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<publisher-name><![CDATA[Carrera de Ciencias de la Comunicación Social - Universidada Católica Boliviana San Pablo Cochabamba]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[FORMAS DE MEDIATIZACION Y LOS FILTROS PARA EL DESCUBRIMIENTO DEL OTRO: LA VIABILIDAD DE LAmPARTICIPACIÓN EN LOSmPROCESOS COMUNICATIVOS]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>FORMAS DE MEDIATIZACION Y LOS FILTROS PARA EL DESCUBRIMIENTO DEL OTRO:</b></font></p>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>LA  VIABILIDAD DE LAmPARTICIPACIÓN EN LOSmPROCESOS COMUNICATIVOS</b></font></p>     <p align="center"><b><font size="3" face="Verdana">José Luis Aguirre Avilés </font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Universidad Católica Boliviana Regional La Paz</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">E-mail: secrad@mail.ucb.edu.bo</font></b><font size="2" face="Verdana"></p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr>     <p><font size="2" face="Verdana">La   participación de la gente, del pueblo o de la base   social históri­camente ha sido, y es, un principio fundamental de la sociedad   democrática. En este sentido, entenderíamos      participación como una condición inherente a un sistema de convivencia basado en los   principios de igualdad y jus­ticia. Pero cuando un   Estado falla en alcanzar las complejas y siempre crecientes necesidades de la   sociedad y es la gente la que pone en marcha sus propias iniciativas, conceptos   como participación y comuni­cación participativa cobran sentido desde la acción   misma. Es precisa­mente cuando la necesidad de tomar decisiones y acciones   colectivas donde se plantea en una suerte de paradoja el encuentro entre la   prácti­cas auténticamente democratizadoras con aquéllas que únicamente se   quedan en la superficialidad instrumental y el juego retórico.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El   sentido de este trabajo es precisamente el de lanzar   un conjunto de reflexiones y críticas acerca de la posibilidad real de activar   y comprom­eterse en procesos que alientan una verdadera práctica comunicacional   humana y entre sus instrumentos para hacer posible el ejercicio de estrategias   participativas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">EL   ABORDAJE DE LOS PROCESOS DESDE LAS FORMAS Y LOS INSTRUMENTOS: EL RECURSO DE LA   RETORICA DEL COMPRO­MISO</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Ya el   comunicador argentino Daniel Prieto anteriormente nos advirtió que los sectores   populares y la cultura son permanentemente objetos de acechanza, tanto por las   carencias materiales que parecen intrínsecas a éstos como   por la intervención interminente de los académicos y teóricos que encuentran en   ellos el campo fértil para sus observaciones y méri­tos. Si bien las carencias   materiales tienen su forma particular de degradar a los seres humanos, la   acechanza resultante de la presencia de los observadores externos hace que los   sectores populares oscilen desde la presencia auténticamente transformadora,   bajo impulsos con­scientes y orgánicos que les dan su real protagonismo, hasta   las experi­encias eminentemente retóricas e instrumentistas donde los agentes   externos, en una serie de psicodramas, se llenan la boca de palabras   altisonantes que ganan inmediatos adeptos pero que, en síntesis, sólo se quedan   en el campo del teoricismo o la verborragia. Este tipo de psi­codramas   verbales, a decir de Prieto, no hace más que reproducir la domesticación,   aunque opere con la máscara de salvadores o reden­cionistas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Este   segundo sentido, el de una participación vista como herramienta y carente de   una imbricación en los procesos, nos devuelve al esce­nario privilegiado de la   retórica porque aquí la práctica social, sea de los comunicadores o de otros   especialistas sociales, se reduce única­mente a la palabra y con la palabra,   como todos sabemos, se pude ser radicalmente comprometido (   vg. la retórica académica )sin que para ello se haya tenido siquiera que   tocar la realidad. Bajo este tipo de ejer­cicio,   convertido casi en rutina, uno puede recorrer las calles sin empolvarse los   calzados, o sentarse en la mesa de los pobres, pero sin necesidad de haber   cruzado siquiera el umbral de su puerta y curiosa­mente quedando con la   sensación del trabajo hecho. Nuestro contacto con los “imaginados”, como   denomina José Ignacio Rey, bajo este tipo de perspectiva se da en la teoría   donde se asume la existencia del otro, pero inevitablemente, éste siempre es   irreal por las condiciones de la meditación a la que hemos sometido.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Éste es   el sentido del presente documento: el repensar,   revisar, redi­mensionar y revitalizar las prácticas populares y, por lo tanto,   participa­torias de los comunicadores sociales que, quiérase o no, consciente o   inconscientemente, pueden eligir lo popular como su espectro de ejerci­cio   teórico o práctico.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">LA   MEDITACION MENTAL Y PRACTICA EN EL CONTACTO CON EL OTRO, EL JUEGO DE MASCARAS Y   LA NEGACION DE LA COMUNI­CACION Y LA PARTICIPACION.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las   debilidades a las que estamos expuestos para cumplir nuestro auténtico   compromiso de trabajo con los sectores populares son muchas y entre ellas se encuentra aquélla que es marcada por la meditación   de las máscaras con las que nos acercamos al contacto con otro juego.   Identificamos de forma preliminar cinco formas del juego   de las máscaras que deben hacernos reflexionar acer­ca de nuestra práctica   tanto par­ticipativa como comunicacional.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">1. La   primera debilidad está marca­da por el vicio del   encasillamiento en el escenario de la formación académica. Esta primera forma   de debilidad asociada directamente a la anunciada retórica académica nos   permite ubicar, caracterizar, indicar instrumentos y formas de intervención   desde el espacio como el aula o desde la frialdad de la teoría de libros y   manuales. Aquí el contacto con la realidad está mediatizado   intencionalmente por el documento, la referencia secun­daria y casi nunca por   la presencia directa en los escenarios que se dice transformar. La real   eficacia de este tipo de práctica no deja de ser   gratificante para su actor, pero es completamente inútil y descono­cida para   los verdaderos actores de los sectores populares.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Además,   una faceta particular de la lectura de la realidad a partir de la teoría es   nuestra tendencia de juzgar al otro como objeto de la intervención mientras que   el suje­to actor siempre somos nosotros. Kenneth Pike nos hace clara ref­erencia a este tipo de mediati­zación mental a la   que referimos en los términos de las posturas mentales del observador califi­cadas   por el ETIC y de llamada EMI.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La   primera presenta la descripción desde el punto de vista externo, aquí el   sentido que se da a las cosas con que uno toma contacto están determinadas por   la cate­gorías teóricas y predisposiciones mentales del   actor que viene de afuera. Por el contrario, la postura EMIC   supone presentar y asumir la perspectiva interna de la per­sonas que ya están   integradas dentro de determinada cultura. Este último   concepto se refiere asimismo a la posibilidad de que las interpretaciones o   lecturas de la realidad consideren las cate­gorías que son válidas dentro de   esa cultura y el tipo de contacto que se establece sea más de orden   intracultural que intercultur­al. Pensemos entonces,   si la mediatización con la realidad social con la que queremos com­prometernos   o trabajar se da por la teoría, ahora es nuestra propia actitud mental la que   nos pre­dispone a mantenernos casi siem­pre en una postura externa por tanto   ausente y de distancia. Este tipo de relacionamiento   es resulta­do de nuestra formación eminen­temente positivista y por tanto   conservadora.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">2. Una   segunda debilidad la identificamos con la casi actitud caritativa que todos traemos,   de una u otra manera, desde nuestros diversos espa­cios   de educación. La escuela, por ejemplo,   nos ha enseñado a ver lo otro y al otro, como el escenario   de la transfor&#8209; mación y sólo por la automática relación que asume que   todo lo que no conocemos o lo que nos parece diferente debemos moldearlo a   nuestra medida. No son extrañas las experiencias que queriendo ser   participativas o democratizadoras terminen en la inevitable llamada de atención   al otro, en brindar el consejo obligato­rio y administrativo para la adop­ción   de ésta o la otra práctica o conducta. Aquí, es el sujeto popu­lar quien debe   ser dirigido a cumplir con lo que alguien decide para él lo que es bueno.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Lo más   sensible de este tipo de prácticas quizás sea su   manera de operar y, por tanto, la hace pasar casi de inadvertida a los ojos de   los acechados. Aquí, uno se presenta con la máscara del   rein­vindicador, cuando, en el fondo, lo único que pretende es establecer una   relación paternal y asistencialista. Lo que prevalece en este   tipo de con­tacto mediatizado con el otro es el juego de máscaras verbales o no   ver­bales, capaces de acercarnos al otro y a la vez alejarnos tanto de él, que   nos hace sentir seguros para no poner en riesgo de intercambio nuestros valores   o bienes. Aquí, el discurso de la igualdad de oportunidades es sólo válido para   nuestro lado, a fín de no poner en riesgo nuestra propia seguridad emocional .</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">3. Una   tercera debilidad para el contacto mediatizado con el otro es aquélla que si   bien parte de nuestras habilidades de preparación int­electual que nos permite   estar en condiciones de ver, reconocer al otro, saber sus miserias y   necesidades, pero, sin embargo, nos empuja vol­untariamente a tomar la otra   acera. Esto quiere decir que muchas veces podemos alcanzar comprensión de las   dinámicas que hacen la base de la desigualdad de bienes y oportunidades de la   sociedad, pero ante esta lectura somos cínicos porque podemos decir “yo no   tengo nada que ver con esto”, “si realmente los sectores populares y la cultura   pop­ular tienen sus propias fuerzas que están operando en favor de sí mismas   para alcanzar su cambio”. Juicios como éstos nos hacen   esperar la inevitable fuerza de la historia para que los sectores necesitados   cambien su condición infrahumana son tam­bién la génesis de las políticas   segrega­cionistas, donde culturas populares o de pueblos indígenas son   reservadas a un sitio de exposición, de museo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Esta   última actitud mediatizadora también hace referencia a aquel tipo de prácticas   que, impulsadas a veces desde el aula uni­versitaria, lanzan a los jóvenes a   recorrer las calles pero que, en el fondo, lo que   hacen es simplemente dejarles como experiencia social lo que se les ha venido a   llamar “turismo de la pobreza”. Algunos docentes prefieren que el contac­to   social sea adquirido visitando los lugares propios de la cultura popular como   en una especie de ejercicio de “con­cientización por ósmosis” pero que en el   fondo no es más que un uso de la miseria y de la pobreza ajena para ganar algún   tipo de reconocimiento académico y posibilitar el descargo conciencial ante   nues­tra incapacidad de acción realmente comprometida.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">4. Una   cuarta debilidad que enfrentamos los comunicadores, en nuestra búsqueda por el   contacto mediatizado con lo popular, se remite al uso   estético y mercantil de la pobreza o de las condiciones infrahumanas del otro.   Este tipo de comunicación se da cuando nosotros, los investi­gadores, armados   con algún tipo de tecnología mediatizadora, tomamos contacto con lo popular,   nos mezclamos, y decimos que somos participativos, pero esta incorporación nos   permite sólo retratar la pobreza. Así, el otro es visto y valorado como experiencia estética y nuestra intención tiene un fin   mercantil cuando la imagen u objeto adquirido por ellos cobra para nosotros un   valor utilitario. Preguntémonos acerca de nuestra propia experiencia personal,   a cuán­tos no nos agrada tomar foto de aquel niño, mujer o anciano que se encuentra   en tal grado de miseria que es imposible perdernos su   imagen para guardarla como nuestra más valiosa foto artística, para un artículo   sensacionalista o panfleto o para solicitar apoyo académico para una supuesta   actividad caritativa.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La misma   situación se experimenta cuando nuestro contacto se ve impulsado por el   deslumbramiento de colores, de vestidos, de bienes producidos. Aquí, lo que   menos importa es el sujeto creador de los tejidos y de colores, tampoco el que   viste ropas llamativas usadas en oportunidades de fiesta, o ver las manos del alfarero o artista; sino, interesa el valor comercial y   de uso asociado de lo que nos parece atractivo. Se sustituye   el ser por la cosa, se troca arte por artesanía y miseria y necesidad por la   estética, para ser comercializada en fotos de postal. En síntesis,   nuevamente por nuestro tipo de mediatización, lo que menos importa es el   contacto con el otro.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">5. Una   quinta, y por el momento, la última debilidad asociada por este   recuerdo de for­mas de contacto mediatiza­do con lo popular, a instan­cias de   nuestra formación como comunicadores par­ticipativos, es aquélla que parte de   la realidad que hacemos desde los mismos medios.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En el   punto anterior, habíamos visto que lo popu­lar puede ser convertido en objeto   estético y de mercancía, pero esta vez y yendo más al tra­bajo de producción de   los men­sajes, nos referimos al plano de los   contenidos que salen difundidos a través de los medios masivos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No nos puede resultar desconocido a los productores de mensajes   el trabajo de distorsión de la realidad que hacemos al componer nuestros   mensajes. Si pensamos, por ejemplo, sobre el tipo de retrato   que damos de cierta relación vinculada a los sectores populares y, por tanto, a   los individuos que viven en condiciones de pobreza. Desde   el artículo de prensa veamos cuáles son las cualidades y atributos que   transmitimos de estos sujetos. Cuando la cámara de nuestro programa se   acerca a visitar un barrio pop­ular es porque allí se dieron casos con una   curación mágica e inexplicable, una situación abominable de violencia o una   diabólica invocación de dei­dades siniestras. Lo popular se convierte en   aquello que no tiene expli­cación lógica, va en contra   los princios del conocimiento científico y entonces no se comunica saber ni   conocimiento tradicional sino magia, brujería, superstición y, por tanto,   fatalismo. Bajo este tipo de ejercicio de contacto no   hacemos más que re- producir la imagen de inferioridad que nosotros construimos   del otro y que, siendo amplificada por el medio masivo, crea la identidad   errónea de lo popular.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Hemos listado hasta aquí cinco tipos de debilidades o prácticas   mediatizadas que en el fondo nie­gan toda oportunidad de contacto participativo   y de ejercicio de auténtica comunicación humana. Ahora detengámos a observar una dimensión   también muy impor­tante que es referida a la práctica investigativa sobre los   sectores populares y junto a ellas, y el estudio de nuestras propias prácticas   populares que esperan ser reconocidas como participativas. Éste   habrá de ser objeto de nuestra reflexión para lo que continúa.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">LA   MEDIATIZACION DE LO PARTICIPATI­VO Y LO POPULAR DESDE LA PRACTI­CA DE LA   INVESTIGACIÓN EN ESCENARIOS DE MARGINACIÓN Y POBREZA</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Cuando   el intelectual, sea comunicador o agente de desarrollo, se enfrenta a la   necesidad de tomar contacto físico y real con el escenario donde se encuentran   sus supuestos beneficiarios de proyec­tos, públicos marginales meta, sec­tores   de movilización o base social, inevitablemente debe considerar y tomar   decisiones acerca del cómo proceder para realizar este contacto. Como ya vimos anteriormente, tratar las dimensiones ETIC y EMIC, la   poca preparación puede no sólo diri­gir a lecturas falsas de la realidad, sino   sobre todo ocasionar sobre sec­tores sociales concretos, impactos nocivos de   los cuales normalmente el agente externo ya no toma mayor consideración.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Éstas son algunas formas de media­tización que pueden estar ocasionando   nuevamente la lectura errónea de la realidad, esta vez desde el campo de la   investigación de campo de lo popular.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">La   experiencia nos enseña, y según ratifica Robert Chambers, existen prejuicios   desde el lado de la actitud y proceder de los técni­cos, promotores de   desarrollo y agentes extensionistas que actúan como filtros para no mostrar la   pobreza por más que se encuentran en contacto con ella. Es así que   identificamos seis formas clásicas de estos pre­juicios que mediatizan nueva­mente   nuestro contacto con la realidad.</font></p> <ol start=1 type=1>       <li>         <p><font size="2" face="Verdana">El prejuicio de orden espacial o       geográfico. Este prejuicio se refiere al que el aprendizaje que tomamos       por ejemplo de la reali­dad marginal o rural, la mayoría de las veces está mediatizada por vehículos, carreteras, caminos y vías de acceso.</font></p>   </li>     </ol>     <p><font size="2" face="Verdana">Pensemos   un momento de cómo opera la de los proyectos de   desarrollo interesados en pro­mover, por ejemplo, el desarrollo rural en   nuestro medio. Las alter­nativas que se toman para visitar cierto punto de la   región geográfi­ca donde se requiere impactar con el programa, toman en con­sideración   factores concretos como averiguar si existen condi­ciones fáciles de acceso, si   están disponibles facilidades de alojamiento, disponibilidad de fuentes de abastecimiento de combustibles,   si existen condi­ciones de comodidad para el des­canso, aseo o alimentación.   Entonces, bajo este tipo de evalu­ación, el contacto real con los actores   rurales que se busca es casi imposible, son las propias urgencias del agente   externo que nos determinan visitas cortas, intervenciones rápidas, observa­ciones   y recojo de datos que no consideran el tiempo de lo local sino que retratan la   realidad al ritmo urbano que ha sido trasladado a lo rural. Pensemos sobre el   producto de esta intervención, por un lado, en sujetos que viven junto a los   caminos que son, la mayor de la veces, atendidos por algún tipo de servicios o   facilidades puestas a difer­encia de aquellos que, alejados de los caminos,   experimentan condi­ciones realmente críticas. El trabajo de   ellos no necesariamente refleja las condiciones de una región generalmente   comunicada apenas por sendas y caminos de herradura. ¿No será que   preferimos en nuestras visitas de campo ir a lugares de fácil acceso   precisamente porque en el fondo estamos urgidos de salir pronto del lugar.?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">2. El   prejuicio de la búsqueda de personas. Este tipo de prejuicio se articula cuando   los promotores del desarrollo necesitan tener áreas   preferidas de intervención porque allí ya existe un proyecto exitoso, además   éste garantiza facilidades asociadas a su éxito, y, por otro lado, atraen la   atención de cooperadores internacionales. Los mismos gobier­nos   hacen que la atención de sus proyectos se concentre en cierto punto y hacen de   los casos modelos armados mayormente para la exhibición y justificación de su   eficacia, para sus réditos políticos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">3. El   prejuicio del contacto con las personas. Este tipo de   prejuicio ocurre cuando aquéllos que quieren tener contacto con lo rural o mar­ginal   utilizan como fuente de su contacto sujetos que   consideran más adecuados a sus fines, dejando de lado a los verdaderamente   pobres.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Existe   entonces una forma de segregación de los sujetos cuando bus­camos informantes   claves, aquellos que ya tienen alguna escolaridad, aquellos que ya han experimentado algún tipo de tecnología agropecuar­ia   porque cuentan con excedentes para hacerlo. También nos interesa acercarnos a   los líderes locales, que ya tienen un discurso   elaborado, dejando así de tener contacto con los campesinos realmente rasos.   Este prejuicio opera porque en nuestra mente hemos alimentado la idea de que el   pobre, el marginal en sí, es alguien poco articulado, desconfiado,   desorganizado y por lo tanto de este tipo de sujetos   es mejor elegir a los que, de una u otra forma, se parecen más a nosotros. Ni   qué decir de nuestras elecciones de personas a partir del contacto sólo con un   tipo de género, los hombres para los agentes externos son los mejores infor­mantes   y, por otro lado, los que muestran ciertas condiciones de presen­cia en el   lugar que arribamos, son aquellos que son más fáciles de abor­dar que los que   no vienen a las reuniones, no asisten a nuestras convo­catorias pero de los que   no queremos averiguar por qué están ausentes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">4. El   perjuicio de las estaciones y épocas. Este tipo de perjuicio   se da cuando los agentes externos deciden su itinerario de visitas a los sec­tores   rurales y marginales en función de cómo está el clima o de acuer­do a la   estación que ellos consideran como la más óptima.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pero, pensemos, qué ocurre cuando hay regiones que permanente­mente   están expuestas tanto a condiciones de frecuente lluvia e intensos fríos   propios de la zona. ¿Estarán éstos como prioridad en la lista de vis­itas de los agentes de   desarrollo?. E incluso ¿es que acaso estos suje­tos   dejan de existir cuando son sometidos a las condiciones duras de la geografía   donde viven para que sólo visitemos cuando el camino está seco?. Por otro lado, ¿no será que nuestro contacto también está   cifra­do bajo decisiones de los visitantes que deciden en qué estación del año es más oportuno el ingreso a un lugar porque las   ventajas que se pueden sacar para sí son mayores? ( v.g.   época de cosecha , fiesta, etc.).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">5.   Prejuicio de orden diplomático. Este tipo de prejuicio opera cuando los agentes   externos en visita de campo prefieren acercarse a per­sonas que aparecen más   “normales”, que a aquellos que ya por sí juz­gan tan   miserables, que es mejor no molestarles, más sea con nuestras preguntas o con   nuestra presencia. Intencionalmente se decide en fun­ción de aquel sentimiento   de mejor no obtener al otro.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">6.   Finalmente, a esta lista de prejuicios en cuanto a   nuestras formas de actitudes de intervención en el contacto con el otro se   refiere, a los pre­juicios de orden profesional o de formación. Este prejuicio,   ya ade­lantado de alguna forma, se da cuando los agentes externos en visita de   campo prefieren trabajar a nivel local con aquellos que aparecen más   progresivos; Es más, aquellos que ya tengan formación más o menos profesional y   que garanticen el desarrollo de sus fines que delegarán a nivel local. ¿No será   que con este tipo de elección continuamos quedan­do sin ver lo que buscábamos y   simplemente nos dejamos alentar por nuestras propias dinámicas, agendas y   rutinas propias de agentes exter­nos?.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Hasta   aquí, nuevamente hemos tratado de lanzar observaciones drásti­cas al tipo de   práctica profesional que nosotros los comunicadores, los agentes del desarrollo   y otros, ponemos en marcha a veces hablando de conceptos que son comunicación   horizontal directa y, mejor aún, estrategias y formas participativas.   Preguntémonos hasta aquí, al final ¿quién es el que decide?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">LA   LEDITIMIDAD DE LAS ESTRATEGIAS PARTICIPATIVAS: LA NECESIDAD DE VIGENCIA DE   ESTAS FORMAS PERO BAJO UN NUEVO IMPULSO</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las   estrategias de intervención calificadas como   participativas poseen ya una respetable tradición en el escenario de la   movilización social latinoamericana. Si bien parece que después de, por lo   menos dos décadas de experiencias, existe cierto consenso en su objetivo final,   el involucramiento activo y transformador de los actores de procesos pasando de   una condición clásica de destinatarios de planes y servi­cios a estados de   decisión y acción autónoma parece evidente que las necesidades donde se   pretende aplicar estas estrategias, los destinos sociopolíticos que dan sentido   a su uso, la diversidad y formas de aprovechamiento de sus instrumentos, la   variedad de actores que aspi­ran adoptarlas, como el jucio de la conveniencia   de cuándo alentar y cuándo no alentar procesos participativos, son campos de   interro­gantes que todavía no han sido resueltos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Lo que   es innegable, sin embargo, es que las estrategias participativas y el concepto   mismo de participación mantienen su vitalidad demostrando que los mismos no han podido ser reducidos a aquellos procesos sociales   concretos que en un momento les dieron mayor vigencia. Esto es tan así que hoy   la participación cobra sentidos inclu­so tan diversos que este   término, condición o cualidad, es parte tanto de la agenda política de los   gobiernos como de las demandas instru­mentales de proyectos de desarrollo que   esperan ser financiados por agentes externos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Incluso,   la participación como concepto hoy entra a ser   cualidad deseable de las dinámica propias del discurso de mercado. Hoy podemos   hablar incluso de mercados solidarios o mercados participativos para referirnos   a uno de los rostros de la liberalización económica. Estas nuevas acep­ciones   naturalmente distan mucho de la matriz dinamizadora y transfor</font><font size="2" face="Verdana">madora   de un proceso participativo y casi nada tienen que ver con su condición básica:   la comunicación. Vale la pena adelantar provisional­mente   hasta aquí que partici­pación es imposible sin comuni­cación, aunque esto no   vaya a engañarnos a pesar de que automáticamente toda comuni­cación implique   una genuina partic­ipación en el sentido democrático. Por encima de la   polisemia del concepto participación, que para muchos,   sobre todo en el esce­nario de las prácticas comunica­cionales, parece haber   perdido su necesidad y sentido, parece urgente hoy desempolvar y revi­talizar   la esencia básica de lo que supone un proceso participativo. Recalco, no un acto participativo, sino un proceso participativo. Este   último implica un encuentro mutuo en condiciones de   igual­dad y que, guiado por el sentido del descubrimiento del otro, per­mite   como meta final una distribu­ción de poder que beneficie a un crecimiento   también en los dos sentidos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Participación asociada al concep­to de comunicación, por otro lado, en   sí, encierra cierta forma de redundancia o coexistencia. Podemos decir que ambos son   elementos de un mismo proceso y que tienen sentido   gracias al diálogo o puente de todo encuentro.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Siguiendo   a George Gusdrof, que indica que la comunicación tiene eminentemente una virtud   creadora ya que permite la rev­elación de uno en la reciprocidad con el otro,   podemos decir que, gracias al paso creador de la par­ticipación (el poder   decir), uno nace por la existencia del otro. Así, comunicación y participación   son partes de un mismo proceso que es el de afirmar   nuestra propia existencia gracias a la intervención solidaria del otro. Nadie   puede existir fuera de la comunicación, como nadie   puede ser sin posibilitar la participación del otro. Se es en función del reconocimiento mutuo y gracias a la comunicación y al   ejercicio de la participación por la palabra, se ofrece la posibilidad de la   exis­tencia compartida.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La   necesidad de comunicación corresponde directamente a la necesidad de   participación y la búsqueda de sus formas de poten­ciamiento coinci­den   directamente con el crecimiento de las formas d </font><font size="2" face="Verdana">e democratización de la sociedad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Todo lo dicho sería absoluta­mente deseable, y por tanto ingen­uamente   alcanz­able, si es que no todo tipo de comunicación implica una gen­uina   participación y, además, que no toda forma de participación implica de hecho   una forma de distribución de poder.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Aquí   surge la necesidad, desde el campo de la investigación de la comunicación, de   plantearnos un conjunto de interrogantes acerca de la práctica de acciones que   denominamos participativas y, así, también retarnos a con­struir instrumentos   capaces de hacernos tanto observar como sistematizar este tipo de prácti­cas de   movilización colectiva.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La lista   de preguntas pueden comprender dudas como:</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La   comunicación participativa</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">¿será sólo intrínseca para formas de comunicación interpersonal (indi­vidual   o grupal) o también es posible en espacios impersonales o de medios y formatos   masivos?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">¿Cuáles son los límites para la participación en los procesos y estrate­gias   de comunicación horizontal que se pretende implementar? ¿La   participación está pensada o debe, por principio, beneficiar a todos sus   niveles de actores por igual?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">¿Cuándo las estrategias participativas en procesos de comunicación   horizontal son más deseables en ciertos momentos que en otros? ¿El grado de   involucramiento de los diversos actores varía, disminuye o desaparece de   acuerdo al avance de los procesos? ¿Quiénes son estos   actores y por qué se involucran?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La   agenda de la participación ¿es o debe ser necesariamente homogénea entre los   diversos actores que se implican en un proceso?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">¿Cuáles   son las reales posibilidades de cooptación o desnaturalización del proceso participativo en contradicción a los objetivos   naturales de los actores de base?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">¿La   participación en proyectos de comunicación horizontal debe involu­crar a los   actores de base en niveles como el origen,   organización, planifi­cación, producción y sostenimiento o es deseable su   involucramiento sólo en ciertos niveles? y si fuera así   ¿por qué?</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">¿Cuáles   son las formas de mediati­zación tanto instrumental como   de actitud personal que se establecen entre los agentes externos y los actores   locales para que el proceso de comunicación horizontal sea consider­ado   participativo?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">A esta   lista podemos seguir agregando dudas acerca de la efectividad y alcance de   nuestros actos y si es que la hacemos crecer, segura­mente estaremos   contribuyendo a repensar que comunicación partici­pativa o participación social   no son simplemente conceptos vacíos sino que en sí implican dinámicas tan   sensibles y complejas como la propia naturaleza misma de la comunicación   humana.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Como   palabra final de aliento en este camino de ejercicio y reflexión de nuestra   práctica probablemente pudiéramos traer aquí el pen­samiento de Eduardo Galeano   que en un texto titulado “Celebración de las bodas de la palabra y el acto “ denuncia que: “El poder buro­crático (éste que en la   práctica tiene muchos rostros y formas de exclusión y sometimiento) hace que   jamás se encuentren los actos, las palabras y los pensamientos. Los actos quedan en el lugar de tra­bajo, las palabras en las   reuniones y los pensamientos en la almoha­da”. Habría   que pensar dónde, cómo y hacia qué queremos nosotros orientar nuestros actos,   palabras y pensamientos.</font></p>      ]]></body>
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