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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La participación política de las mujeres y la agenda de equidad de género en Bolivia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this dialogue, five women who are committed to gender issues and the discussion of these in Bolivia analyse progress and setbacks in political participation by women in the context of the process of change currently under way in the country. The absence of a gender equity agenda, the tension between legislation and how it is applied, the currency of concepts such as decolonisation and depatriarchalisation, and the clear presence of new leadership in the women’s movements are among the subjects discussed.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align=center>&nbsp;<font face="Helvetica" size="2">&nbsp;&nbsp;</font></p>     <blockquote>              <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">SECCIÓN      I</font></p>       <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">DOSSIER      TEMÁTICO Y</font></p>       <p align="right"><font face="Helvetica" size="2">DIÁLOGO      ACADÉMICO</font></p> </blockquote>     <p align=center><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align=center><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2"><font size="4"><b>La      participación política de las mujeres y la agenda de equidad de g&eacute;nero      en Bolivia </b></font></font></p>     <p align="center"><b><font face="Helvetica" size="4">Political    participation by women and the gender equity agenda in Bolivia </font></b></p>       <p>&nbsp;</p>        <p align="center"><b><font face="Helvetica" size="4">Fernanda Wanderley 1</font></b></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=center><b><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></b></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">T’inkazos,      número 28, 2010,  pp. 9-31, ISSN 1990-7451</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">En este diálogo, cinco mujeres, comprometidas    con el tema de género y su discusión en el país, analizan los avances y los    retrocesos en la participación política de las mujeres en el marco del proceso    de cambio por el que atraviesa Bolivia. La ausencia de una agenda de género,    la tensión entre la normativa y su aplicación, la vigencia de conceptos como    el de descolonización y despatriarcalización, y la presencia evidente de nuevos    liderazgos en los movimientos de mujeres, son algunos de los temas abordados.</font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Palabras clave:    <b>mujeres / género / equidad de género / participación / política / legislación    / políticas públicas / despatriarcalización</b></font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">In      this dialogue, five women who are committed to gender issues and the discussion      of these in Bolivia analyse progress and setbacks in political participation      by women in the context of the process of change currently under way in the      country. The absence of a gender equity agenda, the tension between legislation      and how it is applied, the currency of concepts such as decolonisation and      depatriarchalisation, and the clear presence of new leadership in the women’s      movements are among the subjects discussed.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Keywords: <b>women / gender    / gender equity / political participation / legislation / public policy / depatriarchalisation</b></font></p>       <p>   <hr size="3" noshade align="center"> &nbsp;      <p align="center"><font face="Helvetica" size="2"><img width=304 height=498 id="Picture 0" src="/img/revistas/rbcst/v13n28/a01_figura_01.jpg" alt=obra01.jpg>    <br>       <br>    </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Cuando      reflexionamos sobre el tema de género en Bolivia encontramos que, pese a los      importantes avances logrados por el movimiento feminista y las organizaciones      de mujeres durante los años noventa, expresados en la Nueva Constitución Política      del Estado y en un conjunto de normativas y políticas sociales, las estructuras      de dominio y de desigualdad de género persisten en las esferas social, económica      y política.   </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">El      actual gobierno expresa un gran compromiso con la inclusión social, política      y cultural y el reconocimiento proactivo de la diversidad étnica del país,      apoyado por el protagonismo de los movimientos campesino-indígenas. Sin embargo,      el tema de la equidad de género, núcleo central para superar las desigualdades      en la configuración política y social, sigue desplazado en los debates y,      específicamente, en la agenda de las políticas públicas. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Como      bien argumentaron Patricia Chávez León, Dunia Mokrani Chávez, Isabella Radhuber      y Tania Quiroz Mendieta (Semanario <i>Época</i>, 25 de abril al 1 de      mayo de 2010): “No somos las mujeres las que estamos a prueba en este  proceso;      es el proceso de cambio el que está a prueba, si no apuesta a una política      clara que lleve a desmontar las estructuras de desigualdad y opresión patriarcal”.      Son cada vez más fuertes los cuestionamientos sobre las contradicciones existentes      al interior del proceso que, pese a plantearse revolucionario, reproduce acciones      y discursos claramente machistas y patriarcales. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">En este sentido se constata un desencuentro entre: (i) logros concretos      en el marco legal y normativo, (ii) incremento de la participación política      de las mujeres y (iii) continuidades de estructuras de poder y de dominación      masculina. De ahí que planteamos el presente diálogo para discutir la relación      entre la participación política de las mujeres y la agenda de la equidad de      género.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">La renovación de los liderazgos femeninos, con la presencia de mujeres      indígenas, campesinas y de otros sectores históricamente excluidos, en los      últimos años puso en cuestión las desigualdades de clase y étnicas entre las      mujeres y las formas de construcción de la(s) agenda(s) de la equidad de género.      Se evidenció los límites de los liderazgos de mujeres de clase media y profesionales      sin la participación de otros grupos y sectores sociales. Hoy enfrentamos      el desafío de tejer nuevas formas de acción y concertación entre mujeres,      más allá de sus diferencias étnicas y de clase, para juntas problematizar      las estructuras de desigualdades patriarcales y coloniales. Lo que está en      juego es la construcción de nuevas lealtades entre mujeres para la definición      de agendas consensuadas y la consolidación de institucionalidades estatales      y sociales para incidir en la toma de decisiones, y realizar seguimiento y      control de las acciones conducentes a una sociedad equitativa entre hombres      y mujeres. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">El      debate actual abre un conjunto de nuevos desafíos. Está la discusión sobre      la relación, complementaria o sustitutiva, entre paridad en el gabinete gubernamental      y un ente jerárquico responsable por la promoción de la equidad de género      en la estructura gubernamental. También preocupa la carencia de debate crítico      y capacidad de incidencia, desde los diferentes grupos, sectores y liderazgos      femeninos, sobre las nuevas leyes que serán aprobadas en el transcurso del      presente año y las iniciativas de política pública promovidas por el actual      gobierno. Otra interrogante se refiere a la relación entre la participación      de las mujeres al interior de las organizaciones sociales de base, su proceso      de democratización interna y el compromiso con la agenda de equidad de género.      Aquí están las tensiones entre las lealtades partidarias, comunitarias y de      género.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">En términos generales se plantea la existencia o no de uno o más movimientos      de mujeres en Bolivia; la renovación de liderazgos y las tensiones relacionadas      con las distancias y desigualdades de clase y étnicas entre las mujeres; nuestra      capacidad de acción y de redefinición de las formas de construcción de agendas;      los modos concretos de participación y las relaciones de poder al interior      de las organizaciones y movimientos;  los avances y los límites de las políticas      públicas de género en la actual coyuntura política, entre otros aspectos.      </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Para      discutir estos temas, <i>T’inkazos</i> ha invitado a cuatro expertas a un diálogo. Ellas son: </font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Evelyn Ágreda</b>, licenciada en Ciencias    de la Educación y maestra en Ciencias Políticas. Ex viceministra de género y    asuntos generacionales. Actualmente coordinadora del Fondo de Desarrollo de    las Naciones Unidas para la Mujer en Bolivia. Feminista y activista de los derechos    de las mujeres por más de 20 años.   </font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Alexia Escobar</b>, comunicadora social    y antropóloga. Actualmente trabaja como coordinadora de la organización Family    Care International (FCI Bolivia) para la promoción de la maternidad segura.    Feminista y activista de los derechos sexuales y reproductivos por más de una    década.</font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2"><b>Dunia Mokrani</b>, licenciada y maestra    en Ciencia Política, es parte del colectivo “Tejedoras de Sueños - Samka Sawuri”.    Ha trabajado sobre la participación política de las mujeres, control social    y movimientos sociales. Actualmente es parte del Comité de Seguimiento de Conflictos    sociales del Programa del Observatorio Social de América Latina del Consejo    Latinoamericano de Ciencias Sociales (OSAL-CLACSO).   </font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Cecilia Salazar</b>, socióloga con maestría    en Modernidad Socio-cultural en la Facultad Latino-    <br>   americana de Ciencias Sociales (FLACSO, México). Es subdirectora de Interacción    Social en el Posgrado en Ciencias del Desarrollo (CIDES-UMSA). Actualmente está    trabajando sobre la cohesión nacional-estatal. Tiene publicaciones sobre el    tema de género y etnicidad. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Cómo se explica la paradoja      de logros concretos en términos de equidad de género, el texto constitucional      y las dificultades para agendar el tema de la equidad de género en el campo      político?</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Cecilia Salazar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Yo quisiera partir de una reflexión más macro.    Estamos viviendo un proceso de transición histórica, entre lo que habría sido    el modelo de organización social, económica y política de corte neoliberal,    hacia un modelo que parece apuntar a un Estado Social. Considero que se trata    de una transición que va a marcar el ritmo de la relación Estado/Sociedad, tomando    en cuenta algunos aspectos específicos. El que nos interesa, el Estado Social    que se avecina, en términos de la organización de las estructuras económicas,    políticas y sociales, tiene un componente fundamental, y es que las capacidades    de provisión de protección y cuidado se han desplazado hacia las mujeres. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">El      otro elemento, es que la presencia femenina en la provisión está relacionada      con otra variable que distingue a este nuevo Estado Social que ya no está      fundado sobre estructuras de producción fordistas –aunque con los señalamientos      específicos de nuestro propio desarrollo económico–;el tema del cuidado se      ha transnacionalizado. Entonces, creo que son dos rasgos que hay que considerar      para contextualizar el debate, asumiendo que van a marcar las pautas de la      acción feminista hacia el futuro. Finalmente habría que considerar otro elemento      de tipo contextual, vinculado al llamado movimiento feminista o movimiento      de mujeres en Bolivia, constituido alrededor de los años ochenta, cuando entraba      en declive el Estado del 52 y emergía el modelo neoliberal. Con relación a      eso, las demandas de las mujeres hasta hoy fueron parte de una atmósfera general      que está transformándose y exigiendo, por lo tanto, una nueva agenda.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Dunia Mokrani</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Yo tomaría lo último que ha dicho Cecilia en    relación a este ciclo que planteas como agotado del movimiento de mujeres, del    movimiento feminista o las diversas expresiones con las que se ha venido llamando    al movimiento de mujeres. Como tarea política es importante plantear una revisión,    no tanto de si existe o no los movimientos, sino cuáles son las características    de este movimiento de mujeres. Está más bien como tarea interna la articulación    de quienes queremos poner en el debate político el tema de la desigualdad de    género.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">En      ese sentido, es necesario, por un lado, partir de un análisis profundo de      lo que han sido las agendas de género hasta ahora, pero también analizar las      formas de inclusión y las formas de relación que hubo al interior de este      llamado movimiento feminista. Mucho de lo que se ha producido se dio en el      marco de una confrontación donde aparecen visibles al menos dos espacios del      planteamiento feminista: el del llamado feminismo institucionalizado y del      feminismo radical o autónomo. </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Sin      embargo, fuera de esa confrontación, hay muchas cosas que se han producido      desde diferentes espacios, no sólo de organizaciones campesinas, indígenas,      de mujeres, sino otros espacios de lucha o de problematización del tema de      la igualdad, que no necesariamente parten de un enfoque de género, pero que      sí están planteando una agenda de transformación de las estructuras de desigualdad.      Creo que es importante que se abra este debate interno y amplio entre quienes      estén dispuestos realmente a considerar la lucha por las diversas reivindicaciones      de las mujeres como una tarea política de este proceso. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Otro nivel de debate es el que tiene que  plantearse a partir de lo que      el proceso le dice a este movimiento feminista o movimiento de mujeres. En      este punto, en reflexiones al interior del colectivo del que soy parte (Tejedoras      de Sueños - Samka Sawuri), observamos dos puntos centrales para debatir. El      primero, es que hay que cuestionar la lógica según la cual el sólo hecho de      ser mujeres nos habilita a acciones colectivas, a estar todas juntas. El tema      de armar agendas comunes es complejo. Para ejemplificar, en el marco del tratamiento      de la Ley de Régimen Electoral Transitorio se plantea claramente en la práctica      la dificultad de armar una agenda común con mujeres que venían de trayectorias      políticas diversas ideológicamente y en un clima de confrontación. Ahora bien,      lo que no era tan claro, y eso también hay que saber leer, es que la imposibilidad      de esta articulación, muchas veces, tenía menos que ver con estas distancias      ideológicas que con las lealtades partidarias de cada una.  </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Un      segundo tema que hay que problematizar es aquél que nos vienen diciendo algunos      compañeros desde el gobierno, de esos que enarbolan  la bandera del proceso      de cambio y que deciden que las mujeres, de diferentes procedencias étnicas      y de clase, no pueden articular acciones políticas conjuntas, a la par que      reclaman como perfecto el binomio Álvaro García y Evo Morales.  Aceptar como      válido ese tipo de lecturas y los lugares desde donde se manifiestan sería      aceptar que se nos niegue la posibilidad política de articulación  entre mujeres      con visiones ideológicas similares. Incluso se  habla de complementariedades      entre lo intelectual y el otro saber político y nos niegan esa posibilidad      a nosotras. Nos la niegan cotidianamente porque, en defensa de sus propios      intereses, utilizan el tema de las diferencias de clase justamente en el momento      que son cuestionados sus propios privilegios como varones, dentro del sistema      de partidos.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Evelyn Ágreda</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Haré referencia a la renovación de actores    sociales y políticos. Indudablemente hay nuevos actores, emergentes de los movimientos    sociales en los que también están las mujeres. En la actualidad son otras las    actoras y a veces nos cuesta reconocerlas como tales y asumir que definitivamente    otras son las principales protagonistas de este proceso. No es desconocido que    las nuevas actoras son fundamentalmente mujeres indígena originaria campesinas    sin que quiera decir que solamente son ellas. Lo positivo de esto es que,  por    fin, mujeres que históricamente no tuvieron oportunidades, ahora están en la    arena política, con todas las dificultades que esto pueda significar.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Respecto      al avance normativo en el país se debe reconocer que no fue fácil; sabemos      de los obstáculos que se han tenido que superar, incluso en el contexto de      la Asamblea Constituyente. Son avances formales, pero importantes. La dificultad      también está en la implementación, y claro, surgen otros argumentos y mecanismos      opositores para que definitivamente no se implementen. No debemos perder de      vista que el patriarcado también se renueva.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Siento que en el proceso del avance normativo siempre “cedimos”, pues los      grandes intereses del patriarcado se oponen, por lo que dudo de la implementación      de dichos avances. Un claro ejemplo es cómo en los dos últimos procesos electorales      ha sido dificultoso  traducir el marco constitucional en normativa que se      plasme en hechos, que este avance normativo sea llevado a la práctica. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Siempre      afirmé que el movimiento feminista se ha caracterizado –a diferencia de otros      movimientos– por encontrar entre las mujeres, al margen de sus diferencias      de clase y su pertenencia étnica cultural, puntos en común que servían de      base para las alianzas. Sin embargo, por lo que también menciona Dunia, siento      que ahora es muy difícil encontrar esos puntos en común; se tienden a invisibilizar      y a fragmentar, para que definitivamente no nos articulemos entre la diversidad      de mujeres que existimos en nuestro país. En ese sentido, respecto a la “agenda      de género”, no me gusta hablar de “la agenda” porque considero que no hay      una sola; al no poder articularnos las mujeres, hay una diversidad de agendas.      Y cada una de las agendas ha sido y viene siendo construida desde diferentes      necesidades, demandas, expectativas y con sus propias dinámicas, seguramente      algunas más lentas, que nos desesperan a quienes deseamos que los cambios      sean mucho más rápidos. Pero definitivamente hay algo que me preocupa y se      debe discutir: cómo tendemos los puentes entre los diferentes movimientos,      organizaciones, sectores en los que estamos las mujeres, entre nosotras precisamente      para lograr la articulación. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Hay      algunas expresiones que me han devuelto la fe para seguir luchando por nuestras      reivindicaciones, para no claudicar: expresiones de mujeres indígenas, tanto      de tierras bajas como de tierras altas, concretamente más de una mujer tacana,      identificándose con las reivindicaciones  de los movimientos feministas e      incluso definiéndose como feministas, cosa que hace quince o diez años era      imposible e inconcebible. Y lo mismo entre aymaras originarias, dándole a      ese discurso, a esas banderas de las reivindicaciones feministas un contenido,      aportando, enriqueciéndolo  en sus contenidos.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Alexia Escobar</b></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Siguiendo la reflexión de Evelyn, coincido    en que hay efectivamente nuevas actoras en el panorama político en un contexto    en el que realmente no podemos hablar de un movimiento de mujeres o un movimiento    feminista como tal. Lo que ha habido a lo largo de nuestra historia son agrupaciones    que han sido etiquetadas como feministas institucionalizadas o autónomas, pero    realmente creo que hemos tenido serias dificultades para articularnos y en tener    una agenda conjunta; tal vez quienes han tenido una mejor experiencia son mujeres    que trabajan en las ONGs o parlamentarias que en determinado momento estaban    organizadas, pero su agenda no es la agenda de las mujeres del país.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces, es importante hacer esta distinción porque nos ayuda a entender      también por qué ante el surgimiento de estas nuevas actoras, en muchos casos,      nos vemos frustradas por la incapacidad de establecer una interlocución con      ellas, de pronto sentir que no tenemos los mismos códigos, cuando estamos      hablando, por ejemplo, sobre el  tema de salud sexual y salud reproductiva.      Grupos de feministas reivindicamos como principal bandera el derecho a decidir      sobre nuestros cuerpos y las compañeras de organizaciones indígenas o campesinas      plantean la desnutrición como su principal reivindicación. Hemos tenido dificultades      para poder ir avanzando en pactos debido a que definitivamente tenemos códigos      distintos.  Entonces, el gran reto es realizar los esfuerzos para articularnos      y lograr mutuos entendimientos. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Las      organizaciones de mujeres que se reconocen feministas  se iniciaron en la      década de los ochenta. En los noventa se realiza el primer encuentro feminista      boliviano. En 2008 se realizó el último encuentro feminista en Cochabamba      con muy poco eco, porque son dos o tres grupos que tienen contacto con los      departamentos y se organizan. Les informo que el próximo encuentro feminista      boliviano será en Trinidad, Beni, este año, y hay  un comité organizador que      está teniendo serias dificultades para movilizar recursos y hacer una convocatoria      amplia.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces, cómo avanzamos en la articulación, cómo avanzamos en tener por      lo menos lo que ha sido el sueño de todas: una agenda mínima, este intento      de identificar en  nuestros sueños algunos puntos que puedan ser coincidentes      para todas, reconociendo que, de todas maneras, hay distancias: mientras algunas      podemos estar planteando la despenalización del aborto, las otras están planteando      no morir durante su parto.  </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Un tema que se ha mencionado y se debe recalcar, es que hemos invertido      mucho de nuestro tiempo, de nuestros esfuerzos, para lograr cambios a nivel      legislativo: el esfuerzo que se hizo en la Asamblea Constituyente, el esfuerzo      que nos toca hacer ahora con todo el paquete de las cien leyes que se van      a aprobar en la Asamblea Plurinacional. Es importante estar conscientes de      que las normas, las leyes e incluso las políticas sociales se quedan en el      papel y no hemos podido crear mecanismos que den seguimiento al cumplimiento      de la normativa. Se necesitan instancias más institucionalizadas para hacer      veeduría ciudadana en relación al tema del cumplimiento de las normas y las      leyes, porque comparando con otros países nuestra legislación es una de las      más avanzadas, el problema es que no se hace efectiva.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Los acuerdos firmados por Bolivia en Cairo, en Beijing en la década de      los noventa, se han plasmado en legislación y normativa, en políticas sociales,      pero ahí tenemos las enormes brechas en salud y educación, es decir, la norma      está  bien, pero la realidad está mal. ¿Cómo logramos tender esos puentes?      Para poder exigirle al Estado el cumplimiento de esta normativa también es      fundamental tener mecanismos para poder hacer veeduría ciudadana, para poder      exigir el cumplimiento de estas leyes, el cumplimiento de esta normativa y      mientras sigamos diluidas, polarizadas, ya sea por motivos propios o creados      por otros intereses, definitivamente es difícil poder encaminar hacia procesos      en los que podamos asegurar que la normativa, que la legislación, vayan realmente      en beneficio de una mejora de la vida de las mujeres.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align=center><font face="Helvetica" size="2"><img width=543 height=357 id="Picture 1" src="/img/revistas/rbcst/v13n28/a01_figura_02.jpg" alt=obra02.jpg></font></p>        <p align=left><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Cómo enfrentamos el desafío    de construir puentes y articulaciones entre las mujeres, reconociendo nuestra    diversidad y diferencias, para lograr una agenda mínima común? </b></font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Cecilia      Salazar</b></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Yo insistiría en que tenemos que hacer una    evaluación de las condiciones que nos han permitido agendar cierto tipo de planteamientos    y no otros. Es absolutamente conocido que los procesos de la exclusión neoliberal    afectaron fundamentalmente a las mujeres más pobres y que las afectaron en función    de sus capacidades participativas en el ámbito de la política, dado que en gran    parte estaban luchando por su sobrevivencia. Considero que eso marcó un distanciamiento    entre quienes agendaron planteamientos de determinada naturaleza, respecto a    lo que no pudieron agendar las otras, porque no tenían posibilidades de autorepresentarse,    cosa que indiscutiblemente también ha cambiado. Es decir, las unas no representaban    completamente a las otras y las otras no tenían voz en ese escenario.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">La      paradoja que encuentro en el contexto actual está en que justamente esa agenda,      puesta sobre el tapete a través de ONGs, agrupaciones feministas o del feminismo      institucionalizado, tuvo un liderazgo que fue capaz de hacerla visible y legítima      en la nueva Constitución Política del Estado. Es como si el impulso del contexto      neoliberal hubiera encontrado su momento de afirmación, paradójicamente, en      la nueva Constitución, en la que se establece claramente una agenda feminista      donde priman los derechos individuales, basados en el carácter universal de      la subordinación de las mujeres. La otra paradoja está en que el contexto      actual, después de lograda esa conquista, ha tendido a invisibilizar la agenda      de género, en aras de otros aspectos más generales.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Alexia Escobar</b></font></p>     <p><font face="Helvetica" size="2">Un tema de la agenda mínima acordada y que    tuvo relativo éxito fue la demanda de participación política. Es uno de los    temas que logró consenso entre mujeres de clase media, profesionales, mujeres    militantes de partidos políticos pero, también, mujeres indígenas, mujeres campesinas.    Así, una muestra de lo que podemos conseguir, se pudo garantizar vía la Ley    Electoral, vía estos mecanismos legales se pudo lograr la participación de más    mujeres en las instancias de decisión.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Sin embargo, incluso en este tema que ha sido de consenso, se mantuvo los      mecanismos de exclusión de las mujeres históricamente excluidas. Este es el      caso de la incapacidad de la Ley Electoral Transitoria, por ejemplo, para      inmiscuirse en lo que han sido las circunscripciones especiales. Tenemos siete      circunscripciones especiales, seis de ellas en manos de la Confederación de      Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB); a pesar de la presión que hizo la Confederación      Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia, la CNAMIB, no les fue posible tener      ni una sola titularidad. Entonces en las seis circunscripciones especiales      los hombres tienen la titularidad y lo mismo ha pasado en el nombramiento      de los asambleístas indígenas departamentales, la mayoría hombres, salvo el      caso de una guaraní en Tarija que es la única titular.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Tenemos      dificultades para tender puentes con esas mujeres indígenas y originarias.      Es gravísimo cuando se hacen pactos  para la aprobación de una ley, sin contar      con la voz de las  mujeres que van a ser directamente afectadas, al menos      para que tengan algo que decir sobre si aceptan o no que las circunscripciones      especiales se elijan según usos y costumbres. En una reunión con las compañeras      de la CNAMIB decían: “ese es un pacto en el que nosotras no estábamos incluidas,      cuando eso se decidió en el Parlamento nadie nos preguntó  a nosotras y nosotras      sabíamos lo que iba a pasar”; es decir que quedarían excluidas de la titularidad.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Distinta      es la situación de las Bartolinas o mujeres del área quechua o aymara, que      sí podían negociar vía los sindicatos el tema de la alternabilidad en las      diputaciones. Pero el caso de las circunscripciones especiales, y, ahora,      de los asambleístas departamentales,  es un llamado de atención sobre cómo      es importante articularnos y poner estos temas también en nuestra agenda.      Ahí disentiría con respecto a que la Asamblea Constituyente nos da una pauta      y tendría una mirada feminista de los derechos individuales y los derechos      colectivos porque con el deslinde jurisdiccional, no sabemos cómo se va a      tratar temas como el de violencia intrafamiliar en comunidades indígenas.      Es probable que los derechos colectivos sigan prevaleciendo sobre los derechos      individuales en desmedro de las mujeres indígenas.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Dunia      Mokrani</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Creo que esta paradoja –logros interesantes    y avances en el texto constitucional y, luego, en el período post constitucional,    la dificultad para agendar el tema– debe ser entendida a partir de los límites    del propio contexto. Bolivia, en este proceso, se enfrenta a su carácter colonial    y racista: la sociedad boliviana se ha tenido que cuestionar esta característica.    Sin embargo, no ha pasado lo mismo con el carácter machista. Todavía muchos    no asumen, ni asumimos, que hay estructuras patriarcales fuertes que cotidianamente    se van reproduciendo. Entonces, ese es ya un límite central. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Por      otro lado está la Asamblea Constituyente. En este punto, Pilar Uriona observaba,      en su momento, el hecho de que no se asuma el carácter patriarcal en la propia      Constitución, como parte de las estructuras de desigualdad que hay que desmontar.      Este no es un tema menor. Seguimos arrastrando el error. Lo estamos arrastrando      a  nivel político en el sentido que esas cuestiones específicas que se han      logrado, otra vez tienden a ser agendadas de la misma manera. Es decir, sabemos      que las mujeres indígenas, no indígenas, las de partidos políticos que actúan      políticamente a través de sus sindicatos, de organizaciones comunitarias saben      que hay un problema de participación política inequitativa, sabemos y vivimos      el tema de la violencia, todas estamos de acuerdo en que hay problemas claramente      identificados en las agendas de género que nos afectan de la misma manera.      Pero de lo que no estamos siendo capaces, creo, es de ver una agenda política      que te diga cómo resuelves esos temas, no simplemente que los agendes para      introducir el llamado “enfoque de género”, sino pensar en formas creativas      de politizar los temas. Por ejemplo, y volviendo a la Ley de Régimen Electoral      Transitorio, muchas mujeres, sobre todo indígenas, campesinas, quizás campesinas      urbanas sobre todo, les decían a las mujeres de clase media: “ustedes están      pidiendo un pedacito del poder, estamos en otros tiempos y nosotros estamos      hablando de igualdad de condiciones en la participación política”. Entonces      ahí se dota de un contenido político al tema de la paridad, no como una cuestión      de porcentaje sino de dar una respuesta política; las mujeres no tenemos por      qué no estar en igualdad de condiciones en los espacios de toma de decisiones.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Lo anterior se complejiza más si introducimos otros elementos de análisis,      por ejemplo pensar que no todas las mujeres campesinas indígenas, por más      que estén en el Movimiento al Socialismo (MAS), tienen el mismo espacio en      el poder. Entonces ahí también hay algunas mujeres que ceden no de manera      inocente, ceden porque hay ciertos poderes que derivan de otros poderes patriarcales      que se están defendiendo. También están las propias estructuras machistas      que producen desigualdad, por ejemplo en la Asamblea Plurinacional existe      un gran avance: si antes teníamos en promedio dos presidentas de comisión,      ahora creo que son nueve presidentas de comisión y la mayoría responde a algún      perfil profesional. El propio MAS y su estructura partidaria han excluido      a las mujeres campesinas e indígenas.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Son      estos temas los que debemos trabajar desde una mirada política saliendo de      la lógica de privilegiar “simplemente” la incorporación del enfoque de género.      De manera paralela es importante dar respuestas políticas a lo que nos dice      un proceso de cambio tan complejo como el que estamos viviendo. Un proceso      en el que en un momento se decide tener un gabinete paritario y, al mes, se      dice que las mujeres están a prueba. Es importante asumir que muchas de las      formas en que se enfocó el tema de género en la propia Constitución han sido      desde una perspectiva liberal: ¿cómo desde ahí reinventas las cosas? Ésta      es la tarea política.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Evelyn Ágreda</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">No hay que desconocer ni desmerecer el avance    cuantitativo de la participación política de las mujeres en nuestro país, en    diferentes espacios de poder. En el ámbito municipal ha habido un significativo    incremento, con todas estas puntualizaciones que hace Alexia y que comparto    plenamente.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Siempre mencioné que entre las candidaturas a las gobernaciones  habría      una sola mujer y ninguna electa, ya se sabía eso. Sin embargo, ante el importante      avance cuantitativo, debemos considerar qué hacemos para lograr el avance      cualitativo. Ahí tengo pocas expectativas porque al final, de todas maneras,      los mecanismos de exclusión persisten fuertemente y no solamente a partir      de los liderazgos masculinos, sino también, lamentablemente, desde los liderazgos      femeninos.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Para      mí la clave es seguir develando estos mecanismos de exclusión, hay que denunciarlos,      debemos tenerlos presentes porque cada vez se hacen más sutiles. Ahí repito      que la resistencia patriarcal también se ha renovado, se ha actualizado y,      definitivamente, está latente, vigente.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Respecto      a la agenda yo diría que en su momento histórico era válida. No podíamos esperar      otro tipo de agenda. Respondía, con todas sus limitaciones y restricciones.      Ahora tenemos un contexto totalmente diferente, en el que se debe elaborar      una nueva o mínimamente rediseñar esa agenda, pero, al mismo tiempo, hay viejos      temas que fueron abordados y tendremos nuevos temas por incluir en base al      diálogo, al consenso que seamos capaces de establecer entre mujeres de los      diferentes sectores.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Pero      estos pactos, sobre todo el que se pueda construir entre las mujeres de diferentes      sectores, dependen de la voluntad política y del acercamiento de los diferentes      sectores. A veces tienden a culpabilizarnos señalando que somos las que nos      resistimos, cuando las feministas somos las más abiertas para escuchar, incorporar      y dialogar con otras voces que no necesariamente son de tendencia o de corriente      feminista.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Dunia Mokrani</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Creo que es importante que este proceso no    se niegue a hablar con los feminismos. Más allá de las diferentes tensiones,    el feminismo ha aportado mucho no sólo en las reivindicaciones de las mujeres,    sino sobre cuestiones fundamentales de todo el debate del esencialismo. Ahora    es fundamental la discusión sobre el tema indígena que se ha dado en el marco    de los diferentes feminismos. Entonces este proceso no puede permitir no dialogar    con las diferentes expresiones de feminismos. Las mujeres, en diferentes espacios,    tienen que ser consideradas por este proceso. </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">El      tema es que cómo pasar a una agenda más política. Desde mi punto de vista,      debemos analizar no sólo cómo logramos paridad en una estructura de poder,      que igual nos va a excluir de una u otra manera, sino cómo cuestionamos esas      estructuras de poder. Y aquí hay un tema fundamental que debe ser asumido      por mujeres y no mujeres dentro del proceso: no podemos permitir que haya      una sola voz monopólica de lo que se define y de lo que es el proceso de cambio,      porque es ahí donde se acaban todas las posibilidades emancipadoras, vengan      de donde vengan, denuncien lo que denuncien.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">En el marco del Parlamento anterior había una coyuntura en la que tenías      una derecha encaramada en el Senado,  que no dejaba pasar absolutamente nada,      que bloqueaba todo y que a nombre de la disciplina partidaria se callaba a      muchos indígenas, sobre todo a mujeres campesinas. Ahora estamos en una coyuntura      donde el MAS tiene dos tercios de la Asamblea Plurinacional y, aparentemente,      se está reproduciendo nuevamente, bajo no sé qué pretexto, esto de la disciplina      partidaria –de no hablar o de hablar bajo un libreto–.  Entonces son esas      cosas las que tenemos que cuestionar paralelamente al pedido de espacios en      los esquemas de toma de decisiones. Así parece fundamental cuestionar estas      formas que están restringiendo las capacidades emancipadoras. Por un lado,      está el movimiento feminista, por otro lado, está todo lo que se ha producido,      por ejemplo en el marco de la guerra del agua, que también queda ahí capitalizado      por algunos, pero que no se sigue reinventando. Entonces politizar la agenda      feminista tiene que ver con eso, como también cuestionar estas formas que      están restringiendo las capacidades emancipadoras.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Se observa una suerte de silencio de parte    de las organizaciones feministas y de mujeres en relación a los tropiezos, retrocesos    o dificultades de avanzar en la agenda de equidad tanto en términos simbólicos    como de políticas públicas en el actual gobierno. Sobresale la pérdida de jerarquía    de la instancia responsable de las políticas de equidad, lo que imposibilita,    por ejemplo, la revisión de las leyes y decretos elaborados por el poder ejecutivo    y enviados al poder legislativo (ej. Ley Electoral y Ley Marco de Autonomías).    Al mismo tiempo se cumple el principio de la paridad en el nuevo gabinete gubernamental,    aunque no en las candidaturas en las últimas elecciones.  </b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Alexia Escobar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Creo que ya Dunia lo ha mencionado. Existe    el tema de la autocensura a nombre de la disciplina sindical, el temor en ese    proceso tan polarizado de los pasados cuatro años; un temor a ser calificadas    como desleales con el proceso de cambio si tenías un actitud o una postura crítica    a lo que estaba pasando. Estoy completamente de acuerdo en que este silencio    ha terminado siendo un silencio cómplice porque ha habido varias medidas, varias    situaciones que han ocurrido en la anterior gestión que podían habernos articulado    como movimiento, como grupos de mujeres o como grupos feministas, pero no lo    hicimos por temor a la descalificación.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Me acuerdo claramente que el año pasado, cuando salió el bono Juana Azurduy,      las únicas que cuestionaron, hasta el nombre del bono, fueron las Mujeres      Creando, que aparecen como las únicas representantes del feminismo boliviano.      Ninguna de nosotras, compañeras sentadas aquí, ni los grupos a los que pertenecemos,      aparecen en el mapa como organizaciones feministas que pudieran haber tenido      un impacto relevante.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">¿Qué      viene a futuro? Ahora que estamos en pleno proceso de elaboración de leyes,      y que  es  muy probable que la Asamblea Legislativa no pueda ser realmente      un ente en el que se discutan los temas y tenga un carácter deliberativo,      muchas de las leyes se van a aprobar directamente en el Poder Ejecutivo. Ahí      no tenemos un filtro, no tenemos una instancia que pueda mirar estas leyes      desde una perspectiva de género, que esté vigilante a si los derechos de las      mujeres están siendo afectados o están siendo vulnerados. Eso es muy grave.      Habrá, seguramente, una reestructuración del Poder Ejecutivo y nos hemos resignado      al hecho de que no existirá una mayor jerarquía para el Viceministerio de      Igualdad de Oportunidades. Entonces, empezando por esa actitud, el hecho que      ya hemos dado la guerra por perdida después del llamado de atención del Presidente      el 8 de marzo, nos quedará como sociedad civil participar en los eventos que      se organicen para la revisión de las leyes; habrá que ver la manera de articularnos      en este proceso.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Dunia Mokrani</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Creo que hay silencios y está el hecho de que    en algún momento, no sólo las mujeres, sino diferentes sectores, hemos actuado    con paciencia por la polarización que vivía el país. Hubo, también, chantaje:    si decías algo, eras tachado como parte de la derecha. Sabíamos que existían    momentos en los que, ni modo, había que crear un espíritu de cuerpo aunque no    estés de acuerdo con lo que estaba pasando internamente, pero eso no implicaba    otorgar un cheque en blanco para que se haga lo que se quiera con el proceso.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Siento que en la actual coyuntura conviven tendencias de centralización      y control sobre todo lo que se produzca dentro del proceso, una suerte de      hartazgos. Pienso que van a empezar a darse atisbos de emergencia de esas      voces con más cuerpo. Además ya se acaba este proceso electoral, entonces      van a tener que haber, supongo, otros espacios de deliberación dentro o fuera      del Parlamento, dentro de las estructuras o desde la propia sociedad. Creo      que hay que empezar a cuestionar cualquier  señal de monopolización de la      voz de la transformación política en el proceso, no solamente lo que se refiere      al tema de género.</font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2"><b>Cecilia Salazar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Pienso que esto que está planteando Fernanda    en relación al rol de las organizaciones feministas y su silencio tiene que    ver con  el modo cómo se agendan problemas en el país, quién los nombra, quién    los agenda, quién los debate y quién los pone en evidencia. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Coincido      con Alexia en el sentido de que gran parte de las organizaciones feministas      han tenido temor para hacer planteamientos que puedan ser descalificados por      cierto tipo de posicionamientos en el marco de la polarización derecha/izquierda.      Pero esto también tenía que ver con el interés de algunas organizaciones feministas.      Creo que hay que decirlo claramente: el interés de posicionarse en un nuevo      contexto con ventajas. De otra parte, también ha habido organizaciones feministas      que se han convencido de que estábamos en un nuevo escenario y que había que      agendar otro tipo de cosas.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Esto      también tiene que ver con la relación de dependencia que tenemos con la cooperación      internacional y que vuelve a las organizaciones en general, y no solamente      a las feministas, acríticas con relación a lo que la cooperación posiciona.      Y lo que la cooperación internacional ha posicionado son temas y planteamientos      muy en paralelo a la discusión que puso sobre el tapete el propio gobierno.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces,      unas organizaciones se acomodaron por temor, otras por conveniencia, otras      por convicción, sin lugar a dudas, pero al parecer lo que ha primado es una      falta de espíritu crítico. Creo, sin embargo, como dice Dunia, que estamos      entrando a un nuevo escenario; ha variado ligeramente el panorama político      en el país y están surgiendo voces críticas que están posicionando una lectura      matizada del proceso de cambio y de sus actores. Esto probablemente nos permita      encontrar nuevas vías de argumentación, de debates, y nos permita plantear      una nueva agenda feminista. Las propias organizaciones feministas están empezando      a ver los límites de su agenda en esas condiciones y probablemente resurja      el espíritu crítico del movimiento de mujeres con relación a esta nueva reconfiguración      o resignificación del patriarcado en otro Estado, pero más o menos bajo las      mismas condiciones que prevalecían antes con relación  a las mujeres.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Evelyn Ágreda</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Estamos en una nueva gestión de gobierno y    todavía creo que hay ciertas cosas que se pueden ir discutiendo y flexibilizando.    A mí me ha parecido una buena noticia la creación de una Unidad de Despatriarcalización    y que se la tienda a ligar con la descolonización. Esa necesidad de discutir    descolonización y despatriarcalización, y también desde la sociedad civil, me    alienta en la medida  que se está reconociendo formalmente que hay la necesidad    de descolonizar pero también de despatriarcalizar. Lo que venga después va a    depender de cómo se vaya implementando este espacio.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Hay      que diferenciar entre los “grandes liderazgos” a nivel nacional y los liderazgos      intermedios que se vienen construyendo de manera interesante con sus propias      particularidades. Es importante no ver al país y a la sociedad únicamente      desde el centralismo y desde lo que son las grandes decisiones. Es así que      se dan liderazgos intermedios de mujeres, de organizaciones y también de hombres      que definitivamente están empezando a ser autocríticos y a abanderar ciertas      reivindicaciones que en algún momento fueron invisibilizadas.  </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">También comparto con el criterio de que hubo un silencio en el movimiento      de mujeres pero no un silencio solamente de temor, de complicidad, sino también,       porque hay sectores y, dentro de ellos, mujeres  que por convicción, como      lo dice muy bien Cecilia, estuvieron y aun están con este proceso que me parece      legítimo y válido. Sin embargo, comparto con el criterio que en este nuevo      proceso hay voces autocríticas que indudablemente van a ser válidas y enriquecedoras.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Alexia Escobar</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Tengo una anécdota que me parece interesante    sobre esta constatación de que nuestra mirada sigue siendo centralista. Decía    una compañera cruceña, que además de la descolonización y despatriarcalización,    había que plantear la descollanización del proceso de cambio que me pareció    clave porque es cierto. Volviendo al tema de las circunscripciones indígenas,    a las mujeres de las tierras altas, entendidas como quechuas y aymaras, les    ha ido mejor que a las mujeres de las tierras bajas, esto porque siempre la    mirada es desde La Paz, Oruro, Potosí. Desde estas grandes mayorías, la mirada    sigue siendo hasta etnocentrista. Y ahí está la whipala, por ejemplo, en el    mismo estatus de la bandera nacional: la whipala no les dice nada a los tacana    o a los esse ejja.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Creo      que además de las mujeres –y ahí coincido con Dunia– en esta nueva etapa post      4 de abril, las organizaciones indígenas  también van a tener una mirada crítica      y se van a dar el permiso para expresarse  ya que se han sentido excluidas      durante este tiempo, excluidas de este proceso. En el post 4 de abril la reconfiguración      seguramente va ser otra y hay alianzas que podremos hacer.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Fernanda Wanderley</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Es importante explicar dónde está situada la    Unidad de Despatriarcalización. </font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Evelyn Ágreda</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">La Unidad de Despatriarcalización está en el    Viceministerio de Descolonización al interior del Ministerio de Cultura. Es    una unidad recientemente creada, liderizada por tres mujeres indígenas ex asambleístas.     Indudablemente tiene sus ventajas el que esté en el Ministerio de Cultura, aunque    de pronto podríamos pensar que no es el mejor espacio. Alguna funcionaria del    gobierno decía que esta unidad debería estar en el Viceministerio de Igualdad    de Oportunidades, sin embargo están buscando trabajar de manera articulada e    intentando complementarse entre esos dos viceministerios.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Creo que, como dice Alexia, tenemos que estar atentas a estas aperturas,      posibilidades en las que podríamos encontrar y hacer alianzas y pactos para      avanzar desde los diferentes ángulos; por ahora me parece una interesante      posibilidad.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Cuáles son las reales posibilidades de    las “unidades de despatriarcalización” para participar en la elaboración de    las nuevas leyes y para incidir en la toma de decisión de los diferentes ministerios?    ¿Cuánto podemos avanzar en términos de políticas públicas si no hay una estructura    con un nivel jerárquico de viceministerio o de ministerio?</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Cecilia Salazar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Creo que depende de cómo conceptualizamos el    problema de género. Si para nosotros el problema de género es cultural vamos    a ubicar el problema en una unidad donde ese sea el énfasis, y así sucesivamente.    Definitivamente yo parto del criterio de que el problema de género tiene que    ver con el desarrollo social y económico del país. En la perspectiva de un nuevo    Estado Social el tema exige una reflexión profunda de parte de quienes somos    actoras o quienes problematizamos los dilemas de las mujeres. Somos nosotras    quienes tenemos que convencernos de la centralidad de nuestras demandas y perspectivas    o propuestas en este nuevo contexto. Cuando lo hagamos sabremos cuál es el lugar    institucional que nos corresponde y la jerarquía que éste debe tener en el Estado.</font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2"><b>Dunia Mokrani</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Sí es importante saber dónde ubicas el tema    estratégicamente. Creo que es fundamental que el proceso asuma las luchas de    las mujeres como parte de sus propias luchas. Creo que articular el tema de    despatriarcalización al de descolonización es interesante, es importante, porque    hablamos de un estado colonial que es también patriarcal. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Mientras      el proceso no asuma esto como parte de sus luchas va a ser difícil avanzar.      Se trató las problemáticas de género, indígena, de los niños y demás como      asuntos dentro del esquema neoliberal. En este marco, llega Evo Morales y      dice que los indígenas no son un asunto específico. Simbólicamente eso es      un gran cambio, pero las mujeres somos un asunto con el que no sabemos qué      hacer. Lo ponemos aquí, lo ponemos allá y al final no asumimos que  es una      lucha que surge de una desigualdad, no solamente de las diferencias por género,      sino esas diferencias se articulan con otras diferencias.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces,      en ese sentido hay que dar la batalla para que haya un posicionamiento político      más claro de la forma cómo se está abordando esta problemática desde el gobierno      y luego pasar al debate de dónde ubicas la temática en esta estructura institucional      que, además, quiere reformarse desde adentro.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Alexia      Escobar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">El planteamiento del Ministerio de las Mujeres    estuvo por lo menos en la agenda de algunas organizaciones un par de años, pero    luego hubo una resignación a que la propuesta no iba a prosperar. De hecho en    el discurso del Presidente, el 8 de marzo, se planteó que ya había un cincuenta    por ciento de ministras y para qué  un solo ministerio si hay cincuenta por    ciento de mujeres en los ministerios. Claro que ahí lo que no se dijo es que    justamente esas mujeres están bajo la lupa, van a ser evaluadas y, probablemente,    si hay un cambio en el gabinete en los próximos meses, ellas van a ser las primeras    en salir.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Me      sigo preguntando por qué nos hemos resignado tan rápido a que ese ministerio      no exista, porque realmente se necesita que a nivel del Poder Ejecutivo una      instancia jerarquizada pueda velar por los intereses de las mujeres, que pueda      supervisar el trabajo que están haciendo los sectores como educación y salud,      por ejemplo. La instancia ahora vigente y las técnicas que están en los sectores      no pueden participar en las reuniones de gabinete de los ministerios; las      mandan a organizar reuniones con mujeres de los barrios, pero en ningún momento      les permiten aportar  a las políticas públicas que sí están en proceso de      elaboración para estar acordes a la legislación que pronto entrará en vigencia.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces, este sentimiento de renuncia temprana a esta instancia jerarquizada      es un tema que también me cuestiona. Seremos dos, tres o cuatro que pensamos      que eso es importante y no es parte de la agenda de todas o, tal vez, no hemos      logrado vender nuestro charque y lograr que este tema sea relevante en la      agenda de todas, por lo menos de las organizaciones que tienen posibilidades      de ser escuchadas en este proceso.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Evelyn Ágreda</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Sin lugar a duda, existe la necesidad de una    instancia política de peso, pero también una estructura técnica para garantizar    ciertos procesos mínimos de cambio. Sólo una instancia política sin una técnica    no garantizaría los anhelados cambios. Créanme, hasta ya me hicieron dudar al    respecto. Ya no tengo la certeza  de que un Ministerio de la Mujer es la respuesta,    porque me cuestiono con lo que dijo el gobierno: ¿quieren un ministerio o quieren    la mitad del gabinete dirigido por mujeres? Ahí está que ahora tenemos la apertura    para hacer las mujeres todas las políticas que consideremos para nuestro género,    entonces tenemos la tarea.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Y      en otro momento se instruyó la creación de las unidades de transparencia y      de género en cada uno de los ministerios,  por lo que se han ido creando primero      las unidades de transparencia y anticorrupción, y las de género de manera      muy lenta y sólo en algunos ministerios. Ahora, ¿cuál es la instancia que      articula o podría articular estas unidades de género, no solamente en el ejecutivo      nacional sino también en las instancias departamentales?</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Hay una ausencia de articulación a nivel de municipios y prefecturas porque      a veces solamente vemos lo nacional. En este proceso de autonomías, ¿cuáles      serán los mecanismos y las nuevas institucionalidades de género que deberían      ir construyéndose? Porque si, como movimiento de mujeres y movimiento feminista,      no tenemos incidencia, siento que en esa gestación del proceso autonómico      nos quedaremos lejos: no habrá una institucionalidad que garantice la articulación.      Pero al mismo tiempo podría ser una oportunidad: si bien desde el gobierno      central no hay una institucionalidad de género, es posible gestar propuestas      desde la territorialidad; no será desde arriba pero se puede ir construyendo      desde abajo, que a veces es más sostenible y creativo.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces, me cuestiono si la creación de un Ministerio de la Mujer es      lo mejor, también dependería de quién lideriza ese ministerio. Que lo haga      una mujer de ninguna manera es una garantía para que tenga un enfoque de género      y que esté dispuesta a llevar adelante las políticas de género. Finalmente      hace mucho la autoridad que está en una institución para darle su propio sello.      Tengo ahora más dudas y creo que se debe seguir reflexionando al respecto,      para articularnos, para desarrollar propuestas conjuntas pero también en la      perspectiva de interpelar, de retomar la voz que siempre nos ha caracterizado      a las mujeres y al movimiento feminista, una voz cada vez más fuerte, contundente,      de manera que sea tomada en cuenta desde las  instancias que correspondan.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Dunia Mokrani</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Yo creo que también hay que dialogar con los    argumentos que se han planteado para no rechazar una instancia como el Ministerio    de la Mujer. Hubo una especie de automarginación y eso ha calado en algunas    mujeres de peso en el gobierno, mujeres indígenas. Ellas han dicho sí, nosotras    somos parte del proceso y no tenemos por qué estar metidas en un Ministerio    de la Mujer, si estamos de hecho en todos los espacios.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Ahora,      hay que ver también quiénes se han comprado ese argumento, por qué si son      realmente las mujeres que están en ese espacio de poder, y sí pueden aspirar      a ser ministra de una u otra cosa. Pero eso no resuelve el problema de la      gran mayoría de las mujeres. Entonces no es el problema de si hay mujeres      en la mitad del gabinete o si hay un ministerio donde nos vamos a automarginar,      sino un problema de la forma en la que se ha ido construyendo hasta ahora      la agenda de género. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">En ese sentido hay que cuestionar ese tipo de argumentos y también quienes      se compran esos argumentos y a nombre de qué. Hay poderes derivados de otros      poderes que están muy cómodos en esta historia. A mí me han comentado, aunque      no he estado ahí, que en el Encuentro de Mujeres el año pasado, sí habían      organizaciones populares e indígenas que demandaban la necesidad del Ministerio      de la Mujer; pero habían otras mujeres, que son las que tienen peso, que dijeron      que eso no se debate.  Entonces creo que son las cosas que hay que cuestionar,      el hecho de quién decide qué no se debate y por qué más allá de exigir el      debate, quizás no somos nosotras, no son ellas, no son las otras quienes deben      definir cómo abordar esta temática. No podemos permitir que algunas mujeres      por más indígenas y campesinas que sean decidan que no se abre un debate sobre      este tema; además porque lo hacen desde la posición de poder, no lo hacen      desde otras posiciones donde está la mayoría de las mujeres.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Cecilia Salazar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Quienes debemos convencernos de la necesidad    de una instancia específica que responda a las necesidades de las mujeres somos,    en primera instancia, las mujeres. Y esto no lo digo simplemente como una opción    que resuelva de por si los problemas; lo digo en el sentido de cuál es la argumentación    que está detrás de esta necesidad, si esa argumentación es sólida y convincente,    logramos convencer al Estado de la necesidad de un ministerio.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Por otra parte, no creo que el problema sea que haya mujeres en uno u      otro ministerio, creo que el objetivo es qué carácter o qué objetivos institucionales      se promueven desde esta instancia y desde mi punto de vista, insisto, tiene      que ver con la configuración de un nuevo Estado Social. Eso tiene que pasar      por la idea de convencernos nosotras mismas del rol fundamental que jugamos      en el marco del desarrollo, en el marco de la organización de la sociedad,      de sus capacidades de sociabilización y de protección y cuidado. Si no nos      convencemos del lugar que tenemos en el mundo, nunca vamos a plantear la necesidad      de institucionalizar nuestras demandas.</font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align=center><font face="Helvetica" size="2"><img width=591 height=342 id="Picture 2" src="/img/revistas/rbcst/v13n28/a01_figura_03.jpg" alt=obra03.jpg></font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Cuáles    son los principales temas/problemas que enfrentan las políticas públicas vigentes    y que deberían estar en el debate público? </b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">&nbsp;</font><font face="Helvetica" size="2"><b>Alexia    Escobar</b></font></p>        <p><b></b><font face="Helvetica" size="2">Yo empezaría con el tema de salud. Como    ustedes saben, Bolivia es uno de los países que tiene la tasa de mortalidad    materna más alta del continente; nuestro único consuelo es que estamos después    de Haití. Se calculaba, con datos de 2003, que morían alrededor de dos mujeres    cada día por complicaciones no atendidas del embarazo, parto o postparto. Los    datos que nos da la Encuesta de Demografía y Salud de 2008 es que hemos vuelto    a la cifra de tres mujeres muriendo cada día por estas causas, la mayoría evitables.    </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">La      muerte materna en Bolivia es una injusticia social y muestra la inequidad      de nuestro sistema de salud. Pero no ha sido un tema priorizado por ninguno      de los gobiernos en la última década; no escuchamos a ningún ministro o ministra      de salud diciendo –como se enarbola la bandera de desnutrición cero– mortalidad      materna cero. Entonces esta es una deuda enorme, pendiente, sobre todo porque      quienes mueren son mujeres indígenas, mujeres campesinas, mujeres del área      rural, de las áreas periurbanas; porque nuestro sistema de salud no  ha logrado      resolver el tema del acceso a los servicios  ni de la calidad en la atención,      que no solamente es una cuestión del trato (tema no menos importante),  también      tiene que ver con la capacidad resolutiva de los servicios de salud.   </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">La mayoría de las mujeres en nuestro país tiene dificultades para acceder      a métodos de planificación familiar, para negociar el uso de  los métodos      con sus parejas;  las mujeres no somos el cien por ciento dueñas de nuestros      cuerpos y no podemos decidir sobre nuestra sexualidad y nuestra reproducción      y esto implica, por tanto, alta paridad, embarazos muy tempranos, muerte por      abortos realizados en condiciones inseguras. Éste es un tema clave que no      se ve en la agenda. Hay articulaciones de mujeres que pelean por la participación      política, que seguramente van a dar una dura batalla por la ley electoral,      pero hay menos organizaciones o con menos fuerza que van a hablar de muerte      materna como tema clave que tiene que estar en nuestra agenda.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Fernanda Wanderley</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Frente a esto que planteas Alexia, surge la    percepción de que el bono Juana Azurduy es un avance significativo en el tema    de salud. ¿Cómo podemos evaluar ese tipo de política en términos de lo que estás    planteando: la ausencia de un debate sobre las políticas más adecuadas para    enfrentar, por ejemplo, el incremento de la  mortalidad materna en el país?    </font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2"><b>Alexia Escobar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">El bono Juana Azurduy es un tema crítico porque    el Presidente y el Ministro de Salud lo han presentado como una estrategia de    reducción de la muerte materna; se ha dicho que con el bono se está reduciendo    la muerte materna. El bono es una medida para incentivar la asistencia de las    mujeres a los servicios de salud para sus controles prenatales, para tener sus     partos y  sus controles postparto, pero, sobre todo, para que las mujeres puedan    llevar a sus niños a sus controles cada dos meses. De entrada hay que aclarar     que este bono no está enfocado en las mujeres, es un bono que está mucho más    enfocado en los niños y en el tema de su nutrición. </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Un      segundo tema crítico se refiere a que el bono no respeta al artículo 45 de      la Constitución Política del Estado Plurinacional, que plantea el derecho      que tenemos las mujeres a una maternidad segura con enfoque intercultural.      El bono resulta siendo una medida homogeneizadora para las mujeres: todas      las mujeres están obligadas a ir a los servicios de salud si quieren recibir      el bono. Hay quienes pueden dar a luz en su casa, atendidas por la partera,      por el esposo, pero a riesgo de no recibir el bono.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Por otro lado el bono tiene una serie de “candados” que vulneran la nueva      Constitución. El artículo 66 de los derechos sexuales y reproductivos establece      el derecho a decidir cuándo embarazarse, cuántos hijos tener y cada cuánto.      Este es uno de  los principales derechos que tienen las mujeres y sus parejas,      pero resulta que, con el bono, hay un condicionamiento: las mujeres solamente      pueden embarazarse respetando el espacio inter genésico, que es el espacio      de tres a cinco años. Quienes se  embaracen antes de los tres años no van      a recibir el bono, quienes se embaracen después de los cinco años tampoco.      De la misma manera, las mujeres que han abortado  por cualquier razón, pudo      haber sido un aborto voluntario o pudo  haber sido  un aborto espontáneo,      tienen que volver a embarazarse luego de tres años, si es que quieren ser      beneficiarias del bono.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces      hay mucho que objetar al bono, empezando por el nombre que es el de una guerrillera      que seguramente tuvo como la menor de sus virtudes el haber sido una madre      dedicada. Evidentemente es una medida que atropella los derechos de las mujeres,      nuestros derechos sexuales, nuestros derechos reproductivos, el derecho que      tienen las mujeres indígenas a dar a luz en sus casas, atendidas por las parteras.      Y esto es grave cuando esta nueva Constitución incluso reconoce que el sistema      único de salud está integrado por la medicina tradicional, y ahí están las      parteras como principales agentes de la medicina tradicional en el tema de      salud.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Este      es un ejemplo de cómo puede haber una medida tan vulneradora de derechos que      recibe aplausos, sin tocar el tema de la gestión del bono: de 500 mujeres      que se inscriben, 50 reciben el bono. Al margen está el tema administrativo      y del hecho de que el bono ha develado que las mujeres siguen sin tener certificado      de nacimiento y carnet de identidad.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Dunia Mokrani</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Me preocupa la violencia contra las mujeres:    cada vez más evidente y menos cuestionada. Un tema que me llama la atención    por su falta de respuesta política es el de las trabajadoras del hogar. Creo    que no podemos caer en ciertas simplificaciones y reducir el problema a que    las mujeres de clase media están trabajando porque tiene una trabajadora del    hogar en su casa y que ese es un problema entre mujeres: de la trabajadora del    hogar –que tampoco tiene otras opciones laborales o educativas– y de la mujer    que tiene que ir a trabajar fuera de su casa; mientras  nadie cuestiona el hecho    de que los otros señores van a trabajar, van a gobernar  y mejor si no vuelven    a su casa.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Aquí,      quiero enfatizar en el tema de la responsabilidad del Estado frente a las      políticas públicas, porque es eso lo que hay que poner en la mesa de debate      cuando estamos hablando de un proceso que propone una mayor participación      del Estado para promover el cambio. En ese sentido, en cada uno de los temas      hay que discutir la responsabilidad de este nuevo Estado y cuál es su particularidad      en las políticas públicas sociales en sus diferentes niveles, como decía Evelyn,      no solamente en el Estado nacional o central sino en cada una de las instancias.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Fernanda Wanderley</b></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Quisiera enfatizar la dificultad de la Asociación    de las Trabajadoras del Hogar para cambiar su ley, aprobada en 2003, y lograr    su reglamentación e implementación. No hay un esfuerzo realmente concreto de    la instancia responsable de avanzar en este sentido. Este es un ejemplo claro    de lo que sería concretamente la concatenación entre despatriarcalización y    descolonización. Estoy de acuerdo que este es un tema central y que ejemplifica    las contradicciones del proceso.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Evelyn Ágreda</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Las demandas no atendidas tienen que ver con    nuestra agenda. Al mismo tiempo me pregunto: ¿cuándo fueron atendidas? En todos    los anteriores gobiernos se invisibilizaron nuestras reivindicaciones, sufrimos    siempre la postergación; desde sus ópticas, las otras leyes y políticas son    más importantes que las nuestras, las de las mujeres siempre pueden esperar.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Me      cuestiono en el sentido de señalar ¿qué pasa para que no avancemos?, ¿nos      falta estrategias adecuadas para lograr agendar nuestras demandas?, ¿no las      sabemos plantear?, ¿no sabemos articularnos y construir consensos?, ¿el patriarcado      es tan fuerte? Lo cierto es que nuestras agendas sufren de cierta debilidad      que no permite que avancemos en su implementación.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Por tanto creo que es un tema que hay que reflexionar y discutir, de cómo      elaboramos nuestras agendas y cómo las posicionamos, desde dónde y quiénes.      Esa es una práctica que viene de mucho más allá: de subestimar nuestras agendas      y postergar, de renunciar más de algunos sectores que de otros, priorizar      las agendas que se dice que son más globales, más importantes, que tienen      que ver con las transformaciones de este país, como si las nuestras no fueran      revolucionarias.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Me preocupa, porque cada uno de estos temas es crucial, fundamental y,      además, algunos son también nuevos como el pluralismo jurídico y la administración      de la justicia comunitaria o la justicia de los pueblos indígenas, como quiera      llamársele. Me gusta mucho cómo internamente se está cuestionando el hecho      de que las mujeres indígenas han estado ausentes en la administración de justicia      de sus pueblos, con algunas excepciones. El planteamiento de las mujeres indígenas      está generando tensiones, creo saludables, porque deben ser consideradas en      el  proceso de institucionalizar la justicia de los pueblos indígenas.  </font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">En      la administración de justicia de los pueblos indígenas surgen estas preocupaciones:      ¿cómo se aborda la violencia contra las mujeres, entre ellas la violencia      sexual? Porque son problemas sociales que no se quiere abordar, pero no sólo      en este sistema sino también en el sistema judicial formal. Se sabe que todo      sistema de justicia tiene virtudes pero también debilidades, es más, son patriarcales,      y cuando no se lo identifica y denuncia, no se mejora. Cuando se trata de      los pueblos indígenas a veces se tiende a idealizar y creer que todas sus      prácticas son perfectas.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Cecilia Salazar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Retomando lo que dice Evelyn en relación a    la justicia, en los últimos años hemos vivido diferentes expresiones de lo que    es el pluralismo jurídico, algunas reconocidas como formas de justicia comunitaria    y otras como formas que se saldrían de su conceptualización.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">La      experiencia con Félix Patzi ha sido muy elocuente, en el sentido de que la      justicia comunitaria no tiene la misma validez respecto a otras formas de      justicia. Por otra parte, hay algunos estudios que se han hecho en la Coordinadora      de la Mujer sobre el pluralismo jurídico y las mujeres. Ahí, claramente se      evidencia que la justicia comunitaria no es justa con las mujeres. Esto ha      estado precedido de la validación del pluralismo y de la diversidad jurídica      en sí misma, recargándose la tinta sobre el aspecto moral, pero que ha prescindido      de consideraciones sobre lo que es justo y lo que no es justo para nosotras      y, más aún, para las indígenas. </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Entonces      creo que nosotras tenemos que trascender de este ámbito moral, ético con relación      a la diversidad, hacia una nueva discusión respecto a lo que es justo o no      es justo con las mujeres, es decir, ir más allá de la validez moral de la      diversidad y apuntar a la justicia en su sentido más cabal, objetivo y profundo.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Fernanda Wanderley</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">A lo largo de este debate hemos tocado varios    temas, pero me parece importante y quisiera recuperar algo que dijo Alexia sobre    la  importancia de las veedurías, observatorios o seguimientos de las políticas    públicas. Hay un vacío en el seguimiento de las decisiones, con consecuencias,    positivas y negativas, en relación a las mujeres. Es importante la existencia    de instancias desde la sociedad civil y desde el Estado para dar seguimiento    y lograr transparencia sobre la toma de decisiones y sus resultados.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">También quisiera recalcar un tema que Cecilia mencionó: la reconstrucción      del sistema de protección social y, en su seno, el tema del cuidado como un      derecho social. ¿Quién se responsabiliza del cuidado a las personas dependientes      (niños, jóvenes, adolescentes, personas con discapacidad, personas mayores      o enfermas)? En el período neoliberal esa era una responsabilidad privada      de las familias y, dentro de las familias, de las mujeres. Los que podían      comprar estos servicios en el mercado, lo hacían, mientras el Estado no asumió      esta responsabilidad. Ahora estamos en un período post neoliberal, momento      para plantear la corresponsabilidad del Estado en coordinación con otros sectores      sociales en la provisión del cuidado. La agenda del cuidado es central no      sólo para que las mujeres puedan participar en el mercado de trabajo en condiciones      más equitativas, sino también para romper la reproducción de las desigualdades      sociales intergeneracionales al brindar la atención adecuada y de calidad      a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>¿Cuáles son los principales desafíos que    enfrentamos hoy las mujeres en la búsqueda de una sociedad más equitativa?     </b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Cecilia Salazar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">Creo que uno de los grandes desafíos hacia    el futuro es construir un liderazgo renovado que tiene que sustituir necesariamente    este vacío en el que estamos las mujeres en términos de representación, pero    además con capacidad para articular las demandas de las mujeres y especialmente    de quienes han promovido un proceso de transformación como el que estamos viviendo.    Un liderazgo que sea capaz de ver a las otras no en un acto contemplativo sino    en un acto de reconstrucción de una sociedad que sea más promisoria para todos.     La renovación del liderazgo para mi es fundamental.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Alexia Escobar</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">La renovación de los liderazgos se ha dado    también en el plano generacional: si nos vemos todas aquí, ahora, no somos las    mismas de siempre. Estos nuevos liderazgos no solamente se dan en el plano generacional,    sino se dan en organizaciones indígenas, campesinas. Pero lo que es clave es    lograr una articulación entre los liderazgos, o sea, los liderazgos emergentes:    si cada quien sigue con su propia agenda, cada quien defendiendo lo que considera    que son los temas prioritarios, vamos a seguir sin llegar muy lejos. Entonces    lo que plantearía es que el mayor desafío que tenemos es la articulación, no    solamente alrededor de una agenda mínima de la que siempre se ha hablado, sino    aprender a tender más lazos, tender más puentes para poder avanzar de manera    conjunta. Pienso que la oportunidad está dada. Quiero ser optimista. Estamos    en un momento distinto. Han sido cinco años difíciles pero de aquí en adelante    habrá que poner el granito de arena para que, sin temor a ser descalificadas,    podamos quitarnos la mordaza que nos hemos puesto: no más a la autocensura.    Debemos ir avanzando desde una visión constructiva, activa, hacia un mejor país    para todos, para los hombres, para las mujeres, para los indígenas, la clase    media, los urbanos, los rurales, realmente para todos y todas. Creo que es el    ideal que tenemos como país, pero para eso hay que tender puentes y creo que    las condiciones están dadas.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Evelyn Ágreda</b></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Helvetica" size="2">Respecto al fortalecimiento de ciertos liderazgos    locales, generacionales, sectoriales me parece fundamental visibilizar y fortalecer    los nuevos liderazgos, porque están ahí. Siento a veces que estos mecanismos    que mencionamos, como la discriminación, la segregación y otros, no se visibilizan    por la dinámica perversa de la política y más aún cuando se trata de las mujeres.    Sin embargo, hay un surgimiento interesante de nuevos liderazgos de mujeres    de diferentes sectores que indudablemente son indispensables para fortalecer    el proceso de cambio y renovar ciertas concepciones y  enriquecerlas.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">No      tan a futuro, sino inmediatamente, me parece importante que las mujeres estemos      en el proceso de la implementación de las autonomías. Esta presencia cuantitativa,      significativa de las mujeres en los gobiernos municipales y en las instancias      de las gobernaciones y prefecturas está generando expectativa y espero que      las respuestas estén a la altura de este proceso de cambio. Algunos procesos      han iniciado con la elaboración de las cartas orgánicas en las que hemos brillado      por nuestra ausencia, y el riesgo de esta ausencia está en que sea un proceso      que no vaya construyendo la institucionalidad de género. Para mí son los desafíos      trascendentales que espero sean tomados en cuenta.</font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>Dunia Mokrani</b></font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2">El propio proceso tiene el desafío de incorporar    no sólo demandas sino todas las luchas de las mujeres y también enfrentar otras    formas de desigualdad que se producen y se reproducen dentro del propio proceso.    En ese sentido también creo que las mujeres tenemos que recuperar un lugar o    una voz más autorizada en este proceso, a partir de nuestra  propia articulación    y de todo lo que le tenemos que decir al proceso y lo que el proceso tiene que    decirnos. No podemos estar al margen, como lo hemos descrito en varios momentos    de la discusión; es un momento de politización del proceso y requiere de una    voz fuerte de autocrítica.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">Entonces,      en ese sentido, el propio proceso no puede avanzar desde algunas, insisto,      monopolizaciones y aquí el desafío es fundamental: la tarea política consiste      en formular nuevas preguntas y Cecilia señalaba hace un momento, ¿qué es la      justicia para las mujeres?, no solamente si es más plural la justicia; ya      está en el texto, pero cómo se traduce eso y qué es lo que se quiere, qué      es lo que se entiende por justicia desde diferentes miradas.</font></p>       <p><font face="Helvetica" size="2">En ese sentido el proceso necesita de muchas de las miradas de las      mujeres, de las reivindicaciones propias de los  feminismos para alimentarse.      La pregunta fundamental ahora es: ¿qué es estar dentro del proceso? o ¿desde      dónde hablamos? Y habrá que dar respuesta de manera creativa. Entonces creo      que hay que disputar el lugar de dónde vamos a hablar, si el proceso se circunscribe      a la plaza Murillo, a los ministerios, si el proceso se circunscribe a entornos,      o si el proceso se circunscribe a dónde…</font></p>        <p align="center"><font face="Helvetica" size="2"><img width=544 height=412 id="Picture 3" src="/img/revistas/rbcst/v13n28/a01_figura_04.jpg" alt=obra04.jpg>    </font></p>        <p><font face="Helvetica" size="2"><b>1&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </b>Fernanda    Wanderley es doctora en Sociología. Actualmente se desempeña como investigadora-docente    y subdirectora de Investigación del Postgrado en Ciencias del Desarrollo de    la Universidad Mayor de San Andrés (CIDES-UMSA). Correo electrónico: fernandawanderley@cides.edu.bo.    La Paz - Bolivia</font></p>        ]]></body>
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