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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[FORO: EL CARNAVAL TRAS LAS MÁSCARAS*: La domesticación del carnival cochabambino]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="Verdana"><b>Ponencia</b></font></p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana">FORO: EL CARNAVAL TRAS LAS MÁSCARAS*</font></b></p>     <p align="center"><font size="4"><b><font face="Verdana">La domesticación   del carnival cochabambino</font></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3" face="Verdana">Gustavo Rodríguez O.</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana"><i>- Economista - Historiador - Sociólogo - Docente Universitario</i></font></b><font size="2" face="Verdana"><i></i></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr>     <p><font size="2" face="Verdana">El carnaval se vive, se oye y se baila, pero rara vez se   lo estudia. La historiografía tradicional boliviana y cochabambina ha desdeñado   olímpicamente escrutar la cultura popular e incluso la señorial para seguir las   huellas del pasado. Prefiere en cambio pasar revista a&quot; presidentes,   fusiles y urnas’, para ofrecernos una banal y modélica historia política. Sin   embargo, en los últimos años los historiadores de otras latitudes han prestado   una singular atención a la fiesta carnavalera, una   manera quizá más viva e intensa que las anécdotas presidenciales o los   epígrafes de los &quot;notables&quot; para explicar y comprender el pasado.   Trabajos del calibre de Mijail Bajtin   en su análisis de la &quot;Cultura popular en la obra de Francois   Rabelais&quot;. o por Harvey   Cox en &quot;La Fiesta de los Locos', Enmanuel Le Roy   Ladurie en el &quot;Carnaval de los Romanos' o   Roberto Da Matta en &quot;Carnavales, Malandros y   Héroes&quot; o los historiadores de Baranquilla(Colombia)   son muestras claras de los beneficios que supone seguir este derrotero.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Sucede que por su propia naturaleza, las fiestas -oficiales, religiosas o   mundanas- son momentos culturales claves para el científico social. Y es que en   ellas lo que normalmente yace oscuro aflora con nitidez inusitada y cristalina.   El orden y el desorden se abren al observador mostrándole un mundo diferente al   que se vive cotidianamente. Durante las fiestas se expresan las mentalidades,   los sueños y contradicciones de los amplios sectores sociales que los   protagonizaron en el pasado. La fiesta, para el antropólogo o el historiador es   una forma de ruptura, de transgresión de liberar pulsiones reprimidas y de exceso cuando liberamos las pulsiones reprimidas, nos   comportamos de una manera distinta de lo habitual y nos hacemos ilusiones respecto   a lo otros. La fiesta carnavalera   es el tiempo del juego, la farsa y de la ruptura de todas las convenciones   sociales. Por consiguiente en toda su extensión; es decir, los lugares por   donde transitan, su música, la vestimenta de sus participantes y el orden de su   aparición en escena la fiesta carnavalera nos ilustra   sobre el manejo cultural de la ciudad. Al contraponerlas con actos más serios y   menos mundanos como las procesiones cívicas y religiosas nos permitan ver cómo   se ordena el espacio urbano, cómo se colocan dentro de él las fronteras, los   límites permisibles por consiguiente del manejo del tiempo y el espacio.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El carnaval constituye pues una verdadera puesta en   escena de lugares sociales, de instrumentos de reproducción social, de   relaciones sociales, de jerarquías o de utopías prácticas. Permite entonces   enfocar y analizar lo gestual, los comportamientos colectivos, las   sensibilidades, en fin el imaginario colectivo. Constituye en resumen un   &quot;maravilloso observatorio', pues como afirma Michel Vovelle   desnuda: &quot; el ' momento de verdad en que un grupo, o una colectividad   investida, en términos simbólicos, para una representación de sus visiones del   mundo, purga metafóricamente todas las tensiones de las que es portador. Por   otra parte, la dramatización festiva es en sí misma un componente esencial de   la vida humana. Por ello mismo encontrar las raíces de la fiesta, buscar sus   caminos perdidos y las razones de este extravío no constituye una banal pérdida   de tiempo ya que lo que está en juego es nuestra propia identidad y nuestras   fantasías como sujetos sociales e históricos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">El carnaval, celebrado en febrero ó   marzo, junto a la Semana Santa y celebraciones patrias de agosto y   departamentales septembrinas conforma el tríangulo   más importante del calendario festivo regional y nacional. Hay una diferencia,   sin embargo, entre la festividad oficial y el carnaval, que me gustaría   enmarcar, a partir del trabajo del brasileño Roberto Da Matta   ya señalado. Los desfiles militares o las procesiones, están organizados desde   el poder para crear un sentido de unidad, mediante la dramatizacion   de gestos, de acciones y verbalizaciones idénticas marcadas por la contingencia   gestual. Por otra parte, la masa popular solamente puede ver y no participar de   un desfile en el cual, por lo demás, se imponen rígidamente las jeraquías sociales y estamentales y donde los partícipes   asumen los mismos roles que tienen en la vida cotidiana.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En el carnaval en tanto predomina la polisemia y la   pérdida de jerarquías. Las voces son variadas, improvisadas al son de la danza,   mientras que los grupos sociales se mezclan permitiendo se establezca una   suerte de tregua social y la disolución de los papeles sociales, la que, como   dice Joan Manuel Serrat, en una de sus canciones, durará mientras dure la   fiesta. Ya entrando en materia señalamos que desconocemos cuándo y cómo se creó   el carnaval en Cochabamba, pero sin duda es una fiesta traida   desde españa bajo un patrón de tipo medieval y que se   desarrolló en el crisol de una sociedad andina. Históricamente los sus orígenes   del carnaval se remontan incluso a la era precristiana, probablemente a los   saturnales romanos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En el caso de la ciudad de Cochabamba, hasta mediados del siglo XIX, el   carnaval que mantenía rasgos españoles matizados de la influencia andina, sufre   una severa mutación que presentaremos en nuestro trabajo, para establecer un   punto que nos permita entender el sentido del carnaval que actualmente vivimos.   Veremos entonces cómo el carnaval, en la aquella Cochabamba decimonónica de no   más de 25 mil habitantes, la mayoría mestizos artesanos o pequeños   comerciantes, fue perdiendo aquellos rasgos que permitían participar   conjuntamente en la fiesta a todos los sectores sociales y que trastocaran, en el dominio de la calle, con la música y   con los gestos, los órdenes sociales. Para fijar un punto de referencia   recurriremos a una descripción realizada en 1847 que nos permitirá reconstruir   las líneas maestras del carnaval cochabambino en el periodo inmediatamente   posterior a la independencia de España. Señala un anónimo cronista cochabambino   en 1847:</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">&quot;Sólo veremos el carnaval de aldea haciendo una que   otra excursión en nuestras calles, ostentando toda la gala de vestidos   rústicos, trayendo flores y frutas en la cabeza, y danzando al son de un   tamboril y una flauta de pastores”.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Se puede deducir que en aquel momento todavía predominaba   el carnaval colonial, fuertemente enraizado en tradiciones agrarias, las que   posiblemente se enlazan con tradiciones indígenas vinculadas al culto a la Pachamama. Las máscaras y los disfrazados eran frecuentes   en las calles: &quot;Las caretas son sensillas:   consisten en colorinas de almidón encarnados en las caras de los hijos de   carnaval. (...) Esta nueva especie de máscaras tiene otro disfraz, que consiste   en vestidos blancos de especial fabricación, eribados   de sacos de inmensa capacidad. Estos sacos van llenos de agua de coloña(sic) o&nbsp; de lavanda, de coetillos   montados en balitas de cazar avestruces(...) de huevos llenos de almidón y   aguas olorosos&quot;. ¿Quiénes se cubren con las   máscaras, a quienes interesa, aprovechando el momento de carnaval dejar de ser   ellos mismos e intentar ser otros, para vivir una segunda vida , así sea por un   fugaz momento.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">&quot;Muchachos recién llegados a la pubertad, que han   desertado por dos días de la casa paterna, o sastres, que han cuidado de   igualar sus vestidos a los vestidos de los señoritos, o&nbsp; unos i otros juntamente&quot; La fiesta sirve por tanto para evadir, para permitir a   los plebeyos, en este caso los sastres, representarse como otros, llegar a un   status que normalmente no es el suyo. Mientras tanto, mientras lo plebe ocupaba   las calles ¿a qué jugaba la élite?. Nuestro anónimo   cronista señalaba al respecto: &quot; El carnaval urbano (..)   hoi no sale al público; saca   apenas las narices de la ventana. Su festín es allá dentro de casa: la hora del   banquete es la hora del estallido; antes de terminar la comida se levanta de   golpe y como por encanto la comitiva , rompe la música   y entónase un coro al divino Baco. Empieza la danza   en una rueda entremezclada de hombres y mujeres, asidos todos por las manos y   se entabla desde luego un comercio recíproco de cantares al son de una guitarra   que jira en torno de la rueda convidando a cada uno   de los bardos improvisados.&quot;</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Sólo el martes tomaba el carnaval carácter de   &quot;dominio público&quot; . &quot;Nada de bailes ni   de canto, todo eso se deja a las ruedas mui populares&quot;. No existían   tampoco mascaradas pero la élite se diviertía en un   juego y contrajuego de ataques y contra ataques entre   varones y mujeres. Este proceso modernizador, de combate contra la picaresca carnavalera plebeya, que emprenderán los sectores   dominantes urbanos cochabambinos que comienzó   gradualmente a cristalizarse desde mediados del siglo XIX se halla   magníficamente descrito por el médico Julio Rodríguez, quien en 1877 escribía   lo siguiente:</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">&quot; Nuestros abuelos pasaban el carnaval: el día, con las grotescas   escenas de una plebe que cantaba y bailaba en las calles, embriagada de placer,   de lucro y desverguenza(...) Nuestros padres vieron   disminuir las ridículas escenas callejeras de la plebe que comenzó a tener   vergüenza y se retiró a divertirse al campo. Las calles vacías en los días de   carnaval atrajeron el ardor de nuestros padres, que, apuestos mancebos entonces   se lanzaron a guerrear con cascarones de huevos y cohetillos   .(....)los bailes de la noche cambiaron de carácter: abolido el   chocolate dio paso a los exquisitos vinos y el suculento ponche; (...) el minué   y el &quot;londú', se transformaron en las brillantes   cuadrillas y vertiginosas polkas&quot;.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El conocido médico local, ya embebido del espíritu   modernizador, se preguntaba luego: 'En la época del vapor, del telégrafo y de   los globos aerostáticos, ¿quiere Ud. que nos divirtamos tomando Chocolate o   bailando el &quot;pas pies&quot;?.   En 1876 se dió un primer paso reformista al realizar   un baile de máscaras en el Teatro Achá, ( y más tarde en el Club Social) bajo el control de una   comisión municipal. Esta modalidad garantizaría- se dijo- la   &quot;honorabilidad' de los danzantes. &quot;Así se evitan muchos desagrados y chasgos picantes; lo que no sucede aceptando en las casas   particulares máscaras de toda clase, como es costumbre. Nada más fastidioso   para las familias en los días de carnaval que esa invasión tártara de máscaras   de toda clase, decentes y no decentes, que cual oleadas incesantes se renuevan á cada paso, poniendo a las señoritas en situaciones   embarazosas, pues no saben las más de las veces si están danzando con su pongo,   ó su zapatero ó bien con un   caballero&quot;.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Ocurría ía que como durante el carnaval   del siglo XIX, las casas eran territorios abiertos a todos y por eso propician   mezclas no deseadas, la máscara permitía a la plebe escapar de situación social   y aspirar, por un momento y gracias al anonimato, confundirse con la   &quot;gente bien&quot;. Con la anterior medida se tendía a cortar este   &quot;peligro&quot; creando un espacio cerrado y erigiendo una frontera que   garantice que el anonimato discurriera únicamente con la garantía de ser entre   iguales socialmente. En los años 80 del siglo XIX, quizá por la experiencia   traumática de la derrota con Chile, la élite local se hizo discursivamente más   &quot;ilustrada&quot; de manera que el pasado plebeyo mestizo le pesaba y buscó   ensayar nuevas formas de vida y pensamiento en todos los ordenes,   aferrarse a la idea de nación como una &quot;comunidad imaginada &quot;   anclada- esta vez- en el hábito honorable del trabajo y la honra a los símbolos   patrios. En ese espíritu periódico local el &quot;El Heraldo&quot; sugiere por   ejemplo trasladar el carnaval al 6 de agosto. La Unión, &quot;órgano de la   juventud&quot; recogió la posta y sostiene que la Municipalidad debería   &quot;hacer todo lo posible para llevar a cabo un cambio radical&quot;.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">&quot;Es tiempo de que nos preocupemos de enseñar al   pueblo a conocer y respetar las glorias pasadas (...) El carnaval no recuerda   nada y (...) es perjudicial para un pueblo como Cochabamba, que sólo sobrevive   por el trabajo. Refundámos, pues, todas esas pequeñas   fiestas en una sola, pero en una sola fiesta grande que nos recuerde el gran   día de la patria&quot;. Otras mentes, quizá más prácticas, introducen otros   cambios que lo conservan modernizándolo y civilizandolo.   Mantuvieron el carnaval pero lo oficializaron, lo hicieron más aceptable a los pre requisitos de la modernidad a la que aspiraban. En   1887 un ciudadano alemán avecindado en Cochabamba introdujo por primera vez una   &quot;entrada&quot;carnavalera a la usanza germana   que, según dice la prensa, &quot;tiene que hacer época en Cochabamba'. Disfrazados&quot;con   lujo y gracia&quot; como gauchos, marineros británicos y en góndolas chinas,   los jóvenes de la élite local festejaban la nueva ocurrencia. Una década mas tarde, en 1898, se inauguró la tradición del   &quot;Corso de Flores&quot; tal como &quot;se verifica en las poblaciones mas adelantadas&quot;. Esta instancia marca el debut de las   mujeres en las calles.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En 1904 un nuevo personaje se agregó a la fiesta: los niños. La   &quot;entrada&quot; de carnaval se convierte en una fiesta familiar   , desactivada de toda peligrosidad lúdica o subversiva. Sin embargo, el   corso resultará el tiempo los gestos subrepticios, ocultos., sensuales, de   doble sentido. Un espacio público y socializado para el enamoramiento. No eran   las palabras las que mandaban allí sino una &quot;&quot;gimnasia de miradas   &quot; que produce una verdadera &quot;cacería de corazones” gracias a   &quot;las serpentinas enlazadoras q' vienen y van; q' atan y rompen&quot;. Los   protagonistas fueron nuevamente los sectores de la élite, son ellos los que   viven y se regocijan con el dios Momo, el bajo pueblo, como estaba sucediendo   en las festividades oficiales, simplemente observaba pasivamente pues de actor   se ha transformado en simple espectador.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Casi a la par las &quot;guerras de cascarones&quot; entre   varones y &quot;feminas&quot; recrudece ocupando el   centro de atención &quot;civilizada&quot;. En estos combates como en las   mascaradas en el Club Social (fundado en 1890) y las casas particulares, la   cotidianidad nuevamente se rompería y el orden simbólico se quebraría, aunque   solamente dentro los sectores dominantes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Fueron, en efecto, las mujeres de la &quot;clase   alta&quot; las que protagonizaron esta huida , esta   ruptura de las relaciones jerárquicas de género, logrando liberarse   transitoriamente de su secular reclusión. Durante el Carnaval, a la par que los   varones, las mujeres eligían su propia reina y   establecían durante esos días un poder diádico compartido con los varones.   Gracias al anonimato de las máscaras podían además tomar iniciativa en los   bailes y pasar de &quot;casadas a cazadoras&quot; Con todas estas y otras   manifestaciones el carnaval cochabambino se conviertió   entonces en &quot;una fiesta de la aristocracia'; de tal suerte ofrecía ahora,   por lo menos en el centro de la ciudad, pocos espacios compartidos entre los   plebeyos y los &quot;notables&quot; locales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En respuesta, los artesanos, los pequeños comerciantes   mestizos e indios; en suma el &quot;bajo pueblo&quot; para quienes la verdadera   fiesta comenzaba el miércoles de ceniza y duraba una semana, debían refugiarse   en las campiñas aledañas. No es casual que en 1896 se inventara un día más de   diversión: el domingo de Tentación que se celebró desde entonces en Calacala. La campiña quedará así transformada en el único   espacio donde era posible exprerar manifestaciones   &quot;antiguas plebeyas&quot; &quot;danzando -dice la prensa local- al son de   su imperfecta música y su picaresma rima '. Al   realizar un balance a principio de siglo, la misma prensa puede por   consiguiente saludar satisfecha y con afan moralizador,   por la &quot;civilización&quot; del carnaval plebeyo cochabambino en manos de   los sectores dominantes pues: en 1901 se escribe que &quot;Van modificándose   las costumbres(...) a las estruendosas algazaras de otros tiempos, van   sucediéndose más tranquilas manifestaciones de regocijo y entusiasmo&quot; en   1902 se dice que ' El pueblo, la clase artesana, no ha dado ni una sola nota de   alegría. Los cantares populares, no se dejaron escuchar, mucho menos las ruedas   animadas de otros tiempos&quot;.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En 1905 se sostiene &quot;El pueblo no ha concurrido con su jovialidad a   celebrar a sus dioses favoritos&quot;. En 1914 se concluye que: El pueblo va   olvidando la sentida fiesta, la animación que antes se mostraba en las calles y   plazas desaparece; las populares ruedas han dejado de presentarse; la guitarra,   el charango y la kene(sic) , no han sido sacados a relucir&quot; En síntesis, la   calle, a diferencia de lo narrado por nuestro anónimo cronista de 1847, ya no   pertenece más a la plebe. La élite la ha desalojado de ella y ha recluido la   fiesta al espacio privado y al salón. Tardará mucho, hasta fines de los 80s del   siglo XX, antes de que la plebe y el rutilante carnaval puedan retornar   masivamente a la escena pública y con ello el dominio de la risa, la mistura   social, el placer, el erotismo y la alegría gane nuevamente las calles.</font></p>      ]]></body>
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