<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1990-7451</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Tinkazos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Tinkazos]]></abbrev-journal-title>
<issn>1990-7451</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Fundación PIEB]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1990-74512011000100001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Entrevista a Verónica Cereceda: Tejiendo la memoria]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Interview with Verónica Cereceda: Weaving memory]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lema]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ana María]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<volume>14</volume>
<numero>29</numero>
<fpage>9</fpage>
<lpage>16</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1990-74512011000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1990-74512011000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1990-74512011000100001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[“Los cerros dijeron que ‘sí’, que era un buen proyecto, y en esa madrugada, al alba, cuando las cumbres tomaron la decisión, se pudo poner las primeras piedras para los cimientos del taller”. Así, Verónica Cereceda cuenta el inicio de un importante proyecto de recuperación del arte textil indígena en Chuquisaca y Potosí de la mano de la Fundación ASUR. Hoy, después de un incomprensible atentado a su permanencia, se inicia una nueva etapa para ASUR. Los hilos de esta entrevista tejen la historia que es comentada más adelante por María Luisa Soux, Secretaria Ejecutiva de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[“Themountainssaid ‘yes’, itwas a goodproject, and earlythatmorning, at dawn, whenthemountainstookthedecision, wewereableto lay firstfoundationstonesfortheworkshop.” Thisishow Verónica Cereceda recountsthestart of animportantprojecttorecovertheindigenous art of textile-weaving in Chuquisaca and Potosí, taken forward bythe ASUR Foundation. Today, followinganincomprehensibleattackonitscontinuedpresence, ASUR isstarting a new phase. Thethreads of this interview weavethestory, whichisthencommentedonby María Luisa Soux, ExecutiveSecretary of theBolivian Central Bank’s Cultural Foundation.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[arte textilindígena]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[culturajalq’a]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[programa de renacimiento del arte indígena]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[museo de arte indígena]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[fundación asur]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[museo textile]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[indigenous textile art]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[jalq’a culture / renaissance of indigenous art programme]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[indigenous art museum]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[asur foundation]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[textile museum]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="center" ><font size="4"><font face="Helvetica"><b>Entrevista a Verónica    Cereceda</b></font></font></p>     <p align="center"><b><font face="Helvetica"><font size="4">Tejiendo la memoria    </font> </font> </b>     <p align="center" ><b><font face="Helvetica"><font size="4">Interview with Verónica    Cereceda    <br>   Weaving memory</font></font></b></p>     <p align="center"><font face="Helvetica" size="2"><b><font size="3">Ana María    Lema</font></b><a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title="">[1]</a></font></p>     <p align="right"><font face="Helvetica" size="2"><i>T’inkazos</i>, número 29,    2011,  pp. 9-15, ISSN 1990-7451</font></p>     <p -.1pt'><font face="Helvetica" size="2">“Los cerros dijeron que ‘sí’, que era    un buen proyecto, y en esa madrugada, al alba, cuando las cumbres tomaron la    decisión, se pudo poner las primeras piedras para los cimientos del taller”.    Así, Verónica Cereceda cuenta el inicio de un importante proyecto de recuperación    del arte textil indígena en Chuquisaca y Potosí de la mano de la Fundación ASUR.    Hoy, después de un incomprensible atentado a su permanencia, se inicia una nueva    etapa para ASUR. Los hilos de esta entrevista tejen la historia que es comentada    más adelante por María Luisa Soux, Secretaria Ejecutiva de la Fundación Cultural    del Banco Central de Bolivia.</font></p>     <p ><font face="Helvetica" size="2"><b>Palabras clave: arte textilindígena / culturajalq’a    / programa de renacimiento del arte indígena / museo de arte indígena / fundación    asur / museo textile</b></font></p> <font face="Helvetica" size="2">“Themountainssaid ‘yes’, itwas a goodproject,  and earlythatmorning, at dawn, whenthemountainstookthedecision, wewereableto lay  firstfoundationstonesfortheworkshop.” Thisishow Verónica Cereceda recountsthestart  of animportantprojecttorecovertheindigenous art of textile-weaving in Chuquisaca  and Potosí, taken forward bythe ASUR Foundation. Today, followinganincomprehensibleattackonitscontinuedpresence,  ASUR isstarting a new phase. Thethreads of this interview weavethestory, whichisthencommentedonby  María Luisa Soux, ExecutiveSecretary of theBolivian Central Bank’s Cultural Foundation.</font>      <p ><font face="Helvetica" size="2"><b>Keywords: indigenous textile art / jalq’a    culture / renaissance of indigenous art programme / indigenous art museum /    asur foundation / textile museum </b></font></p> <hr align="center" size= 4 noshade>     <p><font face="Helvetica" size="2">Chilena de nacimiento pero boliviana de corazón,    Verónica Cereceda llegó a Bolivia, a la región de Oruro, en 1966, con su esposo    Gabriel Martínez, para hacer teatro en las comunidades indígenas de la zona.    De ahí, se desplazaron hacia Charazani, en La Paz, en la comunidad de Lunlaya.    Durante los años setenta, la dictadura banzerista los empujó hacia el norte    chileno y sus comunidades aymaras. Tras el golpe de Pinochet, se fueron a Lima    y a París, donde iniciaron sus estudios en antropología y semiología. Su interés    empezó a volcarse hacia los textiles andinos y sus significados, lo que los    llevó a Sucre, como relata la entrevista. Fueron entre los primeros en Bolivia    en reconocer que la vestimenta indígena era un texto que teníamos que aprender    a descifrar. Este ha sido fundamentalmente su aporte, que no se puede comprender    sin tomar en cuenta el otro legado de los esposos Martínez Cereceda: el hecho    de haber logrado rescatar los saberes tradicionales de jalq’as y tarabucos,    permitiendo que su pensamiento siga vivo. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">En el año 2008, Verónica Cereceda fue laureada    con el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanas del PIEB por su trayectoria    y aporte a la investigación en el país. Lo que ha reconocido el premio no solo    es la producción de conocimiento de Verónica sobre los textiles y sus creadores    sino también la difusión de los saberes indígenas a través del Museo de Arte    Textil Indígena, por ejemplo, así como los proyectos de desarrollo fomentados    por la Fundación Antropólogos del Surandino (ASUR). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El trabajo de ASUR, liderado por Verónica,    también ha sido valorado por expertos y neófitos a través del museo que plasma    la colección de textiles reunidos tras años de trabajo por el equipo. Este museo,    uno de los principales atractivos de Sucre, ha sido una escuela de interculturalidad,    permitiendo comprender que la cultura de estos pueblos está viva y se adapta    a estos tiempos; no ha quedado congelada en el pasado. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Sin embargo, pese a ser uno de los repositorios    más importantes del conocimiento, la cosmovisión y la sabiduría indígena, el    museo y el proyecto cultural en su conjunto han sido objeto de un ataque por    parte de la Gobernación de Chuquisaca a fines del año 2010 y en los primeros    meses de 2011. Argumentando que ninguna entidad privada podía ocupar edificios    públicos, la Gobernación exigió el desalojo de la Casa Capellánica, una hermosa    casona colonial donde se ubicaba el museo y la Fundación. Luego, reclamó la    colección para ser administrada por las organizaciones campesinas, al igual    que la tienda donde se vende la producción de los artesanos, que no es artesanal    sino artística. Pese  a la mediación de la Fundación Cultural del Banco Central    de Bolivia para llegar a un acuerdo que permitiera una transición viable, no    se pudo concretar nada y el museo tuvo que cerrar sus puertas y entregar la    casa. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La Casa Capellánica no alberga más al museo,    a la institución ni a la tienda. Felizmente, ASUR cuenta con un espacio estratégico    en el barrio de La Recoleta, a pocos metros de la plaza del mismo nombre, en    predios propios donde se llevaba a cabo talleres de capacitación. En este espacio,    se volverá a montar el museo y, de hecho, la tienda ya funciona. La colección    está ahora bajo la protección de la Fundación Cultural del Banco Central de    Bolivia, y será próximamente exhibida para que el público pueda apreciar esta    extraordinaria muestra viva de arte indígena. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Es en este contexto que <i>T’inkazos</i>recupera    el aporte de Verónica Cereceda a través de su obra en ASUR. En una soleada tarde    chuquisaqueña de otoño, Verónica Cereceda me regaló algo de su sabiduría. La    que las tejedoras llaman “Mama Verónica” nos cuenta la historia de ASUR y su    extraordinaria experiencia de recuperación del arte textil indígena en Chuquisaca    y Potosí. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Por qué eligieron trabajar en Chuquisaca?</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Conocía, por algunos catálogos, unos pocos    tejidos de la región Jalq’a<i>.</i>Siempre me parecieron extraordinarios. Curiosamente,    aunque viviendo en Bolivia de 1966 a 1971, nunca llegué a verlos en venta en    la calle Sagárnaga, en La Paz. Una amiga tenía uno como cubierta de mesa. Estos    tejidos suscitaron en nosotros una atracción enorme hasta el punto de redactar,    años más tarde, un proyecto para la InteramericanFoundation, con la intención    de rescatarlos.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Estudiando en Francia, obtuve una beca para    regresar a Bolivia y trabajar entre los chipayas. Aprovechando una visita a    Tristán Platt que vivía en Sucre, pude recorrer las calles por donde camina    la gente del campo y encontrarme de nuevo con este estilo que, en esa época,    era conocido como Potolo y preguntar por las comunidades donde se teje, obteniendo    siempre como respuesta, para mi extrañeza, nombres que no eran Potolo. Tres    años más tarde supimos, Gabriel Martínez, Ramiro Molina Barrios y yo, que se    trataba de un extenso grupo étnico autodenominado <i>jalq’a</i>que no había    aparecido hasta ese momento en las investigaciones de otros colegas que trabajaron    en estas regiones. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En los años 1980, los textiles eran decepcionantes:    habían perdido su encanto estético, estaban elaborados con acrílico, y los diseños    se habían convertido en estilizaciones -por lo general de cóndores- sin ya el    desarrollo icónico que tenían los bellos animales que se tejían en las décadas    anteriores. Con apoyo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO)    y luego de la InteramericanFoundation, conseguimos algunos recursos para iniciar    una prospección y establecer los límites de esta cultura. Al mismo tiempo, preguntamos    quiénes querrían tejer “como antes”, con la misma finura y los hermosos diseños    de animales que habían caracterizado a la región en un intento de llevar adelante    un proyecto que lograra recuperar, para el orgullo de las propias comunidades,    las calidades que nos habían atraído tanto. En esos primeros tiempos, no se    pensaba aún en comercialización ni sabíamos si esta era posible. La prioridad    era revitalizar la cultura. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Verás, en un viejo jeep, recorrimos varias    comunidades y nos dimos cuenta que ese grupo era muy amplio. Llegamos hasta    Ravelo, hasta el río Tahuareja límite con el ayllu Macha… En todas esas comunidades    habitaban jalq’as, que eran llamados <i>jalq’itas</i> en diminutivo o <i>q’arasiq’is</i>    (trasero pelado), en alusión a su extraño pantalón que parte debajo de las nalgas,    por los vecinos del norte de Potosí. Nuestro asombro fue constatar que la región    Jalq’a era una enorme extensión que contenía tanto sindicatos agrarios como    pequeños ayllus sobrevivientes a la Reforma Agraria. En esos momentos nuestro    único dato de adscripción lo constituyó el vestuario común a todos los así llamados.    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">La verdad es que los tejidos que pudimos observar,    sea en uso, sea guardados en las casas, estaban bastante decaídos y no se parecían    tanto a las ilustraciones que habíamos conocido a través de catálogos o colecciones    (entre ellas las del Museo Nacional de Etnografía y Folklore, en La Paz). Conservamos    hasta hoy -y se exhibió posteriormente en el Museo de Arte Indígena- una mitad    de <i>aqsu</i> que había sacado el primer premio en la comunidad de Rodeo Waylas,    en una exposición textil impulsada por el Instituto Politécnico Tupac Katari.    Debe haber sido en el año 1986. El ejemplar premiado era muy simple, tosco y    es un buen ejemplo para comparar con los textiles actuales, finos y extraordinariamente    complejos en sus diseños. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Este primer trabajo permitió hacer un primer    mapa de la zona Jalq’a y adquirir algunos trozos o textiles antiguos que sirvieran    de posterior inspiración para un intento de revivir las calidades antiguas.</font></p>     <p align="center"> <font face="Helvetica" size="2"><img width=408 height=300 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a01_01.jpg"></font>      <p align="center"><font face="Helvetica" size="2"><br clear=all>   </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Por qué el Programa empieza en Chuquisaca?    </b></font> </p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Vimos varias colecciones privadas, sacamos    todas las fotografías que pudimos, y se las fuimos mostrando a las mujeres en    las comunidades preguntando: ¿Quién querría, con un capital en vellón sin costo    alguno, intentar tejer como antes? No tuvimos tiempo de analizar los resultados    del vasto viaje que habíamos hecho: una comunidad se eligió a sí misma. Se trató    de Irupampa, un pequeño caserío de no más de doscientas familias. Habían decidido    ser ellos los que iniciaran el proyecto, no porque lo entendieran a cabalidad,    ni mucho menos, sino para tener un proyecto propio de ellos, que no se detuviera    en la comunidad vecina de Maragua, sede de la subcentral donde, por contar con    más población, se quedaban las iniciativas de otras instituciones.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Una larga caminata por quebradas y cerros,    pues en tiempos de lluvia el río era infranqueable en movilidad, siguiendo a    los dirigentes que vinieron a buscarnos para realizar un contrato de trabajo,    decidió así lo que sería el destino de la posterior Fundación ASUR que se quedó    de esa manera en la provincia Oropeza del departamento de Chuquisaca. En esos    momentos éramos la Asociación de Antropólogos del Surandino (AASUR), con sede    en La Paz, y posteriormente se desgajó la sede Chuquisaca, llamándose sólo ASUR.    De este modo, fueron los comunarios los que decidieron dónde comenzaría el proyecto.    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Pese a esta decisión de la comunidad de Irupampa,    y a la inmediata firma de convenios, dos o tres meses pasaron sin poder empezar    realmente los trabajos: las mujeres se inscribían a lo que entonces era sólo    un proyecto, asistían a las    <br>   reuniones, pero nadie sacaba vellón de la bodega que habíamos destinado para    este fin. Fue un importante período de conocimiento mutuo, nada más. La directiva    del sindicato había organizado un “comité de tejidos” y pasaban los días sin    que avanzáramos. Las señoras tenían miedo, habían sido ya engañadas otras veces.    Teníamos incluso un pequeño fondo para levantar un taller, pero esta construcción    no se iniciaba. Algunos dirigentes vinieron una noche a la casita que nos habían    prestado para vivir, y nos explicaron que lo que faltaba era la aprobación de    los cerros. Tenían organizada un <i>aisa</i>, una consulta a las deidades, para    decidir si el proyecto sería para bien. En una larga ceremonia que duró toda    la noche y que sería largo de describir, un <i>yatiri</i> y su ayudante convocaron    a las “cumbreras”, a los altos cerros, a decidir. Vinieron en forma de cóndores    (golpes del <i>aysiri</i> con la palma sobre sus muslos, imitando el sonido    del vuelo), en medio de la oscuridad, interrogándonos, con diversas voces agudas    o graves hechas por el <i>aysiri</i>, y discutiendo entre ellos. Estuvieron    presentes montañas lejanas como el Illimani o el Wayna Po-    <br>   tosí, como otras más pequeñas locales. Los cerros dijeron que “sí”, que era    un buen proyecto, y en esa madrugada, al alba, cuando las cumbres tomaron esa    decisión, se pudo poner las primeras piedras para los cimientos del taller.    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Rápidamente, las comunidades vecinas tuvieron    noticias del resultado de la ceremonia y de este modo llegaron de Potolo, de    Majada y de otras comunidades a inscribirse en el proyecto y solicitar que se    les permitiera poner adobes para la construcción del taller. De esta manera    se estableció el proyecto que se llamaba “Textil Jalq’a” en sus comienzos. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Otro inicio ritual fue la primera salida de    los textiles a una también primera exposición en el Salón de Santa Mónica. Todo    lo logrado hasta ese momento -unos seis meses después del <i>aysa</i>-fue reunido    por las directivas en el taller de Irupampa y se llevó a cabo una reunión para    ver posibles precios en el caso de que hubiera interesados en comprarlos. Pero    los hombres no dejaron que los textiles se fueran. Insistieron en estar toda    la noche despidiéndolos, challándolos para desearles buena suerte en este nuevo    contacto con un público urbano. Sólo después de esta <i>ch’alla</i> se inició,    tímidamente, una comercialización que hasta hoy es exitosa. Hasta ese momento,    el objetivo había sido recuperar los diseños y las técnicas, tal como se producían    en los años anteriores (1960, 1970), así como motivar nuevamente a las tejedoras    y movilizar la cultura, sin una intención concreta de comercializarlos. En realidad,    no teníamos idea si el proyecto podría o no ser rentable para las comunidades.    Y esto fue muy interesante: las motivaciones primeras para tejer no fueron económicas    sino espirituales, aunque ahora el Programa de Renacimiento del Arte Indígena    se ha convertido en una actividad que permite la llegada segura de recursos    complementarios para el campo. <i>&nbsp;</i></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Qué recuerdas como momentos importantes    de lo que sería después el Programa de Renacimiento del Arte Indígena?</b> <i>&nbsp;</i></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Tal vez, dos hechos que lo marcaron. Uno fue    la fusión de este programa iniciado en la zona Jalq’acon el Proyecto de Artesanías    Tarabuco, en manos del entonces proyecto Chuquisaca Norte. No te contaré los    detalles pero lo que era la Corporación de Desarrollo de Chuquisaca (CORDECH)    nos permitió llevar en conjunto el desarrollo de los textiles de ambas regiones.    Creo que fue un paso importante para las transformaciones estéticas y semánticas    que empezaron en esos años a caracterizar los dos estilos Jalq’a y Tarabuco,    ya que se produjo una suerte de emulación. Sin imitarse, los talleres de ambas    regiones iniciaron una cooperación mutua con comercialización conjunta y los    mismos reglamentos de organización interna de los grupos. Naturalmente, unos    observaban los trabajos de los otros -los comentaban, cosa que para mí fue importante    en el intento de comprender los lenguajes de los diseños- y se creó un fuerte    estímulo para avanzar en belleza y significación. Las diferencias entre ambos    estilos regionales fueron acentuándose, estando más conscientes: fue el comienzo    de una extraordinaria creación plástica que dura hasta nuestros días. <i>&nbsp;</i></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Fue un motor para una nueva creación…</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Exactamente. Se inició la producción y se realizaron    numerosas exposiciones-ventas en distintas ciudades y en el extranjero. Todo    esto fue promovido, igualmente, por otro acontecimiento importante para el proyecto:    el apoyo del PNUD. Fueron cinco años de gloria en que se construyó la mayoría    de talleres y ambientes de trabajo en las diferentes comunidades, momentos en    los cuales trabajar en la cultura traía un enorme reconocimiento. Hoy, es difícil    conseguir recursos sólo para procesos emocionales/intelectuales, aunque ellos    sean la fuente principal de todo desarrollo o cambio. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Fue en estos años que de Proyecto textil Jalq’a    Tarabuco se pasó a Programa de Renacimiento del Arte Indígena, que es verdaderamente    el término que mejor define lo logrado hasta hoy.<i>&nbsp;</i></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Cuándo y cómo surge el Museo de Arte Indígena?    <i>&nbsp;</i></b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Es el resultado, justamente, de los procesos    de creación que llevaron adelante las tejedoras. El Museo viene a concretar    otra etapa del Programa. Veíamos los cambios y los logros que se iban produciendo    en los diseños y técnicas de los años noventa y se hizo indispensable empezar    a conservar una memoria de estos procesos. En una primera etapa, se trataba    de colecciones que se exhibían en el campo para la reflexión de las tejedoras.    Luego, ya instalamos las primeras salas destinadas, especialmente, a los pueblos    indígenas, para su orgullo y conocimiento. Todo en el montaje -hecho con muy    pocos recursos- ponía en valor la producción de las tejedoras y tejedores varones    que ya se habían incorporado al trabajo.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Del Museo de Arte Indígena que dejó de existir    hace cuatro meses -debido a que la Casa Capellánica que lo albergó por casi    veinte años tuvo que ser devuelta a la Gobernación de Chuquisaca, su propietaria-    rescatamos varios logros importantes. En primer lugar la belleza de la exhibición,    en esas amplias salas, a pesar de que su elección estética era la extrema sencillez.    Conservamos las vigas coloniales a las cuales se agregaron otras maderas de    las tarimas y vitrinas como cañahuecas y, a veces, hasta paja. Todo evocaba    -sin intentar reproducirlo sino solo recordarlo- el ambiente campesino de donde    provienen los textiles, a través de texturas, fragancias, materiales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Rescatamos, igualmente, la investigación etnográfica    seria que acompañó a la exposición. Los datos científicos contribuyeron así    a crear un vínculo más fácil entre una estética indígena y un público urbano    o, incluso, con un público originario pero procedente de otras áreas culturales.    En realidad, esta investigación fue una de nuestras tareas principales durante    todos estos años, iniciando un ciclo de pensamiento (conjunto con las tejedoras    y tejedores), luego la producción, luego la venta y la conservación de los mejores    trabajos, y de regreso al pensamiento. Destaco dos cosas importantes en este    proceso: la venta que significa recursos complementarios significativos para    las familias de las comunidades en que se trabaja, y el museo que se alimenta    de una manera viva de las mejores producciones, sea para exponer los procesos    creativos, sea para inspiración de nuevas tejedoras. Lo que se ha perdido con    el cierre del museo es una memoria colectiva tejida durante más de cincuenta    años, ya que en un comienzo fue posible rescatar algunas muestras más antiguas    que las del inicio del primer proyecto, en 1986.&nbsp;</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Qué futuro espera a ASUR?&nbsp;</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Estamos lejos de poder predecirlo. Puede que    todas estas obras de arte que fue posible gestar en los últimos veinte años    dejen de producirse por cambios en las estructuras de las familias. Los jóvenes,    en su gran mayoría, están abandonando el campo en busca de posibles trabajos    o estudios en la ciudad. O bien dejen de ser significativas y altamente atractivas    como aún lo son, para las tejedoras y tejedores. O, en cambio, puede producirse    un nuevo renacimiento del espíritu étnico o indígena más allá de las fronteras    de un grupo, y las comunidades precisen fuertemente de sus lenguajes distintivos    para expresarlo. Nuestra batalla continuará en ese sentido: apoyando los procesos    espirituales que también inciden en los movimientos sociales.&nbsp;</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Y esos dioses de los cerros, esos mallkus    que autorizaron el inicio del proyecto ¿crees tú que observan y defienden esta    batalla?<i>&nbsp;</i></b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Esperamos de todo corazón, y a través de alcances    rituales, que ellos sean la fuerza para una segunda etapa. Desde ya el viernes    los invocaremos para que nos traigan su voluntad y su fuerza, junto a la primera    piedra que pondremos en ese momento, para la iniciación de la construcción de    un nuevo museo. <i>Allin</i> hora <i>kachun, </i>como diríamos en el campo.</font></p>      <div align="center"><img width=455 height=299 src="/img/revistas/rbcst/v14n29/v14n29a01_02.jpg" align="center">    <font face="Helvetica" size="2"><br clear=all>   </font> </div> <hr align=left size=1 width="33%">     <p><font face="Helvetica" size="2"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="">[1]</a>    Historiadora, investigadora, responsable del MUSEF regional Sucre, directora    de la revista <i>T’inkazos</i>. Correo electrónico: lanitalema@gmail.com</font></p>          <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&nbsp; </font></p>       ]]></body>
</article>
