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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sinergia entre cambio climático y megaproyectos o procesos expoliativos]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In late 2013, Bolivia is experiencing an environmental crisis due to a combination of the effects of climate change and the impacts that developmentalist policies are having on the environment, as environmental controls are relaxed. This article shares information and analysis on the consequences of this dangerous synergy that is increasing the country’s level of vulnerability and risk.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align=center><font face="Garamond" size="3"><o:p></o:p><o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="5"><b>Sinergia    entre cambio climático y megaproyectos o procesos expoliativos<o:p></o:p><o:p></o:p></b><o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3"><o:p></o:p></font></p>      <p align="center"><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="4"><b>The    synergy between climate change and mega-projects or indiscriminate pillaging</b></font></p>     <p align="center"><b><font face="Garamond" size="4"><o:p></o:p>Marco Octavio Ribera    y María Renné Pinto</font></b><font face="Garamond" size="3"><a name="_ftnref1"></a><a href="#_ftn1" title="">[1]</a></font></p>     <p><font face="Garamond" size="3"><o:p></o:p></font></p>     <p align="right"><font face="Garamond" size="3"><i>T’inkazos</i>, número 34, 2013,    pp. 53-72, ISSN 1990-7451&nbsp;</font></p>     <p align="right"><font face="Garamond" size="3">Fecha de recepción: octubre de    2013<o:p></o:p></font></p>     <p align="right"><font face="Garamond" size="3">Fecha de aprobación: noviembre    de 2013<o:p></o:p></font></p>     <p align="right"><font face="Garamond" size="3">Versión final: noviembre de 2013<o:p></o:p></font></p>    <hr size="5" noshade>     <p><font face="Garamond" size="3"><o:p></o:p>A fines del año 2013, Bolivia atraviesa    por una crisis ambiental con la conjunción de los efectos del cambio climático    y aquellos derivados de impactos ecológicos, provenientes, a su vez, de políticas    desarrollistas y el debilitamiento de la gestión ambiental. En este artículo    se comparten datos y análisis sobre las consecuencias de sinergias peligrosas    que incrementan los niveles de vulnerabilidad y riesgo en el país.<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>     <p align=left><font face="Garamond" size="3"><b>Palabras clave: cambio climático    / impacto ambiental / eventos extremos / sinergias negativas / megaproyectos</b><o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">In late 2013, Bolivia is experiencing an environmental    crisis due to a combination of the effects of climate change and the impacts    that developmentalist policies are having on the environment, as environmental    controls are relaxed. This article shares information and analysis on the consequences    of this dangerous synergy that is increasing the country’s level of vulnerability    and risk.<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p align=left><font face="Garamond" size="3"><b>Key words: climate change / environmental    impact / extreme events / negative synergies / mega-projects </b><o:p></o:p></font></p> <hr size="5" noshade>      <p><font face="Garamond" size="3"><b>1. Lo global y local<o:p></o:p></b></font><b><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></b><font face="Garamond" size="3"><o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Finalizando el año 2013, se registran en todo el mundo      reportes y evidencias explícitas de los efectos del cambio climático a nivel      global, que consideran tanto los denominados eventos extremos que tienen consecuencias      catastróficas, así como las manifestaciones “crónicas”, que tienden a pasar      más desapercibidas. La raíz del problema está en el calentamiento global visible      a partir de la última fase del “antropoceno”, vale decir desde la revolución      industrial a la fecha. Ya en el informe del Panel Internacional para el Cambio      Climático (IPCC) del año 2007 (www.ipcc.ch/ipccreports), se muestra que el      cambio climático actual es un problema que implica complejas interacciones      entre procesos climáticos, ambientales, económicos, políticos, institucionales,      sociales y tecnológicos, pero con una raíz fundamental en los cambios económicos      y culturales de los últimos 200 años. El informe 2013 del IPCC (IPCC-WGIAR,      2013) concluye definitivamente que el 99% del calentamiento global y el cambio      climático, son producto de la actividad humana, con causas centrales en la      quema de combustibles fósiles como petróleo y carbón, los procesos de cambio      de uso del suelo a gran escala y las quemas asociadas. A estas alturas, llega      a ser una situación axiomática.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Como      ya es una tónica, cuando el IPCC emite sus informes, se produce una ola de      encuentros y desencuentros, tanto académicos, como mediáticos. Frente al conjunto      de organizaciones, instancias y expertos, genuinamente preocupados, emergen      las posiciones de lo que Mario de Castro (profesor del Departamento de Física      Aplicada de la Universidad de Valladolid) califica como “la actitud científicamente      imbécil de los negacionistas, además de humanamente suicida-asesina”, aunque      él mismo se sitúa en una posición holística y escéptica (ecléctica) frente      al último informe del IPCC. De cualquier forma, el mismo de Castro concluye      que los “informes científicos van por detrás de la realidad y suelen ser conservadores,      para no desatar la furia incontrolada de los negacionistas” (De Castro, 2013).&nbsp;      Por supuesto, las posiciones de eclecticismo científico como la mencionada,      deberían llegar a contrastar con las de los negacionistas interesados, sean      científicos, políticos o periodistas. <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">El analista Victor Vilches (2013) menciona con mucho      acierto que los científicos y los medios de comunicación que están luchando      contra el cambio climático, se ven enfrentados a dos tipos de presiones: por      una lado, un amplio lobby de grandes empresas y de negocios y de emisarios      de gobiernos que presionan sobre los resultados de los informes del IPCC,      para tomar una dirección a favor de estos intereses privados; y, por otro,      al flujo de dinero donado por el gran capital a los escépticos y negacionistas      del cambio climático, para que desacrediten el trabajo científico de los expertos      que denuncian el cambio climático.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Existe,      además, una tendencia a una dialéctica insustancial que pretende diferenciar      el concepto de cambio climático con el de variabilidad climática. Ambos conceptos      son válidos, pero no sustituibles entre sí, y no son cosas separadas, sino      que están interrelacionadas (Velázquez, 2005). El mayor grado de variabilidad      en cuanto a los regímenes y provisión de lluvias, períodos secos, heladas      atemporales, etcétera, es la expresión o resultado del cambio o distorsión      anómala del clima. Dicha variabilidad es más acentuada en las tierras altas      y regiones de montaña en los Andes, que en las tierras bajas. Hay que diferenciar      tan importante variación estadística que persiste en un período prolongado      (normalmente decenios o incluso más) y las desviaciones típicas en todas las      escalas temporales y espaciales.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Existen      corrientes que tratan de minimizar los impactos del actual cambio climático,      arguyendo que a lo largo de la historia climática del planeta, se han producido      recurrentes eventos similares. Por ejemplo, se conoce desde hace décadas que      el efecto Niño-Niña se produjo desde épocas prehistóricas (Villagran, 1993;      Graf, 1996). El argumento es válido, y ahora se sabe con más certeza que la      historia geológica del planeta ha sido convulsa y plagada de catastrofismo.      Los sucesivos trastornos y cambios climáticos ocasionados en el planeta, por      diversas razones (principalmente grandes erupciones volcánicas), tuvieron      siempre consecuencias severas para la biodiversidad en todos sus ámbitos,      desde los ecosistemas hasta las especies. Por ejemplo, en una de estas oscilaciones      drásticas en el pleistoceno, a causa de una mega erupción volcánica en el      sudeste asiático y el subsiguiente trastorno climático, incluso nosotros,      como especie humana, estuvimos a punto de desaparecer de la tierra. Sin embargo,      los cambios que se observan son por demás particulares pues comparativamente      a los cambios en otros períodos geológicos, son extraordinariamente rápidos      (no más de tres siglos), y tienen una frecuencia muy alta.&nbsp; <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Una      interpretación acertada es que el cambio climático mundial está produciendo      una intensa distorsión en los ciclos de transferencia de calor, tanto en las      masas de aire como en los mares y océanos; esto influye en el movimiento de      los vientos y corrientes marinas, como la termohalina, y, a su vez, en fenómenos      climáticos globales como El Niño o La Niña. Dicha oscilación, conocida como      ENSO (El Niño Southern Oscilation), estaría ingresando en una dinámica de      mayor recurrencia y una tendencia a una alternancia inmediata con La Niña.      Es decir, que se percibe la tendencia, casi lógica, a una sinergia entre el      fenómeno ENSO y los efectos del cambio climático (PNUMA/CEPAL, 2010). <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">De      acuerdo a Velázquez (2005), el cambio climático se refiere a una variación      estadísticamente significativa del estado global del clima y de su variabilidad      durante varias décadas, las cuales tienen su expresión en las diversas regiones      del planeta y se traducen en anomalías marcadas, mayormente referidas a los      ciclos relacionados con los recursos hídricos y, por consecuencia, en la productividad      de los ecosistemas. <o:p></o:p></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">Expertos      en todo el mundo (Velázquez, 2005; IPCC, 2007; IPCC-WGIAR, 2013), han coincidido      que el cambio climático es un problema único, global, a largo plazo y con      complejas interacciones, debido, directa o indirectamente, a las actividades      humanas que han alterado la composición global de la atmósfera y que se suman      a la observada variabilidad natural del clima a lo largo de períodos largos      de tiempo. <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">El      cambio climático, más allá de las conveniencias o miopías, es casi ya un axioma,      algo que no necesita de demasiados esfuerzos para ser demostrado. Otra situación      axiomática es que tiene una raíz esencialmente antropogénica, y se fundamenta      en el modelo de crecimiento económico mundial, las modalidades de producción      y el consumo de recursos, impulsados desde la última post guerra mundial y      liderizados en la actualidad por un grupo de al menos veinte países desarrollados      y emergentes. Así lo manifiesta el último informe del IPCC. El cambio climático      global, implica las siguientes connotaciones: su carácter acumulativo, la      irreversibilidad a corto-mediano plazo de sus efectos y las proyecciones transgeneracionales      de las afectaciones.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">El      cambio climático global aumenta progresivamente la presión de eventos extremos      y el deterioro crónico sobre los recursos naturales, en particular el agua,      por tanto, se acrecientan numerosos conflictos, siendo que las primeras víctimas      son grupos de mayor vulnerabilidad, como las comunidades indígenas y campesinas,      así como los colectivos urbanos precarizados que viven en zonas de alto riesgo,      y que reducen enormemente sus capacidades adaptativas.&nbsp; Mientras que      los eventos extremos inciden en un gasto público exagerado e inmediato; en      términos de atención a desastres, los efectos crónicos son acumulativos y      deterioran los medios de vida y la salud de la gente y de los ecosistemas.      <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">En      el caso de los eventos extremos, como una gran inundación, la gente y las      autoridades de los países reaccionan, se forman redes o nexos de solidaridad      entre los afectados, etcétera, pero en el caso de los efectos crónicos, éstos      tienden a pasar incluso desapercibidos, la gente se acostumbra a ellos, entran      a formar parte de la “normalidad” o cotidianidad. Es como el caso de las enfermedades,      la gente reacciona ante un infarto o cosa parecida, pero, ante las dolencias      crónicas tiende a haber un proceso de acostumbramiento y a dejarlas pasar,      a pesar del daño que pueden estar ocasionando. <o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Similar situación se da en cuanto a los impactos    ambientales. Una mega-contaminación minera o urbana puede llegar a concitar    atención, más que los impactos localizados y de menor escala, ante los cuales    la gente reacciona con tolerancia y pasividad.&nbsp; <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">En este artículo se difunden datos y análisis    de investigaciones realizadas por la Liga de Defensa del Medio Ambiente (LIDEMA)    desde el año 2007, en diversas regiones del país afectadas por problemáticas    ambientales derivadas de la contaminación minera y urbana. El objetivo es contribuir    al debate en torno al incremento del nivel de riesgo de agudización de dichas    problemáticas, bajo los efectos adicionales del cambio climático, en especial    en cuanto a la reducción de la disponibilidad de agua. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3"><b>2. La situación en Bolivia<o:p></o:p></b><o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">La expresión de la drasticidad      del cambio climático global, en lo regional y lo local, ha tenido dos tipos      de manifestaciones en las últimas décadas: los eventos extremos o catastróficos      (grandes inundaciones, riadas, sequías severas) y los efectos crónicos, visibilizados      a partir de la reducción de la disponibilidad hídrica, especialmente en regiones      áridas (LIDEMA, 2010; 2011). <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Se      puede asumir que existe una clara tendencia al deterioro climático generalizado      en Bolivia; ello afecta en mayor grado a las regiones con pluviometría típicamente      secas o áridas (tierras altas y Chaco-Chiquitanía sur), en forma de una mayor      intensidad y frecuencia de sequías estacionales prolongadas, retrasos o ausencia      de lluvias, períodos lluviosos anormalmente cortos o alargamiento de las épocas      secas, reducción de los montos totales de lluvias, aumentos en las máximas      de temperatura y un consecuente aumento de la evapotranspiración. Esto se      ha traducido en una reducción progresiva del aporte y disponibilidad hídrica,      lo cual constituye, esencialmente, la acumulación de efectos crónicos antes      mencionados. Es recurrente la percepción local, tanto en tierras altas como      en valles secos, de extremos de insolación en ciertas horas del día (Choque,      2013; Ayala, 2012; Nordgren, 2011). Esto ha sido reportado para diversas regiones      de alta montaña en el mundo (ICIMOD, 2009).<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Los      impactos sobre los ecosistemas de régimen árido, hasta semidesértico (precipitación      media entre 400 y menos de 100 mm./a), como los del Altiplano central y el      sudoeste potosino, que incluye la pérdida y reducción de glaciares en las      altas cordilleras, han afectado los caudales y niveles de hidratura de ríos,      lagunas, bofedales, vegas, ojos de agua y zonas de recarga. Estos eventos      han sido reportados con mayor drasticidad en las zonas de la cordillera occidental      volcánica y en las cordilleras de Frailes y Azanaques en Potosí. <o:p></o:p></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">Es      en estas regiones de las tierras altas de Bolivia donde se produce la mayor      superposición o coincidencia con varias zonas de operaciones mineras, de contaminación      urbana a gran escala y zonas de intensificación agrícola, como es el caso      del cultivo de la quinua. Otra región sujeta a los efectos drásticos del cambio      climático, en forma de severas sequías, ha sido la serranía chaqueña del Aguaragüe      y áreas vecinas, que coincide con la zona de mayor actividad petrolera. <o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Las zonas de valles secos mesotérmicos en los    departamentos de Cochabamba, Chuquisaca, Potosí, Tarija, Santa Cruz y La Paz,    comparten similares situaciones de reducción hídrica progresiva, con sus diversas    expresiones de cronicidad, que se han mencionado para las tierras altas: una    creciente tendencia a lluvias erráticas torrenciales y granizadas, y, por tanto,    el aditamento de eventos extremos en forma de riadas y torrentes de barro. El    aumento anómalo de temperaturas es recurrente en los valles secos; Wiegant<a name="_ftnref2"></a><a href="#_ftn2" title=""><sup>[2]</sup></a>, en un estudio    del año 2010, muestra los siguientes testimonios tomados en la cuenca del río    Chico en Chuquisaca: <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <blockquote>       <p><font face="Garamond" size="3">Antes cuando yo era&nbsp; pequeño el clima      no era así. El calor no era tan fuerte; era suave más bien. Era simple, no      te quemaba como ahora. Eso ha cambiado y perjudica harto en el trabajo…<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Desde el momento que empezó la sequía todo      ha cambiado. Ahora más fuerte es el calor. Parece que el sol se ha bajado      ¿Qué será? (Wiegant, 2010).<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>   </blockquote>     <p><font face="Garamond" size="3">En      las tierras intermedias de la vertiente oriental, que corresponde a las ecorregiones      de Yungas húmedo y serranías subandinas (mayormente pluviales), los reportes      sobre los efectos del cambio climático se orientan mayormente a una reducción      de los aportes de pluviosidad por retrasos en las épocas de lluvias y aumentos      del período estival o de sequía estacional, así como la reducción de caudales      en vertientes, ojos de agua y cabeceras.      Se han reportado períodos muy secos en zonas de Yungas nublados por encima      de los 2.500 msnm, lo que determina una reducción en la alimentación de caudales      de ríos y torrentes. Esto indicaría que los niveles de hidratura de las zonas      de recarga de estos ecosistemas con sus&nbsp; gruesos mantos de humus (que      funcionan como esponjas o reservorios) pueden estar disminuyendo de forma      drástica. Por el contrario, las tierras de Yungas y subandino enfrentan el      riesgo de eventos de pluviosidad extrema cada cierto número de años, mayormente      relacionados a la oscilación ENSO, y que se traducen en riadas catastróficas      que inducen las grandes inundaciones en las llanuras. Algunas zonas del sistema      subandino del país, coinciden con la planificación de megaproyectos hidroeléctricos.&nbsp;&nbsp;      <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Las tierras bajas del norte de Bolivia (Beni, norte      de La Paz, el trópico de Cochabamba, Pando) también se debaten entre los eventos      extremos, especialmente por exceso de agua, y efectos crónicos, mayormente      relacionadas al aumento de la sequía estacional. Las inundaciones estacionales      han marcado la historia geológica de la inmensa llanura beniana, al menos      en los últimos 20.000 años, definiendo en gran medida la evolución de los      ecosistemas y las pautas adaptativas de las poblaciones humanas y animales.      El impacto de la inundación anual sensu-estricto (la “normal” sin ribetes      de catastrofismo) tiene y ha tenido a lo largo de siglos en la llanura amazónica      boliviana, una connotación de situación o evento crónico, al cual la gente      local de las llanuras se ha habituado; el hecho de ver una canoa en las puertas      de muchas viviendas muestra esta realidad, además del uso regular de los ríos      como vía de comunicación (Baudoin <i>et al</i>., 2012).<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">La      inundación estacional “normal”, así como las llenuras catastróficas, tienen      directa relación con las lluvias, normales o extremas, de las vertientes húmedas      de los Andes. Las abundantes lluvias en los Yungas y subandino de La Paz,      hacen crecer el caudal del río Beni e inundan la llanura aportando sedimentos      fertilizantes en un ciclo que data de milenios. De igual forma, la mega pluviosidad      del Chapare hace crecer el caudal del Ichilo y ocasiona los desbordes y aluviones      del Mamoré. De alguna forma, los eventos extremos de inundación han sido también      una tónica a lo largo de siglos; solo en el siglo XX se conocen datos de al      menos cuatro inmensas inundaciones que convirtieron al Beni en un gran lago.      Dichos eventos están asociados al fenómeno ENSO (Niño-Niña). El último evento      extremo fue el de los años 2007 y 2008 (alternancia directa Niño-Niña), y      que ocasionó un extraordinario impacto negativo a las poblaciones locales      y sus medios de vida. Este último evento, de acuerdo a pobladores de la llanura      del Beni consultados, fue inusual, pues, aparentemente, no hay registros de      dos años seguidos de inundación de semejante magnitud, como tampoco de Niño      y Niña consecutivos (Ver: www.elnino.noaa.gov; www.igp.gob.pe). <o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">La cronicidad del cambio climático en las tierras    bajas húmedas parece estar más relacionada con los cambios de hidratura o disponibilidad    hídrica en general (Nordgren, 2011). Al igual que en otras regiones ecológicas,    la gente de las llanuras se queja de los aumentos inusuales de temperaturas,    y cómo ello afecta las fuentes de agua. Según los pobladores locales, “las aguas    superficiales (pozas, curiches, bajíos) están muy calientes y el ganado y los    animales silvestres no pueden beber y sufren, buscando fuentes alternativas”    (CIDDEBENI-LIDEMA, 2013). Las percepciones locales manifiestan varios elementos    relevantes que indican la aparición y recurrencia de efectos crónicos, que antes    no habían o que se han acentuado llamativamente en las últimas dos décadas (Pedraza    y Pachaguaya, 2013; CIDDEBENI-LIDEMA, 2013): es más frecuente encontrar árboles    muertos de pie en los montes e islas de bosque; se observa mayor cantidad de    árboles muertos en bordes de bosque-sabana; hay mas curiches, junquillares y    yomomos (zonas pantanosas) en desecación; los tiempos de floración y de aparición    de frutos en los bosques están cambiando. También se mencionan cambios en las    épocas de reproducción de animales silvestres; mayor afluencia de plagas desconocidas    a los cultivos y una mayor frecuencia de sures secos que húmedos. En muchas    zonas se ha reportado la desecación y/o fuerte descenso del nivel de norias    y pauros (vertientes o manantiales). A todo esto, se suma el incremento de los    incendios o focos de calor, tanto en las sabanas (donde es un elemento común    y típico de estos ecosistemas), como expandidos a zonas boscosas densas. De    acuerdo a Baudoin <i>et al</i>. (2012), los años donde se observaron picos de    focos de calor estuvieron relacionados con años extremadamente secos y calientes.    Según este autor, con la información existente, no es posible aun establecer    una correlación entre la recurrencia de quemas y los ciclos de inundación.&nbsp;&nbsp;    <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3"><b>3. Impactos y riesgos de deterioro ambiental    <o:p></o:p></b><o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">El monitoreo de un conjunto de problemáticas ambientales      críticas (Ribera, 2008; 2010; 2013) relacionadas con procesos de degradación,      expoliación de recursos o planes de megaproyectos, permite concluir que la      situación ha empeorado notablemente. En ninguno de los casos bajo seguimiento      se ha observado una reducción de las afectaciones por un efectivo cumplimiento      de las normas ambientales, o una reducción de amenazas por una retracción      de megaproyectos. Numerosas regiones ecológicas y ecosistemas en el país,      enfrentan elevados riesgos por la expansión de fronteras agropecuarias y de      deterioro de la calidad ambiental derivada de la contaminación. El deterioro      de los ecosistemas, proceso lento en unos casos o acelerado en otros, ha ido      acompañado de una disminución de la disponibilidad de determinados medios      de vida de los pobladores locales, en especial recursos hídricos y proteína      proveniente de la biodiversidad.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Algunas      de las situaciones más críticas (Ribera, 2011), en términos de impactos de      degradación ambiental o de incremento de amenazas a gran escala, que se han      detectado y monitoreado en los últimos seis años, constituyen parte del objeto      de este análisis (Ribera, 2013). Se busca mostrar que existe un elevado riesgo      de que se generen sinergias negativas entre estos procesos de deterioro ambiental      por actividades humanas y los efectos del cambio climático, ya sea por eventos      extremos o por los mencionados como crónicos.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">En      el caso de la gran contaminación de Cohana y otras bahías aledañas (Lago Menor),      por afluencia de aguas residuales no tratadas, domésticas e industriales,      de la ciudad de El Alto y sus conurbaciones, la masa de aguas hiper eutrofizadas      ha seguido aumentando e invadiendo progresivamente las aguas del interior      del lago en la zona de las islas (Suriqui, Pariti). No existe tratamiento      alguno para las aguas contaminadas que bajan de El Alto, puesto que la planta      de depuración de Puchukollo no funciona desde hace muchos años. A esto se      suma las aguas industriales sin tratamiento en su mayor parte y el arrastre      de grandes volúmenes de basura. La ictiofauna y la actividad pesquera han      desaparecido del sector peri lacustre y los totorales se encuentran amenazados.      La zona se ha convertido en una gran emisora de gases de efecto invernadero.&nbsp;&nbsp;      <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">La      intensificación de las operaciones mineras en los últimos años ha convertido      a la región de la cuenca lacustre Uru Uru-Poopó en Oruro, así como los diversos      ríos afluentes, en una de las más contaminadas del país por aguas ácidas y      efluentes con gran carga de metales y metaloides pesados (plomo, cadmio, estaño,      arsénico). Similar escenario se encuentra en la extensa cuenca del Pilcomayo,      en especial en su parte alta y media. Existen reportes de severas afectaciones      a la salud y los medios de vida de las poblaciones locales. Por su parte,      en la región más seca del país, en el sudoccidente potosino al sur del Salar      de Uyuni, se encuentra el megaproyecto minero (plata, zinc y plomo) a cielo      abierto San Cristóbal, extrayendo 50.000 mt. cub/día de aguas subterráneas      para sus operaciones; el inmenso volumen expoliado proviene de acuíferos profundos      no confinados. Reportes locales indican que existe una reducción de las aguas      de vertientes, arroyos y bofedales de la zona. En el otro extremo del país,      el denominado Triángulo Foianini, al sur de Puerto Suárez, el megaproyecto      minero y siderúrgico del Mutún plantea similares riesgos en términos de la      utilización de inmensos volúmenes de agua, los cuales son mucho mayores a      los de San Cristóbal, poniendo en riesgo el equilibrio ecológico del Pantanal,      en el área protegida Otuquis y, al mismo tiempo, Sitio RAMSAR (Convención      Internacional sobre Humedales, cuya sigla se refiere al lugar donde se firmó      dicha Convención, en Irán).<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">En      cuanto a las operaciones de exploración y explotación hidrocarburífera, la      zona tradicional del Chaco es la más crítica, porque estas se han intensificado      notablemente en los últimos cinco años, generando impactos y riesgos crecientes      a regiones de alta fragilidad como la serranía de Aguaragüe o del Ingre. A      ello se suman, en diversas zonas, los impactos de los pasivos ambientales      petroleros que afectan varios ríos. La zona más amenazada es la serranía de      Aguaragüe, donde se prevén varias operaciones de exploración sísmica y de      perforación. La región del Chaco es típicamente seca, muy cálida y con tendencia      a sequías pronunciadas, en tanto que el Aguaragüe y otras serranías similares,      por su efecto orográfico, son fuentes de provisión de agua para la región.      Existen indicios de impactos ocasionados en años anteriores a los acuíferos      por operaciones petroleras relacionadas a la construcción de obras como canales,      tendidos de ductos, un túnel y caminos. Sin embargo, el mayor riesgo que se      prevé, para zonas como el Aguaragüe o el Ingre, proviene de los recientes      planes de YPFB, de incursionar en la tecnología del fracking o fractura hidráulica,      para explotar los supuestos depósitos de gas no convencional o “Shale Gas”,      por ejemplo, en el sector de campo Monos. El fracking, que ha sido calificado      como una tecnología ecocida, es como una demolición subterránea de enormes      volúmenes de rocas a gran profundidad, que pone en riesgo las venas de los      acuíferos subterráneos a gran escala, ocasionando masivas pérdidas de agua      y consecuentes carencias de flujo hacia vertientes y ríos en las zonas impactadas,      afectando la disponibilidad para los ecosistemas y la gente.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Los      megaproyectos hidroeléctrica, tanto del Brasil como de Bolivia, son los agentes      de mayor incremento del riesgo ambiental a gran escala. Las megarrepresas      del Brasil en el Madeira, San Antonio y Jirau, ya construidas, han iniciado      su funcionamiento; los reservorios se encuentran todavía en inicio de formación      y se prevé que superarán las previsiones de los estudios iniciales, en especial      porque en ambos casos, han sido autorizados aumentos de los diques y potencias      de generación. Esto incrementa los riesgos de inundaciones en la Amazonía      boliviana. Actualmente, en el norte amazónico de Bolivia (Riberalta, Guayaramerin)      ya existe una alerta sobre un descenso incompleto o parcial de las aguas de      la inundación estacional en la época seca, así como una drástica reducción      de las capturas pesqueras en los ríos del norte amazónico de Bolivia. A estos      efectos se sumarían los de la megarrepresa Cachuela Esperanza, si llega a      ser construida de acuerdo a los planes del Gobierno, y aun más, si en vez      de Cachuela Esperanza, se llega a construir la megarrepresa binacional Riberâo<a name="_ftnref3"></a><a href="#_ftn3" title=""><sup>[3]</sup></a> (de mucha más potencia), sobre      el Madeira, los escenarios futuros se tornan críticos en extremo.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Otra pesadilla ambiental proviene de los planes gubernamentales      de construir la megarrepresa de El Bala, sobre el río Beni. Este megaproyecto      ocasionaría una gran devastación en la región de mayor riqueza biológica del      país, inundando más de 250.000 hectáreas de bosques primarios en las cuencas      de los ríos Beni, Tuichi y Quiquibey, al interior de las áreas protegidas      Madidi y Pilón Lajas. Además de la inundación aguas arriba, la obra desbarataría      el milenario ciclo hidrológico e hidrobiológico aguas abajo, en la llanura.      A la pérdida masiva de biodiversidad y la expulsión de varias comunidades      indígenas de sus tierras, se sumaría el efecto del reservorio, como un&nbsp;      megaemisor de metano, aportando en mucho al calentamiento global.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">En el conglomerado de desaciertos ambientales impulsados      en los últimos años, figura el Complejo Geotérmico en Laguna Colorada, que      afectará una de las áreas protegidas de mayor relevancia del Servicio Nacional      de Áreas Protegidas (SERNAP), la Reserva de fauna Eduardo Abaroa y su Sitio      RAMSAR Laguna Colorada, tipificadas internacionalmente como joyas de la naturaleza      por su fauna altoandina y sus extraordinarios paisajes naturales. Es otro      proyecto energético, en la región semidesértica de Bolivia, y existe el riesgo      de que la perturbación de las fuentes subterráneas de aguas y vapores termales,      afecte el delicado equilibrio hidrológico del área. <o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Otra de las problemáticas ecológicas mayores    que se enfrenta en el país se refiere a la pérdida de bosques y otro tipo de    ecosistemas a gran escala. El avance incontrolado de la frontera de la soya    agroindustrial hacia el norte de Santa Cruz (Guarayos), Chiquitanía en el este    y el Chaco, tiene implicancias en la eliminación de cientos de miles de hectáreas    de bosques primarios y su biodiversidad, además del deterioro de las redes hidrográficas.    En la actualidad, la gigantesca mancha de deforestación, mayormente agroindustrial,    al este y norte de Santa Cruz, alcanza más de cuatro millones de hectáreas,    producto del avance y auge soyero de los últimos 20 años, y plantea la ocurrencia    de drásticos cambios ecológicos a una escala macrorregional. En las tierras    altas, el avance de la frontera agrícola, también a gran escala, se relaciona    con la expansión del cultivo mecanizado de quinua, especialmente en la zona    intersalar de Potosí y Oruro, situación que implica la modificación de miles    de hectáreas de pastizales y tólares andinos.<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3"><o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p align=center><font face="Garamond" size="3"> <img src="\img\revistas\rbcst\v16n34\v16n34a04_01.jpg"  width="241" height="326"><o:p></o:p></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="Garamond" size="3">Daniela Rico. Ilustración digital,    2010.<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3"><b>&nbsp;<o:p></o:p></b></font><b><font face="Garamond" size="3">4.    Sinergia negativa entre cambio climático e impactos ambientales<o:p></o:p>&nbsp;<o:p></o:p></font></b><font face="Garamond" size="3"><o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Los impactos y amenazas ambientales tienen un signo      planetario, sin embargo, afectan en mayor grado a determinadas regiones o      zonas. Desafortunadamente, en muchas situaciones ambos vectores de presión      coinciden y de dicha conjunción se desarrollarían efectos acumulativos que      básicamente implicarían sinergias. Las condiciones críticas, es decir, los      efectos negativos, tienden a&nbsp; agudizarse y amplificarse, dando lugar      a escenarios más adversos. <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">La figura es nuevamente axiomática y casi no necesitaría      ser demostrada. Una persona afectada de severa gastritis creciente, decide      comer una salsa muy picante, el resultado podría verificarse en una sala de      hospital. Si a una región que soporta inundaciones anuales fuertes y en ciertos      años eventos extremos como El Niño, sumamos una megarrepresa en el principal      río de drenaje, el nivel de riesgo se torna insoportablemente crítico. Considérese      por un lado, únicamente, el efecto del evento extremo, el cual nos muestra      lo que ocurrió los años 2007 y 2008 en la llanura beniana. Considérese el      efecto de una megarrepresa en un río mayor, como el Madeira, suponiendo que      incluso no hay inundaciones normales, de cualquier forma se observarían efectos      a medida que se va formando el reservorio (que no es inmediato, sino que tarda      varios años). Si sumamos ambos, el efecto será sinérgico (del griego <i>syn</i>,      conjuntamente, simultáneamente, y <i>ergon</i>, trabajo) y que se desglosa      como que el efecto o influencia de dos o más agentes actuando en conjunto,      es mayor al esperado que si los agentes actuaran por separado. Estamos hablando      de la interacción sinérgica negativa entre un megaproyecto y el cambio climático.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">El caso opuesto se da en regiones áridas y con manifiesto      estrés hídrico, situación que a nivel mundial se viene agravando bajo los      efectos del cambio climático. Bajo tales condiciones, un megaproyecto minero      que consume inmensos volúmenes de agua, genera un efecto sinérgico indeseablemente      alto, que no es en ningún caso figurativo, sino que efectivamente está sucediendo      en el país y en varios otros lugares del continente.<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">En los lugares secos, el agua vale “más que el oro”      (un dicho común en Sud Lípez y otras zonas áridas de las tierras altas) y      lo que la gente quiere, y los ecosistemas, es que la poca agua que existe      y cada vez es menos, esté limpia y pueda ser usada sin riesgos. Esto no sucede      en las regiones afectadas por la contaminación de las operaciones mineras      en proceso de intensificación. En un escenario donde los ríos, lagos, lagunas      o bofedales, se encuentran en franco retroceso o reducción drástica de sus      caudales por las pronunciadas sequías, cualquier evento de contaminación adquiere      mayor gravedad, debido a que se produce una mayor concentración de contaminantes      por volumen de agua, lo cual no ocurriría (a no ser que las operaciones mineras      se intensificarían aún más) si los causales fueran normalmente altos. En resumen,      en estas zonas, la poca agua que hay, está contaminada, y cada vez es peor. <o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">El incremento anómalo de las temperaturas genera    también efectos sinérgicos en regiones o zonas afectadas por grandes contaminaciones    por eutrofización, por ejemplo, producto de la acumulación de aguas residuales    urbanas. Se puede inferir el resultado sinérgico en términos de una mayor liberación    de gases de efecto invernadero como el metano. Este tampoco es un caso hipotético    y está ocurriendo a no muchos kilómetros de la ciudad de La Paz.<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3"><b>5. Análisis de casos específicos <o:p></o:p></b><o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Contaminación urbana: caso Bahía de Cohana<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">La Bahía de Cohana en el Lago Menor y zonas circundantes      (Cohana, Cumana, Pajchiri, Cascachi, Quehuaya, cuenca baja del Río Katari),      contaminadas en un nivel extremo, se han convertido en un centro megaemisor      de gases de efecto invernadero (GEI), especialmente Metano y CO2, aunque se      prevén otros gases como amoniaco, óxido nitroso, anhídrido sulfuroso, con      lo cual se constituye en un contribuyente neto al calentamiento global. Por      otra parte, en períodos de sequías meteorológicas drásticas (años con lluvias      escasa o sin lluvias y retrocesos del lago), la concentración de contaminantes      agudiza la baja calidad ambiental, aunque no se produce la dispersión de la      contaminación. Por el contrario, en la época de lluvias, los episodios pluviales      cortos, pero muy torrenciales, característicos de las anomalías en tierras      altas secas, pueden ocasionar crecidas extraordinarias de los ríos afluentes      del lago como el Katari-Pallina (que bajan desde zonas cordilleranas más altas),      los cuales a su paso por la ciudad de El Alto,&nbsp; arrastran volúmenes extraordinarios de contaminantes      a partir de una dinámica de estos súbitos pulsos aluvionales. Esto es más      crítico en años con eventos de lluvias extremas, como fue el caso de El Niño,      en 2002; una de estas grandes riadas pudo haber sido responsable del arrastre      masivo de contaminantes al Lago Menor, desde el río Seco y los rebalses de      las lagunas de oxidación de la planta de Puchukollo. <o:p></o:p></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">La elevación general de las temperaturas convierte    a la zona en un inmenso “caldo de cultivo” y trae el riesgo de la aparición    y/o proliferación de enfermedades por microorganismos patógenos bacteriales    (coliformes), virales (rotavirus, parvovirus), o parasitarios (<i>Amoeba, Cryptosporidium,    Giardia</i>). El aporte de patógenos por las aguas residuales es constante e    incluye residuos de alta peligrosidad (hospitalarios, cárnicos).<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Quemas y combustibles fósiles<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Las ciudades de Bolivia, en especial las del    denominado “eje” (La Paz-El Alto, Cochabamba y Santa Cruz), generan crecientes    niveles de contaminantes atmosféricos, producto de la quema de combustibles    fósiles (fuentes móviles) e industrias, lo cual, desde luego, es un aporte neto    de Gases GEI y al calentamiento global (aunque ínfimo en términos comparativos).    Sin embargo, en el caso de La Paz-El Alto, la proximidad de los centros emisores    de estos gases, con nevados y campos glaciales, concretamente el Illimani y    el Mururata, y que además son barreras naturales a los vientos cargados de humo    de las quemas en la época seca,&nbsp; nos permite visualizar la siguiente hipótesis.    Los flujos de aire cargados de partículas (hollines) que técnicamente han sido    denominadas “crioconitas”, podrían depositarse en las coberturas nivales, reduciendo    el albedo, e inducen la aceleración de la ablación acelerando la pérdida de    los glaciares. Esto está ocurriendo en las regiones árticas y ciertas regiones    cordilleranas del mundo (Diolaiuti y Smiraglia, 2012; Lemonick, 2013) y podría    estar sucediendo en los nevados a cuyos pies se encuentran las ciudades emisoras    de humos y gases. Es un tema que debe ser investigado. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Cuenca Uru Uru - Poopó <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">La situación de alto impacto por      la contaminación minera se concentra especialmente en la región nor-noreste      de la cuenca, donde se desarrollan la mayor parte de las operaciones mineras      y los pasivos ambientales. En esta región, todas las aguas fluviales y lacustres      presentan diversos grados de contaminación minera y urbana. La región es seca      (menos de 600 mm/a), y los efectos del cambio climático global, mayormente      visibles en la reducción del agua circulante en los ecosistemas y la reducción      de caudales, incrementan los niveles de vulnerabilidad. Como se mencionó anteriormente,      la poca agua existente está contaminada. La reducción del espejo de agua del      lago Poopó viene siendo advertida, desde hace más de dos décadas, producto      de las drásticas variaciones climáticas y de posibles manipulaciones de los      flujos de la cuenca tanto en la boca del Desaguadero, en el lago menor, como      en el Perú (Río Mauri). De esta forma, la intensificación de la minería y      de su aporte de contaminantes, hace que los caudales de ríos, como el Huanuni,      Sora Sora, Japo, Antequera y otros, presenten niveles cada vez más altos de      contaminantes, incrementándolos fácilmente por encima de los límites permitidos.      <o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">La minería, por otra parte, utiliza importantes    volúmenes de agua en sus operaciones, lo cual significa que “usa a gran escala,    la poca agua que deja el cambio climático” (Ribera, 2010).<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Pero en la región, no todo es sequía; en la    época húmeda (cada vez más variable en duración e intensidad) se producen lluvias    cortas y torrenciales que ocasionan, a su vez, eventos de masivo transporte    y sedimentación de cargas contaminantes (por ejemplo en la cuenca alta del río    Japo) hacia las llanuras aluviales perilacustres y al interior de los lagos    (Uru Uru y Poopó). Las crecidas súbitas de los ríos representan un riesgo para    zonas de actividad agropecuaria, como es el caso de&nbsp; Sora Sora, amenazada    por los desbordes&nbsp; del río Huanuni. La Cuenca Media del Huanuni tiene grandes    bancos de sedimentos contaminados, acumulados por sucesivos aluviones, que pueden    ser movilizados a partir de un eventual ciclo de lluvias torrenciales y afectar    grandes zonas agropecuarias. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Cuenca Pilcomayo<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">La cuenca Pilcomayo tiene una parte en tierras    altas, que posiblemente es la más crítica, porque en ella se concentra la mayor    actividad minera desde hace siglos. La cuenca media se ubica en pisos ecológicos    de cabeceras de valles y valles secos mesotérmicos, y recibe toda la carga de    aguas y sedimentos contaminados de la tierra alta. En especial la zona de valles    enfrenta drásticos episodios de variabilidad climática, con severas sequías,    aumento de temperaturas y lluvias torrenciales (que incluyen granizadas). La    reducción de caudales, en especial en la época seca, presenta similar vulnerabilidad    a una mayor concentración de contaminantes, como la analizada en el caso del    Poopó. La tendencia a una mayor frecuencia de lluvias cortas pero torrenciales    y que tienen una alta capacidad de arrastre, conlleva el riesgo de aportes masivos    de cargas contaminantes a lo largo de la cuenca. Estos episodios de lluvias    torrenciales, implican, además, el riesgo de ocurrencia de olas pulsantes a    lo largo de los torrentes de montaña, que son una amenaza de mayor inestabilidad    o colapso para los diques de colas. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Megaminería en San Cristóbal <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">Las operaciones de la megaminera San Cristóbal, se      ubican en la región intersalar, en la ecorregión de Puna semidesértica, con      niveles de precipitación que tienen una oscilación interanual de 200 a menos      de 50 mm/año. Toda la región tiene un balance hídrico negativo, la evaporación      y evapotranspiración es varias veces mayor al agua que ingresa vía pluvial      y la situación se agrava por los efectos del cambio climático, en forma de      sequías recurrentes y largas. La región ha sufrido en los últimos treinta      años la desaparición de los últimos glaciales y campos de hielo cordilleranos,      lo cual se ha manifestado en una reducción muy drástica de los niveles de      agua en lagunas, ríos y bofedales, y ha significado un efecto de precarización      en los medios de vida de las comunidades locales, tanto en la agricultura      como en la&nbsp; ganadería de camélidos. <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Esta      actividad minera a gran escala extrae importantes volúmenes de agua (50.000      met.cub/día) de aguas subterráneas fósiles. Estos acuíferos semi confinados,      mantienen la estabilidad de los acuíferos superficiales, que a su vez alimentan      o controlan a las aguas superficiales (vertientes, vegas, bofedales) cuya      presencia no se explicaría con solo el aporte de las lluvias, dado el balance      hídrico negativo. Si los acuíferos profundos se vacían, los acuíferos superficiales      se infiltran y ya no alimentan a las aguas superficiales. Desafortunadamente,      esto es lo que estaría sucediendo. Reportes locales mencionan una progresiva      reducción en los caudales y volúmenes de agua en la región en los últimos      cinco años. <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Un dato comparativo. Una investigación conjunta de      expertos de la Universidad de Waterloo, Canadá, y de la Universidad Progresiva      de Chile, evidenció que la Minera Los Pelambres (yacimiento cuprífero del      grupo Luksic en Los Vilos) y la mina de la transnacional británica Anglo American      frente a la región Metropolitana; y la División Andina de Codelco en la comuna      de Los Andes, destruyeron entre los años 1997 y 2006,&nbsp; más de 40 millones      de metros cúbicos de agua dulce, con la desaparición de 27 glaciares rocosos,      que fueron removidos o usados como depósitos de estériles y residuos (Ver:      http://radio.uchile.cl).<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">También se suma el riesgo de contaminación de    los cuerpos de agua por derrames de diques y ductos o canales de colas (que    ya han ocurrido en años anteriores). Las lluvias y granizadas cortas, pero torrenciales,    como expresión de la variabilidad asociada al cambio climático, incrementan    el riesgo de torrentes y avalanchas, y de la ocurrencia de ese tipo de accidentes.<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Megaminería del Mutún<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">El mayor riesgo del megaproyecto      minero siderúrgico ubicado en proximidades del pantanal boliviano de Otuquis,      radica en las proyecciones de utilización de inmensos volúmenes de agua (aproximadamente      180.000 met.cub./día, hasta 250.000 inclusive), en una región con un régimen      de transición subhúmedo a seco, y con una tendencia a una reducción de los      aportes pluviales y un aumento de la vulnerabilidad a la sequía. <o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Los elevados volúmenes de captación, pueden    ocasionar severo deterioro de la dinámica hidrológica en la región, especialmente,    reduciendo la oferta, desde ya mermada por el cambio climático. La construcción    de los terraplenes del camino y la ferrovía Puerto Busch (obras asociadas a    la minería del Mutún), o aún peor, la eventual construcción de un Canal a Puerto    Busch<a name="_ftnref4"></a><a href="#_ftn4" title=""><sup>[4]</sup></a>, pueden    ocasionar considerables alteraciones hidrológicas, pudiendo afectar los pulsos    de inundación estacional que regulan la dinámica ecológica regional. Cada cierto    número de años, la región enfrenta el riesgo de eventos extremos de pluviosidad    e inmensas inundaciones (relacionadas mayormente con la oscilación ENSO), las    cuales pueden afectar las infraestructuras construidas y ocasionar grandes pérdidas    económicas. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Operaciones petroleras en el Chaco<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Las serranías del Subandino Sur,      y en especial la extensa serranía del Aguaragüe, y otras adyacentes como las      del Ingre o Milagros, se caracterizan por ser una transición subhúmedo (bosque      tucumano-boliviano) a seco (Chaco serrano), captadoras de lluvias orográficas      en la época húmeda y con importantes zonas de recarga de acuíferos y nacimientos      de numerosos ríos. En los últimos veinte años, se ha reportado notable reducción      de aportes hídricos en la región, relacionada con el retraso del ingreso de      la estación lluviosa e incremento de la sequía estacional, con un elevado      riesgo de ocurrencia de incendios de gran magnitud. Las lluvias muestran una      tendencia a ser cortas y torrenciales ocasionando riadas y torrentes, aguas      abajo. Reportes locales mencionan que el Aguaragüe era más húmedo y lluvioso      hace unas décadas y que se ha “ido secando” lo mismo que las quebradas que      nacen en la sierra, situación atribuida&nbsp; a los efectos del cambio climático      que afecta a toda la región chaqueña. De cualquier forma, la oferta de agua      que sigue aportando, es un servicio ambiental de extraordinaria importancia      para los valles pedemontanos y la llanura. A este escenario de inestabilidad      climática, se suman múltiples operaciones de exploración y explotación en      curso o proyectadas, que por su magnitud constituyen megaproyectos energéticos.      Existen, además, cientos de pasivos ambientales producto de muchas décadas      de exploraciones y explotaciones; ríos como el de la quebrada Aguayrenda,      se encuentran fuertemente contaminados, y con escaso caudal, especialmente      en la época seca, aumentando la concentración de contaminantes. El año 2006,      Petrobras perforó un túnel que atravesó el Aguaragüe para el paso de una línea      de gasoduto, lo cual pudo ocasionar una alteración drástica en las venas de      acuíferos; meses después ocurrieron escurrimientos anómalos de agua y avalanchas      de lodo en la parte baja de la serranía.<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">La potencial utilización del fracking en el    Aguaragüe y serranías vecinas, puede ocasionar una debacle ecológica en términos    del aporte hídrico. El fracking implica cientos de perforaciones para inyectar    millones de litros de agua (con mezclas de sustancias altamente tóxicas) y producir    las fracturas a gran profundidad. Algunos defensores del fracking mencionan    que las fracturas son a mucha profundidad y no afectan los acuíferos &nbsp;superficiales,    que son los que alimentan la región, sin embargo, el solo hecho de realizar    cientos de perforaciones para ingresar a la roca profunda, ya es un elemento    de riesgo de daño a los acuíferos de superficie. A esto se sumarían los impactos    de contaminación por las aguas tóxicas de inyección y de formación, además de    gas que escapa de las perforaciones, lo cual vuelve a significar que la poca    agua que van dejando los efectos del cambio climático, estaría contaminada.<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">Megarrepresas del Madeira<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">El año 2007, se advirtió que los efectos de    reducción de la velocidad de flujo y retención de masas de agua del río Madeira    por las megarrepresas brasileras, representarían las mayores amenazas para la    Amazonía boliviana, incluso si no existiesen los efectos del cambio climático.    En la época de lluvias, el caudal del Madeira puede superar los 35.000 met.cub/seg.,    caudal que es superado en los eventos extremos relacionados a los fenómenos    Niño y Niña. En la actualidad existen indicios de retenciones anómalas de aguas    de inundación (retrasos en los descensos) después de la época de lluvias, tanto    en el Brasil, como en el territorio boliviano (por ejemplo en Guayaramerin),    lo que equivaldría a un efecto que tenderá a hacerse crónico con el tiempo.    A esto se suma el riesgo del incremento de vectores, plagas y enfermedades.    Solo cabe, en este caso, reiterar la reflexión que se hizo el año 2008; los    eventos catastróficos de 2007-2008 en la llanura de Beni-Pando, ocurrieron sin    la existencia de las megarrepresas (que aún eran proyectos), ¿Qué pasará si    ocurre dentro de unos años un evento similar, con las dos megarrepresas obstruyendo    el curso del Madeira? Adicionalmente, los reservorios de ambas megarrepresas    se constituirán en emisores netos de gases de efecto invernadero. A pesar de    ello, el Gobierno del Brasil, el año 2012, pretendió inscribir los dos polémicos    proyectos hidroeléctricos (San Antonio y Jirau) en el mercado de créditos de    carbono a través del MDL de la UE. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Megarrepresa Cachuela Esperanza<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Los efectos de esta megarrepresa en Bolivia    amplificarían aquellos de los megaproyectos brasileros, incrementando los efectos    de retención de masas de agua y aumentando el efecto de las grandes inundaciones    bajo eventos extremos. Las perturbaciones en los flujos y variaciones de caudales    de los ríos, podrían ocasionar en años, con eventos extremos, inestabilidad    y mayor divagación fluvial en el curso bajo del río Beni y en el cono aluvional    Madre de Dios-Beni, que sería una de las zonas con mayor riesgo, debido a los    golpes de inundación que llegan desde el Mamoré y el Beni. Datos preliminares    del Estudio de Evaluación de Impacto Ambiental (EEIA) en torno al megaproyecto,    indicaban que una de las poblaciones con mayor riesgo, especialmente bajo eventos    climáticos extremos, sería Riberalta, así como las comunidades campesinas ribereñas    de la región. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Megarrepresa El Bala<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">La variabilidad del cambio climático presenta    una tendencia a períodos de lluvias agigantadas en la vertiente oriental húmeda    de los Andes, especialmente relacionada a los episodios Niño-Niña. Esto es particularmente    crítico en la Cuenca de los ríos Alto Beni-Beni, Tuichi y Quiquibey, que se    caracteriza por sus bosques pluviosos en las serranías subandinas. El río Beni    tiene un elevado caudal (más de 2.000 met.cub/seg) y es el de mayor carga sedimentaria    de la cuenca del Madeira. La formación del inmenso reservorio (más de 250.000    has) sin necesidad de eventos extremos del cambio climático, ocasionaría desde    ya inundaciones catastróficas en los valles intramontanos de los ríos mencionados.    Esto afectaría zonas de muy alta biodiversidad en dos áreas protegidas y extensas    tierras comunitarias con desplazamiento forzoso de poblaciones locales. Eventos    extremos de pluviosidad, darían lugar a la amplificación de las inundaciones,    las cuales podrían, incluso, extenderse a la región de Alto Beni. El lago artificial    se constituirá en un mega emisor de gases de efecto invernadero, especialmente    de metano, convirtiéndose en un gran contribuyente al problema del calentamiento    global, además sería un inmenso criadero de mosquitos, incrementando el riesgo    de proliferación de vectores, plagas y enfermedades. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">El caso Rositas <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Existe otro caso de megaproyecto hidroeléctrico    en Santa Cruz (Río Grande-Abapó), la represa Rositas (que por sus características    llegaría a ser “mega”). Lo interesante de este caso son los razonamientos oficiales,    que interpretan esta infraestructura como favorable para contrarrestar los impactos    del cambio climático, es decir, como un instrumento de mitigación. Por ejemplo,    ante el efecto de lluvias agigantadas, tipo ENSO, y riesgo de inundaciones extremas    del río Grande, se ve favorable la construcción de la represa Rositas en el    río Grande, como controlador de caudales, manifestando además la ventaja de    poder regar 200.000 hectáreas de cultivos agroindustriales (que ponen en riesgo    el área protegida Kaa Iya del Chaco) y generar energía (400 MW). En el caso    opuesto, ante el impacto de sequías extremas, también como efecto de cambio    climático y la reducción de la oferta de agua, esta represa es vista como un    elemento mitigador de la escasez de agua. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3"><o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Geotermia Laguna Colorada <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Los efectos del cambio climático en una región    de desiertos altoandinos de elevada&nbsp; fragilidad en el sudoccidente potosino,    se vienen manifestando desde hace unos 15 o 20 años, por la pérdida de campos    de hielo y glaciares, sequías severas recurrentes, reducidas épocas de lluvia,    dando lugar a una reducción hídrica acuciante, con desecación de lagunas y degradación    de bofedales. Uno de los ecosistemas más afectados es la Laguna Colorada, en    cuya cuenca se encuentra precisamente este proyecto geotérmico. Los procesos    de perforación profunda para la extracción de vapores-líquidos geotermales,    pueden ocasionar perturbaciones a los acuíferos (aguas fósiles) que regulan    los acuíferos superficiales y, consecuentemente, las aguas superficiales, en    una región esencialmente desértica. Otro de los riesgos se refiere a la liberación    de líquidos derivados de los vapores con alta concentración de minerales (y    alta proporción de líquidos), como sales arseniacales y sulfurosas, que pueden    ocasionar procesos de concentración de contaminantes en los caudales de creciente    merma, con efectos más críticos sobre la biodiversidad y el ganado camélido.    La reinyección de estos condensados podría mitigar este impacto.<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">Soya y agroindustria<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">La proporción de desbosques ocurridos en el    este y norte de Santa Cruz en los últimos 20 años ha tenido como motor fundamental    al sector agroindustrial, y en especial al soyero, ocasionando una inmensa mancha    deforestada en el centro de Bolivia. A la remoción masiva de bosques se ha sumado    la destrucción o alteración severa de la red hidrográfica de esta región y la    pérdida masiva de fuentes de agua. La relación entre la expansión de los cultivos    de soya a escala industrial y el cambio climático es directa, al ser uno de    los principales agentes aportadores de emisiones de gases de efecto invernadero    en América Latina y Bolivia. Los efectos meso climáticos regionales, producto    del desbosque masivo, han significado una posible reducción de los aportes de    lluvia a la zona (nuevamente, sería casi un caso axiomático) y una tendencia    a mayor sequedad, a la par de un incremento generalizado de temperaturas. Esto    repercute en la proliferación de plagas, lo cual significa un uso de mayores    volúmenes de pesticidas. Por otra parte, la intensificación del cultivo de soya,    implica el uso de grandes volúmenes de agua con fines de riego, especialmente    en las campañas de invierno, situación que afecta a las comunidades y a las    poblaciones de la región. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">Caso quinua<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">En los últimos 25 años, la región intersalar    de Oruro y Potosí ha sufrido una modificación ecológica y paisajística a gran    escala. Decenas de miles de hectáreas de pastizales y matorrales (tholares),    en llanura y laderas, han sido reemplazadas por extensos cultivos de quinua    con el uso de mecanización. En la actualidad, la superficie de cultivos de quinua    supera las 70.000 hectáreas, y además existen importantes superficies de tierras    erosionadas por este modelo productivo dirigido esencialmente a la exportación.    Los procesos erosivos se han incrementado notablemente, en una región árida    y bajo el signo de la desertificación, además, bajo los impactos del cambio    climático, por reducción de lluvias, recurrencia de sequías, aumento de temperaturas    de insolación y lluvias episódicas muy fuertes, que incrementan los procesos    erosivos. Estas lluvias torrenciales ocasionan riadas que arrastran grandes    cantidades de sedimentos (huaycos, mazamorras, torrentes de barro) que en las    partes bajas entierran grandes superficies de vegas y bofedales, lo cual afecta    negativamente la cría de camélidos.<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>     <p align="center"><font face="Garamond" size="3">Mapa de sitios que presentan    sinergia entre cambio climático e impactos ambientales<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p align=center><font face="Garamond" size="3"> <img src="\img\revistas\rbcst\v16n34\v16n34a04_02.jpg"  width="310" height="430"> <o:p></o:p></font></p>        <p align="center"><font face="Garamond" size="3">Fuente: Elaboración propia.<o:p></o:p></font></p>        <p><font face="Garamond" size="3">A manera de conclusión<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Las situaciones de sinergia entre      los efectos del cambio climático y de los impactos o amenazas ambientales,      pueden analizarse desde la siguiente lógica. La magnitud del cambio climático      es tal, que seguirá avanzando y agravándose, aun si se redujeran súbitamente      a cero las emisiones que alimenta el calentamiento global. En contra de los      efectos del cambio climático propiamente, poco se puede hacer, más allá de      la prevención ante los impactos negativos y los esfuerzos de mitigación y      adaptación a los efectos crónicos, además de acciones oportunas y efectivas      de socorro en caso de eventos extremos&nbsp; (inundaciones, riadas, granizadas      o sequias). Desafortunadamente, no está en nuestras manos revertir el cambio      climático ahora y para estas generaciones. <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">Pero,      en cuanto a los impactos y amenazas derivados de las políticas desarrollistas,      que impulsan megaproyectos o incentivan procesos expoliativos, sí existen      posibilidades de acción para revertir las situaciones que, además de ocasionar      impactos a la calidad ambiental y los ecosistemas, empeoran los efectos del      cambio climático. Esto implicaría asumir el principio precautorio, y revertir      varios de los megaproyectos críticos como megarrepresas, tecnologías nocivas      como el fracking, megaproyectos mineros que expolian agua en regiones desérticas,      así como impulsar medidas de control y fiscalización efectivos y eficientes      de actividades contaminantes, o sobre procesos expoliativos (como el avance      de las fronteras agroindustriales), además de inversiones en tareas de restauración      de zonas ambientalmente degradadas. Esto, en el fondo, significa la toma de      decisiones destinadas a jerarquizar y fortalecer la gestión ambiental, muy      venida a menos en la actualidad. <o:p></o:p></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">En      este panorama que afecta los medios de vida de las comunidades que habitan      las regiones donde sinergizan problemas ambientales y efectos del cambio climático,      y se generan escenarios de mayor vulnerabilidad, consideramos de gran importancia      ampliar las acciones de investigación y monitoreo participativo sobre aspectos      claves de dichas problemáticas y así contar con mayor información de las sinergias      negativas. Sería útil, aplicando herramientas cibernéticas (en el entendido      que es el estudio interdisciplinario de la estructura de los sistemas reguladores),      realizar ejercicios de simulación y modelaje, que aporten al avance de la      gestión de riesgo en esto temas. <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">También      es importante impulsar acciones de incidencia para llegar a las autoridades      de los diversos niveles del Estado, para la toma de decisiones, por ejemplo,      sobre la necesidad de adoptar el principio precautorio y la inconveniencia      de implementar megaproyectos en regiones de alta vulnerabilidad a efectos      del cambio climático, como son los eventos extremos.      <o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3">  <hr noshade size="5" width="40%" align="left"> </font>      <p><font face="Garamond" size="3"><b>BIBLIOGRAFÍA<o:p></o:p></b><o:p></o:p></font></p>       <!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Andersen, Lykke y Mamani, Rubén      2009 <i>¿Cambio climático en Bolivia hasta 2100?: Síntesis de costos y oportunidades</i>.      La Paz: ERECC/CEPAL. 41 p.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647119&pid=S1990-7451201300020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Araujo, Heber 2012 <i>Manejando el riesgo climático en      los Andes. El caso de las comunidades aymara quechuas de Chillavi-Ayopaya</i>. La Paz: PIEB-PIA.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647120&pid=S1990-7451201300020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Ayala, Rodrigo 2012&nbsp; <i>Evaluación      de la vulnerabilidad, amenazas y riesgos asociados al cambio climático para      la planificación del desarrollo en el municipio de Yunchará.</i> La Paz: PIEB-PIA,      Prometa, Oxfam<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647121&pid=S1990-7451201300020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Baudoin, Mario <i>et al</i>. 2012 <i>Inundaciones e      incendio en el Beni. Elementos para un acercamiento integral al problema</i>.      La Paz: PIEB-PIA.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647122&pid=S1990-7451201300020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Centro de Estudios de Cambio Climático Global&nbsp;      2013 Concentración de CO2 en la atmósfera alcanza las 400 partes por millón      (ppm). ITDT. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647123&pid=S1990-7451201300020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">CIDDEBENI-LIDEMA 2013 <i>Informe de estado ambiental      departamental 2013</i>. Beni: LIDEMA.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647124&pid=S1990-7451201300020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font face="Garamond" size="3">Choque, María Eugenia 2013&nbsp; <i>El tiempo está      enfermo. Percepciones sobre el cambio climático en la región aymara de Corque      Marka.</i>     <br>     La Paz: FIDA, PRAIA.<o:p></o:p></font></p>       <!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">De Castro, Manuel&nbsp; 2013 <i>Cambio climático y      ciencia. Ensayo y discusión sobre el último informe del IPCC del 2013.</i>      España.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647127&pid=S1990-7451201300020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Diolaiuti,      Guglielmina y Smiraglia, Claudio&nbsp; 2012 “Changing Glaciers in a Changing      Climate: how Vanishing Geomorphosites have been Driving deep Changes in Mountain      Landscapes and Environments”. En:      http://geomorphologie.revues.org.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647128&pid=S1990-7451201300020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Graf, Kurt&nbsp; 1996 “El paleoclima de la América      preincaica. Interpretación palinológica”. En: <i>Ecología en Bolivia.</i>      Nº 27. La Paz: IE-UMSA.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647129&pid=S1990-7451201300020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Herzog, Sebastian; Martinez, Rodney; Jorgensen, Peter;      Tiessen, Holm (eds.)&nbsp; 2012 <i>&nbsp;Cambio climático y biodiversidad      en los Andes tropicales.</i> Washington: MacArthur Found, IAI, SCOPE. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647130&pid=S1990-7451201300020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Hoffmann, Dirk y Requena, Cecilia 2012 <i>Bolivia en      un mundo 4 grados más caliente.</i> La      Paz: IBM/PIEB. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647131&pid=S1990-7451201300020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">ICIMOD      2009 “Mountain Biodiversity and Climate Change”. Kathmandu, Nepal: International      Centre for Integrated Mountain Development. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647132&pid=S1990-7451201300020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">IPCC      2007 <i>Report 2007.</i> En: www.ipcc.ch/ipccreports.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647133&pid=S1990-7451201300020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">IPCC-WGIAR      2013 “Working Group I Contribution to the IPCC Fifth Assessment Report”. En:      <i>Climate Change 2013: The Physical Science Basis.</i> Summary for Policymakers.&nbsp;      Estocolomo: IPCC Secretariat. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647134&pid=S1990-7451201300020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Lemonick,      Michael&nbsp; 2013 “Widespread Greenland Melting”. En: www.climatecentral.org<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647135&pid=S1990-7451201300020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">LIDEMA 2010 <i>Vulnerabilidad de los medios de vida      ante el cambio climático en Bolivia.</i> La Paz: ASDI.&nbsp; 2011 <i>Manual de capacitación en      modelos integrales de intervención para la adaptación al cambio climático.</i>      La Paz: PRV-LIDEMA. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647136&pid=S1990-7451201300020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Loayza, Oscar <i>et al</i>. 2012&nbsp; <i>La importancia      de los relictos de bosque para provisión de agua para la vida.</i> La Paz:      PIEB-PIA.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647137&pid=S1990-7451201300020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Nordgren, Marcos 2011 <i>Cambios climáticos. Percepciones      y síntomas de alteraciones en el clima de cuatro regiones de Bolivia y algunas      oportunidades de resistencia al cambio climático</i>. La Paz: CIPCA. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647138&pid=S1990-7451201300020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Pedraza, Gustavo y Pachaguaya, Pedro 2013 <i>El tiempo      está enfermo. Cuando el sol calienta más. Percepciones del cambio climático      de los pueblos indígenas amazónicos de Bolivia: El Puquio - Chiquitano y San      José de Uchupiamonas.</i> La Paz: FIDA, PRAIA. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647139&pid=S1990-7451201300020000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">PNUD, UMSA e IE 2013 <i>Avances en el conocimiento.      El impacto del cambio climático en la biodiversidad</i>. La Paz: PNUD, UMSA      e IE.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647140&pid=S1990-7451201300020000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">PNUMA y CEPAL 2010 “Gráficos vitales del cambio climático      para América Latina y El Caribe”. En: http://adaptacioncambioclimatico.blogspot.com<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647141&pid=S1990-7451201300020000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Radio U-CHILE 2013 <i>Desaparición de 27 glaciares      rocosos, que fueron removidos o usados como depósitos de estériles y residuos.      </i>En: http://radio.uchile.cl/.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647142&pid=S1990-7451201300020000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Ribera, Marco Octavio&nbsp; 2008 <i>Problemas&nbsp;      socio ambientales de la minería en Bolivia.</i> Estudio de caso Nº 3. La Paz:      LIDEMA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647143&pid=S1990-7451201300020000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     2010 <i>La Bahía de Cohana. Actualización 2009-2010. </i>Estudios de Caso      sobre Problemáticas Ambientales en Bolivia. La Paz: <o:p></o:p></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Garamond" size="3">LIDEMA. 2011 <i>Primera aproximación a un inventario      de unidades ecoregionales amenazadas. Cartografía y análisis SIG</i>.     <br>     La Paz: LIDEMA. 2013 <i>Actualización de los estudios de caso sobre temas      priorizados en Bolivia 2013</i>. La Paz: LIDEMA.<o:p></o:p></font></p>       <!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Sanjinés, Gimmy y Aliaga, Javier 2011 “Amenazas ambientales      y vulnerabilidad en un contexto de variabilidad climática para Bolivia”. Documento      de Trabajo No. 04/11. La Paz: IISEC. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647147&pid=S1990-7451201300020000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Velázquez, Federico&nbsp; 2005&nbsp; <i>25 preguntas      sobre el cambio climático. Conceptos básicos del efecto invernadero y del      cambio climático.</i> Madrid: Ed. Libertarias.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647148&pid=S1990-7451201300020000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Vergara, Maria Eugenia 2013 <i>El tiempo está enfermo.      Percepciones sobre el cambio climático del pueblo quechua Athun Ayllu Amarete.</i>      La Paz: FIDA, PRAIA.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647149&pid=S1990-7451201300020000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Villagrán Carolina&nbsp; 1993 <i>Una interpretación      climática del registro palinológico del último glacial-postglacial en Sudamérica.      </i>Francia: Instituto Francés de Estudios Andinos. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647150&pid=S1990-7451201300020000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Vilches Victor 2013&nbsp; <i>IPCC, Cambio climático      y la base científica física.</i> Estocolmo: The Oil Crash. <o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647151&pid=S1990-7451201300020000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">VMRHR 2012 “Mitigación y adaptación al cambio climático      en el Plan Nacional de Cuencas.&nbsp; Apoyo Sectorial al Plan Nacional de      Cuencas”. IE, CBC, GIZ. La Paz: MMAA.<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647152&pid=S1990-7451201300020000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Garamond" size="3">Wiegant, Daniel 2010 <i>Viviendo en el margen:    Subsistencia en un clima cambiante.</i> Amst. Netherland: Universidad de Utrecht,    NL, LIDEMA, PASOS. <o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=647153&pid=S1990-7451201300020000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align=center><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">    <img src="\img\revistas\rbcst\v16n34\v16n34a04_03.jpg"  width="302" height="201"> <o:p></o:p></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="Garamond" size="3">Daniela Rico. Ilustración digital,    2010.<o:p></o:p></font><font face="Garamond" size="3">&nbsp;<o:p></o:p></font></p>       <p><font face="Garamond" size="3"><br clear=all>       <o:p></o:p></font></p>        <hr size=1 width="33%" align=left>     <p><font face="Garamond" size="2"><a name="_ftn1"></a><a href="#_ftnref1" title="">[1]</a>&nbsp; Marco Octavio Ribera, biólogo transdisciplinario con especialidad    en Conservación y Gestión de Impactos Ambientales; Coordinador de Investigación    y Monitoreo Ambiental LIDEMA; correo electrónico: marcor@lidema.org.bo. María    Renné Pinto, bióloga, especialista en Calidad Ambiental; Coordinadora del Programa    de Reducción de la Vulnerabilidad LIDEMA/ASDI; correo electrónico: maria@lidema.org.bo.    La Paz-Bolivia.<o:p></o:p></font></p>     <p><font face="Garamond" size="2"><a name="_ftn2"></a><a href="#_ftnref2" title="">[2]</a>&nbsp; Estudio de caso realizado en la Cuenca del Río Chico, municipios    de Sucre, Poroma, Tarabuco, Yamparáez y Ravelo, en     <br>   Chuquisaca, Bolivia. <o:p></o:p></font></p>     <p><font face="Garamond" size="2"><a name="_ftn3"></a><a href="#_ftnref3" title="">[3]</a>&nbsp; Esta megarrepresa generaría más de 3.000 MW de potencia,    mientras que Cachuela Esperanza no llega a 1.000 MW.<o:p></o:p></font></p>     <p><font face="Garamond" size="2"><a name="_ftn4"></a><a href="#_ftnref4" title="">[4]</a>&nbsp; Al momento esta mega obra de tipo hidrovía está descartada.<o:p></o:p><o:p></o:p><o:p></o:p></font><font size="2"><o:p></o:p></font><o:p></o:p></p>       ]]></body><back>
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