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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Están las fábricas produciendo obreros? Un acercamiento a las identidades fabriles en Santa Cruz]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">¿Están las fábricas produciendo   obreros? </font></b></p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un acercamiento a las identidades fabriles e</font></b><font size="4"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">n Santa Cruz</font></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lourdes Montero</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Introducción</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El problema del mundo interno del sujeto es tan   antiguo y tan actual como todas las preguntas clási­cas. Tal parece que la tensión   entre un mundo objetivo y subjetivo no ha sido tan sólo terreno de los poetas.   William James nos prevenía: «mientras una parte de lo que percibimos penetra a   través de nues­tros sentidos a partir de los objetos, otra parte (y tal vez esta sea la mayor) surge siempre de nuestra propia mente»<sup>1</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por mucho tiempo, la primacía de la estructura y su   condicionamiento nos hacían pensar que todo el mundo subjetivo era producto de   nuestras condiciones materiales de existencia. Así, el tema de la identi­dad era   considerado un dato dado y no un problema donde la interacción social y la   interpretación de la realidad se convierten en un proceso activo que se debe tanto a la acción como al condicionamiento.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En ese marco, las teorías sociales postularon, por   mucho tiempo, la centralidad del trabajo en la determinación de la acción   social y relacionaron el espacio productivo con la posibilidad de constitución   de sujetos sociales transformadores. La complejidad social de fin de siglo, los   cambios en el sistema productivo y la crisis del socialismo «realmente   existente», entre otras transformaciones importantes, llevaron a muchos   teóricos a cuestionarse este postulado, resurgiendo como problema la   subjetividad y la construcción de identidades colectivas a partir de los espacios   laborales. El desarrollo de la discusión en la actualidad se da en torno a   diversas visiones acerca de la «centralidad del trabajo» en la vida de las   personas, con posturas que van desde las posmodernas, que plantean el fin del   trabajo y la desestructuración de las identidades, hasta aquellas otras que   sostienen, más bien, la emergencia de identidades complejas o entrecruzamientos de identidades restringidas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los autores que sostienen la imposibilidad de una   nueva identidad obrera sustentan su posición en la idea de una sociedad   «poscapitalista», donde la diversificación del trabajo provoca tal segmentación   en el mercado y en los procesos productivos, que no sería posible la   identificación colectiva; además, reco­nocen el protagonismo de las formas de   vida de quienes no se vinculan con el trabajo, y tienden a sustituir la   identidad laboral por un hedonismo del consumo. Se trata entonces del   planteamiento de identidades parciales, restringidas y desarticuladas,   configuradas de manera aislada en los diversos mundos de vida (Offe, 1985). Por   su parte, los que apuestan por los «entrecruzamientos de identidades   restringidas» como configuraciones, sostienen que reconocer la heterogeneidad   del sujeto obrero no implica admitir una desarticulación universal, pues   continuada existiendo un número limitado de ejes que influyen en la   subjetividad e identidad (De la Garza et al, 1997), así, se trata más bien de   identificar cuáles son las articulaciones y las diversas jerarquías que integran una identidad compleja mas no escindida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el caso de Bolivia, que será objeto de este estudio, la discusión   sobre la centralidad del trabajo y la construcción de identidades se produce en   un momento de rápido cambio social, profunda crisis y perplejidad del   movimiento obrero. Si bien es innegable que la llamada «centralidad obrera»   (principal­mente minera) ha sido un factor de importancia en la historia   boliviana posterior a la Revolución Nacio­nal de 1952, en la actualidad parece   haber un amplio debate, tanto teórico como ideológico, en relación a la   presencia y acción -en la economía y en la política- de la fuerza laboral   asalariada. Esto último se ha traducido en la oposición entre quienes postulan   que el modelo neoliberal, aplicado en Bolivia desde 1985 mediante políticas de estabilización   y ajuste estructural, ha significado un paulatino debilitamiento y   fragmentación del sujeto obrero, en un proceso que denominan   «desproletarización» (Arrieta y Toranzo, 1989); y entre aquéllos que, una   década después, empiezan a plantear la tesis contraria: la «reproletarización»,   en sentido de la emergencia de una nueva clase obrera en el marco del desarrollo del capital industrial en el país (García, 1999).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estas propuestas se plantean en medio de una amplia reflexión respecto   a la reforma y modernización del Estado, el reconocimiento de nuevos actores   sociales, la profunda crisis del sindicalismo boliviano (cuya expresión más   clara es la fragilidad de la Central Obrera Boliviana, otrora actora   fundamental de la organización obrera y del escenario político nacional), las   transformaciones en el proceso productivo y de gestión empresarial, la reforma de la legislación laboral y la actual configuración de la clase obrera.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En ese marco, que implica cambios sustanciales tanto en los factores   estructurales como en el mundo interno del trabajo, constituye un reto teórico   y empírico indagar las formas de configuración de identi­dades y   subjetividades. Esto implica plantear la pregunta de si en el actual contexto   es posible una «nue­va identidad obrera», en qué circunstancias y campos de   acción operaría ésta, desde qué perspectivas teóricas y empíricas es pertinente   abordarla, cuáles son las jerarquías y entrecruzamientos de su constitu­ción y   cómo interactúan estas identidades con otras variables, en una mirada que asuma   la heterogenei­dad de los actores, la existencia de identidades parciales y el «desdoblamiento» en diversos sujetos de los mismos individuos<sup>2</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sobre estas bases, la pregunta que articulará el presente trabajo es:   ¿cómo se producen y sostienen los marcos subjetivos e identitarios de los   obreros y obreras fabriles de una región determinada? Para preci­sar más los   diversos ángulos de análisis, se formularon las siguientes preguntas   complementarias: a) ¿Las nuevas condiciones económicas e ideológicas impuestas   por el «neoliberalismo» impiden la con­formación de identidades colectivas? Se   trata entonces de estudiar cómo un grupo de fabriles que traba­jan en una   región y pertenecen a una generación post reformas estructurales,   (re)configuran sus subjeti­vidades e identidades en relación a prácticas cotidianas y no cotidianas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para el estudio se privilegiaron como espacios de observación el ámbito   productivo, centrado en el proceso y control del trabajo. Así planteado   temáticamente el problema, y formuladas las preguntas centrales, delimitamos   temporalmente el análisis al posible proceso de constitución de una «nueva   clase obrera» en Bolivia en la década del noventa, que coincide con la etapa de   consolidación del modelo de economía de mercado y la ideología neoliberal; en   tanto que espacialmente la investigación se concentró en los/las   trabajadores/as fabriles de Santa Cruz, región de reciente liderazgo económico   en Bolivia y que se constituye en la ciudad símbolo de una cultura empresarial moderna.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este estudio sólo puede considerarse un acercamiento exploratorio al   tema, puesto que toda su com­plejidad no podrá ser abordada en este artículo;   sin embargo, el desafio consiste en generar una serie de ideas y sugerencias   preliminares que podrían ser ampliadas en análisis posteriores que nos   permitirían comprender cómo los espacios de vida y las interacciones sociales pueden contribuir a la delincación de matrices identitarias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Convergencias y divergencias en torno a la noción de identidad</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La identidad como noción ha sido manejada de forma amplia y a veces   ambigua. Se ha producido una proliferación de su uso no sólo en el ámbito   académico sino sobre todo en el discurso político, los medios de comunicación y   el lenguaje cotidiano. A diario y por diversos medios asistimos a la apelación   de nuestra identidad de género, étnica, nacional, regional o política; incluso   a nuestra «identidad corpo­rativa» si trabajamos en alguna empresa transnacional.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, como sostiene Giménez (mimeo), la difusión del concepto   hace referencia a una idea substancialista de la identidad definida tan sólo   como una miscelánea de propiedades y atributos especí­ficos y estables,   considerados como constitutivos de entidades que se mantienen sin mayores   variaciones a través del tiempo. Es este estereotipo de la identidad el que intentaremos deconstruir.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A pesar de su posible actualidad como noción explicativa, el problema   de la identidad en las ciencias sociales no es novedosa y tiene una respetable   tradición teórica. Podemos identificar dos comientes pre­dominantes que han   dado diversas interpretaciones al concepto. Por una parte, T. Parsons (1968)   consti­tuye el representante clásico de quienes conciben la identidad como   parte integrante del sistema de la personalidad, es decir, como función interna   dirigida al mantenimiento del modelo. Así, para esta con­cepción de fuerte   determinismo social y cultural, la identidad puede ser definida como un sistema   central de significados de una personalidad individual que orienta   normativamente y confiere sentido a su ac­ción. De esta manera, la identidad   madura y normal de un individuo representa un componente estable, unitario y   coherente, resultado de la interiorización de valores, normas y códigos culturales generaliza­dos y compartidos por un sistema social.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el polo opuesto podemos identificar las propuestas de los   interaccionistas simbólicos, quienes enfatizan el carácter múltiple, precario e   inestable de la identidad. Desde su precursor, G. Mead, hasta sus seguidores   actuales, representados sobre todo por Goffman, coinciden en sostener que la   identidad no puede ser considerada como un producto estable del sistema   cultural y social, sino como resultado provisorio y variable de procesos de   negociación en el curso de las interacciones cotidianas. Para esta corriente,   los códigos y reglas compartidas socialmente no son más que el marco dentro del   cual se desarrolla la acción y no su determinante como lo plantea Parsons. Así,   un estudio de la identidad en esta corriente trata de analizar no tanto modelos normativos como reglas mínimas de juego requeridas para la comunicación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Daniel Mato, trayendo esta discusión a América   Latina, plantea la dicotomia en términos de enfren- tamiento entre aquellas   propuestas teóricas que consideran a la identidad como un legado natural y pasi­vo   frente a quienes la conciben como socialmente construida. Adscribiéndose a la   segunda propuesta, el autor sostiene que «las identidades y diferencias, del   mismo modo que otro tipo de representaciones sociales simbólicas, son producto   de acciones sociales y no fenómenos 'naturales', ni tampoco 'reflejos' de condiciones materiales» (1994: p.16).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta interpretación dicotómica de las concepciones   sobre la identidad es actualizada por Amartya Sen (2001) en sus discusiones   sobre las identidades colectivas y sus relaciones con la libertad personal. El   autor critica lo que denomina la corriente «comunitarista»<sup>3</sup> que   pretende entender la identidad como un proceso de descubrimiento y aceptación   de una cualidad más que un proceso de elección razonado y dinámico. Así, la   propuesta comunitarista plantea que la identidad no sería una relación que se   elige (como en una asociación voluntaria) sino un vínculo que se descubre, un   elemento constitutivo del suje­to. En esta concepción, la identidad sería algo   que se detecta y se actúa en consecuencia. En contraposi­ción a esta corriente,   y otorgando mayor libertad al sujeto, Sen plantea que más bien se trataría de   una elección sustancial -muchas veces implícita- entre identidades alternativas   que nunca son definitivas ni permanentes, sino a través de un proceso reiterado   de razonamiento y elección en el marco de ciertos límites. A esta cualidad de   oscilación en las lealtades y definiciones identitarias, Sen (2000:15) se refiere como «compromisos cambiantes».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cercanos a esta posición que otorga mayor peso a la   libertad individual de elección y adscripción identitaria, Makowski y   Constantino sostienen que la identidad como problema surge exclusivamente en   sociedades modernas<sup>4</sup> cuando «el campo de elecciones posibles se amplía y el ambiente social se   vuelve, por ello, más incierto y diferenciado»; ello conlleva, según los   autores, a una sobredosis de identidad individual y un déficit de   identificación colectiva haciendo que los sujetos configuren identidades abier­tas,   diferenciadas, reflexivas y de un carácter marcadamente individualizado (1995: 191-197).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Así planteada la discusión teórica del concepto,   donde por una parte se plantea una estructura estable de la personalidad, con   características constitutivas ya sea heredadas, descubiertas o «naturales»; y,   por otra, una configuración efímera dependiente de la aceptación social y la   libertad de elección, el desafío de una propuesta actual de interpretación de   la identidad parece estar en superar el falso dilema entre un sujeto   sobredeterminado por las estructuras sociales, u otro que mantienen una libertad siempre relativa en su acción.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este conjunto de propuestas destacan los   planteamientos de R. H. Turner (1979) quien contribuye con sus postulados sobre   la concepción en sí e imagen en sí. Mientras que la primera responde a valores   y aspiraciones durables que el individuo percibe como constitutivos de su yo   profundo, la segunda repre­senta la fotografía que registra su apariencia en un   determinado instante. La primera -que podríamos llamar identidad- sería   consistente sin ser inmutable; y la segunda, efímera, variable y plural. Este   autor destaca que la identidad sería a la vez factor determinante y producto de   la interacción social. Más adelante retomaremos esta propuesta, junto con la   contribución de autores coincidentes, cuando expon­gamos la concepción que guiará este trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin pretender saldar esta compleja discusión, que   por supuesto rebasa ampliamente los límites del presente trabajo, expondremos   las ideas sobre identidad a las que nos adscribimos y argumentaremos a favor de   las mismas para que, a manera de noción y no como definición formal, nos   sugieran líneas de comprensión e interpretación que den cuenta de una serie de problemas claves para entender la relación de los sujetos y su identidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Uno de los principales teóricos latinoamericanos   sobre el tema, el mexicano Gilberto Giménez, nos propone comprender la   identidad -en su núcleo conceptual- como «el conjunto de repertorios culturales   interiorizados (representaciones, valores, símbolos) a través de los cuales los   actores sociales (individuales y colectivos) demarcan sus fronteras y se   distinguen de los demás actores en una situación determinada, todo ello dentro   de un espacio históricamente específico y socialmente estructurado» (Giménez mimeo).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Así, formando parte del mundo subjetivo del actor,   entenderemos la identidad como el sentido de pertenencia a un nosotros   relativamente homogéneo que nos permite, a nivel subjetivo, diferenciarnos de   otros grupos o personas. Se trataría ante todo de un conjunto de signos   compartidos, memoria colectiva común y, sobre todo, una visión de futuro. Este   sentido de pertenencia también puede implicar la concep­ción de un origen común   que implica mitos fundacionales, lazos de sangre, antepasados, gestas   libertarias, tanto como un lenguaje compartido, un estilo de vida y modelos de   comportamiento característicos. Es así que la identidad, o una cierta forma   particular de dar sentido, nace de prácticas cotidianas, junto a rupturas y   asimilaciones de los acontecimientos colectivos o personales impactantes (De la Garza, et.al. 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A esto, Barth (1971) agrega que la identidad será   entonces una categoría tanto de adscripción como de reconocimiento, que es   utilizada por los actores mismos y tiene la característica de organizar la   interacción de los individuos. Así, lo crítico en la identidad será la   operación de la diferencia entre lo propio y lo extraño, es decir, establecer los límites o las fronteras.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se trata ante todo de un atributo subjetivo de los   actores sociales y, en la medida que representan el punto de vista subjetivo de   los sujetos sobre sí mismos, la identidad no puede ser reducida a un conjunto   de datos objetivos; resulta, más bien, de una selección operada subjetivamente.   Es un reconocerse en algo que tal vez sólo en parte coincida con lo que   efectivamente uno es. Así, como sostiene Cirese (1987), «no es lo que uno   realmente es, sino la imagen que cada quien se da de sí mismo». Sin embargo,   esta identidad no necesariamente es el resultado de una selección libre. La   identidad de los actores socia­les es producto de una especie de compromiso   compartido, de negociación entre la autoafirmación y asignación identitaria,   entre la «autoidentidad» asignada por uno mismo y la exoidentidad que es exter­namente imputada (Giménez 1990).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esto nos permite entender por qué la identidad   supone necesariamente la intersubjetividad; es decir, la identidad podría   emerger y afirmarse sólo en la medida en que se confronta con otras identidades   en el proceso de interacción social. La mera existencia objetivamente   observable de una determinada configu­ración cultural o social no genera   automáticamente una identidad. Así, es necesario que los grupos se   autoidentifiquen: la identidad no es un atributo o una propiedad intrínseca del sujeto sino que tiene un carácter intersubjetivo y relacional.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como lo explica Benoist (1981), se trata de una   noción relacional a la que le es constitutiva la cues­tión del otro, es decir,   estaría operando de acuerdo a un principio de oposición ya que antes de la   afirma­ción de un sí mismo, se reconoce la diferencia con otro. La identidad   entonces se concreta en un movi­miento dialéctico de desidentificación con uno mismo y una sistemática identificación con los miembros del grupo de pertenencia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta relación de «otredad», debemos aclarar, no   necesariamente implica enfrentamiento entre los gru­pos. Si bien la delineación   de las diferencias en algunos casos implica la atribución de características   cultu­rales de tipo negativo, también hay la posibilidad de ver en el «otro» un   potencial aliado. Esto nos permite pensar   que no siempre las relaciones son bipolares, sino considerar el reconocimiento   de otros grupos distintos pero en igualdad   de condiciones. Este modo de ver la distinción ha servido sobre todo para ver   las relaciones internas entre los distintos   grupos étnicos, que si bien comparten intereses comunes y se enfren­tan a un   «otro» similar, no necesariamente implica que compartan principios de integración unitaria.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En referencia al tema de la existencia de una sola   identidad o la presencia de múltiples identidades en un mismo sujeto, volvemos al problema planteado   por Appiah (citado por Sen, 2001) y su imperialismo   de la identidad. Nos resistimos a reconocer sujetos sobredeterminados   por su condición de clase social o pertenecientes   a una sola comunidad o grupo y, por ello, debemos adscribirnos a los teóricos   que recono­cen múltiples identidades que se suceden de modo simultáneo, pero   asumiendo que se trata de dimensio­nes finitas y que en general se ordenan   jerárquicamente aunque siempre compiten en importancia en un contexto dado. Así, una obrera será también   mujer, joven, boliviana, mestiza, entre otras dimensiones identitarias. Si bien aceptar la pluralidad de   dichas identidades nos lleva a una lectura más compleja, esto no implica que aceptemos que las opciones son   interminables. Hay una jerarquía en cuanto a determinar qué factores marcan identidades y qué otros son   sólo rasgos característicos que pueden ser efímeros o fortuitos. Así, no es lo mismo hablar de   categorías como la clase, la raza, la nacionalidad, el género o la profesión que hacerlo de nuestro gusto por la música, nuestra afición por un equipo de fútbol o el hecho de ser amantes de las mascotas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este marco interpretativo podemos preguntarnos   concretamente: ¿cómo opera el proceso de confi­guración de una identidad?   Giménez (1990) proporciona algunos principios fundamentales que nos ayudan a comprender los diversos niveles necesarios para   el análisis. En primer lugar, podemos plantearnos un principio de diferenciación. Se trata de un   proceso lógico en virtud del cual los individuos y grupos se auto- identifican por la afirmación de su diferencia   con respecto a otros individuos y otros grupos. Se trata ante todo de un proceso de toma de conciencia de las   «diferencias» que tienden a presentarse como contraposi­ciones binarias   (ellos/nosotros) o mucho más complejas. Este principio estará complementado por   el segun­do nivel, o principio de la integración unitaria. Se trata ante todo   del necesario proceso de reducción de las diferencias   bajo un principio unificador que las subsume o reduce. Ambos principios   implican códigos, reglas de conducta y roles sociales que distinguen a un «nosotros» de un «ellos».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por último, el principio de permanencia a través del   tiempo implica la percepción de cierta estabili­dad más allá de sus variaciones   accidentales y de sus adaptaciones al entorno. Esta continuidad temporal permite al sujeto establecer una relación entre   el pasado y el presente, así como vincular su   propia acción con los efectos de la misma.   Esto, sin embargo, entendiendo que las identidades no perduran en el ser como si fueran esencias y que ninguna generación   comparte los rasgos identitarios de sus antepasados de manera idéntica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Con estos tres principios y asumiendo que la construcción y recreación   identitaria son producto de la configuración de matrices culturales, discursos   circulantes, integración social de la experiencia de vida y proyectos de futuro   podemos concluir nuestro recorrido teórico sobre la noción de identidad. Será   en la experiencia concreta de los obreros y obreras investigados donde se pueda   comprender mejor las com­plejas dimensiones de esta problemática. Veamos ahora   qué particularidades enfrentaremos en el análisis de una región con una configuración económica, histórica y política concreta.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Matrices culturales de origen:</b></font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Santa Cruz y el mito del desarrollo y la modernidad</font></b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Santa Cruz es la ciudad más   importante del oriente boliviano y, en los últimos treinta años, se ha   constituido para sus habitantes y el conjunto del país en sinónimo de una   región dinámica, moderna y en continuo crecimiento económico. Se trata de una   ciudad que en la actualidad -convertida en un polo de desarrollo- compite por   el protagonismo económico y social con La Paz y Cochabamba. Santa Cruz, «hija   de la revolución» como algunos la llaman<sup>5</sup>, debe su acelerado adelanto a las   políticas de desarrollo diversificado e integración nacional de los primeros gobiernos nacionalistas de la década del 50.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La ciudad de Santa Cruz es capital   de una región fundada a mediados del siglo XVI y tiene en su historia diversos   procesos de integración y exclusión del proyecto histórico boliviano. La región   nace ligada a la actividad minera de Potosí, como un asentamiento urbano   desordenado, «suministrando al mercado altoperuano azúcar, algodón, tocuyo,   cueros vacunos y plantas tintóreas» (Sanabria 1968:11). Así, Santa Cruz es   incorporada al Virreinato de La Plata y a la economía minera de manera marginal   y como apoyo en la provisión del centro colonial. Este destino productivo   agroindustrial de Santa Cruz habrá de marcar la identidad regional hasta   nuestros días, no sólo en sus características económicas sino ante todo en su organización   política ya que la agroindustria generó también la formación de la élite   criolla dominante que «al promediar el siglo XVII (...) se convirtió en una   verdadera jerarquía dominante que sujetaba a un numeroso pueblo humilde que   vivía en la mayor miseria (...). Con sueldo o sin él, el peón labriego tenía   que trabajar para su patrón (...) que llegaba a hacerle sangrar las espaldas a   látigo» (Pérez Velasco 1972:27). Estas relaciones de péon/hacendado se   mantuvieron hasta mucho después que la revolución nacional llevara adelante la reforma agraria.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Durante el periodo republicano,   después de una serie de luchas internas por el poder regional, en Santa Cruz   finalmente se consolida el dominio de una cruceñidad conservadora, basada en la   organiza­ción terrateniente y que perdura por más de 50 años. Así, bajo la   hegemonía ideológica de los hacenda­dos, la identidad regional se centra en la   defensa del ya escaso mercado nacional que continuaba centrado en la actividad   minera (y cuyos lazos comerciales se consolidaban más bien hacia Perú y Chile).   Se trataba de una sociedad «encerrada en sí misma, nutriéndose y   reproduciéndose en una suerte de econo­mía de autosuficiencia, que conformó una   sociedad estratificada, con élites reducidas y orgullosas de títulos nobiliarios   y con manifestaciones hasta esclavistas y patriarcales en sus relaciones de producción» (Capobianco 1985:182)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Posteriormente, durante el auge   del estaño y los gobiernos liberales, Santa Cruz es aún más aislada por razones   políticas y económicas. Paradójicamente, como sostiene Rodríguez (1999),   movilizar un quintal de azúcar granulada de remolacha desde Alemania hasta   Oruro (centro minero) resultaba más barato que transportarla en petacas de   cuero a lomo de muías desde Santa Cruz. Este argumento apoyaba la marcada   política de libre comercio internacional de este periodo impulsado por el auge   ferrocarrilero. Estas medidas conducen a un mayor empobrecimiento del oriente   boliviano, crisis profunda que desen­cadena desaliento generalizado e incluso   despierta incertidumbre sobre la real posibilidad de la sobreviviencia de la región (Sandoval 1985).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La crisis generalizada de este   periodo y sobre todo la caída de precios de los productos regionales lleva a   las élites locales a cuestionar profundamente su posición en las estructuras   del poder de decisión nacional y a discutir la validez de los proyectos de   integración del país. Es en este periodo en el que Sandoval (1985:160) ubica el   surgimiento de una «conciencia propia (regional), con tendencias autóno­mas, bajo   los embates ideológicos de una ostensible rivalidad camba-colla<sup>6</sup>».   Así, desde las élites terrate­nientes y difundido en la población, se incuba un   proyecto de desarrollo regional de vastos alcances, fundado en la competencia   regional con occidente y basado en la explotación de los recursos naturales del área <sup>7</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la revolución nacional de 1952,   este proyecto regional tiene propuestas claras y se incorpora muy bien a las   políticas económicas modernizantes del nuevo gobierno que buscan la   diversificación de la producción minera a través del impulso a la explotación   hidrocarburífera y agroindustrial. Ya para la década del 40, importantes   sectores cruceños inician su transformación de una oligarquía terrateniente a   una burguesía agraria, al ser reconocidas por la reforma del agro las empresas   agrícolas, ampliamente beneficiadas además con asistencia técnica, subvenciones   y divisas fiscales producto de la explotación minera en occidente (Mesa et.al.,   2001:664). La región logra de esta manera un acelerado tránsito de una economía terrateniente a una economía capitalista<sup>8</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El desarrollo regional iniciado en   el periodo de la revolución nacional se consolida en la etapa de la dictadura   militar Banzerista (1971-1978). El presidente, así como cinco ministros de su gabinete,   son de origen oriental, lo que lleva a algunos autores a hablar de cierta   hegemonía nacional de la región. La burguesía agroindustrial cruceña rompe con   el modelo nacionalista y consolida una economía liberal de apertura al capital   foráneo e inicia una etapa «modernizante» en Santa Cruz, de fuerte inversión en   la agroindustria, los hidrocarburos, la construcción, la industria manufacturera y ante todo en los sectores comerciales, de servicios y finanzas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El apoyo de Santa Cruz a la   dictadura de Banzer y la clara hegemonía discursiva de la burguesía industrial   en la región reafirmó para el resto del país su tonalidad conservadora; ni las   luchas cívicas por reconquistar la democracia, ni los resultados electorales   actuales (en los que las fuerzas populares alcan­zan la mayoría) han logrado   cambiar la opinión pública (Calderón y Laserna 1985). Esta atribución de un   carácter poco contestatario y de una hegemonía de la ideología dominante sobre   la población fue exten­dida incluso a los sindicatos que son considerados en el   resto del país, y sobre todo en el seno de la COB, como conciliadores y muy apegados a la cultura laboral empresarial.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como todo foco de desarrollo   económico, Santa Cruz ha generado uno de los movimientos migratorios más   importantes de la historia del país. Más de la mitad del crecimiento   poblacional de Santa Cruz se debe a la migración neta<sup>9</sup>. Esta   migración proveniente tanto de las provincias a la ciudad como de otros   departamentos del país, es de gente muy joven, en la edad laboral más febril y   predominantemente constituida por mujeres. Se trata de una migración   relativamente reciente, con mayores flujos a partir de 1965 y con una clara   tendencia creciente. Así, tenemos en esta ciudad un crisol nacional,   heterogéneo, multicultural y de gran diversidad social; muy compleja en su reproducción social y caracterización identitaria (Rojas 1986).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La dura crisis económica de los   ochenta, compartida no sólo por el país sino por toda América Latina y cuyas   consecuencias nos llevaron a conocerla como la «década perdida», afectó   sensiblemente el desa­rrollo de Santa Cruz<sup>10</sup>. La caída de las exportaciones, sobre   todo agroindustriales, generó que su mercado laboral, ya de por sí muy   presionado por el crecimiento poblacional y las constantes migraciones, se   viera muy empobrecido. Así, en esta década Santa Cruz ve crecer el sector   terciario, sobre todo en su carácter informal, constituyéndose en el principal   generador de empleo e ingreso de más de la mitad de su población. Este perfil aún permanece hasta nuestros días&quot;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Durante la década del noventa se   produce una lenta recuperación de la economía cruceña mantenien­do su   crecimiento anual en ascenso (a excepción de 1992 y 1999) siempre por encima   del promedio nacional. Sus exportaciones crecen sostenidamente en el periodo de   1993 a 1998, basadas sobre todo en productos no tradicionales de la   agroindustria como la soya, aceites, azúcar y algodón (Centro Boliviano de   Economía, CEBEC-CAINCO, 2000), además de fuertes inversiones de capital extranjero en las em­presas petroleras productoras y de servicios.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este crecimiento devuelve a la   región su prestigio como una de las ciudades más ricas y desarrolladas de   Bolivia, atrayendo nuevos contingentes migratorios importantes. Su población   sufre en estos diez años un incremento del 60% pasando de 698.000 habitantes   para 1992 a 1.114.000 para el 2001, con una tasa de crecimiento poblacional de   5%, dos puntos por encima del promedio nacional, convirtiéndose así en la ciudad más poblada de Bolivia<sup>11</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este crecimiento poblacional   acelerado genera también un incremento cada vez mayor del sector informal,   tanto en la pequeña empresa familiar como en el comercio y los servicios. Así   también, fuertes contingentes de inmigrantes se insertan en la industria de la   construcción y el transporte, que se desarro­llan aceleradamente en este   periodo. De igual forma, el número de obreros industriales crece pero se mantiene como una cuarta parte de la PEA del mercado laboral.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En resumen, podemos sostener que   Santa Cruz tiene una matriz cultural muy ligada a su pasado terrateniente   hacendado que ha ido constituyendo una élite burguesa agroindustrial. Esta   forma de orga­nización social ha generado marcadas diferencias históricas con   el occidente. Como lo plantea el Informe de Desarrollo Humano de Bolivia del   año 2000 «en el occidente, el sistema de hacienda en sus relaciones con la   comunidad estaba construido sobre relaciones serviles complejas, propias de la   densidad histórica de las sociedades andinas. Por el contrario, en el oriente, las   relaciones serviles eran más simples y las haciendas tuvieron un carácter   patriarcal con menos distancias étnico-culturales que en el occidente» (2000:12).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En parte por esta aparente menor   distancia étnico cultural entre los orientales, las élites regionales han   logrado durante un periodo bastante largo confundir su ideología y sus   aspiraciones con las deman­das de toda la región, relegando los intereses   populares y camuflando las contradicciones de su estructura social a través de   un discurso de «identidad cruceña» que, si bien tendría una apariencia igualitaria, encierra profundas y marcadas contradicciones<sup>12</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este discurso dominante, la   superación individual es fruto del esfuerzo e iniciativa personal, pro­moviendo   con mucho éxito la idea de una región con mucha circulación y flujo social   entre las diversas clases sociales y donde la acumulación de capital económico   puede sobrepasar las diferencias culturales de clase. Así, habría mayor   tendencia a atribuir la pobreza a la desidia y descuido individual o a la falta de educación, más que a factores estructurales de explotación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, en la actualidad, este discurso se enfrenta con una   realidad muy excluyente, lo que genera un continuo cuestionamiento al carácter   inequitativo del conjunto de la sociedad. Esto tal vez se deba a los cambios   profundos que los continuos flujos migratorios han generado. Es indudable que   la región está adquiriendo nuevas características insospechadas hace 20 años.   Los cambios en su es­tructura económica, así como el surgimiento de nuevos   sujetos sociales han configurado una Santa Cruz diferente en constante   ebullición urbana, donde la articulación de los diversos grupos multiculturales   necesariamente han generado un carácter más cosmopolita que pone en crisis una   cruceñidad conservadora y señorial, dando paso a una compleja red social cuya identidad regional está en pleno proceso de construcción.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Los estudios de caso:</b></font></p>     <p align=justify><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La subjetividad de los obreros y obreras fabriles</font></b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para   profundizar en el conocimiento de la identidad obrera en la región, indagamos   sobre las percep­ciones, valores y sentimientos de los obreros y obreras de   tres empresas grandes en la ciudad de Santa Cruz. La elección de estos estudios   de caso se realizó de manera intencional en los rubros representativos de la   dinámica regional. Metodológicamente realizamos en cada empresa una encuesta   exploratoria y veinte entrevistas a profundidad con diversos actores que nos   permitieran reconstruir y comprender va­nos niveles de análisis. Las empresas   investigadas son, por una parte, dos industrias tradicionales de la región: una   empresa azucarera y una procesadora de madera; por otra, una moderna planta   trasnacional productora de bienes de consumo de papel. Iniciaremos la   exposición analizando las relaciones familia­res de los sujetos entrevistados para después incursionar en el ámbito laboral y sindical.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>El trabajo en las fábricas</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El trabajo, entendido como relación   social, más que como un intercambio mercantil, es un espacio privilegiado de la   construcción y recreación de marcos subjetivos e identitarios. En la fábrica no   sólo se transforma la materia prima en bienes de uso o cambio, sino que también   se producen y reproducen obreros, cultural y simbólicamente, a través de las   relaciones sociales que se establecen, las reglas que se acatan, los procesos de aprendizaje y las formas de expresión de los sujetos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las personas se incorporan a los segmentos del tejido económico y   social al establecer relaciones con otras personas -sean sus iguales o   diferentes- mediante el desempeño de un trabajo. Así, el sujeto, a través del   ejercicio cotidiano de su labor, pone en práctica valores, saberes y   sentimientos, así como formas de relacionarse y organizarse. Estas acciones   objetivas y marcos subjetivos, a su vez, producen formas de identificación en   relación con la actividad que realiza y de identificación con otros que com­parten   su lugar en la producción y su posición en la sociedad a la que pertenecen.   Así, sin volver a plantear la centralidad del trabajo en la definición de la   identidad del sujeto, podemos afirmar que la fábrica es uno de los espacios   constitutivos preferenciales, tanto por la intensidad de las relaciones que genera como por la extensión del tiempo que se le destina.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La organización del trabajo en las fábricas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En las tres fábricas que hemos   analizado, la organización del trabajo y el liderazgo gerencial tienen ciertas   particularidades, aunque una característica común a todas es que se trata de estrategias tradiciona­les de organización productiva.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el primer caso, un ingenio   azucarero, la organización de la producción está basada en el conoci­miento y   experiencia de sus obreros con intervenciones puntuales de los ingenieros sólo   en la resolución de problemas con el equipo o maquinaria y en el control del   producto. Los obreros más antiguos contro­lan prácticamente todo el proceso de   producción puesto que en esta empresa la gerencia centra su aten­ción en la   provisión de materia prima (caña de azúcar), el control de calidad del producto   terminado y la fijación de cupos productivos que son negociados con los obreros   a través de complejos sistemas de bonos y aumento de pago por horas extra de trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La organización del trabajo está   más cercana a una lógica pre-industrial donde un «maestro» controla una sección   del proceso y tiene a su cargo un conjunto de ayudantes, cuya función de   aprendizaje se combina con una serie de rituales de paso para obtener el   respeto y la jerarquía que sólo el conocimiento del funcionamiento de la   maquinaria, dominio del producto y la experiencia en la solución de problemas   puede dársela. Así, las jerarquías internas están muy marcadas por una serie de   distintivos simbólicos que se expresan en el habla, las actitudes entre obreros   y el trato con los «ingenieros» quienes constantemente disputan el control del   proceso productivo sin lograrlo<sup>13</sup>.   En un tercer segmento, debajo de los ingenieros y maestros, se encuentran los   ayudantes, obreros jóvenes no calificados que constantemente deben dar muestras   de lealtad y voluntad hacia sus maestros para que éstos les transmitan sus   secretos. Los maes­tros actúan como protectores de sus ayudantes tanto como sus disciplinadores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por último, se encuentra un grupo cuyas condiciones   laborales son las más precarias. Se trata de los «destajistas», contratados   sólo por la temporada de zafra, sin beneficios sociales y pagados por jornada   trabajada. Estos obreros, claramente discriminados por el resto de trabajadores   «de planta», son los res­ponsables del trabajo más pesado (llenado de bolsas de   azúcar, cargado de camiones, apilación de caña, etc.) y constituyen el   recordatorio diario de la presión ejercida por los subempleados que aceptan condi­ciones laborales y salarios mucho más bajos que el personal de planta.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La segunda empresa, procesadora de madera, se define   más en los marcos de una peculiar organiza­ción «taylorista» del trabajo. En   esta empresa lo que prima es la cantidad por encima de la calidad del producto.   Cada trabajador tiene un sueldo básico asignado a un cupo diario de producción,   todo lo que logre realizar por encima de ese cupo es pagado como un bono de   productividad. Este arreglo - implementado sólo desde hace tres años- genera un   ritmo frenético impuesto por los propios trabajado­res. Además, la empresa   tiene el privilegio de regular la sobreproducción cuando el mercado no lo re­quiere,   enviando «a descansar a su casa unos días» a algunos trabajadores que ya hayan   completado su cupo mínimo mensual. El control de la producción por parte de la   gerencia se centra -como en el caso anterior- en el producto final, rechazando   los productos defectuosos o volviendo a hacerlos procesar. Esta aparente   organización de corte taylorista varía en el control mismo del proceso de   trabajo que se vuelve relativamente relajado y centrado más en la autoridad de   ciertos grupos internos de trabajadores que en el control de la gerencia técnica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las distinciones internas en la planta están dadas   más en función a las secciones en que cada obrero trabaja que a la habilidad o   experiencia en el trabajo. Aunque la empresa ha intentado romper esos nichos de   poder a partir de la rotación interna del personal, el descenso en la   producción los ha llevado a renun­ciar a este propósito, tolerando un laissez   faire en las distintas secciones que organizan su producción mediante acuerdos internos, redes de solidaridad y control horizontal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se podría afirmar que, en la primera y segunda   empresa, el interés de la gerencia no está en el disciplinamiento de los   trabajadores y se podría decir que hay importantes grados de libertad en la   orga­nización del ritmo de trabajo presionado ante todo por criterios   salarialistas. Los obreros lo plantean como «aquí nadie te molesta si haces tu   trabajo»o «cada quien sabe qué hacer y cómo hacerlo, los de arriba ni se   meten»; sin embargo, este sistema ha incrementado de manera drástica el control   que ejercen los propios compañeros, tanto los que trabajan más y elevan las   expectativas de productividad por obre­ro, como los que trabajan menos o faltan pues perjudican al grupo en el que se incorporan.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por último, comparamos la empresa de productos de   papel. Esta compañía nace con capital nacional pero desde hace dos años la   mayor parte de sus acciones fueron adquiridas por la trasnacional Kimberly SRL.   La primera gerencia (de origen local), en el imaginario de los trabajadores, se   presenta como el pasado bueno, enfrentado con el presente de explotación y   falta de respeto hacia la fuerza laboral. Según plantean los obreros y obreras,   el anterior gerente se caracterizaba por mantener un clima laboral bueno, con   salarios por encima de la media y con un liderazgo paternalista que sobrepasaba   los límites de la fábrica y otorgaba beneficios de bienestar para las familias   de los trabajadores (becas de educación, vivienda, seguros de salud, etc.) Esta   empresa no tenía sindicato y los mismos trabajadores declaran que «no lo   necesitaban» puesto que el gerente y su personal de confianza tenía una   política de puertas abier­tas y negociación en los reclamos; el empresario era   quien mandaba un «representante» de su confianza a las asambleas de la Federación de Fabriles como representante de los trabajadores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A partir de la compra de la   empresa por Kimberly, un nuevo equipo gerencial de origen colombiano intenta   romper con el paternalismo de la anterior administración y busca implementar un   método más burocratizado. Sin embargo, este cambio ha sido muy resistido por   los trabajadores que se han sentido avasallados en varios aspectos: en lo   económico, con la pérdida de varios bonos productivos y la reduc­ción real de   sus salarios; en el aumento de la intensidad del trabajo por reducción de   personal y la aplica­ción de multitareas en los puestos de trabajo; y sobre   todo en aspectos «morales», puesto que los super­visores extranjeros utilizan   el maltrato verbal como estrategia de intimidación principalmente con las obreras.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La resistencia a esta nueva forma   de trabajo los llevó el año pasado a crear un sindicato en la empre­sa, cosa   que sorprendió a los nuevos gerentes y, en expresión de los trabajadores, «los   tomó despreveni­dos porque cuando quisieron dar marcha atrás ya el sindicato   era legal». En este marco, se inicia la constante disputa contra la imposición   de una nueva forma de organización del proceso productivo basa­da en grupos de   trabajo (pero vaciados de su contenido enriquecedor y participativo). Se trata   de la conformación de equipos a cargo de una coordinadora donde, con un sistema   básicamente fordista, va­rias tareas son desempeñadas por los distintos   miembros del grupo. Lo único que los obreros reconocen en el cambio es que se   genera un ambiente de competencia entre los grupos por mayores niveles de producción, pero que ese aumento productivo no se ve reflejado en su ingreso.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En esta empresa todavía no se ha podido consolidar un sistema   productivo definitivo; las disputas y quejas son constantes y la negociación en   busca de un equilibrio está en proceso. Tampoco los nuevos gerentes logran   consolidar una legitimidad que pareciese haber conseguido la anterior gerencia   con un sistema de dominio paternalista, y por ello los trabajadores sienten que   se ha transitado a un modelo más burocrático pero al mismo tiempo más despótico y unilateral.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Arenas en disputa: las estrategias de distinción y poder en el piso del taller</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si bien cada empresa varía en su   forma de organización del trabajo, su política de personal, la inten­sidad del   trabajo y sus estrategias de control, nos centraremos en algunos temas comunes   que son de interés para nuestro análisis: las estrategias de distinción y ejercicio de poder de los distintos grupos en el piso de fábrica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un tema común en las tres empresas   es el manejo simbólico de la diferenciación entre los grupos conformados por   los gerentes y los obreros. La misma estructura física de la fábrica refuerza   las jerarquías formales; con espacios amplios, elegantes y bien iluminados,   primando la estética sobre la funcionalidad en el área de las oficinas; y   espacios más descuidados, de colores más opacos, y con criterios prácticos de   distribución del espacio para la producción. Incluso, en dos de los casos, los   gerentes y técnicos se encuen­tran un piso por encima del espacio de producción, lo que aumenta la distancia entre los grupos<sup>14</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta diferenciación simbólica que   se inicia desde una percepción física de la distribución espacial está más   marcada en las brechas salariales entre uno y otro grupo. Mientras que un   obrero tiene un sueldo entre los 150 y 300 dólares mensuales, los salarios de   un ingeniero o personal de confianza pueden ser de diez veces o más. Este es   tal vez el tema que mayores sentimientos de odio y rechazo genera, puesto que   los trabajadores se sienten estafados y consideran que no hay reciprocidad en   el pago por su esfuerzo. Los reclamos más constantes son de que a los   empresarios «sólo les importa la plata» o «ellos sólo ven por su ganancia, todo   para ellos y nada para nosotros», aludiendo a un esquema de valores donde los   empresarios y gerentes están privilegiando principios de interés personal sobre   los valores de justicia y reciprocidad<sup>15</sup>. O como lo expresa un obrero con   claridad: «cuando la empresa está mal nos piden el hombro, que los apoyemos,   que nos ajustemos porque no hay aumento; pero cuando les va bien no reconocen   nada de nuestro trabajo, igual siguen despidiendo gente y bajando los bonos, a   ellos no les importa nada de nosotros». Así, un sentimiento permanente de   injusticia es vivido por las brechas salaria­les que se presentan entre los dos grupos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este tema es central en los   niveles de productividad en la empresa puesto que, como hemos planteado   anteriormente, en las tres fábricas el control del proceso de trabajo está en   continua disputa entre los ingenieros/gerentes y los obreros. En ninguna   encontramos pautas burocratizadas del trabajo por puestos o un manual de   funciones y en las tres sólo existía un reglamento interno redactado en la década   del 70 (en dictadura) cuyo contenido concreto era desconocido por el empleador   tanto como por el empleado. Así, la producción «se saca» en negociaciones   permanentes entre los operarios y los supervisores y, por tanto, la   satisfacción laboral y voluntad para el trabajo es fundamental para el buen   funcionamiento de la empresa y la producción con calidad<sup>16</sup>. Sin   embargo, los empresarios, muy abiertos a la hora de discutir temas sobre la   innovación tecnológica, calidad o productividad, se niegan a tocar el problema de las remuneraciones salariales como variable del proceso productivo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A pesar de sentirse subvalorados   económicamente por la gerencia, los trabajadores de las tres empre­sas muestran   orgullo por el trabajo que realizan y por la compañía a la que pertenecen.   Muchos relatos, anécdotas y frases cotidianas reconstruyen la satisfacción de   ser trabajador, es decir, de pertenecer al grupo social que «se gana el pan   diario» y no vive del trabajo ajeno o «a expensas de la política». Este es uno   de los ejes primordiales de la construcción del reconocimiento como grupo   puesto que el trabajo manual y el esfuerzo que requiere parece ser una de las   mayores fuentes de dignidad de los sujetos. Si bien no pude escuchar a ninguno   reconocerse como «proletario» o «fabril» o «asalariado» (frases muy recurridas   en un discurso ligado al sindicalismo minero boliviano), el nombre recurrente   con que hacen referencia a su condición de vida es el de «nosotros los   trabajadores». Esta marcada distinción grupal está contrapuesta a quienes, en   la percepción del obrero, «no trabajan»: los empresarios, los políticos, los burócratas y, en algunos casos, incluso se alude a los oficinistas en general.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este orgullo por la empresa y por su trabajo también tiene un referente   comparativo con sus semejan­tes que los colocan en cierta ventaja respecto al   conjunto de ocupados. Un salario, aunque insuficiente, es un ingreso seguro y   parece ser muy valorado en épocas de crisis; sobre todo si se compara con las   casi nulas opciones laborales de algunos obreros no calificados (en el caso de   los varones, incorporarse al trabajo informal precario en comercio o servicios;   en el caso de las mujeres, al comercio informal o el servicio doméstico).   Muchos obreros y obreras expresaron que les gusta el trabajo que desempeñan y   no planean dejarlo hasta obtener su jubilación, luego de la cual y con los   ahorros de varios años consideran cumplir un sueño muy generalizado de tener un «negocio propio».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una distinción de género de la que pudimos percatarnos es que especialmente   las mujeres sienten marcado apego por el trabajo que realizan. En la encuesta,   un 70% dijo estar satisfecha con lo que hace. Esto parece estar relacionado con   el hecho de que el trabajo fabril abre la posibilidad, sobre todo en las   jóvenes, de integrarse plenamente al mundo público, con las interacciones   sociales que esto conlleva, lo cual es muy apreciado en comparación al   aislamiento que sufren no sólo en el trabajo doméstico de sus propios hogares,   sino cuando se incorporan al mercado laboral en las ciudades como empleadas domés­ticas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Entre todos los trabajadores pudimos constatar que aún cuando la   empresa no implementa políticas de integración del obrero con la empresa, la   mayoría se siente identificado con ella. Los relatos sobre el buen producto que   manufacturan, las ventajas de su empresa sobre los competidores y en general,   el buen posicionamiento de la empresa en el mercado regional son un discurso   muy común entre los traba­jadores. El problema de distinción surge cuando   hablan del comportamiento de los gerentes o dueños (que en el imaginario no es   lo mismo que hablar de la empresa), donde la mayoría los identifican con   comportamientos «regulares» (palabra muy utilizada por ellos al calificarlos)   puesto que encuentran cierta incoherencia en el cumplimiento de «pactos de   honor» sobre el trato a los trabajadores. Así, si bien les reconocen algunas   virtudes relacionadas con acciones paternalistas (préstamos en situación de   crisis al trabajador, solución de problemas de salud, intervención en problemas   familiares), en general, consi­deran que el empresario «vela sólo por sus intereses» y se comporta de manera egoísta y poco solidaria.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por supuesto, los grupos en la empresa son más de dos. Por una parte y   claramente identificado con el «otro», se encuentran los empresarios, gerentes   y personal de confianza quienes, según la percepción del trabajador «no   trabajan, sólo controlan y calculan sus ganancias». En un segundo grupo se   encuentra el conjunto de empleados administrativos de nivel medio (secretarias,   contadores, algunos técnicos), quienes tienen actitudes ambiguas en su   ubicación. Si bien en una imagen superficial tienden a identifi­carse más con   la gerencia (asisten a sus fiestas, mayor cercanía de clase y cultura)   frecuentemente se identifican también con los obreros y consideran justas sus   demandas por un mejor salario. Para ejempli­ficar esta posición ambigua podemos   relatar el caso de una negociación colectiva donde el sindicato recibió de   manera clandestina el estado de cuentas y los salarios de altos ejecutivos de   la empresa, como una clara acción de filtración de información confidencial, con fines de mejorar la posición de negocia­ción del sindicato.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un tercer grupo diferenciado es el compuesto por supervisores o   coordinadores de área quienes están en contacto directo con el trabajo en el   piso de la fábrica. En contra de lo esperado, los conflictos entre este grupo y   los obreros no es marcado. En la mayoría de casos, el puesto de supervisor lo   ocupan obreros con mayor experiencia y conocimiento en el trabajo; su   legitimidad y respeto ha sido ganado con anterio­ridad en el propio trabajo y,   por tanto, hay una jerarquía informal que los empresarios utilizan para atenuar   el conflicto entre supervisores y obreros de base. Se trata más bien de una   relación de «complici­dad» donde el supervisor está dispuesto a tolerar algunas   irregularidades (faltas, atrasos, conversaciones informales, incluso pequeños   robos) a cambio de que el trabajador «saque la producción» y, por tanto, él   cumpla con las expectativas productivas de la empresa. Así, las relaciones   tensas entre la demanda de mayor producción y un trabajador que busca bajar el   ritmo del trabajo se ven constantemente intermediadas por promesas,   solicitudes, demandas y negociación cotidiana en base a un liderazgo del supervisor re­frendado por su experiencia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Uno de los problemas más mencionados en el proceso   de distinción entre un grupo y otro es el tema del respeto y el buen trato.   Numerosos conflictos, reclamos formales a la Federación de Fabriles, discu­siones   en asambleas y enfrentamientos abiertos son generados por violaciones del   empresario a lo que los obreros consideran un «código de moral y buen trato»,   pactado de manera informal y que forma parte de lo que se podría denominar la   cultura laboral de cada empresa. Los límites son variables; por ejemplo, en el   ingenio azucarero, los gritos y las malas palabras están muy bien toleradas   pues se consideran parte de un lenguaje viril que no implica falta de respeto.   Allí, el límite está marcado por actos más que por palabras, así, la   humillación que un trabajador siente si es rebajado a un trabajo que no le   corresponde (barrer, ordenar, arreglar los jardines), o es empujado frente a   sus compañeros (castigos a los que recu­rren algunos supervisores y que implica   una clara provocación a la virilidad del obrero que debe «respon­der con puños»   la ofensa) tiene más simbolismo disciplinatorio que perjuicio real a la   economía del obrero (como ocurriría con un descuento del salario). En el otro   extremo se encuentra Kimberly, donde el buen trato está muy ligado al nivel   discursivo. El tono en el que un supervisor se dirige a las obreras, las   palabras que utiliza y los gestos corporales son estrictamente controlados de   manera que la receptora pueda evaluarlos como una llamada de atención tolerable   y «educada» o una falta de respeto. En ambos casos, es muy interesante notar el   valor que tienen los actos de humillación o reprimenda públicos y privados.   Así, una reprimenda pública puede ser muy humillante, pero es sentida de manera   distinta si se hace en privado. Es muy marcado el cuidado que tienen los   obreros hacia su imagen entre sus compañe­ros y la violación de su dignidad en público es una de las ofensas más intolerables.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esto nos lleva a un tema central en el trabajo: el   ejercicio de control horizontal y la solidaridad de grupo. Al indagar el nivel   de confianza que existe entre compañeros, la mayoría declaró confiar en sus   compañeros sin ninguna restricción. En la observación de campo, pudimos   constatar que cotidianamente se realizan acciones solidarias entre compañeros y   el grupo responde a cualquier solicitud de apoyo cuando algún trabajador tiene   un accidente o sufre un percance familiar. Sin embargo, este aparente discurso   de unidad está mediado por muchos factores secundarios. Un primer factor es la   existencia de grupos internos que compiten entre sí por el poder o la hegemonía   del conjunto. Así, es más probable tener confianza en el grupo de amigos o de   trabajo y recibir de ellos actos de solidaridad que del conjunto de   trabajadores en la fábrica. Una segunda distinción se genera entre quienes   tienen antigüedad o califi­cación y los obreros jóvenes descalificados. Muchas   veces, los propios trabajadores establecen barreras informales para que los   menos calificados o los que tienen contratos temporales no reciban los   beneficios de la mayoría. Un tercer nivel de redes de diferenciación está dado,   en el caso de empresas mixtas, por el género de las personas. Así, muchas   mujeres se sienten solidarias con sus compañeras y podrían llegar a enfrentarse con sus compañeros por algunos intereses encontrados.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Merecen atención especial las reglas   informales de control horizontal. Está muy bien marcada la diferenciación entre   quienes violan los códigos de honor del grupo y quienes los respetan. Así, una   búsqueda por congraciarse con los jefes o el desempeño muy acelerado del   trabajo que dejaría mal vistos a los otros puede ser respondida con castigos   por parte del grupo (los más usuales son la marginación a la hora de la comida,   boicot en su trabajo, no dirigirle la palabra, excluirlo de las fiestas, etc.).   También es muy usual el uso de sobrenombres humillantes (como «chupamedias»,   «arrastrado», «perro») que bus­can evitar la cercanía de los trabajadores a la   ideología empresarial e incluso, en casos extremos, el uso de la violencia ejercida en los baños de la empresa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como hemos expuesto en este apartado, las   relaciones de trabajo están cargadas de simbolismos, rituales y discursos que   generan toda una red de distinción que fortalece una idea compartida de «con­ducta   apropiada» dirigida a fortalecer el principio de integración del grupo. Así,   las diferencias indivi­duales son subsumidas por una serie de códigos y reglas   que se deben guardar para la permanencia en el grupo. Este principio de   diferenciación es siempre construido a través del establecimiento de   diferencias con los otros grupos (como hemos visto, no necesariamente grupos de   enfrentamiento sino incluso gru­pos con los que por intereses estratégicos se   puede llegar a un pacto). Así, las reglas y códigos de compor­tamiento no sólo   configuran las relaciones al interior de los grupos, sino marcan también los límites de lo tolerable y las formas adecuadas de relación con los «otros».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el siguiente apartado concentraremos nuestra atención en la   organización sindical, que si bien es la institucionalización de la solidaridad   y espíritu de cuerpo de los trabajadores, a medida que se va burocratizando y   se convierte en una organización estable, genera en su interior su propia dinámica de identidad y subjetividad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Repensando la identidad obrera</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hemos hecho un recorrido por varios niveles de análisis que nos permite   un primer acercamiento al complejo mundo de la subjetividad y la construcción   identitaria del mundo obrero en Santa Cruz. Propo­nemos, a modo de conclusión,   repensar algunas de las relaciones centrales que cada uno de los apartados nos sugiere.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En primer lugar, podemos afirmar que el mundo del trabajo ha cambiado   de manera radical en los últimos veinte años. Las reformas estructurales en   Bolivia han configurado un mundo laboral distinto al producido por la   revolución nacionalista. Así, el peso dramático del sector informal en la   economía, el crecimiento del comercio y de los servicios, el viraje de una economía   centrada en la minería hacia una producción más diversificada y los cambios que   un sistema democrático con economía de libre mercado conllevan nos hacen pensar en un país distinto al que conocimos hace treinta años.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este cambio en el perfil de los sectores del mercado de trabajo ha   reducido sin lugar a dudas el número de obreros fabriles y asalariados del   porcentaje total de ocupados. Sin embargo, su importancia no está   necesariamente marcada por su número sino por su peso simbólico en la sociedad.   Así, los cam­bios hacia la flexibilización laboral, la pérdida de derechos en   el trabajo asalariado, las nuevas modalida­des de contratación y, en general,   la lógica interna de relacionamiento del capital con la fuerza de trabajo en   las fábricas constituyen el parámetro que guía el comportamiento de miles de   empresas informales, sectores de servicios, comercio e incluso microempresas o   talleres productivos que configuran sus rela­ciones laborales en base a las   tendencias de las grandes empresas. Por ello, el sector fabril, sobre todo en regiones como Santa Cruz, marca de manera simbólica la cultura laboral de la región.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es indudable que la crisis que actualmente atraviesa   América Latina ha generado una mayor presión en   el mercado de trabajo. Los continuos despidos y la presencia de ejércitos de   desocupados en las puertas de las fábricas   han generado necesariamente conductas más conservadoras de los trabajadores activos, que buscan proteger sus salarios y   prestaciones permanentemente amenazados por una mayor flexibilidad del mercado y una creciente   «informalización» del sector formal. No hay duda de que los obreros que han logrado mantener su empleo en la   crisis, por temor a perderlo, aceptan muchas veces con mayor tolerancia la violación de derechos   consagrados en la Ley; esto, acompañado por una debilidad cada vez mayor de las instituciones tradicionales de regulación de las relaciones laborales: los sindicatos, las inspectorías de trabajo etc.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Además de los cambios en el mercado laboral y la   mayor debilidad institucional, las matrices cultu­rales locales y sus procesos   de industrialización imponen una marca muy significativa a la cultura laboral de cada región. Santa Cruz, con el mito del   desarrollo, la movilidad social y una supuesta cultura más igualitaria en aspectos raciales y de clase, ha   logrado en algunos momentos de su desarrollo histórico solapar sus conflk os internos y su inequidad   social con la hegemonía de un discurso regional provenien­te de las elites   agroindustriales. Sin embargo, la sostenida migración que ha triplicado su   población en poco tiempo, la actual crisis   agroindustrial y el debilitamiento de sus actores sociales tradicionales han logrado, si no modificar, al menos poner en crisis una identidad regional aparentemente hegemónica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las profundas brechas en los ingresos y en la   distribución de los beneficios de las empresas ponen constantemente en riesgo un pacto precario que se   establece para la producción de bienes. Las empresas, que todavía mantienen modelos de organización   productiva muy tradicionales, centran su atención sólo en la productividad y no en la calidad. Una mayor   uso de la negociación en lugar de reglas formales ha generado mayor discrecionalidad y verticalidad en   la gerencia, pero también ha contribuido a que los sentimientos   de unidad del grupo de trabajadores así como las formas de control horizontal   se vean fortalecidas. El espíritu -tal vez heredado del viejo sindicalismo minero- de que las cosas se negocian y se consiguen en grupo no ha sido quebrantado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Todo lo mencionado nos lleva a pensar que la   identidad de los fabriles -sobre todo de los más jóve­nes- se halla en un   momento de profundo cambio. Se trata, como lo plantea Kruse (2001), de una   crisis donde lo viejo no acaba de morir y lo   nuevo está recién naciendo. Si bien no coincidimos con la percep­ción de   algunos autores de que todo es nuevo y el espacio laboral ya no genera la   identidad de los sujetos, creemos que hay   una profunda rejerarquización de los ejes identitarios, con mayor peso en los   espacios reproductivos y territoriales, pero sin llegar a desplazar en importancia a las relaciones que se establecen en la producción.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un dato central para comprender la identidad de los   fabriles en Santa Cruz es asumir que se trata en su   mayoría de inmigrantes rurales en primera o segunda generación, y por tanto   esto les otorga caracte­rísticas particulares. El mundo rural como elemento   constitutivo de la identidad que se produce en el individuo   no sólo implica su identificación con la actividad que realiza y con los que   como él la ejecutan, sino también con la   estructura ampliada que envuelve su actividad laboral. Me refiero al espacio,   el estilo de vida, la ideología y la cultura   que se desarrollan en un mundo profundamente tradicional y ligado a relaciones   de poder marcadamente paternalistas. Por ello, la construcción de la identidad   entre quienes provienen de un ámbito rural y se integran al trabajo industrial   presenta particularidades que la hacen más compleja puesto que supone, además   de la reestructuración de sus códigos simbólicos, la adopción de normas y   conductas que corresponden al espacio urbano. Implica pues integrar a su   identidad total o parcialmente los elementos de la nueva estructura global que son diferentes a los que sirvieron de cimiento a la identidad que ya poseían.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es por ello que el proceso que viven los   trabajadores cruceños no podría ser calificado como «desproletarización»   (ligado más bien al proceso sufrido en el occidente y el trabajo proletario   minero) sino más bien como reciente incorporación al mundo industrial, pero en   condiciones mucho más inesta­bles y precarias que sus semejantes en el sector   occidental del país. Así, un futuro más incierto genera altos grados de   inseguridad y riesgo, pero también implica mayor libertad en la elección de un   proyecto de vida. Como sostiene Beck (2000:235), los individuos se convierten   en actores, constructores, malaba­ristas, directores de sus propias biografías e identidades, pero también de sus vínculos y redes.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pudimos corroborar que en el caso del grupo estudiado, parte importante   en la construcción de la identidad es la formulación de un espíritu de grupo   sólido a través de la demarcación de fronteras de diferenciación. Así, la   conciencia del «otro» y su reconocimiento como distinto principalmente en su   acceso a recursos y distribución de bienes logra a su vez un proceso de   integración con los que comparten y hacen posible su identificación. La   formación del grupo identitario en principio implica reconocer la existencia de   intereses comunes y reconocerse portadores de éstos y no sólo de sus intereses   individua­les. En ese sentido, se puede decir que la identificación de los   individuos entre sí es el requisito previo para la constitución de grupos   sociales que pueden ejercer presión contra sus oponentes. Pensar, actuar,   acatar ciertas normas y reglas, compartir ciertos conocimientos, y hasta en un   momento dado ser cómpli­ces de los demás es parte de esa integración del   individuo al grupo. Lo contrario significa disentir, im­pugnar e incluso   renunciar de forma voluntaria u obligada al grupo. Estos procesos son   cotidianos y no determinan una identidad de una vez y para siempre. Así, en   conclusión, considero que los obreros y obreras cruceños enfrentan una de las   crisis más importantes de su identidad, no sólo de clase sino de región y de generación. </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Notas</b> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. William James, citado por Calcb Can en la novela policial el Alien&iacute;gena.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. Vcasc las pi cisiones conceptuales que plantean De la Garza, De la O y   Melgoza (1997) respecto a la construcci&oacute;n te&oacute;rica de un objeto de estudio en   relaci&oacute;n a la cultura obrera.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. El autor m&aacute;s representativo de esta posici&oacute;n seria Michacl Sandcl   (citado por Sen, 2000: 15).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Las sociedades modernas para los autores citados se contraponen con   sociedades tradicionales donde &laquo;el n&uacute;cleo articulador de la experiencia lo   constitu&iacute;an las asociaciones reguladas normativamente -iglesia, Estado,   partidos, grupos-.&raquo; (Makowski y</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Constantino,     op.cit.: 190)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. V&eacute;ase por ejemplo Capobianco 1985:184, quien argumenta a favor de esta   frase.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6. Estos t&eacute;rminos son caracter&iacute;sticos para diferenciar a los oriundos   de las regiones orientales y occidentales de Bolivia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7. Adem&aacute;s de la producci&oacute;n agr&iacute;cola, la regi&oacute;n diversifica su econom&iacute;a   con la exportaci&oacute;n de ganado vacuno a Argentina as&iacute; como la explotaci&oacute;n   petrolera y la venta clandestina de goma durante la II Guerra Mundial   (Sandoval, 1985).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8. Yacksic y Tapia (1997:33) analizan comparativamente las pol&iacute;ticas   agr&iacute;colas del gobierno del MNR afirmando que son muy diferenciadas por regi&oacute;n.   Mientras que en el oriente se estimula una &laquo;agricultura de ricos&raquo;, en el   occidente se impulsa m&aacute;s bien una &laquo;agricultura de pobres&raquo;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">9. Seg&uacute;n datos del Censo de 1992, el 40% de la poblaci&oacute;n en Santa Cruz   es inmigrante (Calder&oacute;n y Skmuklcr, 2000).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">10.&nbsp;En la crisis de los ochenta, m&aacute;s propiamente en   1986, se pierden 30.000 empleos en la industria manufacturera a nivel nacional   (Garc&iacute;a, 1999:80).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">11. Este   proceso, que por su magnitud cambi&oacute; radicalmente el perfil de la fuerza laboral   de todo el pa&iacute;s, fue calificado por Toranzo (1989) como la &laquo;dcsproletarizaci&oacute;n&raquo;   de Bolivia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">12. Datos preliminares del Censo de poblaci&oacute;n y   vivienda, INE 2001.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13. Un ejemplo del car&aacute;cter cxcluycntc de la sociedad cruce&ntilde;a son las   denominaciones regionales para los grupos sociales: crucc&ntilde;o es el criollo   blancoidc que constituye la clitc regional; camba es la denominaci&oacute;n para el   trabajador de origen popular; y, por &uacute;ltimo en la escala de jerarqu&iacute;as se encuentra   el cunumi, que refiere al pe&oacute;n labrador que tiene rasgos ind&iacute;genas nativos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">14. Una de las gestas que m&aacute;s gustan relatar los viejos obreros es aquella   cuando lograron el despido de un ingeniero experto brasile&ntilde;o contratado por la   empresa que intent&oacute; reorganizar la producci&oacute;n. Despu&eacute;s de una serie de   conflictos internos, boicots en la producci&oacute;n de la melaza y estrategia de   tortuguismo, el ingeniero fue despedido a&uacute;n cuando la empresa reconoc&iacute;a que sus   m&eacute;todos eran &laquo;cient&iacute;ficamente mejores&raquo;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">15. En Kimberly, por ejemplo, los obreros hablan de &laquo;los de arriba&raquo;,   aludiendo a los supervisores c ingenieros utilizando un juego de palabras que   refiere a la posici&oacute;n f&iacute;sica de sus oficinas y tambi&eacute;n a las actitudes de   superioridad que tienen</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">16. Es interesante apuntar que los empresarios, por   su parte, tienen la misma queja: &laquo;al obrero s&oacute;lo le importa el salario; no se   preocupa por la producci&oacute;n, la calidad o la situaci&oacute;n financiera de la   empresa&raquo;, sostienen varios de ellos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">17. Esta percepci&oacute;n es compartida por Krusc en sus   estudios de empresas en Cochabamba-Bolivia. &Eacute;l sostiene muy acertadamente que   &laquo;los mecanismos operativos del proceso laboral se pueden entender como pactos o   tenues equilibrios, cuyos detalles se renegocian a diario sobre terrenos   conflictivos y cargados de relaciones de poder&raquo; (2000:11).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Bibliografía</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> ARZE, Carlos</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1997 Análisis subsectoriales: producción de chamarras de cuero y tela en las ciudades de La Paz y El Alto. CEDLA, La Paz.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058095&pid=S0040-2915200300010003100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> ARZE, Carlos 2000 Crisis del Sindicalismo Boliviano. Consideraciones sobre sus determinantes materiales y su ideo­logía. CEDLA, La Paz.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058096&pid=S0040-2915200300010003100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ARZE, Carlos 1976 Los   grupos étnicos y sus fronteras. Fondo de Cultura Económica, México D.F. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058097&pid=S0040-2915200300010003100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> ARZE, Carlos El Poder de las Regiones. CERES-CLACSO, Cochabamba.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058098&pid=S0040-2915200300010003100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> CALDERÓN, Femando y Alicia Skmukler</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2000 La Política en las calles. CERES, PLURAL, UASB, La Paz.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058099&pid=S0040-2915200300010003100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> CALLA, Ricardo</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2000 «Los sindicalismos bolivianos contemporáneos: crisis y   secundarización de un movimiento so­cial desarticulado» en: J. Massal y M. Bonilla, Los movimientos sociales en las democracias andinas. FLACSO/Ecuador IFEA, Quito.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058100&pid=S0040-2915200300010003100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> CAMARGO, Carlos</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2000 Del autismo a la resurrección: propuestas de reforma de la Central Obrera Boliviana. ILDIS, La Paz.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058101&pid=S0040-2915200300010003100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> CAPOBIANCO, Guillermo</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1985 «Los desafíos del regionalismo en Santa Cruz» en: Calderón y   Lasema (coord.), El Poder de las Regiones. CERES-CLACSO, Cochabamba.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058102&pid=S0040-2915200300010003100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> CEPAL</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2002 Boletín Económico de la Región. Naciones Unidas.</font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058103&pid=S0040-2915200300010003100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> CIRESE, Alberto</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1970 Cultura cgemónica e culture subalterne. Einaudi, Turín.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058104&pid=S0040-2915200300010003100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> DE LA GARZA, Enrique, María Eugenia De la O y Javier Melgoza</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1997&nbsp;&nbsp; «Cultura obrera: la construcción teórica de un objeto de estudio» en:   De la Garza, De la O y Melgoza (coordinadores): Los   estudios sobre la cultura obrera en México. UAM-I y CONACULTA, México D.F.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> ESCOBAR, Silvia</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1998&nbsp;&nbsp; Desigualdad, exclusión social y pobreza en Bolivia. Mimeo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> ESCOBAR, Silvia</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2000 Dinámica productiva y condiciones laborales en el sector minero. CEDLA, La Paz.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> GARCÍA LINERA, Alvaro</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1999&nbsp;&nbsp;   Reproletarización. Nueva clase obrera y desarrollo del capital industrial en Bolivia (1952-1998). Muela del Diablo Editores, La Paz, Colección Comuna.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> GIDDENS, Anthony</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1995 La constitución de la sociedad. Bases para la teoría de la estructuración. Amorrortu editores, Buenos Aires.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> GIMÉNEZ, Gilberto</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1992 «La identidad social   o el retorno del sujeto en sociología» en:   Estudios de Comunicación y Política. Versión 2 Núm. 2 abril, s/f Paradigmas de la identidad. Mimeo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058110&pid=S0040-2915200300010003100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> GOFFMAN, Erving</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1959 Presentatión of Self in Everyday Life. Anchor, Garden City, N.Y.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058111&pid=S0040-2915200300010003100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> GREBE, Horst</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1998 Los efectos económicos de la Globalización en Bolivia. Notas.para una reflexión estratégica. Mimeo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058112&pid=S0040-2915200300010003100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICAS (INE)</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1997 Encuesta Nacional de Empleo. INE, La Paz.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058113&pid=S0040-2915200300010003100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> KRUSE, Tom</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1999 ¿Acaso eres trabajador?   Apuntes sobre la reestructuración industrial, procesos laborales y actores   sociales. Mimeo. 2001 Transición política y recomposición sindical: reflexiones desde Bolivia. Mimeo. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058114&pid=S0040-2915200300010003100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> LAZARTE, Jorge</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1987 Movimiento obrero y procesos políticos en Bolivia: Historia de la COB 1952-1987. ILDIS, La Paz.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> MAKOWSKI, Sara y Mario   Constantino 1995 «Imágenes de Sobredosis: complejidad social e identidad en el fin del milenio» en: Perfiles Latinoamericanos. México D.F., Vol. 4 núm. 6 </font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> MARTÍNEZ, Marielle y Teresa Rendón</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1983&nbsp;&nbsp; «Las   unidades domésticas campesinas y sus estrategias de reproducción» en: Kirsten   de Appendini et.al., El campesinado en México: dos perspectivas de análisis. El Colegio de México, México.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> MATO, Daniel</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1994 Teoría y política de ¡a construcción de identidades y diferencias en América latina y el Caribe. UNESCO, Nueva Sociedad, Caracas. </font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> MEAD, George</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1972 Espíritu, persona y sociedad. Paidos, Buenos Aires. </font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> MÜLLER   &amp; Asociados</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1997   Evaluación Económica 1997. Muller &amp; Asociados, La Paz. </font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> OFFE, Claus</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1992 La Sociedad del trabajo. Alianza, Madrid. </font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> PARSONS,   Talcon</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1968 La   estructura de la acción social. Guadarrama, Madrid. </font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> PÉREZ VELASCO, Daniel</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1972 Andrés Ibáñez: caudillo del Oriente. Mimeo. </font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">PROGRAMA DE   LAS NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO 2000 Informe   de Desarrollo Humano de Bolivia. PNUD, La Paz. </font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> RODRÍGUEZ, Gustavo</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1999 «Producción, Mercancías y   Empresarios» en: Bolivia en el Siglo XX, la Formación de la Bolivia </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Contemporánea. Harvard Club de Bolivia, La Paz. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> ROJAS, Antonio</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1986 Los mercados de trabajo   urbanos y la reproducción ideológica del poder entre los sectores económicos   cruceños. Simposio Identidades y Migraciones, Cochabamba. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058126&pid=S0040-2915200300010003100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">SALLES, Vania</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1984 «Una   discusión sobre las condiciones de la reproducción» en: Estudios Sociológicos. México, Vol. II, N° 4.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058127&pid=S0040-2915200300010003100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> SANABRIA, Hernando 1968 Apuntes para la historia económica de Santa Cruz. Don Bosco, La Paz.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058128&pid=S0040-2915200300010003100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> SANDOVAL, Isaac</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1985   «La cuestión regional en Santa Cruz» en: Calderón y Laserna (coord.), El   Poder de las Regiones. CERES-CLACSO, Cochabamba. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058129&pid=S0040-2915200300010003100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> TORANZO, Carlos</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1989   «La desproletarización e informalización y sus efectos sobre el movimiento   popular» en: Toranzo y Arrieta (coord.), Nueva   derecha y desproletarización en Bolivia. UNITAS-ILDIS, La Paz. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058130&pid=S0040-2915200300010003100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> TOURAINE, Alain</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1973 La Sociedad Post-industrial. Ariel, Barcelona. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058131&pid=S0040-2915200300010003100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> TURNER,   R.H.</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1979   «The Self Conception in Social Interaction» en: C. Gordon y K. Bergen (eds.), The   selfin Social Interaction. Willey,   New York. YACKSIC, Fabián y Luis Tapia 1997 Bolivia: modernizaciones empobrecedoras. Desde su fundación a la desrevolución. Muela del Diablo Editores, La Paz. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058132&pid=S0040-2915200300010003100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058133&pid=S0040-2915200300010003100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> ZEN, Amartya</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2001   «La razón antes que la identidad» en: Letras   Libres. México D.F., Año II, N° 23. 2000 «La otra   gente. Más allá de la identidad», en: Letras Libres. México D.F., Año III, N° 34.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1058134&pid=S0040-2915200300010003100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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