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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="Verdana">ARTICULO</font></p>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>LA INTERPRETACION SIMBOLICO-DISCURSIVA</b></font></p>     <p align="center"><b><font size="3" face="Verdana">U.J. Antonio Mayorga</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Sociólogo Docente UCB – Cbba</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">&nbsp;<a href="mailto:mayorga@ucbcba.edu.bo">mayorga@ucbcba.edu.bo</a></font></b></p> <hr>     <p><font size="2" face="Verdana">Es antigua y fundacional la intención de crear modelos teóricos   para explicar la realidad social simulando modelos de las ciencias duras. Sin   embargo, hoy por hoy, resultado de profusas discusiones de orden   epistemológico, se considera, que la lógica de las ciencias sociales debe   distinguir entre el modelo explicativo y el modelo interpretativo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El modelo explicativo, basado en el principio de causalidad, opera   sobre los fenómenos sociales considerándolos símiles a los fenómenos naturales.   Sus consideraciones sobre la realidad social son, por tanto, de índole   esencialista, metafísica y positiva: la realidad es lo dado y es menester   encontrar sus esencias o descubrir sus leyes de funcionamiento.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El modelo interpretativo, en cambio, considera que la realidad   social es un ámbito simbólicamente preestructurado; consecuencia de la   interacción social. La realidad social sería, una invención del lenguaje y la   acción de los sujetos. Y ya que la realidad forma parte de una   interpretación/invención operada por los sujetos, para comprenderla es   necesario realizar una doble interpretación. La ciencia social ya no debe   explicar sino que debe interpretar las previas interpretaciones que operan los   sujetos sociales en el ámbito de sus interacciones simbólicas y discursivas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El modelo explicativo, considera al mundo social indiferenciado   del mundo natural. Realiza, simulando modelos de las ciencias duras y/o   naturales, tareas de explicación causal de fenómenos sociales a los que   suscribe como objetos o cosas. La realidad social es concebida en tanto   máquina, organismo, sistema o estructura que aparece desprovista de   temporalidad e historia. Ahí, los fenómenos y los sujetos son instrumento,   apéndice o figuras espectrales de estructuras y/o funciones. En el reino de la   particularidad, las partes -sujetos, fenómenos y funciones- se interrelacionan   en el marco de un sistema que se reproduce perpetuamente sin atisbo de ruptura   o transformación. Partículas o fragmentos de una estructura vacía o desalmada,   los sujetos cumplen roles/funciones que les dictamina el sistema social o les   determina la infraestructura económica -según prevé, p.e.- un viejo Marx   aquejado de funcionalismo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La relación que establece el modelo explicativo entre un sujeto   cognoscente y la realidad dispuesta como un objeto sometido a su escrutinio,   dilucidación, medición, descripción, clasificación y explicación, reduce la   existencia de los mundos social (o intersubjetivo) y subjetivo a un único mundo   objetivo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Para Habermas (1987), que considera una previa clasificación   realizada por Popper, el mundo objetivo es sólo uno entre otros que componen la   realidad. En efecto, lo que en rigor existen son tres mundos: el mundo   objetivo, el mundo subjetivo y el mundo social. Ahí las decisiones o propósitos   de los sujetos no dependen única y exclusivamente de su intención racional,   conciente y solitaria, puesto que existen un conjunto de normas,   autoescenificaciones e interacciones que comparte con -al menos- otro sujeto,   en un contexto amplísimo que se denomina mundo de la vida . Por lo tanto, para   comprender el significado de la acción de un sujeto, es necesaria la   interpretación de la relación intersubjetiva o comunicativa que establece con   otro sujeto, en el trasfondo amplio del mundo de la vida. En ese sentido, la   comprensión teórico-metodológica acerca de la acción de los sujetos ya no pasa   por la explicación científica sino por la interpretación simbólico-discursiva.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Además, el modelo explicativo, acotado como está a la explicación   causalista y determinista de la acción del sujeto en, solamente, un mundo   objetivo, tiene limitaciones, también, en torno a la conceptualización de los   tipos de acción posibles.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En efecto, las únicas acciones que concibe son I) la teleológica y   II) la estratégica. La acción teleológica, supone que el sujeto realiza un fin   o propósito eligiendo, en una situación dada, los medios más adecuados. La   acción estratégica, que es una ampliación de la anterior, supone que el sujeto   busca la consecusión de un fin considerando las expectativas de otro sujeto que   pretende, también, la consecusión de sus propios propósitos. Esta acción está   implicada en la elección y el cálculo de medios y fines desde el punto de vista   de la maximización de utilidad o de expectativas de utilidad del sujeto.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No entrarían en consideración, por tanto, otros tipos de acción,   operando, desde ya, en los mundos social y subjetivo. Habermas (1987:122ss.),   las denomina: 1) Acción regulada por normas, que tiene que ver con el   comportamiento de los miembros de un grupo social -no de un sujeto solitario-   que orientan su acción por valores comunes. 2) Acción dramatúrgica, que refiere   la escenificación de la subjetividad entre los participantes de una   interacción. 3) Acción comunicativa, que se refiere a la interacción entre, al   menos, dos sujetos capaces de lenguaje y acción que se entienden entre sí. La   búsqueda de entendimiento es fundamental ya que la acción deriva de la   coordinación de planes que se puedan realizar.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En consecuencia, si bien toda acción persigue la consecusión de   determinados fines, no todas están orientadas al éxito. Es decir, las acciones   teleológica y estratégica sí están implicadas en el cálculo egocéntrico de   utilidad, pero la acción regulada por normas busca la integración social, en   tanto existe un acuerdo sobre ciertos valores y normas que deben cumplirse. La   acción dramatúrgica, persigue una relación estrecha entre la subjetividad   escenificada y un público. Y la acción comunicativa, pretende entendimiento,   consenso y coordinación.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En fin, reducir la acción de los sujetos a propósitos racional,   intencional y solitariamente alcanzados, supone considerar que la realidad   social es consecuencia del pleno ejercicio de la conciencia lúcida de las   subjetividades; cuando, la teoría social, hoy por hoy, prevé que la realidad   social es una construcción simbólica y discursiva realizada en un contexto de   interacciones comunicativas o, lo que es lo mismo, de prácticas sociales y/o   significativas que producen sentido; a partir de las cuales, los sujetos,   recién, actúan.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Ahora bien, este contexto de interacciones simbólico-discursivas   no está definitivamente ceñido al consenso y al diálogo, ya que, también, se   inscriben en él instancias de conflicto y disputa. Las relaciones sociales   acontecen en tanto relaciones de fuerza o, lo que es lo mismo, suceden en un   contexto de luchas por el poder. Existe una dimensión del poder permeando las   relaciones/interacciones sociales y es menester considerarla en las   interpretaciones y análisis simbólico-discursivos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Es justamente en ese sentido que Gutiérrez (1999), Laclau/Mouffe   mediante, ampliará el modelo interpretativo, rebasando las formulaciones   semiótico­estructurales y pragmático-linguísticas que operarían con una lógica   formalista y reduccionista respecto a las prácticas significativas y simbólicas   que tejen lo social, lo cultural y lo político. De manera similar, aunque con   otras referencias, nuestras consideraciones finales en torno al modelo   interpretativo girarán, también, sobre ese punto decisivo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Referimos dos reflexiones que intentan entrever las articulaciones   existentes entre las prácticas simbólico-discursivas y el poder: I) las   pretensiones de legitimidad y de poder (Habermas) y II) la microfísica del   poder (Foucault).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">I) Habermas (1989b), distingue las pretensiones de legitimidad de   las pretensiones de poder. En el primer caso, el sujeto-hablante para el logro   de sus fines, debe adoptar, todavía, los mismos recursos que los usados para la   formación linguística de consenso. En el segundo caso, el sujeto, ya   legitimado, tiende a desvincularse de las </font><font size="2" face="Verdana">prácticas discursivas y apela a instrumentos extralinguísticos   para ejercer el poder: básicamente, la asignación de cargos y la violencia   organizada.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Para Habermas, en las sociedades (más) modernas el dominio tiende   a desvincularse de las apelaciones al mundo de la vida. Sustituye la   reproducción cultural, la integración social y la socialización por medios de   control sistémicos: el dinero y el poder (en el sentido restringido, dado   previamente, de asignación de cargos y violencia organizada) Eso sí, solamente   el dinero se constituiría en un medio de control per se, al guiarse por una   estricta racionalidad con arreglo a fines. El otro medio de control -el poder-   deberá inicialmente pretender legitimidad para pretender dominio, y lo hará, aún,   por las vías previas: las de la mediación linguística.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">II) Foucault (1995), introduce la noción de dispositivo, que alude   a la red que puede establecerse entre los elementos discursivos y   extradiscursivos, entre la &quot;palabras&quot; y las &quot;cosas&quot;. Estos   dispositivos o redes discursivas/extradiscursivas servirían a la conformación   de una verdad (en tanto conjunto de juicios y prejuicios que dominan las   interpretaciones sobre la realidad), en cuyo seno ocurren batallas perpetuas de   posiciones e imposiciones simbólico-discursivas. Es así que la lucha por el   poder es una lucha por hacerse cargo de la verdad, por apropiarse de los   significados o sentidos socialmente predominantes. Estas luchas por la   verdad/el poder que acontecen en un espacio multiforme, segmentado, local y   microfísico, son decisiva y definitivamente &quot;sangrientas&quot;, nunca   apacibles ni dialogantes. Para Foucault, por tanto, la instancia de la   interpretación de lo simbólico-discursivo debe operar más allá (o más acá) de   las mediaciones linguísticas: &quot;(R)echazo a los análisis que se refieren al   campo simbólico o al dominio de las estructuras significantes; recurro, más   bien, a los análisis hechos en términos de genealogía, de relaciones de fuerza,   de desarrollos estratégicos, de tácticas. Pienso que no hay que referirse al   gran modelo de la lengua y de los signos, sino al de la guerra y de la batalla.   La historicidad que nos arrastra y determina es belicosa, no es habladora.   Relación de poder, no relación de sentido (...) Ni la dialéctica (como lógica   de la contradicción) ni la semiótica (como estructura de la comunicación)   sabrían dar cuenta de la inteligibilidad intrínseca de los   enfrentamientos&quot;(:179-180).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Ciertamente, con la inclusión de la dimensión del poder en los   análisis, el modelo interpretativo se completa y complejiza. El supuesto del   carácter simbólicamente preestructurado del ámbito objetual -vía la noción de   intersubjetividad como núcleo de constitución de lo social-, otorga al modelo   interpretativo mayores posibilidades analíticas respecto al objetivismo del   modelo explicativo. No sin previamente omitir consideraciones   trascendentalistas en torno a las mediaciones linguísticas que traman las   interacciones sociales -es el caso de la mención habermasiana a la existencia   de una pragmática universal de los actos del habla-, ya que éstas, también,   estarían inscritas en el conflicto y las lógicas de asimilación, de apropiación   y, por tanto, del dominio y del sistema de autoridad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">NOTA</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">1El mundo de la vida es el &quot;acervo de patrones de   interpretación transmitidos culturalmente y organizados linguísticamente. Es el   lugar trascendental en que hablante y oyente se salen al encuentro; en el que   pueden plantearse recíprocamente la pretensión de que sus emisiones concuerdan   con el mundo (con el mundo objetivo, el mundo subjetivo y el mundo social); y   en el que pueden llegar a un acuerdo&quot;. Sus &quot;componentes   estructurales&quot; son: la cultura, que es el &quot;acervo de saber, en el que   los participantes en la comunicación se abastecen de interpretaciones para   entenderse sobre algo en el mundo&quot;. La sociedad, que es el conjunto de   &quot;ordenaciones legítimas a través de las cuales los participantes en la   interacción regulan sus pertenencias a grupos sociales&quot;. Y la   personalidad, que es el grupo de &quot;competencias que convierten a un sujeto   en capaz de lenguaje y acción, esto es, que lo capacitan para tomar parte en   procesos de entendimiento y para afirmar en ellos su propia identidad&quot;   (Habermas 1989:176, 179 y 196).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><strong>BIBLIOGRAFIA</strong></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1.- FOUCAULT, Michel 199 Microfísica del poder.   Barcelona:Planeta- Agostini. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=194089&pid=S1815-0276200400010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">2.- GUTIERREZ, Griselda 1999 La constitución del   sujeto de la política.Discurso político y producción simbólica. México:UNAM.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=194090&pid=S1815-0276200400010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">3.- HABERMAS, Jurgen 1987 La lógica de las ciencias   sociales.Tecnos:Madrid.1989 La teoría de la acción comunicativa.   I-II.Taurus:Madrid.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=194091&pid=S1815-0276200400010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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