid, 2009.    <br>   Este autor se muestra especialmente cr&iacute;tico con esta instituci&oacute;n, as&iacute; como con el papel de los medios, en virtud, entre otros, de los siguientes razonamientos:    <br>   En primer lugar, porque, podr&iacute;amos decir que, en la actualidad nos encontramos, m&aacute;s que ante una democracia, ante una mediocracia, y ello porque &ldquo;los media tienden a ocupar el espacio de los representantes pol&iacute;ticos y del Parlamento como &oacute;rgano de control del Ejecutivo. No se sabe bien cu&aacute;l es la causa y cu&aacute;l es el efecto: si el declive del Parlamento el que ha propiciado un mayor control medi&aacute;tico del poder, o si es este ascenso pol&iacute;tico de los medios de comunicaci&oacute;n el que ha hecho retraerse al Parlamento (&hellip;) Antes los medios se nutr&iacute;an de la agenda parlamentaria y ahora es esta la que sigue en parte los dictados de los medios, condicion&aacute;ndose as&iacute; el sistema parlamentario por un control pol&iacute;tico medi&aacute;tico poco transparente. Ni es bueno para la democracia (&hellip;) que los medios de comunicaci&oacute;n est&eacute;n al servicio de los pol&iacute;ticos, pues su contenido es mucho m&aacute;s amplio, </font><font face="Verdana" size="2" color="#000000">ni &ndash;menos a&uacute;n- que estos se alineen con los medios de comunicaci&oacute;n para obtener, de rebote, renovados dividendos pol&iacute;ticos&rdquo; (p. 143)    <br>     En segundo lugar, la poca confianza que ofrecen los medios como fuente de informaci&oacute;n. As&iacute; pues, indica que &ldquo;la escasa fiabilidad de la informaci&oacute;n e intoxicaciones (&hellip;) nos hacen ser sumamente esc&eacute;pticos sobre todo el proceso de comunicaci&oacute;n como fuente nutricia de informaci&oacute;n y, por ende, sobre todo el proceso de formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica&rdquo; (pp. 145-146).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     En tercer lugar, por la excesiva atenci&oacute;n que los medios prestan a determinados tipos de asuntos que responden al rendimiento econ&oacute;mico de las empresas medi&aacute;ticas, y que en nada sirven para la formaci&oacute;n p&uacute;blica, como ocurre con la prensa rosa. (p. 144).    <br>     En cuarto lugar, porque entiende que la l&oacute;gica aceptada y utilizada por la jurisprudencia es err&aacute;tica, y ello porque, en realidad, el pluralismo pol&iacute;tico no es consecuencia de una opini&oacute;n p&uacute;blica libre, sino justo al rev&eacute;s. As&iacute;, &ldquo;es esta pluralidad previamente existente, la que pugna por exteriorizarse p&uacute;blicamente en informaciones y opiniones varias&rdquo; (p. 150).    <br>     En quinto lugar, porque adem&aacute;s, el que se a&ntilde;ada el adjetivo &ldquo;libre&rdquo; a opini&oacute;n p&uacute;blica, es, seg&uacute;n este autor, absolutamente superfluo y desacertado, puesto que &ldquo;No hay opiniones libres, ni las p&uacute;blicas ni las privadas; tampoco las hay cautivas. Libre o cautivas son las personas, y, por extensi&oacute;n, los pueblos&rdquo; (p. 153).    <br>     Sartori, G.: Homo videns, cit. Este autor, referente mundial del tema que estamos estudiando, es muy cr&iacute;tico con los medios, especialmente con la televisi&oacute;n y su papel como desinformadores de la sociedad. As&iacute; indica que &ldquo;debemos tambi&eacute;n destacar que la importancia de las informaciones es variable. Numerosas informaciones son solo fr&iacute;volas, sobre sucesos sin importancia o tienen un puro y simple valor espectacular. Lo que equivale a decir que est&aacute;n desprovistas de valor o relevancia &ldquo;significativa&rdquo;. Otras informaciones, por el contrario, son objetivamente importantes porque son las informaciones que constituir&aacute;n una opini&oacute;n p&uacute;blica sobre problemas de inter&eacute;s p&uacute;blico (&hellip;) y cuando hablo de subinformaci&oacute;n o de desinformaci&oacute;n me refiero a la informaci&oacute;n de &ldquo;relevancia p&uacute;blica&rdquo;. Y es en este sentido (no en el sentido de las noticias deportivas, de cr&oacute;nica rosa o sucesos) en el que la televisi&oacute;n informa poco y mal.    <br>     Con esta premisa es &uacute;til distinguir entre subinformaci&oacute;n y desinformaci&oacute;n. Por subinformaci&oacute;n entiendo una informaci&oacute;n totalmente insuficiente que empobrece demasiado la noticia que da, o bien el hecho de no informar, la pura y simple eliminaci&oacute;n de nueve de cada diez noticias existentes. Por tanto, subinformaci&oacute;n significa reducir en exceso. Por desinformaci&oacute;n entiendo una distorsi&oacute;n de la informaci&oacute;n: dar noticias falseadas que inducen al enga&ntilde;o al que las escucha. N&oacute;tese que no he dicho que la manipulaci&oacute;n que distorsiona la noticia sea deliberada; con frecuencia refleja una deformaci&oacute;n profesional, lo cual la hace menos culpable, pero tambi&eacute;n m&aacute;s peligrosa&rdquo; (p. 79-80).    <br>     Pero incluso en aquellos casos en que no se produzca dicha desinformaci&oacute;n, tampoco aquello que sea objeto de los noticiarios televisivos es necesariamente comprendido por los telespectadores. Ello significa que, de la informaci&oacute;n que la sociedad haya podido consumir, no toda ella ser&aacute; comprendida por todos, con lo cual, de muy poco servir&aacute; para la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica.    <br>   &ldquo;La mayor parte del p&uacute;blico no sabe casi nada de los problemas p&uacute;blicos. Cada vez que llega el caso, descubrimos que la base de la informaci&oacute;n del demos es de una pobreza alarmante, de una pobreza que nunca termina de sorprendernos&rdquo; (p. 123).    <br>   &ldquo;Distinci&oacute;n entre informaci&oacute;n y competencia cognoscitiva (&hellip;) Cuando hablamos de personas &ldquo;pol&iacute;ticamente educadas&rdquo; debemos distinguir entre quien est&aacute; informado de pol&iacute;tica y quien es cognitivamente competente para resolver los problemas de la pol&iacute;tica (&hellip;) En Occidente, las personas pol&iacute;ticamente informadas e interesadas giran entre el 10 y el 25 por ciento del universo, mientras que las competentes alcanzan niveles del 2 &oacute; 3 por ciento&rdquo; (p. 126).    <br>     Y, por &uacute;ltimo, merece destacarse la cr&iacute;tica afilada que se hace a la televisi&oacute;n, la cual es, para el autor, el peor de los mass-media, habida cuenta que la imagen, en la que se basa, incapacita nuestra capacidad cognitiva.    <br>   &ldquo;La televisi&oacute;n empobrece dr&aacute;sticamente la informaci&oacute;n y la formaci&oacute;n del ciudadano&rdquo; (p. 127).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   &ldquo;La televisi&oacute;n produce im&aacute;genes y anula conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracci&oacute;n y con ella nuestra capacidad de entender&rdquo; (p. 47).    <br>   &ldquo;La palabra siempre produce menos conmoci&oacute;n que la imagen. As&iacute; pues, la cultura de la imagen rompe el delicado equilibrio entre pasi&oacute;n y racionalidad. La racionalidad del homo sapiens est&aacute; retrocediendo; y la pol&iacute;tica emotivizada, provocada por la imagen, solivianta y agrava los problemas sin proporcionar absolutamente ninguna soluci&oacute;n&rdquo; (p. 115).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>53</strong> Rodr&iacute;guez Uribes, J.M.: Opini&oacute;n p&uacute;blica, cit., pp. 351-352.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2" color="#000000"><strong>54</strong> Monz&oacute;n, C.: &ldquo;Manifestaci&oacute;n y medida&rdquo;, cit., pp. 180-181: &ldquo;la doctrina de la opini&oacute;n p&uacute;blica surge al amparo de la idea democr&aacute;tica y desde que aparecen los primeros gobiernos de este signo, la opini&oacute;n p&uacute;blica encontrar&aacute; en el sufragio una v&iacute;a de expresi&oacute;n y en el Parlamento, su representaci&oacute;n formal. La esfera de lo p&uacute;blico (el Estado) y la esfera de lo privado (los ciudadanos) se dan cita en el Parlamento para exponer, discutir y decidir sobre aquellos asuntos que afectan al inter&eacute;s general. Se convierte en el foro p&uacute;blico por donde fluye la voluntad popular.    <br>   La mayor parte de los autores que escriben sobre la opini&oacute;n p&uacute;blica a lo largo del siglo XIX destacan la representaci&oacute;n y canalizaci&oacute;n de la misma a trav&eacute;s de elecciones, las discusiones parlamentarias y las leyes que aqu&iacute; se aprueban (&hellip;) En las urnas, al ser convocados todos los ciudadanos adultos y ser p&uacute;blicos los resultados, no solo se expresa la voluntad general, sino que quedan patentes todas las corrientes de opini&oacute;n del momento, al margen de que consigan o no representaci&oacute;n&rdquo;.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><strong><font face="Verdana" size="3" color="#000000">VII. BIBLIOGRAFÍA</font></strong></p>     <!-- ref --><p align="justify"><strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana"></font></strong><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Bastida Freijedo, J.: &quot;Pluralismo y medios de comunicación audiovisuales&quot;, en AAVV: <i>Democracia y medios de comunicación </i>(coord. por J. Tornos más),Tirant lo Blanch, Valencia, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=146990&pid=S2070-8157201700010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Bustos Pueche, J. E.: <i>Manual sobre bienes y derechos de la personalidad, </i>Dykinson, Madrid, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=146992&pid=S2070-8157201700010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Callejo, J.: &quot;El instituto sociológico de la opinión pública&quot;, en AA.VV.: <i>Libertades informativas </i>(coord. por A. Torres del Moral), Colex, Madrid, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=146994&pid=S2070-8157201700010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Castells, M.: <i>Comunicación y </i>poder, Alianza Editorial, Madrid, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=146996&pid=S2070-8157201700010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Curran, J: <i>Medios de comunicación y poder en una sociedad democrática, </i>Editorial Hacer, Barcelona, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=146998&pid=S2070-8157201700010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Dader, J. L.: &quot;La canalización o fijación de la &quot;agenda&quot; por los medios&quot;, en AA.VV.: <i>Opinión pública y comunicación política, </i>Ediciones de la Universidad Complutense, Madrid, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147000&pid=S2070-8157201700010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Fernández Farreres, G.: &quot;Acceso a los medios de comunicación social privados y pluralismo informativo&quot;, en AA.VV.: <i>Democracia y medios de comunicación </i>(coord. por J. Tornos más),Tirant lo Blanch, Valencia, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147002&pid=S2070-8157201700010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Llamazares Calzadilla, M. C.: <i>Las libertades de expresión e información como garantía del pluralismo democrático, </i>Civitas, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147004&pid=S2070-8157201700010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Magdaleno Alegría, A.: <i>Los límites de las libertades de expresión e información en el Estado social y democrático de Derecho, </i>Congreso de los Diputados, Madrid, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147006&pid=S2070-8157201700010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Martínez Sospedra, M., <i>Libertades públicas, </i>Fundación Universitaria San Pablo CEU, Valencia, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147008&pid=S2070-8157201700010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Monzón, C.: &quot;Manifestación y medida de la opinión pública&quot;, en AA.VV.: <i>Opinión pública y comunicación política, </i>Ediciones de la Universidad Complutense, Madrid, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147010&pid=S2070-8157201700010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Mora y Araujo, M.: <i>El poder de la conversación. Elementos para una teoría de la opinión pública, </i>La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147012&pid=S2070-8157201700010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Muñoz Alonso, A.:&quot;El Poder Político ante los medios&quot;, en AA.VV.: <i>Opinión pública y comunicación política, </i>Ediciones de la Universidad Complutense, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147014&pid=S2070-8157201700010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Plaza Penadés, J.: <i>El derecho al honor y la libertad de expresión, </i>Tirant lo Blanch, Valencia, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147016&pid=S2070-8157201700010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Rodríguez García, J. A.: <i>El control de los medios de comunicación, </i>Dykinson, Madrid, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147018&pid=S2070-8157201700010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Rodríguez Uribes, J. M.: <i>Opinión pública. Concepto y modelos históricos, </i>Marcial Pons, Madrid, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147020&pid=S2070-8157201700010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Sánchez Ferri, R.: <i>El Derecho a la información, </i>Cosmos, Valencia, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147022&pid=S2070-8157201700010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Sánchez González, S.: <i>Los medios de comunicación y los sistemas democráticos, </i>Marcial Pons, Madrid, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147024&pid=S2070-8157201700010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Sánchez González, S.: <i>Los medios de comunicación, </i>Marcial Pons, Madrid, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147026&pid=S2070-8157201700010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Sartori, G.: <i>Homo videns: La sociedad teledirigida, </i>Taurus, Madrid, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147028&pid=S2070-8157201700010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Serrano, P.: <i>Traficantes de información. La historia oculta de los grupos de comunicación españoles, </i>Akal, Madrid, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147030&pid=S2070-8157201700010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Torres del Moral, A., &quot;El instituto jurídico de la opinión pública libre&quot;, en AA.VV.: <i>Libertades informativas </i>(coord. por AntonioTorres del Moral), Colex, Madrid, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147032&pid=S2070-8157201700010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Varona Gómez, D.:&quot;La delincuencia en la agenda mediática: retos para una política criminal racional&quot;, en AAVV: <i>Protección Penal de la libertad de expresión e información. Una interpretación constitucional </i>(dir. por S. Mir Puig y M. Corcoy Bidasolo), Tirant lo Blanch, Valencia, 2012, TOL 2.527.111.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=147034&pid=S2070-8157201700010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>      ]]></body><back>
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