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</front><body><![CDATA[ <p align=center><font size="4" face="Verdana"><b>COMUNICACIÓN Y   CIUDADANÍA DEL BARRIO A LA CIUDAD</b></font></p>     <p align=center>&nbsp;</p>     <p align=center>&nbsp;</p>     <p align=center><b><font size="3" face="Verdana">Gabriel Kaplún</font></b></p>     <p align=center><b><font size="2" face="Verdana">Comunicador y   educador uruguayo Profesor e investigador de la Universidad de la República</font></b></p>     <p align=center><b><font size="2" face="Verdana"><a href="mailto:aperez@mednet.org.uy">aperez@mednet.org.uy</a></font></b><font size="2" face="Verdana"><a href="mailto:aperez@mednet.org.uy"></a></font></p>     <p align=center>&nbsp;</p> <hr>     <p><font size="2" face="Verdana">El proceso de descentralización municipal de Montevideo   ha sido para un grupo de universitarios uruguayos un fértil campo de   aprendizaje sobre los límites y potencialidades de sus roles profesionales, los   problemas de la comunicación en el espacio urbano, las relaciones entre el   poder y la palabra.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>De muros y   esperanzas:</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>desarmando y rearmando el municipio</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">A fines de 1989 caía el muro de Berlín. Casi al mismo tiempo en Uruguay   cierta prensa, entre irónica y alarmada, afirmaba que se levantaba el muro de   Montevideo. Un siglo y medio de bipartidismo acababa de ser roto por la   izquierda unificada en torno al Frente Amplio, que accedía por primera vez al   gobierno municipal de la capital del país</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Casi en la misma latitud que Santiago de Chile y Buenos Aires, la uruguaya   es la capital más austral de América. La Intendencia Municipal de Montevideo es   una de las 19 en que se divide el país, pero en su jurisdicción vive tanta   gente como en las otras 18: la mitad de los tres millones de uruguayos son   habitantes del departamento de Montevideo. Por eso el hecho adquiría una   importancia política muy grande, a pesar de que la autonomía municipal tiene   límites bastante severos en Uruguay.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La palabra municipio   tiene aquí un sentido un poco diferente al que suele dársele en otros países.   Más que gobiernos locales son gobiernos departamentales (o provinciales si se   prefiere) con jurisdicción sobre superficies relativamente extensas que pueden   incluir varias ciudades, pueblos y zonas rurales. En algunas de estas   localidades puede haber una “Junta Local” que, con escasas excepciones es un   organismo dependiente de y </font><font size="2" face="Verdana">designado por el gobierno   departamental. En el caso del Departamento de Montevideo la superficie es   pequeña (el departamento más chico del país, pero el más poblado) y comprende a   la ciudad de Montevideo y algunas zonas rurales circundantes. En otras épocas   hubo en el departamento Juntas Locales, en pueblos y villas que terminaron   siendo absorbidas como barrios de la capital.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los&nbsp;gobiernos departamentales&nbsp;&nbsp;&nbsp; (o municipales) tienen a su cargo la limpieza, el tránsito y las calles, el   saneamiento y la iluminación pública pero no el suministro de agua y   electricidad-, la habilitación de construcciones,&nbsp;algunos servicios culturales y de salud, -pero no el sistema educativo ni&nbsp;los&nbsp; hospitales, eventualmente algunos rubros en el área vivienda y alimentación. Cobran algunos   impuestos propios pero suelen depender del gobierno central en muchos aspectos, especialmente para las grandes   inversiones. Las intendencias&nbsp;   municipales fueron tradicionalmente una vía privilegiada para el clientelismo&nbsp;político, desarrollando&nbsp;aparatos burocráticos pesados y poco eficientes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En este contexto y tras la elección de noviembre de 1989, en febrero de   1990 asume como Intendente de Montevideo Tabaré Vázquez, un médico de 50 años   con trayectoria más “social” que política. Los meses de diciembre y enero, en   que tradicionalmente el país duerme una especie de siesta veraniega, fueron   esta vez muy activos para quienes preparaban el primer gobierno de izquierda   del país. Muchos golpeaban&nbsp;   la&nbsp;puerta planteando   ideas, demandas, expectativas, propuestas... Muchos descubrían recién entonces   una palabra que se repetía con insistencia en el programa de gobierno frentista: ”descentralización”.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La descentralización se planteaba   como&nbsp;un instrumento con   tres objetivos simultáneos: aumentar la eficiencia en la gestión, la democracia   en la toma de decisiones y la participación y movilización ciudadana. Para ello   preveía la subdivisión del departamento en 18 zonas de entre 50 y 100 mil   habitantes. Cada una de ellas contaría con un trípode de organismos: uno político,   uno social y otro administrativo-operativo. Las múltiples dificultades   jurídicas y las interpuestas por la oposición&nbsp;retrasaron considerablemente&nbsp;   la instauración de las dos   primeras, comenzándose por la&nbsp;   descentralización administrativa, que de hecho cumplió inicialmente también   varias funciones sociales y políticas. Cuando el proceso se completó   formalmente, en 1993, el trípode quedó constituido por Juntas Locales</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">-integradas por representantes de los partidos políticos-, Concejos   Vecinales -integrados por representantes de los vecinos y organizaciones   sociales de la zona- y Centros Comunales Zonales, integrados por funcionarios   municipales. Los límites y alcances de las competencias de cada organismo han sido   tema de discusión permanente, incluyendo quienes piensan que la complejidad del   sistema ha contribuido a su relativa debilidad. Otros la atribuyen más bien a   la baja general de la participación ciudadana, el escepticismo y descreimiento   político, los resquebrajamientos ideológicos de la izquierda, etc. Muchos   señalan también las potencialidades que estas triples estructuras han podido   desarrollar a lo largo de más de un lustro de experiencia.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La presencia del eje descentralizador en el programa de gobierno frentista   obedecía a un conjunto de factores. Por un lado la fuerza que la idea estaba   teniendo a nivel internacional a fines de los 80 y principios de los 90, hasta   casi convertirla en una ambigua moda política, que tanto servía para justificar   privatizaciones como para promover la participación ciudadana en nuevos ámbitos   de poder. Por otro lado parecía una bandera atractiva en un país con excesivos   centralismos en varios terrenos. A ello se sumó el impulso de algunos sectores   intelectuales y organizaciones no gubernamentales que venían trabajando en el   campo de las organizaciones vecinales y sociales a nivel territorial y veían en   la descentralización un instrumento útil para consolidarlas y potenciarlas.   Pero estas organizaciones vecinales y sociales, cuyo tejido no era demasiado   sólido, no estaban reclamando la descentralización: sus reivindicaciones no   solían trascender el terreno local y el corto plazo. La descentralización nació   entonces en Montevideo más como una movimiento desde   el centro y desde la política que desde la periferia y lo social, aunque sus   propuestas apuntaran al fortalecimiento de la tan mentada “sociedad civil”.   Esta fue una debilidad sobre la que hubo distintos   grados de conciencia entre sus impulsores.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pero ello no impidió que hubiera, especialmente al comienzo, un fuerte   deseo de participación en muchísima gente. Un deseo que en muchos casos   encontró en la descentralización un canal adecuado y efectivo. Y en otros la   sintió como un freno burocratizador, mediatizado por   ritmos políticos y negociaciones que escapaban a su control y que obligaban a   veces a esperar demasiado y otras a apurar procesos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En 1990 se instalan los Centros Comunales Zonales. Se trata inicialmente de   pequeñas oficinas que permiten realizar ciertos trámites, cuentan con una   cuadrilla de obreros para pequeñas tareas de mantenimiento urbano, uno o dos   trabajadores sociales y un coordinador de confianza política del intendente.   Tras largas discusiones en la Junta Departamental (especie de parlamento   provincial) entre 1992 y 1993 se aprueba el “trípode” institucional ya   mencionado y en 1993 se realizan las primeras elecciones de Concejos Vecinales,   organismos de integración social y carácter consultivo. La forma de elección y   funcionamiento de estos organismos fueron previamente motivo de un interesante   y riquísimo debate zona por zona, que concluyó en “Montevideo en Foro”, en   agosto de 1992, con la participación de más de 500 grupos y organizaciones   sociales y vecinales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Fue precisamente en 1992   que se puso en funcionamiento por primera vez un convenio entre la Universidad   de la República y la Intendencia Municipal de Montevideo, para la   participación, en régimen de pasantías remuneradas, de un primer grupo de   estudiantes avanzados de Ciencias de la Comunicación en los Centros Comunales   Zonales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Construyendo roles,   descentralizando la comunicación</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El acuerdo inicial se realizó con el Servicio de Prensa, Difusión y   Comunicaciones del gobierno municipal, pero posteriormente fue asumido por el   nuevo Departamento de Descentralización, del cual dependen los Centros   Comunales Zonales. Este cambio no fue casual: tras la primera experiencia el   interés por el convenio era mayor entre quienes estaban directamente involucrados   en el proceso de descentralización que entre los encargados de la “comunicación   municipal.” Tal vez porque entre estos últimos las preocupaciones centrales   eran otras: la relación con la prensa, la imagen del gobierno municipal en los   medios... La comunicación local aparecía como un tema menor o alejado de lo   “central” (descentralizado, precisamente...), como algo difícil de entender y   abordar desde la experiencia y la formación de los profesionales de la   comunicación.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pero esto no significa que las cosas fueran sencillas con “los   descentralizados”. La comprensión y clarificación de roles y potencialidades   fue un proceso lento. El coordinador de uno de los centros comunales decía al   cabo del primer año de experiencia conjunta: ”Recién   ahora entiendo para qué puede servir la comunicación y los comunicadores en   nuestro trabajo”.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Como era previsible las expectativas y demandas iniciales fueron, explícita   o implícitamente, los medios y los mensajes. Desde esta perspectiva los   comunicadores estaban allí para producir medios que permitieran una mayor   difusión a nivel local de las actividades e iniciativas del centro comunal y   del gobierno municipal. En segundo lugar se planteó un rol de apoyo a las   organizaciones vecinales, produciendo medios para ellas y de acuerdo a sus   pedidos, habitualmente vinculados a convocatorias y campañas. Mucho más lenta   fue la visualización de otros roles de la comunicación&nbsp;   y los comunicadores vinculados a los procesos y las identidades, la   educación&nbsp;y&nbsp;la autoexpresión.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La visión de los comunicadores como productores de medios y mensajes de los   centros comunales llevaba implícita generalmente una concepción instrumental y   unidireccional de la comunicación. Por un lado la reducción de la comunicación   a los medios, la reducción a lo “técnico” (el comunicador como el vehiculizador de mensajes de otros) y la estrechez en la   gama de opciones de medios, casi exclusivamente gráficos. Por otro lado la   reducción de la comunicación a la información y la propaganda y una   preocupación centrada en los flujos desde los centros comunales hacia los   vecinos y eventualmente hacia el aparato central&nbsp;municipal.&nbsp;La comunicación   desde los vecinos hacia los centros y la comunicación entre los vecinos figuraban   en un segundo plano, muchas veces ausente o abstracto. Al desarrollarse el rol   de apoyo a las organizaciones vecinales se perfilaron con más nitidez otros   flujos comunicacionales: entre vecinos “organizados” y “no organizados”, entre   grupos y organizaciones diversas, entre los distintos barrios de una misma   zona.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Frente a estas   expectativas y demandas nos planteamos una estrategia que partía de asumirlas   críticamente, pero no rechazarlas. Para ello se planteó un trabajo en base a   proyectos acordados por cada equipo de estudiantes con los interlocutores   locales (Centro Comunal y eventualmente organizaciones vecinales) y un docente   de la Universidad . El proceso de elaboración de estos   proyectos implicaba un trabajo previo de diagnóstico (o al menos prediagnóstico) comunicacional de cada zona y la   delimitación de algunos problemas o necesidades comunicacionales a abordar durante la pasantía. Los primeros proyectos   mostraron una diversidad en parte atribuible a las diferencias   comunicacionales, culturales, sociales de cada zona, desde las anónimas zonas   centrales a los barrios con fuertes lazos de convivencia, desde los   asentamientos nuevos y precarios a los barrios con tradición obrera.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pero la diversidad de proyectos obedeció también a las diferencias&nbsp;   de concepciones, formaciones, expectativas y situaciones particulares de los   actores concretos&nbsp;directamente involucrados en   cada caso: los propios estudiantes, los funcionarios municipales, los vecinos   “organizados”. En algunos proyectos   ocupó un lugar central lo institucional: sistemas de información interna,   talleres sobre la comunicación en los equipos de trabajo, folletería y   carteleras, etc. En otros hubo un mayor énfasis en las organizaciones sociales   y los vecinos: talleres de formación vecinales,&nbsp;videos&nbsp;&nbsp;de reconstrucción de   historias locales, festivales de teatro y carnaval. Varios implicaban a ambos   actores: periódicos zonales&nbsp;cogestionados, campañas&nbsp;   ambientales, “centros comunales   móviles” que combinaban servicios puntuales con instancias de diálogo. Algunos   buscaron aumentar la presencia de lo local en los medios de cobertura nacional;   otros dejaron de lado este aspecto.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">También fueron apareciendo puntos comunes entre los proyectos a raíz de   dinámicas globales de toda la ciudad e impulsadas desde el nivel central. El   debate en torno a los futuros Concejos Vecinales y la posterior elección de los   mismos o la dinámica de consultas ciudadanas para la elaboración del   presupuesto municipal requirieron múltiples apoyos comunicacionales: convocatorias a instancias de discusión, apoyos   metodológicos para su funcionamiento, síntesis y difusión de conclusiones,   difusión de las elecciones y su sentido, etc. A menudo se produjeron conflictos   y disputas por prioridades entre las dinámicas globales y las locales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Hubo quienes cumplieron estrictamente sus proyectos...a veces con excesiva   rigidez, desatendiendo necesidades y problemas nuevos. Otros dejaron sus   proyectos casi totalmente de lado... a veces sin un rumbo claro y respondiendo   exclusivamente a las demandas que cada día llegaran. En la mayor parte de los   casos los proyectos fueron encarados con flexibilidad, tomándolos como una   referencia y un punto de partida. Aunque en teoría se hablara de una   planificación participativa, esta se daba sólo en alguno de sus componentes: la   realización de una actividad, medio, etc. En cuanto al proyecto global por   centro más bien podría hablarse de una planificación consultiva y negociada.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">El componente participativo fue además motivo de discusiones y aprendizajes   de los estudiantes, cuestionándose y desmitificando algunas de sus concepciones   iniciales. Imbuidos de “participacionismo” varios de   ellos partían de la idea de que “la gente” debía hacer todo, que nada era   válido “si después que nos vamos no queda un grupo formado que pueda   continuar”, etc. El primer choque se produjo cuando “la gente” precisamente les   pedía que hicieran cosas “para ellos”... porque “ustedes que estudiaron saben   más de esto”... y porque tenían más tiempo y estaban cobrando por su trabajo.   Se fue gestando entonces una elaboración del rol profesional que, sin negar el   valor de la participación, comprendiera también la utilidad, necesidad y valor   de su propia especificidad. Facilitar los procesos y flujos comunicacionales y   contribuir a darles un carácter más dialógico justificaba y requería   precisamente de una fuerte presencia profesional. Un rol que no excluía además   la realización de tareas “técnicas”, de ejecución, aunque no pudiera reducirse   a ellas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pero la especificidad profesional implicaba también otras discusiones. Los   primeros grupos pertenecían exclusivamente a una de las orientaciones   profesionales de los estudios de grado, la de Comunicación Educativa. Esta   orientación incluía de hecho muchos ingredientes de comunicación comunitaria y   comunicación para el desarrollo y estaba muy vinculada a las corrientes de   educación y comunicación popular. Posteriormente las pasantías se abrieron   también a estudiantes de las otras tres orientaciones: periodismo, publicidad y   comunicación artística y recreativa. Esta apertura fue cuestionada por los   primeros, entendiendo que el tipo de trabajo era de su área y competencia   específica. Sin embargo también reconocían que en la práctica habían tenido que   desarrollar habilidades vinculadas a las otras orientaciones, haciendo un poco   de todo. Lo específico parecía residir más en la concepción general que en las   tareas concretas. Por esta razón parecía necesario un trabajo previo con los   estudiantes, donde pudieran discutir esta concepción y comprender las   características del proceso de descentralización, además de elaborar su propio   proyecto, tomar contacto con su futuro lugar de trabajo y con los pasantes   anteriores y sus informes. Hubo también aprendizajes en cuanto a la integración   del comunicador (educativo, comunitario... o comunicador a secas) en un equipo   más amplio. En este sentido resultó particularmente fructífera la asociación   que varios hicieron con otros pasantes universitarios también presentes, los de   trabajo social.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Del barrio a la ciudad: reconstruyendo identidades</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Entre los múltiples   problemas que abordaron los pasantes uno pero muy potentes. Acordar prioridades&nbsp;presupuestales para toda una zona   o aceptar el establecimiento de vecinos más pobres en el barrio puede llegar a   ser muy difícil en este contexto. La creación de espacios y medios de   comunicación zonales buscaba entonces, entre otras cosas, facilitar el   reconocimiento de estas diferencias y empezar a construir proyectos comunes e   identidades más amplias. Algo también necesario para volver a sentir la ciudad   como una casa de todos y hacer de la descentralización un proceso de   relocalización del poder y toma de la palabra. particularmente interesante fue el de las identidades barriales y zonales. El proceso de   descentralización implicó la constitución de nuevas entidades políticas y   sociales a partir de espacios geográficos delimitados de un modo relativamente   artificial. Pero nuevas identidades no implica automáticamente nuevas   identidades. Varias dimensiones entraban aquí en juego.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En primer lugar la falta o pérdida de identidad de muchos de los barrios   montevideanos. Como en otras ciudades los procesos migratorios, los   desplazamientos interurbarnos y los cambios en la vida   cotidiana han hecho que el vecindario deje de ser en muchos casos una   referencia clara en la vida de la gente. El vecino es un desconocido y el   propio barrio puede llegar a no tener un nombre o ser nombrado de diversas   maneras. En más de un caso la identificación es incluso negativa: se está de   paso o se cree estarlo, esperando que lleguen tiempos mejores para poder irse a   otro sitio. En estas condiciones el tejido organizativo suele ser débil, porque   ¿para qué organizarse en torno a algo inexistente o rechazado? La construcción   o reconstrucción de símbolos, nombres, historias, personajes o espacios   vecinales fue entonces una área de trabajo importante   para la comunicación local, que incluyó desde exposiciones de viejas   fotografías a la revitalización de espacios recreativos y eventos festivos o la   recuperación de historias orales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Por otro lado cada una   de las 18 zonas de la ciudad abarcaba un conjunto de barrios que podían tener   fuertes diferencias sociales, culturales y comunicacionales. Aristócratas y   marginados separados apenas por una avenida, pero incluso zonas a primera vista   homogéneas donde se plantean diferenciaciones invisibles</font></p>      ]]></body>
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