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<publisher-name><![CDATA[Carrera de Ciencias de la Comunicación Social - Universidada Católica Boliviana San Pablo Cochabamba]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[FORO EL CARNAVAL TRAS LAS MÁSCARAS: El pueblo... ¿De qué diablos se ríe?]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="Verdana"><b>Ponencia</b></font></p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana">FORO EL CARNAVAL TRAS LAS MÁSCARAS</font></b></p>     <p align="center"><font size="4"><b><font face="Verdana">&nbsp;El pueblo... ¿De qué diablos se ríe?</font></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3" face="Verdana">Xavier Jordán A.</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">- Comunicacador Social.</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">- Publicista.</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">- Docente UCB</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">- Email:</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">cockoont@supernet.com.bo </font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr>     <p><font size="2" face="Verdana">De todas las fiestas populares, sin lugar a dudas el   Carnaval es el que deja ver con mayor claridad el juego de las interacciones   entre los subespacios sociales y es el momento en que   las culturas populares se valen de los recursos más creativos para manifestar   su constante lucha simbólica por el reconocimiento. El Carnaval, es preciso   entenderlo como el espacio en el que interactúan lo &quot;oficial&quot; con lo   &quot;popular&quot; rompiendo con ciertas &quot;normas&quot; de interrelación   propias de lo cotidiano y constituye, a la vez, un escenario de ruptura,   acercamiento y liberación expresados en el universo simbólico que se genera a   partir de las prácticas y rituales como veremos más adelante.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En la oposición oficial vs. popular   lo lúdico, sobre todo la risa como elemento recurrente en la praxis cultural de   los sectores populares, es uno de los principales signos de diferenciación. En   efecto, lo oficial se manifiesta casi siempre en los marcos de la solemnidad,   pues la mayoría de sus prácticas rituales responden a la necesidad de reproducir   la jerarquía social, los valores, normas y lógicas de su visión del mundo a   través de la &quot;imposición legítima&quot; de próceres, símbolos y fechas   cargados de un valor casi místico.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pensemos, por ejemplo, en los desfiles cívicos de las fiestas patrias. Estos   &quot;actos oficiales&quot; se realizan bajo una lógica de seriedad y respeto   exigiendo a toda la ciudadanía adaptarse a esa solemnidad en la que se   reproducen las jerarquías sociales. Analizando el contexto brasileño, Roberto   da Matta señala que: &quot;En el Día de la Patria, la   organización del ritual corresponde a los poderes constituídos,   siendo su legitimación obtenida por medio de instrumentos legales, los   decretos. (...) De ese modo, hay una nítida separación entre el pueblo, las   autoridades y los militares que desfilan (...) En el Día de la Patria, así,   quedan separados autoridades y &nbsp;pueblo.&quot;</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Lo &quot;popular&quot;, en cambio, casi siempre se vale   de lo lúdico y lo irreverente para desarrollar sus prácticas rituales. En el   ambiente festivo, en la parodia y la risa, las culturas populares han   encontrado formas simbólicas de liberación que suelen manifestar, como en el   carnaval, el deseo de expresar su descontento o la intención de romper   momentáneamente las jerarquías ridiculizando a la clase oficial. La risa,   entonces, viene a ser un elemento liberador de lo popular y es por ello que   juega un papel trascendental en las prácticas culturales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Quizás sea en el libro &quot;El Nombre de la Rosa&quot;   de Umberto Eco donde mejor se ilustra el sentido   liberador de la risa. La historia narra cómo un fraile descubre que las   misteriosas muertes ocurridas en una abadía giraban en torno a la lectura de un   libro de Aristóteles que hablaba sobre la comedia, cuyas páginas habían sido   envenenadas por el abad. ¿Qué es lo que contenían las páginas de ese libro que   causaba tanto temor en la jerarquía eclesiástica (es decir la clase oficial),   hasta el punto de convertir a sus autoridades en asesinos? Esa es la pregunta   que se hace el personaje de la novela al abad y la respuesta no puede ser más   contundente: &quot;La risa distrae, por algunos instantes, al aldeano del   miedo. Pero la ley se impone a través del miedo, cuyo verdadero nombre es temor   a Dios. Y de este libro podría saltar la chispa luciferina que encendiera un   nuevo incendio en todo el mundo; y la risa sería el nuevo arte, ignorado   incluso por Prometeo, capaz de aniquilar el miedo&quot;</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El libro &quot;maldito&quot; en cuestión exaltaba la risa   como una virtud humana y por ello atentaba contra el orden oficial que la   Iglesia quería mantener. La risa, no solamente es liberadora del miedo sino que   es potencialmente cuestionadora del orden establecido y toda su irreverencia   minimiza la solemnidad oficial. El pueblo, a través de la risa, se burla de la   clase hegemónica, se ríe de ellos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>DE LOS MEDIOS Y LOS ESCENARIOS</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Durante la antigüedad, la cultura oficial ha tenido el   control de la escritura con el fin de asegurar la reproducción de sus valores y   preservar su visión de la historia. El primer medio &quot;tecnológico&quot; de   comunicación fue creado y monopolizado por los sectores hegemónicos con el fin   de asegurar que se preserve a través de los tiempos la versión   &quot;oficial&quot; de la historia de los pueblos y, así, su sistema de valores   y leyes, sus creencias religiosas y su organización social que legitimara las   jerarquías. Todas las formas escritas de la antigüedad y la edad media estaban   controladas por sectores de la cultura oficial negándole al pueblo la   oportunidad de aprender a leer y escribir.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Lo popular, en cambio, tiene a la oralidad como elemento básico de   comunicación. Las leyendas, los relatos, las canciones o el teatro, transmiten   de generación en generación las aspiraciones y los miedos de la cultura popular   y aseguran la reproducción de sus signos de identificación como grupo social.   Es en las tradiciones orales donde lo popular encuentra su principal medio de   comunicación, susceptible a las deformaciones, sí, pero también flexible a las   transformaciones que la cultura popular y su lógica del mundo experimentan a   través del tiempo. Aún cuando la invención de la   imprenta y la posterior explosión de los medios masivos como la radio y la   televisión hayan &quot;democratizado&quot; el saber, lo popular ha sabido   apropiarse de los distintos lenguajes tecnológicos para repetir los temas de su   tradición oral en formatos como la telenovela.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los escenarios en que ambos sectores se expresan también   marcan sus diferencias. Mientras lo oficial tiende a expresarse ceremonialmente   en espacios reservados como las iglesias, los teatros y los salones, lo popular   se concentra en las plazas, mercados y barrios. Lo popular tiene un escenario   natural en el cual actúa y se reproduce: la muchedumbre. Sin embargo, existen   escenarios donde se rompen las diferencias jerárquicas de la cotidianidad y lo   popular se confunde con lo oficial al compartir capitales simbólicos que   encierran similares significados para ambos grupos y permiten momentáneamente   un acercamiento que emerge de la búsqueda de alcanzar metas comunes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Así, en el circo romano el aldeano se siente cerca del   Emperador con el cual comparte el goce y los códigos que determinan el   espectáculo. Por una vez, el pueblo se siente escuchado cuando decide la suerte   de los gladiadores presionando con su euforia la última palabra del César. No   hay diferencias en el momento de gritar un gol porque en el estadio lo oficial   se fusiona con lo popular a través de la euforia, compartiendo sentimientos y   olvidando las relaciones de jerarquía. Las tabernas concentran a los diversos   grupos sociales en torno al alcohol. Compartir la bebida desinhibe y libera los   mecanismos de diferenciación y pone en un mismo nivel al obrero y al patrón. En   la embriaguez, se anula las convenciones sociales respecto a la jerarquía y   pierden valor las &quot;virtudes morales&quot; en función del exceso.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Finalmente, la fiesta se convierte en el espacio más rico   para ilustrar la ruptura de las jerarquías, por un lado, pero al mismo tiempo   propicia la creación de infinitas formas de la resistencia popular. En la   fiesta, se pone en marcha todo el complejo proceso de la lucha simbólica por el   reconocimiento a través de una constante escenificación de la dualidad   apropiación-resistencia y, sin duda, el Carnaval es uno de los máximos   exponentes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>DE CARNAVALES Y CORSOS: LA FIESTA EN COCHABAMBA</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Nos toca introducirnos en el análisis del carnaval   cochabambino. Cabe aclarar que estas reflexiones parten de la observación e   interpretación de la festividad exclusivamente en el espacio urbano pues,   creemos que allí se encuentran mejor reflejadas algunas de las claves que   ilustran la constante lucha simbólica entre lo popular y lo oficial.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Partamos de una analogía. Roberto da Matta,   cuyo estudio sobre el carnaval brasileño se citó más arriba, explica que en   Brasil el carnaval se manifiesta principalmente en dos espacios: En los clubes,   donde se vive un carnaval protagonizado por ciertos grupos sociales y   restringido a quienes no forman parte de ese círculo y en las calles, donde se   manifiesta la heterogeneidad y se comparten códigos entre los distintos subespacios de la sociedad. En Cochabamba ocurre una   situación parecida. Se festeja el carnaval en el plano privado cuando grupos   familiares, compañeros de trabajo o amistades se reúnen en torno a actividades   festivas típicas del carnaval.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Así, por toda la ciudad, infinidad de grupos sociales participan de bailes,   &quot;parrilladas&quot; o fiestas de disfraces en las que casi siempre se juega   con agua. Estas actividades concentran a grupos sociales específicos, ya sea en   domicilios particulares o en locales públicos alquilados para albergar   exclusivamente a quienes pertenezcan a estos grupos. El carácter privado de   estas fiestas excluye a quienes no comparten los mismos códigos ni los   referentes de identidad propios del subespacio   protagonista de tales festejos. Sin embargo, resulta interesante el hecho de   que estas formas de vivir un carnaval &quot;privado&quot; -lo cual es a la vez   un acto de exclusión al Otro y un recurso de reafirmación grupal- no sea propio   de la clase oficial sino que se manifieste con la misma lógica en los sectores   populares.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En la esfera pública, el carnaval que se vive en las   calles se expresa a través de la apropiación que la mayoría de la gente hace de   las aceras y las vías públicas. Los vecinos salen de sus casas para   &quot;retarse&quot; entre sí en el juego de mojarse. Nadie está exento de   recibir, cuando menos se espera, el fulminante impacto de un globo cargado con   agua. No importan las jerarquías ni las diferencias culturales, de género o de   edad pues se hace legítima una agresión imposible de manifestarse en lo   cotidiano y así se reduce de manera simbólica las diferencias y lo popular se   pone al mismo nivel de la oficialidad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La práctica de recorrer la ciudad lanzando globos con   agua a la gente, parece rebasar el mero sentido lúdico para convertirse en un   elemento liberador de las tensiones y hasta de las frustraciones. Este ritual   carnavalesco ensayado mayormente por grupos juveniles, esencialmente consiste   en la intención de los varones de mojar a la mayor cantidad posible de mujeres   adquiriendo así una fuerte connotación sexual. La ciudad entera conoce las   reglas de estos rituales. Nadie está al margen de su lógica rompiéndose, así,   las formas de distinción de clases que rigen en la vida cotidiana.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Sin embargo, posiblemente sea en el llamado &quot;Corso   de Corsos&quot; donde se ilustre con mayor claridad el valor simbólico del   carnaval como fiesta de integración y ruptura. Este evento que agrupa a todos   los sectores de la sociedad, es un espectáculo singular que rompe con la   división actor-espectador convirtiéndose en un escenario de participación libre   de reglas. En él se experimenta la trama de la lucha simbólica por el   reconocimiento y lo popular desenfunda su principal arma de liberación y   resistencia: la risa.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>LA FIESTA DE LA RISA</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El carnaval cochabambino, por sus características, puede   estudiarse a partir de los análisis realizados por Mikhail   Bajtin en la cultura popular de la Edad Media y el   Renacimiento. A partir de estos estudios, Bajtin   interpreta el significado de las fiestas populares en estrecha relación con el   sentido del tiempo, así, el carnaval representa un tiempo de renovación y   resurrección. Es común que, sobre todo en los sectores populares, se postergue   para después del carnaval las decisiones más importantes de su vida.&quot;Después del carnaval busco trabajo, dejo la   bebida, me caso, me dedico al estudio&quot; son algunas de las promesas que con   frecuencia escuchamos entre la gente. ¿Porqué   después? Porque sólo en el carnaval el pueblo vive una segunda vida que le   permite entrar en la utopía de la universalidad, la libertad, la igualdad y la   abundancia.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El carnaval es más que un espectáculo y menos que una forma de arte, es la   vida misma con las características del juego y por ello no tiene actores ni   espectadores. El pueblo no ve el carnaval sino que lo vive ignorando la escena   y las leyes en búsqueda de la libertad. Ya habíamos visto esto de alguna manera   en las prácticas de apropiación de las calles y, mucho más evidente se nota   esto en el Corso de Corsos. La gente observa a los bailarines y las comparsas   que participan del corso pero, al mismo tiempo, el pueblo se inmiscuye con   ellos, baila, grita, goza con ellos y comparten la mojazón,   la bebida y la risa. Todo esto, tiene, para el pueblo, el valor fundamental de   abolir provisionalmente la jerarquía, los privilegios, las reglas y los tabúes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La risa, dijimos, está en oposición a la seriedad de la cultura oficial. El   principio cómico del carnaval marca la diferenciación con las ceremonias oficiales pues, como   explica el historiador Gustavo Rodríguez, preciosamente el humor y la risa eran   los elementos que censuraba la clase hegemónica de Cochabamba en las prácticas   populares dedicadas al Carnaval. La risa de lo popular molestaba por   considerarse grotesca aunque, en el fondo, lo que perturbaba la seriedad de lo   oficial era el sentido liberador que la risa tiene para la cultura popular.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Así es, porque la risa libera e interpela, reduce las   distancias y nivela las jerarquías. En el corso de corsos, por ejemplo -antes   con mucha más fuerza que ahora- la jerarquía sobre todo política, se reduce a   los niveles de la burla haciendo constantes satirizaciones   de personajes como ministros, dirigentes sindicales, hombres del Gobierno, etc.   Las comparsas se disfrazan o representan a estos personajes de manera burlona y   siempre con carteles alusivos a algún hecho que los comprometa. Los desfiles de   comparsas, aquellas que no son dedicadas a los bailes folklóricos, muchas veces   han ambientado a la realidad nacional los productos de la industria cultural en   comparaciones que sólo son permitidas en tiempo del carnaval.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Complemento directo de la risa es el lenguaje   carnavalesco, profundamente grotesco y con una ambivalencia que es a veces   insulto y otras aprecio. Al mismo tiempo, en el   lenguaje y los gestos propios del Carnaval, se desarrolla un nivel de   comunicación distinto que no es posible en la cotidianidad, un lenguaje sin   formalismos ni etiquetas al que todas las clases sociales se adaptan. El   lenguaje carnavalesco plantea la lógica del mundo al revés, al igual que lo   grotesco, sobre todo en las tradicionales fiestas invertidas y los desfiles de   comparsas de hombres disfrazados de mujeres. Ese mundo que explora la risa a   través de mostrarse en otro, en una segunda vida, en la cual se liberan las   represiones. La risa, por último se constituye en el patrimonio del pueblo   contra lo oficial pues, como aclara Bajtin, la risa   es general, universal y ambivalente.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Al decir que el carnaval representa la &quot;otra vida del pueblo&quot;,   asumimos que es sólo en esta fiesta donde lo popular puede manifestar lo que no   siempre le es posible en su vida cotidiana y quizás por ello, el símbolo   universal de esta fiesta sea la máscaras. No por nada,   los romanos denominaban a las máscaras que usaban los actores de teatro con el   término latino &quot;Personare&quot; que quiere decir sonar desde otro. De allí   se desprenden las palabras persona y personalidad porque la máscara permite   ocultar una persona y proyectar otra, quizás más libre de todo freno protocolar,   de toda norma de &quot;buena conducta&quot;, una persona que no entiende de   jerarquías y por lo tanto se siente igual, aunque sea sólo por el carnaval, a   todo el resto de la ciudad. La máscara esconde los complejos, la explotación,   la miseria y libera una lucha simbólica del pueblo por alcanzar su   reconocimiento y todo esto... en el nombre de la risa.</font></p>      ]]></body>
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