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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>SECCI&Oacute;N V: RESE&Ntilde;AS Y COMENTARIOS</b></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"><b><font size="4">Rozitchner,  Le&oacute;n</font></b></font></p>     <p align="center"><font size="4"><b><font face="Verdana">2003</font></b></font></p>     <p align="center"><font size="4"><b><font face="Verdana"><i>Freud y el problema del Poder</i>. Buenos Aires: Lozada. 251 pp. ISBN:  950-03-8739-7</font></b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Jorge  Via&ntilde;a<sup>6</sup></font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p> <hr />     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El texto de  Rozitchner explora fundamentalmente la relaci&oacute;n de la constituci&oacute;n de la  subjetividad en el capitalismo y los m&uacute;ltiples aspectos de la interiorizaci&oacute;n  de las formas de la autoridad y el poder. Todo el motor de su trabajo es pensar  la lucha revolucionaria para que sea eficaz y no ingenua. El aporte m&aacute;s  interesante es el an&aacute;lisis del tr&aacute;nsito y relaci&oacute;n entre la constituci&oacute;n de la  subjetividad individual y la colectiva. El argentino rescata un Freud que  postula la psicolog&iacute;a como un conocimiento de tipo hist&oacute;rico y cr&iacute;tico y lo  combina con una reflexi&oacute;n filos&oacute;fica, basado en Marx y Kant.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">  El &eacute;nfasis de este texto est&aacute; en mostrar la estrategia de Rozitchner  para entender por qu&eacute; y c&oacute;mo es que se constituye una subjetividad tanto de los  individuos como de las colectividades, la cual debe ser adecuada a la  dominaci&oacute;n. Pero adem&aacute;s, c&oacute;mo es que incluso, dir&iacute;amos -fundamentalmente- opera en quienes aparentemente se han &ldquo;liberado&rdquo; de la dominaci&oacute;n m&aacute;s  que otros, los &ldquo;revolucionarios&rdquo;. Insistiendo que la constituci&oacute;n de la  subjetividad es absolutamente incomprensible si no se prolonga hasta alcanzar  el campo colectivo de las determinaciones hist&oacute;ricas, el autor describe con profundidad  c&oacute;mo es que &ldquo;el sujeto mismo en tanto yo, es el lugar de la represi&oacute;n: que yo  soy para m&iacute; mismo el represor&rdquo;.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">  La constituci&oacute;n  universal de la subjetividad de todo ser humano (sea &ldquo;revolucionario&rdquo; o no  cuando sea adulto), con m&aacute;s o menos matices y relativismos, se constituye en la  primera infancia de una forma muy parecida en esta &eacute;poca de modernidad del  capital y el Estado naci&oacute;n, que pasamos a describir: el ni&ntilde;o, en su ser ni&ntilde;o,  es un ser disminuido frente al poder real del padre.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">&iquest;Qu&eacute; hace el ni&ntilde;o?  &ldquo;Hacerse como el padre represor&rdquo;. El procedimiento t&iacute;pico es lo que Freud llama  &ldquo;regresi&oacute;n a una forma anterior de relaci&oacute;n con el mundo exterior&rdquo;. Esto es,  b&aacute;sicamente, una de las formas de identificaci&oacute;n m&aacute;s regresivas del ser humano  que Freud denomina &ldquo;regresi&oacute;n oral&rdquo;, aquella en la que el ni&ntilde;o &ldquo;incluye al  objeto dentro de s&iacute;&rdquo; y este aparece formando parte de la interioridad de &eacute;l  mismo, &ldquo;fantaseando&rdquo; dentro de su propia subjetividad donde queda inscrita esta  circunstancia. El sujeto actualiza una forma pret&eacute;rita que en un momento pasado  de su infancia fue solo una &ldquo;forma imaginaria&rdquo; y complementaria de su relaci&oacute;n  con la realidad y el mundo exterior, pero esta vez esta &ldquo;fantas&iacute;a&rdquo; fundar&aacute; su  relaci&oacute;n con el poder para toda su vida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">  Esto habilita a que el ni&ntilde;o en la subjetividad se identifique y se  iguale con el padre represor. Subjetivamente tiende a hacer lo mismo que siente  y percibe que el padre quiere hacer, ejercer poder, sanci&oacute;n, castigo y,  eventualmente, matarlo, ejercer represi&oacute;n y violencia. Este proceso actualiza  tambi&eacute;n el nivel imaginario en el cual se asienta la fantas&iacute;a vigente, entonces  simb&oacute;licamente &ldquo;le da muerte&rdquo; al padre. Este desenlace que es el momento  constituyente de nuestra subjetividad funda tambi&eacute;n la huella por la que se empieza  a interiorizar en el humano moderno la sumisi&oacute;n y el servilismo frente a los  poderes del mundo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">  Existe un segundo momento en este proceso. Si bien el ni&ntilde;o odia al padre  rival y amenazador tambi&eacute;n lo ama. Por eso el padre &ldquo;matado&rdquo; simb&oacute;licamente  mediante esta identificaci&oacute;n y regresi&oacute;n vuelve a darle vida. Esto abre una  duplicidad constitutiva de nuestra relaci&oacute;n con el poder. Por un lado lo que  tendemos a odiar y tratar de &ldquo;matar&rdquo; tambi&eacute;n tratamos de revivir, porque as&iacute; es  como se fund&oacute; esta huella desgarradora con el poder que nos constituye en tanto  cuasi-sujetos, entes del poder. Seguido a este momento, esta &ldquo;ley del padre&rdquo;  aparece como l&oacute;gica y norte de su conciencia, pero quedar&aacute; excluido de ella el  contenido preciso -el enfrentamiento- del cual fue resultado, quedar&aacute; sepultado en el  inconsciente.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">  El padre queda imperando ahora pero como ley, como pura raz&oacute;n sin el  contenido sensible, afectivo e imaginario que llev&oacute; a este duelo y que  desencaden&oacute; en la regresi&oacute;n de identificaci&oacute;n que &ldquo;mata&rdquo; al padre en la  subjetividad del ni&ntilde;o. La ley absoluta que descansa as&iacute; sobre la angustia de  muerte organizar&aacute; la l&oacute;gica de la conciencia y el tr&aacute;nsito de todo deseo que  quiera prolongarse hasta la realidad. La &ldquo;ley del padre&rdquo; aparecer&aacute; como  regulador de mi conciencia pero de la propia conciencia desaparecer&aacute; aquello  que llev&oacute; a constituirse como conciencia misma. El drama fundamental que  produce esta nueva forma de mi ser consciente ignora la ley que la regula, pues  para ella su origen est&aacute; ausente, permanecer&aacute; sepultado. Estar&aacute; presente en el  sentir de todos nosotros, pero el origen del sentir ser&aacute; inconsciente para mi  conciencia y por lo tanto ni siquiera sabr&eacute; de qu&eacute; se trata cuando siento lo  que siento y deseo. Es la perplejidad m&aacute;s profunda respecto al poder y a desear  (libertad, revoluci&oacute;n, etc&eacute;tera), que adem&aacute;s no tiene salida consiente. Esta  &ldquo;salida en falso&rdquo; constituye la primera matriz de la dominaci&oacute;n que se  reactualiza y se pule a lo largo de la vida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">  La rebeld&iacute;a que llev&oacute; a un enfrentamiento &ldquo;a muerte&rdquo; trajo culpa, y fue  por la culpa que trajo consigo el arrepentimiento, la que llev&oacute; a instaurar  para siempre el poder del padre &ldquo;muerto&rdquo; en nosotros mismos. Peor a&uacute;n, la  agresi&oacute;n que intent&oacute; abrir camino a nuestro deseo (libertad, igualdad,  revoluci&oacute;n, etc&eacute;tera) y nos llev&oacute; al enfrentamiento que ahora por culpa  dirigimos contra nosotros mismos. Esta culpa es la que el sistema exterior  aprovecha para que nos mantengamos obedientes y utiliza para dominar  fundamentalmente nuestra propia fuerza. El sistema no utiliza s&oacute;lo el poder de  su fuerza, sino, y sobre todo, el poder de los dominados. El sistema utiliza en  su provecho esta salida infantil para apoyar sobre ella el poder de sus  instituciones. Busquemos hasta qu&eacute; punto las instituciones del poder encuentran  su afirmaci&oacute;n y su inserci&oacute;n en la subjetividad comenzante del ni&ntilde;o que es  reactualizada y gatillada en la adultez en todo momento de relaci&oacute;n con los  poderes de cualquier tipo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">  Las formas objetivas de dominaci&oacute;n encontrar&aacute;n as&iacute; su  ratificaci&oacute;n subjetiva, asiento fundamental del poder, como si la esencia misma  del hombre solicitara, desde dentro de s&iacute; mismo, el ejercicio de la dominaci&oacute;n.  En t&eacute;rminos de Zavaleta, podr&iacute;amos llamarla la inserci&oacute;n  c&oacute;mplice del dominado que hace que &eacute;l se haga cargo de la permanencia  de su persecuci&oacute;n. Sean estos personajes &ldquo;importantes&rdquo; del poder pol&iacute;tico,  acad&eacute;mico, etc&eacute;tera, o uno cualquiera de la calle, en todos opera. En los m&aacute;s  poderosos a veces con m&aacute;s fuerza, por lo explicado; en una palabra, se enajenan  m&aacute;s vigorosamente.</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"><img src="img/revistas/rbcst/v16n33/a16_figura01.gif" width="312" height="226" /><br /> Frank Arbelo. <em>El mundo al  rev&eacute;s.</em> Tinta china  y color digital, 2013.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="3" face="Verdana"><b>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup>6</sup> Investigador y docente universitario. Correo electr&oacute;nico:  <a href="mailto:vianauzieda@gmail.com">vianauzieda@gmail.com</a>. La Paz-Bolivia.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
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