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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Sociológicas Mauricio Lefebvre (IDIS) de la Carrera de Sociología]]></publisher-name>
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</front><body><![CDATA[ <p align=right><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align=right>&nbsp;</p>     <p align=center><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>NOTAS   SOBRE LA ESTRUCTURA AGRARIA DEL DEPARTAMENTO DE LA PAZ</b></font></p>     <p align=center>&nbsp;</p>     <p align=center>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Danilo Paz Ballivián*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En las   líneas que siguen, con el objeto de dar un panorama económico y social de la   cuestión agraria en un tiempo histórico que abarca desde el Incario hasta   nuestros días en lo que es hoy el departamento de La Paz, optamos por un   análisis más bien sociológico de cortes estructurales, es decir, ver la   situación en cuatro momentos al parecer definitorios: el Incario antes de la   Conquista Española, la Colonia en las postrimerías de la Guerra de   Independencia, la estructura agraria inmediatamente anterior a La Revolución   Nacional de 1.952 y, por últi­mo, la economía campesina de La Paz en la actualidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Haciendo   un paralelo con la ciencia médica, se trata de realizar una tomografía de un   proceso histórico como pauta para la interpretación de la realidad, siempre   compleja, recu­rriendo a estudios propios y otros apropiados al objetivo trazado.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>EL INCARIO<sup>1</sup></b><sup></sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Considerando   el concepto de formación económica-social, que en su realización concre­ta y   particular da cuenta de las relaciones económicas y sociales de una sociedad   determinada en el tiempo y en el espacio, diremos para concretar el tiempo que   es la última fase de la dominación incaica o tiempo inmediatamente anterior a   la conquista española iniciada el año 1.532. En cambio, el espacio es el   Tawuantinsuyu que en su estimación más realista abarcó alrededor de 1.800.0Ü0   Km2, siendo sus límites el río Ancasmayo al norte, el río Maure al sud, la   costa del pacífico al oeste y al este la vertiente occidental de Los Andes   (Condarco 1.968). Para el interés del momento, involucraba prácticamente lodo el actual departamento de La Paz dentro del Kollasuyo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La formación del Tawantinsuyo, antes de   la conquista hispánica, fue una etapa compleja en la que coexistieron varios   modos de producción: Ayllus o comunidades, Reinos Menores y el propio Incario,   donde el último era predominante y condicionaba a los demás a su propia reproducción.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Antes que el Incario someta al poder del Estado a comunidades locales,   como en otras oportunidades en menor grado de desarrollo lo habrían hecho otros   reinos e imperios andinos (Tiahuanacu, Chimu, etc.), éstas contenían en su seno   un conjunto de familias unidas por vínculos de parentesco, donde cada familia   era la unidad de distribución de la tierra a titulo de posesión en las sayañas de uso privado y en las aynocas de uso colectivo rotatorio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   propiedad comunitaria de la tierra cultivable del ayllu se extendía a la   propiedad colecti­va de las aguas, tierras de pastoreo y bosques, resultando   que la apropiación familiar de la cose­cha y los frutos por medio del trabajo   sólo era posible en cuantos miembros de la comunidad. La producción de los   ayllus en este estado de desarrollo permitía un «sobrante», destinado al depó­sito   común como seguro para desastres y para gastos del culto religioso y la defensa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin embargo, cuando el Inca conquistaba una región «se enseñoreaba dice   Garcilazo- de todo lo que en ella había, así de las tierras como del ganado»   (Garcilazo, 1973). De este modo, la propiedad total en sentido «eminente» era   del Estado, representado por el Inca, que distri­buía a través de la fórmula   variable, según la riqueza y naturaleza de las comunidades, asig­nando dos   partes al Estado y la Iglesia y una a la comunidad. El Estado exigía a las   comunida­des sometidas el cultivo comunitario de las tierras apropiadas, a   través de la minga y otras labores eventuales por turno, para la construcción   de acueductos, puentes, caminos, explotación de minas, construcción de tambos y trabajos en las tierras de la Aristocracia mediante la mita.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Luego, diversos ayllus estaban unidos en dependencia de uno de ellos   formando en su conjunto una Jefatura que, a su vez, al unirse con otras, formaban lo que aquí denominamos Reinos Menores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La organización económica de estas unidades étnicas grandes se reproducía   en general del siguiente modo: en el marco del Ayllu, base última de estos   Reinos, las familias eran responsables de la mantención de los huérfanos,   ancianos y viudas y de cumplir con las obli­gaciones hacia el Kuraca; debiendo   cultivar sus tierras, pastar sus ganados, servicios conoci­dos como la mita. A esto   se suma que los Señores de los Reinos tenían también derechos sobre la fuerza   de trabajo en cada Jefatura; éstos debían a los Señores un número determinado   de unidades de cultivo (tupos). Los Reyes también demandaban a los ayllus, a   través de sus jefes, la mita, que les aseguraba por turno gente dedicada al   pastoreo de sus rebaños. En este caso, es más difícil explicar las relaciones   retributivas, no obstante también daban coca, lana y otros productos   alimenticios para que se cumplan las tareas. Por último, disponían de otro tipo   de energía humana permanente, la de las yanas, que cumplían la labor de   pastoreo y procura de productos de otros climas. Los yanas era gente que dejaba   de pertenecer a los Ayllus, para pertenecer a esos Señores como una forma de propiedad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estos Reinos Menores, en las postrimerías del Imperio Incaico, estaban   sometidos al Estado, el cual transforma sus relaciones internas desde el   momento en que el Inca se consti­tuye en el   propietario de las tierras y asigna una parte de éstas a las comunidades, otra   al Estado y otra finalmente a la Iglesia.   Compleja distribución de tierras de cultivo y pastoreo, que no   llega a la destrucción de los Reinos, los cuales siguen ejercitando sus   antiguas relacio<b>­</b>nes   que les permite la disposición de energía humana, pero que, una   vez más, sumó a las comunidades locales nuevos tributos, el cultivo de tierras   destinadas al Inca y al Sol, exigidos como es lógico por el Inca a través de   los Reyes a las Jefaturas que finalmente exigen a los Kuracas naturales representantes de los ayllus.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En sus   orígenes el Incario habría conformado un Reino circunscrito a la centralización   de comunidades asentadas en el Cuzco. Situación que en su desarrollo permitió   lanzarse a la conquista de Ayllus, Jefaturas y Reinos, cada vez más grandes y   alejados del centro del poder, consolidando cada vez más el Estado Cusqueño su   poder y dominio. Desarrollo imperial que sólo es explicable con la marcha   paralela de la organización suprema: el Estado, representado en última instancia en el Inca.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo más   sorprendente, sin embargo, es que las relaciones de explotación impuestas por   el Estado se realizaban con características semejantes a las antiguas formas de   retribución andina, ya que tanto la mita como la minga estatal se desarrollaban   como señala Murra: «el trabajo, vale decir, la energía de los campesinos, era   accesible al Estado, por encima de -aunque de manera similar- a las tareas y   obligaciones que debían a su ayllu y a su Kuraca. Si proyecta­mos esta   obligación a nivel nacional, vemos que los mitayos no proporcionaban semillas,   herramientas, ni traían sus comidas. Todo esto quedaba a cargo de la   «generosidad institucionalizada» del Estado, la Iglesia o el grupo que se beneficiaba con su esfuerzo» (Murra, 1975).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El Estado, fuera de cumplir las funciones de explotación (cobro de   tributo), se caracteri­zaba por el rasgo particular de cumplir funciones   económicas concretas: construcción y man­tenimiento de diques y canales,   andenes de cultivo, etc. «Habiendo conquistado el Inca, cual­quier reino o   provincia -dice Garcilazo- mandaba a que se aumenten las tierras del labor,   para lo cual mandaba a traer ingenieros de acequias de aguas. En los cerros y   laderas que eran de buena tierra, hacía andenes para allanarlos como se ve en el Cusco y en todo el Perú» (Garcilazo, 1973).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La transferencia de ayllus íntegros o mitimaes, es tal vez la práctica   más nueva que estableció el Estado Inca de los que Garcilazo señala: «todos   estos indios, trocados de esa manera llaman mitma hacia los que llevan como a   los que traían, quiere decir, trasplantados o advenedizos, que todo es uno» (Garcilazo, 1973).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es posible sostener que, a nivel de lo que hoy constituye el   departamento de La Paz, en un momento anterior a la conquista hispánica, las   formas productivas descritas tenían entera vigencia. En primer lugar, los   Señoríos Aymaras dominados por el Incario estuvieron asenta­dos en el área de   influencia del lago Titicaca y el río desaguadero, en la cuenca cerrada del   altiplano. Estos mismos reinos, jefaturas y ayllus tenían, dependiendo de su   tamaño, dominios en otros pisos ecológicos para procurarse maíz de los valles,   coca de los yungas y ganadería camélida de las zonas alto andinas. Por otra   parte, la tecnología agrícola de las terrazas de cultivo, aprovechando las   pendientes y los sucacollos que garantizaban la humedad del suelo y prevenían las heladas, ya fue practicada con anterioridad desde la época tiahuanacota.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los   enclaves quechuas existentes en los valles interandinos del departamento son,   según evidencias, resultado de trasplantes poblacionales de mitimaes, que   practican hasta hoy téc­nicas de producción agropecuaria típicamente incas. Por lo demás, se hallan quechuas en Apolo que pudieron tener el mismo origen.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>LA MITA COLONIAL<sup><sup>2</sup></sup></b><sup><b><sup></sup></b></sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Desde   el mismo descubrimiento del Cerro Rico de Potosí en 1545, progresivamente toda   la economía regional se fue articulando en torno suyo. En la prolongada etapa   colonial, la producción de Potosí superó a la de sus competidores mexicanos de   Zacatecas y Guanajuato juntos. La mayor producción de Potosí fue alcanzada de   1591 a 1600, la menor entre 1731 y 1740 recuperándose posteriormente, sólo de forma parcial, en la década de 1791 a 1800, es decir, al final de la Colonia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Enrique   Tandeter señala que: «A lo largo de la década de 1570, a través de sucesivas   disposiciones el virrey Francisco de Toledo organizó la mita, la famosa   migración anual forza­da de 13.000 indígenas con sus familias que debían   trabajar en la minería potosina por salarios inferiores a los prevalecientes en   el mercado. En esos mismos años se introdujo en Potosí el método de refinación   por amalgama con mercurio que posibilitaba el aprovechamiento de minerales menos ricos que los trabajados hasta ese momento» (Tandeter, 1992).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El virrey Toledo sentó las bases de todo el sistema colonial en los   Andes, reglamentando el establecimiento de las reducciones indígenas, el   ordenamiento del cobro del tributo por parte de la Corona y, tal vez lo más   importante, la migración anual forzada o mita. Para asegu­rar el éxito en el   reclutamiento de la mita, abandonó sus intenciones originales de reemplazar a   las autoridades indígenas en el gobierno de las comunidades. En efecto, según   Tandeter: «La indicación más clara de la necesidad de Toledo de contar con las   estructuras tradicionales de liderazgo indígena para el reclutamiento de la   mita se encuentra en el nombramiento de seis Capitanes Generales Indígenas   luego aumentados a once, como responsables de la migra­ción anual» (Tandeter,   1992). Era un tácito reconocimiento de los Reinos Menores Andinos, tanto para   otorgar a sus integrantes en encomienda como para la delimitación de   corregimientos. En 1578, el virrey Toledo determinó que estaban obligados a   concurrir cada año a Potosí un número fijo de tributarios indígenas de sexo   masculino, entre 18 y 50 años, de una lista perte­neciente a 16 provincias con   el centro en el Altiplano, extendida hacia el oriente hasta Chichas, Chayanta y Cochabamba, y hacia el norte más allá de la división del Collao y el Cusco.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para el   caso del departamento de La Paz, la mita incluía a todas las áreas pobladas de   las actuales provincias de Saavedra, Camacho, Muñecas, Larecaja, Omasuyos, Los   Andes, Ingavi, Murillo, Loayza, Gral. Pando, Pacajes, Inquisivi, Aroma, Villarroel y Sur y Ñor Yungas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La mita   atravesó, en más de dos siglos, procesos de cambio y articulaciones correspon­dientes   a las altas y bajas de la explotación de la plata potosina. «A lo largo del   siglo XVII - dice Tandeter- los Kuracas reiteraron su impotencia frente a la   tarea de reclutar la mita en los niveles requeridos por las autoridades   coloniales. Y más allá del control que hayan ejercido algunos Kuracas sobre los   migrantes, se percibe una progresiva imposibilidad de su parte para cumplir los   reclamos de los empresarios potosinos, ya fueran en trabajadores o en dinero   para compensar ausencias, lo que se reflejó en la caída de la mita efectiva durante la segunda mitad del siglo» (Tandeter, 1992).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo   cierto es que la renta mitaya puso en cuestión la propia reproducción de la   comunidad indígena. «La mita constituye -dice Tandeter- un ejemplo peculiar de   renta en trabajo en el que no sólo la mantención y la reproducción de la fuerza   de trabajo sino aún su reposición corrían a cargo de las comunidades de origen.   El problema de la mantención de las familias migrantes se planteaba desde el   momento mismo de la partida del pueblo (-). Ante la insufi­ciencia de lenguajes   y salarios para hacer frente a la mantención de los migrantes durante su   ausencia de la comunidad de origen, estos deberían transportar consigo a Potosí   víveres y vestidos para todo el período de tanda. Este se prolongaba entre doce   y catorce meses, según la distancia que separaba sus pueblos de la Villa» (Tandeter, 1992).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El mitayo debía enfrentar nuevas dificultades   a su regreso de Potosí. Los representantes del estado colonial le reclamaban el   pago simultáneo del tributo acumulado en su ausencia. Todas estas   circunstancias dieron lugar a formas de eludir el servicio en Potosí; la forma   más general fueron las migraciones desde las zonas obligadas a las exentas o de   forasteros en el sur andino. También existían otras formas menos radicales: «La   exención de la mita podía lograrse, por ejemplo, mediante un pago de moneda al   cacique encargado de establecer la lista de los futuros migrantes. Mediante   este mecanismo parece haberse consolidado una es­pecie de tributo anual sui   generis que el cacique recaudaba regularmente entre los miembros mis acomodados de la comunidad» (Tandeter, 1992).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por otra parte, los empresarios azogueros reclamaban pagos   compensatorios a los corregidores, quienes transmitían la demanda a los   caciques, bajo el argumento de que sólo el pago monetario podía compensar la falta de un mitayo, aunque este procedimien­to fue siempre ilegal.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los   antecedentes expuestos muestran dos hechos básicos. Primero, que la impor­tancia   de los Señoríos Aymaras, denominados también Reinos Menores, en la Colonia   mantuvieron su vigencia y control sobre las comunidades indígenas, ciertamente distinta a su poderío durante el Incario.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La mita   impuesta por el Inca como un tributo en trabajo por turnos de los pueblos   conquistados, sirvió de base para la implantación de la mita colonial. La   fuerza de traba­jo ya no fue destinada a la construcción de caminos, sistemas   de riego, terrazas de culti­vo o grandes ciudades, sino a la explotación y   procesamiento de la plata de Potosí. En este contexto, los territorios del   actual departamento de La Paz fueron de primera im­portancia, desde el momento   en que involucraban en mayor o menor grado todo su territorio, que comprendía el Altiplano Norte y Sur, los Valles Interandinos y los Yungas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   segundo hecho fue la gran transformación de las formas productivas de las co­munidades   indígenas, las que en adelante se vieron obligadas a cubrir las demandas del   tributo indigenal a la Corona y las propias de la mita potosina. Los caciques   fueron transformados en intermediarios de la Corona, por un lado, y por otro,   se obligó a los comunarios a destinar excedentes de producción y fuerza de trabajo   fuera de los lugares de origen, fenómeno que en su remate determinó migraciones   a zonas exentas de tributo o a haciendas con patrones que ya se fueron   constituyendo. Aquí debe señalarse que la hacienda en la época colonial no se   desarrolló plenamente porque en forma necesaria tuvo que establecerse en contra de la Corona que basó su explotación en la comunidad desde el virrey Toledo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin duda, en más de dos siglos, la estrategia de dominio del espacio y   de complementariedad alimentaria, denominada control vertical de varios pisos   ecológicos por el etno historiador John Murra, ejercitada ancestralmente por el   mundo andino, también sufrió una desestructuración fundamental. Por otra parte,   la tecno­logía agrícola propia de las terrazas, sucacollos y sistemas de   regadío fue progresiva­mente abandonada, porque la mita, como modo de   producción dominante, subaltemizó la producción agropecuaria en función de los requerimientos tributarios de la Corona en fuerza de trabajo y dinero.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ESTRUCTURA AGRARIA DEL DEPARTAMENTO DE LA PAZ: 1950</b><sup><b><sup>3</sup></b></sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A   fuerza de repetir la generalidad de que antes de la Revolución Nacional de   1.952 la agricultura boliviana en general y particularmente del departamento de   La Paz era feudal, se pretende borrar la compleja estructura económica   prevaleciente hasta ese momento. En este sen­tido, se hace necesario destacar   dos hechos básicos: primero, dar cuenta de las varias relaciones productivas   existentes en el agro y, segundo, determinar cómo éstas se hallaban dominadas   por el capital minero e industrial en el entorno de la formación económica de la época.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una   observación de los datos del Censo Agropecuario de 1.950 (ver cuadro 1), nos   demues­tra que efectivamente existían varios tipos de relaciones de producción   en el departamento de La Paz. Considerando el tipo de relación productiva y la   superficie total y cultivada disponible, podemos afirmar que las haciendas   basadas fundamentalmente en la renta de la tierra en trabajo (Operador con   Colonos), eran la forma productiva predominante. En efecto, 3.311.167 has. per­tenecientes   a 1.958 terratenientes se reproducían bajo el sistema de explotación de la   «servidum­bre», en el que se imponía al productor la obligación de cumplir   servicios de trabajo en las tierras de dominio del hacendado, además de otros servicios personales que variaban de zona a zona.</font></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/rts/n21/a04t1.jpg"></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   segundo lugar, prevalecía en el agro paceño la relación de producción propia de   las comunidades indígenas o Ayllus. 1.131 comunidades cultivaban el 42,17% del   total de la superficie cultivada del departamento y eran propietarias de 3.009.561 has.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En las comunidades la relación de producción era de una «economía   natural» autosuficiente, en la que se observaban relaciones de cooperación y la   coexistencia de la propiedad privada y colectiva de la tierra. Situación que no   excluía una diferenciación social interna, proporcional al mayor o menor acceso a ambos tipos de propiedad por las diferentes familias del Ayllu.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En tercer lugar, figura la relación productiva de la «pequeña   producción libre» (Operador Solo), constituida por pequeñas propiedades de   productores directos basados en el trabajo familiar, que producían para el   mercado luego de cubrir sus medios de subsistencia. Estos representaban sólo un 4% de la superficie total cultivada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Finalmente, encontramos algunas   propiedades medianas y pequeñas, en las que el terra­teniente explotaba al   productor directo por los sistemas de «Arriendo y Aparcería» (Arrenda­tarios y   Medieros), que cultivaban menos del 3% de la tierra total cultivada del departamento, </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">sumando 701 productores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este caso, prevalecía «el sistema de aparcería, en el que el   cultivador (arrendatario) pone además del trabajo (propio o ajeno), una parte   del capital de explotación y el terratenien­te, además de la tierra otra parte   del capital necesario para la explotación dividiéndose el producto en determinadas proporciones entre el aparcero y el terrateniente» (Marx, 1976).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En esta última categoría también se incluyen los casos de renta en   dinero estricto, es decir, el pago de dinero que efectuaba el productor al terrateniente por el uso de sus tierras.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El segundo punto a considerar, es cómo se articulaban estas varias   formas productivas en el entorno de la formación social boliviana en el momento   anterior a la Reforma Agraria, la misma que cambió radicalmente la estructura prevaleciente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En este sentido, cabe señalar en primer término, que la más importante   relación productiva existente, es decir, la hacienda dominantemente «servil»,   basada en la renta de la tierra, se articulaba a la economía nacional en su   conjunto a través de una subordi­nación de esta por el capital. Articulación   que suponía siempre una transferencia de valor de la forma productiva descrita   a la minería y el sector fabril. Los mecanismos principales de transferencia   eran de dos tipos: mediante el mercado, proporcionando mercancías por debajo de   su valor, que en definitiva permitía a los empresarios una in­versión baja en   salarios y a través de transferencias directas de los hacendados de una parte de la renta de la tierra a los sectores del comercio y la minería.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La otra forma   productiva predominante, la existente al interior de las comunidades origi­narías o indígenas, no obstante de su relativa   autarquía interna, estuvo incorporada al mercado desde   la época colonial, mediante la mita minera y la tasa en dinero entregada por   los «Kurakas» al Estado. En la República, y a pesar de los decretos de Bolívar,   la tributación de las comuni­dades al Estado persistió, fenómeno que demuestra   la explotación a la que estuvo sujeta esta organización ancestral por el   aparato del Estado y como tal al empresariado minero e indus­trial dominante en la formación social boliviana de la época anterior a la Reforma Agraria.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   presencia de haciendas «serviles» y de comunidades originarias, se observa en   todas las provincias del departamento de La Paz exceptuando Ñor Yungas, donde   el Censo Agropecuario de 1.950 no registra ninguna comunidad indígena (ver cuadro No. 2).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La mayor   presencia de haciendas se hallaba en las provincias de Larecaja, Inquisivi y   Sud Yungas, siguen en importancia las provincias de Murillo, Omasuyos, Muñecas,   Loayza y Los Andes y, finalmente, con un número bajo de haciendas, se encontraban   las provincias de Pacajes, Camacho, Caupolicán, Ingavi, Aroma, Ñor Yungas, Iturralde, B. Saavedra y Manco Kapac.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las comunidades indígenas del departamento de La Paz, que sumaban 1.131   en 1.950, estaban ubicadas primero en las provincias de Murillo, Pacajes y   Aroma, luego en las provin­cias de Omasuyos, Camacho, Larecaja, Ingavi, Loayza,   Los Andes y Manco Kapac, y por último, con un número menor de comunidades, se   hallaban las provincias de Muñecas, Caupolicán, Inquisivi, Sud Yungas, Iturralde y B. Saavedra (ver cuadro No. 2).</font></p>     <p align=center><img src="/img/revistas/rts/n21/a04t2.jpg"></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><br clear=ALL> </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo primero que llama la atención sobre las haciendas del altiplano   paceño, en com­paración con unidades productivas de este tipo en el resto del   país, es su gran tamaño. Clark señala: «Dentro de un radio de 6 horas de viaje   de la ciudad de La Paz (exceptuan­do Yungas y los valles del río de La Paz),   tenían un grado de concentración de grandes propiedades de las más grandes de   Bolivia» (Clark, 1970). Sin embargo, en relación inversa, la tierra controlada   directamente por el patrón no representa sino aproximada­mente una cuarta parte de la superficie total de la hacienda.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La desproporción de la superficie controlada por los colonos frente a   la del propie­tario tiene explicación, sobre todo, en el hecho de que las   haciendas de esta región se erigieron sobre comunidades indígenas fuertemente   organizadas. La parte del territorio explotada por los colonos para su   beneficio, seguía basándose en las formas antiguas de acceso a la tierra, es   decir, la sayaña bajo control de cada familia comunitaria, las tierras de pastoreo de uso colectivo, y la «aynoka», que   combinaba el uso particular y colectivo rotatorio.   Sobre esta base, el propietario determinaba la magnitud del pago de la renta en trabajo en sus dominios. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   hacienda se vinculaba con el mercado de la ciudad de La Paz y algunos centros   mine­ros ubicados en la zona sólo a través de la venta de dos o tres productos,   cereales y tubérculos principalmente, pero los colonos estaban excluidos de esa   relación mercantil, ya que otro elemento característico de este tipo de   hacienda era el monopolio comercial del patrón. Al respecto, Clark señala: «El   terrateniente tenía la responsabilidad exclusiva de la comercialización de la   producción. Los campesinos de la hacienda sólo participaban en los mercados rurales limitándose al trueque de sus productos» (Clark, 1970).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En los   valles de Río abajo, Calacoto, Sapahaqui y Luribay, la característica dominante   fue la existencia de un mayor número de terratenientes con superficies menores   que las del Altiplano, fruto de una mercantilización y subdivisión de la   tierra. Demostrativo de la exten­sión limitada de las haciendas es el hecho de   que una gran cantidad de ellas no fueron afecta­das totalmente por la Reforma   Agraria. Clark, basado en una investigación, señala: «Había un mayor número de   terratenientes con tierras menos extensas, lo que posteriormente significó que   un número importante de ellos se quedara con parte de la propiedad (es decir no hubo total expropiación)» (Clark, 1970).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En aparente contradicción, prevalecía de modo dominante la renta en   trabajo. En realidad, el dominio del hacendado había adquirido la fuerza   suficiente como para de­terminar que la producción mercantil, principalmente de   la uva y otros frutos, fuera exclusiva de las tierras directamente controladas   por el patrón, marginando las tierras de los colonos al cultivo de productos   para el auto subsistencia. Señalando los cambios pro­ducidos en esta zona por   la Reforma Agraria, Clark anota que «Los campesinos empeza­ron pronto a   cultivar productos que antes fueron exclusivos de la hacienda (uva, también   frutas). Cambio que creó las condiciones para que los rescatadores compren directamen­te la producción a los campesinos (Clark, 1970).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La situación de la hacienda en los Yungas semitropicales es algo   distinta. Durante la Colo­nia, se había fracturado la complementariedad de la   comunidad indígena asentada en el Altiplano con sus dominios en zonas   apropiadas para el cultivo de la coca, de modo que el surgimiento de la   hacienda se basó en la disolución de la comunidad en sentido estricto, fenómeno   que permite explicar el dominio alcanzado por el hacendado en estas zonas. Si   bien el terrateniente no pudo, como en los valles, decidir un monopolio de   producción mercantil en sus dominios directos y una producción de auto   subsistencia en la de los colonos, de igual modo pudo mantener al explotado   margi­nado del mercado, constituyéndose él mismo en comerciante monopólico de   la producción. Clark señala: «En los Yungas los terratenientes tenían un   control casi absoluto sobre la comercialización, muchos de ellos eran   compradores y agentes de exportación (coca, café)» (Clark, 1970). El monopolio   de la comercialización de la producción guarda relación directa tanto en los   Valles como en los Yungas de La Paz, con la persistencia dominante de la explotación vía la renta en trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ECONOMÍA CAMPESINA ACTUAL DEL DEPARTAMENTO DE LA PAZ</b><sup><b><sup>4</sup></b></sup></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Después   de 45 años de La Reforma Agraria, se generalizó la pequeña producción   parcelaria junto a un débil desarrollo de la empresa agraria típicamente   capitalista. La primera, sobre todo en el área tradicional del altiplano, los   valles y las zonas de colonización, y la segunda, en el área integrada de Santa   Cruz y las pampas benianas, lo que no quiere decir que secundaria­mente no se   encuentren empresas agropecuarias medianas y grandes en las diferentes regiones agroecológicas del país.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el   caso del departamento de La Paz, la unidad económica campesina, manteniendo   rasgos de organización comunitaria, se ha constituido en la forma productiva   predominante que involucra a los productores de las ex haciendas, comunidades   originarias y asentados en las áreas denominadas de colonización. Todos ellos   en mayor o menor grado participan en el mercado vendiendo productos   agropecuarios además de auto consumir una parte de su pro­ducción. Se estima a   nivel nacional y con mayor razón a nivel departamental, que más del 65% de la   demanda alimentaria está cubierta actualmente por la economía campesina y el restante por la empresa agraria nacional y las importaciones.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Debemos   estar de acuerdo que, cuando hablamos de economía campesina, estamos defiriéndonos   a la unidad familiar de producción y consumo, es decir en términos más amplios,   podríamos definirla, como una estrategia de supervivencia y reproducción, que   incluye even­tualmente actividades no agrícolas, como artesanía y la venta eventual de fuerza de trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo que sucede es que la familia campesina realiza un balance entre sus   necesidades de producción y consumo, determinadas en parte por los patrones   culturales de satisfacción de necesidades básicas y también por el momento en   que se encuentra en el ciclo de expansión doméstica. Esto quiere decir que las   familias en las que predominan los consumidores frente a los productores   requieren un mayor esfuerzo de estos últimos. Al contrario, las familias en las   que predominan los productores en relación a los consumidores podrán combinar de manera más flexible la estrategia de reproducción familiar.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Otra   característica de la economía campesina es que ésta desarrolla su proceso   productivo de tal manera de obtener un cierto volumen de bienes, destinados   parcialmente al auto subsistencia y parcialmente al mercado, demostrando que la   mercantilización no es, ni mucho menos, exclusi­va de la economía empresarial.   Sin embargo, la participación en el mercado pone al campesino ante nuevas   formas de extracción de excedentes. En primer término, el mercado no puede   recono­cer los altos costos de producción de los campesinos, por lo que cada   día los pequeño productores ceden una parte del valor de su producción a la   sociedad en su conjunto. Por otro lado, de modo especial, el capital comercial extrae también posibilidades de ganancia al campesino.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tal vez   lo más específico de la economía campesina sea la utilización de fuerza de   traba­jo familiar. Sin caer en extremos, puede este factor incluso ser un   criterio de diferenciación, de modo que los que se ven obligados a vender   fuerza de trabajo para complementar su eco­nomía, son los campesinos pobres;   los que no compran ni venden fuerza de trabajo, son los campesinos medios y,   aquellos que compran fuerza de trabajo, son los campesinos acomoda­dos. Sin   embargo, la diversidad compleja de situaciones reales no permite tener marcos   teóri­cos rígidos. Hay campesinos que contratan fuerza de trabajo eventual por   el tipo de cultivos que realizan y no por ello están en un proceso de   aburguesamiento; de otro lado, los que venden fuerza de trabajo no siempre están en un franco proceso de proletarización.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se dice   también que la economía campesina tiene ausencia de procesos significativos de   acumulación de capital. Las causas de la no acumulación en la parcela   campesina, son de carácter estructural, derivadas de la subordinación del mundo   campesino al mercado empre­sarial, mediante circuitos de comercialización que   terminan expropiando el excedente traba­josamente generado, lo que no niega que en algunas situaciones concretas los campesinos consigan ganancias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En el   caso de la economía campesina, la consecuencia de sus objetivos se materializa a través de una racionalidad propia que se analiza a continuación:</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1.&nbsp;Producción de una cierta cantidad de bienes destinados al autoconsumo,   que permi­tan la satisfacción directa de ciertas necesidades básicas de   alimentación. Junto a ello, la producción de una cierta cantidad de bienes para   el mercado y por esa vía la adquisición de ciertos bienes y servicios no producidos al interior de la parcela.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2.&nbsp;Diversificaci&oacute;n del riesgo. Es conocida la   tendencia campesina a efectuar un gran número de actividades y rubros   productivos en su reducida superficie de tierra (-). Es lógico que una economía   tan precaria como la campesina no puede soportar la in- certidumbres de la   producción agrícola arriesgando una pérdida total ante la cual quedaría prácticamente sin posibilidades de recuperación.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. Maximización de la fuerza de trabajo familiar (-). Nada más racional   entonces que maximizar el uso de este recurso abundante, generalmente muy por   encima de los requerimientos de la explotación familiar y constituirlo en el eje sobre el cual gira toda la combinación de factores.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Multiplicación de fuentes de ingreso (-), es la necesidad de ampliar   las actividades productivas como una manera de completar los ingresos. Las   formas más difundidas de ello son la realización de actividades de producción   artesanal, comercio a pequeña escala y, especialmente, la venta parcial de fuerza de trabajo» (Furché, 1990,46­47).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A nivel   de estas consideraciones teóricas, que pueden evidenciarse en cada realidad par­ticular   con la especificidad del caso, lo cierto es que el problema fundamental de la   economía campesina es el de enfrentarse a un mercado que no le es propio, es   decir, a un mercado capitalista que fija los precios de los productos agrícolas por debajo de su valor.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los bajos   precios de los productos agrícolas, la intermediación de rescatadores, el   munifundio y el deterioro de la fertilidad de los suelos/han determinado una   permanente crisis de la unidad campesina plasmada en la emigración a las   ciudades, principalmente a El Alto y otras del eje central de Bolivia e incluso al exterior, mayoritariamente a la República Argentina.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ante la   falta de información del II Censo Agropecuario de 1984, que precisamente no fue   realizado en el departamento de La Paz, exceptuando las provincias de Iturralde   y Franz Tamayo que fueron numeradas parcialmente y, en disposición del Censo de   Población y Vivienda de 1992, a título de ejercicio estimativo, se puede   suponer que actualmente un 80% de la pobla­ción rural del departamento está   formada por familias campesinas y el restante 20%, por veci­nos de los pueblos   no agricultores, comerciantes, transportistas, artesanos, empleados de ser­vicios, jornaleros y medianas y grandes empresas agropecuarias.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">De esta manera y teniendo en cuenta la división agroecológica del   departamento de La Paz (ver Anexo), se puede estimar que actualmente existen   112.000 unidades campesinas, de las cuales alrededor de 35.000 se hallan en la   región del Altiplano Norte, 28.000 en los Valles Interandinos, 24.000 en el   Altiplano Sur y, finalmente, algo más de 23.000 en la región de la Amazonia y los Yungas de La Paz (ver cuadro 3).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/rts/n21/a04t3.jpg"></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>CONCLUSIÓN</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La fortaleza de la organización   comunitaria en el área andina-aymara, que hoy mismo puede evidenciarse, tiene   su explicación en el hecho de que históricamente el Ayllu fue la base de la   explotación. En efecto, la mita y la minga Incaica fueron tributos cobrados en   última instancia a las comunidades. La mita colonial potosina fue exigida   mediante los Caci­ques también a las comunidades. La hacienda, desarrollada   sobre todo en la etapa republica­na, se estableció sobre la base de las   comunidades originarias. Finalmente, la Reforma Agra­ria que incorpora más   plenamente al campesino a la economía de mercado, no logra desestructurar la   esencia comunitaria, de modo que la economía interna campesina sigue siendo explicable sólo a través de la organización comunitaria.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b><font size="2">Notas</font></b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">* Docente de la Carrera de Sociolog&iacute;a y Director del Instituto de Investigaciones Sociol&oacute;gicas.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1   La base a &laquo;La Formaci&oacute;n Econ&oacute;mico-social del Tawantinsuyo&raquo; Danilo Paz. Revista   Historia y Cultura No 14. Editorial Don Bosco. 1988, LaPaz-Bolivia.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. En base a &laquo;Coacci&oacute;n y Mercado, La Miner&iacute;a de la Plata en El Potos&iacute; Colonial   1692-1826&raquo;. Enrique Tandeter. Centro Bartolom&eacute;</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">de las Casas. 1.992,     Cusco-Per&uacute;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. En base a &laquo;I Censo   Agropecuario 1.950&raquo;. INE. 1985. La   Paz-Bolivia y &laquo;Estructura Agraria Boliviana&raquo;. Danilo Paz. Editorial Popular. 1989. La Paz-Bolivia.</font></p>     <p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Su   &nbsp;base a &laquo;Cuesti&oacute;n Agraria Boliviana: Presente y Futuro&raquo;. Hac&iacute;a un modelo   Agrario Nacional. Danilo Paz.   Academia Nacional de Ciencias de Bolivia. Stampa, 1997. La Paz-Bolivia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=justify><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. 80% del total de familias rurales.</font></p>     <p align=justify>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>BIBLIOGRAFÍA   CITADA:</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Condarco, Ramiro: 1968 Atlas Histórico de América, Ediciones Condarco. La Paz-Bolivia. </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Clark, Ronald: 1970   Reforma Agraria e Integración Campesina en la Economía Boliviana. University of Wisconsin Land Tunure Center Reprint No. 107 Madison-EEUU.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Furche, Carlos:   1990 La Economía Campesina y su Inserción Estructural: Elementos para una Discusión. GIA. Santiago de Chile.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Garcilazo, Inca: 1973 Comentarios Reales. Editorial PLUS ULTRA. Buenos Aires-Argentina.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> I.N.E.: 1985 I Censo Agropecuario 1950. Instituto Nacional de Estadística. La Paz-Bolivia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Marx, Carlos: 1976 El Capital, tomo 111. Fondo de Cultura Económica. Bogotá-Colombia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Murra, John: 1975   «Estructura Política de los Incas». Formaciones Económicas y Políticas del Mundo Andino. IEP. Lima-Perú.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Paz, Danilo: 1988:   «Formación Económico-Social del Tawantinsuyo&quot;. Revista Historia y Cultura No. 14. Editorial Don Bosco. La Paz-Bolivia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Paz, Danilo: 1989: Estructura Agraria Boliviana. Editorial «Populan. La Paz-Bolivia.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Paz, Danilo: 1997:   «Hacia un Modelo de Desarrollo Agrario Nacional». Cuestión Agraria Boliviana. Academia Nacional de Ciencias de Bolivia. Stampa. La Paz-Bolivia.&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Prefectura, La Paz:   1997 Plan de Desarrollo Departamental de La Paz. Prefectura de La Paz. La Paz-Bolivia&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Tandeter, Enrique: 1992 Coacción y Mercado,   La minería de La Plata en El Potosí Colonial 1692-1826. Centro Bartolomé de las Casas. Cusco-Perú.</font></p>      ]]></body><back>
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