<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1815-0276</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Punto Cero]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Revista Punto Cero]]></abbrev-journal-title>
<issn>1815-0276</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Carrera de Ciencias de la Comunicación Social - Universidada Católica Boliviana San Pablo Cochabamba]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1815-02762002000200010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[HOMBRE Y MEDIO AMBIENTE]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Viola Recasens]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreu]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2002</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2002</year>
</pub-date>
<volume>07</volume>
<numero>05</numero>
<fpage>64</fpage>
<lpage>66</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1815-02762002000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1815-02762002000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1815-02762002000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align=center><font size="2" face="Verdana"><b><font size="4">HOMBRE Y MEDIO   AMBIENTE</font></b></font></p>     <p align=center>&nbsp;</p>     <p align=center><font size="4"><b><font size="3" face="Verdana">Andreu Viola   Recasens</font></b></font></p>     <p align=center>&nbsp;</p> <hr>     <p><font size="2" face="Verdana">Antropólogo Profesor del departamento de Antropología   Social, Universidad de Barcelona (España). Docente invitado de la Universidad   Católica Boliviana (unidad Cochabamba) para impartir un curso de “Antropología   Ecológica” en el marco del programa de cooperación universitaria “Intercampus” auspiciado por el Instituto de Cooperación   Iberoamericana. Texto correspondiente a su intervención durante la segunda   sesión inaugural del segundo semestre académico de la UCB, Cochabamba, 2 de   agosto de 1997.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El título propuesto para esta reflexión, “Hombre y medio ambiente”,   posiblemente sea juzgado oportuno por alguno de ustedes, y tal vez oportunista   por otros, pero en cualquier caso, resulta de innegable&nbsp;y&nbsp;candente actualidad.&nbsp;Solamente tenemos que revisar las páginas de la prensa local durante los   últimos meses para encontrar numerosas e inquietantes informaciones sobre el   estado de los recursos naturales del país: talas masivas y deforestación   incontrolada de los bosques; el alarmante&nbsp;grado&nbsp;de comunicación hídrica   en el lago Titicaca y los ríos   Piraicito, Choqueyapu,   Pilcomayo, Rocha o Desaguadero; el tráfico y virtual extinción de diversas   especies de la fauna nativa; la erosión que avanza de forma implacable en gran   parte del país y que ya está adquiriendo proporciones catastróficas en los   valles mesotérmicos, y por último, el conflictivo y   acuciante tema del agua en Cochabamba, resultado del proceso de involución   ecológica experimentando por esta región desde la llegada de los conquistadores   españoles hasta nuestros días.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En la actualidad estamos   asistiendo a un creciente descrédito y una profunda revisión del concepto de   “Desarrollo”, la gran quimera de la segunda mitad del siglo XX. Mientras   algunos se dedican a buscarle adjetivos edulcorantes o cosméticos a dicho   concepto, cuyo significado seguramente ya está viciado desde sus orígenes, la   Antropología más bien ha optado por tratar de analizar y desenmascarar las   premisas, los axiomas o los dogmas que han fundamentado la visión desarrollista   del mundo: una visión que ha idolatrado el crecimiento económico sostenido e   ilimitado y la constante introducción de nuevas tecnologías, pero sin tener en   cuenta los problemas ocasionados por los residuos tóxicos, la contaminación   atmosférica o el previsible agotamiento de los recursos no renovables. Una   visión en definitiva, que tomaba el grado de urbanización como indicador per se del “Progreso”, la   “Modernización” y el “Desarrollo”, y a las megápolis   como símbolo por excelencia del avance de la humanidad, sin pensar que una   ciudad como México D.F. llegaría a generar más de 20.000 toneladas diarias de   basura y unos niveles insoportables de contaminación atmosférica.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No es ninguna casualidad que el surgimiento y posterior   institucionalización de la Antropología Ecológica en tanto que especialidad   reconocida, se produzca en forma simultánea a la aparición de los primeros   movimientos ecologistas a finales de la década de los setenta, a la publicación   del famoso Informe del Club de Roma, y a la crisis del petróleo de 1973. La   constatación de que nuestro estilo de vida (el de la llamada “civilización   occidental”), y más específicamente, nuestros patrones de producción, de   consumo y de gestión de residuos eran insostenibles y de que en caso de no ser   corregidos urgentemente terminarían por devastar el planeta, propiciaron una   actitud de cierta curiosidad, al principio, y de creciente respeto posteriormente,   hacia aquellas sociedades denominadas “tradicionales” o”primitivas,   a las cuales durante tanto tiempo hemos contemplado con cierto desdén o   compasión, pero que sin embargo, han demostrado sobradamente su capacidad para   poder habitar un ecosistema durante miles de años sin provocar en él ningún   desequilibrio ambiental significativo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Así, por ejemplo, las sociedades de cazadores-recolectores, que han sido   percibidas habitualmente como meros vestigios o fósiles vivientes del   Paleolítico, encarnando un supuesto “grado cero” en la escala de la evolución   humana, a medida que han sido estudiadas&nbsp;de&nbsp; forma sistemática han comenzado a aparecer como aquello que realmente son: como   culturas basadas en un modelo alternativo de organización social(caracterizado   por la reciprocidad, el igualitarismo y el rechazo a la acumulación de bienes)   y de relación con la Naturaleza, en base a un prodigioso conocimiento de su   hábitat ecológico y a un modo de subsistencia regido por el normalismo   y una explotación sostenible de los recursos naturales de los cuales obtienen   una dieta rica y variada.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las tribus que practican la horticultura itinerante de tala y quema en los   bosques tropicales húmedos de América Latina, Africa   ecuatorial, el Sudeste Asiático y Oceanía, han resultado ser, no los   practicantes de una agricultura primitiva,&nbsp;   ineficiente&nbsp;y ecológicamente nociva(como se   había creído durante tanto tiempo), sino los inventores de un sistema de   cultivo altamente adaptado a las particularidades ecológicas de la selva   tropical (y en especial, de sus pobres en nutrientes y saturados de aluminio),   de una mayor eficiencia energética que la agricultura convencional y, por sobre   todo, mucho más sostenible que los métodos “modernos” de la agroindustria capitalista   que durante los últimos veinticinco años han esquilmado más de un millón y   medio de hectáreas entre ríos Grande y Piraí de Santa   Cruz. El estudio de las estrategias productivas&nbsp;de&nbsp;estas poblaciones tropicales nos   demuestra, en definitiva, que entendían y respetaban la bio­diversidad mucho antes   de que nosotros llegáramos a siquiera crear dicho concepto, ininteligiblemente   para la concepción&nbsp;   atomista, mecanisista y determinista que ha dominado la cinncia   occidental desde los albores de la Modernidad hasta hace relativamente poco   tiempo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">¿Y qué podríamos decir a propósito de las civilizaciones andinas&nbsp;precolombinas, condenadas&nbsp;&nbsp;por&nbsp;el eurocentrismo de las   teorías evolucionistas al “estadio medio de la Barbarie” por el simple hecho de   haber desarrollado formas propias de tecnología y organización social,   económica y espacial totalmente ajenas a las adoptadas por los estados   europeos? Hoy estamos en condiciones mucho mejores para entender y valorar las complejas&nbsp;formas de adaptación implementadas   por las antiguas poblaciones andinas para adecuarse a las severas&nbsp;restricciones ambientales de una región como los Andes Centrales, que a pesar   de factores adversos como las sequías, las heladas y una abrupta topografía, se   convirtió en uno de los principales&nbsp;focos&nbsp;de neolitización   de todo el planeta, llegando a mantener grandes poblaciones incluso en áreas   tan inhóspitas como la que sirviera de asiento a Tiwanaku.   !Qué gran ironía de la Historia que haya tenido una institución tan lejana como   la NASA la principal instigadora de la investigación (y posteriores programas   de recuperación) de cultígenos andinos de tan   extraordinario valor nutritivo como el millmi(amaranto),   el tarwi o la quinua, al tiempo que las instituciones   oficiales de los países andinos seguían deslumbradas por las ilusorias promesas   de la llamada “Revolución Verde”, cuyos resultados&nbsp; pueden considerarse nefastos en lo económico, en lo social   y, sobre todo, en lo ecológico¡ Los sorprendentes resultados obtenidos por los experimentos de recuperación de   sistemas precolombinos de cultivo como “Waru-Waru” o   camellones en el altiplano lacustre nos llevan a pensar que al igual que en las   lenguas quechua y aymara, en las cuales el futuro   queda a las espaldas del sujeto hablante, va a ser necesario que para   planificar el futuro agropecuario de las regiones andinas miremos hacia atrás,   para aprender de las culturas precolombinas, antes que seguir mirando hacia   afuera de forma tan irreflexiva como se ha venido haciendo hasta ahora.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El hombre, contemplado en una dimensión estrictamente biológica y ahistórica, seguramente sea la especie animal peor adaptada   físicamente a la mayoría de ecosistemas del planeta : asi,   por ejemplo carecemos de una gruesa capa de piel y pelo que nos permita   soportar bajas temperaturas, y nuestro organismo no puede sobrevivir sin   ingerir agua regularmente, a diferencia de determinados animales adaptados a la   aridez del desierto; sin embargo, desde hace miles de años que el hombre ha   sido capaz de sobrevivir en las zonas más gélidas del planeta, como el círculo   Polar ártico o Siberia y también ha podido subsistir en los desiertos más   inhóspitos. Esto explica por la capacidad estrictamente humana para construir y   desarrollar estrategias culturales de adaptación a su medio ambiente, que nos   han permitido -a diferencia de cualquier otra especie animal- colonizar la   totalidad de ecosistemas del planeta. Pero una de entre las innumerables culturas   que configuran la diversidad humana, tuvo la osadía de romper, durante los   últimos cuatrocientos años, los vínculos afectivos religiosos que unían con la   Naturaleza, para comenzar a representarse a sí misma en un plano de   superioridad y dominio sobre ella, y desde entonces, comenzar en nombre del   “Progreso” a desencantarla, desacralizarla, diseccionarla y esquilmarla.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El gran mensaje que podemos y debemos retomar de las culturas   “tradicionales” es su actitud global frente al medio ambiente, regida por las   leyes de la reciprocidad y por la profunda convicción de que el hombre y su   entorno forman una unidad esencial y que la destrucción de este último   comportaría necesaria e inexorablemente, la desaparición del primero.</font></p>      ]]></body>
</article>
