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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>DESAFIOS DE Y PARa la onFLUENCIAS   DE LA ULTURA Y EDUCACION</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="3" face="Verdana">Luiz Roberto Alves ECA</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana"> Escuela de Comunicación   de la Universidad de San Pablo </font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">E-mail:   luralve@usp.br</font></b><font size="2" face="Verdana"><u><a href="mailto:luralve@usp.br"></a></u></font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr>     <p><font size="2" face="Verdana">I. Deseo ser sincero con ustedes, colegas de los campos de la comuni­cación   y de la educación de Bolivia y del Perú, y decir aquí lo que tam­bién digo en   mi país: soy crítico severo de los discursos que legitiman ese modelo de   globalización socio - económica que se desarrolla sobre nosotros y, de alguna forma,   dentro de nosotros.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pienso que nosotros, educadores y estudiantes, que dedicamos parte de   nuestras vidas a proponer participación social, que creemos en la ciudadanía   como derecho y deber humano básico, que hemos deseado hacer de nuestras salas   de clases, de la plaza pública y de nuestra ciudad lugares de ejercicio de la   democracia, necesitamos hoy, delante de los proyectos sutiles e inteligentes de   la mundial­ización de la cultura y del mercado, hacer más preguntas y rec­hazar   respuestas fáciles y aparentemente obvias.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Cualquier persona ligada a la educación y la cultura y que no estu­viera   dispuesta a hacer preguntas exigidas por el momento histórico en que vivimos,   en breve podrá sentirse traicionada en el propio fun­damento de la actividad   que desarrolla, considerando que no es educativo aceptar la globalización como   si fuese una totalidad, cuan do es solamente parte de las relaciones   socioeconómicas; ni es un valor cultural asumir desem­pleos y pérdida de   identidad cul­tural en nombre de relaciones mercadológicas. No se trata, por   tanto, del fenómeno en sí de la globalización, sino de que nues­tra vigilancia   se justifique por el modelo discriminador de la civilización técnico   - económica.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Claro que no fue la globalización como hecho cultural la que en los   últimos 20 años hizo crecer la proporción del abismo entre ricos y pobres en el   Tercer Mundo de una proporción de 30 a 1 a una proporción de 60 a 1, sino las   acciones concretas de los nuevos modos de producción industrial, mercantil y   agrícola, además de la falta de cambios estructurales en los países periféri­cos,   que produjeron mayores con­centraciones de capital. Para mí, globalización de   informaciones, tecnología expandida y más com­petente, así como mercado en   crecimiento, deberían significar el aumento de empleos para mil­lones de   jóvenes asiáticos, amer­icanos, europeos y latinoameri­canos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Lo que se verifica, sin embargo, es que hasta inclusive la juventud más   preparada está siendo imposi­bilitada de conseguir empleos dig­nos.En   mi país, ese hecho signifi­ca crecimiento de la violencia, que ya es la causa   principal de las muertes, por encima de las diversas enfermedades graves. La   global­ización que conocemos en el Brasil es la de la violencia. Además , estamos practicando un filicidio, porque el mayor   número de muertes en el Brasil reside entre la población de 15 a 28 años.   Conviene esclarecer bien: la violencia es estructural en mi país, no   coyuntural. Los nuevos procesos de producción son tam­bién estructurales y   colaboran para empeorar el cuadro históri­co de la violencia y de la discrim­inación   contra los considerados descartables, resultado exclusivo de la desigualdad de   derechos. Algunas experiencias educativo-culturales exitosas han probado que   solamente una nueva y pro­funda inclusión social afectará la estructura de la   violencia.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">II. Ciertamente no soy radical, ni apocalíptico. Tal vez ni llegue a la   visión dura y fuerte de Eduardo Galeano, historiador uruguayo que en el   Congreso Mundial de Comunicación Cristiana, realiza­do en México en octubre del   96, declaró: “Nunca tuvimos un mundo tan desigual en oportunidades y tan igual   en la imposición de ideas. En este mundo sin alma, que estamos obligados a   aceptar, como si fuese el único posible, ya no hay más pueblos, sino mercados;   no hay más ciudadanos sino solamente consumidores; ya no exis­ten más naciones,   sino grandes compañías; no tenemos más ciu­dades, sino aglomeraciones; no   existen relacionamientos humanos, sino tan sólo competiciones comerciales”.   Pero jamás podría aceptar el reciente best-seller   escrito por tres hispanoamericanos, que se llama “Manual del Perfecto Idiota   Latino-americano”. Según ellos, toda riqueza es creada por la capacidad   individual, por la libre-competencia de los mercados etc..   Ni puedo concordar con la posición xenófoba del ex-Ministro de Hacienda del   régimen militar brasileño, diputado Roberto Campos, que comentó con esta frase   el libro citado: ”Buena parte de nuestro subdesarrollo se explica en términos   culturales; al contrario de los anglosajones, que pregonan la racionalidad y la   com­petición, nuestros componentes culturales son la cultura ibérica del   privilegio, la cultura indígena de la indolencia y la cultura negra de la   magia” (Periódico “Folha” de San Pablo de 25/8/96).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">¿Por qué no llego a la posición de Galeano? Porque fui educado por las   ideas de Paulo Freire e investigué durante 20 años las culturas populares. Allí   aprendí que la lógica de los emisores no es la misma que la de los receptores.   Toda la obra del educador popular que murió el 2 de mayo de 19987, se basa en   el hecho de que nosotros resistimos a ser lo que los otros quieren que seamos;   en otras palabras, hacemos lecturas del mundo en base a nuestro baúl cultural   activo, que es el mejor mediador entre la emisión del mensaje y la práctica   social. Un hombre y una mujer alfabetizados, para Freire, significaban un nuevo   dominio sobre la vida, el derecho de nuevas lecturas, la creación de una voz   diferenciada con nuevos deberes frente a la ciudadanía colectiva. También el   profesor Vilches, de la Universidad Autónoma de Barcelona, en texto reciente,   muestra que la información global es negociada localmente por los   destinatarios, cuya decodificación sim­bólica depende de sus bases culturales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Revisando el discurso de Galeano, es verdad que tenemos menos ciu­dadanos   que consumidores, pero en cuanto tengamos aquéllos que exijan el derecho y el   deber de ser participantes de la ciudadanía individual y colectiva, la calidad   será superior a la cantidad. Tampoco es incorrec­to decir que tenemos más   mercados que agrupamientos culturalmente orgánicos, principalmente en mi país,   que con su manía de grandeza ya posee uno de los mayores shopping-centers del   mundo. Pero, cierta­mente, la lectura que los grupos sociales hacen de la   propaganda, pasa por su filtro cultural y eso es lo que vale. El gran problema   en que se nos coloca, es saber cómo estamos enfrentando la penetración de la   información globalizada en nuestras bases culturales, en la ciu­dad, en el   mundo rural, en la familia, en la universidad, en la vecindad, en las   corporaciones, frente a la seducción de los discursos propagandís­ticos. ¿Por   qué seducción? Miren a su alrededor, hacia nuestros país­es y pregunten: ¿Cuál   es la parte globalizada de nuestras sociedades? ¿No estamos teniendo la   impresión de que todo está glob­alizado, o que se globalizará mañana? Sin   embargo, investigadores de la CEPAL respondieron recientemente, en conferencias   realizadas en el Brasil, que solamente 20% de la economía de nuestras   sociedades nacionales participa de los procesos globalizados y globalizadores,   mientras que el 80% de la riqueza y la gran mayoría de la población vive su   cotidianidad, se alimenta, trabaja, estudia y se divierte en el contexto de la   economía y de la cultura de bases locales y regionales. Sin embargo en nuestras   cabezas estamos teniendo la impresión de que todo está globalizado, por fuerza   de información seductora. A eso llamo legitimación desigual e incorrecta,   aquello que es parcial está virtualmente convirtiéndose en totalidad. Otra cosa   será prepararse para los nuevos avances de la mundialización téc­nico-económica   y para eso estamos reflexionando juntos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">¿Y por qué siento horror al discurso de Roberto Campos, simbólo de la posición de las élites en muchos de nuestros   países? Porque, según ese pensamiento, si pasamos una línea que separa los   hombres y mujeres competentes, modernos, liberales, avanzados y computariza­dos,   ¿qué restará? En mi tierra restarán los pobres, muchos negros, pueblos rurales,   indígenas. A ellos, la élite sólo puede indicarles el camino de la   marginalidad, exclusión y descartabilidad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">III. Queda evidente, pues, que esa forma de globalización trae consi­go   formas nuevas de racismo, discriminación, legitimación por el dis­curso engañador   y un ritmo de cambio cultural que solamente la virtu­alidad puede asumir, no   nuestro cuerpo educado por otra base cultur­al. Y no tenemos el derecho de   decir que los millones de trabajadores de la sociedad que está siendo ahora   superada, y que tuvo sus bases lanzadas después de la segunda guerra mundial,   sean una horda de incompetentes e indolentes. Al contrario: investigaciones   prueban que en el Brasil los mayores avances técnicos y de producción de la   zona rural ocurren precisamente en los campamentos de quienes luchan por la   reforma agraria hace muchos años. En ellos existe el com­ponente amor y lucha   por la vida que ninguna tecnología consigue aprehender; del mismo modo,   nuestros obreros de fábricas siempre fueron considerados por los técnicos   extranjeros como muy compe­tentes en sus funciones. Un técnico alemán nos decía   hace algunos años que los obreros de la Volkswagen brasileña hacían a ojo descu­bierto   lo que el obrero alemán hacía con aparatos de precisión.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Entonces, la globalización que queremos no es la que está en curso.   Además, ésta funciona como un paradigma totalitario, que transforma en   ignorantes, imbéciles e incapaces a todos los opositores. Es una nueva y más   inteligente forma de colonización y eso tal vez sólo lo percibiremos demasiado   tarde.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">IV. Sin embargo, nosotros educadores que no negamos el conocimien­to, la   competencia de la inteligencia bases iguales, las nuevas ciencias y sobre   tecnologías (al contrario, queremos impulsarlas) y el desarrol­lo de las redes   de información al servicio de los programas y proyec­tos sociales, estamos   desafiados a dar respuestas frente a esas tenden­cias que se mezclan con la   globalización, pero que de hecho son pro­ductos y procesos que se legitiman más   allá de las nuevas economías de mercado.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Por tanto, deseo contribuir modestamente con la reflexión de ust­edes en   este encuentro, sea argumentando en torno de los puntos que considero negativos   del proceso internacionalizador y liberal, sea   proponiendo actitudes y tal vez caminos para los desafíos culturales y   educacionales del tiempo complejo y desafiante en que vivimos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La mejor caracterización que conozco de la sociedad técnico-global­izada   es resumida en tres puntos por el filósofo italiano Antonio Negri.   Según él, en primer lugar tenemos que la naturaleza del trabajo se transformó,   dejó de ser una materia, un producto, para ser algo inmaterial, un proceso que   envuelve mensajes, señales, lenguajes diversos. La red es mayor que los sujetos   y el nuevo trabajador es una posición en la red, un lugar y no una   individualidad. Las fábric­as no producen excedente; sola­mente el espíritu y   sus discursos lo hacen. Por eso, en el internet, cuanto más saca usted (porque   usa), más crece la información. De ahí que hemos tenido la impresión de que los   productores del saber son los más valoriza­dos, hoy.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Sin embargo, recordemos que son seres autónomos, ocupando un lugar en   una gran red. En el caso de la gran red mundial, ya son 60 millones de   navegadores, para la población mundial de 5 y medio billones. En segundo lugar,   como consecuencia de ese nuevo modo de producción, la escuela, la ciencia y las   institu­ciones científicas, el sistema de comunicación e información, las   instituciones sociales, todos los que invierten subjetividad en esas   &quot;redes&quot;, son los actores productivos hoy e incluso todos aquellos   que, pagados o no para producir, de hecho repro­ducen subjetividad. Y en tercer   lugar, pero no menos impor­tante, el nuevo sistema produc­tivo se presenta   global. O sea, como un sistema productivo que se ensancha en las dimensiones   del orbe terrestre. Nada es excluido de los tentáculos, como un gran pulpo o   una gran araña. La movilidad de la fuerza de traba­jo, la circulación de   mercaderías, la omnipresencia de la informa­ción, caracterizan   el fenó­meno. La producción se desterritorializó y   con ella la estructura biopolítica de la pro­ducción   inmaterial se mundializó.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En ese contexto, quien educa y es educado, quien produce cultura, quien   la divulga y quien la con­sume, o sea, quien está directa­mente involucrado con   el porvenir y el devenir de la sociedad local, nacional y humana; tiene motivos   para la vigilancia y la oposición, pero también razones para el ánimo y mucho   trabajo. Si no, veamos: en la medida en que aumenta el acceso directo a las   fuentes de información, ¿quiénes serán los mediadores del futuro próximo?   ¿Habrá lugar para peri­odistas y educadores? El profesor solamente divulgador,   desintere­sado de la investigación, continua­mente reciclado para repetir y   reproducir, tendrá siempre menos función social. Su mediación será menos   necesaria. Al contrario, aquél que tiene interés en investi­gar (que es la   naturaleza del edu­car), esto es, superar el nivel de la información para   llegar a la inter­textualidad, a los misterios de los diversos sentidos de la   palabra, a la crítica profunda de las señales y a la creación de un diálogo que   hagan de educando y educador sistematizadores   competentes de la materia informativa, ése será útil a la vida social; como   diría Brecht, imprescindible. Propongo, por tanto, la inversión de lo que   parece ser la lógica de la globalización: el nuevo educador será sumergido más   profundamente en la cultura de su gente, porque tendrá necesi­dad de trabajar   la gran abundancia de los mensajes y los lenguajes para de hecho educar, esto   es, provocar cambios sociales que no permitan a su pueblo hacerse   descartable/desechable.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Inmediatamente dentro de esa cuestión, se coloca el hecho de que la   virtual interactividad de las redes (como dijo Lorenzo Villes,   de Barcelona) mientras que una parte importante de la población de muchos   países capitalistas es analfabeta, encuentra enormes dificultades para redactar   un texto legal, científico o literario. Paulo Freire me dijo un día, cuando yo   lo llevaba a una con­ferencia, que su mayor placer sería oír a un hombre y a   una mujer del pueblo iniciando así una frase: &quot;Epistemológicamente   hablando...&quot; Ciertamente, el maestro no quería que fuésemos preten­ciosos,   o falsos intelectuales, pero para él todos deberíamos tener el derecho de   dominar los discursos sociales, no solamente algunos privilegiados. El dominio   del discurso y sus códigos es señal de ampliación del poder popular sobre la   sociedad. De ahí que debemos tener prisa en exigir plena alfabetización de la   población, cambios sustanciales en los programas de la escuela secundaria con   privilegio en los lenguajes, humanidades y por la apertura de todos los discur­sos   tecnológicos y sus disciplinas. Crear una asociación fuerte entre escuela y   cultura. Hacer de cada escuela un centro cultural.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Culturizar la educación, como siem­pre debería haber sido.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En cuanto a los periodistas y el peri­odismo, la cuestión es similar:   care­cen de una reorganización de la inteligencia colectiva. Dejar de colo­carse   como mediadores privilegia­dos y conceder a las culturas de la sociedad el real   papel mediador. De ahí que periodistas -así como edu­cadores- necesitan tener   ojos y oídos grandes y boca chica para auscultar la vida, la ciudad, para ir   más allá de tramas políticas, de las élites, superar el discurso oficial del   poder y descubrir que noticia hoy, es más esclarecimiento que espec­táculo, más   investigación que mera repercusión, hacer del reportaje la intervención. Los   periódicos necesitan no solamente aprovecharse de la sociedad de alta   producción para el consumo y así transformarse en grandes vendedores, sino   también, para no convertirse en mera mer­cadería, ser participantes directos de   las varias formas de organi­zación social, por los derechos humanos, por la   superación de pre­conceptos sociales, por los “forums”   de las diversas agrupaciones y corporaciones, por la acción que supere el mero   entretenimiento y la diversión fácil.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Hacer de la cultura la mediadora social, significa descubrir y revelar   el mayor respeto a los ritmos de los grupos sociales, sus valores, dis­cursos,   proyectos. Aquí se dan dos movimientos: en cuanto se busca descubrir y revelar   la base cultural, ésta se eleva para comprender las novedades en movimiento. En   vez de disfrazar la cultura de mer­cadería o imponer un discurso de engaño y   propaganda, lo que con­viene es un efectivo encuentro de culturas en el cual el   conocimiento se renueva, en que se crea igualdad de derechos en la búsqueda y   en la comprensión del conocimiento, en que los avances científico tecnológicos   son penetrados por las culturas en un movimiento respetado y respetuoso; del   mismo modo, la creación y divulgación de lo nuevo penetra las culturas todavía   tradicionales. Conviene repetir; sola­mente el 20 % de las fuerzas productivas   de nuestros países vive la experiencia globalizante. Creo inclusive que esa   transición cultural y ese movimiento de profesionales rumbo a la nueva calidad   de sus ser­vicios públicos puede ser la base de nuevos comportamientos en la   acción social, que tanto se oponen a que los grandes conglomerados de la   industria cultural vean frente a sí solamente el lucro, como pueden proponer   que las relaciones sociales establezcan la igualdad como fundamento del proceso   de globalización. Igualdad de oportu­nidades dentro de la diversidad cultural.   El choque exclusivo de merca­do y de imposición tecnológica, sin derechos   culturales de absorción, crítica e interpretación, significa la destrucción,   alienación y descartabilidad. Ya se observa razonable   destrucción de servicios y espacios públicos por las concertaciones desinteresadas   de información en la diversidad cultural, lo que puede acabar en preconceptos y   racis­mos diversos, contra los pobres; es evidente que el lucro se impone como   factor fundamental de decisión en el mundo globalizado y lo económico supera a   lo político, cuando debería ser lo contrario, por lo menos rescatando el   sentido mayor de la política como vida del ciu­dadano en la polis, esto es,   práctica de la ciudadanía.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">V . Necesitamos superar desfases y también la   hipocresía de lo que llamo el nuevo inútil. Entre los principales programas del   gobierno brasileño para la educación está el entrenamiento a distancia de los   profesores.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Entre 1995 y 1996 el Ministerio de Educación y Cultura, según el per­iódico  “Folha” de   San Pablo del 30 de junio último, p.7, gastó cerca de 70 millones de dólares para equipar a las escuelas públi­cas con   televisión, video y antena parabólica. Para este año, se prepara el envío de   material para 23 mil escuelas más. Sin embargo, se constató que 79% de las   escuelas no usa el material. No se trata solamente de entrenamiento técnico,   sino de espíritu, de condición cultural que reacciona a las imposiciones   falsamente modernizantes, considerando la precariedad física y espiritual de   las escuelas, el salario miserable del profesor, el desestímulo   profundo para con la vocación de los actos de enseñar y aprender. La sociedad   que se inicia con el dominio del espíritu, no sabe animar el espíritu para   construir un gran proyecto educativo. Y maltrata el espíritu no permitiendo que   los cuerpos sean sustentados con lo indispensable para que el espíritu   funcione.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Considerando que el fundamento de la nueva sociedad es la creación del   espíritu, la subjetividad, la información supuestamente democratiza­da, ¿por qué   la sociedad civil y los gobiernos no toman la decisión acer­tada de producir   indicadores sociales también ligados al espíritu como valores centrales de su   trabajo administrativo y político?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Se trata de tener como metas de trabajomenos   puentes, viaductos y asfalto de calles y disminuir los índices de mortalidad   infantil, niños abandon­ados, analfabetismo, falta de derechos y espacios para   la acción cul­tural, gobierno democrático de las escuelas etc. Pienso que   precisa­mente esas acciones, objetivas y decisivas, significarían el primer   acto de respeto a las culturas que no existen en el espacio, sino en las   relaciones sociales y físicas concretas, así como nos proyec­tarían en el   universo global donde el conocimiento científico y tec­nológico pretende servir   a todos a través de las redes. Ahora, todo ese conocimiento será alienación   para muchos, lucro para pocos y basura informativa, si no halla gente   dignificada para encontrarlo, analizarlo, cooperar con él y absorberlo. No   podemos proyectar nuestros sentidos de ciudadanía hacia el ciberespacio, lugar   donde nuestra voz necesita llegar.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Pero el ciberespacio también está entre nosotros. Y nuestras culturas   hacen parte de él. De ahí que tenemos que tomar posiciones. Algunos escapan   hacia la exclusiva individualidad, otros se quedan a la expecta­tiva. Un grupo   razonable, sin embargo, podrá optar por la exigencia de la nueva calidad en ese   tiempo en que lo virtual engaña, haciéndose pasar por algo que no tenemos   derecho de materializar por obra de la cultura. Me quedo al lado de los que   toman en serio la memoria cultur­al colectiva, pero que la saben en movimiento,   en un proceso continuo de educación para la acción cultural y,   consecuentemente, política. Entre estar al frente del ciberespacio internáutico o leer la literatura vertida en el papel, me   quedo con los dos. El paseo en el “shopping center” no evita, y hasta estimula,   la participación en otros espacios públicos capaces de estimularme la exigencia   del cuerpo y del espíritu. El último “best-seller” de </font><font size="2" face="Verdana">las grandes  librerías que se transformaron   en centros exclu­sivos de comercio no me hace olvidar aquella obra que trató de   los hechos fundamentales de la vida de mis abuelos y otros ancestrales, pues   sin esa gente yo no tendría derecho siquiera al nuevo espacio y al nuevo   tiempo. Claro que entre Sidney Shelton   y Alcides Arguedas, prefiero el segundo. Prefiero también Cortazar.   O, inclusive, al más antiguo Vargas Llosa de &quot;La Guerra del fin del   Mundo&quot;.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En los años 70 y comienzos de los 80, la redemocratización posi­ble de   la América Latina motivó gran empeño de los intelectuales en el estudio de las   culturas pop­ulares y su proceso educativo. Los Años 90 presentan casi el total   olvido del tema, en nombre de un gran engaño: el discurso sobre el quiebre de   todos los patrones de cultura occidentales y sus procesos educativos. ¿De qué   se olvidaron esos intelec­tuales? De que todas nuestras culturas populares no   se nutren únicamente de esos patrones lla­mados occidentales. Incluyen val­ores   más hondos y complejos, que todavía no conocemos bien. Por eso no podemos   abordar nuestro trabajo educativo-cultural en nombre de un quiebre de val­ores   hegemónicos de la llamada cultura occidental. Al contrario, por la educación y   por la cultura, respetadas y respetuosas, nos encontraremos más a gusto en el   mundo más complejo, pues más complejas y mundiales son las culturas del sur del   planeta, las culturas de nuestros pueblos. No hagamos alienación de aquello que   puede ser una franca posibil­idad, una grata oportunidad. Ni transformemos   solamente en mercadería aquello que puede ser valor social.</font></p>      ]]></body>
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