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<publisher-name><![CDATA[Carrera de Ciencias de la Comunicación Social - Universidada Católica Boliviana San Pablo Cochabamba]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[COMUNICACIÓN Y POLÍTICAS PÚBLICAS O DE CÓMO HACER RETORNAR LA CIUDADANÍA A LA CIUDAD]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="Verdana">ARTICULO</font></p>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>COMUNICACIÓN Y POLÍTICAS PÚBLICAS O DE CÓMO HACER RETORNAR LA   CIUDADANÍA A LA CIUDAD</b></font></p>     <p align="center"><b><font size="3" face="Verdana">Luiz Roberto Alves</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana"> Licenciado en letras USP Licenciado en Pedagogí a Facultad de San   Bernardo do Campo Magister y Doctor Letras USP Doctor en Comunicación   Universidad Hebraica de Jerusalé n Docente ECA - USP / IMES - Sáo Paulo</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana"><a href="mailto:luralves@usp.br">luralves@usp.br</a></font></b></p> <hr>     <p><font size="2" face="Verdana">La creación de políticas públicas es un fenomeno antes de todo   educativo y por eso se realiza como valor comunicacional por excelencia. El   lugar de la creación de políticas públicas no es el de la gestión   administrativa, o del gobierno, sino de los procesos de mobilización y   comunicación de los actores políticos, de los actores de la ciudad, consideradas   las necesidades y talentos de los grupos constituyentes de la comunidad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">I.- En el inicio, la memoria</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Mi reflexión retorna a Walter Benjamín para homenajear a Paulo   Freire, vivo en el recuerdo de su muerte en mayo de 1997.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En el presente viaje del tren de la historia, en que perdemos la   diversidad de las narrativas étnicas y comunitárias y somos informados y   entretenidos intensamente sobre los mitos globales, y cuando estos mitos   renovados son apropiados por los autoritarismos de plantón, solamente otra   información cargada de memoria podría instaurar círculos de producción y   difusión de cultura, círculos generadores de nuevos objetos y renovados   sujetos. Ahí el proceso informativo se haría educación y esa educatividad   informaría que las políticas públicas son posibles. La creación de políticas   públicas es un fenómeno antes de todo educativo y por eso se realiza como valor   comunicacional por excelencia. El lugar de la creación de políticas públicas no   es el de la gestión administrativa, o del gobierno, sino de los procesos de   movilización y comunicación de los actores políticos, de los actores de la   ciudad, consideradas las necesidades y talentos de los grupos constituyentes de   la comunidad. Política pública sería el nuevo nombre de lo que Paulo Freire denominaría   ( en base a la secuencia de sus textos) &quot;acción cultural libertadora y   autonomizante&quot; de los grupos sociales, ya redimidos de la condición   colonizada de agregados y/o meros contribuyentes, pero efectivamente ciudadano   y ciudadanas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Tanto las políticas públicas como la sustentabilidad de los   municípios y regiones geo­políticas son imposibles de concretización fuera de   la acumulación de la memória cultural y su consecuente ejercício político. El   relatório Brundtland y la Conferencia de Rio de Janeiro en 1992 ya nos   mostraron que los modos actuales del crecimento de las ciudades son   insustentables, sea ecológica, económica y socialmente. Entonces, no debemos   hacer planes de desarrollo sustentado, sino crear bases sociales para la posible   sustentación. Cualquier acto de compromiso y participación implica el análisis   detenido del modo histórico de ejercício o ausencia de ciudadanía, ya sea   pensemos las políticas globales, ya sea tratemos de la vida familiar y   comunitária, en la cual se hace, tambien subjetivamente, intercambio de   natureza y cultura. Vease que várias experiencias de revitalización   economico-social y cultural de ciudades brasileñas y latino-americanas,   experiencias de inclusión y proyetos de representación directa para la   distribucion de los bienes públicos se han encontrado en la leviandad de las   promesas y reivindicaciones, en el censo común de las demandas, en la usura de   la plusvalia y en la disputa de tendencias cuando el espacio público no   implementa el eje de la memória generadora. Ahí la ciudad corre el riesgo de   modernizarse por fuerza de los maquillajes y privilegiar las relaciones de   comércio y consumo, por la mediación del espetáculo. Al contrário, algunas   experiencias exitosas partieron del reconocimento del mapa de exclusión/inclusión,   de la história del barrio, de la memória de los procesos migratórios, de los   sentidos del cambio del modo de producción económico y cultural. Por tanto,   políticas públicas tomadas como planeamiento no sustentaran la nueva ciudad de   nuestros deseos y necesidades, sino la acción cultural ciudadana, que encuentra   en políticas públicas su vehículo de comunicación y mobilización.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">El pensamiento diacrónico sobre la cultura vuelve, pues, a ser   central para las políticas, después denegado por los planteamientos listos y   equivocados de las ciudades globales y sus negociadores. Otra vez no nos sirven   los manuales de políticas, otra vez seductoramente internacionalizados.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Benjamín se encuentra con Paulo Freire: hoy, un acto político   talvez revolucionario sea el de descubrir en los círculos de cultura comentaría   que el tiempo no es ni vacío, ni homogéneo, pues en cada segundo de él pueden   generarse compromisos y proyectos redentores. Para tanto, es imprescindible que   nuestra inteligencia no sea dispuesta al consumo, mejor a la consumación y   cooptación de lo que Eduardo Galeano denomina los nuevos imperios.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El foco colonial-globalizador genera la no-política pública. Por   tanto, no dudo en decir que todavía no creamos políticas públicas, pero hemos   hecho, en municipios y regiones, en diferentes momentos, experiencias de   gestión entre gobiernos y sociedades capaces de, en su acumulación, producir   bases culturales de hecho generadoras de políticas públicas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Comunicación y Políticas Públicas es, pues un tema que asume la   crítica de cultura vigente y los desafíos emergentes. Es un tema único,   inseparable e indispensable para pensar la sociedad excluyente y los modos de   inclusión, sea local, sea globalmente.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">II.- El escenario de lo posible imposibilitado y vice-versa</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Memoria, soporte conceptual, decisión compartida y evaluación   continua, componentes necesarios a la existencia y sentido de políticas   públicas. Por tanto, una intensa comunicabilidad asumida y comprometida.   Entonces, se evidencia el obstáculo para la constitución de políticas públicas   cuando falta inclusive la memoria del soporte conceptual. Tomemos un ejemplo,   el de las políticas de educación, cultura, comunicación. De ellas conocemos   manifiestos, diagnósticos brillantes, sugerencias de implementación. Pero se   pierden y evaporan en las mediaciones de las prácticas cotidianas y en el   proceso evaluatorio, que es el lugar privilegiado de la operación autoritaria y   corrupta. Se conocen si, experiencias, todavía sin convergencias que   constituyan fuerzas de cambio social. Si buscáramos soportes conceptuales para   esas políticas y fuésemos a las Constituciones y enmiendas republicanas   brasileñas (¿cómo serán las de otros países da América Latina?), veríamos allí   los capítulos asociados a la educación, cultura, comunicación, cuando existen   con alguna autonomía, plenos de lugares comunes, copias de insipientes ideales   del liberalismo y libelos sobre la organización del Estado. Comunicación, antes   de la Constitución llamada &quot;ciudadana&quot;, de 1988, era navegación de   cabotaje, correos y otras pocas actividades empresariales, mas los textos   oficiales y oficialescos no se olvidan de alertar contra la comunición que   favorezca a la subversiones del régimen democrático. La fórmula tiene fortuna   crítica, pudiendo ser leída en textos de las visitas inquisitoriales brasileñas   de 1596. Si la comunicación significa convertir en común, compartir, por tanto   la base política, pasa a ser peligrosa.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En los textos constitucionales, los temas que muestran la gestión   pública de la cultura y de la educación venían enrollados en capítulos &quot;de   la familia, de la educación y de</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">la cultura&quot;, asociación útil y hasta contemporánea. Pero allá   se prescriben deberes sin derechos, responsabilidades sin razones, cosas   homogéneas y uniformes. La lengua oficial desconoce la diversidad cultural, la   educación no hace la lectura de los sujetos educandos, la familia no se abre a   cualquier pluralidad, la cultura es amparada y abrigada, casi exclusivamente   sus bienes patrimoniales. El texto constitucional de enero de 1967, copiando   1937, llega al descaro de anunciar la protección especial a los paisajes   naturales particularmente dotadas y monumentos de valor histórico. Se asocia a   eso la primera enunciación de una política nacional de cultura, en 1975,   coordinada por el coronel Ney Braga, en la cual los suportes de la concepción   de cultura son el sincretismo y la unidad nacional. Para no quedar lejos de la   contemporaneidad, léase el poco conocido libreto publicado por el Ministerio de   Cultura en 1995, producido bajo responsabilidad de Francisco Weffort y José   Álvaro Moisés y que se denomina: &quot;Cultura es un buen negocio&quot;. Se   puede imaginar, por el título, su contenido. Se cierra ahí el círculo   anti-cultural, anti-Paulo Freire: lo que se preparaba desde los años 30 por el   discurso de protección y de amparo, efectivamente significaba y significa la   reserva del mercado privatista, la separación de los grupos de presión, la   mentira en torno del poder constituido. Peor todavía: la semántica de lo que es   bello, bien dotado por la naturaleza, de &quot;valor histórico&quot; tiende a   naturalizar el principio de la exclusión, apunta el futuro mecenato como   negocio e industria de la cultura, produce privatización por la fuerza del   Estado, reduce el valor ecológico y cultural a un acto falsamente turístico.   Cultura se convierte en producto, commodity. Se niega ahí toda la experiencia   cultural popular, que fue y es hecha de la impureza de la diferencia, de la   asimetría, de la asociatividad en camino. Hay, pues, un choque cultural, del   cual todavía no salimos: en cuanto los soportes conceptuales oficializados   niegan la profundización de las políticas públicas, con el apoyo de la   banalización mediática, la experiencia cultural popular, a pesar de ser rica,   se fragmenta en el juego superficial de la democracia consentida y aparente,   sufre la disecación académica y partidaria poco comprometida y, en   consecuencia, tiene dificultades para acumular fuerzas de la buena radicalidad   y exiger un nuevo y visible sentido para la sociedad que se nomina democrática.   Recordando al sociólogo Florestan Fernandes, será necesario que los hombres y   mujeres de buena voluntad que trabajan con procesos de comunicación social   afirmen la imposibilidad de la construcción de políticas efectivas sin que se   suprima la &quot;tradición cultural&quot; que avergüenza la polis y la   política: El juego supuestamente perpetuo de falsas apariencias, según el cual   se niega el preconcepto y el racismo practicándolos, afirmándose la igualdad de   oportunidades en educación, cultura y salud con el propósito de sabotearlas y   se simula la personalidad democrática en cuanto la acción es autoritaria. Tiene   razón Noam Chomsky, Octavio Ianni y Edward Said al situarnos en la presente   modernidad. Ianni, entrevistado por la revista Novos Olhares propone la utopía,   esto es, una alianza creciente de los sectores subalternos en varios países a   luchar duramente para conquistar derechos y preservar los que todavía restan.   La utopía entra en escena porque la potencialidad política y comunicacional de   la globalización se deshace en el propio juego de las corporaciones y la   cultura política, especialmente del tercer mundo, es aquella en que el espacio   privado se trago al espacio público, inviabilizando políticas efectivas   públicas. Noam Chomsky alerta hacia el hecho de que la sociedad las   corporaciones producen la &quot;ética de los monstruos&quot; y que el proceso   material de privatización también privatiza aspiraciones y regentan espíritus   como los ejércitos regentan cuerpos, provocando una tiranía estructural y, por   tanto, el fin de la ayuda mútua, de la solidaridad, simpatía, cuidados con la   cosa pública etc. Finalmente, Edward Said localiza en Margareth Thatcher y   Ronald Reagan fuertes estímulos para el aniquilamiento de la sociedad de los   derechos públicos. Según él, esa sociedad habría llegado al ocaso en 1990 y, en   la secuencia de la década, se da la propia perdida de sentidos del significado   de los derechos a la par de la retórica pasadista sobre derechos usada por la   social­democracia. Said recorre al análisis de lo mitos culturales ve evaporar   los sentidos de la iniquidad social en la conciencia pública, con perdida de   iniciativa e incapacidad de nominar derechos. La literatura sagrada había dicho   que dar el nombre implicaba criar nueva condición. El nuevo nombre solo es   posible fuera del fundamentalismo y sus alianzas modernizadoras. Tratando   precisamente de fundamentalismos, Jeremy Rifkin anota que hoy sustituye el   contrato social por los contratos comerciales, las relaciones por las redes, la   cultura por el entretenimiento.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">III. Encarnar la crítica y la posibilidad</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Tres lugares y situaciones de la historia reciente pueden abrir   espacio para la acumulación de nuevas narrativas, para la crítica del   fundamentalismo y de la privatización de las aspiraciones; en fin, para   estimular la constitución del pensamiento y de la práctica política como   círculos generador de cultura. Se depende, sin embargo, de los modos de su   recepción. Son ellos la cultura diferenciadora, el movimiento social y la   conciencia de la totalidad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Lugar 1. La acción cultural frente a los proyectos políticos del   país liberal­patrimonialista (como nos alerto el jurista e historiador Raimundo   Faoro) no se revelan ni se pautan por las reglas o planes de cultura, sino por   las variaciones, por el contracanto. De este modo, el cinema, la literatura y   el mejor de los movimientos sociales brasileños no se definen en las formas y   moldes de los planes oficiales, sino en los lenguajes, representaciones y   acciones comprometidas con el país real. Cuando, en años 50, se proponía el   desarrollismo, con la entrada amplia del capital multinacional y sus sistemas   industriales, productores de las nuevas periferias urbanas y del olvido del   campo, se publicaban dos libros clave para pensar a nuestra modernidad: Muerte   y Vida Severina, de Jo‹o Cabral de Melo Neto y Grande Sert‹o: Veredas, de   uimar‹es Rosa. En ellos, las grandes cuestiones del país: agraria, agrícola,   religiosa, intelectual. Valores y definiciones políticas vienen a tono para   recordar respecto de los verdaderos desafíos populares. Hacer o no hacer un   pacto por la vida. En la secuencia, el cine nuevo, Glauber Rocha y depuse el   tropicalismo revelan las contradiciones de nuestro subdesarrollo, retórico y   cruel.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Efectivamente,o hacer cultural en el país colonizado solo sea   símbolo, valor, cuando es una acción trabajada a contrapelo, un rayo en las   tinieblas, un hilo de vida en el círculo de la muerte. El contrapelo (también   en Benjamín) es diferenciador. Y cuando ese cuadro de confrontamientos   desiguales es trabajado en el espacio de las ciudades en profundo cambio de los   modos de producción de capital, de los municipios de tipo metropolitano, puede   ser sentido mas agudamente o ser hábilmente disimulado en la proximidad de las   relaciones sociales. Renato Ortiz concluye uno de sus trabajos afirmando:   &quot;Nuestra contemporaneidad hace del prójimo el distante, separándonos de   aquello que nos cerca al avecinarnos a los lugares remotos&quot;.   Efectivamente, la ciudad puede ser un gran sertón fuera de un ser cultural   movilizador, un ser tan político como educativo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Lugar 2. Los movimientos sociales, cuya fase contemporánea irrumpe   en los años 70, momento en que los gobiernos dictatoriales se disfrazan de   modernidad por las llamadas políticas sociales y culturales. Allí ya revelan en   esos intentos de políticas el patrimonialismo, la protección interesada del   Estado, la concentración del poder legitimada por el mecenato. De hecho se   evidencian los conflictos de capital y trabajo y los antiguos &quot;dos   brasiles&quot; ya son muchos brasiles. La cultura política de los años 70, en   que Eder Sader localizaba &quot;nuevos personajes, nuevos escenarios y nuevas   representaciones&quot; cede espacio, en el curso de dos décadas, a la avalancha   fundamentalista en tono global. Sin embargo , los movimientos sociales de los   años 70 y parte de los 80 produjeron la educatividad de la sociedad civil capaz   de introducir alteraciones importantes en el horizonte de las culturas   populares y sus referencias frente a las oligarquías y el pensamiento elitista.   Educados para vivir en acampamentos y dormitorios de suburbio, transmutaron el   vivir anodino y silencioso en asociatividad, comunicación, proyectos de acción   cultural. Produjeron la política de la radio peón y de la inversión de la   prioridad de los frutos del trabajo humano. Las tensiones que el laboratorio   capitalista creo en las extensiones metropolitanas producirá segmentos sociales   tendientes a escapar al conformismo frente a los estamentos sociales, a la mera   representatividad política y a la condición de objeto histórico, revirtiendo esas   tensiones a la frontera en que se cuestiona el propio modo de producción. Los   trabajadores y las trabajadoras decidieron hacerse ciudadanos y ciudadanas a   partir del proyecto de ser mano de obra auxiliar. La fuerza cultural emergente   de los movimientos - hoy puesta en jaque por el desvio de las redes concretas   de comunicación - produjo la relativa victoria sobre la desintegración física y   simbólica, llegando a conquistar derechos en medio de la tensión. Creó la   intercomunicación de los segmentos y, consecuentemente, nuevos actores   sociales. Sugirió la distribución menos desigual de los bienes sociales. Busco,   y en parte consiguió, la autonomización de los saberes y su uso político. En   esa experiencia, identidad significo la disminución de las distancias entre el   saber y el hacer, reorientándolos al incremento de la asociatividad y al   enriquecimiento de la vida cotidiana. La Cultura se definió, en el movimiento,   como una especie de &quot;conciencia-iceberg de la totalidad posible&quot;,   infelizmente no entendida, ni trabajada, ni siquiera por </font><font size="2" face="Verdana">los partidos políticos progresistas. Pero esa cultura subyace y   puede reactivarse intensamente.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Lugar 3. Esa conciencia-iceberg de la totalidad se gestaba, de   hecho, desde los tiempos del modernismo cultural de los años 20, pero fue   subestimada, tanto allá como en los programas partidários diversos y en los   proyectos de educación, de antes y de hoy. Mário de Andrade intuyo la ausencia   en la auto-crítica de 1942, cuando lastimó que la juventud de su tiempo,   presente en lo diversos movimientos modernistas, no era radical, como debería   haber sido para entender mas profundamente los sentidos del proyecto que tuvo   en manos. De hecho, en los programas y manifiestos hay un fuerte apelo a la   cultura del pueblo, lo que es positivo, porque la mención ya constituye   oposición a la cultura de elite, de los dueños del poder. Sin embargo, las   marcas substantivas de la cultura del pueblo, de la producción cultural y de la   ciudadanía cultural van cediendo espacio en esos textos y discursos a los   ideales de cultura, marcadores de la seleción exclusiva. Uno de los problemas   es la defensa de la propia cultura, o el hacer cultural como pretexto para el   cambio de la sociedad. Cultura defendida es cultura circunscrita, camino para   la folclorización, hibridización de proyectos nacionalizantes. Pretexto de   cambio no produce política pues ignora que la acción cultural es el propio   cambio, inclusive subjetivo, siendo intrínsecamente político caso   comunicabilidad. La defensa y el pretexto fueron campos de batalla de las   izquierdas y de las elites. No produjeron adecuadas mediaciones, ni   avaluaciones productivas, capaces de enriquecer los lugares de la invención, de   la integración de las políticas, de la memoria circuladora de sentidos, de las   practicas de ciudadanía. Y no hay vacuna eficaz para eso, excepto la continua   vigilancia. Por tanto, el lugar de esa conciencia-iceberg, que comienza a   revelar las contradicciones del fundamentalismo mundializante y ronda y   contra-ataca en lugares donde los imperios mas atacan, ese lugar es de la   cultura mas expuesta y circular, negadora de muletas de la política para su   ejercicio, pues se realiza como constructora de la propia política en la máxima   exposición, en el campo abierto. ¿Cómo hablar de mediaciones en el espacio   cerrado de los corporativismos?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.- Pasos metodológicos y esquemas analíticos</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La constitución de políticas públicas, o de la comunicabilidad   social que apunta al sustento de la ciudad donde queremos hechar raíces,   sugiere premisas ligadas a contextos de inserción, trabajados por modos de   accíon compartidos que evidencien significaciones culturales renovadas y/o   inovadoras. Tales pasos tanto son útiles para la localización de las políticas   en la sociedad como para o trabajo de militancia y, principalmente, para el   trabajo de avaluación y reproposición. Siguen aqui como meros indicadores para   el enriquecimento de la gestión. Son datos para la creación de un proceso   comunicativo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Conviene dividir el presente bloque en cuatro pasos: las premisas   para la existencia de las políticas de cultura / comunicación, el contexto de   su inserción, los modos de acción y operación y el proceso de significación en   el espacio social en que se realiza. Tales pasos tanto son útiles para la   localización de las políticas en la sociedad como para el trabajo en militancia   y, fundamentalmente, para el trabajo evaluatorio. En el fondo, aquí se   posiciona por el sentido global de la política, dejando claro que ni todo lo   que se llama política social, política pública, política empresarial de hecho   es una política.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.1 Premisas</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.1.a La identificación y la prácticas de una política de   comunicación /cultura en el espacio público o privado implica la revelación de   un proceso de trabajo en el cual haya objetivos de cambios de calidad de vida y   metodología productora de interlocución social, por tanto participación   reveladora de creación simbólica de los grupos y personas involucradas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Por eso, el trabajo con la política presupone el acompañamiento de   las relaciones entre la infraestructura y la supraestructura social, en el cual   se sondan los modos y los sentidos de la memoria comunitaria, la organización   del presupuesto familiar (y talvez de la propia ciudad), las bases da   organización social. En fin, la materia y el espíritu que concretizan la   expresión de la existencia y la creación simbólica. En otras palabras, el   gestor, el administrador, el gobernante debería tener ojos y oídos grandes y   boca pequeña frente al panel cultural que se descortina, intriga y desafía la   vida brasileña. Será como hacer lo contrario de los textos de política cultural   emanados de la oficialidad cultural del país, sea aquellos de los tiempos   militares de Ney Braga, en los años 60, sea los panfletos partidarios y los   opúsculos que toma la cultura y la comunicación como </font><font size="2" face="Verdana">&quot;negocio&quot;. En ellos falto, siempre, la comunicación   ampliada. El poder tuvo bocas grandes y ojos y oídos menudos. De ahí que la   cultura haya cambiado un esquema de productos artísticos, en pedazo del   proyecto administrativo, cuando no un adorno social. La comunicación, como   pretendida política y casi siempre separada de la cultura (como también la   educación), se realiza como monstruo que atemoriza y hace todas las cabezas, y   mero instrumentopolitiquero.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">IV.1.b. El proceso de construcción de una política de comunicación   /cultura abarca todo el círculo generador de relaciones sociales: el producto,   el dato, el hecho, los modos de difusión /circulación y las formas de consumo,   disfrute, apreciación. Para tanto, no basta asumir discursos pomposos venidos   de los nuevos milagreros de las gestiones, como gestión sinérgica,   revitalización del espacio social, glocalización, matrices administrativas,   acción por las redes de acceso, administración descentralizada etc. Ellos   también pueden convertirse ortodoxia y esquematización. Mejor es producir   nuevas narrativas y nuevas descripciones sobre los modos de las prácticas   culturales (producción, difusión, consumo) pues esa interlocución ayudará a   superar dogmatismos y limitar eclectismos. Mejor será crear lazos efectivos   (discursos vividos) en las practicas de educación/cultura, cultura/salud,   presupuesto/educación/salud, transporte/cultura/educación,   cultura/salário/jornada/educación y así ampliadamente, no por la lógica de los   esquemas, sino por el proceso de las narrativas de las decisiones a partir del   reconocimiento efectivo de los participantes. Es absurda, anti-cultural y   acción colonizadora aquella que rompe significados en el continuo trabajo   comunitario-educación-arte-lucha reivindicatoria...Educación y comunicación se   culturaliza, esto es, operan la reinvención de estéticas, amplían expresiones   individuales y grupales, producen lecturas críticas de sus materiales. Las   narrativas de las diferencias producidas en la interlocución social y de los   lazos posibles se constituirán en las estrategias para escapar de la hegemonía   discursiva y violencias sociales consecuentes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.1.c. En el proceso de localización, consecución, evaluación y   reproposición de políticas de comunicación /cultura se debe considerar tanto   las cooptaciones y contagios o asociaciones y complicidades en cuanto las   retracciones y exclusiones, las cuales exigen estrategias inteligentes para   evitar tanto la exclusión como la uniformización conformadora. De ahí que se   requiere la adopción de metodologías (de por si un acto de invención con los   ojos en lo vivido y conocido) que lleven a las últimas consecuencias el   posicionamiento político, el trabajo por la polis, en la polis. Como ejemplo   bastante conocido de las comunidades y de los funcionarios de empresas, no es   posible anunciar la &quot;importancia&quot; de la cultura, de la educación y de   la comunicación a la par de inversiones mínimas, inferiores a los presupuestos   de propaganda, espectáculos o compra de regalos. La administración pública de   cualquier ciudad, región o estado, es inconcebible que educación, cultura,   comunicación y diversión tengan menos que treinta por ciento de todo el   presupuesto. Ciertamente, si depender de los modos participativos de   presupuestar y acompañar la ejecución de los servicios públicos, la experiencia   revela que la exigencia puede superar la marca citada. El poder sobre el   presupuesto tanto produce exclusión/conformación como podría producir   inclusión/participación.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.2 Contexto de inserción de la política</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.2.a Considerar el patrimonio para más allá de la práctica   autoritaria. Ir a la historia, a lo simbólico, a los discursos narradores, a   los bienes construidos o que la comunidad busca construir. En esa investigación   se educa el grupo social envuelto y sus gestores por la diacronía y por la   diversidad de discursos sociales, dato indispensable para la creación y   diseminación de políticas democráticas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.2.b. Considerar referencias concretas de orden económico,   precisión presupuestaria, relación de costo y beneficio social, políticas   globales de acción, sus condicionantes y sus aberturas. De este modo, el censo   de realidad balizará la producción de la política y demás operaciones. Mas que   todo, decorre de ahí el primer gran acto de fe en la comunidad social, esto es,   saber que su inteligencia incluye cálculos, datos complejos, relaciones,   problemas macro estructurales. Mas allá de la fe, la desidealización del   pueblo, acto contrario a la folclorización promovidas por las elites, que   golpea en el clavo por la apología de las virtudes populares y vuelve a golpear   en la cerradura, por la negación a la apertura de las cuentas y documentos. En   la practica política cualquier virtud solo adquiere sentido a partir del   conocimiento, de la información. El saber popular se genera, secularmente, en   lo concreto, piedra </font><font size="2" face="Verdana">angular del planeamiento. Las culturas populares no existirían se   laborasen fuera de este sentido de realidad. Paulo Freire intuyo bien ese   hecho, base de su proyecto epistemológico, de su metodología educativa.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.2.c. Considerar el énfasis del proyecto de política, de que   decorre la medida justa de la implementación, consecución y avaluación. La   política puede ser institucional, comunitaría, pública, privada, mixta, de   tercer sector, lo que no cambia el rigor y el método, sino califica los pesos   dados a los diversos items. Políticas comunitárias presupuestan muy   diversamente del poder público o de la gran empresa. Items asociados a la   lucratividad o fidelización de público no se aplican a cualquier política. La   buena y clara definición producirá la agenda y la pauta del proceso de   construcción.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.3. Modos de acción</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En este ponto, la enunciación simple de las etapas constituyen los   modos por los cuales el grupo participante determina el ámbito, el tiempo y los   lugares específicos de su trabajo constructivo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.3.a. Planeamiento. Participan los valores científicos y   estéticos del grupo, la claridad sobre los recursos humanos, materiales y   espirituales, el estabelecimento de objetivos, la adecuación de instrumentos   (técnicas, investigaciones de opinión, modos de reunión, formas de decisión),   la capacidad proyectiva del grupo, el espíritu de integración.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.3.b. Implementación. La política debe precisar su lugar,   duración, amplitud, visibilidad social, presencia en la comunidad,   envolvimiento social, cumplimento de metas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">IV.3.c. Evaluación. La política debe responder a necesidades y   deseos sociales y comunitários, si son cumplidos a partir de los objetivos o si   son desnorteados, corrompidos, deformados. Necesita componer el proyecto mayor   de calidad de vida y de acción ciudadana. Se evalúa también su equilibrio   presupuestario, la expansión o retracción de servicios. La evaluación es el   camino para la creación de la memoria historia de la persona, del grupo y de su   trabajo, instrumento de pertinencia y orgullo. Como valor metodológico, permite   crear valores entre los objetivos y lo que concretamente se cumplió. Y si no se   cumplió, se da remedio.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.3.d. Reproposición. Es el remedio otorgado por la evaluación.   De los actos de reproponer vienen nuevos abordajes, nuevos proyectos, nuevos   servicios, nuevo tiempo, nuevos objetivos y nuevos presupuestos. Se crea aquí   espíritu crítico y censo de realidad. En fin, nuevos valores en el propio   derecho y en el deber de descubrir los problemas y apuntar soluciones.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.3. Proceso de significación del trabajo realizado</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Son cuatro los nuevos sentidos que vienen de ese modo de crear   política en la historia del grupo social:</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.3.a. Sentido de constitución de sujeto social, por el derecho,   por la crítica, por la presencia, por la capacidad proyectiva.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.3.b. Sentido de articulación ampliada, que hace generar saberes   antes incultos, que producen narrativas diferenciadoras y articuladas a los   diversas lenguajes sociales, que produce reconocidos del otro, de la otra,   avanzando para la relación yo-tu, que rehace la sociedad por la base, mucho mas   allá del poder vicario de la ley y las normas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.3.c. Sentido la educatividad en movimiento, realizando la   educación mas allá de los aparatos escolares y haciendo cultura fuera de la   casa de la cultura y del mostrador de negocio, produciendo el ideal democrático   de la educación vigente en el significado mayor de la comunicación, esto es, en   el hacer común, en el dar oportunidades iguales para respetar los avances   diferentes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV.3.d. Migración y acumulación simbólicas, o sea, simbolizamos   cuando politizamos la vida social para hacerla al servicio de las minorías   negadas e invisibilizadas en las narrativas de las elites. Simbolizamos cuando   generamos pasos compartidos, más precisos, capaces de proyección. Simbolizamos   cuando la polis, el lugar de trabajo, la convivencia y la creación son nuestros,   componentes del ejercicio serio y productivo de hacer política.</font></p>      ]]></body>
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