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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Descolonizando el género a través de la profundización de la condición sullka y mayt´ata]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Awareness of the domination of indigenous, rural and Afro-Bolivian women has been addressed using spaces and methods that gender theory has claimed for itself, forgetting to recognise women’s condition as minors who are also on loan. The authors of this article propose to work on this condition so that it serves as a mirror, to transgress the norms with the aim of recovering history, constructing identity as a people and reinforcing women’s self-esteem as rational subjects with a will of their own.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <blockquote>        <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">SECCIÓN III</font></p>       <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">INVESTIGACIONES Y ENSAYOS</font></p> </blockquote>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="Helvetica" size="2"><b><font size="4">Descolonizando    el género a través de la profundización de la condición <i>sullka y mayt´ata    </i></font></b></font></p>     <p align="center"><font size="4"><b><font face="Helvetica">Decolonizing gender    theory through the deepening of the condition <i>sullka and mayt´ata</i></font></b></font></p>     <p align="center"><font size="4"><b><font face="Helvetica">María Eugenia Choque    Quispe<sup>1</sup>    <br>   Mónica Mendizabal Rodriguez<sup> 2</sup></font></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Helvetica" size="2">T’inkazos, número 28, 2010,  pp. 81-97, ISSN    1990-7451</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=right><font face="Helvetica" size="2">Fecha de solicitud: abril de 2010</font></p>     <p align=right><font face="Helvetica" size="2">Fecha de recepción: mayo de 2010</font></p>     <p align=right><font face="Helvetica" size="2">Fecha de aceptación y versión final:    junio de 2010</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La conciencia de dominación de las mujeres    indígenas, originarias, campesinas y afrobolivianas ha sido abordada desde espacios    e instrumentos que el género ha reivindicado como propios, olvidando el reconocimiento    de la minoridad y la condición de préstamo de la mujer. Las autoras proponen    trabajar esta condición para que sirva de espejo, para transgredir la norma    hacia la recuperación de la historia, la construcción de identidad como pueblo    y para reforzar la autoestima de la mujer como sujeta con razón y voluntad propia.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Palabras clave:  <b>género / movimiento feminista    / condición de la mujer / descolonización  / mujeres indígenas - originarias-campesinas-afrobolivianas    / identidad cultural</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Awareness of the domination of indigenous,    rural and Afro-Bolivian women has been addressed using spaces and methods that    gender theory has claimed for itself, forgetting to recognise women’s condition    as minors who are also on loan. The authors of this article propose to work    on this condition so that it serves as a mirror, to transgress the norms with    the aim of recovering history, constructing identity as a people and reinforcing    women’s self-esteem as rational subjects with a will of their own.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Keywords: <b>gender / feminist movement / conditions    of women  / decolonisation / indigenous–rural–afro-bolivian women / cultural    identity</b></font></p> <hr size="4" noshade align="center">     <p align=left><font face="Helvetica" size="2">Después de un largo proceso de reflexión    sobre el tema de género y su intervención con mujeres indígenas, originarias,    campesinas y afrobolivianas, presentamos nuestro análisis en este artículo<sup>3</sup>,    donde reivindicamos el carácter político del género, retornando a sus orígenes,    el feminismo, y planteamos una aproximación a su manejo dentro de las intervenciones    de la cooperación internacional. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En este punto profundizamos la tensión existente    entre las actuales reivindicaciones de género de las mujeres indígenas comparadas    con las de las mujeres de clase media. De esta tensión surgen dos condiciones:    la una de minoridad y la otra de préstamo de la mujer indígena. Analizamos cómo    éstas se expresan en la institucionalidad, reconocida como el chacha warmi y    su influencia en el ejercicio del poder local. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Finalmente, planteamos que el horizonte de    liberación pasa por la descolonización del género –recuperando su rol vital    político– pero también por la recuperación de las propias voces y la historia    de las mujeres indígenas, originarias, campesinas y afrobolivianas. Es en la    reconstitución de la historia propia y la descolonización donde podremos ser    facilitadoras para un proceso de reflexión libertario y emancipatorio de las    mujeres indígenas, originarias, campesinas y afrobolivianas, como expresión    de un verdadero diálogo intercultural. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=left><b><font face="Helvetica" size="2">El género como instrumento político    del feminismo </font></b></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Para quienes conocen los alcances del género    como instrumento del feminismo, no le son ajenos sus orígenes, la teoría occidental    feminista y sus diferentes vertientes. El feminismo es una teoría occidental    que deriva del post humanismo y de la filosofía occidental donde el postulado    principal es el reconocimiento de la desigualdad producto de la diferencia sexual    entre hombres y mujeres y su lucha por su transformación. Para feministas como    Marcela Lagarde, el feminismo es la corriente teórica que denuncia la condición    de desigualdad y de dominación de las mujeres y promueve intervenciones sostenidas    para revertir esta situación (Lagarde, 1996:33). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Ahora bien, el feminismo tenía que insertarse    en la vida cotidiana, en la política pública y presentar resultados concretos,    y para esto identifica y desarrolla un instrumento analítico que denuncia las    brechas y desigualdades (estructurales la mayoría de ellas) entre hombres y    mujeres: el género. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces el género, como instrumento de denuncia    del feminismo, mide, cuantifica la brecha y propone intervenciones para revertirla.    Es un instrumento politizado, si comprendemos que la política existe por el    bienestar común, el género es el instrumento para revertir las desigualdades.    En nuestra práctica, a diferencia de lo que afirman las feministas radicales    - autónomas, el género, como instrumento político del feminismo, permite visibilizar    las brechas, identificar los espacios y las estrategias de reversión de desigualdades    y diseñar las acciones que revertirán la condición. Adicionalmente es político    porque reconoce en su interior al activismo feminista identificando intervenciones    y sosteniendo las mismas con el fin último de denunciar la desigualdad. Su objetivo    es empoderar a las mujeres y profundizar el reconocimiento societal (con todos    sus instrumentos) de la desigualdad. ¿Acaso no es político el acto de constituirse    responsable ante la cosa pública? ¿Y acaso no es político el reconocer que la    vida privada es también asunto público? </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El género se responsabiliza ante la cosa pública    porque no sólo la devela, la cuestiona, deja en evidencia la desigualdad, sino    también porque asume responsabilidades como instrumento –tecnocrático sí– para    promover la igualdad. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Junto a la necesidad de recuperar esta fuerza    inicialmente transgresora del género vinculada al feminismo reconocemos que    la creciente utilización de la perspectiva de género en la elaboración de interpretaciones,    diagnósticos y políticas públicas ha permitido la visibilización de las mujeres,    de su problemática y las estrategias para su emancipación. Sin embargo, junto    a esta visibilización también existe un desgaste por el reduccionismo con el    que se lo ha manejado y por las distorsiones del discurso y la práctica en el    transcurso de los años. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El vínculo que se hace de género con la exclusiva    intervención de las mujeres ha despolitizado el instrumento y, como dice Lagarde,    “ha mutilado teórica y filosóficamente de sus supuestos subversivos y transgresores    al convertir esta perspectiva en algo neutro y casi caritativo” (Lagarde, 1996:21).    Esta separación del paradigma feminista, para la autora y para nosotras, ha    sido costosa. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Para las feministas autónomas y radicales el    género se ha convertido más bien en ese instrumento despolitizado del feminismo.    Para ellas comprender al género únicamente como un instrumento técnico es, a    su vez, “un instrumento tremendamente patriarcal porque despolitiza el feminismo”    (Aldunate, 2010: 1). Si bien reconocen sus orígenes en la teoría feminista y    su razón de ser en la denuncia de las opresiones de las mujeres, también aluden    a la despolitización del género a partir de los años sesenta y setenta, cuando    el movimiento de mujeres de clase media latinoamericana “lo apropia para imponer    políticas públicas neoliberales” (Paredes, 2010:20). Apoyan sus afirmaciones    en las corrientes del feminismo liberal que a partir de los años ochenta y noventa    llegaron con mayor fuerza, y es que la preocupación de ese entonces era llenar    el aparato estatal de políticas públicas a favor de las mujeres para inicialmente    promover el reconocimiento de la desigualdad. La política pública jugaba ahí    muy bien su rol y era el de tratar el tema común: lo público promoviendo normas    que limiten su alcance con un impacto punitivo en caso de necesidad. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Hasta aquí el género seguía perdiendo fuerza    política porque precisamente no reconocía en su interior el elemento vital que    promovía la desigualdad: la clase y el origen étnico. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Esta tensión (género como instrumento del feminismo    y su despolitización) volvió los primeros años del gobierno del presidente Evo    Morales para poner por encima de la tensión los elementos vitales que recuperan    el carácter político del género: la desigualdad en términos de clase, etnia    y en términos de un sistema estructural injusto que impuso a las mujeres indias,    originarias, campesinas y afrobolivianas el peso del colonialismo y el patriarcado    en sus cuerpos, haciéndolas mucho más marginales y excluidas que las mujeres    de clase media. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Nadie puede negar esta desigualdad y el mayor    impacto del colonialismo y el patriarcado en los cuerpos de unas por encima    de las otras. Y aquí nos permitimos una licencia: el descubrir esas formas de    opresión de una clase sobre otra, se constituye en un acto íntimo de reconocimiento    de clivaje doloroso personal, producto de vivir con hombres y mujeres (pero    sobre todo mujeres) la masacre, el miedo y los efectos de la violencia política.    Sólo vivir un trauma de estas dimensiones puede sacar el velo de los ojos que    la clase y sus prácticas inconscientes nos impone; solamente vivir el trauma    y compartir el dolor de la muerte, puede hacer comprender que la piel blanca    frente a la piel indígena, en el país, había tenido un valor superior; que las    relaciones sociales y las estructuras de poder se habían construido en base    a ese hecho; que lo económico, político y cultural se había estructurado en    base a ese pigmento azaroso. Al reconocer esta desigualdad fáctica y no permitir    que la justificación a los hechos se apodere de la conciencia, abstrayéndonos    de la realidad, junto a la profunda vergüenza, es que reconocemos, a su vez,    el uso discrecional del instrumento “género” por unas, sin escuchar, mirar y    dar un paso a un costado para que sean las otras quienes reivindiquen ahora    sus demandas y necesidades y, por lo tanto, construyan sus propios caminos de    liberación.  </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Después de esta licencia, consideramos que    son cada vez menos las diferencias que nos dividen con las feministas autónomas,    con las indias, con las afrodescendientes y las campesinas, porque como ellas,    nosotras hemos vivido subordinaciones de género, también de clase y etnia. Aunque    con algunas la clase nos diferencie, nos une las mismas opresiones de género.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces preguntamos: ¿existe algo más político    que promover la emancipación de las mujeres reconociéndose sujetas de la transformación    individual y societal? Y es que ellas, las mujeres indígenas, originarias, campesinas    y afrodescendientes, a la par de ser protagonistas del resurgimiento de la identidad    y conciencia indígena, no sólo ponen en debate la cuestión de género sino que    evidencian la ineficacia de la política pública hasta ahora construida con ese    enfoque. Como Fernández nos dice “tanto el conflicto de género como la cuestión    étnica contribuyeron a ocultar el contenido de clase y dominación colonial de    las políticas públicas” (Fernández, 2009:15). En el análisis de la instancia    que actualmente se ocupa de los asuntos de género, el Viceministerio de Igualdad    de Oportunidades, se ha perdido de vista el camino procesual que hay que seguir    para desmontar el patriarcado y el colonialismo, quizás porque su única mal    entendida función es producir la política pública. Y es que el primer paso proviene    del reconocimiento de la desigualdad haciéndola consciente en el discurso y    en la vivencia de la mayoría de las mujeres, posteriormente sigue la implementación    de instrumentos y políticas públicas que a nivel discursivo plantean “el desmontaje    de estructuras de poder estatal, laboral, de control de la sexualidad, de ideologías    y de formas de conocimiento y saberes” (Fernández, 2009:15). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La crítica no se dirige al horizonte de salida,    que no tiene nada de malo; más bien se encuentra en el plano de las buenas voluntades,    más que de la realidad concreta… ¿Acaso no se trataba de promover un verdadero    diálogo intercultural y por lo tanto del reconocimiento del daño y la reparación    del mismo? Pero esto no se lo puede hacer desde nuestras voces, nuestros códigos    y nuestros instrumentos, sino más bien son ellas las que tienen que apropiarse    de este objetivo reconociendo la desigualdad que su entorno cultural promueve,    reconociendo sus relaciones con sus compañeros varones y volviendo a reconocer    el punto de partida diferenciado en el que se ubican con relación a los varones    de sus comunidades. </font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>El género utilizado por la cooperación    internacional</b></font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2">Ahora bien, necesitamos desarrollar    la idea del feminismo liberal para comprender cómo éste no ha podido recoger    la diversidad planteada (al final de lo que se trata es de reconocer que las    mujeres de clase media que enarbolan el feminismoliberal no recogen ni la voz    ni las demandas y menos la realidad de las mujeres indígenas, originarias, campesinas    y afrodescendientes) y, ante esta imposibilidad, cómo es todavía posible enriquecer    este feminismo con la práctica actual. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Dentro de las distintas corrientes del feminismo,    una de ellas, la que promueve el trabajo dentro de la política pública y su    inserción en el aparato de gobierno, su vínculo con la sociedad civil y el beneficio    que de ella se desprende, es el feminismo liberal. Este tipo de feminismo confía    que los resultados en la política pública y en la responsabilidad del Estado    en distintos ámbitos –educación, salud, producción u otros– tendrán impacto    porque su capacidad de réplica estaría asegurada por su mera existencia. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Un representante de ese feminismo es el Fondo    de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), agencia no residente    del sistema, que inició el año 2007 el Programa Inclusión de Género, Raza y    Etnia en Programas de Reducción de Pobreza. Este es un programa regional vigente    que culminará el año 2013. El proyecto consiste en la promoción sistemática    de la incorporación de las dimensiones de igualdad de género e igualdad racial    y étnica en los programas y proyectos, gubernamentales y no gubernamentales,    de lucha contra la pobreza y la desigualdad social, en cuatro países de Latinoamérica,    en los cuales las poblaciones femeninas negra e indígena son altamente significativas.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Lo que el proyecto había previsto, enriquecido    por la intensidad y la dimensión con la que hemos trabajado, fue el empoderamiento    de las mujeres –en este caso indígenas, campesinas y afrodescendientes– expresado    en el reconocimiento inicial de la desigualdad, en la verbalización de esa desigualdad,    en el testimonio concreto de las mujeres, en la apropiación de competencias    y conocimientos, en el ejercicio de éstos y en la capacidad de reconocer el    punto de partida en el que se encuentran. Es este punto de partida el que hemos    profundizado, pero no desde nuestra posición de mujeres de clase media –de distintos    orígenes– sino desde el discurso de ellas, desde su experiencia, desde su propio    reconocimiento de la desigualdad, desde la vivencia de la discriminación y la    exclusión, desde sus heridas coloniales y patriarcales. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=center><font face="Helvetica" size="2"><img width=508 height=370 id="Picture 2" src="/img/revistas/rbcst/v13n28/a05_figura_01.jpg" alt=obra10.jpg></font></p>     <p align=left><b><font face="Helvetica" size="2">Chacha/warmi: estructura organizacional</font></b></p> <font face="Helvetica" size="2">Las heridas patriarcales se evidencian en el acceso  a los cargos de ejercicio de poder en las comunidades, lo que se conoce como el  Ejercicio Dual del Gobierno Originario (EDGO); son las estructuras de las autoridades  originarias que consignan el ejercicio de la participación política en condiciones  de desigualdad precisamente por el autoritarismo y machismo comunal. Las autoridades  mujeres reconocen la existencia del chacha warmi, como una estructura dual mediante  la cual ambos, marido y esposa, ejercen autoridad. El chacha warmi es un espacio  de sabiduría pero que sitúa a las mujeres en el espacio ritual más que en la toma  de decisiones. María Eugenia Choque nos confirma lo anterior cuando dice: “el  espacio ritual, es de la mujer, la preparación de la fiesta es responsabilidad  de ella y por esto tiene mayor facultad incluso de decir mi fiesta, mi cargo”  (Choque, 1999:73). Sin embargo, junto a este rol, cuando nos disponemos a escuchar  atentamente lo que dicen las mujeres, evidenciamos que existen las unas que desean  formarse y, por lo tanto, confirmar ese deseo a “su tata”, y están las otras que  se sienten angustiadas y presionadas por la obligación de ejercer autoridad, así  lo demuestran los testimonios en el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu  (CONAMAQ) en el taller sobre Chacha Warmi que se promovió al interior del Programa  Incorporación de Género, Raza y Etnia en Programas de Pobreza en Bolivia. </font>      <p><font face="Helvetica" size="2">Unas dicen: “nuestros <i>t`atas</i> (esposos)    piensan que queremos hablar mal de ellos” (CONAMAQ, testimonio 2010); otras    afirman: “queremos aprender más, para ejercer mejor nuestros cargos” (<i>Idem.),</i>    pero están las que, con lágrimas y ahogo, verbalizan la angustia de la presión    que se ejerce sobre ellas de la siguiente manera: “Yo no quería venir, yo quería    quedarme con mis wawitas… solas las he dejado” <i>(Idem</i>.). Están también    las que temblando y obligadas hablan ante la mirada atenta y fija de su pareja    hombre. En esta reflexión hemos encontrado ambas posiciones: liderezas que cuentan    con el apoyo de sus parejas y en ellas se rebela amplia independencia, hasta    mujeres sojuzgadas y aun intimidadas por la costumbre, la tradición y la imposición    comunitaria. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El racismo y la minoridad se evidencia y expresa    en las compañeras afrodescendientes. En su último Encuentro Nacional de Mujeres    Afrodescendientes, realizado el 15 de abril de 2010 en la ciudad de La Paz,    conocimos por los testimonios que la discriminación y la exclusión toman formas    crueles y se acercan a prácticas de esclavitud. La piel morena y negra es lamentablemente    una licencia para el peor de los atropellos: la violencia y el abuso sexual.    Las mujeres afrodescendientes describen: “el ser mujer negra o de color es para    los hombres sinónimo de esclavas y sirvientas sexuales” (CADIC, testimonio 2010);    “el hombre no deja que la mujer tenga vida propia, por ser negra, es tratada    como su esclava, cualquier descuido es castigado y debe someterse a sus órdenes    y cualquier servicio sexual que el desee” (<i>Idem</i>.). Este reconocimiento    recientemente más profundizado de la diversidad étnica en las mujeres afrobolivianas    les ha permitido realizar el vínculo inmediato con la necesidad de que sean    también sus derechos los que se les reconozcan. El reconocimiento de su particularidad    como colectivo de mujeres dentro de una sociedad afro es  un avance importante.     </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Otro grupo de mujeres que recibe de la sociedad    el trato de menores, incapaces y dependientes, por lo tanto sujetas a diferentes    maltratos, son las trabajadoras del hogar. Este sector es una bisagra entre    una todavía sociedad racista y discriminadora frente a una mayoría indígena.    Son mujeres que por su origen, por sus limitaciones económicas y por las escasas    oportunidades educativas que han tenido ejercen inicialmente el servicio doméstico    al verse obligadas a migrar a las ciudades. Posteriormente, descubren la posibilidad    de estar afiliadas en sindicatos, que de una u otra manera las organizan alrededor    de la defensa de sus derechos. En este grupo de mujeres y por el carácter del    trabajo –privado en esencia– percibimos (producto de la observación y escucha    atenta de las autoras en los talleres promovidos) actitudes de minoridad y desprecio    de la sociedad hacia ellas, frente a un cada vez mayor proceso de independencia    institucional. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La reformulación de la Ley 2450 del Trabajo    Asalariado del Hogar relatado por ellas demuestra esto último. Una de sus liderezas    nos dice: “incluir la especialización en el trabajo de la trabajadora del hogar    es el instrumento que hemos definido nosotras para hacer que los empleadores    valoren nuestro trabajo” (Federación Nacional de las Trabajadoras del Hogar,    testimonio 2010). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Las mujeres del Oriente son otra muestra de    cómo se estructuran las sociedades alrededor de la idea de incapacidad y de    subordinación. La sociedad en su conjunto y los mecanismos de relacionamiento    existentes en ella están construidas para no permitir el cambio ni la transformación    de los roles asignados a hombres y mujeres. Hemos establecido vínculos con mujeres    jóvenes, dirigentes, liderezas que a sus 20 años cuentan ya con más de cuatro    hijos. Las mujeres del Oriente denuncian en sus testimonios la desigualdad expresada    en prácticas perversas en contra de ellas. Una lidereza con mas de 15 años de    experiencia dirigencial nos cuenta: “y la mujer no era capaz de decidir por    ella, pobrecita si lo hacía, al día siguiente tenía toda la cara, los pies y    las manos con moretes, ni hablar del vientre y la espalda” (Central de Pueblos    Étnicos de Santa Cruz, CPESC, testimonio 2010). La violencia es el mecanismo    que queda más a la mano para impedir la independencia de la mujer. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En el caso de las mujeres indígenas guarayas,    organizadas en la Central de Mujeres Indígenas Guarayas (CEMIG), se realizaron    talleres de debate sobre su situación  tanto en el ámbito privado como público.    Los testimonios son una muestra de cómo muchas mujeres afrontan situaciones    de violencia. El esfuerzo por salir del seno familiar hacia un espacio público    organizacional, pasa por la aprobación de la pareja, y cuando se encuentra en    el ámbito público, su participación es objeto de debate y crítica, por cuanto    las autoridades varones “aún no ven con buenos ojos, el involucramiento de las    mujeres en el proceso organizacional” (CEMIG, testimonio 2010). Si bien la lucha    por la defensa de sus derechos recae en hombres y mujeres,  son los varones    quienes tienen una participación más visible.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El proceso de liderazgo para las mujeres guarayas,    que habitan en la Tierra Comunitaria de Origen conocida como tierra Guaraya    (TCO), ubicada en el departamento de Santa Cruz, presenta dificultades al salir    del ámbito privado al organizativo, como las encargadas de la alimentación para    la dirigencia marchista que, con el transcurso del tiempo,  poco a poco pasaron    a ser la fuerza activa del movimiento indígena en el Oriente. El logro de las    mujeres indígenas guarayas ha sido involucrarse, juntamente con sus hijos e    hijas, en la reivindicación organizacional. La mayor parte del tiempo en las    marchas las mujeres caminan con sus pequeños hijos e hijas.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En la Central de Pueblos Nativos Guarayos (COPNAG),    organización mixta que aglutina a hombres y mujeres, cuya representación recae    generalmente en los hombres, llevó varios años de lucha interna lograr que las    mujeres accedan a ser parte de la dirección de la organización. Así se eligió    a la primera mujer, Elida Urapuca, a la cabeza de la COPNAG, y así fueron incorporando    a líderes jóvenes. Este trabajo de unidad ha llevado a la conformación de la    Central de Mujeres Indígenas del Beni, cuya dirección, actualmente, se encuentra    en manos de una mujer joven, que ha logrado incorporar  a las mujeres liderezas    mayores en un diálogo intergeneracional de aprendizaje a través de las historias    de vida, conociendo la historia de lucha y sufrimiento de las mayores, para    ser aceptadas primero dentro de la organización mixta y, posteriormente, para    la consolidación de la misma organización de mujeres.  </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">La reivindicación de derechos es una lucha    continua desde el hogar, luego pasa a los espacios en la organización y se da,    con mayor fuerza, en el mundo externo, con las empresas forestales, madereras    y otras que continuamente vienen asechando sus territorios. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Las mujeres yuracarés viven a lo largo del    río Chapare bajo la jurisdicción de los municipios de Villa Tunari y Chimoré    del departamento de Cochabamba. Esta extensión es una de las Tierras Comunitarias    de Origen (TCO) con mayor riqueza de recursos territoriales, sin embargo, por    la dificultad de acceso –la única vía es el río Chapare–, las condiciones de    vida de la mujer yuracaré son de total abandono. Son poblaciones con pocas oportunidades    de educación, sobre todo las niñas, quienes desde temprana edad, a los 12 y    13 años, tienen su primer hijo/a, y a sus 15 ó 17 van por el segundo embarazo.    En la zona, un aula alberga a dos o tres cursos, con un sólo maestro o maestra.    Las oportunidades para el liderazgo femenino son escasas en regiones tan alejadas    como la TCO yuracaré. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La estructura organizativa se funda en la figura    del cacique, quien es la cabeza de la representación. Hasta la fecha, en la    historia del pueblo yuracaré, se ha dado la asunción de una sola mujer indígena    al rol de cacique, y para llegar al mismo se tuvo que sensibilizar a su pareja.    Hoy se mantiene en su liderazgo a pesar de las críticas y reproches de las mismas    mujeres. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Desde el espacio laboral e institucional del    programa Pobreza del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer,    se evidencian dos condiciones que en aymara describen muy bien la posición de    las mujeres indígenas, originarias, campesinas y afrodescendientes: la <i>sullka</i>    (minoridad) y la <i>mayt´ata</i> (prestada).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Ambos términos han sido reflexionados por María    Eugenia Choque. Sus trabajos sobre el tema de inequidad de género en la mujer    indígena giran alrededor de la condición social de <i>sullka</i> (en aymara,    minoridad). Para Choque, “esta condición muestra cómo la cultura aymara basa    sus relaciones de desigualdad mediante una forma muy sutil de encubrir la subordinación    y marginación de la mujer” (Choque, 2009:10). Este grado menor de la mujer en    la comunidad tiene sus raíces en la educación donde se reproduce las condiciones    subjetivas de relacionamiento social en las familias, en el paso de la autoridad    paterna a la autoridad del marido. Esta condición de minoridad es también compartida    por los hijos/as en las comunidades. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Por otra parte existe la condición de prestada:    <i>mayt`ata</i>, término que se refiere a aquello que no es propio, es decir,    prestado. Choque nuevamente nos dice que “es en la esfera doméstica que la mujer    se constituye un ente no propio, que no es de la familia… entonces la inversión    en su crianza debe ser mínima” (Choque, 2009:10). Esta condición se reproduce    cuando la mujer sale del seno de la familia para caer en el seno del hogar del    marido. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Ahora bien, de eso se trata precisamente, de    reconocer que las mujeres indígenas, originarias, campesinas y afrobolivianas    parten de puntos diferenciados y de condiciones que las colocan en desventaja    frente a sus compañeros, esposos y/o padres, no para lamentarnos sobre esa condición    sino para ratificar la necesidad y el compromiso de trabajar por la equidad    y también por la igualdad. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Las estrategias de liberación que ellas definen    para enfrentar ambas condiciones se relacionan con procesos identitarios comunitarios    en la búsqueda de mayor autodeterminación en la toma de decisiones, mayor responsabilidad    individual por las decisiones que se toman, en el ejercicio del poder político,    en el ejercicio de su rol de líderes desde el Ejercicio Dual de Gobierno Originario    (EDGO), en el uso de la palabra, en la redistribución de la carga doméstica    en la vida privada, en el reconocimiento de la desigualdad y, por lo tanto,    en esa vivencia interna y concreta de que si no reconoce su punto de partida    será difícil enfrentar las capacidades aun ausentes, las oportunidades de formación    para un fin último, su empoderamiento, el enfrentamiento con quien las oprime    y para reivindicar, pero sobre todo, para disfrutar y gozar el ser mujeres con    igualdad de condiciones, oportunidades y derechos que su par masculino.</font></p>     <p align=center><font face="Helvetica" size="2"><img width=529 height=449 id="Picture 3" src="/img/revistas/rbcst/v13n28/a05_figura_02.jpg" alt=obra11.jpg></font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>Condición de minoridad de las    mujeres indígenas, campesinas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">La larga experiencia investigativa y de reflexión    de las autoras hacia el interior de nuestros ayllus, markas, tentas y capitanías,    está referida con exclusividad a la historia de las mujeres oprimidas y de los    segmentos sociales excluidos de la “sociedad boliviana”. El interés va articulado    a una reflexión interna, un aprendizaje colectivo, por cuanto es la mujer, que    en su condición de madre, porta una cultura e ideales culturales que se desarrollan    en una situación adversa. El reto es recrear esa potencialidad en base a la    cultura de la identidad, que trae también la condición del sullka cancaña (condición    de minoridad).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La realidad está marcada por la dominación    colonial que buscó borrar la identidad colectiva autóctona, el ser como una    es, con su forma de gobierno, sus autoridades tradicionales, sus conocimientos    y saberes del cual son portadoras las mujeres indígenas. La relación de la mujer    indígena continúa marcada por la violencia, unas veces encubierta y otras veces    visible.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La sociedad indígena enfrenta el dilema de    aferrarse con terquedad a su identidad y cultura o romper con su identidad llevándola    hacia la asimilación, para adscribirse a un mundo ajeno en calidad de marginado.    El razonamiento colonial funcionó en base a la lógica de la asimilación, así    las culturas aymara, qhichwa, guaraní, yuracaré, guaraya,  hasta no hace mucho,    fueron etiquetadas como <i>culturas populares</i>; los originarios casi por    decreto fueron convertidos en campesinos, y en la ciudad, enmarcados dentro    de lo popular. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Después de siglos de dominación, las identidades    y culturas de las naciones aymara, quechua, guaraní o de otros pueblos, están    otra vez en vísperas de recobrar su verdadera naturaleza y pujanza; sin embargo    este proceso corre el peligro de empañarse ante la cooptación que proyecta una    fracción de la cúpula del actual gobierno que busca hacerse del protagonismo    en el próximo pachakuti<sup>4</sup>. Pues lo colonial, que es pensado por esta    elite como la respuesta a la contradicción colonial, se construye justamente    en base a una reelaboración simbólica del papel desempeñado por la mujer indígena    en la confrontación colonial, principalmente en la conquista, vista esta coyuntura    como el origen de la identidad mestiza. Esta recreación, muestra a la mujer    indígena como “gustosa”, “voluntariosa” y “colaborativa” a su violación y al    surgimiento de una identidad que hoy es propuesta por la elite como la reemplazante    de la originaria.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Lo expuesto brevemente y los testimonios de    las mismas mujeres sirven de marco referencial para apreciar el rol que desempeña    la mujer indígena en la reproducción de una cultura e identidad propia enraizada    en milenios de historia y tradición, sin olvidar también su condición de <i>sullka    cancaña</i>. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Una mirada al pasado de libertad muestra a    la mujer ejerciendo distintos niveles de poder y no meramente simbólicos, como    sucede hoy. Su destierro al ámbito de lo privado, en el que las tareas domésticas    se constituyen en funciones primordiales y de su exclusividad, brindan a la    mujer una condición menor.  Los conquistadores y sus descendientes la amanceban,    la reducen a la servidumbre. Y los varones indígenas, ante el peligro de perder    a sus mujeres y de que éstas contaminen su sociedad, amargados y recelosos,    la confinan al seno de sus hogares. La reclusión y marginalidad de la mujer    indígena desde ese momento será una característica de nuestra realidad. Sin    embargo, la cultura e identidad originaria sólo pudieron tener asegurada su    reproducción y continuidad gracias a la madre que desde su regazo fue comunicando,    en nuestro idioma y casi en clandestinidad, la tradición ancestral de conocimientos,    literatura, arte, en resumen la cosmovisión andina y amazónica. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Ahora bien: ¿cuál es el rol de la mujer indígena    en la comunidad rural? Pese al patriarcalismo andino que la sujeta, esta mujer,    en la producción de su cultura, no  encuentra graves interferencias. El modelo    chacha-warmi funciona para la comunidad porque ella es productora de bienes,    a pesar de reproducir su condición de sullka cancaña. Sin embargo la mujer aymara    urbana, la mujer que en su condición de dirigente vive con un pie en la ciudad    y con un pie en el área rural, al tener que desenvolverse en un ámbito hostil,    está obligada a generar una serie de estrategias que la llevan generalmente    a éxitos superiores al de su pareja. Alcanzar esta situación, empero, tiene    un costo, el de sufrir una doble violencia: doméstica y colonial; la primera    generada por sus esposos y la segunda por el sistema de dominación. Aquí estamos    hablando de una doble explotación y discriminación de la mujer indígena: una    signada por el sistema colonial y la otra de género.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En esta situación la mujer genera formas exquisitas    de feminidad y cultura. No hay más que contemplar la moda femenina, la constante    modernización (entendida en los marcos civilizatorios andinos) de las danzas,    la radio, la comunicación, el canto, etcétera. Esta mujer, si bien no tiene    las mismas habilidades que las tejedoras jalq’as de Chuquisaca, lleva en los    eventos más importantes de su vida y de su cotidianidad el tejido andino del    aguayo, o sino, siguiendo la tradición andina, continúa vistiendo lo que queda    del antiguo vestuario chumbi (mantas, fajas). El vestuario de la mujer está    lleno de símbolos y el arte textil, que a decir de algunos antropólogos resulta    una actividad conceptual como la literatura o la pintura, comunica una forma    de percibir el mundo. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En las tejedoras comunarias, ésta actividad    se ha constituido en una de las tareas imprescindibles de identidad aymara-qhiwchwa;    pues los tejidos revierten una expresión simbólica de la historia y tienen el    poder de transportar hacia un pasado lejano antiguo, traducido en leyendas y    mitos, que se van transmitiendo de generación en generación. La mujer recrea    toda esta tradición oral, a través del arte del tejido y la música. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La mujer aymara, en su tradición, su vestimenta    y pujanza económica, sintetiza la simbología andina y el avance del pueblo indígena    hacia un futuro más digno y de autonomía. Tanto las gestas heroicas, la producción    del arte como la cotidianidad están marcadas con la presencia innegable de la    mujer, desde el espacio del silencio, más que de la palabra. No hay duda que    somos las mujeres las portadoras del saber y el conocimiento reproducido a través    del idioma. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Los varones están más expuestos a la aculturación,    situación evidente en la vestimenta: ¿qué varón no se ha occidentalizado en    su vestimenta? De ahí que la mujer andina no es de ningún modo el <i>puente    de transición</i> de una identidad indígena hacia una mestiza. La mujer, más    que el varón, es la guardiana de la cultura y la identidad indígena.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"> Cuando decimos que la mujer cuida de su reproducción,    no estamos pensando en que guarda testimonios <i>congelados</i> en el tiempo,    sino que la cultura aymara, qhichwa, guaraní, yuracaré, guaraya y de otros pueblos,    es viva. Si la mujer transgrede normas impuestas por la dominación y por su    sociedad, de ninguna manera deja su cultura.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En este sentido, la mujer indígena de las ciudades    como las comunarias comparten la responsabilidad de proyectar la cultura, basada    en la identidad, unas, como en el caso de las jalq’as, cuidando la exquisitez    artística de los tejidos, y otras, como las urbanas, añadiendo <i>coquetería</i>    y una búsqueda incansable de elementos estéticos para resaltar su belleza y    feminidad.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El idioma, otro de los principales elementos    de la cultura indígena, ha hecho posible una comunicación generacional de la    tradición oral, basado en cuentos y mitos. Su interacción muy íntima con los    hijos y su labor en el proceso de socialización ha hecho de la mujer la principal    propulsora del idioma; con la educación de los niños desde el ámbito familiar    y hogareño ha permitido fundar las bases de una identidad indígena, basada en    la diferencia. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Asimismo, ligado con el hogar y la maternidad,    el conocimiento científico no fue descuidado. El saber de las parteras compite    con toda la sofisticación de la medicina occidental. Las mujeres hasta hoy resisten    optando por su propia medicina y para esto son muchos los factores que influyen:    la distancia y la falta de caminos impiden que una mujer en estado de embarazo    pueda llegar a un centro de salud, y si lo logra, únicamente encontrará a una    persona encargada de la enfermería, entonces el sacrificio de traslado fue inútil.    </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La mujer indígena, en sus diversos niveles    de organización y formación lucha por liberarse de la manipulación política    y del paternalismo de la acción social. La búsqueda de conformar una sociedad    donde el pluralismo sea norma de convivencia es una de las grandes preocupaciones,    de ahí que aportamos a este proceso con nuestra propia diferencia de género    y de cultura. Pero para que esto se convierta en realidad debe, antes que nada,    respetarse la diferencia, tanto por la llamada sociedad global como por los    propios varones indígenas.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Participación y democracia fueron palabras    huecas hasta hace poco, por cuanto eran <i>enseñadas</i> desde el púlpito de    un paternalismo casi aberrante. Hoy las pocas mujeres indígenas y mujeres mestizas    aliadas en este proceso, que podemos hacer escuchar la voz de nuestras hermanas    y de nuestro pueblo, nos encontramos abriendo brecha para que el pachakuti sea    una realidad efectiva y plena, y desde los niveles más locales, se ha empezado    un proceso de autonomía basado en los propios sistemas de organización social,    económica y política como es el ayllu<sup>5</sup>. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces, el proceso de descolonización implica    esta mirada interna hacia las mujeres, en sus formas de organización, sus conocimientos    y saberes en los distintos niveles de su vida cotidiana y pública, que parten    de una lucha doméstica y llegan hasta lo público. El debate del sullka cancaña    implica también una mirada profunda desde las mismas normas y reglas de conducta    propias a una vida colectiva, que equivale a una reflexión mutua entre hombres    y mujeres.  </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><i>Jaqirux jaqirjamaw unjaña</i> (toda persona    debe ser vista o considerada como persona), cuando se refiere a persona se refiere    tanto a la mujer como al hombre, con todas sus potencialidades y capacidades,    entonces: ¿cómo hacer que se cumplan estos principios internos de la misma comunidad?,    ¿el principio de la dualidad se complementa con el principio señalado? La dualidad    no significa antagonismo, sino contrarios que se complementan, y tiene su fundamento    en la filosofía profunda de los pueblos, por ejemplo: la vida y la muerte, el    día y la noche, lo malo y lo bueno, arriba y abajo, izquierda y derecha, hombre    y mujer, reflejados en la división del espacio territorial, comunidades o ayllus    que pertenecen arriba, y comunidades que pertenecen al territorio de abajo.    Esta dualidad y complementariedad se refleja en la vida de los hombres y las    mujeres como en el espacio ritual y simbólico, deidades de arriba y deidades    de abajo, es decir que la dualidad da vida al universo en su amplio entendimiento    de la naturaleza.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><i>Qhip nayr uñtasaw sarnaqaña</i> (se debe    caminar recordando el  pasado para enfrentar el futuro). El interés tiene que    ver con el espíritu colectivo de concepción de mundo y construcción de sociedad.    Este espíritu se encuentra traducido en <i>qhip nayra</i> (pasado futuro, atrás    y adelante) y tiene que ver con la recuperación de la historia basada en la    oralidad fundamentalmente de la mujer indígena, que sirve para rescatar y reconstruir    la historia de nuestros pueblos. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2"><i>Qhip nayra</i>  es un método de conocimiento    basado en el concepto de <i> nayra</i>, cuya traducción literal es <i>ojos</i>,    pero que también significa <i>pasado </i> (<i>nayra pacha</i> es tiempo, época    antigua); una traducción conceptual al español es <i>visión</i>,  que integra    la memoria del pasado al futuro, es decir es la visión del futuro, que conlleva    los profundos sentimientos de ser. Entendido también como la plenitud del suma    qamaña, la integralidad del bienestar del ser humano, sea hombre o mujer, traducido    en bienestar económico, social, cultural y político, individual y colectivo.     </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><i>Qhip nayra</i>, a su vez, enfatiza en la    visión y voz propia como en su momento reclamó el cronista mestizo Garcilaso    de la Vega al referirse en su “proemio al lector” frente a la interpretación    “fuera de la propiedad” hecha por los cronistas españoles (Garcilaso de la Vega    1605:4); la voz propia implica el esfuerzo de fortalecer el pensamiento propio,    <i>jiwas pachpa, jiwas warmi</i> (nosotros mismos, nosotras las mujeres). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El énfasis puesto en la <i>propiedad de la    voz indígena </i>en este caso<i> de la mujer indígena,</i> es también una deconstrucción    de los fundamentos de la historiografía de la colonización para mostrar desde    la perspectiva originaria al Abya Yala como identidad, como un todo enfrentando    su proceso de afirmación de derechos colectivos. En nuestro caso, la tradición    oral (conocimientos y saberes) como la historia oral son fuentes que renuevan    constantemente la reconstrucción de la historia de los pueblos;  la historia    de vida también ayuda a conocer la historia de una colectividad (Mamani, 1989).    La voz de las mujeres es la fuente privilegiada de información que cuenta y    que nos marca hechos, sucesos e hitos importantes a través incluso de la lectura    silenciosa del arte del tejido, los mitos, las leyendas y los cuentos. Los ancianos    y sobre todo las mujeres guardan toda la sabiduría que encierra la memoria de    los pueblos. <i>Entonces la descolonización es precisamente este desmontaje    colonial del conocimiento hacia un conocimiento basado en los saberes y conocimientos    que guardan las mujeres.</i></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><i>Jaqjamaw sartaña, janiw awkin unraq</i>    aljañati (se debe caminar como gente, no se debe quebrar la honra de los mayores).    El concepto de gente se entiende como hombres y mujeres en la misma condición    de seres humanos, con las mismas responsabilidades, capacidades, fortalezas    y debilidades, no conlleva ninguna sugerencia a que debe ser el hombre o la    mujer, sino se refiere a ambos. </font></p>     <p><b><font face="Helvetica" size="2">Hacia la descolonización</font></b></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">No nos queda duda de que transitamos hacia    procesos de descolonización. Si en la década de 1970, las acciones de descolonización    eran restringidas por las condiciones limitadas en el ejercicio de la libre    expresión, es la intelectualidad indígena, a pesar de la adversidad, la que    mostró el rostro indígena en el Chuquiyawu Marka. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Aquí recordamos a Ramón Conde Mamani, que desde    la universidad de la calle, la plaza Tupak Katari, en la ciudad de El Alto,    o desde la Garita de Lima o la plaza San Francisco en la ciudad de La Paz, hacía    que las palabras de Tupak Katari volvieran a resonar: “nayaw jiwta, nayxarusti,    warankanaw kutinipxani”. Tambien recordamos a Reymando Tambo y muchos otros    hermanos que pasaron al olvido y que ahora descansan en el regazo de los apus    y las awichas. Son ellos quienes vivirán en la memoria de cada uno de nosotras    y nosotros, porque aprendimos la rebeldía y el compromiso de la restauración    del Qullasuyu. Es en este transitar de la relación estrecha entre lo urbano    y rural,  que estuvimos conectados con Malku Apu Kamani, Andrés Jacha Qullu,    Apukamayu Rufino Phaxsi Limachi, Apu Amawta Julián Urgarte, Apu Mallku Leandro    Condori, Apu Amauta Domingo Jiménez, personajes de quienes bebimos la historia    desde abajo y reconocimos la falsedad de una sola historia. En términos de descolonización,    lo que hicimos es el desmontaje de la historia oficial, escrita para justificar    su situación de privilegio en el marco de una educación que nos obligan a aprender.    Vemos con pena que hoy en día nuestros niños, niñas y jóvenes están obligados    a memorizar en las escuelas, en los cuarteles, colegios y universidades una    historia inventada. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La lectura de algunos textos de épica indígena,    especialmente los referidos a las rebeliones anticoloniales, fue el acelerador    ideológico para la formación de grupos como 15 de Noviembre, el Movimiento Universitario    Julián Apaza y el Mink'a<sup>6</sup>, sobre todo éste último, que permitió el    reencuentro con nuestra identidad desde las aulas universitarias de la San Andrés.    La conciencia autónoma, todavía aún débil, requería para su fortalecimiento    <i>zambullirse</i> en el pasado, cuanto más remoto mejor. El comienzo de la    pesquisa historiográfica indígena, no puede entenderse desligado de la necesidad    colectiva de sobrevivencia étnica.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El Movimiento Universitario Julián Apaza (MUJA)    fue la fuente para el surgimiento de la historiografía india/aymara. Sus aportes,    tanto individuales como colectivos, estuvieron orientados por el objetivo de    escribir la historia de resistencia y lucha contra el colonialismo; sin embargo,    el interés no era meramente historiográfico, sino de carácter teórico, por cuanto    su comprensión no sólo beneficiaba al conocimiento sino también a la formulación    de una acción política que apunte a su solución. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">En este camino se suman otras iniciativas como    la de Roberto Choque Canqui,  que partió básicamente de la duda respecto a una    narrativa, desde todo punto de vista extraña, incluso dudando de nuestra fisonomía.    Existía alguna verdad en la paternidad de la “patria boliviana”, personificada    por los generales venezolanos Simón Bolívar y José Antonio de Sucre y toda su    cohorte de <i>mártires criollos<sup>7</sup>. </i>Para probar aquello fue necesario    desarrollar un trabajo empírico en los archivos: el rastreo no de la historia    indígena, sino de la historia criolla de la gesta. De ahí que la investigación    nos permite rescatar a su vez la historia de reconstrucción en este debate de    procesos de cambio. Consideramos que es necesario retomar las propuestas de    reconstitución de Santos Marka Tola y Nina Quispe, porque son parte de un proceso    actual, por el cual transitan los ayllus, markas y suyus, tentas y capitanías,    porque la descolonización implica la restauración del Qullasuyu, como la vía    para profundizar de una manera más apropiada la descolonización, para el país,    para los pueblos y su gente en general, y para esto es necesario recuperar los    aportes del movimiento indio, y el rol de las mujeres indígenas, que lideraban    al igual que las autoridades varones, y que en su condición de cacicas, tenían    el mismo rango de autoridad y decisión.  </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>Reconstitución y descolonización:    el valor de lo propio</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La reconstitución y la restauración es el proceso    de reconstruir la memoria, los conocimientos y saberes del cual son fundamentalmente    portadoras las mujeres. El recurso de la historia y el saber interpretarla implica    el diálogo permanente entre jóvenes hombres y mujeres con los ancianos y las    ancianas, los primeros escuchando y aprendiendo y los segundos hablando, enseñando    y también aprendiendo, porque los conocimientos y saberes son innovadores. En    esta perspectiva el aprendizaje es colectivo, un aprendizaje dirigido a nuevos    protocolos de convivencia y diálogo entre distintos actores sociales y políticos    del país. Esta experiencia nos llevó a reconstituir los ayllus, en base a la    consulta al pasado y la experiencia consustancial de las autoridades con la    mirada en sus títulos, los <i>qhipis</i> (los atados, los bultos) por los que    las autoridades lloraban. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El 14 de febrero de 1915, Santos Marka Tula    junto con otros caciques de La Paz, emprenden un viaje a Sucre a pedir amparo    y garantías para sus gestiones y contactan caciques de otros departamentos.    Como consecuencia de estas gestiones Santos Marka Tula es apresado el 13 de    octubre de 1917, acusado de sublevación. Al salir de la cárcel comienza nuevamente    a reunir sus testimonios, tanto en las comunidades como en las notarías, hasta    que nuevamente le toman preso en marzo de 1918. Poco tiempo después, organiza    un viaje por varios departamentos para recomenzar, incansable, la reconstrucción    de sus documentos. Cuenta Celestina Barco: “el título era muy querido, por eso    también mi papá, sabía llorar por sus títulos. Había peleas con los Chuwa, por    ese motivo a los títulos se había trasladado a la estancia del medio a la capilla.    Y después se habían perdido. De eso mi papá lloraba, diciendo los mejores documento    se han perdido” (THOA, 1988). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Los trámites y papeleos tuvieron ocupados a    Santos Marka Tula en la ciudad de La Paz, durante casi toda la campaña del Chaco,    entre tanto la situación en su ayllu se había tornado difícil. Celestina Barco    recuerda: “una anciana era la que hacía ofrendas a los papeles, cuando Santos    Marka Tula salía de las comunidades, con rumbo a la ciudad de Sucre o a Lima    (Perú). Ella sabía hacer volver del Chaco. Sabía saltar fuerte en la puerta    de la capilla, llamando el espíritu de los jóvenes: “vengan, venga espíritu    de los jóvenes, retornen, retornen –verdad había sido así, porque empezaron    a volver nomás” (THOA, 1988). Así Santos Marka Tula, se unió al clamor de las    mujeres de los ayllus, esposas, viudas y madres de los jaqis, enviados a la    guerra del Chaco por la fuerza, ciento de mujeres. Celestina Barco narra: “Así    se juntaron las mujeres dice, entonces reclamaron así, ya no más guerra, que    paren esa guerra, ya no sigan exterminando a nuestra gente, así Santos Marka    Tula había entrado a la ciudad con 120 mujeres” (THOA, 1988). </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Santos Marka Tula cayó enfermo y fue presa    fácil para el enemigo, un 13 de noviembre de 1939. Celestina Barco cuenta: “de    aquí se fue con tos, como una peste, en eso mi suegra me recriminaban: ‘mira    tu padre esta mal, tú sabes reñirle nomás, eso no está bien’”. Así me dijo.    Desde esa vez se perdió. Pero dicen que el tata (cura de la hacienda de Santa    Ana) Soria se le llevó diciendo ‘yo te voy a curar, porque de aquí se había    ido enfermo, por eso le habían llevando diciendo: Don Santos yo te voy a cuidar,    pero había sido para carnearlo’” (karisiña, cortado por el karisiri).  </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El esfuerzo de la reconstrucción de la historia    a través de la biografía de Santos Marka Tula nos muestra el rol de la mujer,    desde el accionar político y ritual y, a la vez, como portadora de conocimientos.    Nuevamente acá son los ancianos y las ancianas la fuente de consulta, que nos    lleva a la autoeducación, especialmente aquella referida a la organización,    formas de gobierno propio, formas de resolución de conflicto, formas de participación,    donde obviamente la mujer debe tener un rol principal. </font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2">Hemos revisado la teoría feminista    para comprender cómo el género puede ser recuperado como un instrumento político    que nos permita aproximar de mejor forma la condición de minoridad de las mujeres    y, con ésta, su condición de dominación. Revisamos los testimonios de la aun    existente discriminación contra las mujeres, hemos revisado las conquistas y    expresiones históricas del movimiento indígena, donde las mujeres, al vaciar    sus conocimientos, apuntan hacia la verdadera descolonización. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">La descolonización implica el esfuerzo de reconstruir    la historia, que es la base para la recuperación de la identidad y, con ella,    la autoestima de las mujeres indígenas, campesinas y afrodescendientes; <i>qhip    nayra qhip ñawi</i> implica mirarse en el espejo de la historia, para reencaminar    el <i>thaqi</i> (camino); el cumplimiento del ejercicio del camino implica la    articulación de varios actores, como son las autoridades hombres y mujeres que    en su condición de chacha warmi, reconstituyen el pensamiento qulla expresado    en el concepto de qamaña o jakawi, para el buen vivir.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">El pasar de la condición de <i>sullka</i> y    <i>maytata</i>, a una condición de voluntad propia, implica trabajar en la autoestima    de la mujer indígena, afro y campesina; facilitar procesos y compartir con ellas    hacia la conquista del <i>amuyu</i> (razón) y el <i>piqi</i> (cabeza). Implica    la transgresión de la norma,  hacia un pensamiento con razón de ser, un pensamiento    con <i>ajayu</i> (espíritu) y <i>qamasa </i>(voluntad propia).  </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Entonces el género, al descolonizarse, hace    esfuerzos concretos para que sean las mujeres indígenas, originarias, campesinas    y afrobolivianas quienes nombren sus propias categorías de subordinación, puedan    recuperar su historia y cumplan su misión en situación de igualdad y libertad.    </font></p> <hr size="3" width="350" noshade align="left">     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>BIBLIOGRAFÍA</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Aldunate, Victoria    <br>   2010 <i>Una vida sin violencia: Sin despatriarcalización, no hay solución. </i>www.kaosenlared.net.    Revisado el 22 de abril de 2010.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Aron, Raymond    <br>   1961 <i>Dimensiones de la conciencia histórica</i>. México:  Fondo de Cultura    Económica.  </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">CADIC    <br>   2010 Encuentro Nacional de Mujeres Afro Bolivianas<i>. </i>Documento interno    de trabajo. La Paz, Bolivia.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">CEMIG    <br>   2010 Taller de fortalecimiento de liderazgo de mujeres Guarayas<i>.</i> Documento    interno de trabajo. Santa Cruz, Bolivia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">CONAMAQ    <br>   2010 Documento interno de trabajo sobre el Chacha Warmi<i>. </i>Marzo. La Paz,    Bolivia.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">CPESC    <br>   2010 Taller sobre la ley de Deslinde Jurisdiccional. Documento interno. Abril.    Cochabamba, Bolivia.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Congreso Nacional de Autoridades Originarias    de los Ayllus-Comunitaria del Pueblo Aymara    <br>   1986 Memoria. Potosí, del 4 al 6 de diciembre.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Choque, María Eugenia    <br>   1999 <i>La participación de la mujer en la defensa de los derechos indígenas.    </i>Publicado en archivos del THOA. La Paz: THOA.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Choque, María Eugenia    <br>   2009 <i>Participación política de la mujer indígena: Retos y desafíos. </i>Publicada    en cuadernos para el Programa Inclusión de Género, Raza y Etnia en Programas    de Pobreza. La Paz: UNIFEM.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Choque, Roberto    <br>   1979 La situación social y económica de los revolucionarios del 16 de julio    de La Paz<i>.</i> Tesis de licenciatura.  La Paz, UMSA.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Cieza de León, Pedro    <br>   1986 <i>Crónica del Perú</i> Primera Parte. Lima:  Pontificia Universidad Católica    del Perú.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Fernández, Silvia    <br>   2009 <i>Guía operativa para la transversalizacion de la Igualdad de Género en    la Planificación Sectorial del Desarrollo. </i>La Paz: Gente con Talento. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">FENATRAHOB    <br>   2010 Reformulación de la Ley 2450. Documento Interno de trabajo. Febrero, La    Paz, Bolivia.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Garcilaso de la Vega    <br>   2001-1605 <i>Crónicas de Garcilazo de la Vega</i>. México: Edición Fondo de    Cultura Económica. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Lagarde, Marcela    <br>   1996 <i>Género y feminismo</i>. Primera Edición. España: Grafistaff Ediciones.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Mamani, Carlos    <br>   1989 <i>Metodología de la Historia Oral</i>. La Paz: THOA. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Paredes, Julieta    <br>   2010 <i>Hilando fino. </i>La Paz: DED. </font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">THOA    <br>   1988 <i>El Indio Santos Marka Tula,  cacique principal de los ayllus de Qallapa    y apoderado general de las comunidades originarias de la republica</i>. La Paz:    THOA.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Titu Cusi Yupanqui    <br>   1992 <i>Instrucción al Licenciado Lope García de Castro</i>. Lima:  Pontificia    Universidad Católica del Perú.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align=center><font face="Helvetica" size="2"><img width=419 height=517 id="Picture 0" src="/img/revistas/rbcst/v13n28/a05_figura_03.jpg" alt=obra12.jpg></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2"><b>&nbsp;</b></font><b><font face="Helvetica" size="2">Notas    al PIE</font></b></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>1</b>   Maria Eugenia Choque    es especialista en Historia Andina. Representa al Centro de Estudios Multidisciplinarios    Aymara. Actualmente trabaja en el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas    para la Mujer, UNIFEM. Correo electrónico:    <br>   Choque17@hotmail.com. La Paz - Bolivia.</font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>2   </b>Mónica Mendizabal es    especialista en Estudios de Género. Actualmente trabaja en el Fondo de Desarrollo    de las Naciones Unidas para la Mujer, UNIFEM. Correo electrónico: monicamendizabal@gmail.com.    La Paz - Bolivia.</font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>3</b>   Las opiniones aquí vertidas    son de exclusiva responsabilidad de las autoras y no así de la agencia del Sistema    de Naciones Unidas donde actualmente trabajan (nota de las autoras).</font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>4</b>   Concepto aymara: <i>pacha</i>,    tiempo y <i>kuti</i>, devenir; devenir del tiempo.</font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>5</b>   Sistema de vida de los    pueblos indígenas.</font></p>     <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>6</b>   Al respecto existe una    abundante bibliografía. Véase Javier Hurtado,<i> Katarismo</i> (1986); Silvia    Rivera, <i>Oprimidos pero no vencidos </i>(2003); Xavier Albó y Esteban Ticona,    <i>Machaqa la marka rebelde </i>(1998).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>7</b>   Existe una extensa producción    bibliográfica que pretende explicar los fundamentos de la constitución de la    república y, ante todo, los orígenes de la “nacionalidad”. Por ejemplo, Ramiro    Condarco, <i>Orígenes de la nación Boliviana</i> (1977); Sabino Pinilla,  <i>La    creación de Bolivia</i> (1975); Humberto Vásquez Machicado, <i>Orígenes de la    nacionalidad boliviana</i> (1975).</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>       ]]></body><back>
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