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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El eco de las voces olvidadas.: Una autoetnografía y etnohistoria de los cavineños de la Amazonía boliviana.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">Alfredo Tabo Amapo</font></p>     <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">2008</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>        <p align="center"><font face="Helvetica" size="4"><b>El eco de las voces olvidadas.    Una autoetnografía y etnohistoria de los cavineños de la Amazonía boliviana.    </b> </font></p>     <p align="center"><font face="Helvetica" size="4">Edición de Mickael Brohan y    Enrique Herrera. Copenhague: IWGIA.</font></p>     <p align="center"><font face="Helvetica" size="4">T<b>he echo of forgotten voices.    An autoethnography and ethnohistory of the cavineños of the Bolivian Amazon.</b></font></p>     <p align="center"><b><font face="Helvetica" size="4">Isabelle Combès<sup>1</sup></font></b></p> <hr size="4" noshade align="center">        <p><font face="Helvetica" size="2">Dividido en dos partes, este libro merecería    en realidad dos reseñas diferentes: la primera sobre lo que los editores –pecando    por exceso de modestia–llamaron simplemente un “prólogo” y que es mucho más    que eso; la segunda sobre los escritos que corresponden al que figura como único    autor del libro, el cavineño Alfredo Tabo. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Nacido en 1936 en Misión Cavinas, en la Amazonía boliviana, Alfredo Tabo      es cavineño por parte de su padre y  tacana por el lado materno; se identifica,      sin embargo, con el primero de estos grupos étnicos lingüísticamente emparentados,      y emprendió, hace ya más de cuarto de siglo, la tarea de recopilar su historia,      sus leyendas, su pasado, sus “voces olvidadas”, incluso despreciadas hoy por      los mismos cavineños más jóvenes, pues “las cosas ya no son como eran antes”.      El objetivo del autor fue, entonces, rescatar el pasado y las tradiciones      caídas en el olvido. Y para que no crean algunos que eso nunca existió de      verdad, quiso rescatar este pasado en un libro. Él mismo dice por qué: “Ahora,      parece que se cree solamente lo que está escrito en un libro. Como la Biblia.      Pura escritura no más se cree. Eso nomás. Por eso, yo quería contar un poco      la historia de los cavineños en un libro” (p. 8). Es así que a lo largo de      150 páginas, Tabo nos lleva desde “los primeros tiempos” (con textos que incluyen      mitos de origen, historias de los dueños de los animales, de la divinidades      <i>educhi</i>, etcétera) hasta “los nuevos tiempos” (el tiempo actual de las organizaciones      y reivindicaciones indígenas), pasando por una extensa segunda parte dedicada      a “los tiempos de los misioneros, de la goma y de la esclavitud”. </font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Los textos recopilados ofrecen una increíble    suma de datos sobre la historia, no sólo de los caviñenos sino de todos los    pueblos que conforman el mosaico étnico de la Amazonía boliviana. Pero ofrecen    también algo más. Más que una simple recopilación de las palabras de los antiguos,    este libro es un “eco” de ellas, y en ese sentido nunca un título fue mejor    elegido. El eco es lo que queda de una voz que ya calló, es el reflejo contemporáneo    de algo que pasó. Veamos, por ejemplo, lo que Alfredo Tabo y los cavineños nos    dicen hoy de su historia: por cierto que los diferentes relatos nos dan mucha    información, muchos datos hasta hoy inéditos. Pero también nos afirman, en efecto,    que los cavineños existieron “desde siempre”. Históricamente hablando, esta    afirmación no tiene mucho sentido, y los mismos testimonios y recuerdos presentados    por Tabo lo muestran: los cavineños de hoy son un producto de la historia colonial,    descendientes de varios grupos indígenas reunidos en la segunda mitad del siglo    18 en la misión franciscana de Jesús de Cavinas. Ahí se mezclaron grupos tacanas,    araonas (incluida una “parcialidad” de ellos, llamada “cavina”), pacaguaras    y probablemente unos cuantos grupos más. De esta convivencia forzosa en las    misiones nacieron los cavineños, y mediante esta convivencia también se (re)conformaron    los demás grupos étnicos que hoy conocemos en la región. Por supuesto que no    se trata aquí de decidir quién tiene la razón entre historiadores e indígenas,    ni de calificar los discursos de los unos y los otros de “errores” o “mentiras”:    no son los términos apropiados. Lo que nos presenta Alfredo Tabo aquí es, ante    todo, la propia visión (reconstruida, como toda visión moderna sobre el pasado)    de su historia por los cavineños. En este sentido, su obra sirve tanto (sino    más) desde una perspectiva antropológica, para responder a la pregunta: “¿Cómo    se piensan los cavineños de hoy?”, que desde una perspectiva histórica para    intentar comprender “cómo eran los cavineños de ayer”.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Y eso lo entendieron mejor que nadie Mickael Brohan y Enrique Herrera,      quienes editaron este libro y redactaron su prólogo. Respetando tanto al autor      como a su texto, supieron ubicarlos en su contexto y ver en esta obra “tanto      un testigo como un producto” de los movimientos indígenas de hoy y de la permanente      (re)afirmación de sí mismos por los indígenas. Supieron, también, subrayar      su aporte no sólo para los cavineños mismos o para unos cuantos investigadores,      sino para todos aquellos interesados en el rompecabezas histórico y étnico      de la Amazonía boliviana. Pues a pesar del subtítulo escogido para esta obra      –tal vez un sacrificio a la moda indigenista imperante–, el aporte de Alfredo      Tabo no constituye a mi juicio ni una “auto” etnografía ni una “auto” etnohistoria      de los cavineños. Tabo aporta datos, conocimiento, sensibilidad y la paciente      escucha de las “voces olvidadas” del pasado: la antropología y la etnohistoria      –el análisis del “eco”– se deben en este libro a los dos jóvenes antropólogos      que lo editaron, lo comentaron, lo enriquecieron con datos bibliográficos      y archivísticos, y a quienes debemos más de 800 notas aclaratorias y cuadros      explicativos. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">En todo caso, una cosa queda clara: tanto la primera como la segunda parte      de este libro han logrado llenar un vacío para el conocimiento de los cavineños.      Los estudios sobre este grupo son, en efecto, mayormente lingüísticos, y existen      muy pocas obras dedicadas a su historia o –menos– a su conocimiento antropológico.      Los autores del prólogo apuntan muy bien el por qué de esta situación: no      sólo los cavineños son un producto histórico de las misiones sino que encima      son considerados en general como demasiado “aculturados”, demasiado parecidos      a los criollos y mestizos: poco interesantes en suma para quienes –y son muchos      todavía– buscan encontrar a una cultura indígena “intacta”, “pura” y “original”.      Y difícilmente podría convencer a estos pesimistas la voz de un cavineño de      madre tacana; de un cavineño miembro activo de una iglesia evangelista, quien      además de sus actividades “tradicionales” de cacería y pesca también fue sucesivamente      vaquero, chofer o recolector de goma; de un cavineño que milita en los movimientos      y organizaciones indígenas de hoy, y es ahora autor de un libro impreso en      La Paz pero editado por Dinamarca.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Esta idea de “indios que no lo son” no traduce más que una fuerte nostalgia      del mito del “buen salvaje”, y una visión también bastante colonial de la      historia indígena. En otras palabras, postula la existencia de una sociedad      y de una cultura indígenas que sólo se mueven y cambian mediante sus contactos      con la sociedad occidental (y no, por ejemplo, mediante contactos con otros      indígenas); y estos cambios sólo pueden ser entendidos como una “aculturación”      en sentido único, una “contaminación” de la cultura indígena por la occidental      (y no al revés), llegando al empobrecimiento y luego a la desaparición de      la primera. Pero pensemos un poco más: ¿acaso incluir a Cristo en un mito      de origen no puede ser visto también como una apropiación por los indígenas      de elementos nuevos, a su manera, a su estilo? Por otra parte: los cavineños      son un producto de la historia colonial… pero ¿cuál es la sociedad que <i>no</i> lo es? Hasta los pueblos más recalcitrantemente “aislados” son productos      de la historia y de una colonización más o menos fuerte o efectiva; su aislamiento      no es otra cosa que una consecuencia y un cambio debido a esta misma colonización,      que cada pueblo encaró a su manera. Estos diversos estilos y maneras son,      precisamente, el objeto de la antropología. Toda sociedad cambia, simplemente      porque vive. Una cultura “incontaminada” no existe, o sólo lo hace en vitrinas      de museo, cuando está ya muerta. La antropología no sólo quiere buscar “supervivencias”      del pasado sino estudiar las formas originales que toma cada cultura, moldeada      por las vicisitudes históricas, los encuentros, las influencias, sean las      de otros grupos indígenas o de la sociedad occidental. Y eso es un punto de      vista válido en cualquier parte, pero mucho más en el mosaico étnico que presenta      la Amazonía boliviana.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">En otras palabras, haciéndose el “eco” de Alfredo      Tabo, quien expresó la esperanza que su libro “sea un bien para el pueblo      cavineño” (p. 9), lo que hicieron sus editores es demostrar a los pesimistas      que estos cavineños simplemente existen, y que ya es hora de prestar el oído      a sus voces pasadas y presentes, ojalá nunca más “olvidadas”.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Notas al pie</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2"><b>1</b>   Patricia Brañez Cortez es      socióloga. Actualmente se desempeña como Coordinadora de Proyectos del Centro      de Información y Desarrollo de la Mujer – CIDEM. La Paz - Bolivia.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2"><b>2</b>   María Luisa Femeninas y Paula      Soza Rossi (2009) “Poder y violencia sobre el cuerpo de las mujeres”. En:      <i>Sociologías</i>. Porto Alegre, año 11, nº 21, jan./jun.  p. 42-65.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2"><b>3</b>   Denominación que dan los      y la autora de la investigación; en realidad se debería denominar vulneración      de derechos.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2"><b>4</b>   Actualmente, en la Asamblea Legislativa Plurinacional,      en la Cámara de Diputados se encuentra en tratamiento el Proyecto de Ley N°      497/2010 de Protección Legal de Niñas, Niños y Adolescentes en la que se agravan      las penas por inducción a la fuga, violación, violación en estado de inconsciencia,      estupro, abuso deshonesto, rapto propio e impropio, y transmisión de ITS o      VIH-SIDA.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">5        Patricia Brañez C. (2009) Reporte Estadístico Violencia contra las Mujeres      Gestión 2007 - Datos Parciales Gestión 2008. Sistema de Información para la      Vigilancia Ciudadana desde una Perspectiva de Género. La Paz: CIDEM – LED.</font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>        <p align=center><font face="Helvetica" size="2"><img width=589 height=410 id="Picture 0" src="/img/revistas/rbcst/v13n28/a12_figura_01.jpg" alt=obra20.jpg></font></p>       ]]></body>
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