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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Entre protestar y gobernar: Movimientos sociales en Bolivia en tiempos del MAS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The MAS isboth a party and a movement, a politicalinstrumentthatbringstogetherthedemands and agendas of a widerange of social movements in Bolivia. In thisarticletheauthoranalyzesrelationsbetweenthepart of themovementthat has taken office in government and thepartthat has continuedto lobby fortheinterests of itsgrassrootsmembers. Thequestionthatthreadsthroughthearticleis: Howdidtherift open up betweenthe MAS and itsconstituent social movements?]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Helvetica" size="4"><b>Entre protestar y gobernar    <br>   Movimientos sociales en Bolivia     <br>   en tiempos del MAS</b></font></p>     <p align="center"><b><font face="Helvetica" size="4">Betweenprotest and government</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Helvetica" size="4">Social movements in Bolivia    in the era of the MAS</font></b></p>     <p align="center"><font face="Helvetica" size="3"><b>Ton Salman</b></font><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title="">[1]</a></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><i>T’inkazos</i>, número 29, 2011,  pp. 21-43,    ISSN 1990-7451</font></p>     <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">Fecha de recepción: marzo de 2011</font>    <br>      <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">Fecha de aprobación: abril de 2011</font>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">Versión final: mayo de 2011</font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2">El MAS es un partido-movimiento,    un instrumento político que reúne las demandas y programas de una amplia gama    de movimientos sociales en Bolivia. En este artículo el autor analiza las relaciones    entre la parte del movimiento que se ha convertido en aparato de gobierno y     aquella que ha seguido promoviendo los intereses de sus bases. Una pregunta    atraviesa el texto: ¿Cómo surgió la grieta entre el MAS y los movimientos sociales    que lo componen?</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Palabras clave: movimientos sociales / gobernabilidad    / institucionalidad política / institucionalidad democrática / demandas sociales    / mandato electoral / autonomía / vida política / victoria electoral MAS</b></font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2">The MAS isboth a party and a movement,    a politicalinstrumentthatbringstogetherthedemands and agendas of a widerange    of social movements in Bolivia. In thisarticletheauthoranalyzesrelationsbetweenthepart    of themovementthat has taken office in government and thepartthat has continuedto    lobby fortheinterests of itsgrassrootsmembers. Thequestionthatthreadsthroughthearticleis:    Howdidtherift open up betweenthe MAS and itsconstituent social movements?</font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>Keywords: social movements /    governance / politicalinstitutionality / democraticinstitutionality / social    demands / electoral mandate / autonomy / politicallife / mas electionvictory</b></font></p> <hr size="4" noshade>     <p align="right"> <font face="Helvetica" size="2">Si te encuentras con una bifurcació</font>     <br>     <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">en el camino, tómala. </font>    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="Helvetica" size="2">Yogi Berra</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Introducción</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La tesis que desarrolla este artículo<a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title="">[2]</a>    plantea que, en caso de una victoria rotunda de un (grupo de) movimientos social(es)    combinada con una continuidad institucional (democrática), los movimientos se    dividirán entre un grupo o coalición, en forma de partido político, cuyas preocupaciones    adicionales y posiblemente prioritarias serán gobernar, mantenerse en el poder    y preservar el ordenamiento democrático; mientras tanto, otro grupo continuará    presionando por el logro prioritario de las agendas de los movimientos de antes    de la victoria electoral<a href="#_ftn3" name="_ftnref3" title="">[3]</a>. El preciso equilibrio entre estas dos corrientes    dependerá del radicalismo de estas agendas, particularmente en relación con    la reforma de la institucionalidad estatal, o bien el respeto a la institucionalidad    <i>toutcourt,</i> con imparcialidad y previsión de <i>estadista </i>que muestre    la coalición gobernante; y también dependerá de factores más contingentes como    la articulación de las fuerzas opositoras, la presencia o ausencia de un antagonismo    étnico, la posición que la corriente gubernamental asumirá respecto al valor    de la “democracia representativa/liberal” y la presión internacional.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Por cierto, las circunstancias específicas    son cruciales. En los casos en que la victoria del contendor estuvo acompañada    de un total desmantelamiento de la institucionalidad, los procesos asumieron    con frecuencia un perfil claramente revolucionario. En países como Irán (1979),    Zimbabwe (1980), Nicaragua (1979) y Timor Oriental (2002), el cambio fue violento    y el conflicto de naturaleza dicotómica: “o ellos, o nosotros”. Casi todas las    instituciones colapsaban cuando cayó el viejo régimen. Debido a la virtual ausencia    de influencia de los anteriores gobernantes después de la victoria, la situación    se caracterizaba por la necesidad de construir un aparato estatal completamente    nuevo o, incluso, un nuevo país. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La preocupación en este texto son los casos    en los que un cambio político de gran envergadura se dio conjuntamente con un    alto grado de continuidad en las bases del Estado, además de circunscribir el    análisis principalmente a los Estados democráticos. Mi interés aquí está centrado    en Bolivia donde la herencia democrática fue tanto el vehículo que trajo consigo    la posibilidad de este cambio como uno de los principales motivos de ofensa    contra los que movilizaban los movimientos. Más específicamente, su objetivo    no era abrogar la democracia sino ampliarla y profundizarla, y hacerla encajar    mejor al interior del particular universo etno-cultural que postulaban era Bolivia.    Esto hizo que, desde el comienzo, fueran dos impulsos los que acompañaron el    cambio en Bolivia: defender los derechos y garantías que son parte esencial    de la democracia liberal y que habían posibilitado el espacio para obtener una    victoria electoral contundente, y “rehacer” simultáneamente esta democracia    porque representaba las injusticias que los movimientos consideraban se habían    cometido contra ellos en el pasado.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Evo Morales, el candidato presidencial indígena,    portavoz de muchas de las reivindicaciones de movimientos sociales de Bolivia,    obtuvo una victoria mayoritaria en diciembre de 2005, repitiéndola en diciembre    de 2009. A partir de enero de 2006, gobernó su partido, el Movimiento al Socialismo    (MAS), y los movimientos que habían apoyado su candidatura estuvieron buscando    un nuevo rol y presencia en los posteriores escenarios en el país (Zuazo, 2010).    El triunfo de Morales fue, en varios sentidos, sin precedentes: en primer lugar,    las elecciones de diciembre de 2005 marcaron el fin del “viejo” sistema de partidos.    En este sistema, un número relativamente pequeño de partidos tradicionales,    en ocasiones apoyados por otros más volátiles, formaban coaliciones diferentes    una y otra vez. Gruesos sectores de la población boliviana sentían que sus intereses    y problemas estaban poco reflejados en las decisiones del gobierno o las deliberaciones    parlamentarias (Albó y Barrios, 1993: 146-148; Salman, 2007; Koonings y Mansilla,    2004; Crabtree y Whitehead, 2001: 218; Gray-Molina, 2001: 63; Zuazo, 2010).    La victoria del MAS ocurrió en un contexto en el que un sistema de partidos    “consolidado”, pero inepto y defectuoso (lo que ampliaremos más adelante), fue    aplastado. En su lugar, el “partido movimiento” (Zegada<i>et al.,</i> 2008:    45 y <i>passim</i>) MAS asumió el poder. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En segundo lugar, surgió una novedosa configuración    política. Las críticas hacia el viejo sistema político-partidario combinaron    ingredientes étnicos referidos a una ética gubernamental (promoción de las tradiciones    reivindicadas como indígenas: autoridades subordinadas a sus bases, deliberación    permanente, contacto estrecho con la comunidad en su conjunto) con ingredientes    que aluden al rechazo ideológico de la codicia (“occidental”), de la indiferencia    hacia el medio ambiente y la Pachamama, de rechazo a la subasta de la soberanía    nacional (Albro, 2005: 445-448) y al lucro por encima del vivir bien (como opuesto    a “querer más y más”). El renacimiento de la autoconciencia indígena se combinó    así con una crítica al imperialismo “blanco” y al salvaje capitalismo neoliberal.    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En tercer lugar, y aun más importante para    nuestro argumento, la victoria de Morales fue posible, entre otros factores,    debido a una serie de movilizaciones sostenidas y masivas que habían deslegitimado    y dañado al sistema electoral de partidos tradicionales, y que habían enfatizado    los temas que preocupan o ponen furiosos a muchos bolivianos: la exclusión (indígena),    el neoliberalismo, las privatizaciones, el “despilfarro” de los recursos naturales    bolivianos, la falta de crecimiento económico y del empleo, y aquello que se    percibía como una “democracia engañosa”. El partido de Evo Morales fue capaz,    en 2005, de agregar muchas de estas reivindicaciones.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En lo que sigue, exploro particularmente el    tema del acto de equilibrio entre la parte del movimiento que se ha convertido    ahora en aparato de gobierno y los movimientos que han seguido como movimientos,    promoviendo los intereses de sus “bases sociales”. Lo que analizo es cómo surgió    una grieta entre los movimientos pro-MAS que siguieron siendo movimientos, luchando    por cambios sustanciales y relativamente indiferentes hacia las vicisitudes    de los opositores o el Estado nación como tal, y el MAS como partido de gobierno,    imposibili-    <br>   tado de permanecer completamente indiferente hacia el reto de gobernar no solamente    para sus ideales, sino también para el Estado-nación. A continuación, analizaré    primero algo de la bibliografía existente sobre los “logros de los movimientos    sociales” y evaluaré su aplicabilidad al caso boliviano. Después, esbozaré brevemente    la forma en que el MAS se volvió un partido-movimiento. En el siguiente acápite    abordaré y analizaré la situación actual: el gobierno de un partido-movimiento    y su forma de relacionarse tanto con sus movimientos de apoyo como con sus movimientos    de oposición. Por último, discutiré las consecuencias de mis hallazgos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img width=408 height=449 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a03_01.jpg"></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Los logros de los </b></font><b><font face="Helvetica" size="2">movimientos    sociales </font></b><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Según Cress y Show (2000: 1063-4; ver también    Giugni, 1998: 373), “nuestra comprensión de los resultados de los movimientos    sociales está evidentemente poco desarrollada”. Además, la mayor parte de la    bibliografía que se ocupa del tema circunscribe sus explicaciones a las situaciones    en las que se ha obtenido <i>algo, </i>trátese de concesiones, de (algún) cambio,    de “aceptación y/o ventajas” (Gamson, 1990; ver también Giugni, 1998: 376),    o de nueva legislación. No es con frecuencia que la situación abordada es aquella    en la que las consecuencias son un vuelco completo del sistema político (ver,    por ejemplo, Lanegram, 1995; Zuern, 2004).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Esto no necesariamente significa que las perspectivas    desarrolladas en esos textos no sean útiles. Los análisis discuten asuntos que    podrían ser muy relevantes para las situaciones de revuelta política combinada    con preservación de la institucionalidad. Por ejemplo, Cress y Show (2000: 1098-1102)    afirman que las propias características, estructuras y marco de orientación    del movimiento proporcionan una causa más convincente para pronosticar los resultados    (exitosos) que aquellas ofrecidas por las condiciones externas. Sin embargo,    ellos añaden que no existe ningún factor de predicción singular: es la combinación    de las características del movimiento con las condiciones externas la que, en    último término, ayuda a explicar el logro de resultados. En el caso de Bolivia,    como analizaremos más adelante, esto parece ser correcto: fue la fuerza de los    movimientos para enmarcar sus demandas -a través del MAS- la que posibilitó    que tanto las reivindicaciones étnicas como las socio-económicas y políticas    pudieran amalgamarse. Sin embargo, esto funcionó únicamente en un contexto en    el que la credibilidad del sistema estaba hecha añicos. En un escenario de polarización    las diferencias entre los partidos establecidos se volvieron casi imperceptibles    y, en todo caso, irrelevantes para mucha gente, por cuanto fueron identificados    en conjunto con todo el espectro de daños sufridos por el pueblo (Salman, 2006,    2007). Al mismo tiempo, la emergente alternativa del MAS llegó a ser reconocida    como la única opción que haría factible todas aquellas aspiraciones que habían    estado bloqueadas por el sistema establecido (Cress y Snow, 2000: 1067; Córdova    <i>et al.,</i> 2009: 67).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">De manera similar, Giugni (1998) y Gamson (1990;    ver también McAdam<i>et al.,</i> 2001) se concentraron más en los factores que    ayudan a explicar el éxito <i>antes</i> que en los percances de los movimientos    <i>después</i> que obtuvieran considerable éxito. Además, sus marcos de referencia    tienen un valor limitado para el caso boliviano. Por ejemplo, el tema de centralización    y unidad de un movimiento es, en el caso del MAS, un tema complicado que abordaremos    más adelante. En cualquier caso, simplemente afirmar que el MAS se burocratizó,    centralizó y unificó es poco apropiado. Giugni (1998) pone el acento en la necesidad    de focalizar “las condiciones del entorno que encauzan sus resultados [los de    los movimientos, TS]” (<i>Ibíd.</i>: 379), y no así en las propias características    del movimiento.    <br>   Él subraya la importancia de la opinión pública y señala en ésta “el papel fundamental    de los medios de comunicación” (<i>Ibíd.</i>: 380) y las estructuras de la oportunidad    política. Reflexionando otra vez sobre el caso boliviano, estas sugerencias    dan como resultado hallazgos contradictorios. Evidentemente, en la opinión pública,    la credibilidad del viejo sistema de partidos políticos se debilitaba rápidamente    desde finales de la década de 1990. Esto fue escasamente reflejado por la mayoría    de medios en Bolivia: por el contrario, eran bastante hostiles a Morales y el    MAS. En cuanto a la estructura de la oportunidad política, no hay duda que los    “viejos” partidos se encontraban en desbande. Pero la “crisis amplia a nivel    de sistema” (<i>Ibíd.</i>: 380), que es supuestamente un factor para el éxito    de los movimientos, fue provocada en gran medida por estos mismos a través de    sus incesantes movilizaciones de protesta. Finalmente, la revisión de Giugni    de los posibles resultados de las acciones de movimientos sociales (inspirada    por Gamson, 1990), que van desde una respuesta plena, la apropiación, la cooptación    y el colapso (Giugni 1998: 382), no llega a considerar realmente la posibilidad    de un derrocamiento completo de los “antiguos gobernantes”.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La razón para referirse a estas contribuciones,    a pesar de que no llegan a abordar el análisis de los movimientos sociales “después    de una victoria total”, es que considero que hay algo importante en sus propuestas,    por ejemplo en torno a la historia de formación de movimientos. Después de todo,    en ese momento, los movimientos ya tienen historias específicas que siguen informando    sobre sus posiciones y destinos después del triunfo de su avanzada electoral,    su ‘instrumento político’. Allí está otra vez el asunto del impacto relativo    de los factores internos y externos. Sin duda ellos se retroalimentan mutuamente.    Los factores externos tales como una posición de simpatía o antagonismo por    parte de las autoridades, o una opinión pública o mediática de apoyo o indiferencia    u hostil, o instituciones de gobierno débiles o fuertes, o las variaciones en    las tácticas de la autoridad y los niveles de represión, o la presencia o ausencia    de entidades mediadoras, sin duda tienen influencia en las características y    los procesos del movimiento. Por otro lado, las características de los movimientos    como el tipo de motivación de los participantes, la composición social, étnico    y de género, la inclusividad, coherencia, simplicidad y cualidades retóricas    del discurso de movilización, el grado de institucionalización y la disponibilidad    para “tratar” con las autoridades y/u opositores, tienen influencia en las reacciones    del mundo externo. Sin embargo, el asunto que a menudo se pasa por alto en el    análisis sobre lo que sucede después de una victoria movimientista es el <i>cambio    de posición</i> por el que pasa el partido unificador de los movimientos (o    el ‘partido-movimiento’, o el representante titular) después de la victoria:    de entidad <i>demandante,</i> cambia ahora a entidad ejecutora y a entidad <i>gobernante</i>-y    ello restringe su espacio de maniobra y, por tanto, provocará tensiones con    sus partes constitutivas-. En general, los pocos análisis de movimientos que    llevaron a “su” partido al poder enfatizan que la relación se torna con frecuencia    espinosa o al menos complicada (Bowie, 2005: 56-59; Valente, 2008; Osava, 2006).    Si bien por un lado persiste cierta lealtad (también impulsada por la intuición    de que las alternativas políticas conllevan a algo mucho peor), por otro lado    surge cierta distancia provocada por las diferencias existentes entre los imperativos    de las demandas de gobierno y aquellos relacionados con la promoción de sus    intereses. Creo que éste es también el factor que produce que los movimientos    enfrenten a menudo el peligro de ser cooptados (Stefanoni, 2007), y por tanto    convertidos en inocuos, o terminen por inhibir a sí mismos sus acciones debido    a su deseo de no desestabilizar al gobierno (Zegada<i>et al.</i>, 2008: 102).    Pero la particular dinámica que caracteriza a la situación pos-triunfo electoral,    y después de la división de los movimientos entre aquellos sectores que efectivamente    asumirán el gobierno y los sectores cuya pretensión es continuar luchando por    la causa, no ha sido abordada de un modo más sistemático.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En resumen, no obstante que la mayor parte    de la literatura sobre los logros del movimiento se centra en los factores que    influyen sobre estos resultados antes que en la situación posterior al triunfo,    ésta contribuye bastante al colocar estos factores en el centro del escenario    como antecedentes y trasfondo de la evolución que tales movimientos atraviesan    después que sus aliados electorales o representantes titulares ganen. Además,    el punto que más se elude fue que los indicios que señalaban la brecha creciente    entre la rama gobernante y la rama de promoción de intereses propios del conjunto    de movimientos sociales no fueron ocasionados únicamente por los problemas relacionados    con la incapacidad de realizar todos los cambios de la noche a la mañana, sino    también por el cambio en <i>el rol</i> y <i>la posición</i> de la rama gobernante.    Puede que esta rama, después de asumir el poder, ya no se concentre únicamente    en el <i>contenido</i> de los cambios, sino que tenga que prestar atención a    los <i>procedimientos.</i> Cuanto más radicales y persistentes han sido las    propuestas de los movimientos sobre el cambio institucional después del triunfo,    tanto más probable es que la rama gobernante enfrente problemas para combinar    su programa con sus obligaciones de gobierno y garantía de los derechos. Como    observa muy bien Tapia (2009: 111), normalmente, “el estado es parte central    en la articulación del orden social y su reproducción…”. Es por eso que el Estado,    normalmente, defiende el orden, y los movimientos sociales lo cuestionan.        </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En los siguientes dos acápites, que analizan    lo sucedido en Bolivia, abordaré primero el surgimiento de los movimientos sociales    bolivianos, y en este caso me referiré a la literatura que pretende <i>explicar</i>    el triunfo mencionado anteriormente, y luego analizaré los dilemas del momento    posterior al triunfo, refiriéndome a la tesis acerca de las consecuencias del    cambio de <i>posición</i> de la rama gobernante de los movimientos.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>El ascenso del MAS como partido-movimiento</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Bolivia reconquistó la democracia en 1982.    Después de un fugaz gobierno de izquierda que fue abrumado por la herencia de    las dictaduras y una inflación galopante, una serie de coaliciones partidarias    gobernaron a partir de 1985, compartiendo la idea básica de que el país necesitaba    una “modernización”, o sea una reforma neoliberal. Esto significaba el fin de    las “políticas de desarrollo nacional” que habían tenido lugar desde 1952. Se    proponía entonces una Nueva Política Económica (NPE). La NPE consistía en la    conocida receta de reducir el déficit fiscal, reformar el sistema monetario,    achicar la burocracia estatal mediante despidos masivos, liberalizar los mercados    e incentivar las exportaciones, principalmente de materias primas y cultivos    agrícolas. Adicionalmente, se buscaba un sistema impositivo más eficiente. También    implicaba una reestructuración de varias empresas estatales, es el caso de la    Corporación Minera de Bolivia, que dio como resultado el despido masivo (conocido    como “relocalización”) de 23 mil mineros. A partir de estos años, se estima    que más del 65% de la fuerza laboral boliviana estuvo desocupada, sub-ocupada    o con empleos informales (Tokman, 2007). Los sindicatos se debilitaron enormemente    (Lucero, 2008; García Linera <i>et al</i>., 2008). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Si bien han existido varias coaliciones de    gobierno, conformadas por diferentes partidos<a href="#_ftn4" name="_ftnref4" title="">[4]</a>,    hubo cierta consistencia en las políticas. Los resultados fueron, entre otros,    un desigual y frágil crecimiento macroeconómico, pero también la persistencia    de la pobreza, elevadas cifras de     <br>   desempleo y una falta de progreso sustancial en las áreas de salud y educación,    con algunas excepciones. Más aun, durante estos años no llegó a darse un explícito    debate público y político sobre el curso de las políticas económicas (Salman,    2006; McNeish, 2006). Las campañas electorales eran ambiguas y muchas veces    manipuladas y, aunque en las elecciones generales no hubo fraude a gran escala,    las acusaciones respecto a la utilización, por ejemplo, de fondos fiscales para    las campañas de los partidos en función de gobierno eran frecuentes (Assies    y Salman, 2003a, 2003b). Más aún, los programas y campañas de los partidos carecían    muchas veces de algún esfuerzo por diferenciar al partido en cuanto a contenidos    programáticos, de otras alternativas políticas.Las diferencias partidarias poco    tenían que ver con posicionamientos respecto a políticas alternativas. Las campañas    eran personalistas, clientelistas, corporativas y con frecuencia demagógicas.    Tapia y Toranzo (2000: 30) criticaban a los partidos políticos del país por    su fracaso como mediadores de la representación. Los partidos eran “vehículos    electorales ideológicamente débiles” (Lucero, 2008: 12). Durante décadas, estas    características de los partidos significaron que la gente dejó de comparar sus    programas en términos de diferencias políticas y dejó de ver si estos programas    podían estar cercanos a sus propios intereses y reivindicaciones (Latinobarómetro,    2004). En vez de ello, eran los movimientos sociales como, en ciertos casos,    los sindicatos en proceso de recuperación, y movimientos sociales más recientes    como ser: comités cívicos, federaciones de juntas vecinales, sindicatos campesinos,    cocaleros, organizaciones de tipo étnico y otras, “las principales organizaciones    en expresar los intereses de la sociedad” (Gamarra y Malloy, 1995 citado por    Lucero, 2008: 42). A ello debería añadirse que la mayor parte de estos movimientos    tenían vigencia en las tierras altas del occidente, donde los indígenas son    una clara mayoría.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Desde fines de los años 1990, pero con mucha    más fuerza entre 2000 y 2005, una innumerable serie de movilizaciones caracterizó    la cotidianeidad del país (Crabtree, 2005; Mayorga, 2007). Estas movilizaciones,    o enfrentamientos directos con el gobierno debido a la ausencia de otras alternativas    creíbles de acceso a la política, delataban que, en último término, la “democracia”,    a los ojos de muchos bolivianos, no era más que una farsa (Zuazo, 2010: 123).    En estos años, los movimientos llegaron a encarnar poco a poco no sólo a la    emergente protesta social contra una sociedad política “sin remedio”, sino a    representar también unas “maquinarias de democratización de la sociedad” (<i>Ibíd</i>.:    19). En este sentido, fueron la respuesta a un sistema político excluyente (EjdesgaardJeppesen,    2006: 80) e inerme (Assies y Salman, 2003a; McNeish, 2006), además de incapaz    y poco dispuesto a cambiar rutinas democráticas “petrificadas” y disfuncionales.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La promoción de los intereses colectivos y    la ciudadanía de tipo corporativo han sido tradicionalmente importantes en Bolivia    (García Linera <i>et al</i>., 2008: 14; Wanderley, 2007). García Linera <i>et    al.</i> (2008: 14-16, ver también Dangl, 2009) afirman que, a partir de los    años 1980, la tradición de promover el interés colectivo “funcional”, ilustrada    por la otrora poderosa Central Obrera Boliviana, poco a poco cedió su lugar    a rasgos más territoriales y culturales. Estos nuevos movimientos sociales asumieron    paulatinamente el papel que habían jugado los antiguos sindicatos, y de ese    modo expresaron la cambiada conformación socioeconómica y cultural de la sociedad    boliviana en la que las identidades indígenas se volvieron cada vez más politizadas    (Kruse, 2005; García Linera <i>et al.</i>, 2008). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Entre los movimientos que surgieron en los    años 1990, y terminaron de florecer entre los años 2000 y 2005 (Mayorga y Córdova,    2008), están el movimiento de los cocaleros (Coca Trópico), las federaciones    de juntas de vecinos (FEJUVE) en varias ciudades como El Alto, la Coordinadora    de Defensa del Agua en Cochabamba y en otras ciudades, los campesinos que migraron    en busca de nuevas tierras en la parte oriental del país (la Confederación de    Colonizadores), los mineros organizados tanto en cooperativas como en su condición    de asalariados, los movimientos indígenas como el Consejo Nacional de Ayllus    y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), la Confederación de Pueblos Indígenas del    Oriente (CIDOB), la Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa Cruz (CPESC) y    el Movimiento Sin Tierra (MST). Lo indígena también obtuvo prominencia en su    imbricación de lo campesino con lo étnico, como en la Confederación Única de    Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y su contraparte femenina, la Federación    de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, o al replicarse a nivel de su organización    local como en los sindicatos o ayllus. Más todavía, hubo movilizaciones de sindicatos    de transportistas, profesores, trabajadores de salud, estudiantes, jubilados,    gremiales, organizaciones opuestas a los tratados de libre comercio u otras    consecuencias de los procesos de globalización (Mayorga y Córdova, 2008) y muchos    otros. No todos ellos fueron movimientos sociales consolidados, y había mucha    yuxtaposición entre todas estas iniciativas. Sin embargo, se trataba de protestas    masivas.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Poco a poco las protestas apuntaban a una alternativa    global a la desastrosa herencia democrática “liberal”. Por tanto, los movimientos    empezaron a articular la demanda de un cambio de gran alcance en el sistema    democrático, aunque no se pretendía una abrogación de los derechos y libertades    que ofrecía este sistema. La memoria de la época dictatorial era un fuerte incentivo    para esta adhesión a las libertades ligadas a la democracia. De hecho, la dura    crítica a la democracia existente se combinaba con el orgullo de haberla reconquistado    a comienzos de 1980 y con la autoidentificación como país democrático. Con el    transcurso del tiempo, muchos de estos movimientos llegaron a sentirse representados,    en forma más estrecha o de modo más indirecto, por el Movimiento al Socialismo    (MAS), el partido-movimiento que llevó al poder a Evo Morales en diciembre de    2005.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Fueron los cocaleros, encabezados por su líder    Evo Morales, los que llevaron la delantera en la construcción de un partido    político a partir de los movimientos, inicialmente sobre todo del campo (Zuazo,    2010). Según Zegada<i>et al</i>. (2008: 88-91), aparte de los cocaleros, son    la CSUTCB, la CIDOB, la Confederación de Colonizadores y la Federación de Mujeres    Campesinas Bartolina Sisa las organizaciones que fueron integradas orgánicamente    en el aparato del MAS. Los autores hablan de una “simbiosis” y una cooptación    de los líderes de estos movimientos (<i>Ibíd</i>.: 88-90), aunque añaden que    aquello no significa que éstos sean un bloque monolítico. No obstante, efectivamente    significa que los líderes de estos movimientos eran muy cercanos a Morales y    participaban en la toma de decisiones estratégicas y tácticas. </font></p>     <p align="center"> <font face="Helvetica" size="2"><img width=428 height=326 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a03_02.jpg"></font>    <font face="Helvetica" size="2"><br clear=all>   </font>     <p align="center">&nbsp;     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="Helvetica" size="2">Un segundo y más amplio círculo    de movimientos está conformado por aquellos cercanos e incluso vinculados al    MAS, pero que no forman parte de los circuitos de toma de decisiones. Este incluye,    entre otros, a la Federación de Juntas Vecinales (FEJUVE) de la ciudad de El    Alto y a la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) que    agrupa a los mineros asalariados. Su papel consistía en convocar a sus afiliados    a movilizarse a favor del MAS, a suministrar a un considerable número de parlamentarios    tanto para las elecciones de 2002 como para las de 2005 y 2009; además, ellos    ejercían “un apoyo crítico que no genera conflictos al gobierno” (Zegada<i>et    al.,</i> 2008: 92). Sin embargo, una señal de la posición algo más independiente    de estos movimientos fue que, cuando el dirigente de la FEJUVE de El Alto (Abel    Mamani) fue designado como ministro en el primer gabinete de Morales (en el    Ministerio del Agua, un ministerio de corta vida), FEJUVE declaró inmediatamente    que Mamani no los representaba como movimiento (<i>Ibíd</i>.: 94).</font>      <p></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Un tercer círculo, más amplio, incluye a los    movimientos que apoyan, en términos generales, el proyecto de cambio del MAS.    Pero ellos son más radicales en sus posiciones izquierdistas o indigenistas,    o bien celosos de su autonomía. Ellos no quieren formar parte de los círculos    de gobierno o “el oficialismo”. Se podría incluir en este círculo, entre otros,    a la filial local de la COB, la Central Obrera Regional (COR) de la ciudad de    El Alto, y al Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), una    agrupación bastante radical de organizaciones y asociaciones indígenas locales.    Convencidos de que “generar conflictos para el gobierno sería desventajoso para    los propios intereses de los sectores populares” (<i>Ibíd</i>.: 96), durante    años estos movimientos se han abstenido de movilizaciones en contra del gobierno    del MAS, aunque han expresado sus críticas de manera pública.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces -es decir antes de diciembre de 2005-    el MAS evolucionaba como partido-movimiento. Logró convencer a muchos movimientos    debido a que combinó los términos socioeconómicos y de clase con un marco étnico.    Produjo una síntesis de inspiración nacional-popular, izquierdismo marxista    e indigenista<a href="#_ftn5" name="_ftnref5" title="">[5]</a>. Representaba a “lo popular” y    “lo indígena”, a todos aquellos que sufrían las consecuencias de las políticas    de “las elites, los imperialistas, los neoliberales, los vendepatrias”. Por    tanto, surgió un contra-discurso que subrayaba las formas alternativas de pensar    y gobernar de las tradiciones indígenas, la continuada exclusión de las voces    indígenas en posiciones de poder reales, la indiferencia hacia el drama de los    pobres y el carácter blanco-mestizo del neoliberalismo, es decir, la idea de    que el neoliberalismo representaba en cierta forma al mundo occidental. Se trataba    de un discurso que tal vez no tenía “claras en definitiva las fronteras ideológicas”    pero que “se cohesiona en momentos de alta confrontación con el gobierno” (Zegada<i>et    al</i>., 2008: 56-57). Adicionalmente, una actitud oscilante respecto a la “democracia    formal” se volvió evidente en estos movimientos: no salir en su defensa pero    apreciar sus beneficios y libertades, criticándola al mismo tiempo por su sello    occidental y por sus escasos canales de participación política.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En el desacuerdo entre Giugni (1998) y Cress    y Snow (2000) respecto a si las características del movimiento o las condiciones    del entorno contribuyen más a los resultados de los movimientos, la historia    del fortalecimiento del MAS sugiere que ninguna de ellas sería completamente    correcta: pareciera que fuera más bien la dialéctica entre las dos la que ayudaría    a explicar la fortuna de los movimientos y del MAS. El MAS <i>no</i> necesitó    un discurso coherente y único para convertirse en una alternativa electoral    convincente, debido a que el adversario se encontraba en medio de un proceso    de desbande y había quedado descalificado como la “pandilla” responsable del    desastre y falta de respuestas. El MAS <i>sí</i> necesitaba alguna ambigüedad    en su discurso a fin de volverse una autoridad para todos estos movimientos    y demandas muy diferentes (Rubin, 1998). El MAS necesitaba también un vínculo    “orgánico” con todo el espectro de movimientos para poder cumplir su rol como    instancia de síntesis. Pero sólo podía florecer gracias a la posición de fuerza    del conjunto de movimientos sociales. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En 2005, finalmente, la decisión fue tomada    por los viejos líderes partidarios de abandonar los partidos viejos y reemplazarlos    por un nuevo frente “unificado” para resistir la creciente popularidad de Morales.    En 2005, este intento resultó ser tardío.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El principal asunto teórico que planteamos,    sin embargo, fue aquel de la escisión que incluso creemos que <i>debería </i>ocurrir    si la victoria de los movimientos es acompañada por la continuidad institucional    democrática y, consecuentemente, por la obligación de respetar las normas democráticas    que tiene la rama gobernante de estos movimientos. En tales casos, más allá    de los obstáculos técnicos, materiales y políticos para concretar todos los    cambios que fueron demandados anteriormente, está el obstáculo clave de la nueva    posición en la que se encontrará la entidad gobernante: como tal, tendrá que    respetar los procedimientos y normas, incluso en sus esfuerzos por sacar adelante    los cambios propuestos lo más rápido posible. Los componentes no-gubernamentales    del conjunto de movimientos no querrán, debido a <i>su</i> posición, enterarse    mucho de este dilema.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Después del giro revolucionario: los movimientos    sociales y el MAS</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En diciembre de 2005, el MAS obtuvo una victoria    por mayoría con el 54% y, desde inicios de 2006, es el partido de gobierno en    Bolivia. Durante su primer período, hasta fines de 2009, tuvo que lidiar con    una oposición mayoritaria en el Senado, pese a contar con la mayoría en la cámara    de representantes. En su primer periodo, las medidas de cambio más importantes    fueron la nacionalización de las enormes reservas de gas natural y otros recursos    naturales estratégicos e industrias, una nueva Constitución pro-indígena y una    serie de medidas de mitigación de la pobreza.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En las elecciones de diciembre de 2009, el    MAS ganó con 64% de los votos, lo que, después de la asignación de escaños parlamentarios,    lo llevó a una abrumadora mayoría de dos tercios en ambas cámaras de la Asamblea    Plurinacional. Pero el cambio en el panorama de los movimientos sociales en    Bolivia se presentó por supuesto desde los primeros meses de 2006 (Alto, 2006).    La constelación emergente resultó presentar problemas completamente nuevos:    si hasta 2005, los movimientos habían sido la manifestación de la ruptura de    relaciones entre el Estado y la sociedad civil (García Linera <i>et al.</i>,    2008; Salman, 2006, 2007) y un modelo incipiente de alternativas que terminaron    por encarnar en el MAS, ahora se habían convertido repentinamente, de cierta    forma, en el gobierno mismo (Cuba Rojas, 2006). Pero como vemos, “las relaciones    entre el Estado y las organizaciones sociales se desenvuelven en un terreno    pantanoso” (Stefanoni, 2007: 54). Sin embargo, antes de analizar el curso de    la relación entre el MAS y los movimientos sociales que lo respaldaban, necesitamos    primero brindar algunos antecedentes sobre el nuevo panorama político en Bolivia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Inmediatamente después de inaugurarse el gobierno    de Morales, surgieron nuevos movimientos sociales. Los movimientos pro-MAS tenían    su plaza fuerte en el altiplano y la parte occidental indígena del país. Cuando    su marco crecientemente “étnico” se volvió política de Estado, esto desencadenó    una reacción en las tierras bajas orientales, donde las fuerzas conservadoras    crearon un contra-movimiento regional, de derecha y crecientemente anti-indígena,    construido sobre la base de un arraigado regionalismo de décadas (Soruco, Plata    y Medeiros, 2008; Zegada<i>et al.,</i> 2008: 170; Roca, 2008; Paz Patiño <i>et    al</i>., 2009). El Oriente llegó a ser conocido como la “media luna” debido    a su forma geográfica (abarcaba los departamentos de Pando, Beni, Santa Cruz    y Tarija). La polarización entre el nuevo gobierno central y la “media luna”    alcanzó su ápice en 2008, cuando los ataques violentos contra los seguidores    del MAS en las principales ciudades de estos departamentos se volvieron frecuentes,    mientras que los masistas hacían su parte contra las manifestaciones de la oposición    en “su” territorio. El punto más dramático ocurrió en septiembre de 2008 con    un ataque armado a una caravana de campesinos pro-MAS en el departamento de    Pando, donde más de 10 personas fueron victimadas.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Es en estos departamentos que se ha encontrado    las principales reservas de gas natural, y algunos empresarios regionales tuvieron    éxito en movilizar a los departamentos por una mayor “autonomía”, aunque según    muchos se trataba de una máscara para encubrir una contra-estrategia con el    objetivo de alcanzar acuerdos regionales antes que nacionales con las empresas    transnacionales interesadas en explotar el gas, además de preservar los privilegios    de las elites tradicionales (Kohl y Farthing, 2006: 185; Soruco<i>et al</i>.,    2008; Zegada<i>et al.</i>, 2008: 173-176; Assies, 2006; Spronk y Webber, 2007:    37). Se agruparon en torno a los comités cívicos de los departamentos y sus    principales ciudades. Entre los años 2006 y 2009, tuvieron un poder de movilización    considerable. La mayoría de analistas concuerda que entre los motivos de los    autonomistas habían rasgos de racismo y muchos condenaron las manifestaciones    de violencia que hubieron durante sus movilizaciones (Soruco<i>et al</i>., 2008;    Assies 2006)<a href="#_ftn6" name="_ftnref6" title="">[6]</a>. Pero cabe añadir    que las expresiones de racismo también fueron condenadas dentro de los departamentos    en cuestión, y que los seguidores del MAS tampoco fueron muy correctos en sus    expresiones. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Lo cierto es que un verdadero grupo de movimientos    sociales anti-gubernamentales surgió en la parte oriental del país después que    el MAS asumió el gobierno. Sorprendentemente, en la mayoría de publicaciones    sobre los “movimientos sociales en Bolivia”, incluso las más recientes, estos    movimientos no son siquiera mencionados (Dangl, 2009; Mayorga y Córdova, 2008;    García Linera <i>et al.,</i> 2008) siendo una excepción Zegada<i>et al.</i>    (2008: 169-178), y la importante contribución de Peña (2009). De cualquier manera,    ellos provocaron reacciones contrarias de los movimientos pro-MAS que a veces    se sorprendían de que el gobierno no los apoyara de modo incondicional en sus    iniciativas -algo que sólo puede explicarse por la obligación que tiene el gobierno    de tolerar también a sus detractores-. A los movimientos les era difícil entender    que el MAS no reaccionara simplemente “como un movimiento” a los desafíos a    su autoridad.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Esta evolución puede explicarse en parte -y    se trata de un segundo rasgo importante de contexto- por una “maniobra semántica”    notable del gobierno del MAS. Evo, el MAS y, posteriormente, también los medios,    incluso la oposición, empezaron a referirse a “los movimientos sociales” como    si fueran una entidad claramente identificable y abordable: el agrupamiento    de movimientos que apoyan al nuevo gobierno. En Bolivia fue, en estos años,    muy común escuchar decir a Evo Morales “pediré a los movimientos sociales apoyar    a la nueva Constitución” (por ejemplo en el periódico <i>Últimas Noticias</i>,    22 de agosto de 2008), o bien escuchar a un periodista crítico decir “los movimientos    sociales han secuestrado al gobierno de Evo” (periódico <i>La Prensa,</i> 10    de noviembre de 2009), u oír a la oposición decir que los movimientos sociales    son el brazo fuerte de Evo (ver la revista quincenal <i>Nueva Crónica</i> 44,    julio de 2009: 4-5) y escuchar al vocero de algún movimiento decir “nosotros,    los movimientos sociales, vigilaremos de cerca el actual proceso” (<i>La Prensa</i>,    6 de marzo de 2009, 13 de agosto de 2009). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El sector de movimientos sociales que respaldan    la victoria de Evo Morales pareciera haber obtenido cierto tipo de personalidad    legal como grupo, monopolizando el título de “los movimientos sociales”. Los    movimientos sociales se han vuelto así una entidad muy peculiar en los discursos    tanto del gobierno como de la oposición: son actualmente un protagonista político    con nombre y apellido, al que se dirigen de modo explícito y directo otros protagonistas    políticos, como si fueran un interlocutor plenamente legítimo en política. En    la nueva Constitución, aprobada en enero de 2009 mediante un referendo, incluso    se ha formulado un rol explícito y legal para los movimientos sociales. En el    título VI, artículo 241, apartado 2, está establecido que “la sociedad civil    organizada ejercerá el control social a la gestión pública en todos los niveles    del Estado”. Los movimientos sociales no sólo están aquí reconocidos como legítimos    defensores de los intereses de sus bases, sino que están integrados de tal modo    en la generación de la legislación y los asuntos del Estado que se los convierte    casi en parte de la institucionalidad estatal. Adicionalmente, el gobierno creó    el Consejo Nacional para el Cambio (CONALCAM) en el que supuestamente todos    los movimientos nacionales que apoyan al gobierno se unieron para garantizar    la posición oficialista. Esto podría llevar a creer que la relación entre los    movimientos y el MAS, en tanto gobierno, es tan fluida como lo fue, en términos    generales, antes de 2005, y que son tan parte del gobierno como lo es el MAS.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Pero esta idea descuida el hecho de que la    <i>posición</i> de ambos es ahora completamente diferente. En el presente, el    MAS es gobierno. Como tal, por supuesto que continuará luchando por sus ideales.    Pero además, necesita “manejar” el país, necesita gobernar y dar continuidad    a todos los asuntos de Estado y, por último, aunque no menos importante, necesita    preservar y vigilar la democracia y las libertades y derechos de todos los ciudadanos    bolivianos. Esto limita inevitablemente su libertad de actuar como lo hacía    antes como movimiento social sin otras preocupaciones. Para los movimientos    sociales que están detrás del MAS, como lo han sugerido varios autores (Tarrow,    1998; Álvarez, Dagnino y Escobar, 1999; Foweraker, 1995) en cambio, es simplemente    “natural” que ellos continúen actuando por su propia cuenta, definiendo su propia    estrategia y movilizándose cuando ellos mismos lo consideren oportuno. Pero    su génesis y posición peculiar en Bolivia, además de la estrategia del gobierno,    hacen que ésto sea difícil. Ellos fueron uno de los vehículos importantes para    la llegada al poder de Morales y, hoy en día, son considerados por el gobierno    como los aliados orgánicos de la “revolución” que Evo encarna (Zegada<i>et al</i>.,    2008; García Linera <i>et al.</i>, 2008). Su independencia durante los años    de las movilizaciones -lo que los volvía colaboradores naturales de las ambiciones    políticas del MAS aunque todavía autónomos en sus decisiones- se ha dado la    vuelta y, desde la perspectiva del gobierno, los convierte en defensores de    lo que se ha logrado hasta el presente. Pero como “defensores”, pierden simultáneamente    su posición independiente porque terminan siendo partes componentes del oficialismo,    dejando así de cumplir uno de los “requisitos” para calificar como movimientos    sociales; mientras paradójicamente al mismo tiempo son, de cierto modo, oficialmente    nombrados y declarados “los movimientos sociales” de Bolivia. “[E]l derecho    a la participación se restringe a los sectores organizados, que para ser tales    deben estar reconocidos por el Estado” (Zuazo, 2010: 134). Esto podría diagnosticarse    como una “subordinación de los movimientos sociales al Estado” (Zegada<i>et    al.</i>, 2008: 72-100). Y parece dudoso que tal situación favorezca el libre    debate interno y la democracia al interior de los movimientos sociales, lo que    también, según muchos estudiosos, debería ser una característica de un “auténtico    movimiento social”.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Esa no es, sin embargo, toda la historia. Si    bien la oposición acusa al gobierno de instruir y dirigir a “los” movimientos    sociales, particularmente cuando se encendieron protestas contra las políticas    de Morales en la “media luna”, en defensa  del actual gobierno, incluso recurriendo    a la fuerza en caso de necesidad<a href="#_ftn7" name="_ftnref7" title="">[7]</a>, al mismo tiempo, estos movimientos    no dudan en presionar a Morales para que mantenga sus promesas (Zegada<i>et    al.</i>, 2008: 95-99) para que retire ciertas medidas, e incluso lo amenazan    de que “podría sufrir el mismo destino que su predecesor”, obligado a renunciar    en junio de 2005<a href="#_ftn8" name="_ftnref8" title="">[8]</a>. Los movimientos sociales seguidores    del MAS también encarnan, por lo tanto, aquel impulso que les es natural: sin    preocuparse de los problemas y responsabilidades del gobierno, presionan por    <i>sus</i> causas. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Existen distintos tipos de tensiones. En varias    ocasiones, los movimientos se movilizaron para defender los intereses de grupo    específicos, tal el caso de los cooperativistas mineros que, en determinado    momento, se enfrentaron violentamente con los mineros asalariados, siendo ambos    declaradamente pro-Morales. Aquí el MAS tuvo que mediar y, por lo tanto, renunciar    a la “simplicidad” de luchar por “la causa obvia”. Algo parecido ocurrió en    varios casos en que grupos de mineros independientes eran echados de sus socavones    por <i>comunarios</i>, reivindicando éstos su autonomía territorial (uno de    los temas “propagandizados” por el MAS), o cuando importadores/vendedores de    ropa usada traída desde USA chocaban con los propietarios o trabajadores de    los talleres donde se produce la ropa nacional -a quienes el gobierno finalmente    decidió apoyar en mayo de 2009. Aquí también el MAS se encontró en una situación    en la que vio como su deber mediar, mantener la paz y, finalmente, decidir a    favor de uno u otro teniendo en mente “el interés nacional”: precisamente, aquella    situación que un movimiento social nunca encara. En 2009, 2010 y 2011 hubo tensiones    entre transportistas y comités cívicos y la población urbana en general, sobre    alzas en tarifas de transporte, y comerciantes urbanos protestaron contra la    entidad estatal EMAPA (Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos) de provisión    de alimentos y estímulo productivo, por considerarla un “competencia desigual”.    En todos estos casos, fueron segmentos de la población por lo general pro-MAS,    quienes se enfrentaron entre ellos. Este es, entonces, un primer aspecto del    cambio de la relación entre gobierno y movimientos sociales: el gobierno en    el rol de mediador o árbitro, para resolver problemas <i>dentro</i> de la gama    de los movimientos.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Hay otros aspectos. El gabinete de Morales    fue cuestionado por “los movimientos sociales” a comienzos de 2006, y nuevamente    entre marzo y abril de 2009, debido a que no incluía a suficientes ministros    indígenas<a href="#_ftn9" name="_ftnref9" title="">[9]</a>. Se puede argüir que el MAS había decidido, en varios casos,    optar por la experiencia y conocimientos por encima de la afinidad y lealtad    étnica o de movimiento, algo que probablemente no habría hecho cuando todavía    era un movimiento social reivindicando la emancipación indígena. La relación    entre el MAS como gobierno y los movimientos sociales, en particular aquellos    con una fuerte identidad étnica, resultó entonces ser más compleja que una simple    simbiosis (Stefanoni, 2007: 49). El MAS optó por “capacidad de gestión” por    encima de su obligación moral de favorecer a “sus” movimientos indígenas. Y    a esto hay que añadir que justamente la “capacidad de gestión” fue un tema muy    criticado en el gobierno del MAS, tanto por la oposición como por los movimientos    pro-MAS.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Después vienen temas que tienen que ver con    discrepancias sobre qué medidas o propuestas serían las óptimas, en distintos    terrenos. Por ejemplo, a principios de 2008, la COB se movilizó en contra del    nuevo proyecto de ley de pensiones, porque no estaba de acuerdo con su forma    de financiamiento (a ser cubierto a partir de los recursos naturales nacionales    antes que de los empleadores) y tampoco con la extensión de los derechos de    pensión a los trabajadores informales, al interpretar la propuesta como un debilitamiento    de los derechos exclusivos a las rentas de pensión para los trabajadores formales    y organizados sindicalmente. Aquí, el MAS optó por una posición que consideraba    preferible en apoyo a los intereses nacionales desde su punto de vista (Stefanoni,    2007: 55), en vez de una posición que habría sido más lógica en términos de    satisfacer las demandas de un movimiento “amigo”. La COB (sin el respaldo de    la    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   CSUTCB) desafió otra vez al gobierno del MAS en mayo de 2010, cuando se movilizó    en oposición al incremento salarial del 5% propuesto por el gobierno. La COB    demandó incrementos considerablemente mayores, convocó a una marcha hacia La    Paz, y Morales abiertamente exigió “responsabilidad” a los trabajadores del    país. Una figura similar se presentó a inicios de 2011, cuando otra vez la COB    y varios otros gremios rechazaron la propuesta gubernamental sobre el alza de    salarios. Asimismo, el alza en los precios de los alimentos y el retraso en    las medidas de redistribución de la tierra desencadenaron manifestaciones de    protesta, las mismas que fueron acerbamente criticadas por otros seguidores    de Morales, temiendo el debilitamiento de su posición, sobre todo cuando tales    protestas     <br>   coincidían con las tácticas de “sabotaje” llevadas a cabo por la oposición.    Todas estas manifestaciones de protesta fueron realizadas por grupos relativamente    pobres, frecuentemente indígenas y normalmente bien organizados; es decir por    movimientos sociales. Y no siempre cedió el MAS: se preocupaba obviamente por    su imagen de ser “ecuánime”, de respetar los intereses de las propiedades y    las empresas privadas, y de respetar la ley y tener en mente los intereses nacionales    (o de “otros amigos”) por encima de demandas particulares. En términos generales,    por supuesto, los movimientos pertenecientes al primer y segundo círculo anteriormente    mencionados se movilizaron menos que aquellos pertenecientes al tercer círculo,    y que los de la oposición. Con todo, surgió claramente un distanciamiento entre    la lógica de los “movimientos sociales normales” y el <i>previamente</i> movimiento    social ahora en función de gobierno.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La ambivalencia del MAS hace que varios movimientos    oscilen entre ser aliados y opositores. Su posición depende de temas concretos,    hechos específicos e incertidumbres tácticas. Según comentarios en la prensa,    la inclinación a, “por principio”, considerarse aliados del gobierno, disminuyó    considerablemente en 2011. Esto implica que surgió un distanciamiento entre    la lógica de los ahora gobernantes movimientos sociales y los movimientos que    no necesitan preocuparse de las responsabilidades ligadas al gobierno o simplemente    estánendesacuerdo con las medidas tomadas.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Estos resultados ambivalentes demuestran la    situación inestable en que los movimientos sociales se encuentran hoy en Bolivia.    Resumiendo las características de tres actores principales, concluimos que los    movimientos que se oponen al gobierno, concentrados principalmente en el Oriente    del país, son los que más cerca llegan a lo que podría esperarse de movimientos    sociales: ellos formulan sus diferencias respecto a las medidas gubernamentales,    sus identidades, sus discursos, y se movilizan. Son movimientos sociales haciendo    lo que uno supone que harían. Se oponen al actual gobierno, luchan por sus visiones    e intereses, y les es indiferente la gobernabilidad o su cuota parte en el resguardo    de la democracia, el estado de derecho y el cumplimiento de los procedimientos    y las estipulaciones legales. Sin embargo, su poder de movilización en los años    2009 y 2010 se debilitó considerablemente.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El segundo actor, los movimientos que apoyan    a Morales, demostraron que en parte están dispuestos a ayudar a aplastar, de    modo violento si fuera necesario, las manifestaciones de la oposición, y se    mostraban asombrados si el gobierno no los apoyaba ni facilitaba sus acciones.    Pero en momentos más tranquilos, ellos y los otros movimientos más moderados    o menos apegados al MAS, han oscilado entre el apoyo y la protesta incidental    o regular. La mayor parte de los movimientos se identifican con el actual gobierno    y sus políticas (aunque muchos dirán que esta identificación disminuyó en 2011),    pero ello no quiere decir que siempre estén de acuerdo. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Por último, en sus discursos y también en muchas    de sus acciones y medidas, el MAS continúa luchando por sus ideas e ideales,    aquellos que comparte con sus movimientos sociales de apoyo, aunque varios movimientos    sociales también dirán que el MAS se equivoca. No obstante, el MAS también trata    de cooptar a estos movimientos y se siente muy descontento cuando no logra hacerlo.    Le cuesta garantizar los derechos de sus opositores, sus antiguos adversarios    que estaban en función de gobierno en otro tiempo, pero tiene que hacerlo. Tiene    que respetar las normas, la legislación, las instituciones. Tiene que manejar    el Estado y el país. Y según comentaristas, a veces, a través de intervenciones    en el ámbito jurídico o a través de otras medidas, no respeta debidamente la    institucionalidad estatal “liberal”. </font></p>     <p align="center"> <font face="Helvetica" size="2"><img width=552 height=378 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a03_03.jpg"></font>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>A manera de conclusión</b></font> </p>     <p></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En las publicaciones que reflexionan sobre    cuestiones de los movimientos sociales y sus triunfos, la mayor parte de la    atención se ha concentrado hasta ahora en los factores que explican estos triunfos.    Se distingue cierta controversia entre los autores que subrayan los factores    de situación y entorno, y aquellos que enfatizan la importancia de las características    intrínsecas de los movimientos y/o sus mutuas alianzas. La reconstrucción del    caso del surgimiento en Bolivia de un espectro de movimientos sociales y su    aglutinación en el MAS sugiere que el factor clave es la interacción entre estas    dos dimensiones. El MAS evolucionó de la forma en que lo hizo tanto debido a    las condiciones económicas, sociales y políticas que vivió el país, debido a    sus decisiones estratégicas influenciadas por los movimientos constitutivos,    pero también gracias a su éxito en postularse como una alternativa creíble frente    al sistema de partidos políticos en bancarrota.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">En los debates más teóricos, sin embargo, poca    atención se ha dado a las situaciones en las que efectivamente el éxito se materializó    plena o casi plenamente. Los únicos casos analizados fueron aquellos en los    que una victoria militar resultó ser un completo aniquilamiento y reconstrucción    de la institucionalidad estatal, tal como ocurrió en Irán, Nicaragua y Zimbabwe.    Una atención al reestablecimiento concreto de las relaciones entre movimientos    sociales y el nuevo gobierno, supuestamente respaldado por estos movimientos,    sólo fue central, sin embargo, en casos como el sudafricano. En este caso se    dio la mayor importancia a las fuertes críticas que recibió el primer gobierno    del Congreso Nacional Africano por haber otorgado una mayor prioridad al crecimiento    económico y a la “salud” monetaria que a la deuda social desatendida desde mucho    tiempo atrás (Weeks, 1999) y se dio importancia al distanciamiento creciente    entre los funcionarios del partido y los militantes de base (Lanegram, 1995;    Zuern, 2004). No se ha dedicado muchos estudios a situaciones en que el partido    representante de los movimientos sociales se volvió la fuerza hegemónica y gobernante,    y cómo esto afecta a la relación entre este representante y la gama de movimientos    -¿menos autónomos ahora?-que lo apoyan.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El caso boliviano sugiere que la característica    más importante de una configuración semejante es un cierto grado de división    entre la entidad gobernante y los movimientos, no sólo debido a la “moderación”    de la primera, sino a que su cambio de posición hace que inevitablemente se    distancie de la lógica de los movimientos sociales. Hay una diferencia “intrínseca”    entre gobierno y movimientos sociales, no importa cuán parecidas puedan ser    sus posiciones político-ideológicas. Esta diferencia conducirá, en todos los    casos, a cierta incomprensión de los movimientos sociales respecto a las consideraciones    y decisiones de su gobierno y, en muchos casos, llevará también a una actitud    de gobierno que pretenda cooptar y mantener la plena lealtad de los movimientos,    y simultáneamente a un dilema entre priorizar la satisfacción del pliego petitorio    de los movimientos o su status como un gobierno más “estatal”, a pesar de su    pasado de insubordinación.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Adicionalmente, parece plausible que tal situación    conducirá siempre a cierta inseguridad para los movimientos sociales que apoyan    al nuevo gobierno. Por un lado, se trata de <i>su</i> gobierno: ellos lo llevaron    allí y él tiene que hacer lo acordado. Por otro lado, el gobierno tiene que    ser un gobierno para todos: que es árbitro cuando “sus” movimientos pelean entre    ellos, que trate a todos los ciudadanos por igual, y respete las normas generales    o “universales”. Tiene que otorgar tanto espacio a las manifestaciones callejeras    de la oposición como a las organizadas por los movimientos que lo apoyan. Esto    es algo que desde la perspectiva de los movimientos “pro” es difícil de entender.    De cualquier modo, es inherente al cambio que afecta al exitoso movimiento “emisario”,    en nuestro caso el MAS, particularmente cuando la institucionalidad democrática    es sostenida e incluso defendida por todos los partidos. Barrios (2008: 127-128)    nos recuerda que cualquier democracia madura necesita distinguir entre, por    un lado, la participación democrática y, por el otro, el estado de derecho y    los ámbitos estatales más “apolíticos”, una “clara separación entre el aspecto    de pesos y contrapesos del Estado liberal y el componente democrático” (<i>Ibíd</i>.).    A los movimientos de apoyo, por su posición y “naturaleza”, se les hace difícil    apreciar esto, particularmente cuando el “emisario” continúa utilizando en sus    discursos las expresiones vernáculas del movimiento de protesta, como lo hace    MAS en el caso boliviano. Pero, en tanto sistema político, tiene que hacer dos    cosas a veces contradictorias: tiene que concretar un programa político y, en    este cometido, encuentra a una multitud de movimientos sociales a su lado. Pero    también tiene que mantener y sostener al “Estado”, y como tal es propenso a    garantizar un trato igual a todos los ciudadanos y sus manifestaciones.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Si bien la mayor parte de los observadores    (como la OEA y Human RightsWatch) concuerdan en que el gobierno de Morales cumplió,    en términos generales, con su responsabilidad de actuar de modo “estatal” y    “digno”, también ha sido blanco de ataque desde la oposición con cargos de autoritarismo,    patrimonialismo, politización de la justicia y nepotismo. Además, fue acusado    de debilitar la institucionalidad democrática. Entonces, emergió la pregunta:    ¿Cuándo es que una forma de democracia radical, altamente participativa, descentralizada,    comunal y “directa” (como lo quieren muchos movimientos) empieza a amenazar    el equilibrio institucional, e incluso la idea de <i>igualdad</i> en términos    de oportunidades de    <br>   acceso a la toma de decisiones, y en términos de las garantías ciudadanas? ¿Cuándo    comienza a vulnerar la idea misma del <i>Estado</i>, debido a que se ve a este    último como algo a ser “capturado” (<i>Ibíd</i>.: 129), “un espacio que puede    ser uniformemente tomado, sin una consideración apropiada de cómo ello podría    afectar su dinámica y funciones más especializadas”? (<i>Ibíd</i>.: 132). ¿Y    cuándo esto empieza a sofocar el espacio que la sociedad necesita (y el Estado    debiera garantizar) para deliberar, para buscar identidades y para manifestarse?    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Bolivia se encuentra todavía en el proceso    de construcción del necesario equilibrio. Los intentos del MAS por comportarse    de modo “institucional” se complican con su agenda política y con los movimientos    sociales que la apoyan o la desafían. La evaluación del éxito del gobierno es    difícil, debido a que la postura política hacia el actual gobierno muchas veces    prevalecerá en las opiniones de la gente. Sin embargo, según un estudio del    PNUD (AranibarArze, 2008), la confianza en la democracia y su legitimidad en    Bolivia aumentó desde que Morales asumió el poder. Comparte dicha opinión el    director del Latinobarómetro<a href="#_ftn10" name="_ftnref10" title="">[10]</a>    y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos<a href="#_ftn11" name="_ftnref11" title="">[11]</a>. No obstante, la crítica persiste (Molina, 2007).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La situación de Bolivia es, por supuesto, única.    No lo es, sin embargo, el tipo de problemas y dilemas que surgen en el país    después que el MAS, representando a los movimientos sociales radicalmente desafiantes,    obtuviera una victoria electoral mayoritaria por dos veces consecutivas. Cualquier    transición acompañada de continuidad institucional pondrá a la entidad que asume    el poder en una incertidumbre entre su identidad de movimiento y sus obligaciones    de gobierno, conducirá a enojos entre el emisario gubernamental y los movimientos,    producirá inseguridad para estos movimientos y empujará al centro del escenario    a los agrios debates respecto a la democracia, el estado de derecho y los derechos    de los vencidos.</font></p>     <p align=right>  <hr size="3" width="350" align="left" noshade>     <p><font face="Helvetica" size="2">BIBLIOGRAFÍA</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Albó, Xavier y Barrios, Raúl (eds.)    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   1993 <i>Violencias encubiertas en Bolivia</i>. La Paz: CEDIB/Aruwiyiri.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Albro, Robert    <br>   2005 “TheIndigenous in the Plural in Bolivian Oppositional Politics”. En: <i>Bulletin    of Latin American Research,</i> 24(4): 433-453. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Alto, Hervé do    <br>   2006 “The Challenge for Morales”. En: <i>International Viewpoint</i> (abril),    http://www.internationalviewpoint.org/</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Álvarez, Sonia E.; Dagnino, Evelina  y Escobar,    Arturo (eds.)    <br>   1999<i> Cultures of Politics, Politics of Cultures - Revisioning Latin American    Social Movements</i>. Boulder/Oxford: Westview Press.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">AranibarArze, Antonio    <br>   2008 <i>Democracia y cambio político en Bolivia. Una mirada desde la opinión    pública. </i>La Paz:Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Equipo    de desarrollo humano y Proyecto PAPEP, http://www.waporcolonia.com/abstracts/75-aranibar.pdf.    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Assies, Willem    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   2006 “La ‘media luna’ sobre Bolivia: nación, región, etnia y clase social”.    En: <i>América Latina Hoy,</i> 43: 87-105.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Assies, Willem y Salman, Ton    <br>   2003a “BolivianDemocracy: ConsolidatingorDisintegrating?”. En: <i>Focaal - EuropeanJournal    of Anthropology, </i>42: 141-160.<i>    <br>   </i></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Assies, Willem y Salman, Ton    <br> 2003b <i>Crisis in Bolivia - TheElections of    2002 and theirAftermath</i>. London: Institute of Latin American Studies – University    of London, ResearchPaper 56.</font></p>      <p><font face="Helvetica" size="2">Barrios, Franz    <br>   2008 “TheWeakness of Excess: TheBolivianState in anUnboundedDemocracy”. En:    Crabtree, John y Whitehead, Laurence (eds.). <i>Bolivia, UnresolvedTensions,    Past and Present</i>. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Bowie, Katherine    <br>   2005 “The State and the Right Wing: The Village Scout Movement in Thailand”.    En: Nash, June (ed.). <i>Social Movements. An Anthropological Reader.</i>Malden/Oxford:    Blackwell Publishing.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Crabtree, John    <br>   2005 <i>Patterns of Protest. Politics and Social Movements in Bolivia</i>. London:    Latin America Bureau.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Crabtree, John y Whitehead, Laurence    <br>   2001 “Conclusions”. En: Crabtree, J. y Whitehead, L.  (eds). <i>Towards Democratic    Viability.The Bolivian Experience.</i>Houndmills, Basingstoke, Hampshire: Palgrave.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Cress, Daniel y Snow, David    <br>   2000 “The Outcomes of Homeless Mobilization: the Influence of Organization,    Disruption, Political Mediation, and Framing”. En: <i>The American Journal of        <br>   Sociology,</i> 105(4): 1063-1104. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Cuba Rojas, L. Pablo    <br>   2006 “Bolivia: movimientos sociales, nacionalización y asamblea constituyente”.    En: <i>Observatorio Social de América Latina,</i> VI(19). Buenos Aires: CLACSO.    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Dangl, Benjamin    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   2009 <i>El precio del fuego. Las luchas por los recursos naturales y los movimientos    sociales en Bolivia</i>. La Paz: Plural Editores. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">EjdesgaardJeppesen, Anne Marie    <br>   2006 “Discursos de otredad, conflictos políticos y movimientos sociales en Bolivia”.    En: Robins, Nicholas (ed.). <i>Conflictos políticos y movimientos sociales en    <br>   Bolivia. </i>La Paz: Plural Editores.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Foweraker, Joe    <br>   1995<i>Theorezing Social Movements</i>. London/Boulder, Colorado: Pluto Press.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Gamson, W.A.    <br>   1990<i>The Strategy of Social Protest</i>. Belmont, CA: Wadsworth (2ª ed.).    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">GarcíaLinera, Álvaro (coord.); Chávez León,    Marxa y Costas Monje, Patricia    <br>   2008 <i>Sociología de los movimientos sociales en Bolivia. Estructuras de movilización,    repertorios culturales y acción política</i>. La Paz: Plural Editores. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Giugni, Marco    <br>   1998 “Was it Worth the Effort? The Outcomes and Consequences of Social Movements”.    En: <i>Annual Review of Sociology</i>, 24: 371-393.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Gray-Molina, George    <br>   2001 “Exclusion, Participation and Democratic State-building”. En: Crabtree,    John y Whitehead, Laurence  (eds.). <i>Towards Democratic Viability.The Bolivian    Experience.</i>Houndmills, Basingstoke, Hampshire: Palgrave: 63-82.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Grey-Postero, Nancy    <br>   2009 <i>Ahorasomosciudadanos</i>. La Paz: Muela del Diablo Editores. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Hilgers, Tina    <br>   2005 “Competition, Cooperation, or Transformation? Social Movements and Political    Parties in Canada”. En: <i>Critique: A WorldwideJournal of Politics. En: </i>http://concordia.academia.edu/TinaHilgers/Papers/280928/Competition_Cooperation_or_Transformation_Social_Movements_and_Political_Parties_In_Canada</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Kohl, Benjamin y Farthing, Linda    <br>   2006 <i>Impasse in Bolivia. Neoliberal Hegemony and Popular Resistance</i>.    London/New York: ZED Books.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Koonings, C. y Mansilla, H.C.F.    <br>   2004 “ReportontheEvaluation of the IMD (InstituteforMultipartyDemocracy)-Programme    in Bolivia 2000-2003”. En: http://www.nimd.org/upload/publications/2004/2004_bolivia_    evaluation.pdf</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Kruse, Tom    <br>   2005 “PoliticalTransition and TradeUnionRestructuring: ReflectionsontheBolivian    Case”. En: Assies, Willem; Calderón, Marco y Salman, Ton (eds.).<i>Citizenship,    PoliticalStructure and StateTransformation in LatinAmerica. </i>Amsterdam/Michoacán:    Dutch UniversityPress y El Colegio de Michoacán.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Lanegram, Kimberley    <br>   1995 “South Africa’s Civic Association Movement: ANC’s Ally’s or Society’s ‘Watchdog’?    Shifting Social Movement-Political Party Relations”. En: <i>African Studies    Review</i>, 38(2): 101-126.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Latinobarómetro    <br>   2004 <i>Survey</i>. En: http://www.latinobarometro.org/uploads/media/2004_01.pdf.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Lucero, José Antonio    <br>   2008 <i>Struggles of Voice. ThePolitics of IndigenousRepresentation in the Andes</i>.    Pittsburgh: Pittsburgh UniversityPress. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Mayorga, Fernando    <br>   2007 “Movimientos sociales, política y Estado”. En: <i>Opiniones y Análisis,</i>    84 (Temas de coyuntura nacional I), La Paz: Fundemos/Hans SeidelStiftung. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Mayorga, Fernando y Córdova, Eduardo    <br>   2008 <i>El movimiento antiglobalización en Bolivia. Procesos globales e iniciativas    locales en tiempo de crisis y cambio</i>. Geneva/La Paz: UNRISD/CESU-UMSS/Plural    Editores. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">McAdam, Doug; Tarrow, Sidney  y Tilly, Charles    <br>   2001<i>Dynamics of Contention</i>, Cambridge: Cambridge University Press. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">McNeish, John    <br>   2006 “Stonesonthe Road: Reflectionsonthe Crisis and Politics of Poverty in Bolivia”.    En: <i>Bulletin of Latin American Research</i>, 25(2): 220-240.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Molina, Fernando    <br>   2007 <i>Conversión sin fe. El MAS y la democracia. </i>La Paz: Eureka Ediciones.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Osava, Mario    <br>   2006 “Activists for Reelection of Lula, but With Reduced Hopes”. En: <i>Global    Exchange</i>. Ver: http://www.globalexchange.org/countries/brazil/3906.html.pf    (Consultado el 6.01.2011).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Paz Patiño, Sarela; García Yapur, Fernando    y Garcés Velásquez,  Fernando    <br>   2009 “Nuevas dinámicas de territorio y poder: materiales para reflexionar acerca    de las luchas local/regionales en Bolivia”. En: <i>Poder y cambio en Bolivia    2003-2007</i>. La Paz: PIEB. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Peña, Claudia    <br>   2009 “Un pueblo eminente. El populismo autonomista en Santa Cruz - Bolivia”.    En: Tapia, Luis (coord.).  <i>Democracia y teoría política en movimiento</i>.    La Paz: Muela del Diablo Editores – CIDES/UMSA.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Roca, José Luis    <br>   2008 “RegionalismRevisited”. En: Crabtree, John y Whitehead, Laurence (eds.)    - <i>Bolivia, UnresolvedTensions, Past and Present</i>. Pittsburgh: University    of Pittsburgh Press: 65-82.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Rubin, Jeffrey W.    <br>   1998 “Ambiguity and Contradiction in a Radical Popular Movement”. En: Alvarez,    Sonia E., Dagnino, Evelina y Escobar, Arturo (eds.). <i>Cultures of Politics,    Politics of Cultures. RevisioningLatin American Social Movements</i>. Boulder/Oxford:    WestviewPress.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Salman, Ton    <br>   2007 “Bolivia and theParadoxes of DemocraticConsolidation”. En: <i>Latin American    Perspectives,</i> 34(6): 111-130.    <br>   </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Salman, Ton    <br> 2006 “TheJammedDemocracy: Bolivia’sTroubledPoliticalLearningProcess”.    En: <i>Bulletin of Latin American Research,</i> 25(2): 163-182.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Soruco, Ximena; Plata, Wilfredo y Medeiros,    Gustavo    <br>   2008 <i>Los barones del Oriente. El poder en Santa Cruz ayer y hoy</i>. La Paz:    Fundación Tierra. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Spronk, Susan y Webber, Jeffery R.    <br>   2007 “StrugglesagainstAccumulationbyDispossesion in Bolivia: ThePoliticalEconomy    of Natural ResourceContention”. En: <i>Latin American Perspectives,</i> 34(2):    31-47.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Stefanoni, Pablo    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   2007 “Siete preguntas y siete respuestas sobre la Bolivia de Evo Morales”. En:    <i>Nueva Sociedad,</i> 209 (mayo/junio): 46-65.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Tapia Mealla, Luis    <br>   2009 “Lo político y lo democrático en los movimientos sociales”. En: Tapia,    Luis (coord.). <i>Democracia y teoría política en movimiento. </i>La Paz: Muela    del Diablo Editores. CIDES/UMSA.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Tapia Mealla, Luis y Toranzo Roca, Carlos    <br>   2000 <i>Retos y dilemas de la representación política</i>. La Paz: PNUD.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Tarrow, Sidney G.    <br>   1998 <i>Power in Movement: Social Movements and Contentious Politics. </i>Cambridge:    Cambridge University Press. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Tokman, Victor    <br>   2007 “The Informal Economy, Insecurity and Social Cohesion in LatinAmerica”.    En: <i>International LabourReview</i>, 146(1-2): 81 – 107. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Valente, Marcela    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   2008 “Latin American Social Movements: Standing up to Friends”. En: <i>Centre    Tricontinental.</i>Ver: http://www.cetri.be/spip.php?article309 Visitado el    7.01.2010. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Weeks, J    <br>   1999 “Stuck in low GEAR? Macroeconomic Policy in South Africa, 1996-98”. En:    <i>Cambridge Journal of Economics,</i> 23: 795-811.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Wanderley, Fernanda    <br>   2007 “Ejercer ciudadanía en Bolivia. Sociología del Estado”. En: <i>Informe    Nacional sobre Desarrollo Humano 2007.El estado del Estado en Bolivia</i>. La    Paz: PNUD.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Helvetica" size="2">Zegada, María Teresa; Tórrez, Yuri y Cámara,    Gloria 2008 <i>Movimientos sociales en tiempos de poder. Articulaciones y campos    de conflicto en el gobierno del MAS</i>. Cochabamba/La Paz: Centro Cuarto Intermedio    - Plural Editores. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=638891&pid=S1990-7451201100010000300052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font face="Helvetica" size="2">Zuazo, Moira    <br>   2010 “¿Los movimientos sociales en el poder? El gobierno del MAS en Bolivia”.    En: <i>Nueva Sociedad,</i> 227: 120-135.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Zuern, Elke    <br>   2004 <i>Continuity in Contradiction? The Prospects for a National Civic Movement    in a Democratic State: SANCO and the ANC in Post-Apartheid South Africa</i>.    Natal: Centre for Civil Society and the School of Development Studies, University    of KwaZulu-Natal</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>     <p>  <table cellpadding=0 cellspacing=0 align=center width="355">   <tr>      <td width=2 height=2></td>   </tr>   <tr>      <td width="2"></td>     <td width="435"><font face="Helvetica" size="2"><img width=376 height=495 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a03_04.jpg"></font></td>   </tr> </table> <font face="Helvetica" size="2"><a name="_GoBack"></a>&nbsp;</font>      <p></p> <font face="Helvetica" size="2"><br clear=all> </font>  <hr align=left size=1 width="33%">     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="">[1]</a>    Antropólogo, trabaja en la Universidad Libre de Amsterdam, Países Bajos. Correo    electrónico: a.j.salman@vu.nl</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title="">[2]</a>Este    artículo es una revisión en profundidad y actualización de un texto que aparecerá    en la revista chilena <i>Persona y sociedad</i> XXV/1. El autor agradece a Hernando    Calla por la traducción, y al Consejo editorial y los lectores anónimos de <i>T’inkazos</i>    por sus valiosos comentarios a una versión anterior. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3" title="">[3]</a>Este    artículo fue escrito antes de los acontecimientos de diciembre de 2010 conocidos    como “el gasolinazo” y los de marzo y abril de 2011, pero fue ligeramente actualizado.    En el primer caso, mediante decreto el gobierno incrementó sustancialmente los    precios de la gasolina y el diesel para terminar con la práctica de subsidios    a combustibles y con el contrabando hacia países vecinos. Tras sendas protestas,    fue abrogado. Fue una muestra de cómo el MAS no logró tener un control total    sobre los movimientos sociales: si bien estos apoyan al gobierno, en general,    no han dudado en rechazar algunas medidas impopulares, pese a que sus líderes    les pidieron un esfuerzo “por el bien del país”. En la prensa nacional, el gasolinazo    ha sido considerado como un “error mayor” que le costó al gobierno no solamente    apoyo en términos estadísticos, sino también el <i>goodwill</i> de muchos movimientos    sociales. Las protestas de marzo y abril de 2011 fueron protagonizadas por la    Central Obrera Boliviana (COB), lo que llevó a especulaciones sobre el resurgimiento    de esta entidad. A pesar de que el texto fue concebido antes de estos sucesos,    espero que el análisis siga siendo válido.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4" title="">[4]</a>Los    tres partidos principales eran Acción Democrática Nacionalista (ADN), el Movimiento    Nacionalista Revolucionario (MNR) y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria    (MIR). ADN era un partido de derecha fundado por el General Hugo Banzer después    de renunciar a su presidencia dictatorial. El Movimiento Nacionalista Revolucionario    fue el partido responsable de la Revolución de 1952, la misma que dio formalmente    fin a los gobiernos aristocráticos basados en la discriminación étnica en el    país. Por último, el MIR, fue originalmente una fracción izquierdista del Partido    Demócrata Cristiano, pero más tarde se volvió una máquina electoral oportunista    y muy corrupta.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5" title="">[5]</a>Se    ha observado que, cuando el MAS entró más al ambiente urbano, una tensión emergió    porque la adhesión urbana fue más individual, lo que sugiere otra estructura    partidaria. En esta interpretación, el MAS resolvió el asunto a través del caudillismo    (Zuazo, 2010: 126-128).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6" title="">[6]</a>En    Bolivia existe desde hace mucho tiempo cierta animosidad tradicional entre las    poblaciones (mayoritarias) de las tierras altas del occidente y las de las tierras    bajas orientales, es decir entre “collas” y “cambas”, sobre la base de supuestas    diferencias físicas, de origen étnico y de comportamiento (Soruco<i>et al</i>.,    2008; Roca, 2008; Barragán, 2008; Paz Patiño <i>et al.</i>,2009). A partir del    acceso al poder de Evo Morales, la oposición colla-camba adquirió una nueva    intensidad retórica que ha polarizado al país.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7" title="">[7]</a>Ver    <i>La historia paralela</i>, ‘<i>internacional</i>’, 1 de enero de 2007, www.lahistoriaparalela.com.ar</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8" title="">[8]</a>Ver    www.mrzine.monthlyreview.org/eb050206.html, 5 de febrero de 2006.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9" title="">[9]</a>En    IAR-Noticias, 24 de enero de 2006, ver www.iarnoticias.com</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10" title="">[10]</a>Ver    http://www.infolatam.com/entrada/latinobarometro_la_opinion _sobre_la_demo-10110.html,    2008. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11" title="">[11]</a>En    marzo 2010, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos    se mostró también optimista, con algunos matices, sobre el curso de los acontecimientos    en Bolivia (ver <i>La Prensa</i>, 25 de marzo de 2010).</font></p>      ]]></body><back>
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