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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Entre Cronopios y Famas La (des)   esperanza democrática de los jóvenes cochabambinos<sup>1</sup></font></b></font><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><sup><sup></sup></sup></font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Nataly Tórrez y Yuri Tórrez</font></b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La democracia   boliviana va a cumplir veinte años de vigencia y constituye uno de los períodos   de mayor estabilidad política en la vida republicana. El proceso democrático   supone su institucionalización a través de un conjunto de factores:   reconstitución del sistema partidario, reformas políticas para la participación   social, alternancia del poder vía sufragio y gobernabilidad política. En los   últimos años, los conflictos sociales pusieron en cuestión la legitimidad del   sistema democrático. Bolivia vivió el año 2000 una inestabilidad política   signada por convulsiones sociales (Véase, por ejemplo, la «Guerra del Agua»)   originando una crisis de mediación y legitimación social de las instituciones democráticas, en particular de los partidos políticos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Democracia y Cultura Política</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A pesar de los cambios institucionales producidos en la democracia,   ésta no ha satisfecho las expec­tativas de la sociedad civil. En consecuencia,   la aparente frustración de algunos sectores de la sociedad y la visión   desencantada, relativamente masiva, revelan que la democracia «no ha cambiado   en nada» la vida cotidiana. Recordemos que el ethos democrático siempre estuvo   ligado a la idea de la igualdad y de una vida mejor para las mayorías, lo que   se denominó en otra época «democracia sustantiva», por lo cual hoy asistimos a «un conflicto entre la   democracia como legitimidad y la democracia como rendimiento; entre ¡a democracia deseable y la democracia efectiva». (Lazarte, 2000)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Asimismo, en la consolidación democrática, se trataba de establecer un   núcleo básico de institucio­nes democráticas que resolvieran los problemas   propios de todo régimen político: quién y cómo se go­bierna la sociedad, las   relaciones entre la sociedad civil y el Estado, y la canalización de conflictos   y demandas sociales, todo ello en reemplazo de mecanismos e instituciones   dictatoriales. Así, en este proceso, se puso en entredicho la transparencia del funcionamiento y manejo de las instituciones democráticas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para su consolidación y estabilidad, la democracia requiere de una   cultura política que le sea afín. Por lo tanto, la democracia en curso necesita   de valores (o códigos) propiamente democráticos que sean aceptados y   compartidos colectivamente en el afán de construir una comunidad política. El   proceso de transición democrática que se ha operado en Bolivia (1982) configuró   una forma diferente de percibir la realidad a partir de una nueva «matriz   sociopolítica».<sup>2</sup> El cambio implicó una transformación institucional en el Estado y en la   normatividad, asimismo incorporó a nuevos actores socio/políticos en el juego   democrático y a la vez originó una mutación en la cultura política.<sup>3</sup> Por tanto, estas transformaciones democráticas significaron un nuevo sistema de   creencias y valores de la sociedad en torno a la democra­cia, sus valores e instituciones.<sup>4</sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este marco institucional formalmente democrático,   urge la necesidad de explorar la cultura polí­tica en una sociedad heterogénea   como la boliviana y las diferentes visiones (o valoraciones) referidas a la   democracia y al funcionamiento de las instituciones democráticas. De ahí que   una de las tareas de la investigación social boliviana es indagar sobre la   calidad de la democracia relacionada con el fenómeno de la expansión de la   ciudadanía,<sup>5</sup> es decir, con los problemas de participación, representación y satisfac­ción   ciudadana en los procesos de toma de decisiones en los niveles locales,   regionales y centralizados.<sup>6</sup>Por   tanto, el abordaje científico debe centrarse en estudiar las percepciones,   creencias y actitudes de la población -por ejemplo, la cultura política de los   jóvenes- en torno a las mediaciones institucionales de la democracia y su capacidad de canalizar las demandas y necesidades de la sociedad civil.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La pertinencia del estudio de la cultura política de   la juventud adquiere un interés académico porque la joven generación nació y   vive bajo los signos de la democracia representativa, reinstaurada en 1982.   Asimismo, este proceso de transición democrática coexiste con el neoliberalismo   implementado en 1985 que configura una nueva forma ideológica de percibir la   realidad socio-política. En este marco, escudri­ñar la cultura política de las   y los jóvenes tomando en cuenta las variables socio-económica para el análisis   comparativo, sobre los valores y normas en torno a las instituciones   democráticas aportará datos empíricos relevantes para conocer las percepciones en la visión de los jóvenes sobre las mediaciones institucionales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La relevancia académica del estudio se centra en la   escasa investigación que existe en la ciencia social boliviana sobre la cultura   democrática de las y los jóvenes; si bien existen estudios sobre la cultura   política éstos son generales y no brindan datos específicos, mucho menos existe   un análisis empírico de lo que piensa la juventud en torno a la política, la democracia y sus instituciones democráticas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">¿Por qué los   jóvenes? Porque a partir de las elecciones presidenciales y parlamentarias de   1997 se ha incorporado a los jóvenes de 18 años como votantes.<sup>7</sup> Además, como diría H.C.F. Mansilla, los jóvenes de hoy tienen mayor tolerancia   frente al pluralismo cultural y político mediado principalmente por una mejor   educación, una mayor información, más acceso a los centros universitarios, la   concentración en los centros urbanos y el habla castellana.<sup>8</sup> Específicamente, en el caso cochabambino, la denominada «Guerra del Agua»   reveló, entre otras cosas, un descontento social por las instituciones   democráticas<sup>1</sup>' y una presencia juvenil significativa al interior de este movimiento.<sup>9</sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La desesperanza democrática de los jóvenes</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el contexto del nuevo milenio, en la democracia   boliviana emerge una pregunta trascendental: a ¿dónde van las nuevas   generaciones? Por lo visto, asistimos a una época signada fundamentalmente por   la deslegitimación de la institucionalidad democrática que ahonda la   incertidumbre social en la medida que los códigos o normas que hacen a la   unidad orgánica de una comunidad democrática se van trasmutando. En el caso específico de los jóvenes, estos cambios configuran su cultura política.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La democracia es un conjunto de reglas   procedimentales que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones   colectivas y bajo qué procedimientos (Cfr. Bobbio 1999). Este concepto se   comple­menta con la idea de que la sostenibilidad y sentido de la democracia se   fundamentan en una cultura política acorde que se basa, entre otros, en el   ideal de la «tolerancia» y la «solución pacífica a las contro­versias» (Cfr. Bobbio 1999).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el caso de los jóvenes cochabambinos, se pudo   observar que valores democráticos como la «solu­ción pacífica a las   controversias» se asume discursivamente en forma mayoritaria (97%), en tanto   que el valor de la «tolerancia», si bien es aceptado, de acuerdo a las   respuestas obtenidas en la encuesta, se pudo verificar, vía talleres, que   todavía no está arraigado en la juventud. Esto se manifiesta de manera clara en   posiciones discriminatorias a los sectores campesinos, especialmente entre los   jóvenes del estrato alto y la justificación de hechos antidemocráticos como el linchamiento, particularmente en los estratos medio y bajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta dualidad se explicaría, de una parte, por la deficiente formación   cívica en las escuelas, que no apunta a consolidar aquellos valores que   sustentan una cultura democrática; y, de otra, por la aceptación de estos   valores siempre y cuando no atenten a los intereses particulares de los   jóvenes. Es decir, los soportes fundamentales -valores, códigos y normas- de la democracia boliviana todavía no están conso­lidados en el imaginario juvenil.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este sentido, los jóvenes identifican como principales problemas de   la democracia a la corrupción (46.6%), la crisis económica (40.7%) y la   demagogia (3.9%). En este punto, cabe realizar una lectura diferenciada puesto   que, para el 61.9% de los jóvenes del estrato alto, la corrupción sería el   principal problema, en contraposición de la juventud del estrato bajo que, en   un 59.1%, manifiesta que es la crisis económica. Esto nos lleva a concluir que   la percepción de los jóvenes del estrato alto está más influenciada por los   medios de comunicación, que en los últimos tiempos han diseñado su agenda en   torno a denun­cias de casos de corrupción político/administrativa. Por su   parte, la apreciación de la juventud del estrato bajo está mediada   principalmente por sus condiciones de vida, traducidas en carencias de infraestructura, laborales e ingresos económicos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte,   la inclinación de los jóvenes a la democracia es innegable porque la prefieren   a cual­quier otro régimen político, explicable porque son «hijos de la   democracia» y no tienen referencias de otros sistemas de gobierno. En este   sentido, la adscripción democrática de los jóvenes se la tiene que analizar en   dos dimensiones: una ideal, donde la juventud muestra una total conformidad   democrática, y otra real, donde existe una marcada insatisfacción o desencanto   democrático que se expresa, fundamen­talmente, en el descrédito de las instituciones u operadores democráticos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Institucionalidad democrática sin derecho a desquite</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las instituciones del sistema político, como el Parlamento, el Poder   Ejecutivo, la Policía y la Prefec­tura, obtienen una calificación por debajo de   lo regular entre los jóvenes. Ni hablar de los partidos polí­ticos que tienen   la peor nota entre todas las instituciones (estrato alto 1.69, en el estrato   medio 1.9 y en el estrato bajo 1.85).&quot; Cabe destacar que la única   institución del sistema político que tiene aceptabilidad entre los jóvenes es   la Defensoría del Pueblo, que obtiene la mejor evaluación (4.02 en el estrato   alto, 4.26 en el estrato medio y 4.21 en el estrato bajo) a raíz del papel de   mediación que cumple conjuntamen­te con la Iglesia Católica, los medios de comunicación y la Asamblea Permanente de los Derechos Hu­manos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El descontento institucional es generalizado entre hombres y mujeres e   independiente del estrato social al que pertenece la juventud estudiada y se   verifica cuando sólo un joven de cada diez participa en algún partido político   y 3 jóvenes de cada 10 son simpatizantes de los mismos. O peor aún, cuándo se   constata que la mayoría expresa que instituciones como los partidos políticos no son necesarios para la democracia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Asimismo, se comprueba que los partidos políticos han perdido su   capacidad formativa de nuevos cuadros, es decir, de una renovación   política/partidaria al interior de sus estructuras, lo que se refleja en la   ausencia de una «formación política» en los jóvenes. A pesar de que las   estructuras partidarias obtie­nen recursos económicos del erario nacional para   realizar cursillos y talleres formativos en coyunturas no electorales, hasta   ahora no se ha visto un cumplimiento efectivo de esta normativa, por lo menos en lo que respecta a la juventud.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Con referencia a las motivaciones políticas de la juventud militante,   estas van en dos direcciones: por un lado, con fines instrumentalistas, es   decir, desde una perspectiva pragmática de «vivir de la política»,   particularmente entre aquellos que militan en partidos tradicionales; por otro,   los menos, desde un punto de vista ideal para cambiar la política y el país desde el interior de las estructuras partidarias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De otra parte, si bien existe un conocimiento aceptable respecto a las   funciones de las instituciones del sistema político, especialmente entre la   juventud del estrato alto, todavía se evidencia cierta confu­sión de las tareas   institucionales de determinados operadores de la democracia. Sin embargo, esta   situa­ción no tiene ninguna incidencia en la evaluación negativa que realizan   los jóvenes de las estructuras partidarias, puesto que se pudo verificar que la   juventud que tiene un mayor conocimiento es la que califica con mayor rigurosidad a las instituciones del sistema político.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Asimismo, el desencanto democrático se traduce también en la poca   predisposición juvenil al sufra­gio. Si bien la normativa del derecho al voto   desde los 18 años es conocida por casi todos los jóvenes estudiados, cerca del   49% de los encuestados no responde o no sabe si votará en las próximas   elecciones; en tanto que el grupo de jóvenes que expresa su predisposición electoral la aborda entre dos opciones: indecisa o dispersa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En suma, la crisis   de legitimidad y mediación política por la que está atravesando la democracia   boliviana pone de manifiesto el desencanto juvenil por la institucionalidad   democrática y, especialmente, por aquellos operadores políticos como las   estructuras partidarias venidas a menos en los últimos tiem­pos. En   consecuencia, la crisis de interpelación institucional es una señal inequívoca   de la desideologización política/partidaria y societal de articular a las   nuevas generaciones en pro de proyectos colectivos. Esta carencia de referentes   ideológicos acompaña al escepticismo de la juventud cochabambina con lo públi­co:   no solamente por el poder o sus operadores sino también por la propia democracia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Las organizaciones de la sociedad no convencen</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Con relación a las organizaciones sociales, se puede notar que tampoco   atraen a los jóvenes, por lo que se verifica que el alto grado de escepticismo   no sólo afecta a las instituciones del sistema político. La valoración que   tienen los jóvenes de organizaciones sindicales como la Central Obrera   Boliviana o la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de   Bolivia (CSUTCB), que otrora moviliza­ban a los sectores sociales, es baja,   igual que la calificación otorgada a organizaciones como la Confede­ración de   Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), incluso entre los jóvenes del estrato alto en quienes su discurso neoliberal podría tener efecto.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el caso de la Coordinadora del Agua y de la Vida, se puede notar una   diferenciación en los estratos: mientras en el estrato alto tiene una   calificación negativa, ligada al descrédito de esta organiza­ción en los   últimos tiempos, en el estrato bajo goza de credibilidad, explicable por el   papel de esta organización en la denominada «Guerra del Agua». Otras   instituciones, como los medios de comunica­ción y la Iglesia Católica, gozan de   gran aceptación entre la juventud, la primera porque se constituye en una   generadora de opiniones y, en el caso de la Iglesia Católica, porque es mediadora y catalizadora de los conflictos sociales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En suma, la desconfianza juvenil no sólo se refleja en su renuencia a   participar en los partidos u organizaciones juveniles o sociales sino que es   determinante para el ausentismo electoral y la no militancia   política/partidaria, que ilustra el grado de desencanto de las nuevas   generaciones. A pesar de que los encuestados manifestaron que los jóvenes   deberían participar políticamente, existe un fuerte cuestionamiento a la forma   de hacer política por y en los partidos políticos. En consecuencia, no estaría en crisis la esencia de la política sino sus procedimientos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La Guerra del Agua: signo para los jóvenes</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por lo visto, en lo político, actualmente asistimos a la instauración y   crisis del régimen político democrático, prácticamente al colapso de los   partidos que se refleja en la irrupción de liderazgos de cuño populista y al   agravamiento hasta niveles inéditos de los problemas tradicionales de   representación polí­tica. En lo ideológico, concurrimos al ocaso de los grandes   proyectos de transformación, al fracaso de los socialismos reales, al triunfo del liberalismo del mercado y al auge del individualismo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este contexto, el protagonismo de la juventud en la denominada   «Guerra del Agua» fue funda­mental en el imaginario juvenil. Por un lado,   representó una ruptura ideológica, aunque sea coyuntural, porque posibilitó la   «unidad de los cochabambinos», tipificados generalmente como «apáticos»; esta   suerte de unidad es precisamente lo que las nuevas generaciones rescatan. Por   otro lado, este aconteci­miento reflejó un descontento social respecto a las   instituciones del sistema político, en particular las estructuras partidarias,   lo que constituyó, posiblemente, el motivo central para la lucha de los   jóvenes, particularmente los del estrato bajo quienes, a pesar de no beneficiarse   con el congelamiento tarifario, causa del conflicto, fueron los principales protagonistas de estas jornadas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por lo tanto, la denominada «Guerra del Agua» marcó de una manera   indeleble el imaginario juvenil con referencia a las percepciones en torno a la   democracia representativa boliviana y particularmente de sus operadores   institucionales. La participación juvenil en este evento social demostró el rechazo a las prácticas corruptas de las estructuras partidarias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por lo tanto, se puede afirmar que el escepticismo juvenil tiene que   ver, entre otras cosas, con los signos de un época marcada, fundamentalmente,   por la política neoliberal que está originando un indivi­dualismo y una   desideologización en los jóvenes que, a diferencia de otras generaciones, no   tienen un referente político/ideológico que los aglutine. Esta tendencia se   expresa en la dispersión del voto generacional que es una muestra ilustrativa   de la carencia de proyectos colectivos que puedan convocar ideológica y políticamente a las nuevas generaciones.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Construcción de referentes políticos/ideológicos juveniles</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En lo que se refiere a la socialización política, la distinción de los   jóvenes en los tres niveles socio­económicos es relevante porque permite ver   las variaciones entre ellos. Por un lado, las creencias y las valoraciones   políticas con relación a la democracia no se definen exclusiva ni   principalmente por crite­rios generacionales sino por ubicaciones   socioeconómicas. De hecho, los resultados del estudio mues­tran que la   percepción de los jóvenes en torno a la democracia se configura a partir de los   medios de información masiva como agentes de socialización política. Así, la   juventud del estrato alto identifica a la corrupción como principal problema de   la democracia, debido fundamentalmente a la gran cobertura que los medios   informativos han realizado en los últimos tiempos con referencia a este tema.   Por su parte, los jóvenes del estrato bajo señalan que el problema central del   sistema democrático es la «crisis económica», idea ligada a sus condiciones de vida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En los pocos jóvenes que reconocen su militancia o simpatía partidaria,   se puede notar que la familia cumple un papel predominante en la definición de   la fidelidad partidaria de los jóvenes, lo que confirma la tesis de la presencia   de una familia patriarcal como agente de socialización política en la afinidad partidaria.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La Guerra del Agua, desde el punto de vista de la socialización   política, fue una condición coyuntural que ciertamente originó una movilización   no sólo juvenil sino de toda la colectividad cochabambina sin precedentes   inmediatos en la historia social regional. Asimismo, este evento social originó   un corte político/ ideológico en el imaginario no sólo juvenil sino de todos   los cochabambinos. No es casualidad que en la percepción de los jóvenes sobre   este evento social se rescate el sentido de la «unidad de los cochabambinos»   que constituye una ruptura momentánea de la pasividad cochabambina con referencia a los proyectos regio­nales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la cultura política están involucradas no solamente las   orientaciones, actitudes y percepciones en torno a la democracia, sus valores e   instituciones, sino también variables relacionadas con las   (auto)representaciones de los jóvenes con lo público: apáticos, individualistas   y desideologizados, constitu­yen piezas claves de la complejidad que   caracteriza e identifica a las nuevas generaciones y que produce un escepticismo en la juventud.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos rasgos de la configuración del imaginario juvenil con relación a   la democracia, sus valores e instituciones son resultado de un proceso social   de sentido que parece apuntar a una desesperanza aprendida o aprendizaje de la   desesperanza democrática que caracteriza la cultura política de los jóvenes   cochabambinos. Esta visión juvenil sobre la democracia en curso no parece   revertirse en lo inmediato y, por el contrario, se prolonga en el devenir del   proceso democrático. En todo caso, la persistencia de la democracia, a lo largo   de aproximadamente dos décadas, no garantiza necesariamente la adscripción a la   democracia por parte de las nuevas generaciones. Muy por el contrario, puede   ocasionar una fatiga democrática que da lugar a una débil asimilación de las reglas procedimentales que hacen a la normativa del juego democrático.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para terminar, la actual crisis de representatividad de la democracia   está acompañada por la crisis económica y, sobre todo, por el agotamiento de   los referentes simbólicos/públicos, originando un descon­cierto democrático en   los jóvenes, por lo tanto, urge la necesidad de restablecer la esperanza. Es   decir, recuperar la ilusión en el potencial democrático de los jóvenes, su   búsqueda de una verdadera participación y así devolver a la juventud su apuesta   por los operadores democráticos y por la propia democracia. Para este   propósito, se tiene que llevar adelante políticas públicas que apunten a   fortalecer los valores democrá­ticos, restaurar la mala imagen de la   democracia, desde los operadores institucionales, principalmente, los partidos   políticos, señales de lucha contra la corrupción para encarar y fortalecer   campañas cívicas con el afán de estimular a los jóvenes a participar no sólo   como electores sino en la misma política. Con el propó­sito de plasmar estas   ideas en políticas públicas, se requiere del consenso de actores institucionales   (Gobier­no, parlamento, partidos políticos, Defensoría del Pueblo, Corte Electoral Nacional Electoral) con actores sociales involucrados en el tema.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. La presente ponencia es con base en los resultados del estudio «Cultura política de la Juventud» financiada por el Programa de</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Investigación y Estrategia de Bolivia (PIEB).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. Según Manuel A. Garretón «este concepto se refiere, en términos   generales, al modo mediante el cual los actores sociales se constituyen como   tales en una sociedad dada y al tipo de relaciones entre el Estado y la sociedad (1997: 29).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. Según Gabriel Almond ct al.: «La cultura política de un país es el   conglomerado de actitudes, creencias y sentimientos acerca de lo político y de   la política. La historia del pais, los procesos económicos y sociales y la actividad   política son los factores principales que contribuyen a la formación de la   cultura política. Los patrones de conducta formados por experiencias pasadas   tienen un impacto sobre la conducta política futura. La cultura política afecta   la conducta de los ciudadanos en sus papeles políticos, el contenido de sus   demandas, y su relación con las leyes de un país. (1978: 35). Por su parte,   para Jorge Lazarte: «(la cultura política) es entendida como un sistema de   valores, normas y orientaciones referidos a los objetos propiamente políticos y que funciona como código de interpretación y acción» (2000. 29).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Según Jorge Lazarte, en su estudio Entre dos mundos: La cultura política y democrática de Bolivia: «La conocida definición mínima y más actualizada de democracia, como   el conjunto de reglas a través de las cuales la población elige, libremente, a   los titulares del poder, tiene el mérito, por un lado, de remitimos a la   necesidad de instituciones sin las cuales no es concebible la democracia; y en segundo lugar, nos remite a los valores que la sostienen» (2000: 9).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. Según Violeta Bcrmúdcz, «la ciudadanía es una propuesta de igualdad,   se entiende que todos los miembros de una comunidad política gozan de los   mismos derechos y, en consecuencia, del mismo estatus de ciudadana/o, condición que comprende hoy derechos individuales, políticos y sociales» (1996: 22).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6. Manuel Antonio Carretón, «Revisando las transiciones democráticas en América Latina» En: Nueva Sociedad N° 148 1997 PP 28.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7. Existen varios conceptos acerca de la juventud, pero el concepto más   operativo es la delimitación fisiológica que se asume en diferentes   investigaciones como la delimitación temporal, para abordar la temática   juvenil. Además, en el caso boliviano, se reconoce la ciudadanía con el voto a los 18 años de edad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">8. H.C.F. Mansilla, «La identidad Colectiva Boliviana: Tradiciones   particularistas y cohcrcioncs universalistas» En: Nueva Socie­dad, N° 152, novicmbrc-dicicmbrc 1997.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">9. En una cr&oacute;nica period&iacute;stica, Ramiro Ram&iacute;rez describ&iacute;a &laquo;El espacio p&uacute;blico fue ocupado a plenitud por el descontento social,   la furia que provoca la pobreza. La plaza, que habitualmente es el espacio   reservado al poder, exhib&iacute;a la catastr&oacute;fica de una derrota de un Estado incapaz   y soberbio. El edificio de la Prefectura como el de la Polic&iacute;a, casi en ruinas,   eran el signo m&aacute;s elocuente de la ruptura entre el poder pol&iacute;tico y la   sociedad&raquo; (Suplemento &laquo;Ventana&raquo; de La Raz&oacute;n 16.04.2000).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">10. Al respecto, Rene Cardoso, en su artículo «Jóvenes vs. Democracia,»   escribe: «En las convulsiones sociales ocurridas en   nuestro país, tanto en abril como en septiembre pasados, la presencia de los   jóvenes en las movilizaciones ha sido notable. En la ciudad de Cochabamba, muchos de ellos recibieron el calificativo de guerreros del agua'» (Revista Protagonista, N° 12, enero 2001 pp. 3-4).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">11. La calificaci&oacute;n se la realiza del 1 al 7, donde 1 es p&eacute;simo y 7 excelente.</font></p>      ]]></body>
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