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</front><body><![CDATA[ <p align="left"><font size="2" face="Verdana"><b>ARTICULO</b></font></p>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>JUVENTUD MEDIÁTICA: AQUÍ Y AHORA, A TODA VELOCIDAD</b></font></p>     <p align="center"><font size="3" face="Verdana"><b>Luis Alfonso Guadarrama Rico</b></font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"><a href="mailto:Lagr@coatepec.uaemex.mx"><b>Lagr@coatepec.uaemex.mx</b></a></font></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Facultad   de   Ciencias Políticas   y Administración Pública/UAEM</font></b></p> <HR> </font> </p>     <p><font size="2" face="Verdana">El   presente documento busca exponer algunas ideas en torno al papel que están   desempeñando los medios de comunicación en la construcción social de la   juventud o, si se quiere, de lo que impulsa la sociedad mediática para edificar   a los jóvenes. Se parte de la premisa de que la sociedad mexicana, como muchas   de otras latitudes, constituye para las empresas mediáticas un mercado hipersegmentado al que pretenden llegar a través de mensajes publicitarios y programas, en busca no sólo de la venta de   productos y marcas sino también a favor de la edificación de una manera de ser y de concebir el mundo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En   este sentido,   México, demográficamente hablando,   constituye un mercado ampliamente   dominado por grupos etáreos menores a los 29 años, es decir, se trata de un segmento mediático que   ocupa  a las empresas de   comunicación, a publicistas y a los anunciantes, en tanto ha encontrado un campo fértil para edificar una nueva concepción de lo que representa “ser joven” y de una sui generis necesidad de arribar y mantener   inscritas a las personas en la etapa de la juventud.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El   perfil que se ofrece en las siguientes páginas sobre el universo de jóvenes no   abarca a todas las clases sociales ni a las diversas formas de manifestar la   condición de joven; tampoco están en esta descripción clasemediera, como diría   Maritza Urtega, otras tribus urbanas como los olvidados, pachucos, cholos,   chavos banda, machinas, chundos, paisarockers, jipitecas ni punketas (Urtega,   1997) y, menos aún, los y las jóvenes   que conforman  parte  del  ancho  cinturón de pobres que se dedican a empañar, con sus carencias, los informes   anuales y sexenales que comandan este pujante país que tiene como consorte en turno a la globalización.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No están ellos porque viven otra juventud; para decirlo de manera muy elegante y cargada   de eufemismos, sus rasgos adquieren otros matices; suelen ser más toscos y   repletos de amplias y accidentadas zonas de niebla que les dibuja un rostro   distinto al de la cada vez más delgada clase media de jóvenes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">A   pesar de estas ausencias lamentables, ofrezco una caracterología de juventud que puede resultar más o menos cercana y, a   fin de cuentas, bien puede tratarse de un primer acercamiento a la problemática que pretendo desahogar.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Permítanme iniciar con el primer concepto ¿qué significa ser joven?   Es una categoría que envuelve   y representa una serie de actitudes, valores, aprendizajes, conocimientos y   formas de mirar y de vivir la vida. Un concepto que, surgido más plenamente en la segunda mitad del silgo XX, alude a un   tramo del curso o desarrollo del ser humano que va, según algunos autores, desde la adolescencia hasta la edad de los 29 ó 30 años(!)(Feixa, 1998). Por lo tanto,   hoy se trata de un periodo “ampliado” dedicado a incursionar en múltiples   atmósferas, mundos y submundos que prometen redituar experiencias que luego formarán parte del historial personal y de una colección de episodios   transparentes y sórdidos que más tarde --frente a las hijas y a los hijos--,   serán sepultados y, en caso de   apremio, hasta negados.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En términos generales, en el mundo postindustrial y globalizado, a la condición de joven se llega por vía de la cronología, de la edad, de los años cumplidos. A las mujeres citadinas se les llama “jovencitas” o “señoritas”, cuando han sido presentadas en sociedad, justo al   cumplir sus quince primaveras. En cambio, a los varones se les adjudica la   condición de “joven” cuando bordean los 16 ó 17 años. Es decir, los masculinos resultamos más tardíos   para ganar tal condición. A fin de cuentas, como muchas de las etapas de desarrollo psíquico, somático y   comportamental, son los adultos o las generaciones precedentes las que otorgan el título –nada nobiliario—de jóvenes; así ha sido desde las sociedades   primitivas, pasando por el medioevo,hasta nuestros días3.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La juventud huele, despide aromas. A partir de la pre-adolescencia, la descarga hormonal empuja y parece desorbitar el comportamiento así como los fluidos y las ganas por explorar todo cuanto se   pueda y cuanto pase por la permisividad individual, familiar o social que   circunda a las y los jóvenes. Los niveles de estimulación que parece requerir   el cuerpo joven, sobrepasa a la mayoría de las atmósferas domésticas en las que   crecemos y entonces el mundo social, el entorno, cobra el más alto relieve.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Por ello, se podrá constatar que en la etapa de juventud el individuo busca su construcción y su identidad   en espacios de socialización   extrafamiliares y extradomésticos. En tal   sentido, subraya Juan Carlos Revilla, “Las salidas de los jóvenes los fines de   semana tienen lugar en los espacios que ellos pueden hacer suyos, es decir, aquellos donde los participantes son en su mayoría jóvenes y/o que no son susceptibles   de control cercano por parte de alguna instancia adulta”(Revilla, 1998: 37).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La juventud–sobre todo la masculina-- busca, explora, evita anidar, se vuelve temeraria.   El sentido de “la vida” está cifrada casi exclusivamente en un tiempo que sólo quiere saber del ahora, del aquí, de sensaciones,   de huellas que puedan decirle o pronosticarle a qué sabe o sabrá la vida adulta. Al mismo tiempo, en esa búsqueda, casi invariablemente, le acompaña un hondo sentido de trasgresión;   acaso una especie hedonismo que sólo atina a ser alimentado por la irreverencia, sea a piejuntillas, a hurtadillas o paseando frente a sus mayores con toda esa desfachatez que suele acompañar   la   desobediencia y el deslazamiento tanto de las “buenas costumbres” (regularmente   adultas o senectas) como de la “buena   educación”; “se vuelven   insoportables” –como dirían las madres y los padres que son llevados a las mazmorras de este enfrentamiento intergeneracional.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las   jovencitas clasemedieras, algo menos violentas que sus pares masculinos,   también están a la caza de sensaciones, de nuevas e irreverentes formas de vestir, de hablar, usar   el maquillaje, de fumar; hurgan madrugadoras historias de amor propias, ajenas,   soñadas y/o contadas una y otra vez en las revistas de cotilleo (al más puro estilo títulos como TV   y Novelas, TV Notas, Cosmopolitan, Mujer, 15 a 20, Bravo Por Ti y Eres, entre otras); se prenderán del teléfono y aprenderán a desoír las gargantas chillonas de sus progenitoras y las voces hoscamente graves de sus periféricos   padres, al exigirles que cuelguen el invento de Graham Bell, hoy   hiperrevolucionado gracias a la microelectrónica y a la comunicación satelital.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Entre   estas jóvenes, el desinterés por las artes culinarias, el zurcido y el bordado,   serán el común denominador pues el microondas, los pre-cocidos y las sopas   Maruchan gobiernan una nueva domesticidad para las generaciones venideras. La   pasividad y el recato que urgentemente tratan de untarles en su escala de   valores, se resbala ante el embate de un marco de relaciones emocionales de cuasi   amigos/novios que también gritan al unísono el aquí y el ahora de la caricia rauda y atrevida, cuando no mejor del contacto sexo a sexo. Después, a otra historia, ojalá condón mediante.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Mientras todo esto pasa, ¿qué hacen los medios de comunicación en torno al campo de   los jóvenes? ¿cómo contribuyen a la edificación de lo que hoy podemos apreciar   como juventud? Desde mi punto de vista, los contenidos que desgranan   cotidianamente los medios de comunicación a través de los programas y sus mensajes publicitarios, contribuyen a acentuar algunas cualidades de lo que representa ser joven.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En primer término habría que resaltar el hecho de que ser o parecer joven, se ha convertido   en uno de los principales valores que –voluntariamente o no— han ayudado a cristalizar los medios de comunicación (Guadarrama y García, 1999). Así, hoy luchamos contra toda   muestra de envejecimiento físico y por ende aparente. Hoy, como se ha expuesto, el estadio de la juventud, sobre todo   para la clase media, se ha prolongado hasta el lindero de los 30 años de edad,   sobre todo si aún no se ha procreado o si apenas se ha tenido el primer vástago. Así, antes de que las personas arriben a tan complicada edad (los seis primeros lustros de su vida), los medios de comunicación se han encargado de acentuar machaconamente los rasgos que identifican a la juventud. Veamos por qué.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En   primer término, el eje sobre el que se mueven la mayoría de los medios de   comunicación es el de la actualidad, es un hoy que grita el aquí y el ahora,   con el menor contexto posible (si se puede llevar a cero, mejor) y sin un   elemental esfuerzo por la revisión del pasado más reciente; no se diga un   esfuerzo más amplio como el análisis histórico. Entonces la cultura del segundo,de la inmediatez, encuentra su tierra más fértil   en el grueso de la población juvenil porque son oídos, ojos y piel ávidos(as) de los mismo, es decir, arman una díada (medios y juventud) en   la que los dueños de los medios de comunicación venden cada segundoa millones de personas y los jóvenes compran modas y modos de ver el mundo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Paralelamente,   con el asalto de la nota roja, tanto a los noticiarios como a otros géneros   televisivos, radiofónicos, periodísticos, videotecnológicos y lúdicos, se ha   agudizado y acelerado un proceso de desensibilización sistemática en torno a la   conservación de la vida, como uno de los valores primarios de la civilización   contemporánea. Creo que detrás de cada cifra, imagen y comentario sobre   accidentes, muertes, balaceras, guerras de baja y alta intensidad, se agigantan   sistemáticamente la pérdida de asombro y duelo ante la desgracia humana. Este   proceso ocurre en el grueso de la población pero encuentra su mayor fertilidad   en grupos vulnerables emocionalmente como son los jóvenes y los infantes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">He   comentado que otra de las características de los jóvenes es una cierta   fascinación por la trasgresión. Los vehículos de ésta son muchos y de una gran   diversidad: la vestimenta, el peinado, la música y sus letras, el   comportamiento poco o nada ajustado a las normas que sus mayores buscan imponer. En forma especial, me parece que mayoritariamente los jóvenes encuentran una buena arteria   para dar cuenta de la trasgresión, a través del lenguaje y ello se ve reflejado   en varios contenidos mediáticos. En el México urbano, por ejemplo, no es   casualidad que programas como XHDerbez, Cero en conducta, Los comediantes, La   hora pico y Furcio, entre otros, reporten –según cifras del IBOPE— los más   altos valores de rating. Para dar una idea de lo que aquí comento, varios de   estos programas de humor han mantenido los primeros lugares en la tabla de   rating durante varios meses. A este respecto, hay que advertir que la mayor parte de la audiencia de este programa está conformada justamente por jóvenes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Por   otro costado, los próximos jóvenes masculinos, los nacidos poco después de   iniciada la década de los años noventa, en la vieja frontera de los años mil   novecientos, han videojugado una gran cantidad horas y de programas     de computadora, sea en los dispositivos Nintendo, Play Station o en las PC (Guadarrama, 1998). En la enorme mayoría de los casos, a través de esta   tecnología habrán golpeado y destazado virtualmente a una gran cantidad de   enemigos poligonales, al tiempo que habrán introyectado –en su escala de   valores—que para vencer, para “ganar   puntos” o “vidas”, es menester aniquilar al otro; de otro modo su nombre no aparecerá en el record de vencedores. También habrán   participado en competencias virtuales durante varias horas, conduciendo distintos autos de carreras, fórmula 1 en los que choques,   volcaduras y la velocidad sólo tienen como consecuencia la pérdida de algunos   puntos y, over game, previo depósito   de unas fichas más.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">También   hay que señalar que la mayoría de los videojugadores son varones y con fuerte   inclinación por los géneros de combate y pelea cuerpo a cuerpo. En tal sentido, habría que recordar que la   identidad masculina se torna una construcción sociocultural en la que para la   mayor parte de los hombres consiste en convencerse y convencer a los demás de   tres cosas: El masculino no es mujer; no es un bebé y no es homosexual (Badinter, 1993). Así   los imperativos de la masculinidad, en su pleno desarrollo y desfogue, como lo   señalan Deborah David y Robert Brannon (1976) son cuatro: debe ser una persona   importante, un roble sólido, rudo y estar   dispuesto a mandar a todos al diablo. En este sentido ser masculino implica aparecer como hombre duro, ser un hombre solitario porque no necesita a nadie, impasible y, por supuesto, viril como nadie.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Desde   luego que la gran mayoría de los núbiles saben que los videojuegos guardan   ostensibles distancias con la realidad y que   una cosa es la práctica lúdica con   esta tecnología y otra es tomar un auto de verdad. Mi preocupación está asentada   en dos factores de orden más simbólico: Por un lado, el juego infantil --en su estructura y contenido--   prefigura y prepara el camino que uno estará dispuesto a recorrer en la vida   adulta. Por otro, como lo he señalado, se   gesta un proceso de desensibilización frente   a la consecuencia de un acto. Me explico: si ante la velocidad, el golpe o el uso virtual de una   arma no percibo más consecuencia que puntajes logrados y un over game que me   impele a seguir “practicando”, no tengo tiempo para pensar en la consecuencia   de un acto. No olvidemos que el proceso de reflexión, sea racional o emotivo,   lo primero que requiere es tiempo, dedicación, detenimiento, contemplación   de nuestro   comportamiento, tanto individual como social.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Acompañando a esta arteria, adviértanse los atributos que en los medios de   comunicación se destacan para posicionar   en el mundo de los consumidores potenciales a los automóviles: nótese que no faltará la velocidad, la capacidad de arranque y la “estabilidad” que se logra mantener a   pesar de la velocidad y los caminos accidentados o sinuosos. Desde esta   perspectiva, es posible que más adelante encontremos una urdimbre preocupante   entre la velocidad automovilística, como gran atributo que se publicita de los   autos y por ende en los masculinos, el   consumo de alcohol en jóvenes y las estadísticas sobre accidentes automovilísticos (Guadarrama, 1999).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Adicionalmente,   el tema de la velocidad se ha vuelto un lugar   común en más ámbitos de los que alcanzamos a sospechar o bien a   contemplar. Veamos un ejemplos más. Básicamente el criterio para volver obsoleto un equipo de cómputo de uso personal y más o menos convencional, es justamente la velocidad en el procesamiento. Si nos detenemos un poco, podremos advertir cómo la marca Acer ha empleado en su publicidad, justamente   la representación de un piloto joven –supongo   que de fórmula 1—que se dispone a conducir a toda marcha frente al monitor del nuevo modelo de la micromputadora en turno.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En suma, me parece necesario advertir que una gran cantidad de mensajes mediáticos –programas y publicidad—no sólo   están contribuyendo a entender las formas en las que se están edificando   identidades juveniles y a reflejar nuestro mundo moderno, sino que también esos   mensajes conllevan otros fenómenos que bien valen una larga pausa, a fin de analizar posibles impactos en otros fenómenos del comportamiento.</font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>NOTAS</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>1 </b>Este documento   forma parte de un proyecto de investigación denominado   &quot;Familias Mediáticas&quot;, financiado por la UAEM. Asimismo, constituye parte de los esfuerzos que se desarrollan en la Red Iberoamericana   de Investigación en Familia y Medios de Comunicación (FAMECOM).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">2 Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Profesor-investigador de la Facultad de Ciencias Políticasy Administración Públicade la UAEM. Actualmente es el   Coordinador Ejecutivo de la Red FAMECOM.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">3 Como   se ha anotado, la categoría juventud es relativamente reciente pues en la ancha   Edad Media y aun durante una buena parte del Renacimiento, se pasaba de la frágil infancia a la adultez (Ariés, 1990).</font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>BIBLIOGRAFÍA</b></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana"><b>1.- ARIES</b>, Philippe(1990). El niño y la vida familiar en el antiguo régimen. España: Taurus. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=195700&pid=S1815-0276200400020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana"><b>2.- BADINTER</b>, Elisabeth(1993) XY LA IDENTIDAD MASCULINA. España: Alianza editorial. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=195701&pid=S1815-0276200400020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana"><b>3.- FEIXA</b>, Carles (1998). El   reloj de arena. Culturas juveniles en   México. México: SEP/Causa Joven.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=195702&pid=S1815-0276200400020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana"><b>4.- GUADARRAMA </b>Rico, Luis   Alfonso y Martha Fabiola García (1999) “Masculinidad, programas televisivos y poder enla familia”. Ponencia presentada en el XXII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS). Universidad de Concepción, Chile.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=195703&pid=S1815-0276200400020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face="Verdana"><b>5.- GUADARRAMA </b>Rico,   Luis Alfonso (1999). Masculinidad y publicidad, en Espacios Públicos No. 3. México: UAEM. (1998). Consumo audiovisual en jóvenes   mexicanos, en Questiones   publicitarias. Revista de métodos, análisis y estrategias de comunicación   publicitaria. España: Universidad de Sevilla.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>6.- REVILLA</b>, Juan Carlos (1998). La identidad personal de los jóvenes.   Pluralidad y autenticidad. España: Entinema.</font></p>      ]]></body><back>
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