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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Ensayo</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sugerencias para una Semi&oacute;tica Integral, y el Rol de las Matem&aacute;ticas en Ella</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mauricio Navia Lora</font></b></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Centro de Investigaci&oacute;n Matem&aacute;tica    <br> Universidad Cat&oacute;lica Boliviana San Pablo    <br> e-mail: <a href="mailto:navia@ucbcba.edu.bo">navia@ucbcba.edu.bo</a></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> <hr noshade>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el siguiente ensayo se presenta una perspectiva global de la evoluci&oacute;n de la ling&uuml;&iacute;stica y su lugar en el conjunto de las ciencias y, en particular, su relaci&oacute;n con las matem&aacute;ticas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Primero debemos se&ntilde;alar que la ling&uuml;&iacute;stica, como se conoce hoy en d&iacute;a, es relativamente reciente; no llega ni al siglo y medio de edad. Esto, por supuesto, no significa que el lenguaje no haya despertado un vivo inter&eacute;s en per&iacute;odos anteriores. De hecho, el estudio de las lenguas, principalmente el griego y el lat&iacute;n, fue un ingrediente esencial de la escol&aacute;stica medieval. El sesgo era principalmente preceptivo y can&oacute;nico; cu&aacute;les eran las gram&aacute;ticas, cu&aacute;les las formas principales de expresi&oacute;n ret&oacute;rica y po&eacute;tica. El estudio de la lengua no estaba, pues, separado del de la literatura, entendida como formas de expresi&oacute;n cultivada de la lengua. Y &eacute;sta es la principal diferencia con la ling&uuml;&iacute;stica moderna.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, entre la escol&aacute;stica y la ling&uuml;&iacute;stica moderna existe un estadio intermedio que fue importante para constituir al lenguaje como un objeto de estudio cient&iacute;fico. Se trata de la filolog&iacute;a. Principalmente en los pa&iacute;ses de habla germ&aacute;nica, surgi&oacute; un fuerte inter&eacute;s por el conocimiento del pasado, a trav&eacute;s de las tradiciones populares. Evidentemente, el &eacute;nfasis que en la &eacute;poca medieval se le daba a la estructura presente, vista como inmutable y sancionada por el orden divino, dio paso a una visi&oacute;n m&aacute;s historicista y, en medio de esto, a un inter&eacute;s por conocer el sustrato pagano de las culturas europeas que hab&iacute;a sido violentamente censurado por el medioevo cristiano. As&iacute; aparecieron los estudiosos -en algunos casos apologistas- del folklore, como Herder y los hermanos Grimm, en Alemania. Estrechamente ligado a esto, surge la filolog&iacute;a cuyos nombres destacados son Wilhelm von Humboldt en Alemania, fundador de la Universidad de Berl&iacute;n, y Vossler en Suiza. La filolog&iacute;a tiene en cierta medida una gran deuda con la ret&oacute;rica medieval; sin embargo, se diferencia de ella por cuanto tiene una pretensi&oacute;n cient&iacute;fica. A ella le conciernen la historia comparativa de las lenguas, sus relaciones de parentesco o filiaciones, a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; del marco estrictamente europeo o del marco de las lenguas cl&aacute;sicas. Es as&iacute; que durante este per&iacute;odo, fines del siglo dieciocho y todo el siglo diecinueve, los fil&oacute;logos descubrieron que casi todas las lenguas europeas</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">-a excepci&oacute;n del euskera<sup>1</sup>- tienen su origen, principalmente, en el s&aacute;nscrito de la India y el hecho sorprendente de que el h&uacute;ngaro y el finland&eacute;s pertenecen a una misma familia. Esto tuvo consecuencias ideol&oacute;gicas importantes, como la. introducci&oacute;n de la categor&iacute;a de lo &quot;indoeuropeo&quot; y las especulaciones sobre los &quot;arios&quot;, un grupo esencial en el horizonte de un mito de origen. Es verdad que estos aspectos ideol&oacute;gicos descansan en un contexto propicio: por un lado, el auge del positivismo, una fe cuasi-religiosa en las posibilidades ilimitadas de la ciencia; por otra parte, el imperialismo europeo, con su ideolog&iacute;a oficial, el racismo, como doctrina aut&oacute;noma y con pretensiones cient&iacute;ficas.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La arbitrariedad de los signos</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo que verdaderamente permiti&oacute; que la ling&uuml;&iacute;stica se convirtiese en la ciencia humana que es hoy en d&iacute;a, fue la labor pionera del franco suizo Ferdinand de Saussure y del estadounidense Charles Saunders Peirce, considerados, respectivamente, padres de la ling&uuml;&iacute;stica y la semi&oacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para Saussure, la filolog&iacute;a hab&iacute;a estado excesivamente ocupada con los aspectos hist&oacute;ricos (diacr&oacute;nicos) de la lengua. Esto sonaba muy interesante, pero perd&iacute;a de vista al lenguaje en s&iacute;, c&oacute;mo es que se habla la lengua, viva, actual, y en virtud de qu&eacute; funciona efectivamente, es decir, qu&eacute; le permite tener una coherencia interna y sustentar la <i>significaci&oacute;n </i>(o si se prefiere, la capacidad de crear significaci&oacute;n). La filolog&iacute;a no hab&iacute;a llegado, pues, al meollo del asunto. El lenguaje no ten&iacute;a a&uacute;n la madurez necesaria para reflexionar sobre si mismo. No se olvide que el veh&iacute;culo para transmitir las ense&ntilde;anzas del estudio del lenguaje es el propio lenguaje. La filolog&iacute;a daba el lenguaje &quot;por sentado&quot;; en realidad no estudiaba el lenguaje en s&iacute;, como un fen&oacute;meno humano sumamente intrigante y necesitado de una mirada cient&iacute;fica, sino m&aacute;s bien estudiaba las lenguas, desde un punto de vista comparativo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La contribuci&oacute;n esencial de Saussure estuvo en realizar (o mejor remarcar) la divisi&oacute;n, aparentemente obvia, del signo entre significante y significado. El significante es aquel objeto formal y claramente definible cuando expresamos una palabra o nos hallamos frente a un signo. Por ejemplo, cuando digo &quot;manzana&quot; estoy emitiendo una serie de sonidos -que se rigen a un c&oacute;digo fon&eacute;tico de una lengua particular, en este caso el castellano- claramente discernibles para una audiencia de lengua hispana, y que designa un objeto rojo -a veces, verde-, liso y comestible. Esto &uacute;ltimo, el objeto se&ntilde;alado por el vocablo &quot;manzana&quot;, vendr&iacute;a a ser el significado. Esta observaci&oacute;n no es trivial, o dig&aacute;moslo, es importante precisamente porque es trivial. En muchos de los pueblos as&iacute; llamados &quot;primitivos&quot;, o de horizonte local, las palabras no designan, son los objetos. He aqu&iacute; la base de los encantamientos y de la magia, y es algo que podemos observar en los ni&ntilde;os peque&ntilde;os, quienes se sorprenden y les causa hilaridad que una cosa pueda designarse de una manera distinta a como se les hab&iacute;a ense&ntilde;ado inicialmente. &quot;Eso no es puerco, es un chancho&quot;. Evidentemente podr&iacute;amos <i>convenir </i>en llamar, de ahora en adelante, tomates a las manzanas, y viceversa, o que el verde del sem&aacute;foro signifique &quot;pare&quot; y el rojo, &quot;prosiga&quot;. Bastan dos personas para crear una comunidad ling&uuml;&iacute;stica, </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">aunque en el &uacute;ltimo caso la integridad f&iacute;sica de &eacute;sta estar&iacute;a en peligro. Cuando la comunidad ling&uuml;&iacute;stica en la que est&aacute; inserto y en la que puede funcionar un individuo no tiene un &aacute;rea considerable de intersecci&oacute;n con los c&oacute;digos de la comunidad social de la cual depende, se producen problemas sociales. Aquella comunidad es considerada marginal (el caso de los gitanos y del hampa, por ejemplo), y, seguramente, ha de sufrir opresi&oacute;n. En el caso l&iacute;mite, y por definici&oacute;n imposible, de un solo individuo dentro de una &quot;comunidad&quot; ling&uuml;&iacute;stica, la psiquiatr&iacute;a hablar&iacute;a de &quot;demencia&quot;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para Saussure, no ten&iacute;a por qu&eacute; existir un v&iacute;nculo &quot;natural&quot; entre significado y significante. Es cierto que existen palabras relacionadas con las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas de los objetos que designan, o las caracter&iacute;sticas emocionales de los sujetos hablantes, tales como las expresiones &quot;onomatopeicas&quot;, de las cuales las interjecciones (&iexcl;ay!, &iexcl;uf!, achichi-u, atatay, laq'aj) forman una buena parte. Que mucho del vocabulario pueda tener su origen en tales expresiones, no cambia el hecho de que lo que le da su peculiaridad al lenguaje es su capacidad de funcionar abstray&eacute;ndose de dicho origen, o lo que denomina Saussure la <i>arbitrariedad del signo. </i>Esta arbitrariedad implica la artificialidad de todo lenguaje, incluso de aquellos que llamamos &quot;naturales&quot;, y que constituyen la gran mayor&iacute;a de los lenguajes que se hablan en el planeta, mientras, nuestra convenci&oacute;n es designar como &quot;artificiales&quot; s&oacute;lo a aquellos lenguajes que hayan sido <i>deliberadamente </i>creados, tales como el esperanto, el klingon, o los lenguajes computacionales. Por otra parte, decimos que el castellano, el quechua, el ingl&eacute;s, o el mandar&iacute;n, son lenguas &quot;naturales&quot; ; sin embargo, este &quot;naturales&quot; no tiene mucho que ver con aquello que estudian las ciencias naturales. Es por esto que en la tradici&oacute;n acad&eacute;mica de habla francesa, la ling&uuml;&iacute;stica est&aacute; dentro de las llamadas &quot;ciencias humanas&quot; (es en verdad la principal de ellas).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otra contribuci&oacute;n de Saussure, y una vez m&aacute;s, en apariencia, no muy sorprendente, es haber se&ntilde;alado que el valor de un signo dentro de un lenguaje es estrictamente dependiente de su contexto. La significaci&oacute;n es contextual. No existe una ligaz&oacute;n ni natural ni m&iacute;stica de las palabras con las cosas. La significaci&oacute;n es <i>producida </i>por los c&oacute;digos que son relevantes en un contexto dado. Un signo aislado -al igual que para Arist&oacute;teles un hombre fuera de la sociedad- es, por definici&oacute;n, imposible. Es en este punto donde se advierte la profundidad de la intuici&oacute;n saussuriana. No es que por un lado exista un &quot;mundo&quot;, en el que habitan los objetos, &quot;las cosas&quot; (relativamente estables), y por el otro haya un &quot;lenguaje&quot;, en el que est&aacute;n los signos y las palabras (relativamente mutables), y que la significaci&oacute;n consista s&oacute;lo en crear relaciones entre aquellos dos. La significaci&oacute;n es una <i>relaci&oacute;n interna </i>entre los mismos signos. Las cosas que se designan no pertenecen exclusivamente al mundo material, tangible, pueden serlo tambi&eacute;n las propias palabras. De ah&iacute; la enorme complejidad que conlleva el estudio del lenguaje y, en general, de todas las ciencias humanas. El lenguaje puede crear, de hecho crea, universos de significaci&oacute;n desplazados uno o m&aacute;s pasos del mundo de las cosas tangibles. Permite a la conciencia humana habitar en &oacute;rdenes ontol&oacute;gicos distintos.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Mundos posibles y el llamado &quot;sentido com&uacute;n&quot;</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No ver esto fue la principal ceguera del positivismo l&oacute;gico, especialmente en el mundo acad&eacute;mico anglosaj&oacute;n. Esta corriente pretend&iacute;a reformar la filosof&iacute;a haciendo que todos sus referentes quedasen perfectamente enraizados en el &quot;mundo real&quot;. La t&eacute;cnica a emplearse era el llamado &quot;an&aacute;lisis de lenguaje&quot;, que consist&iacute;a en clarificar todos los t&eacute;rminos de un discurso, remiti&eacute;ndolos a los referentes de la realidad tangible, y en garantizar la coherencia l&oacute;gica del discurso. Los positivistas l&oacute;gicos m&aacute;s recalcitrantes aseveraban que con esta t&eacute;cnica toda la metaf&iacute;sica y todas las teor&iacute;as del valor (axiolog&iacute;as) quedaban desenmascaradas como un sofisticado disparate (<i>non-sense</i>)<i>. </i>Es decir, muchas de las proposiciones de la mayor&iacute;a de los sistemas filos&oacute;ficos (especialmente continentales) no eran verdaderas proposiciones, en el sentido de que pueda decidirse su valor de verdad, pues no era posible encontrar el referente en el mundo real. Lo que estos fil&oacute;sofos olvidaban era que su concepci&oacute;n de lo que era el mundo real resultaba producto de una concepci&oacute;n metaf&iacute;sica impl&iacute;cita e inconsciente, pero sumamente fuerte. Unos pocos (Popper, por ejemplo) tuvieron la lucidez suficiente para reconocer que era necesario un punto de partida metaf&iacute;sico, postulando la existencia de un mundo real (&quot;mundo 1&quot; en terminolog&iacute;a popperiana), pero de esa manera se fueron alejando gradualmente del positivismo l&oacute;gico como tal. En los pa&iacute;ses anglosajones, aquel subsiste con gran fuerza en versiones algo vulgarizadas, presentes en el periodismo y en algunos sectores de divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica (a menudo m&aacute;s cientificista, o sea, ideol&oacute;gica, que cient&iacute;fica de verdad) y grupos de esc&eacute;pticos. El &quot;common sense&quot; est&aacute; a&uacute;n muy vigente, aunque a menudo se olvida que el actual &quot;common sense&quot; es algo distinto al de hace solo unas d&eacute;cadas. La mayor parte de las personas con una educaci&oacute;n mediana es, en cuanto a su concepci&oacute;n del mundo f&iacute;sico, &quot;natural&quot;, &quot;instintivamente&quot; newtoniana. No es muy dif&iacute;cil mostrar lo plausible de la &quot;f&iacute;sica de bolas de billar&quot; y de coordenadas cartesianas a personas que viven en ciudades cuadriculadas, que usan cotidianamente un sistema decimal y relojes con precisi&oacute;n de segundos. Pese al anacronismo de no usar un sistema m&eacute;trico universal, que quiz&aacute;s les simplificar&iacute;a las cosas, la mayor parte de los norteamericanos, ingleses, etc. aceptan la cosmovisi&oacute;n newtoniana como su propio sentido com&uacute;n. Hay que recalcar que el positivismo l&oacute;gico no estaba necesariamente atado a una visi&oacute;n newtoniana-mecanicista de la realidad; por el contrario, tuvo su auge durante las conmociones que sufri&oacute; la f&iacute;sica con las teor&iacute;as relativista y cu&aacute;ntica. Buscaba consolidar las bases del m&eacute;todo cient&iacute;fico, a&uacute;n cuando el sentido com&uacute;n newtoniano (tiempo absoluto, espacio absoluto, objetos claramente discernibles) hab&iacute;a estado ya en crisis. El resultado fue un cierto agnosticismo epistemol&oacute;gico; hab&iacute;a que aceptar nuevas verdades con mucho cuidado de generalizarlas excesivamente; hab&iacute;a que renunciar a pretensiones de conocimiento universal y contentarse con lo local y lo provisional.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El positivismo l&oacute;gico, a diferencia del positivismo cl&aacute;sico, no es tanto un heredero de la fe absoluta en la ciencia, cuanto lo es de David Hume, quien con su negaci&oacute;n de la causalidad y de la inducci&oacute;n como l&oacute;gicamente v&aacute;lidas puso en entredicho las bases epistemol&oacute;gicas de la ciencia. Bertrand Russell toma seriamente los argumentos y conclusiones de Hume, particularmente el de la inducci&oacute;n, y, sin llegar a su escepticismo radical, procura mostrar como es posible el conocimiento cient&iacute;fico, pero esta vez enmarcado dentro de l&iacute;mites muy estrictos. La ciencia no nos puede develar por completo la realidad, pero es el mejor m&eacute;todo, el m&aacute;s honesto y sensible, que tenemos a disposici&oacute;n. Ahora bien, lo que en tiempos de Russell, Moore o Alfred Ayer era relativamente novedoso, y hasta revolucionario, es ahora un lugar com&uacute;n, es parte del &quot;sentido com&uacute;n&quot; de muchas personas. Y esto contiene el peligro de todas las verdades que son recibidas acr&iacute;ticamente, muchas veces de un modo tan sutil que uno ignora que su conciencia intelectual est&aacute; dentro de un modo de pensar hist&oacute;ricamente condicionado y para el cual no ha tenido que realizar un gran esfuerzo. Despu&eacute;s de todo, Russell empez&oacute; su carrera filos&oacute;fica como hegeliano, y mucho de su trabajo inicial como fil&oacute;sofo es un esfuerzo por mostrar lo que ve&iacute;a de disparatado en el hegelianismo y, en general, en todas las filosof&iacute;as continentales, pero a partir de un conocimiento <i>interno </i>de las mismas. Esta evoluci&oacute;n intelectual que tiene en cuenta al contrario, a lo opuesto, curiosamente ilustra el significado de la dial&eacute;ctica en un sentido hegeliano: el &quot;Devenir del Esp&iacute;ritu&quot; como lucha -esforzada- de contrarios.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Oposiciones binarias</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No hace falta suscribirse a posturas ideol&oacute;gicas tan comprehensivas para ver la relevancia de la historicidad y de la dial&eacute;ctica de los contrarios, en lo que ata&ntilde;e a los asuntos humanos. En particular, en la ling&uuml;&iacute;stica, pese a que el &eacute;nfasis est&aacute; en la lengua tal y como funciona ahora, en un momento dado (el enfoque <i>sincr&oacute;nico), </i>por encima de cu&aacute;l fue su origen y evoluci&oacute;n (la dimensi&oacute;n <i>diacr&oacute;nica)</i>, no debe creerse que desprecia la historicidad inherente en todo sistema ling&uuml;&iacute;stico. Saussure solo critic&oacute; el &eacute;nfasis excesivo de la filolog&iacute;a en lo diacr&oacute;nico y en todo caso, postul&oacute; la necesidad de una nueva ciencia que estudie los aspectos sincr&oacute;nicos del lenguaje. El lenguaje no deb&iacute;a &quot;darse por sentado&quot;; era algo sumamente problem&aacute;tico y, como tal, requer&iacute;a de una delimitaci&oacute;n minuciosa de cu&aacute;l era su objeto propio de estudio. Hemos dicho que el valor de un signo depende de su contexto. Y ahora bien, la pregunta es: &iquest;qu&eacute; es el contexto?; &iquest;qu&eacute; lo define? Evidentemente el contexto de un signo dado es el conjunto de los significantes que son relevantes para sostener su significaci&oacute;n, y &eacute;sta depende de un <i>orden </i>dado. Algunos ordenamientos tendr&aacute;n sentido y otros no. Lo que hace al contexto, aparte de los significantes ordenados de un modo particular, es tanto un conjunto de caracter&iacute;sticas expl&iacute;citas, cuanto otro de caracter&iacute;sticas impl&iacute;citas (el an&aacute;lisis puede explicitar estas &uacute;ltimas). Los otros significantes tambi&eacute;n poseen una dimensi&oacute;n &quot;significa&quot;, es decir, funcionan como signos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Uno de los mecanismos por los cuales un significante adquiere significado est&aacute; dado por lo que convencional -y, por lo general, impl&iacute;citamente- resulta ser su significado opuesto. Es decir, muchas veces, lo que <i>es </i>se define por lo que <i>no es, </i>sea que lo digamos expl&iacute;citamente o no. A esto se le llaman pares de oposiciones binarias. Por ejemplo, tomemos la palabra &quot;hombre&quot;. Si dicha palabra aparece en la oraci&oacute;n &quot;en tan duras condiciones, Garibaldi se hizo <i>al fin </i>un hombre&quot;, est&aacute; claro que se refiere a hombre en tanto no ni&ntilde;o; es decir, Garibaldi dej&oacute; de ser un ni&ntilde;o. Qu&eacute; distinto de cuando o&iacute;mos en una de las redondillas de sor Juana In&eacute;s de la Cruz decir &quot;hombre necios...&quot; Aqu&iacute; hombre est&aacute; empleado en tanto no-mujer. En los dos ejemplos anteriores tanto ni&ntilde;o como mujer son, en otro sentido, &quot;hombres&quot;; podr&iacute;amos, pues, pensar en una oraci&oacute;n como:</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&quot;sus descomunales garras no pudieron vencer al hombre&quot;, y as&iacute; remitirnos a hombre en tanto no-animal. Y as&iacute; podr&iacute;amos buscar contextos en los que hombre signifique: no-&aacute;ngel, no-naturaleza, no-inorg&aacute;nico, no-divino, no-desalmado o inhumano, etc. Todo significado contiene impl&iacute;citamente su negaci&oacute;n, pero esta negaci&oacute;n no es un&iacute;voca. Pero, m&aacute;s a&uacute;n, lo que tiene un contexto de impl&iacute;cito tiene que ver muchas veces con la historicidad de dicho contexto y con el compartir dicha historicidad, es decir la comunidad de significados. Por ejemplo, al mencionar l&iacute;neas arriba la frase de sor Juana In&eacute;s de la Cruz, probablemente para algunos no ser&iacute;a necesario a&ntilde;adir la conclusi&oacute;n &quot;... que juzg&aacute;is a la mujer sin raz&oacute;n&quot; para saber que Juana significaba &quot;hombre&quot; como no-mujer (y adem&aacute;s con una intenci&oacute;n de reproche). Incluso para alguno que no conociera los versos, el solo saber la fama &quot;feminista&quot; de sor Juana habr&iacute;a bastado. En el caso de Garibaldi la oraci&oacute;n funciona como se espera (no se &quot;malinterpreta&quot;) si es que tenemos en cuenta que Garibaldi fue un personaje hist&oacute;rico del g&eacute;nero masculino, y no un robot androide de <i>Blade Runner, </i>susceptible a ser humanizado; y es efectiva tambi&eacute;n gracias a la utilizaci&oacute;n de la frase &quot;al fin&quot;, la cual denota un devenir, el cambio de un algo que <i>fue, </i>pero que <i>ya no es.</i></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En cualquier contexto hay ciertos supuestos culturales, y la cultura es siempre hist&oacute;rica. La cr&iacute;tica literaria moderna insiste mucho en analizar el texto en s&iacute;, en un sentido sincr&oacute;nico; y no obstante, como se ha sugerido, la inserci&oacute;n del texto en la cultura, la relaci&oacute;n de &quot;mundo y texto&quot; (Edward Said) es algo que no se puede desde&ntilde;ar, siempre est&aacute; ah&iacute;. Aunque nos concentremos en la dimensi&oacute;n sincr&oacute;nica del lenguaje, y &eacute;sta sea el objeto propio del estudio de la ling&uuml;&iacute;stica (en tanto ciencia humana y no &quot;humanidades&quot;, o &quot;artes&quot;), siempre est&aacute; dentro de un contexto diacr&oacute;nico, que en algunos casos habr&aacute; de observarse con detenimiento. Esta historicidad propia del lenguaje no s&oacute;lo est&aacute; presente en la historia de los grandes hechos, sino tambi&eacute;n en las historias de la vida cotidiana. Es por tal raz&oacute;n que, a veces, un chiste tiene sentido para un grupo reducido de oyentes; en otras ocasiones tiene un p&uacute;blico potencial m&aacute;s amplio, pero raramente trascienden las fronteras de un pa&iacute;s y menos a&uacute;n las de un idioma. La vida cotidiana hace el tejido m&aacute;s &iacute;ntimo de la cultura, y es por eso que a&uacute;n cuando hay culturas m&aacute;s o menos abiertas, m&aacute;s o menos porosas, siempre es necesario cierto grado de contextualizaci&oacute;n para aquel que sea nuevo a una cultura, subcultura, o comunidad sem&aacute;ntica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Guerras ling&uuml;&iacute;sticas</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora hace falta ver brevemente algo del desarrollo de la ling&uuml;&iacute;stica a lo largo de su relativamente corta historia y su relevancia para el presente. El estadounidense Charles Peirce -contempor&aacute;neo de Saussure- realiz&oacute; independientemente una contribuci&oacute;n muy importante. Sin embargo, como trabaj&oacute; en cierto aislamiento, su impacto no fue muy grande en su propio tiempo y en su propio pa&iacute;s. Desde los a&ntilde;os sesenta, con el auge de la semi&oacute;tica y los estudios culturales, su obra ha comenzado a ser m&aacute;s le&iacute;da y comentada, y se dice que tiene la profundidad y los alcances de Saussure. Veremos luego que Peirce incluso abord&oacute; algunos aspectos con un poco m&aacute;s de sutileza, aunque fundamentalmente diciendo lo mismo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En Norteam&eacute;rica hubieron contribuciones importantes a la ling&uuml;&iacute;stica, pero inicialmente a partir de una posici&oacute;n marginal. Primero tenemos, gracias al desarrollo de antropolog&iacute;a cultural, en gran parte debida a Franz Boas, un inter&eacute;s m&aacute;s detenido y respetuoso por las lenguas de los pueblos nativos, en notable contraste con antropolog&iacute;as &quot;zool&oacute;gicas&quot; anteriores, m&aacute;s puestas al servicio de la empresa imperialista que de un conocimiento &iacute;ntimo de las culturas. As&iacute; tenemos la obra de la antropolog&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica de Edward Sapir (alumno de Boas) y de su disc&iacute;pulo Benjam&iacute;n Lee Whorf. Estos investigadores tuvieron la oportunidad de conocer lenguas en peligro de desaparici&oacute;n (en el sudoeste norteamericano) y de vivir entre quienes las hablaban, constatando por experiencia propia que estas lenguas ten&iacute;an una estructura radicalmente distinta de las lenguas europeas, sobre todo en cuanto a uso de tiempos verbales, etc., y conjeturando que la estructura de estas lenguas, tan diversas entre s&iacute;, correspond&iacute;a a una percepci&oacute;n del mundo (inclusive en lo que se refiere a lo sensorial, o a los filtros cognitivos que utilizamos para interpretar los sensorial) igualmente distinta. As&iacute; se tiene la controvertida y c&eacute;lebre hip&oacute;tesis de Sapir-Whorf seg&uacute;n la cual &quot;el lenguaje determina la cosmovisi&oacute;n y la percepci&oacute;n cotidiana de la realidad&quot;. Esta hip&oacute;tesis tiene versiones m&aacute;s o menos fuertes, pero en todo caso durante mucho tiempo ha quedado como un punto de contenci&oacute;n; los investigadores que se inclinaban a favor o en contra de ella lo hac&iacute;an basados en su experiencia personal y en sus prejuicios. El auge de las ciencias cognitivas ha renovado el inter&eacute;s por investigar esta hip&oacute;tesis y, seg&uacute;n algunos especialistas, existe evidencia experimental a su favor.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otra l&iacute;nea de la ling&uuml;&iacute;stica norteamericana es la denominada &quot;escuela bloomfeldiana&quot;, opuesta a la de Sapir-Whorf y sus seguidores, la cual ya comenzaba a caer en relativo olvido a fines de los a&ntilde;os treinta. La escuela bloomfeldiana estuvo m&aacute;s acorde con las tendencias epistemol&oacute;gicas tradicionales de Norteam&eacute;rica: mucho &eacute;nfasis en la observaci&oacute;n emp&iacute;rica y una interpretaci&oacute;n conductista del &quot;performance&quot; ling&uuml;&iacute;stico. Por lo menos hasta fines de los a&ntilde;os sesenta las denominadas &quot;ciencias de la conducta&quot; tuvieron predominancia en aquellas &aacute;reas de estudio que en Europa eran de inter&eacute;s de las ciencias humanas (ling&uuml;&iacute;stica, psicoan&aacute;lisis, antropolog&iacute;a). Entonces se interpretaban los problemas del lenguaje desde un punto de vista operacional. Por ejemplo, el problema de la adquisici&oacute;n del lenguaje. Durante mucho tiempo los ling&uuml;istas norteamericanos se inclinaron por la idea de que la adquisici&oacute;n es un mero proceso imitativo, en consonancia con la teor&iacute;a conductista de la psicolog&iacute;a. Las ciencias de la conducta estaban fren&eacute;ticamente abocadas a liberarse de la tutela te&oacute;rica de Europa continental. Amparados en un entendimiento superficial del positivismo l&oacute;gico, suger&iacute;an que las pesquisas te&oacute;ricas continentales eran un mont&oacute;n de <i>non-sense. </i>Seg&uacute;n ellos, hab&iacute;a que ir a los experimentos, hacia las cosas tangibles. En este clima desfavorable, hubieron algunas excepciones, la m&aacute;s notable Noam Chomsky.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La obra ling&uuml;&iacute;stica de Chomsky tiene dos vertientes; una consiste en tomar las estructuras sint&aacute;cticas y hacer un an&aacute;lisis abstracto de ellas; la otra consiste en tratar de comprender los procesos de adquisici&oacute;n del lenguaje basados en la teor&iacute;a del desarrollo cognitivo de Piaget. Por lo primero, Chomsky puede ser considerado un pionero de la ling&uuml;&iacute;stica matem&aacute;tica, que sobre todo utiliza herramientas algebraicas; por lo segundo, un pionero en introducir en psicolog&iacute;a los paradigmas cognitivos que han tenido un gran</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">desarrollo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y est&aacute;n reemplazando al crudo conductismo de la ('poca de Skinner. De hecho, Chomsky considera que ''no hay que plantearse cu&aacute;les son las relaciones entre ling&uuml;&iacute;stica y psicolog&iacute;a: la ling&uuml;&iacute;stica es una parte de la psicolog&iacute;a&quot;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El paradigma conductista, a nombre de un cientificismo riguroso, s&oacute;lo prestaba atenci&oacute;n a la dimensi&oacute;n externa, operacional, de los actos del habla, supuestamente lo &uacute;nico que podr&iacute;amos conocer realmente. Chosmky arguye que la interioridad, c&oacute;mo el sujeto percibe la realidad y emplea sus herramientas de expresi&oacute;n, es algo que tambi&eacute;n merece la pena ser investigado, que la posici&oacute;n conductista de negar de plano todo estudio de lo interior (intencionalidad, motivaci&oacute;n, percepci&oacute;n) es una actitud dogm&aacute;tica, anti&shy;cient&iacute;fica y reductiva. Chomsky ha retornado a Descartes y el sujeto cartesiano, as&iacute; como la gram&aacute;tica de Port-Royal y, como ya se mencion&oacute;, la obra de Piaget.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las conclusiones a las que ha llegado son sorprendentes y en franca oposici&oacute;n a lo que esperar&iacute;a la ling&uuml;&iacute;stica tradicional norteamericana. Todos los hombres poseen competencias ling&uuml;&iacute;sticas sumamente complejas, y esto en virtud de &quot;estructuras innatas&quot; (gen&eacute;ticas) que as&iacute; lo permiten. Toda persona tiene la capacidad de <i>crear </i>oraciones nunca antes producidas o bien con sesgos interpretativos novedosos. Por supuesto el lenguaje est&aacute; en constante evoluci&oacute;n, sus reglas nunca son fijas. No se tiene por un lado un repertorio de palabras y, por otro, uno de c&oacute;digos, claramente separados, sino que &eacute;stos var&iacute;an influy&eacute;ndose rec&iacute;procamente. Chomsky analiza las estructuras sint&aacute;cticas con funciones recursivas y libera al lenguaje de un an&aacute;lisis meramente combinatorio. En particular, presta atenci&oacute;n a aquellas frases de sentido ambiguo (por un uso de comas, o por el contrario, porque justamente no existen recursos gramaticales expl&iacute;citos que permitan diferenciar un sentido de otro) y que sin embargo son plenamente comprensibles. El sujeto <i>tabula rasa </i>del conductismo no podr&iacute;a explicar c&oacute;mo es que estas frases pueden ser decodificadas e interpretadas &quot;correctamente&quot; (es decir, adecuadas a la intenci&oacute;n del emisor). Es necesario que haya una estructura a-priori en el sujeto que le permita la aprehensi&oacute;n de tales frases.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es cierto que la experiencia com&uacute;n nos ense&ntilde;a que cuando, por ejemplo, un ni&ntilde;o no ha alcanzado cierto grado de adecuaci&oacute;n no podr&aacute; comprender ciertas oraciones, especialmente si se trata de juegos ling&uuml;&iacute;sticos, chistes sutiles, etc. Pero lo interesante de Chomsky es que &eacute;l y sus asociados han podido dise&ntilde;ar algunos experimentos que permiten poner a prueba sus hip&oacute;tesis. Las hip&oacute;tesis surgen del an&aacute;lisis matem&aacute;tico de las estructuras sint&aacute;cticas, tom&aacute;ndose en cuenta la estructura gramatical de la lengua, pero tambi&eacute;n aquello que Chomsky llama la &quot;estructura profunda&quot; (un an&aacute;lisis en segundo grado, de las estructuras gramaticales mismas). Poner a prueba estas hip&oacute;tesis, en algunos casos, requiere del concurso de t&eacute;cnicas de la psicolog&iacute;a cognitiva, trabajar con sujetos &quot;normales&quot;, ver c&oacute;mo reaccionan ante ciertas construcciones ling&uuml;&iacute;sticas y c&oacute;mo las interpretan.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otra de las conclusiones sorprendentes de Chomsky es aquella que dice que las &quot;estructuras profundas&quot; de todas las lenguas son esencialmente las mismas. Seg&uacute;n Chomsky, un extraterrestre no ver&iacute;a m&aacute;s que variaciones menores, digamos dialectos, en todas las lenguas humanas; en verdad, habr&iacute;a que hablar de una sola lengua. Esta convicci&oacute;n le hace suponer que posiblemente la capacidad ling&uuml;&iacute;stica as&iacute; como la estruc</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">tura de la lengua es un fen&oacute;meno (por lo menos) pan-humano, y que por tanto debe de tener un sustrato biol&oacute;gico. El no ha investigado directamente este aspecto pero ha dejado pautas para que sus seguidores (Jerry Fodor, etc.) se enfilen en aquella direcci&oacute;n. La competencia ling&uuml;&iacute;stica no es solamente tener el repertorio y saber utilizar las reglas, significa tambi&eacute;n poder crear nuevas reglas en una interacci&oacute;n din&aacute;mica con el lenguaje.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Post-estructuralismo y deconstrucci&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estructura sugiere algo est&aacute;tico, pero nada m&aacute;s lejos de esto. Siempre se est&aacute;n generando cosas nuevas y, sin embargo, otros hablantes que tengan un m&iacute;nimo grado de competencia ling&uuml;&iacute;stica podr&aacute;n (con mayor o menor esfuerzo) captar los nuevos sentidos y tambi&eacute;n interiorizarlos, apropiarse de ellos. Es por esto que la teor&iacute;a de Chomsky se denomina &quot;gram&aacute;tica generativa&quot; y no &quot;ling&uuml;&iacute;stica estructural&quot;. Sin embargo, es interesante ver c&oacute;mo estas conclusiones tienen muchas similitudes con el estructuralismo franc&eacute;s, para dar un ejemplo. En Norteam&eacute;rica, la ling&uuml;&iacute;stica ha estado bastante cercana a la psicolog&iacute;a, en particular la psicolog&iacute;a cognitiva, y en algunos casos supeditada a ella, o bien ha sido estudiada como un cap&iacute;tulo de la antropolog&iacute;a cultural norteamericana. En Francia, por el contrario la psicolog&iacute;a ha estado muy influida por conceptos ling&uuml;&iacute;sticos (como puede verse en el psicoan&aacute;lisis de Lacan, que es una s&iacute;ntesis creativa de Freud y Saussure). Asimismo, la antropolog&iacute;a (estructural) ha sido decisivamente influenciada por el paradigma ling&uuml;&iacute;stico, como es el caso de L&eacute;vi-Strauss. L&eacute;vi-Strauss, tras un an&aacute;lisis algebraico de las estructuras de parentesco, de los mitos, de las reglas de intercambio en distintas culturas (algunas de las cuales conoci&oacute; personalmente, pero la mayor&iacute;a s&oacute;lo a partir de reportes etnogr&aacute;ficos), lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que, en el fondo (es decir, desde un punto de vista de las transformaciones ling&uuml;&iacute;sticas), todas estas estructuras son esencialmente las mismas y que s&oacute;lo se presentan con ropajes distintos<sup>2</sup>. De aqu&iacute; devino su concepto de la &quot;muerte del sujeto&quot;, y su consiguiente tristeza al constatar que la explicaci&oacute;n que dan los hombres de sus actos no coincide con la interpretaci&oacute;n que har&iacute;a el antrop&oacute;logo, basado en una visi&oacute;n mucho m&aacute;s global. No ser&iacute;amos agentes de la cultura, la cultura se manifestar&iacute;a a trav&eacute;s de nosotros; no hablar&iacute;amos una lengua, la lengua hablar&iacute;a a trav&eacute;s de nosotros. Algo de esta conclusi&oacute;n est&aacute; presente de forma incipiente en la distinci&oacute;n que hace Saussure entre <i>la langue </i>y <i>la parole, </i>el lenguaje y el habla, por un lado, el lenguaje en tanto un conjunto de reglas que trascienden al individuo (pues el individuo <i>habita </i>en un lenguaje, no usa un lenguaje<sup>3</sup>), y los lenguajes, tal y como son empleados en situaciones particulares y concretas por individuos particulares y concretos<sup>4</sup>. Pero, en todo caso, la conclusi&oacute;n de L&eacute;vi-Strauss es bastante radical, y ha recibido un eco persistente en otros campos, como la &quot;muerte del autor&quot; de Roland Barthes. No obstante, L&eacute;vi-Strauss sostiene el punto de vista del investigador, del antrop&oacute;logo, como central y privilegiado. El conoci</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">miento objetivo sigue siendo posible. Mencionar este hecho es relevante por cuanto las corrientes que han predominado en las ciencias humanas y sociales, y mucho m&aacute;s a&uacute;n en las &quot;humanidades&quot;, la teor&iacute;a cr&iacute;tica, literaria, etc., son de corte post-estructuralista. es decir basadas en el estructuralismo, en algunos casos fuertemente anti-humanistas, pero con el a&ntilde;adido de que se niega la posibilidad de un punto de vista privilegiado. Se sospecha de las &quot;grandes narrativas&quot; (Lyotard, Deleuze), y se asume que todo conocimiento es funci&oacute;n de una estructura de poder que funciona a trav&eacute;s de una formaci&oacute;n discursiva (Foucault). La labor del te&oacute;rico o del cr&iacute;tico ser&aacute; el descentramiento y la deconstrucci&oacute;n (Derrida). La deconstrucci&oacute;n consiste en elucidar la forma en que un discurso tiene efectividad, a partir de mostrar cu&aacute;les son las <i>oposiciones binarias </i>presentes en &eacute;l, y c&oacute;mo la estructura del discurso privilegia ciertas formas de dicotomizar la realidad por encima de otras, <i>privilegia </i>a un elemento de la oposici&oacute;n binaria por encima de la otra (hombre sobre mujer, hombre blanco sobre hombre de color, etc.) y, adem&aacute;s, <i>naturaliza </i>este privilegio, vale decir, hace ver como &quot;natural&quot; algo que tiene que ver con una circunstancia hist&oacute;rico-cultural. Las ideolog&iacute;as opresivas tienen efectividad s&oacute;lo en tanto el discurso de dominaci&oacute;n puede ocultarse como tal o bien &quot;darse por sentado&quot;, verse como algo inevitable, consustancial a la naturaleza misma de las cosas. Muchas veces, el poder es poder por cuanto pretende no serlo, parafraseando a Pierre Bourdieu. El discurso no necesariamente es expl&iacute;cito, sino m&aacute;s bien subterr&aacute;neo, constante y fragmentariamente enunciado en la vida cotidiana.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ni que decir que el postestructuralismo, o como se lo conoce m&aacute;s com&uacute;nmente, postmodernismo, apunta hacia un relativismo, cuando no hacia un nihilismo, radical. El giro ling&uuml;&iacute;stico que han sufrido las ciencias y las humanidades en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os ha permitido una unificaci&oacute;n muy importante de diversos campos, pero al mismo tiempo parece no dejar una salida posible. Toda realidad est&aacute; mediatizada por un discurso. No es posible conocer fuera de las interpretaciones de la realidad. Las interpretaciones son en s&iacute; mismas contingentes, no hay interpretaci&oacute;n que pueda trascenderse a s&iacute; misma. Es muy probable que la fascinaci&oacute;n con el texto y sus posibilidades virtualmente infinitas tenga que ver con el auge de la inform&aacute;tica. La inform&aacute;tica ha permitido acelerar en gran medida la abstracci&oacute;n y la comprensi&oacute;n de la realidad como un conjunto de &quot;redes&quot;, sistemas de sistemas mediados entre s&iacute; a trav&eacute;s de c&oacute;digos. El c&oacute;digo-red es un nuevo paradigma, presente cuando se quiere estudiar la gen&eacute;tica (c&oacute;digos gen&eacute;ticos), la biolog&iacute;a de las prote&iacute;nas (hay c&oacute;digos para producirlas), la ecolog&iacute;a (las redes tienen un delicado &quot;equilibrio&quot;, emiten se&ntilde;ales y reciben retroalimentaci&oacute;n), etc.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La ling&uuml;&iacute;stica misma se hace parte de una teor&iacute;a m&aacute;s amplia de las comunicaciones. El ling&uuml;ista catal&aacute;n Sebastiao Serrano en una entrevista hace hincapi&eacute; en las relaciones entre cibern&eacute;tica, matem&aacute;ticas y ling&uuml;&iacute;stica [11]. Lo que en los tiempos iniciales del estructuralismo eran teorizaciones sofisticadas, ahora mucha gente puede vivirlas de manera cotidiana, pues &eacute;stas est&aacute;n externalizadas. Las redes inform&aacute;ticas permiten ver &quot;al desnudo&quot; muchas estructuras que antes, para el hombre com&uacute;n, resultaban escondidas. El peligro est&aacute; en vivir la externalizaci&oacute;n acelerada de las cosas sin reflexividad. Pero esto tambi&eacute;n trae consigo nuevas posibilidades reflexivas. En el siglo veinte se ha visto una creciente fascinaci&oacute;n por lo abstracto y lo formal. De hecho, antes del estructuralismo franc&eacute;s, los te&oacute;ricos literarios rusos andaban explorando algo similar con el</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">llamado formalismo ruso. Por ejemplo, V&iacute;ctor Schlovsky reuni&oacute; un gran conjunto de cuentos populares, tradiciones y leyendas, y fue realizando una clasificaci&oacute;n, basado en el hecho de que hab&iacute;an muchos temas recurrentes, y tambi&eacute;n tipos literarios espec&iacute;ficos para cada clase de historia. Muchas historias luego de un an&aacute;lisis abstracto resultaban ser exactamente las mismas, variaciones de un mismo tema. El forastero misterioso que llega al pueblo, y trae algo nuevo (a veces una calamidad), sacude la realidad cotidiana; es una figura liminal, que sirve de intermediario, no es de aqu&iacute; ni de all&aacute;. El mito del h&eacute;roe que se encuentra con su sombra (su lado oscuro), que busca la ense&ntilde;anza del viejo sabio, etc. En el trabajo minucioso de Schlovsky pod&iacute;an verse la recurrencia de estas estructuras formales y sus transformaciones, y esto ya permit&iacute;a vislumbrar el hecho de que un autor absolutamente original (por lo menos en el folklore) era algo imposible.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>M&aacute;s all&aacute; de la estructura</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cabe preguntarse si con la formalizaci&oacute;n excesiva no se pierde algo de vista, la substancia, la dimensi&oacute;n de la experiencia personal. No se puede uno concentrar exclusivamente en los objetos y olvidar la aprehensi&oacute;n subjetiva. En algunos casos se habla del &quot;retorno del sujeto&quot;. Hay que precisar un poco esto. Peirce hablaba de una tr&iacute;ada en vez de una diada en su concepto del signo. Se tienen tres niveles: el significante, el significado y el referente. El significado es distinto del referente en cuanto tiene que ver con la experiencia subjetiva, es decir, que es lo que el significante <i>evoca </i>en uno. El referente ser&iacute;a m&aacute;s cercano a la cosa, al objeto que est&aacute; &quot;ah&iacute; afuera&quot;, en el mundo exterior, aunque siempre mediatizada por las categor&iacute;as, puesto que, como afirma Kant, es imposible acceder a la cosa-en-s&iacute;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo interesante de este an&aacute;lisis es que el significado no est&aacute; determinado por el significante y ni siquiera por el contexto adecuado de significaci&oacute;n, sino que debe ser <i>decodificado </i>por el sujeto. El sujeto adquiere renovada importancia. En la teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n tenemos la consabida tr&iacute;ada de emisor, canal o medio de transmisi&oacute;n y receptor. Pero a esto hay que a&ntilde;adirle la complicaci&oacute;n adicional de la codificaci&oacute;n. Generalmente, las teor&iacute;as se sit&uacute;an en el punto de vista del emisor, pero no tanto del receptor y de las diversas formas de decodificar los mensajes. En telecomunicaciones y en teor&iacute;a algebraica de c&oacute;digos, s&iacute; es importante ver ambas instancias, la codificaci&oacute;n del mensaje en una se&ntilde;al y su decodificaci&oacute;n. Pero esto recientemente est&aacute; hallando aplicaci&oacute;n en la teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n social (comunicolog&iacute;a). Ciertamente en ling&uuml;&iacute;stica se hace una especie de cortocircuito de estos dos aspectos; se est&aacute; hablando de un mensaje y no de una mera se&ntilde;al f&iacute;sica decodificable seg&uacute;n una regla algebraica claramente definible, como ocurre con los c&oacute;digos secretos, o con las comunicaciones entre computadoras. Las reglas del lenguaje no son tan r&iacute;gidas y se transforman de continuo; tampoco es posible separar n&iacute;tidamente un sujeto del otro e interpretarlos como emisor y receptor; los di&aacute;logos raramente son tan ordenados, la interpretaci&oacute;n que uno hace de lo que dijo el otro influye casi imperceptiblemente en la interpretaci&oacute;n que el otro hace de lo que el primero interpret&oacute;, en primer lugar.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se hacen estas consideraciones para ver c&oacute;mo debe delimitarse el objeto de estudio dentro de lo que es la ling&uuml;&iacute;stica matem&aacute;tica. Porque no se trata s&oacute;lo de estudiar</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ling&uuml;&iacute;stica matem&aacute;tica, sino tambi&eacute;n de ver si este estudio podr&iacute;a tener alguna aplicaci&oacute;n en la educaci&oacute;n matem&aacute;tica, que es un &aacute;rea totalmente distinta. Entonces antes de abordar un tema concreto, es importante tener una visi&oacute;n global de la disciplina en cuesti&oacute;n, y, en esto, ver el contexto en el que est&aacute; establecida, o sea, cu&aacute;les son las disciplinas adyacentes, y c&oacute;mo difiere su enfoque de la que queremos abordar. En nuestro caso, queremos prestar atenci&oacute;n a la hip&oacute;tesis Sapir-Whorf y ver si es que el aprendizaje de las matem&aacute;ticas se facilita o se dificulta- por tener lugar en el contexto de un idioma, en vez de otro. Es decir, si existe una relaci&oacute;n entre las competencias matem&aacute;ticas y las competencias ling&uuml;&iacute;sticas para un idioma dado. Por ejemplo, si ser muy competente en el idioma quechua puede resultar una desventaja cuando se estudia matem&aacute;ticas en el idioma espa&ntilde;ol.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por todo lo dicho anteriormente podr&iacute;a parecer que esta hip&oacute;tesis es muy plausible (sin duda que lo es y por eso merece ser investigada). La idea de que un significante evoque significaciones distintas, a&uacute;n cuando el referente sea el mismo, permite ver que sin duda la experiencia subjetiva es un factor importante en todo aprendizaje. Ni m&aacute;s ni menos esto es lo que nos dice el constructivismo. Por ejemplo, si tomamos una palabra como &quot;&aacute;ngel&quot; es seguro que tendr&aacute; una multiplicidad de significados, incluso dentro de un mismo contexto de discurso y con oyentes que comparten un dialecto com&uacute;n (es decir, que el espacio de intersecci&oacute;n de sus respectivos <i>idiolectos </i>es de considerable dimensi&oacute;n). Esto ser&aacute; cierto, m&aacute;s all&aacute; de si el referente &aacute;ngel (como un ser alado, et&eacute;reo, y agente de Dios) tiene una existencia objetiva o no. Si en vez de &aacute;ngel, decimos perro, caballo, autom&oacute;vil o pa&iacute;s, el resultado no ser&aacute; esencialmente distinto y, adem&aacute;s, siempre surgir&aacute; el problema de hasta qu&eacute; punto se debe especificar el referente. Algunas personas no considerar&iacute;an que un cami&oacute;n sea un autom&oacute;vil, que un valle se le pueda decir pa&iacute;s (jab&oacute;n del pa&iacute;s es el jab&oacute;n que se fabrica en el campo) sino tan solo al lugar geogr&aacute;fico donde est&aacute; establecida una naci&oacute;n. Sin duda, las diferencias de c&oacute;digos crean distintas maneras de delimitar y clasificar la realidad, y esto a su vez produce diferencias en los modos de asimilar las significaciones. Estas diferencias (culturales, individuales) son fuente de formas diferentes de <i>entender </i>o bien de <i>malinterpretar, </i>hasta llegar, en algunos casos, a resultados dram&aacute;ticos. Desde este punto de vista, debe sorprender, quiz&aacute;s hasta podr&iacute;a aceptarse como a priori que aprender en una lengua que no es la materna ha de producir numerosas dificultades de comunicaci&oacute;n entre profesor y alumnos, de seguridad emocional, etc. etc. Entonces nuestro problema inicial es, &iquest;c&oacute;mo precisamos nuestro problema? &iquest;Qu&eacute; significa la hip&oacute;tesis de Sapir-Whorf en nuestro caso? &iquest;C&oacute;mo hemos de abordarlo?</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En una siguiente entrega presentar&eacute; una tentativa de soluci&oacute;n, pero por el momento querr&iacute;a proponer ver las cosas desde un paradigma integralista que permite delimitar problemas y colocarlos en una perspectiva adecuada, respetando los distintos niveles de an&aacute;lisis. Este an&aacute;lisis se debe a Ken Wilber, y parece subsanar la fisura entre ciencias y humanidades de un modo muy adecuado.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Un paradigma integralista</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ser&iacute;a &uacute;til ver el desarrollo de los distintos paradigmas y de las distintas escuelas desde una perspectiva hist&oacute;rica e integrarlos de un modo significativo. Pese a la interdicci&oacute;n de las &quot;grandes narrativas&quot; de las que habla Lyotard, existen alternativas viables a la fragmentaci&oacute;n. En particular, Ken Wilber ha presentado un esquema de cuatro cuadrantes, &uacute;til para ver las teor&iacute;as como complementarias y no como contradictorias, escapando al mismo tiempo de un eclecticismo amorfo. La propuesta consiste en los siguiente: el eje vertical separa lo objetivo o exterior (lado derecho) de lo subjetivo o interior (lado izquierdo), y el horizontal divide lo individual (parte superior) de lo colectivo (parte inferior). Lo individual no se reduce exclusivamente a lo personal, tambi&eacute;n puede aludir a sistemas u <i>holones </i>vistos como elementos de otro sistema u <i>hol&aacute;n mayor. </i>La mayor omisi&oacute;n de las ciencias duras es haber ignorado y ridiculizado la interioridad. La fenomenolog&iacute;a, empezando con Husserl, desde una perspectiva matem&aacute;tico-cartesiana, busc&oacute; recuperar la dimensi&oacute;n interior, la dimensi&oacute;n de la experiencia del sujeto como algo merecedor de un estudio cuidadoso. Su m&eacute;todo fue la <i>descripci&oacute;n, </i>una descripci&oacute;n que no traicionara el car&aacute;cter de la experiencia interior, manejando un lenguaje exterior. Es as&iacute; que Husserl encontr&oacute; el lenguaje propio de la realidad interior, es decir, de la experiencia en s&iacute;. Como es de esperar, este m&eacute;todo fue mucho m&aacute;s fruct&iacute;fero en la psicolog&iacute;a que en cualquier otro campo, aunque &eacute;sta no era la intenci&oacute;n original de Husserl. Lo importante es que subjetivo ya no quedaba como sin&oacute;nimo de arbitrario (y por tanto desde&ntilde;able), como hab&iacute;a ocurrido hasta entonces. Ahora bien, la fenomenolog&iacute;a quedar&iacute;a situada en el cuadrante izquierdo superior (interior e individual). Las ciencias duras y de los fen&oacute;menos naturales estar&iacute;an en el cuadrante derecho inferior (exterior y colectivo). La intersubjetividad, es decir, la experiencia de las creencias y significados culturales compartidos, corresponder&iacute;a al cuadrante izquierdo inferior (interior y colectivo). As&iacute; que ya no tenemos una objetividad, a secas, privilegiada por encima de cualquier otro modo y fin. Una objetividad que se pretende id&eacute;ntica a la realidad. Se hace honor a la complejidad de la realidad, en la medida que &eacute;sta es cognoscible. En vez de objetividad sola, tenemos objetividad, interobjetividad, subjetividad e intersubjetividad. La realidad siempre tiene estos cuatro aspectos, y los cuatro son necesarios. Centrarse en uno solo de los cuadrantes ser&iacute;a caer en el reduccionismo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En cuanto se refiere a la semi&oacute;tica peirceana, Wilber propone que los <i>significantes </i>y las cadenas de significantes pertenecen al cuadrante derecho superior, los <i>significados -</i>en tanto constituyen inicialmente una experiencia individual, es decir, son decodificados desde la perspectiva del individuo- al cuadrante izquierdo superior. Los <i>referentes, </i>es decir, los objetos en s&iacute;, tal como existen en el espacio de la cultura, estar&iacute;an ubicados en el cuadrante izquierdo inferior. El estudio formal de las cadenas de significados, de su estructura, en tanto corresponde a los c&oacute;digos de un lenguaje compartido (nadie es due&ntilde;o de un lenguaje), estar&iacute;a en el cuadrante derecho inferior, y es lo que llamamos <i>sintaxis. </i>El estudios de los referentes, es decir, de las significaciones culturalmente compartidas, est&aacute; en el inferior izquierdo y corresponder&iacute;a a la <i>sem&aacute;ntica.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>El lugar de las matem&aacute;ticas en el esquema de los cuadrantes</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La matem&aacute;tica es la ciencia por excelencia de lo formal (y es por esto que puede estar involucrada virtualmente con cualquier disciplina). En tanto consideramos que las formas son externas, entonces estar&iacute;a en los cuadrantes derechos: las cadenas de s&iacute;mbolos en el superior, y las estructuras, su coherencia interna, en el inferior. Entonces, en tanto cuerpo de conocimiento la matem&aacute;tica se ubica a la derecha, pero en cuanto se refiere al proceso cognitivo, vale decir, si el conocimiento matem&aacute;tico ha sido asimilado, si se comprende la significaci&oacute;n de un teorema, m&aacute;s all&aacute; de saberlo reproducir mec&aacute;nicamente, habr&iacute;a que tomar en cuenta los cuadrantes izquierdos. Esto es particularmente relevante para lo que se refiere a la educaci&oacute;n matem&aacute;tica, pero tambi&eacute;n tiene su importancia para los matem&aacute;ticos practicantes. Ya el matem&aacute;tico Henri Poincar&eacute; habl&oacute; de la importancia que tiene la intuici&oacute;n, ese &quot;ojo interior&quot;, en la gestaci&oacute;n del descubrimiento cient&iacute;fico. Este primer paso de la producci&oacute;n de conocimiento tiene lugar en el cuadrante izquierdo superior. Los referentes que son de relevancia, es decir, los objetos matem&aacute;ticos que son compartidos por una comunidad matem&aacute;tica concreta, est&aacute;n en el izquierdo inferior. Y finalmente, la <i>validaci&oacute;n </i>del conocimiento matem&aacute;tico, en tanto se busque determinar la consistencia formal de un argumento y, por consiguiente, la validez de un teorema corresponde al cuadrante derecho inferior. El teorema, o mejor, la significancia del teorema ser&iacute;a parte del cuadrante izquierdo inferior. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n se le dio tanta importancia al teorema &uacute;ltimo de Fermat? Esto fue parte de una <i>experiencia </i>colectiva, la de la comunidad matem&aacute;tica, y algo inaccesible a los que est&aacute;n fuera de ella. Por una parte, se percib&iacute;a la enorme dificultad en la validaci&oacute;n de dicho teorema (cuadrante derecho inferior), pero esta dificultad iba frente a una cierta <i>plausibilidad </i>de la conjetura de Fermat. Esta plausibilidad es parte del bagaje intersubjetivo de la comunidad matem&aacute;tica y tiene elementos hist&oacute;ricos, de una tradici&oacute;n, del gran prestigio del propio Pierre Fermat.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pienso que comprender las matem&aacute;ticas y todas las ciencias desde esta perspectiva de los cuatro cuadrantes de Wilber tiene un efecto ben&eacute;fico, tanto para el profesional como para el estudiante. Permite ver la disciplina en una perspectiva m&aacute;s amplia, pues no s&oacute;lo ve la disciplina en s&iacute;, sino tambi&eacute;n sus implicaciones filos&oacute;ficas y pedag&oacute;gicas, as&iacute; como sus v&iacute;nculos con otras disciplinas. Es un buen ant&iacute;doto contra una suerte de &quot;etnocentrismo&quot; disciplinario. La matem&aacute;tica no debe perder su dimensi&oacute;n reflexiva, filos&oacute;fica. Lejos de desviar de la praxis de las investigaciones espec&iacute;ficas, -particularmente para el investigador maduro, el que ya pas&oacute; el estadio de la inspiraci&oacute;n genial y algo ca&oacute;tica- le da un panorama que le ayuda a elegir mejor sus objetos de estudio (acorde, por supuesto, con sus inclinaciones cognitivas). Es importante enraizar la investigaci&oacute;n matem&aacute;tica a una significaci&oacute;n o relevancia social de mayor amplitud. Esto ayuda tambi&eacute;n a que escape un destino indecoroso de ser un pe&oacute;n de las ciencias aplicadas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte, dial&eacute;cticamente, la matem&aacute;tica pone en cuestionamiento la simplicidad esquem&aacute;tica de los cuatro cuadrantes. No debe olvidarse que el modelo de Wilber es tan s&oacute;lo eso: un modelo, una mapa &uacute;til para ubicarnos en la realidad. Creo que se puede realizar una interacci&oacute;n fruct&iacute;fera con la filosof&iacute;a de la matem&aacute;tica, mape&aacute;ndola en los cuadrantes. Si bien es cierto que los referentes tienen <i>pleno </i>sentido en el cuadrante</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">inferior izquierdo, o sea, la existencia de los objetos matem&aacute;ticos tiene efectividad para una <i>comunidad competente </i>de estudiosos de la matem&aacute;tica, la comunidad del saber es una instancia que en cierta medida, y en virtud de cierta metodolog&iacute;a y convenciones formales (cuadrante inferior derecho), garantiza que el discurso no est&eacute; compuesto de un mont&oacute;n de disparates (<i>non-sense</i>). Asimismo la comunidad no es una entidad est&aacute;tica, sino que est&aacute; en continua evoluci&oacute;n. Sus prioridades cambian seg&uacute;n su propia din&aacute;mica interna de desarrollo, pero tambi&eacute;n seg&uacute;n cambios en las otras disciplinas e, inclusive -&iquest;por qu&eacute; no?- seg&uacute;n las modas acad&eacute;micas imperantes.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora bien, la cuesti&oacute;n de la existencia de los objetos matem&aacute;ticos, independientemente de toda comunidad, es un problema filos&oacute;fico interesante. El modelo de los cuadrantes nos da un esquema que puede acomodar distintas respuestas, pero no nos da las respuestas en s&iacute;. Lo rescatable est&aacute; en que ya sea que uno crea o no en la existencia objetiva de los objetos matem&aacute;ticos -por ejemplo, de ciertas leyes formales inherentes a la estructura del universo o del pensamiento- en ambos casos los cuadrantes sirven; en el primero, &eacute;stos estar&iacute;an en el cuadrante inferior derecho y, en el segundo, en el inferior izquierdo. Ciertamente los cultores de la etno-matem&aacute;tica o del constructivismo se inclinar&iacute;an por la segunda posibilidad. Como se ha visto, una ventaja del modelo de Wilber es una cierta neutralidad doctrinaria. Tambi&eacute;n es necesario no olvidar que las fronteras entre cuadrantes no son totalmente r&iacute;gidas. Al contrario, hay una din&aacute;mica en la que lo objetivo de ayer se vuelve lo intersubjetivo del presente, etc. Los mapas que se hagan son siempre provisionales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una semi&oacute;tica integral tiene que tener en cuenta una ling&uuml;&iacute;stica matem&aacute;tica. Esta se ocupar&iacute;a del an&aacute;lisis formal de las estructuras sint&aacute;cticas, pero no estar&iacute;a limitada a ello. Nuestro plan de investigaci&oacute;n en este campo de la ling&uuml;&iacute;stica matem&aacute;tica tiene que tener en cuenta dos puntos. Uno es la cualidad innata, y gen&eacute;ticamente determinada, que Chomsky le adscribe al lenguaje. Otro es reflexionar sobre la controvertida hip&oacute;tesis Sapir-Whorf, que afirma que el lenguaje determina el modo de concebir y de percibir el mundo, y ver si existe alguna manera de abordar este problema matem&aacute;ticamente. N&oacute;tese que dicha hip&oacute;tesis puede interpretarse de muchas maneras y as&iacute; permitir versiones m&aacute;s fuertes o d&eacute;biles, seg&uacute;n el caso. Por ejemplo, las ciencias cognitivas podr&iacute;an poner a prueba la segunda parte de la hip&oacute;tesis y concluir que la <i>percepci&oacute;n, </i>en tanto estrictamente sensorial, es independiente de la estructura de lenguaje materno de los sujetos. Tambi&eacute;n podr&iacute;a leerse la hip&oacute;tesis de Sapir-Whorf como que aseverara algo sobre la determinaci&oacute;n de la sem&aacute;ntica por la sintaxis, en otras palabras, la sem&aacute;ntica est&aacute; hasta cierto implicada en la sintaxis. Una cuesti&oacute;n distinta es el <i>c&oacute;mo; </i>sin embargo, quiz&aacute;s sea necesario elucidar, formular alguna hip&oacute;tesis sobre este &quot;c&oacute;mo&quot; para validar o invalidar la de Sapir-Whorf. Quiz&aacute;s otra perspectiva nos har&iacute;a ver que cuando en la hip&oacute;tesis en cuesti&oacute;n se habla de lenguaje, no se identifica la estructura del lenguaje con la estructura de la sintaxis. En tal caso el problema ir&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de la ling&uuml;&iacute;stica matem&aacute;tica, como la entendemos ahora. Es un logro para toda ciencia conocer cu&aacute;les son sus limitaciones, y qu&eacute; temas escapan de su entorno de aprehensi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El trabajo de Chomsky est&aacute; m&aacute;s enmarcado en lo que es la ling&uuml;&iacute;stica matem&aacute;tica, en tanto que el de Sapir y de Whorf era m&aacute;s afin a la antropolog&iacute;a cultural. Existen algunas contradicciones entre las conclusiones de Chomsky y algunos presupuestos tradicionales</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">-raramente cuestionados- de la antropolog&iacute;a cultural. Por ejemplo, el car&aacute;cter innato del lenguaje pondr&iacute;a un acento en lo biol&oacute;gico por encima de lo cultural. Otra afirmaci&oacute;n interesante es que las gram&aacute;ticas no son reglas est&aacute;ticas que los hablantes tienen que seguir para desempe&ntilde;arse adecuadamente en los actos <i>performativos. </i>La plasticidad del lenguaje est&aacute; precisamente en que las reglas convencionales de la gram&aacute;tica pueden ser <i>cambiadas </i>por los sujetos hablantes y, lo que es igualmente importante, pueden ser decodificadas <i>correcta </i>o <i>adecuadamente </i>por los oyentes. Esto es crucial puesto que implica dos cosas: una, que la gram&aacute;tica es s&oacute;lo un aspecto estructural superficial del lenguaje, y que debe existir una &quot;estructura profunda&quot; que permita al oyente decodificar el cambio estructural superficial y arbitrario introducido en el lenguaje cotidiano por su interlocutor, as&iacute; como a &eacute;ste &uacute;ltimo crear un cambio arbitrario en la convenci&oacute;n, pero no obstante significativo. Lo otro es que las posibilidades del lenguaje se extienden al infinito, pese a que en todo momento se usa un n&uacute;mero finito de reglas y un repertorio finito de palabras; la raz&oacute;n de esto es justamente el hecho de que las regias sint&aacute;cticas y las reglas sem&aacute;nticas est&aacute;n en continuo cambio. Este es el quid de la gram&aacute;tica generativa de Chomsky. Es menester revisar a detalle c&oacute;mo es que de un an&aacute;lisis matem&aacute;tico de la sintaxis puede Chomsky llegar a conclusiones tan sugestivas. Por el momento s&oacute;lo podemos decir que la comparaci&oacute;n de estructuras de lenguajes diversos llev&oacute;, por un proceso de abstracci&oacute;n, a postular una estructura profunda. Esta hip&oacute;tesis es cient&iacute;fica pues es posible someterla a un proceso de &quot;falsaci&oacute;n&quot;. Chomsky afirma que hasta el momento todas las lenguas se han acercado a un modelo &uacute;nico de estructura profunda, la cual puede, por supuesto, someterse a algunas revisiones. Este hecho es altamente significativo, pues estar&iacute;a diciendo que todas las lenguas son en el fondo una sola.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El an&aacute;lisis estructural no est&aacute; limitado a la sintaxis, sino tambi&eacute;n a ver como es la estructura de la significaci&oacute;n. Hab&iacute;amos dicho que la sem&aacute;ntica pertenece al cuadrante inferior izquierdo y la sintaxis al derecho. Lo expresado hasta aqu&iacute; muestra que tanto en Chomsky como en Sapir-Whorf la barrera entre el lado izquierdo y el derecho es muy permeable. Es posible que Chomsky haya realizado el an&aacute;lisis desde una cierta tendenciosidad del lado derecho (esto no tiene nada que ver en absoluto con pol&iacute;tica), buscando realizar un an&aacute;lisis formal de la sem&aacute;ntica, y que en cambio, Sapir-Whorf hayan estudiado el asunto con una tendenciosidad izquierda, es decir, viendo los aspectos significativos de la sintaxis, o ver sintaxis y sem&aacute;ntica como &iacute;ntimamente implicadas entre s&iacute;. El objetivo de nuestra investigaci&oacute;n ser&aacute;, precisamente, ver si estas dos perspectivas, la de la ling&uuml;&iacute;stica matem&aacute;tica y la de la ling&uuml;&iacute;stica antropol&oacute;gica son compatibles o no entre s&iacute;.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p><b><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><sup>1</sup>Lengua que se habla en el Pa&iacute;s Vasco.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><sup>2</sup>Algo de esto -como intuici&oacute;n- est&aacute; presente en la teor&iacute;a de los arquetipos y del inconsciente colectivo de Jung (ver &quot;Lo inconsciente&quot; de Cari Jung y &quot;La estructura ausente&quot; de Umberto Eco).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><sup>3</sup>&quot;El lenguaje es la casa del esp&iacute;ritu&quot;, Heidegger.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><sup>4</sup>En rigor hay tantos lenguajes como existen individuos; cada individuo habla su dialecto, su &quot;idiolecto&quot;, pero &eacute;ste solo tiene sentido en tanto se relaciona con una comunidad m&aacute;s amplia.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Referencias</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[1] J.B. Carroll, editor. <i>Language, thought, and reality: Selected writtings of Benjam&iacute;n Lee Whorf. </i>The Technology Press of MIT/New York: Wiley, 1957.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[2] N. Chomsky. <i>El lenguaje y el entendimiento. </i>Seix-Barral, Barcelona, 1971. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808320&pid=S1683-0789200100030000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[3] N. Chomsky. <i>Estructuras sint&aacute;cticas. </i>Siglo XXI, M&eacute;xico, 1974.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808321&pid=S1683-0789200100030000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[4] N. Chomsky. <i>Reflexiones sobre el lenguaje. </i>Sudamericana, Buenos Aires, 1977. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808322&pid=S1683-0789200100030000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[5] N. Chomsky. <i>El lenguaje y los problemas del conocimiento. </i>Visor, Madrid, 1989.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808323&pid=S1683-0789200100030000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[6] U. Eco. <i>La estructura ausente. Introducci&oacute;n a la semi&oacute;tica. </i>Lumen, Barcelona, 1972.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808324&pid=S1683-0789200100030000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[7] An integral theory of consciousness. <i>Journal of Consciousness Studies, </i>4(1):71-92, 1997.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808325&pid=S1683-0789200100030000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[8] Internet ha sido como la revoluci&oacute;n de los claveles, <a href="http://www.seccat.com/xarsec/biblioteca/entrev.html" target="_blank">http://www.seccat.com/xarsec/biblioteca/entrev.html</a>.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808326&pid=S1683-0789200100030000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[9]&nbsp; C. Levi-Strauss. <i>Antropolog&iacute;a Estructural. </i>EUDEBA, Buenos Aires, 1970.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808327&pid=S1683-0789200100030000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[10]&nbsp; F. Saussure. <i>Curso de ling&uuml;&iacute;stica general. </i>Alianza Editorial, Madrid, 1987.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808328&pid=S1683-0789200100030000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[11]&nbsp; S. Serrano. <i>Elementos de la Ling&uuml;&iacute;stica Matem&aacute;tica. </i>Ed. Anagrama, 1977.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808329&pid=S1683-0789200100030000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">[12]&nbsp; K. Wilber. <i>Sexo, ecolog&iacute;a y espiritualidad. </i>Gaia, Madrid, 1996.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=808330&pid=S1683-0789200100030000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body><back>
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