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<publisher-name><![CDATA[Carrera de Ciencias de la Comunicación Social - Universidada Católica Boliviana San Pablo Cochabamba]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[OPTIMISMO Y CRITICA A: LA MODERNIDAD EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO EUROPEO]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana">OPTIMISMO Y CRITICA A: LA MODERNIDAD EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO EUROPEO</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr>     <p><font size="2" face="Verdana">&quot;...El   hombre es extraña a ea mismo y a su des­tino histórico de una manera muy   distinta a como le es extraña la naturaleza, la cual no sabe nada, de el&quot;. (H. G. Gadamer 1977:343).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Fines   del siglo XIX en Europa, es el periodo del optimismo y de la crítica. La   modernidad, sustentada en principios fundamentales de la ilustración, tales   como el hombre es libre, racional y critico; es sujeto de la historia; es   poseedor de la verdad objetiva, es todavía un desafio u horizonte creado por la   Razón humana. Por el lado del optimismo, la historia tiene un sentido y una   meta. En efecto, para unos, como Augusto Comte (1798-1857J. esta meta a la que   llegaría la humanidad como última fase evolutiva, era el estadio positivo,   caracterizado por el orden y el progreso, con una filosofía positiva como   sabiduría uni­versal. Esta evolución progresiva desde muchas décadas atrás ya   habla sido vista desde otras ópticas. La humanidad o el individuo necesariamente   tenía que lograr la &quot;civilización&quot;, vivir según la Razón, para, así,   alcanzar la felicidad, la cual era identificada, por unos, con la obediencia al   poder absoluto o con la paz dentro de un Estado despótico, por otros con la   libertad e igualdad, en posesión de bienes, dentro de una monarquía   parlamentaria o un gobierno democrático. Estos serán los principios difundidos   o por el liberalismo tradicional (individualista). que tiene algunas de sus   fuentes ideológicas en el iusnaturalismo de los siglos XVII y XVIII, o por el   liberalismo democrático (social). Pero ese orden y progreso serán vistos   también por la ciencia del socialismo marxista: el materialismo histórico. Esta   visión será la &quot;fuerza científica&quot; e ideológica del historicismo   deter­minista en su aspecto económico y política. Todo esto significaba lo   siguiente: usando su inteligencia y libre albedrío, por lo tanto, exento de   cualquier control tutelar, el hombre moderno tenía como tarea esencial   construir formaciones sociales (liberales, nacionalistas o socialistas) con sus   respectivos Estados políticos, sean éstos simples guardianes del orden social y   las leyes positivas o sean reguladores del intercambio económico. Estados   modernos fuertes, con capacidad suficiente como para reclamar para si &quot;el   monopolio de la violencia física legítima corno medio de dominación...&quot;.   según Max Weber (1988: 92).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En aquel contexto optimista, la cuestión del método adecuado de las ciencias   histórica-sociales no está. excenta de posturas y discu­siones. Asi, la   sociología comtiana y la economía clásica en la pers­pectiva de Carl Menger no se   diferenciaban de las ciencias naturales porque ambas usaban la metodología   positivista. En cambio, para otros, como Wilhelm Dilthey (1944), ambas ciencias   eran diferentes porque el método de las &quot;ciencias del espíritu&quot;,   además de tener como objeto el espíritu humano antes que la naturaleza, tenían   como méto­do la comprensión, es decir, la hermenéutica. En este afán   metodológico y de reflexión sobre la &quot;cientificidad&quot; de .las ciencias   histórico-sociales, Max Weber (1904, 1990: 63, 81-91), aceptando que ambas   ciencias son diferentes pero que no por ello estas últimas deben descuidar la   &quot;objetividad&quot;, propondrá como instrumento metodológico   la construcción de &quot;tipos (puros)-ideales&quot;, esto es, de modelos o   hipótesis racionales a fin de ser con­trastados con la realidad social,   económica, política, etc. Asi estaríamos haciendo cien­cia empírica,   verificable y neu­tra axiológicamente hablando, pero sin desconocer la   &quot;relación a valores&quot; a los que cualquier científico honesto está   expuesto en su época. Por eso, en 1917, se preguntará por el sentido de la   &quot;neutrali­dad valorativa&quot; en las ciencias sociológicas y económicas,   respondiendo que, aunque la cuestión en la cultura europea de su tiempo era una   ficción, sin embargo, ocuparse de ella tenía un sentido de utilidad: en el   fondo, si no Interpretamos erróneamente, la discusión del problema permitía y   exigía al científico social ser más ho­nesto y mirar con cautela la relación de   las ciencias históri co-sociales con la vida política, o sea, con el ámbito de   los va­lores.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En la económico, el opti­mismo   es también relevante. En efecto,   las ideas de la escuela histórica alemana, re presentada por ejemplo por   Rickert, defendía aún la relación entre filosofía moral e intercambio   mercantil, serán sustituidas por las del modelo económico clásico, cuyos pen­sadores,   basándose en los pos­tulados de la obra de Adam Smith (1723-1790) &quot;La   riqueza de las naciones&quot;, pondrán énfasis en la oferta de bienes de   consumo antes que en la demanda. Esto explica una de las paradojas de fin del   siglo XIX y principios del XX: El ca­pital acumulado es concentrado   en unos pocos pasará a ser &quot;la cabeza&quot; de la organización racional   del trabajo en la cul­tura occidental anglosajona, pero sobre la base de una   &quot;masa&quot; empobrecida y mise­rable. El principio del liberalis­mo   económico, maximizar la satisfacción de las necesidades para ser feliz, no se   cumplía. Esto demostraba, entonces, la limitación del liberalismo clási­co en   su afán de responder al desafio de progreso y bienestar para todos. A esa   &quot;masa&quot; había que darle la oportunidad de reproducirse biológicamente   para, así, contar con oferta de fuerza de trabajo barata. A este mecanismo se   adicionará la idea del control demográfico.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Dentro de este optimismo, a veces   &quot;crudo&quot; con el propio hombre, el campo científico vs. filosofía   estará marcado por la disputa entre positivistas y fis­calistas contra los   metafísicos. En este contexto, se ubicará, por ejemplo, la discusión entre los   físicos clásicos (newtonia­nos) y los físicos cuánticos. Aquí también se ubica   el afán de la filosofía analítica de Bertrand Russell por construir, rechazando   el lenguaje ordi­nario, uno artificial, es decir, un lenguaje lógico-matemático   que sirva para la elaboración del conocimiento científico de las ciencias   físicas. Esta dispu­ta e intención llevarán a Ludwig Wittgenstein (1889­1951) a   escribir el Tractatus Logico-Philosophicus (1922) para ponerle punto final a   dicha discusión, pero sobre todo para mostrar los limites de la lógica racional   respecto &quot;al mundo de lo que no se puede hablar&quot;. En una carta a von   Fickcr le dice: &quot;mi obra se compone de dos partes: de lo que aqui aparece   les decir la propuesta de un sistema lógi­co-lingüístico, el corchete es mio].   y de todo aquello que no he escrito. Y precisamente esta segunda parle es   importante. Mi libro, en efecto, delimita por dentro lo ético&quot;. Sin   embargo, sus lectores que conformarán esos años el &quot;Circulo de   Viena&quot;, en su afán de hallar un principio de demarcación entre ciencia y   metafísica, se quedarán, concreta­mente, con la idea de que &quot;el   significado de la proposición es el méto­do de su verificación&quot;. Con el   principio del verificacionismo, el Positivismo Lógico defenderá el inductivismo   y el determinismo en las ciencias naturales, rechazando cualquier &quot;olor a   idea metafísica&quot;. Será contra esta corriente que K.R. Popper (1902-1994),   muerto recientemente, defenderá el principio de la falsabilidad en su obra La <i>Lógica </i>de <i>la Investigación Científica </i>(1934).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Sin embargo, dentro de aquel clima de   optimismo, a nivel de las ideologías políticas, habla sucedido algo imprevisto   aun en el siglo XIX: políticamente hablando, el liberalismo clásico había sido   &quot;derro­tado&quot; a principios del siglo XX. No vamos a intentar una   definición de este liberalismo, porque ni entre los historiadores ni entre los   politólo­gos se ponen de acuerdo en estipular una concepción común del mismo,   por diversas razones (Cf. Matteuccl 1988: 905). Por tanto, dejando varios   esfuerzos, como por ejemplo, el intento por definirlo desde una perspectiva   histórica (es decir, la historia de las ideas li­berales en relación con los   movimientos. revoluciones, partidos políti­cos...) o desde la perspectiva   &quot;estructural&quot; (que seria el liberalismo de la posguerra, o sea, el   liberalismo contemporáneo o neoliberalismo), en forma esquemática   caracterizamos el liberalismo teniendo como eje las etapas del Estado liberal:   1) los orígenes del liberalismo están en la transición del constitucionalismo   medieval al moderno; transi­ción determinada por las guerras de religión en pos   de la libertad reli­giosa y por el pensamiento político jusnaturalista en todas   sus va­riantes. ii) Este liberalismo tuvo su apogeo durante la era de la rev­olución   democrática (1776-1848). La Revolución Rusa de 1905 será la última revolución   liberal. iii) El liberalismo entrará en crisis con el advenimiento de los   regímenes totalitarios, es decir, con el comunis­mo, el fascismo, el nacismo y   con los estados asistencialistas o de bienestar después de la II Guerra<sup>-</sup>Mundial.   iv) Esto explica el esfuerzo de los pensadores liberales de entre guerras y   contemporáneos por &quot;rejuvenecer&quot;, como por ejemplo, Frledrich von   Hayek el liberalismo, o como él llamará al &quot;verdadero Individualismo&quot;   (1945).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pero veamos las formas   de totalitarismo que causaron dicha crisis. Así, la Revolución de los   Bolcheviques en 1917 llevó a los comunistas al poder en la Rusia zarista. Lenin   adaptará las tesis marxistas a una Rusia sobre todo agrícola o campesina. Los   efectos histórico-politicos, entre otros, fueron: contra todo federalismo, el   centralismo dirigido por un partido único: lucha contra el imperialismo   capitalista, etc. Por su parte, Stalin, poniéndole una dosis de patriotismo a   su idea de &quot;socialismo en un sólo país&quot; -consigna que se convirtió en   el factor operante del leninismo- hizo que, según Sabine (1992: 466-467),   &quot;la Rusia comunista (surgiera) como gran potencia industrial y militar   puesto que, en 1928, inició el primero de los planes quinquenales que inauguró   una revolución con consecuencias políticas y sociales a más largo plazo que la   revolución de 1917 de Lenin Al unir al comunismo la tremenda fuerza impulsora   del nacionalismo niso, los planes quin­quenales se convirtieron en el primer   gran experimento con una economía totalmente planificada y, debido a su   triunfo, el comunismo ruso se convirtió en un modelo a seguir por las   sociedades agrarias con aspiraciones nacionales en el mundo entero ...&quot;.   Empero, hace­mos nuestras la palabras de Habermas (1988: 466-467) cuando, refi­riéndose   a esa experiencia. dice: &quot;...la revolución soviética confirmaba en   términos generales el pronóstico de Wcber de una burocratización acelerada, y   la práctica estalinista suministraba una sangrienta con­firmación de la crítica   de Rosa Luxemburg a la teoría de la organi­zación de Lenin y a los fundamentos   que ésta tenía en la filosofía objetivista de la historia...&quot; .</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Siguiendo a Sabine (1992: 632-633), podemos   decir que, a pesar del terrible precio pagado por la brutalidad de Stalin, su gobierno   transformó al país en una potencia moderna y educó al campesinado. Pero   &quot;(no) es posible emitir un juicio semejante acerca del fascismo en Italia   o el nacionalismo en Alemania. Sus partidos fueron crecimien­tos degenerados,   productos de la desmoralización de la Primera Guerra Mundial; sus dirigentes   fueron demagogos y, a juzgar por sus realizaciones, su desarrolla fue simplemente   destructivo. Sus llamadas filosóficas eran   mosaicos de viejos prejuicios, reunidos sin racial, sin tener ninguna   relación lógica, servian a los mismos fines.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El fascismo de Mussolini   tuvo como sustento teórico una filosofía concebida como mito social. En este   marco se entienden estas palabras suyas: &quot;¡Nuestro mito es la nación,   nuestro mito es la grandeza de la naciónal&quot;. Esto exigía, por ley,   disciplina en el trabajo y, sobre todo, este lema: &quot;Todo para el Estado;   nada contra el Estado, nada fuera del Estado&quot;. Por esto, ya en el   gobierno, Mussolini iden­tificó el Poder del Estado con cl poder del partido   fascista. Por su parte, el nacional-socialis­mo de Hitler, basándose en la   nomenclatura jerárquica ''el pueblo, la élite y el lider&quot;, así como en el   &quot;arte de orientar la politica y la conciencia geográ­fica del Estado   alemán&quot;; es decir, en el imperialismo nazi, tuvo como sustento   ideológico-biológico el mito racial. Como se conoce, uno de los supuestos   básicos de la teoría era la división de las razas en tres tipos: la aria,   creadora de la cultura: las razas portadoras de la cultura, que pueden tomar y   adaptar, pero no crear; y la raza destructora de la cul­tura, es decir, para   los nacional-socialistas, los judíos. &quot;La Lista de Schindler&quot; mues­tra   también las deplorables consecuencias que tuvo una política racial a partir de   dicho supuesto.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pero ante esos dos   movimientos, desde la pers­pectiva de la defensa de la sub­jetividad frente al   despliegue de la racionalidad instrumen­tal, hago nuevamente mías las criticas   de Habermas 11988: 470-471), quien a su vez cita a uno de los mayores   exponentes de la Escuela de Frankfurt: &quot;...El fascismo es interpretado por   Horkheirner (1967: 118s) como el logro de un cambio de función de la revuelta   de la naturaleza interna, como su utilización en favor de la racionalización   social contra la que esa revuelta se dirige. En el fascismo 'la racionalidad   alcanza una etapa en que ya no se contenta con oprimir simplemente la   naturaleza; la racionalidad explota ahora la naturaleza al integrar en su tener   en cuenta la verdad ni la coherencia, para apelar no a propósi­tos comunes sino   a odios y miedos comunes. Tanto Hitler corno Mussolini evitaron deliberadamente   toda declaración abierta de una política, porque esto habría repugnado a   algunos grupos a los que querían atraer. Los veinticinco articulas adoptados   por el Partido Nacional Socialista en 1926 fueron declarados hirnodificables,   eleván­dolos así a un lugar inocuo, por encima de cualquier problema o   cualquier política. La &quot;filosofía&quot; de Mussolini era puramente   sintética, adoptada en 1929 cuando decidió que el fascismo debía &quot;dotarse   de un cuerpo doctrinaria&quot;. Dio instrucciones a su filósofo oficial para   que la tuviera lista en dos meses, &quot;de ahora al Congreso Nacional&quot;.   Al mismo tiempo, el fascismo y el nacionalsocialismo fueron auténticos   movimientos populares que, momentáneamente, despertaron una lealtad fanática en   miles de alemanes e italianos, y hasta sus diri­gentes máximos, obviamente   cínicos, se engañaron a sí mismos casi en la misma medida en que engañaron a   los demás. Corno en las cacerías de brujas, el fascismo y el nacionalsocialismo   fueron ejemplos lamentables de la historia que, en tiempos de desmoralización,   puede eliminar de la politica tanto la inteligencia como la moral, Como no hay   duda de que se produjeron y no existe ninguna garantía de que no puedan volver   a suceder, hay que enjuiciarlos como partes de la filosofía política del siglo   XX aunque carecieran de valor filosóficamente y aunque un movimiento semejante   en el futuro apelaría, probable­mente, a fuentes muy distintas de   irracionalidad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Aunque entre el fascismo   y el nacionalismo no existía una relación lógica respecto a su contenido   ideológico-filosófico, en cuanto movimientos se parecían en aspectos   importantes. En efecto, (ambos) sostenían ser socialistas y ambos eran   nacionalistas, y ambos par­tidos surgieron por una coalición entre un partido   que afirmaba ser socialista y otro que era en realidad nacionalista, aunque   Hitler nunca fue socialista y Mussolini había sido por mucho tiempo   violentamente antinacionalista. La razón no <i>es </i>oscura. El nacionalismo era el único sentimiento con atractivo universal;   y, en ambos países, cualquier partido que se afirmaba radical y popular tenía   que ser socialista, al menos nominalmente, para neutralizar la atracción de los   partidos que habían sido, por mucho tiempo, marxistas o sindicalistas. La idea   de un partido al mismo tiempo nacional y socialista era lo bastante simple como   para ser obvia: se trataba, simplemente, de que un pais tenía que poder   desarrollar todos sus recursos cooperativamente, sin las pérdidas y las   fricciones de la lucha de clases y con una distribu­ción justa del producto   entre capital y trabajo. El socialismo coopera­tivo podía atraer a los pequeños   comerciantes y empleados con salarios bajos, podía arraigarse entre el movimiento   obrero organizado por una parte y las grandes fuerzas por otra, y el   nacionalismo podía atraer a los grandes industriales y hombres de negocios,   deseosos de liberarse de una presión efectiva por parte de los trabajadores y   que necesitaban el apoyo del gobierno para sus aventuras comerciales en el   extranjero. El socialismo nacionalista se acercó mucho, pues, al sueño del   político de poder prometer todo a lodo el mundo; y ésta fue, en efecto, la   estrategia de Mussolini y de Hitler, hasta que consoli­daron su poder. La   estrategia determinó la filosofía: tenía que ser una forma exaltada de   idealismo en contraste con el materialismo marxis­ta; tenía que calificar al   liberalismo de plutocrático, egoísta y antipa­triótico; contra la libertad, la   igualdad y la felicidad debía afirmar el servicio, la devoción y la disciplina;   tenía que identificar el interna­cionalismo con la cobardía y la falta de   honor: y tenía que condenar, naturalmente, a la democracia parlamentaria por   inútil, débil y deca­dente. Como, desde un punto de vista racional, esta   política no era en absoluto realista, tenía que acentuar la importancia de la   intuición y la voluntad como superiores a la inteligencia. Así, la pretensión   fascista de poseer la penetración del genio político y la pretensión   nacional-socialista de contar con los sanos instintos de la pureza </font><font size="2" face="Verdana">propio sistema las potenciali­dades rebeldes de ésta. Los   nazis manipulan los deseos reprimidos del pueblo alemán. Cuando los nazis y sus   patroci­nadores industriales y militares lanzaron su movimiento, tuvieron que   ganarse a las masas, cuyos intereses mate­riales no eran los suyos. Apelaron a   las clases retrasadas por las técnicas de producción masiva. Fue ahí, entre los   campesinos, los arte­sanos de clase media, los pequeños comerciantes, las amas   de casa y los pequeños empresarios, donde encon­traron a los campeones de la   naturaleza reprimida, a las víc­timas de la razón instrumental. Sin el apoyo   activo de esos gru­pos, los nazis nunca hubieran alcanzado el poder&quot;'.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En   medio de este contexto ideológico-político, y a consecuencia de la recesión   económica de los primeros años de la década del 30, empezarán a tener   Influencia las ideas de John M. Kevnes (1883-1946), las cuales darán lugar al   surgimiento de la Sociedad y el Estado de bien­estar en los países occidentales   europeos de la posguerra. En forma somera digamos que la teoría keynesiana   coloca en primer plano una visión global de las decisiones económicas; es   decir, es un modelo macro­económico cuya preocupación fundamental es la demanda   agregada. Asi, Keynes fue capaz de visualizar una inefi­ciencia en las   decisiones sociales en su conjunto y explicar que la misma se encontraba del   lado de la demanda, lo que. por tanto. generaba desempleo. Por esto propuso la   necesidad de la intervención estatal con la finalidad de solucionar tales   problemas y regular los desajustes del sistema económico capitalista. Sin pre­tender   cambiar este sistema por otro, este economista estableció una visión global   nueva sobre cómo funciona la economía. En efecto, su teoría se basa en la   negación del supuesto clásico (Mill. Say, Ricardo) de que el sistema económico   tiende espontánea &#10065; naturalmente a producir una ocupación plena de los   recur­sos de que dispone. Los clási­ cos negarán el problema de la crisis y no   analizarán la posibilidad de que haya diferentes niveles de actividad económica   con la misma can­tidad de recursos. Para ellos, la tendencia implicita es la   correspon­dencia entre oferta y demanda. Dentro del mercado de trabajo, por   ejemplo, Keynes rechazó de la tradición clásica el supuesto inicial del nivel   normal de ocupación. Por eso se preocupó de conjuntos: ingreso, empleo,   inversión, ele., más que de la determinación de precios individuales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">De su &quot;teoría general&quot;, veamos   sintéticamente la idea básica de cómo la inversión es un factor determinante   del empleo: En una sociedad donde existe gran desigualdad de riqueza y renta,   hay un exceso potencial considerable de recursos por encima de lo necesario   para producir bienes de consumo. Este exceso tiene que dedicarse a la   inversión. Esta comprende actividades tales como construir nuevas fábricas,   viviendas, carreteras, etc. En este sentido, se ve que el empleo depende de la   inversión, o bien que el paso es originado por una insuficiencia en la inversión.   Según este autor, por la inversión los obreros no sólo obtienen empleos   directamente en las nuevas construcciones, sino también, así empleados, gastan   su dinero en los productos de las fábricas ya construidas, pagan renta para   casas va edificadas, etc. O sea que el empleo en la actividad de inversión   ayuda a mantener la demanda de la producción existente de bienes de con­sumo.   Por ende, el empleo fluctúa ante   todo porque fluctúa la inver­sión. Y si la inversión   puede ser sometida a intervención estatal, tam­bién   puede serlo el empleo estatal. (Cf. Dudley 1966). Esto, como ven, es  sólo una de las facetas   del capitalismo de Estado.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Sin embargo, contra ese optimismo de   la modernidad, y antes de la vigencia de los sistemas políticos totalitarios,   había alzado sus ideas a fines del siglo pasado uno de los &quot;maestros de la   sospecha&quot;: Friedrich Nietzsche (1844-1900). Años después, durante las dos   primeras décadas de este siglo, Max Weber (1864-1920), el profeta pesimista.   habla empezado a sistematizar su pensamiento en procura de refutar la tesis del   materialismo histórico marxista. Por su parte, desde les inicios de la década   del 20 y sobre todo del 30 de este mismo siglo, K.R. Popper (1902-1994).   filósofo antihistoricista y criti­co del inductivismo científico, habla   empezado también a cuestionar la supuesta &quot;cientificidad&quot; del   socialismo marxista. Producto de su postura serán sus obras <i>La   miseria del Ilistorícisma (1944145) </i>y la Sociedad Abierta y   sus <i>Enemigos </i>(1945).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No pretendo resumir sus ideas en   estas cuantas páginas. (Seria una tarea por demás pretenciosa). Me limitaré a   resaltar algún aspec­to concreto del pensamiento de cada uno de ellos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Nietzsche criticará, por ejemplo. el   historicismo (el movimiento histórico o el sentido histórico), según él, una   &quot;falla y un defecto&quot; de su tiempo. Dannhauser (1993: 780) dice:   &quot;Contra la doctrina que en la época de Hegel había terminado en un momento   absoluto en el cenit Nietzsche afirma que el proceso histórico no ha terminado   ni puede terminar, que la conclusión de la historia no sólo es imposible sino   indeseable porque conduciría a una degeneración del hombre, y que la historia   no es un proceso racional sino un proceso del todo ciego, demente e   injusto&quot;.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Ahora bien, la crítica nietzscheana del   historicismo no niega la validez de las premisas esenciales del mismo, y su   crítica a Hegel se basa en un decisivo punto de acuerdo con éste, como se nata   en su ensayo &quot;Uso y Abuso de la Historia&quot;. Aquí sostiene que los   animales viven ahistóricamente, porque viven el presente y no recuerdan nada de   lo que pasó. En cambio, el hombre al recordar el pasado, vive históricamente,   Pero esta conciencia le provoca sufrimiento, pues se da cuenta de su   imperfección. Por eso, según Nietzsche, la felicidad depende de la   capacidad de olvidar; si no lo hace, el hombre será flujo y reflujo y no tendrá   puntos fijos   para orientarse.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Sin embargo. el hombre no será hombre sin una conciencia   del pasado. Es mas, su capacidad de poner el pasado al servicio del pre­sente   lo eleva por encima de los animales. Por ende, cl problema estará en hallar un   punto de equilibrio, entre recordar y olvidar, que mejor conduzca a su vida de   hombre. Para esto, en cuanto que tam­bién es organismo, el hombre debe asimilar   sólo aquello que puede,digerir.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Por eso, se tiene que   hallar la esfera histórica apropiada dentro y debajo de la atmósfera ahistórica   que debe envolver al hombre, si éste quiere subsistir.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En este sentido, según Nietzsche, la ciencia,   y la exigencia de que la historia se convierta en ciencia, alteran la relación   adecuada que debe haber entre la historia y la vida. La ciencia histórica es   movida más por el deseo de saber que por el deseo de servir a la vida, e impone   a la atención del hombre mayor conocimiento histórica del que éste puede   adquirir o asimilar. En este punto, la  historia ya no sirve a la vida; por el contrario, la perturba. (Cf. Dannhauser   1993: 781). Es más, un exceso de historia puede traer calamidades para el   hombre; éste puede perder el sentido y llegar a considerarse como epí­gono   (recién llegado a un escenario donde ya no tiene nada que hacer). Por tanto,   Hegel no tenía razón. De lo contrario, el hombre perdería lo mejor en él: su   aspiración.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Ahí se ve el conflicto   entre una verdad histórica (a veces absoluta) y la vida. Ante el cual hemos de   elegir, según Nietzsche, la vida. Porque puede haber vida sin sabiduría, pero   no a la inversa. Pero esta opción no resuelve el problema. ¿Cuál la solución? A   pesar de que el hombre se ve sometido a las desalentadoras &quot;oleadas de un   esceptisis­mo infinito&quot;. éste, según Nietzsche, puede recuperarse de la   &quot;enfer­medad de la historia&quot;. Esta recuperación sólo es posible si se   demues tra que el historicismo es falso o que al menos no es del todo cierto.   En este intento por superar y trascender la visión historicista, Nietzsche   comienza a cuestionar la verdad objetiva del historicismo y terminará   cuestionando la posibilidad misma de la verdad objetiva en la historia como   ciencia (Cf. Dannhauser 1993: 783). En,otros   términos, el &quot;maestro de la sospecha&quot; dirá si a la capacidad del hombre de crear valores y proyectos   libres; no al claustro de la verdad histórica objetiva,</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Como vemos, en ese   aspecto del pensamiento nietzscheano se da una   crítica a uno de los componentes centrales de la modernidad occidental europea: el historicismo. Nietzsche también cuestionará a otras realidades   de suépoca. Así, por ejemplo, encontrará que todos   los gobiernos son inhe­rentemente democráticos. Hasta los Estados que se   consideran monarquías se orientan con las multitudes y las halagan. Todos los   Estados modernas ceden ante la opinión pública, que no es más que la pereza   privada. Y el gobierno de la opinión pública es el gobierno de la pereza y la   malicia, que engendra la conformidad. De la educación moderna dirá que ya no   moldea individuos auténticos, sino que pro­duce especialistas. La corrupción de   la educación produce por fuerza una corrupción del nivel general del gusto (por   ejemplo. del estético). En fin, para Nietzsche, la cultura de su época estaba   enferma. Como filósofo se preocupará no sólo de diagnosticar los síntomas de   tal enfermedad, sino también de ofrecer un remedio. porque se trata de ser   médico de la cultura. ¿Cómo escapar del último hombre amor­dazado por esta   crisis, o amenazado por esa enfermedad? A modo de cerrar esta breve   presentación de esos juicios de Nietzsche, los dejo con su opción: el   nihilismo. Porque el nihilista. según él, busca destruir valores viejos para   crear otros nuevos (cf. Dannhauser 1993: 791).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Weber,   en los primeros 20 afina de este siglo, no sólo se hará cargo, como vimos, de   la cuestión del método de las ciencias histórico-sociales, sino también de   cuestionar algunas tesis histórico-políticas en boga aun en esas dos primeras   décadas. En efecto, su ensayo La <i>Ética   Protestante y el Espíritu </i>del <i>Capitalismo   (1904/1905) </i>no sólo es un ejemplo de aplicación de la concepción   metodológica de los &quot;tipos ideales&quot;. sino, además, un afán por   refutar el materialismo histórico de Karl Marx. ¿Cómo? Mostrando el nexo que   existe entre la acción económica, la posición social y la cosmovisión   religiosa, en este caso, la ética protestante. Según él, el ascetismo ético   influye en las prácti­cas económicas. Por lo tanto, la cosmovisión del hombre   no es mero reflejo de la vida económica. Al respecto, en forma conclusiva, pero   no dogmática ni reduccionista. nos dice (1975: 260-262): &quot;...Ahora debería   investigarse la manera cómo el ascetismo protestante fue influenciado   a su vez en desen­volvimiento y características fundamentales por la totalidad   de las condiciones culturales y,sociales,   singularmente económicas, en cuyo seno nació. Pues, reconociendo que, en   general, el hombre moder­no, aun con su mejor voluntad, no es capaz de   representarse toda la efectiva magnitud del influjo que las ideas religiosas   han tenido sobre la conducta en la vida, la civilización y el carácter   nacional, nuestra intención no es tampoco susti­tuir una concepción unilateral­mente   &quot;materialista&quot; de la cul­tura y de la historia por una contraria de   unilateral causalismo espiritualista. Mate halls y espiritualismo son   interpretaciones igualmente posibles, pero como trabajo preliminar; si por el   contrario, pretende constituir el término de la investigación, ambas son   igualmente inadecuadas para servir la verdad histórica&quot;. ¿Acaso estas   afirmaciones no fueron una llamada de aten­ción a los posibles efectos que de   hecha los tuvo el marxismo adaptado par Lenin?</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Por esa, y   otras razones, Weber desde su sociología política, contenida en su obra <i>Economia y Sociedad </i>(cd. pós­tuma) y en   una conferencia &quot;La Política como Vocación (1919)&quot;, llamará y   defenderá un nuevo tipo de liderazgo político: el carismático. Pues, se trataba <i>de </i>revertir el proceso de la burocratización   en el capitalis mo y el comunismo. Caso con­trario, ambos acabarían apri­sionando   al hombre en &quot;tina jaula de hie-rro&quot;. La política, según él, tenía   que fijar fines a la comunidad nacional. Por esto, el político debía ser un   profesionalde la política, es decir, debía      tener   conocimientos científicos, porque   precisa­mente la ciencia se encargaría de aportar los medios técnicos adecuados   para alcanzar tales fines. Sin embargo, esta prácti­ca había que realizarla   combi­nando la ética de la convicción con la ética de la responsabili­dad, ya   que ambas son com­plementarias, según él (1988: 65 ss).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Ahora bien. Weber será   un sabio en quien se   mezclarán el encantamiento y desencan­tamiento de la modernidad racional. Y   esto se nota por la apreciación que tuvo de la ciencia en relación con la vida.   Recordemos que Nietzsche ya había visto ese divorcio entre ciencia y vida.   También Wittgenstein, en su Tractatus.., había mostrado, aunque no se le   entendió en los primeros años, que el saber racional positivo era limitado con   relación a explicar el mundo de la vida o sus misterios. En esta dirección,   Weber (1988: 198­199) sostendrá: &quot;El progreso científico constituye una   parte, la más importante, de este pro­ceso de intelectualización, al que, desde   hace milenios, esta­mos sometidos y frente al cual, por lo <a href="http://demás.se">demás, se</a> adopta hoy frecuentemente una actitud   extraordinariamente negativa&quot;. Sin embargo, más adelante, en esta   disertación titulada 'La ciencia como vocación (1919)&quot;, dirá (1988: 225):   &quot;...La ciencia no es hoy un don de visionarios y profetas que distribuyen   bendiciones y revelaciones, ni parte Integrante de la medi­tación de sabios y   filósofos sobre el sentido del mundo. Si de nuevo en este punto surge Tolstoi   dentro de ustedes para preguntar que, puesto que la ciencia no lo hace, quién   es el que ha de respondernos a las cuestiones de qué es lo que debemos hacer y   cómo debe­mos orientar nuestras vidas, o dicho en el lenguaje que hoy hemos   empleado aquí, quién podrá indicarnos a cuál de los dioses hemos de servir,   habrá que responder que sólo un pro­feta o un salvador...&quot;. Por tanto, la   ciencia no da respues­tas a estas cuestiones. La política, quizá, si.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Como podemos apreciar, en las primeras tres   décadas del presente siglo, existe una curiosa mezcla de pesimismo (producto de   aquellas criticas a las ideas e ideologías de la época), y de un optimismo   ambiguo, que, sin romper con la modernidad racional, cues­tionará fuertemente   la postura positivista, antimetafísica dog­mática, determinista e his­toricista.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Dicha actitud crítica   la vemos también en K.R. Popper. hijo, sobre   todo. de la primera mitad de este siglo XX su interés por la ciencia en   general, por sus fundamentos epistemológicos, así como su actitud intelectual   hacia las ciencias sociales en particular, surgirá sobre todo de sus vivencias   políticas, es decir, de su distanciamiento de la política militante (en este   caso del comunismo) y de su postura crítica ante las dos guerras mundiales.   Fenómenos bélicos como la I Guerra Mundial; políticos, como el stalinismo en   Rusia, el nazismo en Alemania: así como también relaciones con científicos   eminentes de esas décadas, marcarán y determinarán sus ideas respecto a las   cien­cias y su teoría sociopolítica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Para tratar brevemente el   aspecto que nos interesa aqui. perrní­tasenos distinguir en el racionalismo   critico popperiano dos niveles por lo demás muy imbricados entre sí: I°, el   nivel epistemologico: que estudia problemas relacionados con el quehacer   científico. Al respec­to, sólo digamos que el autor formula su crítica al   método tradicional de hacer ciencia, concretamente, por ejemplo, al   inductivismo, al verificadonismo empirista, al determinismo, al historicismo,   etc. 2°, el nivel socio-político e histórico, que será desarrollado a partir de   algunos de los elementos centrales de su propuesta epistemológica. En este   campo, en el cual nos vamos a referir al &quot;caso del his­toricista&quot;,   como filósofo politico, Popper tendrá una particular concep­ción de la   sociedad, de la historia y del carácter del cambio social. Contra cualquier   tipo de tribalismo y de totalitarismo, él es un apa­sionado defensor de una   concepción liberal, a partir de la cual aboga por lo que llama una   &quot;sociedad abierta&quot;, fundada en la libertad, tole­rancia y la   democracia.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En   efecto.  en un artículo titulado &quot;La   miseria del his­toricismo&quot; leído primero en Bruselas (en 1934)           y     <br>   después len 1935) en Inglaterra en el seminario de llayek, pretendía mostrar   más claramente cómo el &quot;historicismo' había inspirado tanto al marxismo   (un ejemplo era el stalinismo en Rusia), como al fascis­mo. Por esto, su obra   &quot;La Miseria del historicismo&quot; (1944/45), escrita, según él,   &quot;como esfuerzo de guerra&quot;, y originada a partir de aquel artículo, ha   significado una defensa de la libertad contra las ideas totalitarias y   autoritarias. y una advertencia contra los peligros de las supersticiones   historicistas (Cf. 1985: 153-154).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El   historicista tiene, entre otros rasgos, una actitud holista. Quiere bloquearlo   todo o cambiarlo todo, una vez que, según su falsa preten­sión, conozca todo.   Pero en esto, según Popper, reside su error. Porque es imposible cambiarlo   todo, ya que el todo no lo conocemos y no lo podemos conocer, y, por lo tanto,   no podemos, ni cambiarlo ni detenerlo. Es imposible, por ejemplo, conocer   &quot;toda&quot; la sociedad y &quot;toda&quot; la historia. Las categorías o   principios lógico-racionales quedan &quot;cortos&quot; ante esta pretensión   historicista. Por lo mismo, es imposible cambiarlo todo de una sola vez. Lo que   no quiere decir, sin embargo, que todo problema social deje de tener algún tipo   de solución, sobre todo si aceptamos y caracterizamos la política como   &quot;praxis pura­mente reformista&quot; (en el sentido de que los problemas   deben ser enfrentados desde una perspectiva &quot;gradualista&quot;).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Es más, el historicista   -tanto si es determinista como si es activista, o &quot;renovado&quot; - se   equivoca, porque es víctima de un concep­to de ciencia inductivista que, según   Popper, no se da en la realidad. En este sentido, tras el historicismo   justificador del totalitarismo, sólo hay una opción política a favor de las   instituciones de una &quot;sociedad cerrada&quot;, concebida de manera   organicista y organizada de acuerdo a normas no modificables.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Ciertamente   también, el antitotalitarismo hace su opción, la de la democracia, es decir, la   opción a favor de la construcción de institu­ciones que permitan e incluso   estimulen el debate entre los individuos y los grupos acerca de los fines y los   medios para alcanzarlos, y que sustituyen la fuerza por la convicción, y la   constricción por el consenso.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Todos los Estados modernos ceden ante la     <br>   opinión pública, que no es más que la pereza     <br>   privada. Y el gobierno de la opinión pública es el     <br>   gobierno de la pereza y la malicia, que engendra     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   la conformidad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Esto para   Popper será también una opción pero racional (crítica y autocrítica): una   opción, que admite que puede haber otras. Y esta debería ser la nueva actitud   del político. En consecuencia, el problema reside en optar entre la razón y la   violencia, entre la persuasión y la fuerza, entre el consentimiento libre y   consciente y la imposición vio­lenta física y psíquica: en fin, en términos   popperianos, entre el totali­tarismo y la democracia. Según Popper, de una   concepción episte­mológica realista, objetiva, antihistoricista pero no   antihistórica, empírica y científica dependerá también la opción por la   democracia, la cual es concebida &quot;como el mantenimiento y continuo perfec­cionamiento   de determinadas instituciones, y en particular de aque­llas que ofrecen a las   gobernados la posibilidad efectiva de criticar a sus propios gobernantes y de   sustituirlos sin derramamiento de san­gre...&quot; (Antiseri/Reale 1988). En La   Sociedad Abierta y sus Enemigos (1988) nos dice: &quot;No soy contrario en   todos los casos y en todas las circunstancias a la revolución violenta. Como   algunos pensadores cristianos de la Edad Media y del Renacimiento, que admitían el recurso   al tirani­cidio, creo que bajo una tiranía puede no haber en realidad  ninguna otra posibilidad, y que una   revolución violenta podría justificarse. Pero creo también que cualquier   revolución de esta clase debe tener como objetivo única­mente la instauración   de la democracia...&quot;. Y los sistemas políticos democráticos surgieron en   la década del 40 de este siglo XX con la finalidad de defender los Derechos   Humanos Universales bajo un ca­pitalismo de Estado, empezando por Alemania,   Inglaterra, etc.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Para concluir,   permítaseme decir, en forma de aforismos, las si­guientes tres afirmaciones:</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Primera: El hombre (varón   y mujer) aún tiene   el desafío de seguir aprendiendo qué significa luchar con la razón, es decir,   con las ideas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Segunda: La ciencia hasta   ahora no ha sido capaz de decirnos cómo debemos vivir.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Tercera: Es una tarea aún   la de crear y defender instituciones donde se posibiliten prácticas y actitudes   democráticas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>BIBL1OGRAFIA</b></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antiseri,   D/Giovanni Reale 1988: Historia del Pensamiento Filosófica y Gientifico. Del   Romanticismo Hasta Hoy. T. III. Barcelona: Hender.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201621&pid=S1815-0276200000020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aran, Raynnuid 1976: Las Etapas del Pensamiento Sociológico.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201622&pid=S1815-0276200000020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durkheim-Pareto-Weber.   Tul. Trad.: Aníbal Leal, Bs. As.: Ediciones siglo veinte. 405 pp.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201623&pid=S1815-0276200000020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bermudo. J. M. (director) 1983: <b>Los </b>filósofos y sus filosofías, Vol. 3.   Barcelona: Ed. Voicens-Vives, S. A. 552 pp.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=201624&pid=S1815-0276200000020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face="Verdana">1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comte,   Augusta 1984: Discurso sobre el espíritu positivo. Sarpe-España; Ed. Los   grandes pensadores. pp. 25-157.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dannhauser.   Werner J. 1993: &quot;Friedrich Nietzehe&quot;, pp. 779-798. en Leo Strauss y   Joseph Cmpsey (comps.): Historia de la filosofia politica. Trad.: L. García V.   / D. Luz Sánchez / J. J. Utrilla. México: F. C. E. 904 pp.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dilthey.   Wilhein 1966: Introducción a las ciencias del espíritu, 2' ed. Trad.: Julián   Matías. Madrid: Revista de Occidente. 584 pp.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dudley.   D. 1966: La teoría económica de John Maynard Keynes. Teoría de una economía   monetaria. 8' ed. Madrid: Aguilar. s/p.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; liabermas.   Jürgen 1988: Teoría de la acción comunicativa. Racionalidad de la acción y   racionalización social. T. I. Trad.? Jiménez Redondo. Madrid: Taurus. 517 pp.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hayek, Friedrich 1982: &quot;Los principios de un orden   social liberal&quot;, pp. 179-202 en Estudios Públicos. N° 6. Segundo   Trimestre. Santiago de Chile.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --1945:   individualismo: el verdadero v el falso&quot;, pp. 315-341. en  Estudios Públicos, N° 6 . Santiago de Chile.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gadamer, Hans-Georg 1977: Verdad y método. Fundamen-tos   de una hes<sup>­</sup>menéutka   filosófica. Trad.: Ana Agud A/Rafael de Agapito. Salamanca: Ed. Sígueme 331 pp.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matteucci, Nivela        1988:  &quot;Liberalismo&quot;,   pp. 905-931, en N. Bobbio y N. Natteucci (Dirs.): Diccionario de politica.   5&quot; ed. México: siglo XXI edi­tares. s. a. pp. 881-1751.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">10.&nbsp; Popper. E. R. 1985:   Búsqueda sin término. Una autobiografia in­telectual. Trad.: Carmen García.   Madrid: Tecnos, S. A. 287 pp.  1984: Sociedad abierta, universo   abierto. Conversación con Franz Kruezer. Trad.: Salvador Mas Tarres/Angiles   Jimenez P. Madrid: Tecitos, S. A. 158 pp.</font></p>      ]]></body><back>
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