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</front><body><![CDATA[ <div class=Section1>        <p class=MsoNormal align=center><b><span lang=ES-TRAD><font face="Verdana" size="3">Prada, Ana Rebeca</font></span></b></p>       <p class=MsoNormal align=center><font face="Verdana" size="3"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;2011</span></font></p>       <p class=MsoNormal align=center><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;</span><i><span lang=ES-TRAD><b><font size="4">Salto de eje. Escritos sobre mujeres y literatura</font></b></span></i></font></p>       <p class=MsoNormal align=center><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>La Paz: Carrera de Literatura, UMSA. 254 pp. </span></font></p>       <p class=MsoNormal align=center><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>ISBN 978-99905-53-55-0</span></font></p>       <p class=MsoNormal align=center><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;</span><b><span lang=ES-TRAD><font size="3">Montserrat Fernández </font></span></b></font><font face="Verdana" size="3"><b><span lang=ES-TRAD>Murillo</span></b></font><font face="Verdana" size="2"><b><span lang=ES-TRAD><a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title=""><span class=MsoFootnoteReference>6</span></a></span></b></font></p>       <p class=MsoNormal>   <font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>    <hr align="center" noshade size="4">   </span></font><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Se dice, en la tradición hebrea, que Eva no fue la primera mujer    de Adán, sino que antes apareció Lilith. Lilith fue creada del mismo barro con    el que se creó a Adán, mas al “polvo puro” se mezcló “inmundicia y sedimento”.    Al parecer, fue concebida, pensada, creada como el par o el semejante del hombre,    mas azarosamente se mezcló con lo indeseable. Dicha mezcla suscitó el caos:    “Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse    con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía    era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de ti? -preguntaba-.    Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title=""><span class=MsoFootnoteReference>7</span></a>.    Ante el forzamiento de Adán, Lilith invoca a Dios, se eleva por los aires y    desaparece.</span></font> <font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD> </span></font>       <p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Lilith se      aleja, destierra, exiliay, aunque Adán reclama su regreso y los ángeles la      van a buscar al Mar Rojo (lugar de los lascivos demonios), nunca regresa.      Al parecer, Lilith no se conformó con el orden establecido. No quería estar      cubierta, quería <i>mostrarse</i>, quería <i>montarse </i>a aquello que la      cubría. No pudo físicamente y desapareció, hizo de su cuerpo su pensamiento.      Oponiéndose a Eva, Lilith es la que nunca fue contenida y, por tanto, es la      in-culpada. Es, pues, la inocencia. Lilith jamás nombró su exilio como condena,      simplemente quería <i>montar/mostrarse </i>a Adán, este querer se mostró más      puro que comer una manzana. </span></font><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;</span></font></p>       <p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Recordándome a Lilith, Ana Rebeca Prada presenta en su libro de lectura      y crítica, <i>Salto de eje. Escritos sobre mujeres y literatura </i>(2011),      imágenes lúcidas de mujeres que contienen y evidencian un polvo no tan puro,      mujeres <i>montadas</i>, desa-parecidas y exiliadas. Al mismo tiempo, presenta      -casi como deshaciendo un hueso entre las manos, casi como haciendo polvo      no tan puro- reflexiones literarias sobre lo oscuro, pues evoca la violencia      in-pensada, in-nombrada, placentera. </span></font><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;</span></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Prada, recordando a Lilith y no simplemente porquedesordena el      proceso de <i>algo</i>, sino porque pretende una absoluta inocencia, comienza      leyendo el canibalismo de María Virginia Estenssoro. Con esta lectura se      establece un punto ígneo que será tratado a lo largo del libro: la herida.      La misma no solo causa extrañamiento, extranjería, exilio, sino aprovecha      su “abnegada” condición para suscitar aperturas literarias que necesitan abrirse      más y más. </span></font></p>       <p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Comenzando con Esten-ssoro, Prada emprende una reflexión sobre la      imagen de la mujer y su rol en la ficción y abre un espacio de diálogo con      el mal, veta que desde lo académico ha decidido explorar-explotar. Encuentra      entonces imágenes de Lilith, en el sentido de que las mujeres leídas contienen      dos fuerzas, el orden y el caos. Aparece inmediatamente Rosa, protagonista      del cuento “Vocación de reina” de Estenssoro, como el ejemplo femenino: bella,      educada, inteligente, mas también distante, enclaustrada, burlona. Tal adjetivación      da como resultado, aunque sea difícil de creer, el canibalismo. Ahí es donde      Prada invoca al mal, pues la función devoradora de Rosa radica en las formas      apacibles femíneas, en esos modos nada ruidosos, nada alborotados, nada visiblemente      violentos para amar. Eduardo ama a Rosa y ella lo engulle silenciosamente      con su indiferencia, su encierro y su desaparición. Y aunque Eduardo muera      de amor, la tranquilidad, la firmeza, la integridad de Rosa nunca se desvanecerán.      Y aunque Eduardo reclame su presencia y los ángeles la vayan a buscar, Rosa      nunca aparecerá. He ahí, la herida, abertura donde confluyen orden y caos.      </span></font></p>       <p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"></font><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Después, y como hurgando la herida, Prada lee el oscuro potencial      de la mujer en <i>Cerco de penumbras </i>de Oscar Cerruto. Las personajes      se presentan misteriosas y extranjeras. Las unas contienen “algún algo” que      las excede, que las hace excitantes, seductoras; las otras comprimen un vacío,      que las hace solitarias, inaccesibles, hasta para sí mismas. Todas toman la      posición de lo otro en la narración, de lo in-nombrable, lo in-pensado, todas      deciden quedarse en el Mar Rojo con los lascivos demonios y no volver al Edén,      bajo el cobijo de Adán, sin decir porqué. </span></font><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;</span></font></p>       <p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Sigue la lectura de la narrativa de Yolanda Bedregal que abre un      arco que va desde la inocencia hasta la violencia más arriesgada. En dicho      recorrido no queda más que (con)fundirse en una apacible (con)fusión de voces;      un compendio que ya no tiene forma (cuerpo) ni discurso (voz única). Solo      queda pensar esporádicamente en la condición ambigua de la mujer, libre y      hogareña. Entonces, se construyen imágenes blasfemas: mujeres leyendo los      (des)encantos del pasado; mujeres hablando de recintos no-hogareños; más aún,      mujeres irónicas hablando sobre sus condiciones y posiciones. En fin, mujeres      <i>montándose </i>a aquello que las cubre. Bedregal reúne y destruye las virtudes      femeninas que caracterizaron no solo una época, sino una visión existencial.      </span></font></p>       <p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"></font><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>La      imagen de la mujer termina con la visión que tienen de ella Vallejo, Icaza      y Cerruto, que rescata las virtudes corporales de la chola y las expone y      las explota. Frente al ocultamiento del cuerpo femíneo, a su retraimiento,      la chola ha destacado intrincadas relaciones entre el caos y la maldad. Acaso      deseando no tener tanta belleza, ni tan grandioso poder, la imagen de la chola      contiene el desequilibrio, su presentación tiene por fuerza una tendencia      al exceso, para levantar pesadas tradiciones y romper enormes tendencias.      La energía de la chola, entonces, supera objetivos previstos. </span></font><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;</span></font></p>       <p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Cuatro son los ensayos restantes que ya no toman como eje central      la imagen de la mujer, sino formaciones literarias violentas. Así, se lee      el duelo como una necesidad de la literatura postdictatorial, donde el cuerpo      del desaparecido adquiere voz y hace visible “la nada” de su ausencia no instituida.      Prada entra también a reflexionar sobre el uso del lenguaje, con el objetivo      directo de destacar “el mal” en la literatura; es decir, esos nudos violentos      que nos atraen y repelen y hacen quebrar el sistema nervioso y crítico. Luego,      Prada salta inmediatamente, invocando a Kristeva, a la extranjería para explicar      la formación de la nación y sus utopías. Para finalizar, lee el lugar de tránsito,      el entre lugar del arte; es decir, el cruce del arte con la artesanía, del      arte con la cultura. </span></font><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;</span></font></p>       <p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Lilith      es pues el recuerdo innato de esta lectura, porque las mismas (la lectura      y Lilith) se diferencian de Eva por su temeridad: rompen los ejes y se deleitan      en el caos; por eso buscan otras posiciones. Aunque no pueden <i>mostrarse      </i>libremente, pues saben el resultado de su exposición, se alejan de las      contenciones por instinto; <i>reservadamente </i>dicen su posición. Esta      lectura, imitando la temeridad de Prada y Lilith, no puede dejar de no sentirse      culpable y por tanto de ser “malvada”.</span></font></p>       <p class=MsoNormal><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;</span></font></p>       <p class=MsoNormal align=center><font face="Verdana" size="2"><span><img width=466 height=468 id="Imagen 1" src="/img/revistas/rbcst/v15n31/v15n31a15_01.jpg" alt=foto27></span></font></p>       <p class=MsoNormal align="center"><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>&nbsp;</span></font><font face="Verdana" size="2"><span lang=ES-TRAD>Rosario      Ostria. <i>Camino al otoño</i>. Acrílico sobre tela, 2012.</span></font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p class=MsoNormal>&nbsp;</p> </div>     <div> <hr align=left size=1 width="33%">       <div id=ftn1>          <p class=MsoFootnoteText><font face="Verdana" size="2"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title=""><span class=MsoFootnoteReference><span lang=ES-TRAD>6</span></span></a><span lang=ES-TRAD> <span>Literata y maestrante de Literatura Latinoamericana de la        Universidad Mayor de San Andrés. Es docente de la Carrera de </span><span>Literatura de la misma universidad. Correo electrónico:        umahallu@gmail.com. La Paz-Bolivia.</span></span></font></p>   </div>       <div id=ftn2>          <p class=MsoFootnoteText><font face="Verdana" size="2"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title=""><span class=MsoFootnoteReference><span lang=ES-TRAD>7</span></span></a><span lang=ES-TRAD>  <span>Graves, Robert y Patai, Raphael (1969). </span><i><span>Los mitos hebreos</span></i><span>.        Buenos Aires: Losada, 43 p.</span></span></font></p>  </div>  </div>       ]]></body>
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