<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0040-2915</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Temas Sociales ]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Temas Sociales]]></abbrev-journal-title>
<issn>0040-2915</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Sociológicas Mauricio Lefebvre (IDIS) de la Carrera de Sociología]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0040-29152000000100008</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ETNOFAGIA ESTATAL Vaciamiento ideológico comunal y nuevos modos de dominación estatal: Análisis de la Ley de Participación Popular]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Patzi]]></surname>
<given-names><![CDATA[Félix]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2000</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2000</year>
</pub-date>
<numero>21</numero>
<fpage>115</fpage>
<lpage>140</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0040-29152000000100008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0040-29152000000100008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0040-29152000000100008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align=right><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align=justify>&nbsp;</p>     <p align=center><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ETNOFAGIA   ESTATAL</b></font></p>     <p align=center><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Vaciamiento ideológico comunal y nuevos modos de dominación estatal: </b></font></p>     <p align=center><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Análisis de la Ley de Participación   Popular</b></font></p>     <p align=center>&nbsp;</p>     <p align=center>&nbsp;</p>     <p align=center><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Félix Patzi</b><b><sup>1</sup></b></font></p>     <p align=center>&nbsp;</p>     <p align=center>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>INTRODUCCIÓN</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una de las condiciones básicas para la existencia del Estado (ya sea   moderno o atrasado) es la capacidad de poner en marcha mecanismos de   integración. Por ello, cada cierto tiempo, el Estado renueva tales mecanismos y   ejerce permanentemente -dice Bourdieu- una acción formadora de disposiciones   duraderas, a través de todas las coerciones y de las disciplinas corporales y   mentales que impone uniformemente al conjunto de los agentes (Bourdieu, 1997:117).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Bajo esta lógica deben entenderse las reformas estatales que se   implementaron a partir de 1994. Si bien el Estado del 52 llevó adelante   diversos mecanismos de homogeneización c integra­ción, ellos no fueron   suficientes para incorporar plenamente a otras culturas. El etnocidio frontal,   más que integrar, potencialmente fue creando FOCOS DE RESISTENCIA y de   REBELDIA. Por ello, esta forma de llevar adelante el proyecto de integración entró en una notoria crisis.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una vez fracasado el «Estado del 52», los   liberales fueron preocupándose más y más por las estrategias o formas de trasplantar   las instituciones liberales a las naciones y culturas tradicionalmente excluidas.   En tal sentido, el Estado no abandona su carácter integracionista y   asimilacionista, empero, para promocionarlo, deja de lado los métodos abiertos   y frontales de etnocidio cultural y opta por otros más simulados. «... En este   proceso dicta reformas atrayentes para las nacionalidades, crea también   condiciones para que ellos mismos sean par­tícipes del proceso de destrucción   de su nación en marcha, a través de la democracia y el mercado, como valores   del liberalismo» (Patzi, 1997:155). A este proceso de etnocidio cultu­ral por medios más simulados y de largo plazo es a lo que vamos a llamar etnofagia estatal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Polanco, refiriéndose   al tema, dice que en este proceso «como regla general se inicia el abandono de   los programas y las acciones explícitamente encaminados a destruir la cultura   de los grupos étnicos, y se adopta un proyecto de más largo plazo que apuesta   al efecto absorben­te y asimilador de las múltiples fuerzas que pone en juego la cultura nacional dominante» (Polanco, 1991:96).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este proceso de etnofagia estatal, la incorporación de personajes de   origen indígena en los primeros planos de la vida nacional es muy importante;   sin embargo, ello no necesaria­mente significa que éstos asuman los intereses   de las naciones de donde provienen; sino que es para avalar y legitimizar su propia liquidación y exclusión como proyecto nacional.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Entonces, consideramos que tanto la reforma a la Constitución Política   del Estado como la dictación de diversas Leyes de carácter   &quot;pluri-multi&quot;, están enmarcadas bajo esta lógica. Es en este contexto   que nos permitimos analizar la Ley de Participación Popular (LPP), ya que han   pasado cuatro años desde su implementación. Los teóricos salidos de la casta y   clase dominante (derechistas e izquierdistas blancoides, unidos por la cultura   occidental) no se han cansado de mencionar que la LPP es la única reforma que   ha tenido éxito y la consideran como una revolución democrática después de la   Reforma Agraria en el área rural. Cuatro años, sin embargo, son suficientes   para analizar críticamente el proceso de implementación de la mencionada reforma.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Luego de una somera   contextualización de las relaciones entre el movimiento campesi­no-indígena y   el Estado, presentamos cuatro conceptos que pueden contribuir a analizar críticamente el proceso de la Ley de participación popular:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. La participación popular como exportación de valores liberales</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. La participación popular como resurgimiento de la nueva nobleza dominante</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. La participación popular como la desmembración comunal</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4.&nbsp;    La participación popular como la negación de la autodeterminación</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El contexto: deslegitimación estatal y apropiación de la Plurimulticulturalidad</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La reconquista de la autodeterminación siempre fue bandera de lucha   histórica funda­mentalmente de aymaras y quechuas. Tal fue el movimiento de   Kalari en 1781 y de Zarate Willca en 1899. el primero durante la Colonia y el   segundo durante la República. Ambos movimientos lucharon bajo un mismo   objetivo: derrocar a la dominación e instaurar sus pro­pias formas de   organización política y sus formas de trabajo comunitario practicados ancestralmente desde antes de la llegada de los españoles.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin duda, la lucha de   Zarate Willca fue el último movimiento autodeterminista, en tanto expresaba el   desconocimiento total de las estructuras q'aras de dominación buscando   implementar las organizaciones productivas y políticas comunitarias. Desde   entonces surge una especie de transición hacia el reconocimiento del Estado   Republicano. Esto se refleja en los planteamientos de lucha del movimiento de los   Machaqueños y de Santos Marka T'ula, donde los postulados básicos fueron:   expropiar las tierras a los hacendados y entregarlas a sus verdaderos productores, escuela para los trabajadores del agro (THOA, 1988 y Albó, 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Aquí se abandona   el principio de la autodeterminación como forma política aglutinadora de las comunidades y más bien el reconocimiento del   Estado se vuelve nítido, tal como se evi­dencia en el estudio que hizo Silvia Rivera:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«Entre las décadas de 1910-1930, la castellanización y la escuela   fueron convertidas en demandas del propio movimiento aymara qhichwa, como medio   para acceder a la ciudadanía y a los derechos que las leyes republicanas   reconocían en el papel, pero que las prácticas del estado y la sociedad oligárquica negaban cotidianamente» (Rivera. 1993:49).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Diríamos entonces que ésta es la época de gestación del principio de la   propiedad priva­da, que se va a acentuar con la incursión de los militantes del   MNR y de la Izquierda en la época posterior a la vuelta de la guerra del Chaco.   La noción del retorno a las formas organizativas comunitarias como expresión de   la autodeterminación fue diluyéndose y empe­zó un acercamiento hacia el Estado que, al parecer, según los comunarios. ofrecía solucionar sus problemas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es así que los «indios» usuqiados por las haciendas, por primera vez   apostaron al pro­yecto capitalista que se conjuncionaba en la propiedad   privada, expresado en la consigna «la tierra es de quien la trabaja», la   participación política mediante el voto y la educación gratuita. Dichas ofertas   fueron apropiadas y convertidas en pilares de su propia lucha por los campesi­nos   «indios» hasta los años 70. De esta manera   renunciaron a sus aspiraciones comunitarias autodeterministas por las que históricamente habían luchado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otro lado, convencidos de que podían además incorporarse a la vida   ciudadana, muchos apostaron a emigrar del campo hacia las ciudades, creyendo   que allí se podía lograr mayor movilidad social, ya que la imagen que se habían   formado de las ciudades en el Estado del 52   era la del trabajo seguro y la posterior   jubilación, buenos sueldos, profesionalización de sus hijos, etc.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Veían que la única forma de salir de la explotación, opresión y   discriminación racial era dejando de ser campesinos y/o labradores de la   tierra, de ahí que la gran mayoría de los padres se esforzaran en edyear a sus   hijos y algunos buscaran trabajos en las ciudades. El siguiente testimonio es elocuente al respecto:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«Yo hago esfuerzo para   que mi hijo vaya a estudiar a la ciudad para que algún día ya no sean como   nosotros trabajadores del campo. Aquí se sufre mucho, cada vez hay que estar   supeditado al clima. Queremos que nuestros hijos ya no trabajen la tierra,   quere­mos que estén sentado en la silla, limpio y que sepan hablar castellano   como los q'aras, ya no indios ni qamaqis como hemos sido nosotros durante mucho tiempo» (Testimo­nio de Eusebio Paco, 1979).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De esta manera, el fenómeno de la   emigración de la población joven de las comunidades se convirtió en un hecho   inevitable: fue imposible retener esa fuerza productiva, esa potencia­lidad   que, en vez de sacar adelante a la comunidad, actualmente la destruye pues es ella la principal desmembradora de las organizaciones comunitarias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Estado coadyuvó muy bien en este proceso. Mediante la educación y   los medios de comunicación, forjó un espíritu y ciertas estructuras mentales de   desprecio al trabajo agrícola. Por ello, las causas de la migración no deben buscarse solamente en el minifundio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Con la formación de estructuras mentales de orientación urbana, el   joven cree que en las ciudades se vive mejor, limpio, hasta su cara se blanquea   un poco en comparación a la de aquel que se queda en el campo, ya que no está   expuesto todo el día en el sol. El querer ser blanco, o por lo menos un poquito   diferente a sus hermanos, se fue convirtiendo en aspiración de la nueva generación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este comportamiento de los comunarios muestra que el Estado logró   penetrar las estruc­turas mentales, particularmente de los jóvenes. De esta   manera, los comunarios -conocidos por error histórico como «indios»-   renunciaron -como diría Alvaro García<sup><sup>2</sup></sup> - a su propuesta de autodeterminación y creyeron en el Estado del 52. Ein otras palabras, transaron su identidad y apostaron a «blanquear» su cultura.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, esta forma de creer y las   aspiraciones de esta generación, pronto quedaron frustradas. Esc sueño de   sentarse en la silla o conseguir un trabajo seguro se hizo cada vez más difícil   de alcanzar, debido a que los puestos de trabajo en fábricas y minas ya habían   sido copados por los campesinos de la generación más antigua y las oficinas del   Estado por los mestizos. La nueva generación se vio entonces obligada a aceptar   los trabajos más bajos de la sociedad: albañiles, cargadores, garzones de las   pensiones, etc. En el caso de las mujeres jóvenes migrantes, a emplearse como   «empleadas domésticas». Estos servicios personales, ahora denominados con el   término disimulador de «trabajadoras del hogar» no pueden esconder la explotación   despiadada a las sirvientas de pollera y en algunos casos a las birlochas hijas   de las cholas, quienes trabajan 12 y hasta 18 horas diarias. Las mismas mujeres   criollas -que muchas veces se llaman a sí mismas &quot;feministas&quot;-   someten a sus sirvientas a una vida un poquito más allá de la de un animal   domés­tico, obligándolas a comer las sobras de sus patrones y a dormir en los   pasillos. Muchas de ellas han sufrido incluso vergonzosas violaciones sexuales,   resultado de las cuales han sus «sataqas&quot; o &quot;jinchu q'años»   (denominación aymara para hijo de soltería). Con mucho dolor y rabia ellas se   vieron obligadas a aceptar a esos hijos cuando no forzadas a abortar o abandonarlos. Este es el drama que había reproducido el Estado del 52.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pese a estas discriminaciones, las indígenas han ido invadiendo cada vez más las   ciuda<b>­</b>des:   se asentaron ya   no solamente como «empleadas», sino como bordadoras, vendedoras y desempeñaron muchos   oficios creativos que les permitieron incluso convertirse en muchos casos en una   nueva y naciente burguesía Aymara. Así   entonces, la chola provinciana de polle­ras largas, topos y sombreros con copa   baja, desplazó a esa chola paceña, alta y delgada, instruida y de edad madura, con   prendas de vestir muy características como sus botitas de media caña y de taco alto, su sombrero blanco de copa alta y   su pollera cuyo borde inferior llegaba justo al borde superior de sus botitas (Quispe Lusiku, 1996).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ante la invasión de la chola provinciana, la chola paceña que   simplemente era la mujer mestiza y en algunos casos criolla, para mantener su   «status social colonial», se vio forzada a convertirse en «chota» de traje,   para distinguirse de esa chola provinciana de tez morena, aunque ya no con olor   a tierra. De esta manera, las contradicciones coloniales se ramificaron, más   aún con el surgimiento de «birlochas», es decir, hijas de cholas provincianas   culturalmente forzadas a vestirse de pantalón y vestido, para de esta manera acceder a los espacios sociales y culturales en una sociedad profundamente racista.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora, la chota discrimina a la birlocha pero la birlocha también   discrimina a la chola y la chola a la de pollera del campo. Eso lo podemos   observar cotidianamente en los micros, minibuses, en el mercado, en las ferias   de campo. La birlocha y los cholitos hijo de la chola migrante resultan ahora   los más discriminadores de campesinos y mujeres del campo, tratán­doles de   «indios ignorantes». La gente del campo les pone a su vez el denominativo de «t'aras», para diferenciarlos de «q'aras».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El drama del Estado del   52 no termina ahí. Resulta que la «educación popular y gratuita» sólo sirvió   para alfabetizar hasta que el «indio» aprenda el castellano, aunque   «k&quot;allu-k&quot;allo» (castellano no fluidamente hablado); para que pueda   avalar con su voto su propia discriminación y explotación; o, finalmente, para   que pueda ir al mercado a comprar mercancías capitalistas y de esta manera   construir el tan soñado mercado interior. Por otro lado, la educación fue   diseñada bajo los márgenes de los espacios coloniales de «movilidad social»,   como el profesor que puede llegar hasta director, o el ser carabinero,   etcétera. Todas ellas profesiones que no permiten el ascenso hacia espacios   jerárquicos de poder y dominación, porque éstos han sido diseñados para los   blancos. Aquí, muchos dirán que también en el mundo existen blancos explotados.   Evidente­mente sí, pero en los Andes las estructuras ocupacionales y económicas   han sido construidas sobre la base de lo étnico: el criollo y el mestizo son   burgueses y/o burócratas, el moreno y/o el «indio» son trabajadores proletarios   u ocupados en actividades incluso denigrantes para el ser humano, como empleada   doméstica en el caso de las mujeres. Por ello, hasta ahora sigue ausente un   Mamani o un Quispe como oficial de Ejército o Policía, así como tampoco podemos   ver personas profesionales con este apellido en puestos de Ministro u ocupando   cargos jerárquicos dentro la estructura burocrática del Estado. Álvaro García diría:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«¿Que hay mujeres de pollera en el   Parlamento? Cierto, pero esto no deja de ser una frivolidad carnavalera,   meramente simbólica hasta casi folklórica, de una élite encorbatada,   castellanizada y rabiosamente bolivianizada, marginadora, detestadora y   opresora de cientos, de miles de millones de mujeres de pollera, que deberían   formar la mayoría absoluta, no la excepción, de todo órgano de poder y decisión   realmente «pluri multi», verdaderamente participativo, auténticamente sintetizador de la «mezcla», del «chenco»» (García Linera, 1993:48).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Obligados por esta discriminación, muchos hijos de comunarios, para   acceder a estudios superiores, han optado por castellanizar su apellido; de ahí   el paso de Mamaní a Alcon, de Quispe a Quisbert; en otras palabras, ésta es la maesmanización a la fuerza<sup><sup>3</sup></sup>.   Lo único que no han podido cambiar es su color de piel ni su manera de hablar,   el castellano k&quot;alu-k&quot;allu. Igualmente, están las cholitas forzadas a   vestirse de señoritas y dejar la pollera para poder conseguir un trabajo   distinto al de empleada. Si bien con estas formas de inclusión a las estruc­turas   coloniales acceden a estudios superiores, ello no quiere decir que se hayan   liberado de las manipulaciones de los espacios jerárquicos del poder. Por el   contrario, viven con más crueldad la discriminación racial, presente en formas   sutiles como el marginamiento de los grupos de estudio para determinadas   materias, etcétera. En muchos casos, el campesino estu­diante de la Universidad   suele sentirse solo al no tener con quién poder discutir o hablar de diferentes   temas. En otros casos, muchos de los mestizos se aprovechan de él sólo para   reali­zar trabajos, pero una vez elaborados éstos nuevamente lo aislan. Incluso   la forma de saludar es distinta entre los mestizos, pues se dan un beso en la   mejilla mientras a los campesinos sólo les dan la mano; hasta en eso el trato no es fraterno y sincero, sino diferente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por todo ello, la imagen que tenían campesinos e inmigrantes del Estado   del 52, como estado benefactor y de bienestar social, pronto se convirtió en   una brutal frustración, ya que la clase dominante continuaba reproduciendo los   viejos esquemas jerárquicos de poder sustenta­dos en el racismo, como hemos   descrito más arriba. Por otro lado, el Estado tampoco fue capaz de llevar   adelante el proyecto de ciudadanización. Factores todos ellos, que cada vez fueron deslegitimando más las diversas acciones estatales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La disconformidad   de las masas plebeyas, reconocidas étnicamente como «indios» y campesinos, como   productores de la pequeña parcela otorgada por la Reforma Agraria, se puede   hallar en esta frustración respecto a los compromisos incumplidos de la nueva   clase dominante y la incapacidad del Estado para llevar adelante el proyecto de ciudadanización y/o bolivianidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Dicha disconformidad se hace pública a finales de la década del 60 y es   planteada por Kataristas   e Indianistas; los primeros desde una tendencia más sindical y   los segundos desde otra   más política, aunque ambos se han de constituir, posteriormente,   en intermediarios cultu­rales<sup>3</sup> . A diferencia del movimiento de 1952, son intermediarios culturales salidos de la pro­pia   sangre nativa. Son los primeros que empiezan a quejarse por la discriminación e   injusticia de las   estructuras coloniales de dominación y han de ser, por tanto, los primeros en   expresar públicamente el hecho de «sentirse extranjeros en su propia país» (manifiesto Tiwanacu).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A estos esfuerzos   conjuntos que permitieron imaginar la posibilidad de refundar la co­munidad   como parte vital de una identidad cultural, es a lo que Silvia Rivera llama   &quot;recupera­ción de la memoria larga&quot; (Rivera Silvia, 1984) que el movimiento campesino había perdido mientras vivió subordinado al Estado del 52.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los Kataristas interpelan al Estado en tanto éste no reconoce a Bolivia   como país plurimulticultural, exigiendo de esta manera la necesidad de reformar   el Estado. Por su parte, los indianistas plantean la necesidad de la   autodeterminación de las naciones originarias como la única posibilidad real de   la convivencia de la plurimulticulturalidad. Ambos lineamientos no fueron   reductos de unas cuantas personas aglutinadas en grupos políticos, sino que se convirtieron en verdadera expresión del sentir colectivo de la plebe «india».</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, las dos propuestas en sí ya deslegitimaban al Estado   dominado por los q'aras. que en la práctica concebía la continuidad de Bolivia   como entidad homogénea, integrada y subordinada a la concepción occidental.   Para ambas, este proyecto era inviable. La disconformi­dad generalizada en la   «plebe india» expresaba la potencialidad de la sublevación, fenómeno que ya no   sólo fue nacional sino internacional. Por ello, para mantener y legitimar las   estructuras jerárquicas de espacios sociales coloniales, el Estado se lanza a reformarse a sí mismo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De las dos opciones políticas presentes   dentro de la masa india, la plurimulticulturalidad y la autodeterminación, el   Estado se apropia de la vertiente Katarista de Víctor Hugo Cárde­nas y de   intelectuales como Xavier Albo y Silvia Rivera, que denunciaban el hecho   colonial dentro del Estado boliviano en el que existen varias patrias   subordinadas que son la mayoría, reivindicando y reclamándole al Estado y a los   gobernantes ser parte de la patria boliviana. Se trata de una inclusión   negociada, una petición que dice: &quot;señores bolivianos, queremos ser parte   de Bolivia con nuestra lengua, con nuestra cultura, con nuestras tradiciones,   queremos ser también parlamentarios de pollera, de sombrero y de abarca,   tenemos derecho&quot;. Esta co­rriente es la que ha sido incorporada subordinadamente en las políticas estatales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los intermediarios culturales son grupos que median el sentir colectivo   de las bases con el resto de la sociedad. Son grupos que se encuentran en las   articulaciones de las relaciones sociales, económicas y políticas que conectan   al movimiento con élites de mayor importancia en los centros de discusión o en   las estructuras políticas, desempeñan en muchos casos un papel decisivo en los levantamientos políticos (Wolf. 1&#094;84).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La segunda vertiente Katarista fue combatida drásticamente porque no   quiso subordinar­se al Estado sino que ha luchado por construir su propia   patria, es decir, por la auto-afirma­ción de los indios aymaras y quechuas   considerando que son capaces de gobernarse a sí mis­mos, sin padres, sin   protectores. Ella ha vinculado, además, la construcción nacional con la   posibilidad de una reforma social total, en la medida que se expanda la forma comunal de producción y asociación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este contexto, el Estado lanza, entre varias otras leyes de reforma   estatal, la Ley de Participación Popular, que dejará temporalmente al   movimiento campesino/indígena sin res­puesta ideológica contestataria   inmediata, sometiéndolo a nuevas formas de dominación y disciplinamiento estatal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>LA PARTICIPACIÓN POPULAR COMO EXPORTACIÓN DE LOS VALORES LIBERALES</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Estado del 52, tal como hemos señalado, no pudo lograr plenamente   los objetivos de integración y homogeneización, o de subordinación de la   cultura, formas de producción y manera de organizarse políticamente de las   naciones originarias. A lo sumo, el Estado logró concentrar sus fuerzas de   integración y homogeneización, como son ciertas prácticas políti­cas,   mercantiles, creación de símbolos o todo aquello que se llama &quot;identidad   nacional&quot;, en las ciudades del eje (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz) y   tenuemente en el resto de las ciudades del país. Es así que, para los   habitantes rurales, el Estado boliviano sólo existía como referencia, su   presencia para muchas comunidades que viven en las fronteras, o donde no se tiene acceso a los medios de comunicación, era totalmente nula.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para estas comunidades, lo que sucedía en las ciudades en cuanto a   cambios políticos y económicos no tenía mucho significado; esta multitud vivía   en un especie de aislamiento en el que los problemas económicos, políticos,   sociales y culturales generalmente se solucionaban de acuerdo a sus usos y   costumbres. En otros casos, ciertos valores occidentales como las autoridades   estatales (corregidores, agentes, etc.) fueron subsumidos por las formas   ancestrales de organización, es decir, las prácticas de la política liberal no   eran ejercidas por ellos como protagonistas, ésto llegaba sólo mediante el   mercado, la comunicación, etc., por lo que su influencia no era tan severa como en la actualidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las elecciones nacionales, por ejemplo,   sólo eran un acto «ritualístico» de depositar el voto cada cuatro años ya que,   gane quien gane, ésto no influía mínimamente en la vivencia cotidiana de los   habitantes rurales. Más ajeno todavía era lo que ocurría en ocasión de elec­ciones   municipales, ya que estas sólo eran útiles para las ciudades. Entonces, para   las comu­nidades, votar o no votar en la práctica era lo mismo; el comunario,   campesino o indígena sólo votaba para no perjudicarse en algunos trámites cuando   iba a la ciudad. Ello no quiere decir que el Estado dejó a las comunidades   en plena autonomía sino que el proceso de integración practicado de esa manera fue débil, tenue, dejando abiertos ciertos márgenes de resistencia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este hecho afectaba mayormente al Estado y a la clase dominante y no   tanto a las comunida­des, ya que estas últimas podían desenvolverse y   desarrollarse, en algunos aspectos, de manera autónoma. Sin embargo, dejar a   las comunidades excluidas de la conciencia estatal significaba, por un lado,   mayor deslegitimación y, por otro, la posibilidad de emergencia y   potenciamiento de la propuesta política de autodeterminación de las naciones   originarias. La ley de participación popular es un esfuerzo por enmendar   definitivamente esta situación, ya que el Estado para moder­nizarse y seguir   reproduciéndose y perpetuándose, requería incorporar a las comunidades a las lógicas mercantil y democrática. Al respecto, Canclini señala lo siguiente:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«El mundo moderno no se hace sólo con quienes tienen proyectos   modernizadores. Cuando los científicos, los tecnólogos y los empresarios buscan   a sus clientes deben ocuparse también de lo que resiste a la modernidad. No   sólo por el interés de expandir el mercado, sino para legitimar su hegemonía   los modernizadores necesitan persuadir a sus destinatarios que -al mismo tiempo   que renuevan la sociedad- prolongan tradiciones compartidas. Puesto que   pretenden abarcar a todos los sectores, los proyectos modernos se apropian de los bienes históricos y las tradiciones populares» (Canclini. 1989, 149).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De esta manera, la implementación de la LPP para el Estado va a   significar llegar a las comunidades con proyectos modernos, es decir, expandir los códigos y significados de la estructura jerárquica de dominación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se traslada a las comunidades, en primer   lugar, la política democrática basada en formas de poder citadino u occidental   fundadas en la libre elección de los gobernantes por los gobernados bajo un   principio de pluralismo político. Como esencia fundamental de este sistema, se   considera a la libertad de opinión, de reunión y de organización; y como   cimiento material de esta democracia está sin duda la economía de mercado, cuya expresión cultural es la secularización (Touraine, 1995).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se levanta así una   concepción del poder centrado en la práctica de la libertad individual, basada   en la propiedad privada que promueve el desarrollo del capitalismo. Bajo esta   concep­ción, la soberanía social se delega a unas cuantas personas que la   ejercen en calidad de repre­sentantes,   decidiendo en nombre de todos los asuntos de interés colectivo. &quot;La   característica principal de esta forma de conducción de la vida pública -dice   Raquel Gutiérrez- está en el hecho de aceptar la soberanía popular, es decir el   derecho del conjunto de los habitantes de un país para decidir sobre el modo de   gestionar y conducir sus asuntos comunes; y en instituir, simultáneamente, los   mecanismos de RENUNCIA y delegación de esa soberanía en unos   &quot;representantes&quot; quienes, a partir de su elección monopolizan la   capacidad de decisión y conducción de la cosa pública&quot; (Gutiérrez Raquel, 1998: 3).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esto es lo que ocurre con el surgimiento   de los grupos de poder -Alcaldes y Concejales- en los municipios. La   &quot;libre&quot; elección a través de los partidos políticos, que es el logro   alcan­zado por este sistema de dominación, niega en los hechos la posibilidad   de la organización política de las comunidades andinas y orientales que no está basada ni en el atributo de la libertad individual ni en la propiedad privada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En las sociedades andinas, por ejemplo, no han existido formas privadas   de apro­piación de las tierras de cultivo y pastoreo. Más bien, ellas se han   organizado en base a una forma de apropiación que combina la posesión privada y   el manejo colectivo, es decir, hablamos de una formación social basada en un   nuevo tipo de comunidad, donde se conjugan una forma de control comunal de la   tierra y un usufructo y/o uso privado o familiar. Justamente, de esta forma de   organización de la producción surgen las tecnolo­gías sociales de organización política comunales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Entonces, al imponerse la estructura política democrática en los   municipios, se ha ido subor­dinando la estructura política de las comunidades,   es decir, se ha sometido aquel poder que tiene su fundamento en la estructura   comunitaria de producción, dentro la cual el comunario, para mantener su posesión   de tierras y usufructuar sobre otros bienes de la comunidad, está obligado a   cumplir ciertos deberes con la comunidad. En   esta forma organizativa, nadie ejerce ninguna autoridad por voluntad ni por   prestigio, en base al derecho a ser &quot;libremente&quot; elegido y/o a   elegir. El punto de partida es distinto: un individuo se convierte en   depositario de la voluntad general en tanto deber   y servicio. La jerarquía de cargos desde el   inferior hasta la autoridad máxima, es e   jercida en función de la tenencia de tierra (originarios, agregados, y pequeños   ocupantes o sullka wawas) ya que dentro de esa jerarquía los gastos económicos   se efectúan de acuerdo al cargo que se ejerce<sup><sup>4</sup></sup>. Por ello, esta forma de ejercicio del poder regula además, la diferenciación social.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es evidente que en las organizaciones comunitarias, a diferencia de lo   que sucede en la democracia, el poder no se   basa en relaciones de dominación, como relación de desigualdad, sino que se   desarrolla como relación social de cohesión comunal   (Patzi, 1997). Esto repre­senta la negación de la «democracia basada en la libre elección de los gobernantes».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En las formas comunitarias de producción,   todos, sin excepción, tienen acceso al ejerci­cio del poder no por su propia   voluntad, ni por la cualidad que tengan como personas sino como un deber y servicio a la   comunidad, a cambio de mantener su posesión de parcelas para   reproducirse económica y socialmente. Es por ello que el poder no se concentra   en un individuo sino en la comunidad reunida en Asamblea y si bien esta última,   para ejercerlo, lo asigna a determinadas familias, ellas quedan subordinadas al poder comunal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al ejercicio del poder asignado como   expresión del poder comunal, lo denominamos posesión   del poder y no propiedad del poder, ya   que no existe tal propiedad ni el poder está concentrado   en un grupo o una persona, como ocurre en la democracia occidental. El   poder de las autoridades en las comunidades es   asignado y no adquirido, debe realizarse se tenga   o no se tenga capacidad, ya que es un   requisito para seguir siendo comunario. El poder no se adquiere por las facultades que se concentran en   determinado individuo, como sucede en la democracia liberal. En otras palabras,   la soberanía, o la capacidad de decisión individual y colectiva sobre el asunto   común, radica directamente en la colectividad (Gutiérrez R., 1998: 4), en esas   familias concretas constituidas en asamblea. De ahí que la organización   política en las comunidades andinas no sea una organización democrática ni   ayllu ni étnico como afir­man los investigadores (Rivera, 1990) (Rojas Gonzalo,   1994), sino que es un poder funda­mentado en una especie de autoritarismo basado en el consenso.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En segundo lugar, el Estado, con la LPP. al imponer las formas   democráticas de poder occidental en las comunidades mediante el municipio,   también trasplanta las for­mas de organización burocrática, es decir, impone un   cuerpo de agentes encargados de la administración municipal, funcionarios   encargados del cobro de los impuestos etc., legitimados como una acción necesaria.   Además, en Bolivia ni siquiera se exporta la burocracia racional de la que   hablaba Max Weber, sino una basada en el clientelismo. como señalan Fernando Calderón y Laserna:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«El clientelismo burocrático puede ser   comprendido como un sistema de intercambio de prebendas y privilegios -por   ejemplo empleo, servicios, dinero y prestigio-, por lealtad política, personal   y/o de grupo. El clientelismo burocrático opera como un sistema de redes de   influencia que compiten y disputan el control sobre el lujo de prebendas en el   Estado. Las costumbres y acuerdos jerárquicos en las distintas redes están   basados en el consentimiento de relaciones estamentales que no tienen ningún respaldo institucional...» (Calderón y Laserna, 1995: 28).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El reclutamiento de funcionarios para la   estructura del campo burocrático obedece a lógicas clientelares, familiares, de   amiguismo, es decir, &quot;gente de confianza&quot; del alcalde y los   concejales. Estas personas serán los nuevos funcionarios encargados de llevar   adelante las tareas de imposición e inculcación de la cultura dominante y. en   la mayoría de los casos, se trata de migrantes que vuelven a las comunidades a detentar el poder.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otro lado, juntamente con la administración burocrática, se   introducen múltiples mecanismos de producción simbólica: formularios, papeles   membretados, reglamentos, sis­temas de contabilidad, el sistema único de   planificación, etcétera. Todo ello con símbolos nacionales que implantan formas   homogéneas de actuar y decir. En otras palabras, el Estado traslada al campo lo   que Michel Foucault llama una tecnología social reguladora y disciplina­ria del   cuerpo, que produce efectos individualizantes y manipula a éstos como foco de   fuerzas que deben hacerse útiles y dóciles (Foucault, 1976). Por lo tanto, las   instituciones municipales están logrando generar hombres y mujeres sometidos a   ciertas visibilidades y a una específica normalización de los comportamientos.   Con ello, indudablemente el Estado contribuye -como dice Bourdieu- a la   unificación del mercado cultural, unificando todos los códigos, jurídicos y   lingüísticos y llevando acabo la hornogeneización de las formas de comunicación, burocrática en particular (Bouidieu, 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Resulta entonces que el Estado, mediante la municipalización y la LPP,   adquiere la posi­bilidad de moldear las estructuras mentales de los indígenas   de manera local, cosa que antes no logró el «Estado del 52»; además, impone   principios de percepción y división comunes, contribuyendo con ello a la   construcción de una identidad nacional a través de la inculcación e imposición   universales de una cultura dominante, convirtiendo todo esto en la cultura   nacio­nal legítima. Bajo este marco, es pertinente señalar lo que dice Bourdieu sobre el rol que juega el Estado en la universalización de la cultura:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&quot;El Estado instaura e inculca unas formas y unas categorías de   percepción y de pensa­mientos comunes, unos marcos sociales de la, percepción,   del entendimiento o de la memoria, unas estructuras mentales, unas formas   estatales de clasificación. Con lo cual crea las condiciones de una especie de   orquestación inmediata de los hábitos que es en sí misma el fundamento de una   especie de consenso sobre este conjunto de evidencias compartidas que son constitutivas del sentido común.» (Bourdieu, 1997: 117).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A este trasplante de la democracia liberal, de la burocracia y de la   producción de símbo­los, es a lo que llamo exportación de los valores liberales   del Estado hacia las comunidades. En este sentido, pues, podemos decir que el   Estado no ha superado su carácter homogeneizador e integracionista ya que la   hornogeneización e integración, o sea la imposición e inculcación de la   «arbitrariedad cultural», es el requisito fundamental para la reproducción y   perpetuación de la clase dominante, a la vez que va carcomiendo las formas   políticas comunitaria/indíge­nas, conviniendo a los comunarios/indígenas en   seres estatizados, en personas reglamentadas, domadas, fieles servidores del Estado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Resulta entonces exactamente lo contrario de lo que sueñan los funcionarios estatales sobre la LPP:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«Con la Participación Popular, estamos   empezando a montar, como política de Estado, una democracia participativa   municipal de matriz indígena que nos va a permitir poner fin no sólo a 500 años   de colonialismo y desarticulación social y económica, sino a revertidos en el   sentido de construir un nuevo equilibrio entre Naturaleza e Historia que   permita una convivialidad basada en lo cualitativo, vernacular, local, interactivo, sostenible» (Medina, 1995: 12).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para los   apologistas de la LPP, dicha reforma es una medida acertada. Evidentemente es una medida política acertada ya que la clase   dominante necesitaba legitimarse como estructu­ra de   dominación. Requería incluir a las naciones originarias bajo los códigos de la   «arbitra­riedad cultural». Por ello, la   multiculturalidad es una teoría de la confraternización general de los pueblos, que quiere nada más hermanar al tuntun,   sin considerar la posición histórica y el grado de desarrollo social de cada   pueblo. Esto lo señaló Engels hace un siglo y ahora se evidencia cuando evaluamos la LPP.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>LA PARTICIPACIÓN POPULAR COMO RESURGIMIENTO DE LA NUEVA NOBLEZA DOMINANTE</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Uno de los efectos creados por el Estado del 52 en el área rural son   las ferias de diverso tipo y de diverso tamaño, debido al crecimiento de los pueblos, muchos de los cuales se han convertido en ciudades intermedias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos pueblos, por su mayor movimiento económico, concentraron a   comerciantes, transportistas y vieron el surgimiento de grupos sociales   dedicados a la pequeña indus­tria (Patzi, 1997) que se mueven entre los   espacios de la ciudad y el área rural. El comer­cio, transporte o la   combinación de ambos se fueron convirtiendo en actividad monopólica de unas   cuantas familias, que consolidaron prestigio y acumularon riqueza, evolucio­nando   todo esto de tal manera que dichas ocupaciones llegaron a ser hereditarias. A   partir de ahí, en los pueblos y ciudades intermedias f ueron conformándose   grupos fami­liares con mayor poder e influencia, que operan de modo similar a   los grupos de nobleza en los cuales, una persona por nacimiento o por decisión   del soberano posee título nobi­liario y goza de los privilegios que éste último le confiere.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para mantener sus privilegios, los grupos   más poderosos de los pueblos crearon sus propios mecanismos y estrategias de   selección y exclusión, como por ejemplo, matrimonios entre comerciantes o la   utilización del sistema de compadrazgo y padrinazgo, es decir, la incorporación   a las redes de comercialización de cuñados, nueras, ahijados o compadres. De   esta manera, se va excluyendo al resto de las familias, dando lugar a lo que   Bourdieu llama panosos de enclasamiento y reenclasamiento. En este sentido, el   sistema de compadrazgo que antes era universal y simétrico, ahora es   mayoritariamente usado como un instrumento de selección y exclusión, en   beneficio de ciertos linajes. De ahí que el sistema de reciprocidad se convierte en capital social y simbólico.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el proceso de acumulación del capital   comercial son utilizados el don y el contradon, de los que hablan los   antropólogos (Temple) entendiéndolos como actos in­augurales de generosidad, ya   que estos mecanismos sociales son el único medio de ins­taurar relaciones   duraderas de reciprocidad que, a su vez, son también relaciones de dominación   pues el intervalo intercalado representa un comienzo de institucionalización de la obligación (Bourdieu, 1991: 190).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El compadre o el ahijado campesino, por   ejemplo, para el comerciante se convierten en clientes ya sea como compradores   o vendedores de los productos. Por esta relación de compa­drazgo, el campesino   se ve obligado a acudir donde el comerciante para la transacción de bienes, en   tal sentido la relación de reciprocidad se convierte para ambos en una   obligación duradera. Aquí es muy pertinente lo que dice Bourdieu sobre el rol del don en las relaciones de dominación:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«En tal universo, no hay más que dos formas de retener a alguien   duraderamente: el don o la deuda, las obligaciones abiertamente económicas que   impone el usurero o las obli­gaciones morales y las ataduras afectivas que crea   y mantiene el don generoso; en resu­midas cuentas la violencia declarada o la   violencia simbólica, violencia censurada y eufemizada, es decir, irreconocible y reconocida» (Bourdieu, 1991, 212).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De esta manera, la relación de reciprocidad y redistribución simétrica,   gradualmente se convierte en una relación asimétrica, es decir, en una relación de desigualdad que va benefi­ciando de manera fascinante al comerciante.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otro lado, el Estado del 52 generó migrantes del campo a las   ciudades, por lo menos con tres tipos de vinculaciones con sus comunidades de   origen: migrantes temporales para los que la ciudad sólo es una actividad complementaria,   una estrategia de di versificación económica; migrantes con actividades   económicas consolidadas en las ciudades, para quienes los recursos del campo   sólo aportan de manera secundaria y, migrantes sin control de recursos   económicos o aquellos que en alguna medida han acumulado un cierto nivel de capital cultural (Patzi, 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos tres tipos de migrantes se   caracterizaron por modificar sus habitus<sup><sup>5</sup></sup> comunales ya que al relacionarse con el   mundo urbano, adquirieron fundamentalmente prácticas de carácter individualista y estructuras mentales jerárquicas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, no solamente fueron los cambios en las estructuras   mentales y la adquisi­ción de nuevos habitus urbanos lo que condujo a los   migrantes a desmembrar la comunidad. Fue su propia actividad en los espacios   urbanos la que dificultó el control directo de los recursos en el espacio   rural, y los obligó a dejar ese control en manos de otras personas, ya sean   familiares u otros parientes de la comunidad, haciendo aparecer con ello   relaciones de trabajo (aparcería y asalariamiento) no enmarcadas en la lógica y   el habitus comunal. En otras palabras, dichos habitus han sido   refuncionalizados en beneficio del migrante. Por otro lado, al no poder asistir   y participar directamente en las actividades productivas y sociales comuni­tarias,   tampoco recibe ya los beneficios generados comunitariamente, por lo cual se ve   obliga­do a impulsar practicas individualistas de producción, haciendo aparecer de este modo nue­vas relaciones de producción, fundamentalmente parcelarias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este sentido, tanto los migrantes a las ciudades grandes como los   vecinos de los pueblos (en ambos casos de origen nativo) han sufrido un proceso   de descasamiento material y mental, es decir, se han convertido de productores   comunarios, campesinos, etc., en comerciantes, artesanos o profesionales, con estructuras mentales totalmente reñidas con la comunidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El comerciante, transportista y pequeño industrial que se queda en los   pueblos, así como los migrantes que tienen relaciones con su comunidad de   origen, se han constituido en el área rural en verdaderos grupos de poder que manipulan las relaciones de reciprocidad y redistribución a su favor.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La Ley de participación popular, en la práctica, va a legalizar y   legitimar el surgimiento de estos grupos, va a reforzar la dominación de los   comerciantes, microempresarios, transpor­tistas y migrantes, que no se reduce   al campo económico y de producción, sino que, vía la Ley. se amplía a los   campos políticos y burocráticos. Sin embargo, al legalizarse y legitimarse, los   miembros de este grupo, se convierten en nuevos agentes destinados a reproducir la arbitra­riedad cultural de la clase dominante.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Así, la burguesía   encuentra nuevos actores que reclutar. a fin de asegurar y garantizar las   INSTITUCIONES de la HOMOGENEIDAD y la ortodoxia, introduciendo tecnologías de   NORMALIZACIÓN y DISCIPLINAMIENTO. La propia LPP tiende a dólar a estos agentes   encargados de inculcar una formación homogénea, de instrumentos homogeneizados   y homogeneizantes. ¿Acaso los formularios, sistemas bancarios. planes   operativos, etc., son algo más que instrumentos de hornogeneización? Es decir,   el estado impone la DEMOCRA­CIA utilizando a estos actores que se han ido   formando durante mucho tiempo, y que no son propiamente criollos ni mestizos,   sino el propio indio de cara morena que no ha abandonado definitivamente su   cultura o su habitus comunero, pero que ya es. a su vez, producto de una cultura adquirida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es por ello que, hasta en los llamados   municipios indígenas, la cúpula del poder munici­pal está dominada por estos   nuevos agentes, es decir, por los comerciantes, por los poseedores de cierto   capital cultural (profesores), por transportistas y migrantes de retorno.   Agentes que con facilidad se han apropiado de las prácticas democráticas   conocidas hasta el momento, bajo las formas de la corrupción, soborno,   clientelismo. Reproducen pues, a nivel local, as­pectos sobresalientes de la cultura nacional boliviana.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La LPP, para el área rural, significa igualmente un baluarte de privilegios   así como un mecanismo para perpetuar el goce del poder administrativo por parte   de un grupo social bien definido. Este grupo concibe su rol político orientado   no tanto ya a revalorizar la cultura ancestral sino a servirse de ella en su búsqueda de detentar el poder.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Reviven así los antiguos linajes de poder para adquirir y mantener sus   privilegios, activan todas las estrategias y mecanismos de construcción de   redes sociales (lazos de amistad, compradrazgo, etc.). Al igual que en la   política nacional, estos grupos de poder frecuentemen­te recurren a los   sistemas de reciprocidad que consisten en el intercambio continuo de favores   que se dan. se reciben y se motivan dentro en el marco de una ideología de   amistad que Lomnitz llama sistema de compadrazgo (Lomnitz Lariza, 1994). En los   municipios rurales, al igual que en las ciudades, estos favores están siendo   usados para: a) ascender a ciertos cargos jerárquicos (Alcalde, Concejal,   etc.), b) que uno o varios de la red social ocupen cargos buro­cráticos. En   este sentido, el sistema de compadrazgo que estudia Lomnitz «como principal   mecanismo en el otorgamiento de empleos, ya que hasta las personas de más altas   calificacio­nes prefieren contar con el apoyo de un «compadre» y no confiarse   exclusivamente en sus méritos al optar por un cargo determinado» (Lomnitz, 1994, 25), también se va consolidando en las áreas rurales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para fortalecerse, estos grupos crean sus propios sistemas de   reclutamiento. En pri­mer lugar, seleccionan personas entre los linajes que en   cierta medida han logrado acu­mular capital económico o capital cultural;   posteriormente, van reclutando a otros pa­rientes y amistades que,   potencialmente, según ellos, pueden hacer favores. Se entra a la lógica de que   mientras más amplía uno sus redes de compadrazgo o amistad, mayor es la probabilidad de mantenerse en el poder.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Guiados por esa lógica, estos grupos   encuentran en las fiestas ceremoniales de las comunida­des, pueblos e incluso   de las ciudades, un espacio de reclutamiento de amistades, de expansión de   sistemas de compadrazgo, es decir, de reforzamiento de toda una red de   relaciones sociales que será activada en los momentos necesarios para conseguir   apoyo. El «obsequio» que se da a quien ha invitado a una celebración, se usa   como un signo de distinción de quien tiene mayor poder. Es por esta razón, por   ejemplo, que los miembros destacados de estos grupos entregan unos veinte cajones de cerveza u otros obsequios que tienen un valor elevado.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«En el intercambio simbólico de obsequios el precio ha de quedar dentro lo implícito   (...) Es como si la gente se pusiera de   acuerdo para evitar ponerse explícitamente de acuerdo   sobre el valor relativo de las cosas intercambiadas, para rechazar   cualquier definición previa explícita de los términos de intercambio...» (Bourdieu, 1997: 165).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este tipo de relación, evidentemente, cuanto más da uno más   prestigio tiene, por ende también mayores probabilidades de entablar relaciones   sociales de fidelidad; es decir, el prestigio es usado para establecer redes de   compadrazgo que, en el futuro, pueden ser la base de relaciones de dominación o   subordinación, económica y política, refuncionalizando las relaciones de con­fianza,   el compromiso, la fidelidad personal, el reconocimiento, la piedad. En otras   palabras, todas las virtudes que honran la moral del honor son utilizadas para   conseguir y consolidar redes políticas a fin de captar mayores votos en los   momentos de elecciones, o para efectivizar alianzas políticas que posibiliten   ser elegido como autoridad municipal. A simple vista, para el ojo de un   antropólogo o sociólogo, los intercambios simbólicos aparecen como espacios   donde se realiza el DON y el CONTRADON, es decir, la RECIPROCIDAD Y LA   REDISTRIBUCION, pero detrás de este acto ceremonial se encubre un modo de   dominación: la violencia simbólica, la más invisible e ignorada como tal y que, además, es aprobada colectivamente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos estratos de clase, después de la LPP, se concentran en el poder   administrativo de los municipios como un medio para perpetuar su existencia. Se   reproduce así en las comuni­dades, lo que Lariza Lomnitz llama escala mental de favores influida por la distancia social (ver la figura 1).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se trata de grupos que han logrado agruparse en torno a intereses   personales y a la ocu­pación de puestos administrativos en beneficio de sus   cuadros allegados. Son partidos de tipo patronazgo,   como diría Max Weber, ya que se han convertido fundamentalmente en patrocinadores de cargos municipales.</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><img src="/img/revistas/rts/n21/a08f1.gif"></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No cabe duda que este sistema de administración política excluye la   participación de los indígenas, campesinos y comunarios, o que dicha   participación se refuncionaliza para ponerse al servicio de la nueva casta   dominante que emerge después de la dictación de la Ley de Participación   Popular. A los indios, los subordina totalmente a su servicio, refuncionaliza   sus valores ancestrales ordenadores del sistema económico y político   comunitario. Está a punto de morir la política y el poder comunal basados, en el   sistema de rotación y sucesión, mediante la universalización de la democracia   que concentra en la administración municipal a unos cuantos poderosos económicos y políticos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los Comités de Vigilancia, que supuestamente tienen la atribución de   controlar los gas­tos administrativos y de inversión de los municipios, son   cooptados por esta élite e incorpora­dos a las redes sociales de dominación.   Incluso, en la mayoría de los casos, son reclutados de las redes sociales pertenecientes a esta nueva nobleza rural.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por ello, la Ley de Participación Popular no es aquella que revitaliza   las prácticas comu­nitarias de poder, como nos hacen creer los defensores y   representantes del Estado, como Javier Medina. Para él, por ejemplo, la LPP es   una de las más importantes y trascendentales de la historia republicana de   Bolivia ya que rescata la democracia participativa de matriz indíge­na basada   en la concepción de servicio, integralidad, representación vía elección directa, etc. (Medina, 1995 y 1997).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«La democracia -continúa diciendo Medina- cuanto más local, más   participativa, más femenina, más concreta; tiene que ver más con la   reproducción de la vida y la satisfac­ción de las necesidades primordiales; es   más oikonómica; tiende por tanto como con naturalidad hacia el don y la reciprocidad...» (Medina, 1997: 323).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Definitivamente, Medina no conoce la   estructura política de la comunidad ni su funcio­namiento económico ya que toda   su obra sobre el poder local, como el trueno sobre los cocales, habla de   especulaciones imaginarias o de comunidades que seguramente existían cuando el   «sapo tenía su calzón». Su conocimiento se reduce a los cuentos de los   antropólogos y soció­logos. Su concepción occidental hace que compare la   organización política de la comunidad con la democracia liberal por más que la   llame democracia participativa. Para que se entere Javier Medina, en la   comunidad propiamente dicha no existe democracia representativa ni   participativa, por ello no se pueden traducir estos términos en aymara o quechua.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sabemos que el fundamento material de la   democracia es la propiedad privada. Por el con­trario, en la comunidad no   existe propiedad privada sino solamente posesión privada, subordina­da al   propietario del territorio que es el conjunto de familias constituido en junta.   En base a esto, se construye un tipo de poder político, y de ahí que no existan   sistemas electivos sino turnos obligatorios para todos aquellos que poseen   recursos dentro de la comunidad. Por ello, no sólo todos tienen la posibilidad   de pasar cargo o ser autoridad sino que están obligados a ocupar toda la jerarquía de cargos; incluso, si una persona no   quiere ejercer los cargos, la comunidad, es decir, el   conjunto de familias poseedoras de tierra, se   lo impone. De ahí que la organización de la comunidad sea una organización política autoritaria basada en el consenso.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>LA LEY DE PARTICIPACIÓN POPULAR COMO DESMEMBRACIÓN COMUNAL</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tanto la mayoría de los funcionarios del Estado como algunos   intelectuales indepen­dientes han ido afirmando que la LPP definitivamente ha   eliminado la contradicción campo- ciudad y que las áreas rurales se han visto   fortalecidas con los recursos de la coparticipación tributaria. Dicha   afirmación es producto del desconocimiento del proceso real de las comuni­dades,   ya que la LPP no sólo fortalece la contradicción campo-ciudad, sino que la   traslada a niveles locales, hace resurgir nuevas contradicciones entre el área   urbana y el área rural, entre el pueblo y la comunidad, entre el ayllu y el municipio, entre los campesinos y los vecinos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La LPP ha fortalecido a las áreas urbanas, por lo tanto, al conjunto de   actores sociales de la urbe (comerciantes, artesanos, transportistas, etc.). En   este sentido, los beneficiarios de la reforma no son propiamente los   trabajadores del campo. Ellos, más bien, sufren las nuevas formas de   discriminación y manipulación de los grupos urbanos que sabotean sus aspiracio­nes. al tiempo que son tentados a incorporarse a estos espacios.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La inversión de los recursos de la LPP en   el mejoramiento de plazas, calles, saneamiento básico, refacciones de la   infraestructura educacional y otros rubros conocidos como indicadores de   modernidad, sin duda ha cambiado la fisonomía del área rural. Vemos el   crecimiento y aparición de nuevos pueblos y, junto a ello, el surgimiento de nuevos   centros comerciales, artesanales. es decir, presenciamos la constitución y   desarrollo del mercado. Asistimos a una nueva época donde el capital comercial   se va desarrollando a través de la localización del comercio al por menor. Sin   embargo, esto no excluye la aparición de una forma básica de división del   trabajo, como es la expansión de grupos de artesanos, pequeños industriales,   que se instalan en el núcleo céntrico de las poblaciones y establecen   relaciones mercantiles con los agricultores. El&#094;o supone, el aumento de la participación de la economía doméstica en el proceso comercial.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los centros poblados se   vuelven más atractivos económicamente para los campesinos, ya que allí se   pueden instalar tiendas comerciales, incluso se ha ido creando un mínimo mer­cado   de trabajo en los sectores terciarios de la economía. La dinámica de   interrelación cam­po-ciudad ya no se reduce a las ciudades metropolitanas, sino que se amplía a las áreas antes típicamente rurales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Todo esto implica una mayor interrelación de los productores campesinos   con el mercado. Ahora, con esta nueva dinámica, los productores apuestan tanto   a la actividad económica de los centros poblados como a la actividad   agropecuaria de las comunida­des, es decir, alternan el trabajo urbano con el trabajo   agrícola. En este sentido, los miembros de la familia entran con mayor   intensidad a eso que Carmen Deere llama múl­tiples   relaciones de clase. En fin, el capitalismo ha entrado a una nueva fase   de desarro­llo y ha implementado, como diría Alvaro García, nuevas formas de domesticación del alma indígena.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La mayor articulación de los campesinos al mercado no sólo como   vendedores de pro­ductos agrícolas sino también, en muchos casos, como   vendedores de fuerza de trabajo, como artesanos, comerciantes, etcétera,   implica para la comunidad el abandono de muchas prácticas comunitarias   especialmente productivas. Muchos de sus miembros no pueden asistir de mane­ra   permanente a la comunidad debido a los trabajos que tienen en los centros   poblados o en las ciudades metropolitanas; ello da lugar a que se creen nuevas   relaciones de producción y de trabajo, reñidas con la lógica comunal. A ésto es   a lo que nosotros llamamos desmembración comunal por efecto de la diversificación económica.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por las reflexiones que vamos vertiendo, los municipios no son, como   dicen las personas con espíritu estatalizante, los lugares donde se realiza el   diálogo intercultural, los espacios de concertación, de coordinación   inter-institucional, de planificación y ma­nejo de recursos para desarrollar   las áreas rurales secularmente abandonadas (Medina, 1997). El sistema de   planificación nacional, de hecho, supone ciertos marcos de referen­cia,   diseñados conforme a la concepción dominante basada en la teoría del   «desarrollo humano», que no es más que la nueva forma de imposición de la   arbitrariedad cultural. Esto, que se denomina «planificación indicativa   nacional», baja de arriba abajo generan­do espacios de legitimación de la   imposición de la arbitrariedad cultural a niveles muni­cipales y locales a   través de la llamada «planificación participativa local», que va de abajo hacia arriba.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Entonces, la   planificación participativa no es ningún encuentro ni mucho menos un tinku   donde se confrontan concepciones distintas. Por el contrario, los municipios,   en tanto agentes intermediarios del Estado, sólo legitiman a las instancias   comunales y los planes de desarrollo diseñados conforme a la concepción de   desarrollo occidental. Por ejemplo, cuando los planificadores hacen el   levantamiento de demandas comunales, de entrada advierten que el mayor   porcentaje del presupuesto debe invertirse en saneamiento básico, educación,   salud y otros rubros de carácter social; de esta manera se ven nuevamen­te   relegados las proyectos productivos comunitarios como ser el fortalecimiento de   praderas nativas, preservación y conservación de aynuqas y otras obras que   fortalecen la base material de la identidad cultural. Por estas razones, el   «taypi» constituido por los espacios municipales sólo sirve para legitimar la propia exclusión de los comunarios.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Revisando las inversiones de los municipios a escala nacional, podemos   observar que el 95%, aproximadamente, ha ido a fortalecer a los pueblos o las   capitales del municipio. En estos resultados, es claro que han tenido que influir los actores que habitan en los pueblos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La concentración de recursos en los pueblos y capitales de municipio y   la no aten­ción a las comunidades campesinas, antes que unificar a las   comunidades las ha dividi­do, ha desmembrado aún más los antiguos ayllus que se   reunían en torno a la marca. Muchos ayllus que tenían un solo territorio de   donde usufructuaban varias comunidades, actualmente viven conflictos   permanentes en torno a su repartición. Entonces, ¿de qué fortalecimiento de los ayllus hablamos?.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte, la Ley de participación popular ha polarizado aún más   los antiguos con­flictos entre comunarios y vecinos. Esto se puede observar   cuando los últimos imponen a toda costa la realización de sus proyectos en los   pueblos y, producto de ello, muchas comunidades tienden a separarse del   municipio, pues se sienten usadas por los pueblos capitales de los municipios.   Es así que antiguas comunidades que tenían un solo sistema productivo, es   decir, donde varias comunidades compartían un mismo territorio, ahora se van   fragmentando. Hay una fuerte tendencia a separarse y consolidar sus territorios   propios y, si es posible, fundar un cantón para así pugnar por la fundación de   un nuevo municipio. A raíz de esto, varios munici­pios viven actualmente en   conflicto. A esto llamamos desmembración comunal por efecto de la Ley de Participación Popular.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Finalmente, los representantes de los   municipios, para seguir detentando el monopolio de su administración,   hábilmente han ido cooptando e incorporando a los campesinos para legitimar su   dominación. Ellos buscan intermediarios que les permitan llevar adelante con   mayor facilidad sus proyectos «pueblo centristas», hecho que va dividiendo   internamente a la comunidad entre aque­llos que apoyan los planes impuestos por el municipio y los que se resisten a ello.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>LA PARTICIPACIÓN POPULAR COMO NEGACIÓN DE LA AUTODETERMINACIÓN</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Estado, al apropiarse del discurso de   la plurimulticulturalidad y legalizar dicha pro­puesta. funcionaliza las   prácticas políticas comunitarias a la lógica estatal colonizante y las manipula   bajo los juegos de la democracia liberal, concretizando de esta manera, en   términos jurídicos, la tan soñada integración nacional. Podemos observar lo anterior en los propios objetivos de la Ley de Participación Popular (LPP):</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La presente Ley reconoce, promueve y   consolida el proceso de Participación Popular, articulando   a las Comunidades Indígenas, Pueblos Indígenas, Comunidades Campesi­nas y   Juntas Vecinales, respectivamente urbanas, en la vida jurídica, política y económi­ca   del país... Fortalece los instrumentos políticos y económicos necesarios para   perfec­cionar la democracia representativa, incorporando la participación   ciudadana en un pro­ceso de democracia participativa y garantizando la igualdad   de oportunidades en los niveles de representación a mujeres y hombres» (LPP, Artículo I<sup>o</sup>).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hemos discutido ya las maneras cómo la   LPP refuncionaliza los valores ancestrales, en   la medida que permite a la clase dominante legitimizar el crecimiento de su   capital cultural, social y simbólico, que deviene posteriormente en capital económico, o lo que Bourdieu lla­ma «mega capital». Por ello es que:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«Se define como sujetos de Participación Popular a las Organizaciones   Territoriales de Base, expresadas en las comunidades campesinas, pueblos   indígenas y juntas vecinales, organizadas según sus usos, costumbres o disposiciones estatutarias» (LPP, Artículo 3<sup>o</sup>., Inciso i)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Y como representantes de estas organizaciones indígenas reconoce a   Capitanes, Curacas, MaUcus, Secretarios(as) Generales y otros designados según   sus usos, costumbres y disposiciones estatutarias (LPP, Articulo 3<sup>o</sup>., Inciso ii)</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Aparentemente, para indígenas y comunarios, estas son medidas concretas   que permiten desarrollar sus prácticas colectivas y/o comunitarias   productivas-económicas y políticas, des­membradas a lo largo de la historia   colonial y republicana. Sin embargo, el reconocimiento legal de sus   organizaciones y representaciones de acuerdo a sus usos y costumbres, se ha   convertido en una mera simbología, vacía de su esencia. Los mallkus, jilaqatas   o curacas vestidos con chicote y poncho, símbolos evidentes de una organización   política comunal, van a avalar y/o legitimar con su presencia en las alcaldías,   la propia desmembración de la comu­nidad al aprobar proyectos que no fortalecen   las formas comunitarias de producción, o al no poder elegir bajo sus usos y   costumbres a sus representantes en los municipios que, en muchos casos, son ayllus desmembrados.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este sentido, las organizaciones y los representantes de las   comunidades son instrumentalizados en función de la economía y política   liberal, traducidas en la economía de libre mercado y la democracia   representativa. Por ello, este uso de los valores ancestrales se convierte en otra de las modernas formas de la «violencia simbólica».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De esta manera, el movimiento   campesino/indígena es enajenado de su propio discurso plurimultinacional y/o   autodeterminativo, el cual pasa a ser subsumido nuevamente a la lógica y/o   visión estatal. En este proceso, a diferencia de los intentos anteriores, la   clase dominante, heredera de los privilegios coloniales, hace participar a los   propios gestores del discurso plurimultinacional, es decir, a la «plebe india»   refinada y en alguna medida portadora del capital educacional   institucionalizado. Hace hablaren su propio idioma vernáculo acerca de las   transformaciones llevadas a cabo por la clase dominante. El lenguaje utilizado   de esta forma se convierte en un «capital lingüístico» (Bourdieu), ya que   permite legitimar la repro­ducción a nivel local de los espacios sociales coloniales jerárquicos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No hay, por supuesto, una sola manera de usar los valores de uso o   cosas existentes en la realidad, esto va variando históricamente de grupo en   grupo. Lo propio ocurre en cuanto a los usos sociales del lenguaje, la cultura,   costumbres, etc. En ese orden, los usos sociales que ha dado la clase dominante   contemporánea a los valores ancestrales, han servido para legitimar y preservar   las actuales estructuras de dominación. La refuncionalización de estos valores   se convierte entonces en la nueva forma de la estrategia de acumulación capitalista.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Estado, con la apropiación del discurso plurimulticultural y el   reconocimiento jurídi­co a los pueblos indígenas, ha dejado a estos últimos en   la perplejidad, sin discurso contesta­tario, limitados a peleas triviales sobre   la repartición de los recursos municipales o enredados en los conflictos   cotidianos de la corrupción; se reproducen así, a nivel rural, las mismas estructuras   y hechos sociales de las ciudades. En este sentido, parafraseando a Zavaleta,   se puede hallar de un vaciamiento ideológico   del movimiento campesino/indígena y de un en­sanchamiento de la emisión ideológica estatal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al enajenar de su discurso al movimiento campesino/indígena, el Estado   también niega la posibilidad de la   autodeterminación de las naciones originarias, que había sido el sueño no sólo   de un grupo, sino de una buena parte de la masa «india». Con la implementación   de la LPP, somete a los «indios» (actores enajenados de su voz ya que ahora,   localmente, ésta sólo se expre­sa a través del concejal, separación del cuerpo   y su voz, es decir, es un cuerpo sin voz que es la concepción occidental de la   democracia) a la lógica occidental, reproduciendo los mismos espa­cios   sociales, económicos y políticos, es decir, las mismas jerarquías coloniales,   concepciones urbanísticas de desarrollo y los mismos sistemas de elecciones. En   otras palabras, la soberanía de los pueblos originarios, de la que anteriormente hablamos, está en peligro.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La forma de implementar la política   basada en el sistema de elecciones para las autorida­des jerárquicas del   municipio, la concentración de recursos en obras propiamente urbanas y la   consiguiente emergencia de grupos de poder, son la negación de la posibilidad   de realización de losayllusen términos económicos y políticos. «Yaque el Ayllu,   la comunidad -dice Alvaro García- posibilita la reivindicación de la   autodeterminación frente al capital, frente al Estado burgués y ante la nación   dominante como una reivindicación antagónica a todos ellos» (Qhananchiri, 1989: 162).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los municipios se han convertido en una   especie de mini Estados locales, espacios sociales y políticos que han   legalizado el renacimiento y resurgimiento de grupos de poder y de ciertas   estructuras burocráticas, inexistentes abiertamente antes de las reformas y   actual­mente con atribuciones expresas de dominio. Son grupos de poder   legalmente autorizados a imponer exacciones económicas como son los impuestos a   las tiendas o distintos patrimonios económicos que antes pasaban desapercibidos   para el Estado. Además, so grupos que so­cial mente elaboran sus propias   estrategias y formas de selección y exclusión social, es decir, que generan sus   nuevas formas de dominación. Con ello, refundan y reproducen en el área rural los espacios sociales jerárquicos existentes en las ciudades.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La reestructuración de las jerarquías locales y de dominación con la   implementación de la Ley de Participación Popular, ha significado para las   comunidades la continuación y profundización más disimulada de la   desestructuración que ya padecían, aparte de la nega­ción de su posibilidad de   poder construir una sociedad sin estado o una sociedad donde no haya jerarquías de dominación como ocurría en los ayllus.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este sentido, el replanteo de la memoria larga (Rivera), es decir,   la retoma de las luchas autodetermimstas de Katari y Willca o la resurrección   de la comunidad/ayllu, aunque no en su forma vieja, ya agotada, sino   rejuvenecida y renovada, está nuevamente puesta en peligro por una colusión de   poderosos intereses. Está a punto de ser sojuzgada a los actos de sumisión, de obediencia, creando sujetos con un espíritu de boliviano-conformidad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para salir de esta nueva forma de sumisión*y obediencia, a la comunidad   no le queda otro camino que continuar luchando, es decir, seguir practicando   las formas co­munales y territoriales de producción y no abandonar sus   prácticas políticas basadas en los sistemas de rotación y sucesión, ya que   éstas son antagónicas a la propiedad privada y la democracia. De estas   prácticas aún puede resucitar la lucha por la autodetermina­ción, que fue el sueño de la «masa india».</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La autodeterminación,   para los comunarios e indígenas, no significa la independencia estatal del   estado boliviano dominado por la minoría blancoide, sino construir una   formación social o sociedad sin estado, ya que el Estado siempre implica la   existencia de jerarquías sociales de dominación. Se trata, entonces, de   desarrollar la comunidad donde precisamente no existen clases ni espacios   sociales jerárquicos. La comunidad es el lugar donde existen suficientes   prácticas comunitarias y colectivas, tanto en términos productivos como   organizativos, bases suficientes para construir una sociedad comunitaria que   subordine o subsuma lodos los avances científicos y tecnológicos de la   modernidad. Por ello, la autodeter­minación tampoco es entendida como el   retorno al ayllu antiguo, que solamente existe ya de manera fragmentaria;   consiste, más bien, en poner a la comunidad en un estado normal sobre su base   actual, dar un salto del manejo colectivo comunal local al manejo colectivo   comunal a gran escala, incorporando todos los avances positivos logrados por el sistema capitalista.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. Docente de la Carrera de Sociolog&iacute;a - UMSA.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. En   un intercambio de ideas con Alvaro Garcia Linera. respecto a las identidades   culturales, llegamos a la conclusi&oacute;n de que todos los escritos no hacen   referencia a que en la historia del movimiento campesino indigna hubo una   renuncia a su ser como identidad y una</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">seria   apuesta por incluirse al Estado dominante.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. En   la pel&iacute;cula &laquo;La Naci&oacute;n Clandestina&raquo; un campesino se cambia de apellido de   Mamani en Maesman; este compa&ntilde;ero desconoc&iacute;a su identidad y al final, es   votado de la comunidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. El Mallcu o Jilaqata como autoridad comunal m&aacute;xima siempre recae en el   originario (es el que tiene tienus grandes), por ello tambi&eacute;n</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">los gastos econ&oacute;micos que le corresponden son mayores en relaci&oacute;n a   otros cargos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. &quot;El habitus -dice Bourdieu- es el generador de pr&aacute;cticas objetivamente   enclasables y el sistema de enclasamiento de esas pr&aacute;cticas. Es en la relaci&oacute;n   entre las dos capacidades que definen al habitus la capacidad de producir unas   pr&aacute;cticas y unas obras enclasables y la capacidad de diferenciar y de apreciar   estas pr&aacute;cticas y estos productos (gusto) donde se constituye el mundo social   representado,</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">esto     es, el espacio de estilos de vida&raquo; (Bourdieu, 1988, 169).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>BIBLIOGRAFIA</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Albó Xavier: Pueblos indígenas Vs. Colonialismo Intelectual. En: Rev UNITAS No. 8. 1992.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Bourdieu Pierre:. Passeron Jean Claude: La Reproducción Elementos Para una Teoría del Sistema</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">&nbsp;de Enseñanza. Ed. Fontamara. 1979.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Bourdieu Pierre: El Sentido Práctico. Ed. Taurus Humanidades. 1991</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Calderón Fernando y Lasserna   Roberto: Paradojas de la Modernidad: Sociedad y Cambios en Bolivia.&nbsp; Ed. Milenio y CERES. 1995</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cárdenas Vfctor Hugo: De la Asamblea popular a la Asamblea de Nacionalidades. (Inédito) 1992.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cuadros Diego (Comp): La Revuelta de las Nacionalidades. UNITAS. 1991.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Díaz Polanco Héctor: Autonomía Regional: La Autodeterminación de los Pueblos  Indios. Ed. Siglo XXI. México.1991.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Foucault Michel: Hermencútica del Sujeto. Ed. La Piqueta. 1987.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Foucault Michcl: Genealogí&quot;, del Racismo. Ed. Altamira. 1996.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Garcfa Linera Alvaro: Crítica de la Nación y   Nación Crítica Naciente. Ed. Ofensiva Roja. La Paz-Bolivia.1990.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">García Linera Alvaro: «Plurl-Multismo)) o Vergonzoso   Asimilacionismo Burgués. En: Cuadernos de Discusión No. l. Chonchocoro Bolivia. 1991.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Garcfa Linera Alvaro: Naciones Originarias y   Emancipación social. En: Cuaderno de Discusión No.5. Chonchocoro-Bolivia. 1994.</font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Xavier]]></surname>
<given-names><![CDATA[Albó]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pueblos indígenas Vs. Colonialismo Intelectual]]></article-title>
<source><![CDATA[Rev UNITAS]]></source>
<year>1992</year>
<numero>8</numero>
<issue>8</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pierre]]></surname>
<given-names><![CDATA[Bourdieu]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Passeron Jean Claude: La Reproducción Elementos Para una Teoría del Sistema de Enseñanza]]></source>
<year>1979</year>
<publisher-name><![CDATA[Ed. Fontamara]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pierre]]></surname>
<given-names><![CDATA[Bourdieu]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El Sentido Práctico]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-name><![CDATA[Ed. Taurus Humanidades]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Calderón]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fernando]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Lasserna]]></surname>
<given-names><![CDATA[Roberto]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Paradojas de la Modernidad: Sociedad y Cambios en Bolivia]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-name><![CDATA[Ed. Milenio y CERES]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cárdenas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Victor Hugo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[De la Asamblea popular a la Asamblea de Nacionalidades. (Inédito)]]></source>
<year>1992</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cuadros]]></surname>
<given-names><![CDATA[Diego]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[): La Revuelta de las Nacionalidades]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-name><![CDATA[UNITAS]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Díaz Polanco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Héctor]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Autonomía Regional: La Autodeterminación de los Pueblos Indios]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-name><![CDATA[Ed. Siglo XXI]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foucault]]></surname>
<given-names><![CDATA[Michel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hermeneútica del Sujeto]]></source>
<year>1987</year>
<publisher-name><![CDATA[Ed. La Piqueta]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foucault]]></surname>
<given-names><![CDATA[Michel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Genealogía del Racismo]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-name><![CDATA[Ed. Altamira]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[García Linera]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alvaro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Crítica de la Nación y Nación Crítica Naciente]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[La Paz ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ed. Ofensiva Roja]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[García Linera]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alvaro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pluri-Multismo o Vergonzoso Asimilacionismo Burgués]]></article-title>
<source><![CDATA[Cuadernos de Discusión]]></source>
<year>1991</year>
<numero>l</numero>
<issue>l</issue>
<publisher-loc><![CDATA[Chonchocoro ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[García Linera]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alvaro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Naciones Originarias y Emancipación social]]></article-title>
<source><![CDATA[Cuaderno de Discusión]]></source>
<year></year>
<numero>5</numero>
<issue>5</issue>
<publisher-loc><![CDATA[Chonchocoro ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
