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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Sociológicas Mauricio Lefebvre (IDIS) de la Carrera de Sociología]]></publisher-name>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Monopolio de la Política<sup>5</sup></font></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Carlos Ernesto Ichuta Nina</font></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«El déspota instalado en su centro de significancia representa al   régimen despótico paranoico: me atacan y me hacen sufrir, pero yo adivino sus   intenciones, me anticipo, lo sabía desde siempre, incluso en mi impotencia   conservo el poder, 'me las pagarán'». Gilíes Deleuze y Félix Guatari. Mil   mesetas. Capitalismo y esquizofrenia «Ningún hombre puede ser de otro hombre   propiedad ni patrimonio. Pero no es pretexto para suspender el derecho de todos a gozar de él, cada uno a su capricho»</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Donatien Alphonse Francois (Marqués de Sade). Filosofía en el tocador</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Queremos ver los aspectos que hacen a su constitución, cómo opera en   sentido explicativo teórico y cómo ha sido posible dentro del relacionamiento   entre sociedad y Estado. Quizá no podamos explicarlo con claridad, pero eso   supone el «queremos», es decir, posibilidad. Pero la posibilidad llega a ser   tal solo cuando se la intenta, y define un punto de llegada, por tanto, el   intento supone imperfección, puesto que ¿qué sentido tendría intentar bajo un libreto ya hecho, sino operar?. En otras palabras, hacemos lo que podemos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>El sentido del inicio. Política y arbitrariedad</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El monopolio de la   política, refiere transferencia de la imagen, y de esta a la constitución de su   legitimidad en el mismo marco democrático. Por esto prescinde de definiciones   etimológicas y se adecúa a la connotación de su relacionamiento. O sea, la   política se constituye en tanto tal en su relacionamiento, adquiere sentido en   operaciones y en su exteriorización se hace realizativa, y el sentido define al   sistema (tal como lo había definido Luhman<sup>6</sup>) en el tiempo o en el contexto de la   temporalidad. Deviene la constitución del sistema político como referencia de   dicha relación, por la persistencia de relaciones humanas que involucraría en   un grado significativo, control, influencia o autoridad<sup>7</sup>. La   política en este sentido pasa a ser producción monopólica de quienes ejercen   control, influencia o autoridad, dominación en términos weberianos<sup>8</sup> invitando a la complejidad y no así como se cree, simplicidad y por el simple   sentido esencial de que no todos ejercen trascendental control sociopolítico.   Pero esto es un resumen de lo que definitivamente es «proceso de complexificación».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los «portadores del   poder»<sup>9</sup> en este sentido, tal como se define el sistema, se constituyen mediante la   comunicación, de hecho el poder es un medio de comunicación, constituido en   base a un lenguaje binario<sup>10</sup>cuando   es mensaje, que ya no valora el carácter democrático u otro alternativo. El   ámbito del poder contiene el mensaje de la «transferencia de selectividad», el   «lo tomas o lo dejas», es en este caso, una transmisión de la complejidad reducida. Ya veremos adelante una forma básica: el significante.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De aquí se entiende el sistema político   como constituido por las mismas operaciones comunicativas, en tanto tal,   adquiere formas autopoiéticas y autorreferenciales en base a la «clausura de   operación» como constitución sistémica, haciendo posible su autoproducción   independientemente del sistema social y solo relacionándose con ella en base a   los «acoplamientos estructurales», necesaria para la operación autorreferencial<sup>11</sup>.   Hablamos hasta este momento, de producción política. De aquí surge la   vinculación sistémica en el lenguaje eastoniano, según el cual, el sistema   político se constituye en mecanismo de canalización de la demanda para   constituirse esta en pregunta y obtener respuesta, o «decisiones vinculantes»   que involucran a la sociedad civil, como relación input-output<sup>12</sup>,   aunque no todas la obtie­nen. Pero esto no quiere decir que la política sea   centralizada, al contrario, su generación subsistemiza o provoca operaciones de   reducción de complejidad hasta el sentido privado, hasta llegar a la definición   de la «anatomopolítica» o «la producción biopolítica»<sup>13</sup>. Es   decir, como producción se propaga, se explana, pero solo hay una distinción   productores y ejecutores o practicantes. Por eso en términos más objetivos, el   Estado se define como caja de resonancia, porque en las sociedades sigue   habiendo otros tantos cen­tros de poder, pero estas actúan como aparatos de   resonancia, y organizan tal resonancia<sup>14</sup>. En sentido trascendental, el Estado   es también caja de resonancia del imperio indefinible o el imperio inefable materialmente o no asignable a un portador de poder «transnacional»<sup>15</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero, ¿cómo se organiza el sistema político, o para decir menos, cómo   es posible la autoproducción a este nivel sin una vinculación corporativa con   el sistema social? Hay muchos niveles, de hecho partire­mos del artificio   legitimante hasta desembocar en aquello que Deleuze y Guatari denominaron el   «proce­so de agenciamiento», como síntoma del «rizoma»&quot;, lo que es parte   de algo pero con sentido de autoproducción y cómo es posible su «legitimación», aún a pesar de la esquizofrenia que provoca o de la cual es naciente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Constitución democrática: producto, estado y mito</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cuando el Estado   depende de la resonancia actúa por captura, es una «máquina», un aparato de   captura. Así define a la democracia y cualquier otro tipo de sistema, y en su   relación con la sociedad, la sociabilidad legitima su aparataje y concuerdan,   no consensúan, un modo de dominio, una forma de socialización democrática.   Porque hay que recordar que el Estado no nació de la abdicación de los egoís­mos   individuales, sino que él es esa abdicación, es su reducción a un común   denominador, de modo que el mayor número de intereses u egoísmos se encuentre   de forma duradera en su proyecto y termine por enlazar completamente la propia   existencia con el Estado mismo<sup>16</sup>.   Por tanto, el Estado es fuente de emisión de intereses particulares. Entonces,   aquella forma de socialización siempre deviene, no puede imponerse ipso facto,   ni mucho menos en sentido naciente propagar la sociabilidad democrática sin   mito, entonces es producto de un proceso serial<sup>17</sup>,   desde las instancias más esenciales del «cogito» que lidia con la instancia   axiológico-democrática. Pero esta también es una instancia de captura,   precisamente al no ser consensual y al haber transcurrido por un consenso   engañoso. O «consenso normativo», que a decir de Flisflisch contribuye   positivamente al desarrollo de la redemocratización, pero que pesa sobre los   miembros de los grupos socialmente dominantes y no así sobre los dominados;   entre quienes compar­ten un poder societal y requieren desarrollar valores   societales<sup>18</sup>.   Germina por ello la democracia en el ámbito de los privilegios y por medio de   la «sofisticación política», produce su legitimación. Por eso la democracia   necesita ser secular o constituirse secularmente. Pero la secularización nunca   es «estándar», es permanente, requiere flujo y por eso mismo socialización   primaria, secundaria, terciaria, cuaternaria sino cartesiana, nunca es   limitada. Quizá en este caso resulte beneficioso establecer el parangón con dos   instancias de la constitución del «orden» y la sociedad. Por en lado la   «sociedad disciplinaria» que se constituye por sujeción subjetiva y la   «sociedad de control», por otro lado, en la que los mecanismo democráticos   aseguran tal sujeción<sup>19</sup>,   que siempre se dan sobre coyunturas determinadas, pero que a razón nuestra   creemos nunca van separados, sino más bien en una relación paralela, entre la máscara o «la rostridad» del poder y la «captura mágica» en sentido deleuzeano.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La constitución democrática en este caso suplanta el sentido lacaniano   del «estadio del espejo» de relación del organismo social con su realidad, y se   rige por imaginarios<sup>20</sup>.   Estadio que nunca es consuma­do objetivamente, es proyecto, pero no suspendido,   más bien proyecto realizativo, ya que de este sentido se producen revueltas,   escape, esquizofrenia. Dicho esto, el consenso normativo, que hace posible la   definición democrática como producto obedece a la lógica de la observación   luhmaniana, «el punto de observación es siempre un punto ciego»<sup>21</sup>, que   fija un punto en el horizonte de visibilidad, pero nunca divisa el complejo y   completo horizonte. Alguien nos preguntó ¿quieren democracia como alternativa?,   se realizó tan solamente en el argumento ¡queremos democracia! y nadie   respondió: ¿de qué tipo?. Los intereses parciales de este modo, constituidas en   política se legitimaron mediante la secularización. Lo que obliga a ver que   cada uno ejercita una visión distinta de la sociedad, pero sobre cuya   pluralidad emerge una singularidad que solo es tal al aceptarla, y se hace el   Estado democrático síntesis de los fraccionamientos sociales, pero por eso   mismo la sociedad sigue siendo proyecto, o vivencia con el otro, irrealizativa'<sup>8</sup>,   solo lo sostiene el espíritu. Solo lo sostiene el sentido del orden, el   valuarte es la espiritua­lidad, el «humano, demasiado humano»<sup>22</sup> lo   hace posible, veremos como se expresa este humanismo más tarde. Por eso   también, la democracia no ha dejado de ser proyecto y por eso permuta   constantemente sentidos realizativos con sentidos prescriptivos, y sobrevive   entre constructivismo ciñéndose paralela­mente a procesos desconstructivos. El   retorno a la democracia de los clásicos como principio de oposi­ción frente al   Estado, que Salman entendió en la consideración de los movimientos sociales urbanos, es una evidencia<sup>23</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero la democracia constituida por intereses parciales debe ser   sustentada por resortes, quienes la defienden usan escalinatas para sostenerla   de su constante proceso de cuestionamiento, y se canaliza por una sola vía, por   el acople entre sistema social y sistema político, como mera operación: las   elecciones, pero se devalúa como imaginario político, sino es a través del mito   que la salva, mediante el ataque a la sensibilidad humana que no solamente   tiene que ver con la representación, sino también con la promesa. El caso es   que no la subvalorizan quienes la practican, el germen ha determinado un tipo   de práctica política a nombre de este metalenguaje, como explicación   «metapolítica», como instrumento de interpre­tación del todo<sup>24</sup>. Así   nacen los discursos del fortalecimiento democrático, de la aniquilación de los   enemigos por la protección de los amigos<sup>25</sup> de la democracia. Pero que únicamente   se operativiza por la práctica electoral, todo lo quiere justificar, se   establece como proceso secular pero se imposibilita por la práctica. Rompe   ligámenes con aquella democracia clásica, y defiende su único sentido   realizativo, a costa claro, de haber imperfeccionado la filosofía política de   los antiguos, dando a entender que la demo­cracia directa es un deber ser y lo   único que puede ser es democracia representativa, luego de desenga­ños, y la generación de «las promesas incumplidas»<sup>26</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ante este quiebre, la democracia adelgaza su sentido impositivo parcial   y fortalece su sentido mítico, es mitología en su imposibilidad etimológica. El   valor es el mito de la democracia y la comunidad el contenido de su valor, y   como el mito está en su valor puede invertirse como totalitario y despótico<sup>27</sup>,   puesto que su mismo sentido mítico se lo permite. La cúspide es la tiranía,   como unión forzosa de aquello que debe ser distinto<sup>28</sup>.   Pero esto no quiere decir, que al asumir la esencia del totalitarismo su rostridad aparezca con corona, al contrario una no implica a la otra<sup>29</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por eso al preguntarse ¿por qué subsiste   la democracia? , equivale a hurgar los sentidos afectivos, el yo colectivo.   Porque lo imaginario desconoce sus formas, y la secularización democrática la   ha conver­tido en valor en base a la impresión, sigue siendo metalenguaje y su   contradicción o su antítesis es la práctica, esta sostenida por la tiranía   salvífica de la identificación y el disciplinamiento subjetivo. El valor supone   la existencia de la expectativa, pero la esperanza del «ya nos llegará el   momento» la susten­ta. La confianza refleja la contingencia o aumenta su   tolerancia a esta, la esperanza la elimina<sup>30</sup>. El valor lo constituye el mito, desde   el simple principio democrático del poder de la mayoría y el respeto de la   minoría, que no es más que eliminación de la minoría si no se adecúa a las   reglas del juego político, porque la democracia es sobretodo marco normativo,   regla jurídica, constitución nómica<sup>31</sup>,   cuando no existe mayoría sino relativa. El trampolín y la escalinata establece   aquel sentido salvífico de la esperan­za, por el descanso de la confianza en   los «buscadores de poder»<sup>32</sup> y los portadores de la representación, pero que en el caso de la democracia   subvaluada como práctica, que se sigue secularizando, su equivalencial son los   «buscadores de prestigio», en términos de Packard<sup>33</sup>, que   se afilan en función de su privilegio restringido, capitalizados socialmente y   en algunos casos culturalmente, lo que equivale a definir formas de   reclutamiento desde la «discriminación facial» o el sentido selectivo de los   representantes. Eso es lo que define su valor, sobretodo en contextos de pluriculturalidad,   donde el sujeto: ciudadano ha quedado desarmado, y el sentido democrático es   constitución de valores y normas compartidas por el sentido de la inclusión   mediante el derecho poliétnico<sup>34</sup>.   En este caso el «ya nos llegará el momento» supone fragmen­tación,   particularismo, sentido de sustentación de la democracia como valor, pero para utilizarla a favor práctico a futuro, es eso lo que entraña la esperanza.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Democracia salvífica. «Tu orden me asfixia». La sacralización</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Vimos la genealogía de su estar presente de la democracia, o su   constitución realizativa que no asume el consenso como deliberación, sino como   imposición, y que además es asumida en función de preceptos prescriptivos como   bien, por su simple significado analógico, es decir el comparativo, la   demonización del pasado dictatorial y la sacralización del futuro en marcos   políticos democráticos, o lo pasado como malo y lo bueno por constituir. Por   eso la democracia es secular, porque afecta desde su reconstitución las   subjetividades y el imaginario social, se prescribe por su simple negación y   dramatiza el futuro en fun­ción de lo que puede ser si persisten las   condiciones, solicitando de esa manera la necesidad de la demo­cracia. La   pretensión no es suplantar el orden, sino dotarle de sentido alternativo porque   el orden anterior es férreo, y se proponen dispositivos de regeneración con   relación a una sociabilidad sustentada por el valor de la libertad y la   igualdad, sin intentar llegar aún a la estructura estatal, por eso entraña posibilidad totalitarista</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El sentido prescriptivo<sup>35</sup> constituye a la democracia en valuarte. En transición, ya no se trata del   sentido de la búsqueda, sino del ataque a las estructuras vigentes para   constituirla. Lo que hace posible esta constitución es precisamente su carácter   alterno, diferente y difuso de un consenso explanativo. Por eso sino hasta muy   tarde, el mosaico de particularidades es correspondido por un «mosaico de   represen­taciones»<sup>36</sup> que no necesariamente es calca, solo posibilidad, maniqueísmo en algunos casos, esenciali- dad en otros.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De esta manera, la genealogía de la   democracia en este caso particular, no solo tiene un sentido parcial, porque   ante todo el sentido constructivo siempre impide una visión total, la   democracia como panacea es promocionada por pocos, en relación a intereses   parciales. Y como la democracia en este sentido se sitúa como privilegio, como   gestores, como portadores de los enunciados valorativos, deja de ser bien   común, si no lo ha sido nunca. El asunto político, la cosa pública no tiene   nada que ver con el constructo, el constructo es privilegio, en el mismo tenor   de que la voluntad general no es un hecho, sino una idea normativa, un   constructo de la razón o un constructo del contrato social<sup>37</sup>.   Constructo que no lidia realidades y remiten a lo que Marx diferenció o   contrapuso entre democracia formal y democracia real, como sentidos antagónicos o distantes realizaciones.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Meritocracia - reclutamiento o lo que Weber no condujo<sup>38</sup> «¡Ya nos llegará el momento!»</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">¿Cómo se explana los intereses parciales? De lo que se trata desde esta   perspectiva, es asumir bajo otras comprensiones, el dispositivo que planteaba   Weber para hacer posible el funcionamiento óptimo de los tipos de dominación   legal o legítima, la «dominación legal burocrática» en particular, pero que en   este caso tiene que ver con la forma de correspondencia entre la legitimidad de   la democracia y la forma de su práctica política. Ya vimos que la democracia se   legitima no solo por la temporalidad, sino también por el mito, pero el mito se   legitima por el reconocimiento y la aceptación, la creencia. Por ello, en las   condiciones actuales, imponer factores dinamizadores de efectividad democrática   o «más democracia» con relación a una forma consular del mérito remite a otras   formas de relacionamiento político, no preci­samente democracia, tal vez   «poliarquía»<sup>39</sup>. Porque es irresoluta la relación, ¿»más democracia» o «más legitimidad»?</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Legitimidad de los intereses parciales, y el interés general como mito,   define el privilegio. Y los privilegiados son en este caso los monopolizadores   de la representación, los portadores del poder, los buscadores de prestigio, y   aunque no todos siguen la misma lógica de la temporalidad, paradójicamente,   formar parte de los privilegiados significa ampararse en el ámbito del   prestigio por el desprestigio. Por­que la política hacia fuera de este sistema   es satanizada, estigma, pero dentro es prestigio, trampolín. Y esto supone que   hay desprivilegiados pero estos son quienes anteriormente pertenecieron a la   mesa re­donda del buró, para remitir su lugar a quien forma parte del mismo   stand de privilegiados. La práctica política ha definido fronteras, «clausuras   operativas», es el lugar de los elegidos, aunque su elegibilidad no refiere   necesariamente el rendir cuentas, los privilegios refieren ejercicio de   autoridad, control, etc. En este caso la meritocracia weberiana por debajo de   las apariencias no corresponde a una relación forzosa entre Estado y sociedad   civil. Al contrario, la meritocracia tiene que ver con «la prohibición del   mandato imperativo»<sup>40</sup> que refiere que el mérito tiene carácter de facturación, producción monopólica   y que en términos generales constituye al mercado político, cuyos mecanismos   son la despersonalización, la deshumanización individual. «Autoenajenación» en   el sentido zavaletano, como entrega, que no quie­re decir bajo el mismo sentido   prescriptivo de la democracia que esté bien o mal, sino refiere la forma en   cómo se manifiesta. Por eso la acumulación de méritos está dirigida hacia el   partido, lo que se hace para que éste sea portador del poder pleno, con un   trabajo a destajo que sirva como trampolín hacia el privile­gio, aunque claro   no todos tienen que pasar por este tamiz, es eso fortificación de la   democracia. Esta es la práctica amical de la política o la política de los   amigos, sean consanguíneos o no. De todas maneras tiende a cambiar el stand,   basta que un amigo de otros amigos, llegue al espacio de producción política   por el amigo para incluir a los otros amigos y constituir enemigos. Es la   reproducción de los privilegios, el «ya nos llegará el momento» entra de nuevo en escena, la clausura de operación se efectiviza.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Deviene la «perversión burocrática»<sup>41</sup> por ser precisamente el espacio de los   privilegios del monopo­lio representativo, de inclusión y exclusión, de   reclutamiento de los meritorios. De esta manera todo depende de lo que se hace   a favor del partido independientemente de las significaciones posibles de   lidiar con el compartir los valores, de aquí se cifra o se evidencia la   democracia política, no equivalencial con la democracia económica o social. Y   en el mismo sentido de Weber, los partidos llegan a estructurar formas de   socialización privada<sup>42</sup>.   Las «lógicas equivalenciales», o «las equivalencias funcionales»<sup>43</sup> se ciñen a la lealtad hacia el partido político, al trampolín que ellos   refieren. Meritocracia pensada en gran escala se constituye en artificio   legitimante de la esperanza. La democracia llega a ser de esta manera mecanismo   utilitarista y el partido dispositivo. El pacto o el acuerdo para hacerlo   posible se da entre elites políticas, intelectuales, recomendados y   advenedizos, dentro de los márgenes de los mecanismos de reclutamiento   consuetudinario. Y dentro de los márgenes de los capitales bourdieuanos cuando   se procede al relacionamiento con la sociedad civil<sup>44</sup> cuando aparecen los «servidores públicos». La justicia que no es más que   mecanismo correctivo de lo factual, como dispositivo de la esperanza, se   constituye en artificio, artificio constituido por los mismos gestores de la meritocracia como presencia fantasmagórica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De esa manera, este sentido democrático connotado por el privilegio y   la privación de los no elegidos o los inelegibles entre la genealogía   democrática y su sentido constitutivo se entrelaza nuevamente la legitimación democrática, por el simple recurso   de legitimación, la afección del espíritu, de la individua­lidad. O el   disciplinamiento subjetivo, en función de la esperanza. Porque la esencia de la   conciencia moral es probar y desaprobar, el sentimiento que lleva a elogiar o   vituperar dolor y placer que son produ­cidas por la consideración de un   carácter general, sin referencia a nuestro interés particular<sup>45</sup>, por   eso la sociabilidad democrática nunca deja de ser heterológica, en el mismo   sentido del «ya nos llegará el momento». En   términos de Hume<sup>46</sup>,   lo que aparece como fantasía, lo que es generado por la imaginación, es   resuelta por la creencia como instancia donde la idea se hace objeto. Sin que   esto pueda significar que quienes creen sean los culpables de los efectos de la   idea, porque la acción social se relaciona con la temporalidad, con lo   inmediato, sin dar tiempo a prevenir a priori el devenir. En este caso, el   sustento de la democracia como esperanza se   refugia en las afecciones individuales, o espirituales según Hume. Lo que nos hace considerar aquello que se expresa   como interés general es la simpatía, como parcialidad natural, por eso la   sociedad encuentra su obstáculo en las simpatías y no en el egoísmo, porque el   hombre siempre es un hombre del clan o una   comunidad<sup>47</sup>.   La simpatía, como carácter ontológico, se relaciona   con dos elementos fundamentales del rasgo de la vida elevado a sentido   terminológico explicativo, lo catatónico,   que permite apreciar que «ese afecto es demasiado fuerte para mí», y se   sustancializa en la fulguración: «la fuerza   de ese afecto me arrastra»<sup>48</sup>,   por tanto el individuo es presa potencial, hace posi­ble las formas intermedias   por los cuales se constituye la democracia: nepotismo, prebendalismo y la definición   de la esquizofrenia como punto de fuga. La idea parcial se sigue escondiendo y trascendiendo a hurtadillas, bajo el mito del interés general.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La pasión de esa manera constituye clanes o pueblos, a veces   destruyéndolos, contraofensivas, otros portadores   de poder, pero que primeramente deben pasar por el tamiz de los partidos y el   sentido de elegibilidad que es como se expresa el interés general. Claro que   cuando la pasión es férrea, su definición en el marco democrático es arrítmico   con el interés general, y define la no presencia de los dos elementos   fundamentales que impiden «el quiebre de las democracias»: la eficacia y la   efectividad»<sup>49</sup>,   como accio­nes legitimantes y aseguradoras del orden democrático, siendo este   el caso, la democracia por lo menos la boliviana, se constituye sobre una   condición ontológica: la pasión constituida en obstrucción, pero al mismo   tiempo en promotor de la democracia. «El mundo de la mundanidad»<sup>50</sup> heideggeriano en este caso, imposibilita el proyecto, y permite la generación de   la secularización. Porque en el transcurrir de la temporalidad,   en las sociedades que ya son más que suma de comunidades, su amplitud supone la   reduc­ción de la simpatía o la pasión en una circunscripción sentimental, una   correspondencia con los más allegados, la   primacía de la sensibilidad, el corte sensible de lo propio y lo ajeno, y por   ende, la constitu­ción del egoísmo. Porque el egoísmo, los sentimientos en su   multiplicidad se forman en el ámbito de la heterología y la otredad. Y como los   intereses particulares no pueden identificarse, no pueden totalizarse   naturalmente, la alternativa en la que se encuentran las simpatías es la de   extenderse por el artificio o destruirse por la contradicción, mediante la   justicia como extensión de la pasión y la contradicción como negación<sup>51</sup>.   El valor humano, la afección, el sentido humanista individual, el interés   prima, genera cultu­ra, es una estructura que produce «agentes estructurales y   estructurantes» en el sentido de Giddens<sup>52</sup>, porque le solapa el interés general.   El virus, el carácter de la política como franquicia, como mercado cuando se   trata de dejar el clan y formar la comunidad de comunidades genera favoritismo.   Prebendalismo y nepotismo no tienen mecanismo correctivo y la imposibilidad del   corte de raíz, define agenciamientos, rizoma en el sentido de Deleuze y Guatari.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los pueblos. La versatilidad del mío. ¡Escapamos o nos quedamos! Esquizofrenia</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Situados los privilegios y sus portadores, en el marco de lo   democrático es recurrente afirmar la posibilidad de la representación, es   decir, la definición del campo de los privilegios ¿Qué es la represen­tación y   cual su significado? No es simple cuestión de referencia sino de definición.   Representación en democracia no es delegación de intereses, sobre todo si estos   emergen del Estado y por el Estado cuando entraña interés particular. El Estado   no tiene que representar el interés general, sino hacer del interés general un   objeto de creencia, al darle aunque más no sea mediante el aparato de sus   sanciones esa vivacidad que naturalmente tiene para nosotros solo el interés   particular<sup>53</sup>.   En sentido tanto emergente como impositivo, puesto que por ambos lados el voto   lo legitima la representación es recurso contractual, o en otras palabras   «metagarante» del interés general. Por ello, la representación es envío, ser   represen­tante equivale a ser enviado, acreditado por el simple hecho de ser   síntesis, basado en la relación esencial con el cuerpo, una representación   nominal que consiste en mostrarse, representar-departe-de, hacerse-   visible-para, como ritual destinado a renovar el pacto, el contrato o el   símbolo<sup>54</sup>.   Es decir, la representa­ción en el mismo marco del interés general es también   ficción, artificio sino artilugio. Porque dentro de la lógica de la   representación también existe un punto ciego como paradoja<sup>55</sup>.   Aquello que Lukes, enfatizó bajo términos diferentes que la representación se   define por la consideración de problemas potenciales y no reales<sup>56</sup>,   en la que se hace posible la incongruencia representante-representado en   sentido trascenden­tal, solo es una ínfima población sensible a los enunciados   del representante pero no es toda, y sobre este se establece la recurrencia de   la creencia o la credibilidad como sentido constructivo. «La confianza como   mecanismo de reducción de complejidad», o salvífico del alma de la sociedad democrática.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">O sea, en este punto se hace pertinente recurrir a la teoría del   artificio de Hume, que denota identifi­cación y por ende generación de creencia   como correspondencia. En este sentido de correspondencia, el enunciado político   establece el punto de llegada de la generación de creencia que se efectiviza   por el juego entre significante y significado, bajo la comprensión saussereana   o lacaniana<sup>57</sup>.   El significado supone resorte, material, dato, referencia, dispositivo para la   generación de significantes, el significante en este sentido pasa a ser   elemento de captura, de sujeción, de subsunción. La representación del sujeto   entraña una herencia del juego del lenguaje, el subjectus es una noción   personal que en lo jurídico- político connota sujeción o sumisión de una   persona humana a una autoridad, el sujeto que está sujeto tiene que ser   personal, aunque no necesariamente individual<sup>58</sup> aquí se protagoniza al artificio.   Porque políticamente cualquier forma de sujeción es incompatible con la   ciudadanía, ¿pero hay algo que no sea político?<sup>59</sup>.   Esto corresponde a la constitución de la fantasía del mítico proceso de   constitución de la democracia. Pero el proceso de captura no es gratuito, la   franquicia se resuelve en la real politik que madura, la contradice, pero nace   de la misma «perversión burocrática», y del mismo sentido del «ya nos llegará   el momento». El estado de yecto del ser, el estar arrojado y ser proyecto en   sentido de M.Heidegger<sup>60</sup>,   ya no refiere extravío, sino estrategia. Proceso que obedece a la limitación   que experimenta el sosteni­miento del interés general, y cuando la afección   individual no ha encontrado respuesta en este artificio. Dentro del «régimen   del significante», la cadena significante de lugares, operaciones de   reterritorialización que constituye a su vez lo significable<sup>61</sup>,   germina la desconstrucción de la metáfora, el asalto de lo senci­llo, «los   significantes de los significantes como desconstrucción de la retórica»<sup>62</sup>,   la anorexia del lengua­je difícil, la oferta contante y el mensaje light, pero   que de la misma manera no escapa al proceso de captura, solo que este ya tiene   sentido práctico, estrategia. No ataca la integridad del Estado, exige rema­nente,   pero al mismo tiempo legitima a sus agentes encaramados también en la fantasía,   una argucia: «clase política»<sup>63</sup>,   dando paso al proceso de tecnoburocratización que designa tan solo los espacios   monopólicos para los elegidos<sup>64</sup>.   La democracia pasa a ser protagonizada en este sentido por los catch all   parties, o los partidos atrapa todo<sup>65</sup>, y como agentes del monopolio, conducentes al Estado totalitario.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Así, por el artificio de la generalidad y paralelamente el sentido de   su imposibilidad práctica, el significante pueblo es desconstruido, el «ya nos   llegará el momento» define pueblos particulares y es la suma de los clanes   constituidos mediante un consenso no corporativo, y como tal, pasa a adquirir   sentido utilitarista. Los clanes que se agrupan por necesidad, apelan al mito.   Sobre todo cuando el aparato de captura nos ha dicho que se representa al   pueblo, y que la democracia es el soberano, por tanto, es el poder del pueblo.   Pero ya vimos que la significación etimológica es una imposibilidad, entonces   el pue­blo también es artificio. Solo existe el pueblo no como portador de   poder, sino como delegante del enviado, como garante de la representación<sup>66</sup>.   El demos deja de ser principio y pasa a ser garante, lo que no implica que el   representante tenga sentido de eticidad para con el pueblo, pues este ya es   simple recurso, por eso mismo hay tantos pueblos como particularidades   sociales, pero ya vimos también lo que significa la representación y por esto   los pueblos siempre son versátiles, material de captura. Por eso, en democracia   la comunidad del pueblo es definible como tal solo en negativo, lo que   significa no como sujeto, sino como objeto de poder por parte de aquella   abstracción concreta que es el ordenamiento político<sup>67</sup>.   Porque toda relación de representación se funda en una ficción: la de la presencia   a un cierto nivel de algo que, estando presente, está ausente del mismo, parte   de un principio organizado de ciertas relaciones sociales y por ello el   resultado no está predeterminado, porque un representante puede ser sometido a   condiciones tales de control, que lo que para ser una ficción es el propio   carácter de la representación, y la ausencia total de control puede tornar a la   representación literalmente ficticia<sup>68</sup>.   Por eso la representación siempre es simbólica, no real, formal, proceso de subsunción,   en sentido marxista. Los pueblos se reproducen se fragmentan, y se vuelven a agrupar guiados por la creencia de que son el soberano.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Mi pueblo. «Yo mismo en mi mundo». ¡Alguien me acecha y me controla!</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El pueblo en este caso   subvierte el mismo orden constituido en su nombre. El hecho de estar ausen­tes,   pero al mismo tiempo estar presentes en un contexto del «mundo de la vida», de   «los caminos de la vida»<sup>69</sup> lo evidencia. La escenificación de la angustia y el cuerpo festivo dentro de   formas de relacionamiento social definida por un «vitalismo dionisiaco» o «el   vitalismo definido como la preemi­nencia del hedonismo y el culto al cuerpo»   por Maffesol'<sup>70</sup>,   hace que todo no-relacionamiento práctico pueda asumirse como daño. El olvido   de los valores tradicionales y el individualismo pragmático forman un   relacionamiento social diferente. El «cuerpo festivo», en este caso, no   solamente implica festividad del placer o la necesidad como formas definitorias   de las relaciones sociales, sino también festividad de las angustias,   constituidas en excentricidades por «la privatización de lo público»<sup>71</sup>.   Todos estos rasgos son constituyentes de una sociedad posmoderna<sup>6</sup>'',   la «cuarta época» en el sentido de C.Wright Mills, la «era de la información»<sup>72</sup>,   la «sociedad dialógica»<sup>73</sup>   post-industrial<sup>74</sup> o modernidad tardía<sup>75</sup>,   que no es más que el estado social donde se procede a la desmitificación de la   modernidad, de la «desconstrucción» de los ideales sociales basados en los   metalenguajes modernos de razón y progreso y en sus distintos rostros, el   económico por la debilitación de los componentes del capitalismo, la   destrucción de la socie­dad industrial por la globalización y la ruptura de   sentidos alternativos, el obrero en particular, la pobreza en escala mundial y   la informalización. El político, por la desconstrucción de la democracia, del   pacto corporativo y el transvase del sujeto ciudadano por la posterior   inclusión de las formas políticas particu­lares como contención o mecanismo   asegurador del orden y la definición de los sujetos particulares. El ideológico   por la perversión de los «valores tradicionales» y la definición de la «¿tica   de la estética, del ocaso de una moral y la centralidad subterránea, por el   presenteismo que define que lo único real es lo fenomenal»<sup>76</sup>. La   definición de políticas multiculturales y su constitución intercultural, el   reconocimien­to del otro, la exacerbación y la constitución del mundo   heterológico que definen formas societales primadas por la angustia y las   afecciones individuales por el descreimiento de las grandes narrativas, su   sujeción a narrativas particulares, sus historias propias, y el cuestionamiento   de los universales simbóli­cos por subuniversales. La razón ya no es mecanismo   de facilitación hacia el mundo de la trascendencia, al contrario, mecanismo de   seguridad para habitar el mundo cómodamente<sup>77</sup>, por la exacerbación del   individualismo y el vivir apresurado. El olvido de los sentimientos en   beneficio de las estrategias en un universo donde el éxito consiste en ganar   tiempo, pensar no tiene más que un solo defecto, pero incorre­gible: hace perder el tiempo<sup>78</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La sociedad posmoderna   en ese caso solo es «un estado del alma»<sup>79</sup>, un sentido realizativo social   hegeliano. Carece de un propósito, de una meta definida, de una alternativa, no   se afinca en ningún proyecto, ni gestiona una herencia, es, por tanto, un   estado de las estrategias, de la dispersión de los ataques múltiples y diversos   no ligados ni a una misma sensibilidad ni a una misma ideología<sup>80</sup>.   Siendo este el sentido social actual, la acepción luhmaniana del sistema social   como unidad de las diferencias, distingue en este caso particularismos,   sentidos identitarios definidos por su particularidad, aún cuando estas hacen   práctica utilitarista de la singularidad por la explotación del folk, como   estrategia, como dispositivo de exigencia de «más democracia». Más allá sin   embargo de esta relación, como todo es privilegio de los particularismos,   existe la posibilidad de ceder al fundamentalismo y erróneamente en­torpecer la   «política de la identidad»<sup>81</sup>,   por su reducción al biologismo distintivo. Porque no todos los individuos pasan   a formar parte de un pueblo trascendente con carácter pactado, es acomodo   búsqueda del fin de sus angustias que nadie le garantiza que lo ha de alcanzar,   y así como esta posibilidad es efectiva el rechazo, la huida, el ataque,   también lo es. Empero esta es una causal lógica, sobre todo en contextos donde   los capitales sociales definen la ocupación de espacios de privilegio de   acuerdo a los sentidos del mestizaje, el «ya nos llegará el momento» supone de   aquí en adelante jugar con esa misma lógica. Esta significación entraña la   conformación de «trincheras identitarias»<sup>82</sup> con un carácter herméti­co, por el   «endurecimiento de las fronteras identitarias»<sup>83</sup>, reposando sobre el «neonarcicismo   colecti­vo»<sup>84</sup> y en un sentido victimista de la identidad, del «manejo del daño»<sup>85</sup>,   como estrategia y como meca­nismo de antagonización<sup>86</sup>.   Pero sobre todo de negación de la opresión con un sentido salvífico de la   negatividad y la negación del deseo en el «ya no más» como criterio de valor de   recusación<sup>87</sup>,   en la lucha entre monopolio y sentido de participación, en otras palabras, es sintomático de que la interculturalidad, nunca fue práctica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este sentido de las   constituciones societales, es decir, particularizadoras con la idea   utilitarista de pueblo<sup>88</sup>,   parecería definir que todo es extravío, que el surgimiento del «sujeto   individual acrítico, débil y fatigado»<sup>89</sup> define al mismo tiempo puntos de fuga   como dispersión total. Empero, esto no es así, de serlo, ya no cabría hablar de   sociedad como constitución trascendente. De hecho la distinción que esta­blecieron   Deleuze y Guatari con relación al campo estriado y al campo liso siendo este   último constitu­tivo, es importante en esta instancia, la «máquina de guerra   nómada» como exteriorización del Estado<sup>90</sup>y como síntoma define el sentido de   captura del Estado. Y es cuando se establece esta posibilidad, cuan­do el   Estado deviene policía, como productor del biopoder<sup>91</sup>, por   la misma dictadura de significantes, o policía como arrebatando el sentido de   la emancipación social por su sentido trascendente, que se consi­dera creador   del asentimiento de la comunidad<sup>92</sup> de pueblos. El campo estriado en este caso, corresponde a la libertad   democrática, una libertad estipulada o una libertad condicionada, y el extravío   no es posible en este sentido, porque la libertad mitificada es como no creímos   que era. Los agentes de este campo, de este orden son los partidos políticos   también como aparatos de captura con relación a los constructos significantes,   sujetan, niegan al sujeto y lo capturan en un rotundo ataque a su sensibilidad   liberadora, pero que el mismo sujeto consciente. Ya Bourdieu dijo que para que   existan las relaciones de dominación se necesitan de dos, uno que lo ejerza y   el otro que lo consienta<sup>93</sup>,   el sentido hegeliano del amo y el esclavo. Pero esto no es tan sencillo como   esta operación. Por un lado el aparato de captura significante supone procesos   de subjetivización<sup>94</sup> como proceso de captura. El dispositivo es esencialmente el len­guaje como   mecanismo de identificación y que el mismo marco político democrático no   impone, supone. La subjetivización designa el momento a través del cual el   sujeto integra lo que le es dado en el universo del sentido, pero esta   integración siempre fracasa en última instancia, hay siempre un residuo que no   puede ser integrado al universo simbólico, un objeto que resiste a la subjetivización   y el sujeto es preci­samente el correlato de este objeto, del excedente   metafórico<sup>95</sup>.   De este residuo germina el sentido de la subjetivación. Como emancipación,   escape, «puntos de fuga», procesos de subjetivación<sup>96</sup>.   Pero cuando no hay espacio para la fuga, se apuesta al sentido institucional,   lo burla, y pasa a ser instrumento de subjetivación Por eso a partir de aquí   todo es estrategia, «juego nómada»<sup>97</sup>,   nomadismo en sentido transcultural<sup>98</sup>,   de vivencia en la heterología por la capacidad empática. La lógica de las   estrategias, la búsqueda de puntos de fuga para la realización de la   subjetivación, no dispone de un campo liso sino al atravesar esta posibilidad,   hasta ahora el campo estriado es una estepa donde conviven animales y hom­bres,   el surco define límites libertarios y expresivos de la subjetividad. Por eso   dentro del campo estriado todo es falta de compromiso, ruptura de los consensos   corporativos, estrategia, «multiplicación de proce­sos electivos»<sup>99</sup>,   campo liso subyacente, a partir del repliegue hacia «el sí mismo», sin   compromiso hacia el otro, aprovechamiento del área institucional para engañar y   recurrir a la fantasía. Por eso ante este orden caótico, es plausible la   generación o el retorno en el mismo contexto posmoderno de los retornos, de «la   derecha retro, portador del nacionalismo xenófobo»<sup>100</sup>, como mutilante de los procesos corrosivos del orden o de su orden.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Así se reconstituyen los pueblos desde   dentro, los partidos los capturan tratando de canalizar su sentido de   subjetivación y la esperanza sigue en pie como estrategia de juego en el campo   estriado, aún a costa de expresar endurecimiento de fronteras identitarias.   Cuando sea posible la «formación de cade­nas equivalenciales»<sup>101</sup>, la   realización discontinua de la «relación antagónica asimétrica»<sup>102</sup> y   el retorno de la trascendencia como garantía de subjetivación<sup>103</sup> será posible tal vez, la exteriorización del espacio monopólico y los   privilegios. Pero hasta el momento es irresoluto, porque la búsqueda de   emancipación guarda dentro de sí una paradoja que bien supo explicar Balibar:   el valor de la acción humana reside en que nadie puede ser liberado o   emancipado por otros, aunque nadie puede liberarse sin los otros<sup>104</sup>.   La institucionalización de los partidos, su carácter monopólico, tiene hasta   ahora en sus manos las reglas del juego político. La posibilidad de constituir   máquinas de guerra, aunque esta no es una instancia consensuada, pero más   potente que la máquina burocrática, pasa a ser probabilidad, no-proyecto, senci­llamente   reposa en el sentido del ¿podrá ser? Pero hasta el momento, a la afirmación:   «represento al pueblo», es posible responder con la pregunta: ¿cuál pueblo?   Porque en el contexto de la posmodernidad «el pueblo es una idea y en torno de   esta hay disputas y combates, pero al mismo tiempo el pueblo ha dejado de ser   garante de los discursos expansivos»<sup>105</sup>. Y en la práctica, todo demos es   exclusivo, ningún demos no importa qué tan grande sea, ha incluido a todos los   seres humanos, en especial los niños<sup>106</sup>. Entonces, ¿qué es pueblo? El pretexto de un interés general, el artificio respecto de la propiedad del otro.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Monopolio,   lo político, la política, lo impolítico y la despolitización. ¡Sálvese quién pueda!</font></b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La Política en el sentido inicial, refiere relación, práctica, o con   Lamas, incorporación en los proce­sos de pugna, gestión de las demandas,   dinámica<sup>107</sup>.   Pero lo político es trascendencia (campo axiológico), el campo del conflicto,   de la relación entre policía y emancipación en el sentido de Ranciere<sup>108</sup>,   policía como Estado, como propietario del campo estriado y como «productor de   la biopolítica» y emancipación como diferencia, como «máquina de guerra». El   campo político o lo político en otras palabras, se cons­tituye en espacio de   antagonismo entre omnipresencia opresiva, poder y gestores de la estrategia,   porta­dores del poder y portadores de la angustia con sentido emancipatorio.   Porque encerrados en los medios limitados de sus vidas cotidianas, los hombres   ordinarios no pueden razonar sobre las grandes narrativas - racionales e irracionales - de las que sus medios son partes subordinadas<sup>109</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El campo estriado es definición indetentable por los pueblos, solo es   posible por los portadores de poder, por los enviados. Desde el punto de vista   del Estado, la originalidad del hombre de guerra, su excentricidad, aparece   necesariamente bajo una forma negativa: estupidez, deformidad, locura, ilegiti­midad,   compasión, pecado<sup>110</sup>. La constitución esquizofrénica, también es su síntoma. Por una parte el</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estado omniabarcador   vigila un orden, la sociedad mira las entrañas de este Estado y no divisa una   torre de babel que sería progresista, sino la matriz de «los doce pecados   capitales», deslumbrante, una «rostridad» angelical, un espacio humano en   demasía que se expresa por la pasión y la simpatía, cuya clausura de operación   no encuentra otro mecanismo de intervención que el propio Estado. Pero ese   Estado existe de la misma manera en que se reproduce, entonces el sujeto se   repliega, lo constituido define apelar a las estrategias para hacer del pecado   un bien común, no privilegio, manejan el daño. Aparecen organizacio­nes de   mujeres, en el mismo sentido particular que apuntamos, indígenas, campesinos,   elites, etc., exi­giendo más democracia, como equivalencial a entrar al Estado,   hablan de pobreza, de marginalidad, de abandono, apelan a sus pueblos,   constituyen intereses particulares. Lo mismo, la democracia sigue sien­do   argumento metapolítico o justificativo de imposición de intereses particulares,   solo los que lo niegan pasan a negar la política como práctica y relacionamiento y a acusar de carentes de ética a quienes la gestionan.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En ese relacionamiento   surge lo real. El realismo político no encuentra límites y la disyunción   liberal entre lo público y lo privado conduce a una doble moral y la   esquizofrenia cívica<sup>111</sup>.   Y todo se legitima ante la imposibilidad del consenso corporativo, mediante el   «consenso translapante»<sup>112</sup>,   temporal, como mecanismo de socialización porque será cuestionado   inmediantamente no responda efectivamente a las afecciones individuales y al mundo de la vida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero no es ruptura   inmediata, solo cuestionamiento, posibilidad de suplantación. Porque la protec­ción   de los intereses parciales como legítimos con relación a los portadores de   poder sé generan por el amparo, la protección, la definición de los límites del   sistema político. El proceso de catálisis (como imposibilidad de definición de   un «proceso catártico»<sup>113</sup>)   corresponde a un mundo de sentido, construido intersubjetivamente, donde la   provocación puede revelar la alternativa de evitación del portador de po­der, e   incluso para que él mismo destruya su poder, como estrategia sociopolítica,   aunque infantil<sup>114</sup>.   Y en este sentido es algo simbólico de las condiciones en el poder muy complejo   y en los ordenamientos sociales que la sociedad civil totalmente desarrollada,   haya formado un tipo de código con una alta afinidad con el oportunismo, como   dicotomía entre lo progresista y lo conservador<sup>115</sup>.   Pero de todas maneras los portadores del poder tampoco establecen   relacionamiento con la sociedad civil, el amparo es el sistema político, como necesidad ontológica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Dentro del mismo   sentido maquiavélico de la construcción de la fortaleza del soberano, se   procede a la producción autopoiética de la política, con el carácter hermético.   Por su parte los pueblos siguen constituyendo el soberano legitimante de esta   auto-producción, nadie lo discute, todos lo contemplan. Deviene la despolitización,   generada por los mismos portadores del poder y como mecanismo de prohi­bición   de la detentación de sus espacios por otros agentes no adscritos al ámbito de   los privilegios, a menos que el soberano «pueblos», los legitimen. El objetivo   es mantener intacto el campo estriado, imposibilitar la materialización del   campo estriado, negar «más democracia» en sentido efectivo. La base, una   «cultura política posmoderna»&quot;<sup>4</sup>, como clima cultural expresado   en el desencanto de las iz­quierdas, y la no-creencia en el socialismo ni en la   clase obrera como sujeto revolucionario y el aborre­cimiento de la   omnicomprensión de la realidad&quot;<sup>5</sup> y todo se reduce a la   desconstrucción de la metáfora y el balance entre las propuestas y las   expectativas. O en otro sentido, el mecanismo de «clausura de operación» de   autoproducción de la falacia: clase política, se produce mediante el estigma,   la demonización de la política y la sacralización de lo «impolítico»&quot;<sup>6</sup> o para no decir mucho, su elevación a virtuosidad en el ámbito del mundo de las   estrategias, mediante transfugio o lealtad por el prestigio del enviado. Bajo   lá misma condición: «no te olvides de nosotros, ya nos llegó el momento» y la   predestinación de la respues­ta a la circunscripción de las pasiones. Esto   produce la escenificación de las tribus posmodernas de indiferenciación y   sincretismo, de la pluralidad de las máscaras de las personas, de generación de   redes, desaparición y entrecruzamiento, donde se pertenece por entero a   determinado lugar, pero nunca de manera definitiva y sin jurar fidelidad a   nadie, es el ambiente estético de la versatilidad de las masas&quot;<sup>7</sup>.   Este estar en el mundo de la mundanidad se funda en «el saber de la realidad y   el sentido de la acción que no redunda necesariamente en comportamientos   adaptativos, sino en la oferta política»<sup>116</sup>, la pérdida del sentido alternativo y   la reducción del decisor a cliente electoral. La cultura postmoderna no orienta   un proceso de secularización, es su producto, la conducta cool, el discurso   post se libera del iluminismo, pierde capacidad de elaboración de un horizonte   de sentido y vivimos un presente continuo, sin visión de futuro, en un contexto   donde parece del everything goes, todo vale, el consumo del instante y el   tiempo volátil&quot;<sup>117</sup>.   Por eso la emancipación en este caso ya no es transvase de los límites del   sistema, sino satisfac­ción de la angustia, de la necesidad del cuerpo. Por eso   en este contexto, la política en cuanto tal puede conducir a una emancipación   solamente parcial, precisamente política y no completamente humana, la   emancipación de la apariencia y no de la esencia por la positividad de la realidad<sup>118</sup>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Siendo todo estrategia,   juego, máscaras y rostridad de la policía, ética y política jamás van juntas,   generan lo moral pero como trascendencia, y la política en este sentido y con   Sartori prescinde de defini­ciones éticas<sup>119</sup>. La eticidad en sentido rawlsiano,   solo es prospecto del deber ser. Tal vez argumento de los despolitizados para   no ser capturadas por la matriz de los pecados, pero al mismo tiempo, atributo   que los convierte en potenciales correctores del orden, por tanto, los próximos   enviados. Mientras el hombre de la calle se retira de la participación de los   asuntos políticos, la sociedad tiende a volver a la ley de la selva   (transgredir el sentido hobessiano del orden) que anula las huellas de la   individualidad, por tanto, la emancipación del individuo no consiste en la   emancipación de la sociedad, sino en la redención de la sociedad de la   atomización<sup>120</sup>.   Pero este proceso de redención no es absoluto, es simplemente un estado de paz   temporal, la paz perpetua siempre ha sido un imaginario. El dispositivo de la   sociedad fraterna es el «consenso translapante», temporal, recursivo, aún sea   advenedizo, y que se efectiviza permanente­mente por una operación anamnética,   de retorno al pasado pero con las posibilidades de remediar errores, o la   simple apelación a los referentes pasados<sup>121</sup>. Así es como por ejemplo la toma de   decisiones electo­rales se sitúa, el término medio de la decisión se focaliza   en la referencia, en el pasado, el juego del pasado a través del presente para   definir y salvarnos del futuro, sobre la base del logro. No se trata de   experimentos para tratar con lo «nuevo». Es decir, el portador de poder es   aquel que de alguna manera porta un derrotero capaz de servir de referencia   para ser representante, haber experimentado la matriz de los pecados y tener el   temple para soportarlos de nuevo, desde el punto de vista de los enviadores,   aun cuando lo goce, el estar enviado tiene carácter de materialización en lo   que se hizo y no así en el simple significante. De otra manera, es la materialización de la estrategia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El «consenso translapante» supone legitimación, y es la misma sociedad   por otra parte, que opera la clausura de operación del sistema político. Este cerco   es importante porque solo así son posibles las variadas formas de práctica   política, incluso de «la política del avestruz en contraste con la política del   prójimo»<sup>122</sup>.   Solo así se posibilita la expresión del «código del pudor: del nosotros»<sup>123</sup>,   por la primacía de la preclusión<sup>124</sup> y la determinación esquizofrénica. Deberíamos pasar a través de estas   consideraciones al esquizoanálisis como ciencia madre, que en el sentido   deleuzeano rechaza cualquier idea de fatalidad calcada sea cual sea el nombre   que se le de: divina, anagógica, histérica, económica, estructural, heredi­taria,   sintagmática<sup>125</sup>.   Porque posición esquizofrénica, es despolitización, sin padre ni madre, del   estar en la periferia, pero mantenerse en el grupo por un brazo o un pie, con   un pensamiento del afuera y de escape a la captura mágica que aparece siempre como ya hecha<sup>126</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El proceso de despolitización opera en el mismo sentido anterior,   consiste en el quitarle o negarle sentido político a algo, desorganizando la   lucha y provocando la división como el mejor modo de hegemonizar<sup>127</sup> y monopolizar la práctica política, sea recurriendo al artificio o la   imaginación. Así la política es bien privado, pero justamente porque se ha   «privatizado lo público». El monopolio es simple­mente disponer del campo estriado   para expresiones sociales, la negación de su carácter ontológico e incluso de   «la política de las calles», por ambos lados, la individualidad y sus   afecciones y la policía. La politización como proceso por el cual algunas   prácticas sociales empezaban a otorgarle sentido político a espacios, tiempos,   formas de relación, temas en la organización y constitución de la sociedad   civil, permitiendo incorporar una noción de política caracterizada por el   conflicto y la lucha entre valores y proyectos<sup>128</sup>, en   el mundo de la festividad de las angustias es relegada por la inmediatez y la   pérdida de sentido alternativo. El repliegue hacia el sujeto, a sus afecciones,   a sus angustias, al rechazar sentidos trascendentales alternativos, y   provocando que el Estado sea más despótico, aún siendo democrático, define la   renuncia a la política no en sentido esencial, sino como forma, e   inmediatamente legitima a los portadores del poder como representantes. La   producción biopolítica permite en este sentido que los portadores del sentido   político cotidiano solo tengan poder de legitimación para quienes sean capaces   de sensibilizar su confianza. Esto es el espacio «impolítico», que niega la   política pero al mismo tiempo la critica, es decir, es política sin ser   política, es política en sentido teórico, pero niega su carácter político con   relación al referente, la definición de puntos de fuga se genera por   antonomasia. En otras palabras, la negación de la política es política, solo   que esta negación política es esquizofrénica. Renuncia a la polí­tica sin renunciarla.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por eso la democracia debe estar preocupada por la salvación de lo   impolítico, de cualquier preten­sión de anexión, de incorporación o traducción   política, pero para esto la democracia debe ser técnica, método, procedimiento,   rompiendo su mito y generando una nueva automitificación<sup>129</sup> ¿Acaso no esta­mos ya en este estado político que más bien acentúa la   desmitifícación de la democracia?. Pero como el sistema político es   autorreferencial, su autoproducción se realiza en función de lo trascendente:   la idea de la democracia y la reproducción de la ficción ¿Tendrá algún límite?,   de hecho todo proceso de produc­ción lo tiene. Mientras tanto, el sentido   democrático genera el panóptico esquizofrénico que solo tiene un desierto (o   quiere constituirlo) de tribus que lo habitan, un cuerpo lleno de   multiplicidades que se aferran a él<sup>130</sup>.   Pero los pueblos son aún espacios de esperanza, por el simple hecho de   constituir al soberano, de su poder congénito democrático, sin haberse   percatado que Kratia y Demos, solo se unen para conformar un neologismo   permanentemente recursivo en la urgencia por mantener el orden. El orden no es   más que sentido constitutivo permanentemente cuestionado por las ideas de   órdenes diferentes pero que siempre se legitima en la comparación. El sentido   analógico legitimante basa en la idea del emperador terrible y mago que opera   por captura y lazos, nudos o redes, o el rey sacerdote y jurista que procede   por tratados, pactos, contratos<sup>131</sup> actuando por el ocultamiento y la preeminencia del «velo de la ignorancia» es   mítico. Ya lo dijimos, esta contrastación se basa en una idea primigenia de la   filosofía política y particularmente en sentido de Tocqueville: la democracia no por ser tal, no ha de ser despótica, o viceversa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La confusión de sentidos, el amparo de los privilegios, de los   portadores de poder, la legitimación del monopolio de la política, generada por   la misma política en sentido conceptual, es posible por el sentido de renuncia   y autoproducción. Parecería que la política en este caso es ciencia oculta,   metafísica o teolo­gía porque es evidente que cuando llegue a ser ciencia   positiva, todo el mundo comprenderá que para conocerla es indispensable   tratarlo, estudiar las observaciones y las deducciones sobre las que habían de fundarse<sup>132</sup> y solo así será posible la desmitificación de sus expresiones.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El monopolio de la política como creación   de todas las normas o de aquellas decisivas para la libertad de disposición de   los funcionarios: y eventualmente, y sobre todo y la concesión necesaria de la   adminis­tración<sup>133</sup>,   pero en sentido totalitario, se legitima en función de la idea de la matriz de   los pecados, por la referencia a la moralidad y la ética y como renuncia a esa matriz. La política del otro lado del Estado, es sencillamente sacralización.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>El   final. Un sentido ilustrativo ¡El reino del miedo! La política en la paradoja de Frankenstein</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es necesario, arribado a este punto, tener en cuenta que el proceso de   legitimación por el ejercicio de la renuncia de la política por la política no   hace más que prolongar el sentido de las angustias. Pero ya vimos que el   soporte de esta prolongación es la esperanza y sobretodo la confianza, pero de   la misma manera, deriva en la prolongación de las angustias. La política es en   este sentido recurso de emancipa­ción donde no interesa la vía. Los   «movimientos sociales», el «comportamiento colectivo» e incluso la recurrencia   de «las multitudes» son solo la constitución de puntos de fuga<sup>134</sup>,   porque también está el juego del engaño, la nomadología en el sentido   institucional, o la elevación a mero instrumento, meca­nismo de salvataje por la escenificación de la estrategia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este caso es posible concebir cómo los procesos de prolongación de   las formas políticas definidas a partir de la angustia, tienen que ver con la   presencia de los mitos. Lo que sucede tras este sentido de prolongación es que   la misma sociedad entra en la paradoja del doctor frankenstein, de la   materialización de lo imperceptible, de la presencia de la «doble contingencia»<sup>135</sup>,   del producto que se escapó de las manos, y del descontrol del control. Pero   cuando todo es inmediato, casi la definición del producto social es   incongruente con una apreciación calificativa del devenir. De hecho esta misma   paradoja entraña la doble contingencia, y ningún acto social está liberado de   esta posibilidad. Responder a lo inmediato, supone tomar mano de la inmediatez,   y se trata de un comportamiento que no puede definir a priori lo malo o lo   bueno, en la misma paradoja de la temporalidad que exige decidir, se encuentra   la resolución pero en el transcurso de la temporalidad. Y cuando la   temporalidad define un futuro, un espacio de reflexión de lo transcurrido no se   puede hacer gala de la memoria como regla rectificante. Porque en el mismo   sentido de Luhman, la memoria solo es una prueba de fuego, una prueba del   sentido de retención que no tiene por tarea acumular experiencias porque en ese caso la memoria no adquiriría sentido ni tampoco el recuerdo o el olvido<sup>136</sup>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estas consideraciones nos llevan al sentido propio del sentido humano.   Lo que sucede es que una vez expuesta la paradoja de Frankenstein, todo escapa,   es el reino del descontrol, de la aniquilación del sentido de cambio y de   renuncia a los sentidos trascendentales de constitución política, es el   privilegio del presenteismo, del vitalismo, de la inmediatez y la legitimación   de los actos por la pérdida de sentido alternativo. Es esta la sociabilidad en   los marcos de la reifícación elevada a principio. La reificación como la   aprehensión de fenómenos humanos como si fueran cosas, vale decir en términos   no humanos, o la aprehensión de los productos de la actividad humana como si   fueran algo distinto de la actividad humana, como hechos de la naturaleza<sup>137</sup>.   Y este es el pie para el proceso de retorno a las explicaciones metafísicas, a   las búsquedas de escape y del «sálvese quien pueda», el reino del descontrol   define puntos de fuga ya sea en la formación de máquinas de guerra materiales o   espirituales, el refugio en el alma, la salvación de los pecados, se desarrolla   en el campo estriado pero no lo subvierte, prefiere negar la polí­tica haciendo   política negándola. De todos modos el «ya nos llegará el momento» es también   arma subjetival de la búsqueda de la emancipación, de los clanes o los pueblos bajo el artificio de su soberanía.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font size="2"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Notas</font></b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. Este artículo debería relacionarse con dos trabajos (y otros varios)   referidos a cultura política por un lado y movimientos sociales por el otro,   con un sentido de complementación, pero no de culminación. Sin embargo, me   encuentro entremedio, sin haber cumplido una intención y sin haberla comenzado   ¿Se imaginan que martirizante? Pero la esencialidad de mi existencia y el   transcurrir irresoluto de la temporalidad me han privado de esa posibilidad. A   favor de a quienes podía echarles la culpa, y que de algún modo se han   constituido en mis dispositivos de emisión inefectiva de lo que considero son   «mis reflexiones» con sentido automatista, prefiero ir más allá. Esc   automatismo que de algún modo parece perjudicial por no haber logrado mis   propósitos, tampoco lo es, ya que como se sabe, sin rclacionamiento no   necesariamente bourdicuano, sino más bien al estilo consuetudinario de la   formación de redes entre ahijados y padrinos, que creo no me es apto, me dice   que el asumir dicho reto de deshumanización aún sea en sentido rcductivo   individual no me es sensible. Fácil resultaría en este sentido, echarle la   culpa a las estructuras, pero me desalineo también de esta pretcnsión por el   simple recurso de la autenticidad. Prefiero ir en ese sentido contra los   agentes estructurantes que no disponen de un carácter de demarcación en su   sentido de socialidad entre pasiones individuales y prejuicios, y que se resume   en el «ellos no tienen la culpa. Al final son humanos» y actúan en el mismo   sentido en que la máquina se dinamiza y la tuerca está ávida de servidumbre. Y   una cosa es esencial para entender el papel de sociólogo, aun sea para gozar de   una simple membresía, como los hay muchos que son y no son, sin que nadie pueda   definir el sentido de las mentes. Se separan, digamos «críticos» y sociólogos   de oficio funcionalizado, aquellos que luego de obtener la membresía adornan el   espacio del buró que da tras sus espaldas, con un estante de libros   inutilizados, excepción hecha para copiar una cita que les ha caído bien y lo   escuchó de casualidad, así se capitalizaron los capitales bourdicanos que nunca   dejan de estar ausentes. Quizá por ello el sentido salvífico para quienes se animen   a pasar a este trecho, cuyo requisito es sentido de resistencia y «sufrimiento   sensual» o sea, una complexión entre Sade y Nictzschc, sea el de llamar la   atención sobre la base de una analogía: Ser módico y sociólogo es lo mismo en   el sentido altruista del salvatajc del cuerpo, de la enfermedad por el proceso   de cura, y establezco la analogía en el sentido luhmaniano de la íntima   relación entre ambos campos y para comprobar esto basta con revisar lo que se   llama «teoría sociológica clásica». Pero los sentidos entre ambos son diversos,   el uno es predestina­do, el segundo es labrador, constructor, o arrabalero con   sentido empático, no ingeniero, arquitecto, militar o promotor, por lo menos en   sentido esencial, y me refiero al sociólogo de carne y hueso. Asi, la distancia   determinante es espiritual, el médico experimenta menos traumáticamente el   fracaso que el sociólogo, el primero tiene posibilidades operativas de   remediar, el segundo, círculos que lo acechan, de vida entre el escape o la   disciplina, hablo de los sociólogos de carne y hueso, como argucia refcrcncial.   Por eso en este lado, para ceder al acecho del exitismo, hay que renunciar al   sentido de desparazitación, y servil..digo, servir a las oligarquías   intelectuales, los favoritismos no digamos de clase, más bien de   intencionalidades guiadas por los capitales bourdicanos. Es más exitosa la   terapéutica, cuando se apuesta al prestigio, es decir, al criterio de   selectividad de la asignación de roles por el flujo de privilegios que a veces se mezclan y que tiene que ver con la comisura entre el status y la</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6. El sentido es en este   caso definición de límites del sistema, como mecanismo operatorio de reducción   de complejidad, de demarcación de la línea que diferencia sistema y entorno.   Vcase a N. Luhman, Introducción a la teoría de   sistemas, Anthropos, México, 1996, p. 81. Pero sobretodo porque el   sentido actúa en función de la temporalidad y remite al problema de su selección.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7. R. Dahl, Análisis político actual, EUDEBA, Argentina, 1985, p. 13.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8. Véase a M. Wcbcr, Economía y sociedad /, Esbozo de sociología comprensiva, Fondo de Cultura Económica, México, 1974, pp. 43-45.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">9. Esta acepción refiere comunicación, proceso de selectividad de enunciados, véase a N. Luhman, Poder, Anthropos España 1995.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">10. Ibid, pp. 30-34.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">11. Vcasc sobre los   conceptos manejados en este pasaje a N. Luhman,   Introducción... Y Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general, Anthropos, España, 1998.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">12. Véase a D. Easton, Esquema para el análisis político, EUDEBA, Buenos Aires, 1985.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">13. En sentido foucaultiano véase a T. Ncgri y M. Hardt, Imperio, Harvard Univcrsity Press, Cambridge,   Massachusscts, 2000, p. 18-20. La producción biopolítica se relaciona con lo   que más adelante se especifica en relación a la policía como Estado y   emancipación, o tal vez en el sentido de A. Giddcns, La constitución de la sociedad. Bases para la teoría   de la estructuración, Amorrortu, Buenos Aires, 1995, donde la estructura   «produce» agentes cstnicturantes de la estructura. O quizá en un sentido   comparativo más importante puede consultarse la extensa lectura sobre la   producción de la identidad, del sujeto individual y los procesos de   subjctivización. Para partir de un punto base puede consultarse a P. Berger y   T. Luckman, La construcción social de la realidad, Amorrortu, Buenos Aires, 1968.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">14. G. Dclcuzzc y F. Guatari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Prc-tcxtos, España, 1997, p. 216.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">15. T. Ncgri y M. Hardt, op. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">16. R. Espósito, Confines de lo   político, nueve pensamientos sobre política, Trotta, España, 1996, p.   34. A partir de esta defini­ción se otorgan posibilidades o se planifican formas de Estado: de bienestar, mínimo, etc., sobre la base de esa relación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">17. Me permito poner en   consideración: C. Ichuta, Identidades políticas y   política de identidad en el contexto de la posmodernidad. La identidad   en el sentido de la política, una lectura del comportamiento político desde la   reflexión posmodema. Sin editar, o mejor, sobre la que aún no consigo   publicista. En este se definen dos procesos seriales, una socialización   democrática primaria, como proceso de enseñanza, de instrucción democrática, de   captura, de identificación, y el proceso de socialización secundaria como campo   legitimante y plausible a la programación política y la concentración de los   intereses en la gestión política, pero proceso inacabado, sobre el cual se   procede a la constitución de otro proceso más opresivo aún, como es lógico en relación a la anterior.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">18. A. Flisflisch, «Consenso democrático en el chile autoritario»,   en: N. Lcchner (comp.), Cultura política y democratización, CLACSO, FLACSO, Chile, 1987, p. 105-106.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">19. Véase a T. Ncgri y M. Hardt, op cit., p. 18.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">20. Véase a J. Lacan, Escritos 1, Siglo XXI, España, 1984, p. 89.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">21. N. Luhman, Introducción .</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">22. Véase a F. Nictzschc, Humano, demasiado humano, EDIMAT, España, 1998.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">23. Véase a T. Salman, «Aplausos después del desfile: el estudio de   organizaciones y movimientos sociales después de la eufo­ria», en: T. Salman y   E. Kingman (edit.), Antigua modernidad y memoria del presente: culturas urbanas e identidad, FLACSO, Quito, 1999.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">24. La explicación metapolítica corresponde a R. Espósito, op cit., p. 45.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">25. Véase la política   definida como relación amigo-enemigo en C. Schmitt, La defensa de la constitución, Labor, Barcelona, 1931.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">26. Vcasc sobre este marco   explicativo de la democracia real y la democracia ideal en N. Bobbio, El futuro de la democracia, Fondo de Cultura Económica, México, 1986.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">27. R. Espósito, op cit., p. 43.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">28. Ibid., p. 44.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">29. Vcasc la extensa literatura política sobre esta relación indirecta, pero fundamentalmente ibid.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">30. N. Luhman, Confianza. Anthropos. España, 1996, p. 41.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">31. Véase sobre este sentido esencial de la democracia en J. Linz, La quiebra de las democracias. Alianza, Madrid, 1987.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">32. La acepción corresponde   a R. Dahl, op cit., p. 13, pero desde el punto de vista de las intersecciones   entre sociedad civil y sistema político determinado por el sentido poliárquico de las democracias.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">33. Véase a V. Packard, Los buscadores de prestigio. EUDEBA, Buenos Aires, 1962.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">34. Véase a sobre esta temática a W. Kimilcka, Ciudadanía multicultural. Paidos, Barcelona. 1995.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">35. Vcasc a N. Bobbio, Estado, gobierno   y sociedad. Por una teoría general de la política, Fondo de Cultura   Económica, México, 1989. Otros tipo de correspondencia, el histórico y el   descriptivo definen también su carácter, lo que sucede en la práctica es la imposición de una orientación.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">36. Supone la crítica a los   sistemas electorales bipartidistas, y la correspondencia con las   particularidades sociales. La acepción corresponde a J. Schumpctcr, Capitalismo, socialismo y democracia, Claridad, Buenos Aires, 1946.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">37. Desde Rousseau hasta   Kant. Véase a J. Rubio Carracedo, Paradigmas de   la política, del estado justo al estado legitimo (Platón, Marx, Rawls, Nozick), Anthropos, España, 1990, p. 48.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">38. Sobre el sentido mcritocrático del poder, véase a M. Weber, Economía y sociedad..., pp. 232-240.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">39. Véase   a D. Dahl, Los dilemas del pluralismo democrático. Autonomía versus control, Alianza, México, 1991</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">40. Que constituye uno de los males de la democracia representativa desde la óptica de N. Bobbio, op. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">41. G. Deleuze y F. Guatari, Mil mesetas... p. 218.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">42. «Los partidos son formas de socialización que descansan en un   reclutamiento libre, como asociación, por el logro de fines u objetivos   políticos». M. Weber, Economía y sociedad... p. 228.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">43. Vcase a N. Luhman, Poder.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">44. Vcasc necesariamente a   P. Bourdicu y J.C. Passcron, La reproducción.   Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Fontanamara, México, 1995.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">45. G. Dclcuzc, Empirismo y subjetividad, Gcdisa, España, 1996, p. 31.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">46. D. Hume, Ensayos políticos, Herrero, México, 1953.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">47. G. Dclcuzc. op. cit., p. 31.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">48. G. Dclcuzc y F. Guatari, Mil mesetas..., p. 364.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">49. Véase sobre esta relación J. Linz, op. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">50. Véase a G. Vatimo, Introducción a Heidegger, Gcdisa, España, 1996.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">51. Ibid, p. 33. Vcasc la teoría del artificio en D. Hume, op cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">52. Vcasc a A. Giddens, La constitución .... Amorrortu, Buenos Aires, 1995.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">53. G. Dclcuzc, op cit., p 48.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">54. J.   Dcrrida, La desconstrucción en las fronteras de la filosofía, la retirada de la metáfora, Paidos, ICE, España, 1989.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">55. Vcasc C. Ichuta, op. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">56. Vcasc a S. Lukes, El poder. Un enfoque radical, Siglo XXI, España, s.d.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">57. Vcase a J. Lacan, Escritos 2, siglo XXI, España, 1984.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">58. E. Balibar, «Sujeción y subjctivación», en: B.Arditi, El reverso..., p. 188.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">59. Ibid., p. 193.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">60. Véase a G. Vattimo, Introducción ...</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">61. G. Deleuze y F. Guatari, Mil mesetas..., p. 117.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">62. J. Dcrrida, op cit.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">63. Que originariamente, por intermedio de sus gestores solo se   constituía como mecanismo metodológico de distinción de los agentes del poder   político, como clase con roles especiales. La práctica, el sentido rcalizativo   de la democracia constituye a este mecanismo metodológico en mecanismo de   diferenciación social, que no hace más que definir los espacios propios de «los   aptos» y los elegidos a la gestión de los asuntos públicos, como mecanismo de   legitimación, lo que constituye la tccnoburocracia. Véase para el caso a N. Bobbio, El futuro...</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">64. Véase en la misma tónica anterior a ibid.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">65. Véase a S. Pachano, «La   crisis de los partidos políticos en Ecuador», en:   Opiniones y análisis, Crisis de los partidos políticos en la región andina: lecciones de la historia, ILDIS, FUNDEMOS, La Paz, 2001, pp. 17-25.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">66. Vcasc el interesante   análisis de este proceso en G. Sartori, Teoría de   la democracia y el debate contemporáneo, Alianza, México, 1989. En especial el capítulo referido a «La democracia etimológica».</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">67. R. Espósito, Confines.... op cit., p. 50.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">68. E. Laclau y Ch. Mouffc. art. cit., p. 158.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">69. Véase la manifestación   de las existencias particulares en C. Wright Mills, Poder, política, pueblo, Fondo de Cultura Econó­mica, México, 1973, p. 180.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">70. O las formas visibles de   la vida social. Véase a M. Maffcsoli, «La socialidad en la posmodcrnidad», en:   G. Vattimo, En torno a la posmodernidad, Anthropos, España, 1994, p. 108.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">71. O el asalto de la   privacidad, según G. Lipovctski, La tercera   mujer. Permanencia y revolución de lo femenino, Anagrama, Barcelona, 1999.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">72. Vcasc   a M. Castclls, La era de la información. Economía,   Sociedad y Cultura, especialmente El poder de la identidad, Alianza, España, 1998.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">73. La de los múltiples relatos, la definición de las diferencias y   los relatos particulares, en A. Tourainc,   Diálogos, Universidad Iberoamericana, Mcxico, 1995.0 en el mismo autor,   «La sociedad programada» en: El regreso del   actor, EUDEBA, Buenos Aires, 1987, o la socictalización de los espacios   sociales por la particularización en ¿Podremos   vivir juntos? La discusión pendiente: El destino del hombre en la aldea global, Fondo de Cultura Económica, Argentina, 1998.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">74. En la misma relación anterior véase a A. Tourainc, Critica de la modernidad, Fondo de Cultura   Económica, Argentina, 1994. Y en un sentido más especifico véase a A .Mclucci, Sistema político, partiti e movimenti social, Campi del sapere, Fcltrinclli, Milano, 1990.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">75. Aunque es muy compleja esta acepción tiene sentido rclacional   aunque no cquivalcncial como el contexto de la transvaluación de valores   mctasocialcs, por la sucesión de nuevas constelaciones de significados ya no   mctasocialcs, sino escatologías salvíficas. Véase a J. Bcriain, «Modernidad y   sistemas de creencias», en: G. Vattimo, En torno.... p. 135.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">76. M. Maffcsoli, «La socialidad en la posmodemidad», en: ibid., pp. 104-107.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">77. F. Savatcr, «El pesimismo ilustrado», en: ibid., p. 112.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">78. Véase sobre las significaciones de este sentido en J.F. Lyotard, op cit., pp. 51-98.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">79. Véase a I. Urdanibia, «Lo narrativo en la posmodemidad», en: G. Vattimo, En torno.... op. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">80. P. Lanceros, «Apuntes sobre el pensamiento destructivo», en: ibid., p. 144.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">81. Vcasc a B. Arditi, «El   reverso de la diferencia», en: El reverso...   Vcasc también sobre el sentido de las estrategias en: T. Ncgri y M. Hardt, op. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">82. Véase a M. Castclls, La era...</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">83. Véase a M. Hopcnhayn,   «Transculturalidad y diferencia (El lugar preciso es un lugar movedizo)», en:   B.Arditi, El reverso... Y T. Gitlin, «El auge de la política de la identidad. Un examen y una critica», en: ibid.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">84. Ibid.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">85. Sobre el sentido   victimista como mecanismo de identidad véase a M. Lamas, «La radicalización democrática feminista», en: ibid.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">86. Véase a J. Rancicrc, «Política, identificación y subjctivación», en: ibid.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">87. Vcasc a J. Bcriain, La integración en las sociedades modernas, Anthropos, España, 1996.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">88. Sobre el sentido de la socictalización de los espacios véase a A. Tourainc, ¿Podremos vivir...?</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">89. Esta visión, con sentido explícito anti reflexión posmodemista, véase en J.M. Mardoncs, art. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">90. G. Dclcuzc y F. Guatari, Mil mesetas...</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">91. El biopoder es una forma   de poder que regula la vida social desde su interior, siguiéndola,   interpretándola, absorbiéndola y rcarticulándola. Véase en T. Ncgri y M. Hardt, op cit., p. 19.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">92. J. Rancicrc, «Política, identificación y subjetivación», op cit., p 146.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">93. Véase a P. Bourdieu y J.C. Passcron, La reproducción...</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">94. Como proceso de constitución del sujeto a través de un proceso de   separación entre la cultura y la comunidad. Véase a A. Touraine, Diálogos...   Véase también a E. Laclau, «Sujeto de la política y política del sujeto», en:   B. Arditi, El reverso..., J. Rancicrc, art cit., li. Balibar, art. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">95. S. Zizck, «Más allá del análisis del discurso», en: ibid., p. 174.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">96. Subjetivación, como deseo rcalizativo de la individualidad, del «mí mismo». Véase a A. Touraine, Diálogosp. 26.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">97. Véase a R. Dcnson, «Un   perpetuo regreso al inicio. El nomadismo en la recepción crítica del arte», en: B. Arditi, El reverso...</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">98. Véase a M. Hopcnhayn, art. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">99. Véase a B. Ardtiti, El reverso...</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">100. Ibid, p. 119.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">101. Vcasc a E. Laclau, art. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">102. S. Zizck, art. cit., supone en el mismo sentido hegeliano que el amo en su exterioridad es la negación del esclavo como síntoma.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">103. E. Laclau y Ch. MoufFc, art. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">104. E. Balibar, art. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">105. J.F. Lyotard, La posmodemidad..., p. 31.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">106. R. Dah\, Análisis.... p. 99.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">107. Véase a M. Lamas, art. cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">108. J. Rancicrc, art. cit. Véase también la   producción biopolítica a través del estado como policía en T. Ncgri y M Hardt, op cit.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">109. C. Wright Mills, Poder, política, pueblo..., p. 180.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">110. J. Rubio Can-acedo, Paradigmas de la política..., p. 32.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">111. Ibid, p. 32.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">112. Temporal, mecanismo de inmediatez, véase en ibid.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">113. Que sea capaz de que la política pueda articular filosofía y   sentido común y sea asegurada por la misma política. Véase a J. Nun, «Gramsci y   el sentido común», en: N. Lechncr (comp), Cultura política..., p. 210.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">114. N. Luhamn, Poder, pp. 29-33.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">115. Ibid., p, 81.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">116. O. Landi, «La trama cultural de la política», en: N. Lcchncr (comp.), Cultura política..., p. 50.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">117. N. Lcchncr, La democratización. .. pp. 358 - 360.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">118. R. Espósito, Confines.... p. 45.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">119. Véase a G. Sarton, Partidos y sistemas de partidos. Alianza, Madrid, 1994, p. 152.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">120. Vcasc a H. Marcusc, K.   Poppcr, M. Horckhcimer, A la búsqueda de sentido, Sigúeme, Salamanca, 1998.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">121. Para la operación de   anamnesis, que «conduce a través de una dolorosa elaboración, a elaborar el   duelo de los afectos, de toda suerte de afecciones, amores y terrores asociados   a estos nombres» véase a J.F. Lyot&amp;rd, La posmodernidad..., p. 98.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">122. J. Lacan, Escritos I</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">123. J.B. Fagcs, Para comprender a Lacan, Amorrortu, Buenos Aires, 1987.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">124. Que designa ia extinción   de una facultad de accionar en determinado sentido por haberse dado por   terminada la etapa del recurso, donde eso hubiera sido posible. Véase a ibid, p. 67.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">125. G. Dclcuzc y F. Guatari, Mil mesetas.., p. 18</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">126. Ibid., p. 437.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">127. L. Tapia, Politización. Ensayos teórico metodológicos para el   análisis político. Muela del Diablo, La Paz, 1996. Cit por C. Schmitt, p. 82.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">128. Ibid, p. 74.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">129. R. Espósito, Confines..., p. 56.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">130. G. Dclcuzc y F. Guatari, Mil mesetas... p. 37.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">131. Ibid., p. 433.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">132. A. Comtc, Primeros ensayos, Fondo de Cultura Económica, México, 1977, p. 10.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">133. M. Weber, Economía y sociedad..., p. 218.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">134. La acción colectiva en   este sentido pasa a ser mera posibilidad, que en su posibilidad encuentra más   imposibilidad. Véase C. Ichuta, Movimientos   sociales. El retorno de la cuestión regional, aproximaciones teórico   conceptuales para el estudio de los movimientos sociales en democracia. Sin auspiciante o no publicado.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">135. En sentido analógico, véase el principio de la doble contingencia en N. Luhman, Sistemas...</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">136. Véase a N. Luhman, Introducción .... p. 178.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">137. Vcasc a P. Bcrgcr y T. Luckman, La construcción social..., p. 116.</font></p>      ]]></body>
</article>
