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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las representaciones del &quot;Pueblo&quot;</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Jorge Komadina Rimassa</font></b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>No podemos salir del espectáculo Julia Kristeva</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La noción de &quot;pueblo&quot; es elusiva y harto enigmática. Como   principio político el pueblo es la potencia que instituye la legitimitad   moderna del poder. Pero el poder democrático sólo puede representar al pueblo   como una abstracción que nunca corresponde con su realidad sociológica. Aunque   la democracia ha podido imaginar al pueblo como una ficción jurídica, que es el   fundamento del sistema representativo, no ha sabido producir una identidad en   tomo al sujeto &quot;pueblo&quot;, actor de carne y hueso. La figuración del   &quot;pueblo&quot; como una fuerza social y política compuesta por obreros,   campesinos y pobres, imagen recurrente de las insurrecciones sociales, ha sido   desplazada por otra representación, el pueblo como conjunto de electores   individuales. Con el advenimiento de la sociedad de individuos la idea del   pueblo como &quot;comunidad real&quot; ha perdido substancia y visibilidad. Si   la economía de mercado ha apuntalado esta relación abstracta entre los   individuos es porque ella sólo cumple funciones instrumentales que &quot;están   al margen de los mecanismos de producción de símbolos colectivos. En suma, la   democracia ha producido una tensión entre dos imaginarios: el pueblo como   fenómeno político, por una parte, y el &quot;pueblo&quot; como realidad   sociológica, por otra. Ambos registros deducen su legitimidad del mismo   principio: la democracia es el gobierno del pueblo. El resultado de esta   tensión es la propia indeterminación de la democracia que vacila permanentemente entre su figura social y su figura politica (Rosanvallon 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A partir de estas ideas generales, un estudio sobre los imaginarios de   la democracia, que debería situarse en la encrucijada de la historia social, la   sociología y la filosofía política, tendría como propósito mostrar no sólo la   oscilación y el conflicto sino también las filtraciones que se producen entre   los dos &quot;campos semánticos&quot;. En el imaginario de la democracia   representativa el pueblo &quot;real&quot; desaparece y se impone, como una ley   social, el dogma de la igualdad entre los hombres pero en momentos de paroxismo   o de crisis del sistema de representación el pueblo reaparece como &quot;substancia&quot;, como algo real e inquietante.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La introducción de la noción de imaginario en las ciencias sociales ha   sido, en gran medida, una reacción contra las modalidades explicativas basadas   en la causalidad. La consideración de una esfera imaginaria de lo social   cuestiona en sí misma tanto el papel inactivo de las ideas y las emociones como   la sobrevaloración de una esfera &quot;real&quot;, independiente de otros   campos, y cuyo conocimiento aspira al estatuto de las ciencias naturales. El   concepto propuesto se basa en el carácter irreductible de la representación   respecto a otros planos de la realidad. Entre otros &quot;juegos de   lenguaje&quot; posibles la filosofía politica de Claude Lefort y Cornelius   Castoriadis<sup>1</sup> ha reelaborado la categoría de imaginario tomando como punto de partida las   fronteras establecidas por Jacques Lacan en tomo a lo real, lo simbólico y lo   imaginario. En esta problemática se puede identificar dos proposiciones   principales. Según la primera, el imaginario es la representación de un mundo   social unificado que contiene implícitamente las categorías sobre las cuales   nos basamos para representar la sociedad. Cuando una sociedad constata las   profundas divisiones que la atraviesan, debe (re)elaborar principios   imaginarios que aseguren su coherencia. La segunda proposición complementa a la   primera. Puesto que la construcción de un imaginario único es imposible, las   miradas de la sociedad sobre sí misma son fragmentadas y tienen como fin la   conceptualización del antagonismo social, trazando fronteras entre adversarios.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De acuerdo a Claude Lefort<sup>2</sup>,   aunque la sociedad está profundamente dividida debe resolver el problema de su   creación institucional y legal para constituir, en suma, la   &quot;comunidad&quot;. En consecuencia, la sociedad reproduce una suerte de   preaprehensión para construir la unidad &quot;real&quot; de las cosas. Lo simbólico   no siempre es el material adecuado para significar la división social. Con o   contra lo simbólico existe una esfera de adecuación imaginaria de lo social,   gracias a la &quot;magia del principe&quot;. El poder instituye lo social   porque implica la facultad de elaborar, sobre el modo de la representación, cosas y relaciones que no pertenecen a la esfera de lo &quot;real&quot;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Aquí es necesario distinguir entre dos acepciones corrientes del término representación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el primer sentido, representar es figurar algo (dar forma, mostrar)   que de otra manera no podría ser visto. En el segundo caso, la representación   es un mandato, una delegación de poder para actuar en nombre de otro. De   acuerdo a Rosanvallon esta ambivalencia no sólo es semántica sino que esconde el carácter problemático e indeterminado de la democracia<sup>3</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ir más allá del Conocimiento de las instituciones sociales supone la   comprensión de la &quot;institución de lo social&quot;, conforme a la fórmula   de Claude Lefort (1986:19), quien ha destacado con fuerza la reducción que   implica la delimitación de la política como un espacio cerrado donde se ejerce   la competencia entre partidos y donde se renueva el gobierno. Tal definición   oculta lo esencial: la capacidad de lo político de representar el orden   social. La política no puede ser delimitada como un campo de acción o un   subsistema especializado de la sociedad, según las definiciones clásicas de   Weber y Parsons, sino como una dimensión simbólica que hace evidente, visible,   la sociedad. La política es a la vez mise en   forme, tentativa de hacer visible la sociedad,   constituyéndola (forma y momento en que aparece la dimensión simbólica) pero   también es mise en scene, explicitación   y representación del poder, ciertamente, pero también modalidad de su   conocimiento. La política es el momento de producción de la Cité, a la vez como principio organizado y como procedimiento   puesto que la &quot;comunidad&quot; no se muestra nunca como un espacio real, profundamente dividido por   intereses diversos, sino como un orden simbólico que no puede jamás coincidir con lo &quot;real,&quot;   imposibilidad permanente que abre una interrogación, ella misma infinita, de la sociedad sobre sí misma en el   espejo de la política. El poder no es pues una simple institución encargada de   ciertas tareas específicas, sino que sus acciones instituyen el sentido de la   colectividad formando su identidad: es el   agente de la representación. El poder es la manera de figurar y escenificar las relaciones sociales y el modo a través del cual la sociedad puede percibir su unidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la Bolivia del siglo XIX, como en otros países del continente, se   presentó una fuerte tensión entre la representación   de la ciudadanía política moderna, introducida en el momento de la creación de   las nuevas repúblicas e influida de cerca   por las ideas de la revolución francesa propagadas via la revolución española, y las   pertenencias colectivas a I'ancienne, de   rasgos comunitarios que tuvieron una gran importancia, puesto que sirvieron   como poderosas referencias de identidad<sup>4</sup>.   La representación del pueblo como titular de la soberanía   convivió con otros imaginarios y usos &quot;tradicionales&quot;. Francois   Xavier Guerra ha identificado varios de   estos &quot;usos&quot;: la totalidad de la población de un territorio; sólo una   parte de esa población, la más desfavorecida,   lo estratos &quot;populares&quot;; un sentido moral asociado al vulgo, la   plebe, el populacho; la comunidad política de tipo antiguo; el viejo municipio.   La multiplicación de estas figuras expresa las dificultades y conflictos que tiene la sociedad heterogénea por representarse por medio de la política.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La pax liberal boliviana   (1900-1920) renovó la representación del pueblo como titular de la soberanía,   manifiesta a través de una &quot;verdad suprema&quot;, el sufragio<sup>5</sup>.   Este imaginario del pueblo convive paradójicamente con un mundo   &quot;tradicional&quot;, estamental y premoderno. El registro imaginario de la   igualdad, circunscrito al ámbito de las élites que producían y consumían los   valores y estilos de vida modernos, se opuso al registro de la diferencia y la   jerarquía estamental producido por el orden colonial<sup>6</sup>. El sistema liberal boliviano puede leerse como la   ausencia de una comunidad colectiva basada en el principio de la igualdad. No   existió una relación de identidad entre pueblo y Estado ni una visión unificada   de la sociedad. El pueblo no fue imaginado   como principio político moderno. Las instituciones públicas fueron resultantes de pactos y negociaciones   precarias y no correspondieron ni al horizonte social de la igualdad ni tampoco, estrictamente, a la doctrina   política, liberal o republicana. No existió un imaginario general sino imaginarios parciales en los cuales   se cristalizaron las profundas divisiones de la sociedad boliviana, sobre todo a través de la representación de la guerra de razas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El pueblo fue visualizado, desde una dimensión moral, como inmaduro,   salvaje o &quot;enfermo&quot;; el indio sólo era nombrado desde la categoría de lo abyecto<sup>7</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La paradoja inherente a la democracia liberal boliviana, durante las   dos primeras décadas del siglo XX, fue   resuelta por las élites dirigentes e intelectuales bolivianas tanto de manera   doctrinal como práctica. Por una parte, el liberalismo reconceptualizó el   fondo y la forma del principio igualitario al redefinir la ciudadanía como naturalmente restringida para   las mujeres, los indios y los analfabetos. El telón de fondo de este imaginario   político no fue, pues, el trabajo de la igualdad sino la producción de signos   de diferencia. El liberalismo corrigió y limitó doctrinariamente el principio   de la igualdad y la soberanía del pueblo a través de las nociones de eminencia   y capacidad, piedras angulares para la reconstitución de una nueva aristocracia, la élite republicana y liberal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El dispositivo consistió en cualificar el sufragio como mecanismo de   reconocimiento social y como simbolización de las jerarquías y diferencias   sociales. Las elecciones no eran la escenificación del principio de la   igualdad sino justamente su contrario; si la eminencia era de naturaleza social   e intelectual ella tenía que reconocerse en el mecanismo del voto (Irurozqui   s/f :24). Aquí subyace una idea central: las fronteras étnicas no debían ser   derribadas, por el contrario la pax liberal exigió su consagración y objetivación permanente tanto en el ámbito público como en la esfera privada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En segundo lugar, el liberalismo boliviano se presentó como la   invención pragmática de un régimen político que no aspiró, ciertamente, a la   ampliación del universo ciudadano sino la protección de los intereses de las   élites<sup>8</sup>.   Los sistemas políticos democráticos aparecen siempre como circunstanciales e   híbridos, bajo formas diversas que ensamblan una summa de instituciones, de procedimientos electorales y de sistemas de   clasificación de la población, sin correspondencia estricta con modelos de democracia que ambicionan un valor universal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La revolución de 1952 fue ciertamente un acontecimiento extraordinario,   en el sentido de su rareza, no sólo porque suspendió el poder de las instituciones   establecidas sino como fuerza creadora de lo social. Su primera y más   importante creación fue la representación del pueblo. La figura más elemental y   &quot;real&quot; del pueblo, aunque la más fugaz, provino del mismo acto   insurreccional, instante cuando apareció inequívocamente el   &quot;pueblo-acontecimiento&quot; haciendo posible la figuración total de la   comunidad y conciliando la soberanfa popular con los actores populares de   &quot;carne y hueso&quot;. En la insurreción de abril el pueblo se encarnó de   una manera completa. No sólo fue acción sino también personaje: plebe en   acción. Todas las sospechas acerca de la ilusión de la soberanía popular y de   la inexistencia del sujetopueblo desaparecieron. En el momento fundador de la   revolución de 1952 el principio político-pueblo se fundió con la realidad   sociológica-pueblo. En la acción se resuelve momentáneamente el enigma de la   política moderna. Sin embargo, la indeterminación democrática se instaló   nuevamente cuando el acontecimiento se disipó y la visibilidad del pueblo se volvió, una vez más, cuestionable.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">. A partir de las transformaciones producidas en 1952, particularmente   por efecto de la reforma agraria y el voto universal, se reintrodujo el canon   democrático de la igualdad y se prepararon las condiciones del advenimiento del   ciudadano. Este proceso puede ser leido desde el imaginario de la democracia   social, que en la versión de Tocqueville, es un proceso de transformación   social que consistió en la igualación de las condiciones de vida no solamente en el plano jurídico sino también en el terreno económico y social.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En suma, las condiciones típicas de la modernización social se   produjeron por medio de una vía modemizadora nacionalista donde el Estado se convierte en el sujeto central.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La revolución nacional generó también una representación del pueblo   como principio político aunque esta figuración, cuyas instituciones centrales   son la Constitución y las elecciones, estuvo subordinada a las poderosas   imágenes de la democracia social. Este equilibrio conoció un momento de   inflexión en las elecciones generales de 1979 durante las cuales se verificó la   condición democrática de equivalencia entre individuos iguales, que dio lugar,   a mediados de los 80 y después de un período difícil de transición, al   predominio de la democracia representativa y a la instalación de una representación abstracta del pueblo en el imaginario político boliviano.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El populismo nacionalista antes que una ideología, una política   económica o un movimiento social, fue una manera específica de resolver el   problema de la figuración de lo social, en base a la conciliación simbólica   entre la nación y el &quot;pueblo&quot;. En el caso boliviano, el componente   imaginario de esa relación fue algo primordial. Por una parte, fue un intento   de instituir una comunidad cultural substancial -la nación bolivianaa través   de un proceso de homogeneización cultural. Esta comunidad cultural fue   imaginada por el Estado como una síntesis entre las culturas indígenas y la   cultura occidental. El mestizaje cultural devino, de esta manera, en el tropo recurrente de la identidad nacional. El populismo Intentó resolver las diferencias sociales y culturales bajo el modo imaginario.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte durante décadas la sociedad boliviana se representó a sí   misma desde una cultura clasista, a causa de la fuerte influencia del   movimiento obrero, particularmente del sindicalismo minero. Su principio   central fue la representación de la sociedad bajo la forma de explotación   económica y de lucha de clases. El sindicalismo obrero aspiró a una suerte de   &quot;democracia directa&quot;, que debía estar arraigada en la organización   económica de la sociedad, imaginario en conflicto con la democracia representativa.   No es por ello casual que la composición de la Central Obrera Boliviana (COB)   haya sido un intento de expresar de forma condensada, aunque también   jerárquica, la constitución &quot;real&quot; de la sociedad boliviana. Más   allá de la problemática específicamente obrera, el sindicato se convirtió en   una mediación social que permitió organizar una masa amorfa de individuos en grupos sólidos y fácilmente reconocibles.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se estableció, así, una relación básica entre la política, en su   sentido ya descrito, y la construcción del imaginario del nacionalismo   populista. La primacía de la política estuvo asociada a la vigencia de representaciones   unitarias de la sociedad a través de &quot;grandes&quot; narraciones   nacionalistas que establecieron una continuidad ficticia entre el pasado   prehispánico y un futuro indomestizo. El Estado simbolizó a la sociedad porque   la política, omnipresente, comandó la producción del orden colectivo<sup>9</sup> El Estado fue el agente central de la construcción de la identidad nacional. El   sindicato y el partido fueron lugares donde se producía el agrupamiento   simbólico de los individuos. En las últimas décadas se ha derrumbado las   mediaciones entre el Estado y los actores, introduciendo una suerte de   &quot;desafilición&quot; entre los individuos. La individualización de la   sociedad se ha vuelto un proceso central aunque, al mismo tiempo, se ha reinventado nuevas formas de sociabilidad y pertenencia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A partir de 1985 la sociedad civil comenzó a reducir sus referencias a   la esfera pública y empezó, en consecuencia, a reflejarse a sí misma sin   recurrir al espejo de la politica. Las figuras del pueblo y la nación parecen   haber perdido substancia con el advenimiento de la democracia representativa.   El nacionalismo revolucionario ha dejado de ser el &quot;centro&quot; de la   politica y la condición del ejercicio del poder. Es fácil percibir que el   agotamiento de estas representaciones coincide con la disolución de las   identidades clasistas, en particular de la identidad obrera. El   &quot;pueblo&quot; ha dejado de ser el pueblo-obrero y el pueblo-campesino para   devenir una ficción sin la cual es imposible organizar la democracia representativa.   El debilitamiento del Estado nacional-populista, en tanto organización   económica y fuente de legitimidad simbólica, ha transformado notoriamente el   imaginario social puesto que en Bolivia, en mayor medida que en otros países   del continente, el Estado fue el principio central de la identidad colectiva.   Hoy, puede sostenerse la tesis de un proceso de &quot;salida&quot; de la política.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El nuevo trabajo de la representación gira en tomo del reconocimiento   de la pluralidad social y cultural. La unidad simbólica entre el pueblo y el   Estado-nación se ha fracturado de tal manera que los fragmentos no podran   reunirse en su anterior modo. El cambio es irreversible. El Estado se ha visto   obligado a multiplicar sus formas de existencia imaginaria ante la pérdida de   su unidad. Bolivia se ha convertido en un país multicultural y plurilingüe,   como se establece en el Artículo Primero de la Constitución Política del   Estado y en otras leyes de la República. Ciertamente, se trata de un imaginario   más difícil de &quot;leer&quot; y menos visible que la narración unanimista del   Estado nacional-popular. Los gobiernos &quot;neoliberales&quot; han   multiplicado por doquier la simbología de la pluralidad: ella se encuentra en   la Ley de Participación Popular, que reconoce la diversidad étnica y regional y   la autonomía de los municipios, en la Ley de Reforma Educativa que contempla la   educación bilingüe, en la Ley de Tierras, que reconoce y protege los   territorios de algunos pueblos indígenas. Sin embargo, resulta evidente que la pluralidad simbólica no se ha expresado en un sistema político plural.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cómo hacer visible a una sociedad de individuos? Aquí radica el nudo   maestro de la política moderna. La formidable abstracción que involucra la   democracia representativa sólo puede representar a una sociedad de individuos y   no a un cuerpo &quot;real&quot;. En la medida en que la aspiración a   representarse la sociedad moderna como colectividad choca con el principio   sociológico de su división, no es posible producir un imaginario unánime sino   imaginarios, en plural, es decir múltiples representaciones   que los actores sociales se hacen de las fracturas sociales. Este es un punto   esencial. El poder organiza la representación de estas diferencias sociales   acotándolas en el terreno de la esfera pública. No obstante, cuando las   divisiones sociales no pueden ser explicitadas se produce una fragmentación de   las representaciones de los actores, que contribuye a erodar la elaboración de   una narración de conjunto. La «sociedad deviene entonces en una realidad   sociológica fragmentada, término que alude a la descomposición de un &quot;todo&quot; en una pluralidad de significación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La sociedad moderna, valga el pleonasmo, se distingue por el carácter   abstracto que revisten las relaciones sociales para asegurar la igualdad entre   personas socialmente diferentes, a partir de su (sola) cualidad común de   sujetos autónomos y prescindiendo de toda referencia metasocial. Esta ficción   debilita la capacidad de la política de representarse la sociedad puesto que   es extremadamente hostil a toda interpretación substancial. La modernidad   política es impensable sin la desubstancialización de lo social y sin la   instalación, en su reemplazo, del prejuicio democrático del número: un hombre,   un voto. Puesto que la condición de la democracia es la ficción de la igualdad,   ella es incompatible con toda concepción sobre las finalidades y valores de la   sociedad (es neutra respecto al &quot;bien&quot;, en términos de la filosofía   moral) El poder en la democracia es pues un &quot;lugar vacío&quot; como lo destacó con fuerza Claude Lefort (1986).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para evitar su disolución, está condenada a inventar y reinventar   constantemente la identidad de &quot;comunidad&quot;, que es básicamente un sentimiento de pertenencia colectiva.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero el recurso a la ficción es limitado porque los grupos sociales   demandan formas de identificación real. Esta dificultad deriva en una aporía:   ¿Si el individuo es una mera cualidad abstracta, por encima de sus diferencias   de tipo &quot;natural&quot;, cómo representarse una sociedad de individuos? Una   respuesta posible, desde el registro del liberalismo político, consiste en   considerar al procedimiento como criterio suficiente. Sin embargo, en este   escenario el &quot;pueblo&quot; queda indeterminado, sin forma, lo que entraña   una permanente búsqueda de identidad. Los acontecimientos de abril y   septiembre del 2000 son, en el plano del imaginario, una evidencia de la   intensa búsqueda de una identidad &quot;real&quot;. Lo social, en suma, no se   refleja más en lo político. La sociedad civil, que es otra forma equívoca de nombrar al &quot;pueblo&quot;, emerge en toda su diversidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este teatro involucra una nueva definición de lo social que reposa cada   vez más en sí misma como efecto del descrédito de la política. Aquí presento   una de las hipótesis de trabajo: la política no puede ya representar a la   sociedad como una totalidad estructurada a causa de la crisis del   Estado-nación, ciertamente, pero también como consecuencia del trabajo de   representación de los actores sobre sí mismos, dinámica que ha producido nuevas   formas de socialidad. Este doble proceso se despliega sobre la base de una   homogeneización sin precedente que borró con las diferencias y jerarquías del   pasado. Con la urbanización, la expansión vertiginosa de los medios de   comunicación y el consumo masivo, los modos de vida se han aproximado. Esta   sociedad fragmentada carece de proyectos comunes que identifican &quot;comunidad&quot;   con el mundo político; paradójicamente, sin embargo, es una sociedad donde los hombres se asemejan más que nunca. </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Notas</b> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. Las nociones de imaginario, representaci&oacute;n y mentalidad colectiva   deben un tributo al concepto de representaci&oacute;n colectiva de E. Durkhcim.   Sin embargo, sus derivaciones son particulares. Para la psicolog&iacute;a social, el   concepto de representaci&oacute;n alude a formas parciales de aprehensi&oacute;n de la   realidad o de parcelas de esa realidad bajo la forma de teorizaciones   espont&aacute;neas, combinaciones de opiniones vulgares y conocmicnto cient&iacute;fico. Para   G.Duby (1978) y la escuela de los annales el imaginario alude a lo general   antes que a lo espec&iacute;fico y no est&aacute; obligatoriamente cxplicitada ni es plenamente consciente, s&oacute;lo es evidente por obra de la interpretaci&oacute;n.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. (Castoriadis 1983; Lefort y Gauchct 1971; Lefort 1985,1986)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3.&nbsp;&quot;Lempirede I imaginaire: non pas seulement l'cmprisc de l'illus&iacute;on sur l'action des hommes,   mais la prisc du pouvoir par l'imaginairc, l'inscription dans le r&eacute;cl du   gouvenemcnt de l'imaginairc, I'occupation d&eacute;la scene politique par l'cntrepisc   fantasmagorique de transmutaron du symboliquc en recl gracc a la magic du   Prince&quot;(Lefort 1971: 31).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4.&nbsp;Rosanvallon (1997:11). En pie de p&aacute;gina puede leerse que &quot;On   pet souligner que la languc allcmandc, contraircmcnt au francais, disposc de   deux termes distinets, Rcpr&aacute;scntation (figuration symboliquc) ct   Stcllvcrtrctung (mandat) pour designer chacunc de ees notions.&quot; En el caso   de la lengua espa&ntilde;ola existe la misma limitaci&oacute;n.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5.&nbsp;lista os la opini&oacute;n de K X.   Guerra 1992 y M. R. D&eacute;melas 1992.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6.&nbsp;Irurozqui s/f y D&eacute;melas 1992   analizan los documentos program&aacute;ticos y discursos de los l&iacute;deres liberales.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7.&nbsp;Para una problematizaci&oacute;n de   estas t&eacute;sis Barragan 1999 y Irurozqui s/f.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8.&nbsp;De acuerdo a Knstcva lo abyecto es el rechazo violento de los   aspectos de la realidad que producen disturbios en la estructuraci&oacute;n de la   subjetividad (1998:8).</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">9. Marta Irurozqui demuestra   brillantemente ese proyecto de las &eacute;lites (1994).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">10. &quot;La politisation y dcsccnd done du plus   haut jusqu'au plus bas de 1'cchcllc socialc. Tous Ies groupes sociaux organises   se dedient a la politique; ils ne se prcoccupent pas sculcment des problemes   qui les conccrncntn au premier ehefmais aussi de tous eeux qui affeetent la   socictc dans sa totalit&eacute;. Les syndicats, les assoeiations profcssioncllcs, les   universit&eacute;s, le clcrge meme, tout commc la p&oacute;lice ct Tamice sont   politises&quot;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Bibliografía</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> DUBY, Georges</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1978 Les trois ordres ou I'imaginaire duféodalisme, Ed. Gallimard, París. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059560&pid=S0040-2915200300010003300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> DÉMELAS, Marie-Danielle 1992   L 'inventionpolitique. Bolivie, Equateur, Perou au XlXsiécle, Ed. Recherche sur les civilisations, París.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059561&pid=S0040-2915200300010003300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">GUERRA, Francois-Xavier</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1992   Modernidad e Independencias. Editorial Mapfre, España. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059562&pid=S0040-2915200300010003300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> IRUROZQUI, Marta</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1994 La armonía de las desigualdades. Elites y conflictos de poder en Bolivia, 880-1920. CSIC-CBC, Cuzco.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059563&pid=S0040-2915200300010003300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> IRUROZQUI, Marta s/f La democracia imposible, 1900-1930. Mimeo. </font></p>     <!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> KRISTEVA,   Julia 1998 Poderes de la Perversión.   Siglo XXI, México.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059565&pid=S0040-2915200300010003300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> LAVAUD, Jean Pierre</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1991 L 'inestabilitepolitique de l 'Amerique Latine. Le cas de la Bolivie. L'Harmattan-IHEAL, 290pp. París. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059566&pid=S0040-2915200300010003300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> LEFORT, Claude</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1985 L 'Invention démocratique. Fayard, París.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059567&pid=S0040-2915200300010003300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> LEFORT, Claude 1986 Essais   sur le politique. XIXe-XXe siécles. Esprit/Seuil, París. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059568&pid=S0040-2915200300010003300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> LEFORT, Claude y Marcel Gauchet</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1971 &quot;Sur la démocratie : le politique   et I'institution du social&quot; in: Textures No.2-3, 7-78 pp., París. </font></p>     <!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> ROSANVALLON, Pierre</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1998 Le peuple introuvable. Histoire de la représentation démocratique en France. Gallimard, París. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059570&pid=S0040-2915200300010003300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">TOCQUEVILLE, Alexis de 1995 De la   democratie enAmérique, II partie, chap.II,<sub>;</sub>De   I'individualisme dans les pays démocratiques, Gallimard, París.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1059571&pid=S0040-2915200300010003300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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