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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Alteridades de la Feminidad en las Discursividades   de Mujeres Recoveras, Artistas y Locas</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Verónica Auza Aramayo </font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Paula Estenssoro Velaochaga   </font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Vania Díaz Romero</font></b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El tema de mujer y alteridad en contextos subalternos y postcoloniales,   como el de Bolivia, capta lo obtuso y lo abyecto de la representación de la   diferencia, en condiciones de desintegración y abigarra­miento heterogéneas.   Creemos que lo femenino y todas sus posibles deconstrucciones íntimas, inadver­tidas   y diversas, pueden generar aperturas sociales significativas y trascendentes,   por estar inscritas en enfrentamientos femeninos a la representación dominante de feminidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hoy en día, debido a una serie de transformaciones en el proceso de la   episteme contemporánea, hay razones imperiosas para incluir en los nuevos   estudios a procesos subjetivos y femeninos en los órdenes paradójicos de   sociedades forjadas entre el despojo cultural y el coloniaje, donde muchas   mujeres constituyen sus destinos librando luchas contra ese sistema dominante   que busca incorporarlas violentamente en una subalternidad étnica, femenina y   marginal, estipulando para ellas formas de vida siempre escindidas entre lo propio y lo extraño.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la presente investigación, bajo el riesgo de la disparidad, se   seleccionó un puñado de mujeres recoveras, artistas y locas las cuales, desde   sus múltiples y diversas condiciones y circunstancias, llegan a cristalizar   sucesos diferentes y únicos de alteridad femenina relacionados con   problemáticas étnicas, sexuales y de normatividad. Así, es necesario considerar   que el presente estudio se concentra en sus voces, lenguajes y discursos para,   en ellos, encontrar sentidos diferentes femeninos y no únicamente meros datos, informaciones o muestras que revelan fría y objetivamente a cada una de estas mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Siendo así, el estudio no pretende evidenciar carencias y miopías de la   teoría de género sobre las mujeres en contextos urbanos abigarrados y de   múltiples identidades, ni postular una disidencia femeni­na organizada en pro   de su liberación sino señalar los momentos íntimos y subjetivos donde aparece la revuelta femenina, perturbando el texto social patriarcal dominante.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Desde luego, es imperioso partir siendo conscientes de los juegos de   poder en que estas emergencias subjetivas se libran, terreno donde, en nuestro   estudio, las mujeres recoveras, artistas y locas transitan desde el mercado al   centro del mundo público, desde el canon artístico al centro de una creatividad   singular, desde el encierro psiquiátrico al centro de una aventura interior, travesías   que van no a través de puntos fijos que constituyen el rechazo, la   discriminación y la intolerancia sino desde el estallido de momentos pujantes de diferencias femeninas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por eso, la investigación adoptó el sentido ecléctico del fragmento, ya   que éste nos permite congeniar con aperturas y posibilidades dispuestas a   comprender las alteridades femeninas como rupturas subjeti­vas que   deconstruyen, a partir de sus intimidades, órdenes de la representación   dominante. Apuesta teórica y de conocimiento que implica una amalgama entre mujeres, textos, voces y encuentros.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De ese modo, el estudio se centró en los testimonios-signo de siete   mujeres recoveras, seis artistas y siete locas. La investigación marca así un   contrapunteo de tres formas discursivas: la primera, el habla oral; la segunda,   situada en la imagen como construcción de sí mismas y de sus creaciones; y, la   tercera, que proviene del cuerpo como fuente y como materia de sus identidades.   Estas tres trayectorias discursivas hilaron la representación del signo (en   este caso, del signo mujer) y la liberación del signo (en este caso, en el   despliegue hacia la representación de la diferencia). Uno transó y saldó las   falencias de la represen­tación, el otro rompió y desmoronó a la   representación, generando, vía lenguaje, otros modos de ser del orden, que   permitieron encontrar los significados y significantes de las personas, las palabras y las cosas en un posible tenor femenino de alteridad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Así, consideramos que las mujeres -que participaron en el estudio- como   en el caso de las recoveras, realizan una alteridad de la feminidad en su   práctica cotidiana, introduciendo dinámicas públicas en cada intervención   callejera del mercado. Por su parte, las mujeres artistas inscriben una   alteridad de la femini­dad en sus constantes recreaciones del signo,   incorporando sentidos estéticos y sublimes al canon ampa­rado por el arte   patriarcal. Y, finalmente, las mujeres locas logran una alteridad de la   feminidad en sus radicales formas de evadir todas las prescripciones, resquebrajándolas desde los momentos límite del desmarque y la evasión de la norma social.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De ese modo, el estudio no pretende celebrar la marginalidad ni   aplaudir la discriminación femeninas sino propone encontrar cómo ellas, las   mujeres recoveras, artistas y locas entrampadas en diferentes experiencias   subordinadas de sus identidades diferentes, se restituyen, se rearman y se   construyen bajo otras formas de ser. Así, el estudio trata de constituir un terreno común para la comprensión alternativa de estas alteridades femeninas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El orden urbano étnico, el canon artístico y la normalidad social   constituyen horizontes estructurales, cuyos sistemas simbólicos consolidan   prácticas de dominación patriarcal, asignando a las mujeres recoveras, artistas   y locas espacios marginales y marginalizados. En ellos, los lenguajes femeninos   a la par de estar ausentes no son fijos y constituyen los caminos simbólicos   personales por los cuales cada una de ellas desplaza la represión, la negación y la exclusión.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A menudo, la representación femenina adquiere significación imaginaria   social en la idea polarizada de la «Prostituta» y «la Madre» o «Virgen»,   sentidos extremos nunca consumados en las vidas concretas de las mujeres ya   que, sin duda, ellas se debaten cotidianamente más bien en un complejo campo de   significaciones culturales, que están configurando una densa red de sentidos   donde la marca de «vacío», «diferencia», «incompletud», «no-existencia», «exclusión», «misterio» y «marginalidad» puede o no manifestarse en y por ellas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De ahí que la feminidad nos remite a marcos conflictivos de   subalternidad que se materializan y suceden precisamente en mujeres con   «subjetividades diferentes». Las mujeres recoveras, artistas y lo­cas son   mujeres contradictorias y paradójicas, que tienden a desbordar todo marco   dominante por ser, precisamente, el signo fragmentado de una identidad   femenina, subjetividades no-significadas que desli­zan lo significante de su   significado. Configuran así, categorías subjetivas femeninas que no responden a   la representación dominante de ser Mujer sino que producen alteridades de la   feminidad, resignificando la constante de feminidad. De esta manera, se   reconvierten no sólo los códigos socioculturales de la representación de Mujer   sino también los sentidos dominantes que la generan, logrando deconstruir esta representación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para Derrida (1997), la deconstrucción, más allá de implicar una   crítica teórica, debe desplazar las estructuras institucionales y los modelos   sociales. La noción de deconstrucción designa el modo en que el   convencionalismo del lenguaje rompe con la univocidad y la equivocidad   reguladas. De ese modo, expresa el desgaste que supone una pérdida semántica regular, lo que ocurre cuando se produce un agotamiento del sentido.<sup>1</sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora bien, la deconstrucción más que un concepto es un acto, un   movimiento que opera una ruptu­ra, así puede implicar un sentido de   aniquilación o de reducción negativa. Sin embargo, más que destruir se hace   necesario comprender una restauración diferente a la existente, una restauración   que difiera. En todo caso, la deconstrucción es el desmantelamiento de una estructura bajo una cadena de substituciones posibles en el texto.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el sentido derridiano, el término tiene interés solamente dentro de   un determinado contexto, aquel en el que reemplaza y se puede dejar reemplazar.   En estos casos, la deconstrucción no puede restringirse o pasar inmediatamente   a una neutralización sino que debe poner en práctica una reversión y un despla­zamiento   general del sistema. Sólo en estas condiciones puede la deconstrucción   proporcionar los me­dios para intervenir en el campo de los órdenes que critica.<sup>2</sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Derrida ejercita su tarea deconstructiva particularmente sobre la   representación en el lenguaje. El punto de apoyo consiste en tomar los sentidos   de la palabra representación para captar la esencia del lenguaje, distinguiendo   entre la representación y lo real. Representar es pensar, de modo que para   Derrida la deconstrucción implica diferir con la representación y comunicar la   diferencia. Es decir, se trata de hacer posible lo que asegura la apertura. En   nuestro estudio, este llamado proceso de deconstrucción femenina se evidencia   en lo que hemos llamado la revuelta íntima femenina, noción dada por Julia   Kristeva (1999) que nos conduce, precisamente, a cuestionar la representación femenina, la idea de una presencia femenina definida por otros.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Vivir como sujetos es subjetivar, en el caso de las mujeres, la   diferencia. De ese modo, cada femini­dad puede conquistar y habitar su propio   espacio, generar su propio discurso. Lograr este desmontaje es abrir la   posibilidad del cuestionamiento del propio ser, de la búsqueda de sí misma o   «del cuidado de sí» como diría Foucault.<sup>3</sup> Esta posibilidad íntima abre la vida   psíquica a una infinita re-creación, estructurando re-vueltas,<sup>4</sup> lo cual supone una resonancia femenina retrospectiva en el cuerpo social, cuyos   ecos van dislocando las principios dominantes de una concepción patriarcal que en el caso de Bolivia, tiene nexo directo con el colonialismo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Así, pensamos que se produce la deconstrucción en el interior de las   subjetividades femeninas que, sin dejar de estar inmersas en el orden de   representaciones sociales y significados culturales dominantes, producen un   movimiento de diferenciación y provocan una ruptura en el sentido de sus   identidades, activando un lenguaje que difiere abiertamente de dicha representación que las subsume en sistemas cosificados.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta deconstrucción femenina ocasiona alteridades de la feminidad, pues   son mujeres cifradas culturalmente como recoveras, artistas y locas, quienes   desde sus especificidades pueden llegar a tras­cender en sus tramas íntimas y   vidas cotidianas las representaciones que las contienen y, al mismo tiem­po, en mayor o menor grado, hacerse cargo de este obrar deconstructivo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pensamos que la privacidad femenina, es decir, la intimidad y la   cotidianidad, se han simbolizado en la casa, el hogar, la reproducción y el   cuidado, instancias que han configurado la «nación simbólica»<sup>5</sup> de las mujeres. Para Heller (1998), la vida cotidiana es la arena donde se   libra la revolución social, precisa­mente por ser el espacio donde se puede   llegar a dar una abolición positiva de la propiedad privada y lograr que las personas conviertan su actividad vital en objeto de su voluntad y de su conciencia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Así, el mundo cotidiano deja de ser un mundo marginal y se convierte en   estructural. En consecuen­cia, desde nuestro ámbito de estudio, si bien   relacionar la feminidad con la vida cotidiana puede ser una celebración de la   subordinación femenina, también puede llegar a ser el espacio de la realización   de la revuelta íntima, debido a que, por ser el terreno o «nación simbólica» femenina, garantiza cierta indepen­dencia y poderío de las mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es bajo estos supuestos teóricos, y asumiendo otros registros de   significación, que nuestro estudio propone recuperar a un puñado de mujeres,   recoveras, artistas y locas desde ámbitos tan heterogéneos como el mercado, el   mundo oficial del «arte» y el hospital psiquiátrico. Esto supone una visión de   la vida cotidiana femenina como soporte real y simbólico para las voluntades y   acciones rebeldes de las mujeres. Atacar el disciplinamiento de un orden   cultural que demarca los espacios y apropiarse de un espacio sólo diseñado para   la construcción patriarcal de las mujeres, implica una revuelta íntima que   juega a hacer del mundo cotidiano un mundo capaz de deconstruir las marcas del poder en la subjetividad femenina.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La re-significación, para Kristeva, supone activar una cultura de la   re-vuelta, que «explora la perma­nencia de la contradicción, lo provisorio de   la reconciliación, la evidencia de todo lo que pone a prueba la posibilidad del   sentido unitario (la pulsión, lo femenino, lo innombrable, la destrucción, la   psicosis, etcétera)».<sup>6</sup> En el estudio que nos ocupa, hemos   buscado poner en primer plano esas voces descentradas, marginales, porque son   las que quizá puedan mejor expresar esa cultura de la revuelta, así sea en contex­tos de conflictividad y silenciamiento.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Alteridades de la feminidad empieza con las mujeres aymaras de los   mercados paceños, universo complejo que retuerce el hecho femenino, étnico y   urbano. Debemos recordar que la ciudad de La Paz deviene de dinámicas étnicas,   cuyo sentir urbano condensa múltiples temporalidades y escenarios cultu­rales;   así, la urbe paceña proviene de un pasado colonial irresuelto en su conquista y   homogeneidad. De ese modo, sus habitantes siguen paradojas indígenas y   mestizas, haciendo hoy en día que el moderno espacio urbano todavía marque sus   ritmos metropolitanos en este impasse cultural. La Paz es una de las pocas   ciudades principales de América Latina que lleva un nombre en idioma indígena: Chukiwayu Marka.<sup>7</sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En esta sociedad multicultural, las mujeres aymaras fueron   constantemente encausadas en las vías de la modernidad. En diferentes momentos   de la historia, el Estado Nación trató de integrarlas violentamen­te al sistema   a través de la servidumbre, la explotación y una ciudadanía menor. Pero, debido   a muchos procesos de resistencias, invisibilizados por el Estado patriarcal-colonial   como sincretismos religiosos, urbanizaciones indígenas, ventajas incluso   políticas del uso emblemático de sus polleras, organizaciones propias como la   experiencia de sindicatos anarquistas en la década de los 20, las peleas   cotidianas por los espacios comerciales con el municipio, las mujeres aymaras,   pese a todo, lograron mantener espacios para conservar y recrear sus prácticas, ética del trabajo y lógicas culturales diferentes.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora bien, en este contexto, la subordinación de las mujeres aymaras   se basa en argumentos dife­rentes usados para la población indígena. Las   mujeres aymaras son llamadas cholas, término que se usa como insulto étnico, no   así para los hombres, que difícilmente se llamarían cholos por el sentido   común. Dadas estas circunstancias, las mujeres aymaras fueron destinadas a la   servidumbre pero también al mercado que, a través de los años, pasó a ser más   que un espacio impuesto para su marginalidad en un espacio propio, pues en definitiva el mercado es un espacio además de aymara, femenino.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es curioso notar que las mujeres aymaras, por la propia discriminación   étnica quizá escaparon de aquel imaginario dominante que consideraba a las   mujeres bajo una debilidad e incapacidad laboral o quizá también por ese   prejuicio, ellas fueron condenadas a ocupar el rincón de la casa, las cocinas y   las lavanderías y los últimos rincones de la ciudad, las recovas. Lo cierto es   que ambas posibilidades, en mayor o menor medida, implican ese protagonismo   ineludible en el comercio popular urbano, donde las mujeres recoveras, llevando   el peso de sus polleras y de sus bultos, practican lógicas económicas no sólo   como estrategias de supervivencia sino como caminos donde construir condiciones de posibilidad para sus diferencias y autonomías.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Deconstruir la noción genérica de feminidad, en el lado aymara urbano   de la ciudad, implica reconocer las formas distintas de la cultura femenina.   Desmontar y dislocar el sentido cultural dominante con concep­ciones aymaras   femeninas hace tambalear el principio legítimo de la configuración occidental   de las muje­res. Así, se está hablando de hacer tambalear el principio de   identidad que sostiene a las mujeres. La iden­tidad femenina caleidoscópica   supone una identidad sexuada venida de estructuras jerarquizadas en lo étnico,   sostenida ambiguamente entre una constante circulación existencial de ser, no ser y deber ser.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Un segundo horizonte, menos visible y sin embargo más reconocido, es la   alteridad de las mujeres artistas que a pesar de estar ituadas en el centro   público de lo celebrado, no deja de implicar niveles de márgenes que   constantemente tropiezan con las comprensiones comunes. Ser artista y ser mujer   supo­ne muchas veces un recorrido por dos campos implicados pero no recíprocos,   mercado y arte, que optan por trabajar sobre el cuerpo de mujer seriado en   moldes diversos y divergentes. Territorio moral, convertido no sólo en   principio de una estética contemporánea sino de organización del discurso so­cial.   Cuerpo arcaico, subversivo, cuerpo muestra; arena para exponer las múltiples   formas visuales y significadas artísticamente bajo una búsqueda donde lo femenino es eternamente usado, pero también interpelado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora bien, muchas veces se dijo y se sostuvo que las mujeres   relacionadas con el arte perdían o devaluaban su feminidad no en el sentido de   su supeditación social sino porque la creatividad es un instrumento de poder   generativo, reducido al acto patriarcal. De ese modo, las mujeres artistas   revierten ese principio de dominación, produciendo una suerte de cambio funcional   en los sistemas de signos (Spivak, 1997), al autodefinirse en medio de esta   definición patriarcal. Modificación de toda representa­ción del lenguaje y del   signo estético que puede también, sin duda, modificar la representación   genérica de feminidad, cambiando sustancialmente el campo de fuerzas de la cultura patriarcal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta modificación en el arte desde esta sensibilidad cifrada como   diferente puebla estos márgenes y fronteras de la feminidad. Se puede entender   así que hayan teorías y críticas feministas que buscan dilucidar estos gestos   de crisis o resistencias o la calidad del sujeto en algunas producciones   literarias o plásticas de mujeres. Esto no pretende sumarse a las visiones que   hacen del arte femenino un ghetto o una mejor periferia donde puedan   realizarse, haciendo que finalmente el sistema central canónico permanez­ca   intacto. Así, es conveniente hallar los desdoblamientos subjetivos, femeninos,   sociales y culturales que, más allá del «rótulo» de artistas, lo hacen por el   gusto de la creación simbólica, imprimiendo propie­dades desconcertantes y   recreando zonas propicias para la emanación de estéticas contrarias al canon y autoridad patriarcales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este sentido, nuestro propósito es interpretar la relación   obra-testimonio, como alteridad del signo y de la vida misma. La alteridad se   da como fugas o irrupciones en el cuerpo textual y social, que contravienen a   los postulados, estéticas y prácticas patriarcales. Para ello, se han   seleccionado seis artis­tas del campo literario y plástico, en el intento de   reflexionar cómo la gravitación en lo íntimo, caracterís­tica por excelencia del arte femenino, se traduce en signo y en una configuración estética.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esto implica puntualizar aquello pertinente en el tratamiento ya sea   literario o icónico del signo e indagar en las marcas autobiográficas en la   obra y su correspondencia en el relato autobiográfico. En el ámbito literario,   tenemos a Giovanna Rivero (1972), Blanca Elena Paz (1953) y Blanca Wiethüchter   (1947). La dos primeras narradoras y la última poeta. Ellas publican   actualmente y se han destacado y han sido avaladas por la crítica vigente a   través de premios e integran antologías. En el ámbito pictórico están Erika   Ewel (1970), Valia Carvalho (1969) y Martha Cajías (1954). Todas ellas utilizan   diversas técnicas en el arte plástico que van desde el tejido, dibujo, óleo,   hasta la fotografía. Tienen una produc­ción vigente y reconocida y han sido premiadas en eventos nacionales e internacionales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la dualidad obra-artista está la brecha entre lo objetivo y   subjetivo, los caminos de la alteridad se sitúan en el cambio radical de la   vida cotidiana, esfera íntima, donde sí es posible la emancipación, donde a   manera de un microcosmos se reflejan las relaciones de dominación y exclusión y esto se traduce en la alteridad del signo ya sea verbal o icónico.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Finalmente, un tercer horizonte es aquel que se encuentra en el margen   de estas distinciones margina­les. La locura quizá es el símbolo que traduce con   mayor rigor la ambigüedad de la representación femenina dominante. Porque la   locura es el límite que separa lo normal de lo anormal que, además de   significar un principio de rechazo al universo femenino, antepone una   desvaloración patológica a estas mujeres. Lo cual contiene un estigma, radicalmente fundado para un particular deterioro femenino.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las llamadas mujeres locas, suponen el extremo de la alteridad   femenina, pues ellas son el signo más contundente del desmontaje. Las llamadas   locas aparecen como tales cuando se hallan legítimamente encerradas dentro de   los muros clínicos. Este hecho sucede cuando ellas, de una u otra manera, han   proferido y actuado abiertamente contra los roles normales de su feminidad e   identidad común. Así, dentro del imaginario, se establece a estas mujeres como   seres trastornados, peligrosos y fuera de sí, diferencia femenina que lejos de   sugerir una trasgresión feminista militante, recrea una revuelta íntima capaz   de traducir una nueva posición frente al sujeto, en la medida que la locura también puede ser leída como otra forma de la experiencia humana.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La locura hace que la realidad estalle, pues subvierte toda lógica y   orden no sólo social y cultural sino también discursivo. Así, la locura no es   llanamente una deficiencia mental sino una actividad implicada en el orden del   sentido que incluye una lógica propia, aquella que organiza de diferente manera   al mun­do; de ese modo, la realidad encuentra otro valor, encuentra una transformación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las mujeres que han sido estipuladas como locas, representan un   atentado público sobredimensionado en el enigma que- esconden sus insólitos   desvíos. Así, el sistema edifica el mundo de su encierro, el mundo de su   curación, la psiquiatría. Pero, las mujeres marcadas como locas, más allá de   sus exclusiones clínicas, no cesan de enlazar irreverentemente el sentido y el   sinsentido. Horizonte constitutivo de las identidades donde es prudente situar   dimensiones psíquicas de frontera, ya que en ellas todo cambia de lugar. Sin   llegar a destruir, la locura llega a abismar el orden de las palabras, las   cosas y las personas, escenario de múltiples variaciones que recorren   intensamente el cuerpo subjetivo, social y cultural, por ser procesos en proceso que las mujeres realizan en su vínculo patológico con lo real.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cuando el mundo pierde sentido y el «yo» se vuelve supremo, la locura   entra en escena. Esto repre­senta una irreverencia ante la cual el sistema   actúa sin restricción. Foucault y Goffman, más allá de sus diferencias, nos   permiten entender de manera clara cómo dentro de los procesos de exclusión y de   las prácticas clínicas institucionales que acompañan al psiquiátrico es posible   encontrar los micro espacios de libertad subjetiva donde las personas internadas se restituyen del despojo y vuelven a ser dueñas de sí mismas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El hospital psiquiátrico de la Caja Nacional de Seguridad Social   (C.N.S.S.) es la institución donde se realizó el estudio, al interior de él se   pudo acceder al contacto con mujeres internadas y realizar diálogos para saber   de ellas por boca propia, sin caer en lo que el discurso legítimo de la locura   establece como enfermedad, incomprensión y repudio. Las siete mujeres   internadas, contrariamente, dan cuenta en sus voces testimoniales cómo lo   «enfermo, tratado, excluido y silenciado» no logra vencer el habla, la inti­midad   y el sí misma de feminidades, explicitando lo disfuncional como una posibilidad   que puede llega a ser recreadora del orden, cuya razón patriarcal pretende   siempre eliminar. Así, las alteridades de la feminidad se encuentran en las   voces de las mujeres internadas que, aún desfiguradas personalmente por su   encierro clínico, hacen de la locura otro orden, en el cual es posible   restituir sus intimidades bajo un sentido sinuoso, que rebasa la ideología   psiquiátrica y la registra en una red de sentido, cuya loca signi­ficación para el ser femenino se torna en un refugio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para concluir, podemos decir que el estudio se presenta como un   texto-fragmento, se hace eco de estas voces y de estas intervenciones femeninas   que, si bien son subjetivas, no pueden mantenerse aisla­das ni invisibilizadas.   Las mujeres recoveras, artistas y locas que participaron de este estudio son   tres feminidades de frontera, que rompen con los estereotipos de la   subalternidad al desgarrar la unidad cultural que las contiene, pues ellas   trazan múltiples fragmentos de existencias y lenguajes. Estas tres alteridades   de la feminidad siguen sus instintos para comunicarse, hablar, escribir, pintar   y crear en su afán íntimo disparado en cada batalla cotidiana, librada por encontrarse inmersas en la adversidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Siendo mujeres de realidades abiertas e inesperadas -recoveras,   artistas y locas-, nos muestran mo­mentos de realidades intersticiales con   lenguajes y significados fluyentes y fluidos. Así, más que tratar de escribir   hitos feministas de cambios en nuestro contexto, las alteridades trataron de descubrir aquellos</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">actos estrictamente subjetivos, íntimos y erráticos que muestran   caminos donde es posible deconstruir el orden de la representación. A partir de   ellas y recayendo en ellas, se puede desmontar todos los aparatos de poder dispuestos para su dominación.<sup>8</sup></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Notas</font></b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. Jacques   Derrida. La deconstrucción en las fronteras de la filosofía. Paidós, España, 1997, T ed., p. 46.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. Jacqucs   Derrida, la escritura y la diferencia. Anthropos. España, 1989.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. Vcásc Michcl Foucault, Historia de la   sexualidad. La inquietud de si. Siglo XXI, México, 1999, 1 I<sup>a</sup> ed.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Julia Kristeva, El porvenir de la revuelta. Fondo de Cultura Económica, Argentina, 1999, p. 16.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. Guerra, op. cit., 1995.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6. &Iacute;dem, 24.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7. Voz aymara que nombra a la hoyada paceña.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8. Cabe aclarar, sin embargo, que en tales procesos subjetivos y   erráticos las feminidades que alteran su «feminidad» no siempre establecen la búsqueda o la pretensión concicnte y manifiesta de este fin.</font></p>      ]]></body>
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