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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La etnografía:: un recurso metodológico para el estudio de la violencia escolar]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In Bolivia, verylittleresearch has been done on inter-peer violence in schools. In thisarticle, theauthor of one of themostrecentstudies of thisissue shares informationabouttheprocess and thedifficultiesinvolved in the use of observationtechniques and toolstounravel and describe the particular characteristics of thephenomenon.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Helvetica" size="2"><b><font size="4">La etnografía:    un recurso metodológico    <br>   para el estudio de la violencia escolar<a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title="">[1]</a></font></b></font></p>     <p align="center"><font size="4"><b><font face="Helvetica">Ethnography: a methodologicalresource    <br>   forthestudy of violence in schools</font></b></font></p>     <p align="center"><font face="Helvetica" size="2"><b><font size="3">Juan YhonnyMollericona</font></b><a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title="">[2]</a></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><i>T’inkazos</i>, número 29, 2011,  pp. 123-136,    ISSN 1990-7451</font></p>     <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">Fecha de recepción: marzo de    2011</font>    <br>     <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">Fecha de aprobación: abril de    2011</font>    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="Helvetica" size="2">Versión final: mayo de 2011</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En Bolivia se ha realizado muy pocas investigaciones    sobre la violencia entre pares al interior de las escuelas. En este artículo,    el autor de uno de los más recientes estudios del tema, comparte información    sobre el proceso y las dificultades que conlleva el uso y manejo de técnicas    e instrumentos de observación con el propósito de desentrañar y representar    las particularidades del fenómeno.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Palabras clave:acoso escolar / violencia    escolar / escuela / conflictividad escolar / abuso de menores / maltrato escolar    / discriminación</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">In Bolivia, verylittleresearch has been done    on inter-peer violence in schools. In thisarticle, theauthor of one of themostrecentstudies    of thisissue shares informationabouttheprocess and thedifficultiesinvolved in    the use of observationtechniques and toolstounravel and describe the particular    characteristics of thephenomenon.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Keywords:harassment in schools / violence    in schools / school / conflict in schools / child abuse / abuse in schools /    discrimination </b></font><font face="Helvetica" size="2">&nbsp; </font></p> <font face="Helvetica" size="2"> <hr size="4" noshade align="center"> </font>      <p><font face="Helvetica" size="2"><b>El fenómeno de la </b></font><b><font face="Helvetica" size="2">violencia    escolar</font></b></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Entre las características complejas con las    que uno se encuentra cotidianamente en la escuela<a href="#_ftn3" name="_ftnref3" title="">[3]</a>    destaca la violencia que se manifiesta entre pares. La violencia cotidiana no    significa necesariamente que esta se viva de manera extrema mediante peleas,    agresiones y enfrentamientos entre los propios escolares, pero lo que nos llama    la atención es la manifestación de formas sutiles de violencia incorporadas    a la vida social de los escolares.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Este tipo de violencia escolar pasa inadvertida    en el mundo de los adultos o, en su caso, es minimizada como “cosa de niños    y/o jóvenes”. Además, a esta situación se suma el silencio establecido entre    los protagonistas (agresores, testigos y víctimas), por lo que los hechos de    acoso o violencia no son comunicados a sus profesores ni a sus padres. De esta    manera, la problemática se mantiene “silenciosa” e “invisible”.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En ese escenario, para muchos escolares el    hecho de ir al colegio se ha convertido en una situación traumática porque se    es víctima de abusos por parte de compañeros del aula y/o de la escuela. La    escuela como comunidad “segura e igualitaria” no existe, sino por el contrario,    es un espacio más de “sobrevivencia”. En esa medida, para algunos estudiantes,    el ingreso, el recreo y la salida representan una situación peligrosa, por lo    que deben movilizarse estratégicamente para evitar la presencia amenazante de    los agresores. Allá, las relaciones entre escolares no son horizontales ni armónicas    dado que, en su dinámica cotidiana, de hecho existen relaciones conflictivas.    Esta violencia interpersonal en algunas ocasiones alcanza niveles de gravedad.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La violencia no es un acontecimiento aleatorio    o circunstancial: en muchos casos, se expresa abiertamente y adquiere formas    visibles (empujar, patear, agredir con objetos, pelear, golpear, escupir y colocar    zancadillas) e invisibles (ignorar, aislar, gestos obscenos, marginar de las    actividades). En primer lugar, para ejercer violencia, no es necesario que exista    un conflicto previo entre las partes; incluso, puede ser una violencia con un    objetivo lúdico, con la que únicamente pretenden divertirse los escolares. En    segundo lugar, suele ser unidireccional y conllevar una correlación desequilibrada    entre las partes: la fuerza entre el agresor y la víctima es desigual (Gómez    <i>et al.</i>, 2005). En algunas ocasiones, suele ser persistente cuando un    escolar o un grupo de escolares agreden sistemáticamente a otro escolar. Esta    manifestación de violencia es conocida como el fenómeno de <i>bullying<a href="#_ftn4" name="_ftnref4" title=""><b>[4]</b></a></i> o acoso escolar, y se    caracteriza por: i) la existencia de un desequilibrio de poder entre la víctima    y el agresor; ii) la frecuencia y duración de una situación de maltrato y iii)    la pretensión de causar un daño (Flores, 2009; Valadez, 2008; Gómez <i>et al.</i>,    2005).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">En nuestro medio, los trabajos sobre esta temática    son muy escasos pero dos investigaciones permiten dimensionar la problemática    existente. Los estudios realizados por Flores (2009) y Guaygua y Castillo (2010)    plantean la problemática en términos cuantitativos<a href="#_ftn5" name="_ftnref5" title="">[5]</a>.    Desde esa perspectiva “describen” el comportamiento del fenómeno en términos    de frecuencias y porcentajes. A partir de las correlaciones numéricas, se realiza    una serie de caracterizaciones sobre el fenómeno de la violencia escolar (agresor/es    y víctima/s) al interior de la escuela. Son datos que se abstraen de los sentimientos    vividos por las víctimas encuestadas sobre el trato del que son objeto (agresión    verbal, agresión física y agresión social o simbólica); pero, en el fondo, estos    estudios siguen siendo análisis incompletos de la situación. Pese a ello, son    importantes en su aporte a la visibilización del fenómeno en nuestro medio.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La violencia estudiantil es un problema porque    no sólo ocasiona daños materiales y psicológicos, sino también porque su accionar    se vuelve un hecho social que se vive cotidianamente entre los propios escolares.    En ese marco, surgen interrogantes dirigidas a describir y caracterizar el fenómeno:    ¿Cómo se genera la violencia/agresión entre pares? ¿Cuáles son los momentos    y espacios en los que se generan? ¿Qué connotaciones adquiere la violencia en    la relación interpersonal de los escolares? Por consiguiente, optamos por realizar    un estudio eminentementecualitativo contécnicas e instrumentos cualitativos    (entrevistas semi-estructuradas) para la recolección de información; así mismo,    establecimos la aplicación de la observación no participante o etnografía directa    con el propósito de desentrañar y representar las particularidades del fenómeno.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Ahora bien, la violencia escolar es un fenómeno    que se presenta en todos los escenarios donde confluyen escolares, ya sea en    escuelas privadas o públicas, sean grandes o pequeñas así como urbanas y/o rurales.    Por tanto, se trata de un fenómeno complejo en su manifestación y desde luego    en su investigación. Por ejemplo, el acoso social (ligado a la exclusión social,    étnica, económica y de género) está presente en las escuelas y por ende es una    forma de violencia muy sutil y difícil de establecer en una entrevista individual    o grupal focal, pero puede ser aprehendida por la etnografía. Otro ejemplo se    refiere a algunos ritos de los escolares, marcados por agresiones simbólicas    como gestos obscenos, con intenciones discriminatorias o de carácter sexual    (acoso).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Por ello, y con el propósito de profundizar    el análisis, la investigación se centró en dos escuelas ubicadas en las ciudades    de La Paz y El Alto. Los criterios de selección de los centros educativos tomaron    en cuenta los ámbitos de centro-periferia y las particularidades que representan    cada uno de ellos; además se trata de escuelas pertenecientes al sistema público-estatal.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>El trabajo de campo y la recolección de    datos</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El trabajo de campo es un proceso en el que    el investigador va accediendo a la información fundamental para el estudio (Rodríguez    <i>et al.</i>, 1996), supone una consecución de tareas que se inicia desde el    primer día en el que el investigador se encuentra en el espacio de estudio.    En este caso, el periodo del trabajo de campo se extendió a lo largo de cuatro    meses de labor discontinua; durante ese tiempo se presentaron algunas dificultades    en la recopilación de la información primaria como problemas de carácter institucional<a href="#_ftn6" name="_ftnref6" title="">[6]</a>.    En ese sentido, el acceso al campo se volvió un asunto de “concesión o negociación”    del permiso para ingresar a las escuelas. Es una dificultad inherente a la investigación    en instituciones educativas, tal como lo resaltan Talavera (1999) y Rodríguez    <i>et al.</i> (1996).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La adaptación es una de las tareas que el investigador    debe sobrellevar de manera invariable; para ello, debe establecer una serie    de estrategias formales<a href="#_ftn7" name="_ftnref7" title="">[7]</a> e informales, como hacerse pasar por personal    temporal<a href="#_ftn8" name="_ftnref8" title="">[8]</a>. Estos factores permiten reducir la susceptibilidad    de los escolares. Efectivamente, es común que ronde la pregunta imperativa de    los sujetos de estudio frente al observador, que aparenta ser una figura intrusa:    ¿quién es?, ¿qué está haciendo en la escuela? Esta desconfianza o ambiente de    sospecha entre los observados y el observador hace que, en ciertos momentos,    se cambien los roles al ser observado el observador<a href="#_ftn9" name="_ftnref9" title="">[9]</a>. Eso llevó a ser muy prudentes en los momentos y espacios de    observación o registro.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El enfoque exploratorio y extensivo del estudio    suponía la necesidad de visitar las escuelas a diario. La permanencia cotidiana    en las escuelas fue un proceso paulatino de acercamiento e interiorización,    principalmente para conocer la cotidianidad escolar, sus actores y las actividades    habituales de los escolares, entre otros. Aquello ayudó a difuminar la imagen    “extraña” del investigador: inicialmente percibido como una presencia inquietante,    poco a poco fue visto como una presencia inofensiva e, incluso, pasó desapercibida    en algunas situaciones. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La convivencia periódica del investigador con    los sujetos de estudio (con edades comprendidas entre los 11 y 17 años) hizo    que se rompiera la barrera generacional. En ese contexto y dentro de la escuela,    compartir tiempos y espacios de manera indirecta tuvo resultados: de ser un    testigo invisible, el investigador pasó a desarrollar interacciones con algunos    escolares quienes, a su vez, se convirtieron en informantes e incluso en “cómplices”    de la investigación. En primera instancia, ellos contextualizaban los hechos    y sucesos de violencia / agresión / maltrato entre pares; en segunda instancia,    ayudaron a identificar a los agresores y a las víctimas. Asimismo, en ese proceso,    se construyó una relación próxima con los porteros y, en particular, con los    regentes<a href="#_ftn10" name="_ftnref10" title="">[10]</a>, que reconstruyeron    situaciones y casos de indisciplina, vandalismo y violencia ocurridos en la    escuela. En algunos casos, esas historias fueron narradas como anécdotas entretenidas.    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Una vez iniciado el trabajo de campo al interior    de las escuelas, los hechos de violencia entre pares no se visibilizan abiertamente    o directamente a los ojos del investigador, por el hecho de que éste se guía    a partir de la referencia teórica (categorías, conceptos) para divisar y aprehender    los conceptos operativos. De esto deriva que el investigador se enfoca en categorías    abstractas y no así en los conceptos operativos. Como dice Spedding (2006),    los marcos teóricos muy elaborados no siempre definen precisamente los conceptos    a aplicar en el trabajo de campo, por lo que no queda claro cómo empezar y qué    recoger en el trabajo de campo. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">El estudio comenzó definiendo el concepto de    ‘acoso escolar’ o violencia entre pares, que abarca formas de intimidar, atemorizar,    excluir, fastidiar, incomodar, provocar, desafiar, golpear o insultar. Esta    definición ha orientado el camino que se siguió para develar la violencia escolar    a través de las técnicas e instrumentos cualitativos. Se comenzó con algunas    entrevistas semi-estructuradas dirigidas al personal de la escuela (directores,    profesores y posteriormente a regentes), técnica fundamental para discernir    la comprensión sobre la noción de acoso o violencia escolar. En algunos casos,    las entrevistas fueron improductivas. El investigador trató de comprender a    los sujetos de estudio dentro del marco teórico. Sin embargo, el bagaje teórico    nos distanció de la realidad y su aplicación metodológica. Para Guber (2004),    la teoría distancia al investigador del objeto empírico. Por tanto, las teorías    y las investigaciones disponibles son un arma de doble filo: pueden orientar    acertadamente o pueden llevar a la confusión de lo que investigamos con aquello    que ya se investigó, pero en una realidad diferente.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Las conversaciones casuales con los escolares    han permitido abordar el tema desde narraciones de sus propias historias<a href="#_ftn11" name="_ftnref11" title="">[11]</a>. Para Velásquez (2005), la escuela    es un ámbito de interacciones, por tanto en ese escenario, se presentan relaciones    de <i>complementariedad</i> (amistades y noviazgo), <i>concurrentes</i> (competencia,    rivalidad y envidia) y <i>antagónicas</i> (intimidación y/o hostigamiento).    A partir de estos ámbitos, sobresalían distintas narraciones de experiencias    sobre situaciones de violencia entre pares<i>.</i> Las narrativas sintetizaban    los sentimientos así como las acciones que tomaban frente a la agresión por    lo que los relatos se convirtieron en una experiencia profunda sobre el fenómeno    de violencia en las escuelas.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En la aplicación de estas técnicas, encontramos    dos tipos de limitaciones: en primer lugar, la dificultad de entender básicamente    el problema del <i>bullying</i> por el personal de la escuela donde la violencia    resalta siempre como algo exógeno a la cultura escolar, desde la perspectiva    institucional. En ese sentido, ha sido silenciada por los educadores y autoridades    para evitar críticas a la funcionalidad de la escuela como un ámbito fundamental    de educación. En segundo lugar, el poco tiempo disponible de los profesores    para ser entrevistados: esto solo podía hacerse en sus tiempos libres o en el    recreo, es decir en momentos demasiado breves<a href="#_ftn12" name="_ftnref12" title="">[12]</a>.    Además, las entrevistas informales a los escolares eran más complicadas, ya    que las conversaciones o cualquier tipo de interacción entre escolares (niños/adolescentes)    y el investigador dependían de la autorización de los adultos (Director de la    escuela, Junta Escolar y padres de familia) pues al tratarse de “grupos protegidos”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13" title="">[13]</a>,    no se podía realizar entrevistas de manera abierta, porque la escuela es un    ámbito cerrado. Esto limitó la recolección de los datos.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En ese escenario, se optó por el uso de la    observación no participante, particularmente en torno a las acciones cotidianas    de los escolares: dentro de la escuela, se genera un sinfín de acciones, comportamientos    y comunicaciones que deben ser sistematizados como información para luego estructurarse    en datos. Para ello, se elaboró una guía de observación a través de la cual    se exploró una serie de indicadores (características de las relaciones interpersonales,    finalidad del ejercicio de la violencia, actores de la violencia, momentos y    espacios de la violencia, contenidos de discurso, entre otros) y se efectuó    un mapeo de los espacios de violencia al interior de la escuela, es decir un    seguimiento visual de las situaciones de acoso y violencia escolar. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Por ende, los registros etnográficos se realizaron    por espacios cortos; a su vez, fueron permanentes, estableciéndose secuencias    y frecuencias particularmente en los periodos de descanso estudiantil que se    han constituido en el “laboratorio” de la investigación. En ese escenario, la    observación no participante se realizó en tres momentos diferentes: el ingreso    al establecimiento escolar, el recreo y la salida. De esta manera, se pudo llevar    a cabo un trabajo de campo con una presencia sistemática y una prolongada permanencia    con el grupo social estudiado, con un modo de observación más preciso y restringido,    dedicado al registro de información y datos.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Los recreos y los juegos han sido un terreno    fundamental para desarrollar la observación; han sido momentos en los que el    observador accedió a las estructuras del significado de la violencia mediante    descripciones densas de los hechos. En la escuela se desencadenan conflictos    sin aparente motivación o finalidad; las estructuras formales de intervención    poco o nada pueden hacer, pues las formas de transgresión no solo avasallan    las posibilidades del control de los profesores por su cantidad y recurrencia;    además, se dan en los espacios como los baños y lugares que están fuera de control<a href="#_ftn14" name="_ftnref14" title="">[14]</a>.    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La observación es un modo original de conocimiento    que permite descubrir las particulares de una sociedad o cultura. Para la sociología,    la observación es parte inherente a las metodologías propias de la investigación    cualitativa. Es cierto que su uso ha sido ampliamente difundido por la antropología,    pero la sociología la emplea también para realizar estudios específicos. En    antropología, se recurre a la observación para ver diferencias entre culturas    antiguas y modernas o entre diferentes pueblos y principalmente sus pautas culturales;    para la sociología, en cambio, contribuye a estudiar las pautas de interacción    entre miembros de un grupo (los símbolos y signos que construyen grupalmente)    y que les dan un sentido de pertenencia (conductas, gestos, lenguajes, etc.).    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En sociología, las técnicas e instrumentos    de recolección tradicionales son las encuestas, entrevistas y las historias    de vida, por lo tanto, son más aceptadas y son reconocidas como válidas y objetivas.    En cambio, la observación no participante o etnografía directa es una opción    de reciente uso en el ámbito de estudio sociológico. No obstante, muchas temáticas    no solo pueden ser investigadas o aprehendidas desde las técnicas tradicionales.    Por ejemplo, la enseñanza-aprendizaje en la escuela, el manejo y ocupación del    espacio por estudiantes/jóvenes, la construcción de la masculinidad de los adolescentes    son tópicos eminentemente cualitativos, por tanto, deben ser estudiados desde    la etnografía ya que implican una diversidad de ritualidades en su desenlace    que pueden ser captadas mediante la observación. </font></p>     <p align="center"><font face="Helvetica" size="2"><img width=217 height=414 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a08_01.jpg">&nbsp;</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Etapas de la investigación etnográfica </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">La observación no participante como recurso    metodológico requiere por supuesto de mayor tiempo debido a la complejidad de    los acontecimientos, más aún en la escuela, pues se trata de un escenario eminentemente    dinámico. Por tanto, la observación es una de las técnicas utilizadas, sea de    manera espontánea o de manera deliberada, con el propósito de conocer una realidad    específica. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En primera instancia, el estudio utilizó la    observación espontánea a partir de una “observación naturalista” (observación    sin control de variables o indicadores). En segunda instancia, se realizaron    “observaciones estructuradas”, es decir observaciones delimitadas primordialmente    por los “campos de observación” (relaciones interpersonales, grupales y en particular    los inter-juegos entre escolares). En consecuencia su utilidad ha sido fundamental    para caracterizar los escenarios de violencia entre pares dentro y fuera de    la escuela. En ese marco, el objeto de la observación es hallar un significado    sociológico en los datos recogidos (Peretz, 2000).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Veamos ahora algunas limitaciones. Primero,    observar los acontecimientos con naturalidad se torna muy difícil por la “intromisión”    o brecha generacional que produce el observador en los sujetos de estudio. En    algunos casos, solo se entorpece el desenlace natural de los hechos. El reto    de la observación en contextos escolares consiste precisamente en socavar la    estructura relacional de poder y autoridad que se establece en base a la edad    desde una perspectiva adulto-céntrica; pero, es muy difícil establecer una dinámica    relacional lo más cercana posible a la amistad entre iguales. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Segundo, enfocarse en una situación específica    de observación también se vuelve complicado, ya que en la escuela se generan    múltiples interacciones entre la multitud escolar, en las que están presenten    las agresiones, disputas y rivalidades, todas estas enmarcadas en niveles de    violencia. En esa medida es dificultoso poder enfocar una situación específica    y, desde luego, existe el riesgo de perder el “dato” en su aprehensión. Por    ende, la observación no es simplemente un sistema cuantitativo que se limita    a los “datos” visibles, es capaz de captar los propósitos de los individuos    en el curso de sus actos sociales (Peretz, 2000). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Así mismo, la observación en las escuelas se    desarrolló por periodos cortos, pero continuos. En ese escenario, el observador    no participante se convierte en una unidad actuante, dado que la escuela es    un ámbito cerrado, en el que es difícil escapar a las miradas de los sujetos    de estudio. Ante esta situación se optó por instalar espacios estratégicos de    observación. Según Woods (1986), el investigador es teóricamente ajeno a estos    procesos; por lo tanto, tiene que adoptar las técnicas de la “mosca de la pared”    (observar sin intervenir) para observar las cosas tal como suceden, evitando    en lo posible interferir con su presencia. Además, según el mismo autor, los    requisitos para la observación son poseer un ojo avizor, un oído fino y una    buena memoria. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Generalmente se eligió espacios que no llamaban    la atención: por ejemplo, era común sentarse en las graderías de la cancha,    comiendo algo o simplemente fingiendo escuchar música, o bien ubicándose en    el primer piso del colegio<a href="#_ftn15" name="_ftnref15" title="">[15]</a>.    Esa postura generaba dos situaciones: por un lado, pasar por una figura pasiva    y, por otro lado, lograr estar lo más cerca posible de los sujetos de estudio.    Así era posible ver y oír directamente las interacciones de los escolares. En    esa medida, se buscaba minimizar el nivel de interferencia con las actividades    lúdicas de los escolares. Otros lugares neutrales eran la esquina del patio,    los pasillos o los baños. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Una vez ingresado al ámbito de estudio, el    investigador/observador debe transformar la compleja experiencia del trabajo    de campo en notas que, a su vez, se convierten en datos. Por tanto, se precisa    memorizar los elementos centrales de los sucesos (lenguaje o códigos utilizados,    expresiones, actos, gestos, etc.) para ordenarlos secuencial y temporalmente.    Para ello, se recurrió al cuaderno de campo donde se registraron detalladamente    los sucesos como crónicas. Este trabajo se llevaba a cabo fuera de los centros    escolares pues en la etapa de recopilación de información, dentro de la escuela,    no se podía registrar ningún dato de manera escrita debido a la susceptibilidad    y el temor de los involucrados. En los cuadernos, los segmentos etnográficos    no expresaron siempre la riqueza de lo que se perseguía inicialmente, porque    a veces los sucesos eran muy cortos o bien fueron interrumpidos. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Nuestra investigación estableció tres formas    consecuentes para la elaboración del dato: i) registro temático; ii) registro    cronológico y iii) elaboración de historias. El registro temático ha sido una    de las etapas de delimitación de los campos de observación; a partir del mismo,    se privilegió tópicos específicos (actividades lúdicas) entre los escolares    (interpersonales, grupales e intragrupales). Así mismo, los registros cronológicos    comprendían una organización y una lógica en la descripción en las narraciones    resaltadas en la notas de campo, como: ¿Cómo sucedió el hecho? ¿En qué lugar    se dio el hecho? ¿Quiénes eran los protagonistas? Y, desde luego, el desenlace    del suceso. </font></p>     <p align="center"><font face="Helvetica" size="2"><img width=495 height=394 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a08_02.jpg">&nbsp;</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Las notas de campo se caracterizaron por una    descripción densa; en algunos casos, se enfatizó el seguimiento de los actores    que habían sido parte de una historia anterior. Por ejemplo, el caso: <i>“</i>No    te metas con el chico de mi amiga” tuvo tres partes cronológicas. Los registros    etnográficos siempre tuvieron un título particular, generalmente ligado al argumento    central del suceso, presentándose en historias particulares. En el siguiente    ejemplo, vemos la forma de registrar el hecho:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Ante la dificultad de registrar el suceso <i>in    situ</i> y de manera inmediata, se estableció un esquema sintético (ver arriba)    a partir de la memoria fresca y la posibilidad de puntualizar elementos destacados.    Es una forma de registro que se adoptó en la observación en las escuelas. Una    vez en casa, se retomó el esquema de observación y a partir del mismo, se elaboró    una densa y detallada descripción. En la medida en que “reconstruye” el hecho,    la memoria contribuye a describir aquello que no se había registrado inicialmente    en el esquema. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Los registros etnográficos se elaboraron en    forma de crónicas que se presentan como casos en la investigación. Esta técnica    permitió explorar los comportamientos y actitudes de los escolares en su ambiente    natural (por ejemplo, en las actividades de los juegos), lo que, en cierto modo,    garantizó su riqueza, su variedad y su especificidad. Es más: en el trabajo    de campo, los sucesos se convirtieron en historias a partir de la nota de campo.    El estudio realizó 31 registros etnográficos de los que se reconstruyó cinco    casos en particular. Cada uno de estos casos se refiere a una realidad presentada    como historias particulares en forma de crónicas narrativas, con títulos específicos.    </font></p>     <blockquote>       <p><font face="Helvetica" size="2">•  Caso 1. “Pase al otro, [pero] sin devolver”.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">•  Caso 2. “El fútbol: un juego para hombres”.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">•  Caso 3. “No te metas con el chico de mi      amiga”.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">•  Caso 4. “Ay, el Juan Carlos”. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">•  Caso 5. “La virilidad masculina y el cuerpo      de la mujer”. </font></p> </blockquote>     <p><font face="Helvetica" size="2">Precisamente, la observación es una construcción    metodológica que implica que el hecho de observar es elegir, es clasificar,    es aislar en función de la teoría. En ese sentido, la observación directa como    técnica sociológica de recolección de datos consiste en ser testigo de los comportamientos    sociales de los individuos y grupos en los mismos espacios en que realizan sus    actividades, sin modificar su desarrollo habitual (Peretz, 2000). Estas premisas    epistemológicas y teóricas han sido imprescindibles para avanzar en la investigación    y aproximarme a las situaciones de violencia entre los escolares. Para Peretz    (2000), en primer lugar el observador debe integrarse y adaptarse al campo de    trabajo; en segundo lugar: i) observar los comportamientos, ii) memorizar y    registrar en forma de notas, e iii) interpretar lo observado y redactar un relato.    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">De esta manera, se logra realizar una “triangulación”    de los acontecimientos reflejados en datos. Para ello, se partió inicialmente    de las descripciones de los sucesos, y luego se analizó y explicó de manera    conceptual los significados de las actividades lúdicas, como en “El fútbol:    un juego para hombres” o en “La virilidad masculina y el cuerpo de la mujer”.    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">En muchas situaciones, una descripción densa    debe ser re-escrita en forma de crónicas: eso se concatena con otras crónicas    de la misma observación. En las escuelas, los juegos son prácticas difusas por    la dinámica existente entre agresores, víctimas y testigos. En esos casos, el    registro se enfocó a la víctima como el centro de la observación. Por consiguiente,    las acciones, actitudes y comunicaciones se registraron con el mayor detalle    posible para la investigación. A modo de ejemplo, se presenta el caso titulado    “Pase al otro, [pero] sin devolver”: </font></p>     <blockquote>       <p><font face="Helvetica" size="2">(1º…) 2º En algunos momentos, la víctima      no pudo eludir algunas agresiones que fueron directas -en particular de cinco      compañeros de curso-, él solo se limitó a responder inicialmente con el silencio      y la mirada resignada, pero posteriormente manifestó: ‘Ya no quiero [jugar]…;      ya no… ¡ya no pueesss!…; noooooo’. Las agresiones no cesaron por parte del      grupo de agresores, en tanto que se les presentó como un hecho ‘placentero’,      dado que el grupo lo disfrutaba, ante la inercia de la víctima. La víctima      sólo trataba de rehuir los golpes —haciéndose el esquivo en medio de sus compañeros—;      pero fue perseguido y encontrado por alguno de los miembros de los hostigadores.      Era de esperarse porque entre ellos se turnaban para la persecución con el      fin de propinar los golpes enmarcados en el juego del ‘pase al otro sin devolver’.      En ciertos momentos, la agresión dirigida hacia la víctima era directa, dado      que los agresores o jugadores ya no utilizaban la frase completa, del ‘pase      al otro sin devolver’, los agresores sólo decían: ‘pasó, pasó, pasó…’, lo      que ‘abrió’ la desproporción en el uso de la violencia o por parte de los      ‘jugadores’ (…3º).</font></p> </blockquote>     <p><font face="Helvetica" size="2">En esta crónica, hubo tres series narrativas    que se registran como segmentos etnográficos. En el primero, se describió a    los actores y cómo empezó y continuó el juego; en segunda instancia, se describió    a la víctima y su situación; en tercer lugar, la descripción se enfocó en el    desenlace del juego. Esta historia posee segmentos temáticos y cronológicos.    El siguiente paso consiste en la interpretación de los datos etnográficos. Desde    luego, se trata de un nuevo reto en el que el investigador/ observador debe    transitar con cautela.  </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>A modo de conclusión</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La violencia entre pares en la escuela no ha    sido un fenómeno sencillo de abordar, independientemente de la metodología empleada.    En ese sentido, quiero destacar, por un lado, la flexibilidad del investigador    y por otro, la aplicación de la técnica de observación no participante como    metodología de abordaje de la investigación.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"> La flexibilidad es una condición que debe    poseer el investigador social pese a que las investigaciones no todas son iguales.    En ese proceso, se presentan dificultades (teóricas, prácticas y metodológicas)    que deben ser resueltas de manera oportuna durante la investigación y/o trabajo    de campo. Barragán (2003) dice que el investigador es el instrumento directo    a través del cual se obtiene la información y no así los cuestionarios. Por    esa razón, el investigador debe asumir una flexibilidad frente al tema, al escenario    y a los sujetos de estudio en la medida en que la investigación es un proceso    de ajuste y reajuste. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Las cualidades de flexibilidad y reflexividad    en la investigación han reorientado los instrumentos de recolección de información    en pleno trabajo de campo. En ese proceso, se privilegió las observaciones sistemáticas    (no participantes) sobre las entrevistas semi-estructuradas inicialmente diseñadas.    Desde la perspectiva de la etnografía, se pudo representar los niveles, formas    y tipos de violencia entre los escolares en sus interacciones personales y lúdicas,    ámbitos en los que resaltan episodios de agresividad con el propósito de maltratar    a alguien.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La violencia escolar (o acoso escolar) es un    fenómeno <i>cuasi oculto</i> y que no puede ser aprehendido mediante entrevistas,    porque se expresa de manera consciente e inconsciente entre los escolares y    los profesores no perciben la problemática. Las agresiones son calificadas como    “cosa de niños/as y adolescentes”. Por eso, la violencia es fruto de un complejo    de dimensiones diferentes y complementarias que interactúan entre sí y constituyen    una relación en el mundo estudiantil. Por un lado, está relacionada con el modo    de interrelacionarse entre escolares, a partir de actividades lúdicas o juegos    en los que dinamizan situaciones de dominio y de resistencia: a esta la denominamos    <i>violencia transitoria</i>. Por otro lado, está enfocada en los sucesos de    hostigamiento que se generan en el mismo juego y/o a partir de diferencias personales;    a ésta la denominamos <i>violencia persistente</i>. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En los acontecimientos de inter-juego entre    los escolares están presentes las relaciones de <i>complementariedad</i> (amistades    y noviazgo), <i>concurrencia</i> (competencia, rivalidad y envidia) y las relaciones    <i>antagónicas</i> (intimidación y/o hostigamiento). La observación no participante    nos colocó en una situación de “narrador” o “cronista” de esa realidad al interior    de la escuela. En ese marco, la realidad social de los escolares se volvió un    itinerario de seguimiento visual a partir de la “metáfora de la crónica”. El    objeto fundamental de la observación ha sido representar <i>narrativas </i>dela    realidad escolar.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">El comportamiento social y agresivo se configura    inicialmente en las relaciones que se construyen en la familia, el vecindario    y en la escuela (Tello, 2005). Por ello, se enmarca en la violencia estructural.    A partir de la socialización primaria y secundaria, se legitima el uso de la    violencia entre pares en la escuela. Uno de los objetivos del estudio ha sido    exponer el universo de representaciones y prácticas de violencia existentes    en la escuela en la relación interpersonal de los escolares, como vía para entender    la relación de dominio-sumisiónque se establece en las relaciones interpersonales.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Desde la perspectiva metodológica de la investigación    cualitativa se asume la realidad como un fenómeno interpretativo de los significados    que se construyen en la vida cotidiana, ya que el valor de la investigación    involucra perspectivas epistemológicas sobre la objetividad y la subjetividad    (Barragán, 2003). En ese sentido, la técnica de la observación implica reconocer    posiciones epistemológicas sobre la posición del método de investigación desde    paradigmas y enfoques (Valles, 2007). </font></p>     <p align="center"><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2"><img width=317 height=484 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a08_03.jpg">&nbsp;</font></p>     <p>&nbsp;  <hr size="3" width="350" align="left" noshade>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>BIBLIOGRAFÍA</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Barragán, Rossana (coord.)    <br>   2003 <i>Guía para la formulación y ejecución de proyectos de investigación</i>.    La Paz: PIEB. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Flores P., Karenka    <br>   2009 <i>El derecho a una vida escolar sin violencia</i>. La Paz: Voces Vitales    - Defensor del Pueblo - Plan Internacional.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Gómez, Antonio, <i>et al</i>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   2005 “El <i>bullying</i> y otras formas de violencia adolescente”. En línea.    Disponible en: &lt; http://scielo.isciii.es/pdf/cmf/n48-49/art05.pdf&gt;. [Fecha    de consulta, 7 de mayo de 2010].</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Guaygua, Germán y Castillo, Beatriz    <br>   2010 <i>In-seguridad ciudadana. Diagnóstico y plan de prevención de la violencia    en las escuelas de El Alto</i>. El Alto: Centro de Promoción de la Mujer Gregoria    Apaza. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Guber, Rosana    <br>   2004 <i>El Salvaje metropolitano. Reconstrucción del conocimiento social en    el trabajo de campo</i>. Buenos Aires: Paidos.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Peretz, Henri    <br>   2000 <i>Los métodos en sociología. La observación</i>. Quito: Abya-Yala.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Rodríguez, Gregorio; Gil, Javier; García, Eduardo    <br>   1996 <i>Metodología de la investigación cualitativa</i>. Málaga: Aljibe. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Talavera, María Luisa, <i>et al</i>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   1999 <i>Otras voces, otros maestros</i>. La Paz: PIEB</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Tello, Nelia    <br>   2005 “La socialización de la violencia en las escuelas secundarias proceso funcional    a la descomposición social”. En: <i>Revista Mexicana de Investigación Educativa</i>.    Vol. X, 27, pp. 1165-1181.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Spedding, Alison    <br>   2006 “Metodologías cualitativas: ingreso al trabajo de campo y recolección de    datos”. En: Yapu, Mario (ed.) <i>Pautas metodológicas para investigaciones cualitativas    y cuantitativas en ciencias sociales y humanas</i>. La Paz: U-PIEB.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Valadez, Isabel    <br>   2008 <i>Violencia escolar; maltrato entre iguales en las escuelas secundarias    de la zona metropolitana de Guadalajara</i>. Informe Estudio. México: Universidad    Guadalajara Dirección de Psicopedagogía. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Valles, Miguel    <br>   2007 <i>Técnicas cualitativas de investigación social</i>. Madrid: Síntesis.    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Velásquez, Luz María    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   2005 “Experiencias estudiantiles con la violencia en la escuela”. En: <i>Revista    Mexicana de Investigación Educativa</i>. Vol. 10, Nº 26, pp. 739-764.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Woods, Meter    <br>   1986 <i>La escuela por dentro. La etnografía en la investigación educativa</i>.    Barcelona: Paidos.</font></p>     <p align="center"> <font face="Helvetica" size="2"><img width=384 height=447 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a08_04.jpg"></font>      <p></p> <font face="Helvetica" size="2"><br clear=all> </font>  <hr align=left size=1 width="33%">     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="">[1]</a>    El artículo es parte del estudio “Vida social y violencia entre pares en la    escuela” realizado por Juan Mollericona (coordinador), Javier Copa y María Luisa    Cadena, en el marco de la iniciativa “100 años de educación en Bolivia” propiciada    por el PIEB y la Embajada Real de Dinamarca entre 2010 y 2011.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title="">[2]</a>Sociólogo,    investigador social y docente universitario, La Paz. Correo electrónico: ymollericona@yahoo.es</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3" title="">[3]</a>En    el presente artículo se utiliza indistintamente la denominación escuela para    señalar tanto escuelas (educación primaria) como colegios (educación secundaria).    Asimismo, utilizaré el término para referirme al sistema educativo en tanto    institución socializadora.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4" title="">[4]</a>El    <i>bullying</i> literalmente significa “matonear” o “agredir”. El término se    utiliza para describir diversos tipos de comportamientos violentos entre pares,    que abarcan desde bromas pesadas, ignorar o dejar deliberadamente de hacer caso    a alguien, desarrollar ataques personales e incluso abusos serios.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5" title="">[5]</a>Por    ejemplo, el 60% de los escolares a nivel nacional utiliza más la agresión verbal,    seguida por la agresión social (44%) y la agresión física (38%) (Flores, 2009).    Para Guaygua y Castillo (2010), los insultos (68,9%) son una de las formas más    frecuentes de agresión entre estudiantes, seguido de golpes físicos (12,2%)    y de rechazo o indiferencia ante un compañero (10%).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6" title="">[6]</a>Entre    los primeros inconvenientes estuvieron las trabas de carácter institucional.    Es sabido que la escuela es un espacio poco accesible para miembros ajenos a    la unidad educativa. Por tanto, la tarea de un investigador está condicionada    por la aceptación institucional de sus autoridades (director, profesores y la    junta escolar). El segundo obstáculo ha sido la prolongada vacación invernal    del año 2010 que limitó bastante la recolección de datos, dado que interrumpió    la continuidad del trabajo de campo.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7" title="">[7]</a>Por    ejemplo, comunicando la realización del estudio a los sujetos de estudio, en    este caso, a las autoridades de las escuelas: director, profesores y junta escolar.    Todos ellos dieron luz verde a la investigación. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8" title="">[8]</a>En    este período de investigación, los egresados del Instituto Normal Simón Bolívar    (La Paz), ahora Escuela Superior de Formación de Maestros, se encontraban realizado    pasantías en los establecimientos escolares elegidos para este estudio, lo que    nos ayudó a insertarnos en la escuela y mimetizarnos entre ellos; el hecho que    los escolares nos confundieran con los estudiantes de la Normal, ayudó a realizar    el trabajo de campo. Es más, el Director de una de las escuelas nos presentó    en esa condición.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9" title="">[9]</a>En    anteriores años, en los centros escolares de estudio habían sucedido casos de    romance, o en su caso, intento de violación, entre el pasante de la Normal y    alumnas del último grado. Por tanto, la desconfianza y la observación hacia    el observador era fundamentada, a partir de la experiencia anterior.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10" title="">[10]</a>El    regente es el personal más próximo a los escolares en la escuela ya que está    a cargo de mantener la disciplina mediante castigos. Por ende, es la autoridad    escolar más cercana a casos de indisciplina y violencia e interviene, sea por    las quejas de los escolares o simplemente por el hecho de recorrer todos los    espacios de la escuela. Se trata de un testigo fundamental de casos de violencia    entre pares.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11" title="">[11]</a>Los    escolares poseen un cúmulo de experiencias en sus relaciones cotidianas al interior    de la escuela o fuera de ella;  en algunas de las narraciones sobresalieron    situaciones de violencia (maltrato y agresión), y en otras fueron testigos de    agresiones, o víctimas, victimarios, etc. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12" title="">[12]</a>Cabe    mencionar que una de las condiciones estipuladas por las autoridades de los    centros escolares era no ingresar a las aulas en los periodos de clases.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13" title="">[13]</a>Es    una población en riesgo, por tanto proclive a ser víctima de un desconocido,    en ese sentido, el investigador al interior de la escuela se convierte en un    agente intruso y ‘peligroso’, en virtud a la diferencia de edad entre el investigador    y los ‘informantes’.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14" title="">[14]</a>La    autoridad del profesor no es en sí una autoridad panóptica: no tiene brazos    y ojos suficientes para establecer un control completo, y por tanto tiene límites.    Estos lugares singulares de la escuela empiezan y/o terminan donde el profesor    (normas y la autoridad) no llega.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15" title="">[15]</a>Las    dos escuelas tenían construcciones de dos y tres pisos: aquello facilitó la    ubicación de observador. El primer piso ofrecía una ‘mirada panorámica’ a los    sucesos, lo que permitió realizar observaciones sin interferir con los sujetos    de estudio.</font> </p>      ]]></body>
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