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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Sociológicas Mauricio Lefebvre (IDIS) de la Carrera de Sociología]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[AUTODETERMINACIÓN DE LAS MASAS Y DEMOCRACIA REPRESENTATIVA CRISIS ESTATAL Y DEMOCRACIA EN BOLIVIA 2000 - 2006]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">AUTODETERMINACIÓN DE LAS MASAS Y DEMOCRACIA REPRESENTATIVA CRISIS   ESTATAL Y DEMOCRACIA EN BOLIVIA 2000 - 2006</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Jorge Viaña*</font></b></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><i>S&oacute;lo cuando el hombre ha reconocido y organizado sus &laquo;fuerzas propias&raquo;   como fuerzas sociales y cuando, por lo tanto, no separa m&aacute;s de si la fuerza social bajo la forma   de fuerza pol&iacute;tica, s&oacute;lo entonces se lleva   acabo la emancipaci&oacute;n humana</i></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><i>Carlos Marx</i></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Introducción</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El acto de hacer   teoría en un momento tan delicado e importante es la manera en la que uno   «articula su conciencia y pensamiento, rearticula cosas oídas y leídas a modo   de redescribir y reflexionar nuestro mundo y de rearticularse uno mismo»<sup><sup>2</sup></sup>.   Más allá de las «verdades» o de la «ciencia», éste es un acto vital de   autoafirmación y autoconstrucción. En este contexto de vida, en el presente   trabajo se reflexiona sobre las características de la crisis estatal por la que   atraviesa el país y sus posibles desenlaces, crisis estatal que se empieza a   manifestar el año 2000 con la denominada «Guerra del Agua» en Cochabamba,   atraviesa las movilizaciones y luchas casi permanentes entre el 2000 y   mayo-junio del 2005 y cambia de rumbo después del 18 de diciembre del 2005 con   la victoria electoral del MAS y la posterior ocupación del andamiaje estatal por parte de dicho partido.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A lo largo del   texto fundamento desde diversos ángulos la tesis básica de que sólo se podrá   construir un «sistema de representación política» cualitativamente diferente al   actual si se da una transformación completa del Estado, si se re-inventa   instituciones que legitimen estatalmente en el marco de un Estado Plurinacional<sup><sup>3</sup></sup> amplias formas de democracia directa y auto-representación social, si se logra   autonomías territoriales indígenas amplias, y cambios profundos en la propiedad   de los recursos (tierra, gas, biodiversidad, industrias) para ser reapropiados   socialmente. Estos cambios tendrían que retroalimentar la producción de cambios   profundos y sostenibles de las relaciones sociales y de producción provocando   una transformación total de la relación Estado- sociedad (René Zavaleta   llamaría a esto, cambio de Forma Primordial). Sólo a partir de estos cambios se   podrá generar condiciones que, a mediano plazo, constituyan los gérmenes de un   nuevo sistema de representación política no liberal. Este es el camino que   parecería cerrarse debido al proceso de subordinación o aislamiento de los   movimientos sociales que el actual gobierno está poniendo en marcha sobre   ellos, provocando la limitación pragmática del proceso de avance de la   auto-representación y auto-determinación social al proyecto político denominado   «Evísmo»<sup><sup>4</sup></sup>.   Parece que los funcionarios del actual gobierno no pudieron llegar a entender   la importancia de «no separa(r)   más de sí (de las colectividades) la fuerza social bajo la forma de fuerza   política». Ahora, las «fuerzas   propias» auto-organizadas y motor del proceso desde hace siete años,   debido a múltiples causas, pero principalmente al proceso explicado líneas   arriba, se están volviendo fuerza monopolizada y tutelada de y para una sigla   partidaria (MAS), provocando la confusión y desmovilización de los movimientos   sociales como fuerzas autónomas y plurales y cerrando el horizonte de un cambio profundo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Comprendiendo la   importancia de la coyuntura en la que nos movemos, el presente análisis se   basa, fundamentalmente, en los aportes teóricos de René Zavaleta y Luís Tapia.   Del primero hemos retomado las siguientes categorías: i) Momentos   Constitutivos, ii) Forma Primordial, iii) Ecuación Social o Eje Estatal, iv)   Estado Aparente, v) Estado Instrumental y, finalmente, el concepto vi)   Autodeterminación de las Masas. Del segundo, estos otros: i) Composición   Política de la Sociedad, ii) Democracia como Condición Estable Lejos del   Equilibrio, y iii) El Vaciamiento de la Política en un Estado Neoliberal en el   Propio Estado y en la Sociedad Civil. Estas categorías nos permiten plantearnos   el desafío de pensar las condiciones de posibilidad de construir un nuevo sistema de representación política no liberal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El texto está estructurado en ocho acápites. El primero describe y   conceptualiza la crisis estatal. El segundo aborda la democracia y la política   como condiciones lejos del equilibrio, así como las tensiones entre democracia   y gobernabilidad. El tercero explora las condiciones generales que podrían   habilitar un nuevo sistema de representación política; el cuarto y el quinto   explican la importancia de la composición política de la sociedad y del Estado,   a partir de sus momentos constitutivos, para pensar en las condiciones   concretas que posibilitarían un nuevo sistema de representación. El sexto   propone la hipótesis de que sólo bajo el cambio de la «forma primordial» actual   (re-invención de instituciones estatales, cambios profundos de la propiedad y   de las relaciones sociales) se puede avanzar hacia un nuevo sistema de   representación política. El séptimo plantea que en la coyuntura post-electoral   y a nueve meses de la ocupación del andamiaje estatal por parte del MAS, la   contradicción fundamental se da entre tiempos de gobernabilidad estatal vs.   tiempos de emancipación y democratización, en la que poco a poco parecería que   se empiezan a imponer los tiempos de gobernabilidad estatal y por lo tanto,   también, el cierre de la crisis estatal en curso. Finalmente, en el octavo, se   sintetiza la reflexión realizada en los acápites anteriores para plantear que   sólo en la continuidad del proceso de autodeterminación de las masas, como un   fenómeno básicamente anti-estatal, se puede sostener la construcción de una   verdadera democracia que logre objetivar gérmenes institucionales de un nuevo   sistema de representación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>1. Las tres etapas en la crisis estatal</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El conjunto de medidas neoliberales que fueron implementadas sin la   posibilidad de una victoria popular en quince años, terminó en abril de 2000.   La Guerra del Agua fue el punto de partida de una nueva época de luchas   populares, constituyéndose en la primera gran victoria frente al neoliberalismo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta movilización fue muy particular, ya que articuló una estructura   organizativa novedosa, plural y heterogénea, pero muy efectiva. Logró   desarrollar acciones de lucha poco usuales, bosquejando los elementos para un   nuevo paradigma de la acción colectiva, ya que no se quedó en una lucha   «peticionista» frente al Estado, sino que realizó un referéndum en Cochabamba   (en el cual votaron cincuenta mil personas) para decidir, autónomamente, como   sociedad civil, si se expulsaba a la transnacional que se había beneficiado de   la privatización del agua. Este es sólo un ejemplo de una serie de eventos de   lucha basada en la capacidad de realizar acciones de legitimación social con el   efecto de una verdadera revolución simbólica en la gran mayoría de la población, que fue creando una fuerza de movilización imparable.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se unificaron, de   una forma efectiva, las demandas y las luchas del campo y la ciudad y fundaron   como un hecho de masas, como un hecho de lucha, y desde abajo, el horizonte   político en el que hoy, siete años después, nos estamos moviendo. El lunes 11   de abril de 2000, la Guerra del Agua concluyó con una victoria popular   aplastante y un cabildo abierto, con más de cien mil personas, que proclamó la   necesidad de realizar una Asamblea Constituyente para refundar el país sin intermediación partidaria.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Luego del «huracán» de la Guerra del Agua, en septiembre de 2000, tan   sólo seis meses después, se vivió un verdadero levantamiento indígena en la   zona aymara, básicamente articulado alrededor de demandas relacionadas a temas   vinculados al desarrollo en las zonas rurales, como la nueva Ley de tierras y   el rechazo a las medidas neoliberales privatizadoras, pero, sobre todo, se   observa el resurgimiento de la demanda milenaria de acabar con el racismo y el   colonialismo que, además de estar institucionalizado en el Estado, en la   Bolivia de principios del siglo XXI, se convierte en el elemento articulador   más importante de las relaciones sociales. Más de quinientos mil aymaras se   movilizaron en un hecho político sin precedentes, no visto desde los   levantamientos de Zárate Willca en 1899, mostrando cómo, alrededor de la   politización profunda de la identidad étnica, se articulaban las luchas antineoliberales y de descolonización del país.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos dos momentos dieron lugar a la fundación de una nueva época y   fueron el punto de partida de seis años de luchas casi ininterrumpidas que   provocaron, primero, una crisis política de grandes dimensiones, la crisis de   representatividad de los partidos políticos y de algunas instituciones de la   democracia representativa, y luego, una crisis general del Estado que se   manifestó abiertamente a inicios de 2003. Abril y septiembre de 2000 fueron los   momentos más intensos, también, de la tendencia de las zonas aymaras a suprimir   las estructuras del poder estatal. Fue una verdadera respuesta comunal a las   políticas neoliberales y a más de quinientos años de colonialismo y neocolonialismo que vivimos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En abril de 2000   también hubo movilizaciones muy vigorosas en las zonas aymaras, pero no fueron   tan visibles debido a la enorme importancia de lo que ocurría en Cochabamba. El   levantamiento aymara fue la segunda gran movilización que confirmaba,   definitivamente, que nos encontrábamos en una nueva época de rearticulación de   las luchas y de victorias frente al Estado y las políticas neoliberales. En   abril y septiembre también jugaron un papel importante las movilizaciones cocaleras en la zona del Chapare.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La continuidad y   centralidad de lo indígena se vio confirmada en este proceso en la continuidad   de la lucha descolonizadora y antineoliberal del movimiento aymara. El tercer   hecho de lucha más importante fue, una vez más, el nuevo levantamiento indígena   comunitario aymara en junio de 2001, donde se pasó de las acciones de   resistencia a un cuestionamiento abierto al Estado. Se crea el Cuartel General   indígena en Kalachaka, en la entrada de Achacachi, capital y primera sección de   la provincia Omasuyos, que dará lugar a la creación de otros cuarteles generales en toda la zona.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Después de 27 días   de un bloqueo muy radical pero muy aislado y circunscrito a la zona rural   aymara, donde se puede ver a los aymaras en un estado de guerra abierto, se   logra un hecho político significativo que impulsará las luchas a una nueva   situación. Los líderes de los tres movimientos más importantes de ese momento   (Cocaleros, Coordinadora del Agua y Movimiento Aymara) sellan un pacto de   unidad que lamentablemente no durará mucho tiempo, pero que consigue sostener la lucha aymara y empujar las luchas hacia adelante.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El movimiento cocalero, que había jugado un papel importante en la   resistencia al modelo y a las imposiciones extranjeras durante la década de los   '90, pero especialmente en la segunda mitad de los '90, cuando se incrementó la   presión norteamericana por la erradicación forzosa de la hoja de coca,   protagonizó el cuarto hecho de lucha más significativo de este período al   impedir, con un enorme costo de vidas humanas, el cierre del mercado de coca de   Sacaba en enero de 2002. Es por demás evidente que los triunfos parciales o   totales del movimiento siguen intactos y se confirma que seguimos en una época de ascenso de los movimientos sociales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para mediados de 2002, y debido a las elecciones nacionales, los   movimientos sociales fueron incapaces de sostener la alianza que impidió la   represión estatal en la zona aymara, además de crear una gran expectativa de   que nos encaminábamos a preservar y seguir proliferando núcleos organizativos   plurales y diversos orientados a construir un proyecto político de país, único   y viable, sobre la base de las alianzas estratégicas que ya se habían realizado   con mucho éxito en julio de 2001. Múltiples elementos conspiraron contra esta   perspectiva que no se materializó. Sin embargo, el MAS y el MIP, por separado,   lograron teñir el parlamento de presencia indígena y popular de una forma nunca antes vista en la historia de Bolivia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El 2003 será el año más importante en esta etapa, sobre todo porque fue   el año en el que llegó a su punto culminante el proceso de ascenso sostenido de   las victorias sociales con tres grandes luchas de los subalternos y se pasa de la   crisis de representatividad a una abierta crisis de todas las estructuras de dominación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En enero de 2003, se produce la histórica marcha por la sobrevivencia a   la cabeza de la Confederación de Jubilados y Rentistas de Bolivia,   violentamente reprimida por el nuevo gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, y   que electrizó ai país por el grado de agresión desplegado por un gobierno débil   que no lograba percibir que el país ya no era el del primer gobierno de «Goni»,   cuando éste pudo aplicar, impunemente, las recetas neoliberales sin una   resistencia popular efectiva. Este fue el preludio del levantamiento popular   urbano¿de febrero de 2003, a raíz de la aprobación de un impuesto directcr a   los ingresos a personas con salarios menores a mil bolivianas que detonó un   motín policial y el enfrentamiento armado entre el ejército y la policía, las   dos instituciones represivas del Estado. A ello le siguió una movilización   social de sectores urbanos disconformes con la política imperante. Lo más   importante es que en este levantamiento, especialmente localizado en La Paz, la   gente aplicó las mismas lógicas de lucha de los levantamientos indígenas. Así,   una vez identificados los símbolos del poder político, como el Palacio de   Gobierno, la Vicepresidencia, algunos ministerios y la sede de los partidos   políticos, los quemaron y/o los apedrearon. Tal vez lo más significativo de   febrero, y que se profundizará en octubre, es la ausencia de liderazgo   político. Son formas de protesta social ancladas en un profundo proceso de   autoorganización. Un saldo terrible de una treintena de muertos, la mayoría   civiles y policías y algunos militares, fue la manifestación más dolorosa de   que la sociedad boliviana había llegado a un punto de no retorno en la crisis   estatal que continúa hoy. Ese fue el momento de manifestación clara de que la   crisis política se había convertido en una verdadera crisis del conjunto de los   mecanismos de dominación. Es decir, una crisis general del Estado.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La crisis de Estado, antes que nada, es un proceso de disolución de la   correlación de fuerzas que primó desde 1986 al 2000, es el cambio en la   correlación de fuerzas entre las elites y los subalternos, de modo que la   sociedad es capaz de frenar y poner entre paréntesis las prerrogativas y la   «autoridad» estatales. Esta situación llega al extremo en el enfrentamiento   militar, en plena Plaza Murillo, entre la Policía y el Ejército en febrero de   2003, pues no es sino la manifestación de que el conjunto del régimen de   instituciones de este «Estado aparente» (Zavaleta, 1986) se ha fracturado como   un todo. Esto que estamos explicando sólo es posible porque, desde el 2000   hasta el 2003, se dio lo que Zavaleta llama un relevo y sustitución de   creencias colectivas, pues se ha derrumbado el sistema de creencias que impuso el modelo impulsado desde 1986.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hoy, esta crisis   de Estado es todavía más profunda porque los ejes sobre los cuales se sustituyó   las viejas creencias colectivas privatizadoras son la perspectiva de un   autogobierno indígena y popular y la recuperación de los recursos naturales, en   especial el gas y la tierra. Esto cuestiona no sólo el modelo económico y   político implementado desde 1986, sino los cimientos mismos de esta democracia   representativa construida en 180 años de institucionalización del colonialismo   y la opresión de los subalternos, en especial de las mayorías indígenas. La   crisis de Estado cobra enorme magnitud si la vemos desde sus dos aspectos   mutuamente relacionados: la crisis de un sistema de dominación de larga data y   la crisis de un modelo que reforzó y profundizó este sistema que lleva veinte años de duración.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La ceguera del   poder es tan grande que el gobierno, en todo ese año, especialmente entre   agosto y septiembre, mostraba tendencias a profundizar las políticas de amplio   beneficio para las transnacionales con la intención de exportar gas por Chile   en beneficio casi exclusivo de las petroleras. Por eso, en septiembre empieza   una movilización en la zona aymara que es respondida con represión y muerte por   parte del gobierno. Luego, esta movilización comunal indígena se expande a la   ciudad de El Alto donde el gobierno responde asesinando a 67 personas, de   suerte que la movilización se convierte en una insurrección que logra expulsar   al presidente el 17 de octubre de 2003, inaugurando con ello un nuevo escenario   político. Esta insurrección pacífica<sup><sup>4</sup></sup> fue, sin duda alguna, el punto   culminante del proceso de ascenso de los movimientos sociales que se inició en   abril de 2000 y que se convirtió en el punto de partida de la retoma de la   iniciativa estatal. No en vano la gente se conformó con la sucesión constitucional en la Presidencia de la República.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>1.1 El Estado retoma la iniciativa política</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este nuevo periodo se manifestó en todo el proceso que va de fines del   año 2003 a mediados del 2004. El referéndum sobre el gas, realizado en julio de   2004, fue el punto que marcó la retoma de la iniciativa política estatal a   escala nacional. El «traparendum», como lo llamó la gente, no estaba dirigido a   resolver nada respecto al tema de los hidrocarburos, por eso debía ser   denunciado. Sin embargo, los dirigentes de algunos movimientos cometieron   errores tácticos que determinaron que algunos de los dirigentes de la ciudad de   El Alto, después de llamar al boicot abierto, terminaran votando, creando una   época de desconcierto, desmoralización y desorganización de las luchas. En el   proceso de organización y realización del «referéndum», pero sobre todo   posteriormente, el Estado retoma la iniciativa política para neutralizar a los movimientos sociales, dando inicio a una nueva etapa que no duraría mucho.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este nuevo periodo de iniciativa política del Estado, transcurridos   tan sólo unos meses, el gobierno, como regalo de fin de año en el 2004,   incrementó el precio del diesel con la consiguiente subida de los precios de la   canasta familiar. Si los movimientos sociales habían sido incapaces de   desarrollar una táctica de protección entre fines del 2003 y mediados del 2004   de lo avanzado en cuatro años de luchas, para seguir proyectando el avance de   los movimientos y mantener la iniciativa política, ahora cometían un error más   grave aún y mostraban una incapacidad-de retomar la iniciativa política para   defender la economía popular, lo que costó pasar rápidamente a una situación todavía más adversa para los movimientos sociales.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>1.2 La iniciativa política pasa del Estado a la derecha corporativa</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este nuevo escenario y frente a este desafío popular, es la derecha   corporativa (petroleras, terratenientes, etc.), agrupada en el Comité Cívico de   Santa Cruz, la que abandera de forma demagógica la lucha contra el «dieselazo»,   ante la incapacidad de la izquierda y los movimientos sociales. Decimos   demagógica porque, de forma muy inteligente y por primera vez en su historia,   la oligarquía cruceña adquiere fuerza de movilización popular y masiva. Sin   embargo, casi inmediatamente después, se olvida del «dieselazo» y encamina   todos sus esfuerzos hacia un cabildo autonómico que claramente se presentó como   la respuesta política al avance interrumpido de casi media década de los movimientos sociales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En enero de 2005, después del interregno de iniciativa estatal que dura   todo el año 2004, los movimientos sociales no pueden retomar la iniciativa   política y la posta la toma la derecha corporativa logrando un objetivo   político trascendental: colocar a los movimientos sociales en una situación de   relativa adversidad, pese a que la crisis de Estado continuaría. Un síntoma de   esta nueva época es el fracaso en la lucha de la ciudad de El Alto para   expulsar a la empresa transnacional de agua más grande del mundo (en Bolivia se llama Aguas del lllimani) en enero de 2005.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al finalizar la movilización, se dice que se logró el objetivo de   expulsar a la empresa, se realizó una «marcha por la victoria» con decenas de   miles de personas para festejar la expulsión de la misma y, meses después,   tiene que convocarse a una nueva movilización para expulsar a la empresa. No se   había conseguido el objetivo, pero lo peor de todo es que no se comprende ni evalúa debidamente por qué ocurrió.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la población surge una sensación de derrota y de desmoralización y   no se entiende que ya no estamos en la situación de iniciativa política y victorias   contundentes como las del 2000-2003. No hay que olvidar que, después de los 67   muertos de octubre de 2003, recién se logra realizar una gran movilización   nacional casi dos años después, que muestra la dificultad de los movimientos sociales para articular grandes protestas en este nuevo periodo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En ese contexto, llega la última gran movilización por la   nacionalización del gas de mayo de 2005, detonada por la aprobación de la nueva   Ley de Hidrocarburos. La lucha de mayo-junio es una pequeña victoria, en   condiciones de adversidad, de los movimientos sociales. Ella logra que la   consigna de nacionalización del gas se expanda a escala nacional e impide que,   luego de ser expulsados del poder, los partidos conservadores (MIR, MNR)   vuelvan a él. En términos de movilización y proyecto económico fue más grande e   importante que la insurrección de octubre pero queda -sobre todo en El Alto-   una sensación de derrota.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este   estado de ánimo es fundamental porque nos habla de lo que nosotros consideramos   como un nuevo periodo en estos seis años de lucha. El movimiento social acabó   pagando caro los errores que cometió, pero además los sectores conservadores   fueron capaces de sostener un gobierno, el de Carlos Mesa, que retomó la iniciativa política para pasarla luego a manos de las oligarquías cruceñas</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Debido   a estos factores, la correlación de fuerzas y la dinámica institucional   llevaron al país a la coyuntura electoral como mejor mecanismo para debilitar y   fragmentar a los movimientos sociales, logrando lo que hasta hoy no han podido   hacer los sectores conservadores: recomponer la institucionalidad estatal y los mecanismos de dominación.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>2. Democracia y vida política como condición lejos del equilibrio</b></font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Cuadro sintético de los hitos centrales en las tres etapas</b></font></p> <table width="700" border=1 align="center" cellpadding=5 cellspacing=0 bordercolor="#000000">   <tr>     <td valign=top>    <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Primera etapa</font></p>             <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Abril de           2000 Septiembre de 2000 Junio de 2001 Enero de 2002 Junio de 2002 Enero de     2003 Febrero de 2003 Octubre de 2003</font></p></td>     <td valign=top>    <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De iniciativa pol&iacute;tica nacional de los movimientos       sociales</font></p>             <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Guerra del Agua</font></p>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Levantamiento aymara</font></p>           <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Levantamiento aymara</font></p>           <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Guerra de la coca en Sacaba</font></p>           <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Marcha de la CPESC</font></p>           <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Marcha por la sobrevivencia</font></p>           <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Levantamiento urbano contra el impuestazo</font></p>         <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Insurrecci&oacute;n en El Alto</font></p></td>   </tr>   <tr>     <td valign=top>    <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Segunda etapa:</font></p>         <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Julio de 2004</font></p></td>     <td valign=top>    <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De iniciativa pol&iacute;tica nacional del Estado Refer&eacute;ndum sobre el gas</font></p></td>   </tr>   <tr>     <td valign=top>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tercera etapa:</font></p>         <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Diciembre de 2004 Epero de 2005 Enero de 2005 Junio de 2005</font></p></td>     <td valign=top>    <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De iniciativa pol&iacute;tica nacional de las estructuras       corporativas conservadoras (Comit&eacute; C&iacute;vico Cruce&ntilde;o, Transnacionales       petroleras)</font></p>             <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&laquo;Dieselazo&raquo; de Mesa Cabildo auton&oacute;mico Guerra del     Agua en El Alto Movilizaci&oacute;n nacional por el gas</font></p></td>   </tr> </table>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como plantea Luís   Tapia (2002), el hecho mismo de la invención de la democracia y su construcción   y, por lo tanto, de sus reinvenciones y formas de renacer, se dan en lo que   denomina las mareas altas de la política en condiciones lejos del equilibrio,   que producen su ampliación, también desequilibrios en los sistemas políticos e   incluso el colapso de la configuración política previa. «Las democracias nacen y renacen lejos de la condición de equilibrio» (Tapia, 2002).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hoy, lo   trascendental es dar toda la importancia a las consecuencias que ocasionaría el   debilitamiento de los procesos de democratización y reconstrucción de una   visión diferente de la democracia y la vida en común vividos en los últimos   años, debido a que los grandes cambios, en la forma primordial y la ecuación   social, no se han realizado todavía y la pura acción estatal no logra materializar, o peor aun no tener ni siquiera la voluntad política de hacerlo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los compromisos   por la estabilidad del sistema político no son momentos democráticos, son la   atenuación de lo democrático. Hoy no se necesita atenuar el auge de   democratización en los movimientos sociales, todo lo contrario, más bien se   necesita profundizar la democratización en un proceso de aprendizaje que se encuentra lejos del equilibrio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estas mareas altas de las que habla Tapia, implican una metáfora   fundamental: atreverse a nadar en ellas. «En ellas» quiere decir que se las   respeta y no se intenta bajar las mareas de democratización. Es necesario   continuar innovando democratizaciones múltiples sobre la base de las   estructuras de rebelión de las masas, porque actuar políticamente para el   equilibrio casi siempre significa decidir el cierre de nuevas   democratizaciones. La virtud de un gobierno de una democracia de nuevo tipo, o   que se precie de ser la encarnación de lo nacional-popular, consiste en dirigir   el movimiento sin cooptarlo ni subordinarlo, justamente respetando las mareas   altas de la democratización que estas colectividades plurales de sujetos   colectivos que se desean plurales y no sometidos a la unidad centralizada de   ningún tipo imponen. Una democracia que cierra las democratizaciones tiende a   permanecer como un Estado autoritario, es decir, una forma del capital, ya que   para lograr equilibrio «la receta consiste en reducir democracia y restaurar autoridad» (Tapia, 2002), con el argumento de la gobernabilidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La gobernabilidad se consigue llevando el gobierno lejos de la   democracia. La ¡dea de gobernabilidad consiste en instaurar y reinstaurar   equilibrios. Este es el certificado de defunción de la verdadera democracia, ya que más gobernabilidad significa menos democracia y viceversa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Quienes priorizan la gobernabilidad prefieren espacios políticos,   instituciones, procedimientos y procesos con participación reducida y limitada   de la sociedad. Por esta razón, el actual gobierno no puede entrar en un   proceso de enfriamiento de la democracia, ya que los últimos seis años fueron   procesos muy intensos de democratización que todavía no han concluido y no   pueden concluir en aras de una gobernabilidad que no transforme las estructuras políticas y de propiedad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>3. Estado y democracia representativa</b></font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3.1. El Estado como una forma de la vida social</font></b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Estado es una   forma de la vida social, un concepto que sintetiza en el pensamiento un proceso   relacional entre seres humanos, como lo plantea la «escuela derivacionista»<sup>5</sup>.   El Estado no es una cosa aunque tiene una objetivación cósica. La clave de esta   forma cosificada que aparece autonomizada de la sociedad se encuentra en el   hecho de que la forma Estado «reposa en el núcleo dinámico del capital» (Roux,   2005). El Estado es la manera operativa de viabilizary reproducirá escala   ampliada las relaciones de dominación y la subsunción del trabajo vivo por   parte de los que tienen el monopolio del poder económico, político, cultural y   simbólico de la sociedad, proceso que tiene la peculiaridad de realizarse   ocultándose. El Estado es la forma en la que las relaciones sociales   capitalistas se objetivan en instituciones, prácticas y estructuras cognitivas y simbólicas de la sociedad, reforzándolas y reproduciéndolas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Estado es una forma de la vida social que aparece como si fuera una   cosa o un poder externo a la sociedad<sup><sup>5</sup></sup>. Más que hacer un debate teórico   profundo es importante tener claro un concepto tan decisivo para el análisis como percibir al Estado como una forma del capital.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El capitalismo en su fase actual tiende a hacerse menos societario y   más estatal, tema clave en la actual coyuntura política de triunfo electoral   del MAS, de pretendida transformación del Estado. El requisito del Estado es la   producción de sustancia y materia estatal, es decir, de sustancia social   estatalizada en la medida en que ella produce resultados de poder, que es lo   que busca todo partido político. Se podría decir que todo lo que pasa por las   manos del Estado se convierte en materia estatal. Si a los llamados movimientos   sociales se los va a convertir en materia estatal, se impulsará la permanencia de las relaciones del capital.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como se señaló   anteriormente, el Estado es la síntesis de la sociedad, el resultado político,   su consecuencia revelada, pero en términos más específicos, ¿qué tipo de Estado   tenemos? El Estado puede ser más instrumental, más burocrático- hegeliano o más   popular estructural (Zavaleta, 1990 y 1986). El Estado boliviano es   instrumental por excelencia y la clase dominante y el Estado son lo mismo. La   prueba más grande es la forma como hemos vivido los últimos 20 años la relación   Estado-sociedad, donde no existen mensajes reales ni intercambio entre el   conjunto de la sociedad civil y el Estado. La no existencia o consolidación de   la supeditación real del trabajo al capital o, en términos más sencillos, el   hecho que el capitalismo no tenga la profundidad y extensión en su forma   clásica y desarrollada determina que el Estado en Bolivia sea instrumental por   antonomasia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es indudable que,   como todos sabemos, un tipo de Estado instrumental como el boliviano tiene como   función fundamental ser una forma extra-económica profunda de la acumulación   económica (Zavaleta, 1986: 203-205). El elemento general en el que se   desarrolló este Estado instrumental es el de un «Estado aparente» (Zavaleta, 1986)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estado   aparente es aquel que no se ha consolidado como Estado, por eso se invaden   mutuamente sociedad civil y Estado, se interpretan con celo extremo y el juego   de las mediaciones es perverso. El MAS no puede volverse el «mediador» de un   Estado instrumental y aparente, debe ser el canal secundario y modesto de su   derrumbamiento definitivo desde sus cimientos para el avance de un proceso de   autodeterminación de las masas y los pueblos originarios por medio de una   reinvención de formas institucionales que, al menos en algunos elementos centrales, vayan mas allá de la forma estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">He ahí el gran   peligro de que el gobierno del MAS, más allá de sus buenas intenciones y   discursos encendidos, derive en un tipo modificado de forma de gobierno que   lleve adelante una «desorganización sistemática de la autonomía de la sociedad   civil y su reorganización corporativa en formas prebendales o distribucionistas   que se subordinan siempre a la lógica central de legitimación» (Zavaleta, 1986:   202-203). Esta sería la culminación de la recomposición estatal iniciada en la   segunda fase de la crisis, ya descrita en el primer acápite, y abriría un   «ciclo largo de Estado» sobre la sociedad que fortalecería el Estado   instrumental y aparente salvándolo de su crisis estructural actual sin   cambiarlo. Si la subordinación de los movimientos sociales que mencionamos en la introducción continúa, no habrá otra salida a la actual crisis de estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Debe democratizarse   el núcleo duro del Estado así como descolonizarlo. Sin embargo, esto no lo   conseguiremos sin acción colectiva desde la sociedad como autodeterminación.   Este es el proceso de aprendizaje que debemos vivir los próximos años en la   definición de democracia como condición estable lejos del equilibrio, sin   reducir la democracia a simple gobernabilidad<sup><sup>6</sup></sup>. No podemos permitir la cooptación ni   subordinación a ningún gobierno, y menos al estado, de ningún movimiento   social, ni el aislamiento de los movimientos sociales más avanzados y contestatarios.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La autonomía y la autodeterminación son los pilares centrales de la   constitución de los núcleos democratizadores que siempre estarán fuera del   Estado, peor aún en la realidad de un Estado aparente e instrumental como el   boliviano. El grado de autonomía societal frente al estado en la construcción   de una nueva hegemonía política partidaria del MAS es vital para el proyecto en marcha.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Retomando a   Zavaleta, afirmamos que un pueblo que se contenta con construir su unidad como   una dádiva del Estado es un pueblo que no ha sido capaz de sí mismo (Zavaleta,   1986). La gran esperanza con la actual crisis estatal en marcha es que arribe a   un proceso mas profundo de autodeterminación por su propia fuerza societal, de   modo que los funcionarios estatales logren ser sólo una especie de soporte y   barrera de contención contra las fuerzas conservadoras. Es decir, un pueblo que   es «capaz de sí mismo» y no de contentarse con recibir la unidad desde el Estado que operará para fines perversos y conservadores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un sindicato o un soviet, como dice Zavaleta retomando a Gramsci y en   debate abierto con Althuser<sup><sup>7</sup></sup>, son sólo «unidades organizativas»   (Zavaleta, 1986:92) que actúan como mediaciones o que se hacen órganos   estatales y, en esa lógica estatal es una cuestión que depende de la   generalidad de lo que los determina, esto es, de la lucha de clases. Este   debate es ilustrativo para plantearnos los contenidos de la representación y   las tareas que implican y no sólo sus formas. La hipótesis que se plantea es   que para que exista en Bolivia un óptimo social (Zavaleta), el Estado debe   re-politizarse, entendida esta re-politización como el proceso de adopción de   lógicas y dinámicas societales. Las mediaciones deben viabilizar y catalizar   este proceso sin ser un factor fundamental ni decisivo. Este es un tema decisivo   y crucial ya que el peligro mayor radica en que se vuelva a construir el   protagonismo de las mediaciones esencialmente iguales a los de los últimos 20   años, sólo que esta vez bajo otra sigla (MAS u otras que surjan). La sociedad y   los movimientos sociales tienen que mantener su autonomía, su capacidad de   propuesta, su organización y movilización frente a un Estado ajeno, por mucho que hoy éste esté «ocupado» por compañeros.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   disponibilidad para la sustitución de creencias colectivas, que es el momento   originario del Estado, plantea la necesidad de pensar que este proceso remata   en una consecuencia dual (Zavaleta, 1986). Por un lado, la consecuencia   conservadora que consiste en creer que solamente la riqueza crea poder, noción   vertical y elitista, típica de la lógica de la izquierda estatista y que puede   derivar en pactos con grupos dominantes u oligárquicos y ser economicista en la   gestión gubernamental. La otra visión de lo que genera poder es «la   disponibilidad generada por los actos del pueblo como voluntad de masas hacia   la transformación es un acto revolucionario» (Zavaleta, 1986:43). Estas dos   formas de generación de poder son dos concepciones diferentes y opuestas de democracia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este   camino de construcción de poder desde abajo y expandiendo la democracia lleva a   construir estructuras de autodeterminación social aunque no estén determinadas   de antemano sus relaciones con el Estado que, aunque hoy sean sólo estructuras   de rebelión,<sup><sup>8</sup></sup> deben ser impulsadas y preservadas y no subordinadas por el gobierno, que dice   ser su portavoz. Lo inverso es que surjan, sean cooptadas, subordinadas o   tuteladas desde el Estado. No se puede reforzar la inferioridad de las masas y   de los movimientos sociales frente al Estado a nombre de estar en el Estado.   Este es el pecado original que está cometiendo el gobierno del MAS, ya que ello   sería como abdicar de cambiarlo, dado que no cambiara por dentro y por sí mismo jamás (Lenin, 1986).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>3.2. Los sinsabores de la democracia representativa</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los dos ciclos estatales del siglo XX deben ser estudiados como   resultado de levantamientos indígenas y revoluciones. Recién en el segundo   ciclo estatal aparecen las estructuras de mediación en el sentido moderno, las   históricas y bien arraigadas formas de «mediación prebendal» (Zavaleta, 1986:12).   En el siglo XX, Bolivia conoció tres periodos de estabilidad civil democrática   representativa: 1899 a 1934, 1946 a 1964 y 1982 al 2006 y dos ciclos de dictaduras militares: 1934 a 1946 y 1964 a 1982.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En ei periodo de democracia formal representativa señorial y   abiertamente racista, resultado de la derrota de Zárate Willca del primer   ciclo, habría que preguntarse porqué la legitimación era suficiente pese a que   se promovía una escasísima proporción de democratización electoral (Zavaleta,   1986). En el segundo ciclo sucede lo inverso, se produce un ámbito de   legitimación mucho mas extenso y, a pesar de ello, ni aún la universalización   del voto, bastó como elemento legitimador (Zavaleta, 1986). Aquí es donde   debemos buscar las explicaciones de las tendencias del ciclo de democracia   representativa que vivimos hoy, ya que corresponde al mismo ciclo estatal modificado en 1986.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La respuesta a la pregunta tiene que ver con «la percepción de las   masas» (Zavaleta, 1986), o la «historia de la perspectiva de la masa», ya que   aunque se realiza transformaciones aparentemente profundas en la democracia   representativa como la participación popular, la creación de las   circunscripciones uninominales, la desmonopolización de la representación,   etc., la realidad demostró que la gran mayoría de la población no se conformaría con estas reformas y simulacros de modernización.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ya desde fines de los '70, Zavaleta planteó claramente que «sería   ilusorio y sin remedio sostener que existe una tradición democrática (en el   sentido representativo) entre las masas bolivianas. Todo lo contrario, esto   aquí sólo produce sino</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">sospechas»   (1986:36).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La conciencia colectiva   en el período que se analiza fue mas allá, se dirigió hacia formas de   democracia directa, hacia las formas de auto representación que tanto irritan a   los liberales y a los funcionarios de los partidos que viven de mantener la   ilusión de la representación cuando en realidad lo liberal es la usurpación de   la soberanía colectiva a nombre de «representar». Este formidable proceso de   avance de la democracia no puede retroceder hoy hacia formas liberales y   enajenantes, el proceso debe encontrar una forma de expresión en el Estado.   Autonomías indígenas amplias, Estado plurinacional con reconocimiento de   derechos colectivos y descolonización profunda del Estado, reapropiación social de los recursos naturales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hoy, el peligro   para el proceso de democratización está en la persistente capacidad de   rearticulación liberal señorial de la democracia representativa. Hoy, el país   se mueve en medio de un agravante aún mayor, ya que puede volver a surgir el «pathos estatal» en los   militares (Zavaleta, 1986),   pathos estatal que también está surgiendo en los antiguos militantes y   activistas de la izquierda, muchos de los cuales ya están hoy en funciones de gobierno.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>4. Condiciones de posibilidad de un nuevo sistema de representación</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El eje del análisis de los rumbos que puede tomar la actual crisis de   Estado y las condiciones de posibilidad del surgimiento de un nuevo sistema de   representación política se centran en tres categorías recíprocamente   dependientes que Zavaleta trabajó a lo largo de toda su producción académica: forma primordial, eje estatal y momentos constitutivos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La forma   primordial es básicamente la articulación interna y específica de la sociedad   como totalidad, la articulación de las clases sociales, las estructuras   políticas, económicas e ideológicas. Se constituye una forma primordial pensada   como la estructuración de la historia misma por los hechos políticos que marcan   por un gran periodo la historia, lo que Zavaleta denomina momento constitutivo   y fundante de una época, de la configuración de una forma primordial específica, que se constituye para un largo periodo de tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La forma de   articulación entre el Estado y la sociedad civil explica la forma primordial   que Zavaleta llama eje estatal o ecuación social. En última instancia, la forma   primordial es una forma de pensar la relación compleja entre base y   superestructura de una sociedad, a partir del tipo de articulación entre sociedad civil y Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El punto de   partida de un nuevo eje estatal que configure una nueva forma primordial es un   momento constitutivo profundo y fundante de una nueva relación sociedad   civil-Estado. Los hechos del 2000 al 2006 serán analizados como momentos   constitutivos para rastrear las posibilidades y límites de la configuración de una nueva forma primordial con un nuevo eje estatal o ecuación social.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>4.1. Composición política de la sociedad, composición interna del Estado y mediaciones</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Luís Tapia (2002) aplica de una manera particular los conceptos de eje   estatal o ecuación social de Zavaleta mediante la categoría de composición   política de la sociedad, entendida como la relación entre organización y   práctica de la política en el Estado y la política fuera del Estado. Tapia   construye esta categoría a partir de la idea de composición política de la   clase (Negri, 1979), porque ello permite volver inteligible la historia de la   organización social y política de la clase, el grado de desarrollo de   conciencia y proyecto político y las experiencias colectivas en la lucha de clases. Veamos como lo explica</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Zavaleta y luego retomaremos las reflexiones sobre la composición política de la sociedad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>4.2. Ecuación social o eje estatal</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Retomando a   Gramsci, Zavaleta propone la categoría de ecuación Social o sistema Político   para quien una de las acepciones de la constitución de un tipo de ecuación   social es la de la construcción del bloque histórico, es decir, que la ecuación   social o eje estatal muestra el grado en el que las sociedades existen hacia el   Estado y viceversa, así como las formas de su separación y extrañamiento mutuo.   En BolMa existe casi permanentemente una superioridad abrumadora de lo societal   frente a la materia estatal y estatalizada, por eso la tendencia a la insubordinación y la autoorganización es tan grande.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hay ecuaciones en   las que las sociedades son más robustas y activas que el Estado, y otras en las   que el Estado domina y es más fuerte que la sociedad. Esta relación siempre es   dinámica y en ciertos periodos predomina alguno de los dos. Existen periodos de   conformidad y ajuste entre Estado y sociedad. En esta medida, lo que importa es   la línea de la mediación, que puede estar en o cerca del Estado, o en la sociedad misma.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Zavaleta entiende la ecuación social como el modo de entrecruzamiento   entre la sociedad civil, las mediaciones y el momento político estatal. Las   sociedades pueden tener una constitución con mayor o menor concurrencia de lo   estatal. En Bolivia vemos que las «series causales» o «líneas de agregación» en   su vitalidad y autoconstrucción profunda vienen de la sociedad y el Estado se   resiste a constituirse bajo el mando de esta manera de constitución. Queremos   insistir aquí en que esto crea un caldo de cultivo propicio para potenciar las tendencias de autodeterminación y de autogobierno colectivo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este es el gran   problema de un país como Bolivia que, si ha de tener un Estado del tipo que   fuera, debe ser un Estado más como la sociedad y no pretender que la sociedad   se estatalice. Porque, si la teoría del Estado es algo, es la «historia de cada Estado» (Zavaleta: 1983)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos son insumos teóricos que sirven para visualizar el carácter   cambiante de las relaciones de poder al interior de la sociedad civil y del   Estado, pero, además, como la una produce al otra; finalmente, nos ayuda a   comprender la composición interna de ambos polos de la relación. En suma, nos   muestra la relación del desarrollo de la política estatal y la política no estatal en mutua correlación y codeterminación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El eje central   -retomando la idea de la composición política de la sociedad- está anclado en   la idea de politización vs. despolitización o neutralización de lo societal, a   partir del criterio de que la representación general, como mecanismo político   intelectual, es el monopolio más grande de las decisiones políticas. Esto es   una paradoja ya que mientras más general es el reconocimiento político dé los   individuos, hay una mayor concentración de la política. Este es el liberalismo enajenador de la soberanía colectiva, qué también penetra al actual gobierno.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La representación general es el mecanismo de la inclusión concentrando   la política cada vez más. La aspiración de los estados modernos es cero   política en la llamada sociedad civil, es decir, toda la política dentro del   Estado. Esta es la principal característica de la construcción de las   formaciones aparentes que permite componer el núcleo estatal más denso e   instrumental. Si el MAS se arroga la representación general de la pluralidad y   la heterogeneidad de los movimientos sociales estaría concentrando la política cada vez más y usurpando la soberanía colectiva.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la composición política de la sociedad hay una tendencia al   incremento de las mediaciones políticas, a la persistencia endémica de la lógica   prebendal o de subordinación a los que detentan el poder del estado. Así es   como se da el crecimiento paralelo de la importancia de las lógicas   autoritarias para responder al crecimiento de la política en la sociedad civil.   Esta dinámica que refuerza las lógicas autoritarias de los funcionarios   estatales no significa la politización del Estado, sino la expansión e   inflación de las mediaciones prebendales o las relaciones de subordinación sin   proyecto societal ni estatal. Aquí es donde pesan, con mayor fuerza, los rasgos   instrumentales de un Estado como el boliviano, por eso es tan grave que se esté   subordinando a los movimientos sociales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sabemos que la   organización corporativa de los dos polos del capitalismo son el núcleo y el   esquema básico de la composición política de la sociedad, en el cual los tres   componentes -Estado, sociedad civil y mediaciones políticas- tienden a   complejizarse. La democracia corporativa introduce más democracia dentro del   Estado, aunque la reduzca al nivel de las mediaciones, por ejemplo, el   debilitamiento del Parlamento, que es lo que hemos vivido los últimos años. La   democracia corporativa es contradictoria con la democracia instrumental que   prioriza las mediaciones prebendales. La perspectiva de autodeterminación de   las masas tiende a reducir al máximo las mediaciones lo cual atenta contra la   construcción de un aparato segmentado y vertical de control de la sociedad que parece estar construyendo el MAS.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un   elemento central en la composición política de la sociedad civil es el   predominio de partidos de las elites asociadas para el reparto de los cargos   estatales y lógicas prebendales de la política. Esto reduce la densidad e   importancia de la política en la sociedad civil pero también reduce la amplitud   y densidad de la política en el Estado (Tapia), aunque aparece como lo   contrario y acrecienta el peso y la importancia del nivel de las mediaciones.   Esto sucede porque el Estado, como ya señalamos, es fundamentalmente una «forma   de la vida social» y, por ende, los partidos hacen aparecer el vaciamiento   político del Estado como incremento de la política estatal, pues no pueden   aparecer beneficiándose como sector sin mostrar como que fuera un beneficio   para todos. Este es el mito más importante que encubre las profundas intenciones   de las famosas reformas estructurales, esto es, el vaciamiento de la política   en los polos Estado y sociedad civil al mismo tiempo que crece la importancia de los mediadores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El peor error político sería forzar, una vez más, la reconcentración de   la política en un nuevo sistema de partidos (MAS, PODEMOS, UN), desorganizando   o disolviendo la política fuera del Estado. Esto es lo que parece haber   conseguido el MAS con la Constituyente, al convertirla en una réplica absoluta   del parlamento. Constituida sin que pueda haber realmente la presencia autónoma   de los movimientos sociales, y en medio de una confrontación partidaria bipolar.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al reducir el   grado de acción autónoma y de auto representación política fuera del Estado se   estarían reproduciendo las viejas prácticas políticas de construcción de un   tipo de despolitización de la sociedad y, por lo tanto, de monopolización de   las decisiones públicas en beneficio de una estrecha construcción partidaria,   olvidando que la modificación de la composición política de la sociedad fue lo   que abrió la posibilidad actual de una repolitización del Estado y desmoronó la   estructura de mediación prebendal que pugna por revivir y que es de donde salió el actual gobierno y el MAS.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El MAS tiene que estar consciente de que si no hay amplia posibilidad   de prácticas auto - determinativas de los diferentes sectores y movimientos   sociales, que mantengan la actual composición política de la sociedad, como eje   central de la política mas allá de su sigla y sus ambiciones partidarias, terminará favoreciendo la dominación y la perpetuará.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No es que en los últimos veinte años la relación hubiera sido de mucha   densidad política en el Estado y poca en la sociedad, lo que sucedió fue que se   redujo en los dos polos la densidad política. Es decir, tanto Estado como   sociedad no hacían política, porque a ambos los desmantelaron en sus   prerrogativas de intervención y decisión pública. El complemento de este   proceso fue el incremento de la densidad «política» en los niveles intermedios   de «mediación» como canales casi directos de los intereses del capital, en   especial extranjero. Pero la solución no es recomponer las prerrogativas políticas de este estado caduco.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   sistema de partidos políticos no es más que la defensa y preservación de   intereses personales y de grupo que necesariamente tienen que aparecer como su   contrario. Por eso el país vivió un desfalco tan vergonzoso. La vida «política»   del Estado que ya no tiene nada de política, se vuelve un mundo del simulacro y   vaciamiento de la política a través de la réplica de puro procesos mercantiles básicamente dirigidos por los grandes intereses del capital.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>5. Momentos constitutivos de relevo de las creencias y lealtades</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es   indudable que, desde abril de 2000, estamos viviendo un cambio de época. Sin   embargo, ¿cuán profundo es el cambio de época? ¿Nos llevará a modelar una nueva   forma primordial con un nuevo eje estatal? Éstas son las preguntas   fundamentales para poder pensar las tendencias y lineamientos de un nuevo o no   tan nuevo sistema de representación en el país. En última instancia, depende de   la forma en la que se resuelva la crisis estatal, ya sea que se recomponga el   viejo eje estatal bajo una forma renovada y aparentemente cambiada aunque con   la misma forma primordial, o que se pase a otra forma primordial y, por lo tanto, a una nueva forma de relación sociedad civil-Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si   bien es evidente que desde abril de 2000 hay claramente una disponibilidad   social muy grande, resultado de una sustitución ideológica, una especie de   revolución simbólica y cognitiva, es probable que sea el origen y punto de   partida de una «larga duración». Por ello, la gran pregunta es si en estos seis   años hemos vivido en algún momento una gran determinación, el nacimiento de un   destino a largo plazo, un momento constitutivo profundo -como diría Zavaleta-,   que nos permita decir que se ha instaurado un nuevo programa de sociedad que ya   se ha convertido en una «cárcel de tiempo histórico». ¿Se ha constituido y   consolidado ya un subconsciente colectivo que nos permita decir que estamos   viviendo determinados estructuralmente y de forma muy fuerte y profunda por   algún hecho fundante y constitutivo para las próximas décadas como en la revolución   de 1952? ¿Ya estamos, para bien o para mal, determinados por las grandes   creaciones de las masas de estos últimos seis años? Primero profundicemos un poco más la idea de momento constitutivo para luego sacar algunas conclusiones.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>5.1. Momento constitutivo</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El momento constitutivo explica de dónde viene el modo de ser de las   cosas, las razones originarias, ya que existe un momento en que las cosas   comienzan a ser lo que son. Este es un momento constitutivo ancestral como, por   ejemplo, la relación integral entre ser humano-naturaleza para hacer posible el   hábitat en los Andes, o la conquista de los pueblos originarios es un momento   constitutivo para el mundo señorial; ambos son a la vez momentos constitutivos clásicos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otros son momentos constitutivos de la nación y también momentos   constitutivos del Estado o, si se prefiere, de la forma de la dominación   actual. La acumulación originaria es el típico momento constitutivo estatal. Todo momento constitutivo varía en profundidad y extensión.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para los momentos constitutivos profundos y sociales, una cosa es que   los hombres y las mujeres rompan con su propio impulso colectivo las formas de   dominación actuales y otra que las reciban del Estado, tal como Zavaleta lo   expresa: «/a exogenidad de la libertad   produce sólo libertad formal». Por esto, la actual coyuntura política no debe llevarnos a una ficticia y exógena libertad formal estatalizante.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los últimos seis años, como ya mostramos anteriormente, fueron de   referencia absolutamente societal porque los movimientos sociales comprendían la función y papel del Estado que hoy no ha cambiado nada o casi nada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los momentos constitutivos son procesos de «implantación hegemónica»,   es decir, la creación de un tipo de inter subjetividades. Hoy, después de seis   años de luchas y crisis estatal, se ha abierto un periodo de sustitución   ideológica que por su importancia y profundidad se encamina a un momento   constitutivo más profundo con referencia societal. En este momento, el objetivo   más importante es viabilizar y catalizar este proceso y no detenerlo y   entramparlo en una simple administración del Estado, ya que la sociedad y, en especial,   el mundo indígena, hoy por hoy, y esperemos que mañana, también muestran una   superioridad escondida, pero extraordinaria sobre este Estado político   aparente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En relación a la   discusión sobre los procesos de revolucionarización de la sociedad, la llamada   autonomía relativa del Estado es un arma de doble filo. En Chile, los   comunistas llegaron dos veces al poder en cincuenta años, debe ser el caso de   autonomía relativa del Estado más «desarrollado»; sin embargo, ese proceso   condujo a lo que Chile fue y es hoy, una sociedad modelada por momentos   constitutivos profundamente reaccionarios y autoritarios, como la guerra de   exterminio de los Araucanos o el golpe militar de 1973, uno de los más cruentos   de América. Es una sociedad que se modeló alrededor de las lógicas militares.   Pinochet es el arquetipo idealizado de una buena mitad de la sociedad chilena.   Lo que está claro es que debemos emprender la subversión revolucionaria del   Estado y no la mediatización y entrampamiento de la sociedad en este Estado vergonzosamente   instrumental y aparente, menos en nombre de una supuesta «autonomía relativa» del Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como dice   Zavaleta respecto a la revolución mexicana, «la falsa inferioridad de la   sociedad dio lugar a la restitución de su validez en una forma cataclísmica que   fue la revolución mexicana» (Zavaleta, 1986:202). Este es el proceso que   vivimos hoy, debemos seguir en la restitución de la validez de la sociedad frente a este Estado político aparente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No olvidemos la   razón fundamental por la cual Zavaleta considera que el Estado mexicano   adquirió una nueva superioridad frente a la sociedad después de la revolución   mexicana, que hoy podría fácilmente pasar en Bolivia y sin haber tenido   siquiera una revolución: «se funda en la   desorganización sistemática de la «autonomía» de la sociedad civil y su   reorganización corporativa en formas prebendales o distribucionístas que se   subordinan siempre a la lógica central de legitimación, la despolitización de   las masas» (Zavaleta, 1986:202-203).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El tono ideológico y las formas de dominación del Estado (1986:10), en   el momento de su constitución son, en síntesis, los momentos constitutivos   estatales. Lo más relevante es constatar que, como dice Zavaleta, los sujetos   clasistas al reproducir las condiciones de su actuación en aquel momento   crucial reformulan los patrones ideológicos y rehacen o recrean el   «temperamento» de una sociedad. Esta es una manera de generar procesos de   complementación y de reajustes de las estructuras de la sociedad y del carácter   del poder estatal, tratando de rehacerse y de autodeterminarse. Todo esto, tal   como lo muestran las luchas de los últimos años, podemos afirmar con Zavaleta   «aquí no fue posible hacerlo por vía de la democracia representativa» (1986:11).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sostengo que si   la sociedad no tiene la capacidad de control y presión social, desde sus   estructuras de rebelión, sobre el actual gobierno, más allá de medidas   secundarias, la democracia representativa seguirá sin tener la capacidad de   realizar cambios profundos en las estructuras estatales y en las estructuras de propiedad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La Guerra del Pacífico, la perdida territorial más importante para el   país, fue vivida como un hecho puramente estatal (al menos en su primer   momento), es decir, sólo como un asunto de Estado (Zavaleta, 1986), o sea, como   algo que ganó o perdió la clase dominante. Esto es lo que debemos comprender   hoy: que lo que gane o pierda el gobierno actual no lo ganará o perderá solo el   gobierno, porque no es sólo un problema estatal, no es ni siquiera   fundamentalmente un problema estatal, sino un problema de toda la sociedad. Debemos   sostener este gobierno pero para invertir la relación de subordinación, los   funcionarios deben estar subordinados a las deliberaciones y espacios colectivos de deliberación de los movimientos sociales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hasta   hoy, lo característico del «espíritu del Estado», en sus momentos constitutivos   en Bolivia y su forma más general, es la forma gamonal del Estado (Ibid.),   incluso diríamos hoy más que nunca bajo la forma de eufemismos. Por eso no es   posible usarlo óptimamente, de forma inmediata, como mecanismo de   descolonización y democratización, aunque exista buena voluntad al respecto.   Es, como dirían algunos compañeros, «meterse en un cascarón ajeno». Por mucho   que el MAS esté en el gobierno, es incuestionable que si quiere avanzar no debe   de tener miedo a destruir las bases y fundamentos profundos del estado. De otro modo, el gobierno será sostén de izquierda de la gobernabilidad neoliberal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La unificación de   la clase dominante o su división es siempre un dato decisivo respecto a la   evaluación estatal y sus mediaciones. La continuidad del proceso de   democratización, que vivimos desde hace seis años, depende, en gran medida, de   que el actual gobierno no se convierta de una manera u otra en la vía de unificación de la clase dominante que quedó sin capacidad de iniciativa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La gran lección del momento constitutivo de las comunidades originarias   es que la unidad política se deriva de las necesidades de la subsistencia y que   esta unidad sólo puede ser considerada como un tiempo colectivo, en tanto que   la lógica estatal es la negación de este tipo de concepción de la unidad   política. Esto es lo que debe ser incrustado en el seno más denso del núcleo   estatal si se quiere seguir avanzando hacia la descolonización. Como afirma Zavaleta,   este es un hecho «precoz y violentísimo»<sup><sup>9</sup></sup>. En suma, no es lo mismo ser «hijos   estatales» que conquistar la unidad política en y para la sociedad bajo formas colectivas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En síntesis, Zavaleta diferencia tres tipos de momentos constitutivos:   los precapitalistas que bloquean aquellos momentos constitutivos que intentan   construir capitalismo; los momentos constitutivos profundos y generalmente   nacionalizadores y de sincronización de una sociedad abigarrada, como la   revolución de 1952; y momentos constitutivos de reforma de un momento   constitutivo previo y, por lo tanto, no tan determinante ni profundo. Un   ejemplo que nos puede servir para entender el momento actual (2000-2006) es el análisis del último momento reconstitutivo que vivió y analizó Zavaleta.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El consideraba que el bloqueo de caminos de 1979, la incorporación de   lo indígena a las luchas contra las dictaduras y la ruptura definitiva del   Pacto Militar Campesino fue un momento constitutivo para la formación de un   nuevo bloque histórico. La importancia radica en ver los tres elementos que   incorpora en el análisis, la configuración de una identidad más vasta y   compleja de la inter-subjetividad de la masa, que se convierte en la base para   la difuminación de la centralidad clasista a través de la democratización y   pluraliz&#094;ción del núcleo organizativo y de dirección del nuevo bloque   histórico. Por estos motivos, Zavaleta lo identifica como un momento constitutivo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este análisis muestra un caso de momento constitutivo del tercer tipo   de los anteriormente mencionados. Lo que quisiera remarcar al mencionar este   ejemplo, es la elaboración teórica por parte de este autor de un momento   constitutivo que, a la vista, no tiene las mismas características que el   generado por la Guerra del Chaco o la Revolución de 1952. La clave de un   momento constitutivo profundo, como la Guerra del Chaco y la Revolución del 52,   es la forma de articulación histórica con fuerza y de forma novedosa de un   nuevo eje estatal, totalmente diferente, que logra producir una nueva forma   primordial. Es decir, la relación Estado-sociedad cambia profundamente en estructuras económicas, sociales y estatales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En relación a los   seis años de luchas sociales, analizados como momentos constitutivos,   concluimos que todavía no hemos vivido un momento constitutivo profundo. La   hipótesis que se plantea es que con todo, las luchas de los últimos años no han   significado un momento constitutivo de larga data que hubiera dado lugar al   nacimiento de un destino histórico para los próximos 50 años.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   inestabilidad del momento histórico es latente, aún después de la euforia de la   última elección nacional. El accionar de los funcionarios de gobierno podría   boquear el desarrollo y expansión de un momento constitutivo más profundo que   desmorone el actual eje estatal y la actual forma primordial, que logre   modificar sustancialmente las estructuras de propiedad y las estructuras políticas coloniales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hoy,   uno de los desafíos a enfrentar es que el accionar de los funcionarios del   gobierno actual logre limitar la maduración de un gran momento constitutivo a   un simple momento constitutivo de reforma del momento constitutivo anterior y,   por lo tanto, estaríamos ante una casi inexistente modificación del eje   estatal, que prevalece desde hace más de dos décadas y significó la implementación del consenso de Washington y la era del llamado neoliberalismo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estaríamos ante lo   que Zavaleta llamaría un momento constitutivo de «reforma» dentro del propio   neoliberalismo vigente, o sea un momento re-constitutivo de la   gobernabilidad y la democracia procedimental, que no basta para cambiar la   forma primordial, un momento reconstitutivo que no logra borrar lo fundamental del anterior momento constitutivo neoliberal ni de su eje estatal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Bajo   este escenario, no estaríamos ante un proceso profundo de transformación del   eje estatal y, por lo tanto, de la forma primordial de la sociedad. En otras   palabras, estaríamos ante la reconstrucción señorial de la gobernabilidad   heredada del Estado neoliberal bajo una forma modificada, pero esencialmente   igual a la de la antigua forma primordial. Lo viejo se viste de ropas nuevas.   Aunque debemos aclarar que esta tendencia puede ser bruscamente revertida en   los próximos meses, estamos hablando de tendencias no consolidadas que se   mantienen en permanente tensión y contradicción tanto en el seno del Estado como de la sociedad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>6. Forma Primordial y sistema de representación</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La utilización de   categorías como forma primordial y eje estatal son muy importantes, porque nos   permiten imaginar claramente las condiciones de posibilidad del surgimiento de   nuevas formas de representación, más allá de las enunciaciones retóricas del gobierno   actual y de la utilización meramente discursiva de los llamados movimientos sociales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No es posible que   las nuevas formas de representación que se están engendrando vayan a producir   un cambio cualitativo en el sistema de representación y logren desarrollarse   plenamente en la actual forma primordial como expresión de un nuevo tipo de   democracia. Las articulaciones entre lo estatal y los movimientos sociales sólo   podrán ser canal de expresión de los llamados movimientos sociales en el Estado   al menos por un tiempo más prolongado y de forma más genuina- si se modifica la forma primordial y el eje estatal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De forma más específica, sólo si las estructuras políticas y económicas   se modifican, se creará las condiciones de posibilidad para el surgimiento de   un sistema de representación cualitativamente diferente y nuevo. Un nuevo   sistema de representación, intermediación y articulación de lo político de una   nueva forma de democracia, que incorpore elementos profundos de democracia   directa y comunal, que logre descolonizar el Estado y las relaciones sociales,   que materialice los derechos colectivos de las comunidades indígenas, la   recuperación de los recursos naturales y la conquista de las autonomías indígenas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De otro modo, se generará procesos regresivos. Las nuevas elites   privilegiadas de los movimientos sociales y de las organizaciones sociales se   convertirán en los canales más eficaces de estatalización de los movimientos   sociales, de introducción de las lógicas estatales a los movimientos sociales y, con ello, su esterilización y pérdida de autonomía.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es innegable que   hoy se están produciendo cambios, sobre todo de las estructuras simbólicas y   cognitivas (prueba de eso es el aprovechamiento partidario electoral que ha   hecho de este proceso el MAS, gracias al cual obtuvo el 54% de los votos a   nivel nacional), que deben encontrar un camino hacia un nuevo momento   constitutivo y fundante de cambios de las estructuras políticas y económicas   para lograr una transformación drástica en la correlación de fuerzas entre   subalternos, por un lado, y oligarquías terratenientes, empresas   transnacionales y sus representantes, estructuras partidarias (MIR, MNR, ADN, etc.), por el otro.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si no se logra   pasar a una nueva etapa y cambiar la forma primordial, las tendencias larvarias   a la organización de un nuevo sistema de representación, basado en la   participación directa de las organizaciones sociales, la democracia directa y   la autorepresentación de los llamados movimientos sociales, vamos a ver   profundizarse más todavía las tendencias que han degenerado en un tipo de   relaciones de subordinación que en el mediano plazo se convertirán en   clientelares y prebendales. Ningún sistema de representación, en ningún momento   de su desarrollo, tiene asegurado algo, pero si se modifica la forma primordial   y se pasa a una nueva fase de democratización y descolonización que cambie   estructuras profundas, se sentará las bases de un nuevo sistema de   representación que se habrá constituido cualitativamente sobre otras bases programáticas y con otra proyección histórica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De momento, sólo   podemos hablar de elementos muy larvarios de un posible nuevo sistema de   representación que tiende a desmoronarse, ya que si las articulaciones internas   de la sociedad no cambian (estructuras económicas y políticas) serán   funcionalizadas como elementos constitutivos de un nuevo tipo de construcción   partidaria, como parte del uso y acceso de las prerrogativas y privilegios   estatales que ha logrado el MAS con mucho éxito y que intenta seguir expandiendo en la Asamblea Constituyente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>7. Tiempo estatal vs. tiempo de emancipación</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El tiempo es una dimensión constitutiva y condición del movimiento   interno de la vida. Como afirma Luís Tapia (2002), en esta condición de finitud   se experimenta todo, es la condición de lo humano, sus aspiraciones y sus   luchas que implican finitud y movimiento. La vida social, las luchas y todo   cuanto acontece son procesos temporales. Pero existen múltiples tiempos en   pugna por imponerse, de acuerdo a las condiciones y necesidades de cada   sociedad (indígena agraria, moderna capitalista, etc.) y, por supuesto, al   accionar humano y de las colectividades sociales. En Bolivia, hemos vivido seis   años de tiempos de insubordinación con el tiempo estatal acorralado. Hoy, el   accionar de los funcionarios estatales y no el fatalismo de un «ciclo de   protesta que esta de caída», «...sin que nada podamos hacer»<sup><sup>10</sup></sup>, podría lograr que empecemos a vivir el tiempo puramente estatal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El predominio del tiempo de la organización y acción estatales pretende   que se abandonen las temporalidades de insubordinación y lucha. Es la   organización del olvido del tiempo de insubordinación (Tapia: 2002), más allá   de !a buena o mala voluntad de los individuos, ya que la forma capital implica   una determinada temporalidad y el tiempo del Estado es parte de esa forma   temporal<sup><sup>11</sup></sup>.   Esto determinaría, desde mi punto de vista, un retroceso inducido por el accionar   estatal y no el cumplimiento de una «ley científica de los ciclos de protesta».   Esta es la tesis básica que pincelaremos en el presente acápite.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>7.1. Fetichización del triunfo electoral del MAS</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   triunfo electoral del MAS, con 54% de los votos, fue una victoria frente a las   petroleras, los terratenientes de la oligarquía cruceña, los partidos de   derecha y todas las fuerzas conservadoras coloniales y del capital   transnacional. A pesar de que ya han pasado 9 meses, caben algunas precisiones.   No es el resultado de la combinación de una estrategia de movilización con una   estrategia electoral. Es, fundamentalmente, el reflejo en el escenario liberal   electoral de la fuerza de la autoorganización de las múltiples colectividades movilizadas en los últimos años.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta   es una fiesta de los llamados «Movimientos Sociales» y no de algún partido   aunque momentáneamente hayan asumido protagonismo ciertos líderes carismáticos,   algunos intelectuales y un partido político. El triunfo del MAS en las   elecciones no se debe fundamentalmente al carisma de ningún líder ni a la   habilidad para el pensamiento racional de ningún intelectual, tampoco a la   capacidad organizativa, ni de dar respuesta política de ningún partido político<sup><sup>12</sup></sup>.   El error fetichista consiste en volver estos factores secundarios el factor   fundamental del triunfo electoral. El efecto más grave de este error es   profundizar y estabilizar un tipo de culto a las personalidades supuestamente   imprescindibles, culto que siempre ha hecho tanto daño a las luchas, porque los   líderes aparecen como los grades «dadores», cuando en realidad son los grandes   «deudores». Ellos deben lo fundamental del reconocimiento y el prestigio que   han acumulado a las colectividades autoorganizadas que los posicionaron como   «líderes», por eso es que deben subordinarse a ellas. Pero hoy, por el   contrario, se observa con preocupación que algunos individuos, que se han   construido a sí mismos como símbolos vivos e imprescindibles, empiezan a   adoptar los hábitos del poder y las prácticas liberales y de infantilismo de izquierda.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El ejemplo más interesante del proceso antes mencionado, en el que las   lógicas y necesidades estatales empiezan a causar graves daños al proceso de   democratización y descolonización que se han ido produciendo los movimientos sociales,   lo tenemos en la tendencia a la construcción caudillista y fetichista a la que   nos referimos anteriormente en la idea del «evismo» construida como categoría   «explicativa» de las luchas de los últimos años (García Linera, 2/04/2006). La   pretendida «autorepresentación» ahora se explica por el «evismo» y su futuro seguramente dependerá también del «evismo».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es necesario   insistir que el triunfo electoral se ha producido gracias a la capacidad   anónima de las diversas colectividades autoorganizadas que, bajo múltiples   redes organizativas y mecanismos colectivos de deliberación y acción, fueron   capaces de dar respuesta a los desafíos políticos que enfrentaban. Es el   triunfo del intelectual colectivo que anida en las asambleas, cabildos, ayllus,   barrios, capitanías, tentas y gremios que, apelando a su memoria corta de   resistencia a la expoliación neoliberal de los últimos 20 años y a su memoria   larga de opresión colonial que lleva más de 500 años, lograron, de forma compleja y colectiva, dar respuesta al escenario electoral impuesto.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Especialmente, se debió a una identidad colectiva construida sobre la   base de una intuición profunda que surge de los cuerpos individuales y   colectivos, de los sentidos agudizados por tanta lucha, por el efecto del   sufrimiento y la adversidad, pero también las victorias extraordinarias vividas   durante seis años de lucha casi constante, que nos dieron esperanza y que,   inevitablemente, se inscribieron en nuestros cuerpos y memoria colectiva,   logrando crear una poderosa intuición pre- reflexiva (dentro y fuera del MAS y   del MIP) que se convirtió en reflexión, deliberación y acción. El MAS solamente capitalizó esta realidad en el escenario electoral.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para poder avanzar, se necesita claridad respecto al significado del   triunfo electoral. En síntesis, podemos decir que, una vez más, son las   personas anónimas y que no salen en la televisión las que hacen la historia con   una extraordinaria lucidez. Sin embargo, el fenómeno se presenta invirtiendo   las relaciones, parece que son los que aparecen en la televisión (líderes   carismáticos, individuos hábiles para el pensamiento racional, aparatos   políticos, etc.) los que casi poco más le «regalaron» esta extraordinaria   victoria a la gente. Este es el típico fenómeno del fetichismo que las relaciones   del capital<sup><sup>13</sup></sup> nos imponen y debemos superar.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>7.2. Enajenación de los seis años de luchas</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ya mostramos cómo la relación entre la autoorganización y los líderes   carismáticos aparece invirtiendo los factores, lo fundamental, la fuerza   propositiva y de acción, fue y es la autoorganización, pero aparece como que lo   fundamental fueron individuos más o menos carismáticos. Esto es fetichismo.   Ahora veremos cómo los procesos de lucha generan otro tipo de fetiches y enajenaciones.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El quehacer humano, incluidas las luchas políticas, para plasmarse en   la realidad, tiene que sobreponerse a la materia inerte en sí, a las   condiciones existentes heredadas del pasado con su pesadez y persistencia. La   práctica política se desarrolla en un universo en el que las relaciones humanas   se entablan a través de las cosas, debido a lo cual la intencionalidad que   proyectamos en la mente individual y colectiva nunca va a materializarse y   concretizarse como nos la imaginamos al empezar la lucha. Esta pesadez de las   condiciones pre­existentes, de la materia inerte en sí, obliga a que el   resultado de nuestra acción asuma una forma diferente a la que sus creadores   pretendían darle, desconociéndonos en el resultado final. Así, el resultado de   la lucha quedará enajenado de las colectividades que la crearon, esto es, una   contrafinalidad de la lucha, pero que sin embargo generamos nosotros mismos.   Sartre llama a esto lo práctico inerte que conspira contra la praxis humana (Sartre, 1995)<sup>15</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En otras palabras, para poder conservar y/o consolidar los logros de   las luchas, empezamos a enajenarnos, es decir, tendemos a diferenciar   funciones, a institucionalizar la acción, a crear estructuras que empiezan a   anclar su existencia en la prevalescencia de lo práctico inerte y ya no en la praxis transformadora.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El «cambio de   época», anclado casi exclusivamente en «el ejercicio del poder estatal», como   lo expresan altos funcionarios de gobierno, podría ser el punto de partida de   la prevalescencia de lo práctico inerte frente a la praxis revolucionaria de   los últimos años, y se expresaría en cooptar o al menos subordinar estatalmente   a los llamados movimientos sociales, en institucionalizarlos, en hacerles   perder su autonomía y capacidad propositiva, en la profundización del culto a   la personalidad de los líderes carismáticos, en fin, en el predominio del   tiempo estatal bajo una forma modificada del tiempo de gobernabilidad que este   mismo Estado impuso desde hace veinte años. De esta manera, conspiraría contra   los tiempos plurales y discontinuos de la praxis transformadora y de insubordinación, en suma, contra los tiempos de lucha autónoma y creativa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No sólo existe la   dupla praxis vs. práctico inerte, sino que, en el Estado, esto empeora todavía   más. Las características fundamentales del tiempo del capital son la   uniformidad y la continuidad para asegurar la repetición infinita y la cada vez   mayor velocidad de la valorización del valor, es decir, del sometimiento de los   seres humanos al incremento continuo de la riqueza abstracta, de la prioridad   exclusiva de la ganancia del empresario.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   tiempo del capital es un tiempo general y homogéneo, la insubordinación de la   pluralidad de tiempos y del hacer humano debe quedar subordinada y sometida a   esta homogeneidad, comer, divertirse, amar, en fin, «vivir», deben quedar   subordinados y ser residuales respecto al tiempo de autovalorización del   capital. El capital sustituye la creatividad por la sincronización y la   velocidad, la calidad por la cantidad, es el predominio de lo hecho sobre el   hacer, el predominio del objeto sobre el sujeto, se impone la racionalización   instrumental y la programación. Pues bien, la forma Estado está contenida en   este tipo de tiempo del capital (Tischler, 2004). El Estado implica un tipo de   enajenación del tiempo, es una maquinaria fundamental de enajenación del tiempo   de las luchas de insubordinación. «E/ tiempo estatal se opone al tiempo   del conflicto fragmentándolo para transformarlo en hegemonía. Restablece el   tiempo de la forma valor frente al tiempo discontinuo de la resistencia»   (Ibid.). La temporalidad de la lucha y la preservación de las autonomías y la   capacidad de crítica y acción totalmente auto-determinativa e independiente de los movimientos sociales, es incompatible con el tiempo y dinámica del Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para ser más claro,   ¿acaso hoy no estamos viviendo ya la necesidad de la gobernabilidad (a la   usanza de la vieja izquierda dogmática) de uniformar a todos los movimientos   sociales bajo el paraguas de una sigla?, ¿de imponer la ¡dea que intenta   reducir la enorme creatividad de los subalternos a la dinámica del Estado,   porque ahí es ahora, casi exclusivamente, el lugar donde debemos sincronizar todo?</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">¿Acaso   no vemos avanzar una lógica que pretende que todo movimiento social (incluida   su pluralidad de tiempos y modos) quede subordinado y negado a esta   homogeneidad y a sus líderes carismáticos?, ¿acaso no vemos su preocupación por   el tiempo general y homogéneo de la gobernabilidad? Esto nos hace pensar   seriamente que podrían sacrificar las luchas fundamentales y demandas legítimas de los que los pusimos como gobernantes, y con   argumentos coherentes y pragmáticos arrojamos a estas lógicas y tiempos de la gobernabilidad   estatal. Se trata de someternos a la continuidad de las necesidades del Estado y la   gobernabilidad y evitar que nos mantengamos en el tiempo plural de la   insubordinación y la dignidad frente al abuso del capital y la lógica señorial y racista.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">¿Acaso no vemos el deseo de sincronizar a todos a la velocidad de la   gobernabilidad?, esto se sintetiza en una frase que varios compañeros nos   mencionaron que se difunde en El Alto: «Todos tienen que cuadrarse con el MAS».   ¿Acaso esto no es intentar racionalizar instrumentalmente y programar a los   movimientos sociales a los deseos de gobernabilidad? ¿Acaso esto no es   lamentablemente construir una vez más una catastrófica derrota bajo la forma de   un nuevo aparato segmentado y vertical de control y orden de la sociedad, bajo   el molde idéntico de las relaciones y lógicas del capital y del estado, sólo   que esta vez construido dizque para emanciparnos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si esto continúa   y se vuelve dominante, como parece estar ocurriendo a nueve meses de gestión,   significará el predominio absoluto del objeto sobre el sujeto, de lo hecho   sobre el hacer y la enajenación de seis años de luchas, el colapso de un   horizonte del deseo de autogestión, autorregulación y autodeterminación de la   experiencia mas avanzada del continente. Y eso más allá de la buena voluntad y sinceridad de algunos compañeros que están en funciones estatales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>7.3. Contradicción fundamental del momento actual</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si se impone la idea de esta «nueva etapa» como un supuesto modelo   económico de «capitalismo andino amazónico»<sup><sup>14</sup></sup>, centrado solamente en la construcción   de un «Estado fuerte», que pacte con el poder en vez de construir otro poder,   habremos construido la enajenación de los seis años de luchas. Estaremos   viviendo «la transformación de las relaciones humanas cualitativas en atributo   cuantitativo de cosas inertes» (Sartre, 1995), donde predominará lo abstracto y   lo cuantitativo del tiempo estatal de gobernabilidad que necesita esterilizar la capacidad de propuesta y creatividad de la que se nutrió y nació.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una de las contradicciones fundamentales de la coyuntura actual, si no   la más importante<sup><sup>15</sup></sup>, se da entre gobernabilidad, sus   modos, tiempos y dinámicas y la autonomía de los movimientos sociales, su   capacidad creativa, su pluralidad de tiempos de insubordinación, sus   fluctuaciones y dinámicas, que no deben acatar ni respetar los tiempos   estatales. Los movimientos sociales son más que el MAS, son la fuerza   fundamental, tanto creativa como de acción colectiva, como ya lo demostramos en   el acápite primero. Por eso, la única garantía para lograr cambios profundos es   posicionarse en el lado de la autonomía en esta contradicción frente a las   necesidades estatales de gobernabilidad, es decir, que una tarea fundamental es   mantener y profundizar esta relación donde los movimientos sociales sean   siempre más y mejor que el MAS, dejando claro que la relación es de subordinado   (funcionario estatal, sea presidente o vicepresidente o cualquiera en la escala   inferior de la jerarquía estatal) a mandante (movimientos sociales). Hoy vemos   que la lógica liberal de la política, dominante y profundamente soberbia en el   gobierno, ha invertido totalmente esta relación, poniendo en riesgo todo el proceso de revolucionarización del orden de cosas existente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La autonomía debe primar por sobre la gobernabilidad y los subalternos   deben mandar a los funcionarios a través de sus mecanismos colectivos de   deliberación y decisión que deben mantenerse, expandirse y consolidarse como   mecanismos de las colectividades y no responder a la lógica de la cooptación o subordinación estatal que progresivamente las esta alineando con el Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>8. Autodeterminación de las masas</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La pretensión de transformar la sociedad a través del Estado es el   fetiche más grande en el que podemos caer hoy en día. Es decir, tomar como   punto de partida una forma propia de la sociedad capitalista. Esto no significa   que no se deba realizar esfuerzos estatales de reforzamiento de la autodeterminación de las masas y al mismo tiempo comunitarizar el Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este fue el defecto congénito más grave de las formaciones estatales   republicanas en Latinoamérica. La construcción de sociedades desde arriba hacia   abajo, desde las prerrogativas y funciones estatales. Un elemento derivado del   anterior es la concepción instrumental de la lucha política, es decir, la   adopción a crítica de la tradicional racionalidad medios-fines, que fue lo que   justamente permitió justificar, en nombre del socialismo, lo que en realidad eran imperativos de la razón de Estado y, por lo tanto, del capital.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El capital no es una categoría económica, es una relación de sujeción.   La dominación implicada en el capital no está solamente en la apropiación   gratuita de plustrabajo, su núcleo dinámico reside en la disposición y control   sobre el hacer humano. Si el gobierno pretende seguir creando relaciones de   subordinación y consolidar relaciones de sujeción para mantener un control   burocrático sobre los llamados movimientos y organizaciones sociales a través   de su partido y el Estado, estará actuando dentro del proyecto del capital, proyectando sus relaciones de dominación y opresión.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como plantea Zavaleta, la historia de las masas es siempre una historia   que se hace contra el Estado (Zavaleta, 1983<sup>a</sup>). De aquí que la   prioridad sean las estructuras de rebelión y no las «formas de pertenecimiento»   al Estado. Todo Estado, en último término, niega a las masas, aunque las exprese parcialmente o desee expresarlas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El proyecto de la autodeterminación de las masas es avanzar en el   reemplazo de la democracia para la clase dominante por la democracia «para sí   misma». El acto de la autodeterminación es un acto revolucionario y no un acto   legal y contiene la inclinación general de la sociedad. Es una mayoría   autoorganizada con capacidad de «efecto estatal». La autodeterminación de la   masa es lo único que puede sellar la definición del momento de fluidez de la   superestructura, es el método de la sociedad civil que acumula fuerza política   autónoma en el horizonte de la disolución del factum estatal en la sociedad   civil. Este es el camino que debemos retomar si queremos seguir produciendo   democracia igualación social y descolonización, y es el que ha abandonado el   actual gobierno para dedicarse a reconstruir los mecanismos de mando y   dominación que tanto había costado a los movimientos sociales derrumbar.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Qué formas de «representación» o qué nuevos paradigmas de la llamada   representación se crearán en este proceso no lo sabemos, este es el desafío   para los políticos bolivianos del siglo XXI. La verdadera escuela del hombre   libre es el acto de masas y el principio de la autodeterminación define la   manera en la que ocurren los otros factores de una democracia directa y comunitaria.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como dice Zavaleta, en cualquier caso la autodeterminación de la masa   es «el principio de la historia   del mundo» (Ibid.) y ella nos habla «del aspecto de la grandeza de la   especie» (Ibid.) y por eso consideramos que es el centro de la cuestión democrática.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La lucha por la   autodeterminación de la masa es, hoy por hoy, «/a capacidad actual de dar contenido   político a lo que haya de la democratización social y de poner en movimiento el   espacio que concede la democracia representativa» (Zavaleta, 1983b). La   democratización social que está en marcha y la ampliación de la democracia   representativa que lleva adelante el actual gobierno, «debe poner en   movimiento» a las masas hacia un proceso más profundo de cambio de la forma   primordial rompiendo las relaciones de subordinación respecto al gobierno actual y su partido.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Concluyamos recordando que la autodeterminación de las masas es, antes   que nada, lucha política y lucha de clases, porque «es el lugar donde se funden las   hipótesis teóricas y la factualidad de la determinación de la masa» (Ibid.).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si se nos propone conformarnos con una lucha por la gobernabilidad   estatal con el argumento de que nada más es posible, la respuesta que hemos   aprendido de la gente anónima es que siempre es posible retomar la perspectiva   de la autodeterminación de las masas. Pero aunque no lo fuera, responderíamos   con la famosa definición de política de Zizek, «La política es el arte de lo imposible»   (Zizek, 1999), ya que cambia los parámetros mismos de lo que se considera   «posible» en la constelación política existente. Este es el enorme desafío de la coyuntura para todas las fuerzas democráticas y descolonizadoras.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Notas</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">* Docente Universitario e Investigador comprometido con los Movimientos   Sociales</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. Lu&iacute;s Tapia: &laquo;Turbulencias de Fin de Siglo&raquo;. IINCIP, La Paz, 1999.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2.&nbsp;&nbsp; Postulado fundamental del documento &laquo;Propuesta para la nueva   Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica del Estado. Por un Estado plurinacional y la   autodeterminaci&oacute;n de los pueblos y naciones ind&iacute;genas, originarias y   campesinas&raquo; del pacto de Unidad de las Organizaciones Ind&iacute;genas de Bolivia   (CSUTCB, CONAMAQ, CIDOB, CPESC, Confederaci&oacute;n de Colonizadores de Bolivia,   Federaci&oacute;n de Mujeres Campesinas de Bolivia Bartolina Sisa, APG, MST, CPEMB) de   cara a la Asamblea Constituyente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3.&nbsp;&nbsp; Para un breve An&aacute;lisis del &laquo;Evismo&raquo; y de la relaci&oacute;n del actual   gobierno con los movimientos sociales ver en Bolpress: Jorge Via&ntilde;a,   &laquo;Autodeterminaci&oacute;n y Reconducci&oacute;n del Proceso Pol&iacute;tico en Bolivia&raquo;, Internet   pagina de Bolpress: http:// bolpress.com/opinion.   php?Cod=2006100202&amp;PHPSESSID=6cdbb7cc62c0141e4da7597d23c098b1</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Los alte&ntilde;os acu&ntilde;aron la frase &laquo;somos pecho de muralla&raquo; para manifestar   la fuerza y la legitimidad de una resistencia heroica que no apel&oacute; a la   violencia sino a la legitimidad de la protesta, que luego fue apropiada por   algunos de los dirigentes m&aacute;s visibles.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6. V&eacute;ase Holloway, J. y Piccioto, S. (coords.) (1979). State and Capital A Marxis Debate. Londres:   Eduard Arnold. Tambi&eacute;n Clarke. S. (comp.) (1991). The State Dabate. Londres:   Mcmillan. &Uacute;ltimamente se han hecho aportes de aplicaci&oacute;n y de desarrollo   conceptual en M&eacute;xico, ver Roux, R. (2005). El   Principe Mexicano subalternidad, historia y Estado. M&eacute;xico. Era.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065298&pid=S0040-2915200600010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para   la profundizaci&oacute;n de la definici&oacute;n del Estado como una de las formas del   capital ver la s&eacute;ptima parte del presente texto &laquo;Tiempo estatal vs. tiempos de   emancipaci&oacute;n&raquo;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7. Ver s&eacute;ptima parte   &laquo;Tiempo estatal vs. tiempos de emancipaci&oacute;n&raquo;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8. Para el que toda   mediaci&oacute;n es siempre a la vez un aparato de Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">9. Ver nota 7.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">10. Zavaleta cita a J.V. Murra. Es interesante ver c&oacute;mo describen la   aparici&oacute;n de la autoridad pol&iacute;tica en el altiplano mostrando que las formas de   la unidad pol&iacute;tica antes que nada son colectivas por la extrema necesidad de lo   colectivo (Zavaleta, 1986). El actual gobierno montado en un aparato extra&ntilde;o y   construido como mecanismo de dominaci&oacute;n puede adecuarse o sentir la imperiosa   necesidad de un nuevo tipo de autoridad pol&iacute;tica que resulta de una nueva   comprensi&oacute;n de la &laquo;unidad pol&iacute;tica&raquo; tipo comunitaria por fuera de las din&aacute;micas   de gobernabilidad estatal liberal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">11. &Eacute;sta es la aplicaci&oacute;n de la visi&oacute;n del Estructural-Funcionalismo   positivista de la sociolog&iacute;a anglosajona en especial, que invent&oacute; una   sub-disciplina, el estudio de los &laquo;Movimientos Sociales&raquo;, inspirado en un   fatalismo cientificista-racionalista que cree que como ya llegamos al pico m&aacute;s   alto del ciclo de protesta lo &uacute;nico que nos queda es la peque&ntilde;a reforma en el   escenario y tiempo estatales, por que el ciclo de ca&iacute;da de la protesta es   inevitable.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">12. El presente acapite se inspira en el art&iacute;culo de Sergio Tischler   (2004). Tiempo de Reificaci&oacute;n y tiempo de   insubordinaci&oacute;n. Y en la necesidad de la traducci&oacute;n de un debate   te&oacute;rico para la urgente reflexi&oacute;n sobre la emancipaci&oacute;n en la Bolivia de hoy.   Agradezco tambi&eacute;n los enriquecedores intercambios de opiniones con Raquel   Guti&eacute;rrez y su producci&oacute;n te&oacute;rica que son siempre tan frescos y vitales. Como   ella dice. &laquo;Teorizaci&oacute;n de las potencias de la emancipaci&oacute;n mas que de sus   l&iacute;mites&raquo;, en un esfuerzo osado del pensamiento que hoy tanto necesitamos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13. De hecho el MAS no es un partido, es un frente electoral con m&uacute;ltiples   tendencias y fracciones internas de las m&aacute;s diversas. Incluso parecer&iacute;a que   algunas son absolutamente contradictorias entre s&iacute;, en pugna permanente, no   olvidemos en este an&aacute;lisis la fuerza de la inercia conservadora de la tradici&oacute;n   de la cultura pol&iacute;tica boliviana que puede cobrar mucha fuerza de manera   natural en la mayor&iacute;a de las tendencias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">14. Para   profundizar en el concepto ver: Carlos Marx (1990). El car&aacute;cter fetichista de   la mercanc&iacute;a y su secreto. En El Capital. Tomo I, capitulo 1, inciso 4. M&eacute;xico. Siglo XXI.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">15. Para una explicaci&oacute;n   sint&eacute;tica del concepto ver: Guti&eacute;rrez, R. (1995). Entre Hermanos, por qu&eacute;   queremos seguir siendo rebeldes. P&aacute;g. 51,52. La Paz: Kirius.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">16. Esta propuesta significa, como dice Ra&uacute;l Prada, &laquo;volver a plantear una   nueva forma de colonialismo interno. Se trata del proyecto de un desarrollo   nativo del capitalismo, cuyo despliegue depende de la destrucci&oacute;n comunitaria,   la descodificaci&oacute;n cultural, la colonizaci&oacute;n de los cuerpos, en los contextos   de una patria restringida&raquo;.El Juguete Rabioso. N&deg; 146, 29 de enero al 12 de   febrero de 2006.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">17. La formulaci&oacute;n de las contradicciones fundamentales de la coyuntura y   su importancia se dio en un intercambio de ideas con Raquel Guti&eacute;rrez, a quien   agradezco el di&aacute;logo horizontal y la apertura a la construcci&oacute;n colectiva.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Bibliografía</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Clarke, S. (comp.) (1991). The State Dabate. Londres: Mcmillan.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> García Linera, A. «El Evismo, lo nacional popular en acción». En: El Juguete Rabioso. No 150. La Paz, 2 abril del 2006.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065314&pid=S0040-2915200600010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Gutiérrez, R. (1995). Entre Hermanos, porqué queremos seguir siendo rebeldes. La Paz: Kirius.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065315&pid=S0040-2915200600010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Holloway, J. &amp; Piccioto, S. (coords.). State and Capital A Marxis Debate. Londres: Eduard Arnold</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Lenin,   V. (1986). El Estado y la revolución. Moscú: Progreso.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065317&pid=S0040-2915200600010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Marx, C. (1990). El carácter fetichista de la mercancía y su secreto.   En El Capital. Tomo I, México: Siglo XXI.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065318&pid=S0040-2915200600010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Negri, A. (1990). Del Obrero masa al obrero social. Roma: Fertrinelli.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065319&pid=S0040-2915200600010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Roux, R. (2005). El Príncipe mexicano, subalternidad, historia y Estado. México: Era.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065320&pid=S0040-2915200600010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Sartre, J. P. (1995). Crítica de la razón dialéctica. Buenos Aires: Lozada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Tapia, L. (2002). La velocidad del pluralismo. Ensayo sobre tiempo y democracia. La Paz: Muela del Diablo, Comuna.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Tapia, L. (1999). Turbulencias de Fin de Siglo. La Paz: UNCIR</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tischler, S. (2004). Tiempo de Reificación y tiempo de insubordinación.   En: Bajo El Volcán,   Revista del Postgrado de Sociología de la Universidad Autónoma de Puebla. N° 7. Puebla.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065324&pid=S0040-2915200600010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Zavaleta, R.   (1990). El Estado en América Latina. La Paz: Los Amigos del Libro.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065325&pid=S0040-2915200600010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Zavaleta, R. (1986). Lo Nacional Popular en Bolivia. La Paz: Siglo XXI.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065326&pid=S0040-2915200600010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Zavaleta, R. (1983a). Cuatro conceptos de democracia. La Paz: Juventud.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Zavaleta, R. (1983). Las Masas en noviembre. La Paz: Juventud.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065328&pid=S0040-2915200600010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Zizek, S. (1999). El Espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política. Madrid: Era.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065329&pid=S0040-2915200600010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la Red:</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Viaña, J. «Autodeterminación y Reconducción del Proceso Político en Bolivia». Bolpress: http://bolpress.com/</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1065331&pid=S0040-2915200600010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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