INTRODUCCIÓN
En un entorno global cada vez más competitivo y dinámico, el desarrollo equilibrado de habilidades cognitivas, emocionales y estratégicas en los estudiantes universitarios se vuelve fundamental para garantizar su adaptación y éxito profesional. Como señala N. Braidot (2018), "los verdaderos líderes son quienes tienen el cerebro preparado para decidir sobre la marcha, en el momento. Ya no hay tiempo para imaginar escenarios porque la velocidad con que cambian las circunstancias no lo permite.
En la misma línea, las teorías tradicionales de liderazgo se han centrado principalmente en aspectos sociales y psicológicos del individuo, tomando en consideración características como la personalidad, motivación y comportamientos observables. Sin embargo, comprender aspectos más profundos, como las necesidades y deseos humanos, resulta relevante para conocer realmente a la persona y potenciar su capacidad de liderazgo. En este sentido, la neurociencia cognitiva contribuye sustancialmente al estudio del liderazgo al aportar un conocimiento más preciso sobre los procesos sociales y emocionales que intervienen en la conducta individual y colectiva (Caballero y Lis-Gutiérrez, 2016). A través del estudio de las funciones cerebrales relacionadas con la toma de decisiones, regulación emocional y motivación, la neurociencia permite comprender cómo los líderes procesan información y responden a los desafíos en contextos reales (NeuroClass, 2024; Instituto de Capacitación en Educación Continua y Desarrollo (INECED(). De esta manera, el neuroliderazgo amplía y profundiza las teorías previas, integrando evidencia científica sobre el funcionamiento cerebral que colabora a optimizar las prácticas de liderazgo (INECED, 2024).
Uno de los investigadores referentes en este campo, Braidot (2013), indica que las lesiones en los lóbulos frontales pueden provocar cambios significativos en la personalidad, pasando de ser una persona sociable a antisocial, equilibrada a agresiva, u optimista a depresiva. Además, si la lesión se localiza en la parte anterior o lateral de estos lóbulos, la persona puede perder la capacidad para comprender las consecuencias de su conducta sobre los demás. Estas evidencias respaldan la estrecha relación entre la integridad neurofuncional del córtex prefrontal y el mantenimiento del equilibrio emocional, la empatía y el juicio social.
En este contexto, los lóbulos frontales, particularmente la corteza prefrontal, ejercen un papel fundamental en las funciones ejecutivas que regulan la conducta dirigida a objetivos, la planificación, la toma de decisiones y la modulación emocional (Bear, Connors y Paradiso, 1998; Ardila y Rosselli, 2007). Por tanto, las alteraciones en estas áreas pueden desencadenar comportamientos impulsivos, agresivos e inapropiados, evidenciando la importancia de una integridad neurofuncional para el liderazgo efectivo y la interacción social adecuada (Caballero y Lis-Gutiérrez, 2016; Braidot, 2013).
Por lo tanto, se deduce que el cerebro humano presenta elementos que explican la singularidad individual, influenciados por factores internos y externos que inciden en su rendimiento, generando diferencias en el comportamiento y en las capacidades de cada persona. En este sentido, el neuroliderazgo reconoce y aprovecha esta diversidad neurofuncional para potenciar el desarrollo de los individuos dentro de equipos y organizaciones.
Según Mena (2016) la toma de decisiones del neurolíder se fundamenta en el uso eficaz de las herramientas que ofrece el Neuroliderazgo. Dado que cada miembro del equipo posee características y formas de procesar la información únicas, los líderes deben crear un entorno informativo adecuado que facilite el aprendizaje y el cambio esperado, maximizando así los beneficios de la capacitación. Además, el neuroliderazgo permite comprender los mecanismos neuronales del estrés, la motivación y la resiliencia, aspectos clave para afrontar los constantes desafíos organizacionales y personales (Circulo de liderazgo, 2025).
Dicho de otra manera, en la formación de líderes se debe implementar un proceso claro y estructurado que suscite el desarrollo cognitivo y fortalezca las funciones ejecutivas del cerebro, tales como la atención, la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y la regulación emocional. Estas habilidades son básicas para una toma de decisiones efectivas y para liderar en contextos complejos y cambiantes (Secco, 2021; NC Consulting, 2025). Por lo tanto, el neuroliderazgo no solo optimiza capacidades individuales, sino que también facilita la creación de ambientes de trabajo colaborativos, innovadores y resiliente, contribuyendo al éxito sostenible de las organizaciones (Aran, 2024).
Considerando a Vallejo et al. (2017), los líderes racionales suelen mostrar flexibilidad en sus convicciones, adaptándolas cuando se presentan nuevas evidencias o información. A diferencia de los líderes emocionales, tienden a aferrarse a sus creencias como absolutos y rechazan la evidencia contraria. Esta rigidez obstaculiza el diálogo y la toma de decisiones racionales, en especial cuando los líderes emocionalmente desmotivados sostienen percepciones basadas en sus sentimientos, que funcionan como sus propias “pruebas” subjetivas. Además, la falta de conocimientos sobre neuroliderazgo complica aún más el proceso de toma de decisiones empresariales, limitando la eficacia en la gestión organizacional.
En este contexto, el neuroliderazgo surge como una disciplina integradora al combinar los avances de la neurociencia con los principios del liderazgo, proporcionando herramientas valiosas para potenciar las habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Esta aproximación científica permite comprender cómo los procesos cerebrales influyen en la toma de decisiones, la gestión del estrés, la motivación y el trabajo en equipo -elementos clave para el desarrollo de una inteligencia competitiva sólida y adaptativa en entornos dinámicos y complejos- (Rock y Schwartz, 2006; Braidot, 2013).
En la actualidad, algunas universidades, al centrarse en enfoques tradicionales de administración y liderazgo basados en la extrospección, han generado estudiantes y profesionales con conocimientos repetitivos y poco actualizados. Esta limitación ha llevado a subestimar la introspección como vía para desarrollar competencias mediante las neurociencias, las cuales han cobrado creciente relevancia investigativa y organizacional desde los siglos XIX y XX, cuando surgieron los primeros estudios formales sobre el sistema nervioso y los procesos cognitivos (Bear et al. 1998; LeDoux, 2002).
Por otra parte, el propósito de la inteligencia competitiva “es facilitar la toma de decisiones con menor grado de riesgo e incertidumbre, en beneficio de la empresa” (Gogova, 2015). Este proceso estratégico consiste en recopilar, analizar y aplicar información relevante del entorno competitivo para anticipar cambios y generar ventajas sostenibles en la organización (TecnoSoluciones, 2023). Sin embargo, existen evidencias de la escasez de estudios empíricos en este ámbito, especialmente en investigaciones orientadas hacia los educandos universitarios, quienes representan un sector clave para el desarrollo de habilidades estratégicas adaptativas.
En el ámbito educativo, la inteligencia competitiva puede entenderse como la capacidad para recopilar, analizar y aplicar información estratégica del entorno académico y profesional, con el fin de tomar decisiones informadas, anticiparse a cambios y generar ventajas en su formación y proyección laboral (Geti Solutions, 2024; Todostartups, 2024). De esta manera, es fundamental fomentar en los estudiantes competencias que les permitan no solo gestionar datos, sino transformarlos en conocimientos aplicables para su desarrollo personal y profesional en un mercado cada vez más dinámico y competitivo.
Considerando a García et al. (2011), las actividades de inteligencia competitiva en las universidades son todavía incipientes y, en general, se han desarrollado de manera reactiva y como tácticas a corto plazo, principalmente orientadas a la planificación estratégica ya la adaptación a los cambios del entorno. Esta realidad sugiere que la formación profesional debería estar orientada al desarrollo y fortalecimiento de habilidades clave, tales como la capacidad de influencia, la toma de decisiones, la gestión del cambio y la gestión de la inteligencia emocional. En razón de ello, la presente investigación se enfoca en el Neuroliderazgo y la Inteligencia Competitiva, tomando como unidad de análisis a los estudiantes de dos universidades públicas de la Región de Apurímac.
En las últimas décadas, se han producido grandes avances en la comprensión del cerebro humano, impulsados por el creciente interés que han mostrado las empresas, universidades e instituciones que buscan desarrollar un liderazgo eficaz. En esa misma lógica, las investigaciones se han volcado en comprender el funcionamiento de los hemisferios, con mayor énfasis durante el siglo XXI. La década de los años 90 fue denominada “la década del cerebro” debido a los significativos avances en el entendimiento de sus funciones y capacidades, facilitados por la disponibilidad de nuevos equipos que permiten detallar la red eléctrica de neuronas y sus interconexiones (Mena, 2016). Esta corriente busca comprender el liderazgo y la gestión desde su base neuronal, al analizar los procesos cerebrales que influyen en la motivación, la toma de decisiones, la inteligencia emocional, el aprendizaje y otras habilidades clave en el entorno organizacional.
Actualmente, debido a la relevancia de las neurociencias en distintas áreas del conocimiento, estas estas se han convertido en objeto de estudio fundamental en diversas carreras profesionales. Un claro ejemplo de ello son disciplinas como la neurobiología, la neuropsicología y la neurociencia cognitiva, que forman parte integral del ámbito del neuroliderazgo. Este campo se centra en el análisis empírico de las habilidades sociales, conocidas como "soft skills", las cuales han sido habitualmente subestimadas o desatendidas por programas educativos que priorizan las competencias técnicas (Rock y Schwartz, (2006) citado en P&A GROUP, 2021).
En merito a ello, el neuroliderazgo se ocupa de comprender el funcionamiento del cerebro de los líderes en tiempo real, especialmente durante procesos críticos como la toma de decisiones. Asimismo, evalúa funciones ejecutivas esenciales como la atención, la memoria, la flexibilidad cognitiva y la regulación emocional (Braidot, 2013).
El neuroliderazgo se posiciona como una herramienta clave para lograr cambios organizacionales sostenibles, especialmente en la formación de líderes. Para formar líderes eficaces, es esencial comprender cómo opera el cerebro frente a situaciones de cambio, aprendizaje y toma de decisiones. Además, el cerebro es capaz de modificar sus conexiones a través de la experiencia y la atención consciente. Esto implica que los líderes pueden desarrollar nuevas habilidades si se entrenan en prácticas que estimulan circuitos neuronales positivos y fortalecen su plasticidad cerebral (Rock y Schwartz, 2006).
En esa misma línea, Carr (2018) sostiene que el cerebro humano no es una estructura rígida e inmutable, sino que sus componentes celulares presentan una notable flexibilidad, adaptándose a la experiencia, las circunstancias y necesidades del entorno. Como afirma el mismo autor, “ellos cambian con la experiencia, las circunstancias y la necesidad. Algunos de los cambios más extensos y notables se llevarán a cabo en respuesta a daños en el sistema nervioso”. Por lo tanto, resulta fundamental que las prácticas de liderazgo más efectivas se basen en la comprensión científica del funcionamiento cerebral, abandonando modelos tradicionales fundados en suposiciones no actualizadas.
Por otro lado, la inteligencia competitiva se define como un proceso estratégico mediante el cual la información relevante del entorno se transforma en conocimiento útil a través de métodos analíticos, con el objetivo de apoyar la toma de decisiones organizacionales (Gogova, 2015). Este proceso no solo implica la recopilación y el análisis de datos, sino que también requiere integrarlos al aprendizaje individual y organizacional, permitiendo así identificar nuevas oportunidades y generar ventajas competitivas sostenibles.
En efecto, la inteligencia competitiva abarca la gestión proactiva del conocimiento, tanto interno como externo, para facilitar la anticipación a los retos del entorno y la optimización de la toma de decisiones. Esto resulta indispensable para la supervivencia y el buen funcionamiento de las organizaciones actuales, ya que la capacidad de transformar información en conocimiento accionable posibilita la resolución efectiva de problemas y el desarrollo de oportunidades (Escorsa y Lázaro, 2007).
En juicio de Fadhlurrahman et al. (2024) la inteligencia competitiva se encuentra ubicada en la intersección del arte y la ciencia, e implica la recopilación y el análisis cuidadosos de datos sobre las actividades y estrategias de la competencia. La recopilación de datos consistente y regular es la base de la inteligencia competitiva.
Adaptando este concepto al contexto educativo, es posible entender la inteligencia competitiva como un proceso dinámico y sistemático mediante el cual el estudiante recopila y analiza información académica, de empleabilidad y social del entorno, con el propósito de anticiparse a desafíos, tomar decisiones informadas y fortalecer su desempeño y proyección en un contexto educativo altamente competitivo.
En este sentido, la implementación de la inteligencia competitiva en universidades y centros de investigación trasciende la obtención de ventajas estratégicas, pues constituye una responsabilidad social del país, asegurando su sostenibilidad. Esto requiere el diseño e implementación de políticas institucionales que promuevan la búsqueda y el análisis sistemático de fuentes diversas, orientados a planificar la docencia y la investigación conforme a las necesidades de transformación y desarrollo nacional (Escorsa y Lázaro, 2007).
En consecuencia, la presente investigación busca ampliar los caudales de conocimiento respecto al Neuroliderazgo e Inteligencia Competitiva, proponiendo, un modelo teórico respecto que articule estas variables. Además, se formuló un nuevo instrumento de investigación, que se espera sea de utilidad para futuras investigaciones.
Finalmente, el objetivo del estudio es explicar la influencia del Neuroliderazgo en la Inteligencia Competitiva de los estudiantes universitarios, guiado por la pregunta de investigación: ¿Cómo influye el Neuroliderazgo en la Inteligencia Competitiva de los estudiantes universitarios de la carrera de Administración de dos universidades públicas en la región Apurímac?
MÉTODO
El estudio es de enfoque cuantitativo, con un diseño no experimental, transversal correlacional causal, que permite analizar la relación e influencia entre variables en un contexto natural y en un solo momento temporal, sin manipulación deliberada de las variables. Este diseño es adecuado para responder a los objetivos explicativos del estudio, buscando comprender cómo el neuroliderazgo incide en la inteligencia competitiva.
La muestra estuvo conformada por 307 estudiantes de la carrera de Administración de dos universidades públicas en la región Apurímac, seleccionados mediante un muestreo aleatorio estratificado que demostró las características de la población para garantizar la representatividad.
Para el recojo de datos, la técnica empleada fue la encuesta a través del cuestionario como instrumento estructurado, construido con base en las dimensiones e indicadores relacionados con las variables de neuroliderazgo e inteligencia competitiva. El instrumento fue validado por 5 expertos y sometido a pruebas de confiabilidad y validez antes de su aplicación.
En este marco, el grado de confiabilidad del cuestionario se midió aplicando el Alpha de Cronbach, una medida estadística que evalúa la consistencia interna de los ítems y varía entre 0 (ausencia total de consistencia) y 1 (consistencia perfecta). Resultó entonces que el instrumento obtuvo un nivel de confiabilidad muy alto, con un coeficiente de .967, considerando 56 ítems. Además, se asegura la validez de contenido mediante la fundamentación del cuestionario en teorías relevantes y en la metodología científica, al construirlo a partir de las dimensiones e indicadores derivados de las variables estudiadas.
Para el análisis de información, se aplicaron estadísticas descriptivas para caracterizar las variables y técnicas inferenciales para explorar las relaciones entre ellas. Para ello, se utilizó un proceso de baremación que redujo las categorías originales del cuestionario de cinco a tres, con el fin de simplificar el tratamiento estadístico y mejorar la interpretación de los resultados, ajustando las categorías para neuroliderazgo a “Nada influyente”, “Poco influyente” y “Muy influyente”, y para inteligencia competitiva a “Bajo”, “Medio” y “Alto”.
Además, cuenta con una validez de contenido basado en teorías sobre liderazgo y neuroliderazgo y, metodología de la investigación científica relacionados a la variable investigación y valides de contenido puesto que fue construido en función a las dimensiones producto de la variable, dimensiones e indicadores que permitan medir la variable.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los resultados del presente estudio ofrecen una valiosa información sobre como el neuroliderazgo influye en la inteligencia competitiva de los estudiantes de Administración de dos universidades públicas del departamento de Apurímac.
Para comprender el núcleo del proceso de inteligencia competitiva abordado en esta investigación, se retoma el modelo propuesto por Escorsa y Lázaro (2007), que destaca la integración de habilidades humanas y tecnología para la creación de conocimiento accionable, Figura 1.
Procedencia de la unidad de análisis
De acuerdo con la información obtenida, el 72% de los estudiantes proceden de la Universidad Nacional Micaela Bastidas de Apurímac que hace un total de 277, mientras que el 28% proceden de la Universidad Nacional José María Arguedas que hace un total de 109 estudiantes, con la precisión que son estudiantes de Administración.
Análisis descriptivo de la variable neuroliderazgo
El análisis descriptivo de la variable neuroliderazgo, que evalúa dimensiones como la toma de decisiones, inteligencia emocional, capacidad de influencia y gestión del cambio, indica que el 59.1% de los estudiantes considera que el neuroliderazgo tiene una influencia “muy alta” en su formación profesional, mientras que el 40.2% restante señala una influencia “poca”.
Análisis descriptivo de la variable inteligencia competitiva
En cuanto al análisis de la inteligencia competitiva que permite evaluar las inteligencias múltiples (musical, cinestésico corporal, lógico matemático, lingüístico, espacial, interpersonal, intrapersonal), los resultados muestran que el 55.7% evalúan la inteligencia competitiva en un nivel medio, seguido por el 44.0% de los estudiantes que considerar alto.
Para la aplicación de la regresión logística ordinal en la presente investigación, se verifica el cumplimiento de los siguientes supuestos: (a) las variables predictoras son categóricas ordinales o continuas y no requieren que se cumplan los criterios de estadística paramétrica (en caso de que sean continuas). (b) la variable dependiente es una variable categórica ordinal. (c) no existe una multicolinealidad (que las variables predictoras no están altamente correlacionadas). (d) proporcionalidad de los Log-odds. Los efectos de las variables predictoras son constantes en todas las categorías de la variable respuesta (el p-valor es > a 0.05 lo cual permite asumir el supuesto, ya que todas las hipótesis nulas indican la igualdad, por lo que se cumple el supuesto, cuando se acepta la hipótesis nula).
A través de la Tabla 1, se determina si las variables predictoras neuroliderazgo y sus respectivas dimensiones (toma de decisiones, inteligencia emocional, capacidad de influencia y gestión del cambio) tienen un efecto sobre la variable dependiente inteligencia competitiva, donde se aprecia que el p-valor es menor a .05 por lo tanto se rechaza la hipótesis nula y se afirma que la variable independiente conjuntamente con las variables predictoras (dimensiones) determinan el comportamiento de la variable dependiente inteligencia competitiva.
En este apartado, a través de la Tabla 2, se muestra la bondad de ajuste, en ella se determina que la significación asintótica o p-valor en la prueba de Pearson, así como la desvianza es > 0.05, por lo tanto, se confirma que los datos poseen una bondad de ajuste apropiado, que garantiza una discusión apropiada del análisis basado en los resultados.
En la Tabla 3, del análisis de Pseudo R cuadrado se busca que el valor de Cox y Snell, Nagelkerke posean valores similares, (donde los valores oscilan entre 0 y1), los resultados de la tabla vistan una ligera diferencia, tomando en consideración el valor de Nagelkerke, se puede apreciar que el modelo final explica el 44.6% del cambio de las categorías de la variable dependiente asumiendo que la influencia en la variable inteligencia competitiva es bastante importante.
Respecto a la estimación de parámetros Tabla 4, se encuentra que las dimensiones individuales del neuroliderazgo -toma de decisiones, inteligencia emocional, capacidad de influencia y gestión del cambio- tienen una contribución significativa y positiva en la predicción de niveles superiores de inteligencia competitiva (p < 0,05). Esto indica que a mayor desarrollo del neuroliderazgo, mayor probabilidad de que el estudiante posea una inteligencia competitiva más elevada.
En síntesis, la toma de decisiones, inteligencia emocional, capacidad de influencia y gestión del cambio tienen una contribución significativa en la inteligencia competitiva de los estudiantes, así mismo se aprecia que el valor de β (estimación) en las categorías indicadas es positivo, por lo tanto cuando incrementamos una unidad en el valor de la variable independiente (neuroliderazgo) existe una mayor probabilidad de que aumente la categoría en la variable dependiente (inteligencia competitiva) y sus respectivas dimensiones que vendrían a ser los diferentes tipos de inteligencias múltiples.
Finalmente, la Prueba de líneas paralelas, en la Tabla 5, ayuda a determinar el cumplimiento del criterio de proporcionalidad, donde se observa que la significancia bilateral o p-valor es .912 lo cual es mayor a >0.05 por lo tanto se acepta la hipótesis alterna y se rechaza la hipótesis nula.
Discusión
Los hallazgos del estudio revelan que el 59.1% de los estudiantes perciben que el neuroliderazgo tiene una influencia significativa en el éxito de su formación profesional, particularmente, en dimensiones como la inteligencia emocional, capacidad de influencia y la gestión del cambio. Estos resultados se alinean con señalado por Alvarado y Caruci (2022) quienes destacan el valor estratégico del neuroliderazgo como herramienta formativa en el contexto de la educación superior, especialmente en escenarios de alta incertidumbre. De manera similar, Palma et al. (2022) sugiere que una administración institucional eficaz impacta positivamente en el desarrollo de competencias cognitivas y emocionales del personal docente, lo que respalda la importancia de cultivar habilidades neuroliderísticas en contextos educativos.
Además, la incorporación del neuroliderazgo como una estrategia prospectiva representa una transición conceptual desde enfoques reactivos hacia modelos de liderazgo proactivos y adaptativos. Esta perspectiva coincide con la propuesta de Gutiérrez (2023), quien subraya que la pandemia por COVID-19 evidencia la necesidad de reconfigurar el liderazgo docente para hacerlo más emocional, tecnológico y comprometido con la sostenibilidad humana. Por tanto, las prácticas neuroliderísticas que favorecen la autorregulación emocional y el fortalecimiento de las redes interpersonales contribuyen a construir una educación resiliente y transformadora, capaz de anticipar crisis y sostener la equidad social.
Por otra parte, es importante manifestar que las instituciones educativas más eficientes suelen estar dirigidas por líderes que promueven la formación emocional, cognitiva y adaptativa del cuerpo docente. En cambio, aquellos con menor desempeño en gestión descuidan este aspecto. El neuroliderazgo se presenta como una estrategia para mejorar la cultura organizacional y la calidad educativa.
Este marco integrador ofrece una base teórica y práctica relevante para reformular la educación universitaria como un proceso resiliente, consciente y transformador, capaz de anticipar futuras crisis y construir sociedades más equitativas desde el aula.
Con respecto a la inteligencia competitiva, los resultados muestran que más del 55.7% de los estudiantes demostraron poseer un nivel medio, mientras que un 44.0% alcanza un nivel alto. Para reforzar estos hallazgos, Salazar y Lloveras (2009) identifican la inteligencia competitiva como un factor clave para la supervivencia y el desarrollo sostenido de las organizaciones especialmente en contextos donde la información es un activo estratégico. En línea con esto, García et al. (2011) destacan que las universidades que adoptan una cultura inteligente y prácticas estructuradas de inteligencia competitiva están mejor posicionadas para fomentar las capacidades de sus estudiantes, aumentar la empleabilidad y generar colaboraciones fructíferas con el sector productivo.
Por otro lado, el estudio evidencia que el neuroliderzgo influye significativamente en la inteligencia competitiva, aportando evidencia empírica a lo planteado por Jama et al. (2024). Quienes indican que competencias como la inteligencia emocional, la empatía y la autorregulación son esenciales para una gestión educativa y eficaz. Estos resultados amplían el conocimiento sobre cómo la integración de la neurociencia en el liderazgo académico puede mejorar procesos críticos como la toma de decisiones estratégicas y el manejo del estrés, contribuyendo a ambientes de aprendizaje inclusivos y sensibles a la diversidad cognitiva.
En definitiva, esta investigación aporta un soporte teórico y práctico para el diseño de programas formativos que incluyen el neuroliderazgo como componente esencial para potenciar la inteligencia competitiva. La integración de ambos elementos puede resultar clave para preparar profesionales capaces de enfrentar con éxito los desafíos dinámicos del entorno académico y laboral actual.
CONCLUSIONES
El estudio concluye que el neuroliderazgo ejerce una influencia significativa y positiva en la inteligencia competitiva de los estudiantes de la carrera de Administración de las universidades públicas de Apurímac investigadas. Se ha demostrado que las dimensiones fundamentales del neuroliderazgo, como la toma de decisiones, la inteligencia emocional, la capacidad de influencia y la gestión del cambio, son factores determinantes en el desarrollo de habilidades estratégicas necesarias para la inteligencia competitiva.
Cabe destacar, que entre las principales limitaciones de la presente investigación se encuentran el alcance geográfico y poblacional, dado que la investigación fue circunscrita únicamente a estudiantes de la carrera Administración de dos universidades públicas de la región de Apurímac. Esta delimitación podría restringir la generalización de los hallazgos en carreras o contextos diferentes, ya que otros factores intervinientes como la cultura organizacional, las metodologías de enseñanza y las características sociodemográficas pueden variar significativamente en otras disciplinas o regiones.
En virtud de lo anterior, se plantea la necesidad de ampliar el estudio de estas temáticas en contextos más diversos y con muestras más extensas, incorporando otras carreras, regiones o instituciones educativas, así como el uso de metodologías longitudinales o mixtas. Puesto que, la exploración de nuevas perspectivas y variables asociadas permitirá tanto fortalecer la comprensión del vínculo entre neuroliderazgo e inteligencia competitiva, como diseñar intervenciones educativas más adaptadas y efectivas para el desarrollo integral de los estudiantes universitarios.
Finalmente, estos hallazgos resaltan la necesidad de integrar la neurociencia aplicada al liderazgo en la formación académica. Se recomienda a las autoridades universitarias considerar la inclusión de temas de neuroliderazgo en los planos de estudio y sílabos de las asignaturas, con el fin de capacitar a los estudiantes en el uso consciente de sus capacidades cerebrales para mejorar la toma de decisiones, potenciar su influencia, gestionar el cambio y fortalecer su inteligencia emocional, habilidades cruciales para su desempeño profesional futuro.




















