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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Sociológicas Mauricio Lefebvre (IDIS) de la Carrera de Sociología]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA CRECIENTE DESILUSION CON LA DEMOCRACIA MODERNA EN AMERICA LATINA]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">LA CRECIENTE DESILUSION   CON LA DEMOCRACIA MODERNA EN AMERICA LATINA</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">H. C. F. Mansilla*</font></b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No hay duda de las ventajas de la democracia en comparación con   sociedades autoritarias y totalitarias. Sistemas sociales opuestos a la   democracia pluralista, como los modelos armonicistas derivados del corpus del marxismo (que creían poder   integrar todas las «contradicciones» en una gran armonía utópica), han   resultado ser poco flexibles y se adaptan difícilmente a entornos cambiantes.   Como no posee instituciones de autorreforma, este tipo de ordenamiento social   se halla expuesto a formas fácticamente incorregibles de abusos,   burocratización, deficiente asignación de recursos y 159 corrupción en gran   escala. Los regímenes más perdurables y  resistentes   son los que admiten conflictos en libre expresión y competencia: los mejores   gobiernos, ante todo en la dimensión del largo plazo, han resultado ser   aquellos de orientación liberal<sup><sup>2</sup></sup>,   que exhiben una cierta descentralización y un carácter ideológicamente abierto,   entre otras razones porque este modelo pluralista se basa en una visión más   sobria y realista del Hombre, que toma en cuenta sus disparidades, vicios, ambiciones y desavenencias perennes<sup><sup>3</sup></sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero los aspectos positivos de la democracia y la modernidad<sup><sup>4</sup></sup>son   harto conocidos para celebrarlos otra vez, máxime si hasta antiguos marxistas,   convertidos a las modas intelectuales del día, se consagraron a ello con   encomiable celo (hasta más o menos 2000). Una dilatada producción en ciencias   políticas y sociales puso el énfasis en el análisis de instituciones y   estatutos, en elecciones y asuntos de gobernabilidad y finalmente en la llamada   ingeniería política. La calidad, necesidad y pertinencia de estas   investigaciones está fuera de toda duda. Estos enfoques teóricos han contribuido   eficazmente a comprender la problemática latinoamericana de las últimas   décadas, a diseñar reformas constitucionales y legales de considerable   relevancia y a atenuarla cultura política del autoritarismo. Pero estas teorías institucionalistas tienen asimismo serias   limitaciones que atañen directamente al tema aquí tratado. Una porción del   desencanto con la democracia se debe a la creencia de que la ingeniería   política, los cambios institucionales y la instauración de una economía de   libre mercado bastarían para generar democracias duraderas y bienestar   colectivo. Considerables expectativas ligadas a los procesos de modernización,   globalización y democratización han resultado una simple desilusión porque la   inmensa mayoría de los cambios institucionales, los esfuerzos de la ingeniería   política, las reformas electorales, la renovación de los Poderes Judicial y   Legislativo y hasta la reducción del aparato administrativo-burocrático han   modificado el país legal, pero han   dejado bastante incólume el país real de la respectiva sociedad<sup><sup>5</sup></sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este breve texto intenta explorar   algunas de las causas que en los útimos años propiciaron el desencanto   con la democracia liberal y el ascenso concomitante del populismo y el   indigenismo, teñidos estos últimos de elementos socialistas. En numerosos   países de América Latina se puede constatar una desilusión creciente con los   modelos vinculados a la democracia liberal pluralista y, al mismo tiempo, un   renacimiento de la tradición cultural del autoritarismo (cf. Heras, Leticia, 2004:   23-37). Esto es particularmente claro en el ámbito andino desde Bolivia hasta   el Ecuador<sup><sup>6</sup></sup>.   El descalabro del sistema de partidos ocurrió paralelamente al desprestigio de   las modernas élites tecnocráticas (Álvarez, 2003: 75-93). No se trata sólo de   un mal desempeño económico de los regímenes liberal- democráticos, sino de una   decepción cultural muy amplia. En este contexto Edelberto Torres-Rivas propuso   una tesis interesante: la desconfianza hacia la política en general se traslada   como desconfianza hacia la democracia en particular (1993: 88-101). Los nuevos   partidos populistas y los movimientos indigenistas comparten, sin embargo,   algunas normativas centrales con las élites tecnocráticas y los partidos   liberal-democráticos en lo referido a las metas últimas del desarrollo   histórico, sobre todo una ceguera sintomática ante factores decisivos de la modernidad. A largo plazo, esta temática puede resultar de vital relevancia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El núcleo de la   problemática tiene que ver, por consiguiente, con la pérdida del espíritu   crítico de parte de las ciencias políticas y sociales. Pongamos por ejemplo los   enfoques institucionalistas confundieron % a menudo premeditadamente % medios y   fines: la senda de la democratización, ciertamente indispensable, fue   identificada con la consecución de una sociedad razonable. Estas teorías   pasaron por alto la probabilidad de que importantes factores y pautas   evolutivas del mundo contemporáneo no sean favorables a objetivos razonables de   largo aliento. En algunos casos, esta carencia de un genuino espíritu crítico   se debió parcialmente a que muchos de los propagandistas de la democracia   representativa y pluralista han exhibido la misma actitud apologética y   laudatoria que demostraron ante los regímenes socialistas cuando estaban bajo   la influencia casi mágica del marxismo. Sobre todo en América Latina, entre   1980 y 2000, se generó una ola a crítica de defensa de la democracia moderna de   corte occidental y de la economía de libre mercado, que olvidó un punto   esencial: por más perfecto que sea, el modelo democrático basado en el   liberalismo económico es, en el fondo, sólo un medio para alcanzar fines ulteriores, un camino para lograr   metas realmente importantes a largo plazo. Entre ellas se hallan, por ejemplo,   el bienestar de la población, su perfeccionamiento ético y la reconciliación con la naturaleza.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo que podríamos llamar la calamidad del presente estriba en que es   teóricamente posible construir una sociedad más justa y razonable con base en   los logros tecnológicos y organizativos pre-existentes, pero esta posibilidad   se ve coartada por factores que se hallan allende el horizonte   teórico-conceptual de las doctrinas de la transición e ingeniería democráticas.   La desventura contemporánea reside en el hecho de que, por ejemplo, los problemas   ecológicos, la evolución de la humanidad a largo plazo y la convivencia   razonable de los mortales requieren de esfuerzos teóricos y hermenéuticos que   van más allá de la compilación confiable de datos empíricos y de análisis de   instituciones y comportamientos electorales; sólo para acercarnos a esta   compleja problemática es menester la capacidad de atribuir sentido a nuestras   acciones globales y de elegir entre varias opciones de futuro y, por   consiguiente, la facultad de emitir juicios valorativos. Se puede aseverar que   ni los intelectuales ni los políticos del presente disponen de estas aptitudes   ni se preocupan por estos temas, puesto que sus intereses y los de la burocracia partidaria y estatal- administrativa giran en torno a cuestiones profanas de corto aliento.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otro lado,   estas teorías de la democratización partieron de presupuestos equivocados y   hasta anacrónicos con respecto a la construcción de una opinión pública amplia,   liberal, crítica y esencialmente responsable de su labor. Esta no se da ni en   las naciones occidentales más desarrolladas ni, mucho menos, en países del   Tercer Mundo. Estas concepciones acariciaron, por ejemplo, ideas demasiado   optimistas en torno al rol pretendidamente positivo y progresista que juega la   televisión. Mientras más crece el ámbito que cubren la prensa, la radio y la   televisión, más débil resultan ser su mensaje intelectual y su facultad de   educación crítica. La dilatada cobertura de los medios masivos de comunicación   % su aspecto democrático- popular % hay que pagarla mediante el incremento de   una publicidad irracional cercana a la estulticia y la ruina de la vida privada   e íntima. Si antes los medios se dirigían a un público 163 reducido que   razonaba acerca de los asuntos públicos, hoy se dirigen a una masa de mediocres   que sólo consume. Las consecuencias son funestas para la conformación de una   opinión pública razonable y, por ende, para todo modelo de democracia: los   medios sirven para transmitir mensajes desde arriba a las masas por medio de un   autoritarismo suave y persuasivo, y no para esclarecer a la población o para   brindar legitimidad a proyectos e ideas mediante el debate general y la fuerza de los buenos argumentos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La actual situación de la humanidad es única dentro de un amplio   contexto histórico, sobre todo en vista de (1) la capacidad destructiva de las   sociedades contemporáneas, (2) el aumento exponencial de la población % y, muy   particularmente, de sus demandas de un nivel de vida superior al actual %, (3)   la dilapidación de los recursos naturales y (4) la posibilidad de un mundo de   hacinamiento y estrecheces generalizadas en un lapso breve de tiempo. Los que   propugnaron las reformas democratizadoras no llegaron a aprehender la gravedad de la situación global<sup><sup>6</sup></sup>,   especialmente todo aquello que tiene que ver con la relación del Hombre con la   naturaleza. A muy largo plazo los regímenes basados en el antropocentrismo %   como lo han sido de manera paradigmática los sistemas socialistas % no estarán   en la posibilidad ni de comprender ni de lidiar con los problemas del futuro;   lo que se necesita a largo plazo es un orden de austeridad económica global y   permanente, de contracción, y no uno de crecimiento ilimitado. Necesitamos una   ética de la responsabilidad frente a la naturaleza y a nuestros descendientes,   y esta no puede ser la tarea de muchos agentes aislados que persiguen sólo su ventaja   individual, como ha resultado ser la democracia neoliberal de nuestros días. El   futuro no tiene un gremio que represente política e institucionalmente sus intereses (Joñas, 1984: 55).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Anticipando el resultado de esta crítica, se puede aseverar que después   de largos años de transición a la democracia y 164 de un trabajoso ingreso a la   mal llamada globalización, e tierras del Tercer Mundo el proceso de democratización ha generado notables   edificios institucionales, legales y electorales que coexisten en curiosa   simbiosis con estatutos normativos, costumbres ancestrales y prácticas   cotidianas premodernas, particularistas y hasta irracionales. Muchas veces la   democratización y la modernización han servido para revigorizar tradiciones   premodernas y, de este modo, hacerlas más resistentes frente a impugnaciones   realmente innovadoras. La democracia representativa, unida a la economía de   libre mercado, está dirigida por élites y partidos políticos, cuya competencia   técnica, cualidades morales y hasta common   sense han resultado ser bienes notablemente escasos. No parece que esta   situación vaya a cambiar en el futuro inmediato. Y no parece que esta   constelación sea percibida como grave por la mayoría de la población, que se   empeña en elegir libremente a gobernantes y grupos políticos de dudosa calidad. Uno de los problemas poco estudiados por los   enfoques institucionalistas, pero de importancia esencial, se refiere a la calidad intelectual y ética de los grupos   dirigentes encargados de implementar las reformas modernizadoras, introducir la   economía de libre mercado, consolidar las democracias y asumir los gobiernos   respectivos. A lo ancho y a lo largo del Tercer Mundo, se puede observar que   estos estratos sociales, ahora consagrados a la ideología neoliberal, son   fragmentos de las antiguas élites pro-estatistas, antidemocráticas e   iliberales. Han cambiado ciertamente su discurso ideológico, sus hábitos ante   la opinión pública y sus alianzas externas, pero siguen siendo la misma capa   privilegiada de antaño con su mentalidad inextirpable de servirse eficazmente   de los fondos fiscales % pero eso sí: ahora con una mejor educación cosmopolita   y con inclinaciones tecnicistas y anti-humanistas (siguiendo, obviamente, las   modas intelectuales del postmodernismo). Las élites actuales, legitimadas   democráticamente, han resultado ser grupos remarcablemente autosatisfechos,   arrogantes y cínicos, lo cual no sería tan grave si estos grupos denotaran un   mínimo de competencia administrativa, honradez en el desempeño de sus funciones   y algo de interés por la estética pública. Lo que han logrado, y esto sin duda   alguna, es la separación entre moral y política. Aparte del aspecto ético, esta   cuestión está signada asimismo por una dimensión cognoscitiva intrincada y   multifacética, lo cual hace aún más improbable que políticos y funcionarios   puedan estar en condición de entender y solucionar los desafíos de nuestra era.   Algunos procesos del presente y del futuro estarán plagados de incertidumbre y   complejidad básicas: ejemplos de ello son el impacto de la acción humana sobre   el clima y la brecha entre el «tiempo político» y el «tiempo de los problemas».   Las preocupaciones de los políticos y su horizonte temporal, determinado   precisamente por factores democráticos tales como las elecciones y las   exigencias de los votantes, son de plazo breve; las masas de los ciudadanos   piensan en dimensiones de corto aliento y en soluciones simples, fácilmente   comprensibles. Al carácter de   estas demandas se amolda la programática simplista de los partidos y las   propuestas demagógicas y falaces de los políticos. Pero aún dejando de lados   estas prácticas detestables, las élites gubernamentales no tienen opciones para   los grandes retos de índole más o menos inminente: «Las élites estatales no   tienen idea de qué hacer», escribió el conocido analista Yehezkel Dror. «... Mi propia   experiencia al asesorar a quienes toman decisiones de alto nivel ... refuerza   una conclusión grave: inclusive cuando los principales políticos y sus asesores   tienen el poder adecuado y incluso si tuvieran todavía más, muchas veces no   sabrían qué hacer para enfrentar los problemas del siglo XXI» (Dror, 1997:68-71).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El elogio del cinismo, la celebración del «todo vale», la postulada   separación entre política y moral y otras lindezas asociadas con las modas   intelectuales del día han preparado el actual clima de laxitud ética,   irresponsabilidad colectiva y 166 resentimientos anti-aristocráticos: así como   la modernidad burguesa estuvo vinculada al liberalismo, la «cultura»   postmodernista parece corresponder a la actual democracia de masas. Los   políticos profesionales (tanto populistas como neoliberales) son personas con   un nivel cultural bastante limitado y con un horizonte de anhelos muy   restringido: potestas, pecunia y praestigium<sup><b><sup>7</sup></b></sup>.   Precisamente en el marco de la democracia de masas tienden a parecerse a los   presentadores de televisión y a los expertos en relaciones públicas, excluyendo   todo indicio de intelectualidad y espíritu crítico. Sus escasos conocimientos   son poco fundados, circunstanciales, fácilmente reemplazables; su máxima   habilidad consiste en vender en el momento adecuado % y a buen precio % esas   modestas destrezas a un público ingenuo que tampoco exige gran cosa de ellos. Parafraseando a un clásico   (Edward Gibbon), se puede decir que no hay que suponer un anhelo elevado % la   democratización de la propia sociedad %, si en el comportamiento de la clase   política se puede hallar un simple motivo vil: el enriquecimiento mediante la corrupción.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A lo ancho y a lo largo del Tercer Mundo las élites contemporáneas han   aprendido a celebrar elecciones totalmente limpias y correctas y   simultáneamente a apropiarse de fondos públicos mediante mecanismos más   refinados que en tiempos de dictadura; los mismos políticos, que por un lado   propician reformas institucionales de indudable calidad y necesidad, se   consagran, por otro, a aligerar el erario fiscal por medio de instrumentos   genuinamente innovativos y endiabladamente eficaces. El aparato estatal   neoliberal % enflaquecido, pero aun jugoso para aquellos que lo saben manipular   % es utilizado para el enriquecimiento ilícito por los mismos funcionarios que   implementan la necesaria 167 modernización del aparato burocrático y la   inexcusable reforma del Poder Judicial. La misma clase política que propugna   las reformas institucionales ha desplegado una envidiable destreza para que   estas últimas no modifiquen esencialmente el marco de viejos privilegios y prácticas consuetudinarias donde esa clase ha actuado habitualmente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En todo el mundo, la creciente desilusión con la democracia   contemporánea se puede percibir en fenómenos concretos. Nunca, por ejemplo, se   ha gastado tantos fondos como en los últimos años en la modernización de las   policías nacionales, y nunca la inseguridad ciudadana ha sido mayor (Rotker,   2000). Jamás se había discutido tanto sobre temas de medio ambiente (incluidas   las muchas cumbres presidenciales y la creación de innumerables instancias   consagradas presuntamente a cuestiones ecológicas, como el Ministerio de   Desarrollo Sostenible en Bolivia), y nunca se han aniquilado tantos bosques   como en los últimos años (Torres et al., 2005:1 li­li 3). Nunca en el Nuevo   Mundo se hicieron tantos esfuerzos modemizadores   para ampliar y mejorar las autonomías municipales, y jamás se dio una ola   similar de corrupción y apropiación privada de fondos fiscales en el ámbito de las alcaldías y regiones descentralizadas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Uno de los componentes básicos de la legitimidad democrática   contemporánea se asienta en la capacidad de la sociedad respectiva de brindar   un nivel de vida decoroso a la masa de la población, nivel que está determinado   en gran proporción por las exigencias siempre crecientes del público y éstas, a   su vez, por lo ya alcanzado en las naciones altamente desarrolladas. Se trata,   obviamente, de demandas elásticas (hacia arriba), que presuponen un aumento   incesante de las actividades económicas de toda índole y, por consiguiente,   sobrecargas cada vez mayores sobre los frágiles ecosistemas de todo el planeta.   La concepción de un crecimiento económico ilimitado pertenece, como se sabe, a   la dogmática del neoliberalismo, al núcleo del llamado desarrollo sostenible y   168 '<sup>as</sup> versiones populares del postmodernismo. En vista del   carácter finito de la Tierra y los recursos naturales y considerando el   incremento de la contaminación ambiental y el estado precario de los   ecosistemas, estas doctrinas están edificadas en simples ilusiones, que los   políticos, los responsables de los medios masivos de comunicación y hasta los   teóricos de la transición democrática y la modernización se cuidan mucho en   mantener y fomentar como tales. En realidad la idea de un crecimiento   irrestricto es un mecanismo de auto- engaño, que parte de presupuestos falsos,   pero que tiene la función principalísima de tranquilizar las consciencias. De   la misma forma, la competitividad a cualquier precio, la modernización a   ultranza y el desarrollo como fin en sí mismo constituyen mitos contemporáneos   basados en una lógica deleznable y en una total irresponsabilidad de cara al   porvenir. En la praxis han significado que la economía tradicional de muchas   sociedades ha sido destruida, sin que una alternativa aceptable haya tomado su   lugar, que el futuro del país respectivo fue hipotecado a instituciones   supranacionales y que el medio ambiente fue destruido de modo que nunca más podrá   regenerarse. El fracaso del socialismo en la Unión Soviética y en países afines   se debe, en parte, a que las autoridades de esos países trataron durante   décadas de alcanzar el paradigma occidental % incriminado, odiado, envidiado e   imitado simultáneamente %, lanzando a sus pueblos a una competencia que resultó mortal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los demócratas neoliberales comparten con populistas y socialistas   algunas normativas básicas de la evolución histórica: el desarrollo y el   crecimiento incesantes han sido convertidos en valores mágicos y casi sagrados,   el desprecio por precauciones conservacionistas y ecologistas se mantiene pese   a una cierta retórica de moda bajo el lema del «desarrollo sostenible», y la   edificación de un gran aparato productivo permanece en cuanto prioridad de   política pública. Estas corrientes denotan, en el fondo, fuertes inclinaciones   industrializantes, si bien la antigua consigna de «substituir las   importaciones» haya sido cambiada por la de «diversificar la producción y las   exportaciones». «Bajo la hegemonía del neoliberalismo», afirmó Fernando Mires,   «se consuma una tendencia que venía anunciándose desde los años treinta, a   saber: la autonomización del pensamiento económico por sobre todas las demás   disciplinas del saber social» (Mires, 1993: 63). El medio se ha convertido en   el fin por excelencia. El mercado no puede solucionar dilemas ecológicos pues no posee ningún instrumento para tratar problemas normativos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las teorías institucionalistas y las de la transición a la democracia   han pasado por alto algunos hechos socio-políticos que apuntan a una apatía e indiferencia   muy difundida de la población, unidas a metas existenciales de carácter muy   prosaico. Los institucionalistas se olvidan de la carencia de virtudes cívicas   y de la enorme apatía de la población con respecto a temas socio-políticos<sup><sup>8</sup></sup>,   apatía totalmente comprensible por la absoluta estulticia y corruptibilidad de   la clase política en casi todos los regímenes. Pero hay otras causas más   profundas y permanentes para este fenómeno. Como se sabe por importantes   investigaciones empíricas inspiradas por el psicoanálisis social, la apatía   viene de la mano de un potencial de comportamiento autoritario y de la   debilidad del ego en la actual sociedad hiper desarrollada, que no ha reducido,   sino que ha modificado el patrón general de los prejuicios, dirigidos, como   siempre, contra el otro, los   disidentes, los que se atreven a pensar de manera diferente. La agresividad se   vuelca contra los débiles y las minorías, la sumisión hacia los fuertes se hace   patente y surge el anhelo de gobiernos autoritarios y entes colectivos   vigorosos. Precisamente las personas de un yo débil cultivan un narcisismo   colectivo y creen que la realidad del momento dado es el horizonte insuperable   e inescapable de todo pensamiento y proyecto. La cultura contemporánea de   masas, con sus propensiones anti-intelectuales, anti-aristocráticas y anti­históricas,   han debilitado al espíritu crítico, que ha sido una especie de barrera contra   los peligros del totalitarismo. El tipo predominante del autoritario actual   combina cualidades que sólo a primera vista parecen antagónicas: posee   simultáneamente destrezas técnicas y prejuicios retrógrados, es celoso de su   independencia y tiene miedo de no ser igual a los demás, se viste de manera   extravagante y sigue devotamente las convenciones de su grupo, se cree   progresista y es cínico, se considera individualista y se somete fácil y gustosamente a las modas y la autoridad del momento (Adorno, 1964:228).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El pluralismo y el   relativismo a ultranza enfatizan la multiplicidad en contra de las normas   generales que sirven a la comprensión de los humanos entre sí; subrayan la   competencia irrestricta contra la necesaria cooperación entre los actores   sociales; sobrevalúan el presente variopinto contra la presunta monotonía del   pasado. Todos estos elementos, celebrados ahora por corrientes neoliberales,   populistas y postmodernistas, contribuyen, sin embargo, a dificultar uno de los   objetivos más nobles y más caros de la evolución humana: la convivencia   razonable de los mortales. Las teorías relativistas fundamentan y celebran la   decadencia de la razón práctica y de toda doctrina axiológica porque se basan   en un desencanto radical, típico de la modernidad: se apoyan en una comprensión   de la actividad científica como herramienta del poder (la ciencia en cuanto   técnica para mejor disponer de recursos), en un concepto mecanicista de la   naturaleza, en la relatividad de todos los valores, en una antropología del   conflicto perenne, en la contradicción entre naturaleza y política, en una   noción restringida de racionalidad y, ante todo, en una visión de la vida como   instinto y estrategia de supervivencia, que niega explícitamente el bien común   y el anhelo de felicidad. Se trata, obviamente, de una opción teórica entre   otras, tan proclive al error como otra instituida sobre principios teológicos, tradicionales o metafísicos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por ello lo conveniente parece ser un pluralismo moderado que se mueva   entre parámetros apreciados y respetados por todos, como son % o deberían ser %   los derechos humanos. El relativismo cultural, que es una conquista importante   de la modernidad, debe ser relativizado a su turno. El individuo en sociedad   requiere necesariamente de una moral que refrene y canalice sus exigencias   siempre crecientes: las instituciones restringen ciertamente sus instintos e   intereses, pero enriquecen su vida cultural y social y, ante todo, preservan   los derechos de terceros, que tienen la misma dignidad ontológica que los   primeros. Tenemos necesidad de leyes y estatutos de alguna manera imbuidos por   la noción del bien común, para evitar la caída del Hombre en la anomia y la   destrucción: la democracia pluralista y el mercado libre, en cuanto la encarnación   de la necesaria autonomía de las instituciones humanas, deben funcionar en el marco de valores generalmente admitidos y practicados.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tenemos asimismo que recobrar la capacidad de decir no a las dilatadas   estulticias sociales, difundidas por los medios masivos de comunicación. «Hay   que reanudar la crítica de nuestras sociedades satisfechas y adormecidas»,   escribió Octavio Paz, y «despertar las consciencias anestesiadas por la   publicidad» (Paz, 1992: 14). Por todo ello, debemos pensar en revalorizar concepciones   que no tienen precisamente que ver con democracia ni con modernización: la idea   clásica del bien común, el retorno a la tradición entendida como herencia   crítica, la religiosidad en cuanto dotación de sentido y la revalorización de   la aristocracia como factor para diluir la alienante cultura moderna de masas y   refrenar las plutocracias mafiosas. Antes, las masas tenían vergüenza de su   vulgaridad; ahora proclaman orgullosamente su «derecho a la vulgaridad» y   tratan de imponerlo (exitosamente) dondequiera. Desde una perspectiva histórica   de largo aliento, se puede afirmar que las masas disfrutan actualmente de un   cierto bienestar material, pero desprecian los esfuerzos científicos y teóricos   que son la precondición del avance técnico. El narcisismo de estas masas   educadas sólo técnicamente % pero con un exitoso barniz modernizador % está   contrapuesto a la austeridad, auto- exigencia y autodisciplina del espíritu genuinamente aristocrático (Ortega y Gasset, 1964: 42, 72 sq., 77).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el presente requerimos, por lo tanto, de una razón objetiva que vaya   allende el análisis de los medios y cuestione también los fines de la   organización social. Una razón que transciende el instrumentalismo % el cálculo   de estrategias % se preocupa por objetivos no cuantificables como el bien   común, la conservación de los ecosistemas a largo plazo, la vida bien lograda,   la moralidad social y la estética pública. La vida bien lograda no significa   una vida de excesos materiales, sino una de convivencia razonable con los   otros. Para ello se necesita una consciencia de las limitaciones de nuestro   planeta, limitaciones que impedirán, a la larga, el reino de la fraternidad   colectivista, la igualdad de los mortales y la realización de una democracia   radical y que tendrán, a su vez, consecuencias deplorables: la erección de una   nueva dictadura tecnoburocrática o populista-nacionalista que se consagre autoritariamente a administrar la futura escasez universal.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Notas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">* Doctor en Filosof&iacute;a y Analista Pol&iacute;tico</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. El liberalismo cl&aacute;sico,   con base &eacute;tica y tendencia human&iacute;stica, no debe ser confundido con el   neoliberalismo del presente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. Cf. el ensayo que no ha perdido vigencia: Huntington, Samuel   (1992). Democracy in the Long Haul. Journal of   Democracy,(Washington)7 (3), pp. 3-13, especialmente p. 12 sq.; la   discusi&oacute;n de esta tem&aacute;tica dentro del debate liberalismo versus comunitarismo:   Pfahl-Traughber, Armin (2001). &laquo;Gemeinwohl&raquo; versus Freiheit. Zur   Auseinandersetzung zwischen Kommunitarismus und Liberalismus (&laquo;Bien com&uacute;n&raquo;   contra libertad. Sobre el debate entre comunitarismo y liberalismo). LIBERAL (Bonn). </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">(1), pp.     16-20; y el brillante compendio de Kerstin, Wolfgang (1999).     Theoriekonzeptionen der po&iacute;itischen Philosophie der Gegenwart (Concepciones     te&oacute;ricas de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica del presente). En Greven, Michael y     Schmalz-Bruns, Rainer (comps.) Politische Theorie     %% heute (Teor&iacute;a pol&iacute;tica %% hoy), (pp. 41-79). Baden-Baden: Nomos,     especialmente pp. 71-76.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. La ampl&iacute;sima teor&iacute;a de la modernizaci&oacute;n convencional (mayormente de   procedencia norteamericana) y muchas escuelas afines celebran la bondad y   positividad de la democracia occidental y de   la modernizaci&oacute;n material en cuanto metas   normativas irrenunciables y obligatorias, presuponiendo, adem&aacute;s, que ambos   fen&oacute;menos tienen lugar m&aacute;s o menos simult&aacute;neamente y por causaci&oacute;n mutua. Cf.   Nisbet, Robert (1981) y el n&uacute;mero monogr&aacute;fico de   Trayectorias. Revista de Ciencias Sociales (Monterrey), 7(19).   septiembre-diciembre de 2005 (dedicado al tema: &laquo;Desaf&iacute;os de la teor&iacute;a social&raquo;).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. La &uacute;nica voz critica dentro de los enfoques institucionalistas:   O'Donnell, Guillermo (1996: 70-89) y O'Donnell (1997: 153 sq).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. Cf. entre otros: Tanaka, Martin (1998). Los espejismos de la democracia. El colapso del   sistema de partidos en el Per&uacute;. Lima: IEP; Garc&iacute;a Linera, Alvaro et al.   (2005). Democracia en Bolivia. La Paz:   CNE.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6. Cf. los ensayos cr&iacute;ticos de   Arenas. Nelly (2003) y de Mires, Fernando (2000).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7. Poder, dinero y prestigio conforman desde la Antig&uuml;edad cl&aacute;sica los   valores normativos de los pol&iacute;ticos que exhiben propensiones   anti-aristocr&aacute;ticas y dicen representar los intereses de grupos emergentes de   los estratos medios y bajos. Prestigio abarca tambi&eacute;n el significado de   fascinaci&oacute;n m&aacute;gica, ilusi&oacute;n y hasta enga&ntilde;o %% adem&aacute;s del de autoridad o   reputaci&oacute;n %%, atributo muy importante para los pol&iacute;ticos de todas las &eacute;pocas y   latitudes.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8. Para una visi&oacute;n diferente, cf. Hengstenberg, Peter et al. (comps.).   (2000). Zivilgesellschaft &iexcl;n Lateinamerika   (La sociedad civil en Am&eacute;rica Latina). Frankfurt: Vervuert.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Bibliografía</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Adorno, Theodor W. et al. (1964). The Authoritarian Personality. New   York: Wiley, t. I</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065717&pid=S0040-2915200600010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Álvarez, Ángel   (2003, enero-junio). De la hegemonía partidista a la democracia sin partidos. Politeia (Caracas), 30</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065718&pid=S0040-2915200600010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Arenas, Nelly   (2003, julio-diciembre). La condición global: el Estado-nación en la   encrucijada. Notas para una discusión. Politeia, 31</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065719&pid=S0040-2915200600010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Dror, Yehezkel (1997, mayo-junio) Propuestas para el nuevo milenio,   parte I. Perfiles Liberales (México), 11 (53)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065720&pid=S0040-2915200600010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> García Linera, Alvaro et al. (2005).   Democracia en Bolivia. La Paz: CNE</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065721&pid=S0040-2915200600010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Hengstenberg,   Peter et al. (comps.). (2000). Zivilgesellschaft in Lateinamerika (La sociedad civil en América Latina). Frankfurt: Vervuert</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065722&pid=S0040-2915200600010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Heras, Leticia (2004, enero-junio). Cultura política y 173   democratización en América Latina.Revista   de Ciencias Sociales (San José), 103-104</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Huntington,   Samuel (1992, abril). Democracy in the Long Haul. Journal of Democracy, Washington; 7 (2)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Joñas, Hans (1984). Das Prinzip Verantwortung. Versuch einer Ethik für   die technologische Zivilisation.(El principio de   responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica). Frankfurt: Suhrkamp</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Kerstin, Wolfgang (1999). Theoriekonzeptionen der politischen   Philosophie der Gegenwart (Concepciones teóricas de la filosofía política del   presente). En Greven, Michael y Schmalz- Bruns, Rainer (comps.) Politische Theorie %% heute (Teoría política %% hoy), (pp. 41-79). Baden-Baden: Nomos</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Mires, Fernando (2000). Teoría política del nuevo capitalismo o el discurso   de la globalización. Nueva Sociedad (Caracas)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065727&pid=S0040-2915200600010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Mires, Fernando (1993). El discurso de la miseria o la crisis de la   sociología en América Latina. Nueva Sociedad (Caracas)</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Nisbet, Robert (1981). Historia de   la idea de progreso. Barcelona: Gedisa</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065729&pid=S0040-2915200600010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> O'Donnell, Guillermo (1996, julio/agosto). Ilusiones sobre la   consolidación. Nueva Sociedad 144</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065730&pid=S0040-2915200600010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> O'Donnell (1997, noviembre/diciembre). Rendición de cuentas horizontal   y nuevas poliarquías. Nueva Sociedad (Caracas), 152</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Ortega y Gasset, José (1964). La   rebelión de las masas. Madrid: Espasa-Calpe</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065732&pid=S0040-2915200600010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Paz, Octavio (1992, marzo). La democracia: lo absoluto y lo relativo. Vuelta (México), 184</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065733&pid=S0040-2915200600010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Pfahl-Traughber, Armin (2001, marzo). «Gemeinwohl» versus Freiheit. Zur   Auseinandersetzung zwischen Kommunitarismus und Liberalismus («Bien común» contra libertad. Sobre el debate entre comunitarismo y liberalismo). LIBERAL (Bonn), 43(1) </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Rotker, Susana (comp.) (2000).   Ciudadanías del miedo. Caracas: Nueva Sociedad</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065735&pid=S0040-2915200600010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Tanaka,   Martín (1998). Los espejismos de la democracia. El   colapso del sistema de partidos en el Perú. Lima: IEP</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065736&pid=S0040-2915200600010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Torres, Laura et al. (2005, julio-diciembre). La utilización de   indicadores socio-económicos en el estudio y la lucha contra la   desertificación. Estudios interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, 16 (2)</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Torres-Rivas, Edelberto (1993, noviembre-diciembre). América Latina.   Gobernabilidad y democracia en sociedades en crisis. Nueva Sociedad (Caracas), 128</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065738&pid=S0040-2915200600010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Trayectorias.   Revista de Ciencias Sociales (Monterrey), 7(19), septiembre-diciembre de 2005</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065739&pid=S0040-2915200600010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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