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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ÉTICA, MARXISMO Y   MOVIMIENTOS SOCIALES</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Silvya De Alarcón*</font></b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Introducción</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Bolivia   ha vivido en los últimos años fuertes procesos de convulsión y demanda social   que han transformado radicalmente las relaciones de dominación intra estatal y puesto en entredicho la configuración misma del Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   la complejidad de visiones que han intentado dar cuenta de «la realidad que se   despliega ante nuestros ojos», como decía el viejo Marx, las líneas que aquí   siguen intentan vincular la reflexión y explicación acerca de los movimientos   sociales con una comprensión de la ética y la justicia desde una perspectiva marxista.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sobre un fondo previo e inevitablemente esquemático de cómo se ha   concebido la ética en la tradición filosófica occidental, hemos tratado de indagar   sobre lo que provisionalmente hemos reconocido como una pulsión de justicia -el   contenido sustancial de la ética- en los movimientos sociales, para tratar de   perfilar sus fundamentos y posibles repercusiones en el mediano y largo plazo en la construcción social boliviana.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Nuestra reflexión acerca de esta dimensión ética de los movimientos   sociales se ha guiado por preguntas enmarcadas en criterios ontológicos y   políticos. A nuestro entender, no es posible separar ambas dimensiones, menos   aún en el marco que ha diseñado desde hace cuando menos 20 años el   neoliberalismo como la más reciente forma capitalista de dominación y producción simbólica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Docente Titular de la UMSA</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La posibilidad de ahondar en esta temática podría enriquecer la   comprensión del devenir de los movimientos sociales, particularmente en sus potencialidades de construcción de un nuevo ordenamiento social en Bolivia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>El Contexto</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El siglo XX ha sido un siglo rico en acontecimientos y transformaciones   sociales, políticas, económicas y tecnológicas que han cambiado definitivamente la configuración de la historia el mundo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En ese escenario, tres modelos sociopolíticos han sido decisivos: el   socialismo, el capitalismo de estado y el neoliberalismo. Ellos han diseñado   complejas formas de interacción social y creado imaginarios colectivos,   representaciones simbólicas del mundo, que han marcado el sentido de la acción política.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Con la caída del muro de Berlín, el capitalismo creyó zanjada su   disputa con el socialismo por la hegemonía en el mundo y, en general, con todas   las formas de pensamiento libertario y contestatario. Sobrevino entonces una   arremetida política, económica y, sobre todo ideológica, el neoliberalismo, que   pregonó el horizonte de un mundo unipolar, el «fin de las ideologías» y el   mercado como el ente regulador por definición de la construcción social. En una   correlación de fuerzas absolutamente favorable, en los años 80-90 el capital se   dio a la tarea de concluir la tarea que había comenzado en el siglo XVII y que   únicamente se había visto interrumpida por el estorboso advenimiento del   socialismo: configurar el mundo a su imagen y semejanza, imponer el dominio   secante del capital sobre el trabajo y desarrollar formas más complejas de   explotación transnacional, refrendadas por modificaciones decisivas en las estructuras jurídicas, políticas y económicas estatales de todo el mundo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, cuando nada parecía oponerse a este dominio avasallador,   en distintas geografías pero en tiempos coincidentes, una sintomatología   sistémicamente anómala comenzó a expresarse. Aquí y allá, los estados   nacionales se convirtieron en escenario de protestas con demandas elementales   pero diversas: empleo, representación política, derecho a la tierra/a la   vivienda, etc. Paralelamente, una explosión de reivindicaciones étnicas, en   algunos casos con componentes proto-nacionales, comenzó a cercar los   ordenamientos estatales. La gran diferencia existente en las demandas   enarboladas pero también en las formas organizativas de estas nuevas   colectividades emergentes contestatarias, posibilitó acuñar el término   «movimientos sociales» para denominarlas de alguna manera y posibilitar su   explicación en orden a dos grandes perspectivas: procesos de movilización y estructuras de movilización (McAdam, McCarthy, Zald, 1999).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los   problemas prácticos y de orden teórico que abren los movimientos sociales son   de gran complejidad, pero en última instancia -posiblemente sólo en última- tal   vez se los pueda pensar a partir de una crisis de sentido en la   articulación social alimentada por todas las formas de exclusión que ha desarrollado el sistema capitalista en las últimas décadas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En lo que hace a América Latina, asistimos de pronto a un momento   histórico en que el estado nacional, tal como lo hemos heredado de la tradición   liberal republicana del siglo XVIII, está siendo interpelado continuamente no   sólo en su legalidad sino prioritariamente en su propia legitimidad. La   protesta no sólo apunta a la incapacidad del estado y los ordenamientos   políticos para satisfacer los más elementales requerimientos de una vida digna para toda población, sino al papel y, en consecuencia, al propio sentido del estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En Bolivia y en esa perspectiva, García   Linera (2005) reconoce en el trasfondo de los movimientos sociales dos   fundamentos: la crisis del modelo neoliberal y la crisis del estado colonial.   Ambas estarían en el trasfondo de las fuertes movilizaciones sociales que ha vivido Bolivia en el período 2000-2005<sup><sup>1</sup></sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sintetizando los argumentos de García Linera, sería posible decir que la crisis del modelo neoliberal está asociada a los efectos del mismo:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. Incremento de las desigualdades económicas, aumento   de la precariedad y el desempleo, elevación de la tasa de concentración de la   riqueza, reducción de la redistribución de la riqueza y limitación de las tasas de crecimiento.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. Desencadenamiento de un tipo de desarrollo económico   basado en el exclusivo protagonismo productivo de la inversión externa de tipo   de enclave, de alta inversión tecnológica, bajo empleo, nula diversificación productiva y de exportación de las ganancias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. Ruptura de los lazos de articulación entre la economía   moderna y globalizada del país y las economías, campesina tradicional y la economía mercantil familiar-artesanal</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En lo que hace a la crisis del Estado colonial, dos son los temas   centrales en la lucha política que interpelan la estructura colonial-republicana del Estado.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El primero se refiere a los actores   sociopolíticos más influyentes del país que son básicamente los indígenas. Hoy   en día, los movimientos sociales de mayor fuerza son o están dirigidos por   indios. No había pasado eso desde 1899, en la época de la guerra federal con   Zárate Willka (Condarco, 1982). La indianitud nunca como ahora pudo configurar   un propio esquema que le permita disputar espacios de poder y manejo del   gobierno que hoy logra consagrar como correlato democrático-liberal de un   proceso ascendente de movilizaciones e interpelaciones al orden colonial   existente. Esto es precisamente lo que los convierte en los sujetos fundamentales de la actual interpelación al Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A partir del año 2000, estamos viviendo   un ciclo de insurgencia indígena dirigida a disputar la conducción estatal y la   hegemonía político-cultural de la sociedad. Este nuevo ciclo de movilización   indígena tiene su antecedente en los años 70, con la emergencia del movimiento   indianista-katarista en los ámbitos intelectuales y sindicales agrarios.   Primero, será el movimiento indígena de tierras altas el que cobrara presencia   y discurso interpelador en los años 70-80s; luego serán los indígenas de   tierras bajas los que visibilizarán los mecanismos de exclusión de decenas de   pueblos olvidados por la sociedad como sujetos de derecho y, a mediados de la   década de los 90s, los cocaleros se convertirán en el sector que mayor esfuerzo realizará para resistir las políticas de erradicación de la hoja de coca.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El segundo refiere a la capacidad de   algunos de los movimientos que si presentan una orientación de poder. En la   medida en que la movilización ha vuelto visible la exclusión política y la   injusta distribución de la riqueza, ha retomado también las tradicionales palestras   locales de deliberación, gestión y control, las asambleas y cabildos, para   proyectarlas regionalmente como sistemas alternativos de participación y   control público. Estas estructuras de movilización/organización han paralizado   y, en oportunidades, disuelto momentáneamente parte del armazón institucional   del Estado en varias regiones del país (altiplano norte, Chapare, ciudad de   Cochabamba), construyendo escenarios de coexistencia de dos campos políticos   con competencias normativas, unas veces como imbricación y, otras, confrontadas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este escenario complejo lleva a preguntas   de fondo sobre el sentido y las expectativas de la convivencia social, sobre   cómo construir un ordenamiento social inclusivo en medio de la gran diversidad   étnica que caracteriza a Bolivia. Y es que aquí, la reivindicación de lo étnico   no debe ser entendida únicamente como una lucha por mayor representación social   y política sino como una genuina disputa por el control de los recursos   naturales (agua, tierra, gas) que posibilitan la reproducción material de la   vida de toda la población que habita este país.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este momento de crisis estructural que   vive Bolivia posibilita también reflexiones sobre los imaginarios colectivos,   notablemente de fuerte raíz indígena, que articulan la acción política de los   movimientos sociales y que propugnan -quizá de forma muy embrionaria todavía-   nuevos sentidos de la construcción de lo social. A nuestro juicio, este es el   componente más rico del proceso pues pone en juego temas como la libertad, los   derechos, la ciudadanía y también, de forma nodal, la justicia como un criterio central de la estructuración social.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es aquí donde entra en juego el tema de la ética. El sentido de la ética en la construcción social</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo primero que uno puede preguntarse, y con justeza, es qué se entiende por ética y cómo actúa ella en el proceso de construcción de lo social.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si se toma por referencia la clasificación que ha realizado Francisco   Altarejos (2002), habría que distinguir cuatro grandes «tipos» de ética: 1) una   ética de la virtud, expuesta por Aristóteles, orientada por la consecución de   la felicidad y el bien común; 2) una ética del deber, desarrollada por Kant,   centrada en una moral racional autónoma; 3) una ética del valor, planteada por   M. Scheller, cuyo eje es la valoración moral; y 4) una ética discursiva,   apuntalada por J. Habermas y K. O. Apel, que sustenta la bondad en el diálogo y el consenso.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Altarejos ignora en forma absoluta   aportes como el de Hegel, para quien la ética se sustenta en una comprensión   del mundo en términos de relaciones (no de cosas, ni de individuos) y cuya   condición de realización por excelencia es el Estado. Consecuentemente, ignora   también el aporte de Marx, que pone el acento en las condiciones materiales   -objetivas y subjetivas- que posibilitan la formación de la conciencia   individual y colectiva y, por tanto, fundamentan las tendencias libertarias y   transformadoras del mundo. Desde Hegel y particularmente desde Marx, la ética   debe ser pensada como una dimensión colectiva que pone en juego no sólo el sentido</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">del mundo sino su propia materialidad.   Por ello, el tema de la libertad, individual y colectiva, se redimensiona excluyendo todo voluntarismo en la acción.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El acento que pone Marx en las relaciones sociales de producción, sitúa   la libertad en una dimensión social (en consecuencia, también su ausencia) y   material-productiva. Dicho de otro modo, sólo se puede ser en tanto se es con   los otros pero, además, en el proceso material de producción de la   colectividad. De ese modo, así como no existe identidad sino es en   colectividad, tampoco existe libertad sino es en sociedad. Esto da pie a   interrogantes diversas: ¿Qué significa ser libre?, ¿cómo puedo ser libre con   los demás?, ¿a partir de qué criterios ejercito mi libertad viviendo en sociedad?   Entramos así en el terreno absolutamente ambiguo de cómo entender mi relación   con los demás, asumiendo como principio que mi libertad es idéntica a la de los   demás y, en consecuencia, que mis pautas para ejercerla no son más valederas que las de cualquier otro individuo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La importancia de estas interrogantes   salta de inmediato a la vista. Si el punto de partida es la individualidad, la   posibilidad de un choque entre mi libertad y la de cualquier otro individuo es   tanto más probable cuanto más individualmente defina mis pautas de   comportamiento. A este respecto, ya Hegel (1987) había señalado precisamente lo   que es la lucha a muerte entre dos autoconciencias. Si el conflicto puede ser   pensado inicialmente desde la pura abstracción, una libertad frente a otra   libertad, cobra mayor relevancia cuando la disputa está directamente   relacionada con las pautas mismas de gestión de la libertad, la constitución de   identidades colectivas (de clase, étnicas), el ejercicio del poder y un escenario específico de bienes en disputa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A partir de lo dicho, se podría entonces establecer una definición provisional y operativa:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La ética es la manera de gestionar individual y</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">colectivamente la libertad, bajo un criterio de justicia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El tema de la justicia interviene aquí no como un elemento jurídico   sino como el sentido que guía la construcción de lo social<sup><sup>2</sup></sup>,   por tanto, que proporciona un horizonte de sentido en el cual se inscribe el   conjunto de las relaciones que los individuos despliegan. La justicia viene   entonces a ser una suerte de marco referencia! en el que confluyen, se   organizan y delimitan los criterios de vida de la colectividad. Uno de esos   criterios es el de la igualdad de los individuos entre sí a partir de su   pertenencia al grupo. El punto de partida es que cada quien sea capaz de pensar   al resto como un «semejante».<sup><sup>3</sup></sup> Es a partir de él que se gestiona la vida colectiva. La ruptura de ese «ser semejante» es la injusticia.<sup><sup>4</sup></sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora bien, en opinión de Francisco Piñón Gaytán y Joel Flores</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">(2000),</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   justicia es el vínculo que une a la ética con la política. Sin ella cualquier   gobierno es despótico. La justicia no es una idea abstracta. Remite a la   distribución de los bienes comunes, los cuales no son meras invenciones de los   hombres sino productos de una evolución cultural y política de las sociedades.   Tal es el caso de las libertades de pensamiento y de conciencia, la resistencia   a la opresión y la seguridad de las personas, valores éticos y políticos que   constituyen los cimientos de la sociedad moderna. El ejercicio de la política   es ético cuando tiene como horizonte a la sociedad. La libertad, dice Jacques   Roux, 'no es sino un vano fantasma cuando una clase de hombres puede dominar   por el hambre impunemente a la otra ...La igualdad no es más que un vano   fantasma cuando el rico, por el monopolio, ejerce derecho de vida y de muerte sobre su semejante' (p. 15, las cursivas son nuestras).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La referencia nos introduce de lleno en   dos ámbitos: el tema de la desigualdad (en consecuencia, el poder, el dominio,   de unos hombres sobre otros) y el de la distribución (en consecuencia, la   riqueza producida en una sociedad). Ciertamente, dos temas íntimamente   vinculados y motivo de un intenso debate entre marxistas y liberales acerca de la justicia. Las connotaciones del mismo son de importancia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En su muy conocida Teoría de la Justicia, John   Rawls (1997) proponía entender la justicia como imparcialidad bajo dos principios:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Primero.   Cada persona tiene un derecho igual al esquema más extenso de libertades   básicas que sea compatible con un esquema semejante de libertades para todos,   y Segundo. Las desigualdades sociales y económicas habrán de ser conformadas   de modo tal que a la vez que a) se espere razonablemente que sean ventajosas para todos, b) se vinculen a empleos y cargos asequibles para todos. (1997: 67-68)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De principio, esta definición asume que   la justicia tiene como condición la desigualdad social y lo que es más, que esa   desigualdad puede ser entendida en forma positiva. Las circunstancias de la justicia,   esto es, una economía competitiva y el desarrollo industrial, posibilitan que   la desigualdad opere positivamente. Así, «la teoría de la justicia de Rawls   sólo es aplicable a las sociedades industriales avanzadas, en las demás, sobre   todo en las sociedades campesinas, no existen tales condiciones, y por lo tanto   deben resignarse a carecer de los derechos y libertades básicas de una sociedad justa» (Piñón &amp; Flores, 2000: 176)</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como es posible apreciar, tanto Piñón Gaytán y Flores Rentería, por una   parte, como el propio Rawls -aunque de distinta forma- asumen que la justicia   está asociada a procesos económicos y, en particular al tema de la   distribución. La justicia, entonces, no es sólo un problema de igualdad ante la   ley sino también de economía, porque es allí donde se materializa la desigualdad real entre los hombres. El punto es cómo enfrentar esa desigualdad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Desde   el punto de vista de la justicia, el liberalismo -y modernamente el   neoliberalismo- pone el acento en la distribución: sería posible hablar de justicia   en tanto se pueda redistribuir la riqueza producida en forma más o menos   equitativa y garantizar su acceso en condiciones más o menos generales. Sin   embargo, en ausencia de un estado regulador y ante la lógica voraz del mercado,   esta preocupación ha sido atropellada y olvidada ante las grandes concentraciones de riqueza y los grados deshumanizantes de inequidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   antítesis de esta posición está en la concepción marxista, para la cual el   problema no está en la distribución sino en el propio proceso de producción   capitalista, fundado en la explotación del trabajo. Resumiendo las objeciones del marxismo, Kymlicka (1995), señala:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">... una segunda   objeción la primera está referida a los derechos iguales es la de que las   teorías de la 'distribución justa' se centran demasiado en la distribución, en   lugar de centrarse en las cuestiones más fundamentales de la producción (Young,   1981; pp. 199-208; Holmstrom, 1977, p. 361; cf. Marx y Engels, 1968, p. 321).   Si todo lo que hacemos es redistribuir los ingresos de los que poseen bienes de   producción a aquellos que no, entonces seguiremos teniendo clases, explotación,   y por lo tanto el tipo de intereses enfrentados que convierten la justicia en   una primera necesidad. En lugar de hacer esto, tal vez, deberíamos preocuparnos   por transferir los mismos medios de producción. Una vez logrado este objetivo,   las cuestiones de la justa distribución quedarían superadas. Este es un punto   importante. Deberíamos preocuparnos por la propiedad, porque la propiedad no   sólo permite que algunos incrementen sus ingresos, sino que además permite que   algunos obtengan un cierto control sobre las vidas de otras personas. Un   esquema de impuestos redistributivos podría dejar al capitalista y al   trabajador con iguales ingresos, pero todavía dejaría al capitalista el poder   de decidir de qué modo va a emplear su tiempo el trabajador. El trabajador, en cambio, carece de este poder, respecto del capitalista. (1995:183)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Kymlicka asume sin embargo que esta no es razón suficiente para   desestimar el criterio de la justicia, bajo el argumento de la distribución del ingreso. Sin embargo, a   nuestro entender, la objeción del marxismo tiene un argumento de fondo del que Kymlicka no da cuenta. Veámoslo con detenimiento.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En La Guerra Civil en   Francia (1978), cuando analiza la Comuna de París, Marx afirma explícitamente:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">¡La Comuna, exclaman, pretende abolir la propiedad, base de toda   civilización! Si, caballeros, la Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase   que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna   aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad   individual en una realidad, transformando los medios de producción -la tierra y   el capital- que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de   explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado (1978: 77).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ya antes, en los   Manuscritos de 1848 (Marx, 1985), había señalado que «la propiedad privada es, pues,   el producto, el resultado, la consecuencia necesaria del trabajo enajenado, de la   relación externa del trabajador con la naturaleza y consigo mismo» (p. 116).   Entonces, cuando en 1871 afirma que la Comuna era «la forma política al fin   descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo»(1978,   p. 76) y que, en consecuencia, «¡eso es el comunismo, el 'irrealizable'   comunismo!» (1978, p. 77), cabe entender, primero, que la emancipación del   trabajo es el punto nodal de la transformación revolucionaria; segundo, que   esta emancipación tiene como correlato la eliminación de la propiedad privada   y, tercero, que el tema es la forma en que los hombres producen materialmente   su vida, no cómo distribuyen la riqueza producida por su trabajo, es decir, el   ingreso. Lo que los hombres, las clases, disputan no es sólo cómo se distribuye la riqueza sino cómo se la produce.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero, entonces, ¿no hay en el marxismo una noción de justicia?</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si se mantiene la concepción liberal de justicia, está claro que no.   Sin embargo, a nuestro entender, en esa «expropiación de los expropiadores» de   la que habla Marx, hay una noción distinta de justicia. Ciertamente, es precisa   una revisión minuciosa de la obra de Marx para perfilar mejor esta idea, pero   en principio entendemos que el contenido de la justicia está en la igualdad real que es, ante todo, la   construcción de una semejanza   material productiva que fundamenta el conjunto de las relaciones entre   los hombres. Esto es lo que Marx estaría afirmando cuando dice: «Emancipado el   trabajo, cada hombre se convierte en trabajador, y el trabajo   productivo deja de ser el atributo de una clase» (1978, pp. 76-77, cursivas nuestras)</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El tema de fondo aquí no es el problema de la propiedad. Si caemos en   la trampa de pensar que el comunismo se sintetiza en la eliminación de la   propiedad privada estaríamos a un paso de entrar en la discusión de la   distribución del ingreso porque el asunto de quién posee la riqueza se   convierte en el tema fuerte. Dicho de otra manera, si enfocamos la propiedad en   su consecuencia, la   generación de riqueza apropiada y disfrutada por pocos, nos aproximamos   inevitablemente al argumento de que lo que ha sido producido socialmente, la   riqueza, debe igualmente ser disfrutado socialmente, llegando así otra vez al tema de la redistribución del ingreso.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A nuestro juicio, lo que hay que considerar en el tema de la propiedad   privada es su causa y esa causa es el trabajo enajenado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En su Primer Manuscrito (1985), Marx señala:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Partiendo de la   Economía Política hemos llegado, ciertamente al concepto del trabajo enajenado   (de la vida enajenada) como resultado del movimiento de la propiedad privada.   Pero el análisis de este concepto muestra que aunque la propiedad privada   aparece como fundamento, como causa del trabajo enajenado, es más bien una   consecuencia del mismo, del mismo modo que los dioses no son originariamente la   causa, sino el efecto de la confusión del entendimiento humano. Esta relación se transforma después en una interacción recíproca.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sólo en   el último punto culminante de su desarrollo descubre la propiedad privada de   nuevo su secreto, es decir, en primer lugar que es el producto del trabajo   enajenado, y en segundo término que es el medio por el cual el trabajo se enajena, la realización de esta enajenación (1985:116)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por eso el comunismo apunta no sólo a la eliminación de la propiedad   privada sino, esencialmente, a la emancipación del trabajo, a   la destrucción del trabajo enajenado, posibilitando con ello la recuperación de   la dimensión social comunitaria   del hombre y del trabajo, a la par que el reencuentro del hombre con la   naturaleza y, en consecuencia, consigo mismo. Marx sintetiza esta emancipación cuando caracteriza al comunismo como una asociación de productores directos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta condición del hombre como productor,   como trabajo libre y asociado, por oposición a la noción de trabajo enajenado,   proporciona así el sustento   material de otra forma de comprender la justicia. Dicho de otro modo, y   en una terminología marxista ortodoxa, en lo sustancial, la justicia no   pertenece al ámbito de la superestructura (no es un fenómeno esencialmente   jurídico, por eso no se centra en la propiedad ni en la distribución del   ingreso) sino de la estructura (son las condiciones de vida materiales, la   forma en que los hombres producen materialmente su vida, las que establecen o niegan la igualdad entre los hombres).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tentativamente entonces podríamos decir que en el marxismo la justicia   seria el acto material de producción no sólo de una igualdad real sino de   imaginarios colectivos que recuperen la dimensión social del sentido de la vida y, por tanto, la visualización y construcción de un sentido de destino común.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>A manera de conclusión</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   reflexión que hemos venido desarrollando acerca de los elementos fundantes de   los movimientos sociales en la Bolivia de los últimos cinco años, así como la   comprensión de la ética anudada en la noción de justicia, nos permite ahora formular algunas reflexiones que nos parecen importantes.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De   principio, podría pensarse la ética como un elemento constitutivo y   configurativo de los movimientos sociales en Bolivia a través de la noción de   justicia. Esto nos permite leer las acciones de estos movimientos como una   exigencia no sólo de ampliación de derechos sino de disputa misma de la   construcción de lo social. En su reflexión, Michael Foucault (1987) señalaba   que era reductivo ver el accionar colectivo como guiado únicamente por   reivindicaciones económicas y que era preciso reconocer la dimensión política de su acción, o lo   que es igual, la gente no sueña sólo con llenar el estómago sino que también   ambiciona el poder. Vinculando esa idea con lo anterior, podríamos decir que la pulsión de justicia en los   movimientos sociales en Bolivia aspira no sólo a destruir un orden de exclusión   (la explotación, la inequidad) sino a construir un nuevo ordenamiento social   -una forma más compleja de entender el poder- sustentado en una igualdad real y social cuya expresión es la forma comunitaria indígena (García, A., 1995).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una segunda reflexión está referida a la forma práctica en que los   movimientos sociales en Bolivia están asumiendo la construcción de una nueva   colectividad nacional. Por oposición a los planteamientos de las oligarquías   cruceña y tarijeña, que vienen impulsando las autonomías desde una perspectiva   de fragmentación social, económica y política del estado nacional, los   movimientos sociales han demostrado nuevamente una visión más compleja al   demandar un destino común a partir tanto del uso y disfrute colectivo de los   recursos naturales como de formas políticas inclusivas de autodeterminación.   Esto necesariamente conduce a una nueva forma de pensar el estado (su sentido, su función) desde formas de empoderamiento indígena.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cabría,   por último, reflexionar acerca de la capacidad de totalización (en el sentido   sartreano) que este empoderamiento indígena viene perfilando a través de sus   formas discursivas y de movilización. Es importante reconocer en ello no sólo   un ideario de que la transformación social, económica y política es posible,   sino de que es éticamente   deseable porque entraña una condición de justicia en el ejercicio de la   libertad. Dicho de otro modo, no basta pensar la transformación desde sus   condiciones de posibilidad (que también), es preciso asumir su condición de   superioridad ética. Esto permite reconocer la importancia que ha tenido en las   últimas elecciones el discurso del «liderazgo moral», propugnado por Evo   Morales pero acuñado previamente en la lucha popular-indígena en las calles, a   la vez que visualizar una nueva construcción del «nosotros» desde parámetros   solidarios, comunitarios y genuinamente fraternos y responsables con el destino común.</font></p>     <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otoño de 2006</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. La llamada &laquo;Guerra del   Agua&raquo; en abril del a&ntilde;o 2000 en Cochabamba, el bloqueo de caminos en el   altiplano pace&ntilde;o y las movilizaciones de maestros y cocaleros en   septiembre-octubre de ese mismo a&ntilde;o; el bloqueo de caminos en el altiplano   pace&ntilde;o el a&ntilde;o 2001; la revuelta de febrero en La Paz y la gigantesca   movilizaci&oacute;n urbana y rural en octubre de 2003; por &uacute;ltimo, la movilizaci&oacute;n   popular urbana en mayo-junio de 2005 que precipit&oacute; la convocatoria a elecciones   generales realizadas finalmente el 18 de diciembre de 2005.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2.&nbsp;Eventualmente luego podr&aacute; tambi&eacute;n encontrar una formulaci&oacute;n   jur&iacute;dica, ese era el sentido que ten&iacute;a originalmente en Arist&oacute;teles, pero su   sentido primario no es &eacute;se.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3.&nbsp;Se est&aacute; evitando   deliberadamente utilizar el t&eacute;rmino &laquo;igual&raquo; para evitar confusiones con la   noci&oacute;n de igualdad formal ante la ley que sustenta el liberalismo. El sentido   que aqu&iacute; se est&aacute; planteando, se expresa muy bien en el vocablo quechua &laquo;masi&raquo;.   Mi &laquo;masi&raquo; significa &laquo;mi par&raquo;, &laquo;mi igual&raquo;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4.&nbsp;N&oacute;tese que no estamos   mencionando la violaci&oacute;n de la norma. La reflexi&oacute;n que hace, por ejemplo,   Durkheim est&aacute; centrada en torno a la violaci&oacute;n de la norma como resultante de   un acuerdo entre todos, de suerte que la sanci&oacute;n opera como una venganza de la   colectividad en contra de quien ha roto el acuerdo y. por tanto, un &aacute;mbito del   &laquo;nosotros&raquo;.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Bibliografía</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Altarejos, Francisco (2002). Dimensión ética de la educación (2<sup>a</sup> ed.) Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065431&pid=S0040-2915200600010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Condarco, Ramiro (1982). Zarate, el temible «Villca». La Paz: Renovación</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065432&pid=S0040-2915200600010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Foucault, Michel (1987). Vigilar y Castigar. México: Siglo XXI</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065433&pid=S0040-2915200600010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> García Linera, Alvaro (1995), Forma Valor y Forma Comunidad. Chonchocoro - Bolivia</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065434&pid=S0040-2915200600010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> García Linera, Alvaro (2005). La lucha por el poder. La Paz: Muela del Diablo</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065435&pid=S0040-2915200600010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Hegel, G.W.F. (1987). La Fenomenología del Espíritu. México: Fondo de Cultura Económica</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Kymlicka, Will (1995). Filosofía política contemporánea. Una introducción. Barcelona: Ariel</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065437&pid=S0040-2915200600010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Marx, Karl (1978). La Guerra Civil en Francia. Pekín: Ediciones Lenguas Extranjeras.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Marx, Karl (1985). Manuscritos Economía y Filosofía. Madrid: Alianza Editorial</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065439&pid=S0040-2915200600010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> McAdam,   D., McCarthy, J. y Zald, M. (1999). Movimientos Sociales: perspectivas comparadas</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Piñón,   F. y Rentería, J. (coords.). (2000). Ética y política: entre tradición y modernidad. México: Universidad Autónoma Metropolitana</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065441&pid=S0040-2915200600010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Rawls, John (1997). Teoría de la Justicia. México: Fondo de Cultura Económica</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065442&pid=S0040-2915200600010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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