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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Sociológicas Mauricio Lefebvre (IDIS) de la Carrera de Sociología]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA MUTUA CONFORMACIÓN DEL CAPITAL Y EL TRABAJO DESDE EL CAPITALISMO MADURO AL CAPITALISMO SENIL, Y LAS FORMAS SOCIALES A QUE DA LUGAR]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">LA MUTUA CONFORMACIÓN DEL CAPITAL Y EL TRABAJO DESDE EL CAPITALISMO   MADURO AL CAPITALISMO SENIL, Y LAS FORMAS SOCIALES A QUE DA LUGAR<sup><sup>3</sup></sup></font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Andrés Piqueras*</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Introducción<sup><sup>4</sup></sup></b><sup><b><sup></sup></b></sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Frente a la rigidez del marxismo sistémico, circulacionista o   reproductivo, con muy escasa cuando no nula atención a los sujetos de carne y   hueso que realmente hacen la Historia, que enfrentan y condicionan cada día tas   dinámicas del Capital, distintas líneas que con el tiempo vinieron a llamarse del</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«marxismo   abierto» o «autonomista» hicieron precisamente hincapié en el potencial   emancipador de los seres humanos y su esencial autonomía frente a la dependencia que de ellos tiene el Capital para reproducirse.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, unos por   defecto, otros por exceso, los sujetos concretos de emancipación en unas u   otras coordenadas sociales han quedado tan indefinidos como fuera de la lente   de ambos flujos de análisis e interpretaciones marxistas. Poco han contribuido   unos y otros a dar luz sobre las específicas circunstancias sociohistóricas y   de conciencia de aquéllos, sus posibilidades, sus carencias, contradicciones, proyectos...</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mucho   han criticado, por otra parte, los nuevos marxismos «autonomistas» a aquellos   primeros «sistémicos». Quisiera, por mi parte, centrar algunas críticas en los   últimos, tomando para ello la figura de John Holloway, no porque sea más   representativo ni su obra más importante que la de otros, sino porque es uno de   los que más está influyendo en los debates y disputas de los movimientos sociales, especialmente en América Latina<sup><sup>5</sup></sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   apuesta de Holloway por el «grito» como factor liberador busca deliberadamente   ser ajena a la alienación intrínseca de la que parte y padece el Trabajo en   cualquier sociedad de clases, y en concreto, de la muy característica que   produce la sociedad capitalista, cuyas relaciones sociales son especialmente   oscuras para el Trabajo en general, pero sobre todo en su expresión asalariada.   Con ello se desconoce, al mismo tiempo, el hincapié marxista en la conciencia   de clase (llamémosla si queremos, conciencia   de lucha) como acompañante indispensable de la constitución de sujetos sociales, en tanto que agentes con   mayor capacidad de realización de la potencialidad humana de protagonizar su   propia emancipación respecto de unas u otras condiciones de dominación y   alienación (percibiendo y enfrentando la explotación de que son objeto).   Confunde también la resistencia o 'lucha de clase' latente que es susceptible   de producirse en todo ser humano ante cualquier forma de explotación-opresión,   con la lucha de clase explícita o auto-emancipadora (tengo que remitir para mayor detalle sobre este punto a Piqueras, 2002:38).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La conciencia enajenada   aparece así, en la obra de Holloway, como expresión de un sujeto cuyo   desarrollo abstractamente libre   (ligado, como condición suficiente al parecer, al hecho de gritar, o negar), determina la modalidad   material del proceso de organización social, en una inversión de la reducción   economicista de la dialéctica entre materialidad y conciencia (ver en Argentina, íñigo Carrera, 2003).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La exclusiva insistencia en la potencialidad liberadora de todo ser   humano («que va junto a nosotros en el autobús» - Holloway, 2000), si bien   aparentemente puede contribuir a enardecer prácticas y acciones de lucha, hace   un flaco favor a la larga al movimiento emancipador de la Humanidad, mientras   no exprese en qué reside ese   potencial emancipador en cada momento, mientras además se desentienda   deliberadamente del hecho de que en todo ser humano confluyen diferentes   fracturas de poder y situaciones de clase, haciendo de cada uno de nosotros   individuos con potencialidades emancipadoras y reproductoras a la vez, del   orden social. Orden que no puede ser superado meramente con «el grito» (con   todo lo importante que sea para arrancar), sino con una prolongada   desordenación de las relaciones sociales de producción hegemónicas, a través de   la desarticulación de la relación de clase Capital/Trabajo (como subsumidora   del resto de poderes y fragmentaciones en la sociedad capitalista), algo que   requiere necesariamente de sólidas bases organizativas y de su vinculación a   proyectos de largo alcance. (Advertencia al respecto: quien va con nosotros en el autobús, además de «rebelde», puede ser también, desgraciadamente, un padre</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">maltratador, explotador del trabajo ajeno, déspota en la relación de género, etc.).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   este sentido, el disoluto desprecio de Holloway por contribuir a perfilar las   posibles formas de organización del Trabajo para enfrentar las distintas   expresiones de dominación particular y global, así como la desconsideración de   propuestas concretas de acción o de incidencia en las muy variadas expresiones   institucionales que median en nuestras sociedades la relación Trabajo/Capital,   conducen a este autor a un misticismo emancipador radicado en una potencialidad abstracta, pero a la vez teleológicamente   todopoderosa, que hace recaer la transformación en un espontaneísmo poco menos   que demiúrgico (propio de las más descabelladas versiones ácratas), vinculado   en exclusividad a una permanente negación de   la negación de la potencialidad del hacer y a la pulsión de   autoemancipación que alberga todo ser humano. Sólo podremos conseguir algo   trasformadoramente limpio, parece 116   proponernos Holloway, ideando un nuevo mundo, siendo individuos en continuo   hacerse, sin definiciones ni identidades, cuando hayamos conseguido   desprendernos de todas nuestras ataduras fetichizantes propias de la sociedad   que queremos abandonar. Es decir, estamos ante una versión del apotegma del   «todo o nada», propia de algunas de las propuestas místico- religiosas que se   han formulado a lo largo de la truculenta historia de la Humanidad, y que   paradójicamente respecto a las intenciones que declara el autor, se pretende convertir en una receta unívoca y ahistórica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mas con todo ello, en la práctica, Holloway logra elevar en alto grado   los ya de por sí respetables niveles de confusionismo que imperan en las   izquierdas mundiales, contribuyendo con su influencia, de paso, a buena parte   de la paralización de la acción colectiva, bajo la denuncia o sospecha de   «ortodoxia» esgrimida contra las expresiones organizativas que pretenden poner   en marcha esa acción colectiva u «organizaría», y que no coincidan con estos   planteamientos. El temor a que te espeten de «ortodoxo», puede funcionar, así, como una</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ortodoxia   al revés, fragmentando aún más las ya ultradivididas izquierdas algo de lo que   saben bastante las organizaciones y movimientos sociales de México y Argentina,   sobre todo, como dos de los países donde más se ha acusado el influjo social de estas propuestas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por   último, su retórica exuberante sobre un sujeto de emancipación tan ambiguo como   impensado (que a menudo linda con la fantasmagórica noción de «multitud» de   Negri<sup><sup>4</sup></sup>),   no puede conducir sino a nuevos idealismos más o menos milenaristas sobre la transformación social.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Sobre la toma o no del Poder</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero   donde estas propuestas han logrado generar más discordia y disensión entre las   izquierdas, y donde a mi entender se muestran más dañinas, es en lo referente al Poder.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si por   una parte el postestructuralismo nos había desconcentrado el Poder,   haciéndonoslo ver casi ubicuo en la sociedad, el propio postmodernismo teórico   nos lo fragmentó o descompuso en infinidad de poderes parciales y micropoderes,   «poderes oblicuos», latentes, que atravesarían a los grandes poderes   verticales, de los cuales todos participaríamos de alguna manera y a la vez padeceríamos en los distintos ámbitos de nuestra vida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Quizá   esto condujo al olvido -o desprecio- postmoderno de las estructuras de   coagulación de poder, de subsunción de esos millones de poderes que atraviesan   cualquier sociedad. Estructuras que existen en forma institucionalizada y muy   bien organizada en el conjunto de sociedades capitalistas y en el ámbito global   que ellas conforman en la actualidad. Desprecio frente al que la burguesía   nacional y global se frota las manos (no en vano ha loado y difundido con   ahínco algunas de las principales obras de estas vertientes, incluso en su   acepción «marxista», en los últimos años). Dejar intacto todo el aparato   represivo policíaco-militar, así como el de instrucción o reproducción de   conciencia alienada, entre otros, para sustituir la aprehensión y disolución de   esos poderes por una supuesta extensión (no explicada) de «islas de autonomía»   y de «contrapoderes», no es un tema ciertamente baladí. Antes al contrario, es   clave para los procesos emancipatorios de este nuevo siglo, y está sacudiendo severamente a las izquierdas entre sí.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por eso debería   plantearse sin «integrismos», o sin ánimos totalizadores. En contextos de   salvajismo represivo, donde las condiciones de brutalización social alcanzan   niveles atroces (como saben buena parte de las poblaciones latinoamericanas,   como se vive cada día en Colombia, por ejemplo), propuestas de desatención de   los poderes que torturan, masacran o desaparecen gente cada día pueden ser   miradas con la más triste ironía, o la sospecha escéptica sobre sus últimas intenciones.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">¿Hay un modelo para ser   «revolucionario» o «rebelde» para todo tipo de situaciones? ¿Qué clase de   organización puede sobrellevar con éxito una forzada clandestinidad o   experiencias de brutalización represiva? ¿No requerirá cada contexto sociopolítico un tipo diferente de opciones o creaciones organizativas?</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   error actual de Holloway, que no parecía compartir en sus primeros escritos, es   considerar al Estado, al menos así lo parece a la hora de formular sus   propuestas, como mera expresión de las relaciones fetichizadas capitalistas, y   no como un espacio real de poder,   como entidad resultado de la cristalización de la cambiante correlación de   fuerzas existentes en cada sociedad. Desconocer lo que Marx y Engels nos   enseñaron en el Manifiesto Comunista   (como Atiiio Borón se ha encargado bien de plasmar), en cuanto a la necesidad   de llevar a cabo análisis rigurosos de las contradicciones de la sociedad capitalista y sus mecanismos de reproducción (lo cual</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">no implica ni ser   funcionalista ni pensar que esa reproducción se haga de manera automática o   indolora); obviar la necesidad de discernir los sujetos en mejores o peores   condiciones de emprender una tarea emancipatoria colectiva en cada momento, o   el itinerario histórico necesario de recorrer para ello, es en realidad muy   poco marxista, y convierte la transformación en algo tan etéreo y abstracto como en realidad inalcanzable<sup><sup>5</sup></sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   ideal afirmación de Holloway de que lo único que cuenta es la desalienación, mientras   que nos tenemos que olvidar de la hegemonía, contribuye a hacernos entender que   su concepción del poder-antipoder corra pareja a la de su artificial antinomia política-antipolítica (hija del más puro   estilo anarco-místico): la política debe ser superada en cuanto que encapsula   el caudal de posibilidades emancipadoras. Pareciera que, por el contrario, el   proceso emancipatorio es uno y comprendido de la misma manera por todos los   seres humanos, que en esencia aptos para entender la correcta emancipación,   anularán en un 119 todo o nada el   conjunto de poderes sociales, colectivos y personales, y se armonizarán. Nada   más lejos de la realidad: cualquier proyecto social, sus diferentes   interpretaciones y las discrepancias entre seres humanos, requerirán siempre de   la Política, no como gabinete de dirección de los muchos por unos pocos, sino   como interacción a través de la que   se construye, decide y regula el devenir social y las posibilidades de   participación y protagonismo en el mismo de unos y otros seres humanos o   sectores sociales (que por lo tanto generan mediaciones en algún grado institucionalizadas entre esas distintas posiciones sociales).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Frente a ello el «todo o nada» de Holloway (que es lo mismo que «si no   es puro del todo, no vale»), por otra parte muy del gusto de esos «marxismos   ortodoxos» tan denostados por el propio autor, se antoja cuanto menos iluminista. Pero esto nos lleva al punto de las «viejas» y «nuevas» izquierdas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Sobre «viejas» y «nuevas» izquierdas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La pretendida dicotomía   en que cierto «marxismo autonomista» nos quiere encasillar entre la «nueva» y   la «vieja» izquierda, esta última compendiadora de todo lo malo (denominada   peyorativamente «izquierda leninista»), es tan estéril como poco dialéctica,   debido entre otras muchas cosas a la absoluta carencia de contextualización y análisis histórico que esconde.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mejor haríamos todos en   abrir y abrirnos al tan necesario debate, buscando y construyendo juntos, desde praxis concretas, caminos de emancipación posibles.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   izquierda de cada momento, como todo el resto de lo humano, es producto de su   interacción dialéctica con específicas circunstancias históricas, que por su   parte no son entidades «externas» a los seres humanos, sino que a su vez son   resultado de ellos mismos, en una espiral dialéctica sin fin. A lo largo de su   evolución, las izquierdas han ido incorporando la conciencia de nuevas   fracturas, de nuevos poderes, luchando   contra ellos, y por tanto enriqueciéndose cada nueva generación (de ahí el   desfase en la visión y capacidad   transformadora de quienes no incorporaron esos enriquecimientos en las   siguientes generaciones de lucha). Así,   lo que en un momento pudo ser una praxis de izquierdas, en otro puede no serlo   tanto. Pero esto está muy lejos de querer decir que haya que despreciar o tirar   por la borda las diferentes conformaciones morfológicas del «ser de izquierdas»   que se han dado en la historia (entre otras cosas porque su lucha permitió   ciertos despegues que a su vez han posibilitado nuestra presencia como izquierda hoy). De la misma manera que   empeñarse en reproducir esquemas organizativos (o antiorganizativos) y de intervención social sean cuales sean las circunstancias, nada dice a favor de ser de izquierdas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Analizar y proporcionar   elementos de entendimiento y praxis de lucha contextualizados   sociohistóricamente, sin dogmatismos, pero al tiempo con intención de aportar   claves que puedan albergar valideces universales aunque sujetas a la dialéctica   de todo lo existente: ese fue siempre el desafío que aceptó y tomó en sus manos   el marxismo. Por eso la importancia de congeniar sus ricas versiones, lo más fructífero de cada una de ellas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Aquí se presenta una propuesta que pretende ir en tal sentido.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. Sobre el Capital y el   Trabajo como sujetos antagónicos, pero al mismo tiempo heterogéneos y contradictorios internamente</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   Capital es una relación social que conlleva la expropiación del hacer, del   trabajo y de la vida de otros a partir de la apropiación de los medios de   producción sociales. Es la expropiación y el sometimiento del trabajo vivo, esto es, de los seres   humanos. Esto tiene lugar a través de una relación de clase o de explotación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   Capital, además de ser una relación social, presenta una encarnación que le da   carácter de sujeto: la de quienes expropian y actúan para reproducir o ampliar esa relación, asumiendo además la garantía de la acumulación capitalista como Sistema.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   Trabajo lo personifica la parte humana que es expropiada de su hacer para sí   misma, tanto a través de la explotación directa como en general de su pérdida   de autonomía, resultando alienada de sus propias condiciones de vida. La   dinámica general del Sistema no   responde a sus intereses ni está orientada por ella, aunque ocasionalmente o relativamente, unas u otras partes de la misma puedan beneficiarse en algunos aspectos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La relación de clase o explotación tiene su expresión en la División   Social del Trabajo. Sin embargo, hay otras divisiones del trabajo que la   complejizan, y son susceptibles de constituir también formas o expresiones (complementarias) de   la relación de clase: se trata, por ejemplo, de la División Sexual y Étnica o</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cultural   del Trabajo. Estas divisiones posibilitan la acaparación de oportunidades de   vida también entre los distintos sectores del Trabajo a través del diferente   acceso de unas u otras personas que integran este lado del binomio de clase a   los recursos, a los medios e instrumentos de producción de pequeña escala o a   la posición dentro de una división social del trabajo dada. Todo lo cual   determina unas relaciones de privilegio estructurales de unos respecto a otros.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las relaciones de privilegio que obedecen a   los patrones de género y étnicos son las que están hoy más fuertemente arraigadas al presentar una base sociohistórica naturalizada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin   embargo, hay otras relaciones de privilegio estructurales que pueden devenir de   las diferentes posiciones en los procesos productivos o de la distinta inserción en los mismos:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">a) bien por posesi  ón de cualificaciones que otros no tienen</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">b) bien por formar parte del engranaje directivo o supervisor en esos procesos </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Vinculadas   a las claves anteriores, las relaciones de privilegio pueden resultar también,   sobre todo en un mundo hiperconectado, de la ubicación en redes de movilidad   social y de acumulación de «capital social». Lo que permite aprovecharse de la   intervención de agentes cuya actividad no es ni reconocida ni valorizada, y que   por lo general están sujetos a una alta inmovilidad (no reciben la fracción de   valor añadido que les corresponde y que contribuyen a generar para los agentes con movilidad socio-espacial) (Boltanski y Chiapello, 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Todas   estas diferencias atañen horizontalmente a la relación Trabajo/Trabajo,   atravesando y segmentando al conjunto de la población, y suponen la usurpación de oportunidades de vida de unos individuos por otros<sup><sup>6</sup></sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por su parte, las   divisiones Capital/Capital se producen por cuotas de explotación, con el   resultado de supeditación o subordinación de unos expropiadores respecto a   otros, o en casos extremos por la expulsión de unos del vector explotador, a   través de la competencia. En esta relación intra-Capital no está exenta tampoco   la división de género, a menudo expresada como inserción dependiente de las mujeres en el lado del Capital, por filiación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En todo ser humano se   reproduce el desgarro vertical (Capital/ Trabajo) y el transversal   (generización, etnificación), como parte este último del corte horizontal   (Capital/Capital o Trabajo/ Trabajo), siguiendo estas divisiones u otras que   restan por definir. Es decir, todo ser humano es un sitio de diferentes posiciones de clase,   albergando en sí un germen de transformación y a su vez de perpetuación o reproducción del antagonismo de clase en sus variadas expresiones.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El autodenominado   'marxismo abierto' no debería olvidar esto a la hora de proclamar procesos de emancipación pretendidamente inherentes al Trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>2. Organización del Trabajo y regulación del Capital: el binomio indisociable. Algunas de sus plasmaciones históricas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Uno de los principales esfuerzos teóricos de Marx (también   aparentemente desconsiderado por el «marxismo abierto») estuvo encaminado a   mostrar que en el Capitalismo los seres humanos, como Trabajo, se encuentran supeditados al Capital</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">(por eso el concepto de   «Capital-ismo») a través de relaciones de explotación y dominación, que sin   embargo, y a diferencia de otros sistemas de clases, son sublimadas a través de   la fetichización de la mercancía, incluyendo la de la propia fuerza de trabajo.   El proceso es tal que si bien es el Capital el que depende en instancia última   y definitiva del Trabajo, éste se encuentra desposeído y alienado de tal forma   que no le queda más opción que entregarse como mercancía al servicio del   Capital, que acapara los medios y posibilidades de vida de la sociedad. Es   decir que la interdependencia Capital/Trabajo es manifiestamente asimétrica, en perjuicio del Trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El actual proceso   fundamental condicionante de la correlación de fuerzas entre el Capital y el   Trabajo es la ofensiva globalizadora (de regulación unilateral del Sistema)   llevada a cabo por el Capital con el apoyo de la drástica revolución científica   y tecnológica en curso (en la que confluyen los desarrollos en   microelectrónica, informática, biogenética y 124 robótica), que afecta   profundamente a la totalidad de relaciones sociales de producción, atañe al   conjunto de procesos productivos y motiva la redimensionalización del   protagonismo del Trabajo como agente social y productivo, así como de sus posibilidades de constituirse en sujeto histórico.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Confluencia   de procesos que se ha compenetrado en el tiempo con la metamorfosis de la   economía estatal e internacional en economía global (o economía-mundo), con sus correlatos de   desregulación social de los diferentes mercados laborales (que ahora son   regulados casi unilateralmente por el Capital) y el establecimiento de una   fuerza de trabajo también global cada vez más supeditada laboral y   políticamente al Capital y a su combinación de dinámicas altamente intensivas   en extracción de plusvalía con otras de extracción extensiva de la misma, semejantes éstas a las de la fase de acumulación primitiva.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las maneras concretas como se produce el desarrollo tecnológico no son   resultantes de un proceso ni neutral ni espontáneo, sino que se han realizado bajo la intencionalidad de clase, buscando la recomposición de la hegemonía del</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Capital   como sujeto (o si se prefiere, de la clase social que lo encarna).   Intencionalidad que tiene como horizonte el doble objetivo de recomponer la   tasa de ganancia capitalista y el sometimiento de la fuerza de trabajo (o la eliminación de la misma como sujeto antagónico consciente).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No   hace falta hacer profesión de fe materialista para darse cuenta de que con la   reestructuración de las relaciones sociales de producción, quedan afectadas   sobremanera también las formas de entender el mundo y de ubicarse en él: esto   es, la subjetividad de los individuos y sus propias formas de constitución como tales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Provoca,   además, no sólo otras formas de ser y de concebirse como trabajador o   trabajadora, sino de concebir también la propia realidad de las clases. Por   consiguiente, las formas de existencia de éstas y el cómo se expresan han sido profundamente afectadas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   este sentido, y para ser más exactos, habría que decir que el Sistema   Capitalista Mundializado no sólo genera sus propias desigualdades extremas,   sino que se sustenta en muchas de las tradicionales (de orden nacional,   «racial», generacional, étnico, religioso, de género, etc.), que son, además,   precisamente, las que «experimentan» de forma más directa los seres humanos y,   por tanto, las que más les motivan a intervenir en lo social o a enfrentarse y   coaligarse entre sí. Por eso, precisamente, es en este interfaz entre la   universalidad de las relaciones sociales de producción capitalistas y la   particularidad de sus manifestaciones en diferentes contextos sociohistóricos,   donde se define el proceso de formación y reproducción de clase (y de las clases) a escala global (Colás, 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cada   «fase» capitalista se corresponde dialécticamente con diferentes formas   políticas de organización del Trabajo y de su expresión como sujeto político<sup><sup>7</sup></sup>.   Repasemos unas y otras durante las «etapas» del capitalismo desde que éste se   hace maduro, o lo que es lo mismo, desde que se convierte en el modo de   producción hegemónico en las sociedades centrales primero, y después en el resto del planeta.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las   referencias que siguen tienen como base de entendimiento lo ocurrido en las   sociedades centrales, si bien proporcionaremos también algunos elementos de   contrastación con las sociedades semiperiféricas europeas y las periféricas latinoamericanas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>1. Capitalismo liberal-competitivo (Primera Industrialización)</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Trabajo adquiere   conciencia de sí mismo y se despliega en multitud de organizaciones que   penetran todos los órdenes de la vida social. Salto cualitativo o proceso   singular de autovaloración del Trabajo, o de conversión del Trabajo en sujeto por primera vez en la historia de la Humanidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Movimiento Obrero (MO), a diferencia de todos los demás movimientos   coetáneos, apunta a la contradicción central del modo de producción   capitalista: la relación de clase o de explotación, encarnada en esta fase histórica en la relación salarial (o fijación del trabajo como mercancía).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En consecuencia, el MO se   convierte en el principal movimiento antisistémico. Sus frentes de incidencia   se establecieron en torno a tres aspectos clave de la relación salarial: a) el empleo; b) el nivel de los salarios; c) las condiciones laborales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Poco a poco fue   constituyendo organizaciones laborales y políticas de presión, reivindicación y lucha: sindicatos y partidos (teniendo como objetivo la abolición de la propia relación salarial).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero   al tiempo, el MO trajo consigo transformaciones culturales de amplio y profundo   alcance algunas de las cuales analistas actuales se empeñan en achacar   exclusivamente a fenómenos y movimientos de finales del siglo XX. El nuevo   sujeto de clase originó también en su expansión social formas organizativas de   carácter horizontal y profundamente democrático que incidirían en muchos   aspectos de la vida cotidiana: asociaciones de consumidores, cooperativas de   productores, escuelas, editoriales, sociedades de amistad, organizaciones   culturales, recreativas, deportivas, formativas, de ayuda mutua, orfeones, coros, etc.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estas   estructuras, anticipándose a la «novedad» de las de los movimientos sociales   tardocapitalistas, eran flexibles, horizontales, democráticas, dúctiles... propias de la fase de formación de los sujetos de clase.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El MO   y la clase obrera no son lo mismo. El MO es la parte de la clase obrera -o en general del Trabajo-, hecha sujeto, su expresión más consciente y politizada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   materialismo dialéctico no es sino la expresión sistematizada de esa conciencia que se fue coagulando a lo largo del siglo XIX.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Marx, y con él los sectores más avanzados del MO, soñaron con la   construcción de un Partido como expresión de todas las luchas, de todos los   movimientos, de todas las organizaciones obreras, a la vez resultado y   coadyuvador de unas y otros. La premisa era que si el Trabajo constituye una   sola clase, ésta debía aglutinarse en un solo Partido en conjunto a la   sociedad se la presumía dividida en tantas partes (Partidos) como clases, tanto   más evidente cuanto más se preveía la tendencia a la homogeneización de la   clase obrera por su pauperización general, y la polarización de la sociedad en   burgueses y proletarios. Un Partido que a la postre debía ser el de todos los   trabajadores del mundo, y que bien podía,</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">por tanto, tener el carácter de una Internacional.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En las semiperiferias europeas se produce una   mucho más lenta implantación de las relaciones sociales de producción (RSP)   capitalistas, acompañada de una más tardía también constitución del Trabajo en   sujeto (todavía es la expresión campesina del Trabajo la que protagoniza su lucha de clase, sin formada conciencia de   clase). Los sujetos del Capital representados por los sectores burgueses   liberales, tienen que coaligarse por más tiempo con las expresiones reivindicativas del Trabajo, contra el Viejo Orden precapitalista.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En América   «Latina» la expresión colonial de las RSP capitalistas ha acelerado el proceso   de transformación de la base económica, pero se ancla por el contrario, debido   a su propio carácter dependiente, en relaciones políticas del Antiguo Régimen.   Estas contradicciones tendrán su eclosión en forma de lucha interburguesa. Esto   es, entre la burguesía periférica (liberal, autodenominada «patriota» o   nacionalista, propugnadora de la forma social de organización estatal también   para las tradicionales formaciones coloniales), y la burguesía semiperiférica   (ibérica), mayoritariamente anclada en formas de dominación del capitalismo   mercantil inmaduro, o directamente precapitalistas; defensora todavía de formas coloniales de acumulación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   burguesía criolla contará para su proyecto liberal-capitalista con el   prolongado apoyo de expresiones campesinas y de nacientes organizaciones del   Trabajo asalariado. Mientras que el Trabajo en su expresión étnico-cultural (extraexplotado y</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">oprimido en su condición   de «indígena»), ha dado por el   momento sus últimas luchas por ser un sujeto «emancipado», no capitalista; pero   en cambio se manifestarán recurrentemente- luchas concretas contra la   sobreexplotación y el abuso de trato o el sometimiento vergonzante, así como   por la posesión de la tierra. Se expresarán a veces a través de milenarismos no sólo indígenas sino también campesinos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>2. Fase de Capital Monopolista de Estado CME. (dos últimas décadas del siglo XIX a años 70 del siglo XX)</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Capital cobra entidad   como sujeto, y como sujeto coordinado   (aunque también enfrentado) a escala mundial, a partir de la constitución del   Estado. Ente que pasará a ser una de las manifestaciones más tangibles de la lucha de clase, a través de las diferentes   expresiones que adquiere según las cambiantes circunstancias (o correlación de fuerzas) de ésta.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Estado va a poder   poner en práctica, como síntesis agencial 129 de la clase capitalista sujeta al   tiempo a esa lucha de clase, una   intencionalidad tendente a combinar pretendidos modos de regulación social y   regímenes de acumulación. Podemos distinguir dos grandes subfases dentro de este período atendiendo a los dos factores de esa combinación:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A.   Modo de regulación principal: estatal-autoritario. Régimen de acumulación:   dominante: tylorista-fordista (Dos últimas décadas del siglo XIX hasta Segunda Guerra Mundial)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Junto con el arranque de derechos a la clase capitalista cada vez más   fundida como Estado, el MO va consiguiendo cierta democratización de este   último y el acceso universal a derechos que la burguesía se había reservado   para sí: primero civiles, luego políticos y por fin sociales (entre los que se   cuentan también los económicos y hasta cierto punto los culturales). Proceso   cuya trayectoria y tiempos es bastante desigual en unas y otras de las sociedades   centrales y en las periféricas donde se había desarrollado asimismo el sujeto obrero (como son algunas de las </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">latinoamericanas).   Mientras, las expresiones organizativas más masivas del Trabajo tienden a   institucionalizarse y burocratizarse allá donde se ha conseguido mayor apertura   del Estado (sociedades eminentemente centrales). Expresiones que se hacen   interlocutoras del Capital: se construye el espacio de lo social, donde uno y otro sujeto confluyen en su regulación, dando cada vez más vida colectiva a la Política.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin   embargo, no por ello la clase capitalista deja de reaccionar frecuentemente con   el cerramiento autoritario del Estado, especialmente en las sociedades europeas   más débiles en términos capitalistas, e incluso asume a menudo el golpe de   fuerza dictatorial (forma de gobierno que no obstante se muestra por lo general   altamente inestable por ser poco compatible con la necesidad de «libertad» del   mercado capitalista en su esfera circulatoria o de realización de la plusvalía;   o lo que es lo mismo, por ser disonante con su insalvable proceso de conversión de los seres humanos en «consumidores libres»).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Debido   a las propias pugnas intercapitalistas, pero asimismo como reacción a la   creciente influencia del movimiento socialista, surgen los fascismos (versión   más agresiva y dictatorial del Capital, a menudo en conflicto, o al menos no   siempre en connivencia, con otras versiones del mismo). Constituirán el primer   intento explícito de movilización de masas por parte de un sector del Capital como   sujeto. Toman elementos de las dos principales ideologías que han movido a las   poblaciones en el siglo XIX: la socialista y la nacionalista. Intentarán   combinarlas en forma esquemática y burda, cuanto más burda y simple mejor (con   consignas breves, directas e irracionales, asociadas al culto al mando y a la   acriticidad) para llegar al corazón de las gentes a las que pretenden convertir   en masas. De ahí se trata de pasar a la ofensiva y al control del Estado contra los sujetos de clase obrera principalmente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En las   sociedades semiperiféricas el Capitalismo Monopolista de Estado (CME) no es más   que un proyecto embrionario. Las relaciones del Antiguo Régimen tienen todavía   una presencia determinante. La fase estatal- autoritaria se alarga en el tiempo   con especial virulencia (traspasando la frontera del siglo XX) sin apenas   contrapartida en la construcción de lo   social. Sectores crecientes del Trabajo (campesino, pero también   industrial y del comercio) van entrando en fase insurreccional. La revolución   soviética del 17 estimularía esa vertiente en las semiperiferias (Hungría,   Ucrania, España, Grecia...), e incluso en la propia Alemania (si bien en sectores mucho más reducidos o «vanguardistas» del Trabajo).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">B.   Modo de regulación principal: estatal-keynesiano. Régimen de acumulación   dominante: tylorista-fordista (Final Segunda Guerra Mundial a años 70 del siglo XX)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tras   el segundo gran choque interimperialista, y merced entre otras razones a la   extrema debilidad que las burguesías presentaban a la sazón, a la aparición del Segundo Mundo como bloque-sujeto (de   Estados), amén de la derrota de los fascismos a favor de la versión más acorde   del Capital con respecto a sus propias relaciones sociales de producción (la   versión «democrática»), las luchas políticas, sociales y económicas del Trabajo   consiguen en las sociedades centrales una democratización del Estado sin   precedentes, o lo que es lo mismo, imprimir a éste un carácter menos acusado de clase (capitalista), para que pase a ser más «Social».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero   con ello, al mismo tiempo, el Trabajo se convierte en «interlocutor racional» del Capital, es decir, queda envuelto en su lógica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Buena parte del MO pasa de ser una fuerza de negación a aceptar la   'positividad' de lo dado. Se produce el establecimiento de lo que se ha llamado   «pacto de clase» en las sociedades centrales. O lo que es lo mismo, un   compromiso entre clases sociales sobre la base de un crecimiento económico y la incuestionabilidad del orden</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">capitalista.   Las clases poseedoras aceptaron la redistribución vía Estado, del producto   social, esto es, la instrumentación y aplicación estatales de políticas de   redistribución de las rentas en favor de los salarios, y políticas fiscales   coherentes con ello, al objeto de conseguir activación económica por la vía de   la posibilitación de la demanda, así como paz social. Exigían a cambio la   intangibilidad de los fundamentos de la producción capitalista: la propiedad   privada de los medios de producción sin limitación. Reconocieron sobre esta   base, las instituciones político-sociales de las clases subalternas, las   cuales, como los sindicatos y partidos, se comprometen implícita e incluso   explícitamente a no poner en cuestión esta política de rentas que a corto plazo   posibilitó un incremento del consumo de las clases populares, ni los   fundamentos del capitalismo, dentro del cual no sólo se integran, sino que   contribuyen a apuntalar (garantizando así tanto la explotación del resto de las   sociedades del planeta como la división sexual del trabajo, entre otras, sin las cuales este pacto social hubiera sido inviable).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El MO es en alta medida   encauzado mediante sus organizaciones de representación política y laboral   dentro del marco de las relaciones sociales de producción capitalistas, en una   forma de regulación corporatista organización de intereses a escala estatal a   partir de grandes organizaciones que representan coaliciones de fuerza,   suprasectoriales, de actores cohesionados en torno a incentivos y elementos   ideológicos expresos, que tratan de articularse en programas de actuación   económica y sociopolítica convergentes. Lo que significa que el MO incidirá en   la estructura política en gran medida como un grupo de interés organizado, en   dinámicas de negociación y de conciliación de intereses contrapuestos. Se   sitúa, de esta forma, en el ámbito general del macrocorporatismo, propio de las sociedades centrales europeas de esta fase.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Entre las fases Ay B se produce también, por tanto, la transición de las expresiones organizativas obreras a formas burocráticas, centralizadas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La gran mayoría del Trabajo, incluso muchos de sus sectores más   politizados, asumirá una vocación gradualista defensiva, basada en el logro   táctico de mejores condiciones en los distintos órdenes (laboral, social,   ciudadano...), que se aceptan como separados, sin proponerse ya una ofensiva integral, altersistémica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se recobra además el espejismo de la unidad obrera a partir de su   pretendida unicidad, gracias a la apariencia de uniformización que propaga el prototipo del obrero industrial u obrero-masa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero este   espejismo se produce precisamente cuando el Trabajo está en ciernes de   complejizarse como sujeto, a través de otras contradicciones y fracturas de   clase, como la de género o las étnico-nacionales, las procedentes del modelo   desarrollista-militarista, etc., asumidas como inevitables en el «pacto de   clase keynesiano». Fracturas que darían origen a los «Nuevos Movimientos   Sociales» (que irrumpieron fundamentalmente esta vez en la esfera reproductiva   o circulatoria, con su repolitización de lo social y su recuperación de la   horizontalidad y de altos niveles de democracia interna como claves organizativas). Justo, además cuando</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">el modo de regulación estatal-keynesiano potenciará en las sociedades   centrales un acrecentamiento de la diferenciación de la clase trabajadora, con   la acentuación de la división social del trabajo y el desarrollo de profesiones   en la esfera de lo social-estatal. Lo que es consecuencia de la transformación   de una parte mayor de la plusvalía en servicios: educación, sanidad, atención   social general y especializada a segmentos particulares y más vulnerables de la población.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Todo   ello sumado a la generalizada terciarización de las economías centrales, redundará en la consiguiente heterogeneización del Trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En cualquier caso, en la   fase B del Capitalismo Monopolista de Estado nos las vemos ya con un MO que   comparte las estructuras burocráticas propias del corporativismo macrosocial, y de su institucionalización como elemento del Estado («Social»).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hay, no lo olvidemos, un   denominador común en los proyectos políticos de las «vanguardias» del Trabajo   para estas fases 1 y 2: su intento -en la teoría o en la práctica- de negación   de la propia pluralidad del Trabajo y la desconsideración de las múltiples   contradicciones que también le atraviesan. Dicha pluralidad intentó ser   «superada» mediante la centralización organizativa de las expresiones políticas   surgidas de su seno, que se prepararon a partir de un cierto momento para   concentrar sus esfuerzos en la esfera política con minúsculas (en sentido   estrecho o meramente institucional-estatal), es decir, la identificada con el   ámbito del poder también con minúsculas. Se descuidaba así el Poder con   mayúsculas que era inherente al Capital: su capacidad de regular el metabolismo   del cuerpo social en su conjunto, generando 'sus' propios individuos, su propia   'cultura' interna, sus propios motivos y modos de vida y de disciplinamiento social (ver Mészáros, 2003).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al organizarse para la   contienda en estos límites estrechos, las expresiones políticas del Trabajo adoptaron las formas y estructuras del adversario.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Foucault   y otros postestructuralistas nos enseñaron que el Poder y la Política (con   mayúsculas) se aplican y se ejercen en todas las manifestaciones de la vida   social e incluso personal (por eso bautizaron a aquél como 'Biopoder'). Los   llamados «marxistas abiertos» nos han hecho ver, por su parte, que las   resistencias y la capacidad de desafiar al Capital se pueden manifestar también en todos los órdenes de la Vida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Algo de   esto iba por fin a percibirse con mayor trasparencia en la siguiente fase del Capital, merced a su aplastante</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">omnipresencia en todos los aspectos de la Vida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El estado de cosas descrito es atravesado por unas u otras   semiperiferias con diferencias notables entre ellas en el tiempo. Debido a lo   endeble de sus posibilidades redistributivas, y en general, a su mayor carencia   de mecanismos de legitimación, el Capital se ve forzado en ellas a mantener su   expresión dictatorial por más tiempo, o incluso a recuperarla cuando las circunstancias lo aconsejan.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   América «Latina», por su parte, las expresiones del Trabajo como sujeto han   combinado en un breve lapsus las   formas ofensiva y burocratizada propias del Capitalismo Liberal Competitivo   (CLC) y del Capitalismo Monopolista de Estado (CME) de las sociedades   centrales. Como eclosión de ello, durante la réplica «latino»-americana de la   primera fase del 135 CME, o fase autoritaria, la forma insurreccional del   conjunto de expresiones antagónicas del Trabajo tiene su epítome en la revolución mexicana.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al   tiempo, comienzan a manifestarse nuevas formas de la lucha de clase en su expresión indígena y   campesina (o indígeno- campesina), contra la usurpación de tierras, desalojos,   atropellos y su humillación como fuerza de trabajo y como seres humanos ajenos   a cualquier consideración de «ciudadanía». Se están gestando los embriones de   lo que más tarde serán nuevos sujetos indígenas, y se forzarán, como intentos   de prevención, contención o asimilación de los mismos, las políticas indigenistas de diferentes Estados americanos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Más tarde, tras la Segunda Gran Guerra, y ante la imposibilidad de la   importación de la «paz keynesiana», se produce a partir de la mitad del siglo   XX una proliferación de las expresiones armadas del Trabajo, en forma de   guerrillas, Frentes, Ejércitos del Pueblo, comandos urbanos, etc.; esta vez ya con el referente de la revolución cubana. Plantean la toma del poder</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">institucional mediante   vías o estrategias como el foquismo (predominantemente militar), la guerra   popular prolongada (militar con trabajo político comunitario), la vía   proletaria (predominantemente política, con apoyo de la lucha armada), o la   tercerista (levantamiento insurreccional masivo, pero como fruto de la previa penetración política de la población).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A caballo entre el CME y   su rompimiento en forma de Capital global va cobrando vida palpable el indianismo como proyecto político   autónomo de los sujetos indígenas, que desafía su integración en la sociedad   dominante y recupera al menos en parte la clave histórica de su lucha: ser más allá del mundo capitalista.   Generadores de su propio discurso, los sujetos indígenas reintroducirán el elemento étnico (que se pretendía disuelto) en la lucha de clase.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>3. Fase de Capital Monopolista   Transnacional CMT. (mediados años 70 del siglo XX hasta la actualidad).</b> Intento de regulación unilateral del Capital. Régimen de acumulación principal: Primera Subíase/ Toyotista; Segunda subfase/ Fordista disperso - gatesianista<sup><sup>8</sup></sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En esta fase se va a producir el fin del bloque-Segundo Mundo como   sujeto internacional, y su fusión con el Tercero; la derrota del proyecto   modernizador de las burguesías compradoras   de las periferias, nacido en Bandung; el agotamiento del proyecto desarrollista   en África y Asia, y del Estado populista como remedo del «Social», en América Latina;   así como el desmantelamiento creciente del propio Estado Social, en las sociedades   centrales. El Capital como sujeto histórico que ya se piensa único, proyecta o   planifica similares estrategias de acumulación para el conjunto de las   sociedades del planeta, con diferente intensidad, acciones y tiempos para unas   y otras. A la vez, se ve sometido a la necesidad de enfrentarse cada vez más   entre sí, sobre todo por lo que respecta a sus bloques hegemónicos, que pasan a concebirse también como (o al</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">menos a intentar convertirse en) sujetos del   Capital con especificidad propia en la arena transnacional: EE.UU., UE y Japón.   Por más que intentan actuar de la manera más coordinada posible en su acción global contra el Trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La globalización es el   término vulgar que hace referencia a esta fase transnacional del Capital   Monopolista, y no es sino una ofensiva general del Capital (coordinado en gran   medida por primera vez como sujeto a escala global -aunque luego acentúe también   la competencia entre sí-) para recuperar tanto su tasa de ganancia como parte de su perdida hegemonía sociopolítica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   Capital rompe las barreras estatales de regulación social de la producción y de   la distribución en que se hallaba confinado en la anterior expresión de   capitalismo monopolista de Estado, y tiende a buscar para esos fines el espacio global (planetario), aunque   necesite del Estado para su reproducción y expansión (con lo que se recrudece   el papel del mismo como garante de la oferta, y por tanto 137 como disciplinador del Trabajo: esto es, acentúa de nuevo su carácter de clase).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las   enormes dificultades que encuentra en la recuperación de la tasa de ganancia   por razones sobre las que no podemos entrar aquí, las compensa con su relativo éxito en el segundo de sus grandes objetivos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Así el Capital, como sujeto cada vez más consciente y planificados ha   logrado en los últimos 25 años la destrucción (en muchos casos física),   sometimiento o cooptación (a menudo también por conversión ideológica) de las   principales organizaciones y sujetos del Trabajo en todo el planeta   (consiguiendo en gran medida la imposición del marco dado de las cosas: «fuera   del Sistema no hay nada posible»). Ha asimilado también las versiones del   Trabajo en forma de Nuevos Movimientos Sociales (NMS) a partir de la   incorporación parcial y lo más aséptica posible de sus reivindicaciones, en las diferentes agendas políticas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Confina,   en definitiva, a buena parte de los anteriores grandes sujetos o movimientos   del Trabajo, tanto de primera (MO) como de segunda generación (NMS), en esferas   cada vez más reducidas, de reivindicaciones autolimitadas y objetivos   inmediatos que no contemplan ya casi nunca la universalidad social.   Transformación, por tanto, de aquéllos en   microsujetos (sujetos de tercera generación) que se expresan en   agrupaciones de muy reducidas dimensiones, que admiten poca o nula disonancia   ideológica, con muy limitado radio de acción e influencia sociopolítica   (asociaciones y colectivos de muy diverso tipo, ONGs, comités, micropartidos sin posibilidades electorales, mesas o plataformas muy coyunturales...).</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte, la profundización de la   dominación político- ideológica de clase (capitalista), consigue que,   paradójicamente, la mayoría de la población deje de concebir la realidad desde   una óptica de clase, con el consiguiente 138 desvalimiento ideológico generalizado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se radicaliza, por tanto,   la supeditación estratégica del conjunto del Trabajo, que pasa en buena medida   a una actitud exclusivamente defensiva, sólo ya de mantenimiento de al menos algunos de los logros anteriores.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En esta   fase se produce la penetración del Capital en todos los aspectos de la Vida social y privada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las consecuencias fundamentales de ello son que el conjunto de los   seres humanos se convierte en fuente de valor productivo y reproductivo, así   como que toda la vida de los mismos queda sometida a la lógica del valor del   Capital. Lo que es igual que decir que, aunque no sea directamente explotada,   el conjunto de la Humanidad es transformada en Trabajo (y la totalidad de la   Vida en valor). En realidad, cada vez más en trabajo abstracto (invisibilizado), dado   que se extiende el espejismo de que el Capital (más y más inmaterializado a través de su financiarización) puede reproducirse sin necesidad del Trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   Capital va eliminando, pues, la distinción entre las esferas Productiva y Reproductiva   o Circulatoria, obteniendo valor de todo el ciclo de la vida de los individuos   (necesita aprovecharse no sólo de todas sus capacidades, sino también de todas   sus potencialidades, de todas sus posibilidades de ser). Con el agravante de   que debido a que ya no le es suficiente la brutalización de los mercados y   relaciones laborales para garantizar su acumulación y reproducción ampliada, se   ve forzado a emplear de manera permanente la opción militar como «modo de   regulación», para asegurarse (no sin encarnizada lucha entre sí) la explotación   final de los recursos que se acaban y, utilizando la guerra global como instrumento político   (de su globalización), intentar abortar o prevenir las posibles insurgencias   sociales de los antagonistas presentes y futuros. Lo cual adentra al Capital en   una nueva fase que difícilmente podemos llamar ya «neoliberal», y que refleja   su agotamiento estructural. Precisamente, para intentar frenar el socavamiento   de su propia base infraestructura! y de legitimidad, es que una vertiente del   Capital mundial, ha emprendido la opción «tercerviista», con sus prédicas de   «recuperar» un capitalismo humano,   capitalismo ecológico, etc. (siendo ahí donde la socialdemocracia   incidirá en el futuro inmediato para tratar de recobrar su papel perdido: como   intento de salvar al Capital de sí mismo). Es por eso que ese dominio del   Capital tiene crecientes posibilidades de manifestarse como opresión, menoscabo de valía propia, sometimiento, pérdida de disfrute de la vida y en general, como indignidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero   por eso mismo también, el campo de la contestación, que puede concebirse   igualmente como mera negación de la Vida a ser negada, y extenderse (como   Política) a partir de esta contradicción existencial básica, va también   definitivamente mucho más allá de la fábrica, la oficina o la empresa. Se   produce una auténtica socialización del antagonismo de clase. Lo que quiere   decir, por una parte, que las fricciones o resistencias de los seres humanos a   ser meros objetos de extracción de valor, explotables a antojo, o a admitir la   mercantilización del conjunto de su vida, es fácil que tiendan a generalizarse   en todos los ámbitos. Y por otra, que en adelante se hace más y más palpable   que cualquiera tipo de resistencia proveniente de la cotidianidad del mundo de la Vida es susceptible de   afectar el antagonismo vertical Capital/ Trabajo. Es decir, que las   resistencias del Trabajo se hacen en su conjunto cada vez más antagónicas al Sistema, al tiempo que   tienen crecientes oportunidades de conectarse entre sí (lo que no quiere decir   que al menos parte de esas resistencias no puedan seguir siendo contradictorias   también entre sí).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   radical ofensiva del Capital contra la Humanidad pone casi por necesidad a la   Humanidad en movimiento. Con el paso   del CME al CMT, las expresiones más reflexivas de la Humanidad como Movimiento   apuntan, por ello mismo, a la vertiente global (como desafío y como alternativas a la globalización capitalista).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero   entonces, si el Capitalismo industrial traía emparejadas formas burocráticas de   organización (asumidas también por el MO), con los resultados tan frecuentes   (aunque no únicos ni necesariamente queridos) de jerarquización, verticalidad,   falta de trasparencia, incomunicación... el Capitalismo «informacional», tardío   o senil con su modo de (des)regulación unilateral y la combinación de su   régimen de acumulación fordista disperso y   gatesianista, por contra, fomenta las formas organizativas virtuales,   reticulares, ante la descomposición de las formas físicas de reunión y organización tradicionales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De ahí   que comiencen a aparecer los arcoiris, los rizomas, las redes, las webs...   Formas de organización muy blandas, muy flexibles, por eso también difícilmente   controlables, hegemonizables, cooptables (pero al tiempo con relativamente   escasa operatividad). Conllevan altos grados de igualdad interna, trasparencia y democracia horizontal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Con ellas y a ellas se adapta también la teoría de clase. Proliferan,   por ejemplo, los intentos de hacer al marxismo más dúctil (a veces incluso 'gomoso'   y difuso), más «acompañador» de movimientos, a costa de su potencial explicativo de largo alcance.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La principal preocupación   de estas nuevas expresiones de lucha del Trabajo, lejos todavía de poder   afectar la esfera productiva, ni apenas ya la circulatoria (salvo en los casos   más combativos de las periferias, que atentan a menudo contra la realización de   la plusvalía -cortes de rutas, 'puebladas', plantones en las ciudades, etc.- ya   que no la generación de la misma), consiste en trabar el orden dado de las cosas (bloqueo de   cumbres o de reuniones del Capital, actos de disidencia, desobediencia,   protesta, de visibilización de injusticias, de puesta de relieve de las consecuencias depredadoras del Sistema, etc.).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Parece que de nuevo, la historia se repite.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, aquí debemos   precisar dos procesos de nuevo cuño que suscita el Capital senil, paralelos pero que son al tiempo contradictorios internamente:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. La socializaci  ón objetiva de los procesos   productivos y el proceso de cualificación y de entrada en la esfera del conocimiento por parte del Trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Proceso   que el Capital intenta frenar o retrasar a toda costa mediante la subordinación   de las crecientes posibilidades de autonomía obrera, a la estricta   jerarquización de las decisiones y al elitismo-secretismo gerencial, así como   promoviendo la desconcentración, fragmentación, flexibilización y brutalización   laboral en todo el planeta, bajo una enorme gama de manifestaciones y ramificaciones.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. La unificaci  ón del mundo por el Capital pone   también al alcance la posibilidad objetiva de la integración planetaria del   Trabajo. Cuanto menos, abre más espacios de posibilidad para la comunicación real de la fuerza de trabajo mundial entre sí.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No   obstante, el Capital ha conseguido el debilitamiento de la misma mediante la   incorporación de más y más seres humanos a su ley del valor, esto es, a través   de la conversión de aquéllos en fuerza de trabajo, despojándoles de sus medios   de subsistencia. Esto, unido al deterioro de las condiciones de vida de la   fuerza de trabajo de las periferias (a menudo por debajo de su valor de   reproducción), genera una elevada capacidad de sustitución de la mano de obra   en todo el planeta, encauzada a través de masivos procesos migratorios   regulados a conveniencia, con el consiguiente deterioro de la capacidad negociadora o reivindicativa del Trabajo en unas y otras sociedades.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Además, el Capital hace   todo lo posible por fomentar la división de la fuerza de trabajo a través de la   extrema dualización, jerarquización y segmentación del mercado laboral (tanto   interno como externo a las empresas), y el fomento de los enfrentamientos culturalistas   (racismos, estatalismos, nacionalismos, etnicismos, cerramientos religiosos,   encumbración de la identidad, división de la fuerza de trabajo en «nacional» y   «extranjera» o «inmigrante»...). No es casual, en este sentido, su potenciación del «multiculturalismo» como ideología, con la consiguiente re-etnificación del espacio social.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   ideología de la multiculturalidad promueve la detectación y clasificación de   numerosas poblaciones, así como el reconocimiento de derechos diferenciales por   sectores débiles de población (minorías étnicas, nacionales, inmigradas, de   género, marginadas, etc.), desarticulando a menudo no sólo las posibilidades de   actuación conjunta de unos y otros, sino facilitando también continuas luchas   intestinas por ganarse la cada vez mayor escasez de derechos reconocidos   (convertidos en realidad en derechos-prestaciones concedidos a discreción), y   alentando, por la misma razón, sentimientos de mutua exclusión y xenofobia.   Esta ideología se muestra válida, al tiempo, para confinar en el ámbito   «cultural» las muy diversas formas de desigualdad social, dificultando en gran medida su expresión en la arena política.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El multiculturalismo   convierte, por tanto, la desigualdad en «diferencia», mientras que se   desentiende de la jerarquía que se establece entre esa multitud de   «diferencias» al interior de cada sociedad, y ni mucho menos atenta contra la   subsunción de todas ellas a la forma   capitalista de organización social. No es de extrañar que esté en la base de tantas políticas de identidad<sup><sup>9</sup></sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En un   mundo en el que las desigualdades se han convertido en «diferencias», el valor   máximo que se puede predicar para los individuos es el de la «tolerancia», que   a la postre pretende ciudadanos 'indiferentes', acordes con el «todo vale» del Sistema.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las   viejas estructuras organizativas políticas, sociales y laborales del Trabajo no   se han adaptado aún a esta fase del Capital Transnacional, y ajustan sus   estrategias con la vista puesta todavía en el período de macrocorporativismo   del Estado Social. De hecho, muchas de ellas propugnan la vuelta al mismo, como si eso fuera posible.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Aquellas   fuerzas parecen tardar en percibir que acorde con las cambiantes relaciones   sociales de producción, con las actuales expresiones del Trabajo y las nuevas   subjetividades creadas, se tendrán que imponer otras formas organizativas en   todos los terrenos, que habrán de engarzarse más allá de la distinción entre   esferas productiva y reproductiva, ya fundidas de hecho por el Capital   (superando, de paso, las alienantes escisiones del ser humano entre trabajador y ciudadano, y ciudadano y excluido, claves de la sociedad capitalista).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   realidad, las fuerzas del Trabajo hoy deberían ser conscientes de que la   construcción de todo un metabolismo social diferente capaz realmente de   alumbrar otro tipo de sociedad, no puede aplazarse para un futuro supeditado   bien a la acumulación de reformas o bien a la toma del poder (con minúsculas).   Pues esa tarea, que hay que comenzar desde el principio con praxis concretas,   disuelve la esquizofrénica dicotomía   reformismo-revolución, a la que se vinculaba la tramposa dualidad objetivos inmediatos /objetivos finales   que durante tanto tiempo entretuvo a la izquierda. Ella nos lleva a la   necesidad de pasar a una actitud ofensiva superadora del paralizante repliegue   defensivo del Trabajo durante la fase de capitalismo monopolista estatal-keynesiano   (ofensiva que, como hemos dado a entender, jamás puede confinarse en el ámbito   político-institucional).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la   fase senil del Capital, o de fin de la globalización compartida o «feliz», los   intentos de brutalización del Trabajo y de doblegación de su capacidad   combativa por parte del Capital, se verán mermados también con el agotamiento   de la capacidad sustitutiva de la mano de obra de la que el Capital hace hoy   gala (esto es, cuando la proletarización de la Humanidad se haya completado y/o   se hayan nivelado para una buena parte de ella por abajo sus condiciones de   vida, y se haga más problemática la sustituibilidad a peor de la fuerza de   trabajo ya existente). Algo que, en cualquier caso, se puede acelerar con la   autoorganización del Trabajo migrante   y la consiguiente universalización del aumento de la capacidad negociadora y emancipadora.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Aunque   aquí, como en cualquier otro hipotético proceso de emancipación del Trabajo,   nos tenemos que enfrentar con el inescapable dilema de cómo es posible   desarrollar capacidades de desalienación y liberación en medio de condiciones   de brutalización sociolaboral. Y aquí también, como en cualquier otro proceso   de lucha de clase, no hay respuesta clara ni contundente, pero sí la   sustentación de la experiencia histórica de la lucha consciente del Trabajo, plasmada en   conquistas del derecho a ser, en formas sociales, expresiones ideológicas,   hábitos y límites a la indignidad, por ejemplo. Las expresiones más conscientes   y organizadas del Trabajo como Humanidad en movimiento pueden, como antaño,   aportar los cauces organizativos para expandir y traducir esa experiencia en nuevas luchas concretas y proyectos universales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los   crecientemente insalvables límites del Capital como Sistema para perpetuarse   así mismo a través de su reproducción ampliada<sup><sup>10</sup></sup>, nos dejarán en una tesitura que   tendremos que afrontar probablemente en el curso de este siglo XXI, y que   oscilará entre la barbarie autodestructiva y la emancipación como especie. Su   resolución dependerá de la propia capacidad de la Humanidad, convertida en   Trabajo por el Capital, de constituirse en sujeto de su desalienación, precisamente para dejar de ser «Trabajo», más allá de la explotación..</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Apéndice. Propuestas y   posibilidades de los nuevos sujetos del Trabajo para convertirse en sujetos con capacidad de incidencia global</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A   diferencia de lo que suelen hacer los artículos de corte académico, hemos   querido reservar un apéndice o último apartado para aludir a algunos de los   debates teóricos que están en la base hoy de las reflexiones y posibilidades   del Trabajo en su intento de construir sujetos de cuarta generación, o de   incidencia global. Con ello queremos unirnos a esos debates, y contribuir a la   formulación de propuestas y proyecciones (a nuestro entender, imprescindibles   en cualquier análisis marxista), para conseguir que cada vez más sectores del Trabajo devengan sujetos transformadores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Desde aquí se propone, para ello, tomar en cuenta las siguientes consideraciones:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1) Reconocimiento de la pluralidad del Trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   Trabajo tiene una expresión obrera típica (como «proletariado»), tradicional,   cada vez menor en las sociedades centrales, pero cada vez mayor en el conjunto   del planeta. Tiene, no obstante, otras muy variadas expresiones (como «clase   media asalariada»<sup><sup>11</sup></sup>,   como Trabajo generizado, etnificado, racificado, precarizado, excluido,   invisibilizado, ...). Además, existen numerosas divisiones sectoriales del   mismo que van ligadas a la propia pluralidad constitutiva del Capital, la cual   se reproducirá insalvablemente a pesar de toda la mística desatada en torno al Capital Global, o «globalización», y su predicado futuro de uniformidad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hay que tener en cuenta,   también, que en cada fase los sujetos «típicos» de ella conviven con los de las   (generaciones) anteriores. Así, en el capitalismo senil podemos encontrar sujetos de 1<sup>a</sup>, 2<sup>a</sup>, 3<sup>a</sup> y 4<sup>a</sup> generación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ningún «Partido» puede   resumir ni representar toda esa heterogeneidad (ninguna 'parte' contiene el   todo). Esto quiere decir que la primigenia posible concepción marxiana del   mismo, en cuanto que entidad unificadora, como epítome y reflejo de todas las luchas, no puede ser reproducida por más tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por   otro lado, el Capital ha «cerrado» su propio juego democrático mediante   mayorías automáticas, cautivas en redes clientelares y dependentistas en   general, profusa, sólida e históricamente trenzadas, que se reproducen a sí mismas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Además, las posibilidades electorales, en el capitalismo tardío o   senil, se han tornado cada vez más supeditadas a los recursos económicos que pueden movilizar o poner en</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">juego los grupos o fracciones del Capital que las sustentan, resultando   de ello un ciclo vicioso de acumulación- monopolio financiero-empresarial / acumulación-monopolio electoral.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Monopolio que incluye también el de los medios de difusión de masas, y   que se refuerza con el cada vez más férreo control de los medios de   socialización y formación de conciencia (sobre el que tiene no poco que ver el cerramiento ideológico de los sistemas educativos y su empotramiento en la lógica mercantil).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esto no quiere decir que haya que renunciar a la contienda electoral   (de una u otra forma sigue siendo válida la clásica tesis leninista «de las dos   patas»), pero sí que además es imprescindible emprender procesos de   autovaloración y de formación del Trabajo, tan abandonados por las   organizaciones políticas y sociales del mismo desde el «pacto keynesiano», al   tiempo que se avanza en otros espacios, tal como se especifica en el punto 2.   Lo que bien podría figurar entre los comienzos 147 de las praxis concretas que vayan acortando la distancia entre objetivos inmediatos y finales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2) Conveniencia de incidir en los eslabones democráticos que restan en   el capitalismo tardío e intentar ampliarlos todo lo posible, al tiempo que se   expande y profundiza una irrenunciable democracia interna de las expresiones organizativas y movimientistas del Trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La participación en la tan viciada contienda electoral capitalista (en   la política estrecha), para una izquierda transformadora, como sugería la tesis   de las dos patas, debe ser consecuencia y nunca motor de una correlación de   fuerzas sociopolíticas, previamente fraguada merced al convencimiento   estratégico de intervenir fundamentalmente en la Política con mayúsculas (es decir, en todos los ámbitos del sistema social).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Quiere   esto decir, como se ha apuntado, que es hora ya de fundir las expresiones   organizativas del Trabajo, las cuales se han mantenido separadas en las esferas   de la Producción y Circulación (y dentro de esta última, también en la   subesfera institucional- electoral), y que fueron propias de anteriores fases   del Capital, hoy ya superadas por él mismo, como también se ha dicho.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se   trata de construir organizaciones-movimientos transversales a esas esferas (que   abarquen al tiempo lo laboral y lo electoral, lo doméstico y lo más   estrictamente 'social', lo institucional y lo «privado»), que sean capaces de   concitar movimientos y microsujetos dispersos, y que estén en condiciones de aglutinar intereses de las muy distintas expresiones del Trabajo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La clave hoy es   contrarrestar algunas de las carencias más importantes que presentan los   movimientos de cuarta generación, o   globales, como son la prolongación de la atomización, la relativa   pobreza de objetivos o propuestas alternativas a escala macrosocial   (exceptuando el tímido intento que se comienza a realizar desde los Foros Sociales),   así como su limitada organización, su deliberada ausencia de sustentos   normativos, su falta de definición programática y de elaboración ideológica.   Huérfano de proyecto altersistémico desde 1989, 148 el Trabajo en general y   los Movimientos de cuarta generación como expresión suya, en particular,   tienden a establecer líneas de encuentro y coincidencias exclusivamente en   negativo (sobre lo que no se quiere, contra lo que se protesta), y a huir de   planteamientos o definiciones ideológicos (para no asustar o impedir posibles acciones comunes).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por   eso desde numerosos ámbitos de lo social se vuelve a insistir en levantar   aquellos proyectos en torno a un federalismo o confederalismo democrático   (lejos ya del «centralismo» de anteriores fases), que acepten el   establecimiento de (deseablemente cada vez más) criterios, objetivos y   compromisos comunes. De manera que su expresión política con minúsculas   (electoral-institucional), sea sólo una faceta ligada a su consistencia   Política con mayúsculas, en todos los órdenes del cuerpo social (consistencia que   se manifestará precisamente en la medida en que vayan siendo capaces de transformar el metabolismo de éste).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La integración o coordinación por confederación-federación de diferentes expresiones organizativas del Trabajo (de</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">primera, segunda, tercera   y cuarta generación), o de otras formas del Trabajo como sujeto, es al tiempo   potenciadora de éstas, gracias a su horizontalismo y reconocimiento orgánico   (no sólo declarativo) de la pluralidad interna y externa; pero ahora   enriquecidas éstas con la fuerza y la operatividad de la coordinación. Lo que   no es diferencia poco importante, pues a la postre, las posibilidades de éxito   transformador dependerán de la aproximación y coordinación de los intereses objetivos de las distintas   expresiones del Trabajo. Algo que no podrá llevarse a cabo, de ninguna manera,   si no es a través de la paulatina eliminación de la usurpación de oportunidades   de vida de unos individuos por otros (esto es, de las relaciones de privilegio   que sustentan las fracturas entre el Trabajo), mediante delicados mecanismos   que combinen transformación humana, adquisición de otras formas de conciencia,   libertad, aliciente, compensación, democracia y justicia, y que alguna vez habrá que volver a desarrollar pormenorizadamente en lo teórico<sup><sup>12</sup></sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   este orden de cosas, conviene no olvidar, por otra parte, que los intereses («objetivos») dependen no sólo   de factores subjetivos ligados a la conciencia del mundo y muy particularmente   a la conciencia social, sino que también responden a los cursos de acción que   se vislumbran como posibles para satisfacerlos o no (lo que no se ve como   posible se desestima como 'interés' propio -de ahí el gran éxito del Capital en   sentar el marco general de lo dado, de 'lo posible'­). En ambos puntos puede y   debe incidir la intervención Política de la organización-movimiento: trabajando   en la transformación de subjetividades y dando visibilidad y credibilidad a las   posibilidades de logros alternativos a lo dado, lo que redundaría en el refuerzo mutuo de ambos factores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En medio de la generalizada desmovilización social y apatía política,   la opción contraria, de aprovechar el espacio electoral parlamentario para   construir una sociedad diferente, es como poner el carro de la historia delante   de la energía social transformadora (que sería la única capaz de moverla hacia   otro lado). Y, por si fuera poco, se echa así sobre la conciencia de individuos   aislados la sobrecarga de discernir el voto «acertado». Si antes no se ha   procurado la construcción de praxis sociales que hayan realizado la puesta en   práctica y el aprendizaje de la   alternatividad, lo que se está haciendo en realidad es apelar a la fe de   los ciudadanos en los programas o casi siempre promesas de otros, y a que   acepten, en definitiva, la delegación de su voto, lo que en el fondo no hace   sino legitimar el modelo de democracia indirecta o representativa del Capital,   y, en caso de relativo «éxito» electoral, consigue también la «noble» tarea de   reproducir sillones al interior de esas organizaciones. Pero a éstas no se les   debe escapar el hecho de que tales «éxitos» y sillones tienen cada vez menos   base real (los votos para ellas son  cada vez más en negativo,   contra alguien o porque no se tiene a nadie más a quien votar: ni provienen de, ni forman base social).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por eso resulta imprescindible ir fortaleciendo puentes de   entendimiento y coaligación en el tan castigado espacio social del capitalismo   tardío, colaborar activamente en el trenzamiento de 'nudos en la red' que   millares y millares de casi siempre dispersos sujetos intentan construir contra la contundencia de la realidad capitalista.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si lo   parlamentario y lo electoral han vuelto a ser cerrados por el Capital (como en   los tiempos del sufragio censitario y de los derechos políticos reservados a la   burguesía), los nuevos sujetos (de cuarta generación) nacidos de la fusión de   las esfera Productiva y Circulatoria, buscarán necesariamente otras vías de   incidencia, con expresiones organizativas y prácticas probablemente fuera del   alcance de las «antiguas» organizaciones del Trabajo (de primera y segunda   generación), tan habituadas a la 'interlocución' social institucionalizada; a no ser que éstas adapten rápidamente sus estructuras y modos</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">a las nuevas formas históricas de regulación del modo de producción capitalista (cosa que muchas ni siquiera han empezado a plantearse).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Quisiéramos acabar, al   hilo de estas consideraciones, haciendo referencia al menos a dos dilemas presentes para los actuales posibles movimientos de cuarta generación:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>1. El dilema de la excesiva disonancia cognitivo- ideológica</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una cosa   es la integración en plano de igualdad de las distintas expresiones   organizativas y sujetos del Trabajo, y otra incorporar en un proyecto que   pretende ser transformador a expresiones del Capital que sólo mantienen su nombre de antigua formación del Trabajo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo,   como es sabido el problema subsiste dado que estas últimas formaciones   mantienen todavía una considerable fidelidad de numerosos sectores del Trabajo   (nos referimos, como es obvio, a la mayor parte de los actuales partidos y organizaciones socialdemócratas).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La socialdemocracia, después de renunciar a su propio papel, asumir   plenamente la racionalidad capitalista durante la fase de Capital Monopolista   keynesiano, y mimetizarse finalmente con el Capital en su fase senil Monopolista   Transnacional, intenta recobrar cierto espacio sociopolítico (ya como fracción   del Capital -algo menos 'salvaje'- frente a otras fracciones del mismo más   interesadas en profundizar la actual forma «globalizadora» del Capital). Y dado   que sabe que tiene muy poca credibilidad social, ha descubierto, a raíz del   auge antiglobalizador (del que participan también, como se ha dicho, fracciones   del Capital, entre otras el que representa a la pequeña burguesía y a las   burguesías 'nacionales'), que pueden volver a tener cierto protagonismo (y   consecuente mayor arrastre electoral) si se deja mezclar en el mismo.   Previniendo, de paso, en la medida de lo posible, su radicalización (fuera de la pugna intracapitalista).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un buen   espacio para satisfacer ambos objetivos se lo proporcionan los Foros Sociales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   cuestión, una vez más, para los sujetos transformadores del Trabajo, no es si   participar o no en ellos, sino a qué estrategia responde su posible   participación táctica en los mismos, y si tiene posibilidades de conseguirse   mediante ésta. ¿Se podrá lograr su inclinación hacia opciones transformadoras   que se manifiesten desde el principio, o bien esos Foros se decantarán pronto   por un intento de volver, anacrónicamente, a versiones más 'amables' del   Capital, que es a lo que está abocada la absoluta mayor parte de la   socialdemocracia actual, en una u otra de sus versiones organizativas políticas, sociales o laborales?.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   mayor peso financiero, institucional-político y mediático de la   socialdemocracia capitalista, permite apuntar que los Foros Sociales pueden   resultar con relativa facilidad en espacios de encauzamiento o encuadramiento   de buena parte de las expresiones del Trabajo en movimiento, dificultando o impidiendo sus propuestas más alternativas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De   todas formas, los Foros Sociales no serían sino un espacio más, que tiene su   interés paralelamente a la construcción socio- política-sindical y   transcultural que aquí se está proponiendo, y a la que se deben orientar los   esfuerzos de la izquierda transformadora, más allá de su participación o no en   los mismos. No podemos obviar el hecho de que esos Foros son siempre   construcciones «supraestructurales», con límites clarísimos de intervención si quedan al margen de la necesaria construcción social de base.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por   otro lado, y por lo que respecta a la propia disensión interna de las   expresiones «alternativas» o que buscan la alternatividad al orden dado   capitalista, resultará imprescindible ir trazando una escala de objetivos, que   estando de acuerdo en elementos básicos de la sociedad final perseguida,   consensúen opciones y pasos comunes, así como dialoguen alrededor de   compromisos mutuos sobre procedimientos o medios (aunque se respete la variedad   de los mismos dentro de esos compromisos y la pluralidad deje de ser vista como una amenaza).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>2. El dilema del vanguardismo y de la necesidad de dirección por parte   de los «cuadros» de las organizaciones existentes del Trabajo, propios de las fases anteriores del Capital</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este dilema (que es   consustancial a la disonancia cognitiva o diferente grado de conciencia) sólo   se podrá ir resolviendo en la medida en que se trabaje profunda y eficazmente   en los enormemente variados ámbitos de la Política, posibilitando la   repolitización de clase de un Trabajo que por el propio desarrollo actual de   las fuerzas productivas, puede estar cada vez más capacitado, cualitativa,   profesional y científicamente, para tomar el relevo social y de dirección   tecnológica a las élites de la burguesía. Preparado para asumir, por lo tanto   también, el control político de su propio destino, y en consecuencia ir   desplazando progresivamente a los «especialistas» orgánicos de las distintas   organizaciones sindicales y políticas, hasta ahora autoperpetuados como «vanguardias».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Trabajo en un sistema dominado por el Capital, a diferencia de lo   que nos quiere hacer ver el «marxismo abierto», no se manifiesta necesariamente   en forma emancipadora, pero sí es cierto que contiene los gérmenes de esa   emancipación, a través de su dignificación, de su conversión en multiplicidad de sujetos. De ella dependerá, precisamente, el futuro de la especie humana.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b><font size="2">Notas</font></b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">* Profesor Andr&eacute;s Piqueras, docente de la Universidad de Castell&oacute;n   (Espa&ntilde;a), gentilmente accedi&oacute; a colaborar en este n&uacute;mero de Temas Sociales con   el presente texto. La versi&oacute;n original cuenta con unos diagramas que no han   sido incluidos en esta publicaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. El concepto de Trabajo que aqu&iacute; se utiliza como sujeto, trasciende   lo meramente productivo (la &laquo;esfera econ&oacute;mica&raquo; en que el capitalismo confin&oacute; la   producci&oacute;n de las condiciones de la Vida, en un sentido amplio). Est&aacute; hecho   para designar a quienes crean la riqueza, pero sin querer con ello decir que   debemos ser designados &uacute;nicamente como productores. Sin trabajo no   existir&iacute;amos, pero el Trabajo como sujeto antag&oacute;nico del Capital se realiza y   responde a muchas otras facetas del ciclo de la vida (interacci&oacute;n humana, ayuda   mutua, tiempo para s&iacute;. relaciones personales, placer, intercambio, creaci&oacute;n,   entre muchas otras), y aspira en sus versiones emancipadoras a negarse a s&iacute;   mismo como agente imposibilitado del hacer para s&iacute; (es decir, a negarse como   trabajo alienado, y en consecuencia como Trabajo en general), a trav&eacute;s del   trabajo libre, creativo, y capaz por tanto de construir otras condiciones de   Vida, otra vida. El t&eacute;rmino Trabajo es escogido por entenderse que contiene un   mayor espectro explicativo, tanto por lo que respecta a la presente vinculaci&oacute;n   de los seres humanos al Capital (est&eacute;n o no directamente explotados por &eacute;l),   como por la potencialidad que quiere describir en ellos para la construcci&oacute;n   consciente de sus v&iacute;as de emancipaci&oacute;n, a pesar o a partir de esa misma   vinculaci&oacute;n. Pero obviamente la designaci&oacute;n est&aacute; abierta al debate en la   b&uacute;squeda de otras mejores.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Art&iacute;culo parcialmente   publicado en revista Polis, de la Universidad Bolivariana de Chile. Santiago de   Chile. 2006.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. Respecto de un autor que tambi&eacute;n ha sacudido el espacio de debate   internacional de las izquierdas, como Negri, y especialmente por lo que toca a   sus &uacute;ltimos desvarios compartidos con Hardt, remito a la consabida y para m&iacute;   excelente cr&iacute;tica de Atilio Bor&oacute;n (2003a), as&iacute; como al trabajo de Alex   Callinicos (2001).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Parece incre&iacute;ble c&oacute;mo este autor ha invertido todo el proceso que   tanto le costara a Thompson trazar hist&oacute;ricamente para explicar c&oacute;mo de la   protesta plebeya o multitud, esto es, de una lucha de clase sin clases, se fue   pasando a la conciencia de clase y por tanto a la formaci&oacute;n de las clases.   Negri nos devuelve de una patada a nuestra condici&oacute;n de masa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. Remito, para mayor abundamiento en la cuesti&oacute;n del poder, y ante la   falta de mayor espacio aqui para ello, a la excelente critica de A. Bor&oacute;n   (2003b), que suscribo por entero (y a la que lamentablemente el propio Holloway   &laquo;contesta&raquo; de forma tan superficial, 2004). Para una cr&iacute;tica en general de los   planteamientos de Holloway, pero tambi&eacute;n con puntos claves sobre este tema,   Hirsch (2004).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6. Determinadas relaciones de privilegio ligadas a la Divisi&oacute;n Social del   Trabajo y a la distinta posici&oacute;n en los procesos productivos, o a la propiedad   de medios de producci&oacute;n en escala modesta, son motivo de que una parte del   Trabajo goce de m&aacute;s posibilidades de autonom&iacute;a y movilidad a expensas de otras,   por lo que ha sido considerada en situaci&oacute;n intermedia entre quienes explotan y   son explotados, quienes expropian y son expropiados de su hacer. Bien pudiera   ser, pero esto no nos puede distraer del hecho de que esta parte de la   poblaci&oacute;n ni dirige la din&aacute;mica general del Sistema, ni el leitmotiv del mismo   (el de reproducir ampliadamente el capital a costa de la depravaci&oacute;n de los   productores directos) est&aacute; sustentado en su inter&eacute;s particular. Antes bien, su   posici&oacute;n est&aacute; siempre subordinada al Capital, y sus privilegios, en la mayor&iacute;a   de los casos, resultan dependientes de su fidelidad o servicio al mismo. Como   Trabajo con mayores posibilidades de autonomizaci&oacute;n, puede estar de parte del   Capital, pero no por eso deja de ser Trabajo.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7. Las fases no han de ser interpretadas como compartimentos estanco, que   explican todo dentro de s&iacute; mismas, sino, al igual que las estructuras, como   inestables</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">expresiones de un cont&iacute;nuum de luchas de   clase, verticales, horizontales y transversales. En cada una de ellas conviven   formas o expresiones que son caracter&iacute;sticas de otros momentos o correlaciones   de fuerza de la relaci&oacute;n Capital/ Trabajo. Pero ser&iacute;a contribuir al   oscurantismo reinante aceptar la propuesta &laquo;autonomista&raquo; de evitar comprender   los rasgos m&aacute;s destacados de esa correlaci&oacute;n en cada momento (que es para lo   que tiene valor esa periodizaci&oacute;n como an&aacute;lisis retrospectivo, capaz al tiempo   de proyectar cierta luz hacia adelante). Algo parecido ocurrir&iacute;a, en cuanto a la   falta de proyecci&oacute;n pol&iacute;tica, si nos limit&aacute;ramos a asegurar con el &laquo;marxismo   abierto&raquo; que la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica constituyen una unidad, si no se   especifica en cada momento c&oacute;mo y qui&eacute;n hegemoniza esa unidad. Por lo dem&aacute;s,   cabe advertir tambi&eacute;n que &laquo;modos de regulaci&oacute;n&raquo; y &laquo;reg&iacute;menes de acumulaci&oacute;n&raquo;   (que no nos podemos permitir el lujo de obviar en ninguna praxis de \a emancipaci&oacute;n humana) no son realidades   externas, &laquo;fetichizadas&raquo;, respecto de los individuos y sus luchas, sino   precisamente inestables manifestaciones de las mismas, esto es, del conjunto de   intenciones y fuerzas puestas en juego por el Capital y el Trabajo (ver para   mayor detalle. Piqueras, 2002:20).</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8. De Bill Gates (ver Lacroix y Tremblay)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">9. Por el contrario, en tiempos del Capital Global la aut&eacute;ntica   diferencia radicaba cada vez m&aacute;s en la b&uacute;squeda de formas de vida no   capitalistas. Las posibilidades, en ese sentido, pasaban por deshacerse de una   identidad fija, &laquo;esencializada&raquo;, (identidad- mercanc&iacute;a) a la que se quer&iacute;a que   queden sujetas las diferentes poblaciones y sectores sociales, y construir por   el contrario cambiantes proyectos identitarios (que no por eso han de   desconsiderar la trayectoria hist&oacute;rica de cada &laquo;nosotros&raquo;); desde la premisa   que no es tan importante lo que ('parece' que) somos (algo que nos ancla   siempre a una realidad &laquo;fetichizada&raquo;), como lo que queremos ser (clave que nos   permite accionar colectivamente de forma transformadora). Precisamente cuando   los movimientos sociales fueron descubriendo &eacute;sto, es cuando el postmodernismo   tardocapitalista emprendi&oacute; la desconstrucci&oacute;n de la identidad, para intentar   dejarnos un mundo astillado en realidades separadas e imposible de hacerse   colectivas, al tiempo que hac&iacute;a perder de vista al capitalismo como sistema   totalizante del conjunto de nuestras vidas.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">10. Tengo que remitir aqu&iacute; por   falta de espacio al excelente trabajo al respecto de Dierckxsens (2003).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">11. Proclive a no concebirse como Trabajo y buscar l&iacute;neas de huida o de   trazamiento de horizonte personal, a trav&eacute;s del mito de la autorrealizaci&oacute;n.   Mito que se desconstruye en el capitalismo senil mediante la creciente   subordinaci&oacute;n asalarizada de la clase media y de la competencia tecnol&oacute;gica que   dicta su propia prescindibilidad, as&iacute; como su dependencia &laquo;para ser alguien&raquo; de   la competencia intercapitalista por la tasa de ganancia. Lo que de momento da   paso en buena parte de esta clase al miedo a perder privilegios estructurales,   y al consiguiente intento de blindar su ciudadan&iacute;a, cada vez m&aacute;s fuera del   alcance del Trabajo en sus acepciones m&aacute;s excluidas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">12. M&aacute;s all&aacute; de esto, para   eliminar la explotaci&oacute;n y sobre la exposici&oacute;n de algunos de los problemas clave   que se plantean en una posible transici&oacute;n socialista, remito a Piqueras (2000).   Para una aportaci&oacute;n critica reciente sobre soluciones, Katz (2004).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13. La letra peque&ntilde;a que figura   en este trabajo es extra&iacute;da del libro del autor que se cita a continuaci&oacute;n   (2002). En &eacute;l se encuentran las referencias a autores y obras que est&aacute;n   incorporados en el texto, as&iacute; como un desarrollo explicativo de la mayor parte   de las cuestiones que aqu&iacute; s&oacute;lo se han podido tratar de forma breve. Fuera de   esas referencias, han sido incorporadas otras que se citan en esta   bibliograf&iacute;a. Respecto de la introducci&oacute;n, s&oacute;lo se incluye las obras que han   sido citadas expresamente en la misma, aunque haya muchas otras que han servido   de base a la cr&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Bibliografía<sup><sup>13</sup></sup></b><sup><b><sup></sup></b></sup></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Boltanski   , Luc y Chiapello, Éve (2002). El nuevo   espíritu del capitalismo. Madrid: Akal.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064375&pid=S0040-2915200600010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Borón,   Atilio (2003a). Imperio. Imperialismo. Una lectura   crítica de Michel Hardt y Antonio Negri.   Barcelona: El Viejo Topo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064376&pid=S0040-2915200600010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Borón, Atilio (2003b).   «Poder, 'contrapoder' y 'antipoder'. Notas sobre un extravío teórico-político   en el pensamiento crítico contemporáneo», En Chiapas, N° 15. México D.F.: UNAM.</font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Callinicos,   Alex (2001). «Toni Negri in Perspective», En International Socialism Journal, N° 92.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064378&pid=S0040-2915200600010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Colás,   Alejandro (1997). «The Promises of International Civil Society», En Global Society, vol.11. N°3.   Canterbury:University of Kent.</font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Dierckxsens, Wim (2003). El ocaso del capitalismo y la utopía   reencontrada. Bogotá: DEI- Ediciones Desde Abajo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064380&pid=S0040-2915200600010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Hirsh,   Joachim ((2004). «Poder y antipoder. Acerca del libro de John Holloway», En Chiapas, N° 16. México D.F.: UNAM.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064381&pid=S0040-2915200600010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Holloway,   John (2000). «Teoría volcánica», en Bajo el   Volcán, N° 1. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/ ICSH.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064382&pid=S0040-2915200600010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Holloway, John (2004). «Gente común, es decir, rebelde. Mucho más que   una respuesta a Atilio Borón», En Chiapas, N°   16. México D.F.: UNAM.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">íñigo,   Juan (2003). El Capital: razón histórica, sujeto   revolucionario y conciencia. Buenos Aires: Ediciones Cooperativas.</font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Katz, Claudio (2004). El porvenir del socialismo. Buenos Aires:   Herramienta.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064385&pid=S0040-2915200600010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Lacroix, Jean-Guy y   Tremblay, Gaétan (1997). «The 'Information Society' and   Cultural Industries Theory». Current Sociology, vol.45, N° 4. Londres: Sage Publications.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064386&pid=S0040-2915200600010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Mészáros, István (2003). El siglo XXI, ¿socialismo o barbarie? Buenos   Aires: Herramienta.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064387&pid=S0040-2915200600010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Piqueras,   Andrés (2002). Movimientos Sociales y Capitalismo.   Historia de una mutua influencia. Alzira: Germania.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064388&pid=S0040-2915200600010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" align="justify">Piqueras, Andrés (2000).   «Del movimiento obrero a las ONGs, ¿el fin de una utopía colectiva?», En Papeles de la FIM, N° 15. Madrid.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1064389&pid=S0040-2915200600010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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