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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CULTURA POLITICA Y DEMOCRACIA: Las interrelaciones entre la sociología, la política, la antropología y la psicología social]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align=right><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>ARTICULO ORIGINAL</b></font></p>     <p align=right>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b><font size="4">CULTURA POLITICA Y DEMOCRACIA</font></b></font></p>     <p align="center"><font size="4"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las interrelaciones entre la sociología, la política, la antropología y   la psicología social</font></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align=center><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Raúl España Cuellar</b><b><sup>1</sup></b></font></p>      <p align=center>&nbsp;</p>     <p align=center>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align=left><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>LA NOCIÓN DE CULTURA POLÍTICA.</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   aproximación conceptual a la noción de cultura política exige transitar al   concepto de cultura como tal y ello, a su vez, nos remite al campo de la antropología social.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   abordar la noción de cultura desde la perspectiva de la antropología social   importa enfrentarse ante la evidencia de las múltiples percepciones sobre ella.   Sin embargo, en el marco de esa variedad de definiciones, es posible encontrar algunas constantes.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   que más resalta es la concepción holista, enmarcada en la tradición Tyloriana,   a partir de la cual la cultura es definida como «la totalidad de la obra y la   práctica del hombre, en todo el tiempo y todo el espacio, incluyendo la parte   de la naturaleza transformada por el hombre y a este último en cuanto cultura» (Najenson, 1982:54).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es   decir, en las determinantes de la noción se incluyen, desde la acción   transformadora del hombre sobre la naturaleza hasta sus construcciones simbólicas, pasando por la propia constitución de su organización social.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una otra constante es la definición de la   cultura como el modo de vida de un pueblo, de una nación, de un grupo,   etcétera, que engloba y se manifiesta a través del conjunto de   las actividades sociales. Esta definición si bien es menos abarcadora que la   primera -la cultura como totalidad máxima- se deriva de ella, en la   medida que «designa la totalidad (obra y práctica global del hombre), pero   referida a una sociedad histórica particular como su «forma de vida»; es decir, un estilo de vida específico, que   constituye a su vez una totalidad en sí, y es en cierto modo único y original en cada caso» (Najenson, 1982:55).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero   conforme uno se aleja de la antropología social y se interna en el campo de la   antropología filosófica (Cassirer, 1976) y de la sociología, la noción se va   delimitando, se va diluyendo la idea de totalidad   máxima, el acento comienza a ser puesto en una de las dimen­siones   propias de la humanidad<sup><sup>2</sup></sup>:   «la capacidad de atribuir significado, libre y arbitraria­mente, a las cosas y a los acontecimientos, a los objetos y a los actos» (White, 1975:314).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es   decir, las preocupaciones, con relación a la cultura, van centrándose en el   hecho de que la obra y la práctica del hombre no sólo significan la   transformación del entorno material, sino, sobre todo, recreación y creación de   la vida misma, de las instituciones, de las interacciones humanas, de la mutua   comunicación, del hombre mismo -no sólo en términos estrictamente biológicos de   la reproducción de la especie, sino en tanto autorrealización humana- (Markovic, 1972).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Bajo   esta óptica, la cultura expresa la realidad humana como una realidad que   trasciende el universo puramente físico, la expresa en una dimensión más   amplia: la simbólica. Y a partir de ello el ámbito   de la cultura pasa a ser preferentemente el de «la comunicación de sentidos que   permite a los miembros de la sociedad construirse una realidad e   interpretarla en el mismo instante que actúan sobre ella y la transforman» (Bruner et. al., 1989:33).</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como   se constata, desde la perspectiva sociológica, el ámbito de la noción se   «reduce» al universo simbólico, al mundo de los   significados no sensoriales (White L., 1959), al ámbito de la comunicación de sentidos, de la acción provista de   sentido. La cultura pasa a ser entendida como el conjunto de «los procesos de producción y transmisión de sentidos que construyen el mundo simbólico de los individuos y de la sociedad» (Bruner et. al., 1989:35).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es   precisamente en el recorte de la noción de cultura como universo simbólico que se ubicará al concepto de cultura política.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Delimitada   la relación entre cultura y cultura política, adentrémonos en la génesis de la noción de cultura política.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El origen de esta noción nos lleva a poner   en evidencia las relaciones entre la psico­logía, la sociología, la política y   la antropología. Según Lucien Pye «...el concepto de cultura política surgió   como respuesta a la necesidad de tender un puente sobre la bre­cha, cada vez   más amplia, que se iba abriendo en el seno de la concepción behavorista, entre   el nivel del microanálisis basado en las interpretaciones psicológicas del   compor­tamiento político del individuo y el del nivel del macro análisis, basado en las variables propias de la sociología política (...)».</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«En   este marco el concepto constituye un intento de integrar la psicología y la   sociolo­gía, con el fin de poder aplicar al análisis político dinámico tanto   los hallazgos de la moderna psicología como los progresos de las técnicas   sociológicas para la medición de actitudes en las sociedades de masas&quot; (Pye: 323).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Establecido   el origen de la noción cultura política, es preciso avanzar en la explicitación   de las determinantes de la misma. Lo mismo que el concepto de cultura, la   noción de cultura política es también polisémica. Sin embargo, detrás de sus múltiples significados es también posible encontrar ciertas recurrencias.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Autores   como Almond, Verba, Pye, Sanni, Lechner, Barriz, coinciden en señalar que el concepto expresa un conjunto de orientaciones,   posturas, actitudes, actividades, creencias, sentimientos, comportamientos,   ideales, normas, tradiciones, símbolos, pautas, estilos, valo­res,   representaciones, prácticas, visiones, percepciones y significaciones sobre la política, el sistema político, los roles de uno   mismo en el sistema político, los fenómenos políticos, las cuestiones   políticas, el hacer política, el organizar el espacio político, etcétera, sin   embargo detrás de esta diversidad de notas que parece contener el concepto, es notoria la influencia decisiva de Gabriel Almond y Sidney Verba.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   ese sentido, puede delimitarse la noción de cultura política señalando que ésta   expre­sa un conjunto de actitudes, orientaciones y representaciones, referidas a determinados objetos y situaciones políticas. Dada esta definición, se hace   preciso desentrañar el signifi­cado de actitudes, orientaciones y representaciones.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>a) La representación social</b></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   representación social constituye la determinante más amplia del concepto de   cultura política y es a la vez una noción que nos remite al campo de la psicología social.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora bien,   desde la perspectiva psicosocial, la representación social esta entendida como una modalidad de conocimiento y en tanto tal «implica en principio una   actividad de reproducción de las propiedades de un objeto,   efectuándose a un nivel concreto, frecuente­mente metafórico y organizado   alrededor de una significación central. (...) Esta reproducción no es el   reflejo en el espíritu de una realidad externa perfectamente acabada, sino un   remodelado, una verdadera «construcción» mental del objeto concebido como no separable de la actividad simbólica de un sujeto» (Herzlich, C., 1987).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En síntesis, la representación social, importa un proceso de   reconstrucción de lo real, una construcción mental del objeto y en tanto tal   implica procesamiento de la información, organiza­ción de la misma y una orientación general sobre su objeto ya sea positiva o negativa.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>b) Las orientaciones</b></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   noción de orientación política está referida «a los   aspectos internalizados de objetos y relaciones e incluye: 1) 'Orientación   cognitiva', es decir, conocimientos y creencias acerca del sistema político, de   sus roles y de los incumbentes de dichos roles, de sus aspectos políticos (in   puts) y administrativos (out puts); 2) 'Orientaciones afectivas' o sentimientos   acerca del sistema político, sus roles, personal y logros; 3) 'Orientación   evaluativa', los juicios y opinio­nes sobre los objetos políticos que   involucran típicamente a la combinación de criterios de valor con la información y los sentimientos» (Almond y Verba, 1963:31).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>c) Las actitudes</b></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las actitudes expresan la   «organización de   creencias interrelacionadas, relativamente duradera que describe, evalúa y   recomienda una determinada acción con respecto a un objeto o situación<sup><sup>3</sup></sup>,   siendo así que cada creencia tiene componentes cognitivos, afectivos, y de con­ducta» (Rokcach, M, 1974:21).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Analizando   con mayor profundidad esta definición de Rokeach, encontramos que una actitud   es una organización relativamente duradera de creencias en torno a un objeto o   situa­ción, que predispone a reaccionar preferentemente de una manera determinada.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   hecho de que la actitud sea relativamente duradera importa que no es momentánea   lo momentáneo es la disposición. Precisando aún más, podemos decir que las   actitudes son disposiciones relativamente duraderas formadas por experiencias pasadas.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   hecho de que la actitud sea una organización de creencias quiere decir que la   actitud no es inherente a la personalidad, sino que representa un agregado o síndrome de dos o más elementos relacionados entre sí.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El hecho de que una actitud sea una   predisposición a responder significa que las actitudes son disposiciones   adquiridas de conducta que difieren de otras disposiciones de conducta tales   como el hábito y el motivo, porque estas últimas involucran la visión del mundo   de una persona; esto quiere decir que la actitud, en tanto respuesta, no necesariamente obedece a una visión del mundo.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este es el ámbito sobre el que   recurrentemente han transitado las investigaciones sobre cultura política. Pero bien, veamos ahora cómo la temática ha sido trabajada por los investigadores sociales bolivianos.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>EL TRATAMIENTO DE LA CULTURA POLÍTICA EN LA INVESTIGA­CIÓN SOCIAL EN BOLIVIA</b></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La   temática de la cultura política, de manera explícita, ha sido abordada por muy   pocos investigadores. Entre los más destacados, podemos citar a Luis H. Antezana, Hugo C. F. Mansilla, Salvador Romero y Jorge Lazarte.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Son   diversas las problemáticas que se han abordado desde la perspectiva de la   cultura política pero, al mismo tiempo, son también importantes las   recurrencias. Entre ellas, la cen­tral es la referencia a la democracia, al funcionamiento del sistema político democrático.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Veamos   cuáles son los aportes de estos prominentes investigadores respecto a la temática de la cultura política:</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>a. L.H. Antezana</b></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Antezana, en   su ensayo titulado «Políticas culturales y cultura política: Bolivia 1980­1987», aborda la temática a partir de la problemática de la recuperación de la democracia</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">É1 señala,   explicitando el tono de sus preocupaciones, que: «Desde el punto   de vista de una «novedad» cultural destacaremos la asunción por parte del   movimiento obrero y popular de la   consigna democrática» (Antezana L. H., 1989:380). Entendiendo a   la «consigna democrática» en los marcos de la democracia formal, cuyo sustento de legitimación es el voto.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por   otra parte, esa «novedad» cultural está considerada como la torsión discursiva   que se expresa en que la democracia (formal), « deviene objeto-de-deseo   popular cuando su formalidad estaba direc­tamente asociada con el Estado democrático=instrumento dictatorial, (...)» (1989:382).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero bien, ¿cuáles son las dimensiones sobre las que se desarrolla esta novedad?</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   investigador señala que culturalmente se podrían anotar las siguientes «innovaciones».</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">i)&nbsp;En primer t  érmino, «una decisiva asunción del proyecto democrático en el interior   de la COB y partidos y gremios que la constituyen» (1989:392). Pero además, en   los partidos paraestatales, que «casi en contradicción con su previa   «administración» dictatorial del Estado convergen en torno al programa democrático» (1989:381).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ii) En segundo t  érmino, es relevante, en la asunción del proyecto democrático, la   reformulación sufrida por el movimiento campesino que se expresa en la   formulación indigenista de un proyecto ideológico y político, que pone en   primer plano la descentralización de la política de la esfera estatal y su irra­diación   a la sociedad civil, en términos de avanzar en la ampliación de la autonomía del movimiento campesino en tanto movimiento social.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">iii) En tercer t  érmino, la asunción de la consigna democrática estaría expresan­do   también, «la resolución de posibles reformas estatales a través de   recomposiciones del poder a nivel de la sociedad civil» (1989:392), expre­sadas   en las reivindicaciones regionales en torno a la descentralización administrativa del Estado.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Este proceso de asunción de la consigna   democrática, dirá Antezana, está cargado de diversos sentidos. «Globalmente se   diría que los múltiples sentidos de la «democracia» se incrustan en los   diversos universos conceptuales (culturales) de los sujetos-actores sociales   bolivianos, los que, cada uno a su manera, tratan de actualizar esa nueva cosmovisión»</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">(1989:392).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ese, pues,   el ámbito de análisis diseñado por Antezana, el de una cierta modificación de   la cultura política expresada en la asunción de la consigna democrática por   distintos actores sociales y políticos, tales como la COB, el movimiento   campesino, los movimientos regiona­les y los partidos. En otras palabras, la novedad   cultural importa la internalización de los valores de la   democracia formal en las representaciones de los actores políticos y sociales.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>b. H.C.F. Mansilla.</b></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Revisando   los trabajos de Mansilla, se constata que este investigador aborda la pro­blemática   de la cultura política en Bolivia a partir de comportamientos colectivos como anclados   a ciertas tradiciones provenientes de las culturas precolombinas y de las   hispa- no-católicas. De esta forma, la cultura política boliviana estaría   signada por pautas de comportamiento poco racionales y caracterizada por el   predominio de normas colectivas de índole preconsciente. Ahora bien, el   parámetro de referencia para tal caracterización es la democracia liberal que,   según Mansilla, expresaría un sistema político racional y coherente, en la medida que se asienta sobre el pluralismo político, la conciencia política crítica y el diálogo político.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La herencia   precolombina estaría expresada en la tradición jerárquica. «El ordenamiento social se basaba en la obediencia de los de abajo y en el derecho casi ilimitado de mandar de los de arriba.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">«A   esta tradición se sobrepuso el modelo de dominación hispano-católico, que no   des­plazó del todo las normas indígenas y hasta enfatizó alguno de   sus componentes. En el uni­verso Europeo, España no se destacó nunca por un   espíritu liberal, por la creación de organis­mos políticos de representación   popular o por innovaciones en el campo del pensamiento socio-político» (1984:67).</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los rasgos más importantes de esta herencia cultural son:</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">a) La propensión al irracionalismo.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">b) El activísimo.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">c) El machismo y el caudillismo.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">d) El estatismo y la proclividad al burocratismo.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">e) «La   inclinación a sobrestimar las apariencias en detrimento del ser y la dicotomía entre el nivel verbal y el real.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">f) Entre otros   rasgos típicos de la cultura política boliviana, Mansilla señala, la tendencia   a la afectividad de relevancia social en detrimento de la neutralidad de los sentimientos y el poco aprecio al trabajo honrado.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mansilla   hace notar que estos rasgos culturales son más acendrados en el comportamiento   del movimiento sindical y de los partidos de izquierda, mientras que los   empresarios esta­rían en un proceso de modernización de su comportamiento político.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Son   precisamente estas prácticas reñidas con la tradición liberal, democrática y anti   absolutista las que bloquean la posibilidad de modernización de la vida   política boliviana. Al respecto, Mansilla señala: «En forma de hipótesis   provisoria, puede aseverarse que la evo­lución histórica boliviana, medida por   los usuales parámetros del progreso metropolitano, ha sido frenada y   entorpecida por pautas generales de comportamiento de origen tradicionalista y   de contenido irracional, las que denotan tres raíces: la herencia precolombina,   la tradición hispano-católica y la recepción meramente instrumentalista de la cultura metropolitana occi­dental» (Mansilla, 1989b:4).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Puede   observarse que el diseño analítico de Mansilla se desarrolla bajo parámetros   dicotómicos: lo tradicional (pre-racional, pre lógico. autoritario) versus lo   moderno (racional, lógico, democrático). Desde esta perspectiva, la persistencia   de lo tradicional en el comportamiento político impide el desarrollo pleno de una democracia liberal como expresión de lo moderno.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Salvador   Romero, como señala el título del trabajo que se ha revisado («Cultura política   y concertación social»), relaciona la temática de la cultura política con el   problema de la concertación social, entendiendo a ésta como «los mecanismos   de apertura del sistema institucional de toma de decisiones, hacia intereses   económicos y sociales que no se expresan exclusivamente en los canales   tradicionales de agregación de intereses, como son los partidos políticos, sindicatos,(...)&quot; (Romero, 1987:163).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Romero   define el campo de la cultura política en términos de una acepción amplia de   pautas socialmente admitidas explícita o implícitamente que orientan la conducta de los inte­grantes del estamento político ... (1987:162).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A   partir de ese enfoque de la cultura política, Romero constata la existencia de   ciertas paulas que habrían orientado las conductas de los actores sociales y   políticos hacia el bloqueo de las posibilidades de la concertación social,   especialmente en el período de gobierno de la Unidad Democrática y Popular (1982-1985). Entre estas pautas. Romero señala:</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">i)&nbsp;El comportamiento partidario signado por un apego al caudillismo y al per  ­sonalismo.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ii)&nbsp;La presencia en el sistema pol  ítico de un ejecutivo fuerte, que reduce el papel del congreso y de las organizaciones de la sociedad civil.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">iii) Las tradiciones de lucha del movimiento sindical que se inscrib  ían por so­bre lodo   en el accionar de la COB (en tanto su carácter de doble actor: político y   social), en busca del establecimiento de un poder dual como paso previo al establecimiento del poder obrero.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">iv) El apoliticismo y la sobre politización.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Sin   embargo, Romero prevé que estas pautas estarían modificándose y que «un cierto   estilo de organización política parecería estar en vías de desaparecer, el   autoritarismo, y que otro democrático, se manifestaría en el horizonte ...» (1987:176).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Es necesario señalar, por otra parte, que   Romero advierte que, el «mantenimiento o des­aparición de elementos culturales   no es el resultado de la inercia social sino de los intereses de los miembros de una sociedad» (1987:176).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>d. Jorge Lazarte.</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El trabajo   de Lazarte, Cultura política, democracia e inestabilidad, importa la explica­ción de la inestabilidad política a partir del enfoque de la cultura política.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Desde esta   perspectiva. Lazarte plantea el reflexionar «acerca de comportamientos co­lectivos   y su adecuación o no con el funcionamiento de la democracia» (Lazarte, 1986:55).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se   plantea, pues, poner en evidencia «las lógicas de la acción colectiva   subyacente en la conducta observable» (1986:53). Pero no sólo ello, sino que la   cultura política, como nivel de análisis, también abre la posibilidad de   explicar la inestabilidad como «ligada a conflictos   de legitimidad, es decir, a la presencia de diferentes códigos de legitimidad segmentados y no universales» (1986:53).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora bien,   la cultura política está definida como «un conjunto de representaciones acerca   de la política a partir del cual cada actor organiza el espacio político y lee sus datos» (1986:53).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lazarte   resalta la importancia de la cultura política en la medida en que «la   transforma­ción social tiene un alcance mucho más vasto y profundo que la sola   transformación de la economía, puesto que de lo que se trata en última   instancia es de producir nuevos «sentidos   comunes» de sociabilidad» (1986:54). Es decir, los   comportamientos colectivos en las rela­ciones políticas, en términos de su explicación,   no pueden ser reducidos al ámbito exclusivo de los intereses económicos, pero   al mismo tiempo también se advierte que tales comporta­mientos tampoco pueden   ser reducidos a «una postulada «idiosincrasia» anclada en las pro­fundidades del boliviano»<sup>1</sup> (1986:54).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Específicamente   Lazarte, en su trabajo, trata de las características del comportamiento obrero,   con relación a cómo este actor estructura sus «representaciones del campo   político y a las modalidades y formas con que son pensadas sus relaciones con las cuales los actores concurren al juego político» (1986:56).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Analizando el discurso obrero, Lazarte   encuentra que éste está organizado «de acuerdo a una visión dicotómica, propia   en general del discurso político, con uno de los polos desvalo­rizado (...). y   el otro valorizado y hasta idealizado. (...). Donde la violencia es el terreno   de encuentro y mediación de los actores. (1986:65). Esa visión hace que el discurso se exprese bajo la lógica del enfrentamiento, de la guerra.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   ese marco, «el espacio de la política está ocupado por dos bloques opuestos   irrecon­ciliables en relación proporcionalmente inversa y mutuamente   excluyente. El conflicto que los separa, y que los une, sólo puede concluir   (resolverse) con la victoria (aplastamiento) del uno sobre el otro. Esta es la   percepción obrera, (...) la política es el lugar de la fuerza, es la fuerza   como contenido, es la fuerza como forma, es la fuerza como relación, o dicho de otro modo la política es el reino pre estatal de Hobbes» (186:70).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Según   Lazarte, esta sería la visión a través de la cual el actor obrero se sitúa en   el espacio social, construye los sentidos de su acción, «fija las reglas del   juego en la relación política, y hace el papel de un poderoso filtro a través   del cual la política en escena es percibida; y como tal pertenece a las   estructuras profundas de la ideología, desarrolla en la larga duración, que   funcionan en la evidencia que la oculta en su función de código de la realidad   y principio básico de comportamiento. Por ello decimos que la representación de   la política en el movi­miento obrero, pertenece a su inconsciente colectivo y   es parte de la «mentalidad» obrera, y por tanto de su cultura política» (1986:71).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esta visión   no es innata, anclada en una idiosincrasia particular, es producida por deter­minadas   condiciones sociales. Es su peculiar relación con el estado la que habría   moldeado en el movimiento obrero la percepción de la política como espacio de la fuerza.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>e. Conclusiones</b></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A modo de   conclusión, se hace imprescindible una referencia general al tratamiento de la problemática de la cultura política en Bolivia.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">i)&nbsp; Es evidente que hay una coincidencia en relaci&oacute;n al tratamiento de la cultura política en términos de conductas de los actores.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En   Antezana, encontramos que es la asunción de la consigna democrática, en tanto   valor, la que explica su conducta (el «hacer» y «decir» del movimiento obrero)   en torno a la recuperación democrática. En Mansilla, el problema está abordado   a par­tir de comportamientos colectivos anclados en ciertas tradiciones. En   Romero, el campo de la cultura política está definido con relación a pautas   colectivas socialmente aceptadas que orientan la conducta. Y, finalmente,   Lazarte nos habla de la necesidad de develar las lógicas de la acción colectiva subyacentes en las conductas observables y comportamientos colectivos.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ii)&nbsp;Otra coincidencia b  ásica en el conjunto de los trabajos es la recurrencia al   funciona­miento de la democracia. En Antezana, subyace la idea de que tras la   «novedad» cultural está la «democratización» de la política, en términos de   descentración esta­tal y su irradiación hacia la sociedad civil. Ese sería el   signo que orientó la recupera­ción de la democracia. En Mansilla, la   preocupación por la democracia es evidente, pero en él está planteada de manera   negativa, ya que la cultura política anclada en las tradiciones precolombinas e   hispano-católicas se convierten en un fuerte obstáculo para el desarrollo de la   democracia «moderna» (léase liberal). En Romero, la preocu­pación gira en torno   a la problemática de la concertación. Para Lazarte, el nivel de análisis de la   cultura política le es útil para abordar los problemas de estabilidad política a partir del análisis de los códigos de legitimidad.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">iii)&nbsp;Una otra recurrencia que compete, s&oacute;lo a tres de los investigadores analizados   (Mansilla, Romero y Lazarte) es la caracterización del comportamiento político   obrero como sustentado en la lógica de la política como guerra, como espacio de la fuerza.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">iv)&nbsp;Entre las diferencias fundamentales, de orden metodol&oacute;gico, se pueden anotar las que   resaltan entre Romero y Lazarte respecto al tratamiento que Mansilla hace sobre   la temática de la cultura política. Mientras Mansilla hace hincapié en el   comportamiento político de los bolivianos como anclado en ciertas tradiciones.   Romero advierte que en el tratamiento de la cultura política se debe evitar   caer en los paradigmas híper culturalistas que ven en toda acción el resultado   de la cultura anterior (cabe hacer notar que esta advertencia también es   recogida en el trabajo de Antezana). Por su parte, Lazarte señala que la   cultura política no puede ser reducida a una postulada idiosincrasia anclada en   las profundidades del boliviano. Y aún más, remarca que «si dejamos de lado,   por «metafí­sica» la explicación basada en lo innato, no queda otra alternativa   que considerar las condiciones sociales a partir de las cuales el movimiento obrero ha construido esta percepción y este comportamiento» (Lazarte, 1986:72).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>A MODO DE HIPÓTESIS: LAS CONDICIONES DE POSIBILIDAD PARA LA TRANSFORMACIÓN DE LA CULTURA POLÍTICA EN BOLIVIA.</b></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Para   cerrar este trabajo y como producto de mis propias investigaciones sobre la   cultura política, propondré un conjunto de hipótesis en torno a las condiciones   de posibilidad para la emergencia de una cultura política democrática en Bolivia.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1.1.   Si un rasgo fundamental ha, marcado la cultura política boliviana, ese ha sido   la concepción de la política como espacio de la guerra; el núcleo de la   política ha sido la hosti­lidad y la percepción del otro como el enemigo. En   esta concepción no había espacio para los acuerdos o la negociación, era el   espacio de la suma cero, la lógica del enfrentamiento era la eliminación del   otro, no necesariamente en términos de su eliminación física, sino del control   y anulación de su fuerza. Es precisamente esa visión de la política la que   comienza a debilitar­se, la que está siendo replegada hacia una posición subordinada.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1.2.   Este debilitamiento de la cultura política de la imposición, de la suma cero,   ha implica­do fundamentalmente la modificación del carácter de las representaciones<sup><sup>4</sup></sup> de la democracia.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hay   un debilitamiento de la percepción de la democracia como democracia   participativa, de aquella democracia que se asentaba en la participación activa del «pueblo», de la «masa», de la «clase», en la   solución de sus propios problemas y que definía la participación como la   irradiación de su autodeterminación en los mecanismos de la construcción de   decisiones vinculantes. Como correlato, se fortalece la percepción de la   democracia como democracia representativa, donde la participación ciudadana es mediada a través del voto.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El   ciudadano, ante la pérdida de eficacia de los mecanismos participativos de la   demo­cracia auto determinativa, percibe que, en la actualidad, su participación   en la política es más efectiva a través de su voto en la elección de los gobernantes.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1.3.   Estas modificaciones sobre las representaciones de la democracia,   tendencialmente influyen sobre ¡a modificación de los códigos de legitimidad   del poder; estos, en el presente, ya no se asientan ni en la razón de estado,   ni en la irradiación de la autodeterminación. La legitimidad del poder se asienta en el voto verificable.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1.4.   Estas modificaciones han sucedido sobre la base de la internalización de   determina­dos contenidos de la democracia que, a su vez. han modificado la   estructura de las orientacio­nes. Es decir, se han modificado creencias,   sentimientos, juicios y opiniones sobre el sistema político, las relaciones de   los actores con el Estado, los roles de los mismos, las relaciones políticas, el hacer y percibir la política.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Esos contenidos de la democracia que se han internalizado son, en esencia, la liber­tad política y el orden.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La libertad política, en tanto búsqueda de normas   que controlen el poder, en tanto pro­tección contra el poder arbitrario, en   tanto respeto a la libertad individual y a los derechos humanos (Sartori,   1988). En la posibilidad de internalización de este contenido han jugado un rol   central la lucha de resistencia al autoritarismo militar, la dilución del   sentido de tota­lidad del movimiento obrero, expresada en la pérdida de preeminencia de la fuerza de la masa, la quiebra del estatismo.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El orden, en   tanta reducción de los espacios de incertidumbre, en tanto explicitación de las   reglas del juego, es el resultado del uso arbitrario del poder por parte de los   militares, de la ineficacia gubernamental de la UDP, de la inflación, de la adscripción de los intelectuales a la democracia.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1.5.   La internalización de estos contenidos democráticos, a su vez, se ha expresado   en determinadas actitudes que han cristalizado, por una parte, en lo que   denominaré el consenso mínimo, que radica en el consenso antiautoritario y ha generado la creencia   social de que el sistema democrático es algo que hay que preservar. Por otra   parte, han abierto las posibilida­des para la búsqueda y el logro de acuerdos sobre las reglas del juego, o lo que es lo mismo, para la consolidación del consenso procedimental (Sartori, 1988).<sup><sup>5</sup></sup></font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1.6.   Estas modificaciones a su vez se han expresado en comportamientos concretos:   hay una recurrencia al diálogo y a la negociación antes que al uso de la fuerza. Ello se traduce en el debilitamiento de las posiciones maximalistas.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1.7.   Hasta aquí, me parece importante explicitar que estas modificaciones en los com­portamientos   políticos no pueden ser explicadas como si hubiesen sido el resultado de una   acuerdo conscientemente pactado, o el resultado del «buen sentido» de los   actores sociales, sino que ellos cristalizan sobre el fracaso del proyecto   burocrático-militar de construcción de un determinado orden social y la derrota política infligida al movimiento obrero.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por   otra parte, este conjunto de modificaciones en la cultura política ha sido   posible en el contexto de la crisis social global generada por el agotamiento   del patrón de acumulación y del Estado que emergieron en la matriz de la revolución de abril de 1952.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los   factores señalados constituyen, pues, las coordenadas centrales sobre las que   se estructuran las condiciones de posibilidad de las modificaciones de la cultura política.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Y es que todos ellos han contribuido, de   una u otra manera, al cuestionamiento de las cosmovisiones políticas   «tradicionales», al alejamiento de las utopías y a un acercamiento al realismo   político, a la emergencia del individualismo, a la quiebra de los proyectos sociales   globales y a la desestructuración de identidades colectivas en las que   prevalecía el sentido de la totalidad antes que el sentido de la individualidad y ello ha tenido que repercutir de alguna manera en la modificaci&oacute;n de la fisonomía de una cultura asentada centralmente en una visión holista de la realidad.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. Docente de la Carrera de Sociolog&iacute;a - UMSA</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. En el sentido del hombre como ser &uacute;nico, capaz de simbolizar y, por lo   tanto, diferente a los otros seres vivos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. Se hace imprescindible   explicitar a qu&eacute; se hace referencia cuando se habla de objetos y situaciones. Por objetos pol&iacute;ticos se entender&aacute; no a las   estructuras pol&iacute;ticas, sino a aquellos elementos a   los que se refiere la actitud o la orientaci&oacute;n   (es el fen&oacute;meno pol&iacute;tico de   referencia). Por situaci&oacute;n se entender&aacute; el   &aacute;mbito donde se despliega la acci&oacute;n pol&iacute;tica o   la orientaci&oacute;n. En este sentido, es &uacute;til   &laquo;imaginar el objeto como la figura y la situaci&oacute;n   como el fondo&raquo; (Rokeach, 1974:20).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Me estoy refiriendo a c&oacute;mo los   actores, en este caso espec&iacute;fico, construyen la   imagen de la democracia desde los lugares a   partir de los cuales constituyen sus acciones y establecen sus   relaciones.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. A prop&oacute;sito del consenso, se hace preciso remitirnos a Sartori, para   puntualizar que. &laquo;En principio el consenso no es un consentimiento real: no   implica el consentimiento activo de cada uno a algo. En segundo lugar, a&uacute;n si   buena parte de lo que llamamos consenso puede ser simplemente aceptaci&oacute;n (es   decir consenso en sentido d&eacute;bil y b&aacute;sicamente pasivo), en todos los casos, la caracter&iacute;stica definitoria general del coasensus -aceptaci&oacute;n es un &laquo;compartir&raquo; que de   alguna manera vincula (obliga)&raquo; Sarton, 1988.121-122).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ALMOND, G. y VERBA, S.: 1963 La cultura cívica. Estudio sobre la   participación política democrática en cinco naciones, Euro américa, Madrid, p. 631.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ANTEZANA, Luis H.:    1989 «Políticas culturales y cultura política:   Bolivia 1980-1987», en: Hacia un nuevo orden estatal en América Latina?   Innovación cultural y actores socio-culturales, F. Calderón y M. R. dos Santos (coordinadores), Volumen 7, CLACSO, p. 462.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">B ARRIZ, Maruja:       1987 «Para consolidar una cultura política   democrática» en Para afirmar la democracia, Cotler, Julio (comp), IEP, Perú, pp 15-24.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> BRUNNER, Jos  é J. et. al.: 1989 «Chile: transformaciones   culturales y conflictos de la modernidad (1973-1988), en Hacia un nuevo orden   estatal en América Latina? Innovación cultural y actores socio-culturales, F. Calderón y M. R. dos Santos (coordinadores), Volumen 7, CLACSO, p.462.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">CASSIRER, Ernst: 1976 Antropología filosófica. Fondo de Cultura Económica, Bogotá.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ESPAÑA C., Raúl: 1991 Las condiciones de posibilidad de las   modificaciones de la cultura política (Bolivia 1978 -1989), Tesis de Licenciatura, inédita.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">HERLIZCH. Claudine: 1987 «La representación social», en Introducción a la psicología social, Moscovici S., (comp), Ed. Planeta, Barcelona.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">LAZARTE, Jorge: 1986 «Cultura política, democracia e inestabilidad» en Revista Estado &amp; Sociedad, FLACSO-BOLIV1A, Año 2, # 3, La Paz.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">LECHNER, Norberto: 1987 «Presentación» en Cultura política y democratización, Lechner Norbert (comp), CLACSO, Buenos Aires, pp. 7-17.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> LECHNER, Norberto: 1988b «El presente continuo» en Revista Autodeterminación, #5, Mayo-Julio, Celmes, La Paz.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> LECHNER, Norberto: 1988a Los patios interiores de la democracia, lera. Ed., FLACSO, Chile.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> MANSILLA, H.C.F.: 1989b «La influencia de la tradición hispano católica   sobre las pautas de comportamiento socio-político en Bolivia», en el suplemento   Semana de Última Hora, La Paz, Domingo 5 de Marzo de 1989, p. 4-5. 1990   «Cultura política y democracia en Bolivia» en Presencia, La Paz, Viernes 30 de Marzo de 1990, p. 2.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">MANSILLA, H.C.F.: 1984 Progreso y modernización en cuestionamiento.   Ensayos en Ciencias Políticas, Editorial Universitaria de la Universidad Mayor de San Andrés, La Paz.</font></p>         ]]></body><back>
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