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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[RESEÑA DE JUAN R. QUINTANA TABORGA (1998) SOLDADOS Y CIUDADANOS UN ESTUDIO CRÍTICO SOBRE EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO EN BOLIVIA. La Paz: PIEB]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>RESEÑA DE JUAN R. QUINTANA TABORGA (1998) SOLDADOS Y CIUDADANOS UN   ESTUDIO CRÍTICO SOBRE EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO EN BOLIVIA. La Paz: PIEB.</b></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Alison Spedding Pallet</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La problemática básica de este estudio es el hecho de que el servicio   militar en Bolivia, aunque supuestamente es obligatorio, en realidad resulta   ser una práctica de las clases bajas y principalmente del campesinado. Describe   el desarrollo histórico de la conscripción en el país y su situación actual,   para luego hacer unas sugerencias para la reforma de esta institución.   Actualmente, aunque la libreta militar es un requerimiento para ocupar cargos   públicos e incluso para obtener el título en provisión nacional, resulta muy   fácil comprarla, basta dispo­ner de unos 1.000 Bs, según las últimas   informaciones que tengo. Por lo tanto, entre las clases altas y medias, los   únicos que cumplen personalmente con el servicio son los que tienen alguna   motivación personal para hacerlo, o son mandados por sus padres con fines   disciplina­rios. Esto dió lugar al espectáculo irónico de un debate   parlamentario sobre el servicio militar obligatorio (SMO) llevado a cabo por   unos diputados que, en un 80% habían sido declarados inhábiles para el servicio   o sino, como Guillermo Capobianco, habían comprado libretas fal­sificadas (p.   123, 150-1). A partir de 1982, el cumplimiento con el SMO va decayendo cada   año, no obstante la apertura de más centros de reclutamiento, nuevas técnicas   propagandísti­cas y ofertas de capacitación técnica-laboral, llegando a la   situación de que, al no llenarse las plazas disponibles para reclutas, las   autoridades militares recurren a 'batidas', es decir, levas forzosas de jóvenes   indocumentados (pp. 167-176). Aunque las levas tienen una larga trayec­toria   histórica como modo de completar las filas militares en el país, hoy en día son   vistas como algo que va en contra de los derechos humanos y las garantías   legales (pp. 157-60) y contribuyen a desprestigiar aún más a la institución   militar. Esta renuencia al servicio afecta no sólo a los conscriptos, sino   también a la carrera militar profesional, demostrada por la caída de casi 5.000   a 500 postulantes al Colegio Militar entre principios de los 1980s y fines de los 1990s (p.88).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El cumplimiento con el SMO, entonces,   resulta discriminatorio desde el inicio porque sólo corresponde al sector de la   población que tiene menores recursos (tanto económicos como sociales) y que no   puede evitarlo. Encima, viene todo el trato que se da al recluta dentro del   cuartel, que viene a reforzar la discriminación e insistir en las jerarquías   sociales existen­tes. Y por ende, el presupuesto estatal para los soldados es   tan magro que sus familiares se ven obligados a ayudar económicamente a los   reclutas, pagando así una 'tasa de conscripción' que puede ser vista como una   especie de impuesto adicional y no-reconocido a estos sectores pauperizados   (pp. 144-5, 312-5). El autor evidentemente fue impactado al presenciar las visi­tas   de familiares de soldados provenientes de comunidades alejadas, que habían   viajado con mucho sacrificio para ver a los jóvenes en sus destinos igualmente   alejados (p.311), yaque, en tanto la condición social del recluta sea inferior,   lo mandan a los cuarteles más aislados (pp.236- 7). Para mí, la parte más   valiosa de este libro corresponde al estudio etnográfico de la vida dentro del   cuartel, que incluye joyas de la cultura militar como la siguente oración que   los cadetes nuevos en los institutos militares tienen que rezar delante de los del último año (los brigadieres):</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">'Brigadier nuestro que estás en el Colegio, santificado sea tu nombre,   venga a nosotros tus castigos, que así como nos castigas, castigaremos nosotros a los sarnas'(p.l37).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Describe una institución militar que se   basa en el dominio, es decir, la obediencia ciega al superior impulsada por el   miedo al castigo, en vez de la manipulación (obediencia estimu­lada por los   premios a los que cumplen mejor), que.es subfinanciada (en   15 años a partir de 1982, el gobierno no compró material bélico nuevo para las   FF.AA) y atravesada por los prejuicios sociales más rancios en contra de los   'indios' y todo lo que se asocia con ellos (como por ejemplo, hablar idiomas   nativos). Los soldados son clasificados para el ascenso no en base a su   excelencia en la instrucción militar, sino según sean bachilleres, de la ciudad   y sepan hablar bien el castellano (pp.275-7), es decir, según cumplan con el   estereotipo ideal de la cultura criolla como sinónimo de la Patria. Se constata   el predominio de castigos físicos violentos (p.140) y la utilización de soldados   como mano de obra barata, cuando sus superio­res los 'alquilan&quot;, generalmente para realizar trabajos agrícolas (pp. 147-8).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hasta aquí, el libro merece el subtítulo de 'un estudio crítico'. Sus   deficiencias apare­cen en el marco analítico que se aplica a lo que sin duda es   un fenómeno complejo. Una dificultad, quizás, es que el autor estaba muy   involucrado con su objeto de estudio: era oficial del Ejército (Caballería) y   llegó a ser Mayor, aunque recientemente ha dimitido del servicio (así formando parte   de 'el abandono masivo del personal militar de las FF.AA', p.88). Utilizó su   posición como comandante del batallón 'Antofagasta' en Colcha 'K' para   administrar una encuesta a los soldados y obtuvo otros datos que probablemente   hubieran sido inaccesibles para alguien que no fuera miembro de alta jerarquía   de las FF.AA. Es de suponer que todavía siente cierta lealtad para con sus   camaradas de antaño y ésto explicaría por qué dedica apenas una página (p.73) a   la historia de las FF.AA entre 1964 y 1982, un período que es fundamental para   entender por qué los militares hoy en día se encuentran desprestigiados y sin   un rol definido dentro de la política nacional. También es de suponer que   conoce en primera perso­na (recuérdese que el General Banzer también era de   Caballería) la 'prematura y perversa politización interna'(p.83) que dice   envicia a los mandos militares de hoy; por lo tanto se detiene en esa mención   del problema, sin dar ejemplos concretos de cómo esto 'ha introduci­do factores   de incertidumbre en la continuidad y eficacia a tiempo de ejercer   profesionalmente el mando' (ibid.). Las deficiencias analíticas, empero, van más allá de la simple reticencia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hay al menos tres preguntas implícitas en   el tema estudiado. La de mayor envergadura, y la menos analizada, es '¿Cuál es   el rol de las FF.AA en Bolivia hoy, y cuál debe - o puede - ser su rol en el   futuro?'. El rol que el Ejército tiene que desempeñar determina el número de   efectivos que se debe mantener y su composición, entre los dos extremos de un cuerpo   muy reducido de militares enteramente profesionales y un cuerpo masivo   mayormente compuesto de conscriptos. El autor lamenta la falta de una política   coherente de defensa en el Poder Ejecutivo, los repentinos cambios del titular   del ministerio correspondiente y la ausencia de debate; bien planteados sobre   temas militares, pero no va más allá para enfrentar la cuestión de la   funcionalidad de un ejército nacional en un país como Bolivia hoy. Ahora que el   Perú y Ecuador han hecho las paces, la época de las guerras territoriales en   América Latina parece definitivamente consignada al pasado. Sólo los fachos más   trasnochados siguen imaginando la posibilidad de una invasión chilena, o un   intento boliviano de retomar el mar por vía de las armas. Los actuales usos   externos de un ejército, directamente imperialistas (los EE.UU en el Gollo,   Gran Bretaña en las Malvinas) o indirectamente (la participación de   destacamentos de ejércitos europeos en la intervención de las NN.UU en la ex-Yugoslavia) no atañen a Bolivia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Entonces quedan los usos internos: la represión interna y la acción   social (asistencia de emergencia en desastres nacionales o accidentes, obras   sociales como construcción de cami­nos en lugares alejados, en proyectos de   colonización, etc.). Aunque la primera función ha sido parte del rol del   Ejército a partir de 1825 (p.l 8), Quintana la rechaza como una opción   contemporánea; aunque reconoce que de hecho las FF.AA realizan acciones de este   tipo, las califica como 'degradando... sus funciones estratégicas y reduciendo   su función a tareas policiacas' (p.80). Esta más dispuesto a aceptar la segunda   función, aunque critica la orienta­ción de los intentos de realizar obras   sociales por parte del Ejército durante el gobierno de Barrientos (p.72).   Entonces se puede proponer la sustitución del SMO por un año de servicio   social, como de hecho ocurre con el programa OSCAR (Obras Sociales de Caminos   de Acce­so Rural), que otorgaba libreta militar a cambio de un año de   participación en construcción de infraestructura rural; pero entonces ¿por qué   tendría que ser una institución militar la que se ocupe de tal programa? Podría   realizarse igualmente en forma civil, excepto si se considera imprescindible la instrucción en el manejo de las armas como parte de la 'ciudadanía'.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esto nos conduce a la segunda pregunta,   que de hecho es la que se presenta como central a la obra: ¿qué tiene que ver   el SMO con la ciudadanía? Quintana comenta dos con­ceptos diferentes de   ciudadanía: uno jurídico, basado en el otorgamiento de derechos por parte del   Estado, a cambio del cumplimiento de obligaciones por parte del ciudadano (la   parte de la ciudadanía es otra cuestión, como veremos luego) y otro basado en   la identidad, la participación en la 'comunidad imaginada' de Benedict   Anderson, que tiene que ver con la nacionalidad (pp.4-11). El segundo concepto   encuentra dificultades si se quiere que la ciuda­danía sea 'multicultural' ;   una de sus críticas al SMO actual es que no reconoce la diversidad cultural del   país, sino tiene una misión civilizatoria que corresponde a la imposición de un   solo modelo cultural. Destaca como rasgos de este modelo el idioma castellano y   el machismo (pp.280-2) y se podría añadir, aunque él no lo explícita, el orden   social como esencialmente jerarquizado en base tanto a la clase social como al   género. El primer concepto choca de entrada con la cuestión de qué tipo de   ciudadanía se otorga a cambio del deber de cumplir con el SMO si esta   ciudadanía excluye de entrada a todas las mujeres. ¿Es que las mujeres somos   ciudadanas 'de por sí', sin necesidad de cumplir con un deber oficial? ¿O es   que cumplimos con algún otro deber implícito - cocinar, lavar ropa, parir hijos   para la Patria ..? ¿O es que simplemente no podemos aspirar a ser ciudadanos de   pleno derecho y punto? Si todo ciudada­no debe pasar por el manejo de las   armas, entonces hay que dictar la incorporación obligatoria de todas las   mujeres al SMO y no sólo la participación voluntaria de las que quieran en los   cursos premilitares. Quintana menciona este problema de paso, pero no lo sigue.   Probable­mente. en el fondo acepta la idea de que las mujeres no tienen los   mismos deberes -y por lo tanto, los mismos derechos- que los hombres, cuando   pregunta que, dado que las mujeres no poseen la libreta militar 'porque no existen   posibilidades para cumplir este servicio y nunca se planteó seriamente la   opción, ¿qué documento o requisito alternativo reemplaza este insosla­yable   deber establecido en la Constitución, para ejercer cualquier cargo público?'(p.   150). Lo que le preocupa es, dentro de la situación actual donde todos los   hombres deberían cumplir con el SMO para ser ciudadanos pero de hecho sólo los   de posición social más baja lo hacen ¿de qué tipo de ciudadanía (para varones) se trata?.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Aquí entra la tercera cuestión, que es la   más etnográfica: qué significa ser 'ciudadano' para los que se presentan al   SMO; qué significa para los mandos de las FF.AA que les someten a este proceso   de ciudadanización; y qué sustituye al SMO para 'ciudadanizarse' entre los -   cada vez más numerosos- que deciden no presentarse. Quintana es consciente de   que, en las comunidades campesinas, el SMO funciona como un rito de iniciación   masculina, considera­do necesario para convertirse en 'hombre' y ser cónyuge   legítimo de una mujer. De hecho, corresponde perfectamente al esquema de los   ritos de paso de Arnold van Gennep<sup><sup>1</sup></sup>. Primero, hay la separación del status   social anterior, a veces violento y traumático (como en el caso de las víctimas   de las batidas; pp. 159-60); luego viene el 'período liminal' -alejado en el   espacio (p.306), separado de la vida social normal (detrás de los muros del   cuartel) y segregado por género, con ropa y comida distintiva (siempre se   comenta lo deficiente de la comida del cuartel y hasta se dice que incluye   ingredientes que normalmente no son comestibles, como kerossene) y adquiriendo   conocimientos esotéricos (como la respuesta a la pregunta esotérica utilizada   para identificar a 'omisos' en batidas, &quot;¿Qué es terreno?&quot;).   Finalmente, termina con el rito de agregación, cuando el iniciado es   incorporado a su nuevo estatus, con una fiesta en la comunidad de origen que   lleva diversos nombres, según la región (p.304). Desde esta perspectiva,   entonces, 'ciudadano' es una palabra que se ha tomado del discurso oficial pero   sin asumir ninguno de los significados del pensamiento político occidental   referidos arriba, sino quiere decir simplemente 'hombre adulto'. Se nota que la   palabra misma no siempre aparece en referencia al joven que vuelve del cuartel;   Quintana dice que la fiesta para él se denomina 'bienvenida' nomás, en regiones   quechuahablantes, mientras en los Yungas paceños se le llama 'reservista' y no   'machaq ciudadano' (ciudadano nuevo), como en el Altiplano del mismo departamento.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Desde esta perspectiva,   se puede proponer que para un número cada vez mayor de jóvenes, el rito que   marca el acceso a la madurez social ya no es el regreso del cuartel, sino la   fiesta de graduación después de haber obtenido el bachillerato. Aunque su   esquema no es tan clásico como el del SMO, hay que pasar por pruebas (los   exámenes finales), se porta ropa distintiva (el uniforme de la 'promo') y   quizás el viaje de promoción corresponde al elemento de separación espacial de   la familia y el contexto social cotidiano. El bachillerato permite la entrada al   mundo laboral de los mayores y hace difícil que los padres impidan el   matrimonio alegando que va a perjudicar los estudios. Y es más acorde con el   mundo contemporáneo porque es accesible tanto para mujeres como para varones.   Los datos de Quintana señalan que en las últimas décadas, mientras el número de   bachilleres que se gradúan cada año va crecien­do, el número de jóvenes que se   presentan al cuartel disminuye y, a la vez, la proporción de bachilleres entre   ellos es menor (p. 154). Esto sugiere que es cierto que el cuartel representa   una alternativa al bachillerato como forma de acceder al estatus de adulto y   obtener cierta calificación, y mantiene su atractivo entre ese sector, cada vez   menor, de la población mascu­lina joven que no ha tenido oportunidad de   terminar el colegio. Las ofertas de capacitación en el cuartel, entonces, no   van a revertir esta tendencia, excepto si ofrecen un título cuyo valoren el   mercado laboral y prestigio social sean iguales o mayores al título de   bachiller, lo que no es el caso en la actualidad. Pero, si fuera abierto a   mujeres, podría encontrar convocatoria por­que ellas todavía no tienen las   mismas oportunidades educativas que sus hermanos y la disci­plina del cuartel   no daría muchas oportunidades de licencia sexual, que suele ser uno de los   argumentos esgrimidos por los padres de familia para sacar a sus hijas del colegio.<sup><sup>2</sup></sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Con referencia al aspecto cultural o   identidario de la ciudadanización vía cuartel, la ruta del bachillerato   igualmente representa la castellanizaron, la asimilación de elementos patrió­ticos   (las horas cívicas...) y aunque el machismo no es tan marcado, de ninguna   manera está ausente de los textos escolares; mientras se supone que la duración   mucho más larga de los ciclos de intermedio y medio va a lograr una   indoctrinación más eficiente de estos elementos que un solo año en el cuartel.   Se puede concluir que la educación universal es mucho más eficiente ahora como   instrumento de 'un discurso nacionalista y homogeneizante' (p.324) que el SMO,   mientras la justificación formal de este último, como expresión de 'un pacto   social basado en el concepto de la Defensa nacional como un bien común'   (ibid.), ya no tiene susten­to. En adición, el trato a los soldados que indica   que poseen una 'condición ciudadana de segunda clase, de facto aunque no de   jure' (p.327), significa que el SMO es perjudicial a la ciudadanización, al   menos si la clase dominante realmente busca la 'democratización' del país.   También es relevante el desprestigio de las FF.AA y el hecho de que los   militares ya no son vistos como actores con una posibilidad real de intervenir   en el escenario político; hoy en día, ellos ya no son buscados como padrinos de   los hijos y los contactos sociales logrados en el cuartel no ofrecen garantías   ni posibilidades económicas y políticas significativas. Estos son factores que contribuyen a la renuencia de los jóvenes de ahora a presentarse al servicio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es de alabar el libro de Quintana por haber tratado todas estas   cuestiones, aunque no logra desarrollarlas plenamente. Sin embargo, en una   revista de ciencia social no está por demás mencionar algunos defectos   metodológicos del texto, relacionados con el manejo de datos cuantitativos y   datos de encuestas. En las pp. 104-115, presenta datos de dos encuestas   reali/adas por Radio Fides y por la Subsecretaría de Asuntos Generacionales   (SAG) que incluyeron el tema del SMO. Se citan varios datos que parecen   contradictorios. Primero, cuanto menor nivel educativo tiene el encuestado, más   alta es su valoración' (del SMO; p. 105). pero luego 'la gente que posee una   mala imagen del SMO se encuentra entre la gente que tiene un bajo nivel   educativo' (p. 107). 'Entretanto, los que valoran la experiencia militar   positivamente son.. .los que proceden del departamento de Cochabamba' (ibid.),   en base a la encuesta de Fides -pero, según la encuesta de la SAG, 'los jóvenes   de Cochabamba han pasado a convertirse en los ciudadanos que tienden a   desarrollar mayor resistencia a sus debe­res militares en todo el país', a   diferencia de El Alto, donde hay mayor disposición a servir a la patria (pp.   109-10; sólo el 13% de los encuestados sostienen que no van a ir al cuartel,   frente a un 40% en Cochabamba). Quintana atribuye el compromiso alteño a la   persistencia de los valores comunitarios, io andino y nacional-popular' y la   pobreza, que incentivan a 'ingresar al cuartel como una forma de legalizar y   mejorar las condiciones de incorporación al merca­do de trabajo' -pero tres   páginas después asevera que 'quienes son menos partidarios de hacer el SMO son   los más pobres y los que proceden de El Alto' (p.l 13), aparentemente porque no   quieren perder ingresos durante un año. La pobreza no puede ser un factor que   empuja al cuartel y aleja del mismo de forma simultánea; entonces, la causa de   la aceptación o rechazo del SMO tiene que ser otra. Mientras tanto, los datos   del mismo autor en base a los registros militares entre 1980 y 1995 señalan que Cochabamba ha aumentado su   tasa de reclutamiento en ese período, a diferencia de La Paz y Potosí que han disminuido (p. 183).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hay posibles   explicaciones de estas contradicciones. Las dos encuestas tienen muestras   diferentes (la primera cubría gente de toda edad, y parece que los mayores en   general eran más favorables al SMO, mientras la segunda cubría sólo jóvenes),   entonces arrojan resultados distintos, pero él cita a ambas, sin destacar la   composición de las muestras, sólo confunde al lector. El reclutamiento   cochabambino procede mayormente del área rural, mientras, es de suponer (no se   consta), que la encuesta de la SAG trataba de jóvenes urbanos; de allí puede   proceder la contradicción entre mayor rechazo y mayor número de reclutas en ese   departa­mento. Pero parece que las tasas de reclutamiento refieren al   porcentaje de reclutas que pro­ceden de cada lugar, no al porcentaje de jóvenes   en edad de reclutamiento (que, además, no es fijo, hay reclutas de 14 y otros   de 22 años) que se presentan en cada departamento; entonces, no necesariamente   se puede afirmar que los de Potosí han perdido interés en el cuartel (por­que   ya no necesitan la libreta para trabajar en las minas de la COMIBOL) y los de   Cochabamba no (porque sí necesitan la libreta para defenderse de los Leopardos   cuando van a trabajar al Chapare), aunque el autor lo interpreta en ese sentido   (p. 183, 186). Finalmente, en la p. 128, se encuentra un cuadro extremadamente   curioso referente a denuncias de violación a los derechos humanos recibidas   entre 1994-5 y 1995-6. En el primer período, no se registra de­nuncia alguna   contra el Ministerio Público ni el Poder Legislativo; sin embargo, al primero   correspondió el 7.1 % de las denuncias y al segundo el 3.3%, mientras la FELCN   fue objeto de 86 denuncias que son citadas como el 4.9% de un total de 345   denuncias, aunque, según un cálculo manual, ésto representa algo más del 24%   del total. En adición, los porcentajes cita­dos sólo suman 60.2%, no 100%&gt;   como dice el cuadro. Un cuidado de edición competente no debe dejar pasar este tipo de errores.</font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b><font size="2">Notas</font></b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. Véase el capítulo ÍV de Victor Turner (1967) La selva de los símbolos,   para un comentario detallado sobre la estructura de los ritos de iniciación.   Esto sugiere que la insistencia de los reclutas campesinos en hacer su servicio   lejos de la familia y pasar por 'pruebas de &quot;sacrificio&quot;   aparentemente autoimpuestas&quot; no es 'un dato cultural aprehendido y   asmilado a lo largo del presente siglo' (Quintana, pp.306-7) sino corresponde a   estructuras simbólicas más fundamentales y que se acercan a ser universales culturales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. Una mujer joven, actualmente inscrita en el curso premilitar en   Achacachi. expresa otra motivación para buscar instrucción militar: su idea es   aprender a defenderse contra los hombres en caso de enfrentar violencia   doméstica en su vida futura Además, dice que su padre está mucho más de acuerdo   con el curso premilitar que con su actividad extra-escolar anterior, que   consistía en frecuentar discotecas (Comunicación personal, equipo de investigación Conflictos generacionales en El Alto')</font></p>      ]]></body>
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