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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>SOCIOLOG&Iacute;A POL&Iacute;TICA</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="4"><b>El campo intelectual boliviano en la época liberal</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2">Mauricio Gil<sup>1    <br> 1</sup> Magister en Ciencia Pol&iacute;tica, CESU-UMSS, Cochabamba. Docente-investigador, CIDES -UMSA.</font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este artículo es una relectura del campo intelectual boliviano del periodo liberal. A partir de la tesis, ya sostenida por otros, de que el campo intelectual del periodo estaba organizado en buena medida en torno a las figuras de Arguedas, Tama-yo y Marof, el artículo explora un poco más en los aspectos de lo &quot;no dicho&quot; de los textos en cuestión y también en las homologías estructurales del campo intelectual y del campo político, intentando combinar una &quot;lectura sintomática&quot; de la producción textual con una más sociológica. Así, en el propio texto de Arguedas intenta encontrar cifrada la estructura del campo intelectual, mientras ensaya interpretar las posiciones de Tamayo y Marof como condicionadas por la estructura del campo político y sus transformaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave: </b>Bolivia, campo intelectual, periodo liberal.</font></p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="3"><b>Introducción</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Proponemos en este ensayo una lectura de la producción intelectual boliviana de las tres primeras décadas del siglo XX utilizando la noción de <i>campo intelectual. </i>La teoría del campo intelectual, como el mismo Bourdieu ha explicado, es una respuesta a la relación dicotómica entre textualismo y contextualismo. Contra el contextualismo simplista, arguye la existencia de campos de producción cultural relativamente autónomos, que filtran las influencias externas en función de su propia estructura interna; contra el textualismo cerrado, sostiene la imposibilidad de abordar el mundo cultural sin considerar a los agentes y las instituciones que lo hacen posible<sup>2</sup>. Desde este enfoque, buscamos esclarecer la <i>estructura </i>del campo intelectual del periodo mencionado, así como su homología estructural con el campo político.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Adicionalmente, recurrimos a otras nociones teóricas, como las de <i>inconsciente político y fantasía ideológica, </i>tomadas de la teoría de la interpretación de textos, en un intento de ir más allá de una lectura puramente sociológica del campo intelectual<sup>3</sup>.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="3"><b>1. La <i>ciudad letrada </i>y el racismo colonial</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Históricamente, la residencia principal de la <i>ciudad letrada<sup>4</sup> </i>boliviana fue, en primer lugar, La Plata, capital de la Audiencia de Charcas y centro intelectual y cultural de toda la región durante el periodo colonial y la primera parte de la república; en segundo lugar, La Paz, que ya en la colonia era un importante centro económico y comercial, y que a comienzos del siglo XX se convirtió, después de la Revolución Federal, en la capital administrativa y, con ello, en el nuevo centro cultural y político del país. Sucre permaneció siendo la capital histórica, pero no hizo sino declinar económica, política y culturalmente a lo largo de todo</font> <font face="Verdana" size="2">el siglo. Como esta sección es apenas una introducción histórica al campo intelectual contemporáneo, no nos dedicaremos a una descripción de este desplazamiento. Apenas retendremos la evidencia de que La Paz pasó a ser el centro de la <i>ciudad letrada </i>boliviana del siglo XX, siguiendo en gran parte las características de la ciudad letrada latinoamericana, una de las cuales fue (y sigue siendo) su inveterado racismo colonial.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En este ensayo nos interesa reconsiderar un momento de la historia del campo intelectual boliviano, para rastrear las más visibles huellas de fantasía ideológica e inconsciente político. La más significativa y persistente de estas huellas es el <i>racismo colonial, </i>el cual, a comienzos del siglo XX estaba presente en todo el espectro ideológico boliviano letrado, espectro cuyos polos estaban ocupados, como en el resto de América Latina, por conservadores y liberales, católicos y positivistas. Lo notable del caso es que el racismo anti-indio era algo compartido por las posiciones más encontradas, y que apenas se diferenciaba del racismo colonial de comienzos de la Conquista. En efecto, si se compara lo que podía pensar un oidor de la Audiencia de Charcas del siglo XVI, como Juan de Matienzo, con lo que pensaban los más connotados intelectuales de fines del siglo XIX y comienzos del XX, como Manuel José Cortés, Mariano Baptista, Gabriel René Moreno y Bautista Saavedra, la conclusión inmediata es que en doscientos años el pensamiento no ha cambiado. Veamos primero un texto del oidor Matienzo y, después, algunos fragmentos del pensamiento boliviano de comienzos del XX. En <i>Gobierno del Perú </i>(1567), Matienzo escribió lo que sigue:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los indios de quentas naciones se han descubierto son pusilánimes y tímidos, que les viene de sus melancolías, naturalmente tienen en menos de lo que se podrían tener, no piensan que merecen bien ni honra y así es que no la tienen ni procuran, aunque sean muy principales, no tienen por injuria que los azoten, ni que los tomen sus mugeres, hijas, hermanas, ni parientes, son suzios, comen los piojos que a otros sacan de las cabezas. Son muy crédulos, fáciles y mudables y amigos de novedades, espaciossos, en nada quieren que les den prisa. Caminan bien si les dan coca, nunca van sin carga, en quelles han su comida, beben el agua mas salobre y encenegada que hallan. Desde niños los enseñan a cargarse y trae cada uno su quippi [bulto], lo qual da a entender que naturalmente fueron nacidos y criados para servir y les es masprovechosso. Son masrezios de cuerpo que los españoles y sufren mas que ellos.<sup>5</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><i>Gobierno del Perú </i>fue escrito en 1567, en la época en que se discutía en las colonias españolas la (in)humanidad de los indígenas. No es de extrañar que reflejara la doctrina vigente entre la élite peninsular de entonces<sup>6</sup>. Lo curioso es que entre este texto y el de los darwinistas sociales bolivianos de comienzos del siglo XX no hay diferencias de fondo, sostienen básicamente lo mismo: la inferioridad incurable del indígena. Pero en este respecto tampoco hay diferencias con los que no eran darwinistas sociales en términos teóricos. En el periodo, efectivamente, los conservadores se opusieron a esta nueva ideología que asociaban con el liberalismo y el positivismo, que venían a desbancarlos, pero no atacaban su fondo racista, apenas sus pretensiones de cientificidad. Mariano Baptista C. que, según Roberto Prudencio Bustillo &quot;era lo más alto que ha producido la raza boliviana como cerebro político&quot;, llegando a ser presidente de la república, escribió lo siguiente:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La cara de este indio, su mirada, sus facciones, son de piedra como el granito de sus montañas. No hay gesto en esa cara: no hay contracciones; pulverizará y engullirá inertemente. Yo lo he contemplado muchas veces, desde mi niñez, con espanto por la humanidad. El aymara pasa al lado del blanco sin mirarlo o mirándolo de reojo. En las altas cimas, en las inmensas estepas crúzanse con él, sólo el transeúnte, cholo o viracocha. Parece que en tales ocasiones, la simpatía espontánea, el instinto, aproximaran el hombre al hombre, pero el aymara no saluda jamás. De su garganta no sale una nota del dialecto bárbaro: y apenas oímos su timbre, cuando agazapado, en cuclillas, a la puerta de su casa que es un tugurio nos responde hoscamente <i>:janihua, </i>lo que es negación de todo servicio. [...] ¿Qué género de sensaciones se remueven allí?... ¿Y cómo descubrirlas con nuestro espanto por lo inverosímil? No hablan en sus buceos, gesticulan apenas como imbéciles.<sup>7</sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estas opiniones, que subtienden los extremos del campo político y del campo intelectual oligárquico, se pueden entender por ello como una</font> <font face="Verdana" size="2"><i>doxa </i>en el sentido de Bourdieu, es decir, la expresión inconsciente de una ideología profunda, de un <i>habitus </i>arraigado: el <i>habitus colonial. </i>A lo sumo se encontrarán matices. Lo distintivo del caso de Gabriel René Moreno, el más importante de los escritores bolivianos de entonces, es que añadía una diferencia entre los indios andinos y los de tierras bajas -diferencia que sintomáticamente retorna a comienzos del siglo XXI en la ideología de la élite neo-oligárquica de Santa Cruz de la Sierra, de donde era oriundo Moreno. Según éste, en efecto, &quot;el indio incásico, sombrío, asqueroso, uraño, prosternado, estúpido y sórdido&quot;, es además &quot;experimentado, astuto, taciturno, abyecto, ajeno a la sinceridad, nunca jamás dado con alma y cuerpo al español como el neófito de Mojos.&quot;<sup>8</sup> ¿Cómo explicar esta persistencia ideológica sin postular un <i>inconsciente político? </i>A esta hipótesis apunta Zavaleta al nominar esta persistencia como la <i>ideología profunda </i>o la <i>ideología del fondo histórico, </i>&quot;al menos en lo que se refiere a su lógica cupular, señorial e hispánica&quot;.<sup>9</sup> Con ello, según el mismo Zavaleta, los ideólogos del Estado oligárquico no hacían sino traicionar su ideología interior (el secreto del Estado), exponiéndola como ideología de emisión, lo cual, a su vez, se explica por la crisis del Estado oligárquico y los efectos traumáticos de la Revolución Federal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sin forzar demasiado las cosas, se puede hacer un paralelo entre el carácter de síntoma del judío en el antisemitismo y el del indio en el darwinismo social, pues ambos aparecen como causas del antagonismo social siendo en realidad el signo de éste. Esta analogía la plantea el propio Zavaleta: &quot;Los indios, lo testimonia Baptista, son los judíos de Bolivia (como lo había avizorado Calancha), el chivo expiatorio&quot;<sup>10</sup>. Frente a ello, la correspondiente fantasía social era la armonía que se soñaba alcanzar una vez eliminada la causa del antagonismo. La cosa es que esta fantasía, que podía funcionar en la Argentina y hasta en Chile, era sencillamente imposible en un país como Bolivia, mayoritariamente indígena<sup>11</sup>. En un caso como éste es natural preguntar cómo esta élite </font><font face="Verdana" size="2">gobernante podía imaginar construir una nación con sólo el 10 o 15% de la población y excluyendo al resto. Era previsible que, así las cosas, la construcción nacional fracasara. Como escribió Zavaleta, aludiendo al autor de <i>Pueblo enfermo: </i>&quot;La palabra enfermo salta entre las cosas. En eso Arguedas no dejó de tener sus razones. [...] Tenemos un tipo de enfermedad o neurosis: la de hombres que dan argumentos contra sí mismos. [...] ¿Por qué lo hacían? Por el concepto señorial de la vida, en el cual la salvación y la perdición vienen de la estirpe&quot;<sup>12</sup>. No obstante, como dice Zavaleta, &quot;no todo en materia de pensamiento era ruina pura&quot;. Franz Tamayo, uno de los más descollantes intelectuales del periodo, desarrolló una poderosa argumentación en contra del racismo anti-indio dominante, argumentación que tendría una duradera influencia sobre el nacionalismo boliviano posterior. La posibilidad de una tal posición antagónica, sin embargo, sólo era posible por ciertas transformaciones que empezaban a producirse en el propio campo de poder.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="3"><b>2. El campo intelectual en el período liberal (1910-1932)</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Lamentablemente, la historia intelectual en Bolivia está poco desarrollada. Los clásicos existentes, como <i>La filosofía en Bolivia </i>(1945) y <i>El pensamiento boliviano en el siglo XX </i>(1956), ambos de Guillermo Franco-vich, en general pertenecen al tipo de historia de las ideas que Rorty llama doxográfica, lo mismo que los trabajos de Juan Albarracín Millán (1976, 1978, 1979, 1982a, 1982b), que, pese a sus méritos, tampoco son &quot;historia intelectual&quot; en sentido fuerte<sup>13</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En cambio, se pueden encontrar ciertos desarrollos de historia intelectual en trabajos más bien de historia social, como la notable interpre</font><font face="Verdana" size="2">tación del pensamiento boliviano de comienzos del siglo XX que propone Zavaleta Mercado en <i>Lo nacional-popular en Bolivia </i>(1986). Esta situación ha comenzado a cambiar en el último tiempo, con libros más específicamente orientados a la historia intelectual en sentido fuerte, como los de Irma Lorini (1994), Josefa Salmón (1997)yJavier Sanjinés (2005), que, junto con los trabajos de orientación más doxográfica, permiten una mínima reconstrucción de las fases de la tradición intelectual boliviana.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En términos generales, se puede sostener que el campo intelectual boliviano de la segunda década del siglo XX se estructuró en torno a las figuras de Alcides Arguedas y Franz Tamayo. A pesar de subestimar la obra de Arguedas, incluso Zavaleta reconoce que en ella las ideas del darwinis-mo social quedaron &quot;en su remate&quot;, en una especie de resumen popular e influyente (sobre todo con <i>Pueblo enfermo, </i>su famoso &quot;ensayo sociológico&quot; de 1909)<sup>14</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Aquí no interesa tanto volver sobre la versión de Arguedas, como sobre su posición y la de su contendor más visible, Franz Tamayo, para de esta manera acercarnos a la estructura de lo que pudiera haber de campo intelectual en la Bolivia de entonces, que, como veremos, incluía una tercera posición, la de los intelectuales radicales de izquierda representada por Tristán Marof<sup>15</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>2.1. Arguedas como aglutinante y difusor</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por muy polémica que sea la figura de Arguedas, y por muy provisional que sea todavía la crítica sobre su obra, algunos aspectos están fuera de duda. En lo que nos interesa, es más o menos reconocido que Arguedas cumplió esta función de aglutinante y difusor de las ideas de darwinismo social, sobre todo con <i>Pueblo enfermo </i>(1909), ensayo fuertemente influido </font><font face="Verdana" size="2">por el regeneracionismo español<sup>16</sup>. Esta caracterización de Arguedas se complica cuando se considera su narrativa, <i>Raza de bronce </i>en particular, relato habitualmente considerado el texto fundador de la novela indigenista en América Latina, lo cual aparentemente comporta el caso de una obra hecha de momentos antagónicos <i>(Raza de bronce </i>vs. <i>Pueblo enfermo). </i>No obstante, las lecturas más cuidadosas encuentran en la novela el correlato narrativo del ensayo. Para empezar, la concepción de la geografía y su influencia en lo social es fundamentalmente la misma: &quot;la belleza que muestran algunas descripciones de <i>Raza de bronce </i>apenas disimulan las condiciones de una geografía inhóspita, de 'un suelo casi estéril por el perenne frío de las alturas' (RB, 12), igual al que se describe en el polémico ensayo de Arguedas&quot;<sup>17</sup>. Más problemática es la homología de ambos textos en lo que se refiere a la definición de la psicología indígena, pues la denuncia de la explotación en la novela induce a suponer una visión positiva del indio ausente en el ensayo, percepción reforzada por la existencia de personajes indígenas con rasgos claramente positivos, como el viejo sabio Choquehuanka. No obstante, estas discrepancias se pueden explicar por la complejización y matices exigidos por la construcción novelesca que, a diferencia del texto argumental (sujeto al principio de no contradicción), pone en escena un conjunto de contradicciones significativas<sup>18</sup>, proponiendo con ello una <i>solución simbólica </i>de estas contradicciones reales<sup>19</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Desde esta perspectiva, la denuncia de la explotación del indígena en <i>Raza de bronce </i>se ha podido interpretar como una defensa encubierta de un tercer actor implícito (imaginario): la casta blanca desplazada por los políticos mestizos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Según el propio Arguedas historiador, la fractura del orden tradicional aristocrático se inició con el gobierno de Belzu, el cual, &quot;apoyándose en cholos e indios, desalojó del poder a José Ballivián, y con éste a la 'ver</font><font face="Verdana" size="2">dadera aristocracia' del país: 'las gentes adineradas, los propietarios y terratenientes, los estudiosos y las familias con nombres españoles' (LCB, II, 854)&quot;<sup>20</sup>, situación agravada con la llegada de Melgarejo al poder, quien decretaría la expropiación de las tierras de comunidad y con ello la formación de un latifundismo mestizo espurio.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En su <i>Historia de Bolivia </i>Arguedas es muy explícito al respecto, pero también en la novela se deja saber que el mundo que se está narrando tuvo sus orígenes en la época del <i>caudillo bárbaro, </i>&quot;cuando los indios se vieron obligados 'a consentir el yugo mestizo' y se resignaron a ser, 'como en adelante serían, esclavos de esclavos' (RB, 116)&quot;<sup>21</sup>. La parcial y en buena medida aparente defensa de los indígenas es, pues, en realidad, una expresión de la disputa entre distintas fracciones de la oligarquía terrateniente en torno a la legitimidad de su poder<sup>22</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Otra contradicción que la novela traviste, vinculada a la anterior, es la que opone ideológicamente a los observadores objetivos de la realidad nacional (el propio Arguedas)<sup>23</sup>, frente a &quot;los líricos&quot; y &quot;los bellacos&quot;. En las discusiones entre el terrateniente (mestizo) Pantoja y sus amigos, en efecto, el narrador observa a propósito de Suárez, el hijo de un &quot;acaudalado minero&quot; con pretensiones de escritor y el único que encuentra rasgos positivos en el indígena, lo siguiente:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cojeaba, pues, del mismo pie que todos los defensores del indio, que casi inevitablemente se compone de dos categorías de seres: los líricos, que no conocen al indio y toman su defensa como un tema fácil de literatura, o los bellacos que, también sin conocerle, toman la causa del indio como un medio de medrar y crear inquietudes exaltando sus sufrimientos, creando el descontento, sembrando el odio con el fin de medrar a su hora, apoderándose igualmente de sus tierras<sup>24</sup>.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por diversos elementos textuales y de contexto, se puede suponer que Arguedas alude con ello a dos de sus contrincantes más notables: Tamayo (el lírico) y Marof (el bellaco). La alusión a Tamayo es más indirecta, pero hay poca duda de que Arguedas estaba pensando en el &quot;reformismo mestizo&quot; del cual el autor de <i>Creación de la pedagogía nacional </i>era miembro sobresaliente, y su padre, Isaac Tamayo, un importante precursor<sup>25</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Más directas, en cambio, son las alusiones a Marof, al cual en <i>Pueblo enfermo </i>se asocia directamente con &quot;los bellacos&quot;, esos agitadores de &quot;poca cultura y poca elevación moral&quot;, entre los cuales sobresale &quot;un agitador criollo de seudónimo ruso&quot;<sup>26</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En la propia novela, la descalificación de esta posición se expresa como crítica acerba al &quot;mujikismo&quot;, que trae a cuento Suárez en su discusión con Pantoja<sup>27</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Todo esto, en el fondo, representala elaboración en el campo intelectual de las disputas en el campo político. Si bien es cierto que intelectuales liberales como Arguedas no estuvieron directamente imbricados en el poder, hasta adoptar por momentos una posición crítica que le costó el exilio, lo cierto es que el propio Arguedas nunca se desvinculó del partido liberal, en cuyos gobiernos ocupó cargos diplomáticos y, en todo caso, sus propias críticas nunca cuestionaron la posición liberal en conjunto<sup>28</sup>. Lo que sí es cierto es que las disputas internas al liberalismo -que opusieron primero a liberales &quot;puritanos&quot; y &quot;doctrinarios&quot;, y luego, a partir de 1914, a liberales y republicanos, y todavía un poco después, a liberales, republicanos saavedristas y republicanos genuinos- abrieron el campo a la formación de otras corrientes disidentes. Si Arguedas representaba en el campo intelectual la posición del liberalismo dominante, Tamayo y Marof </font><font face="Verdana" size="2">expresaron intelectualmente las otras dos posiciones fundamentales del campo político de la época: el reformismo mestizo y la izquierda radical.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>2.2.Tamayo y la &quot;inversión&quot; del darwinismo social</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Uno de los aspectos más notables de <i>Creación de la pedagogía nacional </i>es que se situaba en contracorriente del darwinismo social predominante a principios del siglo XX, el cual, incluso en sus expresiones más altas, como Gabriel René Moreno, daba por supuesto que mestizos e indios son inferiores &quot;por causa de las células que elaboran índole perniciosa y mente inadecuada&quot;<sup>29</sup>. Quizás en toda la literatura boliviana de entonces no haya habido oposición más tenaz y decidida a este conjunto de prejuicios en contra del indio que el texto de Tamayo, que consideraba el &quot;mal central&quot; de la nación &quot;la atmósfera ingrata de odio real y de ficto desprecio en que el colono español y el blanco republicano han envuelto y envuelven a la raza&quot;<sup>30</sup>. Es interesante que el ensayo de Tamayo abordara esta atmósfera social en términos de un &quot;colonialismo interno&quot;, no dicho, pero implícito<sup>31</sup>. Frente a ello, Tamayo proponía lo que hoy llamaríamos una <i>reforma moral e intelectual </i>del país que debía comenzar por las castas dominantes, pues en ellas precisamente encontraba las perversiones morales y no en el indio. Así las cosas, Tamayo pensaba que en la creación de una pedagogía nacional &quot;necesitamos comenzar reeducando a todos nuestros blancos o pseudoblancos; educar en seguida a nuestros mestizos, y acabar entonces instruyendo a nuestros indios&quot;<sup>32</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Debido al carácter disidente de esta argumentación, se ha interpretado el discurso de <i>Creación de la pedagogía nacional </i>como un &quot;darwinismo social </font><font face="Verdana" size="2">invertido&quot; o como un &quot;indigenismo demasiado simple&quot;<sup>33</sup>. Si bien esta lectura de Zavaleta Mercado es esclarecedora en muchos aspectos, como en su valoración de &quot;la requisitoria de Tamayo hacia la autodeterminación o hacia lo que llamó la pedagogía nacional&quot;, o su crítica a la incapacidad del propio Tamayo &quot;para comprender la relación decisiva que hay entre autodeterminación y democracia&quot;, exagera la <i>centralidad </i>de lo indio que propondría <i>Creación de la pedagogía nacional34. </i>Más bien se puede argumentar que el discurso de Tamayo, a través ciertamente de un rodeo indigenista, apuntaba hacia la formulación de un proyecto mestizo que desplaza la centralidad de lo indio como tal. Si bien Tamayo repetidas veces sostiene que por la fuerza de las cosas el fondo de nuestra nacionalidad está dado por la sangre autóctona como verdadera fuente de la energía nacional, restringe este aserto a &quot;las actuales condiciones de la nación&quot;<sup>35</sup>. A la larga, la hegemonía india sería sólo indirecta, pues el autóctono mismo estaría condenado, como el blanco, a un &quot;cruce paulatino y fatal, que le permita permanecer como raza y no desaparecer del todo&quot;<sup>36</sup>. Tamayo, en efecto, habla de &quot;la posible o próxima hegemonía étnica, en la América del Sur, de las sangres autóctonas, al menos <i>de una manera indirecta, </i>en cuanto aparece predominantemente en los elementos mestizos que comienzan a ser verdaderos valores políticos, sociales y otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Según ciertos viajeros, la América del Sur no es cosa destinada a blancos ni indios precisamente, sino a mestizos. Son ellos que acabarán por ser los definitivos señores del continente sur&quot;<sup>37</sup>. Aquí sin duda hay que darle la razón a Zavaleta en cuanto a las contradicciones y oscuridades del discurso de Tamayo, que se encuentra obligado a recurrir al expediente de fatalidades irremediables para continuar su argumentación de lo mestizo como <i>forma ideal </i>de la nación<sup>38</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las duras críticas de Tamayo al cholo o mestizo se refieren, pues, a su actualidad, no a sus potencialidades futuras, lo que hace una diferencia principal con relación al discurso de Arguedas. El alegato mestizo de Tamayo es por ello distinto también de aquellos que empezaron a proliferar en Bolivia entre 1930 y 1940, como los de Humberto Palza en <i>El hombre como método </i>(1939) y Federico Ávila en <i>El problema de la unidad nacional </i>(1938). Estos distinguían dos tipos de mestizo: el mestizo-indio y el mestizo-blanco, considerando sólo al segundo como prototipo de lo nacional<sup>39</sup>. En Tamayo, en cambio, no opera tal distinción. En <i>Creación de la pedagogía nacional </i>los términos &quot;cholo&quot; y &quot;mestizo&quot; -que se usan <i>casi </i>como sinónimos, salvo que, como ya vimos, el &quot;cholo&quot; es el mestizo presente, no educado aún<sup>40</sup>, se entienden <i>siempre </i>en el sentido de lo mestizo-indio. Con ello Tamayo fundó un discurso que, oponiéndose al darwinismo social liberal y a las futuras versiones oligárquicas del mestizaje (como las de Palza y Ávila), anticipaba el credo del nacionalismo revolucionario de la década del 40. Este discurso sobre lo autóctono, sin embargo, implicaba un ocultamiento de las diferencias reales entre &quot;cholos&quot; y &quot;mestizos&quot;, pasando por alto los procesos de segregación y violencia que han comportado (y todavía comportan) los procesos de mestizaje en los Andes<sup>41</sup>. También implicaba la obliteración de la presencia indígena real: en <i>Creación de la pedagogía nacional </i>no hay una sola mención a las luchas reales de los indígenas que, una década antes, en la Revolución Federal (1898-1899), habían desarrollado un proyecto de poder propio. Este olvido, obviamente no casual, se puede leer como <i>sintomático: </i>expresaba el <i>miedo </i>provocado por la insurgencia indígena y el esfuerzo alternativo (alternativo respecto del liberalismo social darwinista) por encontrarle solución<sup>42</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>2.3.Campo intelectual y campo de poder: caciques, artesanos e intelectuales radicales</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es interesante preguntar cómo pudo surgir una posición como la de Tamayo en un periodo de tan fuerte predominio del darwinismo social. Para empezar, existen algunos antecedentes literarios de discurso mestizo, el más importante de los cuales es la novela <i>Juan de la Rosa </i>(1895), del cochabambino Nataniel Aguirre, que sería el texto que más se parece a una novela de fundación nacional. <i>Juan de la Rosa, </i>&quot;un <i>bildungsroman </i>que cuenta la historia de la educación de un niño durante las luchas independentistas (1809-1925)&quot;, como dice Javier Sanjinés, tiene como núcleo ideológico la reconducción del espíritu nacional al levantamiento mestizo de Alejo Calatayud, en un relato que oblitera el significado y la importancia de las rebeliones indígenas del siglo XVIII<sup>43</sup>. También aquí, junto con el alegato mestizo, opera un olvido sintomático.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sin olvidar este antecedente, lo que en realidad explica la posibilidad de una toma de posición como la de Tamayo es la propia estructura del campo de poder de la época, que se manifestaba en una estructura homóloga en el campo intelectual -o lo que hubiera de él-y daba lugar al debate entre el darwinismo social liberal y el &quot;discurso de lo autóctono&quot; (J. Sanjinés) enarbolado por Tamayo. Este debate era expresión de las luchas al interior de la élite dominante, luchas que provocaron la fractura del partido liberal. El republicanismo, partido fundado en 1914, al principio promovido por banqueros descontentos con la política financiera del segundo gobierno de Montes, tuvo que apoyarse en sectores populares de artesanos y proletarios cholos para acceder al poder. Así, una combinación de luchas internas al campo político (republicanos <i>vs. </i>liberales montistas) y de descontento social (huelgas obreras) dio fin a la <i>pax liberal </i>con</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">la revolución de julio de 1920 encabezada por Bautista Saavedra<sup>44</sup>. No obstante, después de su victoria el republicanismo mantuvo las instituciones políticas y las estructuras de poder básicamente intactas, y si bien Saavedra se apoyó crecientemente en obreros, artesanos y caciques indios para resistir la oposición liberal y las disidencias internas, ello no impidió que masacrara campesinos indígenas en Taraqu (1920) y Jesús de Machaca (1921), y mineros en Uncía (1923). Es que el republicanismo no buscaba transformar el orden vigente, sino &quot;regenerar a los cuadros de la facción de élite que se había convertido en hegemónica desde 1899&quot;<sup>45</sup>. El carácter moderado del discurso de lo autóctono era la expresión intelectual de este desarrollo en el campo político<sup>46</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">No obstante su espíritu finalmente liberal, el republicanismo al principio recibió el apoyo del movimiento de caciques apoderados de las comunidades indígenas, que se venía organizando desde fines del siglo XIX y que, ya en 1914, había estableci do vínculos con la disidencia republicana<sup>47</sup>. El mismo Saavedra, como abogado y republicano prominente que era, había defendido a Santos Marka T'ula y otros caciques apoderados contra su persecución en 1916. Adicionalmente, como Presidente, en enero de 1923 aprobó un Decreto Supremo de Alfabetización India y &quot;comenzó a montar un ataque retórico contra el latifundismo que había llegado a dominar las regiones durante el periodo liberal&quot;<sup>48</sup>. Así, aunque reprimió brutalmente las huelgas obreras y los levantamientos indígenas, desde 1923 &quot;abrió una brecha en el tejido de las políticas oligárquicas que el movimiento de los caciques-apoderados rápidamente penetró, junto con la parte más radical, aunque tal vez la menos representativa, del movimiento obrero&quot;<sup>49</sup>. Esta alianza entre campesinos, obreros e intelectuales se expresó en el Tercer Congreso Obrero de 1927 y tuvo su punto más alto en la rebelión de Chayanta del mismo año. Ambos acontecimientos probaron que los vínculos entre indígenas, artesanos e intelectuales radicales venían </font><font face="Verdana" size="2">operando desde tiempo atrás en paralelo a la política oficial que oponía a republicanos y liberales.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El Tercer Congreso fue importante, entre otras cosas, por la participación indígena en el mismo, así como por su contenido ideológico, que por primera vez incluía un programa de lucha contra las clases capitalistas, junto con la expropiación de tierras a favor de las comunidades rurales y un ambicioso plan de educación indígena, todo ello en una vena de autogestión y autodeterminación, y no de partido de vanguardia<sup>50</sup>. El momento más intenso de este proceso de politización y alianzas fue la rebelión de Chayanta que, como otras de la historia boliviana, estallaba luego de largas luchas legales en contra de la expoliación y los abusos de latifundistas criollos. El gobierno republicano de entonces, ya con Siles como presidente, acusó a los intelectuales radicales del Partido Socialista de ser los organizadores de la rebelión, y en particular a Tristán Marof (Gustavo Navarro), que en 1926 había publicado en Bélgica <i>La justicia del Inca, </i>un panfleto histórico-revolucionario que pronosticaba &quot;una revolución social de los indios y otros trabajadores en Bolivia la cual restablecería a los indios su previa gloria&quot;<sup>51</sup>. Los radicales urbanos no dirigieron el levantamiento, en contra de lo que sostenían las autoridades, pero pusieron sus habilidades intelectuales y legales al servicio de los insurgentes. Al parecer también insuflaron la idea de &quot;comunismo incaico&quot; entre los sublevados, de modo que, aunque &quot;las élites distorsionaron la naturaleza y los objetivos de la movilización indígena, la temida alianza -entre caciques, artesanos urbanos e intelectuales del Partido Socialista— no fue mera proyección ni paranoia de la élite criolla&quot;<sup>52</sup>. Al final, la rebelión fue ahogada en sangre, y los dirigentes perseguidos, encarcelados y procesados. Marof, que había sido apresado días antes del levantamiento, escapó a pie hacia el Perú un tiempo después, iniciando un largo exilio de varios años.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En términos de prestigio personal, Marof fue el intelectual radical más visible del momento. Iniciado como activista republicano en la pri</font><font face="Verdana" size="2">mera década del siglo, terminó convirtiéndose en un marxista soreliano más preocupado por la fuerza movilizadora de los mitos que por argumentos de economía política<sup>53</sup>. Al vincularse a las luchas obreras e indígenas del periodo, representó en el campo intelectual una posición homóloga a la del campo político. Pero la rebelión también puso de manifiesto la existencia de otro tipo de intelectuales, los caciques apoderados y sus escribanos, que surgieron como respuesta a la estrategia oligárquica de expropiación de tierras comunales. Para llevar adelante la defensa legal de sus ayllus -defensa que implicaba, entre otras cosas, la búsqueda de genealogías de sucesión hereditaria, viajes a los archivos de Sucre y Lima, obtención e interpretación de copias legalizadas de antiguos documentos- los caciques se apoyaron en abogados mestizos de los pueblos, peyorativamente denominados &quot;tinterillos&quot;, pero también, cuando pudieron, en maestros o letrados indígenas como Leandro Condori Chura, escribano indígena <i>(qillqiri) </i>del célebre Santos Marka T'ula, cacique principal de los ayllus de Qallapa, en una historia de lucha política e intelectual que produciría aún más novedades en lo porvenir<sup>54</sup>.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><b><font size="3" face="Verdana">Notas</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp; Bourdieu 1992: 290 y ss.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp; Las nociones de &quot;fantas&iacute;a ideol&oacute;gica&quot; e &quot;inconsciente pol&iacute;tico&quot; aluden a las formas inconscientes de la ideolog&iacute;a. La articulaci&oacute;n te&oacute;rica de estas nociones con las de campo intelectual y <i>habitus </i>las hemos desarrollado en un ensayo previo (Gil, 2009).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;En el sentido de Rama (1984)</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><sup>5</sup>       &nbsp; &nbsp;  En &Aacute;vila Echaz&uacute; (comp.) 1974: 160-161</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp; Su autor es considerado como &quot;el m&aacute;s destacado escritor jurista de Indias en el siglo XVI&quot; (G. Lohmann V.). Su obra &quot;refleja la doctrina vigente entre muchas autoridades de Indias; equivale a un tratado sistem&aacute;tico de los principales problemas pol&iacute;ticos, sociales y econ&oacute;micos de Charcas, desde la perspectiva de un destacado funcionario de la administraci&oacute;n colonial&quot; (Barnadas [dir.] 2002: I, 940-941).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp; Citado en Zavaleta 1986: 183</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp; Citado en Zavaleta 1986: 184</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp; Zavaleta 1986: 185</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp; &nbsp; Zavaleta 1986: 199</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>11</sup>&nbsp; &nbsp; Zavaleta mismo defini&oacute; esto en t&eacute;rminos de fantas&iacute;a social: &quot;Que la idea de una Argentina europea era viable lo demostr&oacute; al hacerse europea en verdad, caso claro en que la realidad existe de acuerdo a la utop&iacute;a previa. La propia idea de un Chile europeo, siendo falsa, al menos demostr&oacute; ser un argumento &uacute;til para construir una naci&oacute;n en un sentido determinado: era una mentira que se hab&iacute;a hecho veros&iacute;mil y lo que importaba entonces era la unanimidad de la autorrepresentaci&oacute;n. Pues bien, en su sustancia misma, Bolivia europea era una falacia radical, una imposibilidad no veros&iacute;mil. En otros t&eacute;rminos, el paneurope&iacute;smo de los pr&oacute;ceres no serv&iacute;a ni siquiera como mentira pol&iacute;tica ni como fantas&iacute;a &uacute;til&quot; (1986: 193).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp; &nbsp; Zavaleta 1986: 194</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp; &nbsp; Si por historia intelectual se entiende algo que trasciende la doxograf&iacute;a o la reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica de obras individuales <i>(cf. </i>Rorty 1984).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"></font><font face="Verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp; &nbsp; Zavaleta 1986: 211</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp; &nbsp; El campo intelectual boliviano en ese periodo estaba apenas en formaci&oacute;n. La generaci&oacute;n previa, la llamada &quot;Generaci&oacute;n de 1880&quot;, estaba a&uacute;n menos articulada: &quot;Esta generaci&oacute;n, a la que pertenecen importantes figuras intelectuales como Gabriel Ren&eacute; Moreno, Santiago Vaca Guzm&aacute;n, Ricardo Terrazas, Julio Lucas Jaimes, Isaac Tamayo y Nataniel Aguirre, no tuvo la necesaria unidad tem&aacute;tica y propositiva que justifique definirla como fundadora de la naci&oacute;n. Como afirma Roberto Prudencio, 'los hombres de esta generaci&oacute;n parecen vivir cada uno para s&iacute; propio y ocuparse de las cosas de su tierra desde su exclusivo punto de vista'&quot; (Sanjin&eacute;s 2005: 43).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp; &nbsp; Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez 1996a: 464-469</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp; &nbsp; Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez 1996b: 522. Las citas de Arguedas insertas en los ensayos de Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez, o tomadas de ellos,est&aacute;n consignadas con siglas: RB <i>(Raza de Bronce), </i>PE <i>(Pueblo Enfermo), </i>LCB <i>(Los caudillos b&aacute;rbaros).</i></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>18</sup>&nbsp; &nbsp; Sobre estas diferencias entre el texto de ensayo y el texto narrativo, <i>cf. </i>Eco <i>et al. </i>1995</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>19</sup>&nbsp; &nbsp; Para esta forma de considerar los textos narrativos como soluci&oacute;n simb&oacute;lica de contradicciones reales, <i>cf.J ameson </i>1989</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>20</sup>&nbsp; &nbsp; Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez 1996b: 532</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>21</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;<i>Ib&iacute;dem.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>22</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;&quot;Desde esta perspectiva se aclara sin duda el alcance de la cr&iacute;tica social que implica <i>Raza de bronce. </i>Al condenar la expropiaci&oacute;n de las tierras pertenecientes a las comunidades ind&iacute;genas, no se ataca a la clase terrateniente, sino a los grupos nuevos que se incorporan a la posesi&oacute;n de la tierra sin los requisitos exigidos por la casta que hasta entonces detentaba ese privilegio&quot; (Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez 1996b: 533).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>23</sup><sup></sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;     Estas son pretensiones est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas bien conocidas de Arguedas <i>(Cf. </i>Garc&iacute;a Pab&oacute;n 1998).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>24</sup>    <sup></sup>&nbsp; &nbsp;<sup></sup>&nbsp; RB, 295, citado por Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez 1996b: 525</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"></font><font face="Verdana" size="2"><sup>25</sup> <sup></sup>&nbsp; &nbsp;Tambi&eacute;n existen alusiones a Isaac Tamayo en <i>Raza de bronce </i>(cf. Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez 1996b: 533-534). Como se sabe, &eacute;ste era un partidario incondicional del &quot;caudillo b&aacute;rbaro&quot; y fue su subsecretario de gobierno. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida, escribi&oacute; un libro apolog&eacute;tico titulado <i>Habla Melgarejo </i>(1914).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>26</sup>&nbsp; &nbsp; PE, I, 602, citado por Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez 1996b: 528</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>27</sup>&nbsp; &nbsp; &quot;La acritud con que se rechazan las referencias de Su&aacute;rez al mujik es buena prueba de que lo que se discute es algo m&aacute;s que una cuesti&oacute;n literaria&quot; (Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez 1996b: 529). Para la importancia del &quot;mujikismo&quot; en el pensamiento de izquierda de la &eacute;poca, ver J.C. Mari&aacute;tegui, <i>Siete ensayos de interpretaci&oacute;n de la realidad peruana </i>(192 8).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>28</sup>&nbsp; &nbsp; Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez 1996a, 1996b</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"></font><font face="Verdana" size="2"><sup>29</sup>&nbsp; &nbsp; Citado en Zavaleta 1986: 184</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>30</sup>&nbsp; &nbsp; Tamayo 1979: 34-35</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>31</sup>&nbsp; &nbsp; Tamayo utiliz&oacute; para sugerir esto la met&aacute;fora de la enfermedad que corre por las venas: &quot;&iquest;La conquista salvaje y la colonia insensata han desaparecido de Am&eacute;rica? Ostensiblemente s&iacute;; pero se han quedado en nuestras venas, y de all&iacute; no las han sacado todav&iacute;a los Murillo y los Sucre. All&iacute; est&aacute; palpitante con todos sus vicios e inferioridades&quot; (Tamayo 1979: 74).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>32</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;Tamayo 1979: 70. Tamayo distingue &quot;educar&quot; de &quot;instruir&quot;. Lo primero alude a la formaci&oacute;n del car&aacute;cter (fortaleza f&iacute;sica y moral); lo segundo, en cambio, s&oacute;lo a la transmisi&oacute;n de conocimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>33</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;Zavaleta 1986: 212</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>34</sup>&nbsp; &nbsp; <i>Ibid.: </i>211-217</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>35</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;Tamayo 1979: 33</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>36</sup>&nbsp; &nbsp; <i>Ibid.: </i>52</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>37 </sup> &nbsp; <sup></sup>&nbsp;<i>Ibid. </i>93, cursiva m&iacute;a</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>38</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;&quot;Entonces el mestizaje ser&iacute;a la etapa buscada y deseada a todo trance, en la evoluci&oacute;n nacional, la &uacute;ltima condici&oacute;n hist&oacute;rica de toda pol&iacute;tica, de toda ense&ntilde;anza, de toda supremac&iacute;a; la visi&oacute;n clara de la naci&oacute;n futura; el encarrilamiento, de parte de losdirectores, de toda acci&oacute;n y de todo movimiento nacional hacia la etapa y el objeto descubiertos&quot; (Tamayo 1979: 52).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>39</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;Sanjin&eacute;s 1996:25</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>40</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;<i>Cf. </i>Garc&iacute;a Pab&oacute;n 1998: 141-142. La muy sugerente lectura de Sanjin&eacute;s tambi&eacute;n se basa en esta distinci&oacute;n crucial del texto de Tamayo entre el mestizo actual y el del futuro <i>(cf. </i>Sanjin&eacute;s 2005: 38-39, n.4).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>41</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;En el sentido desarrollado por Silvia Rivera (2010).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>42</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;&quot;Puesto que este flujo [social de los indios] fue expl&iacute;citamente negado porTamayo en su ensayo fundacional, me atrevo aqu&iacute; a afirmar que su discurso sobre lo aut&oacute;ctono</font> <font face="Verdana" size="2">tambi&eacute;n tom&oacute; en serio los temores que las rebeliones ind&iacute;genas de fines del siglo XIX generaron sobre el sector mestizo-criollo&quot; (Sanjin&eacute;s 2005: 48).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>43</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;  &quot;Fray Justo, el narrador subordinado de la novela, quien ense&ntilde;a a leer y escribir al ni&ntilde;o Juan de la Rosa, revela todo el proyecto de identidad nacional. En efecto, Fray Justo descubre el origen mestizo de Juan de la Rosa. Al descender de Alejo Calatayud, personaje hist&oacute;rico que en 1730 lidera uno de los primeros alzamientos mestizos contra la Corona espa&ntilde;ola, Juanito comprende que su origen es mestizo y no indio, y que &eacute;l nada tiene que ver con los levantamientos ind&iacute;genas del siglo XVIII&quot; (Sanjin&eacute;s 2005: 42).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>44</sup>&nbsp; &nbsp; Klein 1995: 39ss.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>45</sup>&nbsp; &nbsp; Marta Irurozqui en Hylton 2005: 159</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>46</sup>&nbsp; &nbsp; Sanjin&eacute;s2005:37</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>47</sup>&nbsp; &nbsp; Hylton 2005: 155, 158</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>48</sup>&nbsp; &nbsp; <i>Ibid.: </i>162</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>49</sup>&nbsp; &nbsp; <i>Ib&iacute;dem.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"></font><font face="Verdana" size="2"><sup>50</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;Klein 1995: 116; Hylton 2005: 175</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>51</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;Hylton 2005: 137. Argumentaba tambi&eacute;n que la civilizaci&oacute;n india prehisp&aacute;nica era socialista, y que &quot;la revoluci&oacute;n andina ser&iacute;a india y socialista, pero a la vez moderna&quot; (179).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>52</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp; <i>Ibid.: 137</i></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"></font><font face="Verdana" size="2"><sup>53</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;<i>Ibid.: </i>179</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>54</sup>&nbsp; &nbsp; &nbsp;<i>Cf.Condori </i>Chura/Ticona 1992</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="3"><b>Bibliografía</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">ALBARRACÍN Millán, Juan,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Orígenes del pensamiento social contemporáneo de Bolivia, </i>La Paz, Empresa Editora Universo, 1976.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073148&pid=S0040-2915201300010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">ALBARRACÍN Millán, Juan,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>El gran debate. Positivismo e irracionalismo en el estudio de la sociedad boliviana, </i>La Paz, Empresa Editora Universo, 1978.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073149&pid=S0040-2915201300010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">ALBARRACÍN Millán, Juan,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>La sociedad opresora. Corrientes eclécticas de transición del positivismo al marxismo, </i>La Paz, Empresa Editora Universo, 1979.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073150&pid=S0040-2915201300010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">ALBARRACÍN Millán, Juan,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Sociología indigenal y antropología telurista, </i>La Paz, Empresa Editora Universo, 1982a.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073151&pid=S0040-2915201300010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">ALBARRACÍN Millán, Juan,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Geopolítica, populismo, y teoría sociotriconopanorámica, </i>La Paz,</font> <font face="Verdana" size="2">Empresa Editora Universo, 1982b. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073152&pid=S0040-2915201300010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">ARGUEDAS,Alcides,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Raza de bronce/WuataWuara, </i>edición crítica a cargo de </font><font face="Verdana" size="2">Antonio Lorente Medina, FCE/ALLCA XX, Colección</font><font face="Verdana" size="2">Archivos, 1996. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073153&pid=S0040-2915201300010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">ÁVILA Echazú, Edgar (comp.),</font><font face="Verdana" size="2"><i>Literatura colonial de Bolivia, </i>La Paz, Editorial Juventud, 1974. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073154&pid=S0040-2915201300010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">BARNADAS, Josep (dir.),</font><font face="Verdana" size="2"><i> Diccionario histórico de Bolivia, </i>Sucre, Grupo de Estudios</font> <font face="Verdana" size="2">Históricos,Vol.2,2002. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073155&pid=S0040-2915201300010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">BOURDIEU, Pierre,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario, </i>Barcelona, Anagrama, 1992. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073156&pid=S0040-2915201300010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">CONDORI Chura, Leandro y Ticona, Esteban,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>El escribano de los caciques apoderados. Kasikinakanpurirarunak</i></font><font face="Verdana" size="2"><i>anpillqiripa, </i>HISBOL/THOA, La Paz, 1992. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073157&pid=S0040-2915201300010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">ECO, Umberto <i>et al.,</i></font> <font face="Verdana" size="2"><i>Interpretación y sobreinterpretación, </i>Cambridge, Cambridge</font><font face="Verdana" size="2">University Press, 1995. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073158&pid=S0040-2915201300010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">FERNÁNDEZ Rodríguez, Teodosio,</font> <font face="Verdana" size="2">&quot;Arguedas en su contexto histórico. El regeneracionismo</font> <font face="Verdana" size="2">español&quot;, en Alcides Arguedas, <i>Raza de bronce/WuataWuara,</i></font> <font face="Verdana" size="2">edición crítica a cargo de Antonio Lorente Medina, FCE/</font><font face="Verdana" size="2">ALLCAXX, Colección Archivos, 1996a. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073159&pid=S0040-2915201300010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">FERNÁNDEZ Rodríguez, Teodosio,</font> <font face="Verdana" size="2">&quot;Las tensiones ideológicas de Arguedas en <i>Raza de bronce&quot;,</i></font> <font face="Verdana" size="2">en Alcides Arguedas, <i>Raza de bronce/WuataWuara, </i>edición</font> <font face="Verdana" size="2">crítica a cargo de Antonio Lorente Medina, FCE/ALLCA</font> <font face="Verdana" size="2">XX, Colección Archivos, 1996b.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073160&pid=S0040-2915201300010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> FRANCOVICH, Guillermo,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>La filosofía en Bolivia, </i>1ra ed. 1945, La Paz, Juventud, 1966. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073161&pid=S0040-2915201300010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">FRANCOVICH, Guillermo,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>El pensamiento boliviano del siglo XX, </i>1ra. ed. 1956, La Paz, Los Amigos del Libro, 1985.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073162&pid=S0040-2915201300010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">GARCÍA Pabón, Leonardo,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>La patria íntima. Alegorías nacionales en la literatura y el cine de Bolivia, </i>La Paz, Plural, 1998.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073163&pid=S0040-2915201300010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">GIL, Mauricio,</font><font face="Verdana" size="2">&quot;Sociología de los intelectuales y teoría de la ideología&quot;, en Luis Tapia (comp.), <i>Pluralismo epistemológico, </i>La Paz, CIDES/ CLACSO/Comuna/Muela del diablo, 2009.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073164&pid=S0040-2915201300010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">HYLTON, Forrest,</font> <font face="Verdana" size="2">&quot;Tierra común: Caciques, artesanos e intelectuales radicales y la rebelión de Chayan ta&quot;, en <i>Ya es otro tiempo el presente. Cuatro momentos de insurgencia indígena, </i>2 da ed., La Paz, Muela del Diablo, 2005.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073165&pid=S0040-2915201300010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">JAMESON, Fredric,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Documentos de cultura, documentos de barbarie. La narrativa como acto socialmente simbólico, </i>Madrid, Visor, 1989.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073166&pid=S0040-2915201300010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">KLEIN, Herbert,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Orígenes de la revolución nacional boliviana. La crisis de la generación del Chaco, </i>La Paz, Juventud, 1995.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073167&pid=S0040-2915201300010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">LORINI, Irma,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>El movimiento socialista &quot;embrionario&quot; en Bolivia 1920-1939, </i>La Paz, Los Amigos del Libro, 1994.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073168&pid=S0040-2915201300010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">RAMA, Ángel,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>La ciudad letrada, </i>Hanover, Ediciones del Norte, 1984.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073169&pid=S0040-2915201300010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">RIVERA Cusicanqui, Silvia,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Violencias (re)encubiertas en Bolivia, </i>antología, La Paz, La mirada salvaje, 2010.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073170&pid=S0040-2915201300010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">RORTY, Richard,</font> <font face="Verdana" size="2">&quot;La historiografía de la filosofía: cuatro géneros&quot;, en Richard Rorty, J.B. Schneewind, QuentinSkinner (comps.), <i>La filosofía en la historia. Ensayos de historiografía de la filosofía, </i>Paidós, Barcelona, 1990.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073171&pid=S0040-2915201300010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">SALMÓN, Josefa,</font><font face="Verdana" size="2"><i>El espejo indígena. El discurso indigenista en Bolivia 1900-1956, </i>Plural/UMSA, La Paz, 1997.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073172&pid=S0040-2915201300010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">SANJINÉS C.,Javier,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Cholos viscerales. Desublimación y crítica del mestizaje, </i>Cocha-bamba, ILDIS/CERES/UMSS, 1996.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073173&pid=S0040-2915201300010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">SANJINÉS C.,Javier,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>El espejismo del mestizaje, </i>La Paz, PIEB, 2005.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073174&pid=S0040-2915201300010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">TAMAYO, Franz,</font> <font face="Verdana" size="2"><i>Obra escogida, </i>Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1979.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073175&pid=S0040-2915201300010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">ZAVALETA Mercado, René,</font><font face="Verdana" size="2"><i>Lo nacional-popular en Bolivia, </i>México, Siglo XXI, 1986.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1073176&pid=S0040-2915201300010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body><back>
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